Nº 12. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria, de literatura y de opinión Editada por Enrique Eloy de Nicolás Sumario Editorial (pág. 3) Relato (pág, 4) Microrrelato (pág. 12) Foto-Relato (pág. 14) Poesía (pág. 18) Opinión (pág. 21) Lectura escogida (pág. 23) Entrevista (pág. 26) Publicaciones recibidas (pág. 29) Entrevista a Rosa Frías, autora de la novela “Flor Roja” EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Fundada en 2009 Nº 12 Mayo-Junio de 2012 EDITORIAL RELATO “Informe r2d-3”, de Jon Velázquez “La sombra del sauce llorón”, de Enrique E. de Nicolás MICRORRELATO “Nada”, de Javier Úbeda “Ruidos Nocturnos”, de Eva María Medina FOTORELATO “El gramófono de Vivaldi”, de Enrique Eloy de Nicolás POESÍA “El espejo en que me miro”, de Gema García “Por qué negarlo”, de Noris Roberts “Pan de futuro”, de Javier Úbeda OPINIÓN “Naturaleza mágica del mundo”, de Jon Velázquez LECTURA ESCOGIDA “Historia de España III-De la Restauración a la Guerra Civil”, de César Vidal y Federico Jiménez Losantos. Crítica de Ángel Luis Sarabia ENTREVISTA Rosa Frías PUBLICACIONES RECIBIDAS __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 2

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Editorial Ahora, cuando la primavera por fin nos invita a su casa y nos va mostrando la cara de su primo –el verano-, este nuevo número de “Horizonte de Letras” llega a vuestras bandejas de entrada, como siempre con la ilusión de que llegue a mucha gente y de que alguien se interese por sus páginas. Su contenido, en cuanto a secciones, sigue siendo el mismo; pero con la calidad literaria de siempre, si no mayor. Además, me llena de orgullo publicar la entrevista que le realizaron a una colaboradora habitual de la revista –Rosa Frías-, extremeña por los cuatro costados, madre infatigable y escritora pasional. Por ello me siento orgulloso, porque es la primera vez que aparece en nuestra publicación una entrevista realizada a uno de nuestros colaboradores, y porque Rosa, además de colaboradora, es amiga y buena persona. En la sección de “Publicaciones recibidas” podréis ver la reseña de su nueva novela, además de las ya existentes con anterioridad. Por ello, como siempre, os animo a bucear entre las páginas de la revista, que son las nuestras, las de todos; y a que encontréis la sensibilidad y la delicadeza de las palabras de aquellos que conforman este número. Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 3

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Relato “Informe r2d-3” Jon Velázquez El sujeto objeto del experimento nº 5.c34-2, nombrado David Bronson, es sustraído de su puesto de trabajo estando el sujeto en plenas facultades cognitivas. El experimento se desarrolla dentro de los parámetros habituales. Al despertar el gravitacional trazada por el Yumbotrón) por primera vez, el sujeto objeto del experimento r2d-3 permanece fiel a las leyes gravitacionales, en absoluto reposo. La única explicación posible es que el sujeto no se ha dejado engañar por la ilusión generada por sujeto en el falso vagón de tren, sus constantes indican inusual estado de un el Yumbotrón. Siguiendo los postulados del doctor >unbhyt/, entrevistamos a David Bronson. A la pregunta ¿Eras consciente de que el vagón siempre estuvo en reposo? El sujeto contesta “no”. A la pregunta “¿Porqué permaneciste en reposo cuando el tren chocó?” el sujeto contesta “porque en ese momento era el vagón quien viajaba dentro mío y no yo dentro de él”. Al serle explicada al sujeto nuestra naturaleza (contraria a la del sujeto) éste la acepta. Al serle propuesto al sujeto el borrado de memoria, el sujeto lo rechaza, afirmando poder vivir sabiendo lo que sabe. relajación. El sujeto mira por la ventana (momento en el que debiera tomar conciencia de la ilusión de movimiento) y se tumba en el banco nº 2. El doctor

