Voces en el Fénix Nº 29 | El espíritu de la colmena

 

Embed or link this publication

Description

Voces en el Fénix Nº 29 | El espíritu de la colmena

Popular Pages


p. 1

La revista deL PLan Fénix año 4 número 29 octubre 2013 ISSN 1853-8819 La cuLtura es una herramienta centraL para consoLidar eL sentimiento de pertenencia a una comunidad. para Lograr La integración de todos Los sectores, debe aLcanzarse un desarroLLo económico equitativo que ponga fin a Las desiguaLdades. eL estado debe garantizar esto aL mismo tiempo que avanzar en una reaL federaLización de Las poLíticas cuLturaLes El Espíritu dE la colmEna

[close]

p. 2

sumario nº29 octubre 2013 editorial cuLtura: una herramienta transformadora abraham Leonardo gak aLejandro grimson el desafío de la justicia cultural 6 rubens bayardo cultura, economía y economía de la cultura 14 pabLo semán Las culturas populares y lo que no cambia: la confusión entre la crítica de la dominación y la dominación 22 marceLo urresti Los jóvenes y los dilemas culturales 30 martín becerra industrias culturales en la argentina: conflictos pasados y presentes 40 carLos díaz y heber ostroviesky desafíos de la era digital. del glamour a las políticas para el sector editorial 50 Laura maLosetti costa arte e historia en los museos: nuevos y viejos desafíos 60 américo castiLLa a cada chancho le llega su san martín. acerca de los usos sociales del patrimonio 68 ezequieL grimson música y políticas culturales en la argentina 76 maría carman, danieLa soLdano y ramiro segura hacia una gestión cultural de los espacios comunes 86 ezequieL adamovsky discriminación y políticas contra la discriminación: el problema de los “negros” en la argentina 94 sergio caggiano acechanzas de la discriminación: elementos para la cautela y la intervención 104 fLavia costa y carLos gazzera políticas editoriales y universidades públicas 114 fLorencia abbate La promoción de la lectura 122

[close]

p. 3

autorIDaDeS De La FacuLtaD De cIencIaS econÓmIcaS Decano alberto edgardo Barbieri Vicedecano Humberto Luis Pérez van Morlegan Subsecretario General Walter Berardo Secretario académico José Luis Franza Secretario de Investigación y Doctorado eduardo scarano Secretario de Hacienda y administración César Humberto albornoz Secretario de extensión universitaria emiliano Yacobitti Secretario de bienestar estudiantil Federico saravia Secretario de relaciones académicas Internacionales Juan Carlos v. Briano Secretario de Graduados y relaciones Institucionales Catalino núñez Director Gral. de la escuela de estudios de Posgrado Catalino núñez Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. ConseJo direCtivo de La FaCULtad de CienCias eConóMiCas claustro de Profesores titULares Humberto Luis Pérez van Morlegan María teresa Casparri José Luis Giusti enrique Luis scalone Leopoldo Halperin Weisburd Walter Fabián Carnota Gerardo Fernando Beltramo Pablo Cristobal rota sUPLentes Héctor Chyrikins Heriberto Horacio Fernández Juan Carlos aldo Propatto claustro de Graduados titULares Gabriela verónica russo Luis alberto Cowes roberto darío Pons Mayra daniela trujanovich sUPLentes rubén antonio arena Álvaro Javier iriarte daniel González Jaime José Korenblum Juan Carlos Jaite claustro de estudiantes titULares Juan Manuel oro natalia indelicato ailen Cristina risso Bruno razzari Brion sUPLentes Julián Gabriel Leone César agüero María Laura Fernández schwanek diego alejandro Parras Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. staff DIrector Abraham L. Gak comIte eDItorIaL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster coorDInacIÓn temÁtIca Alejandro Grimson SecretarIo De reDaccIÓn Martín Fernández Nandín ProDuccIÓn Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar correccIÓn Claudio M. Díaz FotoGraFÍa Sub [Cooperativa de Fotógrafos] DISeño eDItorIaL Mariana Martínez DeSarroLLo y DISeño DeL SItIo Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias económicas, Universidad de Buenos aires. Ciudad autónoma de Buenos aires. teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

