Description
Rayuela es una novela del escritor argentino Julio Cortázar publicada en 1963. «De alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura», respondió Cortázar cuando le preguntaron qué significaba para él. Rayuela es un
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julio cortazar rayuela
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tablero de direcciÓn a su manera este libro es muchos libros pero sobre todo es dos libros el primero se deja leer en la forma corriente y termina en el capítulo 56 al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra fin por consiguiente el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue el segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo en caso de confusión u olvido bastará consultar la lista siguiente 73 1 2 116 3 84 4 71 5 81 74 6 7 8 93 68 9 104 10 65 11 136 12 106 13 115 14 114 117 15 120 16 137 17 97 18 153 19 90 20 126 21 79 22 62 23 124 128 24 134 25 141 60 26 109 27 28 130 151 152 143 100 76 101 144 92 103 108 64 155 123 -145 122 112 154 85 150 95 146 29 107 113 30 57 70 147 31 32 132 61 33 67 83 142 34 87 105 96 94 91 82 99 35 121 36 37 98 38 39 86 78 40 59 41 148 42 75 43 125 44 102 45 80 46 47 110 48 111 49 118 50 119 51 69 52 89 53 66 149 54 129 139 133 40 138 127 56 135 63 88 72 77 131 58 131 con el objeto de facilitar la rápida ubicación de los capítulos la numeración se va repitiendo en lo alto de las páginas correspondientes a cada uno de ellos.
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1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155
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y animado de la esperanza de ser particularmente útil a la juventud y de contribuir a la reforma de las costumbres en general he formado la presente colección de máximas consejos y preceptos que son la base de aquella moral universal que es tan proporcionada a la felicidad espiritual y temporal de todos los hombres de cualquiera edad estado y condición que sean y a la prosperidad y buen orden no sólo de la república civil y cristiana en que vivimos sino de cualquiera otra república o gobierno que los filósofos más especulativos y profundos del orbe quieran discurrir espíritu de la biblia y moral universal sacada del antiguo y nuevo testamento escrita en toscano por el abad martini con las citas al pie por un clérigo reglar de la congregación de san cayetano de esta corte con licencia madrid por aznar 1797 traducida en castellano
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siempre que biene el tiempo fresco o sea al medio del otonio a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una bívora como las del solójico que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara questá ni pueden calentarse por la falta del querosén la falta del carbón la falta de lenia la falta de petrolio y tamién la falta de plata porque cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena grapa que hay que ver lo que calienta aunque no conbiene abusar porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprastijio humano y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca ni más ni meno que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral ¡y ojalá que lo que estoy escribiendolé sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya cÉsar bruto lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy capítulo perro de san bernardo
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del lado de allla rien ne vous tue un homme comme d être obligé de représenter un pays jacques vachÉ carta a andré breton.
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1 1 ¿encontraría a la maga tantas veces me había bastado asomarme viniendo por la rue de seine al arco que da al quai de conti y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas ya su silueta delgada se inscribía en el pont des arts a veces andando de un lado a otro a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua y era tan natural cruzar la calle subir l s peldaños del puente entrar en su delgada cintura y acercarme a la o maga que sonreía sin sorpresa convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico pero ella no estaría ahora en el puente su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del marais quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de sébastopol de todas maneras subí hasta el puente y la maga no estaba ahora la maga no estaba en mi camino y aunque conocíamos nuestros domicilios cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en parís cada tarjeta postal abriendo una ventanita braque o ghirlandaio o max ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones aun así no nos buscaríamos en nuestras casas preferíamos encontrarnos en el puente en la terraza de un café en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos oh maga en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente como un paraguas mojado que se cierra justamente un paraguas maga te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del parc montsouris un atardecer helado de marzo lo tiramos porque lo habías encontrado en la place de la concorde ya un poco roto y lo usaste muchísimo sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas y nos 6
