Federico Baggini

 

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Escritor, Bibliotecario

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Federico Baggini --- Argentina El Juego ¿Acaso pronuncia el agua? Una mano moldea el arroyo, la otra el barro que arrastra. Está desnudo, o desnuda, aún no ha recorrido su cuerpo. Sus pies y sus tobillos, sus piernas, son lavados por una sustancia irrepetible ¡¿Cómo poseer la montaña, la llanura, el mar y la utopía, sino a través de los ríos?! Todo lo es y une. El agua. –pensaron El Agua forma el cielo, y las nubes. El agua forma los cuerpos. El agua forma las formas. El agua no se manipula, no se perturba, no se corrompe, no se simula. El agua reencarna. Concluida, la última existencia del Ser, asúmase ésta procedente de la contrariedad o la meditación; es agua. Sin distinciones ni apelaciones. Cuanto otrora fue, será agua. Se oyen corridas. El pasto se eriza y repliega. La voz clama un nombre. Lo encuentra; se detiene tras de mí. Sus pies son pequeños. Sus pasos indefinidos -o universales-. Comienza a alejarse. Pica agua –grita esa voz compuesta de ecos indefinidos desde un banano cercano, sin develar el nombre descubierto. Tras despertar el crepúsculo, nos miramos. “El juego de la escondida concluye cuando se pica el nombre de todos los participantes”, le murmuro al oído. Su cabeza se sacude de un lado a otro. “El juego de la escondida concluye cuando se pica el nombre de todos los participantes. Tu sólo has dicho pica agua”, insistí. Ella -o él- asintió, consintió y cerró los ojos. Su comprensión velaba los diez sentidos: la caricia, la fragancia, la dulzura, la belleza, la música, la paz, la inspiración, la perseverancia, la fantasía y el infinito. El agua. –pensó ella, enlutada, o él, desintegrado. El agua alcanza y abraza lo blasfemo y la derrota. El agua precipita sobre lo impuro y lo real. El agua resurge la misericordia y lo lacónico. El agua se anhela a sí misma, promete en el cielo y se perpetra en la tierra. El agua reencarna. Concluida, la última existencia del Ser, asúmase ésta procedente de la contrariedad o la meditación; es agua. Sin distinciones ni apelaciones. Cuanto otrora fue, será agua. ¡Qué desliz evidenciar el agua! ¡Oh!, ha desenmascarado su omnipresencia. Su mérito hace mi prosperidad, pero no la suya. A nadie le place jugar a su lado. Ya nadie jugará a su lado. Llora lágrimas de agua, derrama las ramas de su inocencia, deshoja las hojas de su semblanza. Todavía los Seres se amparan en el azar, en la desproporción, en la incertidumbre, en el aplauso, en el desorden. El lenguaje de la compresión, enseñado por la diferencia, se aprende antes del ejemplo, se predica en la voz de la multitud y se desestima por resistencia.

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Federico Luis Baggini Federico Luis Baggini, nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, el 1 de agosto de 1987. Es, ante todo, escritor y bibliotecario. Sus primeros pasos en la literatura se remontan años atrás, cuando en vísperas de transitar sus estudios primarios, llegó a sus manos la obra "Fausto", de Johann Wolfgang von Goethe. Este ejemplar marcó de manera insoslayable su carrera en el ámbito de la prosa y la narrativa. Tiempo después, sin pretenderlo, dispuesto por las riendas del azar, concretó sus estudios medios en el Instituto de Enseñanza Superior "Juan B. Justo", bachiller orientado a las lenguas vivas. La influencia de los autores cultivados en aquellos años (J. C. Onetti, A. Bioy Casares, R. Dahl, J. L. Borges, D. Salinger, C. S Lewis, J. R. R. Tolkien, Cesar Vallejos, Mario Benedetti, O. Girondo, J. Cortazar, M. Fernandéz, E. Galeano, G. G. Marquéz, Saramago, O. Wilde, Flaubert, L. Tolstoi, W, Proust, L. Heker, Spinoza, R. Carver, S. Anderson, J. Joyce, L. Stevensson, H. G. Wells, C. Dickens, Moliere, A. Artaud, I. Turguniev, etc.) determinarían el estilo lírico, lúcido, paradigmático y reflexivo que caracteriza a los cuentos, microficciones, ensayos y relatos de este autor contemporáneo recientemente incorporado al circuito literario argentino con su libro Acariciapájaros y otros cuentos*. Su permanente pasión por las diversas manifestaciones artísticas -desde el cine hasta la escultura, pasando por las artes plásticas, la danza y el teatro-, persigue un fin univoco: la provocación, la complacencia y el regocijo que cada individuo atraviesa tras contemplar una obra, una pieza, un contenido, un molde, en otras palabras: un acto de creación. La concepción de arte de Federico L. Baggini irradia, autentifica y colma los aspectos literarios que se destacan a lo largo de su obra; hace trascender de igual modo a todos aquellos anhelos que bregan por su continuidad -ofreciendo una invención propia- y a quienes reciben y cobijan como espectadores las expresiones ajenas, y las vuelven propias.

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