Nº 11. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por Asociación de Escritores de Alcorcón "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria, de literatura y de opinión Editada por Enrique Eloy de Nicolás Sumario Editorial (pág. 3) Relato (pág, 4) Microrrelato (pág. 11) Poesía (pág. 13) Opinión (pág. 16) Lectura escogida (pág. 18) Entrevista (pág. 22) Publicaciones recibidas (pág. 24) Entrevista al poeta Joaquín Márquez EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Nº 11 Marzo-Abril de 2012 EDITORIAL RELATO “Dile al silencio”, de Javier Úbeda “Tan frágil como una hormiga seca”, de Eva María Medina “Adiós, mamá”, de Rosa Frías “El cumpleaños”, de Moisés Ramos MICRORRELATO “El baúl de mis recuerdos pesa tanto…”, de Rym Cherifi “Alas”, de Javier Úbeda “La erre”, de Eva María Medina “El último romántico”, de Dolores Otálora POESÍA “Cuando yo viva”, de Gema García “A tientas”, de Javier Úbeda “Así me amas tú, así te amo yo”, de Noris Roberts “El cielo, las estrellas, las nubes”, de Mª Ángeles Arranz OPINIÓN “¿Qué es la poesía?”, de Delfina Acosta LECTURA ESCOGIDA “El arte de no decir la verdad”, de Adam Soboczynski. Crítica de Ángel Luis Sarabia “Bartleby, el escribiente”, de Hermann Melville. Crítica de Javier Úbeda ENTREVISTA Joaquín Márquez PUBLICACIONES RECIBIDAS Fundada en 2009 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 2

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Editorial Un nuevo número de “Horizonte de Letras” se pone en marcha, a pesar de las dificultades que –como sabéis- han rondado a su alrededor. Y lo hace con una ilusión engrandecida y con unas energías alimentadas por vosotros, colaboradores y lectores. Casi sin darnos cuenta, el número de personas que se han interesado por la revista ha aumentado, creando una importante lista de suscriptores –de forma gratuita, como bien conocéis-, que reciben puntualmente, cada dos meses, un nuevo número en sus bandejas de entrada. Pero aún así, yo quiero más. Mis pretensiones son llegar a más y más gente, aumentando cada bimestre, dando a conocer las obras y trabajos de los escritores y poetas que me envían sus escritos puntualmente para rellenar estas hojas –a quienes manifiesto mi agradecimiento sincero- y así deleitar a los lectores, a los que ya estaban y a los que van llegando poco a poco. Por ello, os invito a todos a pasar a mi casa, a nuestra casa, para que deambuléis por ella sin prejuicios ni cortapisas, de un relato a un poema, de un poema a un microrrelato, a un artículo de opinión, al comentario de un libro… Y todo ello, pasando por la entrevista, aprendiendo de autores ya consagrados que, a buen seguro, a todos nos enseñarán algo. Estáis todos invitados… Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 3

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Relato Javier Úbeda Ibáñez nació en Jatiel (Teruel), en 1952. Es autor del libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras y del cuento Daniel no quiere hacerse mayor. Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. También ha escrito numerosas reseñas literarias, y relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en revistas como Almiar, Ariadna-RC, Fábula (Universidad de La Rioja), Grupo Literaturas, La Sombra (de lo que fuimos), Letralia (Cagua, Venezuela), Letras (Fuengirola, Málaga), Literarias Siglo XXI (Miami Beach, EEUU), Luke, Narrador o Pluma y Tintero, entre otras muchas. “Dile al silencio” camino para descubrirlo y aprender de sus enseñanzas. Mi fama de persona precavida y aliada de los silencios se hizo pronto conocida. De oídas, algunos me empezaron a llamar “el místico”. Me daba igual. Los que me conocían apreciaban esa virtud mía de ser consecuente con lo que decía y de tomarme mi tiempo para decir lo que fuera. Mi refugio en el silencio me ayudaba a repartir buenos consejos, siempre comenzando por mí mismo. Mi relación con el silencio se afianzaba creando entre nosotros un firme puente de estrechos lazos. Cada vez que me adentraba más en sus particularidades, él me daba a conocer algunos de sus más íntimos secretos. Y en ese idilio con el silencio también tuve mis sinsabores, como en toda relación que se precie. Por ejemplo, el no saber expresar a tiempo lo que sentía y guárdamelo en mi interior hasta que me asfixiaba me pasó factura. Hay bocas cerradas que chillan