[close]

p. 4

cuLtura: una herramienta transformadora T odo país necesita generar una identidad propia. El proceso de constitución de esa identidad no es sencillo ni lineal, menos aún en un caso como el nuestro, con ancestral presencia de habitantes originarios, al que se le agregaron fuertes corrientes migratorias. Variados son los elementos que contribuyen a desandar el camino; los museos, los monumentos, el desarrollo del arte en sus distintas ramas son todos componentes de la evolución cultural de los pueblos. Esta evolución, claro está, no es pacífica; crecientes confrontaciones en la población, ya sea por origen, condición social o territorial, atraviesan este proceso, que lejos está de haber finalizado, viéndose sometido hoy mismo a fuertes corrientes transformadoras propias de la modernidad y la globalización. Sin dudas en todo este proceso la educación en general, y la escuela en particular, ocupa un lugar central. Esta ha sido y sigue siendo una herramienta fundamental para eliminar las diferencias e integrar; es el ámbito más importante para generar, en las nuevas generaciones, el hábito de la lectura y el desarrollo de inquietudes vinculadas a distintas expresiones de la cultura. Otro factor importante en el campo de la cultura son las confrontaciones generacionales. La relación conflictiva entre jóvenes y adultos tiene múltiples aristas que deben ser tenidas en cuenta. Mientras se acentúa la precocidad de jóvenes y adolescentes en cuanto al acceso a bienes, servicios y modas, se da al mismo tiempo un proceso de juvenilización de los adultos, lo que dificulta el proceso de autonomización necesaria de los primeros. Desde luego, los jóvenes incorporan nuevas formas de comunicación, ya sea a través del lenguaje o del arte, en particular la música, con las que tratan de independizarse de un mundo mediático que tiende a uniformarlos. Es así como generan sus propias historias, y toman con entusiasmo las herramientas que la revolución digital les ofrece. La profusión de medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales, y la utilización de Internet también asegurará una más amplia utilización del conocimiento social adquirido. En este permanente ir y venir de lo virtual a lo real, es cada vez más necesario encontrar los mecanismos que garanticen el acceso de toda la población a los consumos culturales necesarios para una vida plena. Es aquí donde aparece otra cuestión central, vinculada a lo que podríamos denominar las industrias culturales. Editoriales, estudios cinematográficos, actores y músicos, entre otros, generan productos que circulan como una mercancía más; transformando los productos culturales en bienes de consumo. Es en esta situación donde debe intervenir el Estado, fomentando la producción cultural y diversificando la oferta de proyectos, pero al mismo tiempo generando las condiciones para una real federalización del proceso y favoreciendo el acceso prioritario de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, eliminando en la práctica concreta las diferencias de clase, origen y territoriales, única manera de garantizar una mayor amplitud de acceso al conocimiento y de integración de la población. Además, una política cultural consecuente con estos principios asegura que los intereses de carácter económico y político puedan ser neutralizados, resguardando así el albedrío de los usuarios. Volviendo al inicio, podemos decir que la escuela, la biblioteca, el museo, y la familia –lugares donde habitualmente abrevamos–, junto con los mecanismos de apropiación del patrimonio que producen, dan forma a un proceso cultural que no sólo acumula las historias de vida previas, sino también la plataforma necesaria para que todos y cada uno de nosotros tengamos la posibilidad de transcurrir por un proceso vital pleno. abraham Leonardo gak (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 5

editoriaL > 5

[close]

p. 6

por aLejandro grimson Doctor en Antropología. Investigador del CONICET. Profesor de la Universidad Nacional de San Martín. Licenciado en Ciencias de la Comunicación - UBA. Ex Profesor Adjunto Regular de la Facultad de Ciencias Sociales - UBA 6 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 7

> 7 La reaLidad sociaL no puede transformarse sin modificar Los Lenguajes sociaLes, así como Los modos de concebir eL pasado y eL futuro. este es eL roL preponderante de La cuLtura, herramienta fundamentaL para Luchar contra Los efectos de La excLusión y La desiguaLdad. eL desafío consiste en articuLar poLíticas cuLturaLes autónomas en diferentes campos que puedan dinamizar un desarroLLo económico equitativamente distribuido. eL desafío de La justicia cuLturaL

