Nº 17. "Horizonte de Letras"

 

Embed or link this publication

Description

Revista digital de creación literaria, editada por la Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


p. 1

Revista digital de Creación Literaria, de literatura y de opinión Editada por Enrique Eloy de Nicolás Sumario Editorial (pág. 3) Relato (pág, 4) Microrrelato (pág. 12) Foto-relato (pág. 14) Poesía (pág. 16) Opinión (pág. 20) Lectura escogida (pág. 21) Entrevista (pág. 24) Publicaciones recibidas (pág. 28) Entrevista a Juan Enrique Soto, con motivo de la reedición de su novela “El silencio entre las palabras” . EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 2

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 2 de 33 Fundada en 2009 Nº 17 Marzo-Abril de 2013 EDITORIAL RELATO “El Peñón de Gibraltar”, de Marisa González “Listo y educado”, de Fernando José Baró “Bailarinas de Gattiakvisalah…”, de Peregrina Varela MICRORRELATO “Redada” y “Yo”, de Eva Eva María Medina “Un número”, de Mª Dolores Piña FOTO-RELATO “El sustituto”, de Enrique Eloy de Nicolás POESÍA “Un amour de Shann”, de Rolando Revagliatti “Qué tristeza tan triste tiene la tristeza”, de Zeneida Pizarro “La caricia ausente”, Gema García “Las palabras”, de Javier Úbeda OPINIÓN “Sobre banqueros y otros pájaros”, de Montevetti LECTURA ESCOGIDA “Memorias de África”, de Isaac Dinesen. Crítica de Javier Úbeda ENTREVISTA Juan Enrique Soto, reeditada con motivo de la publicación de su novela “El silencio entre las palabras PUBLICACIONES RECIBIDAS __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 3

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 3 de 33 Editorial Las noticias se amontonan en diarios e informativos, día a día; casi siempre malas, casi siempre perversas, pero siempre noticias -al fin y al cabo,- que nos sorprenden. Son tantas las informaciones de políticos corruptos, jueces que no cumplen con su trabajo, y familias reales que recuerdan a aquellos monarcas y señores feudales de la Edad Media -que ahogaban a sus súbditos con más y más impuestos para ellos vivir cada vez con mayor opulencia- que uno ya no sabe qué hacer. Y es que las opciones son pocas cuando ya tienes una edad y te falta preparación. Lo único que nos queda es lamentarnos de no ser jóvenes de nuevo, para partir hacia un destino lejano en el que poder vivir con decencia y olvidar la bazofia que nos rodea. A pesar de todo, el número 17 de nuestra revista llega puntualmente (esta vez sí) a vuestras manos. Llega con nuevas incorporaciones, desde Argentina a España, con nuestros colaboradores habituales y con dos nuevos fichajes pertenecientes a la Asociación Literaria “Verbo Azul”, los cuales nos honran con sus escritos. Un nuevo número, sí, recién horneado y especialmente singular. Pues no siempre inauguramos uno con la despedida de un Papa, y creo que será bastante difícil que torne a ocurrir si vuelven a pasar otros casi seiscientos años entre una y otra renuncia. Aunque, alguno, seguro que sí lo veremos. Y si no, tiempo al tiempo. Enrique Eloy de Nicolás . __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 4

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 4 de 33 Relato “El peñón de Gibraltar” Marisa González Pedrito caminaba dando patadas a las baldosas salientes de la acera como si quisiera desprenderlas de su sitio, haciéndolas saltar por los aires. Estaba tan enfadado pensando en su problema que no quería mirar al frente, con las baldosas tenía bastante para desahogar su mal humor. Don Servando le estaría esperando, como a los demás alumnos, para impartir esa asignatura tan odiosa como la Geografía. Su estado de ánimo era ruinoso, ¿qué pasaría con el próximo examen? Seguro que le suspendería por el fallo que tuvo, al no saber a dónde pertenecía el Peñón de Gibraltar, y qué más daría si al fin y al cabo está enfrente nuestro, por eso mi padre dice siempre que son “los andaluces de enfrente” los que viven allí. Todas estas reflexiones se las hacía Pedrito según marchaba al colegio, concluyendo en que al llegar a comer a casa se lo contaría a su madre, a ver si encontraba la solución para no tener que examinarse con Don Servando. No se dio cuenta, en uno de los bancos del parque estaba Miriam, su hermana mayor, hablando con el “macarra”, según le calificaba Pedrito, de Ismael. Miriam era una niña con quince años de pelo negro y ojos verdes que ella se encargaba de resaltar aún más, rodeándoles de una línea negra, maquillaje que daba un aspecto al rostro un tanto diabólico. Totalmente vestido de negro, su figura ya estilizada de por sí adquiría una sensualidad misteriosa que atrapaba la mirada de cualquiera. Miriam estaba dispuesta a ir a una fiesta que se celebraba en la discoteca del barrio, donde se otorgaría el premio a la “Dama Noir” más seductora, pero había un problema y es que Miriam no sabía qué era eso de ir disfrazada o vestida de dama noir y su amiga Cecilia, su confidente preferida, tampoco lo sabía. También existía otro motivo para que Miriam quisiera acceder a ese premio y es que lo entregaría Carlos, más conocido como “El Charlie”, chico atractivo por demás. Con sus diecisiete años musculosos, tez morena al igual que el resto de su piel y cara de boxeador en ciernes, hacía estragos entre el grupo de quinceañeras. Al Charlie no le disgustaba Miriam, se diría que todo lo contrario, pero un chaval como él no podía demostrarlo a las claras, sabía de la admiración que despertaba entre las chicas. Miriam bebía los vientos por el Charlie, pero entre la fama que tenía y su propia dignidad, no la permitían tener mucho acercamiento hacia él, aunque el Charlie, en alguna ocasión había intentado un cierto contacto, sin delatarse mucho, tenía miedo de un rechazo por parte de ella. Miriam por su parte utilizaba a Ismael como nexo entre el Charlie y ella, sin que ninguno de los dos chicos lo percibiera. Salía con Ismael y así podía ver al Charlie, hablar, coquetear y estar en el cículo de amistades que frecuentaban. En definitiva, era como si salieran todos juntos. Miriam habló con su amiga Cecilia sobre la vestimenta de la fiesta, pero ésta tampoco sabía qué era la dama noir . El tal concurso se estaba complicando, claro está que el que sí lo sabría, tendría que saberlo por obligación sería el Charlie. El miedo al ridículo le impedía preguntarle ¡qué pensaría de ella! , seguramente la tacharía de inculta o de poco salir y entrar del barrio, de no tener ni idea de las cosas de otros países, porque a Miriam le habían llegado noticias de que eso venía de fuera de España. Se atrevió hablar con su prima Adela, una chica muy instruida, sacaba buenas notas, leía libros, es decir, nada que ver con su rollo. Cuando Miriam le explicó lo que quería, presentarse disfrazada de dama noir , su prima la miró sonriendo y con sarcasmo le contestó: -No se llama noir, se pronuncia nuar y es francés. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 5

