Nº 19. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por la Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria, de literatura y de opinión Editada por Enrique Eloy de Nicolás Sumario Editorial (pág. 3) Relato (pág, 4) Microrrelato (pág. 12) Poesía (pág. 14) Opinión (pág. 17) Lectura escogida (pág. 18) Entrevista (pág. 21) Publicaciones recibidas (pág. 23) Entrevista a José Baró Quesada, periodista, abogado, maestro nacional y escritor; entre otras muchas cosas. EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 2 de 29 Fundada en 2009 Nº 19 Noviembre-Diciembre de 2012 EDITORIAL RELATO “La maceta”, de Moisés Ramos “En la cresta de la ola”, de Fernando José Baró “El Veredicto”, de Eva Mª Medina Moreno MICRORRELATO “Camino”, de Zeneida Pizarro “Hablando con un ciego”, de Zeneida Pizarro “Mi bodega”, de Eva María Medina “Sombras”, de Eva Mª Medina POESÍA “Me hiciste”, de Rolando Revagliatti “Día de campo”, de Aleqs Garrigoz “Naturaleza en calma”, de Javier Úbeda OPINIÓN “De cómo los libros y sus congéneres tienen los días contados”, de Enrique E. de Nicolás LECTURA ESCOGIDA “Zapatos italianos”, de Henning Mankell. Crítica de Javier Úbeda ENTREVISTA José Baró Quesada, periodista, escritor y hombre polifacético PUBLICACIONES RECIBIDAS __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 3 de 29 Nuevo número y nuevas letras en el horizonte del verano que ya tenemos encima, aunque su típica climatología se haya hecho de rogar… Sin embargo, nuestra revista ya está aquí, puntual como cada dos meses; con nuevas obras de nuestros sufridos colaboradores, nuevos artículos y reseñas literarias… Y con una entrevista muy entrañable a un hombre longevo, prolífico y polifacético; que, además, es colaborador de nuestra revista. Todos, a buen seguro, aprenderemos con su lectura. Tampoco he de olvidarme de los colaboradores de este nuevo número, todos ellos colaboradores habituales en mayor o menor medida: Moisés Ramos, Eva Mª Medina, Fernando José Baró, Zeneida Pizarro, Rolando Revagliatti, Aleqs Garrigoz y Javier Úbeda… Como siempre, muchas gracias a todos por permitir que este proyecto siga adelante. Espero que disfrutéis de este recién iniciado verano como os merecéis, que la lectura os acompañe en vuestro caminar y que aquellos que escribís no abandonéis el placer sin igual que es la escritura. ¡Feliz verano a todos! Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 4 de 29 Moisés Ramos nació en un pueblo cercano a París. Desde muy pequeño se aficionó a la lectura. Recuerda con mucho cariño los primeros libros que le impactaron, “Demian” de Herman Hesse y “Drácula” de Bram Stoker. Tal vez por eso compaginó desde su juventud escribir tanto relatos de misterio como de personajes atormentados. Actualmente, compatibiliza su trabajo en Madrid como funcionario con su otro trabajo como actor; trabajo éste último en el que se formó durante cuatro años, participando en varias obras teatrales estrenadas en Madrid. Respecto a la escritura, ahora mismo se haya en el proceso de culminación del Guión de un Largometraje. “La maceta” Miguel se despertó bruscamente, empapado en sudor. Era la cuarta vez esa semana. A su lado, Ely dormía plácidamente, ajena a su angustia. El dirigió su cuerpo hacía ella. Quería acariciarla, pero se detuvo; no quería despertarla y perderse el relajante sonido de su respiración. Alzó un poco más su mirada, hasta vislumbrar la ventana. Su semblante cambió, ya no escuchaba la respiración de Ely, ni tenía ojos para otra cosa que no fuera esa ventana, y lo que se escondía tras ella. Ely sintió desde lo más profundo de su sueño que algo pasaba en el plano de la realidad, tenía que despertar. Así que le dijo al camarero de su sueño, que era su antiguo profesor de religión, don Olegario, que ya no iba a tomar nada más y que le cobrase, porque tenía que despertarse, apurando a su vez una gran jarra de cerveza. El camarero, le dio la vuelta, con unas monedas que llevaban impresas la cara de Miguel, mientras le guiñaba un ojo y le deseaba un feliz día. Al poner un pié en la calle, despertó. Miguel seguía contemplando la ventana. Ella con los ojos todavía semicerrados acompañó su mirada, luego volvió la cabeza hacía él. - Miguel, ¿Estás bien? - Hola cariño, sigue durmiendo, no pasa nada. - ¿Qué te pasa? Últimamente, cada vez que despierto, tú ya lo estás. Algo te pasa y quiero que me lo digas. - No pasa nada. Simplemente es el estrés del trabajo. - ¿Estrés? Pero si llevas años haciendo el mismo trabajo rutinario. No te escabullas. Tienes que contarme lo que te pasa o no podré ayudarte. Miguel emitió un largo suspiro y volvió a mirar la ventana. Ely también lo hizo. - ¿Qué pasa Miguel? - ¿Recuerdas cuándo nos conocimos? - Claro, nos presentó Rosa, que era amiga mía y que trabajaba contigo. ¿Cómo no me voy a acordar? Miguel sonrió levemente. - ¿Recuerdas como te conquisté a base de mandarte mis relatos y mis escritos de amor? - Si, claro, aún los conservo. Me encantaron, ya lo sabes. -dijo con una gran sonrisa- A mí lo que primero me enamoró de ti fue tu sonrisa. La cual utilizas tanto para seducirme, como para