[close]

p. 8

L a cultura es una condición, un medio y un fin del desarrollo. Generalmente, los dirigentes políticos saben que tienen restricciones económicas y políticas para su acción: límites presupuestarios y relaciones de fuerza. Sin embargo, ignoran hasta qué punto la imaginación de la sociedad y su propia imaginación acerca de qué es deseable y qué es posible constituyen un límite cultural para la acción pública. Para amplios actores sociales la cultura ha sido concebida fundamentalmente como una dimensión decorativa del resto de las políticas o del resto de las acciones que son realmente importantes. Pero la realidad social no puede transformarse sin modificar los lenguajes sociales, así como los modos de concebir el pasado y el futuro. La desigualdad no puede reducirse sin modificar concepciones y clasificaciones acerca del “nosotros” y de “los otros”. ¿Por qué la cultura es una condición del desarrollo? Entre las principales variables que inciden en el funcionamiento de la economía y la política se encuentran las dimensiones culturales. Generalmente fue aceptado que el nivel de alfabetización y la calidad de los “recursos humanos” que tiene un país son variables económicas evidentes para su potencial. Los valores, los sentimientos, los significados que puede tener el trabajo, lo público, la democracia, la participación cívica, las comunidades, la moneda, la Justicia son cuestiones constitutivas de una sociedad que sólo puede emprender de manera sólida el camino del desarrollo sobre la base de lo que ella misma es o puede imaginar ser en una coyuntura específica. Norbert Lechner, desde el programa de Naciones Unidas para Para amplios actores sociales la cultura ha sido concebida fundamentalmente como una dimensión decorativa del resto de las políticas o del resto de las acciones que son realmente importantes. Pero la realidad social no puede transformarse sin modificar los lenguajes sociales, así como los modos de concebir el pasado y el futuro. 8 > por aLejandro grimson

[close]

p. 9

eL desafío de La justicia cuLturaL > 9 el Desarrollo en Chile, planteó hace varios años que no había posibilidades de construir una noción de desarrollo en Chile sin definir “quiénes somos”. ¿Qué miedos tenemos? ¿Qué deseos tenemos? ¿Con quiénes convivimos? ¿Cuán heterogénea y desigual es nuestra sociedad? Sin definir esto, no podemos pensar realmente un proyecto de país. Las políticas culturales, en un sentido amplio, son todas aquellas que pretenden incidir explícitamente en la configuración de procesos de significación. ¿Por qué la cultura es un medio de desarrollo? Paulatinamente contamos con más datos acerca de cómo la cultura es un instrumento válido para el desarrollo social y para el desarrollo integral de las ciudades y países. Los datos indican cómo va incrementándose el porcentaje del PBI que ocupa la cultura a nivel nacional. Ya es indiscutible la relevancia de la cultura en la generación de empleo en todos los países de la región y en las principales ciudades. En ese sentido la cultura puede ser una herramienta fabulosa, y de hecho lo es en muchos espacios, para luchar contra los efectos de la exclusión y la desigualdad. Ciertamente hay un riesgo aquí que vale la pena anotar. No deben culturalizarse los procesos de desarrollo en el sentido de creer que todas las soluciones podrían pasar por la cultura. Es obvio que la producción cultural no va a sustituir a la producción de energía o automóviles. No se trata de contraponer las políticas universales que garantizan los derechos con políticas que reconocen identidades culturales. De lo que se trata es de asumir que es un medio crucial para el desarrollo en articulación con otros medios. ¿Por qué la cultura es un fin del desarrollo? El célebre antropó- logo Marshall Sahlins planteaba que era necesario preguntarse si se concibe a la cultura como “un aspecto o un instrumento del desarrollo entendido como progreso material”, o bien como “el objetivo y la finalidad del desarrollo, entendido en el sentido de realización de la vida humana bajo sus múltiples formas y en su totalidad”. En ese sentido, cabe enfatizar que un uso exclusivamente instrumental de la cultura como un medio para un desarrollo concebido básicamente como económico, puede generar vastas transformaciones de imaginarios y valores sociales desnaturalizando la finalidad misma del proceso. Si el desarrollo económico alude generalmente al crecimiento del producto y el desarrollo social a la distribución de los beneficios del crecimiento, el desarrollo cultural se refiere específicamente al proceso que incrementa la autonomía y libertad de los seres humanos, proceso que requiere a la vez bases materiales y simbólicas. Las políticas neoliberales consideraron a las políticas culturales como gastos y redujeron la producción cultural a mero instrumento de desarrollo. En el extremo los bienes culturales, materiales e intangibles, podrían convertirse en mercancías a ser comercializadas para promover un incremento de los recursos. En situación de extrema escasez y miseria esto es más que una tentación: se trata de un proceso que ya se encuentra en plena expansión en diferentes países. Si no se recupera la noción de que generar un incremento de la autonomía es un fin en sí mismo, esa instrumentalización puede tener graves consecuencias. Evidentemente, tampoco se debe caer en la posición opuesta, que de manera ingenua reste relevancia al crecimiento