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 5 de 33 Al levantarse por la mañana, Pedrito vió el día tan espléndido que hacía. Iba con sus amigos a jugar al fútbol y lo pasaría de maravilla, sobre todo cuando al final del partido se regasen de agua con las mangueras para aliviarse del calor y el sofoco. El partido lo jugarían en el patio del colegio y esto le recordó a Pedrito que tenía que hablar con su madre. Ya sabía todo lo que iba a decirle para convencerla de no examinarse de la asignatura de Geografía, pero no estaba muy seguro de conseguirlo. Al sentarse al desayunar fingió estar triste y cabizbajo, sin ganas de comer. Su madre le preguntó si se encontraba bien, pues le veía muy pensativo. Pedrito contestó con una mirada de gran tristeza que tenía un problema. Su madre se sentó a su lado para escucharle y Pedrito empezó contándole lo sucedido en clase sobre el Peñón de Gibraltar y que Don Servando no creía que aprobase esa asignatura después de lo oído, por lo que no quería examinarse al estar seguro, hiciera lo que hiciera, de suspender. Su madre le contestó: -En la vida hay que tener valentía y ésta la da la confianza en uno mismo, lo cual se consigue enfrentándose a las situaciones que se van presentando en tu camino, si las resuelves saldrás con más fuerza y seguridad que tenías al principio, pero si te retiras sin afrontarlas cada vez serás más cobarde y tendrás más miedo a la hora de solucionar los problemas. Además, también le dijo su madre: -De aquí al examen, no sabemos lo que puede pasar y tu obligación es ir pensando que te presentas y sobre todo estudiar, si en el resto de las asignaturas tienes buenas notas no entiendo tu miedo. A Pedrito se le cayó el alma a los pies, menos mal que había partido, y como decía su madre, faltaba mucho para el examen, de todas formas él seguiría estudiando aún más, quién sabe si cuando llegara el momento, a Don Servando se le habría olvidado lo del maldito Peñón, que no le había traído más que angustia. Tomás, su hermano, el mayor de todos, se levantaba en ese momento y oyó, al menos, el final de la conversación: - qué le pasa al pequeñajo, con lo empolloncete que es. En esta vida, chaval, al que se amilana se lo comen los cuervos, así que ya sabes, tú te presentas y a ver qué pasa. Cuando termines todos los estudios, te vienes con padre y conmigo a trabajar al Peñón y a ganar cuartos.- Pedrito pensó en aquel momento que todavía iba a tener que dar gracias al Peñón por estar ahí, después de todo si consiguiera aprobar iba a ser más valiente, ganaría dinero, pero en el estómago se le producía un vacío raro a modo de nausea cada vez que pensaba en el día del examen. Tomás pregunto por Miriam y su madre le explicó que se estaba preparando el vestuario para asistir a un evento internacional, quería ir muy bien puesta. Tomás se quedo perplejo al oír “un evento internacional” diciéndole a su madre con sorna: -a cualquier cosa le llaman “evento” y si está en otro barrio, “internacional”, aunque con todo lo que ha venido de fuera casi van a tener razón. Miriam estaba nerviosísima, seguía sin saber qué ponerse, su amiga Cecilia ni idea y esa noche era el concurso. Había que hacer algo, por ejemplo comprar un diccionario de francés y averiguar lo que era noir, era imposible, no tenían tanto dinero. Al final, lo mejor sería preguntarle al Charlie, decidieron las dos amigas, pero, quién de las dos se lo preguntaría. Salieron a la calle en busca del ídolo inalcanzable. Le vieron comprando tabaco, aparentaba más edad de la que tenía, tan alto, tan fuerte, tan… atractivo. A las dos amigas se les iluminó la cara según se acercaban: -Hola Charlie, faltan pocas horas para el concurso y estamos tan contentas, dijo Cecilia. Charlie sonriendo contestó: -¿Ya sabéis qué os vais a poner?, tenéis que estar impresionantes, sobre todo tú Miriam, al ser la capitana de las chicas del barrio, ¿o no te llaman así? -Claro que lo soy, por lo que estoy buscado el mejor atuendo, pero no encuentro nada especial. -No tienes que preocuparte, con que vayas con uno parecido al que llevas estarás preciosa, es tu estilo ese color negro que no te quitas de encima y tanto te gusta y a mí también. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 6

