La Mujer Poshistórica

 

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Propuesta de exposición para el GaBe del I.E.S. Delicias

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LA MUJER POSHISTÓRICA Permanencia y cambio en la imagen femenina de finales del XX y comienzos del XXI

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LA MUJER POSHISTÓRICA Permanencia y cambio en la imagen femenina de finales del XX y comienzos del XXI Del 1 de marzo al 1 de junio de 2014 Comisario: Arturo Caballero Bastardo Introducción: Arturo Caballero Bastardo y María José Gómez Mata Fichas del catálogo: Román Alonso García Esperanza Alonso Laguna Elena Andrés Andrés María José Carbajo Serrano Ángel Carnero Sánchez Rosa María Diez Peña Mercedes Sahuquillo Abad Carlos Sanz Aldea Montaje: Alumnos de 2º del Bachillerato de Artes del I.E.S. Delicias GaBe Espacio Creativo www.eduardogarciabenito.blogspot.com I.E.S. Delicias (Valladolid) www.iesdelicias.com Paseo Juan Carlos I, 20 47014 Valladolid 983 220 716

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LA MUJER POSHISTÓRICA Permanencia y cambio en la imagen femenina de finales del siglo XX y comienzos del XXI Como escribe Eric Hobsbawn, uno de los aspectos más destacados del siglo XX ha sido el reconocimiento de la mujer como elemento fundamental del progreso humano. Sin embargo, este hecho no se ha producido ni de forma sistemática ni sin sobresaltos; es más, podríamos decir que la mujer ha conseguido afianzar su papel en la historia con el dolor y la dificultad de un parto con complicaciones y sin la ayuda de “la otra mitad”: los hombres. Deberíamos incluso plantearnos si efectivamente el objetivo se ha conseguido. Tal vez nos sorprendiera llegar a la conclusión de que hay toda una serie de tareas pendientes. Todavía en los setenta John Lennon podía cantar que “la mujer es el negro del mundo” dejando bien a las claras que aún en esas fechas, el papel fundamental del trabajo no remunerado en el mundo, y casi en condiciones de esclavitud, estaba siendo realizado por mujeres. Y si esto era posible escribirlo en Estados Unidos y desde una perspectiva británica podemos plantearnos cuál era la situación en tantos países en vías de desarrollo y directamente subdesarrollados a pesar de que, curiosamente, fue en algunos de ellos (India con Indira Ghandi; Pakistan con Benazir Bhutto, Filipinas con Cory Aquino, entre otras) donde las responsabilidades de gobierno, contra lo que podría parecer más lógico, fueron desempeñadas de forma temprana por ellas. Podemos aducir ejemplos de mujeres gobernantes en los países occidentales, en especial los nórdicos, pero salvo los casos de Golda Meir en Israel, Margaret Thatcher en el Reino Unido y más recientemente Angela Merkel en Alemania, no han sido significativos los grandes países con peso específico y determinante en el mundo que hayan confiado las labores de gobierno a mujeres. Pero además, esos gobiernos no adoptaron un modelo de poder diferente al “gobierno de los hombres”, de manera que la agenda de la mujer tiene pendiente su acceso al poder con un programa propio. Sin embargo la mujer, contra el deseo muchas veces de los hombres, ha ido conquistando su parcela de dignidad en la sociedad actual y en el arte, lo que no ha sido obstáculo para que en muchísimas ocasiones se haya cosificado su persona como nunca se había hecho en momentos históricos anteriores. Incluso la propia mujer, consciente o inconscientemente, ha caído en la trampa del uso de su cuerpo como reclamo publicitario asumiendo, incluso, un tipo de moda que, resaltando lo femenino, no hace sino insistir en aquellos aspectos que muchas de quienes se han implicado personalmente en el cambio consideran denigrante. La categoría de “lo femenino” ha quedado instituida para su uso y abuso, para su difusión y profundización, en su nombre se realizan contribuciones artísticas de muy diferente tipo como veremos en las obras que aquí hemos reunido.

