Voces en el Fenix No 33 Mentes Peligrosas

 

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Revista del Plan Fenix - Temática: educacion superior

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La revista del Plan Fénix año 5 número 33 abril 2014 ISSN 1853-8819 Mentes peligrosas El sistema de educación superior debe dar respuestas a una sociedad compleja. A continuación un detallado análisis sobre su presente y futuro.

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sumario nº33 abril 2013 editorial La universidad pública: responsabilidades y privilegios Abraham Leonardo Gak Adriana Puiggrós Desafíos para el futuro de la universidad 6 Lino Barañao Un nuevo rol para la producción del conocimiento en la Argentina 10 Graciela Morgade Los desafíos del posgrado. Un nivel ¿cuaternario? que ha llegado para quedarse 18 Alberto Kornblihtt Entrevista al Dr. Alberto Kornblihtt: “Existe muy poco debate en la enseñanza universitaria” 26 Carlos Giordano Memorias de un olvido 32 Marcela Mollis De modas y otras odas al mercado de la educación superior 42 Alberto Barbieri Un nuevo ciclo en la UBA 50 Ernesto Villanueva Las nuevas universidades en el conurbano bonaerense 56 Eduardo Dvorkin La formación de ingenieros y el modelo de desarrollo kirchnerista 62 Juan Carlos Mena Relación entre las universidades privadas y el desarrollo nacional. 70 Aldo Lorusso y Lidia Rodríguez La educación superior y el reconocimiento de saberes socialmente productivos de los sectores populares 78 Martha Linares y David Levitán Pensar la universidad para el cambio social 86 Emmanuel Bonforti La universidad en perspectiva histórica y latinoamericana 94 Javier Hermo Perspectivas de integración universitaria en América Latina: del Mercosur a la Unasur 102 Sabina Frederic Educación universitaria y formación militar: caminos de conciliación 110 Ariel Zysman De la escuela a la Universidad 118

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Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano José Luis Giusti Vicedecano José Luis Franza Secretario General Walter Guillermo Berardo Secretaria Académica María Teresa Casparri Secretario de Hacienda y Administración César Humberto Albornoz Secretario de Investigación y Doctorado Eduardo Rubén Scarano Secretario de Extensión Universitaria Carlos Eduardo Jara Secretario de Bienestar Estudiantil Federico Saravia Secretario de Graduados y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Director Gral. de la Escuela de Estudios de Posgrado Catalino Nuñez Director Académico de la Escuela de Estudios de Posgrado Ricardo José María Pahlen Secretario de Innovación Tecnológica Juan Daniel Piorun Secretario de Transferencia de Gestión de Tecnologías Omar Quiroga Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster COORDINACIÓN TEMÁTICA Adriana Puiggrós SECRETARIO DE REDACCIÓN Martín Fernández Nandín PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar CORRECCIÓN Claudio M. Díaz FOTOGRAFÍA Sub [Cooperativa de Fotógrafos] DISEÑO EDITORIAL Mariana Martínez Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

