Revista Zero Edición 32

 

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Revista Zero una publicación de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia

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Edición - 32 32 Una publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales Primer semestre 2014 sector minero-energético?” Especial Imagomundi India - América Latina integración en la diferencia DOSIER: “¿Una tercera vía para el Liber Abaci Cambio de timonel de la Reserva Federal estadounidense Ultimátum: Contraseña Publicaciones Figri: Cuando el Sur piensa el Sur Cuadernos CIPE

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32 Una publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales Edición - 32 EDITORIAL 32 Una publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales 4 Editorial ULTIMÁTUM Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? 6 Ana Carolina González: Oro. Explotación aurífera o/ primer semestre 2014 sector minero-energético?” Especial Imagomundi India - América Latina integración en la diferencia DOSIER: “¿Una tercera vía para el Liber Abaci Cambio de timonel de la Reserva Federal estadounidense Ultimátum: 8 Ana Carolina González y Luz Ángela Carrillo: Entrevista a Juan ManuelOspina Contraseña Publicaciones Figri: Cuando el Sur piensa el Sur Cuadernos CIPE 14 Aída Sofía Rivera Sotelo: Minería aurífera en el Bajo Cauca antioqueño 20 Catalina Jiménez: El caso del páramo de Santurbán: accountability social exitoso 28 Juan Martín Ocampo: Crowdfunding y oro en Colombia 34 Luis Fernando García Núñez: Un libro que vale oro IMAGOMUNDI 38 Soraya Caro Vargas: India-América Latina: integración en la diferencia 42 Pío García: India, en ascenso 48 Hari Seshasayee: Indian Pharma in Latin America: A Strategic Investment 54 Nicolás Franco Rubiano: La píldora mágica en India: ¿una cura para los problemas de salud? 60 Alejandra León Amaya y Lized Anabel López Erazo: La extracción de oro: ¿maldición en Colombia, oportunidad en India? 66 Isabella Sánchez: ¿La guerra por el oro azul?

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Director Roberto Hinestrosa Editora general Diana H. Cure Hazzi Redacción general Juan Camilo González Galvis Consejo editorial Roberto Hinestrosa, Mauricio Pérez, Clara Inés Rey, Frédéric Massé, Lucas Gómez Corrección de estilo y asesoría editorial Elkin Rivera Diseño y diagramación Gatos Gemelos Comunicación Ilustraciones Andrés García COLABORADORES Soraya Caro Vargas, Pío García, Hari Seshasayee, Nicolás Franco Rubiano, Alejandra León Amaya, Lized Anabel López Erazo, Isabella Sánchez, Deepti, Juan Camilo Merlano Poveda, Élmer Augusto Patiño Vargas, Rosa Salcedo Camelo, Ana Carolina González, Luz Ángela Carrillo, Aída Sofía Rivera Sotelo, Catalina Jiménez, Luis Fernando García, Juan Martín Ocampo, Germán Forero Laverde, Lina Luna, Kelly Johanna Amorocho Riveira, Vanesa Achury, Luis Fernando García Núñez. Publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. PBX: (1) 341 9900, ext. 2001. Calle 12 este # 00-07 (CIPE) Bogotá, Colombia. Correo electrónico: revistazero@uexternado.edu.co edición online: http://zero.uexternado.edu.co/ ISSN electrónico: 2344-8431 ISSN impreso: 0123-8779 72 Deepti: How Far Will the Law Take Us? Understanding Law and Sexual Violence in the Context of 16 December Rape Protests in India 78 Juan Camilo Merlano Poveda: India y la doctrina del Asean Way 82 Élmer Augusto Patiño Vargas y Rosa Salcedo Camelo: India-Colombia: la ciencia de la integración y la integración por la ciencia LIBER ABACI 88 Germán Forero Laverde: Cambio de timonel: qué esperar de la nueva gerente de la Reserva Federal de Estados Unidos 94 Lina Luna: La transición económica del gigante asiático: «Hecho en China» vs. «Creado en China» 100 Juan Felipe Jiménez Trucco y Paula Ruiz Gómez: Importancia de los Project Finance: Trecsa. Un estudio de caso CONTRASEÑA 106 Luis Fernando García Núñez: La dinámica de las publicaciones de Figri 3

