Revista Terral - Número 15

 

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Revista Terral - Número 15

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Estimados lectores y colaboradores En nombre del equipo de redacción y en el mío propio, presentamos el número 15, correspondiente al verano, de la revista Terral. El diseño de portada es de Enrique Bodero, a partir de la obra, Efímeros, de Salvador Palomo. En este número queremos rendir un homenaje a tres escritores que se nos han ido en un espacio breve de tiempo. Y lo hacemos con el hermoso y emotivo texto que nuestra colaboradora, Mar Solana, les ha dedicado. Gracias a todos por seguir con nosotros, apoyándonos y participando. Lola Buendía López Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018 Vuelan más Letras al Cielo Por Mar Solana. Hace tiempo una amiga me habló de una extraña sensación. Ella sentía que se abrían portales desde la Bóveda Celeste y una camarilla de angelotes bajaba para recoger a personas necesarias «allá arriba». Y se marchaban así, todas casi al mismo tiempo, como si el «Gran Jefe» les dijera: «¡Eh, Querubines, aquí necesitamos a alguien que arregle esas rosas… o algunos que construyan más estancias, que el Cielo se nos queda pequeño… o unos cuantos que sepan hacer y hornear nuestro delicioso pan de cada día… o Hacedores de Letras, que nos desvelen los misterios de los de «allá abajo», empapelen este Edén de belleza y de paso echen una manita a las Musas en el Helicón, que andan de capa caída…!»

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No tuve por menos que coincidir con mi amiga: yo había sentido lo mismo muchas veces… Con apenas un día de diferencia, coincidiendo con el Solsticio de Verano y la celebración de San Juan, eso fue lo que ocurrió la semana pasada: tres Plumas muy especiales emprendieron su viaje. El lunes, veintitrés de junio, fue un amanecer brumoso y destemplado en la sierra madrileña, Máximo Fuertes Rodríguez, Max Mismo o Max Estrella, como se apodó él para los amigos, acudió raudo a su cita con las Musas. ¡Menudo era Max, de ninguna manera iba a dejar el Helicón con unos Soplos desganados; faltaría «máx»! El destino me brindó la oportunidad de conocerle. Coincidí con él en un par de Talleres Literarios impartidos por nuestro maestro común, Ramón Alcaraz. Cuando nos presentaron, me dijo algo que me hizo sonreír y, que por supuesto, me habló de su bonhomía. ¡Cuánto me alegro de haber compartido esos buenos momentos con él en aquellos estupendos Talleres de «El Desván de la Memoria»! «No tengáis miedo, estamos salvados: la poesía mana a borbotones (…) Nota del autor: obviamente, este sitio no es más que el despliegue de un ego, que es lo que es, una cola de pavo real, algo raída y deslucida, porque uno es como es… Permítaseme, no obstante, decir que no hay puntada sin hilo… En cualquier caso, yo me estoy riendo un montón haciendo este ejercicio. Si te puedes reír tú también, con cierta condescendencia y sin animadversión, entonces, nos sirve a los dos.»Máximo Fuertes... Max Mismo. Hasta siempre, Máx. Estoy convencida de que las Musas te habrán recibido con los honores que tú mereces y que desde la Bóveda Celeste nos seguirás enviando toneladas de inspiración… Al día siguiente, mientras en muchos lugares se celebraba San Juan, nos dejó nuestro compañero, Juan Ballester Palazón, el Caballero Poeta de Canal-Literatura. No se podrán quejar en el Helicón, no, ¡menudos refuerzos han reclutado! A Juan no le conocía personalmente, pero seguía sus publicaciones y poemas, habituales en Canal-Literatura. Una de mis compañeras, Elena Marqués, dejó en un comentario algunas perlas del Caballero Poeta, que ella misma ha apodado (muy acertadamente) «greguerías ballesterianas». Con su permiso, y el de Juan, os dejo con las que más me han gustado y con uno de sus delicados e inspiradores Poemas: «Páginas de mi Vida».

