Revista Zero Edición 35

 

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Dosier Construir la paz sobre la guerra

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35 Una publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales .uexternado.edu.co/ Segundo semestre 2017 Edición - 35 35 Una publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales Ultim�tum: DOSIER Construir la Paz sobre la guerra Liber abaci Las quiméricas exigencias financieras del posconflicto Polis La encrucijada de la Cooperación Sur-Sur en América Latina Contraseña Una visión estructurada de la globalización financiera Editorial ULTIM�TUM DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA 6 Marie Harté y Eduardo Bechara Gómez: Construir la paz sobre la guerra 10 Jaime Zuluaga Nieto: FARC: de ejército rebelde a partido político 16 Magda Jiménez: Movimientos sociales en clave de posconflicto 22 Irene Cabrera Nossa y Camilo Echandía Castilla: Retos de seguridad en la transición hacia la paz: los casos del Bajo Putumayo y el Catatumbo 30 Andrés Macías Tolosa: Después del desarme: garantías de seguridad a las FARC-EP 36 Jaime Polanco Barreto: Las Fuerzas Militares después de La Habana: a poner la casa en orden, sin olvidar de dónde venimos 44 Dylan Herrera: Reincorporación de las FARC-EP: ¿innovación, posconflicto o más de lo mismo? 50 Jorge Iván Cuervo Restrepo: Jurisdicción Especial para la Paz 56 Jorge Bonilla: Turismo, paz y posconflicto en Colombia 60 Victoria E. González M.: El papel de los medios en la construcción de la paz

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POLIS 66 Paula Ruiz: La encrucijada de la Cooperación Sur-Sur en América Latina 74 María del Rosario Oviedo Rojas: La construcción de paz, un producto para fortalecer la cooperación Sur-Sur de Colombia 80 Nicolás de la Peña: ¿La luz solo llega a Oriente?: la cooperación para la facilitación del comercio y sus perspectivas para América Latina 84 Giancarlo León Collazos: Los gabinetes binacionales como herramienta política en la Cooperación Sur-Sur: el caso del Perú y Colombia 88 Pío García: Saemaul Undong, Movimiento Nueva Comunidad LIBER ABACI 92 Juan Felipe Jiménez Trucco: Las quiméricas exigencias financieras del posconflicto 106 Thomas Tegethoff: Sostenibilidad vs. Rentabilidad: ¿una paradoja? 114 Mauricio Avellaneda Hortúa y Germán Forero Laverde: Un capitán para el regreso a la normalidad CONTRASEÑA 120 Luis Fernando García Núñez: Una visión estructurada de la globalización financiera 124 Luis Fernando García Núñez: Publicaciones de la Figri 128 Luis Fernando García Núñez: Cuadernos del CIPE Director Roberto Hinestrosa Editora general Diana H. Cure Hazzi Redacción general Joan Rojas Rivera Consejo editorial Roberto Hinestrosa, Mauricio Pérez, Clara Inés Rey, Gonzalo Ordóñez, Lucas Gómez Diseño y Diagramación Gatos Gemelos Corrección de estilo y asesoría editorial Elkin Rivera Ilustraciones Andrés García, Joan Rojas Colaboradores Eduardo Bechara, Marie Harté, Jaime Zuluaga, Catalina Jiménez, Jorge Bonilla, Jaime Polanco, Dylan Herrera, Jorge Iván Cuervo, Camilo Echandía, Irene Cabrera, Andrés Macías, Victoria Elena González, Thomas Manfred Tegethoff, Juan Felipe Jiménez Trucco, Mauricio Avellaneda, Germán Forero, Ximena Ruiz, María del Rosario Oviedo, Giancarlo León, Nicolás de la Peña, Pío García, Luis Fernando García Publicación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. PBX: (1) 341 9900, ext. 2001. Calle 12 # 0-07 este (CIPE) Bogotá, Colombia. Correo electrónico: revistazero@uexternado.edu.co edición online: http://zero.uexternado.edu.co/ ISSN electrónico: 2344-8431 ISSN impreso: 0123-8779

