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TITULO: EL PASAJE AUTOR: JUSTIN CRONIN EDITORIAL: UMBRIEL AÑO LANZAMIENTO: 2010 Nº DE PÁGINAS: 1088 FECHA RESEÑA: 30/10/13 SINOPSIS: Una epidemia irrefrenable, desatada por un desastroso experimento militar, inunda el planeta. Los infectados por el virus ya no son seres humanos, sino eficaces e invulnerables máquinas de matar. Sólo una niña, una huérfana llamada Amy, parece compartir con los infectados muchos de sus poderes, pero no su sed de sangre. Cuando el mundo tal y como lo conocemos llega a su fin, es Amy la única que cruzará el pasaje entre un planeta moribundo y un planeta nuevo, donde tribus dispersas de humanos sobreviven como pueden en un mundo hostil que ya no les pertenece. Escrita por un autor multipremiado, El pasaje es la primera parte de una fantástica trilogía que se ha convertido, incluso desde antes de su aparición, en la novela más comentada de los últimos tiempos, al mismo tiempo una formidable aventura llena de acción y suspense y una épica de la resistencia humana frente a la peor de las catástrofes. RESEÑA: En el siglo XVII, la imposibilidad de ofrecer una explicación racional a las epidemias que asolaron Europa desató el pánico entre la población que, amparándose en antiguas supersticiones, realizaban sacrilegios contra las tumbas de los fallecidos. Si bien la popularización del vampiro se produjo durante esta época, la novela «Drácula» publicada por Bram Stoker en 1897 permitió que trascendiera del viejo continente hasta convertirse en un referente mundial del terror a la oscuridad del alma humana.

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Las adaptaciones de este clásico sin incontables, así como las obras que se han inspirado directamente en ella: «Entrevista con el vampiro» (Anne Rice), «El misterio de Salem’s Lot» (Stephen King), «El ansia» (Whitley Strieber), «Soy leyenda» (Richard Matheson), «El sueño del Fevre» (George R.R. Martin), «La historiadora» (Elizabeth Kostova) o «Déjame entrar» (John Ajvide Lindqvist). No obstante, el reciente éxito de sagas juveniles como «Crepúsculo» (Stephenie Meyer), «Vampire Diaries» (L.J. Smith), «Media Noche» (Clauida Gray), «Vampire Academies» (Richelle Mead), «La casa de la noche» (P.C. Cast y Kristin Cast) demuestran la sobreexplotación de este personaje, desmitificándolo para convertirlo en un ser romántico, angustiado por la perspectiva de una inmortalidad en completa soledad, el ansia insaciable de sangre y el deseo de recuperar su humanidad a través del amor. Por otro lado, las trilogías destinadas a un público adulto, aunque no por ello más exigente respecto a la calidad y originalidad de estas obras, como «Nocturna» (Guillermo del Toro & Chuck Hogan) o «El pasaje» (Justin Cronin) han resultado tan perjudiciales para este no muerto como el ajo, los crucifijos o las estacas de madera. Y es que en vez de respetar su esencia, optan por emplear los clichés propios del séptimo arte en las progresivas revisiones del mito original hasta transformarlo en un monstruo de serie B, e incluso Z. «El pasaje» representa una nueva tentativa infructuosa por devolverle al vampiro su identidad original y, al mismo tiempo, modernizarlo. Básicamente, Justin Cronin nos ofrece una novela apocalíptica exclusivamente significativa por su amplio desarrollo a través de diferentes espacios y tiempos combinando numerosas estructuras narrativas. El cambio de primera a tercera persona, incluso la reconstrucción de los acontecimientos mediante el uso de fragmentos de diarios o epístolas es el mejor ejemplo de la influencia de Stoker en esta novela. Asimismo, la escena dedicada a una de las primeras adaptaciones del clásico ilustra este tributo innecesario. Además de los aspectos técnicos descritos en el anterior párrafo, el estilo descriptivo del autor ralentiza el ritmo hasta volverlo inexistente durante las dos primeras partes de la