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Las obras seleccionadas para esta exposición son un ejemplo claro y contradictorio de la imagen en el mundo poshistórico que nos ha tocado vivir. Sin ningún propósito ejemplificador, se han seleccionado trabajos correspondientes a hombres y mujeres de diversos momentos de la evolución artística contemporánea a partir de los años sesenta en las que se puede apreciar parte, y solo parte, de la complejidad y las contradicciones que hemos insinuado y que, pensamos, se hacen patentes en estas propuestas artísticas. Con ellas observamos las múltiples representaciones de “lo femenino”, ya no entendido como una esencia invariable, sino más bien sus virtudes y defectos, sus anhelos y frustraciones, sus logros y pérdidas… A mediados de los sesenta, la sociedad americana, y la europea, comienza a sentirse a gusto consigo misma. Y rechaza el componente sentimental y romántico de la abstracción. Acudir a los elementos que conformaban el día a día de esta sociedad se convirtió en lugar común de un movimiento artístico que, precisamente por sus raíces populares, recibió el nombre de Pop Art. El Pop Art, como parece lógico, no era –en sus orígenes- un arte “popular” aunque con el transcurso de los años terminó siéndolo y se convirtió en un sistema canónico de apreciación de la “artisticidad” tanto de la realidad como de las obras de arte. El Pop americano, a diferencia del europeo, no fue un movimiento crítico con esa realidad que aparecía en sus obras. Es evidente que Mel Ramos puede dotar a sus pinturas de una cierta ironía pero él no dejará de tomarse una Coca-Cola ni de sentir que la joven, que oculta insinuantemente su desnudez detrás de la botella que imitó en sus orígenes la figura femenina, es igual de apetecible sexualmente que las pin-up de Alberto Vargas en las que parece inspirarse. La sexualidad de las muchachas, quizá recogidas un poco banalmente por Ramos y por otros artistas pop, no es mojigata ni recatada, sino todo lo contrario. Tampoco es una prostituta. Podía parecer que un cuadro de Ramos es una crítica al papel de la mujer objeto en la sociedad americana pero es más que dudoso. Son los momentos en los que la libertad sexual se afirma, en los que la mujer toma conciencia de su cuerpo, un cuerpo que se opone en muchos casos a la visión que el arte ha transmitido, que acepta sin tapujos y sin remilgos. Una visión más cosificada de ese eterno femenino, con cierto aire prostibulario en este caso, es la que nos transmite Allen Jones cuyas obras fueron reinterpretadas en una película emblemática: La Naranja Mecánica (1971) de Stanley Kubrick. El cuerpo femenino en tanto objeto de deseo se convierte en “el” objeto artístico. El arte de comienzos del XXI se ha hecho eco de esos planteamientos como podemos apreciar en la otra escultura de nuestra muestra, la realizada por Osang Gwon que se convierte en un remedo paródico (desconocemos hasta qué punto consciente) de la brutal y glamorosa mesa humana de Jones.

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A la misma generación de Jones pertenecen los trabajos de Ives Klein quien no dudó en usar el cuerpo femenino como un medio para realizar el arte como si se tratase de un mero pincel. Una continuación más irónica pero no menos brutal es la que nos plantea en sus obras David Salle que llena sus lienzos de partes de cuerpo femenino que se ponen en problemática relación con objetos aparentemente triviales. La imagen de la mujer se fragmenta y disuelve en la cotidianeidad más banal. Esa misma relación ambivalente y compleja, aunque en este caso más explícita, es la recogida por Nobuyoshi Araki, maestro del erotismo contemporáneo, que juega con las pulsiones sádicas del hombre que contempla los cuerpos estéticamente pseudomaltratados de adolescentes que se convierten en objetos estéticos estableciendo un comportamiento que hemos podido apreciar en las blandas, falsas y detestables novelas eróticas y hasta pornográficas de E. L. James (Las sombras de Grey) que han vendido más de treinta millones de ejemplares en todo el mundo. En ellas cabe considerar si el arte necesita de esta forma de excitación para captar la atención de un público cuyos ojos ya están saturados de imágenes. Si la obra que se ha convertido en imagen de esta exposición es el trabajo de Gabi Trinkaus que nos muestra a una mujer fragmentada realizada a través de recortes de revistas usadas (algunas de las cuales se han convertido en otro tópico de la formación cultural de cierto tipo de mujer) la que cierra este discurso es la imagen digital en movimiento de Julian Opie que recoge algunas de las propuestas simplificadoras del pop (brillantez, colorido, desinhibición) adaptándola al momento en que vivimos y obteniendo notable eco mediático y popular por el atractivo aproblemático de su propuesta. La mujer conquista así los mass media pero a la vez es esclavizada por ellos cayendo de nuevo en otra red. Al mismo tiempo que el Pop, comienza a construirse un tipo de arte basado más en la idea que en la realización, más en la propuesta que en la obra cerrada, más en el carácter combativo de sus creaciones, fuesen del tipo que fuesen, que en las propuestas acomodaticias a las que tan proclives fueron los artistas americanos y británicos. Una de las personalidades más destacadas de ese arte que denominamos conceptual, happening, body art, land art, etc. ha sido Marina Abramovic a quien puede calificársela de cualquier cosa menos de neutral y complaciente; la obra que presentamos es todo un alegato sobre la condición femenina que pone el dedo en la llaga de la propia visión que el hombre tienen de la mujer y que parece jugar con el famoso, y machista, aforismo francés de que la mujer debe ser una dama en la calle, una criada en la cocina y una puta en la cama.