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Editorial Después de transcurridos más de cinco decenios de presencia guerrillera en el territorio nacional, el 24 de noviembre de 2016 el presidente de la república, Juan Manuel Santos, y el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, firmaron por fin el acuerdo de paz en el teatro Colón de Bogotá. Cumplidos los requisitos de la fase de negociaciones (peace making) entre representantes de la guerrilla más beligerante del hemisferio y la más antigua del mundo, y el equipo negociador del gobierno nacional, se pudo dar por terminado un conflicto que afectó a la sociedad colombiana en su conjunto desde mediados de la década de los sesenta. Pese a la impugnada votación refrendadora del documento del acuerdo, cuyos resultados llevaron al país a una de sus cotas más convul­sivas de polarización, y a que la puesta en marcha de este quedó atrapada en la campaña electoral, el gobierno avanza en medio de las más pugna­ ces controversias hacia la etapa que instrumenta el corpus del poscon­‑­ flicto (peace building). 4

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La transición y la consolidación de este hecho histórico dependen, sin lugar a dudas, del éxito o el fracaso de las ejecutorias que han ido desarrollándose como políticas de Estado desde la firma del acuerdo, cuya implementación ha resultado mucho más complicada de lo imaginado. Sin duda, para llevar esto a buen término se requiere el liderazgo de políticos dispuestos a jugársela por la reconciliación, propósito principal de un proceso de paz, y el apoyo de una ciudadanía que tenga la plena intención de dejar atrás los rencores. Solamente a mediano y largo plazo el proceso de paz colombiano sentará un precedente memorable, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, configurando por un lado un modelo único de resolución de conflictos, y determinando por otra parte la medición tanto de la elasticidad de nuestro régimen democrático como de nuestra fortaleza institucional. En esta edición de la revista Zero aparece un extenso dosier inspirado en el curso de verano “Construir la paz sobre la guerra”, abierto por la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, en el que sus coordinadores académicos presentan una serie de artículos en los que se analizan exhaustivamente los componentes que, de manera práctica, llevarían a buen término el desarrollo de la fase de consolidación del proceso de negociaciones hacia una paz estable y duradera. 5

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Ultim�tum DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA 6 Marie Harté y Eduardo Bechara Gómez: Construir la paz sobre la guerra 10 Jaime Zuluaga Nieto: FARC: de ejército rebelde a partido político 16 Magda Jiménez: Movimientos sociales en clave de posconflicto 22 Irene Cabrera Nossa y Camilo Echandía Castilla: Retos de seguridad en la transición hacia la paz: los casos del Bajo Putumayo y el Catatumbo 30 Andrés Macías Tolosa: Después del desarme: garantías de seguridad a las FARC-EP 36 Jaime Polanco Barreto: Las Fuerzas Militares después de La Habana: poner la casa en orden, sin olvidar de dónde venimos 44 Dylan Herrera: Reincorporación de las FARC-EP: ¿innovación, posconflicto o más de lo mismo? 50 Jorge Iván Cuervo Restrepo: Jurisdicción Especial para la Paz 56 Jorge Bonilla: Turismo, paz y posconflicto en Colombia 60 Victoria E. González M.: El papel de los medios en la construcción de la paz Construir la paz sobre la guerra La firma del acuerdo de paz entre el gobierno de Santos Calderón (2010-2014 y 2014-2018) y la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), el 24 de noviembre de 2016, marca un hito indiscutible en la historia de Colombia. De este modo, se puso fin oficialmente a décadas de conflicto armado con una guerrilla que llegó a representar, en su momento, un desafío a la seguridad del Estado, aunque, en la antesala de las negociaciones en La Habana (Cuba), y en el transcurso de estas, se veía notablemente abatida, sobre todo en términos militares y territoriales. Varias señales muestran que dicho acuerdo no marca un final, sino un punto de partida, un nuevo escenario con muchas oportunidades para el país en cuanto a construir la paz sobre la guerra, así como retos que pueden comprometer la sostenibilidad de tal propósito. En este sentido, con las contribuciones incluidas en el presente dosier de Zero se le ofrecen al lector elementos de análisis frente a desafíos diversos en su naturaleza, aun cuando relacionados entre sí; uno de ellos es la irrupción en la política de la guerrilla como partido con la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) y la articulación respectiva con lógicas de acción colectiva, con las garantías de seguridad del caso dadas por el Estado, debido a las condiciones que pueden vulnerarla, asociadas en particular a economías criminales en territorios estratégicos, donde operan otras estructuras armadas, con consecuencias de peso en el tránsito a la vida civil de los combatientes, especialmente en lo que respecta a la reincidencia. Tal panorama demanda una serie de reformas institucionales, algunas de las cuales están previstas en lo acordado; por ejemplo, lo relacionado con la reincorporación económica y social de los antiguos guerrilleros, así como frente al esquema de protección requerido para aquellos involucrados en el ejercicio de la política, y la aplicación del marco jurídico transicional, a la par con otras 6