más que otras abiertas soltando improperios: bocas a veces estranguladas por el silencio. Es cierto que el silencio es necesario, pero en su justa medida. Nada en exceso es bueno, lo que sea. Pero estos pequeños inconvenientes no impidieron que siguiera tratando de encontrarle el pulso al silencio, su equilibrio, su justa medida y lo logré: aprendí a expresar lo que sentía, antes de que las palabras no dichas a tiempo se quedaran estancadas en los cajones de sastre que todos guardamos dentro, en el ala dedicada a las emociones. Después de unas cuantas De pequeño, mi madre solía decirme: “Intenta no mentir nunca. Es preferible quedarse callado antes que decir una mentira. Mira que la fama de mentiroso en el colegio se coge rápido, y luego cuesta mucho quitarse ese san benito de encima”. A partir de esa sugerente advertencia de mi madre, comencé a interesarme por el silencio. Ante una situación comprometida optaba por enmudecer, mientras observaba atentamente el semblante de mi interlocutor que, en la mayoría de los casos, en vez de apreciar mi talante silencioso se alteraba ante mi aparente pasividad. Y así, gracias a la advertencia de mi madre, fue como, poco a poco, fui descubriendo los misterios del silencio. Un sabio consejo me condujo, finalmente, a lo que fue o a lo que sería todo un estilo de vida. El silencio pronto se convirtió en mi alma gemela. Me gustaba observar a la gente mientras dialogaban; yo iba contando los silencios de cada intervención. Si alguien decía una barbaridad, sin ton ni son, pensaba para mí mismo: “No ha respetado la mejor de las armas, el silencio, y se ha precipitado. No ha pensado bien lo que decía”. Incluso me aficioné a contar los intervalos de silencio que se producían en la música, en la noche y hasta en la intermitente lluvia. El silencio estaba en todas partes; sólo hacía falta hacer un alto en el __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 4

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equivocaciones y de cientos de palabras no exteriorizadas cuando tocaba, ya no dejé que el silencio me hiciera jamás costra. Me costó, pero se puede decir que a día de hoy mi relación con el silencio camina por el sendero del entendimiento mutuo. Con el paso del tiempo descubrí que después de un día ajetreado lo que más me apetecía era un reencuentro con mi amado silencio; era mi pasadizo secreto para alcanzar la meditación: navegar dentro de mí en busca de la paz necesaria para encontrarle un sentido a todo. Esos momentos de trascendencia casi siempre me aportaban algo nuevo. Era como mirar con detenimiento la propia película de mi vida, a cámara lenta, con una luz muy especial y teniendo como banda sonora la calma; esa calma que cuando viene de uno mismo y está en uno mismo suena a gloria. En esos instantes aprendí de mis errores, a pedir perdón, a rectificar, a saber decir “sí” y “no” en los momentos justos, y sin miedo a equivocarme. A veces, en pleno ajetreo diario y en el punto más álgido de la efervescencia laboral, me sentaba, aunque tan solo fueran cinco minutos, y me quedaba en silencio, mientras buscaba la consigna que me llevaba hasta ese trance de búsqueda interior y de serenidad. Mi mente y mi cuerpo me exigían ese tiempo para ordenar mis ideas, acertar en mis decisiones y ser un poco más sabio en la vida. Era pararme a reflexionar y salir renovado, con otro aire, como si, de repente, me hubiera dado una ducha rápida de sensatez. Pasé de meditar de manera ocasional a hacerlo cada día. La mayoría de mis compañeros de trabajo hacían un alto en el camino, a media mañana, a la hora del almuerzo; yo aprovechaba ese tiempo para meditar. Avanzar pensando en cada paso que das, analizando cada decisión que tomas te hace ser una persona más justa y libre. Lo que el silencio puede ofrecerle a cada uno, casi ni se sabe, hasta que no se prueba. Entendí que no se es más sabio por hablar más sino por hablar cuando el silencio te da la vez. Puede parecer algo simple lo que estoy diciendo, sin embargo, no lo es. Sin silencios una conversación es como una cordillera que no se deja escalar. Y por más que lo intentas no alcanzas nunca la cima. También comprendí que el silencio me era muy apetecible porque disponía de palabras; palabras que podía utilizar siempre que quisiera. De no haber podido hablar, quizá, hubiera mirado al silencio