Nº 14. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria, de literatura y de opinión Editada por Enrique Eloy de Nicolás Sumario Editorial (pág. 3) Relato (pág, 4) Microrrelato (pág. 8) Foto-Relato (pág. 10) Poesía (pág. 12) Opinión (pág. 15) Lectura escogida (pág. 17) Entrevista (pág. 19) Publicaciones recibidas (pág. 21) Entrevista a Omar Lara, un poeta fundamental de Chile EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 2 de 25 Fundada en 2009 Nº 14 Septiembre-Octubre de 2012 EDITORIAL RELATO “Aburrimiento”, de Eva María Medina “La bibliotecaria”, de Javier Úbeda “Un día, por fin”, de Enrique E. de Nicolás MICRORRELATO “Deterioro”, de Eva María Medina “Yo”, de Eva María Medina “Embriagar los sentidos”, de Dolores Otálora FOTO-RELATO “Hacia atrás”, de Virginia Ricart POESÍA “Estrella apagada”, de Gema García “Te quiero tanto, tanto…”, de Javier Úbeda “Quise más…”, de Noris Roberts OPINIÓN “Factor educativo”, de Delfina Acosta LECTURA ESCOGIDA “Inteligencia emocional”, de Daniel Goleman. Crítica de Ángel Luis Sarabia ENTREVISTA Omar Lara, un poeta fundamental de Chile PUBLICACIONES RECIBIDAS __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 3 de 25 Editorial Aunque aún en verano, con muchos de vosotros todavía de vacaciones, disfrutando de un descanso merecido y ansiado; un nuevo número de “Horizonte de Letras” se pone en marcha. Y lo hace con la pretensión de deleitar nuestros corazones y de evadirnos de tanta prima de riesgo que nos hace oler los aromas de un inminente rescate de Europa, de tantos índices bursátiles por los suelos, de la larga e incontenible lista del paro, de tantas huelgas de hambre de aquellos “angelitos” encarcelados por asesinar impunemente en favor de no sé qué “libertad del pueblo Vasco”, de padres que asesinan a sus hijos por despecho e intentan hacerlos desaparecer en crematorios caseros, de incendios miles provocados por canallas que en nada estiman nuestras vidas ni las de aquellos que han de venir… Un nuevo número que nace, en definitiva, para hacernos olvidar, para que descansen nuestras maltrechas mentes y para que nos adentremos en mundos imaginarios donde la felicidad sea más alcanzable, más reconocible, y donde podamos dar rienda suelta a nuestra imaginación. Por ello, os invito a que os asoméis a esta humilde ventana y lo intentéis, al menos eso. No podremos solucionar los graves problemas en los que estamos envueltos, pero –seguro- se atenuarán, y parecerán menos graves mientras recorremos los mundos imaginarios creados por aquellos que han colaborado en este número. Al menos, esa es la pretensión. Enrique E. de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 4 de 25 Relato Eva María Medina Moreno. Escritora española (Madrid, 1971). Licenciada en Filología inglesa y diplomada en Profesorado de Educación General Básica, por la Universidad Complutense de Madrid. Con el título del Ciclo Superior en Inglés de la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid, y The Certificate of Proficiency in English, por la Universidad de Cambridge. Tras el Período de Docencia del Doctorado en Filología Inglesa de la UNED, investiga en el campo de la Literatura Inglesa del siglo XX y Contemporánea. Trabajo que compagina con la escritura de su primera novela. Premiada en el I Certamen Literario Ciudad Galdós por su relato «Tan frágil como una hormiga seca» (Editorial Iniciativa Bilenio S.L. 2010). Seleccionada en el V Premio Orola, en cuya antología se incluyó su cuento «Mi bodega» (Ediciones Orola S.L. 2011). También han publicado sus relatos en revistas literarias digitales e impresas de España, Estados Unidos, Argentina, Chile, México y Venezuela, como Letralia, Cinosargo, Almiar, Groenlandia, Narrativas, o Solaluna. La revista de creación literaria La Ira de Morfeo ha hecho un número especial con algunos de sus