Revista Terral - Número 14

 

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Revista Terral - Número 14

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Estimados lectores y colaboradores En nombre del equipo de redacción y en el mío propio, presentamos el número 14, de primavera, de la revista Terral. La escultura y diseño de portada es de Enrique Bodero, pintor, escultor, ceramista y coeditor de la revista Terral. Con este número nos hemos adentrado en el cuarto año de salida de esta publicación, que continúa con las secciones dedicadas a la literatura, el cine, las artes, el flamenco y la cultura en sus variadas facetas. Desde aquí quiero agradecer a los colaboradores de la revista sus participaciones desinteresadas, y a los fieles lectores, su constancia. Debemos defender la Cultura y la palabra como un patrimonio de todos, y no debemos permitir que nos la manipulen, nos la adulteren, nos la restrinjan, nos la amordacen. Utilicemos los medios tecnológicos o presenciales, a los que tengamos acceso, y compartamos nuestras creaciones y experiencias, con los que quieran ser receptores. Leer y escribir, siempre han sido y serán muy provechosos para la humanidad. Lola Buendía López Directora de la Revista Terral – ISSN 2253-9018 www.revistaterral.com crisania2002@hotmail.com

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Revista Terral Número 14 ©Todos los derechos reservados ISSN 2253-9018 Colaboradores en este número: Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Enrique Bodero – Lola Buendía – Ramón Alcaraz Erena Burattini Cuadro de portada: “Escultura taurina” de Enrique Bodero Diseño de portada: Enrique Bodero Editorial: Lola Buendía López Cine: Ramón Alcaraz – Ángel Silvelo Opinión: Erena B. Burattini - Mar Solana - Lola Buendía Crítica literaria: Ricardo Guadalupe – Ángel Silvelo Poesía: Ángel Silvelo – Lola Buendía Relatos: Andrés Ortiz Tafur – Mar Solana – Esperanza Liñán – Lola Buendía Ser escritora: Mar Solana Flamenco: Rafael Silva Martínez Arte: José Manuel Velasco – Enrique Bodero – Ana Nelubova El viajero: Lola Buendía – Pepa J. Calero La otra realidad: Mariano Vázquez Alonso Diseño digital: Lola Buendía – Carmen Guerrero Maquetación: Lola Buendía López Diseño Web: Ana García ~ 644 262 880

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CINEXPLICABLE 2 ¿Sabías que Marilyn Monroe fue alumna de la prestigiosa escuela Actor’s estudio? Ramón Alcaraz García. www.tallerliterario.net) Norma Jean Mortenson, conocida como Marilyn Monroe, no era realmente esa rubia guapa y escultural pero boba y algo tonta que muchos piensan. Su infancia y juventud fueron especialmente duras, y eso configuró una personalidad inestable, que le hacía desatender sus compromisos y que el trabajo con ella en los rodajes fuera algo difícil; pero su talento y su potencial para la actuación, como reconocían directores de la talla de Billy Wilder, era innegable. Al trasladarse a vivir en Nueva York, Truman Capote aconsejó a la actriz que estudiara teatro con Constance Collier, y a continuación ingresó en el Actor’s Studio, en donde sus capacidades fueron reconocidas y se preparó hasta poder dar el paso a la interpretación. El contrato que firmó en 1956 con la Twenty Century Fox le permitía a ella elegir director, y lo hizo con Joshua Logan para interpretar Bus Stop. Logan dijo de ella que era una de las actrices con más talento de todos los tiempos, realmente brillante, algo en lo que coincidían más críticos, periodistas, profesores y directores. Sin embargo, su inestabilidad emocional, falta de puntualidad y de concentración obligaba a repetir a veces muchas tomas, algunas más de cuarenta, como le ocurría a Wilder en Con faldas y a lo loco. Una escena de esa película en la que Marilyn solo tenía que decir “Dónde está el coñac” y abrir un cajón, se repitió 65 veces. Día y medio para una sola escena, en la que el director acabó poniendo carteles con la frase por todo el espacio de rodaje. Trabajar en esa película con Marilyn Monroe fue para Wilder un suplicio, hasta el punto de que decía merecer la medalla del Corazón Púrpura por haber hecho dos películas con la actriz (la otra fue La tentación vive arriba). Pese a ello, el director no escatimaba en elogios para la actriz como única y genial en sus interpretaciones. Cuando una vez le preguntaron si volvería a trabajar con ella,