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 6 de 33 Miriam sonrió y sintió un calor en las mejillas terrible, acompañado de un cosquilleo que la recorrió de la cabeza a los pies, Charlie casi se había declarado, pidió para sus adentros que no se le notara el rubor, ni el nerviosismo que la entró. Ya no había más que decir, se despidieron de Charlie con un hasta luego y las dos amigas apresuraron el paso, mirándose y riéndose, alegres, todo estaba resuelto, ya sabían qué ponerse y podrían ir al concurso vestidas como la mejor. El lunes amaneció algo nublado como el ánimo de Pedrito, debía ir al colegio y enfrentarse a Don Servando de nuevo. Al salir de casa ya tenía decidido lo que iba hacer. Según bajaba la cuesta, su espíritu se fue reconfortando a medida que recordaba las palabras de su madre, estaba decidido a estudiar lo más posible la asignatura para aprobar, aunque Don Servando se opusiera por la manía que le tenía. Esa mañana al encontrarse con sus amigos a la entrada del colegio, comprobó que estaban un poco revolucionados, por lo visto había novedades. Entraron en clase como siempre y se sentaron, el profesor no había llegado aún. La sorpresa fue cuando se abrió la puerta de la clase y apareció la Directora, Doña Encarna, acompañada de una señorita desconocida para todos y Don Servando con ellas. Pedrito estaba intrigadísimo. La directora les hizo sentarse y comenzó a informarles de que en este último trimestre que quedaba hasta terminar el curso, la señorita Isabel se haría cargo de la asignatura de Geografía, ya que Don Servando debía ausentarse por asuntos familiares, dejando así la plaza vacante. Don Servando dijo unas palabras de despedida y la señorita Isabel otras de bienvenida. Pedrito no podía creer lo que estaba sintiendo, era una sensación de liberación increíble y se dijo a sí mismo que su madre volvía a tener razón, recordando sus palabras: “De aquí al examen, nunca se sabe lo que puede pasar”. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 7

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 7 de 33 Fernando José Baró (Madrid, 1966) Escritor. Anticuario. Colaborador en las revistas literarias Letras de Cuenca (Cuenca), La Fumarola (Leganés), La hoja azul en blanco (Alcorcón), Lusones (Cuenca), Guadiela (Cuenca) y el boletín literario del Café Gijón (Madrid). En Verbo Azul tiene publicado un poemario en 1999, un breve ensayo sobre el desamor en 2004, “En torno al desamor”, más de 100 relatos en cuadernillos de Alcorcón, un libro de relatos presentado en la Feria del libro de Alcorcón en 2005, “Nueva Residencia y otros relatos”, y colaboración en un libro editado por el Café Gijón en conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote, “El Quijote en el Gijón”(2005) así como en el libro “Madrid a Miguel Hernández (Desde el Café Gijón)” (2012). Asimismo ha colaborado en la Semana Cultural de la Villa de Gascueña (Cuenca) donde presentó la obra “Historias de la Alcarria” (2007) “Ensoñaciones” (2008) “Venganza” (2009) “La dama inmóvil” (2010) “Retales” (2011) y “Tomar partido” (2012). Dio el pregón de las fiestas de la Villa de Gascueña el verano de 2008. Ha publicado también junto a otros autores conquenses el libro “Gascueña, luz poesía y pensamiento”. (2008) Fue premiado en Verbo Azul por la obra “Ausencia de ti” (2001) y finalista en el Primer Certamen Literario Verbo Azul por la narración “Cambio de rumbo” (2004). “Listo y educado” Ginés Caballero Delicado había nacido en Madrid en los años de la postguerra. Era según sus padres, sus abuelos y demás familia, sus maestros y las vecinas de la Corrala de Lavapiés en la que vivía, un niño muy aplicado, listo y educado. Tanto su padre Ginés Caballero Bravo –pasante de un abogado- como su madre María Delicado Amor, dedicada a sus labores, eran católicos y de derechas, “como tiene que ser”. Ginés, único hijo del matrimonio, llamado “Ginesito” para diferenciarle de su padre, siempre había sido un niño obediente, respetuoso y buen estudiante. Sacó sus estudios con matrícula de honor hasta llegar al instituto, fue otorgado con varios premios a la aplicación y nunca dejó de ser el primero de la clase. Era un ejemplo de constancia, inteligencia, educación y saber estar entre sus compañeros. Era un pitagorín excesivamente correcto, un cerebrín extremadamente educado. Delgado, bajito, endeble, de cabellos lisos y claros pegados al cráneo sin forma ni ondulación, miope con unas enormes gafas de pasta y gruesas lentes. Se lo sabía todo, su escaparate era lo listo y culto que era, algo que él, asesorado por sus padres pensaba que eran puntos a su favor y ciertamente lo eran en el colegio y posteriormente en el instituto pero no para el día a día, para hacer amigos, para ligar con una jovencita, para la vida en general. Es ahí donde al no tener otros medios, otras defensas, se sentía inferior y recibía la burla constante de chicos y chicas de su entorno. Sus compañeros de escuela le daban collejas, patadas y manotazos en ausencia de los profesores y se mofaban de su apellido Caballero Delicado acorde con su forma de ser. -“Caballero por lo estúpido y educado que eres y Delicado eso eres tú, un caballero delicado, un caballero débil y delicado, un marica”- le decían y tras darle un par de tobas y patadas en las espinillas le dejaban en una esquina llorando. El se sentía mal, distinto al resto, sobre todo cuando su madre en las sobremesas de café con leche y copita de anís con las vecinas se enorgullecía de los apellidos de su esposo, “Caballero Bravo” -decía muy orgullosa María contando lo valiente que fue Ginés, su esposo en la guerra civil, en la cruzada contra las hordas rojas, cuando no había pegado ni un triste tiro- y más si cabe cuando remataba diciendo: “Y yo como sabéis Delicado Amor y de nombre María, como la virgen; delicado amor por Dios y por la Iglesia” remataba la absurda madre de nuestro protagonista. “Pitagorín”, quiero decir “Ginesito”, sabiendo de la burla de sus apellidos Caballero Delicado por sus compañeros odiaba esas pláticas de su madre pensando: “No se da cuenta orgullosa de sus apellidos de lo burlesco que son los míos”. La verdad es que “Ginesito” por culpa de sus progenitores era un estúpido, un idiota redomado, un niño repelente que omitiendo su sabiduría -a veces engreída- sus vastos estudios y su buena __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 8