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Editorial Este número de la revista Zero está dedicado a Gabriel García Márquez. No importan el talante, el género o la nacionalidad de la letra hispana o el mundo literario, la potencia y la grandeza universales de uno de los más grandes escritores de todos los tiempos obligan a honrar su memoria. No hay voz, momento ni espacio equívoco para recordarlo. Cualquier época de nuestra historia será oportuna para evocar con elocuencia su legado. Así caigamos en la trampa de los lugares comunes, vale reiterar —mediante cualquier medio impreso o en el humo espeso de la blogosfera— que para generaciones futuras su obra dejará la impronta mítica y el indeleble sello fundacional de un país y un continente. Fue aquí en nuestra nación reciente y convulsa, arrastrada por certezas improbables y agobiada por toda suerte de vicisitudes, donde “el mago de la alquimia semántica” encontró una fórmula singular de nombrar el mundo con exactitud y ensoñación. Sí, un modo simple y exquisito de cincelar con su pluma las cosas que había que mentar. Con algo de brujo, el hechizo de su prosa clarividente le dio un giro certero a la mirada periodística para convertirla en crónica y domarla con maestría, hasta condensarla en el más voluptuoso de los relatos, en su epopeya novelada: Cien años de soledad. Y es con su voz poética y precisa que García Marquez nos interpela. Buscamos entonces en este número de la revista Zero el espacio propicio para interrogarnos sobre la frontera porosa e ilusoria del conocimiento, sobre sus límites y sus alcances. Al final, para preguntarnos sobre ese lindero evanescente donde los interrogantes que plantean las ciencias sociales parecerían descifrarse con mayor rigor y agudeza por medio de la fantasía y la imaginación literaria, para señalarnos caminos distintos de los de la razón y el método. Con el fin de vincular literalidad e imaginación, citamos el episodio senil del coronel Aureliano Buendía, quien con un juego sugerente se dedica a crear pescaditos de oro y a destruirlos siempre que llega a veinticinco para volver a empezar. Esta metáfora parece remontarse a los orígenes del relato fundacional de nuestra nación, engendrado en el mito de El Dorado. Con un discurso paralelo, Ana Carolina González lo describe en su párrafo introductorio al dosier minero -energético —dedicado en esta edición a la minería aurífera—: «… dicen que los conquistadores españoles abrieron camino en estas tierras, ávidos de 4

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encontrar el tesoro del que hablaba la leyenda de El Dorado […] Desde entonces y hasta hoy, el valorado metal ha formado parte de la vida política y económica de Colombia». La misma metáfora del oficio obsesivo, encarnada por el padre de la estirpe macondiana con su acto cíclico de alquimista y orfebre redentor, parece insinuar la condena histórica del eterno retorno. Del tiempo suspendido en el brillo ilusorio de la escasez y la abundancia a las que nos hemos visto abocados en los distintos estadios de nuestra historia. En palabras de la misma autora: «… la economía política alrededor de la explotación aurífera ha sido disímil […] hoy grandes, medianos y pequeños inversionistas se han hecho con títulos mineros para explorar y explotar el mineral, o para comercializar sus proyectos en el mercado bursátil». No sería arriesgado afirmar que la ilegalidad, los intereses del crimen organizado y la especulación a ultranza dominan, como en el periodo de la Conquista, la agenda de este negocio. Y parafraseando a la autora: ni qué decir de los dilemas sociales y ambientales que plantea la minería aurífera. Los artículos escogidos para esta edición, a pesar de ser críticos, dejan entrever la posibilidad de encontrar alternativas más alentadores que no sólo evidencien la cara oscura de la explotación del metal precioso. Abren caminos para trascender el diagnóstico apocalíptico de pobreza, miseria y desolación. Es así como el dosier abarcará en posteriores números, el análisis de la explotación carbonífera y petrolera. Todo, con el fin de complementar el interrogante de una posible tercera vía para la explotación minero-energética en Colombia. Por otra parte, en Imagomundi hacemos hincapié en el especial de la revista dedicado a las relaciones India-América Latina, con motivo de la apertura del centro de estudios dedicado a este país, dirigido por Soraya Caro. Así mismo, en los artículos se da una visión más clara de las variables económicas, políticas y culturales que caracterizan a esta nación milenaria. Se muestra de manera sucinta cómo dentro de su tradición tan diversa —y aparentemente contradictoria— han tenido la capacidad de involucrarse en las dinámicas que impone el mundo occidental en la contemporaneidad. En últimas, el gigante y exótico país asiático es un atractivo socio potencial y un ejemplo para posicionarnos exitosamente en el escalafón de las naciones emergentes. Seguimos con nuestra sección Liber Abaci, en cuyo primer artículo se analiza cómo la economía china —en su nuevo estadio de expansión y consolidación— intenta establecer nuevas reglas de juego para fortalecer su mercado interno, y en el frente financiero, consolidar una estrategia idónea para entrar en el juego del mercado bursátil, así como para describir los dispositivos técnicos de las medidas monetaristas que lograrían compensar los desajustes de su balanza comercial. Cerramos este número con notas breves en las que se describen los contenidos de las últimas publicaciones de nuestros investigadores, todas —al igual que la revista Zero— muy al día con los temas que dominan la agenda, de cara a los nuevos derroteros económicos, políticos e internacionales. 5