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respondió: "Lo he hablado con mi médico y mi psiquiatra y ambos dicen que soy demasiado viejo y demasiado rico para pasar por todo esto de nuevo". ¿Por qué Norma Jean cambió su nombre por otro artístico? Al casarse por primera vez, su nuevo nombre pasó a ser Norma Jean Dougherty, que no gustó nada a los ejecutivos de la Fox, en especial porque era difícil de pronunciar. Así que eligió el apellido Monroe porque era el de la familia de su madre. Solo faltaba un nombre, y uno de aquellos ejecutivos propuso Marilyn por Marilyn Miller, una actriz de la que había estado enamorado. El primer paso hacia la fama se lo había dado una escena con Groucho Marx en Amor en conserva: –Tengo un problema –decía ella–, los hombres me siguen. A lo que Groucho respondía arqueando sus cejas: –Me pregunto por qué. Esa pregunta se hizo muy famosa y dio popularidad a la actriz entre el público, que quedó definitivamente deslumbrado por su papel en Niágara. Pero su avance en el mundo en el cine iba a la par con su desestabilidad emocional, su vida amorosa y la adicción a los tranquilizantes y el alcohol. Marilyn no era feliz y se siempre se sintió sola. Tenía insomnio, le aterrorizaba la noche y cada vez se obsesionaba más por la maldición familiar de la locura. Eso hizo que decuidara su trabajo, y fue expulsada de su última película, Algo pasará, en 1962, año de su muerte. Las causas de su fallecimiento siguen sin conocerse, pero aún se barajan cuatro hipótesis: suicidio, accidente por mezcla errónea de medicamentos, asesinada por la mafia como venganza hacia sus amantes Robert y John Kennedy o asesinada por la CIA para mantener el secreto de esas relaciones y otras informaciones que la actriz pudiera conocer. Su última voluntad no se ha cumplido, ella quería que en su lápida pusieran: “Aquí yace M.M. 87-52-83”, que eran sus iniciales y sus medidas.

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Cine EL LOBO DE WALL STREET LOS OSCUROS MÉRITOS DE UNA FALSA GLORIA Ángel Silvelo Gabriel. Excesiva, exagerada, excelsa, extraordinaria..., majestuosa, maravillosa, maquiavélica, morbosa, son el skyline de esta búsqueda de la felicidad que no necesita de la moral para sustentarse, aunque esa también podría ser otra forma de titular la reseña de esta película. Hilarante, tragicómica y egoísta, pero a la vez fílmicamente brillante, divertida y única, son también calificativos que encajan a la perfección con este símil de gángsters con trajes de rayas, verborrea de vendedores profesionales y cables de teléfono con los que acabar de asfixiar la débil muralla que aísla el sueño de la codicia de sus potenciales clientes. Esta es la excusa perfecta que Martin Scorsese utiliza para subirse a uno de los caballos del apocalipsis durante tres horas y mostrarnos en un majestuoso e infinito travelling la forma de ver y entender la vida y el mundo por una gran mayoría de la sociedad actual. Su protagonista, el lobo de las finanzas, Jordan Belfort, es la representación material de muchos de los sueños de todos aquellos que fundan su vida en una perpetua carrera en la que los oscuros méritos de una falsa gloria son el leitmotiv de sus días sobre la faz de la tierra. El dinero una vez más se convierte en el tótem a adorar. Sin embargo, si ese fuera el único fundamento de El lobo de Wall Street no merecería la pena perder ni un solo minuto en verla, pero el acierto de Scorsese es filmar el ascenso y caída de un selfman prototípico del sueño americano desde el punto de vista opuesto. No

