El 2o Anillo del Poder

 

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El 2o Anillo del Poder

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el segundo anillo de poder carlos castaneda www.formarse.com.ar

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Índice prefacio 2 l la transformación de doña soledad 2 2 las hermanitas 23 3 la gorda 37 4 los genaros 56 5 el arte del soñar 73 6 la segunda atención 91 prefacio mi último encuentro con don juan don genaro y sus otros dos aprendices pablito y néstor tuvo como escenario una plana y árida cima de la vertiente occidental de la sierra madre en méxico central la solemnidad y la trascendencia de los hechos que allí tuvieron lugar no dejaron duda alguna en mi mente acerca de que nuestro aprendizaje había llegado a su fin y que en realidad veía a don juan y a don genaro por última vez hacia el desenlace nos despedimos unos de otros y luego pablito y yo saltamos de la cumbre de la montaña lanzándonos a un abismo antes del salto don juan había expuesto un principio de importancia fundamental en relación con todo lo que estaba a punto de sucederme según él tras arrojarme al abismo me convertiría en percepción pura y comenzaría a moverme de uno a otro lado entre los dos reinos inherentes a toda creación el tonal y el nagual en el curso de la caída mi percepción experimentó diecisiete rebotes entre el tonal y el nagual al moverme dentro del nagual viví mi desintegración física no era capaz de pensar ni de sentir con la coherencia y la solidez con que suelo hacer ambas cosas no obstante como quiera que fuese pensé y sentí por lo que a mis movimientos en el tonal respecta me fundí en la unidad estaba entero mis percepciones eran coherentes consecuentemente tenía visiones de orden su fuerza era a tal punto compulsiva su intensidad tan real y su complejidad tan vasta que no he logrado explicarlas a mi entera satisfacción el denominarlas visiones sueños vívidos o incluso alucinaciones poco ayuda a clarificar su naturaleza tras haber considerado y analizado del modo más cabal y cuidadoso mis sensaciones percepciones e interpretaciones de ese salto al abismo concluí que no era racionalmente aceptable el hecho de que hubiese tenido lugar no obstante otra parte de mi ser se aferraba con firmeza a la convicción de que había sucedido de que había saltado ya no me es posible acudir a don juan ni a don genaro y su ausencia ha suscitado en mí una necesidad apremiante la de avanzar por entre contradicciones aparentemente insolubles regresé a méxico con la intención de ver a pablito y a néstor y pedirles ayuda para resolver mis conflictos pero aquello con lo que me encontré en el viaje no puede ser descrito sino como un asalto final a mi razón un ataque concentrado planificado por el propio don juan sus discípulos bajo su dirección -aun cuando él se hallase ausente demolieron de modo preciso y metódico en el curso de unos pocos días el último baluarte de mi capacidad de raciocinio en ese lapso me revelaron uno de los aspectos prácticos de su condición de brujos el arte de soñar que constituye el núcleo de la presente obra el arte del acecho la otra faz práctica de su brujería así como también el punto culminante de las enseñanzas de don juan y don genaro me fue expuesto en el curso de visitas subsiguientes se trataba con mucho del cariz más complejo de su ser en el mundo como brujos 1 la transformaciÓn de doÑa soledad intuí de pronto que ni pablito ni néstor estarían en casa mi certidumbre era tal que detuve mi coche me encontraba en el punto en que el asfalto acaba abruptamente y deseaba reconsiderar la conveniencia de continuar ese día el recorrido del escarpado y áspero camino de grava que conduce al pueblo en que viven en las montañas de méxico central bajé la ventanilla del automóvil el clima era bastante ventoso y frío salí a estirar las piernas la tensión debida a las largas horas al volante me había entumecido la espalda y el cuello fui andando hasta el borde del pavimento el campo estaba húmedo por obra de un aguacero temprano la lluvia seguía cayendo pesadamente sobre las laderas de las montañas del sur a poca distancia del lugar en que me hallaba no obstante exactamente delante de mí ya fuese que mirara hacia el este o hacia el norte el cielo se veía despejado en determinados puntos de la sinuosa ruta había logrado divisar los azulinos picos de las sierras resplandeciendo al sol a una gran distancia tras pensarlo un momento decidí dar la vuelta y regresar a la ciudad porque había tenido la peculiar impresión de que iba a encontrar a don juan en la plaza del mercado después de todo eso era lo que había hecho siempre hallarle en el mercado desde el comienzo de mi relación con él por norma si no daba con él 2

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en sonora me dirigía a méxico central e iba al mercado de la ciudad del caso tarde o temprano don juan se dejaría ver nunca le esperé más de dos días estaba tan habituado a reunirme con él de ese modo que tuve la más absoluta certeza de que volvería a hallarle como siempre aguardé en el mercado toda la tarde recorrí las naves una y otra vez fingiendo buscar algo que adquirir luego esperé paseando por la plaza al anochecer comprendí que no vendría tuve entonces la clara impresión de que él había estado allí me senté en uno de los bancos de la plaza en que solía reunirme con él y traté de analizar mis sentimientos desde el momento de mi llegada a la ciudad la firme convicción de que don juan se encontraba en sus calles me había llenado de alegría mi seguridad se fundaba en mucho más que el recuerdo de las incontables veces en que le había hallado allí sabía físicamente que él me estaba buscando pero entonces en el momento en que me senté en el banco experimenté otra clase de extraña certidumbre supe que él ya no estaba allí se había ido y yo le había perdido pasado un rato dejé de lado mis especulaciones llegué a la conclusión de que el lugar estaba comenzando a afectarme iba a caer en lo irracional como siempre me había sucedido al cabo de unos pocos días en la zona fui a mi hotel a descansar unas horas y luego salí nuevamente a vagar por las calles ya no tenía las mismas esperanzas de hallar a don juan me di por vencido y regresé al hotel con el propósito de dormir bien durante la noche por la mañana antes de partir hacia las montañas recorrí las calles en el coche no obstante de alguna manera sabía que estaba perdiendo el tiempo don juan no estaba allí me tomó toda la mañana llegar al pueblo en que vivían pablito y néstor arribé a él cerca del mediodía don juan me había acostumbrado a no entrar nunca al pueblo con el automóvil para no excitar la curiosidad de los mirones todas las veces que había estado allí me había apartado del camino poco antes de la entrada al pueblo y pasado por un terreno llano en que los muchachos solían jugar al fútbol la tierra estaba allí bien apisonada y permitía alcanzar una huella de caminantes lo bastante ancha para dar paso a un automóvil y que llevaba a las casas de pablito y de néstor situadas al pie de las colinas al sur del poblado tan pronto como alcancé el borde del campo descubrí que la huella se había convertido en un camino de grava dudé acerca de qué era lo más conveniente si ir a la casa de néstor o a la de pablito la sensación de que no estarían allí persistía opté por dirigirme a la de pablito tuve en cuenta el hecho de que néstor vivía solo en tanto pablito compartía la casa con su madre y sus cuatro hermanas si él no se encontraba allí las mujeres me ayudarían a dar con él al acercarme advertí que el sendero que unía el camino con la casa había sido ensanchado el suelo daba la impresión de ser firme y puesto que había espacio suficiente para el coche fui en él casi hasta la puerta de entrada a la casa de adobe se había agregado un nuevo portal con techo de tejas no hubo perros que ladrasen pero vi uno enorme que me observaba alerta sentado con calma tras una cerca una bandada de polluelos que hasta ese momento habían estado comiendo frente a la casa se dispersó cacareando apagué el motor y estiré los brazos por sobre la cabeza tenía el cuerpo rígido la casa parecía desierta pensé por un instante en la posibilidad de que pablito y su familia se hubiesen mudado y alguna otra gente viviese allí de pronto la puerta delantera se abrió con estrépito y la madre de pablito salió como si alguien la hubiese empujado me miró distraídamente un momento cuando bajé del coche pareció reconocerme un ligero estremecimiento recorrió su cuerpo y se apresuró a acercarse a mí lo primero que se me ocurrió fue que habría estado dormitando y que el ruido del motor la habría traído a la vigilia y al salir a ver qué sucedía le hubiese costado comprender en un primer momento de quién se trataba lo incongruente de la visión de la anciana corriendo hacia mí me hizo sonreír al acercarse experimenté cierta duda fugaz el modo en que se movía revelaba una agilidad que en modo alguno se correspondía con la imagen de la madre de pablito -¡dios mío ¡qué sorpresa -exclamó -¿doña soledad -pregunté incrédulo -¿no me reconoces -replicó riendo hice algunos comentarios estúpidos acerca de su sorprendente agilidad -¿por qué siempre me tomas por una anciana indefensa -preguntó mirándome con cierto aire de desafío burlón me reprochó abiertamente el hecho de haberla apodado «señora pirámide» recordé que en cierta oportunidad había comentado a néstor que sus formas me recordaban las de una pirámide tenía un ancho y macizo trasero y una cabeza pequeña y en punta los largos vestidos que solía usar contribuían al efecto -mírame -dijo ¿sigo teniendo el aspecto de una pirámide sonreía pero sus ojos me hacían sentir incómodo intenté defenderme mediante una broma pero me interrumpió y me interrogó hasta obligarme a admitir que yo era el responsable del mote le aseguré que lo había hecho sin ninguna mala intención y que de todos modos en ese momento se la veía tan delgada que sus formas podían recordarlo todo menos una pirámide -¿qué le ocurrió doña soledad -pregunté está transformada -tú lo dijiste -se apresuró a responder ¡he sido transformada yo lo había dicho en sentido figurado no obstante tras un examen más detallado me vi en la necesidad de admitir que no había lugar para la metáfora francamente era otra persona de pronto me vino a la boca un sabor metálico seco tenía miedo 3

