Revista Terral - Número 13

 

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Revista Terral - Número 13

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Estimados lectores y colaboradores En nombre del equipo de redacción y en el mío propio, presentamos el número 13 de la revista Terral (que se edita desde el año 2010). El cuadro de portada “Las bañistas” de Lorenzo Saval, pintor, escultor, editor, poeta, director de la revista Litoral…, es una gentileza del autor. Quiero compartir con vosotros esta cita que me llegó vía internet: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”. La cita, que me pareció oportuna, es de Alissa Zinovievna Rosenbaum, filósofa y escritora estadounidense, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand. Nació el 2 de febrero de 1905 en San Petersburgo y falleció en marzo de 1982 en New York. ¿Hemos llegado a esta situación en nuestro país? ¿Está nuestra sociedad enferma? Hagámonos preguntas, y busquemos las respuestas. Por mi parte no quiero aportar más pesimismo del que ya existe. Confiemos en los muchos trabajadores, estudiantes, profesionales de las artes y las ciencias, escritores, pensadores, investigadores..., que, en condiciones difíciles, trabajan para encontrar soluciones y alternativas a la crisis. Que este número de Terral sirva para empujar lejos los vientos del desánimo, la apatía y la corrupción. Lola Buendía – Directora de la Revista Terral – ISSN 2253-9018 www.revistaterral.com

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Revista Terral Número 13_ Diciembre de 2013 ©Todos los derechos reservados ISSN 2253-9018 Colaboradores en este número: Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Enrique Bodero – Lola Buendía – Ramón Alcaraz Erena Burattini Cuadro de portada: “Las bañistas” de Lorenzo Saval Diseño de portada: Enrique Bodero Editorial: Lola Buendía López Cine: Ramón Alcaraz – Ángel Silvelo Opinión: Erena B. Burattini Crítica literaria: Ángel Silvelo_ Ricardo Guadalupe Poesía: Mercedes Ridocci_ Enrique Clarós_Marta Rodríguez_Erena B. Burattini _ Ángel Silvelo Relatos: Andrés Ortiz Tafur_ M. Dolores Rubio_ María José Moreno María Barrionuevo (cuento infantil) Ser escritora: Mar Solana Flamenco: Rafael Silva Martínez – Lola Buendía Arte: José Manuel Velasco El viajero: Lola Buendía – Pepa J. Calero La otra realidad: Mariano Vázquez Alonso Diseño digital: Lola Buendía – Carmen Guerrero Maquetación: Lola Buendía López Diseño Web: Ana García – 644 26 28 80

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CINEXPLICABLE CINEXPLICABLE (Ramón Alcaraz García. www.tallerliterario.net) ¿Sabías que Peter O’Toole vivió en el desierto como un beduino para preparar su mítico Lawrence de Arabia? El magnífico papel de Lawrence es uno de los que no podemos concebir sin que hubiese sido interpretado por el irlandés Peter O’Toole. Su lugar de nacimiento no está muy claro, ya que hay partidas que certifican que nació tanto en Irlanda como en Leeds. Su infancia fue dura, internado durante ocho años al iniciarse la Segunda Guerra Mundial en un colegio católico de monjas, donde recibió severos castigos tanto por la disciplina impuesta como por el hecho de que era zurdo. Tras algunos pasos en televisión y cine, le llegó la oportunidad de caracterizar al personaje que le daría fama mundial: el teniente coronel inglés Thomas Edward Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia; en un película basada en hechos reales que se convirtió en referente de la historia de la cinematografía. Como ya ocurrió con otras grandes películas, el papel fue rechazado en principio por actores como Marlon Brando y Albert Finney. O’Toole fue la última opción, con la desconfianza del director porque solo había hecho tres papeles secundarios; pero el actor se metió en él de una forma apasionada, hasta el punto de vivir como un beduino en Jordania y Marruecos. Algunos asesores en el rodaje, que habían conocido y tratado personalmente al verdadero Lawrence, se emocionaban al verlo y decían que el