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La universidad pública: responsabilidades y privilegios U n país que pretende brindar a sus habitantes una vida digna debe ofrecerles acceso a una educación superior de calidad y acorde con los requerimientos de la vida moderna. Ya no alcanza con formar los profesionales requeridos por el sector productivo. Es indispensable también el desarrollo de programas en materia de investigación y tecnología, herramientas indispensables para avanzar en la reducción drástica de la pobreza y la marginación. Ante la complejidad de estos objetivos, son las universidades, en particular las públicas, las que tienen una responsabilidad indiscutible. A sus autoridades les corresponde dar lugar a las innovaciones que se les acercan, actuar con audacia y serenidad, buscar los mejores talentos para la incorporación a sus claustros y extender sus ofertas curriculares a las más amplias capas sociales. Pero no termina ahí la cadena de responsabilidades. Una universidad que apunte al desarrollo de la sociedad necesita que sus docentes cumplan con las obligaciones asumidas y mantengan una búsqueda constante de la superación de sus conocimientos. Que los trabajadores no docentes comprendan la importancia de una labor dirigida a mejorar las condiciones de vida propias y ajenas. Y que los alumnos presten todo su esfuerzo y dedicación para asumir su formación como un paso indispensable para hacerse cargo en un futuro próximo de las responsabilidades públicas o privadas que la comunidad toda les confiera. En cuanto a la investigación es necesario hacer un gran esfuerzo para desprendernos de las influencias, propuestas y direccionamiento que los países centrales suelen aplicar a los sectores científicos de los países emergentes. Esta es una matriz que reconoce su origen en tiempos de la colonia y que se mantiene aún hasta nuestros días, con diferentes máscaras pero siempre vigente. Expresión de esto último es el formato de universidad empresa, que empezó a instalarse en nuestro país con la última dictadura, llegando a su máxima esplendor con la Ley de Educación Superior del menemismo. Frente a este modelo, también es necesario avanzar en lo que a posgrados se refiere, garantizando la financiación estatal para aquellos que estén directamente vinculados a la formación en áreas establecidas como prioritarias por el país. En cuanto a aquellos que fueron creados para perfeccionamiento profesional, la discusión sobre su financiación debería debatirse en el conjunto de la comunidad académica. Por todo esto, es prioritario incorporar a todas las universidades públicas a un gran programa de investigación a nivel nacional que, sin ignorar los avances externos, desarrolle programas endógenos donde la independencia de objetivos se imbrique con las necesidades de desarrollo e inclusión de nuestra sociedad. Parte fundamental para el logro de estos objetivos es la proliferación en los últimos años de universidades nacionales en todo el conurbano bonaerense, donde la esencia de estas nuevas casas de estudios es la vinculación con el territorio, la formación de una primera generación de estudiantes universitarios en la mayoría de los casos, y la vinculación de la oferta académica con las necesidades de la comunidad circundante. Experiencia que sería muy interesante de seguir en otras regiones del país. En este marco, la investigación básica no debe ser tomada como un capricho frívolo de investigadores, sino como una búsqueda incansable de nuevos conocimientos. De lo contrario, siempre vamos a transitar los caminos que los centros del conocimiento nos indiquen. Grave error será pensar que al país le es imprescindible y necesaria solamente la investigación aplicada ya que la consecuencia de ello será el aislamiento del mundo. Pero todo esto será insuficiente si no nos guía la voluntad de formarnos y capacitarnos para dar respuesta a las necesidades de una sociedad compleja. Esta debería ser la premisa que nos guíe, estos son los desafíos actuales del sistema de educación superior para los años que vienen. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

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Editorial > 5

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6 > www.vocesenelfenix.com

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> 7 por Adriana Puiggrós Doctora en Pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Diputada nacional por el Frente Grande en el Frente para la Victoria por la provincia de Buenos Aires. Ex Directora General de Cultura y Educación (ministra) de la provincia de Buenos Aires. Desafíos para el futuro de la universidad Con más de mil años de historia, la universidad sigue atravesando los mismos problemas que ya existían en su origen y que dan cuenta de su relación con el exterior social y político del cual la institución emerge. Es indispensable rectificar la trayectoria de la educación superior del último medio siglo para dar lugar al nacimiento de una nueva paideia.