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1 reíamos como locos mientras nos empapábamos pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda entonces yo lo arrollé lo mejor posible lo llevamos hasta lo alto del parque cerca del puentecito sobre el ferrocarril y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkyria y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde al agua verde y procelosa a la mer qui est plus félonesse en été qu en hiver a la ola pérfida maga según enumeraciones que detallamos largo rato enamorados de joinville y del parque abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara y quedó entre el pasto mínimo y negro como un insecto pisoteado y no se movía ninguno de sus resortes se estiraba como antes terminado se acabó oh maga y no estábamos contentos ¿qué venía yo a hacer al pont des arts me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des lombards donde madame léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas nunca te llevé a que madame léonie te mirara la palma de la mano a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí porque fuiste siempre un espejo terrible una espantosa máquina de repeticiones y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos con una flor amarilla en la mano y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de r enuncias y despedidas y tickets de metro de manera que nunca te llevé a que madame léonie maga y sé porque me lo dijiste que a vos no te gustaba que yo te viese entrar en la pequeña librería de la rue de verneuil donde un anciano agobiado hace miles de fichas y sabe todo lo que puede saberse sobre historiografía ibas allí a jugar con un gato y el viejo te dejaba entrar y no te hacía preguntas contento de que á veces le alcanzaras algún libro de los estantes más altos y te calentabas en su estufa de gran caño negro y no te gustaba que yo supiera que ibas a ponerte al lado de esa estufa pero todo esto había que decirlo en su momento sólo que era difícil precisar el momento de una cosa y aún ahora acodado en el puente viendo pasar una pinaza color borravino hermosísima como una gran cucaracha reluciente de limpieza con una mujer de delantal blanco que colgaba ropa en un alambre de la proa mirando sus ventanillas pintadas de verde con cortinas hansel y gretel aún ahora maga me preguntaba si este rodeo tenía sentido ya que para llegar a la rue des lombards me hubiera convenido más cruzar el pont saint-michel y el pont au change pero si hubieras estado ahí esa noche como tantas otras veces yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo era cuestión después de subirme el cuello de la canadiense de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acaba en el chátelet 7
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1 pasar bajo la sombra violeta de la tour saint-jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame léonie sé que un día llegué a parís sé que estuve un tiempo viviendo de prestado haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven sé que salías de un café de la rue du cherche-midi y que nos hablamos esa tarde todo anduvo mal porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo entonces te seguía de mala gana encontrándote petulante y malcriada hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un café del boul mich y de golpe entre dos medialunas me contaste un gran pedazo de tu vida cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero un figari con violetas de anochecer con caras lívidas con hambre y golpes en los rincones más tarde te creí más tarde hubo razones hubo madame léonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió casi tus mismas palabras «ella sufre en alguna parte siempre ha sufrido es muy alegre adora el amarillo su pájaro es el mirlo su hora la noche su puente el pont des arts.» una pinaza color borravino maga y por qué no nos habremos ido en ella cuando todavía era tiempo y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos y entonces primero cosas como estrellas amarillas moviéndose en una jalea de terciopelo luego saltos rojos del humor y de las horas ingreso paulatino en un mundo-maga que era la torpeza y la confusión pero también helechos con la firma de la araña klee el circo miró los espejos de ceniza vieira da silva un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil y entonces en esos días íbamos a los cineclubs a ver películas mudas porque yo con mi cultura no es cierto y vos pobrecita no entendías absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento esa emulsión estriada donde corrían los muertos pero de repente pasaba por ahí harold lloyd y entonces te sacudías e agua del sueño y l al final te convencías de que todo había estado muy bien y que pabst y que fritz lang me hartabas un poco con tu manía de perfección con tus zapatos rotos con tu negativa a aceptar lo aceptable comíamos hamburgers en el carrefour de l odéon y nos íbamos en bicicleta a montparnasse a cualquier hotel a cualquier almohada pero otras veces seguíamos hasta la porte d orléans conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay más allá del boulevard jourdan donde a veces a medianoche se reunían los del club de la serpiente para hablar con un vidente ciego paradoja estimulante dejábamos las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco parándonos a mirar el cielo porque ésa es una de las pocas zonas de parís donde el cielo vale más que la tierra sentados en un montón de basuras fumábamos un rato y la maga me acariciaba el pelo o canturreaba melodías ni siquiera inventadas melopeas absurdas cortadas por 8
