Nº 22. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por la Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria Editada por: Sumario Editorial (pág. 4) Relato (pág. 5) Microrrelato (pág. 14) Poesía (pág. 16) Opinión (pág. 22) Lectura escogida (pág. 29 ) Entrevista (pág. 30) Publicaciones recibidas (pág. 32) Entrevista a Ignacio León Roldán, novelista y contador de historias EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 2 de 36 ©: Revista “Horizonte de Letras” Editada por: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 Dirección, evaluación y coordinación: Rafael Gálvez José Bárcena Fernando J. Baró Ignacio León Enrique E. de Nicolás Maquetación: Enrique E. de Nicolás Para suscripciones y colaboraciones literarias: horizontedeletras@gmail.com www.horizonte-de-letras.webnode.es __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 3 de 36 ….. Fundada en 2009 por Enrique Eloy de Nicolás Nº 22 Enero-Marzo de 2014 EDITORIAL RELATO “Cartas de amor. Tupac Lanín”, de Cristian Koch “Sola”, de Javier Úbeda Ibáñez “Volver a casa”, de Fernando J. Baró MICRORRELATO “Turismo emocional”, de Rosana Ample “Terracita libro”, de Rosana Ample “Las pagafantas”, de Rosana Ample POESÍA “No más tradición”, de Carlos Díaz Chavarría “El amigo”, de Aleqs Garrigóz “Para mejor” y “Jovenzuela mira a veterano”, de Rolando Revagliatti “Que los niños corran siempre”, de Julio Pizarro OPINIÓN “El Licenciado Vidriera, Cervantes y la ficción moderna”, de David Baró LECTURA ESCOGIDA “Un Mundo sin Fin”, de Ken Follet. Crítica de Enrique E. de Nicolás ENTREVISTA Ignacio León Roldán, novelista y contador de historias PUBLICACIONES RECIBIDAS __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 4 de 36 ¿Cuántas veces en nuestra vida decimos: “madrecita que me quede como estoy”; o, en otras muchas ocasiones, cuántas veces mentamos el tan manido refrán español: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”? Nuestro miedo al cambio es generalizado. El ser humano siente miedo a lo desconocido, a lo incontrolable; salvo honrosas excepciones. Pues, ante vosotros, tenéis una de esas “honrosas excepciones”. Estáis leyendo el número 22 de “Horizonte de Letras”, el cual trae cambios importantes que no tienen por qué hacernos titubear, ni a nosotros ni a vosotros. No tenemos miedo alguno a que la revista caiga en el olvido, todo lo contrario; nuestra revista ganará en calidad y en amplitud de miras. Por ello, vosotros, estimados lectores y colaboradores, tampoco debéis tener temor. Los temores al cambio, en este caso (os lo garantizo), no son fundados. Ante vosotros, como os digo, tenéis un nuevo número de “Horizonte de Letras”. Se trata del número 22 del cómputo histórico de la revista, y del primero editado por la Asociación de Escritores de Alcorcón “Alfareros del Lenguaje”. A partir de este momento, nuestra (vuestra) revista será la principal publicación de la asociación citada, donde acogeremos escritos de nuestros socios y de aquellos que deseen colaborar (o seguir colaborando) con nosotros. La ilusión que nos invade a los que fundamos esta nueva asociación de escritores es infinita. Tenemos ganas, muchas ganas de hacer cosas que prestigien a la literatura, sobre todo a la novel, a todos aquellos que escribís tan bien como los ángeles y que aún no habéis tenido la maravillosa oportunidad de tener un contrato con una editorial. Para ello, aquí sigue “Horizonte de Letras”, como hasta ahora. No lo dudéis. Así que, afrontemos el nuevo año con todos los cambios que nos hemos propuesto previamente, incluido este al que os aludo. Y debéis tener la certeza de que este cambio (los otros no lo sé), esta nueva edición de nuestra revista, llegará a meta, una meta que yo intuyo infinita (creo haber utilizado antes esta misma palabra, ¿verdad). ¡¡Feliz Año Nuevo a todos!! Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 5 de 36 Koch, Cristián. Nacido en 1958, desde julio de 2011 concurre al taller literario Silvina Ocampo, coordinado por la escritora Julia García Mansilla, -ganadora del “Premio Nacional de Novela”- que se dicta en la ciudad de Pilar. Recientemente la Editorial Dunken publicó dos de sus cuentos: Cómo se sufre, y Échale la Culpa a Río. Autor de “La venganza de los animales y otras desgracias humanas” publicado al finalizar 2011 y presentado en la Secretaría de Cultura de Pilar. Además es autor de las siguientes obras inéditas: Reuter Boys, Los Crímenes del Reconquista, Animales en primera persona, Vampiros en Pilar, Favor por Favor, Entre Pizzas empanadas y Choripanes y Lolitta’s country club. En enero de 2013, la revista cultural mexicana Río Hondo publica un cuento de su autoría: “Tobi”. En marzo, la misma revista le publica otro cuento “Newton S2K”. En el número de abril aparece “Por culpa de un Dinosaurio”, en el de junio “Transparencias”, y en julio “EL ÚLTIMO MISTERIO”. Recientemente, Río Hondo le informó que partir de septiembre comenzará a publicar su serie de cuentos policiales, comenzando por “La venganza de Carlitos Kim”. CRISTIÁN KOCH GUAYAQUIL 2096 1615 GRAND BOURG BUENOS AIRES ARGENTINA 02320-486726-1560921185 cristianflap@hotmail.com “Cartas de amor” Tupac Lanín 1 Aquella mañana, Esteban, repitiendo la misma rutina de los últimos cinco años, luego de tomar una vigorizante ducha, ingresó al espacioso vestidor para comenzar a emperifollarse. No se consideraba pudoroso, coqueto o vergonzoso, pero prefería cerrar la puerta. Acostumbraba tomarse su tiempo, se paraba frente al espejo, y, de ser necesario modificaba su elección, si al combinarlas, alguna de las prendas elegidas, no terminaba de convencerlo, y, para ese trámite, necesitaba cierta intimidad, en lo posible no ser molestado, inclusive, trataba de no compartir el lugar mientras él lo