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novela. De hecho, sorprender comprobar que la introducción de la historia se extiende durante doscientas hojas, descubriendo que el “presente” es, en realidad, el pasado que nos explica los orígenes de la epidemia, así como la presentación del personaje más importante para el desarrollo de los acontecimientos posteriores, Amy. En realidad, Justin Cronin centra todos sus esfuerzos en ella, mientras que ofrece demasiadas explicaciones sobre la biografía del resto de protagonistas para después incurrir en numerosas contradicciones en su personalidad o su comportamiento ante determinadas circunstancias. Es decir, el autor tiende a recrearse en detalles innecesarios durante la presentación, pero después es incapaz de desarrollarlos de forma coherente dentro del contexto. Por subsiguiente, la gran mayoría carece de atractivo para el lector ante esta falta de solidez. Y es que desde el principio, sabemos quiénes desarrollaran un determinado rol dentro de la historia, pura linealidad sin arriesgar en plantear auténticos conflictos que les permitiese transcender de los recurrentes clichés. Cabe señalar que ni los vampiros cumplen su propósito de atemorizar al lector por varios aspectos. En primer lugar, su presencia es mínima. Una novela de vampiros en la que apenas intervienen, excepto cuando la escena exige algo de acción después de tanto diálogo intrascendente y descripciones interminables. En segundo, la ausencia de una descripción completa de su aspecto, aparte de algunos detalles poco originales como las garras, la ausencia de vello corporal o los colmillos. ¡Vaya novedad, un vampiro con dientes largos! Además, tras conocer que brillaban en la oscuridad con una luz fluorescente de color verde no podía evitar imaginarme a los escasos supervivientes combatiendo contra gusiluz. En tercer lugar, la traducción que ha rebautizado a la especie como “pitillos”. El término chupa sangre me provoca más pavor que llamarlos como a los cigarrillos, como si se tratase de una campaña contra el consumo de tabaco encubierta. ¡Acabemos con los pitillos! ¡Muerte a la nicotina! Si la traducción fue literal, la editorial debería haber considerado que, en algunos países, determinadas palabras tienen un significado diferente, siendo necesario encontrar otra que no provoque esta confusión, tal y como ocurrió con el Mitsubishi Pajero. Finalmente, persiste la sensación de que «El pasaje» es resultado más de la improvisación que de un esquema narrativo bien planificado. Es cierto que los constantes giros sorprenden al lector, pero ante el incomprensible cambio que acaba de sucederse ante sus ojos. Una sola página intenta englobar tantos sucesos que el autor opta dedicarle apenas unas líneas a pesar de su trascendencia. No obstante, consciente de la falta de información existente, los retoma desde la perspectiva de otro personaje para evitar estas lagunas narrativas. Con todo, el auténtico problema radica precisamente en sus excesos. Si eliminásemos todo el continente superfluo que prolonga la lectura hasta el ostracismo, la novela prescindiría

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con facilidad de un tercio sin que se viese afectada de forma significativa. Igualmente, evitaría la mayoría de las contradicciones, sobre todo a partir de la segunda parte de la novela. A pesar de no haber visto un automóvil, resultan significativos los conocimientos sobre mecánica que demuestran cuando las circunstancias lo requieren. O de informática. O de energía nuclear… A pesar de ser la tercera novela de Justin Cronin, «El pasaje» demuestra que todavía le queda un largo camino por recorrer para garantizarse la supervivencia dentro del panorama literario, sobre todo cuando existen tantos homólogos dispuestos a lanzarse a su cuello. Olvídate del crucifijo y empuña con decisión la pluma sobre el papel o los dedos sobre el teclado, porque dentro de poco anochecerá trayendo consigo las sombras con todos los peligros que habitan en ellas, incluyendo una criatura ancestral de largos colmillos, ardientes ojos y una sed insaciable por tu sangre. LO MEJOR: El esfuerzo del autor por rendir tributo a la novela de Stoker. Algunos detalles independientes, como la historia de Carter. LO PEOR: El resto.

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