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Conclusión: todos los sujetos anteriores a David choque Bronson de reaccionaron al ilusorio bruscos Consultada la legión Procer, los datos revelan que en los experimentos r2d-3, cabría esperar a priori un resultado opuesto al postulado por el informe r2d-3. Bajo nuestra perspectiva negacionista, tan solo es reseñable aquel sujeto que contrariamente a David Bronson, engañado por la ilusión, genera la gravedad que lo lanza cuando se recrea el choque. Lo que cabe esperar de un experimento como éste, es una muestra de individuos que se comportan conforme a la gravedad real y no conforme a la simulada. trenes sufriendo desplazamientos y 3.e4 de ellos lesiones. Antes de David Bronson jamás habíamos podido entablar conversación con el sujeto objeto del experimento. El primer indicio de la teoría mental gravitacional del doctor >unbhyt/ ha aparecido en el experimento nº 5.c34-2 (mucho antes de lo deseado). Reporte del informe r2d-3 ¿Por qué llama la atención a los ¿Es real el informe r2d-3? Para comprobar su veracidad bastarían dos experimentos iguales al experimento r2d-3, siendo el resultado de los experimentos iguales a los de la muestra sugerida por el informe r2d-3. En el caso de que los resultados fueran positivos, el experimentadores la pasividad mostrada por David Bronson? ¿Acaso no están estudiando una teoría gravitacional, no deberían estar atentos a ecuaciones, datos y números? El informe deja a las claras la intencionalidad del experimentador al comentar que el sujeto es secuestrado estando completamente el experimento a realizar sería el siguiente: un sujeto es sustraído del mismo modo en que se describe en el informe r2d-3. El sujeto aparece en una habitación donde todo aparenta estar en reposo. La habitación es un receptáculo que se mueve en círculos. Si diéramos con un sujeto que al frenar bruscamente el consciente. La intención es provocar en sujeto un estado de ansiedad, así, la única ocupación del sujeto es escapar del vagón y dilucidar como ha llegado al vagón así como las razones y los responsables de tal atropello. Si las traducciones del Etad son correctas, al ser generado el estado de ansiedad, este tipo de sujeto, reacciona fijando su atención en una sola perspectiva, con lo cual la pregunta ¿se mueve el tren realmente? no es formulada en la mente de este tipo de sujeto. receptáculo saliera despedido por la fuerza de la gravedad, la legión Procer afirma que la teoría mental gravitacional del profesor >unbhyt/ (siendo positivas las traducciones Etad) es autentica, única, capaz de describir la gravedad total. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 5

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“La Sombra del Sauce Llorón” Enrique E. de Nicolás Aquella mañana, Evaristo se había levantado más temprano de lo habitual. Siempre le había gustado madrugar y su cuerpo ya estaba acostumbrado a abandonar la calidez de las sábanas antes de que los primeros rayos de Sol hicieran acto de presencia. Pero esa mañana, quizá espoleado por la vigilia interminable a la que le había sometido su mente por el temor a lo nuevo y desconocido, no había pegado ojo, y le dolía todo el cuerpo por las interminables vueltas que había dado en la cama durante la noche. A las doce cantaría su primera Misa. Era algo especial que había deseado desde su ingreso en el Seminario, y más su madre, orgullosa y encantada de que su hijo pequeño se ordenara sacerdote. Aún recordaba aquel día, seis años atrás, cuando ingresó para realizar su preparación eclesiástica. Su madre no cabía en sí de gozo, y le faltó tiempo para salir a la calle y contárselo a todo aquel con el que se encontraba: “Fulano, Mengano, mi Evaristo va a ser cura. El próximo lunes ingresará en el Seminario”. La vocación –por llamarlo de alguna manera- le llegó tarde, pues ya había cumplido los veintisiete años y había vivido cosas que otros novicios ni siquiera sabían que existían. Y se escudó en eso, en que era una llamada de Dios, para satisfacer la impertinente curiosidad de las personas que lo machacaban con preguntas acerca del porqué de aquella repentina inquietud suya, convenciéndose de que la ruptura con Alejandra, su novia de toda la vida, ya estaba superada. Logró obtener una plaza en el Seminario gracias a una importante amistad de su padre Comandante de profesión y