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hay moral y por tanto no hay pecado, porque ese axioma es sin duda uno de los grandes arrebatos del hombre actual que ahora nos traen las actuales penas por mucho que siempre busquemos sustentarnos únicamente en los fundamentos macroeconómicos y olvidemos el resto, es decir, ese otro axioma incontestable que es el que el ser humano es corrupto por naturaleza. Y Scorsese lo sabe a la perfección o se da cuenta que esa grieta por la que debe atacar, quizá su último gran proyecto cinematográfico. Y se echa la manta a la cabeza y nos brinda una de sus mejores películas bajo el inigualable escaparate de la sonrisa perfecta y la luminosidad de los ojos azules de un sublime Leonardo DiCaprio, que de nuevo aparece tocado por la varita mágica de la genialidad interpretativa; una luz que, por ejemplo, ya exhibe en El Gran Gatsby, aunque aquí la melancolía se transforma en codicia. Esta historia de ascenso y caída como epopeya de las más bajas pasiones de la naturaleza humana se sustenta en algo tan sencillo como la capacidad de convicción oral que el ser humano posee sobre su semejante. Algo en apariencia tan inofensivo como la frase: ¡véndeme este bolígrafo! (que aparece al menos dos veces durante la película, es capaz de convertirse en el arma más mortífera en los confines de una mente privilegiada como sin duda es la de Jordan Belfort, cuyo retrato de la puerta de atrás de Wall Street tan bien retrata el gran Martin Scorsese en esta película, pues ahí también se halla otro de los aciertos del film, pues en vez de presentarnos a los grandes tiburones de las finanzas, su cámara se para en un hombre que sube a lo más alto vendiendo acciones de a dólar, eso sí, con un beneficio del 50%, lo que sin duda, le llevó a plantearse de nuevo su estrategia y confiar en sus dotes de vendedor para lograr engañar a esa gran cantidad de norteamericanos paletos de la América profunda que se sienten importantes ante la llamada de un bróker de Nueva York y les confían sus ahorros con los ojos cerrados (nada extraño si nos paramos a pensar en el negocio de los sellos en España). Lo que unido a esa gran sentencia del propio Belfort donde nos dice eso de: “el dinero te hace mejor persona”, para completar todos los mimbres necesarios para entretejer una historia de excesos y bajas pasiones, donde la libertad a la hora de filmarla juega un papel fundamental, y que Scorsese modela a la perfección cual

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escultor talla una gran masa amorfa de mármol a la que hay que extraer el alma que lleva dentro. La capacidad de mostrar sin más, huyendo de moralismos recalcitrantes, hace sin duda que disfrutemos de su largo metraje y de esa inconsciencia tragicómica de los sueños, donde nunca somos del todo conscientes de lo que nos ha ocurrido hasta que no nos hemos despertado. El despertar de El lobo de Wall Street también es lento y por capítulos, lo que es un nuevo pro de la película, porque es en la vertiente descendente de esta búsqueda errónea de la felicidad, donde se nos enseña lo que queda cuando se apagan las luces de la pista de baile. La sociedad Scorsese-Dicaprio, una vez más, funciona a la perfección y se convierten en la pareja de baile perfecta de este vals de los cisnes que deviene en los oscuros méritos de una falsa gloria, la del dinero por el dinero sin más.

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Opinión ¿Burocracia o Negligencia? Lola Buendía Alguien puede morir por la irracionalidad de un sistema burocrático. Por incompatibilidad de fronteras invisibles. Por falta de comunicación. Por un diagnóstico equivocado… La historia que hoy les cuento ha vertido alguna tinta en los medios de comunicación escrita. Pero yo no voy a hacer Literatura, ni controversia. Intentaré ponerme en la piel de esos padres, que impotentes ante la descoordinación en el envío de una ambulancia, tuvieron que recorrer los 22 kilómetros que les separaban del centro de salud más próximo para trasladar a su hija de tres años, que había contraído la varicela y se encontraba grave. Si tuviéramos que contar el tiempo que les llevó el traslado, el posterior reconocimiento y el resultado de muerte de la niña…qué poco tiempo comparado con los que dedicaron en la televisión, en la radios, en la prensa…, días después del trágico suceso. Sin embargo cuan diferente lo debieron sentir y medir esos padres angustiados por la urgencia del traslado, la impotencia de la vía telefónica, esperando que los servicios sanitarios de Treviño se pusieran de acuerdo a quién competía enviar la ambulancia, si a la comunidad de Álava, o a la de Castilla- La Mancha. No sé si la eficiencia administrativa pudo haber evitado la muerte de esa niña. Tampoco puedo juzgar si hubo negligencias, pero sí me asquea constatar cómo los unos intentan culpar a los otros para rentabilizarla políticamente o quitarse “el muerto de encima”, usando el dicho popular. Sí me preocupa la deshumanización a la que hemos llegado. Para comprender este suceso acudo al universo Kafkiano y me hago la pregunta siguiente: ¿El funesto desenlace se debió a la irracionalidad de la burocracia o por la racionalidad de la eficiencia como diría Ismael Kadaré, escritor albanés?