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puso los brazos en jarras y se quedó allí parada con las piernas ligeramente separadas enfrentándome llevaba una falda fruncida verdosa y una blusa blanquecina la falda era más corta que aquellas qué solía usar no veía su cabello lo llevaba ceñido por una cinta ancha una tela dispuesta a modo de turbante estaba descalza y golpeaba rítmicamente el suelo con sus grandes pies mientras sonreía con el candor de una jovencita nunca había visto a nadie que irradiase tanta energía advertí un extraño destello en sus ojos un destello turbador pero no aterrador pensé que era posible que nunca hubiese observado su aspecto cuidadosamente entre otras cosas me sentía culpable por haber dejado de lado a mucha gente durante los años pasados junto a don juan la fuerza de su personalidad había logrado que todo el mundo me pareciese pálido y sin importancia le dije que nunca había supuesto que pudiese ser dueña de tan estupenda vitalidad que mi indiferencia no me había permitido conocerla en profundidad y que era indudable que debía replantearme el conjunto de mis relaciones con la gente se me acercó sonrió y puso su mano derecha en la parte posterior de mi brazo izquierdo dándome un ligero apretón -de eso no hay duda -susurró a mi oído su sonrisa se heló y sus ojos se pusieron vidriosos estábamos tan cerca que sentía sus pechos rozar mi hombro izquierdo mi incomodidad aumentaba a medida que hacía esfuerzos por convencerme de que no había razón alguna para alarmarme me repetía una y otra vez que realmente nunca había conocido a la madre de pablito y que a pesar de lo extraño de su conducta lo más probable era que estuviese actuando según los dictados de su personalidad normal pero una parte de mi ser atemorizada sabía que ninguno de esos pensamientos servía para otra cosa que no fuese darme fuerzas que carecían de fundamento porque más allá de la poca o mucha atención que hubiese prestado a su persona no sólo la recordaba muy bien sino que la había conocido muy bien representaba para mí el arquetipo de una madre la suponía cerca de los sesenta años o algo más sus débiles músculos arrastraban con extrema dificultad su voluminoso físico su cabello estaba lleno de hebras grises era en mi recuerdo una triste sombría mujer con rasgos delicados y nobles una madre abnegada y sufriente siempre en la cocina siempre cansada también recordaba su amabilidad y su generosidad y su timidez una timidez que la llevaba incluso a adoptar una actitud servil con todo aquel que hallase a su alrededor tal era la imagen que tenía de ella reforzada por años de encuentros casuales ese día había algo terriblemente diferente la mujer que tenía frente a mí no se correspondía en lo más mínimo con mi concepción de la madre de pablito y no obstante se trataba de la misma persona más delgada y más fuerte veinte años menor a juzgar por su aspecto que la última vez que la había visto sentí un escalofrío dio un par de pasos delante de mí y me miró de frente -déjame verte -dije el nagual nos dijo que eras un demonio recordé entonces que ninguno de ellos -pablito su madre sus hermanas y néstor gustaba de pronunciar el nombre de don juan y le llamaban «el nagual» término que yo también había adoptado para las conversaciones que sosteníamos osadamente puso las manos sobre mis hombros cosa que jamás había hecho mi cuerpo se puso tenso en realidad no sabía qué decir sobrevino una larga pausa que me permitió considerar mis posibilidades tanto su aspecto como su conducta me habían aterrado a tal punto que había olvidado preguntarle por pablito y néstor -dígame ¿dónde está pablito -le pregunté experimentando un súbito recelo -oh se ha ido a las montañas -me replicó con tono evasivo a la vez que se apartaba de mí -¿y néstor desvió la mirada tratando de aparentar indiferencia -están juntos en las montañas -dijo en el mismo tono me sentí aliviado y le dije que había sabido sin la menor sombra de duda que se encontraban bien me miró y sonrió hizo presa en mí una oleada de felicidad y entusiasmo y la abracé audazmente respondió a mi gesto y me retuvo junto a sí la actitud me resultó tan sorprendente que quedé sin respiración su cuerpo estaba rígido percibí una fuerza extraordinaria en ella mi corazón comenzó a latir a toda velocidad traté de apartarla con gentileza y le pregunté si néstor seguía viendo a don genaro y a don juan en el curso de nuestra reunión de despedida don juan había manifestado ciertas dudas acerca de la posibilidad de que néstor estuviese en condiciones de finalizar su aprendizaje -genaro se ha ido para siempre -dijo separándose de mí jugueteaba nerviosa con el dobladillo de la blusa -¿y don juan -el nagual también se ha ido -respondió frunciendo los labios -¿a dónde fueron -¿quieres decir que no lo sabes le dije que ambos me habían despedido hacía dos años y que todo lo que sabía era que por entonces estaban vivos a decir verdad no me había atrevido a especular acerca del lugar al que habían ido nunca me habían hablado de su paradero y yo había llegado a aceptar el hecho de que si deseaban desaparecer de mi vida todo lo que tenían que hacer era negarse a verme -no están por aquí eso es seguro -dijo frunciendo el ceño y no están en camino de regreso eso también es seguro 4

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su voz transmitía una extrema indiferencia empezaba a fastidiarme quería irme -pero tú estás aquí -dijo trocando el ceño en una sonrisa debes esperar a pablito y a néstor han de estar muriéndose por verte aferró mi brazo firmemente y me apartó del coche considerando su talante de otrora su osadía resultaba asombrosa -pero primero permíteme presentarte a mi amigo -mientras lo decía me arrastraba hacia uno de los lados de la casa se trataba de una zona cercada semejante a un pequeño corral había en él un enorme perro lo primero en llamar mi atención fue su piel saludable lustrosa de un marrón amarillento no parecía ser un perro peligroso no estaba encadenado y la valla no era lo bastante alta para impedirle salir permaneció impasible cuando nos acercamos a él sin siquiera menear la cola doña soledad señaló una jaula de considerable tamaño situada al fondo en su interior hecho un ovillo se veía un coyote -Ése es mi amigo -dijo el perro no pertenece a mis niñas el perro me miró y bostezó yo le caía bien y tenía una absurda sensación de afinidad con él -ven vamos a la casa -dijo cogiéndome por el brazo para guiarme vacilé cierta parte de mí se hallaba en estado de total alarma y quería irse de allí inmediatamente y sin embargo otra porción de mi ser no estaba dispuesta a partir por nada del mundo -no me tendrás miedo ¿no -me preguntó en tono acusador -¡claro que sí ¡y mucho -exclamé sofocó una risita y con tono tranquilizador se refirió a sí misma sosteniendo que era una mujer tosca primitiva que tenía muchas dificultades con las palabras y que apenas si sabía cómo tratar a la gente me miró francamente a los ojos y dijo que don juan le había encomendado ayudarme porque yo le preocupaba -nos dijo que eras poco formal y andabas por allí causando problemas a los inocentes -afirmó hasta ese momento sus aseveraciones me habían resultado coherentes pero no me parecía concebible que don juan dijese cosas tales sobre mí entramos a la casa quería sentarme en el banco en que solía hacerlo en compañía de pablito ella me detuvo -Ése no es el lugar para ti y para mí -dijo vamos a mi habitación -preferiría sentarme aquí -dije con firmeza conozco este lugar y me siento cómodo en él chascó la lengua manifestando su desaprobación actuaba como un niño desilusionado contrajo el labio superior hasta que adquirió el aspecto del pico de un pato -aquí hay algún terrible error -dije creo que me voy a ir si no me explica lo que está sucediendo se puso muy nerviosa y arguyó que su problema residía en el hecho de no saber cómo hablarme le planteé la cuestión de su indudable transformación y le exigí que me dijera qué había ocurrido necesitaba saber cómo había tenido lugar tal cambio -si te lo digo ¿te quedarás -preguntó con una vocecilla infantil -tendré que hacerlo -en ese caso te lo diré todo pero tiene que ser en mi habitación durante un instante sentí pánico hice un esfuerzo supremo para serenarme y fuimos a su habitación vivía en el fondo donde pablito había construido un dormitorio para ella yo había estado allí una vez cuando se hallaba en construcción y también después de terminado precisamente antes de que ella lo habitase el lugar estaba tan vacío como yo lo había visto con la excepción de una cama situada exactamente en el centro y dos modestas cómodas junto a la puerta el jalbegue de los muros había dado paso a un tranquilizador blanco amarillento también la madera del techo había adquirido su pátina al mirar las tersas limpias paredes tuve la impresión de que cada día las fregaban con una esponja la habitación guardaba gran semejanza con una celda monástica debido a su sobriedad y ascetismo no había en ella ornamento de especia alguna en las ventanas había postigos de madera sólidos y abatibles reforzados por una barra de hierro no había sillas ni nada en que sentarse doña soledad me quitó la libreta de notas la apretó contra su seno y luego se sentó en la cama que constaba tan sólo de dos colchones no había somier me ordenó sentarme cerca de ella -tú y yo somos lo mismo -dijo a la vez que me tendía la libreta -¿cómo -tú y yo somos lo mismo -repitió sin mirarme no llegaba a comprender el significado de sus palabras ella me observaba como si esperase una respuesta -¿qué es lo que se supone que yo deba entender doña soledad -pregunté mi interrogación pareció desconcertarla era evidente que esperaba que la hubiese comprendido primero rió pero luego cuando volví a decirle que no había entendido se enfadó se puso tiesa y me acusó de ser deshonesto con ella sus ojos ardían de ira la cólera la llevaba a contraer los labios en un gesto muy feo que la hacía parecer extraordinariamente vieja yo estaba francamente perplejo e intuía que dijese lo que dijese iba a cometer un error lo mismo parecía ocurrirle a ella movió la boca para decir algo pero el gesto no pasó de un estremecimiento de los labios finalmente murmuró que no era impecable actuar como yo lo hacía en un momento tan trascendente me volvió la espalda 5