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Marie Harté marie.harte@uexternado.edu.co Eduardo Bechara Gómez eduardo.bechara@uexternado.edu.co Coordinadores académicos Programa de verano “Construir la paz sobre la guerra” Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales que no lo están, por decisión de las partes, al momento de definir las reglas del juego de la negociación, pero que resultan necesarias, como lo relativo a las Fuerzas Militares. A lo anterior se agrega la necesidad de un nuevo marco de referencia en el contexto del cubrimiento mediático y la apertura de nuevas oportunidades económicas, ligadas al turismo, sin desconocer los riesgos existentes. Los autores participaron como profesores en el programa de verano «El camino hacia el posconflicto: Colombia, en la intersección de la guerra y la paz», desarrollado en 2016, durante el periodo intersemestral. Una iniciativa pionera de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, que contó con el aporte de académicos de otras unidades de la Universidad Externado de Colombia (Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras, Facultad de Ciencias Sociales, Facultad de Comunicación Social y Periodismo, Facultad de Economía y Facultad de Derecho), e invitados externos 7

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Ultim�tum DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA vinculados a la antigua Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, la Fundación Ideas para la Paz (FIP), la Fundación Prolongar, International Alert, la Red Nacional de Programas Regionales de Desarrollo y Paz (Red Prodepaz), Rodeemos el Diálogo (ReD), la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (Uariv), la Universidad de los Andes y la Universidad Nacional de Colombia. Cada autor, a partir de su área de experticia, muestra tanto las oportunidades como los riesgos derivados del escenario posterior a la firma de los acuerdos de paz. Por una parte, en este dosier se pone de relieve que, pese a los retos que implica la superación de cincuenta años de lógica armada, existe un escenario favorable para empezar a implementar reformas importantes para el país. Como lo subrayan Catalina Jimé­ nez y Jaime Zuluaga, tal contexto se constituye en una oportunidad para fortalecer la democracia, mediante la inclusión de nuevas fuerzas en la arena política, junto con la consolidación de movimientos sociales. El fortalecimiento democrático pasa también por una serie de reformas institucionales, punto clave de todo proceso de transición, en particular frente a condiciones adversas de seguridad, ya que pueden traducirse en riesgos para líderes políticos y activistas sociales, como lo señalan Camilo Echandía e Irene Cabrera. De manera específica, Andrés Macías y Jaime Polanco ofrecen una visión conjunta en torno a los ajustes requeridos en el sector de defensa y seguridad, no todos contemplados en los acuerdos, pero no por ello menos necesarios. Adicionalmente, Jorge Bonilla nos recuerda que las oportunidades económicas son indudables, en particular en el sector turístico, pues podría experimentar un nuevo auge en varios territorios del país. A su vez, Victoria González 8