cuentos. “Aburrimiento” Acaban de comer. Él pasea su mirada por la habitación. Su fláccida y pálida barriga asoma por los botones mal abrochados del pijama. Ella mira por la ventana. Entre ellos, una mesa camilla con restos de comida. Al fondo, la televisión encendida. Ella sigue mirando a la calle. Su melena es bicolor; castaño oscuro y rubio platino. Su cara, sin lavar, muestra la opacidad de un maquillaje mal aplicado. Unos labios extremadamente rojos, pintados con un carmín barato. Colillas impregnadas de bermellón saliéndose de un cenicero de cristal. Él se levanta de la silla, y, antes de sentarse en el sofá, aparta unas revistas viejas. Gotas de sudor resbalan en su calva, deslizándose por pelos grasientos de la nuca. Con la manga del pijama se quita el sudor y coge el mando de la tele, pasando de un canal a otro. Mira hacia la pared, donde un reloj redondo, de fondo blanco, cuyas manillas y números son del color del metal, está parado a las cuatro. Le divierte imaginar que funciona. Todos los días se pone frente a él antes de la hora, y siente el minuto que transcurre desde las cuatro como el único real en su vida. Ráfagas de un aire cálido mueven las cortinas. Ella retira platos y cubiertos con el antebrazo, y saca del bolsillo de la bata unas cartas desgastadas. Empieza su solitario. Él fija la vista en un ventilador que está en el suelo; las aspas metálicas giran lentamente. El hombre le pregunta a la mujer por la llave. La mujer le contesta, con desgana, que la busque. El hombre se levanta con pereza del sofá y se acerca a la mujer. Le vuelve a preguntar por la llave. Ella le dice que busque, y le canta: « ¿Dónde está la llave matarile, rile, rile?». Él, «Si no me dices dónde está…». «¡Qué! ¡Qué vas a hacer! ¡Qué coño vas a hacer tú!». «Dime dónde está», dice él. Ella se ríe, lo insulta. Él vuelve a preguntar. «Busca, busca», se oye. Las manos de él sobre sus hombros. «¿Qué pasa? ¿Acaso me vas a estrangular? ¡Anda aprieta! ¡Aprieta cobarde!». Unos dedos gordos agarran su cuello. «¿Me lo vas a decir?». Las manos presionan con fuerza. «¿Dónde está?». «Adivina», dice ella con voz apagada. El hombre aprieta más fuerte. «¡Me lo vas a decir, hija de puta, me lo vas a decir!». El cuerpo de la mujer cae al suelo, inerte. Él se sienta en el sofá. Imágenes en la pantalla. Mira el reloj. Espera a que sean las cuatro. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 5 de 25 Javier Úbeda Ibáñez nació en Jatiel (Teruel, España), en 1952. Es autor del libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras y del cuento Daniel no quiere hacerse mayor. Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. También ha escrito numerosas reseñas literarias, y relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en revistas como Almiar, Ariadna-RC, Fábula (Universidad de La Rioja), Grupo Literaturas, Horizonte de Letras, La Sombra (de lo que fuimos), Letralia (Cagua, Venezuela), Letras (Fuengirola, Málaga), Luke, Narrador o Pluma y Tintero, entre otras muchas. “La bibliotecaria” María llevaba toda la vida trabajando en la biblioteca de su pueblo, y se puede decir que era una mujer feliz. Desde pequeña, la biblioteca había sido uno de sus espacios preferidos; un paraíso repleto de libros que contenían historias sorprendentes. A la salida del colegio, le pedía a su madre que la llevara un rato a la biblioteca. Se sentaba y abría las páginas de los libros con sigilo y entusiasmo. Al verla, daba la sensación de que estaba abriendo uno de los mejores regalos. Para ella los libros eran una especie de magia para los sentidos, además de construir unos hermosos pasajes a otros mundos, a otras realidades. Esa querencia que sentía por la lectura la heredó de sus padres, ambos ávidos lectores. Cada noche, tenía una cita -imprescindible- con el cuento que le contaba su padre o su madre. Le gustaba