Pregón de Salida 2005 - Cofradía El Rico - Fray José Hernández Valenzuela

 

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Pregón de salida de la Cofradía de Jesús El Rico y María Santísima del Amor en el año 2005 a cargo de Fray José Hernández Valenzuela

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PREGÓN DE NUESTRO PADRE JESÚS EL RICO Y MARÍA SANTÍSIMA DEL AMOR INTRODUCCIÓN.El padre Lacordaire, ilustre dominico, renombrado orador y predicador excelso de la iglesia parisina de Notre Dame, fue elegido diputado a la Asamblea Nacional Francesa. El día en que ésta se constituía, el padre Lacordaire se presentó con su hábito blanco a recoger el acta de diputado. ¡Ahí es nada! Un dominico entre aquellos escaños rebosantes de pelucas ilustradas, risitas volterianas, aromas de laicismo militante y fervor revolucionario... Al descubrir la presencia de aquel fraile con su hábito blanco, un anticlerical furibundo gritó con la estentórea voz del carretero a quien se le va el carro por el pedregal: “¿Qué pinta aquí ese fraile?”. “He venido a hablar del amor”, replicó dulcemente el padre Lacordaire. El silencio se adueñó de la sala, sorprendida por la respuesta de la voz más querida y conocida de Francia. Repuesto de su sorpresa, el obcecado parlamentario prosiguió: “¡Sí, a hablar del amor..., a hablar del amor...! Si ya sé yo que el amor es vuestra fuerza, vuestro distintivo y vuestro fundamento. Sí, ya sé que si me hago viejo, sólo una hermanita de la caridad me tratará con delicadeza; ya sé que si me vuelvo loco, sólo un hermano de san Juan de Dios tendrá paciencia conmigo; ya sé que si me quedo solo, una hermanita de los pobres me acogerá en su casa para darme un hogar... Pero precisamente por eso os detesto, porque el amor da prestigio a esa Iglesia de la que formas parte y a la que yo odio con toda mi alma”. 1

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Unas últimas palabras del padre Lacordaire vinieron a cerrar, como un arco iris, aquella tempestad dialéctica: “Mañana, en mis oraciones, daré gracias al Buen Dios por concederos este momento de lucidez, para que me recordarais cuál es mi misión aquí: hablar del amor. Muchas gracias”. Salvando las distancias, mis queridos hermanos cofrades, porque ni vosotros sois los descreidos ni yo soy Lacordaire, sospecho, sin embargo, que también a vosotros pudiera pareceros insólito el hecho de que un fraile franciscano se presente esta noche en este estrado y más si lo hace en veste de pregonero. Pero quien conozca, siquiera vagamente los orígenes de nuestra Cofradía, comprenderá al instante algunas razones de mi presencia aquí. Y la primera es que yo también he venido para hablar del AMOR. Amor de Dios al hombre, a quien le dio su propio Hijo, para que el hombre fuera también divinizado. En segundo lugar, vengo a hablar del AMOR del Hijo a los hombres, manifestado en la entrega de su propia vida por amor a nosotros, alcanzándonos así la salvación. En tercer lugar, vengo a hablar del AMOR del Padre y del Hijo, con el Espíritu Santo, a la entera humanidad, pues escogieron a una criatura humana – María de Nazaret – para hacerla Madre suya y nuestra, abogada intercesora, colaboradora de su Hijo y mediadora de intercesión. En cuarto lugar y como franciscano, vengo a hablar del AMOR que Francisco de Asís sintió por el Señor crucificado, por todos los hombres y todas las criaturas, hasta el punto de sentirse hermano del sol, del lobo, de la lluvia, de la muerte, de toda la creación. En quinto lugar, vengo a hablar del AMOR que con vosotros siento por estos Titulares de nuestra Cofradía: Jesús El Rico en amor, bondad y misericordia, y María Santísima del Amor. En consecuencia, y en sexto lugar, vengo a hablaros por tanto del AMOR que los franciscanos profesaron y siguen 2