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Opinión Ay, esos factores humanos Erena B. Burattini Resulta curioso cómo las grandes catástrofes despiertan la parte más humanitaria de las personas, en cambio en medio de la abundancia o con el poder en la mano es frecuente que se despierten esos factores humanos que nos denigran. Todos hemos conocido a más de alguien que considerábamos buena persona, y que a medida que escalaba posiciones le iba cambiando el carácter, se volvía más desinhibido, a veces tiránico. Ejemplos muy candentes los tenemos en la actualidad entre ejecutivos, economistas y políticos exitosos que se han pasado de la raya, por expresarlo de un modo suave. Seguro que la mayoría nos preguntamos cómo se ha llegado a esto. Y ya que para todo o casi todo hay una respuesta, también la hay para estas actitudes que nos sobrepasan. La profesora Deborah Gruenfeld de la Escuela de Liderazgo y Negocios de Stanford afirma que una de las características típicas del éxito es la desinhibición, causada por la excesiva producción de serotonina, sustancia neurotransmisora. Como consecuencia, muchos de estos personajes que perciben la realidad a través de su omnipotente ombligo terminan usando a las personas en su propio beneficio o pasando de ellas. Me pregunto, así como existen sistemas detectores en los aeropuertos, ¿no habría que inventar algo similar para el ingreso en organismos y empresas que controle los excesos de serotonina? En caso de pitar la maquinita habría que aplicar el antídoto para evitar los desmanes de estos super serotonoides.

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Algo habrá que hacer, digo yo. Por último, vale recordar que la serotonina, también llamada hormona de la felicidad, tiene un rol importante como neurotransmisor en la inhibición de la ira, la agresión, la temperatura corporal, el sueño, la sexualidad, etc. Y así como un exceso de este neurotransmisor tiene esos efectos ya nombrados, su carencia pasa al polo opuesto, a estados depresivos, falta de autoestima, desajustes del sueño. Una sugerencia simple para estos casos: dedicarse a la política donde es fácil sentirse todo un personaje en corto tiempo…, y problema serotonino personal resuelto. Pero, ay, se agrandaría el caos nacional.

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Opinión ¡Al rico cambio de hora, oiga! Mar Solana http://www.tuespacioparasanar.com/index-3.html A ver. Veamos. Hoy me he levantado intentando calibrar mi estado de ánimo, no dejarme llevar por la emoción, esa que (a veces) te recorre la columna como un latigazo y te despierta, presto, el mal rollo que todos, nos guste o no, llevamos dentro: human being. Y he decidido darle al manubrio de la testa o, como decía mi padre, menear la materia gris, que luego nos dicen que si las neuronas se mueren, esto y lo de más allá. Creo que lo llaman pensar, algo que nos aleja (momentáneamente) de erigirnos en jueces cabreados con el mundo, de fruncir el ceño o de levantar el índice acusatorio. Y me he puesto a pensar en el cambio de hora. El cambio de hora se inició durante la Primera Guerra Mundial para ahorrar carbón. Aunque no fue hasta 1974 cuando empezó a generalizarse, a raíz de la primera crisis del petróleo, que mermó los recursos energéticos de los países desarrollados y los obligó a buscar soluciones de ahorro. Desde 1981se aplica como directiva europea y es de obligado cumplimiento en los veintisiete estados miembro. Y sigo dándole a la circunvolución y a las sinapsis.

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Por lo visto, el mundo se divide en veinticuatro zonas o husos horarios. La línea imaginaria que separa la Tierra de Norte a Sur, llamada meridiano de Greenwich y situada en Inglaterra, se toma como punto de referencia. Cuando avanzamos hacia el este desde Greenwich, supone una hora más y si nos movemos en dirección oeste, una hora menos. A España, por su situación geográfica, le correspondería guiarse por la hora de Inglaterra, ya que el meridiano de Greenwich atraviesa la Península Ibérica. Pero…, ¡oh, pero!, aquí, que somos más «salaos» que las pesetas, el señor bajito que se apellidaba con nombre de virtud (¡qué cosas!),decidió por «meridianos» motivos políticos, vincular la hora española a la alemana, destartalando así nuestros biorritmos y además, como era más chulo que un ocho, separándose de la juiciosa hora inglesa, que era una menos. Desde entonces, hemos escuchado argumentar al gobierno de turno, que estos ajustes horarios son los establecidos por la UE para ahorrar energía, ¡ja! Sin embargo, lo que no nos dice esta gente, la letra pequeña que se guardan en el bolsillón de su atuendo de fantoche, es que esta medida supone un trastorno más grande en nuestro país que en el resto de Europa. Y sigo pensando. Si a un niño le cambiamos una piruleta por un pastelillo porque creemos que es más sano y nutritivo, el pequeño se lo comerá sin rechistar; pero nosotros sabemos que ambos llevan mogollón de azúcar y que existen otros alimentos mucho más indicados para él. Con doña Política es muy parecido, siempre votamos a los que consideramos más «saludables» (¡pobre pueblo!). Aunque no nos engañemos: ¿acaso importa el color de quién esté en el púlpito?, ¿rojos, fachas, amarillos o blancos? Bueno, vamos intuyendo que no, todos están adulterados, de forma alarmante y peligrosa. En este caso, incluso, es mucho peor: con el paso de los años y un mayor índice de consciencia y claridad, descubrimos que en el vasto universo de la política no existen apenas «pitanzas beneficiosas» para nuestra salud.