de otro modo; pero, seguramente, también le habría encontrado su lado más amable. Si tienes que convivir con una circunstancia -la que sea- la mejor opción es aceptarla y seguir adelante. En una ocasión, un hombre ciego me dijo: “Yo veo con los sentidos lo que no puedo ver con los ojos. Lo huelo, siento y escucho todo por muy imperceptible que sea. He aprendido a interpretar las palabras y los silencios”. Y, como si de una intuición se tratara, cerré los ojos y me puse a meditar. Apagué en un santiamén la luz de mis ojos para encender la de mi casa interior. A solas con nosotros mismos parece que vemos más incluso lo que no queremos ver, lo que tenemos calladamente escondido salta a nuestros ojos. “Yo que crecí dentro de un árbol tendría mucho que decir, pero aprendí tanto silencio que tengo mucho que callar y eso se conoce creciendo sin otro goce que crecer…”, estos versos del poema “Silencio”, de Pablo Neruda, son como un padrenuestro para mí. Todos hemos estado alguna vez metidos en un árbol; en el árbol de la incomprensión, en el del egoísmo, en el de la impotencia o en el de la desidia… hay tantos árboles; o en el árbol del saber compartir, en el de las buenas intenciones, en el de la amistad y la complicidad. Vuelvo a repetir: hay tantos árboles por doquier y en todos ellos habitan silencios y palabras. Yo, que también tengo mucho que decir y que callar, me he construido mi propio árbol; y sigo creciendo sin otro goce que crecer… Y le sigo diciendo al silencio… __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 5

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Eva María Medina Moreno (Madrid, 1971). Licenciada en Filología Inglesa y Diplomada en Profesorado de Educación General Básica, por la Universidad Complutense de Madrid. Tras el Período de Docencia del Doctorado en Filología Inglesa de la UNED, investiga en el campo de la Literatura Inglesa del siglo XX y Contemporánea. Trabajo que compagina con la escritura de su primera novela. Premiada en el I Certamen Literario Ciudad Galdós por su relato «Tan frágil como una hormiga seca» (publicado por la Editorial Iniciativa Bilenio S.L. 2010). Seleccionada en el V Premio Orola, en cuya antología publicaron su relato «Mi bodega» (Ediciones Orola S.L. 2011). También ha publicado relatos en revistas literarias. “Tan frágil como una hormiga seca” La puerta de la habitación se abrió. «El desayuno», gritaron. Daniel, tumbado sobre la cama deshecha; sábanas y colcha en desorden. Se levantó con dolor de huesos y arrastró los pies hasta el comedor. Tenía el vaso de leche sobre la mesa. Una enfermera le dio las pastillas. Mientras se las tomaba, clavó los ojos en el hule azul claro. Recordó la primera vez que vio el mar; un niño frente a ese azul impenetrable. Por la noche, soñaba que su cuerpo y el de sus padres chocaban contra las rocas, despedazándose. La madre se quedaba con él hasta que se volvía a dormir; regustillo a melocotón entre las sábanas. En el desayuno ella le guiñaba el ojo, como si lo ocurrido durante la noche fuera su secreto. Por la tarde, la luz era tersa, acogedora. La madre le contaba historias en el porche. El aire, con olor a mar, impregnando su piel, y el cuento del gato con botas mientras lo acariciaba. «Mi señor el Marqués de Carabás», oía desde una distancia de treinta y cinco años. Tras el desayuno, iba a la consulta del psiquiatra. Era un hombre pequeño, serio, algo en su interior se lo impidiese, una voz que le decía «no lo cuentes, si lo haces nunca saldrás de aquí». Aquella tarde salió al jardín. Se sentó en un banco de madera y fijó la vista en el suelo. Había hojas secas, piedras de distintos colores, unas grises, otras azules. Detrás de las hojas, distinguió una hilera de hormigas. En la fila, una de ellas arrastraba una hormiga muerta. Miró hacia la izquierda y vio el cadáver de otra. Lo cogió. La hormiga estaba seca y al tocarla se deshizo como si fuera polvo. Un olor extraño se apoderó de él; era una mezcla de aguas estancadas, árboles frutales y salitre. Olor que abrió una herida que supuraba. Recordó un domingo en el parque. Los padres le animaron a que jugase con chicos de su edad. Daniel se apoyó en un árbol, detrás de los columpios, y esperó a que el tiempo pasara. Unos minutos más tarde notó un picor. Miró al suelo y vio muchas hormigas. Algunas subían por las piernas; otras