escuchar atentamente mientras se imaginaba como protagonista de cada uno de ellos. A través de cada historia notaba cómo se iban abriendo las puertas nuevas y relucientes de su creatividad y de su ingenio. Al principio, le gustaban las historias de princesas, países fantásticos, dragones y duendes; más tarde, se aficionó a las de piratas que vivían en islas perdidas; pero su curiosidad avanzaba a la par que crecían sus afectos por sus amigos los libros. Gracias a ellos María se convirtió en una niña muy inteligente. Desde allí, desde el asiento que ocupaba en la biblioteca, vivía aventuras increíbles; historias que disfrutaba, le emocionaban y sentía como suyas. También aprendía, se divertía y compartía con los demás lo que los libros le transmitían. Y de la silla de la biblioteca pasó a ocupar la silla de la bibliotecaria. Su primer día de trabajo colgó el siguiente letrero en la entrada de la biblioteca: “Bienvenido al hogar de los libros. Pasa, te están esperando”. María se esforzó en convertir ese recibimiento en una realidad y darles a los libros un hogar en el que se sintieran a gusto, en el que fueran cuidados y queridos por todos. Con el tiempo hizo de la biblioteca todo un templo de amor a los libros: organizaba talleres y tertulias, daba charlas a los colegios, confeccionaba listas de los libros más leídos, editaba una revista trimestral, hacía un programa de radio semanal y tenía un blog. Y conocía a la perfección todos los títulos que había en su biblioteca y había confeccionado una lista de ellos no sólo por autores, estilos y géneros, sino que también los había hecho por libros para entretener, reflexionar, aprender, amar, reír, llorar y soñar. Pronto su biblioteca se hizo muy conocida y desde cualquier parte del mundo llegaban personas para visitarla. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 6 de 25 Esta singular bibliotecaria amaba los libros y mantenía con ellos una relación de cortejo constante y deseado por ambas partes. Ese cortejo, casi un sagrado ritual, comenzaba con la elección de los libros que iba a comprar, seguía con su entrada a la librería, donde se podía pasar horas ojeándolos mientras contemplaba sus portadas y leía sus contraportadas. Y, por fin, llegaba el punto más álgido de todo el ceremonial: leerlos, y, una vez leídos, colocarlos en la estantería que a cada cual le correspondía bien ordenados, relucientes, listos, totalmente preparados para ser disfrutados. Cito a continuación una de las frases que ella solía decir: “El hogar de los libros comienza en cada uno de nosotros”. Porque cuando se abre un libro, éste ha encontrado su morada en la persona que lo está leyendo. “Un día, por fin” Enrique E. de Nicolás Siempre había imaginado que el día en que llegara el fin del mundo sería un día especial, y que todos estaríamos preparados y resignados para lo que tuviera que llegar. Sin embargo nada más allá de mi imaginación. Recuerdo cuando era niño, en la al final del discurrir de la Humanidad. Y es verdad, todos lo creíamos a pies juntillas, sin parar siquiera nuestras mentes en algún lugar donde se pudiera pensar con tranquilidad, sopesando aquellas cosas que nos enseñaban y de las cuáles se suponía que deberíamos estar orgullosos y contentos. Sin embargo, yo sentía miedo. Un miedo atroz que impedía que mi mente infantil e inocente pensara en otras cosas que no fuera en aquel día feliz y liberador en el que Jesucristo nos salvaría a todos de las llamas del infierno. Y la verdad es que jamás nos contaron cómo sería ese final. Supongo que ni ellos lo sabían. Pero mi imaginación se desbordaba: si sería en otro diluvio, en el que todos moriríamos ahogados e inflados como sapos muertos en una charca... O si una lluvia de bolas de fuego, incesante, arrasaría todo lo que aún se mantuviera en pie y a la que estaríamos esperando con los brazos