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Ninguno se ha ocupado de revisar esta absurda medida del molesto movimiento horario. Todos aluden a lo mismo: es lo que está instituido de cara a aprovechar los cambios de luz para ahorrar energía y conseguir (por arte de birlibirloque) que el máximo de horas diurnas coincidan con la honrosa jornada laboral. Y punto redondo, «se sienten, ¡coño!», no hay más que hablar. Ajo y agua. Por tanto, y pasándonos por el forro español (que es muy amplio) el equilibrado meridiano de Greenwich, con la llegada de la primavera nos despojan de esa horita que en otoño nos regalan. Esa pobre hora que va dando tumbos por los equinoccios para igualar los solsticios y economizar energía. ¡Oh!, energía, palabra preñada de sortilegios y descargas. Es muy importante ahorrar, aunque tú te encuentres como un culo almorranado (con perdón) y el lunes, ¡magia!, tengas que sacar el cuerpo de tu celestial cama ¡una hora antes! Vamos, que si madrugas, estás más perdido que Hansel y Gretel sin sus miguitas. Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDEA), este cambio de hora solo permite un ahorro aproximado del cinco por cien de la energía, lo que equivale a unos trescientos millones de euros. De estos trescientos, noventa millones corresponderían al potencial de los hogares, lo que supone un ahorro de seis euros por hogar y otros doscientos diez millones de euros restantes se ahorrarían en los edificios del sector terciario y en la industria. Y continúo haciendo pesas con las neuronas. Dos y dos, cuatro. Un cinco por ciento, seis euros por barba o melena, no compensa los trastornos que sufre nuestro organismo, como la alteración de los ciclos del sueño. Las principales funciones de nuestro cuerpo dependen de la fabricación y secreción de hormonas vinculadas directamente con los periodos de vigilia y sueño. Y vaya, resulta que estas secreciones se ven alteradas por el cambio de horario, sobre todo el de la primavera. En este proceso se produce una desincronización de los ritmos internos respecto a los ambientales.

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Los expertos dicen que afecta más a las personas sensibles o altamente sensibles y que se pueden acentuar muchas molestias psicosomáticas: Somnolencia e irritabilidad.  Dificultades en la atención, concentración y memoria.  Fatiga y bajada del rendimiento.  Malestar general.  Cambios en el estado de ánimo, depresión.  Trastornos digestivos. Y sigo dándole al caletre. Resulta, mire usted, que de esos seis euros que ahorramos, las barbas y las melenas no vemos ni un céntimo, ¡si solo fuera eso! Además, y para colmo, nos asaltan las «reinas de la energía» como auténticas bandoleras, con subidas en nuestras facturas que tensan aún más esa soga que ya nos retuerce el pescuezo hace tiempo. Cabecilla que asoma, mazazo que te crió y otra vez «pa» dentro. Y buceando por la Red de redes, he descubierto que existe una campaña liderada por la «Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios», que pretende volver al horario de Londres y Portugal. ¡El 68,4 % de los españoles estamos a favor de cambiar nuestro huso horario!, según una encuesta realizada por el «Instituto de Estudios Opinea». Volver al horario de Greenwich favorecería nuestra salud, aumentaría el rendimiento y disminuiría gastos a todos los niveles, informó esta Comisión, que ha elevado una propuesta no vinculante de «cambio de horarios» al Gobierno. El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha prometido que estudiarán el informe completo, en especial lo relativo al cambio de huso horario. ¿Queda claro, no? Meridiano, como el de Greenwich. Entonces, señores, a ver cuando se ponen en marcha y dejan de manipular nuestra salud con esta absurda medida, más desfasada que la Ramona en las fiestas de mi pueblo.

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