estaban en los zapatos. Gritó con fuerza. Una de ellas había llegado al brazo. Tres bolas negras a punto de reventar y unas patas de hilo. Se imaginó que las aplastaba, triturando su ligero caparazón; el jugo gris bajo las suelas. No se dio cuenta de que el padre estaba allí. «Están nerviosas porque has pisado el hormiguero», le dijo mientras le quitaba los insectos del cuerpo. ordenado. Le pedía que recordase. Daniel lo miraba desde unos ojos grandes en una cara consumida. Le costaba articular palabra, como si EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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«Acuérdate, ve con más cuidado, es su territorio y lo defienden». Después, le cogió la mano y caminaron juntos. Mientras Daniel se duchaba, las hormigas se adentraron en la retina. Esas figuras negras ahora corrían por los azulejos. Brotó de nuevo aquel olor extraño. Un olor que, aunque lo aborrecía, le cautivaba. Cerró los ojos con fuerza y escuchó caer el agua. Ese ruido lo llevó a la bañera de patas de la infancia. Le gustaba llenarla hasta arriba, con agua muy caliente; después llamaba a la madre para que le enjabonara el cuerpo o le frotase la espalda, pero ella, «ya eres mayor para que te bañe, tu padre está al llegar y no tengo la cena, termina pronto». Cuando ella se marchaba, cogía su esponja y la retorcía entre las manos hasta dejar trozos muy pequeños flotando en el agua. Aunque las horas se detuvieran, el tiempo pasaba rápido. Daniel fue al comedor y se sentó a la mesa. El blanco de la leche lo repugnó. Fijó la vista en el cristal de una de las ventanas. Las esquinas de abajo tenían vaho. La imagen de una noche muy fría. Nadie probó bocado. El padre gritaba a la madre. Ella intentaba calmarlo, pero él no quería escuchar. Se levantó bruscamente y dio un portazo al marcharse. «A la taberna», dijo la madre, «eso es, vete a la taberna», y salió de la cocina llorando. Pasaron minutos hasta que Daniel subió las escaleras. Se quedó junto a la puerta del dormitorio de los padres, y, tras su respiración entrecortada, oyó sollozos. Vio la figura de una mujer que en ese momento se le hacía pequeña, indefensa. Un cuerpo encogido sobre la cama. Se acercó, le acarició el pelo y le dijo «no te preocupes mamá, es un borracho». Ella se irguió mostrando un rostro severo. «¡Hablar así de tu padre!». Él se quedó inmóvil. Cuando salió, no sentía el peso de los zapatos. Parecía un personaje de ficción desdibujado. Entró en su cuarto y clavó los ojos en la fotografía que estaba frente al cabecero: la madre con un vestido de lino azul claro. Su estómago comenzó a girar y girar. «¿Por qué me haces esto?», le dijo. Notó pinchazos y olor a peces muertos; como si tuviera larvas de insectos en los intestinos y segregasen un líquido ácido. Los pinchazos eran agudos, su cuerpo se retorcía formando un ovillo. «¿Por qué me tratas así?», decía mientras se acunaba. Cuando los mordiscos de la tripa cesaron, se acercó a la ventana. Apoyó la cara en el cristal helado y sintió que su piel quemaba. «Las peleas eran cada vez más frecuentes», se escuchó decirle al psiquiatra, «él estaba menos en casa, y mi madre empezó a beber. No quería verme, como si mis ojos la delataran». ¿A quién llamaría?, pensó. Siempre que la madre hablaba por teléfono, sentada en el sofá del salón, él vigilaba receloso detrás de la puerta. ¡Cómo le dolía ese tono de voz tan falso, tan ingrato! Cuando salía, ella se inquietaba, ruborizándose como si la hubiera descubierto. «¡Déjame en paz! ¡Déjame!», y esas palabras, cuñas en el cerebro. «Algunas noches iban juntos a la taberna y volvían a casa borrachos», le dijo al psiquiatra. Él veía, desde la ventana del cuarto, como los padres se tambaleaban. Luego, las risas al subir las escaleras; latigazos en su piel desnuda. Al terminar la consulta fue a la habitación y cayó en la cama. El sueño lo abrazó. Ahora se encuentra en un lugar árido. Está en el suelo, boca abajo. Arrastra un cuerpo roto. Las piedras rasgan su piel, pero no siente nada. Sigue adelante. Las vértebras dibujan el camino como anillos de gusano. «No te pares», le dice una voz débil, ahogada. Trozos de arena se incrustan entre las uñas. El polvo se mete en sus ojos; una capa fina los nubla. Sigue recto. Se adentra en unos arbustos. Avanza despacio. Los pantalones quedan enganchados en unas ramas. Tira de ellos con fuerza, pero no logra desprenderse. Impulsa el cuerpo hacia delante. «Inútil, es inútil». Huele a __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 7