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 8 de 33 educación no tenía nada más que ofrecer como persona. Los años fueron pasando y tras un bachillerato sobresaliente en notas como mejor alumno del centro y una carrera plagada de dieces, salió de la Facultad de Ciencias Exactas con matrícula de honor en todas las asignaturas. Incluso hablaron de él en el ABC como una promesa en cerebrito matemático de España. mujer, bajar la basura, regar las plantas, ver en casa los programas de televisión elegidos por su madre y Andrea, escuchar la radio que ella y doña María decidieran y acudir todos los domingos y fiestas de guardar a misa, con su madre y su mujer, tras haber madrugado y bajado a la calle a comprar churros y porras calentitos en la cercana churrería de Concepción Jerónima. Desde el día de la boda de Ginés y Andrea, doña María vivía con su hijo y su nuera. Aquello era un matriarcado en el que las dos hacían frente común contra él criticando su falta de ambición, su fracaso como hijo y esposo, su incapacidad para poder tener un hijo –no estaba demostrado, ni se habían sometido a prueba alguna, pero las dos mujeres daban por hecho que era Ginés el estéril- su conformismo laboral, su sangre de horchata… Lo cierto es que carecía de sangre en las venas para dejar de ser un huevón, un cero a la izquierda, un mierda y mandar a su mujer y a su madre a tomar por el culo. Para Ginés su vida era mediocre, lamentable, le asqueaba llegar a casa y cada día era más insoportable que el anterior. Había revuelo en la calle por la noticia de que una prostituta había aparecido degollada en una pensión de la calle de la Espada. Era la segunda mujer asesinada en el barrio tras la fulana a la que cortaron el cuello en la calle de la Encomienda. La prensa informaba de que la policía estaba investigando para detener al autor de aquellos asesinatos, pensaban que era la misma persona y que la gente de bien no tenía nada que temer. Eran cosas de gentuza, líos entre chulos y putas. -¡Castigo de Dios! –decía doña María. Lo tienen bien empleado por dedicarse a esos menesteres. ¡Que vayan a fregar suelos y escaleras las muy guarras!… -Por supuesto que sí –afirmaba Andrea- muy bien empleado por zorras. Ginés seguía su rutinaria vida de profesor, de esposo e hijo sumiso y obediente, de buen cristiano, católico apostólico y romano. Aparecieron al cabo de un mes otras dos prostitutas degolladas, una en la calle Montera y la otra en Carretas. Las cuatro víctimas eran prostitutas entradas en años, asesinadas en la cama, desnudas o en ropa interior, en pensiones de mala muerte y no había ningún testigo que pudiera dar el perfil del sujeto desconocido culpable de aquellos crímenes. No había ensañamiento en aquellas muertes, habían sido degolladas de un tajo certero y despojadas del poco dinero y objetos valiosos que pudieran tener. -o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- A sus cuarenta años, nos encontramos a “Ginesito” casado con una señora mayor que él, abulense de buena y católica familia, de las más ricas del pueblo, llamada Andrea Guerrero de las Altas Torres. Una mujer bajita y gruesa, marimandona, dominante, autoritaria, lo que se suele conocer como un sargento armero. Ginés era profesor de matemáticas en un instituto público. Tanto que parecía que iba a ser según sus padres, familiares, amigos, conocidos y el periódico ABC, tanto que prometía, y era simplemente –no estaba nada mal- un profesor de matemáticas más. María la progenitora de “Ginesito” había hecho una buena relación con Andrea y criticaban a Ginés hijo al unísono. -Tanto que parecía que iba a ser con aquellos estudios tan notables y en qué se ha quedado. En ganar un mísero sueldo como profesor de matemáticas. Menos mal que su padre, mi difunto marido, que tenía tantas esperanzas depositadas en él murió antes de verle ser un fracasado –expresaba María Delicado Amor. -Y tanto doña María –le decía Andrea- si no sirve ni para hacerme un hijo. Porque todas las mujeres de mi familia son muy fértiles, conejas nos llamaban en el pueblo pero usted me dirá doña María con la sangre de horchata de su hijo, que solo emplea su tiempo en estudiar, dar clases y leer el periódico… -Lo sé hija, lo sé. Mi hijo muy listo pero en definitiva un imbécil redomado. No sé a quién habrá salido porque su difunto padre era un hombre de verdad, un hombre en todos los sentidos. ¡Qué cruz nos toca llevar con este chico, Dios mío qué cruz!… “Ginesito” además de su trabajo diario tenía la obligación de hacer la compra -no iba su mujer a subir cargada los cuatro pisos sin ascensor- limpiar los cristales de las ventanas y balcones de aquel inmueble más que centenario de alquiler que daba a la calle Toledo frente a “La Catedral”, llevar el desayuno con tostada incluida a la cama a su __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 9