salirte con la tuya cuando discutimos o cuando quieres conseguir algo de mí. Me encanta. Ely soltó una gran carcajada. - ¿Te has dado cuenta, eh? - Verás, recuerdo también que me contaste que hasta hacía poco habías estado enamorada de un chico que trabajaba contigo, y que lo dejasteis después de que descubrieras que tenía novia. - ¿A qué viene eso ahora? - Déjame terminar por favor. Ambos se incorporaron en la cama. - Me dijiste, después de un tiempo, un par de meses más o menos, que tenías dudas sobre nuestra relación, porque todavía pensabas en ese compañero, Fernando era su nombre. Ely asintió. - Dime otra vez, ¿Por qué te decidiste por mí? __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 5 de 29 - Te lo he dicho muchas veces, fue aquel día al llegar a casa y ver aquella preciosa maceta que me habías regalado, con aquellas bonitas flores que todavía respiran. Me pareció algo muy bonito. Eso hizo que definitivamente enterrara de mi memoria a Fernando. Ese simple gesto, me hizo rememorar la paz de mi hogar de niña, con la casa llena de maceteros enormes repletos de flores. Por primera vez me sentí segura de lo nuestro. - Ely…..yo. - ¿Qué? Miguel miro hacia al suelo. - Yo no compré esa maceta. Cuando el florista llego a tú casa, yo esperaba dentro a que regresaras de hacer la compra. Le firmé el pedido y leí la tarjeta que traía el regalo. - ¿De qué estás hablando? Miguel se levantó de la cama, y fue hacía un pequeño estante donde dormitaban apretujados varios libros. Cogió el del “Quijote”; libro que sabía que ella jamás leería. De entre sus páginas extrajo una pequeña tarjeta y se la dio. Ely cogió unas gafas de la mesita de noche y leyó: “Hola Ely, sólo quiero decirte que he dejado a mi novia. Que pienso en ti día y noche. Quiero que esta maceta simbolice lo nuestro. La cual regaremos a diario, al igual que quiero que alimentemos nuestro amor, día a día. Si mañana en el trabajo no me dices nada, entenderé que no deseas estar conmigo. Te quiero. Fernando”. - ¿Cómo has podido ocultarme esto hasta ahora? - Cuando llegaste a casa y vi tu alegría por el regalo, sentí pánico, pensé que podía perderte, y me di cuenta en ese instante que yo también estaba locamente enamorado de ti. Por favor, perdóname. Ely se levantó de la cama y fue hacia la ventana. Sobre el alfeizar, una preciosa maceta se erguía orgullosa de su belleza. La cogió con sus manos y se acercó a Miguel. Se paró un instante frente a él y luego anduvo despacio hacía la cocina. Miguel la siguió sigilosamente. Al llegar, Ely levantó la tapa del cubo de basura y con fuerza arrojó la maceta y la tarjeta dentro; se volvió hacía Miguel, deslizándose hacía él con sus pies descalzos, sobre el frio suelo de la cocina. El gesto serio de Ely se transformó en ese instante, en algo etéreo, ayudado por el primer rayo de sol de la mañana, que reflejado en la campana extractora de humos, se poso suavemente en su dulce rostro. Y entonces, le beso con la misma pasión de sus primeros encuentros. - Miguel, sé lo mucho que tuvo que costarte no decirme lo de la maceta. Porque eres una gran persona. Hiciste bien. Si me lo hubieras dicho habría vuelto con Fernando y me habría perdido estos años, que han sido los mejores de mi vida. Te quiero Miguel. Ambos se abrazaron como nunca lo habían hecho antes. Y ella, cómo no, sonrió. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 6 de 29 Fernando José Baró (Madrid, 1966) Escritor. Anticuario. Colaborador en las revistas literarias Letras de Cuenca (Cuenca), La Fumarola (Leganés), La hoja azul en blanco (Alcorcón), Lusones (Cuenca), Guadiela (Cuenca) y el boletín literario del Café Gijón (Madrid). En Verbo Azul tiene publicado un poemario en 1999, un breve ensayo sobre el desamor en 2004, “En torno al desamor”, más de 100 relatos en cuadernillos de Alcorcón, un libro de relatos presentado en la Feria del libro de Alcorcón en 2005, “Nueva Residencia y otros relatos”, y colaboración en un libro editado por el Café Gijón en conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote, “El Quijote en el Gijón”(2005) así como en el libro “Madrid a Miguel Hernández (Desde el Café Gijón)” (2012). Asimismo ha colaborado en la Semana Cultural de la Villa de Gascueña (Cuenca) donde presentó la obra “Historias de la Alcarria” (2007) “Ensoñaciones” (2008) “Venganza” (2009) “La dama inmóvil” (2010) “Retales” (2011) y “Tomar partido” (2012). Dio el pregón de las fiestas de la Villa de Gascueña el verano de 2008. Ha publicado también junto a otros autores conquenses el libro “Gascueña, luz poesía y pensamiento”. (2008). Fue premiado en Verbo Azul por la obra “Ausencia de ti” (2001) y finalista en el Primer Certamen Literario Verbo Azul por la narración “Cambio de rumbo” (2004). Actualmente en vías de la publicación de “REDES y otros relatos” con prólogo del escritor Alberto VázquezFigueroa. “En la cresta de la ola” Lázaro acababa de llegar a Corral de Almaguer localidad ubicada en la Mancha Alta de Toledo, a los márgenes del río Riánsares, rodeada de viñedos y cultivos de cereal- para ganar un jornal vendimiando. Los estudios de bachillerato