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pone el acento en el papel de los medios de comunicación frente al cubrimiento de las dinámicas asociadas tanto a la guerra como a la paz. Ahora bien, los autores identifican algunos riesgos que hay que considerar, en cuanto representan condiciones que pueden comprometer la sostenibilidad de lo acordado en La Habana. Camilo Echandía e Irene Cabrera recalcan la permanencia de estructuras armadas y de lógicas criminales en algunos territorios del país, las cuales podrían dificultar la implementación de los acuerdos de paz. También está la falta de preparación del Estado en el proceso de reincorporación económica y social, un eslabón fundamental en la construcción de paz, puesto que pone en riesgo el tránsito a la vida civil de los excombatientes, sin desconocer los méritos del andamiaje institucional previo, en clave de reintegración, aplicable a desertores de las FARC-EP, como lo analiza Dylan Herrera. Por su parte, Jorge Iván Cuervo advierte sobre la difícil implementación de las medidas de justicia transicional, frente a una sociedad muy desconfiada ante la aplicación de medidas excepcionales, interpretadas como impunidad por algunos sectores. Recogemos así algunas contribuciones de los profesores que participaron en la primera edición del programa de verano, a la vez que preparamos con entusiasmo la segunda, «Construir la paz sobre la guerra», en la que analizaremos con más detalle las oportunidades y los riesgos en el marco de la implementación de lo acordado en La Habana. Finalmente, no podíamos dejar pasar la oportunidad para recordar a Reinaldo Gary, profesor en la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, quien como académico y funcionario estuvo vinculado a muchos de los temas relacionados con la guerra y la paz en Colombia. 9

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Ultim�tum DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA FARC: de ejército rebelde a partido político El Congreso Nacional de las FARC-EP, «Por un gobierno de transición para la reconciliación y la paz»1, formalizó la creación de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), partido que consolidó la transición del grupo insurgente de las armas a la política. Terminaron así «53 años de rebeldía armada» para dar paso a una «nueva forma de lucha de las mayorías por el cambio, por un nuevo país […], el de la inclusión, el de la justicia social y la soberanía, el del respeto a la dignidad humana y a la naturaleza» (Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2017). El 31 de octubre de 2017 el Consejo Nacional Electoral (CNE) le reconoció la personería jurídica. La mutación de ejército rebelde a partido político estaba prevista en el «Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera» —en adelante, Acuerdo— como «condición 1. Celebrado en Bogotá del 27 de agosto al 1.° de septiembre de 2017, y en el que participaron más de 1.100 delegados. necesaria para el fin del conflicto armado […] y el fortalecimiento de la democracia en Colombia». La nueva fuerza se comprometió a aportar a la reconciliación nacional, convivencia pacífica, no repetición y transformación de las condiciones que permitieron el origen y la persistencia de la violencia (Acuerdo Final, 2016, p. 68). Acuerdos de paz y programa de la FARC La FARC nace de los acuerdos de paz, en los que se comprometió a la creación de condiciones y garantías para la mutación de organizaciones alzadas en armas a partidos/movimientos políticos, su participación en la conformación, ejercicio y control del poder político y eventual conversión en alternativas de poder. Esto es inherente a los acuerdos de finalización del conflicto armado mediante la negociación política. Así sucedió en Irlanda, El Salvador, Guatemala y Colombia: el Irish Republican Army (IRA), el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el Movimiento 19 de Abril (M-19), respectivamente, se convirtieron en partidos/movimientos políticos legales mediante acuerdos de paz y de inmediato actuaron como tales. En ese orden de ideas, la FARC sostiene lo siguiente: El desistimiento del alzamiento armado contra el Estado no conduce […] al fin de nuestras aspiraciones históricas de transformación revolucionaria del orden social capitalista vigente en el país, sino que conduce más bien a la continuidad de nuestra lucha por la vía exclusivamente política. El Acuerdo Final lo hemos concebido en términos de los mínimos necesarios para desatar un proceso de democratización política, económica, social y cultural e iniciar el proceso de construcción de la paz estable y duradera, que en lo esencial comprende la realización de reformas históricamente aplazadas que —de implementarse en los términos previstos—, abren la posibilidad de transformaciones estructurales más profundas de la formación socioeconómica y política capitalista en dirección a un nuevo orden social (Tesis preparatorias, 2017). 10