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-¡míreme doña soledad -dije con energía no estoy tratando de desconcertarla en absoluto usted debe saber algo que yo ignoro por completo -hablas demasiado -me espetó con enojo el nagual me dijo que no debía dejarte hablar nunca lo tergiversas todo se puso en pie de un salto y golpeó el suelo con fuerza como un niño malcriado en ese momento tomé conciencia de que el piso de la habitación era diferente lo recordaba de tierra apisonada del mismo tono oscuro que tenía el conjunto de los terrenos de la zona el nuevo era de un rosa subido dejé de lado mi enfrentamiento con ella y anduve por la estancia no lograba explicarme el hecho de que el piso me hubiese pasado desapercibido al entrar era magnífico primero pensé que se trataría de arcilla roja colocada como cemento mientras estaba suave y húmeda pero luego vi que no presentaba una sola grieta la arcilla se habría secado apelotonado agrietado y alguna gramilla habría crecido allí me agaché y pasé los dedos con delicadeza por sobre la superficie tenía la consistencia del ladrillo la arcilla había sido cocida comprendí entonces que el piso estaba hecho con grandes losas de arcilla cocida asentadas sobre un lecho de arcilla fresca que hacía las veces de matriz las losas estaban distribuidas según un diseño intrincado y fascinante aunque muy difícilmente visible a menos que se le prestase especial atención la precisión con que cada losa había sido colocada en su lugar me reveló un plan perfectamente concebido me interesaba averiguar cómo se había hecho para cocer piezas tan grandes sin que se combasen me volví con la intención de preguntárselo a doña soledad desistí inmediatamente no habría comprendido aquello a lo que yo me iba a referir di un nuevo paseo la arcilla era un tanto áspera casi como la piedra arenisca constituía una perfecta superficie antideslizante -¿fue pablito quien instaló este piso -pregunté no me respondió -es un trabajo magnífico -dije debe usted de sentirse orgullosa de él no me cabía la menor duda de que el autor había sido pablito nadie más habría tenido la imaginación ni la capacidad necesarias para concebirlo supuse que lo habría hecho durante mi ausencia pero no tardé en recordar que yo no había entrado en la habitación de doña soledad desde la época en que había sido construida seis o siete años atrás -¡pablito ¡pablito ¡bah -exclamó con voz áspera y llena de enfado ¿qué te hace pensar que sea el único capaz de hacer cosas cambiamos una larga mirada y súbitamente comprendí que era ella quien había hecho el piso y que don juan la había inducido a ello estuvimos de pie en silencio contemplándonos durante largo rato yo sabía que habría sido completamente superfluo preguntarle si mi suposición era correcta -yo me lo hice -dijo al cabo en un tono seco el nagual me dijo cómo sus palabras me pusieron eufórico la cogí y la alcé en un abrazo sosteniéndola así dimos unas vueltas por la habitación lo único que se me ocurría era bombardearla con preguntas quería saber cómo había hecho las losas qué significaban los dibujos de dónde había sacado la arcilla pero ella no compartía mi exaltación permanecía serena e imperturbable y de tanto en tanto me miraba desdeñosamente volví a recorrer el piso la cama había sido situada en el punto exacto de convergencia de varias líneas las losase de arcilla estaban cortadas en ángulos agudos de modo de dar lugar a un motivo de diseño fundado en líneas convergentes que en apariencia irradiaban desde debajo de la cama -no encuentro palabras para expresarle lo impresionado que me hallo -dije -¡palabras ¿quién necesita palabras -dijo cortante tuve un destello de lucidez mi razón me había estado traicionando había una sola explicación probable para su magnífica metamorfosis don juan debía haberla tomado como aprendiz ¿de qué otro modo podía una vieja como doña soledad convertirse en ese ser fantástico poderoso tendría que haberme resultado obvio desde el momento en que la vi pero esa posibilidad no formaba parte del conjunto de mis expectativas respecto de ella deduje que el trabajo de don juan con ella debía haberse realizado en los dos años durante los cuales yo no la había visto si bien dos años parecían constituir un lapso demasiado breve para tan espléndido cambio -ahora creo comprender lo que le ha sucedido -dije en tono alegre y despreocupado acaba de hacerse cierta luz en mi mente -ah ¿si -dijo sin el menor interés -el nagual le está enseñando a ser una bruja ¿no es cierto me miró desafiante percibí que lo que había dicho era precisamente lo menos adecuado había en su rostro una expresión de verdadero desprecio no iba a decirme nada -¡qué cabrón eres -exclamó de pronto temblando de ira pensé que su cólera era injustificada me senté en un extremo de la cama mientras ella nerviosa daba golpecitos en el suelo con el talón luego fue a sentarse al otro extremo sin mirarme -¿qué es exactamente lo que usted quiere que haga -pregunté con tono firme intimidatorio -¡ya te lo he dicho -aulló tú y yo somos lo mismo le pedí que me explicase lo que quería decir y que no pensase ni por un instante que yo sabía algo tales palabras la irritaron aún más se puso en pie bruscamente y dejó caer su falda al suelo -¡esto es lo que quiero decir -chilló acariciándose el pubis 6

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mi boca se abrió sin que mediase mi voluntad era consciente de que la estaba contemplando como un idiota -¡tú y yo somos uno aquí -dijo yo estaba mudo de asombro doña soledad la anciana india madre de mi amigo pablito estaba realmente semidesnuda a pocos pasos de mí mostrándome sus genitales la miré incapaz de expresar idea alguna lo único que sabía era que su cuerpo no correspondía a una vieja tenía hermosos muslos oscuros y sin vello sus caderas eran anchas debido a su estructura ósea pero no tenían gordura alguna debió de haber advertido mi examen y se echó sobre la cama -ya sabes qué hacer -dijo señalándose el pubis somos uno aquí descubrió sus robustos pechos -¡doña soledad se lo ruego -exclamé ¿qué le sucede usted es la madre de pablito -no ¡no lo soy -barbotó no soy madre de nadie se incorporó y me miró fieramente -soy lo mismo que tú una parte del nagual -dijo estamos hechos para mezclarnos abrió las piernas y yo me aparté de un salto -¡espere un momento doña soledad -dije déjeme decirle algo por un instante me dominó un miedo salvaje y por mi mente cruzó una idea loca ¿sería posible me preguntaba que don juan estuviese oculto por allí desternillándose de risa -¡don juan -aullé mi chillido fue tan fuerte y profundo que doña soledad saltó de su cama y se cubrió a toda prisa con su falda vi cómo se la ponía mientras yo volvía a bramar -¡don juan anduve por toda la casa profiriendo el nombre de don juan hasta que tuve la garganta seca doña soledad en el ínterin había salido corriendo y aguardaba junto a mi automóvil contemplándome perpleja me acerqué a ella y le pregunté si don juan le había ordenado hacer todo aquello asintió con un gesto le pregunté si él se encontraba en los alrededores respondió que no -dígamelo todo -dije me explicó que se limitaba a seguir instrucciones de don juan el le había ordenado cambiar su ser por el de un guerrero con la finalidad de ayudarme aseveró que había pasado años esperando para cumplir esa promesa -ahora soy muy fuerte -dijo con suavidad sólo para ti pero en la habitación no te gusté ¿no me encontré explicándole que no se trataba de que no me gustase que contaban en mucho mis sentimientos hacia pablito entonces comprendí que no tenía la más vaga idea de lo que estaba diciendo doña soledad parecía entender lo embarazoso de mi posición y afirmó que era mejor olvidar nuestro incidente -debes estar hambriento -dijo con vivacidad te prepararé algo de comer -aún hay muchas cosas que no me ha explicado -señalé le seré franco no me quedaría aquí por nada del mundo usted me asusta -estás obligado a aceptar mi hospitalidad aunque sea una taza de café -dijo sin inmutarse vamos olvidemos lo sucedido me indicó con un gesto que fuese hacia la casa en ese momento oí un gruñido sordo el perro se había levantado y nos miraba como si comprendiese lo que conversábamos doña soledad clavó en mí una mirada aterradora luego se serenó y sonrió -no hagas caso de mis ojos dijo lo cierto es que soy vieja Últimamente me mareo creo que necesito gafas se echó a reír y comenzó a hacer payasadas mirando entre sus dedos colocados de modo de fingir gafas -¡una vieja india con gafas será el hazmerreír -comentó sofocando una carcajada me preparé mentalmente para comportarme con brusquedad y salir de allí sin dar explicación alguna pero antes de partir quería dejar algunas cosas para pablito y sus hermanas abrí el portaequipajes para sacar los regalos que les había llevado me incliné hacia el interior con el objeto de alcanzar los dos paquetes colocados junto al respaldo del asiento posterior al lado de la rueda de recambio había cogido uno y estaba a punto de asir el otro cuando sentí en la nuca una mano suave y peluda emití un chillido involuntario y me golpeé la cabeza contra la tapa levantada del coche me volví para mirar la presión de la mano peluda me impidió completar el movimiento pero alcancé a vislumbrar fugazmente un brazo o una garra de tonalidad plateada suspendido sobre mi cuello el pánico hizo presa en mí me aparté con esfuerzo del portaequipajes y caí sentado con el paquete aún en la mano todo mi cuerpo temblaba tenía contraídos los músculos de las piernas y me vi levantándome de un brinco y corriendo -no pretendía asustarte -dijo doña soledad en tono de disculpa mientras yo la miraba desde una distancia de más de dos metros me mostró las palmas en un gesto de entrega como si tratase de asegurarme que lo que yo había sentido no era una de sus manos -¿qué me hizo -pregunté tratando de aparentar calma y soltura no se podría decir si estaba muy avergonzada o totalmente desconcertada murmuró algo y sacudió la cabeza como si no pudiese expresarlo o no supiera a qué me refería -vamos doña soledad -dije acercándome a ella no me juegue sucio 7