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«Si quieres leer mis poemas en formato electrónico, espera a que sea de noche y enciende la luz.» «Lo que asusta de las Parcas es que, además, son parcas en palabras.» «Buenos días. Si hoy te sientes triste, no olvides pasarte por mi corazón a recoger tu abrazo diario.» «Buenos días. Quizá los ángeles no existen, pero sí existen personas que tratan de hacernos la vida un poco más feliz. Están a nuestro alrededor. A veces no nos damos cuenta, pero están ahí, silenciosas, invisibles. Cuidémoslas. Tal vez algún día las echemos en falta y sea ya demasiado tarde.» Páginas de mi Vida Mi vida es como un río que fluye hacia tu boca, es como un viento cálido que repite tu nombre; mi vida es una fiesta que a gozar me convoca porque me siento un hombre. Mi vida es una brújula que señala tus ojos, un imán que me lleva hacia tiempos felices; mi vida es tierra fértil sin piedra y sin abrojos donde echo mis raíces. Mi vida sabe a versos, a silencio y miradas, a tardes confortables, a noches sin bombillas; mi vida no termina con lágrimas ahogadas, con húmedas mejillas. Mi vida tú la mueves, la conduces, la guías, la llenas de esperanza, de horizontes, de metas; mi vida junto a ti son dos manos vacías, son dos manos repletas. © Juan Ballester Hasta siempre, compañero, mi gratitud por toda la belleza que nos has brindado. Y todavía con las hogueras de San Juan humeando, con millares de buenos deseos flotando entre la espuma del salitre y las brumas matinales, de

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puntillas y sin grandes desmanes o alharacas, también se marchó una de mis cuentistas preferidas: nuestra sempiterna Matute. Ya estaban necesitando a alguien que los contara «allá arriba». Crecí con los cuentos de Ana María. Cuando yo aún llevaba pañales, ella ya había escrito un buen manojo de ellos e incluso, le habían concedido algún que otro reconocimiento. La obra más deliciosa que he leído de esta Maga de Letras es, sin lugar a dudas y entre otras muchas, «Paraíso Inhabitado». Aunque si tenéis ocasión, no dejéis de leer su excelente volumen de Cuentos Completos: «La Puerta de la Luna». De Ana María os dejo con este entrañable micro cuento, uno de mis preferidos. Música Las dos hijas del Gran Compositor -seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y sólo a ráfagas, el silencio se rompía con las notas del piano de papá. Y otra vez silencio. Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba algo. La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio: -¡La música de papá, no te la creas...! ¡Se la inventa! Ana María Matute Hasta Siempre Máx, Juan, Ana María… vuestro Tesoro de Letras está a buen recaudo.

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Revista Terral Número 15 ©Todos los derechos reservados ISSN 2253-9018 Colaboradores en este número: Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Enrique Bodero – Lola Buendía – Ramón Alcaraz Erena Burattini Obra de portada: “Efímeros” de Salvador Palomo Diseño de portada: Enrique Bodero Editorial: Mar Solana Cine: Ramón Alcaraz – Ángel Silvelo Opinión: Erena B. Burattini - Pablo R. Guy Crítica literaria: Ricardo Guadalupe – Ángel Silvelo – Aarón García Poesía: Noemí Trujillo - Máximo Fuertes – Juan Ballester Relatos: Rafael Borrás – Juan Soria – Mar Solana Ser escritora: Mar Solana – Lola Buendía Flamenco: Rafael Silva Martínez Arte: José Manuel Velasco – Salvador Palomo El viajero: Lola Buendía – Pepa J. Calero La otra realidad: Mariano Vázquez Alonso Diseño digital: Lola Buendía – Carmen Guerrero Maquetación: Lola Buendía López Diseño Web: Ana García ~ 644 26 28 80 ~ info@anagrafic.com