y su licenciatura en Historia le habían valido de poco laboralmente hablando y tras probar como nefasto camarero, torpe albañil, lamentable auxiliar administrativo en lo que a ordenadores se refiere- carecer de dotes comerciales como vendedor y demás despropósitos e intentos de oficio sin éxito; encaminó sus pasos a recoger uvas. Algo sencillo, a priori, en la urbe toledana de “Almaguer” término que procede del árabe al-magid que significa el canal de riego. Nada más llegar, el capataz del viñedo lo alojó como al resto de jornaleros en un barracón destinado a ello. Alojamiento con derecho a pernoctar en litera, desayuno, comida, cena y duchas de agua caliente. ¡Todo un lujo! Era de los pocos españoles que durante dos o tres meses iban a recoger la uva que posteriormente se convertiría en caldo de la tierra manchega, en vino. Había rumanos, búlgaros, peruanos, ecuatorianos, dominicanos, colombianos, cubanos, bolivianos, argentinos, uruguayos, polacos, marroquíes y de la antigua Unión Soviética. Aquello parecía la torre de Babel. La recolección o cosecha de uvas transcurría desde el mes de febrero hasta casi el mes de abril, de sol a sol levantándose y agachándose para recoger la uva llevando el capazo lleno del fruto al tractor. No se debe de coger mojada (ya sea por lluvia, niebla o rocío) ni tampoco en las horas de más calor durante el día. Hay que evitar que los racimos se aplasten y una maceración no deseada. Las semanas iban pasando y los riñones de Lázaro se iban habituando a estar agachados con lo que ya no sentía el dolor postural de los primeros días. Al principio, una vez acabada la jornada diaria, Lázaro dedicaba su tiempo libre antes de caer rendido en el lecho a leer un rato, mientras otros tantos compañeros ahogaban el día tomando copas en el bar. Todo en esta vida es oficio y tras más de veinte días de vendimia, la jornada seguía siendo cansada para Lázaro pero más llevadera para poder dedicar el poco tiempo libre antes de cenar y acostarse en algo más productivo como pasear, descubrir rincones en la urbe, calles, callejones, adarves, plazas, monumentos, indagar en la historia del pueblo… Conversaba con la gente que encontraba a su paso, labradores, ancianas, lugareños en general, que pudieran hacerle más amena su estancia laboral en estas tierras contándole las historias del lugar. Una tarde noche estaba a punto de irse a cenar y conoció a un agricultor de casi cien años que vivía a las afueras del pueblo, en una humilde __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 7 de 29 pero amplia casa de labor rodeada de una notable huerta. Aquel anciano enjuto, tuerto y curvado, que caminaba apoyado en una tosca garrota y chupaba una colilla -casi siempre apagada- de tabaco de liar, llamado Crescencio vivía solo y eran muy apreciados los tomates, pimientos, pepinos, cebollas y demás legumbres, verduras y frutas que él vendía. Exquisitos manjares nacidos de abonada tierra, agua pura y sol. Fue Crescencio quien le contó la historia contada a él por su abuelo de que a las afueras del pueblo existía una cueva a los pies del río Riánsares. Cavidad subterránea que según la leyenda popular había servido como escondite de bandoleros y sus botines en el siglo XIX. El anciano le enseñó un par de monedas de plata que encontró a la orilla del río, en la boca de la cueva en sus años mozos. Le estuvo contando historias de bandoleros toledanos envueltas en ese halo romántico de robar a los ricos y repartir el botín a los más necesitados. Nada más alejado de la realidad en la mayor parte de las veces. Lázaro había leído y sabía que los bandoleros salvo raras excepciones eran crueles delincuentes que robaban, secuestran, extorsionaban y asesinaban a recaudadores de impuestos, arrieros, labradores, campesinos y propietarios. Había varios motivos para echarse al monte como podía ser el desertar en el sorteo de quintas por evitar como destino los ejércitos de ultramar, crímenes pasionales, por injuria o calumnia, o incluso a consecuencia del hambre. Padres de familia que tras robar o secuestrar para dar de comer a sus hijos terminaban uniéndose a cuadrillas de bandoleros para evitar la cárcel. Crescencio le terminó diciendo que de la antigua cueva solo permanecían en pie los primeros metros de la entrada, el resto estaba hundido y que desde niño lo había conocido así. Había servido como refugio de pastores y a pesar de las leyendas de tesoros escondidos nadie -a excepción de aquellas dos monedas de plata- había encontrado nada allí. Una de las tardes antes de que oscureciera y siguiendo las indicaciones del centenario anciano Lázaro se acercó a ver aquella cueva oculta a la vista por unos tupidos y enredados arbustos y tras cortar varias ramas con su tijera de podar, comprobó que era una cavidad natural arreglada por el hombre. Las paredes y abovedados techos estaban reforzadas de ladrillo visto y provistas de varias arandelas de hierro con la función de atar en ellas a las caballerías. Como buen enamorado de la Historia que era, le gustaba la arqueología y años atrás siendo más joven había buscado y a veces encontrado, siguiendo