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parecía hallarse al borde del llanto yo deseaba consolarla pero una parte de mí se resistía tras una pausa brevísima le dije lo que había sentido y visto -¡eso es terrible -su voz era un grito con un movimiento sumamente infantil se cubrió el rostro con el antebrazo derecho pensé que estaba llorando me acerqué a ella e intenté rodear sus hombros con el brazo pero no conseguí hacer el gesto -ahora doña soledad -dije olvidemos todo esto y reciba estos paquetes antes de que yo parta di un paso para situarme frente a ella alcancé a ver sus ojos negros y brillantes y parte de su rostro tras el brazo que me lo ocultaba no lloraba sonreía salté hacia atrás su sonrisa me aterraba ambos permanecimos inmóviles largo tiempo mantenía cubierta la cara pero yo le veía los ojos y sabía que me observaba allí parado casi paralizado por el miedo me sentía completamente abatido había caído en un pozo sin fondo doña soledad era una bruja mi cuerpo lo sabía y sin embargo no terminaba de aceptarlo prefería creer que había enloquecido y la tenían encerrada en la casa para no enviarla a un manicomio no me atrevía a moverme ni a quitarle los ojos de encima debimos haber permanecido en la misma posición durante cinco o seis minutos ella mantuvo el brazo alzado inmóvil se encontraba junto a la parte trasera del coche casi apoyada en el parachoques izquierdo la tapa del portaequipaje seguía levantada pensé en precipitarme hacia la puerta derecha las llaves estaban en el contacto me relajé un tanto con el objeto de decidir el momento más adecuado para echar a correr pareció advertir mi cambio de actitud inmediatamente bajó el brazo dejando al descubierto todo su rostro tenía los dientes apretados y los ojos fijos en mí se la veía cruel y vil de pronto avanzó hacia donde yo me encontraba tambaleándose se afirmó sobre el pie derecho al modo de un esgrimista y alargó las manos cual si se tratase de garras para aferrarme por la cintura mientras profería el más escalofriante de los alaridos mi cuerpo dio un salto hacia atrás para no quedar a su alcance corrí hacia el coche pero con inconcebible agilidad se echó ante mí haciéndome dar un traspié caí boca abajo y me asió por el pie izquierdo encogí la pierna derecha y le habría propinado un puntapié en la cara si no se hubiese separado de mí dejándose caer de espaldas me puse en pie de un salto y traté de abrir la portezuela del auto me arrojé sobre el capó para pasar al otro lado pero de algún modo doña soledad llegó a él antes que yo intenté retroceder siempre rodando sobre el capó pero en medio de la maniobra sentí un agudo dolor en la pantorrilla derecha me había sujetado por la pierna no pude pegarle con el pie izquierdo me tenía sujeto por ambas piernas contra el capó me atrajo hacia ella y le caí encima luchamos en el suelo su fuerza era magnífica y sus alaridos aterradores apenas si podía moverme bajo la inmensa presión de su cuerpo no era una cuestión de peso sino más bien de potencia y ella la tenía de pronto oí un gruñido y el enorme perro saltó sobre su espalda y la apartó de mí me puse de pie quería entrar al coche pero mujer y perro luchaban junto a la puerta el único refugio era la casa llegué a ella en uno o dos segundos no me volví a mirarlos me precipité dentro y cerré la puerta de inmediato asegurándola con la barra de hierro que había tras ella corrí hacia el fondo y repetí la operación con la otra puerta desde el interior alcanzaba a oír los furiosos gruñidos del perro y los chillidos inhumanos de la mujer entonces súbitamente el gruñir y el ladrar del animal se trocaron en gañidos y aullidos como si experimentase dolor o algo que lo atemorizase sentí una sacudida en la boca del estómago mis oídos comenzaron a zumbar comprendí que estaba atrapado en la casa tuve un acceso de terror me sublevaba mi propia estupidez al correr hacia la casa el ataque de la mujer me había desconcertado a tal punto que había perdido todo sentido de la estrategia y me había comportado como si escapase de un contrincante corriente del que fuera posible deshacerse por medio del simple expediente de cerrar una puerta oí que alguien llegaba hasta la puerta y se apoyaba en ella tratando de abrirla por la fuerza luego hubo violentos golpes y estrépito -abre la puerta -dijo doña soledad con voz seca ese condenado perro me ha herido consideré la posibilidad de dejarla entrar me vino a la memoria el recuerdo de un enfrentamiento con una bruja que había tenido lugar años atrás la cual según don juan cambiaba de forma con el fin de enloquecerme y darme un golpe mortal evidentemente doña soledad no era tal como yo la había conocido pero yo tenía razones para dudar que fuese una bruja el elemento tiempo desempeñaba un papel preponderante en relación con mi convicción pablito néstor y yo llevábamos años de relación con don juan y don genaro y no éramos brujos ¿cómo podía serlo doña soledad por grande que fuese su transformación era imposible que hubiera improvisado algo que cuesta toda una vida lograr -¿por qué me atacó -pregunté hablando con voz lo bastante fuerte como para ser oído desde el otro lado de la maciza puerta respondió que el nagual le había dicho que no me dejase partir le pregunté por qué no contestó en cambio golpeó la puerta furiosamente a lo que yo respondí golpeando a mi vez con más fuerza seguimos aporreando la puerta durante varios minutos se detuvo y comenzó a rogarme que le abriera sentí una oleada de energía nerviosa comprendí que si abría tendría una oportunidad de huir quité la tranca entró tambaleándose llevaba la blusa desgarrada la banda que sujetaba su cabello se había caído y las largas greñas le cubrían el rostro -¡mira lo que me ha hecho ese perro bastardo -aulló ¡mira ¡mira respiré hondo se la veía un tanto aturdida se sentó en un banco y comenzó a quitarse la blusa hecha jirones aproveché ese momento para salir corriendo de la casa y precipitarme hacia el coche con una velocidad que sólo podía ser hija del miedo entré en él cerré la portezuela conecté el motor automáticamente y puse la 8