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Ultimátum Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? oro 6 Editora invitada: Ana Carolina González E.: Explotación aurífera 8 Ana Carolina González E., Luz Ángela Carrillo: Entrevista a Juan Manuel Ospina 14 Aída Sofía Rivera Sotelo: Minería aurífera en el Bajo Cauca antioqueño 20 Catalina Jiménez: El caso del páramo de Santurbán: accountability social exitoso 28 Juan Martín Ocampo: Crowdfunding y oro en Colombia 34 Luis Fernando García Núñez: Un libro que vale oro oro «Les sorprende mucho conocer que el oro, algo tan inútil en sí mismo, sea por doquier estimado en tal grado, que incluso se estime en menos a los hombres para quienes fue hecho y para los cuales posee su valor». Tomás Moro (1478-1535) (Tomado de El oro, historia de una obsesión, de Peter L. Berstein) 6 Dicen que los conquistadores españoles abrieron camino en estas tierras, ávidos de encontrar el tesoro del que hablaba la leyenda de El Dorado. Desde entonces y hasta hoy, el valorado metal ha formado parte de la vida política y económica de Colombia. No en vano nos preciamos de tener uno de los museos de orfebrería más maravillosos. Sin embargo, la economía política alrededor de la explotación aurífera ha sido disímil en cada etapa de la historia y se ha transformado de manera considerable en las últimas décadas. Convertido en valor de reserva y refugio financiero en tiempos de crisis,

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Ana Carolina González E. Ph.D. en Ciencia Política de SciencesPo Coordinadora de la Línea de Investigación en Recursos Minero-Energéticos Observatorio de Políticas, Ejecución y Resultados de la Administración Pública (Opera) (CIPE) ana.gonzalez@uexternado.edu.co la fuerte demanda de oro de los últimos diez años ha empujado los precios al alza, incrementando su rentabilidad de modo exorbitante. Atraídos por el negocio, grandes, medianos y pequeños inversionistas se han hecho con títulos mineros para explorar y explotar el mineral, o para comercializar sus proyectos en el mercado bursátil. Pequeños mineros y mineros artesanales, que tradicionalmente han combinado esta actividad estacionaria con otras labores agrícolas y pecuarias, se vuelcan hacia la actividad de extracción y migran en busca de los lugares más apetecidos. Medianos mineros, muchos sin título, adquieren maquinaria para extraer rápidamente y aprovechar la buena coyuntura de precios. Los métodos son diversos. Hay perspectivas en Santander y Tolima para proyectos de gran escala que aún están en la etapa de exploración y que plantean la posibilidad de una minería masiva o a cielo abierto, pero en el Chocó y en el Valle del Cauca persisten los barequeros que conviven con las grandes dragas y retroexcavadoras de esos medianos mineros. Se rumora que buena parte de estos últimos están infiltrados, son financiados o extorsionados por grupos armados ilegales. A este panorama, que no puede ser más complejo, se suman los dilemas sociales y ambientales que plantea la minería aurífera. Las movilizaciones en contra del proyecto minero de Angostura (Santander) en 2011 pusieron en el debate público serios cuestionamientos a los impactos ambientales de la minería masiva del oro, que han traído como consecuencia la declaratoria del parque natural regional y luego la delimitación del páramo de Santurbán para excluir esta actividad de extracción de su territorio. En el Tolima existen fuertes tensiones alrededor del proyecto La Colosa, de Anglo Gold Ashanti, en fase de exploración. Campesinos y grandes agricultores se inquietan por los efectos que la mina pueda tener sobre el agua, e incluso en el munici- pio de Piedras los resultados de una consulta popular expresan el desacuerdo de la población con el uso de su territorio para actividades relacionadas con la extracción, como la planta de beneficio metalúrgico. Con todo, la minería es también fuente de empleo de muchas familias que, como se demostró en el paro del 2013, se niegan a ser catalogadas como ilegales o criminales y exigen que el Estado les brinde soluciones. Así las cosas, una nueva política pública de formalización se ha abierto camino y resta ver sus resultados, porque más allá de los títulos mineros, el reto es lograr que este tipo de minería sea sostenible —respetuosa del medio ambiente, socialmente responsable y competitiva—. En medio de estos debates, la revista Zero propone este especial sobre oro en el que, a partir de una entrevista, tres artículos sobre temas de gran relevancia coyuntural y una reseña bibliográfica, se intenta aportar algunos insumos de reflexión. 7