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L a universidad es una institución que logró conservarse casi intacta durante un milenio. Nacida en el seno de la Iglesia, heredó el apego a la ritualidad, tanto en su vertiente napoleónica como en la humboltiana, como uno de los dispositivos principales de su organización más íntima y de su persistencia. Desde los inicios, la conflictividad forma parte del ADN universitario y las tendencias al corporativismo, aunque pasadas por el rasero de la historia, siguen siendo una amalgama privilegiada en su conformación. En cuanto a la ubicación de la universidad en el marco de la sociedad y el Estado, nunca abandonó la matriz que estuvo en su origen. La idea de extraterritorialidad del ámbito universitario persistió desde el siglo XII, cuando los estudiantes y los docentes marcaban su territorio frente a los embates reales y papales, escondida tras la bandera de la autonomía cuando este concepto se levantó para resguardar la libertad de investigación, pensamiento y creación, y en las últimas décadas cuando, en el uso de esa autonomía, las finalidades de la universidad se llegan a confundir con las del mercado. La historia de la universidad muestra etapas de brillo y de decadencia que están en relación con el exterior social y político del cual la institución siempre ha necesitado protegerse, lo cual abre dos reflexiones. Por un lado lleva a recordar la afirmación de Werner Jaeger: la condición de posibilidad de la paideia, es decir de la formación del hombre griego, radicó en que en Grecia se pudo establecer “un ideal de cultura como principio formativo”, pues había conciencia de la unidad cultural. Por otra parte, induce a reflexionar acerca de las consecuencias de la relación conflictiva entre la universidad y el Estado y sobre el cumplimiento de los objetivos sociales, científicos y culturales de la educación superior. En muchas universidades latinoamericanas predominan la ausencia de un ideal formativo compartido y el desinterés por aportar a la unidad cultural, sobre los esfuerzos político-culturales por orientarlas hacia el compromiso con las naciones y la región latinoamericana. La dispersión ideológica y la confusión en los objetivos institucionales son la causa principal de las dificultades que afronta la educación superior, y no una cuestión de orden tecnocrático. Precisamente la lógica tecnocrática proveniente de un mercado salvaje afecta a la universidad y desplazó o subordinó demasiadas concepciones académicas, artísticas y científicas. Sin embargo, me resulta difícil aceptar que las universidades hayan alcanzado un estado de descomposición terminal. Es posible que, para evitar la muerte de la universidad, sea necesario reconocer que quizás en el propio territorio de la educación superior hay reflexiones, experiencias e ideas que son gérmenes para su rescate y transformación. En la Argentina el catálogo es complejo: universidades públicas y privadas; nacionales y provinciales; sedes centrales de unas y otras organizadas en su gran mayoría respetando la antigua organización facultativa; subsedes; universidades recientemente creadas que alcanzan a los sectores más vulnerables; institutos universitarios; colegios universitarios remanentes. Y, finalmente, los institutos de educación superior (llamados “terciarios”) siempre descalificados por las universidades. Es imposible resumir en este artículo la variedad de modalidades académicas, de vinculación con sectores sociales, de experiencias en docencia, investigación y extensión que se han desplegado en cada tipo de institución de educación superior. Esta última está atravesada por un cúmulo de lógicas y prácticas provenientes de distintos ámbitos y dejó muy atrás a sus antepasadas universidades de Salamanca, París o Bolonia, sin haber realizado el proceso intelectual y político indispensable para transformar su matriz. Alcanzar esa transformación no sería una rareza histórica: el ágora griega fue un espacio pedagógico privilegiado pero no eterno. El punto en discusión se centra en la identidad de las nuevas finalidades, objetivos y reglas. Tres posturas se enuncian hoy en la Argentina respecto de las universidades públicas. La primera es conservadora, meritocrática y vana, melancólica de la Ley Avellaneda. La segunda, que no es ajena a la meritocracia, consiste en resistir cualquier imposición que limite o controle el accionar de cada institución en particular, de modo de no perjudicar los intereses corporativos, para lo cual es útil realizar sólo algunos ajustes a los criterios de la neoliberal ley 24.521. La tercera está reflejada en 8 > por Adriana Puiggrós