el itinerario de Antonino, restos romanos, prerromanos y musulmanes, con la ayuda de un detector de metales. Llamó a su hermano pidiendo que le enviara el aparato buscatesoros, una pequeña azada, un par de espátulas y unas brochas. Lázaro era inquieto y soñador, dos “cualidades” indispensables aparte de una buena documentación para descubrir tesoros ocultos. Estuvo varios días, en su escaso tiempo libre, cavando la pared final de aquella cavidad, provisto de un azadón y una pala -ambos “prestados” de un sotechado cercano a los barracones donde dormíacon la esperanza de que solo fuera un derrumbamiento parcial y no en su totalidad y poder acceder al refugio de aquellos bandidos toledanos del siglo XIX. Tras cuatro días sacando tierra y dejando la entrada poco accesible, a la vista, para evitar miradas indiscretas, apareció ante él el resto de la cueva. Un espacio de galerías abovedado, grandioso y oscuro. Al día siguiente en su jornada de vendimia solo pensaba en terminar su día laboral para poder ir raudo, tras comprar una linterna en el pueblo, a la cueva de los bandoleros y ver lo que aquella cavidad subterránea le podía ofrecer. Aparte de su amor por la historia Lázaro era un apasionado de las mujeres y no había pasado inadvertida ni para él ni para muchos de sus compañeros una joven y atractiva colombiana delgada de mediana estatura, senos generosos, cabellos largos y rubios, blanca piel y rasgados ojos, que trabajaba con ellos y destacaba en hermosura sobre el resto de las jornaleras de distintas nacionalidades. Un día en las duchas -que estaban dividas por sexo al igual que los barracones pero no por lugar si no por turnos- nuestro protagonista se descuidó más tiempo del establecido bajo el reconfortante agua caliente y tuvo la fortuna de ver duchándose a la linda colombiana. Hermosa y apetecible, como Dios la trajo al mundo. Delgada, de buena estatura, de pechos voluptuosos de grandes y oscuras areolas, gruesos pezones, trasero respingón pequeño y prieto y sexo depilado completamente. No había conversado con ella pero si se habían cruzado pícaras miradas, miradas que sin hablar lo dicen todo. Esa tarde la linda y apetecible colombiana le informó de que ella y unas cuantas compañeras iban a tomar unas cervezas hasta la hora de la cena en un bar del pueblo, invitándole a acompañarlas. Ganas no le faltaban pero lamentablemente Lázaro tenía que acudir sin falta a su cita con la Historia. Compró en el pueblo una linterna y no perdió ni un minuto en llegar a la cueva, adentrarse por las entrelazadas ramas de aquellos arbustos y después de abrir más grande la boca del derrumbamiento, se internó linterna en mano en aquella cavidad enorme, más grande de lo que pensaba y provista de galerías. El interior no estaba cubierto como la entrada de ladrillo, todo él si era por el contrario obra de la naturaleza y las paredes y los techos eran de roca en casi toda su totalidad. Colgaban varios candiles que habían servido para iluminar aquel refugio de bandidos. Fue __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 8 de 29 accediendo galería por galería y solo había maderas podridas, hierros oxidados sin ningún tipo de valor, alguna que otra herradura, cántaros de barro y esqueletos de caballos, yeguas o burros, incluso el esqueleto de un perro. Volvió a recorrer todo aquel recinto bajo tierra cogiendo los candiles y las herraduras y pensando en volver al día siguiente con el detector de metales. A punto estaba de abandonarlo cuando dirigiendo su linterna al techo pudo apreciar vagamente un hueco, un acceso en una de las paredes a unos tres metros de altura del suelo. La noche había caído, con lo que volvió a su barracón y tras darse una ducha, cenó con el resto de sus compañeros. Vio a la bella colombiana, que le saludó algo despechada por el desplante de no haber acudido a tomar unas cervezas con ella y le pidió disculpas. Amaneció un nuevo día y su mente estaba inmersa en aquel agujero misterioso de la cueva. No pensaba en otra cosa que no fuera el conseguir una escalera para poder ver qué ocultaba aquel oscuro y elevado acceso salvo raudos destellos venidos a su mente de aquella bella, hermosa y apetecible mujer nacida en las tierras conquistadas por el conquense Alonso de Ojeda. Pensó sabiamente que el pedir una escalera o ser visto cargando con ella hasta la cueva de los bandoleros podría levantar sospechas en el caso de que hubiera algo de valor y optó por llevar en su lugar amplias puntas metálicas que clavadas en la pared ya fuera roca o tierra harían las veces de escalera. Se hizo con ello pero la noche se le echó encima y tuvo que esperar ya con todo preparado a la tarde del día siguiente. Esa noche antes de la cena aprovechó para entablar conversación con la colombiana reiterarla las disculpas por no haber acudido a la “cita” y supo que tenía dos hijos y que no tenía pareja. Cenaron juntos, cruzaron miradas y ella quedó descolocada cuando Lázaro la informó de que al día siguiente no podía verla fuera del trabajo al tener asuntos que tratar. Se encontraba muy a gusto con ella y la pidió tiempo para