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sudor y sangre. Las ramas lo oprimen. «Quiero salir», grita. Al abrir los ojos, dos enfermeras lo sujetaban. Notó un pinchazo dulce. Sala de televisión. Imágenes en la pantalla. Daniel miraba al techo. El sol se filtraba a través de la cortina. Como aquel día, pensó. Se vio tumbado en el sofá, apoyando la cabeza en las piernas de la madre. Notó la calidez de los muslos. Ella lo empujó irritada. Daniel se levantó con brusquedad. Subió las escaleras con gangrena en la boca y mordeduras en la tripa. Los insectos lo invadían. Sintió que las hormigas se apoderaban del hígado, recubriéndolo de una capa negra. Los chinches despedazaban los intestinos. Tarántulas venenosas sobre los pulmones. Le costaba respirar. Las patas de un ciempiés salían por la nariz. Supuraba los olores fétidos de la putrefacción. pero le obligarían. Tardó en incorporarse; los músculos se aferraban a la cama, como si estuvieran atados al colchón con cuerdas transparentes. Se levantó a coger la ropa, que estaba encima de una silla, junto a la ventana. Miró tras el cristal. El jardín estaba sereno. Su vista empezó a nublarse. Se vio con catorce años en la cocina. No estaba solo. La madre, sentada en una silla, con la cabeza hacia delante, dormía. En el suelo, botellas vacías. Daniel la miraba con desprecio, con odio. Fue hacia la llave del gas, la abrió y cerró la puerta al salir. El golpe de la puerta se unió al silbido de alas de insectos. Se tapó la cabeza con los brazos, pero el ruido era cada vez más fuerte. Abejas y hormigas voladoras zumbaban en sus oídos. El crujido de alas se adentró en el tímpano hasta llegar al cerebro. Olía a pantano, melocotón y mar. Llevaba tres días sin dormir. La cabeza le pesaba como si las distintas partes del cerebro fuesen de acero y no se comunicaran. Ansiaba el vacío, la nada. Las palabras «a levantarse, el desayuno» lo violentaron. No quería desayunar, Olor que hizo brotar esas olas que engullían unos cuerpos descuartizados. «No me dejes aquí, no me dejes aquí», gritó golpeando la puerta hasta caer al suelo. «Ese olor nos separó, mamá, ese olor nos separó». __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 8

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Rosa Frías López nació el 20 de enero de 1964 en Mérida, provincia de Badajoz. Madre de dos maravillosas hijas, trabaja en la Junta de Extremadura. Desde pequeña le encantó escribir, haciéndolo siempre sobre todo lo que sucedía a su alrededor. Lectora compulsiva. Todo su tiempo libre lo dedica a la lectura y a su gran pasión: escribir. Escribe en varias revistas digitales y en su blog. Tiene una novela publicada –“Flor Roja”- y está embarcada en otra que espera pronto poder publicar. “Adiós, mamá” ¿Que sentimos cuando un ser tan importante en nuestras vidas se marchan? Yo he perdido a mi mama hace un par de meses... Le debo todo lo que soy, todo me lo dio sin pedir nada a cambio, ahora que no la tengo a mi lado miro al cielo, y se que las dos estrellas mas hermosas que existen en el firmamento son mis padres, El amor de nuestros padres es inmenso, yo perdí a mi papa hace siete años y desde entonces he tenido a mi mama a mi lado en mi casa, ella siempre me ha enseñado a no derrumbarme a ser una mujer luchadora, a no temer a nada, pero sobre todo a ser buena persona. El dolor que siente mi corazón es inmenso pero la recuerdo con todo el amor del mundo, con todo mi cariño, el que ella me supo dar y el que yo le di.... Nuestras madres que nos lo dan todo, al igual que nosotros a nuestros hijos... Hoy mi corazón esta roto de dolor pero me queda sus enseñanzas, su amor desmesurado de madre, ella siempre confió en mi, en que un día mi novela daría la luz, “la primera como ella me decía es la mas difícil hija miá, pero tu siempre escribes con el corazón”. Si yo escribo con el corazón es gracia a ella a todo lo que me ha dado, lo que me ha enseñado y sobre todo a saber perdonar y ser buena persona. Mi corazón llora y llora mucho, porque ha sido una muerte lenta y muy dura, pero en ningún momento mi madre querida se ha sentido sola, se acostumbro a cogerme la manita por la noche y yo a