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El cuerpo femenino es el propio lienzo, en él se graba la propia obra de arte, ¿cómo separar la estética de la ética? ¿se puede dañar el cuerpo en nombre del arte? Ebihara Yasusi se ha fijado en algunas de sus series en esos elementos que terminan por definir el estatus de la mujer en la sociedad y que no son, en absoluto, su personalidad sino el envoltorio de ella. Y esto es especialmente cuando tratamos de celebridades. Yasusi es hombre y su mirada no puede ser la misma que la de una mujer. Hombres son, por cierto, los que mueven el mundo de la moda. Si la costura, como la cocina, habían sido los dominios tradicionales de la mujer, los grandes modistos, como los grandes cocineros, han sido tradicionalmente hombres. Yasussi plantea en sus lienzos una mujer inexistente de la que sólo queda el recuerdo de su atuendo, diseñado por un mundo de hombres que decide cómo ha de vestirse una mujer para que guste, mayoritariamente, a los propios hombres. La mujer vuelve a ser un simple objeto de usar y tirar como la ropa que la envuelve. La mirada masculina también se impone en el mundo del arte y sin embargo es incapaz de ver a la mujer. Por eso surge un arte de la mujer por la mujer en la que se trate de responder a las inquietudes de la artista. De acuerdo con lo anterior, tiene una cierta lógica que la incorporación de la mujer al mundo del gran arte se haya desarrollado con unas grandes dosis de rabia y usando los planteamientos formales más arriesgados y novedosos tanto en el concepto como en la técnica. Es lo que ocurre con muchas obras de Esther Ferrer, especialmente en la que presentamos; para ella la mujer es un proyecto en transformación, impedida para convertirse en obra definitiva, ni para bien ni para mal, por las circunstancias sociales que la oprimen. Sin embargo, una de las características de nuestra época ha sido, también, el lugar que han comenzado a ocupar los creadores, y creadoras, de los territorios periféricos al occidental cultural. Desde esta perspectiva, muchas de las necesidades imperiosas, para nosotros, dejan de serlo siendo sustituidas por otras preocupaciones como las expresadas por Canan o por Afshin Pirhashemi. En ellos la mujer lucha por recuperar o recomponer su rostro como un elemento de su identidad. No extraña, por tanto, que Constanza Piaggio, quizá de una forma excesivamente superficial es verdad, haya podido plantear la situación de la mujer como la de una auténtica mártir de la cultura occidental comparándola con uno de los pilares de ésta: el propio Jesucristo en una obra que ha motivado enormes polémicas y que hasta ha sido objeto de atentados. Otro tanto ocurre con Marina Núñez que puebla sus lienzos de mujeres monstruosas símbolo de la enfermedad, la otredad a la que le condena un contexto alienante gobernado por hombres y que busca de esa manera de trascenderlo.