ocupaba. Esos breves minutos se los dedicaba por completo. En algún momento de ese trámite, le pareció escuchar que la llave de la cerradura había sido girada, pero rápidamente desestimó esa tonta y ridícula idea adjudicándoselo al mero producto de su imaginación, o simplemente a haberlo confundido con otro ruido, así que continuó con su meticulosa y detallista tarea sin más interrupciones. Esteban y María vivían en ese departamento, que habían comprado unos meses antes de casarse, gracias a la adjudicación de un crédito hipotecario. Lamentablemente estaban atrasados siete meses en el pago de las cuotas; llovían las cartas documentos y las intimaciones del banco. Se trataba de un regio y sólido semipiso construido hace cinco décadas, ubicado en el tradicional barrio de Congreso, de suntuosos pisos en desniveles revestidos con “parquet” de roble de Eslabonia. El joven arquitecto recién recibido Esteban Mayol, se había encargado personalmente de rediseñar los planos de la nueva distribución, y la remodelación totalmente a nuevo de la unidad. Justamente, el práctico vestidor, se había originado al aprovechar un obscuro y amplio pasillo en desuso, que terminaba sin ningún sentido arquitectónico, y práctico, en la pared medianera. Era uno de los nuevos espacios brillantemente concebidos y que mayores elogios había recibido de las sorprendidas personas que conocían el antes y después de la reciclada vivienda. Pero la falta de trabajo, la escasez de dinero y la acumulación de cuentas impagas tenían sumido a Esteban en una profunda crisis, que hacía eclosión en su desconsolada mujer. Había comenzado a pegarle. Ya listo para salir, -estaba efectuando una pequeña reforma en una oficina- se aproximó a la puerta, presionó el picaporte e intentó abrirla… Pero imprevistamente, el sonido que por segundos lo había sacado de su abstracción, se había materializado en el suave, casi imperceptible movimiento intencional y premeditado de __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 6 de 36 dejarlo encerrado. ¿Por qué?, Esteban inocentemente se preguntó. Pero la respuesta no necesitaba de grandes argumentaciones, María no estaba dispuesta a soportar una nueva golpiza. Un repentino y furibundo ataque de odio se apoderó de sus pensamientos. Todos tenían una sola destinataria. Impulsivamente pensó en derribar la puerta, saltar tras ella y aplicarle a su mujer un correctivo ejemplificador. Pero se detuvo. ¿Qué culpa tenía la pobre?, (la abertura) realizada por un eximio artesano, en tan noble madera. Además, repararla saldría una fortuna y no se encontraba en condiciones de poder afrontarlo. Intentando tranquilizarse, dejó pasar unos interminables segundos para enfocar sus pensamientos con mayor lucidez. De pronto una extraña sensación que jamás había padecido, se ensañó con su perturbada psique: ¡Padezco claustrofobia, quiero, necesito salir de aquí!, pensó y exteriorizó en voz alta. La reacción hormonal de su cuerpo no se hizo esperar, comenzó a padecer sequedad de garganta, pulso acelerado, sed, transpiración, temblores y chuchos de frío, Esteban, hecho una bola de nervios, sufría un ataque de pánico. _María, por favor, abrime, casi suplicó Esteban. No obtuvo respuesta, silencio total, dentro y fuera del vestidor. Esteban apoyó la oreja contra la puerta, tratando de percibir algún movimiento. Sin embargo nada se oía. _María, conversemos, te garantizo que no te voy a hacer daño, insistió. La puerta que tanto apreciaba, evidentemente no le iba a responder. Con vehemencia le aplicó una fuerte patada de “puntín” que solo agregó a sus inéditos conflictos, un fuerte dolor de pie y posiblemente alguna fisura en uno de sus dedos. “Mejor me calmo, así no voy a lograr nada”, recapacitó. Hizo bien, -o mal- de pronto, buscando distraerse, abandonó el sector destinado a su ropa y se dirigió al que utilizaba su mujer. Con cierta envidia presenció como todo estaba apabullantemente ordenado y prolijo, cercano a la perfección. De inmediato se vio tentado de efectuar algo que jamás se le había ocurrido. Revisar sus estantes. Quizás ella en algún lugar secreto o disimulado y lejos de su alcance, adrede, ocultaba dinero, o algo de valor que sirviera aunque sea para afrontar alguna de sus deudas. ¡Pero la muy egoísta era incapaz de ayudar, nunca lo había hecho!, masticó. Aparentemente disponía de tiempo suficiente para efectuar la requisa y así podría descargar su apaciguada bronca. Comenzó por los estantes de los sweaters, luego por los asignados a las camisas y las remeras. Continuó con los tapados e impermeables colgados, revisó todos los bolsillos. Siguió por los cajones donde guardaba sus bombachas, corpiños, pañuelos y medias, de ahí pasó a las carteras, bolsas y valijas. Sin embargo, nada de nada apareció, ni un mísero billete. Más de una hora empleada emulando a Sherlock Holmes, o a su fiel asistente Watson. Pero era evidente que no les llegaba ni a los talones. ¡Sus zapatos, qué ingenuo fui!, de pronto recapacitó al mirar hacia abajo. Era su último recurso ilícito de enriquecerse. Pero luego de revolver y revolver, obtuvo el mismo descalificador y angustiante fracaso. Descorazonado, vencido,…humillado, a punto de darse por vencido, de pronto observó, paradas junto a un espejo, aún sin revisar, un par de botas de lluvia de color amarillo, con su bocamanga terminada en cordones azules. Las levantó, con la última esperanza, sacudió la primera, pero nada halló. Próximo a desmoronarse, efectuó el mismo movimiento con la que correspondía al pie izquierdo, y, milagrosamente algo cayó. Un paquete misterioso, de prometedora apariencia prolijamente envuelto. ¡Yo sabía, que algo escondía, debe estar lleno de billetes, que durante todos estos años se dedicó a ahorrar y a ocultarme!, gritó