poder explicarle sus ausencias. “Cuando te lo cuente, ahora no puedo, lo entenderás –le dijo Lázaro. Llegó por fin la tarde siguiente, la hora esperada y Lázaro metió en un saco “los escalones” de hierro, una maceta y la linterna dirigiéndose raudo a la cueva. Fue clavando las puntas de metal en la roca hasta que pudo acceder al hueco, a la boca oculta y misteriosa. Alumbró y vio que era una pequeña estancia en la que apenas podía ponerse de pie y en la que solo había un arca de madera deteriorada por el tiempo y una palmatoria de bronce con una vela. Levantó la tapa de aquella caja y quedó maravillado de lo que contenía. Había monedas, joyas, una pequeña pistola y una navaja. Guardó todo ello en el saco, palmatoria incluida, comprobó con la linterna que a simple vista no había nada más de valor que poder llevarse y emprendió el regreso al barracón donde pernoctaba. Con más luz verificó que el “tesoro” consistía en nueve monedas de oro, dieciséis de plata, dos camafeos de plata y marfil, un colgante de oro y carey, unos pendientes de oro y esmeraldas, una cruz de marfil, una navaja de plata con las cachas en hueso y una pequeña pistola de señora. Pistola de las que se guardaban las damas aburguesadas del siglo XIX en la liga o en el bolso, una verdadera joya con las cachas en marfil y nácar. Con todo aquel “botín” no era plan de seguir vendimiando, al no tener un lugar seguro donde poder guardarlo, así que optó por pedir la cuenta y regresar a casa al día siguiente. Antes de irse, le pidió el número de teléfono a la atractiva colombiana para verse de nuevo y se acercó a despedirse de Crescencio regalándole en agradecimiento la navaja de plata. La encontró usted allí ¿verdad? –le dijo el anciano. Si, estuve dentro y encontré más cosas –le respondió Lázaro. Siempre he imaginado que podía haber algo allí escondido pero nunca he sido curioso ni me hizo falta tener más de lo que tengo. Ahora incluso, y sin hijos, me sobra todo –sentenció Crescencio. Lázaro se despidió del anciano prometiéndole volver algún día. En el autocar de regreso a Madrid se sintió feliz. Volvía a casa con un dinerito ganado con su esfuerzo y trabajo, con piezas muy valiosas que vendería en anticuarios o subastaría en galerías de arte, a buen precio, y con la esperanza de una relación sentimental con aquella hermosa joven. Se sentía en la cresta de la ola. No podía pedir más. Madrid, febrero de 2012 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 9 de 29 Eva María Medina Moreno (Madrid, 1971). Escritora. Licenciada en Filología inglesa y diplomada en Profesorado de Educación General Básica, por la Universidad Complutense de Madrid. Con el título del Ciclo Superior en Inglés de la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid, y The Certificate of Proficiency in English, por la Universidad de Cambridge. Tras el Período de Docencia del Doctorado en Filología Inglesa de la UNED, investiga en el campo de la Literatura Inglesa del siglo XX y Contemporánea; trabajo que compagina con la escritura de su primera novela. Premiada en el I Certamen Literario Ciudad Galdós por su relato «Tan frágil como una hormiga seca» (Editorial Iniciativa Bilenio S.L. 2010). Finalista en el Premio Orola 2011, en cuya antología se incluyó su cuento «Mi bodega» (Ediciones Orola S.L.). También han publicado sus relatos en revistas literarias de España, Hispanoamérica, Estados Unidos y Canadá, como Letralia, Otro Lunes, Cinosargo, Almiar, Groenlandia, Narrativas, Solaluna o Proyecto Sherezade. Su relato «La náusea» fue publicado en la web oficial del escritor Antonio Muñoz Molina. La revista de creación literaria La Ira de Morfeo ha editado un número especial con algunos de sus relatos. Coautora del libro de la Editorial Letralia: Letras Adolescentes. 16 años de Letralia (Colección Especiales, mayo de 2012). “El Veredicto” −¡Póngase en pie el acusado! Scrooge se levanta con torpeza. −Ebenezer Scrooge, la ciudad de Londres le acusa de los siguientes delitos: avaricia en primer grado y falta de caridad, también en primer grado. Se declara usted culpable o inocente. −Inocente, señoría. −Se inicia la vista. Proceda señor fiscal. −Con la venia señoría, que suba al estrado el espíritu de la Navidad Presente. El testigo alza una antorcha brillante derramando luz sobre la sala. Lleva un manto verde y sobre la cabeza una corona de acebo. El alguacil sostiene la Biblia. −Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. −Sí, lo juro. El fiscal empieza las preguntas. −Espíritu de la Navidad Presente, ¿qué relación tuvo con el acusado? −Le mostré cómo celebraban el día de Navidad distintas familias. −Ahora me gustaría que prestase atención a los datos que tengo sobre la Navidad en la casa de Mr. Cratchit. El espíritu asiente. −Empezaré con la señora Cratchit. Su vestido, una bata con remiendos, con cintas de colores que no valdrían más de seis peniques. El traje del señor Cratchit muy zurcido, aunque limpio. Martha llegó tarde porque era aprendiz de modista y tenía que trabajar muchas horas seguidas. Tiny Tim llevaba una muleta pequeña y los miembros sostenidos por un