abiertos desde toda la vida... O una peste de índole general, en la que todos iríamos cayendo como moscas, en pocos meses, uno tras otro, con la certeza de que todo se estaba acabando y con la alegría de que nuestro Catequesis, cómo nos hacían creer en aquel Juicio Final que Dios impartiría al final de nuestros días, __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 7 de 25 próximo destino sería acompañar a Dios en aquel paraíso construido especialmente para ese día... O una de esas plagas narradas en la Biblia, con la que Dios se vengó de aquellos miserables que quisieron oprimir al pueblo de Israel... Mi vida fue siempre paralela a esas creencias que nos enseñaban en la escuela, y en las catequesis, en la que nos hacían creer sin rechistar, intentando prepararnos para una muerte segura que llegaría en no sé qué día del fin del mundo. Más tarde comprendí que tenían razón en una cosa: nuestro destino era una muerte segura, infalible. Tuve muchas dudas durante mi adolescencia, sobre todo en lo relativo a lo que me habían enseñado de niño. ¿Por qué se iba a acabar el mundo? Llevaba cinco mil millones de años funcionando y no veía porqué se tenía que acabar en un futuro tan próximo. Eso me he preguntado siempre, miles de veces, cuando oía algún programa de radio o televisión que trataba sobre el aburrido tema del Armaggeddon. Incluso ponía en duda que aquellos pobres dinosaurios del Jurásico, ajenos a todo lo que se hablaría de ellos millones de años después, hubieran desaparecido por el impacto de un meteorito caprichoso que eligió este planeta como lugar de reposo. “Y si hubiera sido así –me decía a mí mismo- el mundo no se acabó. Simplemente tuvo un paréntesis”. Estaba claro. Entonces eran más poderosas mis ganas de vivir que la realidad. Anteponía cualquier razonamiento que se me ocurriera con tal de no aceptar que el fin del mundo podría llegar cualquier día. Ahora lo estoy comprobando. Hace unos años, cuando se comenzó a hablar del efecto invernadero, y de la lenta destrucción de la capa de Ozono, y del perjuicio de las centrales nucleares, llegué a pensar que ese sería nuestro verdadero final. O mejor dicho, que esas circunstancias serían las que determinarían nuestro final, las que iniciarían el descenso a un infinito abismo al que todos, sin excepción, estaríamos condenados. Pero tampoco fue así. ¡Qué equivocados estábamos! Por lo menos yo. Pensar que este mundo acabaría de una forma tan... No sé... ¿Natural? ¡No! Eso no podía ser así. Ninguna madre es tan cruel como para asesinar a sus hijos, y la madre naturaleza no iba a ser menos. Ahora, desde esta posición privilegiada, a miles de kilómetros de lo que fue mi hogar y flotando en el espacio, observo lo que fue mi planeta, de color rojo, con su atmósfera envenenada y su forzada soledad. Las terribles armas, enfrentadas en cruentas guerras por intereses demasiado elevados, se encargaron de dejarlo así. Su color azul intenso fue cambiando, con paso lento, por el rojo del óxido y de la desesperación. Un día, por fin, en el que llegó el verdadero final. Ese final que nos venían anunciando desde hacía más de dos mil años y que se ha cumplido, no para que Dios nos juzgue, sino por nuestra debilidad de humanos egoístas y soberbios. Y yo, desde este punto desde el que doy rienda suelta a mi nostalgia, puedo considerarme privilegiado por ser uno de los pocos cientos de humanos que hemos sobrevivido, y a los que el futuro depara una existencia espacial en el infinito cosmos que tengo ante mis tristes ojos, esperando, algún día, poder establecer nuestras vidas en ese planeta azul, que nos contempla, llamado Tierra. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 8 de 25 Microrrelato “Deterioro” Eva Mª Medina Acabábamos de cenar. Hacía tiempo que lo notaba raro. Lo miré. Observaba la televisión con desidia, como si no le interesase pero necesitara esas imágenes ficticias. Bajé los ojos. Me fijé en una miga de pan que había en su plato. Al caer sobre el líquido de la lombarda se había hinchado. Junto a esta había otra; seca, más pequeña. Me pareció estar en un cuarto oscuro; revelaba una fotografía y la imagen iba apareciendo. Éramos nosotros. Él, el trozo pequeño, seco, había perdido esponjosidad y grosor. La hinchada yo, que parecía haberme nutrido con el agua violeta. Éramos dos migas de pan que se iban consumiendo, cada una a su manera. Cogí el plato y lo llevé a la cocina. Tiré las migas a la basura y encima las cáscaras de plátano, pero seguía viéndolas. Saqué restos de comida que puse sobre ellas. Al levantarme, él me miraba desde el marco de la puerta. Se iba a dormir. Sentada en el sofá imaginé cómo íbamos transformándonos. Ahora era yo la pequeña, la que había perdido esponjosidad y grosor, y él, el trozo hinchado, nutrido con el agua violeta. Luego, yo volvía a ser la hinchada, y él la reseca. Éramos dos migas de pan que se iban consumiendo, cada una a su manera. “Yo” Eva Mª Medina Que me ahogo sin poder escribir una línea, me esbozo y me invento cada día. Me como, me devoro y me río. Opresora de mi propio yo, que crece y pide explicaciones. Habiendo sido dictadora, debo ahora cortar las cuerdas. Mis pequeñas Evas estiran piernas y brazos; habrá que enseñarles a andar. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 9 de 25 Dolores Otálora vive en Madrid desde hace unos cuarenta años. Siempre he sido una lectora incansable, hasta que hace unos seis años se dedicó a inventar historias. Relatos salidos de su imaginación. En los últimos dos años ha asistido a un Taller de Creación literaria donde nacen historias realmente mágicas. “Embriagar los sentidos” La luz de la luna cae repentina sobre el lecho dónde dos cuerpos cansados, sudorosos, exhaustos por el embrujo de la noche que suave los envuelve. Se emborracharon de caricias, de susurros, de palabras nunca pronunciadas pero veladamente dichas por dos amantes que se encuentran una y otra vez en el destino de la vida. Envueltos de febril exaltación de los sentidos, acariciándose con la pasión desatada de que será una última vez, el tiempo de amarse es apenas una noche, esta noche dónde se desatan los instintos. Fragmentos de piel con piel. Retazos de besos en el inicio de un amanecer. Satén en las sabanas teñidas de jadeos y susurros. El goce de los cuerpos cubiertos de perlas de sudor, de éxtasis de los sentidos. Entregados los dos en una vorágine de pasión y deseo que nos une en un mágico instante. Sentir beso a beso la ternura de sus labios en un derroche de pasión y entrega. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 10 de 25 Microrrelato “Hacia atrás” Virginia Ricart La ropa pulcramente doblada, la selección de libros, la cámara de fotos a la espera de nuevos escenarios, el vacío que dejan los objetos robados de su posición original. Los pequeños detalles que manifiestan una declaración de intenciones. Se marcha. Se va. Es un adiós, un hasta luego, un ya nos veremos por ahí. No quiere irse, pero quiere menos quedarse. Echará de menos la arena colándose entre los dedos de sus pies, los interminables días de lluvia, los viajes en autobús —línea dieciséis—, los besos furtivos en algún bar de la Ruta, las risas incombustibles junto con su vodka naranja. Las echará de menos a ellas, y también a ellos: las tardes cronometrando minutos en la sala de estudio, las partidas sin vencedores a la videoconsola, los planes de cada sábado y cada viernes y algunos jueves. También las madrugadas sin dormir, el sol saliendo a saludarla cuando vuelve a casa. La infinidad de momentos que representan su vida entera y están ocultos en diferentes rincones de la ciudad. Echará de menos vivir entre dos ciudades, la media hora leyendo en sus