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Mujer y poder, mujer y sexo, mujer y cuerpo, mujer y publicidad, mujer y religión… en definitiva ¿qué imagen podemos obtener de la mujer a través del arte contemporáneo? Todas y ninguna. Lo que podría crear una conciencia globalizada de clase o al menos de fracción de clase queda adecuadamente customizado y adaptado a las circunstancias de un mundo que ha reducido su tamaño gracias a los medios de transporte y a las nuevas tecnologías. En definitiva, una muestra variopinta de cómo el arte, en función de la ideología subyacente en cada artista y de los medios pictóricos, fotográficos y escultóricos interpreta un mismo tema a lo largo de un periodo de tiempo determinado. La mujer poshistórica cumple la profecía que Marco Ferreri realizara en El futuro es mujer (1984), “lo femenino”, con todas sus variaciones, irrumpe con fuerza e intensidad también en el arte contemporáneo. Arturo Caballero Bastardo María José Gómez Mata

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GABI TRINKAUS

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GABI TRINKAUS Granz (Austria) 1966. Vive y trabaja en Viena. Exposiciones recientes: 4th Moscow Biennale of Contemporary Art (2011), Museum der Moderne, Salzburg (2010), Kunstmuseum St. Gallen (2010), Kunsthalle Krems (2009), F.O.K.U.S Tyrol (2009), Georg Kargl Fine Arts (2008), Kunsthalle Wien (2007). “Prefiero ver al collage más como un muestreo de material. El material de las revistas usadas explican los tópicos con los cuales trabajo. Mi denuncia es para producir una autoexplicación de mi obra, de la belleza vacía que proponen los medios de comunicación.”

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MEL RAMOS

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MEL RAMOS The drawing lesson 3 (1990) Grafito sobre papel, 50x50 cm. Mel Ramos es conocido como uno de los principales representantes del pop art norteamericano, una corriente que se inició a fines de los 1950, que culminó en el decenio inmediato y que perdió actualidad al cabo de otros diez años. No obstante, Mel Ramos ha seguido cultivando su versión propia, caracterizada por un intenso sentido erótico. De origen portugués y nacido en Sacramento (California, USA, 1935), Ramos ha sido profesor de pintura en un centro de la California State University en la ciudad de Hayward. Como pintor, sigue en activo. El pasado verano presentó una exposición en Horta de Sant Joan (Tarragona), donde pasa el verano desde hace más 40 años. Esta obra contiene dos planos e induce a percibir un cuadro doble. Al fondo, una mujer semidesnuda dirige su mirada al espectador; su nuca y sus nalgas se reflejan sobre un espejo oval de grandes dimensiones. En primer plano, un caballete sostiene un lienzo que figura otra mujer desnuda ante otro espejo, también oval y de grandes dimensiones. Su título, “La lección de dibujo#3”, permite interpretar la escena como una acción acabada, un momento antes de que la composición se rompa, desaparezca. Cabe aventurar que el imaginario artista ha concluido su cuadro y la modelo todavía permanece en su sitio; apenas se ha vuelto hacia adelante, inquisitiva. El conjunto perpetúa un fugaz juego de espejos. Por lo demás, es evidente que no ha pretendido un retrato convencional de su modelo. En realidad, la obra encierra algunas claves de un autor vitalista y de una tarea pictórica dilatada. La figura del fondo tiene el aire de un meticuloso dibujo de comic, al que prestan volumen sus formas generosas. Desnudos femeninos de estas características –las llamadas pin-ups-girls-, son desde comienzos de los años 1960 hasta hoy el leit motiv de Mel Ramos, que ha contado entre sus musas con Ann Margret, Pamela Anderson o Charlize Theron. En cuanto al cuadro representado en primer plano, se identifica sin lugar a dudas; el autor ha reproducido el conocido óleo de Pablo Picasso “Mujer ante el espejo” (1932, Museum of Modern Art/MOMA, Nueva York). La obra propone como tercer elemento la relación entre los anteriores, esto es, entre los trazos inspirados en un gran artefacto de la cultura de consumo –el cómic-, y la transliteración de un artista famoso.