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Ultimátum Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? oro alternativa sobre la explotación aurífera Por iniciativa de nuestra editora invitada, Ana Carolina González Espinosa, empezamos la publicación de una serie de entrevistas con expertos para presentar diferentes argumentos y perspectivas sobre los alcances y el impacto ambiental, económico y social del sector minero-energético en Colombia. La editora explora en sus entrevistas la posibilidad de traducir el concepto de «una tercera vía», que podría optimizar los resultados en la aplicación de las políticas para este sector. Abrimos este dosier con la minería aurífera. Una visión 8

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Ana Carolina González E. Ph.D. en Ciencia Política de SciencesPo Coordinadora de la Línea de Investigación en Recursos Minero-Energéticos, Observatorio de Políticas, Ejecución y Resultados de la Administración Pública (Opera) (CIPE) ana.gonzalez@uexternado.edu.co María Andrea Orduz Asistente de investigación y transcripción Estudiante de noveno semestre Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales maria.orduz@uexternado.edu.co Conversación con el economista Juan Manuel Ospina Estudió Economía en la Universidad de Antioquia. Realizó una maestría en Historia y otra en Planeación y Desarrollo Agropecuario en el Instituto de Estudios de Desarrollo Económico de París. Ha sido senador (miembro de la Comisión Quinta) y dirigente gremial agropecuario. En el periodo 2010-2012 se desempeñó como gerente del Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (Incoder). Actualmente está vinculado a la Universidad Externado de Colombia. Foto ilustración creada sobre imágen de archivo El Espectador. 9

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Ultimátum Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? oro En esta primera entrega, se presenta una reflexión sobre la explotación aurífera. Por sus orígenes, experiencia y formación académica, nuestro interlocutor nos ofrecerá una perspectiva histórica e interpretativa de lo que ha significado la explotación del oro tanto en Colombia como en la región antioqueña. ¿Qué particularidades considera que tiene la minería aurífera? Casi desde que el hombre existe como tal, el oro ha estado presente en su vida, sus luchas y sueños. El oro ha desempeñado, y desempeña aún, un papel que ningún otro mineral ha cumplido en el sistema económico mundial. Es una ley universal que cuando hay desconfianza respecto al valor y la solidez de una moneda, en el área de influencia de esa moneda se dispara el valor del oro. Al oro como reserva de valor no le hace competencia ningún otro bien. En Colombia, desde los tiempos precolombinos, el oro ha sido un bien de exportación de primera magnitud. Por esa razón, en el país hay una significativa presencia de la minería aurífera, tanto la tradicional como la artesanal. Hay regiones como Antioquia, donde la minería de aluvión, adelantada por los mazamorreros —mineros independientes y aventureros—, está en la base de «lo antioqueño» como sociedad, cultura y economía. La riqueza minera fundamentó y alimentó el comercio y luego la industria de la región. La sociedad anónima nace de las sociedades de minas antioqueñas. En este orden de ideas, ¿considera que ese minero independiente cumple el mismo papel en la actualidad? Sigue presente y actuante. Por eso es tan importante diferenciar en- tre minería informal, minería artesanal y minería ilegal o criminal, especialmente en la explotación del oro de aluvión, el que arrastran los ríos y depositan en sus orillas o en su cauce. No tener clara la diferencia entre minería informal e ilegal ha generado muchos conflictos. La informal es una minería sin títulos, precaria, y en muchos casos, estacional e itinerante; fuertemente depredadora del medio ambiente. Es la forma de vida de muchas familias y comunidades pobres y marginadas, y hoy está en fuerte competencia con la minería industrial como nunca antes se había visto en el país. ¿Y las grandes empresas? ¿Cree que existen tensiones insalvables entre el pequeño y el gran minero? Sí y de manera creciente. Anteriormente, los espacios geográficos de la minería estaban menos demandados. La minería de gran escala se localizaba en territorios definidos —Alto Atrato y Bajo Nechí, en especial—, donde existían reglas informales de convivencia minera: los artesanales incluso lavaban arenas que iban dejando las grandes empresas. Ahora bien, no era ni mucho menos un escenario idílico, pues la violencia siempre ha acompañado a la minería del oro. Es decir que lo que cambia es la naturaleza del conflicto, pero ¿éste va de la mano con la dinámica aurífera? Sí. La minería del oro no deja, no «siembra», desarrollo sostenible en las regiones donde se explota, genera bonanzas que se terminan y lo que queda de manera permanente es pobreza y una región, unos municipios, desajustados económica, social y aun culturalmente, como lo atestigua por ejemplo el nordeste antioqueño. Ese 10