viajes de autobús. Echará de menos muchas cosas. Echará de menos echar de menos. —Ojalá no te fueras todavía —le dice su mejor amiga, mientras cierra la maleta, con aire impenetrable de decisión y recibe un repentino abrazo, que devuelve primero sorprendida y luego con ternura. Nunca se le han dado bien las despedidas. Nunca se le ha dado bien separar las partes que conforman su vida. —No me puedo quedar, mi vida está esperándome al otro lado de ese vuelo — contesta, frotando la espalda de su mejor amiga antes de romper el contacto. Suelta un suspiro, ligeramente sobresaltada al ser testigo de la desnudez de la habitación en la que se ha convertido en quién es. Se deja muchas cosas. Lleva consigo lo que más quiere, lo que le inspira y le emociona. No necesita mucho. Construirá un universo paralelo en la habitación compartida de la residencia. La empapelará con nuevas historias, la decorará con nuevos sentimientos y la llenará de nuevos suspiros de anhelo, de sonrisas que resuenan sobre el eco de las cuatro paredes y de versos que camuflan palabras silenciadas por la cobardía. Tiene tanto por hacer, tanto por vivir. Tanto. —¿Te has despedido? —pregunta su mejor amiga, mirándole con un gesto severo, como el de una madre. No necesita preguntar a quién se refiere para saber de quién habla. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 11 de 25 —No —responde con sinceridad. —Aún quedan muchos asuntos pendientes entre vosotros —le señala su amiga, mirándola con gesto comprensivo, empático, sabiendo cada línea de esa historia de memoria. Comprendiendo, entendiendo, sabiendo cómo solo puede hacerlo una amiga de las que perduran por todas las etapas de una misma vida. —Siempre quedan asuntos pendientes entre nosotros —responde ella, e intenta quitarle hierro al asunto, como si solo se tratase de una tontería infantil y carente de importancia. Como si fuera todo lo contrario de lo que es en realidad. —¿Por eso te vas? —Por eso no me quedo. La sonrisa de su mejor amiga pone fin la conversación. Cierra la maleta y saca sus cosas empaquetadas hacia la entrada del piso de sus padres. La casa que la ha visto crecer, madurarse, enamorarse, perderse y levantarse. El único hogar que ha conocido, del que ahora se despide. empezar el juego. Pero las cosas habían dado giros que ninguno de los dos habían sabido prever y les había conducido por caminos por los que no sabían guiarse. Se habían perdido queriendo perder, sin saber si, por una vez, podían atreverse a ganar. A quererlo, a intentarlo, sin temor a fallar. Sin temor a fracasar. Creyendo, intentando, luchando. Solo le hablan sus ojos y lee en ellos las palabras que ninguno dirá en voz alta. No dirá quiero dibujar mapas en tu piel. No dirá quiero ser el único reflejo de tus ojos. No dirá quiero. No dirá lo siento, pero lo pensará cada día que recuerde ese momento. Se acordará todas las veces que se quede con las ganas. Todas las veces que se ahogue en las palabras que esconde su garganta. Luego dirá era solo un juego. Dirá no me importa. Dirá estoy bien mientras reprime las ganas de llorar y esconderse en la almohada del mundo entero. Dirá nunca busqué que me dijera «quédate». Dirá nunca quise perderme en su piel, nunca soñé con sus ojos incluso cuando ya estaba despierta. Mentirá, pero no al resto, sino a ella misma. Su padre guarda con ligero esfuerzo la maleta dentro del maletero del coche cuando le ve. En ese momento, con la respiración entrecortada por la sorpresa, solo es capaz de pensar que podría reconocer sus ojos entre cualquier multitud. Si en una sala pudiera caber toda la población mundial sabe —sin temor a equivocarse— que le encontraría entre el resto. Porque una parte de ella entiende que sin él el resto del universo parece carecer de sentido. Y quizás porque odia esa sensación, porque no quiere sentirse débil, vulnerable