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CINEXPLICABLE (Ramón Alcaraz García. www.tallerliterario.net) ¿Sabías que la película El hombre tranquilo contiene un personaje fantasma? El hombre tranquilo es una película de John Ford por la que sentía especial predilección, y una de las películas favoritas para los amantes del cine clásico. Es una joya del cine que no te puedes perder, que para Ford tenía un valor emotivo añadido porque evocaba a su Irlanda de origen. Por eso son constantes las bellas imágenes de sus prados verdes y los idílicos paisajes de la imaginaria Innisfree. John Ford dirigió muchas producciones para los grandes estudios, pero de vez en cuando realizaba por su cuenta películas que se alejaban de los temas de moda y en las que podemos encontrar un componente especial aún más suyo. Con un coste reducido pagado con mucho esfuerzo de su propio bolsillo o asociado a una pequeña productora independiente, han alcanzado mucho más renombre y fama que otras películas de elevados presupuestos. Es el caso de El hombre tranquilo, Qué verde era mi valle, El sol siempre brilla en Kentucky… El hombre tranquilo fue escrito por el escritor Maurice Walsh. Inicialmente fue un relato que alcanzó un gran éxito en su época. Si leemos el original, nos daremos cuenta del trasfondo político de la historia, con continuas referencias a la lucha de Irlanda y al IRA. Estas referencias nos permiten entender mejor algunos acontecimientos de la película y algunos de sus diálogos. Sin embargo, no son necesarias para entender y disfrutar el argumento de una película entretenida y divertida, una historia de reencuentros y, sobre todo, de amor; de un amor que lucha contra las dificultades de los convencionalismos y

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las tradiciones sociales, que exalta el valor de la tierra y de las relaciones humanas. La película fue nominada a 7 premios Oscar, de los que obtuvo 2: el de director para John Ford y el de fotografía; y es que la plasticidad y color de las imágenes es destacable, hemos de pensar que se estrenó en 1952. También contiene una de las escenas de mayor contenido erótico de la cinematografía, la de MaureenO’Hara y John Wayne bajo la intensa lluvia en el cementerio, en donde curiosamente destaca transparentado el cuerpo de Wayne, no el de ella. Es una obra costumbrista, que refleja una sociedad patriarcal y sometida a las tradiciones. También refleja la dureza de la emigración y el amor a lo propio, a la familia y al pasado. Entre sus anécdotas, parece ser que John Ford se encargó de “calentar” a los dos actores antes de que protagonizaran la memorable pelea. Hemos de imaginar a dos hombres tan corpulentos como Wayne y VictorMcLaglen poniendo un “empeño” especial en esa escena. El resultado: una secuencia magnífica tras la que Victor sufrió una pequeña conmoción y Wayne acabó con dos fracturas en las costillas. Y después continuar tan amigos en la vida real. John Ford en 1936 dio a Walsh, autor del libro, un pago simbólico de diez dólares por la reserva de los derechos hasta que lograra reunir suficiente dinero para producir la película, para lo cual tardó 15 años. El resultado no es solo una joya de la cinematografía, sino que ha sido objeto de análisis y estudios: por ejemplo el documental Innisfree de José Luis Guerín. John Ford rodó las imágenes en el condado irlándes de Cong, cuna de sus antepasados, pero quiso darle una ubicación indeterminada y nombró al lugar como Innisfree, que es un pueblo ficticio del poeta dublinés William Butler Yeats. El documental de Guerín recrea los lugares y personajes de la película. Otro estudio muy interesante sobre la película es el que realizó la universidad irlandesa de Notre Dame y que publicó Cork University Press con el mismo título: Thequietman. Y en cuanto al fantasma, John Ford en esta película realiza un curioso y extrañísimo guiño a los espectadores, que la mayoría de veces pasa desapercibido. Cuando Sean Thornton (John Wayne) está en casa de la viuda Sarah Tillane, si nos fijamos vamos a descubrir a un extraño personaje junto a la chimenea; este personaje deambula por esta y un par de escenas más de la película, sin que el resto de actores depare en él ni participe más que con su presencia, Solo al final, en la presentación de todos los personajes, si parece ser que provoque cierta atención en alguno de ellos. Es un detalle muy curioso y propio de John Ford, que además de un excelente director sabía dar un toque