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Desafíos para el futuro de la universidad > 9 Es posible que, para evitar la muerte de la universidad, sea necesario reconocer que quizás en el propio territorio de la educación superior hay reflexiones, experiencias e ideas que son gérmenes para su rescate y transformación. Desde los inicios, la conflictividad forma parte del ADN universitario y las tendencias al corporativismo, aunque pasadas por el rasero de la historia, siguen siendo una amalgama privilegiada en su conformación. el proyecto de nueva ley de Educación Superior presentado por el Frente para la Victoria, que tiene estado parlamentario desde hace seis años, y en el proyecto “Implementación efectiva de la responsabilidad del Estado en el nivel de la educación superior. Modificación de la ley 24.521”, que cuenta con media sanción de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación (HCDN). Desde esta postura se propone crear un Consejo de Educación Superior destinado a integrar las distintas instituciones en un sistema, planificar respetando la autonomía (levantada por el Movimiento Reformista de 1918) y la gratuidad (establecida por el peronismo), asumir que las universidades públicas son organismos autónomos y autárquicos que forman parte del Estado nacional; establecer un sistema de rendición de cuentas efectivo para las universidades; asegurar que los objetivos pedagógicos y científicos serán dominantes sobre los que provienen del mercado, de las corporaciones profesionales y de sectores políticos ávidos de ocupar los espacios de la burocracia universitaria; realizar una profunda reforma pedagógica en el nivel, que impacte en la cultura del país y de la región. Es posible pensar y extender proyectos que aporten al nacimiento de una nueva paideia, pero para hacerlo posible se debe rectificar la elíptica trayectoria de la educación superior del último medio siglo, centrando su órbita en un acuerdo que contemple la ecología, la ansiedad humana por el saber, el derecho universal a la educación, el aporte fértil de la pluralidad de ideas, los beneficios de cambiar las formas académicas y modificar las instituciones y el indelegable compromiso con la transformación democrático popular del país y de la región.

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Inmersos en un período sociohistórico que exige grandes cambios para poder adecuarse al mundo globalizado, la educación y la investigación cumplen un papel fundamental para vehiculizar las transformaciones. Un nuevo rol para la producción del conocimiento en la Argentina 1 0 > www.vocesenelfenix.com

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> 11 por Lino Barañao Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación

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E stamos transitando el siglo XXI, el de una economía basada en el conocimiento que exige readaptar las estructuras productivas para poder insertarse de buen modo en un mundo globalizado bajo nuevas normas. En este sentido, la articulación entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y las universidades es clave para producir un cambio trascendental en el desarrollo del país, que permita no sólo mejorar el poder adquisitivo y las condiciones de vida, sino fundamentalmente superar la brecha de oportunidades que todavía deja afuera a un sector importante de la población. Lo que está claro es que los países que tienen un mayor desarrollo económico y de recursos humanos no necesariamente son aquellos que cuentan con más recursos naturales sino que son los que han apostado al conocimiento como factor generador de riqueza. Entonces, puede señalarse una serie de requisitos que debemos alcanzar para lograr este objetivo: 2. Articulación. Paralelamente a lo descripto, se llevó a cabo un proceso de integración de todo el sistema científico, el que resultaba muy necesario pues su articulación fue durante mucho tiempo poco efectiva, lo que llevaba a superposición de tareas, uso ineficiente del equipamiento y falta de masa crítica para la resolución de problemas de gran envergadura. Por eso fue creada, en el marco de nuestro ministerio, una Secretaría de Articulación Científico Tecnológica, que a través del Consejo Interinstitucional de Ciencia y Tecnología (CICyT) permite coordinar las tareas de todos los organismos de ciencia y tecnología y proponer objetivos comunes. 3. Planificación. Otro elemento clave para que el sistema científico tecnológico contribuya efectivamente al desarrollo del país es la ejecución de una planificación de mediano y largo plazo. Esta es la tarea de la Secretaría de Planeamiento y Políticas del ministerio, la que llevó adelante el armado del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación “Argentina Innovadora 2020”, que a diferencia de otros ejercicios de planificación no está centrado en disciplinas o áreas de conocimiento, sino en núcleos socioproductivos. Es decir que este instrumento se focaliza en el acoplamiento entre la generación del conocimiento y la actividad productiva, y todo ello con un anclaje territorial. Esto ha permitido la identificación de 35 núcleos socioproductivos, que van desde la producción de medicamentos de última generación para abastecer las necesidades locales y exportar productos de alto valor agregado, hasta proyectos de desarrollo social en la zona cordillerana que facilitan a las poblaciones locales mejorar sus ingresos a partir de saberes tradicionales. 1. Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. En primer lugar, es necesario contar con un sistema de ciencia y tecnología competitivo, actualizado en materia tecnológica y con capacidad de innovar. En esta primera meta hemos trabajado durante los últimos diez años gracias al compromiso político asumido, reflejado en los incrementos presupuestarios que nos han permitido aumentar el número de investigadores, la superficie destinada a institutos de investigación y la compra de equipamiento. Y todo ello mostrando un proceso de jerarquización que no registra antecedentes en la historia reciente. El parámetro más evidente que nos permite demostrar el éxito de esta política es el proceso de repatriación de más de 1.030 investigadores a través del Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior). De este modo, los profesionales vuelven al país porque saben que pueden continuar realizando tareas de investigación productiva en condiciones que hoy no difieren sustancialmente de las presentes en otras naciones. 1 2 > por Lino Barañao