Católico de devoción- en el Obispado, encontrándose así con muchachitos adolescentes de dieciséis años que lo miraban con recelo, como si lo hubieran colocado allí para vigilarles. Aquella mañana, la de su primera Misa, Evaristo se encontraba frente al espejo del cuarto de baño; contemplando las notorias ojeras que la vigilia nocturna había dejado en su rostro. Se encontraba cansado y las dudas que lo habían martirizado durante meses parecían haberse esfumado, dejando paso libre a su conciencia, que le repetía una y otra vez que era lo mejor que podía hacer. Y eso quería creer. Porque, durante mucho tiempo, culpó a Alejandra, su novia de toda la vida, por haberle obligado a olvidarse del mundo y a dedicar su vida a algo que jamás se había planteado. Durante mucho tiempo la odió por haberle abandonado en el altar, tras aquellos maravillosos doce años de noviazgo. Y ahora, ante aquel pequeño espejo que le devolvía una triste mirada, contemplaba su rostro, surcado por arrugas nuevas, no demasiadas, la ausencia casi total de cabello y esos ojos achinados que tanto le gustaban a Alejandra, escondidos ahora tras unos gruesos cristales que le devolvían la vista perdida durante interminables horas de lectura. Y mientras lo contemplaba, se decía a sí mismo que era el mejor rostro que se podía tener para ser cura. EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Ese día, a las doce, a pesar de sus treinta y tres años recién cumplidos, se ordenaría sacerdote, cumpliéndose así la mayor ilusión de su madre. La de su padre también, aunque jamás le perdonaría a aquel hijo que abandonara una prometedora carrera militar que hubiera crecido –sin duda- como la espuma. Se sentó en un esquinazo de la cama con su caja de recuerdos -como él la llamaba- sobre sus piernas. No era una caja especial, de ninguna manera. Sólo era una caja de madera vieja que contuvo –hace varias décadas- puros habanos que su abuelo había traído desde Cuba tras cumplir su exilio en aquel país. Y que su abuela, un día de verano, le regaló en el pueblo, veinticinco años atrás. Evaristo, desde el primer momento, supo qué utilidad darle. Y allí comenzó a guardar cosas que para él constituían un auténtico tesoro. Al abrirla, notó el aroma cercano y familiar de sus recuerdos. Con manos temerosas y un tacto siempre delicado, comenzó a sacar fotos viejas y amarillentas, en las que se veía de niño, con sus pantalones cortos aún en invierno, sobre una recién estrenada bicicleta BH que le regaló su tío Anselmo. O en traje de baño, posando junto a su amigo Aurelio, en actitud triunfal, a la orilla de aquel remanso del río donde aprendió a nadar y a donde acudió todos los años, cuando iba a pasar las vacaciones de verano al pueblo, donde vivían sus abuelos. O aquella otra foto, aún más vieja, en la que aparecía su madre curándole una herida que se hizo en la rodilla la primera vez que su padre decidió llevarlo de acampada. Siguió desempolvando recuerdos, al mismo tiempo que extraía nuevas fotos y las iba apartando a un lado. Una tras otra, rejuveneciendo el tiempo, sonriendo con algunas y recordando cosas olvidadas con otras. Eso le hacía sentir bien. Siempre recurría a su caja de recuerdos cuando algo lo atenazaba, y le daba resultado. Comenzó a guardar las fotos con cuidado, en el mismo orden que las había sacado y, casi a punto de cerrar la caja, vio una que le llamó la atención y que hacía tiempo que no veía: aparecía él al lado del “Cuatro Latas” de su padre, acompañado de dos amigos de los que no ha vuelto a saber nada y de Alejandra, meses antes de que se decidiera a pedirle formalmente que saliesen juntos. Se acercó la foto un poco más a los ojos y observó su propio rostro. Le pareció un rostro feliz y orgulloso y recordó que, ya entonces, en el momento de aquella foto, estaba locamente enamorado de Alejandra, cuando se prometió a sí mismo que era la mujer de su vida y que haría lo imposible para conseguir su amor. -¿Qué haces levantado tan temprano? –le preguntó, Joaquín, su compañero de piso, desperezándose. Joaquín era otro cura seis años más joven que él, que llevaba ya muchas misas a sus espaldas, pues se ordenó sacerdote con la normal edad de veintitrés años. Desde que Evaristo llegó a la parroquia, hace pocas semanas, Joaquín lo trató con absoluto cariño y dedicación, convirtiéndose en su mejor amigo y confesor. -Son sólo las cinco y media de la mañana. Te faltan más de seis horas. -No podía dormir y… Estaba aquí, recordando viejos tiempos –se excusó, Evaristo. -¿Tienes miedo, no? -¿Miedo? No. Bueno, estoy un poco nervioso, ya sabes. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 7