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1 suspiros o recuerdos yo aprovechaba para pensar en cosas inútiles método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario con un enorme esfuerzo reuniendo imágenes auxiliares pensando en olores y caras conseguía extraer de la nada un par de zapatos marrones que había usado en olavarría en 1940 tenían tacos de goma suelas muy finas y cuando llovía me entraba el agua hasta el alma con ese par de zapatos en la mano del recuerdo el resto venía solo la cara de doña manuela por ejemplo o el poeta ernesto morroni pero los rechazaba porque el juego consistía en recobrar tan sólo lo insignificante lo inostentoso lo perecido temblando de no ser capaz de acordarme atacado por la polilla que propone la prórroga imbécil a fuerza de besar el tiempo terminaba por ver al lado de los zapatos una latita de té sol que mi madre me había dado en buenos aires y la cucharita para el té cuchara-ratonera donde las lauchitas negras se quemaban vivas en la taza de agua lanzando burbujas chirriantes convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los riñones me obstinaba en reconstruir el contenido de mi mesa de trabajo en floresta la cara de una muchacha irrecordable llamada gekrepten la cantidad de plumas cucharita que había en mi caja de útiles de quinto grado y acababa temblando de tal manera y desesperándome porque nunca he podido acordarme de esas plumas cucharita sé que estaban en la caja de útiles en un compartimento especial pero no me acuerdo de cuántas eran ni puedo precisar el momento justo en que debieron ser dos o seis hasta que la maga besándome y echándome en la cara el humo del cigarrillo y su aliento caliente me recobraba y nos reíamos empezábamos a andar de nuevo entre l s o montones de basura en busca de los del club ya para entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo emblema de los que salen de noche sin propósito fijo razón de los matadores de brújulas con la maga hablábamos de patafísica hasta cansarnos porque a ella también le ocurría y nuestro encuentro era eso y tantas cosas oscuras como el fósforo caer de continuo en las excepciones verse metida en casillas que no eran las de la gente y esto sin despreciar a nadie sin creernos maldorores en liquidación ni melmoths privilegiadamente errantes no me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de este circo y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio de la misma manera a la maga le encantaban los líos inverosímiles en que andaba metida siempre por causa del fracaso de las leyes en su vida era de las que rompen los puentes con sólo cruzarlos o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones por mi parte ya me había acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales y no encontraba demasiado horrible que al entrar en un cuarto a oscuras para recoger un álbum de discos sintiera bullir en la palma de la mano el cuerpo vivo de un 9
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1 ciempiés gigante que había elegido dormir en el lomo del álbum eso y encontrar grandes pelusas grises o verdes dentro de un paquete de cigarrillos u oír el silbato de una locomotora exactamente en el momento y el tono necesarios para incorporarse ex officio a un pasaje de una sinfonía de ludwig van o entrar a una pissotière de la rue de médicis y ver a un hombre que orinaba aplicadamente hasta el momento en que apartándose de su compartimento giraba hacia mí y me mostraba sosteniéndolo en la palma de la mano como un objeto litúrgico y precioso un miembro de dimensiones y colores increíbles y en el mismo instante darme cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro aunque no era el otro que veinticuatro horas antes en la salle de géographie había disertado sobre tótems y tabúes y había mostrado al público sosteniéndolos preciosamente en la palma de la mano bastoncillos de marfil plumas de pájaro lira monedas rituales fósiles mágicos estrellas de mar pescados secos fotografías de concubinas reales ofrendas de cazadores enormes escarabajos embalsamados que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables señoras en fin no es fácil hablar de la maga que a esta hora anda seguramente por belleville o pantin mirando aplicadamente el suelo hasta encontrar un pedazo de género rojo si no lo encuentra seguirá así toda la noche revolverá en los tachos de basura los ojos vidriosos convencida de que algo horrible le va a ocurrir si no encuentra esa prenda de rescate la señal del perdón o del aplazamiento sé lo que es eso porque también obedezco a esas señales también hay veces en que me toca encontrar trapo rojo desde la infancia apenas se me cae algo al suelo tengo que levantarlo sea lo que sea porque si no lo hago va a ocurrir una desgracia no a mí sino a alguien a quien amo y cuyo nombre empieza con la inicial del objeto caído lo peor es que nada puede contenerme cuando algo se me cae al suelo ni tampoco vale que lo levante otro porque el maleficio obraría igual he pasado muchas veces por loco a causa de esto y la verdad es que estoy loco cuando lo hago cuando me precipito a juntar un lápiz o un trocito de papel que se me han ido de la mano como la noche del terrón de azúcar en el restaurante de la rue scribe un restaurante bacán con montones de gerentes putas de zorros plateados y matrimonios bien organizados estábamos con ronald y etienne y a mí se me cayó un terrón de azúcar que fue a parar abajo de una mesa bastante lejos de la nuestra lo primero que me llamó la atención fue la forma en que el terrón se había alejado porque en general los terrones de azúcar se plantan apenas tocan el suelo por razones paralelepípedas evidentes pero éste se conducía como si fuera una bola de naftalina lo cual aumentó mi aprensión y llegué a creer que realmente me lo habían arrancado de la mano ronald que me conoce miró hacia donde había ido a parar el terrón y se empezó a reír eso me dio todavía más miedo mezclado con rabia un mozo se acercó pensando que se me había caído algo precioso una párker o una dentadura postiza y en realidad lo único que hacía era m olestarme entonces sin pedir permiso me tiré al suelo y empecé a buscar el terrón entre los zapatos de la 10