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coronel había vuelto de la mano de O’Toole; también era notable el parecido físico de ambos. Peter habría ganado sin duda el Oscar de ese año, para el que estuvo nominado; pero se enfrentó a una de las mejores interpretaciones del siglo XX, la de Gregory Peck con su Atticus Finch de Matar a un ruiseñor. Junto a 1939, 1962 fue uno de los años que reunió a varias producciones memorables: Lawrence de Arabia, Matar a un ruiseñor, Días de vino y rosas, ¿Qué fue de Baby Jane?, El milagro de Ana Sullivan, Dulce pájaro de juventud, Lolita... La gran triunfadora fue Lawrence con 10 candidaturas y 7 premios. Sin embargo, Peter O’Toole estuvo nominado 8 veces a ese galardón y jamás lo logró; y en 2003 aceptó el oscar honorífico que premiaba toda su carrera. El American Film Institute sitúo esta película en el puesto número 7 de las 100 mejores. Como curiosidad, este es el inicio de su lista: Ciudadano Kane, El padrino, Casablanca, Toro salvaje, Cantando bajo la lluvia, Lo que el viento se llevó, Lawrence de Arabia… Aunque a esa institución se le critica que solo tenga en cuenta películas norteamericanas. Además de Jordania y Marruecos, fue rodada en Sevilla (Plaza de España, Casino, Plaza de América, Reales Alcázares…) y Almería (playa de Las Carboneras, Parque Natural de Cabo de Gata, desierto de Tabernas, parque Nicolás Salmerón…). Por ejemplo, en Almería se rodó la entrada de las tropas árabes en Ákaba (Áqaba). De esta forma, Almería pasó a ser un lugar de frecuentes rodajes, incluidos los famosos spaguetti-western. Otras de sus curiosidades es que es una de las pocas películas sin ningún papel femenino, ni principal ni secundario; e incluso apenas aparece ninguna mujer, excepto la presencia de algunas chicas en el entierro de Lawrence y fugazmente alguna mujer árabe en la figuración. Toda la película está rodada en exteriores, menos una sola escena de un primer plano que dura unos segundos, en la que se muestra el abrasador sol del desierto. Al intentar grabarla, la película se quemaba, y por eso se filmó en interior y la trataron convenientemente para el montaje. Hemos de tener en cuenta que durante los rodajes

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en el desierto se soportaban temperaturas de más de 50 grados, a lo largo de casi dos años de trabajo filmando en condiciones especialmente duras. Fue prohibida en la mayoría de países árabes por considerarla una falta de respeto a su cultura. En cambio, en Egipto se convirtió en un gran éxito, por considerar que exaltaba el nacionalismo árabe. Sirva esta reseña para homenajear al actor recientemente fallecido, que siguió trabajando en cine y teatro hasta casi cumplir sus ochenta años.

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Sección Cine LA VIDA DE ADÈLE: LA COLISIÓN ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN... ENTRE AMOR Y DESEO. Reseña de Ángel Silvelo Gabriel Vulnerar las reglas básicas del lenguaje fílmico para situar a la cámara delante de la piel de la protagonista, y con ello, penetrar dentro de lo que no se nos puede mostrar sino diseccionado materialmente el cuerpo humano, es la técnica que AbdellatifKechiche ha empleado para enseñarnos las entrañas de sus obsesiones, porque quizá no haya otro camino más directo para reafirmar la colisión entre realidad y ficción... entre amor y deseo, y así, intentar que todos se vuelven uno. Como diría Marguerite Duras, la obsesión por la piel, su piel (en este caso de la protagonista AdèleExarchopoulos) es el leitmotiv en el que el cineasta tunecino se basa para narrarnos ese tortuoso camino que nos lleva de la adolescencia a la juventud o del simple deseo al verdadero amor. Una obsesión que se materializa en la preeminencia de los primeros planos que se regodean en lo más banal de nuestra vida diaria, y que llegan a ser asfixiantes en muchas ocasiones, y que el director contrapone (para proporcionarnos algo de oxígeno) con pequeñas pinceladas naturalistas o intelectuales a lo Eric Rohmer. Contrapuntos que, sin embargo, intentan tocarse en una estructura narrativa basada en el montaje de diferentes escenas de la vida diaria de Adéle y su historia de amor con LèaSeydoux, a través de interminables y falsos planos secuencia (con un profundo aroma a montaje teatral más que cinematográfico), pues el espacio narrativo que nos transmite Kechiche es muy distinto al predominante en el cine actual. Su universo es un mundo de largas caricias, de miradas perdidas, de ausencia de prisas y de destellos incontrolados en una aparente vida normal (si acaso hasta monótona), de una joven que se muestra tan natural como confundida ante el infinito mundo de los sentidos. En ese aparente silencio que rodea a La vida