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-Entiendo lo de tus nervios. Es la primera Misa, en presencia del Obispo… En fin. Pero es algo muy especial y deberías estar tremendamente orgulloso. -Y lo estoy. -Tus ojos y tu expresión me dicen lo contrario, Evaristo. Te conozco desde hace muy poco, pero lo suficiente como para saber que no sólo estás nervioso. -No, no. De verdad. Estoy bien –mintió Evaristo, mientras guardaba la foto en la caja de madera. -¿Y esa foto? Espera, enséñamela, hombre. -Es una simple foto, no tiene importancia –dijo Evaristo, al mismo tiempo que cogía la caja con la intención de guardarla. -Pues por eso. Deja que la vea contigo, hombre. Sin poder resistirse, Evaristo dejó que su compañero abriera la caja, quedando la foto a la vista. -¡Vaya, si que estabas joven en esta foto! ¿Quiénes eran éstos? -Nos la hizo un primo mío, el día que me saqué el carné de conducir. Era la primera vez que conduciría el coche de mi padre. Los dos chicos son mis amigos del pueblo, y ella es… Alejandra. -Alejandra. Aquella novia que tuviste y que… -Sí. Aquella novia que tuve y que me abandonó justo antes de casarnos. Evaristo cerró la caja y la guardó en el altillo del armario. Ambos se mantuvieron sin decir nada durante largos segundos. -¿Aún no lo has superado, verdad? –preguntó Joaquín, con tacto. -A veces creo que sí, pero otras… -Te hizo mucho daño, Evaristo. Quizá fue lo mejor que te pudo pasar. -Sí, es cierto. Y me prometí no volver a pensar en ella. -¿Y cuál es el problema, entonces? -Pues que, a veces aún la recuerdo. Incluso en sueños. -No me lo puedo creer, Evaristo. Esa persona no te quería. Alguien que hace lo que ella hizo no demuestra amor por el otro. -Sí, tienes razón. Yo lo intento. Incluso sabes que el Seminario fue mi vía de escape. Pero no puedo evitar el acordarme de ella, a veces. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 8

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-Bueno, pues olvídate de ella que hoy tienes una cita importantísima con Dios. -Tu lo ves muy fácil, Joaquín. -Pues como es. Así de fácil. Sólo piensa en lo que debes hacer. Tu mismo me has dicho en muchas ocasiones que estabas deseando que llegara este día. Que deseabas ordenarte sacerdote para ayudar a los demás. -No es tan fácil, Joaquín. Tú no sabes lo que es el amor. -¿Ah, no? ¿Yo no sé lo que es el amor? -No me refiero a ese amor, Joaquín. Me refiero a estar enamorado de… una mujer. -Por supuesto que ese amor no lo conozco, y espero no conocerlo, si Dios quiere; porque mal cura sería si eso ocurriera. Pero el amor sí lo conozco: el amor a Dios, al prójimo, a mis semejantes… -Pues entonces, no sé por qué no me entiendes. -Pues sencillamente porque eso es agua pasada. Porque tú estuviste enamorado de Alejandra, de la primera mujer que pasó por tu vida. Seguro que ella te quiso mucho, Evaristo, como tú a ella; pero después de tanto tiempo, seguro que ella ya tiene una nueva vida y el amor que sintió por ti ha desaparecido. -Posiblemente. -Posiblemente, no. Seguro. Y si no, ¿por qué hizo lo que hizo? Evaristo, si te hubiera querido de verdad, jamás te hubiera abandonado en el altar. -Ella me quería, estaba enamorada de mí. -Por supuesto. Tú lo has dicho. Ella estaba enamorada de ti. Ella estuvo enamorada de ti… Pero ya no, Evaristo. -Sigues sin entenderme. -Yo te entiendo perfectamente. Eres tú el que no quieres entenderme a mí. Sencillamente, Evaristo: debes dejar de pensar en ella. Lo que pasó, pasó hace ya mucho tiempo. Ahora ella tiene otra vida. Tú tienes otra vida que comienza hoy. Ya no estás