Cuando se congele el infierno

 

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Cuando se congele el infierno, presentada bajo el título “Niña de Barro”, fue una de las obras finalistas de la X edición del “Premio Internacional de Novela Emilio Alarcos Llorach”. La fuerza prosística de la tercera novela de Jesús González cautiva desd

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jesús gonzález cuando se congele el infierno

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se dice que los buenos libros hacen mejores a sus lectores.

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[7 primera parte una pasión temprana casi todas las tardes en aquel parís adormecido de 1888 me desnudaba frente a ella en la pieza grande de la folie-neubourg en el clos payen la vetusta mansión que antaño había pertenecido a jean-nicolas corvisart médico de napoleón y cirujano de la gran armada y también en su día al guillotinado robespierre la misma hechicera morada emplazada en el corazón del boulevard d´italie que mucho antes albergó los célebres amores de george sand y alfred de musset y que más tarde albergaría los de ella con auguste rodin siempre auguste rodin envolviéndolo todo como el vaho en la noche fría envolviendo su incierta vida y envolviendo la mía omnipresente como el aire azul que respirábamos la folie-neubourg era un espacio de techos infinitos y vacíos eternos un lugar de enormes ventanales a través de los cuales se podían contemplar decenas de agujas de las iglesias que peinaban el cielo de parís era aquélla una mansión compuesta por quince estancias de paredes agrietadas que parecían tener vida propia escrita en sus entrañas un espacio de cristales en los que el vaho dibujaba al atardecer historias inconfesables un lugar de suelos que olían a otoño y crepitaban palabras misteriosas bajo nuestros pasos el clos payen como también conocíamos al lugar parecía esperar siempre el retorno de los amantes prohibidos esconder una primavera de susurros y ausencias pensar a través del retrato de aquel desconocido que cada tarde mientras presidía la pieza principal nos contemplaba desde una soledad de siglos era un hombre extraño de bigotes poblados que vivía desde tiempos inmemorables en el interior de

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[8 aquel lienzo de aires majestuosos en ocasiones cuando jasmina y yo nos quedábamos un rato a solas después de posar durante horas para ella él nos musitaba al oído historias estremecedoras como el relato horripilante del niño muerto en cuyo vientre crecían claveles marchitos la vieja verja oxidada de la entrada del clos payen daba paso a un desaforado vergel de helechos zarzas y malas hierbas donde en abril despuntaban las primeras flores silvestres entre la maleza se podían reconocer las antiguas hileras de setos de boj bordeando los senderos de grijo así como los viejos cenadores de mesas de piedra fría sepultados bajo glicinias y parras centenarias guardaba el jardín una melancolía deliciosa y otoñal resultado de la descomposición inacabada del trabajo solapado del hombre pugnando contra la fuerza desalmada de la naturaleza ella con su mirada verdosa tan acorde con aquella naturaleza incierta nunca intervino en esa lucha desigual en cambio jasmina y yo algunas tardes cuando camille claudel se encerraba con sus pecados y sus locuras hacíamos labores elementales de jardinería mientras la esperábamos tales como arrancar malas hierbas o podar los arriates de hortensias lo cual ella siempre agradecía con su mejor sonrisa o en ocasiones cuando su situación se lo permitía regalándonos algún franco añadido a nuestro salario de modelos eterna en su convicción e insondable en sus designios camille claudel conservaba por aquel entonces los rasgos imborrables de la niña francesa de siete años que un día ya lejano había sido y que de alguna manera nunca dejó de ser la misma niña que muchos años antes allá por 1870 comenzó a modelar la arcilla en el bosque de tardenois en su amada villenueve-sur-fère donde gustaba de esconderse a conversar a solas con las rocas del lugar sus principales confidentes y con los duendecillos que frecuentaban aquellos parajes los mismos duendes según sus propias palabras que le enseñaron los secretos nunca escritos de la escultura sostenía camille que todo había empezado entonces en las tierras rojas y arcillosas de aquellos bosques bañados por el geyn el gigante que se había tragado a su tío paul donde entendió a edad muy temprana que la única e innegable razón de su existencia era