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 9 de 33 La policía barajaba varias hipótesis: Eran asesinadas por un quinqui solo por el hecho de robarlas o era un maniaco sexual, un perturbado mental el causante de aquellas muertes y los robos eran simplemente para despistar las investigaciones policiales. En la calle había miedo, sobre todo en los marginales ambientes de prostitución. Las fulanas seguían recibiendo clientes pero tomaban precauciones a la hora de subir con un hombre a la habitación de los hostales y pensiones donde ejercían. Ginés leía todos los detalles de aquellas muertes en El Caso -diario especializado en relatar los crímenes y episodios trágicos más escandalosos y desagradables que ocurrían en España- y seguía con interés las investigaciones de la policía y de la guardia civil. Una mañana encontraron muerta, también degollada a una anciana que vivía sola en la calle Colegiata. En esta ocasión la mujer estaba vestida tirada en el pasillo de su domicilio en un gran charco de sangre, la casa había sido revuelta en su totalidad y habían desaparecido las joyas y el dinero. Según el diario este crimen no guardaba relación con los anteriores, se trataba de un robo violento con asesinato incluido, pero todas aquellas mujeres habían sido asesinadas en el barrio, degolladas en el casco viejo de Madrid y había miedo entre la vecindad. Ya no solo la víctima tenía que ser prostituta, cualquier anciana, cualquier mujer se encontraba en peligro ya fuera por un ladrón desalmado o por un degenerado, por un maniaco sexual. A pesar de que la policía intentaba llevar todo este asunto con la mayor discreción, la prensa escandalosa recababa información y daba detalles de los macabros hallazgos incluso recreándolos en viñetas. Al parecer aunque las cuatro prostitutas estaban desnudas o en ropa interior, ninguna de ellas habían mantenido relaciones sexuales antes de su muerte, no había rastro de semen ni en sus cuerpos ni en sus ropas. O era cierto que se trataba de asesinatos con el robo como única intención o por el contrario el asesino era un perturbado mental, un enajenado que odiaba a las mujeres, el sexo o ambas cosas. Al mismo tiempo no era tampoco muy normal que un ratero se arriesgara tanto por tan poco botín ya que ninguna de las asesinadas, incluida la anciana de la calle Colegiata, eran personas pudientes, sino por el contrario gente de escasos recursos económicos. Asesinaron a otra prostituta esta vez en la buhardilla en la que vivía en la calle de la Esgrima. “La Zarcillos” era una fulana de más de setenta años que llevaba haciendo la calle desde los veintiuno, muy conocida y querida por la gente del barrio. Los clientes que tenía solían ser ancianitos que se conformaban con tocarla los pechos o con que los hiciera una paja. Si es cierto que en el barrio siempre se rumoreó que mucho del dinero que ganó de joven –era una ramera muy cotizada- lo había invertido en comprar joyas de gran valor. El Caso además de contar el asesinato detalladamente, esta vez mostró una foto de “la Zarcillos” degollada sobre la cama en bragas y con los pechos al aire. Si tenía o no tantas joyas como se rumoreaba, lo cierto es que los agentes de policía no encontraron ninguna. Una vez interrogados los vecinos, ninguno de ellos había visto nada extraño ni a nadie subir a casa de la casi octogenaria ramera. Ya eran seis los asesinatos cometidos en menos de ocho meses, cinco de ellas prostitutas, todas mujeres de avanzada edad, a todas las habían robado tras degollarlas y a excepción de la anciana de la calle Colegiata, todas habían aparecido desnudas o en ropa interior. La guardia civil se decantaba por que el asesino de las prostitutas fuera un quinqui de poca monta, un tipo marginal que nada tenía que ver con el asesinato de la calle Colegiata. Joyeros, compradores de oro y anticuarios estaban avisados de acudir a la comisaria al menor indicio de venta de joyas de extraña procedencia. Incluso varios peristas, confidentes de la policía, estaban alerta para colaborar en la captura del “Cortagaznates”, apodado así por la prensa sensacionalista. La vida tediosa de Ginés seguía igual que siempre. Tanto su mujer Andrea como su madre seguían humillándole como quien no quiere la cosa en frases y formas de actuar. -Vaya seguridad que tenemos en España –decía doña María- que no logran coger al “Cortagaznates” y eso que al parecer lo lleva la policía científica y la guardia civil. ¡Policía científica! ¿De qué les habrá servido estudiar si no son capaces de atrapar a un quinquillero, a un asesino de fulanas? -No me hable de estudios doña María, no me hable, que el mejor ejemplo del fracaso lo tenemos en casa. Tanto estudio, tan buenas notas, para terminar siendo un maestrillo de matemáticas –afirmó Andrea delante de su marido. “Profesor de instituto, no maestro de escuela”-dijo Ginés sin levantar la voz ni la mirada del periódico. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 10

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 10 de 33 -¡Maestrillo de matemáticas, qué más dará! –volvió a decirle despectivamente Andrea. -Oye Ginés, qué forma de hablar es esa –saltó doña María- ten un respeto por tu abnegada esposa que tiene toda la razón en lo que dice. Faltas de educación no te vamos a consentir ¡Estaría bonito que ahora nos salgas un contestón! ¡Un fracasado es lo que eres, un fracasado! Si te viera tu padre con lo que esperaba de ti, con las esperanzas que depositó en su hijo, si te viera tu pobre padre. Ha ganado con morirse y evitarse este disgusto. La vida mediocre de Ginés seguía su curso día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Un día en el que volvía a casa, terminada su jornada de clases en el instituto, se percató de que había mucho alboroto en las calles cercanas a su domicilio. Preguntó y supo que al parecer acababan de detener al “Cortagaznates”. Al día siguiente en el diario El Caso venía un especial sobre la captura del buscado asesino, una crónica de todos sus crímenes y bien detallada, la muerte de sus dos últimas víctimas, María Delicado y Andrea Guerrero, suegra y nuera degolladas en su domicilio de la calle de Toledo, pocos minutos antes de ser detenido. “El Cortagaznates” era un quinqui miserable que mataba por dinero, no había finalidad sexual en sus acciones, había pasado de ser un vulgar ratero, un delincuente corriente, a convertirse en un desalmado criminal, un violento homicida que había tenido once meses a la policía en jaque. En el suelo de la chabola marginal en la vivía aquel detestable personaje -en las inmediaciones del río Manzanares- se encontraron enterrados muchos de los objetos de valor sustraídos en sus crímenes a sus víctimas y gran cantidad de joyas, algunas de ellas pertenecientes a “la Zarcillos”, dando por buena la leyenda de la gran colección de alhajas que aquella mujer poseía. Al parecer y según el testimonio de Ginés –que fue quien encontró degolladas a su madre y a su esposa en casa no faltaba ningún objeto de valor; sí por el contrario había robado algo de dinero pero poco. El quinqui tal vez asustado por un ruido, una llamada a la puerta o una voz, habría huido raudo por temor a ser descubierto. Los vecinos aseguraban no haber visto nada raro, ni escuchado gritos. Las había matado como al resto de un corte limpio en el gaznate. Pasaron un par de meses desde los últimos asesinatos y la captura del “Cortagaznates” que tras ser juzgado fue condenado a muerte. Ginés, en el salón de su casa lee en la prensa que el quinquillero autor de los asesinatos de su “querida” Andrea y su “adorada” madre ha sido ajusticiado por garrote vil la madrugada del día anterior. Que ha reconocido ser el autor de la muerte de las cinco prostitutas y de la anciana de la calle Colegiata pero que nada tiene que ver con las dos mujeres asesinadas en la calle Toledo. Incluso el cura que lo asistió en sus últimos momentos le pidió reconocer y arrepentirse también de sus dos últimos crímenes pero él en todo momento siguió jurando no tener nada que ver con el asesinato de la calle Toledo. Según su testimonio la suegra y la nuera no eran victimas suyas. Tanto el ABC como el diario El Caso informaban que la policía científica daba por cerrado aquel espeluznante suceso del “Cortagaznates” afortunadamente ajusticiado para la tranquilidad de las prostitutas y las “mujeres decentes” del céntrico barrio madrileño. Ginés se levantó del sillón luego de leer los periódicos, puso en la radio lo que siempre había querido escuchar y nunca tanto su mujer como su madre le habían dejado oír; música pop, rock nacional y extranjero. Lo tenía decidido, se iba a dejar melena, cambiar de gafas, trasnochar tomando cubatas los fines de semana, no quería volver los domingos y festivos a las aburridas misas y se propuso viajar fuera de España en vacaciones –algo que nunca había hecho- asomarse al exterior, conocer otras culturas, otra gastronomía, otra forma de entender la vida… -¡Caso cerrado! Según la policía es caso cerrado – pensó en alto Ginés. Subió el volumen de la radio donde sonaban los Rolling Stones, se acercó al cuarto de baño siempre se había afeitado con la navaja de su padre y llevaba un par de meses haciéndolo con cuchillas desechables de plástico que nada tienen que ver en corte y apurado con las tradicionales navajas de afeitar de toda la vida hechas de acero templado y agudo filo- calentó agua y tras enjabonarse la cara decidió volver a afeitarse con la afilada navaja de su progenitor. Miró al suelo, se agachó y levantando un par de baldosas mal colocadas, cogió la navaja escondida y ensangrentada dentro de una bolsa de plástico transparente. La lavó sin prisas, con agua tibia y jabón y una vez limpia de sangre se dispuso a rasurarse lentamente, disfrutando del momento. ¡Así que listo y educado! Educado no sé, pero listo va a ser que sí –concluyó diciendo Ginés mientras esbozaba una sonrisa de éxito frente al espejo. Madrid, mayo de 2012 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 11