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marcha atrás aceleré y volví la cabeza para mirar por la ventanilla posterior al hacerlo sentí un aliento cálido en el rostro oí un horrendo gruñido y vi en un instante los ojos demoníacos del perro estaba en el asiento trasero vi sus terribles dientes junto a mis ojos bajé la cabeza sus dientes alcanzaron a cogerme el cabello debo de haberme hecho un ovillo en el asiento y al hacerlo retirado el pie del embrague la sacudida que dio el coche hizo perder el equilibrio al animal abrí la portezuela y salí a toda prisa la cabeza del perro asomó también por la portezuela faltaron pocos centímetros para que me mordiera los tobillos y alcancé a oír el ruido que hacían sus dientes al cerrar firmemente las mandíbulas el coche comenzó a deslizarse hacia atrás y yo eché a correr nuevamente esta vez hacia la casa me detuve antes de llegar a la puerta doña soledad estaba allí parada se había vuelto a recoger el pelo se había echado un chal sobre los hombros me miró fijamente por un instante y luego se echó a reír muy suavemente al principio como si hacerlo le provocase dolor en las heridas y luego estrepitosamente me señalaba con un dedo y se sostenía el estómago mientras se retorcía de risa se movía hacia delante y hacia atrás encorvándose e irguiéndose como para no perder el aliento estaba desnuda por encima de la cintura veía sus pechos agitados por las convulsiones de la risa me sentí perdido miré el coche se había detenido tras retroceder un metro o metro y medio la portezuela se había vuelto a cerrar atrapando al perro en el interior veía y oía a la enorme bestia mordiendo el respaldo del asiento delantero y dando zarpazos contra las ventanillas la situación me obligaba a tomar una muy singular decisión no sabía a quién temer más si a doña soledad o al perro concluí tras un instante de reflexión que el perro no era más que una bestia estúpida volví corriendo al coche y me subí al techo el ruido encolerizó al perro le oí desgarrar el tapizado tendido sobre el techo conseguí abrir la portezuela del lado del conductor tenía la intención de abrir las dos y deslizarme del techo al interior del automóvil a través de una de ellas tan pronto como el perro hubiese salido por la otra me estiré nuevamente para abrir la puerta derecha había olvidado que estaba asegurada en ese momento la cabeza del perro asomó por la portezuela abierta sentí pánico ciego ante la idea de que pudiese salir del auto y ganar el techo de un salto tardé menos de un segundo en saltar al suelo y llegar a la puerta de la casa doña soledad aguardaba en la entrada el reír le exigía ya esfuerzos supremos en apariencia casi dolorosos el perro se había quedado dentro del coche aún espumajeando de rabia al parecer era demasiado grande y no lograba hacer pasar su voluminoso cuerpo por sobre el respaldo del asiento delantero fui hasta el coche y volví a cerrar la portezuela con delicadeza me puse a buscar una vara cuya longitud me permitiese maniobrar para quitar el seguro de la puerta derecha busqué en la zona de delante de la casa no había por allí siquiera un trozo de madera doña soledad entretanto se había ido adentro consideré mi situación no tenía otra alternativa que recurrir a su ayuda presa de gran agitación crucé el umbral mirando en todas direcciones y sin descartar la posibilidad de que estuviese escondida tras la puerta esperándome -¡doña soledad -grité -¿qué diablos quieres -gritó a su vez desde su habitación -¿me haría el favor de salir y sacar a su perro de mi coche -dije -¿estás bromeando -replicó ese perro no es mío ya te lo he dicho pertenece a mis niñas -¿dónde están sus niñas -pregunté -están en las montañas -respondió salió de su habitación y se encaró conmigo -¿quieres ver lo que me ha hecho ese condenado perro -preguntó en tono seco ¡mira se quitó el chal y me mostró la espalda desnuda no encontré en ella marcas visibles de dientes había tan sólo unos pocos largos rasguños que bien podía haberse hecho frotándose contra el áspero suelo por otra parte podía haberse arañado al atacarme -no tiene nada -dije -ven a mirarlo a la luz dijo y cruzó la puerta insistió en que buscase cuidadosamente marcas de los dientes del perro me sentía estúpido tenía una sensación de pesadez en torno de los ojos especialmente sobre las cejas no le hice caso y salí el perro no se había movido y comenzó a ladrar en cuanto traspuse la puerta me maldije yo era el único culpable había caído en esa trampa como un idiota en ese preciso momento se me ocurrió la posibilidad de ir andando al pueblo pero mi cartera mis documentos todas mis pertenencias se hallaban en el piso del coche exactamente bajo las patas del perro tuve un acceso de desesperación era inútil caminar hasta el pueblo el dinero que tenía en los bolsillos no alcanzaba siquiera para una taza de café además no conocía un alma allí no tenía más alternativa que hacer salir al perro del auto -¿qué clase de alimentos come este perro -grité desde la puerta -¿por qué no pruebas dándole una pierna -respondió doña soledad también gritando desde su habitación a la vez que soltaba una risa aguda busqué algo de comer en la casa las ollas estaban vacías no podía hacer otra cosa que volver a encararla mi desesperación se había trocado en cólera irrumpí en su habitación dispuesto a una lucha a muerte estaba echada en la cama cubierta con el chal -por favor perdóname por haberte hecho todas esas cosas -dijo con sencillez mirando al techo su audacia dio por tierra con mi cólera 9

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-debes comprender mi posición -prosiguió no podía dejarte ir rió suavemente y con voz clara serena y muy agradable dijo que la llenaba de remordimiento el ser ávida y torpe que había estado a punto de ahuyentarme con sus bufonadas pero que la situación de pronto había variado hizo una pausa y se sentó en la cama cubriéndose los pechos con el chal agregó luego que una extraña confianza había ganado su cuerpo levantó la vista al techo e hizo con los brazos un movimiento misterioso rítmico semejante al de los molinos de viento -ya no hay modo de que te vayas -dijo me examinó atentamente sin reír mi sentimiento de ira era menos violento pero mi desesperación era más intensa que nunca comprendía que en términos de fuerza bruta me era imposible competir tanto con ella como con el perro dijo que nuestro encuentro estaba acordado desde hacía muchos años y que ninguno de los dos contaba con el poder necesario para abreviar el lapso que debíamos pasar juntos ni para separarse del otro -no derroches energías en tentativas de irte -dijo es tan inútil que trates de hacerlo como que yo trate de retenerte algo que se encuentra más allá de tu voluntad te liberará y algo que se encuentra más allá de mi voluntad te retendrá aquí de algún modo su confianza no sólo la había dulcificado sino que la había dotado de un gran dominio sobre las palabras sus aseveraciones eran convincentes y muy claras don juan siempre había dicho que yo era un alma crédula cuando se entraba en el terreno de las palabras me sorprendí pensando mientras ella hablaba que en realidad no era tan temible como yo creía daba la impresión de no estar ni siquiera resentida mi razón se sentía casi a gusto pero otra parte de mi ser se rebelaba todos mis músculos estaban tensos como alambres y sin embargo me veía forzado a admitir que a pesar de que me había asustado hasta el punto de sacarme de mis cabales la encontraba muy atractiva me miró fijamente -te demostraré la inutilidad de tratar de escapar -dijo saltando de la cama voy a ayudarte ¿qué necesitas me contemplaba con ojos extrañamente brillantes la pequeñez y blancura de sus dientes daban a su sonrisa un toque diabólico la cara mofletuda se veía extraordinariamente tersa sin la menor arruga dos líneas bien definidas iban de los lados de su nariz a las comisuras de sus labios dando al rostro una apariencia de madurez sin envejecerlo al levantarse de la cama dejó caer descuidadamente el chal poniendo en descubierto la plenitud de sus senos no se cuidó de cubrirse por el contrario aspiró profundamente y alzó los pechos -ah lo has advertido ¿no -dijo y meció su cuerpo como si estuviese satisfecha de sí misma siempre llevo el cabello recogido el nagual me lo recomendó al llevarlo tirante mi rostro es más joven yo estaba seguro de que se iba a referir a sus pechos su salida me sorprendió -no quiero decir que la tirantez del cabello me haga parecer más joven -prosiguió con una sonrisa encantadora sino que me hace realmente más joven -¿cómo es posible -pregunté me respondió con otra pregunta quiso saber si yo había entendido correctamente a don juan cuando él decía que todo era posible si uno tenía un firme propósito yo pretendía una explicación más precisa me interesaba saber qué hacía además de estirarse el pelo para parecer tan joven dijo que se tendía sobre la cama y se vaciaba de toda clase de pensamientos y sentimientos y permitía que las líneas del piso de su alcoba se llevaran las arrugas le exigí más detalles impresiones sensaciones percepciones que hubiese experimentado en esos momentos insistió en que no sentía nada en que ignoraba el modo de acción de las líneas del piso y en que lo único que sabía era cómo impedir que los pensamientos interfiriesen me puso las manos sobre el pecho y me apartó con suma delicadeza al parecer quería indicarme con ese gesto que ya le había preguntado lo suficiente salió por la puerta trasera le dije que necesitaba una vara larga se dirigió a una pila de leña pero allí no había varas largas le sugerí que me consiguiese un par de clavos con la finalidad de unir dos trozos de esa madera buscamos clavos infructuosamente por toda la casa como último recurso hube de quitar la vara más larga que encontré una de las que pablito había empleado en la construcción del gallinero del fondo el madero si bien algo endeble parecía hecho para mi propósito doña soledad no había sonreído ni bromeado en el curso de la búsqueda aparentemente estaba dedicada por entero a ayudarme tal era su concentración que llegué a pensar que me deseaba éxito fui hasta el coche munido del palo largo y de otro de menores dimensiones cogido del montón de leña doña soledad permaneció junto a la puerta de la casa comencé por distraer al perro con el más corto de los palos sostenido con la mano derecha a la vez que con la otra intentaba hacer saltar el seguro del lado opuesto valiéndome del más largo el perro estuvo a punto de morderme la mano derecha hube de dejar caer el madero corto la irritación y la fuerza de la enorme bestia eran tan inmensas que me vi al borde de soltar también el largo el animal estaba a punto de partirlo en dos cuando doña soledad acudió en mi ayuda dando golpes en la ventanilla posterior atrajo la atención del perro haciéndolo desistir de su intento alentado por su maniobra de distracción me lancé de cabeza sobre el asiento de delante deslizándome hacia el lado opuesto de algún modo me las arreglé para quitar la traba de seguridad intenté una retirada inmediata pero el perro cargó sobre mí con todas sus fuerzas y logró introducir su macizo lomo y sus zarpas delanteras en la parte anterior del coche descargándolas sobre mí antes de que me fuese posible retroceder sentí sus patas en la espalda me arrastré sabía que me iba a destrozar bajó la cabeza con intenciones 10