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En los paros mineros del año pasado en el Bajo Cauca, por ejemplo, estaban los pequeños mineros, pero detrás de ellos se movía el crimen organizado empujándolos y hasta financiándolos, porque necesitaban, necesitan siempre, encubrir sus grandes negocios criminales con una bandera, un rostro social. es un escenario propicio para el conflicto social, frecuentemente acompañado de violencia. Entonces, ¿cómo evaluar esta actividad que forma parte de la tradición, de la historia y de la supervivencia, pero al mismo tiempo distorsiona las relaciones de la sociedad local y genera una serie de conflictos? Por la crisis del sistema financiero, en general del modelo económico imperante, el oro reaparece como el bien que preserva el valor en un escenario de crisis e incertidumbres financieras mundiales. En ese boom de los precios del oro, su extracción y comercialización se vuelve una inversión muy atractiva para los capitales ilegales; incluso más que en el acaparamiento de tierras porque es más funcional dado su altísimo valor intrínseco, es fácil de esconder, movilizar y transar. El escenario de la minería ilegal, además, es propicio para que los pobres acaben atrapados y aprovechados por la ilegalidad. En los paros mineros del año pasado en el Bajo Cauca, por ejemplo, estaban los pequeños mineros, pero detrás de ellos se movía el crimen organizado empujándolos y hasta financiándolos, porque necesitaban, necesitan siempre, encubrir sus grandes negocios criminales con una bandera, un rostro social. La ilegalidad se disfraza de pobre, atrapa a los pobres y así le dificulta al Estado combatirla. Si a los grupos ilegales se les volvió más interesante económicamente la explotación ilegal que el acaparamiento de tierras o el narcotráfico, uno podría pensar también que para cualquier actor en el territorio es más interesante la minería que otra actividad productiva. ¿Cómo resultan afectados el desarrollo rural y otros sectores por esta dinámica? Hay que observar las cifras con detenimiento, pues a nivel internacional sólo el 1 % de las concesiones otorgadas para exploración terminan en una explotación económica. La mala interpretación de l as cifras, la confusión en los conceptos, han llevado a que se presente un cuadro dramático, según el cual el territorio nacional estaría a punto de terminar convertido en una gigantesca explotación minera, prácticamente borrando del mapa a la agricultura, a las comunidades étnicas y las reservas naturales. No creo que en Colombia la minería vaya a desplazar a la agricultura, ese es un escenario imposible e irracional, aunque su solo enunciado sea políticamente impactante. Más que la pérdida de la tierra, el impacto potencialmente más significativo sobre agricultura y pobladores que tiene la minería en general, pero especialmente la aurífera, se da en relación con el agua, por las cantidades que demanda y por la contaminación que produce, sobre todo la ilegal de aluvión —Bajo Cauca, río Dagua, Ataco—. El carbón, por su parte, es un contaminador ambiental. No debe subestimarse en ningún caso que toda minería genera impactos ecológicos, con las montañas de escombros que va acumulando y por sus efectos sobre la geología y los sistemas de aguas subterráneas. El agua como insumo para la explotación produce gran inquietud. En el Tolima parece haber mucho temor por parte de campesinos y agricultores, algunos arroceros, por 11