enamorado de ella. Joaquín dejó de hablar, esperando una respuesta de Evaristo, o un simple gesto de asentimiento, observando cómo su interlocutor escondía su mirada en la penumbra de un rincón de la habitación. Llegada la hora, la iglesia se encontraba a rebosar de familiares y amigos de los futuros sacerdotes. Por las vidrieras entraba una luz especial que parecía haber sido creada artificialmente para ese día, con haces luminosos de múltiples colores que se reflejaban en las blancas vestiduras del obispo, de los sacerdotes y de los novicios que ya se encontraban desde hacía muchos minutos preparados en el altar para la ceremonia. La música del órgano emergía como un aroma especial por encima de las cabezas de los cientos de personas congregadas, las cuales esperaban con impaciencia el inicio del ritual. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 9

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Joaquín, sabedor del nerviosismo de la madre de Evaristo, se acercó con la intención de tranquilizarla, consciente de que ni él mismo estaba tranquilo. -Estoy seguro de que no tardará, doña Aurora. Estaba algo nervioso esta mañana. -¡Dios mío! ¡Estamos todos esperando por él! ¡Qué vergüenza! -No tardará, no se preocupe. El Obispo ya ha sido informado y están esperando a que Evaristo llegue. -¿Voy a buscarlo? –preguntó don Jaime, el padre de Evaristo. -Mejor iré yo, si le parece –contestó Joaquín, mirando de reojo al Obispo, comprobando que su paciencia comenzaba a tambalearse-. Ustedes mejor no se muevan de aquí. -¿Y si le ha pasado algo…? –sollozó doña Aurora. -No creo –dijo Joaquín, tranquilizador-. Tendrá sus razones. No se preocupe. Joaquín salió raudo, pero sin correr, pues no quería alarmar al resto de feligreses, dejando tras de sí un murmullo de contradicción que se multiplicaba por momentos. Al llegar al apartamento, llamó varias veces a Evaristo, sin resultado. Buscó por todas las habitaciones y las encontró vacías, haciéndose cruces y preguntándose dónde se podía haber metido. Abrió su armario y encontró todas sus cosas allí, como siempre habían estado. No faltaba ninguna y su frustración fue a más. ¿Dónde se habría metido? Miró al altillo y echó en falta la caja de madera. Allí, en el armario, se encontraba su maleta también. No sabía qué hacer. La cabeza le daba vueltas. Todo el mundo esperando en la iglesia y Evaristo no daba señales de vida. El pánico se apoderó de él y deseó estar dentro de una pesadilla. Al salir de la habitación observó, clavado en lo alto de la puerta con una chincheta, un trozo de papel con unas anotaciones. Lo arrancó y lo leyó con avidez. “Lo siento. Sé que no he estado a vuestra altura. Te preguntarás, Joaquín, conociéndote como te conozco, que qué es lo que estoy haciendo. Y tienes razón. No sé lo que estoy haciendo. Sólo sé que tu vida no es la vida que yo quiero seguir. No por nada, sino porque yo no valgo para sacerdote. Debes comprenderlo. Tú eres un buen hombre y un mejor sacerdote y, ante todo, has sido un buen amigo. Pero yo sé que, si siguiera adelante con esta farsa, te traicionaría. Os traicionaría a todos. Mamá, no llores, por favor. Sé que era tu ilusión. Y yo creí que también era la mía, pero no puedo seguir engañándome. Nunca he tenido vocación… A veces dudo de si tengo fe. No debes odiar a Alejandra, ella no es la culpable. Reconozco que aún la quiero, sí, es cierto. Pero sé que ella jamás recobrará su amor por mí. No abandono por eso. Lo hago porque quiero ser yo mismo y no engañarme como lo he estado haciendo hasta ahora. Y engañándoos a todos vosotros, que siempre confiasteis en mí. Papá, no me busques. No me busquéis. Seguro que estaré bien. Tan sólo quiero apartarme de todo lo que he vivido hasta ahora, de este teatro que ha sido mi existencia y que me ha hecho ser un infeliz. Mi única intención en comenzar de la nada. Vivir mi vida en un lugar desconocido, junto a personas desconocidas, y vivirla sin seguir un guión previamente escrito. __________________________________________________________________________________________________________ 10 