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Un nuevo rol para la producción del conocimiento en la Argentina > 1 3 Existe un margen de experimentación para nuevas modalidades, para vincular la universidad con la sociedad, que probablemente sea más evidente o efectivo en las áreas en las cuales el poder adquisitivo o el nivel socioeconómico resulte menor, porque es allí donde están las mayores posibilidades de dar saltos cuali y cuantitativos. El rol de la universidad Lo señalado anteriormente requiere de una interacción con la universidad en dos niveles: en lo referido a la formación de recursos humanos, pero también en su ligazón con las tareas de investigación desarrolladas. Así como el ministerio ha actualizado su visión política, dándole a la ciencia un nuevo rol, también es oportuno pensar en cuál es rol de la universidad en este nuevo siglo. Suele decirse que la universidad debe estar puesta al servicio de las necesidades de la sociedad. Lo que no siempre se explicita es cuáles son esas necesidades. Esto puedo ejemplificarlo con una encuesta realizada hace varios años en Canadá –país que, como nosotros, cuenta con universidad gratuita–. En ella se consultó a los contribuyentes cuyos hijos no habían podido realizar estudios de grado cuál era la demanda que tenían para la universidad. La respuesta mayoritaria fue que querían que los egresados de la misma, cuya carrera ellos habían contribuido a financiar, generasen trabajos dignos y bien remunerados para sus hijos. Me parece que esta respuesta no hubiera sido obtenida en una encuesta de la Argentina o en otros países latinoamericanos: básicamente porque en el ideario colectivo no existe la noción de la universidad como generadora de trabajo para quienes no han tenido la posibilidad de pasar a través de sus aulas. La universidad ha sido vista, fundamentalmente, como una manera de consolidar los privilegios de aquellos que tenían poder adquisitivo y también, en gran parte de nuestra historia, como la posibilidad de ascenso social de sectores de clase de menores recursos. Pero está claro que si solamente fuera este el rol de la universidad, lo que haría sería contribuir al aumento de la brecha de oportunidades existente. Creo entonces que un compromiso ineludible de la universidad es pensar de qué manera, a través de sus instituciones, de sus propias facultades y de la formación que otorga a sus graduados, podría contribuir efectivamente con el proceso de inclusión social.