dormir en un sillón a su lado, no me importaba, no me dolía la espalda, me dolía tan solo mi corazón.... Cuando le hacia una poesía y se la leía el ratito que estaba consciente, sus ojos se llenaban de lagrimas, pero de lagrimas de felicidad, ella me lo dio todo y a ella le debo todo. Fue un ejemplo de mujer una luchadora hasta el ultimo momento de su vida, que mi padre ya quería llevársela a su lado. El mejor legado que me ha dejado es su ejemplo como mujer, como ha sido una buena madre, esposa, hija y abuela, y sobre todo a ser una persona con los pies en el suelo, sus valores... ¡Cuanto daría por tenerla aunque fuera un momento a mi lado! Pero se que ella me cuida y nunca me va a abandonar este donde este Gracias mi querida madre por ser una madre ejemplar, te quiero, te quise y te querré toda mi vida y nunca olvidare todo lo que me ha dado y me has enseñado, GRACIAS MAMA. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 9

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Moisés Ramos nació en un pueblo cercano a París. Desde muy pequeño se aficionó a la lectura. Recuerda con mucho cariño los primeros libros que le impactaron, “Demian” de Herman Hesse y “Drácula” de Bram Stoker. Tal vez por eso compaginó desde su juventud escribir tanto relatos de misterio como de personajes atormentados. Actualmente, compatibiliza su trabajo en Madrid como funcionario con su otro trabajo como actor; trabajo éste último en el que se formó durante cuatro años, participando en varias obras teatrales estrenadas en Madrid. Respecto a la escritura, ahora mismo se haya en el proceso de culminación del Guión de un Largometraje. “El cumpleaños” Pues no va, y me dice mi novia, que tiene la necesidad de contarme, que en los tres años que llevamos saliendo juntos nunca ha llegado al orgasmo, al menos conmigo me dice. Que soy muy bruto haciendo el amor y que sino me besa mas es porque le repugna mi aliento. ¡Joder! A mi me parece muy bien que ella haga caso a su terapeuta y que exprese sus emociones siempre que sienta la necesidad de hacerlo…. Pero.. ¿Era necesario hacerlo en la cena de cumpleaños de mi madre y con toda la familia allí reunida? Pero ahí no quedo la cosa, no , no, que va; luego mi cuñada me dice, que al contrario que yo, mi hermano folla de puta madre, y que eso es porque él no lo ha aprendido todo del sexo viendo las películas de Rocco Siffredi como yo. ¿En quien podía ya confiar? Cuando mi propio hermano había desvelado el secreto de mi colección de películas de Rocko. ¿En quién? Luego, mi adorable hermanita de 15 años, me dice, que para lo de mi repugnante aliento, hay unas pastillas, marca Smith, mentoladas, buenísimas, y que desde que las toma su novio: el batería de los satánicos sodomizadores del infierno, su vida sexual ha llegado a unas cotas inimaginables. ¿Smith?…. ¡Un revolver Smith and Weson me hubiera gustado tener en ese momento en las manos! Menos mal que madre no hay mas que una, y allí estuvo ella para defenderme, y dijo: Que tampoco era tan malo ser bruto en la cama, al contrario, y que ojala mi padre lo fuera, así no tendría que acostarse con el vecino. Al mismo tiempo, mi padre, sin inmutarse, veía un documental de la “2”, en la que un león enorme devoraba un pobre cervatillo, mientras él, con los ojos encendidos gritaba todo sádico: ¡Mátalo, mátalo!. Pero fue en ese momento cuando todo me empezó a encajar…. Mi madre, el vecino… Ahora entendía el poco parecido que tenía con ese señor con el que me había criado y al que llamaba papa; o porque cada vez que me cruzaba en el pasillo con el vecino, éste me echaba sonrisitas, creía que era Gay. Bueno, también ayudo que la única persona que conozco en este mundo que se llame Gumersindo como yo sea él….Claro, que esto me crea un dilema. ¿Cómo le tendré que llamar ahora? Papa, papa vecino, mi papa el del quinto. Dios que follón. Por cierto, dentro de poco va a ser la cena de cumpleaños de mi hermanita…. y estoy realmente acojonado. ¿Qué será lo siguiente?. __________________________________________________________________________________________________________ 10 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Microrrelato “El baúl de mis recuerdos pesa tanto…” Rym Cherifi Mouna solía acercarse a él y pedirle que le contara una historia. En un principio él nunca quería, decía estar cansado y haber tenido un día malo -pero lo cierto es que siempre acababa cediendo. Se imaginaba unas historias fantásticas con dragones y brujas; con bosques encantados y princesas tristes que siempre acaban comiendo perdices en un palacio con mil elefantes y jardines infinitos. Recuerdo también, como Mouna se sentaba a su lado, con los ojos grandes abiertos, intentando no perderse ni una palabra de las muchas que fluían de su boca. Todos le preguntaban de donde sacaba todos estos cuentos, pero él nunca quiso responder, por eso yo nunca me atreví a preguntarle. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y cuando subí al desván me encontré con un extraño cuaderno. Solo me bastó con leer la primera página para saber de qué se trataba. Allí estaban todos los cuentos que le contaba a la pequeña Mouna. Por eso, y porque había perdido el recuerdo de su rostro, decidí bajarlo conmigo y leérmelo. El baúl de mis recuerdos pesa tanto que ya no puedo cargar con él- eso es lo que ponía al final. Eso también es lo que ponía en la carta que nos dejó antes de marcharse.. “Alas” Javier Úbeda Esta mañana he abierto los ojos -me siento más sereno que nunca-, y he tomado una decisión luminosa: emprender un vuelo hacia mí mismo. Primero, expando mis alas, lentamente, y me siento libre. Después, respiro hondo, y comienzo a sobrevolarme. ¡El aire juguetea conmigo mientras me bisbisea secretos centenarios de la naturaleza! Me pide ser mi guía. Entusiasmado, le contesto que ¡Sí! -¡Déjate llevar! -me susurra. -¿Dónde me llevas? -le pregunto, intrigado. -Te llevo hasta ti -me responde. Me he visto: Subiendo y bajando montañas pedregosas, sin desanimarme. Bañándome en aguas dulces y saladas, sin desfallecer. Con amor y desamor, con ilusión y sin ella, pero siempre bebiendo de la fuente de la serenidad. Por fin, me reconozco. Ya sé que formo parte de un gran todo, al que complemento y me complementa. Levanto el vuelo. Me abrazo al aire. Nos sonreímos. Me despido con una promesa: ¡Intentaré a partir de ahora ser feliz! EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“La erre” Eva María Medina Un hombre escribe. Una hora, cuatro. En la pantalla, una «r». Sigue escribiendo. Las cinco, las siete. En la pantalla, una «r». Llega la noche. El cuello le duele, los músculos de los hombros tiran. Necesita un descanso pero sigue escribiendo. Mañana, mediodía, noche. Sólo oye el ruido de sus dedos en las teclas de plástico. «La historia fluye», piensa y sonríe. En la pantalla, una «r». La mira, desafiante. «Levantarme, huir». Pero el hombre sigue; sigue escribiendo. Dolores Otálora vive en Madrid desde hace unos cuarenta años. Siempre he sido una lectora incansable, hasta que hace unos seis años se dedicó a inventar historias. Relatos salidos de su imaginación. En los últimos dos años ha asistido a un Taller de Creación literaria donde nacen historias realmente mágicas. “El último romántico” Elías apuró con lentitud su última copa de vino en la taberna, saboreando el caldo sin prisa, acariciando con la lengua su sabor. Encaminó sus pasos lentamente hacia la salida. Su rostro lo cubrían perlas de sudor. Estaba febril, aún así tenía que cumplir su cometido. Se llevó mecánicamente la mano al bolso dónde tenía guardado la colección de poemas escritas en el lecho de muerte por su amo Don Fabio. Todos estaban dirigidos a una misma dama: a Roxana, la hija menor del alcalde de la ciudad. En los últimos dos meses escribió y escribió, plasmando en papel todos los sentimientos de su débil corazón, sus letras desbordaban amor sincero, amor puro. No dejarían indiferente al objeto de su amor, pero… ya era tarde. Un fallo cardiaco se lo llevó un frío día de enero. Unos quinientos poemas componían su legado, que pronto estarían en manos de su dueña. Prosa, versos y rimas que hablan de ese sentimiento que nunca se apaga en la voz del enamorado, de ese sentimiento que está como un león a punto de despertar. Sentimientos a flor de piel del último romántico. __________________________________________________________________________________________________________ 12 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Poesía “Cuando yo viva” Gema García Acabará cuando yo acabe, Renacerá cuando yo viva. Se morirán todas las nubes Cuando yo plante semillas. Revivirán las caricias Cuando consiga huir del frío. Serán gaviotas los males Cuando yo encuentre mi río. Caerán mil hojas del árbol Antes de que nazca el día, Para que puedan brotar Nuevas hojas de alegría. Vendrán distintos inviernos A empobrecer los paisajes. Vendrán serenos los vientos Mentirosos y audaces. Sangrarán las palabras Cuando yo sangre tristeza. Vendrán nuevas esperanzas Cuando alce al fin la cabeza. Serán más frías las primaveras, Y más oscuras las noches, Pero, acabarán cuando yo viva, Y vivirán cuando yo muera. 