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personal que solo podemos reconocer en este director norteamericano. Lo que podemos suponer es que ese personaje es el difunto marido de la citada viuda Tillane: su “fantasma”. Otra curiosidad es que MaureenO’Hara, también irlandesa, pudo mostrarse realmente dolida durante la película porque se rompió un dedo en la escena en que va a abofetear a Wayne y este le para el golpe. Ford se negó a vendarle la mano a Maureen para no cometer un fallo de raccord con las escenas ya filmadas, El hombre tranquilo es una película que, aunque en algún aspecto nos pueda parecer anacrónica (el papel de la mujer, los convencionalismos sociales, la rigidez de las tradiciones), trata por encima el tema del honor y de la dignidad, de los valores humanos, la amistad y el amor. Una obra con encanto para olvidarnos dos horas de todo lo que nos preocupa y volver a recuperar la sonrisa.

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Cine LA GRANDE BELLEZZA DE PAOLO SORRENTINO QUÉ ES LA VIDA SI NO UN VIAJE HACIA NINGUNA PARTE Ángel Silvelo Gabriel. ¿Merece la pena tomarse en serio la vida?, porque, qué es la vida si no un viaje hacia ninguna parte. Eso, al menos, es lo que Jep Gambardella (un soberbio Toni Servillo), parece decirnos en cada fotograma de esta bella, en sí misma, película. Con ciertas resonancias de El vientre del arquitecto de Peter Greenaway en cuanto a la sempiterna búsqueda de la belleza, Paolo Sorrentino también nos propone una alianza imposible a la hora de buscar la belleza; única meta posible de un mundo sin sentido donde el hastío se apodera de todo. A este infinito desencanto que nos gobierna, Gambardella opone grandes dosis de cinismo bajo el que cobijarse de esa sensación de eterna búsqueda de la nada. Lejos de apartarse de la vida, Gambardella indaga en ella, pero no encuentra nada, porque quizá todo sea una excusa literaria (quizá la última) a toda una vida, aunque debamos admitir que no debe ser nada fácil escapar de una forma inmune a esa omnipresente belleza que atesora la ciudad de Roma, y que además, se acrecienta con el paso del tiempo. Roma reposo perpetuo de emperadores y templos, de civilizaciones que cambiaron el mundo y de manifestaciones artísticas que conmueven al más insensible de los seres humanos es, sin embargo, el contrapunto de una actualidad no tan lúcida y que, en La grande bellezza, sale retratada a la deriva en una constante huida de fiestas, mentiras y bótox. No hay un mayor contraste y mejor lenguaje fílmico para expresarlo que el que nos propone Sorrentino al situar ese ático de desenfreno frente al omnipresente y majestuoso Coliseo romano, símbolo del orgullo de una ciudad que, en palabras del propio Gambardella, lo mejor que tiene son los turistas, pues ellos son, sin duda, quienes adoran algo que mucho romanos no son capaces de apreciar. Quizá Roma, nunca haya sido retratada de una forma tan bella, pues Sorrentino, aparte de mostrárnosla en muchas ocasiones de noche, como si fuera una gran bella durmiente, ha fijado su objetivo