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asesinas pero en vez de atacarme mordió el volante conseguí escurrirme y en un solo movimiento trepé al capó primero y al techo luego estaba lleno de magulladuras abrí la portezuela derecha pedí a doña soledad que me alcanzara la vara larga y valiéndome de ella moví la palanca que aseguraba el respaldo supuse que quizá molestando al perro lo obligaría a empujarlo hacia delante y tendría así más espacio para salir del coche no obstante no se movió en cambio mordió furiosamente la vara en ese momento doña soledad ganó el techo de un salto y se tendió cerca de mí quería ayudarme a molestar al perro le dije que no podía quedarse allí porque en cuanto el animal saliera yo iba a meterme en el coche y largarme le agradecí su apoyo y le expresé que lo más conveniente era que volviese a la casa se encogió de hombros puso pie en tierra y regresó a la puerta nuevamente oprimí la manecilla y provoqué al perro con mi vara agitándosela ante los ojos y el hocico la furia de la bestia superaba todo lo que yo había visto pero no se la veía dispuestas a abandonar el lugar sus sólidas mandíbulas terminaron por arrebatarme el palo de las manos me bajé para recogerlo de debajo del automóvil de pronto oí el grito de doña soledad -¡cuidado ¡sale levanté la vista hacia el coche el perro pasaba por sobre el asiento sus patas posteriores estaban atrapadas por el volante de no ser por ello habría salido me lancé hacia la casa y logré entrar en ella exactamente a tiempo para evitar que el animal me derribase su ímpetu era tal que dio contra la puerta a la vez que trancaba la puerta con la barra de hierro doña soledad hablaba con voz chillona -te dije que era inútil se aclaró la garganta y se volvió a mirarme -¿no puede atar al perro -pregunté estaba seguro de que me daría una respuesta carente de sentido pero para mi asombro dijo que debía intentarlo todo incluso atraer al perro a la casa y encerrarlo allí su idea me sedujo abrí con sumo cuidado la puerta el animal no se hallaba lejos me arriesgué a salir aunque sin alejarme demasiado no se lo veía tenía la esperanza de que hubiese regresado a su corral estaba dispuesto a lanzarme hacia el coche cuando oí un sordo gruñido y divisé la sólida cabeza del animal en el interior del mismo había trepado al asiento delantero doña soledad tenía razón era inútil intentarlo me invadió una oleada de tristeza de algún modo presentía que mi final estaba cerca en un súbito acceso de absoluta desesperación dije a doña soledad que iba a buscar un cuchillo a la cocina y que estaba dispuesto a matar al perro o a que él me matara no lo hice porque no había un solo objeto metálico en toda la casa -¿acaso no te enseñó el nagual a aceptar tu destino -preguntaba doña soledad mientras me seguía los pasos ese el de allí fuera no es un perro corriente ese perro tiene poder es un guerrero hará lo que tenga que hacer incluso matarte por un momento experimenté un sentimiento de frustración incontrolable la cogí por los hombros y gruñí no se mostró sorprendida ni molesta por mi súbito arranque se volvió y dejó caer el chal su espalda era fuerte y hermosa sentí un irreprimible deseo de golpearla pero en cambio deslicé la mano por sus hombros tenía una piel suave y tersa tanto sus brazos como sus hombros eran fornidos sin llegar a ser gruesos aparentemente una mínima capa de gordura contribuía a redondear sus músculos y dar tersura a la parte superior de su cuerpo cuando con las yemas de los dedos llegué a hacer presión sobre esas partes alcancé a sentir la solidez de invisibles carnes bajo la límpida superficie no quise mirar sus pechos se dirigió a un lugar techado en la parte trasera de la casa que hacía las veces de cocina la seguí se sentó en un banco y con tranquilidad se lavó los pies en un barreño mientras se ponía las sandalias corrí hasta un nuevo cobertizo que había sido construido en los fondos cuando regresé la hallé de pie junto a la puerta -a ti te gusta hablar -dijo despreocupadamente mientras me llevaba hacia la habitación no hay prisa podemos conversar hasta siempre sacó mi libreta de notas del cajón superior de la cómoda y me la tendió con exagerada delicadeza ella misma debía de haberla puesto allí luego retiró la colcha la dobló cuidadosamente y la colocó encima de la misma cómoda advertí entonces que las dos cómodas eran del mismo color que las paredes blanco amarillento y que la cama sin colcha era de un rosa subido muy semejante al del piso la colcha por su parte era de tono castaño oscuro al igual que la madera del techo y la de los postigos de las ventanas -conversemos -dijo sentándose cómodamente en la cama tras quitarse las sandalias recogió las piernas hasta ponerlas en contacto con sus pechos desnudos parecía una niña sus maneras agresivas y dominantes se habían mitigado trocándose en una actitud encantadora en aquel momento era la antítesis de lo que había sido antes dado el modo en que me instaba a tomar notas no pude menos de reírme me recordaba a don juan -ahora tenemos tiempo -dijo el viento ha cambiado ¿te has dado cuenta me había dado cuenta dijo que la nueva dirección del viento era para ella la más benéfica de modo que el viento se había convertido en su auxiliar -¿qué sabe usted del viento doña soledad -pregunté y me senté con la mayor serenidad a los pies de la cama 11

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-Únicamente lo que me enseñó el nagual -dijo cada una de nosotras las mujeres posee su dirección singular un viento personal los hombres no yo soy el viento del norte cuando sopla soy diferente el nagual decía que un guerrero puede usar su viento particular para lo que mejor le plazca yo lo he empleado para embellecer mi cuerpo y renovarlo ¡mírame soy el viento del norte siénteme entrar por la ventana un fuerte viento se abrió paso por la ventana estratégicamente situada cara al norte -¿por qué cree usted que los hombres no poseen un viento -pregunté tras pensarlo un momento respondió que el nagual nunca había mencionado la causa -querías saber quién hizo este piso -dijo cubriéndose los hombros con la manta yo misma me llevó cuatro años colocarlo ahora este piso es como yo mientras ella hablaba advertí que las líneas convergentes del piso estaban orientadas de tal modo que hallaban su origen en el norte los muros no obstante no se correspondían con precisión con los puntos cardinales por ello la cama formaba extraños ángulos con los mismos e igual cosa sucedía con las líneas de las losas de arcilla -¿por qué hizo el piso de color rojo doña soledad -es mi color yo soy roja como tierra roja traje la arcilla roja de las montañas de por aquí el nagual me indicó dónde buscarla y también me ayudó a acarrearla y lo mismo hicieron los demás todos me ayudaron -¿cómo coció la arcilla -el nagual me hizo cavar un hoyo lo llenamos de leña y luego apilamos las losas de arcilla encima con trozos chatos de roca entre una y otra cubrimos el hoyo con una capa de barro y prendimos fuego a la madera ardió durante días -¿cómo hicieron para que las losas no se torcieran -eso no lo conseguí yo lo hizo el viento el viento del norte que sopló mientras el fuego estuvo encendido el nagual me enseñó cómo hacer para cavar el hoyo de modo que mirase al norte y al viento del norte también me hizo hacer cuatro agujeros para que el viento del norte se introdujese en el pozo luego me hizo hacer un agujero en el centro de la capa de lodo para dar salida al humo el viento hizo arder la madera durante días una vez todo se hubo enfriado abrí el hoyo y empecé a pulir y nivelar las losas tardé un año en hacer todas las losas que necesitaba para mi piso -¿cómo se le ocurrió el dibujo -el viento me enseñó eso cuando hice mi piso el nagual ya me había enseñado a no oponerme al viento me había mostrado el modo de entregarme a mi viento y dejar que me guiase tardó muchísimo en hacerlo años y años yo era una vieja muy difícil muy necia al principio él mismo me lo decía y tenía razón pero aprendí pronto tal vez porque era vieja y ya no tenía nada que perder al comenzar lo que hacía todo más problemático era el miedo que sentía la sola presencia del nagual me hacía tartamudear y desvanecerme el nagual surtía el mismo efecto sobre los demás era su destino ser tan temible se detuvo y me miró -el nagual no es humano -dijo -¿qué la lleva a decir eso -el nagual es un demonio desde quién sabe cuándo sus palabras me hicieron estremecer sentía batir mi corazón era indudable que la mujer no podía tener mejor interlocutor estaba infinitamente intrigado le rogué que me explicase lo que había querido decir con eso -su contacto cambia a la gente -dijo tú lo sabes cambió tu cuerpo en tu caso ni siquiera eras consciente de que lo estaba haciendo pero se metió en tu viejo cuerpo puso algo en él lo mismo hizo conmigo dejó algo en mi interior y ese algo me ha ocupado por entero sólo un demonio puede hacer eso ahora soy el viento del norte y no temo a nada ni a nadie pero antes de que él me cambiara yo era una vieja débil y fea capaz de desmayarse con sólo oír su nombre pablito desde luego no estaba en condiciones de ayudarme porque temía al nagual más que a la muerte »un día el nagual y genaro vinieron a la casa cuando yo estaba sola les oí rondando como jaguares cerca de la puerta me santigüé para mí eran dos demonios pero salí a ver qué podía hacer por ellos tenían hambre y con mucho gusto les serví de comer tenía unos tazones bastos hechos de calabaza y puse uno lleno de sopa a cada uno al nagual al parecer no le gustó la comida no quería comer nada preparado por una mujer tan decrépita y con fingida torpeza hizo caer el tazón de la mesa con un movimiento del brazo pero el tazón en vez de darse vuelta y derramar todo su contenido por el suelo resbaló con la fuerza del golpe del nagual y fue a caer exactamente a mis pies sin que de él saliese una sola gota en realidad aterrizó sobre mis pies y allí quedó hasta que me agaché y lo alcé lo puse sobre la mesa ante él y le dije que a pesar de ser una mujer débil y haberle temido siempre le había preparado la comida con cariño »a partir de ese preciso momento la actitud del nagual hacia mí cambió el hecho de que el tazón de sopa cayese sobre mis pies y no se derramara le demostró que un poder me señalaba no lo supe en aquel momento y pensé que su cambio en relación conmigo se debía a un sentimiento de vergüenza por haber rechazado mi comida no percibí de inmediato su transformación seguía petrificada y ni siquiera me atrevía a mirarle a los ojos pero comenzó a prestarme cada vez más atención inclusive me trajo regalos un chal un vestido un peine y otras cosas eso me hacía sentir terriblemente mal tenía vergüenza porque creía que era un hombre en busca de mujer el nagual disponía de muchachas jóvenes ¿qué iba a querer con una vieja como yo al principio no quise usar y ni siquiera mirar sus regalos pero 12

