El Hogar de los Malditos

 

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Libro de Poesía y Pintura

Popular Pages


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en Poesía Pincel Virtual Luis Fernando Bedoya de los Ríos

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Harÿell, nací en medio de las montañas andinas del occidente colombiano, en Salamina, un pueblo al que la primavera se resiste a abandonar. “También tuve veinte años y un corazón vagabundo”. Mi pasión fueron los números y las letras. Me hice ingeniero y bohemio en la Universidad Nacional de la hidalga Manizales, y me especialicé en Telemática en la Universidad de los Andes de Bogotá. Durante diez años pude disfrutar del calor del Caribe, pues cada fin de semana me escapaba de la bulliciosa y alegre Caracas, donde residí, a gozar de las playas del litoral venezolano. Actualmente me encuentro respirando el fresco clima de la Atenas Suramericana, donde vivo ansioso de que mi amada y sangrante patria pueda encontrar la paz.

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Mujer Deberías ser medio mundo, pero eres más de medio mundo; eres más que el mundo entero: ¡el universo! Tu misión es la vida misma; por eso eres tú la vida. Eres la vida y el universo. Eres la parte exquisita, la parte amable, la parte caprichosa y volitiva: La otra parte. Tu misión es ser madre; eres tú quien protege a los hijos y necesitas protección de un amante. En el día eres luz radiante; eres poesía y eres una flor; una gema, una nube, un ave, una piedra en el camino. En la noche eres una sombra; una sombra que ama y es amada. Eres la sombra de un hombre y ese hombre es tu sombra.

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En la madrugada eres además una gota de rocío, una estrella, un lucero, una copa de licor.

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Sacrificio Siento que un corazón palpita entre las nubes anunciando con su ritmo el holocausto. Decidí que esta noche va a ser de terciopelo y permitiré que tú le inventes los colores. No, no me mires así, no aún. Espera el sonido de las flautas; espera que mi alma inicie el sacrificio de tu alma; espera que los besos aticen nuestro fuego. Entonces los himnos entonados desde siempre se convertirán en el eterno susurro de los astros y en el coro cómplice de los océanos. Ya no habrá luz: las tinieblas retomarán el mundo y tú, mi amor, encontrarás refugio entre mis brazos

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Éxtasis Anoche subí hasta ti, escalé la cima de tu cuerpo, contemplé el cielo en tus ojos, acaricié con mis manos las nubes doradas de tu cabello, me embriagué con tu vía láctea, ardí en el fuego del volcán de tus labios sagrados y malditos me mecí al ritmo de las olas, del mar voluptuoso de tu vientre encallé en la playa soleada y ardiente de tu sonrisa y luego descendí.

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Magia Las cosas en mis manos se vuelven rosas y versos las palabras en mi boca los sonidos que escucho parecen música y percibo los olores como aromas. Amor, ¿será que me embrujaste? Porque tú ... a todas horas tú te apareces en mis sueños y con sólo tu presencia todo el mundo se vuelve para mí un paraíso. De verdad, ¿será esto magia? No puedo ocultarte que me siento cautivo de un poder que tú posees escondido en alguna parte de tu alma ... o de tu cuerpo. ¡Pero yo no quiero liberarme!

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Tu cuerpo en almíbar Ayer por la tarde disfruté un durazno en almíbar y esto despertó un íntimo deseo. ¿Por qué no saborear también tu cuerpo en almíbar? Entonces preparé la tina antes del anochecer con un poco de agua tibia y un perfume especial. La llené luego con almíbar meloso y acariciador igual que el terciopelo sedoso de tu piel. Cuando por fin llegaste ansioso desnudé tu cuerpo y con gran delicadeza lo sumergí en la tina. Luego salió la luna y la noche se alegró con el sonido de las cigarras. Hoy canto a los cuatro vientos: ¡Qué delicioso, qué manjar, tu cuerpo en almíbar!

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Pecado mortal Me inquieta verte... ¡y eso que apenas te conozco! cuando te sientas impune en el verano de esa noche que siempre me ocultas; cuando en silencio me gritas tantas cosas y yo apenas las esquivo. Cuánto quisiera enviarte a la esfera que arde inquieta por mi ausencia; entonces un lirio canta primaveras y lloras esperando otro lamento de esa sirena que un día tú pintaste. Partirás sin dueño y regresarás buscando redenciones de un arco iris que no te pertenece. Ignorarás entonces a aquel arcángel que en sueños sangra y muere y no dirás palabra. Tan sólo mentirás y estarás ahí, inmóvil, para que yo, indigno, te desee.

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Sé que me esperarás Nada me importa ya: he sido amante muchas veces; he profanado mil miradas; ¡he muerto tantas muertes! ¿Pensaste que un día tu osadía lograría inquietarme impunemente? Que sucumbiría al decir ¿qué quieres? Cuerpos morenos conozco hermosos; ojos azules, ojos negros, ojos verdes. Yo sé que a ti nada te falta de lo que anhelo; y sé, además, que estarás esperándome en aquella esquina, esta tarde.

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