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de Adèle no hay lugar, sin embargo, para la improvisación, pues a pesar de la animadversión del director a la hora de ensayar las escenas antes de rodarlas, o de su negativa total a medir la luz antes de dar al play de la cámara, los dos meses iniciales de rodaje se convirtieron en cinco meses y medio, lo que llevó al equipo de rodaje y a las actrices a un hartazgo sólo puesto al descubierto tras recibir La Palma de Oro en Cannes; una recompensa que, no obstante, habla por sí sola de las virtudes y múltiples hallazgos de esta película. En La vida de Adèle no estamos únicamente ante la batalla encarnizada de dos cuerpos desnudos en la búsqueda del placer más extremo (retratado en un plano secuencia de casi diez minutos), sino que también asistimos al gran debate del amor y la vida. De esta confrontación nace La vida de Adèle como una nueva forma, quizá la única, de ver y sentir los deseos y las contradicciones inherentes al ser humano; un debate sin tregua y para el que Kechiche ha necesitado de casi tres horas para mostrarnos una gran historia de amor. Las dos partes en las que se divide la película, representan muy bien la formación de ese caparazón milagroso que es el amor, capaz por sí mismo de aislarnos del mundo más oscuro y real, y trasladarnos a ese edén que, como un universo paralelo, nos muestra a un deseo tan ciego como caprichoso, ahí es tan sutil se como necesario... donde muestra prodigiosa y sublime AdèleExarchopoulos, heroína en una constante confrontación contra la proximidad de una cámara que la persigue hasta la saciedad, pero ella, lejos de mostrarse insegura o inaccesible, nos brinda una majestuosa actuación como rara vez podremos volver a ver en el cine. Su seguridad está presente en cada mirada, en cada gesto, en cada lágrima, en cada grito de placer y en cada poro de su piel; piel que se transforma en la mejor frontera del amor y el deseo, de la luz y la oscuridad... Si algo ensalza a Adéle, y por ende a esta película, es la dignidad de su protagonista, a prueba de centenares de tomas y caprichos enfermizos de su creador. Ella es la columna vertebral en la que se sustenta esta tesis sobre el amor y la vida; una tesis que nace de la colisión entre realidad y ficción... entre amor y deseo.

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Ángel Silvelo, funcionario de carrera del Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado, es autor de las novelas Fragmentos (Primer Premio Certamen Cultural URJC 2001, Lulu.com 2007), Dejando pasar el tiempo (Editorial Visión Net Editores 2012) y colaborador de la revista cultural www.civiNova.com, donde publica reseñas literarias, de cine, música y arte, al igual que en el periódico digital www.Qué.es, en el que tiene dos blogs. Asimismo, edita un blog cultural www.angelsilvelo.blogspot.com y colabora en el portal www.escritores.org, en la web www.canal-literatura.com, en la plataforma www.paperblog.com y en la revista Terral www.revistaterral.com. Entre otros, ha ganado los siguientes premios literarios: 1º Premio Certamen Cultural de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid 2001. Finalista del VI Concurso Crítico de Cine de la Guía del Ocio (Madrid 2003). 3ª Premio del XIII Certamen Relatos Breves “Día de la Mujer 2009”, Ayto. Navalmoral de la Mata. 1º Premio II Certamen Narración Corta UNED Cartagena 2010. 2º Premio IX Edición Premio Nacional Relatos Cortos Mujeres Progresistas de Badajoz 2010. 1º Premio 7ª Edición Certamen de Narrativa Ciudad de Chinchilla 2011. 2º Premio en el XIX Concurso Relatos de Igualdad del Ayto. de Miranda de Ebro 2011. 1º Premio Club Taurino Mazzantini de Relato Taurino, Llodio 2011. 1º Premio en el VIII Concurso de Cuentos 2011 “Cultura es libertad”, Asociación Residentes Afroamericanos de Vitoria. 1º Premio XII Concurso de Relato Breve UNED Plasencia 2012. 1º Premio IX Certamen de Relatos Breves “Cristina Tejedor” de la Diputación de Palencia 2012.