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1 gente que estaba llena de curiosidad creyendo y con razón que se trataba de algo importante en la mesa había una gorda pelirroja otra menos gorda pero igualmente putona y dos gerentes o algo así lo primero que hice fue darme cuenta de que el terrón no estaba a la vista y eso que lo había visto saltar hasta los zapatos que se movían inquietos como gallinas para peor el piso tenía alfombra y aunque estaba asquerosa de usada el terrón se había escondido entre los pelos y no podía encontrarlo el mozo se tiró del otro lado de la mesa y ya éramos dos cuadrúpedos moviéndonos entre los zapatos gallina que allá arriba empezaban a cacarear como locas el mozo seguía convencido de la párker o el luis de oro y cuando estábamos bien metidos debajo de la mesa en una especie de gran intimidad y penumbra y él me preguntó y yo le dije puso una cara que era como para pulverizarla con un fijador pero yo no tenía ganas de reír el miedo me hacía una doble llave en la boca del estómago y al final me dio una verdadera desesperación el mozo se había levantado furioso y empecé a agarrar los zapatos de las mujeres y a mirar si debajo del arco de la suela no estaría agazapado el azúcar y las gallinas cacareaban los gallos gerentes me picoteaban el lomo oía las carcajadas de ronald y de etienne mientras me movía de una mesa a otra hasta encontrar el azúcar escondido detrás de una pata segundo imperio y todo el mundo enfurecido hasta yo con el azúcar apretado en la palma de la mano y sintiendo cómo se mezclaba con el sudor de la piel cómo asquerosamente se deshacía en una especie de venganza pegajosa esa clase de episodios todos los días 2 11
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2 2 aquí había sido primero como una sangría un vapuleo de uso interno una necesidad de sentir el estúpido pasaporte de tapas azules en el bolsillo del saco la llave del hotel bien segura en el clavo del tablero el miedo la ignorancia el deslumbramiento esto se llama así eso se pide así ahora esa mujer va a sonreír más allá de esa calle empieza el jardin des plantes parís una tarjeta postal con un dibujo de klee al lado de un espejo sucio la maga había aparecido una tarde en la rue du cherche-midi cuando subía a mi pieza de la rue de la tombe issoire traía siempre una flor una tarjeta klee o miró y si no tenía dinero elegía una hoja de plátano en el parque por ese entonces yo juntaba alambres y cajones vacíos en las calles de la madrugada y fabricaba móviles perfiles que giraban sobre las chimeneas máquinas inútiles que la maga me ayudaba a pintar no estábamos enamorados hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo la maga acababa por levantarse y daba inútiles vueltas por la pieza más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia nunca pude resistir al deseo de llamarla a mi lado sentirla caer poco a poco sobre mí desdoblarse otra vez después de haber estado por un momento tan sola y tan enamorada frente a la eternidad de su cuerpo en ese entonces no hablábamos mucho de rocamadour el placer era egoísta y nos topaba gimiendo con su frente estrecha nos ataba con sus manos llenas de sal llegué a aceptar el desorden de la maga como la condición natural de cada instante pasábamos de la evocación de rocamadour a un plato de fideos recalentados mezclando vino y cerveza y limonada bajando a la carrera para que la vieja de la esquina nos abriera dos docenas de ostras tocando en el piano descascarado de madame noguet melodías de schubert y preludios de bach o tolerando porgy and bess con bifes a la plancha y pepinos salados el desorden en que vivíamos es decir el orden en que un bidé se va convirtiendo por obra natural y paulatina en discoteca y archivo de correspondencia por contestar me parecía una disciplina necesaria aunque no quería decírselo a la maga me había llevado muy poco comprender que a la maga no había que plantearle la realidad 12