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Sobre ello, Mel Ramos reflexionaba hace poco: “me gusta mezclar conceptos incongruentes en mis pinturas”. Aplicando este principio, el autor ha yuxtapuesto mil veces a exuberantes chicas de piel reluciente con relucientes animales salvajes, o con toda suerte de productos comerciales cotidianos (de ahí su aire de carteles publicitarios). Cabría pensar que también esta vez utiliza los dos planos sin pretensión de articularlos, más allá de “las cosas obvias y aburridas” que desdeña: una incongruencia deliberada que él asocia con su devoción por el surrealismo de Salvador Dalí, del que extrae un sentido de diversión permanente. Algo que, por otra parte, combinaría muy bien con el tono glamoroso y despreocupado de la versión Costa-Oeste del “sueño americano”, en cuyo seno alumbró la estética que ha mantenido durante medio siglo. Sin necesidad de prescindir de estas ideas, la obra sugiere una explicación distinta: Mel Ramos se reconoce deudor de grandes pintores y, sobre todo, de grandes pinturas; de ellas ha propuesto miradas irónicas –no exentas de un matiz propio de estudioso. Así, el Ingres de “La gran odalisca”, el Manet de “Olympia” o el Modigliani del “Desnudo reclinado”, han inspirado algunos de sus trabajos sobresalientes, del mismo modo que el Velázquez de “La Venus del Espejo”. Respecto a Picasso, la influencia ofrece otras pautas, que discurren entre un interés global por el erotismo del pintor malagueño y, como es el caso, el uso icónico de una obra suya (algo que repite con Piet Mondrian en Tea at 5h00). Queda al margen la coincidencia en Horta de Sant Joan, donde Picasso maduró su cubismo… Pero esto es algo perfectamente ajeno a Mel Ramos, que escoge como top five personal a Murillo, Zurbarán y Goya, tras Dalí y Velázquez. María José Carbajo

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YVES KLEIN

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YVES KLEIN (28-04-1928 - 06-06-1962) Anthropométrie sans titre (ANT. 114) - dimensiones: 50 x 246 cm. Artista francés considerado como una importante figura dentro del movimiento neo-Dadaísmo, inicialmente pintaba sus obras utilizando como pinceles rodillos y esponjas, en el cuadro que nos ocupa experimentó como pincel el cuerpo de mujer, es decir un . pincel viviente" donde desnudaba a varias modelos, las cubría con el color que él había inventado ( Internacional Klein Blue) y después, a modo de director de orquesta, las guiaba para conseguir el efecto deseado en el lienzo normalmente las impresiones corporales de ellas sobre el soporte cuyos cuerpos pasando por el lienzo o echándose sobre él con movimientos deportivos de yudo ya que fué 4° dan en esta especialidad deportiva, utilizaba estas técnicas aprendidas para pintar en la serie de cuadros que denominó Antropometrias, siendo el cuadro que nos ocupa el número 114. Para la realización de esta serie de obras en el proceso creativo de ejecución iba acompañada con música del propio Klein sonando la The Monotone Symphony, esta pieza sostenía una sola nota durante veinte minutos para continuar con otros veinte minutos de silencio con asistentes sentados vestidos de etiqueta, de esta forma Klein evita representar lo que pinta de una forma subjetiva o artística deseando que sus obras se representen por la huella que habían dejado es decir la imagen de su ausencia y empujó a la audiencia a experimentar un estado donde una idea pudiera simultáneamente ser sentida así como comprendida. Esta obra de Klein se mueve en torno a conceptos filosóficos la vida y el vacío es decir una zona neutral donde presta atención sólo a sus propias sensibilidades quedadando expuesto a la realidad como oposición de la representación, permaneciendo tan sólo la cáscara. tal y como si estuviera allí el arte. Klein por consiguiente se entrega a una práctica artística de marcado carácter experimental con un transfondo espiritual y propuestas que suponen un desafío a las nociones de valor del arte revisando el papel del artista y del espectador. contra la línea y el dibujo erige una teoría artística que se articula en torno al color absoluto su especial azul ultramar saturado y el vacío que limita las zonas de sensibilidad pictórica inmaterial observándose en la obra que nos ocupa su rechazo a los formalismos académicos y contemporáneos como los expresionistas abstractos. Román Alonso García

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DAVID SALLE

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