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pablito me persuadió y terminé por ponérmelos también comencé a temerle más y a no querer estar con él a solas sabía que era un hombre diabólico sabía lo que había hecho a su mujer no pude dejar de interrumpirla le dije que jamás había oído hablar de mujer alguna en la vida de don juan -sabes a qué me refiero -dijo -créame doña soledad no lo sé -no me engañes sabes que hablo de la gorda la única «gorda» que yo conocía era la hermana de pablito la muchacha debía el mote a su enorme volumen yo había intuido si bien nadie me había dicho jamás nada sobre el tema que no era en realidad hija de doña soledad no quise forzarla a que me diese más información recordé de pronto que la joven había desaparecido de la casa y nadie había podido darme razón -o no se había atrevido a ello de qué le había sucedido -un día me encontraba sola en la entrada de la casa -prosiguió doña soledad me estaba peinando al sol con el peine que me había dado el nagual no había advertido su llegada ni reparado en que estaba de pie detrás de mí de pronto sentí sus manos cogiéndome por la barbilla le oí cuando me dijo en voz muy queda que no debía moverme porque se me podía quebrar el cuello me hizo torcer la cabeza hacia la izquierda no completamente sino un poco me asusté muchísimo y chillé y traté de zafarme de sus garras pero tuvo mi cabeza sujeta por un tiempo muy largo »cuando me soltó la barbilla me desmayé no recuerdo lo que sucedió luego cuando recobré el conocimiento estaba tendida en el suelo en el mismo lugar en que estoy sentada en este momento el nagual se había ido yo me sentía tan avergonzada que no quería ver a nadie y menos aún a la gorda durante una larga temporada di en pensar que el nagual jamás me había torcido el cuello y que todo había sido una pesadilla se detuvo aguardé una explicación de lo que había ocurrido se la veía distraída quizá preocupada -¿qué fue exactamente lo que sucedió doña soledad -pregunté incapaz de contenerme ¿le hizo algo -sí me torció el cuello con la finalidad de cambiar la dirección de mis ojos -dijo y se echó a reír de buena gana ante mi mirada de sorpresa -entonces ¿él -sí cambió mi dirección -prosiguió haciendo caso omiso de mis inquisiciones lo mismo hizo contigo y con todos los demás -es cierto lo hizo conmigo pero ¿por qué cree que lo hizo -tenía que hacerlo esa es de todas las cosas que hay que hacer la más importante se refería a un acto singular que don juan estimaba absolutamente imprescindible yo nunca había hablado de ello con nadie en realidad se trataba de algo casi olvidado para mí en los primeros tiempos de mi aprendizaje hubo una oportunidad en que encendió dos pequeñas hogueras en las montañas de méxico septentrional estaban alejadas entre sí unos seis metros me hizo situar a una distancia similar de ellas manteniendo el cuerpo especialmente la cabeza en una postura muy natural y cómoda entonces me hizo mirar hacia uno de los fuegos y acercándose a mí desde detrás me torció el cuello hacia la izquierda alineando mis ojos pero no mis hombros con el otro fuego me sostuvo la cabeza en esa posición durante horas hasta que la hoguera se extinguió la nueva dirección era la sudeste tal vez sea mejor decir que había alineado el segundo fuego según la dirección sudeste yo había tomado todo el proceso como una más de las inescrutables peculiaridades de don juan uno de sus ritos sin sentido -el nagual decía que todos desarrollamos en el curso de la vida una dirección según la cual miramos -prosiguió ella esa dirección termina por ser la de los ojos del espíritu según pasan los años esa dirección se desgasta se debilita y se hace desagradable y puesto que estamos ligados a esa dirección particular nos hacemos débiles y desagradables el día en que el nagual me torció el cuello y no me soltó hasta que me desmayé de miedo me dio una nueva dirección -¿qué dirección le dio -¿por qué lo preguntas -dijo con una energía innecesaria ¿acaso piensas que el nagual me dio una dirección diferente -yo puedo decirle qué dirección me dio a mí -dije -¡no me importa -espetó eso ya me lo ha dicho él parecía estar agitada cambió de posición tendiéndose sobre el estómago me dolía la espalda a causa de la postura a que me obligaba el escribir le pregunté si me podía sentar en el suelo y emplear la cama a modo de mesa se incorporó y me tendió el cobertor doblado para que lo usase como cojín -¿qué más le hizo el nagual -pregunté -tras cambiar mi dirección el nagual comenzó a decir verdad a hablarme del poder -dijo volviendo a tenderse al principio mencionaba cosas sin propósito fijo porque no sabía exactamente qué hacer conmigo un día me llevó a una corta excursión a pie por las sierras luego otro día me llevó en autobús a su tierra natal en el desierto poco a poco me fui acostumbrando a ir con él -¿alguna vez le dio plantas de poder -una vez me dio a mescalito cuando estábamos en el desierto pero como yo era una mujer vacía mescalito me rechazó tuve un horrible encuentro con él fue entonces que el nagual supo que debía ponerme al corriente del cambio de viento eso sucedió desde luego una vez hubo tenido un presagio pasó todo ese día repitiendo una y otra vez que si bien él era un brujo que había aprendido a ver si no tenía un presagio no 13