aparato metálico. Los hermanos pequeños le ayudaron a sentarse. Todos colaboraron en algo. Peter preparó las patatas hervidas, Belinda puso la mesa, y los dos pequeños, con ayuda de Peter, fueron a por el pavo. Se lo comieron hasta dejar los huesos. El pavo les abrió el apetito; era demasiado pequeño para tantas personas con hambre atrasada. La madre fue a la cocina, a por el pudding. La familia estaba expectante. Aunque no era muy grande, lo ensalzaron. Después se reunieron alrededor de la lumbre. Brindaron con el ponche que el padre había hecho, deseándose Felices Pascuas. Estuvieron hablando. El padre comentó a Peter que tenía en perspectiva un trabajo para él, cinco chelines y seis peniques semanales. Espíritu de la Navidad Presente, ¿vio el acusado lo que he descrito? −Sí. −¿Se mencionó en algún momento al acusado? −Mr. Cratchit alzó su vaso para brindar por él porque les había procurado la cena. La señora Cratchit no quiso beber a la salud de un hombre, según ella dijo, tan odioso, tan avaro, duro e insensible, como Mr. Scrooge, pero su esposo la convenció y todos brindaron por él. El espectro va envejeciendo, sus cabellos son grises. El fiscal advierte el cambio pero no dice nada y sigue con sus preguntas. −¿Por qué la señora Cratchit no quiso en un principio beber a la salud del jefe de su marido? −Le hacía culpable de su pobreza, el sueldo de Mr. Cratchit era muy bajo. Murmullos acallados por el golpe seco del mazo y por las palabras «silencio en la sala» del señor juez. −No tengo más preguntas, señoría. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 10 de 29 Toma la palabra el abogado defensor. −Espíritu de la Navidad Presente, en ese viaje también visitaron la casa del sobrino del señor Scrooge. ¿Es verdad que el sobrino dijo que su tío era un individuo cómico, desagradable, y que ellos se beneficiarían de su riqueza? −Sí. −Sin embargo, el señor Scrooge no se enfadó al oír aquello, ¿no es así? −Así es. −¿Puede relatarnos cómo continuó la fiesta? −Empezaron otro juego, el sobrino de Mr. Scrooge pensaba una cosa y los demás tenían que adivinarlo, haciendo preguntas que solo se pudieran contestar con un «sí» o un «no». El sobrino pensó en un animal desagradable, salvaje, que unas veces rugía y gruñía, y otras veces hablaba. −¿Qué animal? −El señor Scrooge. −No tengo más preguntas, señoría. −Se suspende la sesión durante dos horas −dice el juez−, se reanudará a las cinco. Cinco de la tarde. El fiscal llama a su segundo testigo, el señor Cratchit. −Señor Cratchit, ¿qué relación tenía con Mr. Scrooge? −Era su empleado. −¿Puede decirnos lo que hizo el señor Scrooge el mismo día del entierro de su socio el señor Marley? −Unos señores fueron a verle y pasaron la tarde discutiendo. −Señores del jurado −indica el fiscal−, ¿qué clase de persona está en condiciones de hacer negocios el día del entierro de un amigo? −Protesto señoría −dice el abogado defensor−, al hacer ese comentario el fiscal presupone que el acusado estuvo negociando, cuando no está demostrado que fuera así. −Se acepta −dice el juez−, que el comentario no conste en acta. −¿Es verdad que el pasado 24 de diciembre entraron dos hombres recaudando fondos para los pobres y el acusado no contribuyó a la causa? −Sí. −Cuando uno de los recaudadores comentó a Mr. Scrooge que los pobres dijeron que preferían morirse a entrar en los centros de acogida estatales, al acusado le pareció que morirse era lo mejor que podían hacer porque de esa manera disminuiría el exceso de población. ¿No es cierto, señor Cratchit? −Sí. El fiscal se acerca a su mesa y coge un papel que muestra al juez. El juez lo aprueba. −Mr. Cratchit, escuche con atención lo siguiente: «A todos los idiotas que van con el “¡Felices Pascuas!” en los labios los cocería en su propia sustancia y los enterraría con una vara de acebo atravesándoles el corazón. ¡Eso es!». ¿Me puede decir, señor Cratchit, quién dijo esas palabras? −Mr. Srooge. −No tengo más preguntas, señoría. Una figura oscura se aproxima al estrado con paso lento, grave. Un manto negro le oculta cabeza, cara y cuerpo, dejando visible una de sus manos extendidas. Es el espíritu de la Navidad Futura, testigo de la defensa. −Espíritu de la Navidad Futura −dice el abogado defensor−, ¿le pidió Mr. Scrooge que le guiara porque quería ser un hombre diferente y cambiar de vida? Movimiento de la túnica negra. El espectro inclina la cabeza asintiendo. −¿Reconoció Mr. Scroogre que su avaricia y dureza de corazón no le hicieron ningún bien, que honraría la Navidad durante todo el año, y que nunca iba a olvidar las lecciones de los tres espíritus? Contracción del manto negro. El espectro asiente. −No tengo más preguntas, señoría. Último día del juicio. El fiscal se dirige al jurado. Comienza su alegato. −Señores del jurado, hoy es un día importante porque al juzgar al señor Scrooge no sólo se juzga a una persona inmisericorde y avara, sino que al mismo tiempo se está juzgando a personas como él. El acusado ha demostrado ser culpable de todos los cargos que se le imputan. Desde las primeras hojas del cuento empieza a delinquir. El mismo día del