entusiasmado. Relamiéndose comenzó a abrirlo, evitando dañar el envoltorio, por el momento, prefería no dejar rastros de su violatoria intromisión. Pero experimentó una tremenda desilusión al observar que se trataba simplemente de sobres. En realidad eran dos conjuntos de cartas bien diferenciados. Uno de ellos estaba cuidadosamente atado con una cinta azul, y el segundo grupo, con la misma prolijidad que la caracterizaba, pero utilizando esta vez un cordón rosa. ¿De quién serán?, Esteban enseguida rumió, mientras comenzaba a deshacer el moño azul que las sostenía. Guillermo Schindler, figuraba en el remitente; María Vargas, -su actual mujer-, la destinataria. ¡Qué descarada! ¿Quién será el tal Guillermito?, Esteban gruñó, mientras un repentino ataque de celos invadía toda su humanidad. Como correspondía a un entrenado e inescrupuloso espía, abrió el primer sobre. Algo aliviado, comprobó que estaba fechado varios años antes de conocerla a María. Luego de leer un par de líneas comprendió que en aquella época los unía un vínculo de amor intenso. Pese a su juventud, Guillermo escribía con profunda pasión y acertada sintaxis. Además le dedicaba todos sus pensamientos, deseos y acciones. Tras tres o cuatro minutos, entre bostezos, finalizó la lectura, considerándola monotemática y aburrida, aunque llegó a una primera y dolorosa conclusión: María le había ocultado su pasado o gran parte. Había llegado el momento de soltar el cordón rosa. No hacía falta imaginar quién las escribía y a su desagradable destinatario. Pero, si María era quien las redactaba,… ¿las cartas no tendrían que estar en custodia de Guillermo? Sin constatarlo Esteban presumió que antes de despacharlas, ella meticulosamente, les efectuaba copias. Rápidamente descubrió en su mujer una prosa desinhibida, provocativa, y locuaz,…por momentos, __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 7 de 36 hasta obscena. Una María llena de descubrimientos, muy diferente a la que conocía. “Pensar que a mí, ni un simple te quiero me regaló”. Tras terminar de leer la segunda esquela, le dedicó toda clase de insultos. Pero su curiosidad continuaba más allá de dos simples cartas, estaba dispuesto y con tiempo suficiente como para leer hasta el último manuscrito. Antes, decidió cambiar de posición. Sacó los sweaters del estante de María e improvisó un mullido asiento apilándolos como si fueran confortables almohadones. Al retomar la lectura, las románticas idioteces (según su criterio) que se escribían continuaban repitiéndose en el mismo tenor. Nada hacía suponer que tan apasionado romance pudiera concluir. ¿Y si en realidad aún no había terminado, y él adoptaba la triste participación del tercero en discordia? ¿Cómo podía ser que todos estos años, sin darse cuenta, sin sospecharlo, haya sido un reverendo cornudo? Pero afortunadamente sus dudas y sus injurias fueron aclaradas en una próxima lectura. Guillermo tristemente le comunicaba que por indicación de su padre, -director de un importante estudio de abogados- debería dedicarse por completo a terminar sus estudios de leyes, -ya había perdido un par de años con su desaprobado romance- y que no podía desperdiciar más tiempo dedicado a ella. ¡Ja, ja, él la largó, grande Guillermito!, fue su instintiva reacción. ¿Qué le habrá respondido la cretina?, abrió de inmediato el próximo sobre del sector rosa. Ella lloraba, imploraba, suplicaba que por favor no la dejara, que estaba dispuesta a esperarlo todo el tiempo que fuera necesario. Pero en un nuevo manuscrito, -ahora de los sobres identificados en azul- él insistió en abandonarla, pero ella le respondía que pretendía retenerlo y así sucesivamente en varias ridículas, pegajosas y melodramáticas cartas sin sentido; hasta que María, sin más alternativa posible, finalmente tuvo que aceptar la ruptura definitiva. Casualmente por aquella época, él, Esteban, aparecía tímidamente en su vida. Transcurridos seis meses de silencio, en la siguiente carta, ella, -victoriosa- se lo informaba; aunque dejaba entrever, que no estaba muy convencida de seguir adelante con su nuevo novio. Hasta llegó a pedirle fingido perdón, reafirmando que, pese a todo, lo seguiría esperando. ¡Maldita canalla!, Esteban furioso gritó. En las cartas siguientes, -ya no quedaban muchas- la pasión declinaba, y ella terminaba aceptando que amaba a Esteban. ¡Era hora! Además, reconocía que era un buen hombre, bien parecido, arquitecto, con futuro prometedor, y en la cama, la hacía terriblemente feliz. ¡Menos mal!, Esteban gritó lleno de satisfacción y júbilo. Aún quedaban varias cartas por leer. En la próxima del grupo rosa, María lo participaba de su inminente casamiento. Él dejó pasar un año y medio para responderle, (¿tanto tardó en reponerse?). Exultante le informaba que se había recibido y que ya percibía muy buenos honorarios. Pese a todo, y su presente oficializado, declaraba seguir amando y extrañándola, infantilmente le suplicaba perdón, le proponía que abandonara a su marido y se fueran a vivir juntos. A Esteban le costó abrir el siguiente sobre, (rosa) no sabía con qué lectura se iba a encontrar. Pero increíblemente, la respuesta de María era categórica. Según ella, Guillermo había perdido el tren, era inmensamente feliz, y amaba a su marido con todo su corazón. A esta altura, no pudo contenerse y comenzó a llorar, (Esteban). Recién en ese momento, -quizás muy tarde- se dio cuenta de su pésimo proceder, necesitaba hablar imperiosamente con su mujer, pedirle perdón, jurarle que jamás la volvería a maltratar. Quedaban solo dos cartas, según la cronología de las fechas le tocaba leer la de María. Alarmado, constató que era reciente. Su mujer la escribía una vez que los golpes, las ofensas, más todos sus problemas habían comenzado. Ahora si