[close]

p. 10

Ya es indiscutible la relevancia de la cultura en la generación de empleo en todos los países de la región y en las principales ciudades. En ese sentido la cultura puede ser una herramienta fabulosa, y de hecho lo es en muchos espacios, para luchar contra los efectos de la exclusión y la desigualdad. económico y su distribución. La pobreza implica reducción de oportunidades hasta grados extremos. El desafío consiste en articular políticas culturales autónomas en diferentes campos que puedan dinamizar un desarrollo económico equitativamente distribuido. Generar autonomía ¿en qué sentido? En el mundo de la cultura las concentraciones de poder reducen diferentes autonomías. Autonomías de los países, de las ciudades, de las regiones, respecto de fuerzas y actores transnacionales. Autonomías de grupos, de sectores sociales que muchas veces se reducen cuando tienden a concentrarse los poderes de los medios de significación. El Estado debe procurar incrementar la autonomía nacional, regional, urbana, en el contexto global; incrementar la autonomía de cada uno de los grupos y ciudadanos que participan de la producción cultural; incrementar la autonomía de los ciudadanos frente a las opciones culturales. Hay una tensión entre la noción antropológica de cultura y la noción cultural de Estado. ¿Por qué? Porque en realidad cuando una agencia gubernamental construye viviendas está inter- viniendo sobre los significados que tiene el territorio para los habitantes de esas nuevas viviendas. Interviene en cómo se va a configurar el espacio, la vida cotidiana y el diálogo público en ese nuevo barrio o comunidad que se va a crear. No existen políticas públicas que no tengan un impacto en los procesos de significación. Esto es obvio en las políticas educativas o comunicacionales. Pero las políticas de salud, de trabajo, de infraestructura intervienen por default en la cultura. Por default porque generalmente quienes implementan esas políticas no consideran de modo sistemático la dimensión constitutiva de lo cultural ni tienen previsiones acerca de los impactos que van a tener sobre la ciudadanía, sobre lo público, sobre los sentidos de lo nacional, de la igualdad o de la justicia. Una definición de este tipo pretende oponerse a otras dos, bastante frecuentes. La concepción neoliberal considera que el Estado no debe intervenir en el mundo de la comunicación y la cultura, ya que eso sería coartar libertades. La otra, que podemos llamar iluminista clásica, postulaba que había que educar al soberano y, en ese sentido, partía de la noción de difundir y 1 0 > por aLejandro grimson

[close]

p. 11

eL desafío de La justicia cuLturaL > 1 1 facilitar el acceso de todos a la “cultura”, entendiendo a esta en un sentido humanista. En una noción el Estado desaparecería; en la otra opción el Estado es quien sabe cuál es la “cultura” que debe difundirse. ¿Cuál es el rol del Estado? ¿El Estado debe repartir pescado, enseñarnos a pescar o promover la pesca? Estas serían las tres grandes opciones que se han planteado en las políticas públicas: es decir, un Estado asistencialista que distribuye bienes relativamente escasos para salir de coyunturas críticas pero que construye lazos escasamente cuidadosos en ese vínculo societal; un Estado pedagógico que enseña a pescar porque es el Estado Civilizatorio, viene a abordar una sociedad cuasi bárbara o escasamente educada, o un Estado promotor de aquello que está vivo en la sociedad civil. Si la finalidad es construir empoderamiento y autonomía de la sociedad, la clave se encuentra en el estado que promueve a una sociedad que crea, inventa, gestiona. Pero eso debe complementarse con un estado que enseña y promueve el acceso igualitario a los conocimientos. Y con un estado que regule las formas de concentración del poder, de la producción y