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[9 esculpir creo que cada día de su vida camille anheló retornar a bellefontaine la vieja granja familiar de villenueve-sur-fère posiblemente el único lugar en el que fue completamente feliz ¡camille la cena está servida ¡camille ¿dónde diablos se ha metido esa niña ¡cam su padre louis-prosper claudel registrador de la propiedad en fère-en-tardenois no sólo inyectó en su hija el germen del inconformismo sino que se ocupó de protegerla de por vida de las iras maternas louis-prosper entre trago y trago de ajenjo le había contado a su hija la leyenda según la cual en aquel lugar un hombre bueno había vendido su alma al diablo a cambio de que éste le construyera un convento sin igual en una sola noche cuando cayó la tarde el diablo acudió al bosque dispuesto a levantar su imponente templo cargado a las espaldas con una enorme cesta repleta de piedras que él mismo había moldeado el diablo escultor otro diablo escultor en plena noche los ruidos que provocaba satán despertaron a un gallo anciano que habitaba aquel lugar desde hacía décadas desconcertado el animal comenzó a cacarear de forma desaforada haciendo un ruido monstruoso parecía que en lugar de uno fueran cientos de gallos los que provocaban el alboroto que invadió el lugar horrorizado satán huyó de allí despavorido y en su carrera derramó por aquel bosque todas las peñas que componían aquel territorio que todo el mundo conocía como la cesta del diablo embelesada por las historias escuchadas a su padre desde muy temprana edad la niña camille gustó de refugiarse en aquello parajes y pronto los convirtió en sus dominios inexpugnables bautizando a cada una de las rocas del lugar melusa los amantes las viejas charlatanas semicupio y con ellas y con los gnomos que menudeaban por la zona mantuvo durante los primeros años de su vida largas y secretas conversaciones que sin duda fueron poco a poco modelando en su mente todavía dúctil el germen de artista colosal que más tarde estallaría en decenas de obras sublimes el padre único conocedor de los secretos de la niña siempre hallaba a camille embebida en la creación de alguna pieza de barro que a ella se le antojaba única Él mismo se ocupaba después

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10 de cocer la figura en el horno grande de la fábrica de su suegro athanase cervaux un gran horno de tejas de los muchos que existían en villenueve-sur-fère la niña solía tocar el piano familiar mientras esperaba el resultado de la cocción gracias a ese método camille pronto comprendió que toda la fuerza expresiva que sus pulgares podían transmitir al barro con un procedimiento sencillo de calentamiento podía detenerse y alcanzar la inmortalidad todo el talento de sus manos interrumpido para siempre en el tiempo camille perenne invulnerable intemporal camille pelota de arcilla dormida convertida para siempre en la tierra ocre que la vio crecer la tierra con forma calentada y detenida para siempre todo en su mente acababa de comenzar todo envuelto en una suave música blanca que la niña escultora danzaba en sus bosques sin apenas rozar el suelo un suelo de agujas de pino que crujían bajo sus pies de forma casi imperceptible la misma música leve y desdibujada que luego años más tarde parecía envolver todo cuanto rodeaba a la mujer escultora una suerte de melodía desvanecida cuyas notas flotaban inertes en la atmósfera pálida del clos payen música del alma de mujeres muertas en bosques lejanos música de vino y lilas música que ella hacía sonar al piano existente en el piso superior del clos payen cada tarde antes de esculpir rememorando los sonidos de sus bosques su inspiración más prístina entre hálitos misteriosos de cripta camille claudel tenía cuando se instaló en el clos payen veinticuatro años y una única pasión ser la más grande escultora de todos los tiempos más grande que cualquier escultor que hubiera sido antes besado por los dioses más que los maestros griegos más que miguel Ángel más incluso que su irracional amor el inconmensurable e indecible auguste rodin en semejante empeño consumió cada hora de cada día de su vida distinta consumió su niñez su juventud su adultez y también la vejez obligada en la que se convirtió su vida cuando muerto su padre fue encerrada hasta la muerte en el hospital mental de montdevergues donde permaneció durante casi treinta años hace apenas unos días que recibí un envío procedente de montdevergues remitido por el dr l izac el médico que cuidó de

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11 la deteriorada salud de camille claudel durante los últimos años en una pequeña cuartilla manuscrita el galeno me comunicaba el reciente fallecimiento de camille a la edad de setenta y nueve años a consecuencia de un ictus del que no pudo reponerse el doctor izac aprovechaba la epístola para agradecerme las innumerables cartas nunca contestadas que le envíe a la señorita claudel durante los últimos años me enviaba además un sencillo paquete con sus escasas pertenencias una fotografía de sus padres posando delangrafía te de una gran clemátide en la granja de bellefontaine en la que aparece asomando detrás de ellos una niña cuyos rasgos semejan los de camille vestida con muselina bordada y sombrero de satén otra de alguien que sin duda es su hermano paul montado en un caballito de madera una vieja edición de naufragio en capri novela de cierto renombre escrita a finales del siglo xviii por sir almirall orwell capitán de la marina británica y otro librillo más bastante grueso y de lomos amarilleados por el paso implacable del tiempo titulado cuaderno de anotar la vida en el que camille junto a numerosos dibujos a lápiz fue anotando algunos trazos de su vida incierta son retales aislados de su vida separados a veces unos de otros por largos periodos de tiempo pero escritos siempre siguiendo los dictados imprevisibles de su alma de niña eterna decidí volver al clos payen para leer el cuaderno de anotar la vida de camille a los mismos jardines otoñales donde tantas veces posé para ella y en los que aún se pueden distinguir las notas desvanecidas de su piano flotando entre los musgos ancianos el viejo caserón descansa abandonado desafiando el paso del tiempo en el suelo los mismos adoquines de cerámica deteriorados que nadie ha sustituido me he sentado bajo las ramas del aligustre mientras parís amanece y toda su luz se congrega para formar la mañana hace un frío diferente como de niños perdidos el irremediable frío de ancianidad que me acompaña en esta última etapa de la vida es el otoño de 1943.

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