temblaba, se imaginaba algún fragmento estremecedor del texto, parte de lo peor... Fue un trago amargo, difícil de digerir, ella, desconsolada lo ponía al tanto de su drama, le pedía consejos, y en definitiva; cansada de sus malos tratos, pretendía contratar sus servicios para divorciarse. La respuesta no tardó en llegar, él aceptaba representarla, le daba los números de teléfono del estudio, por las dudas agregaba el particular, y se ponía a su entera disposición para lo que necesitara. ¡Maldito traidor, tengo que salir de aquí, y evitar que todo termine! Esteban gritó. De pronto, recordó algo que solo sucedía en las películas de suspenso. No perdería nada en intentarlo. Se agachó, dirigió su cabeza hacia el ojo de la cerradura y con satisfacción pudo observar que la llave seguía colocada del otro lado. Emulando a Robert Wagner, de la famosa serie “Ladrón sin destino” pasó un papel, -que halló en el fondo de un cajón- por debajo de la puerta. Muy lentamente, con una pequeña tijera de cortar uñas que guardaba sobre uno de los estantes, comenzó a empujar la llave, hasta que cayó al suelo, para su sorpresa, sobre el papel. Con sus manos tiró suavemente del mismo, y de pronto, la llave estaba en su poder. Rápidamente abrió la puerta del vestidor, y a los gritos, desesperado, pero en son de paz, intentó hablar con su mujer. Tardía reacción. Ella había abandonado el departamento. Cuando Esteban, resignado, regresó a su dormitorio, sobre la mesa de luz encontró lo que menos esperaba. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 8 de 36 Un nuevo sobre, pero esta vez dirigido a él, del estudio “Schindler y Asociados”. Al borde del infarto, con sus pulsaciones al límite, rompió rápidamente la parte superior del mismo, extrajo el papel y abordó su tortuosa lectura. En cuestión de segundos finalizó, arrojó el papel al suelo y por segunda vez en el día, se puso a llorar desconsoladamente. 2 Dos años más tarde, la Cámara de Apelaciones en lo Civil, confirmaba en su totalidad el fallo de Primera Instancia. Esteban Mayol ganaba el juicio de divorcio que María le había iniciado, además el doctor Guillermo Schindler era suspendido provisionalmente para ejercer el derecho. Las cartas de amor que por años los dos tórtolos se enviaron, fueron presentadas como prueba. El hábil e imaginativo carancho que Esteban contrató, acompañando pomposos y contundentes escritos en reclamo de justicia y reivindicación para su cliente, fueron suficiente prueba para convencer al Juez del macabro plan que el abogado y su defendida habían urdido contra el inocente, desvalido y vilipendiado exmarido. EPÍLOGO Transcurridos cuatro años: Una lluviosa tarde de invierno María entró a su departamento empapada y muerta de frío. Durante el día, entre paciente y paciente, (trabajaba de asistente en un consultorio odontológico) había recordado a Esteban. ¿Qué sería de su vida?, se preguntaba con cierta intriga. Luego de las audiencias, nunca más lo había vuelto a ver. Al atravesar el living en dirección a su cuarto, experimentó una extraña sensación de inseguridad, por milésimas de segundos sintió un leve escalofrió. Pero no le dio mayor importancia, atribuyéndolo simplemente a la baja temperatura reinante. Fue la excusa perfecta para encender la estufa de tiro balanceado ubicada contra una de las paredes. Luego entró al baño, dejó correr el agua caliente de la bañadera, y, sentándose sobre la tabla del inodoro, se sacó sus zapatos mojados y comenzó a desvestirse. “Necesito entrar en calor y relajarme un rato”, pronunció en voz baja. Mientras, el vapor invadía lentamente el estrecho recinto; el espejo y las paredes revestidas en cerámicas comenzaron a empañarse. La inmersión resultó revitalizante y alcanzó para despejarla, María, lentamente, estaba reencausando su vida. Al poco tiempo del intento fallido de reiniciar su relación sentimental con Guillermo, consiguió su actual trabajo, y desde hacía unos meses, estaba saliendo con uno de los dentistas que la habían contratado. Envuelta en dos toallas entró a su dormitorio. Prendió la televisión, desdobló las sábanas,…y cuando estaba por acostarse la paralizó el espanto. Junto a la cama, empapando la alfombra, estaban prolijamente acomodadas sus desaparecidas botas amarillas. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 9 de 36 Javier Úbeda Ibáñez, escritor, crítico literario y miembro del proyecto REMES (Red Mundial de Escritores en Español).Nació en Jatiel (Teruel), en 1952. Y reside actualmente en la ciudad de Zaragoza. Es autor del conocido libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras (Pasionporloslibros. Valencia, 2011) y de los cuentos Daniel no quiere hacerse mayor (Pasionporloslibros. Valencia, 2011) y La Elegida (Pasionporloslibros. Valencia, 2012). Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. Algunos de los títulos más significativos han sido: “La educación: significado y objetivos”; “Paternidad responsable y responsabilidad educativa”; “La función educativa del Estado”; “La valoración del conformismo ambiental”; “Reflexiones sobre la democracia”; “Libertad y responsabilidad en la información”; “La iniciativa privada” o “Reflexiones sobre la libertad”. Además, es autor de numerosas reseñas literarias, relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en importantes revistas de España como Almiar, Ariadna-RC, Culturamas, Fábula (de la Universidad de La Rioja), Horizonte de letras, La Sombra (de lo que fuimos), LetrasTRL, Literaturas.com, Luke, Magazine Siglo XXI, Narrador, Narrativas, Palabras Diversas o Pluma y Tintero… y también en revistas del extranjero como Gaceta Virtual, Letras en el andén, Literarte, Poeta (todas ellas de Argentina) o Cinosargo (Chile), La ira de Morfeo (Chile, Argentina y