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2 en términos metódicos el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia para ella no había desorden lo supe en el mismo momento en que descubrí el contenido de su bolso era en un café de la rue réaumur llovía y empezábamos a desearnos mientras que yo lo aceptaba y lo favorecía después de haberlo identificado de esas desventajas estaba hecha mi relación con casi todo el mundo y cuántas veces tirado en una cama que no se tendía en muchos días oyendo llorar a la maga porque en el metro un niño le había traído el recuerdo de rocamadour o viéndola peinarse después de haber pasado la tarde frente al retrato de leonor de aquitania y estar muerta de ganas de parecerse a ella se me ocurría como una especie de eructo mental que todo ese abecé de mi vida era una penosa estupidez porque se quedaba en mero movimiento dialéctico en la elección de una inconducta en vez de una conducta de una módica indecencia en vez de una decencia gregaria la maga se peinaba se despeinaba se volvía a peinar pensaba en rocamadour cantaba algo de hugo wolf mal me besaba me preguntaba por el peinado se ponía a dibujar en un papelito amarillo y todo eso era ella indisolublemente mientras yo ahí en una cama deliberadamente sucia bebiendo una cerveza deliberadamente tibia era siempre yo y mi vida yo con mi vida frente a la vida de los otros pero lo mismo estaba bastante orgulloso de ser un vago consciente y por debajo de lunas y lunas de incontables peripecias donde la maga y ronald y rocamadour y el club y las calles y mis enfermedades morales y otras piorreas y berthe trépat y el hambre a veces y el viejo trouille que me sacaba de apuros por debajo de noches vomitadas de música y tabaco y vilezas menudas y trueques de todo género bien por debajo o por encima de todo eso no había querido fingir como los bohemios al uso que ese caos de bolsillo era un orden superior del espíritu o cualquier otra etiqueta igualmente podrida y tampoco había querido aceptar que bastaba un mínimo de decencia ¡decencia joven para salir de tanto algodón manchado y así me había encontrado con la maga que era mi testigo y mi espía sin saberlo y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida con lo cual así íbamos por la orilla izquierda la maga sin saber que era mi espía y mi testigo admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool misterios enormísimos para ella y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la maga nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura de ataque y defensa de pelota y pared supongo que la maga se hacía ilusiones sobre mí debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos siempre más livianos y poéticos en pleno contento precario en plena falsa tregua tendí la mano y toqué el ovillo parís su materia infinita arrollándose a sí misma el magma del aire y de lo que se d ibujaba en la ventana nubes y buhardillas entonces no había desorden entonces el mundo seguía siendo algo petrificado y establecido un juego de elementos girando en sus goznes una madeja de calles y árboles y nombres y meses no había un 13
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2 desorden que abriera puertas al rescate había solamente suciedad y miseria vasos con restos de cerveza medias en un rincón una cama que olía a sexo y a pelo una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío demasiado tarde siempre porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa algo quizá más triste que esta paz y este placer un aire como de unicornio o isla una caída interminable en la inmovilidad la maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella y que yo andaba como salido volcado en otra figura del mundo piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba en esos días del cincuenta y tantos empecé a sentirme como acorralado entre la maga y una noción diferente de lo que hubiera tenido que ocurrir era idiota sublevarse contra el mundo maga y el mundo rocamadour cuando todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre hipócrita como pocos me molestaba un espionaje a la altura de mi piel de mis piernas de mi manera de gozar con la maga de mis tentativas de papagayo en la jaula leyendo a kierkegaard a través de los barrotes y creo que por sobre todo me molestaba que la maga no tuviera conciencia de ser mi testigo y que al contrario estuviera convencida de mi soberana autarquía pero no lo que verdaderamente me exasperaba era saber que nunca volvería a estar tan cerca de mi libertad como en esos días en que me sentía acorralado por el mundo maga y que la ansiedad por liberarme era una admisión de derrota me dolía reconocer que a golpes sintéticos a pantallazos maniqueos o a estúpidas dicotomías resecas no podía abrirme paso por las escalinatas de la gare de montparnasse adonde me arrastraba la maga para visitar a rocamadour ¿por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo sin sentar las nociones de orden y de desorden de libertad y rocamadour como quien distribuye macetas con geranios en un patio de la calle cochabamba tal vez fuera necesario caer en lo más profundo de la estupidez para acertar con el picaporte de la letrina o del jardín de los olivos por el momento me asombraba que la maga hubiera podido llevar la fantasía al punto de llamarle rocamadour a su hijo en el club nos habíamos cansado de buscar razones la maga se limitaba a decir que su hijo se llamaba como su padre pero desaparecido el padre había sido mucho mejor llamarlo rocamadour y mandarlo al campo para que lo criaran en nourrice a veces la maga se pasaba semanas sin hablar de rocamadour y eso coincidía siempre con sus esperanzas de llegar a ser una cantante de lieder entonces ronald venía a sentarse al piano con su cabezota colorada de cowboy y la maga vociferaba hugo wolf con una ferocidad que hacía estremecerse a madame noguet mientras en la pieza vecina ensartaba cuentas de plástico para vender en un puesto del boulevard de sébastopol la maga cantando schumann nos gustaba bastante pero todo dependía de la luna y de lo que fuéramos a hacer esa noche y también de rocamadour porque apenas la maga se acordaba de 14
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