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tenía modo de saber qué camino tomar ya había esperado durante días cierta indicación acerca de mí pero el poder no quería darla desesperado supongo me presentó a su guaje y vi a mescalito la interrumpí su uso de la palabra «guaje» calabaza me resultaba confuso examinada en el contexto de lo que me estaba diciendo el término carecía de sentido pensé que tal vez estuviese hablando en sentido metafórico o que «calabaza» fuese un eufemismo -¿qué es un guaje doña soledad hubo sorpresa en su mirada hizo una pausa antes de responder -mescalito es el guaje del nagual -dijo al fin su respuesta era aún más confusa me sentí mortificado porque se la veía realmente interesada en que yo comprendiera cuando le pedí que me explicase más insistió en que yo mismo sabía todo era la estratagema favorita de don juan para dar por tierra con mis investigaciones le expliqué que don juan me había dicho que mescalito era una deidad o fuerza contenida en los brotes del peyote decir que mescalito era su calabaza carecía completamente de sentido -don juan puede informar acerca de todo valiéndose de su calabaza dijo tras una pausa Ésa es la clave de su poder cualquiera puede darte peyote pero sólo un brujo con su calabaza puede presentarte a mescalito calló y me clavó la vista su mirada era feroz -¿por qué tienes que hacerme repetir lo que ya sabes -preguntó con enfado su súbito cambio me desconcertó completamente tan sólo un momento antes se había comportado de un modo casi dulce -no hagas caso de mis cambios de humor -dijo volviendo a sonreír soy el viento del norte soy muy impaciente nunca en mí vida me atreví a hablar con franqueza ahora no temo a nadie digo lo que siento para conocerme debes ser fuerte se arrastró sobre su estómago acercándose a mí -bien el nagual me habló acerca del mescalito que salía de su calabaza -prosiguió pero ni siquiera sospechaba lo que me iba a suceder Él esperaba que las cosas se desarrollasen de un modo semejante a aquel en que tú o eligio conocieron a mescalito en ambos casos ignoraba qué hacer y permitía que su calabaza decidiese el siguiente paso en ambos casos su calabaza lo ayudó conmigo fue diferente mescalito le dijo que no me llevara nunca el nagual y yo dejamos el lugar a toda prisa fuimos hacia el norte en vez de venir a casa cogimos un autobús rumbo a mexicali pero bajamos de él en medio del desierto era muy tarde el sol se escondía tras las montañas el nagual quería atravesar la carretera y dirigirse hacia el sur a pie estábamos esperando que pasasen algunos automóviles lanzados a toda velocidad cuando de pronto me dio unos golpecitos en el hombro y me señaló el camino delante nuestro vi un remolino de polvo una ráfaga levantaba tierra a un costado de la carretera lo vimos acercarse a nosotros el nagual cruzó al otro lado de la ruta corriendo y el viento me envolvió en realidad me hizo dar unas vueltas con mucha delicadeza y luego se desvaneció era el presagio que el nagual esperaba en relación conmigo desde entonces fuimos a las montañas o al desierto en busca del viento al principio el viento me rechazaba porque yo era mi antiguo ser así que el nagual se esforzó por cambiarme primero me hizo hacer esta habitación y este piso luego me hizo usar ropas nuevas y dormir sobre un colchón en vez de un jergón de paja me hizo usar zapatos y tengo cajones llenos de vestidos me obligó a caminar cientos de kilómetros y me enseñó a estarme quieta aprendí muy rápido también me hizo hacer cosas raras sin motivo alguno »un día cuando nos encontrábamos en las montañas de su tierra natal escuché el viento por primera vez penetró directamente en mi matriz yo yacía sobre una roca plana y el viento giraba a mi alrededor ya lo había visto ese día arremolinándose en torno de los arbustos pero esa vez llegó a mí y se detuvo lo sentí como a un pájaro que se hubiese posado sobre mi estómago el nagual me había hecho quitar toda la ropa estaba completamente desnuda pero no tenía frío porque el viento me abrigaba -¿tenía miedo doña soledad -¿miedo estaba petrificada el viento tenía vida me lamía desde la cabeza hasta la punta de los pies y se metía en todo mi cuerpo yo era como un balón y el viento salía de mis oídos y mi boca y otras partes que prefiero no mencionar pensé que iba a morir y habría echado a correr si el nagual no me hubiera mantenido sujeta a la roca me habló al oído y me tranquilizó quedé allí tendida serena y dejé que el viento hiciese de mí lo que quisiera fue entonces que el viento me dijo qué hacer -¿qué hacer con qué -con mi vida mis cosas mi habitación mis sentimientos en un principio no me resultó claro creí que se trataba de mis propios pensamientos el nagual me dijo que eso nos sucede a todos no obstante cuando nos tranquilizamos comprendemos que hay algo que nos dice cosas -¿oyó una voz -no el viento se mueve dentro del cuerpo de una mujer el nagual dice que se debe a que tenemos útero una vez dentro del útero el viento no hace sino atraparte y decirte que hagas cosas cuanto más serena y relajada se encuentra la mujer mejores son los resultados puede decirse que de pronto la mujer se encuentra haciendo cosas de cuya realización no tiene la menor idea »desde ese día el viento me llegó siempre habló en mi útero y me dijo todo lo que deseaba saber el nagual comprendió desde el comienzo que yo era el viento del norte los otros vientos nunca me hablaron así a pesar de que he aprendido a distinguirlos -¿cuántos vientos hay 14

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-hay cuatro vientos como hay cuatro direcciones esto desde luego en cuanto a los brujos y aquellos que los brujos hacen el cuatro es un número de poder para ellos el primer viento es la brisa el amanecer trae esperanza y luminosidad es el heraldo del día viene y se va y entra en todo a veces es dulce y apacible otras es importuno y molesto »otro viento es el viento violento cálido o frío o ambas cosas un viento de mediodía sus ráfagas están llenas de energía pero también llenas de ceguera se abre camino destrozando puertas y derribando paredes un brujo debe ser terriblemente fuerte para detener al viento violento »luego está el viento frío del atardecer triste y molesto un viento que nunca le deja a uno en paz hiela y hace llorar sin embargo el nagual decía que hay en él una profundidad tal que bien vale la pena buscarlo »y por último está el viento cálido abriga y protege y lo envuelve todo es un viento nocturno para brujos su fuerza está unida a la oscuridad »Ésos son los cuatro vientos están igualmente asociados con las cuatro direcciones la brisa es el este el viento frío es el oeste el cálido es el sur el viento violento es el norte »los cuatro vientos poseen también personalidad la brisa es alegre y pulcra y furtiva el viento frío es variable y melancólico y siempre meditabundo el viento cálido es feliz y confiado y bullicioso el viento violento es enérgico e imperativo e impaciente »el nagual me dijo que los cuatro vientos eran mujeres es por ello que los guerreros femeninos los buscan vientos y mujeres son semejantes Ésa es asimismo la razón por la cual las mujeres son mejores que los hombres diría que las mujeres aprenden con mayor rapidez si se mantienen fieles a su viento -¿cómo llega una mujer a saber cuál es su viento personal -si la mujer se queda quieta y no se habla a sí misma su viento la penetra así -hizo con la mano el gesto de asir algo -¿debe yacer desnuda -eso ayuda especialmente si es tímida yo era una vieja gorda no me había desnudado en mi vida dormía con la ropa puesta y cuando tomaba un baño lo hacía sin quitarme las bragas mostrar mi grueso cuerpo al viento era para mí como morir el nagual lo sabía e hizo las cosas así porque valía la pena conocía la amistad de las mujeres con el viento pero me presentó a mescalito porque yo le tenía desconcertado »tras torcer mi cabeza aquel terrible primer día el nagual se encontró con que me tenía en sus manos me dijo que no tenía idea de qué hacer conmigo pero una cosa era segura no quería que una vieja gorda anduviera fisgoneando en su mundo el nagual decía que se había sentido frente a mí del mismo modo que frente a ti desconcertado ninguno de los dos debía estar allí tú no eres indio y yo soy una vaca vieja bien mirado ambos somos inútiles y míranos algo ha de haber sucedido »una mujer por supuesto es mucho más flexible que un hombre una mujer cambia muy fácilmente con el poder de un brujo especialmente con el poder de un brujo con el nagual un aprendiz varón según el nagual es mucho más problemático por ejemplo tú mismo has cambiado tanto como la gorda y ella inició su aprendizaje mucho más tarde la mujer es más dúctil y más dócil y sobre todo una mujer es como una calabaza recibe pero de todos modos un hombre dispone de más poder no obstante el nagual nunca estuvo de acuerdo con eso Él creía que las mujeres eran inigualablemente superiores también creía que mi impresión de que los hombres eran mejores se debía a mi condición de mujer vacía debía tener razón llevo tanto tiempo vacía que ni siquiera recuerdo qué se siente cuando se está llena el nagual decía que si alguna llegaba a estar llena mis sentimientos al respecto variarían pero si hubiese tenido razón su gorda habría tenido tan buenos resultados como eligio y como sabes no fue así no podía seguir el curso de su narración debido a su convicción de que yo sabía a qué se estaba refiriendo en cuanto a lo que terminaba de decir yo no tenía la menor idea de lo que habían hecho eligio ni la gorda -¿en qué sentido se diferenció la gorda de eligio -pregunté me contempló durante un instante como midiéndome luego se sentó con las rodillas recogidas contra el pecho -el nagual me lo dijo todo -respondió con firmeza el nagual no tuvo secretos para mí eligio era el mejor es por eso que ahora no está en el mundo no regresó a decir verdad era tan bueno que ni siquiera tuvo qué arrojarse a un precipicio al terminar su aprendizaje fue como genaro un día cuando trabajaba en el campo algo llegó hasta él y se lo llevó sabía cómo dejarse ir tenía ganas de preguntarle si realmente yo mismo había saltado al abismo dudé antes de formular mi pregunta después de todo había ido a ver a pablito y a néstor para aclarar ese punto cualquier información sobre el tema que pudiese obtener de una persona vinculada con el mundo de don juan era un complemento valioso tal como había previsto se rió de mi pregunta -¿quieres decir que no sabes lo que tú mismo has hecho -preguntó -es demasiado inverosímil para ser real -dije -ese es el mundo del nagual sin duda nada en él es real Él mismo me dijo que no creyera nada pero a pesar de todo los aprendices varones tienen que saltar a menos que sean verdaderamente magníficos como eligio »el nagual nos llevó a mí y a la gorda a esa montaña y nos hizo mirar al fondo del precipicio allí nos demostró la clase voladora de nagual que era pero sólo la gorda podía seguirlo ella también deseaba saltar al abismo el nagual le dijo que era inútil dijo que los guerreros femeninos deben hacer cosas más penosas y 15

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