entierro de su único amigo, el señor Marley, sí, el mismo día del entierro, en vez de estar apenado por su muerte, hace un buen negocio. Mr. Scrooge, un hombre avaro, cruel; un ser miserable, codicioso, sin __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 11 de 29 sentimientos. Un hombre que no se conmovió por nada ni por nadie; ni por su empleado el señor Cratchit, ni por su sobrino, ni por los niños pobres que pedían en la calle. Tanta pobreza a su alrededor y él, preocupado por tener más y más. En sus manos está, señores del jurado, encerrarle para siempre o dejar libre a un hombre tan dañino y peligroso en una sociedad como la nuestra. Sé que tomarán la decisión adecuada. El abogado defensor se acerca al jurado. −Señores del jurado, qué bien hablamos de piedad, comprensión, tolerancia, pero que poco piadosos, comprensivos y tolerantes somos con los demás. Al juzgar al señor Scrooge debemos ser indulgentes, ahondar en su pasado, en las causas que le llevaron a ser lo que fue. Si no era generoso con él mismo, cómo lo iba a ser con los demás. Él era el que más sufría; no fue capaz de querer a nadie porque no se tenía el mínimo aprecio. No podemos sentir odio hacia él sino pena. Su sobrino pensó que los defectos de su tío llevaban su propio castigo. Sin embargo, ¿fue Mr. Scrooge el único culpable de su coraza? ¿Intentó alguien acercarse a él, atisbar ese abismo que se agrandaba y le consumía, impidiéndole ser libre? Porque si alguno de ustedes piensa que lo era, se equivocan; sus pensamientos, sus ideas, estaban encadenados con grilletes a una enseñanza austera, rígida, cruel. ¿Tuvo el señor Scrooge la culpa de que no le hubieran mostrado cariño ni amor en su entorno familiar? No, creo que no, y ahora es el momento en que se puede hacer justicia. Él ya nos demostró que había cambiado al final del cuento. Sé que aquí se le juzga por su vida anterior, pero agradecería que considerasen su arrepentimiento y rectificación de conducta. Sé que ustedes serán justos. Han pasado cinco horas. Entran en la sala el señor Scrooge, su abogado y el fiscal. Luego, los miembros del jurado. −En pie −dice el alguacil. Todos se ponen de pie. Entra el juez. −¡Siéntense! ¿Tienen ya el veredicto? −Sí, señoría. −¡Póngase en pie el acusado! Scrooge se levanta despacio. Sus piernas tiemblan. Se agarra con fuerza a la mesa retorciendo unas manos ya viejas. −Señores del jurado, consideran a Ebenezer Scrooge: ¿Inocente o Culpable? __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 12 de 29 “Camino” Zeneida Pizarro Llevaba mucho tiempo viajando por los caminos. Todos se hacían uno en su memoria. Se habían perdido entre uno y otro y su mirada se extravió entre el polvo y el viento. Cansada y derrotada su esperanza decide poner fin a tan largo andar. –Es inútil- Se dijo –Con este cuerpo tan ajado y mis pies desorientados, llenos de tantas llagas que corrompen el pasado lo mejor es quedarme aquí donde nadie me conoce- . Sentado en una piedra se rasca la cabeza, de ella una cana cae, la coge en su mano, la mira y luego la guarda en su bolsillo. Después de un breve espacio, da un suspiro y decide continuar andando. El bolsillo está roto y a medida que avanza va quedando en el camino, un rastro de cabellos blancos, olvidados y silenciosos. “Hablando con un ciego” Zeneida Pizarro Cómo explicar a un ciego que el mundo es rojo, verde, azul, negro o blanco. Parece complicado, es complicado. En alguna ocasión me lo pregunté, sin embargo, lo dejé aparcado, me pudo más el temor, o un sentimiento de culpa que invade nuestro interior ante acontecimientos así, algo desequilibrados. Hoy, que se me presenta la pregunta, observo mis manos, mis pies, mis ojos. Me doy cuenta, de que, a lo mejor no sería capaz de explicar a un ciego, ni tan siquiera un color. Recordé que conocía a una persona que hace algún tiempo perdió la visión, decidí irle a visitarle y preguntarle, cómo podría yo explicarle los colores a un ciego que jamás en su vida ha visto. Después de largo silencio al final contestó: -Los colores no existen, solo hay en la vida un color, ese color es el negro. La venda que tapó mis ojos y los sumió en la oscuridad-. Con desconcierto le pregunté si bromeaba, que como era posible que hablara así y no me ayudara en algo que podría ser fácil para él. -Hace tres años que perdiste la visión y puedes recuperarla, en cambio son treinta años vividos en total claridad- le dije. La histeria le pudo más, y dando voces me respondió que en su vida jamás había visto colores, que eso era una invención de la humanidad para matizar su existencia. Al salir de allí, decidí caminar y caminar, doblé una esquina y seguí caminando hasta que encontré un banco y me senté para tratar de aclarar la confusión hecha en mi cabeza, no había advertido que junto a mí había otra persona, un hombre con un bastón guía. -¿Tiene usted hora?- me preguntó. -¿Qué?- reaccioné, -Si, si, claro, son las tres y veinte-. En ese momento me di cuenta de que el hombre era ciego. Le pregunté si iba para algún lado y me contestó que si, pero que le quedaba tiempo para seguir respirando el aire, me comentó que asistía a clases de pintura. -¿Cómo, va usted a clases de pintura?