[close]

p. 12

difusión, que limiten una mayor igualdad. Mayor justicia como mayor igualdad implica detectar desigualdades de capacidades, de acceso a tecnologías, de usos de saberes diversos. En ese sentido, tomando el Estado como prioridad la promoción de la actividad cultural que la propia sociedad genera, también el Estado puede proponerse enseñar a pescar con nuevas técnicas. Y repartir, más que pescado, cañas de pescar. E impedir que las grandes empresas se lleven toda la pesca. Ahora, también implica un diagnóstico complejo acerca de los orígenes de nuestras desigualdades. Porque, retornando al inicio de este texto, quien crea que con instrumentos económicos va a resolver las inequidades se encuentra completamente equivocado. La Argentina es un país con una gran heterogeneidad cultural que no ha reconocido históricamente esa diversidad. Un país con gigantescas injusticias culturales. Hay diferencias relevantes en términos territoriales, étnicos, de género y de clase social. El racismo social, que muchos consideran secundario en el país, está en el origen de formas contemporáneas de la desigualdad profundamente enraizadas. Tan naturalizadas que para muchos son irrelevantes, porque no pueden visualizarlas. Las vidas de aquellos que pusieron las “patas en la fuente” hasta el día de hoy no tienen idéntico valor para los medios de comunicación, para sectores del Estado y para sectores sociales, que la vida de aquellos que los discriminan. Que todos tengan acceso a los derechos y que haya una mejor distribución de la riqueza está vinculado a la justicia social. La justicia cultural implica, nada más ni nada menos, que una revolución de las clasificaciones sociales y culturales por las cuales persisten nociones de ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Pero esa transformación no es un acontecimiento, sino un proceso complejo. Potenciar las políticas educativas, comunicacionales y culturales que apunten en esa dirección es un desafío para un desarrollo cultural sólido, democrático, justo e igualitario. El despliegue de todas las formas de producción cultural de una sociedad heterogénea distribuye el poder de un modo más equitativo. Esa creciente autonomía y libertad de todos los grupos, movimientos y ciudadanos puede posicionar a la Argentina en un nuevo lugar en relación con América latina y el mundo. La Argentina se construye hoy con un horizonte regional inédito en su historia que debe tener al intercambio y a la articulación cultural como una avanzada. En ese sentido, la cultura no será decoración de otros objetivos, sino que estará en el epicentro de procesos de redistribución, de reindustrialización, de creación de empleo y de mecanismos de generación de mayor igualdad. Por eso, es necesario recuperar estudios y sugerencias concretas referidas a las culturas populares, a las formas de discriminación, a las desigualdades que persisten, a la políticas de empoderamiento de la sociedad civil, a los múltiples instrumentos para promover el desarrollo creciente de las industrias culturales, atendiendo a las tensiones entre concentraciones y democracia, con atención especial al mundo audiovisual, a la promoción del cine, del libro, de las músicas, de las artes, de los museos, todos temas muchas veces atravesados por nuevas preguntas y enfoques, como en el caso del patrimonio. Nuevos enfoques también desigualmente distribuidos en el territorio nacional y en la región. No podrá haber una sociedad más democrática e igualitaria sin asumir los desafíos de la justicia cultural. A diferencia de nociones como “igualdad cultural”, que puede despertar a los monstruos de la homogeneización nacional y el asimilacionismo, la idea de justicia cultural apunta a revertir desigualdades históricas sin que exista un horizonte uniformante. Es claro que la valencia es doble: nuestras historias y horizontes democráticos reclaman, claro está, la construcción social de una cultura de la justicia, de la igualdad de derechos, de la igualdad entre todos los seres humanos. Ese objetivo tiene como condición, como medio y como fin el desafío de la justicia cultural. 1 2 > por aLejandro grimson

[close]

p. 13

eL desafío de La justicia cuLturaL > 1 3 Las políticas neoliberales consideraron a las políticas culturales como gastos y redujeron la producción cultural a mero instrumento de desarrollo. En el extremo los bienes culturales, materiales e intangibles, podrían convertirse en mercancías a ser comercializadas para promover un incremento de los recursos. Nuestras historias y horizontes democráticos reclaman, claro está, la construcción social de una cultura de la justicia, de la igualdad de derechos, de la igualdad entre todos los seres humanos. Ese objetivo tiene como condición, como medio y como fin el desafío de la justicia cultural.

[close]

p. 14

por rubens bayardo Doctor en Antropología, Director del Programa Antropología de la Cultura (FFyL - UBA). Director de la Especialización en Gestión Cultural y Políticas Culturales (IDAES - UNSAM) 1 4 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 15

> 15 La economía y La cuLtura han transitado por caminos que se suponen separados, sin embargo, Las obras y Los contenidos simbóLicos circuLan y se comerciaLizan en diversos mercados como bienes y servicios cuLturaLes que generan derechos de propiedad, pero que aún no Logran Las retribuciones adecuadas para asegurar su sostenibiLidad. un debate abierto. cuLtura, economía y economía de La cuLtura

[close]

Comments

no comments yet