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profesando a Nuestro Padre Jesús El Rico, a quien dimos cobijo y amparo en san Luis el Real. Estas son las razones de mi presencia aquí. Y estas mis credenciales: ser fraile franciscano y cofrade del Rico. Si algún honor me cabe en esta noche, es el de ser la voz de tantos predecesores míos que desde finales del siglo XV y hasta mitad del siglo XIX contemplaron el nacimiento, colaboraron en el desarrollo y sintieron como suya a esta Cofradía, igual que nuestra la sentimos nosotros. Fuera de éste, no tengo otros honores, a pesar de los muchos que mi predecesor, Carlos Díaz Vallejo, se ha empeñado en atribuirme. Carlos, tus palabras han mostrado que el primer deber del cristiano y del cofrade es ser caritativo con su prójimo. En efecto, tus palabras han sido un ejercicio de caridad para conmigo, pues ocultaste mis carencias y engrandeciste lo poco que hay en mí. Gracias por esta caridad que acabas de ejercer con mi persona. Pero insisto, por la pobreza de méritos con que me presento ante vosotros, pobreza por lo demás inherente a todo franciscano, y por mi condición de cofrade neófito, no sería de extrañar que vuestra expectación quedara plenamente defraudada. El que avisa no es traidor. Pero vayamos al PREGÓN. Domine, labia mea aperies; et os meum annuntiabit laudem tuam. Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza. Reverendo Padre Director Espiritual; Excelentísimas Autoridades; Hermanos Honorarios del Cuerpo Nacional de Policía, de Instituciones Penitenciarias, del Excelentísimo Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre y del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga; Hermanos Mayores de las Cofradías hermanas del Miércoles Santo y de otras Cofradías; Hermano Mayor, Junta de Gobierno, Hermanos de la Real, Excelentísima, Muy Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, titulado El Rico, y María Santísima del Amor; Cofrades todos, Señoras y Señores: 3

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- “¿Quién causa tanta alegría esta noche de esplendor? ¿Quién suscita tanto gozo, tanta dicha y emoción? ¿Quién os convoca, cofrades, al ritual del pregón?” - “¡Jesús El Rico y María Santísima del Amor!”. - “Nuestra Real Cofradía ¿a quiénes tributa honor?, ¿a quién pregona este fraile con su estameña marrón?, ¿a quiénes en esta tarde cantamos nuestro loor?” - “¡Al Rico y a nuestra Madre Santísima del Amor!”. - “¿Qué celestes mensajeros pregonan con dulce voz que ya llegó la Cuaresma, que se acerca la Pasión, que la Cofradía se apresta a lucir galas al sol?”. - “¡Los mensajeros del Rico y María del Amor!”. - “¿Por quién las túnicas de morado y azul color, las capas de mayordomo, los capirotes, cordón, los guantes de seda blancos, son sacados del arcón?”. - “¡Por El Rico y por María Santísima del Amor!”. 4

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- “¿Por quién Cofradías hermanas se sientan alrededor, - Salesianos, Fusionadas, Paloma, Expiración, La Sangre -, y en esta tarde nos dan escolta de honor?”. - “¡Por El Rico y por María Santísima del Amor!”. - “Los Hermanos Honorarios ¿por quién están junto a nos? ¿Por quién tanta concurrencia? ¿Por quién tanta expectación? ¿Por quién visten hoy de fiesta la señora y el señor?”. - “¡Por El Rico y por María Santísima del Amor!”. - “El precedente concierto ¿por quiénes se celebró? ¿Por quién sonaron solemnes las marchas de procesión? ¿Por quién sus notas y acordes nos llenaron de emoción?” - “¡Por El Rico y por María Santísima del Amor!”. El viejo Conservatorio ¿por quiénes se engalanó? ¿Por quiénes don Jesús Frías con tanta flor lo adornó, con el arte y con el gusto que el Señor le concedió? - “¡Se engalanó por El Rico y María del Amor!”. ¡Todo por El Rico y todo por María del Amor! 5

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¡Todo por los Titulares de esta Real Congregación! Por Ellos late esta tarde el cofrade corazón, por Ellos de nuevo hacemos penitencial estación, por Ellos la fe mostramos en pública confesión y a Ellos les damos culto público en la procesión. ¡Por Ellos, todo por Ellos! ¡Por El Rico y por María Santísima del Amor!. Vedlos ahí, en el lienzo, como los pintó el pintor Francisco Solana Ayala. De Cartagena llegó, teniendo sólo por guía la luz de su corazón: su corazón de creyente, su corazón de pintor, que ansiaba pintar al Rico y a su Madre del Amor en el sesquicentenario de su Pura Concepción. Maestro Solana, lograste hacer real tu ilusión y a la Cofradía dejaste, como muestra, este botón. - “Tota pulchra es Maria!”, dice el pincel del pintor. - “Tota pulchra es Maria!”, entona alegre el color. - “Tota pulchra es Maria!”, responde la proporción. - “Tota pulchra es Maria!”, canta el óleo en su esplendor. 6