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Sección Opinión Nuevas Leyes Erena B. Burattini Me sorprendí al oír hablar del proyecto de una nueva Ley de Protección Ciudadana. Supuse que querrían protegernos de posibles atentados o de alguna epidemia contagiosa. Descartadas estas hipótesis me pregunté ¿de qué o quienes pretenden protegernos entonces? Tampoco es que nos encontremos en guerra. Aunque es verdad que estamos inmersos en una profunda crisis que está teniendo algo en común: el racionamiento, como es el caso de la educación, la sanidad, el trabajo, y por supuesto también se raciona el futuro. Es extraordinario, por tanto, que ante esta dura crisis los políticos tengan presentes a los ciudadanos, y que se elabore una ley que los proteja. Seguro que como medida primordial contendrá artículos destinados a evitar el saqueo y el despilfarro de las arcas públicas, que los ciudadanos engordamos. Esta medida tendría un buen efecto anti-racionamiento. Si se obviara este aspecto será que necesitan aún más asesores para evitar despistes de tamaño calibre. Mientras escribo estas líneas caigo en la cuenta de que lo trending topic en política es hablar en clave, sí, decir una cosa por otra, supongo que con el fin de mantener activas las neuronas ciudadanas. Siguiendo entonces este juego adivinatorio -doy solo un ejemplo entre tantos otros: cuando bajan los sueldos el ministro afirma que suben–, tendríamos que pensar a qué se refiere en realidad esta ley que pretende, al menos por su nombre, defender al ciudadano en tiempos de paz. ¿Será una ley que promueva conductas cívicas que dejen atónito al mundo ante nuestros exquisitos modales pase lo que pase? A medida que escribo se me va haciendo la luz. Este juego de hablar al revés tan en boga me está activando la sesera. Ahora comprendo que esta ley no se refiere al

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ciudadano de a pie, va destinada al Ciudadano con mayúscula en defensa del ciudadano minúsculo. ¡Ay! Prefiero pasar página, y comentar otra ley en trámite, la de Transparencia, que ya deja entrever que más que transparente la luz nos llegará tamizada con bellas palabras. Y no es que nuestros gobernantes sean fotofóbicos. ¿Qué les pasa entonces? En fin, resultan muy curiosos los tiempos que nos están tocando vivir. A menudo dudo si mis neuronas se han resecado puesto que me cuesta entender y digerir lo que sucede a diario. Para más inri me toca ahora reaprender la historia. No sabía que detrás de la primera gran revolución de la humanidad, me refiero al paso del nomadismo al sedentarismo, así como de los siguientes descubrimientos, avances tecnológicos y cibernéticos que más progreso han traído a nuestra humanidad, se encuentra la ideología del PP, según afirma la alcaldesa de Madrid. ¡Nunca es tarde para actualizarse!

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Crítica literaria Los valles olvidados: un viaje iniciático hacia la esencia de la vida Reseña de Ángel Silvelo Gabriel Como dice muy bien Ramón Alcaraz en el prólogo de libro, Los valles olvidados es una novela de viajes y metáforas. Viajes iniciáticos hacia la esencia de la vida; y metáforas que adornan de una forma poética las emociones de unos personajes que transitan por unos valles perdidos en la noche de los tiempos. Lola Buendía ha tenido la valentía de novelarlos, y lo ha hecho dibujando con su pluma pequeños retazos de su sentir y su padecer que, lejos de situarlos en la senda de la desgracia ante la ausencia de comodidades, los sitúa en un día a día apegado a una tierra que les transmite sabiduría, placer y sustento. En este sentido, Los valles olvidados se encuentran a medio camino entre el realismo más hostil y ese otro realismo mágico con el que se aderezan la rudeza del olvido y las leyendas de unas gentes que se pierden en su árbol genealógico como las estrellas lo hacen en la oscuridad del firmamento. Al leer esta novela, nos llegan ecos de Miguel Delibes o Camilo José Cela a la hora de rebuscar en las entrañas del ser humano ese último sentido de la existencia que, por muy descorazonador que nos parezca a todos aquellos que residimos en las grandes ciudades, poseen la certeza que sólo proporciona la quietud del paso del tiempo y la naturaleza en su estado más puro. Ahí radica el gran valor de esta novela (que fue premiada por la Diputación de Jaén en el año 2008), en la luz que nos proporciona (a veces cercana al estudio etnográfico) de unos personajes únicos en sí mismos, pues en la