Brasil), Letralia (Venezuela), Letras Uruguay o Palabras (ambas de Uruguay), entre otras muchas. “Sola” Un día, mientras comían, sonó el teléfono con insistencia. Antonia lo descolgó. Su sabia intuición de madre le hizo adivinar que con aquella llamada iba a perder a su hija. Cerca de diez minutos estuvo hablando con su interlocutor mientras su rostro reflejaba toda una galería de expresiones que iban desde la tristeza a la sorpresa y desde ésta a la resignación. Acabada la conversación, Antonia se dirigió a la mesa con cara y cuerpo de circunstancias. -¿Qué ocurre, mamá? -le preguntó su hijo Pedro. Julio, su marido, la agarró dulcemente de las manos, para dedicarle una mirada cargada de comprensión. -Era Manolita, la de la farmacia de la cuesta, dice que un primo suyo de Barcelona se acaba de quedar viudo y necesita una persona que le ayude con la casa y con sus dos hijos pequeños. -¿Vive en la misma Barcelona? -preguntaron al unísono Julio e hijo. -Sí, así es. Le pagarían un buen sueldo, y tendría que irse mañana mismo para empezar el lunes. Juana escuchaba con atención. -Yo quiero ir -soltó enseguida. Ella solía esquivar las comprometidas preguntas, como podía, contestando con parcos y secos monosílabos. -¡Pero si no conoces nada de Barcelona, y encima está muy lejos! -se quejó Antonia. Corría el año 1989 cuando Juana -pelirroja de ojos verde claro, nariz chata y cara rebosante de pecasdecidió que dejaría su pueblecito gallego y se iría a la capital. No sabía muy bien cómo llevaría su idea a cabo, pero ya lo había decidido. Tenía veinticinco años y la vida le reclamaba movimiento. En su pueblo escaseaba el trabajo, y no se resignaba a seguir sin hacer nada. Juana vivía con sus padres y un hermano mayor. Su hermano, Pedro, tenía novia desde hacía diez años, pero el matrimonio, de momento, no parecía entrar en sus planes. Los dos tenían una gran complicidad como hermanos. Los padres de Juana no querían que se marchara a la ciudad a trabajar, sólo su hermano Pedro la apoyaba en ese sentido. Pero, a pesar de no gustarles la idea, se resignaron. Su madre, Antonia, corrió la voz por el pueblo por si alguno de sus vecinos conocía a alguien en la capital que le pudiera ofrecer un trabajo a su hija. La noticia prendió como la pólvora, y todo el mundo supo allí de las intenciones de la niña de los Fernández. Cada vez que entraba en una tienda o la veían por la calle enseguida la interrogaban sobre su porvenir: “Juana, ¿cuándo te marchas a la ciudad? ¿Estás segura? ¿Ya has encontrado trabajo?”. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 10 de 36 -Además, no tenemos ningún familiar cerca que te pueda ayudar en un momento de apuro -señaló su padre. -Da lo mismo, quiero ir. Entendedme, por favor insistió Juana. Juana lo tenía claro. En apenas un día organizó su partida, se despidió de sus amigos y conocidos y se marchó a Barcelona. Ella anhelaba salir de su pequeño pueblo, en el que todos sabían de todos, en el que apenas existía intimidad… En Barcelona la esperaban el señor Ruiz, un abogado reputado que se había quedado, recientemente, viudo y sus dos hijos pequeños, Mafalda y Noé, mellizos de diez años. La recibieron con cariño; y Juana se sintió pronto una más de la familia. El tiempo, implacable, voló cerca de Juana sin que pudiera invertir una parte de él en ella misma. Durante ocho largos años se encargó con esmero de la casa del señor Ruiz, y a los dos niños los cuidó como si fueran suyos. Sin embargo, Juana se perdió en la vida de los demás. Y el tiempo pasó rápido. Mafalda y Noé crecieron y un día se fueron a estudiar a universidades extranjeras, y el señor Ruiz, que tenía novia desde hacía tres años, le anunció que pensaba casarse, y que ya no era necesario que siguiera interna en su casa. -No te preocupes, te ayudaré a que encuentres un pequeño apartamento. Tu horario de trabajo será de nueve a cinco de la tarde, ¿qué te parece? Juana no estaba en ese instante en esa conversación, su mente deambulaba por el planeta del desconcierto. -Sí, está bien -contestó sin saber muy bien ni lo que decía. El señor Ruiz, Felipe, la ayudó, tal y como prometió, a encontrar un apartamento. Dieron con uno en la zona del Borne, aunque era demasiado caro para los honorarios que iba a cobrar Juana. El señor Ruiz, que tenía prisa por vivir a solas con su nueva esposa, tanto le insistió que acabó al final por convencerla de que se pusiese a vivir allí. Y ella, sin querer, se dejó llevar. Juana se las apañaba como podía. Su salario le daba para pagarse el apartamento, las facturas y comer. Dos eternos años estuvo sorteando esta ceñida situación económica, y se acostumbró a vivir con lo imprescindible. Su vida era pura repetición -de su casa al trabajo y del trabajo otra vez a su casa-; pero aún así se sentía feliz de no depender de nadie. Felipe se acabó casando con Luisa. Y un día el bufete le propuso que dirigiese una nueva sucursal que iban a abrir en Canadá, y la pareja estuvo de acuerdo en mudarse a aquel país. La noticia se la dio el señor Ruiz a Juana una aterida mañana de diciembre. -Lo siento, Juana, pero nos vamos a vivir a Canadá por motivos de trabajo. Con los ojos vidriosos y las entrañas encogidas preguntó: -¿Qué va a ser de mí? Aquí no conozco a nadie. Me quedaré sin trabajo. -Puedes volver a tu pueblo. -No quiero volver a mi pueblo. -Seguro que pronto encuentras otro trabajo. -¿Y no me pueden llevar con ustedes? -Es imposible. Te pagaré lo suficiente para que puedas mantenerte unos cuantos meses hasta que encuentres otro trabajo. Ten confianza. No había nada más qué decir; Juana y el señor Ruiz, después de diez años, se decían adiós sin apenas palabras. De repente, se vio sola en una ciudad que no había tenido ganas de conocer; y se sintió perdida. Los