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- “Tota pulchra es Maria!” será el grito de rigor el Miércoles Santo próximo; no habrá piropo mejor cuando se vea a nuestra Madre en su trono de fulgor, en su trono restaurado, joya, reliquia y honor de esta nuestra Cofradía para la Madre de Dios; ese trono al que Ruiz Liébana a la vida devolvió y esta mañana asombrados nuestra vista contempló. - “¡Tota pulchra es Maria, sobre tu trono de Amor!”. Deleitaos esta noche en lenta contemplación. Grabad en vuestra retina esta celestial visión. Observad bien y decidme ¿visteis belleza mejor? De la flor del rosicler tiene su cara el color. De sus labios carmesíes destila un suave dulzor. En su rostro han florecido pinceladas de rubor. En sus mejillas tres gotas que el rocío le dejó, tres gotas que son tres lágrimas en su rostro de alfajor, tres azahares robados a los naranjos en flor, tres copos de nieve herida por espadas de dolor, siete espadas clavaítas dentro de su corazón. ¡Lágrimas de nuestra Madre 7

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Santa María del Amor! ¡Que ellas purifiquen siempre nuestra humana condición! ¿Y sus ojos, los sus ojos? Irradian un resplandor entre turquesa y zafiro; tienen un lindo color, color de misericordia, pues misericordia son. Ojos de amor y de madre que no tienen parangón. Ojos que están siempre abiertos, para mirarnos mejor, para iluminar al ciego y guiar al pecador, para consolar al triste, darle gozo en la aflicción, endulzarle los sus males y aliviarle en el dolor. ¡Ojos de nuestra Señora Santa María del Amor! ¡Que ellos sean luz y guía en nuestro postrer adiós! ¿Y su talle? Tiene un talle como el del sauce llorón, como el junco marinero, como arrayán verderol, como las ramas floridas de los almendros en flor, como palmera alabeada por el peso del Amor, como la tierna biznaga que en Málaga germinó. ¡Talle de nuestra Señora Santa María del Amor! ¡Que a él podamos agarrarnos en toda tribulación! ¿Y las manos? Las labraron con diminuto primor. 8

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Manos de armiño y marfil, manos de nardo y albor. Manos que están siempre abiertas para repartir Amor, para acunar a sus hijos en la hora del dolor, para mecer al cansado, levantar al pecador, para dar al que no tiene, sostener al que cayó, consolar a quien la implora en toda tribulación y limpiarnos de la culpa que de Eva nos llegó. ¡Manos de nuestra Señora Santa María del Amor! ¡Que ellas lleven nuestras vidas por los caminos de Dios! Tras contemplar a María, fijemos nuestra atención en la figura del Rico. El Rico Nuestro Señor por no turbar a su Madre en la penumbra quedó. No quiere ahondarle la pena, quiere evitarle el dolor, por eso marcha al Calvario con su cuz, solos los dos. Mas la Virgen... ¡ay, las madres!, con su materna intuición conoce, adivina, sabe, lo que le aguarda al Señor y con su mirada envuelve al divino Redentor, tratando de sustraerlo al rigor de la Pasión. Finalmente, se abandona a la voluntad de Dios, dejando que Jesús cumpla su misión de Redentor, aunque a Ella le atraviesen 9

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siete espadas de dolor, las siete espadas que dijo el profeta Simeón. Este es el significado del cartel anunciador. Esto nos dicen El Rico y María del Amor en el sesquicentenario de su Pura Concepción. Gracias a Dani Cubero por ser el inspirador. Gracias a Paco Solana por ser él quien lo pintó. Y gracias a nuestra Madre que es la modelo mejor. Mas, ¿cómo llegó aquí El Rico? ¿Cómo El Rico aquí llegó? Según historia la obra de Llordén y Souvirón, vino con aquellos frailes que hijos de Francisco son, los que caminan descalzos, los del hábito marrón, los de cabello cortado y a la espalda un capuchón, los que ciñen su cintura con un trenzado cordón de tres nudos: los tres votos de su sacra profesión, los franciscanos que en Málaga dieron cobijo al Señor Jesús, Nuestro Padre El Rico, en el muy noble casón de San Luis el Real, que en este espacio se alzó. ¿Cómo vino hasta aquí El Rico? ¿Cómo El Rico aquí llegó? En figura de romero que va en peregrinación. 10

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Tenía la piel atezada, túnica de tornasol, su sien lleva una corona que es guirnalda de dolor, sus pies traía descalzos, sus manos no traen bordón, se abrazaban a una cruz que sobre el hombro apoyó. La Iglesia conventual acomodo le ofreció y bajo la Vera+Cruz El Rico se cobijó, porque no hay Cristo sin cruz, ni cruz sin Cristo el Señor. La vida conventual en torno al Rico giró: oraciones, misas, cantos, para alabanza de Dios. De repente, aquella paz un alboroto rompió. A las puertas del convento gran gentío se congregó y en confusa algarabía todos alzaron su voz: - “¡Que salga Jesús El Rico! ¡Que El Rico salga ante nos! ¡De aquí no nos moveremos hasta hablar con el Señor!” A las voces que allí daban llegó el padre superior. - “¿Qué desean vuestras mercedes? ¿Qué es aquesta confusión?”, preguntaba a los presentes con tino y educación. - “Nos hemos amotinado y huido de la prisión - le respondió quien hacía de jefe en la rebelión -. 11