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Ultimátum Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? oro ejemplo, dados los impactos que pueda generar la extracción masiva de oro… El mayor impacto de la minería sobre la agricultura, como ya lo dijimos, está en el agua. En el caso del publicitado proyecto de La Colosa en el norte del Tolima, su impacto principal no es sobre el agua para el riego sino que ha sido sobre la opinión, pues al presentarlo el expresidente Uribe como el segundo El Dorado, despertó de entrada temores, expectativas e intereses de todos los pelajes, que han impedido analizarlo objetivamente, en sus impactos y beneficios. Lo que es claro es que las posibilidades de tener una minería responsable y regulada son mayores con la minería empresarial, independientemente de su escala. El riesgo va por cuenta de la minería ilegal, especialmente la mecanizada, con las temibles retroexcavadoras metidas en los cauces de los ríos. Vale la pena pensar si es mejor una explotación justamente negociada con una empresa minera profesional o dejar la extracción del metal en manos de empresarios ilegales con su maquinaria y una multitud de pequeños rebuscadores, sin técnica ni control alguno, y ambos evadiendo el pago de las regalías. Para el caso de La Colosa, podría significar el surgimiento de un Ataco en lo alto de la cordillera Central. Una verdadera pesadilla ambiental, social, económica e incluso política. Y entonces, ¿qué hacer con la minería de pequeña escala y las múltiples familias que viven de ella? ¿Pensar que la única minería El compromiso minero con las comunidades no se puede reducir a la famosa responsabilidad social empresarial. Éste tiene que ser un negocio para todo el mundo, un ganagana social y territorial, altamente respetuoso de las condiciones naturales. responsable es la que se negocia con las empresas no atentaría contra el derecho a la igualdad para acceder a una actividad económica? Lo que estoy diciendo es que el enemigo es la minería ilegal, que ahora llaman criminal, y no la minería formal, así sea empresarial, o la pequeña minería informal o artesanal. Acá es importante diferenciar entre informal e ilegal, pues si bien toda actividad minera ilegal también es informal, no puede confundirse la informalidad con la ilegalidad. A la ilegalidad hay que combatirla con la autoridad; a la informalidad hay que facilitarle su formalización. Toda actividad formal, sea de pequeña, mediana o gran escala, debe operar ceñida a las normas establecidas, debe ser legal. Jamás la lucha contra la ilegalidad debe ser vista como un atentado al derecho a la igualdad para acceder a una actividad económica, derecho que está sujeto a que la actividad en cuestión sea legal. Fuera de las consideraciones ambientales, existen también impactos económicos en el territorio. Por ejemplo, una mayor demanda de empleos en el sector minero, sobre todo en un primer momento, que incide en los salarios y hace también más costosa la mano de obra en el sector agrícola. ¿Cómo controlar estos efectos para que la actividad genere desarrollo? Existen estos impactos porque la nueva actividad minera transforma las condiciones de vida en la región, para bien y para mal. Para mal porque en el área de influencia de la explotación se acaba la producción 12