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en lugares que, aparte de ser bellos en sí mismos, son distintos por anónimos y fuera del alcance del turismo que practicamos en la actualidad. Esa soledad nocturna no hace sino acrecentar el valor de una belleza sublime que, al igual que una gran actriz, es capaz de mojarnos los recuerdos tanto con los chorros de agua de sus múltiples fuentes, como con la luz del atardecer que en forma de una lluvia dorada se posa sobre sus tejados anaranjados; una bruma que, si nos paramos a observarla con detenimiento, desprende una gran multitud de destellos capaces de transformar nuestra percepción del arte y del tiempo. Y así, podríamos continuar hasta el infinito, porque infinitos son también los grandes y pequeños rincones de una ciudad tocada por la varita mágica de la infinita hermosura. Sin embargo, en Roma también existe otra opción para contemplar la belleza, más allá del halago puramente estético, y esa es la de disfrutar del silencio y su melancolía, como solo dos amantes pueden hacer sin perderse en los vericuetos del tiempo. En este caso, Roma también se alza como la excusa perfecta para unir arte y literatura, verdad y belleza, en un juego en el que Sorrentino nos invita a jugar a través de la decadencia de un personaje que, al acabar de cumplir los sesenta y cinco años, siente esa necesidad de seguir viviendo sin más. En esa necesidad de la simple contemplación asistimos a una filosofía de la vida aparentemente hedonista, aunque ese solo sea un escaparate ficticio bajo el que se esconde la más pura contemplación. Acaso qué es el arte, la poesía, la literatura, la música... sino mera contemplación. ¿Existe algo más bello que ver amanecer cada día que paseando por la ribera del Tevere, o irse a dormir mientras suenan las centenares de campanas de las iglesias y catedrales romanas? En ese permanente éxtasis del hecho de la belleza es donde se resguarda el alma de un Gambardella perfectamente interpretado por un Toni Servillo que ejerce de guía nocturno y existencial de una historia que no se ciñe al mero y puro lenguaje formal del cine comercial, sino que navega y divaga en una caprichosa sucesión de imágenes, como caprichosa es la vida que solo busca la contemplación por la contemplación, pues qué es la vida si no un viaje hacia ninguna parte. PD: No pasen por alto la excepcional banda sonora de Lele Marchitelli.

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Opinión Affaire Gowex Erena B. Burattini El verano se calienta con un nuevo capítulo en la escalada de los affaires económicos. Este último protagonista es la empresa Gowex que opera en el sector de la tecnología, y que cotiza en el mercado alternativo de valores. Destapa la olla de las irregularidades desde hace cuatro años la agencia norteamericana Gotham. Un entramado falso que despluma a 3.000 accionistas, sin posibilidad de recuperar sus inversiones. Sorprenden las declaraciones del gobernador del Banco de España sobre este asunto. Comienza diciendo que desconocía esta empresa. -Curiosa afirmación puesto que este mismo año el Gobierno de España la galardonó con el premio START-EX, ante la presencia de nuestro ministro de economía. También recibió el Premio Nacional de España a la Innovación. Hay que recordar que su fundador y presidente, Jenaro García, se codeaba con los más altos representantes de nuestro país-. El gobernador cree que este caso puede afectar la marca España, aunque afirma que esto sucede en todo el mundo. Termina redondeando su declaración al sostener que se trata de un tema menor. Esta opinión que a cualquier oyente podría dejar anonadado, no es más que el reflejo de nuestro actual y generalizado unfair play económico. Todavía nos negamos a aceptar que nos encontramos a merced de este juego sucio e insaciable de las finanzas. Lo único que cuenta es la rentabilidad máxima con el mínimo esfuerzo, sin importar el cómo. Todo lo que sirva a ese propósito son artículos de usar y tirar, incluidas las personas ajenas a ese pastel exclusivo, faltaba más. Y para enmascarar su falta de humanismo, el sistema se rasga las vestiduras en defensa de los no nacidos. Cuán altos son los valores éticos de estos personajes, podríamos pensar. Lástima que solo sean fuegos de artificio que tendríamos que aprender a descifrar.

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Opinión Reflexiones, políticamente incorrectas, sobre la vida, el arte, la política... EL ARTE ES CULTURA El arte es la manifestación cultural más antigua de la que tenemos conocimiento y muestras fidedignas de su existencia. El arte es la manifestación más excelsa de la cultura. La cultura es la manifestación humana que más claramente nos diferencia del resto de los animales. El arte está íntimamente integrado en la vida y es parte de nuestra vida y es, a la vez, el envoltorio. El arte no es solamente la flor en la solapa, que también lo es. El arte forma parte de la más rabiosa actualidad, aunque muchas veces no percibamos su presencia. Pero está en nuestras vidas y en nuestro entorno, en la tecnología y en los medios de comunicación. Está en el diseño que nos envuelve; ropa, arquitectura, nuevas y viejas tecnologías, en las miles de imágenes que nos asaltan a cada minuto en nuestra sociedad, en las ciudades y en los medios de comunicación, en la vida del día a día. Todo tiene su parte del arte. Seguramente cuando un artista crea, no es consciente de que, luego, sus imágenes repercutirán en las diferentes manifestaciones cotidianas. O el diseñador, cuando está