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Desafíos de cara al futuro Una reflexión complementaria tiene que ver con los contenidos universitarios. En primer lugar, debemos reflexionar sobre la currícula, en cuanto a su adaptación y a la actualización frente a los avances tecnológicos que se han producido (estoy hablando en este caso del área universitaria que me compete, que es el de las carreras científico-tecnológicas). En segundo lugar, deberíamos pensar en la orientación de esa matrícula: está claro que la proporción de graduados de nuestras universidades no está debidamente ajustada a lo que son las necesidades del sistema productivo. De hecho, el año pasado hubo 5.000 puestos en el área del software que no pudieron ser cubiertos porque no teníamos graduados suficientes en el área de computación. Puede decirse que si bien contamos con una universidad gratuita, la transmisión de conocimiento es subsidiada por la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, si en otros países de la región el paso a través de las aulas implica una deuda financiera, en la Argentina esta deuda existe, pero es ética. En este sentido, el estudiante, a la hora de elegir una carrera, debería pensar no sólo en aquello que es de su interés, sino también en la manera de transformar ese beneficio que se le está otorgando para generar algún efecto de “derrame”, en un componente altruista que mejore la calidad de vida de aquellos que no han tenido el acceso a la educación universitaria. Sin embargo, para lograr esto hay que preparar al futuro graduado. Si continuamos pensando en el perfil netamente profesionalista de las carreras universitarias en la Argentina, esto no será factible. Debemos preparar al graduado, en primer lugar, para tener una formación continua. Los contenidos y las actividades cambian a una velocidad muy diferente a la de décadas anteriores. De hecho, estudios realizados en Estados Unidos indican que una proporción muy significativa de los graduados universi- 1 4 > por Lino Barañao

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Un nuevo rol para la producción del conocimiento en la Argentina > 1 5 tarios trabajan en carreras que no existían cuando comenzaron a estudiar. Es decir que en el período de cuatro años (la duración promedio de una carrera universitaria en Estados Unidos) habían aparecido oportunidades laborales que antes no existían y que hubieran exigido una preparación más específica. En este sentido, tanto la longitud de las carreras como los contenidos deben estar más adaptados a estas nuevas demandas, dado que muchas carreras tienen todavía un contenido enciclopedista que es más apto a la concepción del profesional de mediados del siglo XX que a la del profesional de principios del siglo XXI. Asimismo, considero que es importante formar a los futuros graduados no sólo en un área específica de conocimiento, sino también incentivar en ellos la capacidad para que ese saber adquirido se transforme en iniciativas productivas que generen actividades económicas. Actualmente, las universidades latinoamericanas suelen carecer de un área de formación específica Un compromiso ineludible de la universidad es pensar de qué manera, a través de sus instituciones, de sus propias facultades y de la formación que otorga a sus graduados, podría contribuir efectivamente con el proceso de inclusión social. que dote a sus alumnos de las habilidades mínimas para poder ser generadores de empleo, creadores de empresas de base tecnológica. En este sentido hay acciones que ya hemos implementado, como el financiamiento de la formación de posgrados de gerentes tecnológicos: tenemos seis consorcios en todo el país, con 92 graduados y 507 alumnos regulares, lo que es posible a través del instrumento denominado G-TEC, que administra el Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC). Además, dado que el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (La Agencia) son los principales financiadores de los doctorados en las universidades nacionales, estamos pensando en dar algún tipo de incentivo u orientación para que los planes de doctorado incluyan no sólo materias específicas de perfeccionamiento de la currícula de grado, sino que abarquen también otras áreas de conocimiento. Es decir, una formación interdisciplinaria que permita a los doctorandos considerar el trabajo con áreas distintas (necesario para la generación de conocimiento transformante), pero también una formación que les posibilite adquirir conocimientos mínimos de administración, que eventualmente los capacite para encarar emprendimientos productivos. Esto está sucediendo en forma gradual, gracias a que muchas universidades están tomando esta iniciativa. Pero además el hecho de priorizar el otorgamiento de becas para aquellos que presentan un plan de doctorado más interdisciplinario, adaptado a la posible inserción laboral fuera del ámbito específico de la investigación, es algo que podría contribuir eficazmente a que se consideren estas alternativas en la formulación de planes de doctorado. De hecho, en los Estados Unidos están tomando cada vez más importancia los doctorados mixtos o con una formación no sólo académica sino también asocia-

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