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Sabed que os quiero a todos. A nadie guardo rencor. Tampoco me lo guardéis a mí, aunque sé que es difícil, después de lo que estoy haciendo. Pero comprended que necesito caminar por nuevos y desconocidos senderos que, a buen seguro, me depararán alegrías y tristezas. Pero la vida es así y nadie, ni siquiera vosotros, podéis cambiarla. Evaristo” Aquella tarde de domingo del mes de Mayo, la suave brisa movía las ramas de los membrillos, esparciendo su aroma dulzón por el inmenso jardín de la residencia. Decenas de ancianos, acompañados de familiares, paseaban por entre los robles y los setos de jazmines, comentando noticias del exterior y adecentando quejas del interior. Unos, sonrientes y agradecidos -los que aún estaban en sus cabales- y otros, inexpresivos, taciturnos, sin interés por la vida -los que habían perdido la noción del tiempo por enfermedades que les habían destruido sus recuerdos y les habían relegado a una eterna niñez. Enfermeras con hábito de monja empujaban estrafalarias sillas de ruedas ocupadas por ancianos que habían perdido la movilidad y que las necesitaban día y noche. Una de ellas lo hacía con la silla del Padre Joaquín, en su octogésimo tercer cumpleaños, acomodándolo junto a una mesa de piedra que recogía la sombra de un sauce llorón. Allí, acompañado sólo de sus recuerdos, el padre Joaquín leía todos los días su periódico favorito. No lo había dejado de hacer desde que ingresó en la residencia, siete años atrás, cuando la maldita enfermedad –como él la llamaba- lo había condenado a un existir de dependencia. Y, mientras hojeaba el periódico leyendo algunos titulares, halló uno que le llamó la atención: “Fallece en Nueva York, a los ochenta y nueve años de edad, el presidente de la cadena “Furniture’s Pieces” ”. El interés del Padre Joaquín aumentó y comenzó a leer sin preámbulos, saltándose todas aquellas secciones que apreciaba leer primero. “El presidente de la citada y prestigiosa cadena de tiendas mobiliarias falleció tras una larga enfermedad que lo mantuvo postrado en una cama los últimos tres años. Los casi siete mil empleados a su cargo acusaron la pérdida de su presidente, quién –según manifestaciones de muchos de ellos- había sido como un padre. El presidente de “Furniture’s Pieces” llegó a Estados Unidos –como inmigrante- hace más de cinco décadas, procedente de nuestro país; ejerciendo allí como aprendiz de ebanista. Sus inicios, al parecer, fueron difíciles, llegando incluso, en ocasiones, a pasar por temporadas de penuria económica, en las que debió compartir hasta tres empleos al mismo tiempo. El despegue económico de sus empresas comenzó a finales de los años noventa del siglo pasado y hoy, en el año 2036, sus productos son reconocidos y apreciados en el mundo entero. Al carecer de herederos legítimos, todas sus tiendas pasarán a nombre de su esposa, doña Alejandra Sanmartín, también de procedencia española”. Tras la lectura, el Padre Joaquín contempló la foto que señoreaba sobre el artículo, acercándosela todo lo posible a sus cansados y envejecidos ojos. Era una foto en color, de muy buena calidad, en la que se observaba a un anciano sentado a una mesa que sonreía afable a la cámara; acompañado de una mujer que se encontraba de pie, a su espalda, que en tiempos debió ser muy bella y que posaba sus manos, agradecida, sobre los hombros del hombre. Sobre la mesa había una sencilla caja de puros, cuya madera aparecía totalmente ennegrecida por el paso del tiempo, sujetada con firmeza por las dos manos del anciano. El padre Joaquín levantó la vista al cielo, asimilando aún lo que acababa de leer. Buscó un lugar cualquiera entre su color azul y sonrió, haciéndole un guiño cómplice a las nubes, al mismo tiempo que exclamaba: -Descansa en paz, amigo Evaristo. __________________________________________________________________________________________________________ 11 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Microrrelato Javier Úbeda Ibáñez, nació en Jatiel (Teruel, España), en 1952. Es autor del libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras y del cuento Daniel no quiere hacerse mayor. Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. También ha escrito numerosas reseñas literarias, y relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en revistas como Almiar, Ariadna-RC, Fábula (Universidad de La Rioja), Grupo Literaturas, Horizonte de Letras, La Sombra (de lo que fuimos), Letralia (Cagua, Venezuela), Letras (Fuengirola, Málaga), Luke, Narrador o Pluma y Tintero, entre otras muchas. “Nada” Alberto se levantaba todos los días a las siete de la mañana, desayunada y se duchaba, durante diez minutos exactos, ni uno más ni uno menos. Antes de salir de casa llamaba a su gato y lo acariciaba tres veces seguidas, a continuación cerraba la llave del gas y la del agua. Y, tranquilo, salía ya a la calle. Cogía el metro a las siete y cuarenta y cinco, en plena hora punta matinal. Casi siempre coincidía con los mismos rostros desganados; Alberto les pasaba revista con empeño. No los conocía de nada, pero formaban parte de su rutina, que sobra decir que todos los días era la misma. __________________________________________________________________________________________________________ 12 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Eva María Medina Moreno. Escritora española (Madrid, 1971). Licenciada en Filología inglesa y diplomada en Profesorado de Educación General Básica, por la Universidad Complutense de Madrid. Con el título del Ciclo Superior en Inglés de la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid, y The Certificate of Proficiency in English, por la Universidad de Cambridge. Tras el Período de Docencia del Doctorado en Filología Inglesa de la UNED, investiga en el campo de la Literatura Inglesa del siglo XX y Contemporánea. Trabajo que compagina con la escritura de su primera novela. Premiada en el I Certamen Literario Ciudad Galdós por su relato «Tan frágil como una hormiga seca» (Editorial Iniciativa Bilenio S.L. 2010). Seleccionada en el V Premio Orola, en cuya antología se incluyó su cuento «Mi bodega» (Ediciones Orola S.L. 2011). También han publicado sus relatos en revistas literarias digitales e impresas de España, Estados Unidos, Argentina, Chile, México y Venezuela, como Letralia, Cinosargo, Almiar, Groenlandia, Narrativas, o Solaluna. La revista de creación literaria La Ira de Morfeo ha hecho un número especial con algunos de sus cuentos. “Ruidos nocturnos” Me duermo. Los pensamientos flotando en una materia extraña, algo pegajosa, que va cerrando posibles salidas a nuevas ideas. La madera de los muebles se estira, se oye la carcoma, el cemento entre baldosas se dilata, las cucarachas salen de los desagües, aplastan su cuerpo, metiéndose por debajo de las puertas. La televisión, que parece dormir, hace el ruido del descanso, respirando lo trabajado. Algún papel se abre, desperezándose. Las bombillas se liberan del calor acumulado. Y una gota cayendo, el grifo mal cerrado de la cocina, se une a otra del lavabo. El ruido metálico del fregadero, junto con una caída más suave, algo más acuosa. Cerámica del lavabo, acero de la pila, cerámica lavabo, acero pila. Me levanto. Cierro grifos. Al acostarme, los ruidos cesan, hasta que ese papel que parecía desperezarse ahora cruje, liberándose de esa forma que le he dado. __________________________________________________________________________________________________________ 13 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Foto-Relato Narración nacida de la observación de una foto, las cual nos inspiró para su creación. Sus ojos nunca pudieron ver los “El gramófono de Vivaldi” Enrique E. de Nicolás rostros de sus seres queridos, pero ella los había visto con sus manos. Conoció cada detalle de sus rasgos con su tacto dulce y delicado. Jamás se sintió desgraciada por Se enteró de que su abuela había muerto mientras escuchaba su composición favorita –las Cuatro estaciones, de Vivaldi- en el viejo gramófono heredado de generaciones pasadas. Alguien se presentó en su casa y le dijo que su abuela se había quedado, como dormida, sentada en un banco del mercado, del que ya no se levantó. Que