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 11 de 33 Peregrina Varela nació en Caracas-Venezuela. Ha realizado la lectura de la tesis doctoral "Las audiencias de las retransmisiones y programas de deportes de TVG desde 1990 hasta 1996", en 1998. Realizó los cursos de Doctorado en Ciencias de la Información y presentó la tesina Debates e informativos diarios en televisión en al Universidad de Santiago de Compostela. Año 1995. Licenciada en Imagen y Sonido por la Facultad de Ciencias de la Información en Madrid en 1990. Trabaja en el equipo de realización en los Servicios Informativos y de Programas de televisión desde 1991. Dirigió diferentes programas informativos en Radio Negreira y fue redactora de la revista de ámbito gallego Nova Actualidade. Autora de las novelas “Alejandra Alejandra, mujer donde las haya; si señor”, “La señorita Liliam está buscando empleo” y “Zafiro de Noite”. Aurora de los libros de poesía “Amaneciendo” y “Los sueños de una mujer”. Publicados en Internet. También de los libros “Tsunami de rosas” y “Era imposible gritar libertad”. Sin publicar. Ganadora del primer premio de cuento en la Feria del libro de Moreno. Buenos Aires 2010. Obra: Capricho solar. Publicaciones para el Centro Poético de Madrid: “Crepúsculo soñado”, “Caminos inciertos”, “Impresiones y recuerdos”, “Amor eterno”, “Dulce primavera”, “Palabras al viento” “Amanecer solitario” y “Lágrimas de despedida”. “Bailarinas de Gattiakvisalah…” No me es fácil, soy frágil, no dispongo de tiempo ni memoria, ni soy luces con sus desanimadas negras sombras que jamás descansarán en su habitación de color miel. Bailarinas son mis muñecas para salvar su dignidad, también mis ojos, penas y brazos de cristal que juro... no se romperán. En el pueblo de Gattiakvisalah me conocen por mi noble sonrisa de joven consentida y no miente mi gesto porque abracé la vida y ella a mí me ha respondido con un: "quédate mi luz, siempre a mi lado". Por eso respiro, no huyo, porque soy en cierto modo su antojo, su diversión y fe que no muere. Bailo y avanzo, no disimulo para parecer un ser normal, no es caminar sino moverse al ritmo que me impone mi maravillosa admiradora. Son sus pruebas, y no poder decepcionarla, es mi meta porque yo también me complazco mucho en quererla. No me importan saludos, aplausos o besos, sólo sentirme alegre, cantando y contando uno a uno los amigos, porque "vida", como cuesta recuperarse al final de las horas del día de las hipocresías, bofetones, miradas armadas de maldad... Pero bailo y vivo, sonrío y nos reímos ambas de aquellos que viven llenos de cándidas luces y torpes sombras, que jamás reposarán. No quiero mañana mirarme en su mismo espejo adornado de frescas rosas y verme apagada, vieja, sola en medio de la plaza Gatthenbajull. Prefiero ser la bailarina pueblerina y esperanzada aunque me llamen: rara, insignificante e incompetente. Es su mentira, yo soy la que mejor se mueve y no se desespera ante las respuestas de los señores que se encuentra en las cafeterías y tiendas, porque sabe que "la vida" la sigue apoyando y pidiéndole que baile mucho para que otros dejen de respirar su aire. Por eso mis pasos, mi mano que se abre como una paloma en pleno y angelical vuelo, mi moño en trenza, dignidad, pueblo, cama y la ausencia de hombres que dancen a mi lado porque no les quiere “a ellos” ver compartir su existencia conmigo "ella". No aún. Voy derechito, no engaño, no soy santa ni rezo todas las semanas, pero mi danza es una oración y a los gatos de mi pueblo bendigo con la mirada porque me acompañan por las vacías calles empedradas, llenas de carteles con fotos de la ciudad de Gattiakvisalah, con sus cantos: miau, miauuuuúu miao. Me los ha dado la vida y a ellos no les apagaré, con mis soplos, la hermosa sonrisa, porque me han pedido que los adopte, ya que despierto en su corazón el sombreado lado santo gatuno, que sólo consigue “la paz” siguiendo mis pasos, recorriendo mis aceras, golpeando a extraños que preguntan por "ti" para detenerte, cuando bien sabido es que a "doña vida", no se le para ni se le arresta ni se le desespera porque ella es dueña de la tranquilidad de la gente, los destinos y los acontecimientos delictivos que pueden llegar a cometer, bajo su anciano sello, las dulces bailarinas de la muerte, como puedo serlo yo, Bhiernicatillia Whiplipergatthiet. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 12