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Queremos hablarle al Rico y suplicarle un favor: que nos libre de esta peste, maldito azote de Dios”. El superior ante El Rico la súplica presentó. A palabras tan veraces El Rico luego asintió y entre los amotinados su persona se mezcló. Recorren calles y plazas, buscando la solución para la peste, las muertes, los enfermos y el dolor. El Rico en silencio iba dándoles su bendición. Los enfermos se sanaron y aquel flagelo cesó. El Rico volvió al convento, los presos a la prisión, ninguno se dio a la fuga, nadie en la cárcel faltó. La buena nueva del hecho como pólvora corrió por Málaga, por España, y hasta la Corte llegó. Nuestro Rey Carlos III maravillado quedó al ver que todos los reos volvieron a la prisión. En prenda dio un Privilegio o Pragmática sanción a favor del Titular de esta Real Congregación, llamado Jesús El Rico. A Él concedía el honor de liberar cada año un preso de la prisión. ¿Esto es historia o leyenda? 12

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¿Es fantasía o ficción? Este es nuestro ser cofrade, nuestra más bella misión: redimir a los cautivos con la fuerza del amor, hacer hombres libres, libres en la libertad de Dios, Es fehaciente tradición que cada Miércoles Santo, ante Málaga y el mundo, cumplimos con ilusión. Si alguno lo pone en duda, véngase sin dilación a ver cómo El Rico ejerce de rico Libertador. ¡Hombres de trono, al varal! ¡Comience nuestra estación de rigor penitencial! ¡Comience la procesión! ¡Que Málaga está en la calle, que la calle es un clamor! ¡Calle Victoria es un río, Alcazabilla un turbión, Plaza de la Aduana un enjambre en ebullición! ¡Hombres de trono, al varal! ¡Comience nuestra estación de rigor penitencial! ¡Comience la procesión! ¡Que El Rico ya está impaciente por dar la liberación! ¡Que hasta le apremia María Santísima del Amor! ¡Que ya suena la campana! ¡Que nos invita su son a cargar en nuestros hombros al Hijo y Madre de Dios! ¡Que dé los toques solemnes el campanero de honor! 13

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¡Hombres de trono, al varal! ¡Que se abra ya el portón de nuestra Casa Hermandad! ¡Que ondee y tremole el Guión! ¡Que luzcan los estandartes sus bordados de primor! ¡Que humeen los incensarios nubes de incienso y olor! ¡Repiquen las campanillas su alegre din,dan, din, don! ¡Rasguen el aire saetas con su doliente fervor! ¡Que los cirios aprisionen entre sus llamas al sol! ¡Que esos Tronos restaurados hagan competencia al sol!, ¡Que se nos ciegue la vista con el brillante fulgor del trono de Prados López, que es el trono del Amor! ¡Hombres de trono, adelante! ¡Comienza la procesión! - “¡Que El Rico ya está en la calle!”, dicen una y otra voz. - “¡Que está en la calle María Santísima del Amor!”. Paso corto..., paso rico... Marcad ese paso al son de la música que suena, del sonido halagador, de las brillantes cornetas, y el redoble del tambor. Paso corto..., paso rico... Marcad ese paso al son de las palmas que repican, del latir del corazón, de las lágrimas que brotan movidas por la emoción 14

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de llevar al Rico al hombro y a su Madre del Amor. La cruz guía y dos ciriales nos marcan la dirección. El cortejo se dirige a la Aduana con fervor, a estrenar el Privilegio que Carlos Tercio le dió. Por entre la multitud El Rico paso se abrió. Sigue sus huellas María Santíma del Amor. Dejó atrás calle Victoria y en Alcazabilla entró. La Alcazaba se despierta de su agareno sopor al pasar Jesús El Rico frente a su muro marrón. Por torres y por adarves circula un leve rumor: - “¡Que vienen Jesús El Rico y María del Amor! ¡Que pasa su Cofradía! ¡Miradlos con atención!”. Las lanzas, flechas y adargas, usadas con fiero ardor en combatir a la cruz, las dejan en un rincón. Las almenas se arrodillan en señal de adoración. La Media Luna se oculta ante el brillante esplendor que irradia Jesús El Rico. Ninguno le iguala, no. Su silueta se dibuja sobre el ocre paredón. ¡El Rico por la Alcazaba! ¡Qué estampa sin parangón! ¡Olé mi Rico moruno! ¡Olé tu gracia, Señor! 15

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