no había sufrido nada, la pobrecita, y que ya estaba con Dios. Mientras de sus ojos inservibles manaban ríos de lágrimas, la sinfonía seguía sonando, altiva y gloriosa, por aquella bocina con forma de embudo, surcada de arrugas y repleta de recuerdos. Era el único disco que escuchaba, el único disco que poseía; al igual que su abuela era la única persona que le quedaba tras la muerte de sus padres en aquel accidente de autocar ocurrido hacía ya seis años. haber nacido ciega. Sólo conocía lo que sus manos y sus oídos y su nariz veían: el trino de los gorriones por la mañana; el chirriar de la vieja bicicleta de Agustín, el cartero; la suave voz de su abuela en la cocina, mezclada con aquel maravilloso aroma a magdalenas recién hechas; el croar de las ranas en el estanque; el canto de los grillos por san Juan en la pradera y aquella dulce melodía de Vivaldi, de la que no se podía separar y entendía como parte de su ser. Se había quedado sola y aún no lo comprendía porque el sonido del gramófono la transportaba a cualquier lugar o época en la que quisiera estar. En el entierro pareció tomar contacto con la realidad que se le avecinaba, justo en el momento en que bajaban el ataúd con su querida abuela a lo más profundo de aquella __________________________________________________________________________________________________________ 14 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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fosa en la que yacían –desde hacía tiempo- su abuelo y sus padres. -¡Abuela! ¡Abuelita! ¿Dónde estás? – preguntó aquella niña, con la mirada perdida en ninguna parte-. Echo de menos tus besos y tus caricias... Y tu olor. Nadie pudo resistirse y no llorar ante aquellas palabras de la muchacha. Cuando la llevaron a casa, ya de vuelta, fue directa al gramófono, dio varias vueltas a la manivela y la música de Vivaldi –la misma, la de siempre- comenzó a vibrar por toda la casa, haciéndole creer, a sus trece años, que su abuela no tardaría en volver. Doña Pruden, la -Pero yo quiero éste. Yo no quiero un tocadiscos. Y su tía Consuelo seguía metiendo cosas en la maleta, sin hacer mucho caso. A su llegada a la capital todo le resultó tan nuevo que no pudo evitar sentirse contenta. Pero a los pocos meses, cuando su tía la creyó ya integrada, la niña se sintió triste y comenzó a perder el interés por la vida. Su tía le daba todo lo que podía necesitar, pero no era suficiente. Un día, la tía Consuelo le preguntó qué le pasaba y por qué no era feliz. Y aquella niña le contestó que echaba de menos el canto de los gorriones por la mañana; el chirriar de la vieja bicicleta de Agustín, el cartero; la suave voz de su abuela en la cocina y aquel maravilloso olor a magdalenas recién vecina, se ocupó de ella hasta que llegó su tía Consuelo, tres días después del entierro. Mientras le preparaba la maleta con cuatro cosillas, le explicaba lo bien que estaría en Madrid, con tanta gente, y la cantidad de amigos que conocería en aquel colegio de la ONCE al que la llevaría. Pero la niña nada decía. Sentada en el sillón preferido de la abuela escuchaba sin parar las estaciones de Vivaldi: primavera, verano, otoño, invierno... Y vuelta a empezar. -Tía, que no se te olvide el gramófono. -Pero, cariño, es muy grande y no cabe en el coche. Allí te compraré un tocadiscos y escucharás toda la música que quieras. hechas; el croar de las ranas en el estanque; el trino de los grillos por san Juan y, sobre todas las cosas, aquella dulce melodía de Vivaldi que surgía, como un milagro, de aquel viejo gramófono heredado del que jamás –y en ese momento lo tuvo claro- podría separarse. Su tía Consuelo, sin que la niña lo supiera, un día se presentó en casa con un disco en el que estaban íntegras las Cuatro estaciones de Vivaldi y un tocadiscos monísimo, último modelo. Conectó el aparato, colocó el disco en el plato y la música __________________________________________________________________________________________________________ 15 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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