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 12 de 33 Microrrelato Eva María Medina Moreno. Escritora española (Madrid, 1971). Licenciada en Filología inglesa y diplomada en Profesorado de Educación General Básica, por la Universidad Complutense de Madrid. Con el título del Ciclo Superior en Inglés de la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid, y The Certificate of Proficiency in English, por la Universidad de Cambridge. Tras el Período de Docencia del Doctorado en Filología Inglesa de la UNED, investiga en el campo de la Literatura Inglesa del siglo XX y Contemporánea. Trabajo que compagina con la escritura de su primera novela. Premiada en el I Certamen Literario Ciudad Galdós por su relato «Tan frágil como una hormiga seca» (Editorial Iniciativa Bilenio S.L. 2010). Seleccionada en el V Premio Orola, en cuya antología se incluyó su cuento «Mi bodega» (Ediciones Orola S.L. 2011). También han publicado sus relatos en revistas literarias digitales e impresas de España, Estados Unidos, Argentina, Chile, México y Venezuela, como Letralia, Cinosargo, Almiar, Groenlandia, Narrativas, o Solaluna. La revista de creación literaria La Ira de Morfeo ha hecho un número especial con algunos de sus cuentos. “Redada” Íbamos con palos a terminar con el ruido traidor. Vimos a un niño escondido detrás de los contenedores de basura, con un reloj pequeño en su mano. −Dame el reloj −le dije. −Es mío, yo lo encontré. −Su mecanismo se ríe de ti, de todos nosotros. Hay que terminar con ellos, nos están contaminando con sus minutos, nos adormecen con sus cuartos, las horas nos ahogan. Créeme, tú eres pequeño y sabes menos de la vida, yo ya he pasado por muchas dictaduras de esferas y manillas que ahora estarán oxidadas. −¡Libertad, libertad! −gritaban los aliados−. ¡Abajo los relojes, muerte a los relojes, muerte al tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo! Mis manos se acercaron al niño, hacia sus manos, luego subieron al cuello. El niño gritaba. Rodeé su cuello con suavidad. Gritos más profundos. Las manos se desligaron de la mente, y ya no sabía si presionaba o no. La voz débil de su garganta infantil me contestó. No la escuché, seguí, seguí, hasta oír un cuerpo contra el suelo. Cogí el reloj, lo tiré al suelo y lo pisé, oyendo mi grito: ‒¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo! “Yo” Que me ahogo sin poder escribir una línea, me esbozo y me invento cada día. Me como, me devoro y me río. Opresora de mi propio yo, que crece y pide explicaciones. Habiendo sido dictadora, debo ahora cortar las cuerdas. Mis pequeñas Evas estiran piernas y brazos; habrá que enseñarles a andar. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 13

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 13 de 33 “Un número” María Dolores Piña Cegada la visión por la polvareda constante, causada por las continuas e incesantes explosiones de minas, morteros y ráfagas de ametralladoras. Avanzo a ciegas sorteando como mejor puedo los cadáveres, que han quedado esparcidos a lo largo y ancho del camino, un camino que ignoro dónde me lleva. Enarbolo una bandera que pusieron en mis manos, y que el viento de cara, la hace ondear fuertemente hacia mis espaldas, dificultándome el paso para continuar hacia ninguna parte. Un constante martilleo de sienes paraliza mis piernas, provocándome una terrible sensación de cobardía. Mis vestiduras de guerra comienzan a sudar sangre, por poros abiertos a golpe de metralla. Caigo aterrada al suelo, al tiempo que el pendón resbala de mis manos, llevado por el viento hacia retaguardia. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 14

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 14 de 33 Foto-Relato “El sustituto” Enrique Eloy de Nicolás Todo lo que siento en estas horas demoledoras es reflejo de lo que ha sido mi vida. El entorno en el que me veo envuelto me lo dice. Siempre tuve la certeza de no estar haciendo lo debido, de no ser como el resto de las personas, de no regirme por las mismas normas. Pero nadie me lo dijo. Tengo la impresión de que podía haber tenido alguna oportunidad, aunque sólo hubiera sido una. Ahora lo veo imposible. Ya no sé cómo hacerlo. Tampoco me dejan. Quisiera no sentir el odio que siento por algunas personas y que sentí por otras. Quisiera quererles como quise a mi madre hasta aquel fatídico día. Aquel día en que todo se me tornó gris y mi vida se desplomó en un abismo sin fondo, del que ahora, con ayuda, parece que voy a salir. Las personas que me conocen saben que, en el fondo, soy como ellos, aunque no quieran reconocerlo. Los mismos gustos, las mismas ilusiones, la misma vida... Aunque yo no haya sabido vivir la mía. Al final todos somos parte de esta sociedad inventada que nos hacen creer que es la mejor y que compartimos, nos guste o no. Y ahora me doy cuenta de que todos tenemos cabida en ella, de que nadie sobra... Ni siquiera yo. Ahora tengo más ilusiones, más proyectos que emprender, más ganas de vivir que nunca. ¿Y por qué ha de ser de otra manera? Eso no depende ya de mí. Depende de los demás. De todos. Mientras escribo estas líneas, reivindicativas, exigentes en cierto modo, creo que todo lo que hice me ha servido de mucho. Me ha ayudado a aprender, a ver las cosas de un modo más humano. Seguramente más humano de como lo ven muchas de las personas que ahora presumen ser mejores que yo, de saber vivir mejor, de saber compartir mejor. Pues ahora quiero vivir mejor, quiero ser mejor, quiero compartir y hacer muchas cosas que jamás me han dejado, ni he tenido oportunidad de hacer. Me cuesta trabajo expresar la tristeza que siento, al saber que muchos de los que decían ser mis amigos ahora se apartan de mí. Niegan conocerme. Igual que Pedro negó conocer a Cristo tres veces consecutivas. ¿Se avergüenzan de mí? ¿Por qué? Ellos tienen más cosas de las que avergonzarse que yo. Seguramente hay cosas que no sepamos que han hecho, totalmente deplorables y, sin embargo, ellos son mejores porque así lo creen. Sí, sólo por eso. Es fácil juzgar a los que nos rodean por un simple hecho. Pero jamás nos paramos a juzgar los nuestros. Yo, sin embargo, ya lo hice; y no encuentro culpa alguna en mis actos. Tuvo que ser así y así fue. Recuerdo mi infancia vagamente, con lagunas que hacen que me esfuerce sobremanera. Mi mente trabaja a destajo intentando traerme aquellos recuerdos apagados que debieron ser felices. Pero no puedo asegurarlo porque no los veo. Sólo sé que amaba a mi madre, aunque ese amor no estuviera del todo correspondido. Supongo que son imaginaciones mías, fruto de esta memoria que se ha vuelto vaga y desleal. Supongo que mi madre me quería también, como cualquier madre a su hijo; aunque su amor estuviera por debajo del mío. Y en eso creo. No le pido más a mi memoria, me conformo con eso. También quería a mi hermana, cuyo último recuerdo que tengo de ella es aquella pequeña cicatriz que se hizo en la rodilla y que yo, con tanto esmero, le lavaba y curaba todos los días. Y a mi padre. También quería a mi padre, aunque él nunca me quiso de verdad. Lo quería a pesar de todo, de eso también estoy seguro. ¿Y mi adolescencia? ¿En qué rincón de esta mente trastornada está almacenada mi __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