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local, especialmente de alimentos, y florecen cantinas y prostíbulos; se impone la ilusión de la plata fácil. Cuando en una comunidad tradicional hay una subida rápida de los ingresos, es frecuente que al menos en un primer momento, especialmente los hombres, gasten mucho de los nuevos ingresos en «vicio». Los proyectos de gran minería con el tiempo tienen dos efectos sobre el empleo local y aun regional. El primero, nacido de la demanda que de mano de obra no calificada tiene el desarrollo del proyecto, mucha de la cual es de origen campesino. Esas personas, impacto positivo del proyecto, tendrán unos niveles de remuneración superiores al promedio regional. Los dueños de fincas empiezan a quejarse porque les escasea la mano de obra y se les encarece el jornal que deben pagar. Los finqueros locales quisieran congelar la realidad y negarles a esos campesinos la oportunidad de un salario mejor. El segundo impacto sobre el empleo y los ingresos en la región lo origina el hecho de que la demanda por mano de obra, que es grande durante la construcción, disminuye después, durante el periodo de explotación, y se genera desempleo, producto del desbalance en el mercado laboral que origina la nueva actividad «intrusa», desempleo difícil de superar sobre todo en una economía con pocas alternativas de empleo. Así, el problema en el mercado laboral, que puede volverse permanente, no lo genera sólo la actividad minera sino también la incapacidad del sistema en su conjunto para adaptarse a los cambios en el nivel de empleo que producen las grandes inversiones, al incidir en las vocaciones productivas locales y aun regionales. Frente a estos retos que genera la extracción de oro sobre la dinámica ambiental, social y económica del territorio, ¿cuáles son las herramientas institucionales, las políticas públicas o las normas con las que deberíamos contar? En general, más que un tema de nuevas leyes es uno de reglamentación. En Colombia cada vez que hay un problema se acude, como si fuera una varita mágica, a expedir una nueva ley, clásico fetichismo de la norma y de la palabra escrita —el «santanderismo» propio de nuestra cultura institucional—. Lo último que se hace es sentarse a evaluar lo que se tiene para definir la mejor manera de aprovecharlo y mejorarlo. Frente a la polarización reinante alrededor de la minería y en medio de la en apariencia insalvable oposición «minería sí minería no», se piensa que es posible una opción, una suerte de «tercera vía» en minería. ¿Usted cree que se pueda construir? ¿Qué se requeriría? Una «tercera vía» no sólo es posible, sino que es necesaria. Para establecerla, se requiere: 1.Quitarle a la minería la connotación de actividad estratégica que sin razón alguna le otorga la legislación vigente. La minería debe ser un sector sujeto a las condiciones y restricciones que tienen los demás sectores. Hay que ser capaces de trazarle unos límites a su desarrollo: minería sí, pero no en todas partes y no de cualquier manera. Seamos muy exigentes con la tecnología que se autorice y con el cuidado del medio ambiente. 2. Procurar que el sector opere en el marco de las políticas y los esquemas de ordenamiento territorial. No se puede sobreponer ni sustraer a ellos. 3. Fortalecer la capacidad de investigación, información y conocimiento que tiene el Estado de la riqueza natural de la nación, que es de los colombianos, en cuanto a los recursos renovables y los no renovables. 4. Contar con una autoridad minera presente en las regiones para permitir que los actores locales sean «socios», con intereses que vayan más allá de las regalías. El compromiso minero con las comunidades no se puede reducir a la famosa responsabilidad social empresarial. Colombia necesita un negocio minero para todo el mundo, un gana-gana social y territorial, eso sí, en el más absoluto respeto del ecosistema, de su protección y mejoramiento. 13

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Ultimátum Dosier: ¿Una vía para el sector minero-energético? oro Bajo Cauca antioqueño En este artículo se dan algunas pistas para localizar socionaturalmente la minería aurífera en el Bajo Cauca, y se presentan algunas respuestas de diversos actores a necesidades y problemas percibidos. El punto de partida es el proceso de elaboración colectiva de una propuesta de desarrollo rural con enfoque territorial en el Bajo Cauca antioqueño, en el periodo de enero a agosto de 2013*. El Bajo Cauca antioqueño es vecino de los municipios de Segovia y Remedios, y del sur de Bolívar y el sur de Córdoba (ver mapa). Está conformado por los municipios de Zaragoza, El Bagre, Nechí, Caucasia, Cáceres y Tarazá, y el 41,7 % de su área total corresponde al sistema hidrográfico integrado por los ríos Aburrá, Grande, Porce, Nechí y Cauca (Instituto de Estudios Regionales [INER], 2004). El agua es el eje articulador de la vida y de culturas anfibias. Los municipios de Nechí y El Bagre se encuentran en la zona de influencia de la Gran Mojana, y Caucasia, el principal centro administrativo y de servicios, se ubica a una hora y media de Montería y a cinco horas de Medellín. El Bajo Cauca reúne diferentes características identificadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2011). Entre éstas se destacan la informalidad en la tenencia de la tierra, la persistencia del conflicto armado y el narcotráfico, los conflictos entre usos vocacionales y actuales de los suelos, la emergencia ambiental, así como la mayor vulnerabilidad frente a los efectos del cambio climático y los altos niveles de inequidad. De manera específica, esta asimetría perjudica a la población con poca tierra o sin tierra, campesina, indígena, negra, y en especial, a las mujeres rurales. Sin embargo, sus habitantes se resisten a ser y a ser representados como víctimas Minería aurífera en el 14

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Aída Sofía Rivera Sotelo Economista de la Universidad Nacional de Colombia Maestra en Estudios Culturales de Queen’s University (Canadá) asriveras@gmail.com 15

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