dos primeros meses que pasó buscando trabajo fueron intensos y agotadores; la ciudad se la comía viva. De todo ese esfuerzo le salieron algunas casas para limpiar y algunos niños a los que cuidar; meros parches. El dinero que le había dejado el señor Ruiz se le estaba acabando, y ella continuaba sin empleo fijo, así que pasó de comer tres veces al día a hacerlo sólo a veces cuando podía. Perdió mucho peso; ya nada quedaba de aquella sonrosada muchacha gallega que un día llegó a la ciudad con las maletas cargadas de sueños. Juana le ocultaba a su familia su difícil situación. Porque sus padres eran muy mayores, y se mantenían con apenas una pensión mínima, así que poco podían hacer por ella aunque quisieran, y ella no quería encima preocuparlos. Su hermano, Pedro, que ahora era camionero, la visitó en un par de ocasiones en las que le trajo embutidos del __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 11 de 36 pueblo; embutidos que Juana devoraba con ansia. Pero, los hermanos habían perdido la magia y la complicidad de antaño, ahora sólo eran dos desconocidos, pese a que tuvieran la misma sangre. Cuando sintió que estaba cayendo en picado por el vacío de la miseria, telefoneó al señor Ruiz; éste le dijo que ya no podía seguir ayudándola. Siete meses terribles estuvo sin poder pagar el alquiler, hasta que la desahuciaron. La primera vez que durmió en la calle, pensó que se iba a volver loca, que al despertar habría perdido la razón y que la encerrarían en un manicomio. Pero, no, de momento seguía cuerda y pasándolo mal, ya que no conseguía pegar ojo, cualquier ruido la asustaba y no podía parar de llorar. El amanecer la sorprendía perdida por las calles buscando una mirada que la pudiera reconfortar. Caminó durante horas sin pensar, asfixiando sus pensamientos con el ruido de los coches que pasaban silbando a su lado y el ajetreo de una ciudad en pleno bullicio matinal. Necesitaba descansar, y se sentó en el banco de un parque solitario. En ese preciso instante los pensamientos angustiosos que llevaba horas intentando despistar, la acorralaron. No había escapatoria posible. Había dormido en la calle porque no tenía dinero para pagar el alquiler de su casa ni para comer. ¿Qué iba a ser de ella? No se sentía capaz de superar esa situación, se quedaría en el camino. No iba a sobreponerse. No encontraba nada, absolutamente nada, que la pudiera rescatar de la desazón que sentía. “No es real. Nada de esto me está sucediendo. Es sólo una brutal pesadilla. Y mañana despertaré en mi cama”, se repetía con insistencia, una y otra vez. Durante semanas deambuló por las calles sin rumbo fijo. Comía de lo que tiraban en los contenedores los grandes almacenes a la hora del cierre. Se lavaba en las fuentes, en los baños públicos y en los aseos de los bares y de los centros comerciales, pero a pesar de eso siempre iba sucia y desaliñada. Se instaló en un garaje abandonado que daba a una de las principales calles de Barcelona. Cuatro cartones, un colchón agujereado y un cubo para hacer sus necesidades se convirtieron en su nuevo hogar. Por las mañanas, tenía que esconder los cartones para que no se los quitaran, y la ropa que había conseguido salvar del desahucio la llevaba siempre a cuestas, en una mochila que era su única pertenencia. Por el día vagaba buscando trabajo y temiendo el momento de la inhóspita y desapacible noche. Quería escapar de esa situación, pero no sabía cómo. Deseaba no pensar, aplastar sus furias internas. Cada vez estaba más flaca, hasta el extremo de que se le transparentaba ya la piel. Su rostro demacrado se desvanecía, lentamente. La noche, la temida noche, procuraba pasarla con otras personas que también vivían en la calle, y que se emborrachaban hasta quedarse dormidas. Querían olvidar, y el alcohol les anestesiaba los recuerdos, el pasado, el presente y el futuro. Juana no había bebido alcohol nunca, pero la primera noche que lo hizo durmió de un tirón, sin que su cabeza la atormentara. Empezó a beber. Hasta entonces no había pedido limosna en la calle para comer, pero ahora sí que lo hizo para beber. Porque beber era sinónimo de poder olvidarlo todo por unos momentos. No ser consciente de su dolor y de su desamparo. Con el tiempo, el abuso de alcohol acabó pasándole factura y le afectó a su personalidad. Comenzó a tener graves problemas psicológicos. Cuando se enteró de que sus padres habían muerto estuvo una semana entera bebiendo sin parar. Alguien la encontró tirada en medio de la calle. La trasladaron al hospital. Hoy, Juana, está ingresada en un psiquiátrico. No quiere salir. No quiere regresar a la cordura. Prefiere estar loca antes que volver a vivir en la calle. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 12 de 36 Fernando José Baró (Madrid, 1966) Escritor. Anticuario. Colaborador en las revistas literarias Letras de Cuenca (Cuenca), La Fumarola (Leganés), La hoja azul en blanco (Alcorcón), Lusones (Cuenca), Guadiela (Cuenca) y el boletín literario del Café Gijón (Madrid). En Verbo Azul tiene publicado un poemario en 1999, un breve ensayo sobre el desamor en 2004, “En torno al desamor”, más de 100 relatos en cuadernillos de Alcorcón, un libro de relatos presentado en la Feria del libro de Alcorcón en 2005, “Nueva Residencia y otros relatos”, y colaboración en un libro editado por el Café Gijón en conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote, “El Quijote en el Gijón”(2005) así como en el libro “Madrid a Miguel Hernández (Desde el Café Gijón)” (2012). Asimismo ha colaborado en la Semana Cultural de la Villa de Gascueña (Cuenca) donde presentó la obra “Historias de la Alcarria” (2007) “Ensoñaciones” (2008) “Venganza” (2009) “La dama inmóvil” (2010) “Retales” (2011) y “Tomar partido” (2012). Dio el pregón de