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creando un nuevo producto, le añade a ese objeto estilo, belleza, línea, cualidades táctiles, colorido, etc. o la arquitectura, si además de cumplir los requisitos básicos para la función que se ha creado, se realiza con valor estético añadido. Todo eso es arte. Es el arte aplicado a nuestra vida diaria. Es arte para la colectividad. Y no está contrapuesto al arte que vemos en los museos. Ambos son parte de una manera de poner belleza y conciencia en nuestras vidas. Es muy probable que no seamos conscientes, la mayor parte de nosotros, cuando tenemos un móvil en nuestras manos, que ese objeto está hecho con un sentido estético determinado, que responde al momento presente, con un colorido, tanto externo como en las imágenes que se van abriendo con el uso propio del aparato. Todos los objetos de nuestra vida tienen una dosis de estética muy importante. Desarrollan secuencias de imágenes y colores que no nos dejan indiferentes. Y es de suponer y esperar que los nuevos avances tecnológicos nos traigan nuevas formas de ver y entender la realidad, nuestro mundo. El arte tiene un papel muy importante en nuestra realidad. La forma más simple de entender esto es pensar en todas aquellas cosas de nuestra vida diaria que utilizamos con el valor añadido del diseño y la estética, además de que sirvan para lo que han sido creadas. Luego, además de la estética, tenemos el valor de que nos ayuda a entender y disfrutar en ese nivel más profundo y trascendente del ser humano, la conciencia y lo sublime, del goce intelectual y sensible que solo las artes nos pueden proporcionar, con la práctica activa del arte o solo con el disfrute de la sensibilidad. PABLO RODRÍGUEZ GUY. 2014-06-25

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Reseña literaria ANDRÉS ORTIZ TAFUR, “CAMINOS QUE CONDUCEN A ESTO”: LAS RENDIJAS POR DONDE SE ESCAPAN LA SILUETAS DE LOS SUEÑOS Ángel Silvelo Gabriel. La necesidad de soñar es inherente al ser humano, si no, ¿de qué valdría vivir una vida apegada a esa realidad de la que tanto renegamos? Andrés Ortiz lo sabe muy bien y nos regala veinticuatro bocados de aire fresco en los que el ser humano se enfrenta a su otro yo, ese que nos aguarda cuando estamos solos sin poder dormir bocarriba en la cama, o ese que nos aborda cuando nos proponen aquello que nunca imaginamos que podría tener cabida en el mundo real. Andrés Ortiz juega a repreguntarse la vida desde el otro lado, ese en el que no se despacha más que bebidas sin razón aparente, pero con una aplastante humanidad que, en ocasiones, nos deja sin aliento. Ese es uno de los grandes aciertos de esta recopilación de relatos: la sorpresa, la diferencia, el hacernos encontrar bien ante un hombre color azul cobalto de una estatura visiblemente inferior a la normal... ese otro mundo es el que presenta este relatista jienenses como una suerte de caminos que conducen a esto de una forma tan natural, que no pretende asustarnos, aunque sí sorprendernos. A través de sus palabras, revivimos de una forma sencilla la necesidad de cambiar la realidad, por ejemplo, a través de una naranja de cuya cáscara es blanca, o con esa mujer barbuda que el destino la hace, esta vez sí, enfrentar sus sueños como ser individual frente al resto de los sueños del mundo. Porque, ¿quién no ha tenido el miedo a que nos rompan el molde de las reglas

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