13 de Noviembre de 1999 __________________________________________________________________________________________________________ 13 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“A tientas” Javier Úbeda Me asomo a la ventana de madrugada, a contemplar la vida, sólo a tientas, para no despertarte. El rocío espabila mis sentidos y limpia mi vista con sus diminutas y mágicas gotas colocadas por el nuevo día. Escucho el canto de las aves ante el amanecer. ¡Cuántos recuerdos me traen sus cantos! Ese gorjeo alegre es vital en mi existencia. Unas gaviotas se posan encima del agua. De lejos parecen una ilusión óptica, un festejo para la imaginación. El paisaje del mar es infinito; me pierdo en su horizonte anaranjado que, lentamente, y a tientas, da la bienvenida al sol con sus imponentes olas. Miro el horizonte, y te miro a ti. Tú eres, amor, mi mejor panorámica: El refugio de mis penas y de mis alegrías. La calma de mis días y de mis noches. No tengo ni tendré nunca ni mares, ni soles, ni amaneceres, ni trinos de pájaros suficientes para expresarte todo lo que te quiero y te deseo. A tientas, me acerco hasta ti, a tientas, te beso suavemente en los labios, y tú te despiertas. __________________________________________________________________________________________________________ 14 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Nací en Puerto La Cruz, Venezuela. Doctorada en Derecho Mercantil, en la Universidad Santa María, Caracas. Otros estudios e intereses: Diseños de moda, Ballet, Danza contemporánea y las Artes plásticas. Mi pasión: escribir y compartir. Amo la Libertad. Detesto la falsedad. Escribo desde los nueve años. Cada palabra que escribo imagino con intensidad el amor, el dolor, la esperanza. De una forma u otra, al escribir, siento que fluye una energía que se transforma en letras y al leerla se convierte en sentimientos. La palabra, como vehículo, me facilita expresar lo que a veces no se dice, o no se quiere mencionar. Mis poemas han sido traducido al ingles, francés e italiano, y se encuentran alojados en muchas Web y revistas literarias en Internet, interviniendo en varias antologías poéticas. La asociación de Escritores y Artista del Orbe, Aselado Venezuela, me nominó Consulesa de dicha asociación por la constante labor en beneficio de la relaciones internacionales y humanas, como es fomentar la literatura, cultura e incrementar amplias relaciones entre los pueblos del mundo. Embajadora Universal de la paz, Venezuela. Embajadora Universal del amor, Venezuela. “¡Así me amas tú, así te amo yo!” Noris Roberts He sentido la riqueza al mostrarme cuanto eres capaz de amarme, allí florece mi alma, en cada latido El perfume de tu aliento se agiganta en mis labios … y tus ojos, tus ojos lo dicen todo con la mirada He sentido la riqueza cuando amaneces conmigo, como el sol en el Edén que casi adivino por que te amo en la alegría, en el dolor, en las paredes de mi piel, que rebosan de calor Es sentir, con total frenesí, mis horas junto a ti por que jamás me has mentido, por que a tu lado todo tiene sentido y te amo y te amaría aún si no pudieras estar conmigo ¡Así te amo yo, así me amas tú! “El cielo, las estrellas, las nubes” Mª Ángeles Arranz Las nubes habitáculo de muerte para las gotas de agua. Las estrellas iluminan mí tiniebla. El cielo casa de dios donde ya nadie quiere ir. Nos han dejado las estrellas en la oscuridad. El agua habita ya en el mar y veo los planetas de colores y los anillos de saturno. Vuelvo a mis años infantiles. Ya no hay nubes. ¿Las nubes? Subir a las nubes nacer en las nubes. Tocar las piernas de una mujer es nube. Nube, nube, nube y después el cielo, las estrellas. __________________________________________________________________________________________________________ 15 EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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