p. 15

“Horizonte de Letras” Nº 17 Página 15 de 33 adolescencia? Aquella primera y única novia que tuve de la que sólo recuerdo su rostro, sus ojos verdes, su sonrisa. Eso sí lo recuerdo. Pero no puedo recordar si fui feliz con ella, ni muchas de las cosas que hicimos juntos. Maldigo esta infiel memoria mía por no permitirme rememorar aquellos tiempos. Quiero recordar y no puedo. Quiero que por mi cabeza pase toda mi vida y así tener a lo que aferrarme. Y ahora, ¿en qué me he convertido? ¿Qué clase de monstruo han creado sin mi consentimiento? Porque eso es lo que piensan de mí. Aunque no todos, estoy seguro. Quiero pensar que, al menos, hay una persona que sigue viéndome como soy realmente, queriéndome e intentando protegerme desde allá arriba, donde quiera que esté. Quiero y deseo pensarlo. No quiero estar solo en estos momentos. Sólo me queda ella. ¡Qué corto se me ha hecho ésto! El tiempo vuela, no hay duda. Pero para mí, ese tiempo ha sido ficticio, engañoso. Quisiera comenzar de nuevo, yo solo si es preciso, sin la ayuda de nadie. Pero comenzar. Muchos de los errores que cometí, no volvería a repetirlos. Aunque no me arrepiento de algunas de las cosas que hice. Probablemente volvería a hacerlas sin pensarlo. ¡Comenzar! ¡Qué palabra más sugerente! ¡Qué palabra más terrible, viéndola desde este punto de vista en el que me encuentro! ¿Por qué todo tiene que ser así? ¿Por qué tenemos que vivir esta mierda de vida que nos hemos inventado? ¿Por qué no puede ser todo más fácil? Ahora, mientras escribo estas líneas, echo tantas cosas de menos. No escribo con el afán de que alguien lo lea y sienta pena. Ni tampoco como legado de lo que fue mi triste vida. Simplemente me hace sentir mejor, hace que vea mi situación de otra forma. A veces tengo que tachar algo que no se entiende, debido al traqueteo del furgón. Es difícil escribir aquí dentro. Los demás me miran con cara de asombro, como a un bicho raro, preguntándose si no seré consciente de a dónde voy. Por supuesto que lo soy. No tengo ninguna duda. Lo sé desde hace tiempo y me ha costado mucho aceptarlo. Muchas noches en vela, pensando... Pero siempre queda una última esperanza. La misma que ahora me invade. Porque tengo muchas cosas que hacer ahí fuera. Estoy muy agradecido al policía que va a mi lado por haberme dejado estas hojas y el lápiz con el que escribo. Ha sido un detalle bonito, que siempre recordaré. ¡Porque sé que voy a recordar! Sé que aquí no acaba todo. Todo está por llegar. Todo está por empezar. La vida hemos de cambiarla entre todos, todos somos necesarios. También era necesario mi padre. Lo que pasa es que yo lo maté, cuando incendió nuestra casa con mi madre y mi hermana dentro. Y no es que esté arrepentido por ello, pero todo hubiera podido ser diferente. Hubiera muerto de todas formas, aunque yo no lo hubiera matado. Habría sido ejecutado en esa maldita silla, con una fuerte descarga eléctrica. Y ahora, sin embargo, soy yo quién va a ocupar su sitio. Soy yo quien se dirige a esa muerte desagradable, a recibir esa descarga de no sé cuántos voltios. A morir como un asesino despiadado y cruel. Yo voy a sustituirle. Y todo por su culpa. Yo, su hijo, que actué lleno de dolor que se convirtió en un odio atroz hacia su persona. Odio que me hizo volver loco y coger aquel olvidado hacha, con el que le destrocé la cabeza... No pude evitarlo. Tenía que hacerlo. Siento en mi interior un desahogo, una tranquilidad eterna y una tristeza infinita, que me hace querer vivir más que nunca. Ahora sólo espero que esa esperanza fiel, que no me ha abandonado durante estos dos años, no se canse de mí en este último momento, que tanta falta me hace. Espero que me permitan comenzar de nuevo, con una postrera llamada telefónica que haga que esa maldita silla, imperturbable, quede solitaria e inactiva. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

[close]

Comments

no comments yet