las fiestas de la Villa de Gascueña el verano de 2008. Ha publicado también junto a otros autores conquenses el libro “Gascueña, luz poesía y pensamiento”. (2008). Fue premiado en Verbo Azul por la obra “Ausencia de ti” (2001) y finalista en el Primer Certamen Literario Verbo Azul por la narración “Cambio de rumbo” (2004). Actualmente en vías de la publicación de “REDES y otros relatos” con prólogo del escritor Alberto VázquezFigueroa. “Volver a casa” Amante, el que ama. Amantes, hombre y mujer que se aman. Qué palabra más bonita y qué mal entendido. Siempre que se habla de amantes se tiende a pensar que tienen relaciones amorosas ilícitas. Pero yo me pregunto si es ilícito amarse, sin medida, sin ataduras... Ya va entrando la luz por la ventana. Está amaneciendo, alguien en la lejanía tiene puesta la radio. Suena una melancólica canción, “noches de bohemia”. Tampoco yo entiendo como tú te olvidaste de tanto amor como compartimos. La habitación en la que me encuentro tiene blancas paredes, desnudas de detalles y una ventana al exterior con una gruesa reja. Dicen que para evitar que nos tiremos. Yo creo que para evitar que nos escapemos. Escapar sí, pero a dónde. A estas alturas creo que no tengo a dónde ir. Muchas veces me pregunto qué hago aquí. A pesar del diagnóstico de los médicos, yo no estoy loco. Me gusta soñar, eso sí. No creo que soñar sea un delito. Todo el mundo sueña, ¿o no? -Ángel. ¿Qué haces aún en la cama? Vamos, levántate y a la ducha, o te quedas sin desayunar. Esta chica se piensa que somos niños, ¡como si me importara o no desayunar! Leche con galletas, sin café. Tan solo los fines de semana, descafeinado. Dicen que así no nos ponemos nerviosos. Y ahora a pasar la mañana en el jardín. Ya me conozco casi todos los árboles. En algo hay que emplear el tiempo. Y hablar ¿con quién? Si aquí, menos yo, están todos locos. La gente que nos cuida prefieren hablar entre ellos, y cuando lo hacen con nosotros nos tratan como a niños o como a locos. El olivo, uno de mis árboles preferidos. Lo conozco desde mi niñez. No a este, claro. “De los árboles frutales el olivo es el mejor, nos da aceite, nos da leña, y alumbra a Nuestro Señor”. Este dicho popular me lo enseñó Gregorio, labrador de la Alcarria conquense, de quien aprendí mucho en tareas de campo y de labor. Un buen amigo. El pruno, con sus hojas rojizas, muy bello al ser distinto al resto. Cuando florece sus flores blancas no tienen nada que envidiar a los hermosos almendros. También tenemos un álamo, una encina y una palmera alta y estilizada como una bella diosa, exótica y sensual. La parra da más sombra que uvas. La uva es negra, parecida a la que mis padres tenían en el patio de la casa de campo. Los arbustos los conozco menos. Éste sí lo conozco bien, es una buganvilla trepadora. Aquello son lilas. A Yolanda le gustaban mucho las lilas. En la terraza de casa teníamos lilas plantadas en una gran maceta de mármol blanco. -Ángel ¿Qué tal estás hoy? -Bien. -Sabes que esta tarde hablaremos contigo y, dependiendo de cómo estés, te mandamos o no a casa. Porque... quieres volver a casa, ¿verdad? -Sí, claro. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 13 de 36 Volver a casa, ¡a qué casa! Si no me dejan salir ¿cómo voy a volver a casa? Nos llaman por los altavoces para comer. A ver qué nos dan hoy. Lentejas con chorizo, filete rebozado de pollo y un plátano. Y la puñetera jarra de agua. Claro que quiero volver a casa. Al menos comeré con vino. Dicen que tampoco es bueno. Estoy seguro de que ellos sí comen con vino, o con cerveza. Eso, eso, cerveza. Ahora mismo me tomaba una cerveza bien fría. -¿Qué pasa que no comes, Ángel? ¿Es que no te gusta la comida de hoy? -Lo que no me gusta para comer, es la puñetera agua. ¡Quiero una cerveza bien fría! -Ángel, tranquilízate y come. -He dicho que quiero una cerveza y si no vino. ¡Un vaso de vino! -¿Quieres que llame a los celadores y te pongan medicación? ¿Es eso lo que quieres? -No, medicación no. Agua, quiero agua. No quiero medicación, que se la tomen ellos. Y todo por pedir una cerveza. No creo que tenga nada de malo tomarse una cerveza. Y ahora la siesta. Obligatoria. Para relajarnos y descansar. ¿Descansar de qué? De no hacer nada nadie se cansa. Relajado, más relajado estaría si me hubiera tomado una cerveza bien fría. A punto de congelación. Eso es, una cerveza a punto de congelación. -¡Marchando una cerveza a punto de congelación! -Ángel o te callas y te duermes o llamo a los celadores. -Ya estoy callado. Siempre la misma amenaza: los celadores y la medicación. Que se la tomen ellos. Soy mucho más listo que ellos. Cierro los ojos y se creen que duermo. Los engaño cuando quiero. -Ángel, vamos al despacho, a ver cómo estás. -Siéntate. Ya conoces al doctor Terrón. Te va a hacer unas preguntas. -¿Cómo te encuentras? -Bien, estoy bien. -¿Qué ha pasado en la comida? Cuéntame. -Nada, nada. Que he pedido una cerveza. -Sabes que no puedes tomar alcohol ¿no? -Sí. Lo siento. No volverá a ocurrir. -Cuéntanos algo, lo que quieras. -¿Le parece bonito el azabache? -pregunta Ángel al doctor. -Sí, pero ¿a qué viene esto? -Yo indago en el significado de las palabras, con las que formamos frases. El azabache se emplea como adorno de collares, pendientes, para hacer esculturas. Es bello ¿no? -Sí, es un bonito color ¿y qué? -Es negro ¿no? -Continúa, Ángel. -Si vamos al diccionario y buscamos negro, nos dice que es de color totalmente oscuro, como el carbón, y en realidad falto de todo color. Esto último es falso. El negro tiene distintas tonalidades. ¿Ha intentado alguna vez vestir todo de negro? Una camiseta y unos pantalones. Nunca es la misma tonalidad. Y esa frase hecha de “eres la oveja negra”, despectiva ¿por qué? ¿A usted no le gusta una bella mujer vestida de negro, no le gusta la ropa interior negra...? -Ángel, así no vamos a ningún sitio. Tienes que estar más tranquilo. No te podemos mandar a casa en estas condiciones. Habrá que aumentarle la medicación. Bueno, puedes volver al pabellón. Soy más listo que ellos. Los he engañado. Volver a casa, ¿para qué? ¡Y a qué casa! Lo siento por la cerveza. Amantes, los que se aman... A mí me sigue gustando una mujer vestida de negro. Sigo sin entender eso de falto de todo color. ¡Una cerveza bien fría! ¡A punto de congelación! Madrid, agosto de 2002. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 14 de 36 Soy Rosana Ample. Nací en Valencia y vivo en Barcelona. En septiembre, la agencia literaria Sandra Bruna publica mi novela en ebook, "Sobre las estrellas dibujé mi destino". Estoy escribiendo la segunda novela, donde retrato a una adolescente que sufre malos tratos psicológicos por su novio. Publico relatos Chick lit en mi log: Instintodeautora.rosanaample.com “Turismo emocional” La aparición de un dulce, guapo y seductor hombre originario del turbio pasado que me robó una década. Lo único bello de aquella vida en la que cada anochecer deseaba no amanecer. Vuelve a mí, ahora a mis treinta y cinco años de soltera. El juego pasional de letras trazadas con labios jugosos, ojos centelleantes, caricias de teclado, llamadas matutinas a la oficina, intercambio de relatos que dejaban nuestros cuerpos en ebullición. Noches pintadas de sueños a realizar. Una certeza absoluta de que había encontrado a mi mitad. Un entendimiento coherente de por que había tenido que pasar esa década llena de golpes traumas y secuelas. Una fecha de encuentro para un madrileño y una Barcelonesa. Múltiples mails y llamadas. Quedé esperando como estatua de sal un jueves a su siguiente llamada. Surge el Silencio. Reina el silencio. Impera el Silencio. Alguien agitó las pulsaciones de mi corazón comprimido en un aerosol y luego lo dejó reposar sin usar. Bajé de la estratosfera hasta la tierra con impacto brutal. Aquietada espero. No subo, no asciendo, miro, contemplo pero no veo la mariposa posarse en mi solapa. “Terracita libro” Fue una semana veraniega. En su estrenado apartamento de Sants. En un rincón de Barcelona, ajeno a su desconocido pasado y le brindó una vida nueva. Su inspiración una terracita que daba a un patio de luces similar a los del sur. Cada uno con su fachada de un color, con sus plantas, con sus cortinas. Desde su pequeña terraza, en una mesa de forja verde, recién comprada, mientras escuchaba las cálidas y tiernas habaneras, salsas y cumbias que su vecina ponía a volumen para el colectivo. Rosana empezó a plasmar los primeros esbozos de sobre las estrellas dibujé mi destino. Cuando las habaneras callaban, se retiraba su hábitat y tras la luz de la cortina, disfrutaba de un silencio meditador, donde las hadas le soplaban los siguientes capítulos. Hoy volvió a sonar la cumbia, dulce como una papaya. Y sintió esa bella nostalgia del pasado verano. Ha pasado un año, la novela ya está terminada. Pronto saldrá en e-book. Y también en libro. Y hoy mientras, Rosana, friega el suelo de estilo modernista baila aquellas habaneras recordando el verano más completo de su vida. De nuevo vuelve otro verano. De nuevo la terraza se prepara para un teclado de ordenador, una mano temblorosa. Una sonrisa llena de nervios. ¡Qué bello es crear!. ¡Qué bello escribir! __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 22 Página 15 de 36 “Las pagafantas” —Ave María Purísima. —Sin pecado concebida. —Padre. Confieso que he sido una pagafantas. —Hija... que has hecho.... —Pues...no me contestaba a los mails, ni a las llamadas y un día, apareció sin más en mi casa. Quería desahogarse. Su tito se había suicidado, él estaba hecho polvo. Me dio pena padre. ..Le abracé y sin darme cuenta empezó a tocarme...y acabamos en la cama. —Hija...Tuviste buena fe...pero...espero que de esta aprendas. —Si padre. No lo volveré a hacer más. Era incapaz de confesarle al padre Facundo que el cántaro había ido varias veces a la fuente. . A consecuencia, durante el acto de contrición pensé: Si hay cosas de las que me avergüenzo, será porque algo va mal... Soy unas pagafantas de mucho cuidado. Seguro que las pagafantas me dan la bienvenida con bombones de Ferrero Rocher. Debería fundar la Asociación de Pagafantas Anónimas. Chicas que no entienden las indirectas cuando un chico no le ha contestado un mensaje, cuando un chico no muestra demasiado interés... Que no se dan cuenta que son usadas como kleenex, que ni siquiera son buenos amantes. Porque las pagafantas solemos acabar con tíos que no saben...ya sabéis, como los conejos. Como introducción a la primera sesión de Pagafantas anónimas deciros: No te pongas la camisa de leñador ni te vayas con él y sus amigos de cañas, o de alpinismo. Todo para conseguir un beso en un momento mágico. No hagas un trío con su amigo, sólo porque así podrás estar con él Que sepas que una pagafantas viene de coña para un tío. Porque justamente, lleva unos años intentando que su amante le pida el divorcio a su novia. O persiguiendo a su novia, que en dos meses se casará con otro. Y claro, ante semejante anclaje...llegas tú y te insinúas....joooooo. Es que se lo has puesto fácil.... Y sobre todo: si no levanta el auricular para hablar rollo moñas, si te manda un whats app horas después del tuyo... Aparca el móvil y vete a la playa con tu amiga. Y otra cosa: Es loable que una peque de pagafantas una vez, dos...Pero, por favor, no te quedes con esa etiqueta de por vida. Por qué tú lo vales. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje".Asociación de Escritores de Alcorcón Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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