- le pregunte con extrañeza, y él con mucha seguridad respondió que si que desde niño le gustó pintar, que se aprendió los colores de una manera muy sencilla, con el amor de su madre, con su vida. Ella le enseñó a respirar para percibir los olores y con ellos a su vez descubrir los colores. -Los sentimientos son un mundo de color- me dijo. -Los sentimientos que guardamos muy dentro de nuestro corazón, junto con el aire que respiramos, con los momentos que vivimos, son los que nos decoran el corazón y según en el estado que estemos así nos pintamos la vida. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 13 de 29 “Mi bodega” Eva Mª Medina Descolocadas, algunas rotas, el líquido derramado y seco; botellas de muerte y olvido. Otras, con moho por fuera, cerradas con tapón de corcho y plástico duro. Selladas, bien selladas, el vino picado desde hace tantos años. Unas, llenas de horas vacías, de palabra afónica, embrutecida. Algunas, las limpio, las coloco en el mejor sitio, donde nada las dañe, para quitarles el tapón y oler; oler creyendo que volveré a enamorarme. Botellas, cada una con su etiqueta, cambiada o superpuesta; la del amor por la del hastío, encima la del odio. Las del dolor, tristeza y rabia, tumbadas boca abajo. Muchas, sin tapones, abiertas, y el líquido mezclándose: pena, miedo, placer. “Sombras” Eva Mª Medina Camino. De noche. En una calle, frente a mí, dos sombras. La oscura, alta, arrogante; la clara, débil. Y yo, más sombra que ellas, detrás. Entonces pienso que deberían salir muchas sombras para abarcar todo lo que somos. Me imagino que algunas de ellas van mudando como lo hacen las serpientes con su piel. Veo que la sombra de la inocencia cambia de color, de un violeta claro a uno más oscuro, con matices, con sombras dentro de sombras. La de la inquietud, sonrojada. La del dolor se endurece; opaca, con menos aberturas. La sombra del deseo, encogida, muda, añeja. Pero hay momentos en que besa sin saber qué pasará, se embrutece como antes, se aferra a un vínculo; soplo de vida, aliento. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 14 de 29 Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. LIBROS PUBLICADOS en soporte papel: “Obras completas en verso hasta acá”, “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):”, “Trompifai”, “Fundido encadenado”, “Picado contrapicado”, “Tomavistas”, “Propaga”, “Ardua”, “Pictórica”, “Desecho e izquierdo”, “Sopita”, “Leo y escribo”, “Del franelero popular”, “Ripio”, “Corona de calor” (poesía); “Las piezas de un teatro” (dramaturgia); “Historietas del amor”, “Muestra en prosa” (cuentos y relatos); “El Revagliastés” (antología poética personal), “Revagliatti – Antología Poética” (con selección y prólogo de Eduardo Dalter). Sus libros cuentan con ediciones electrónicas, así como también sus cuatro poemarios inéditos en soporte papel: “Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo”, “Infamélica”, “Viene junto con” y “Habría de abrir”, disponibles gratuitamente para su lectura o impresión en http://www.revagliatti.net BLOG: http://rolandorevagliatti.blogspot.com PRODUCCIONES EN VIDEO: http://www.youtube.com/rolandorevagliatti “Me hiciste” Me hiciste creer que me necesitabas arriba Me hiciste creer que me necesitabas abajo Arriba y abajo Y con suficiencia Y con desparpajo Arriba y abajo: rodemos. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 19 Página 15 de 29 ALEQS GARRIGÓZ (Puerto Vallarta, México 1986). Empieza su carrera publicando Abyección (2003). Trabajos posteriores son: Luces blancas en la noche (2004), La promesa un poeta (2005), Páginas que caen (2008), entre otras. Premio de Literatura Adalberto Navarro Sánchez 2005, otorgado por la Secretaria de Cultura de Jalisco. Premio de Literatura 2008 de la municipalidad de Guanajuato. Ha publicado poemas en diversos medios impresos y electrónicos de México, España e Hispanoamérica. Figura en una decena de antologías literarias editadas en México. “Día de campo” Dejemos las torres de metal, su nebulosa de esmog, para internarnos en el verde recién inaugurado. Brillando de esplendor los cerros cambian vestiduras, ostentan su plenitud resurgida y lavada. Mira siempre hacia los campos floridos, los arroyos de barro que manan de fuentes tan íntimas, los taciturnos animales pastando dócilmente, los pájaros que improvisan luminosas orquestas. La brisa que unge con leve vestido de joyas nos regala ahora un arco siete veces coloreado: promesa paternal recordada. ¿Y quién dijo que nada florece porque sí, que Dios está ciego, que su voluntad no puede ser hermosura? Recoge un ramo de anís, un puño de fresas silvestres, trae un diente de león para soplarle un secreto; hoy es día de alabar la delicadeza de la espiga y aspirar en cada flor una nueva fragancia. Tu pelo sombrío huele a tierra mojada. Hoy es día para el amor -ese secreto a voces que todos debemos descubrir-. ¡Aleluya!, nuestro canto se desposa con el día. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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