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mayoría de los casos, su autenticidad se halla en ese diamante en bruto llamado sencillez. El leitmotiv de esta historia sobre hombres y mujeres, naturaleza y animales y lugareños y extranjeros, es la cultura, quizá la única herramienta que todavía a día de hoy es capaz de inculcar un poco de esperanza a nuestro futuro. Y ese en esa fuerza en la que se van a apoyar, Elena (álter ego de la autora) y Pablo, cuando inician una nueva vida al afrontar con la esperanza que sólo te proporcionan los ideales, la reapertura de la escuela Las Encinas; un edificio público en mitad de la serranía de Jaén que a su vez hace las veces de capilla. Una semblanza que nos pone de manifiesto el juego ambivalente de los símbolos de la cultura occidental, con la religión y la educación muchas veces enfrentadas. Y como mítica y universal observadora de todo ello, la naturaleza, que se desdobla perfectamente en pantanos, ríos, senderos, setas, cabras, ovejas y costumbres, que en Los valles olvidados salen magistralmente retratados por una escritora, Lola Buendía, que se auto impone una vasta labor de rastreo en las costumbres de las gentes de la serranía de Jaén, para ofrecernos esa otra mirada de la vida, que alcanza sus momentos más brillantes cuando la autora se deja llevar por el hilo conductor de las anécdotas y leyendas de unos personajes que van anidando en cada uno de los relatos que componen esta novela, perfecta alquimia que conjuga el presente y el pasado, lo rural con lo urbano…, y así, hasta llegar a la perfecta conjunción de una época no tan lejana en nuestra memoria, lo que nos lleva a replantearnos cómo éramos no hace tanto tiempo y cómo somos ahora.

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Crítica Literaria Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi Ricardo Guadalupe Qué poco sabemos de nuestros vecinos los portugueses. Si se preguntara a los españoles por la dictadura salazarista, me atrevería a decir que la gran mayoría se sorprendería al escuchar que duró casi 50 años del siglo pasado. Menos mal que novelas como la de Antonio Tabucchi, que curiosamente es italiano y no portugués, vienen a refrescarnos la memoria. Sostiene Pereira se desarrolla en agosto del ’38, en una Lisboa en estado de sitio y con el fascismo y los regímenes totalitarios imponiéndose en Europa. Es este el marco que utiliza la novela para hacer un alegato contra el inmovilismo. Porque, como dice uno de los personajes, “hay que distinguir entre fanatismo y fe”. Pereira, el protagonista, es un periodista viudo y católico que ha llevado una vida tan anodina que no encuentra de qué arrepentirse, llega a sentir “una nostalgia de arrepentimiento”. Pero algo cambia cuando conoce a MonteiroRossi, se ve conquistado e influenciado de manera decisiva por los atributos propios de un espíritu joven: vitalidad, desinhibición, inocencia, sinceridad, apasionamiento, osadía, inconsciencia, negligencia, sencillez, cercanía, dependencia… Monteiro-Rossi es para Pereira el hijo que nunca tuvo. Y aunque le advierte de que seguir las razones del corazón le va a traer complicaciones, también le reconoce algo que se va a convertir en el lema de la novela: que las razones del corazón “son las más importantes”.

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Y esto debe ser que el autor se lo aplica a sí mismo, puesto que aprovecha el personaje de Monteiro-Rossi para criticar sin complejos a escritores partidarios del fascismo, como Marinetti o D’Annunzio. Del mismo modo que elogia a los escritores católicos franceses Mauriac y Bernanos, que se alinearon a favor de los republicanos españoles, yendo más allá este último al atacar con vehemencia el batallón Viriato, el contingente militar portugués que fue a España a combatir junto a Franco. La admiración de Tabucchi por los autores franceses se deja notar asimismo a través de las traducciones que Pereira realiza para la sección cultural del periódico, donde publica cuentos de Balzac, Maupassant, Daudet… Todos ellos escritores del siglo XIX, reflejando a mi parecer un ascendiente similar al que ahora en el presente siglo podemos experimentar por los escritores del veinte. Sostiene Pereira está escrita en forma de declaración, de ahí su título. Esta técnica dota de verosimilitud al texto, así como de proximidad, ya que nos acerca el pasado desde un tiempo presente. Su lenguaje es sencillo y ameno. Y está recubierto con una capa de fino humor de principio a fin. Mención aparte merece la fantástica nota del autor a la 10ª edición italiana, en la que Antonio Tabucchi explica de primera mano el proceso creativo de la obra. Así se descubre, entre otras cosas, el porqué de su peculiar forma de narrar Sostiene Pereira. Pero no será en esta reseña donde se desvele. Sostengo yo. (“Relatos con abrelatas” es el tercer libro que ha publicado Ricardo Guadalupe con la editorial Octaedro) http://octaedro.com/OCTctlartb.asp?id=es

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