y manejable por esos sentimientos que no entiende, que no sabe controlar, huye. Quizás sea ese el motivo por el que se marcha lejos, porque quiere demostrarse a sí misma que sigue siendo capaz de controlar su vida. Que su propio universo no gira alrededor de sus ojos. Mira al suelo, cohibida, nerviosa. Su padre intuye la escena que acontecerá frente al portal de su casa y decide que es un buen momento para desaparecer. Ella alza los ojos, temerosa aún por las palabras que encontrará, más aún por el silencio que quizás le toque recordar en el avión. Nunca fue importante. Nunca fue serio. Era algo destinado a fracasar, algo que ambos buscaban que triunfasen. Se habían acostumbrado a perder y habían aceptado el resultado negativo antes de Él no dirá más que esa mirada que refleja el miedo a equivocarse. Ese miedo que comparten. Ese miedo que se traduce en realidad. No querer equivocarse, buscar el resultado perfecto, les empuja a cometer errores insalvables, sin solución, que queman la piel y dejan la marca hasta el último suspiro de vida. Errores como éste. Quizás algún día se encontrarán por la calle y se sonreirán con cortesía, cohibidos por la presencia del otro. Ella le contará su mejor amiga con una sonrisa jovial ¿a que no sabes a quién me he encontrado? Él le dirá a su primo ¿te acuerdas de aquella chica que fue al extranjero hace unos años? Acabo de verla. Y hablarán, tranquilos, con calma, sin darse cuenta, el uno del otro. Y su mejor amiga dirá él quería que te quedases. Su primo confesará que ella necesitaba quedarse a tu lado. Podría funcionar entonces. Quizás. Mientras tanto, solo puede hacer una cosa. Irse. Irse y, sobre todas las cosas: no mirar hacia atrás. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 12 de 25 Poesía “Estrella apagada” Gema García No pretendo descifrar lo indescifrable. No es mi intención saber más que nadie. Ni siquiera aparentar lo que no soy... No quiero ser diosa de ningún cielo. Me conformo con poder mirarlo, saber que existe, que es cierto, ese cielo que catalogan de sentimiento. Tan sólo quiero ser estrella de ese cielo. Con esa luz perdida en el universo, allá tan lejos, y poder mirar desde allí, sí, muy lejos, siendo luz, viendo luz, no un simple reflejo. Observar lo que con la mirada me señala, sin pedir explicaciones, sin pedir a cambio nada. Ser tan sólo condimento de las noches estrelladas, ser recuerdo y olvido de esas fugaces miradas. ¡Cuánto cielo tan inmenso para esta estrella apagada! ¡Cuánta soledad ahogada en las noches estrelladas¡... No pretendo ser viento poderoso, arrasando y despojándome de todo, no cerrar la puerta para siempre del cielo con el que sueño de ese modo. Tan sólo quiero ser estrella de mi cielo, de mi sueño, del que no es arrasado por el viento, por los lamentos... del que con miedo imagino, de éste, mi sueño, mi cobijo... Mirarme cada noche en el espejo de la luna, ver en el reflejo de mis ojos el amor que me inunda. Beber luz, siendo y respirando luz..., y no ser la estrella apagada que siempre fue negritud... ¡Cuánto cielo tan inmenso para esta estrella apagada¡, ¡Cuánta soledad ahogada en las noches estrelladas¡ 20 de diciembre de 1997 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 13 de 25 “Te quiero tanto, tanto” Javier Úbeda En la lejanía y en la cercanía, desde cualquier lugar, viajo por el océano selvático de tus ojos, me detengo en las tiernas montañas de tus labios y acaricio tu cuerpo de sabrosas amapolas. Junto a tu piel florecida de antojos y el tacto sedoso de tus manos me silba el alma. Te quiero tanto, tantísimo, que me gustas despierta y dormida, por la mañana, a media tarde y por la noche, cuando en tu mirada se reflejan lunas o mieses. He caminado a través de mil vidas hasta dar contigo. Por fin, te encontré. Ahora, quédate conmigo, instálate en mis deseos. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 14 de 25 “Quise más…” Noris Roberts Quise más que extender mis alas Más, que los caminos de tu aliento Más, que estos distantes y amargos recuerdos Quise más que quedarme recostada escribiendo mis versos, sin embargo, no encontré libertad ni en las yemas de mis dedos Quise más… __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 14 Página 15 de 25 Opinión Delfina Acosta, nació en Asunción ( 1956 ), pero su infancia y su juventud pertenecen a Villeta, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Su primer poemario Todas las voces, mujer... obtuvo el Primer Premio ‘Amigos del Arte‘. En relación con este libro cabe mencionar que el mismo figura entre las obras más consultadas de la Biblioteca Virtual de Cervantes. Integró durante mucho tiempo el Taller de Poesía "Manuel Ortiz Guerrero" y dio a conocer algunas obras poéticas en publicaciones colectivas del citado Taller. Publicó el poemario La cruz del colibrí, que lleva prólogo de la poetisa Gladys Carmagnola. Reunió sus cuentos, que obtuvieron premios y menciones en concursos literarios en el libro El viaje. Su obra Romancero de mi pueblo ganó el segundo premio ‘Federico García Lorca‘. Romancero de mi pueblo lleva prólogo del crítico y poeta Hugo Rodríguez-Alcalá. Dio a conocer un poemario llamado Versos esenciales, dedicado íntegramente a honrar la memoria del gran poeta chileno Pablo Neruda. Fue presentado al público paraguayo en 2001, en la embajada de Chile en Paraguay. Varios ejemplares del poemario se encuentran en exposición permanente en la casa museo Isla Negra. El PEN Club del Paraguay otorgó al libro el Primer Premio destacando su elevado vuelo lírico y su lenguaje universal. Su último libro, que edita Portal de poesía, lleva el nombre de Querido mío y es bestseller en Asunción. Ha recibido el premio ‘Roque Gaona 2004‘. Sus obras (cuentos y poesías ) están incluidas dentro de numerosas antologías nacionales y extranjeras. Es columnista del diario ABC Color; hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural del mismo diario. Actualmente dirige el Taller de Poesía de la Universidad Iberoamericana. En el año 2007 publicó Versos de amor y de locura, un poemario de amplia difusión. En el año 2009 dio a conocer su libro de cuentos Guía de cementerio. "El club de los melancólicos", que recoge trece cuentos, fue publicado en 2010. Sus obras (cuentos y poesías ) están incluidas dentro de numerosas antologías nacionales y extranjeras. Es poetisa, cuentista, y crítica literaria. Actualmente hace reseñas sobre obras literarias nacionales y extranjeras para el diario ABC Color y dirige el Taller de Poesía de la Manzana de la Rivera. Su libro Todas las voces, mujer..., figura entre las obras más leídas del Portal de Cervantes (España). BLOG: http://www.deamorydelocura.blogspot.com/ “Factor educativo” Mi abuela materna era una mujer que me enseñaba muchas cosas. Tenía ella el don, por así decirlo, de saber observar a las personas. Callada, escuchaba hablar sobre política a sus amigas; la mayoría de ellas no tenían filiación partidaria. No vayan a creer que en su época la situación del Paraguay era diferente a la de ahora. No. Era la misma. O sea que había una pobre educación impartida en los colegios de la capital y del interior del país, y la gente comía mal, y los establecimientos de salud de la campaña estaban pésimamente equipados, y estaba el terreno preparado para multiplicar esta huerta de toronjas y perejiles monstruosos que vienen a ser los políticos de hoy, con excepción de muchos que todavía se mantienen firmes en su compromiso de sacar de la miseria al país. A ella le gustaba gastar su sueldo de maestra jubilada en alguna bebida espirituosa. Era admiradora del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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