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Jaime Zuluaga Nieto Docente investigador Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Profesor emérito jaime.zuluaga@uexternado.edu.co Estos «mínimos necesarios» que incorporan a su programa político y cuya aplicación abre una etapa de transición son los siguientes: a) los orientados a la «ampliación y profundización de la democracia» que fortalezca el pluralismo, la inclusión y proscriba la violencia como recurso en el ejercicio de la política; b) la promoción del reformismo rural para la transformación estructural del campo con el propósito de crear «condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural»; c) la «solución al problema de las drogas ilícitas», que demanda un tratamiento integral que comprometa a productores y consumidores, asuma las causas y consecuencias del fenómeno, proponga alternativas orientadas a mejorar «las condiciones de bienestar y buen vivir de las comunidades […] en los territorios afectados por los cultivos de uso ilícito» y potencie la lucha contra «las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico […] y la lucha contra la corrupción», y d) el reconocimiento de los derechos de todas las víctimas a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, asociado a un sistema de justicia transicional, del cual es columna vertebral la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Para ello resulta indispensable esclarecer la verdad, establecer las responsabilidades de los diferentes sectores de la sociedad en la comisión de graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario con ocasión del conflicto armado y poner fin a la impunidad que ha acompañado y alimentado los ciclos de violencia (Acuerdo Final, 2017, p. 99). Avanzar en los «mínimos necesarios» no excluye, según la FARC, trabajar por los objetivos de las transformaciones revolucionarias del orden capitalista. [Como] partido revolucionario, que al tiempo que debe representar una opción política para los problemas cotidianos de la población y disputar de esa ma- nera el espacio político del presente, debe contener el deseo y los propósitos de adelantar las tareas necesarias para la transformación estructural y supera- ción del orden social que nos ha colo- cado como el tercer país más desigual del planeta. En ese sentido, es también 11

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Ultim�tum DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA La acción política se apoyar� en lo que llaman su «acumulado histórico»: las relaciones de solidaridad y vida colectiva construidas en torno a los objetivos de su lucha político-militar. Por el momento, [la FARC] inicia con una bancada de cinco senadores y cinco representantes a la Cámara, pero están obligados a presentarse a elecciones. Si superan la votación necesaria para alcanzar esas curules, ampliarán su bancada. un partido para otro mundo posible, en él deben tener cabida y con particular énfasis las aspiraciones de las muje- res por superar de manera definitiva el régimen patriarcal existente (Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2017). La estrategia política La FARC se propone «contribuir a conformar un nuevo poder político y social, de transformación y superación del orden social existente», para lo cual es imperativa la participación electoral en la disputa por el poder político y los espacios de representación, a la vez que avanzar en «la producción de nuevo poder social “desde abajo” por el conjunto de los diversos sectores sociales», lo que conciben como proceso constituyente (Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2017). La acción política se apoyará en lo que llaman su «acumulado histórico»: las relaciones de solidaridad y vida colectiva construidas en torno a los objetivos de su lucha político-militar. Estas comprenden su pasado de organización militar asociada a estructuras de partido, presentes desde sus orígenes cuando emergieron a la sombra del Partido Comunista (PC); continuadas después de su distanciamiento con este partido con la creación del Partido Comunista Clandestino, primero, y después, del Movimiento Bolivariano. También en su arraigo territorial y la continuada presencia en algunas zonas rurales en las que operaron como Estado de facto. Finalmente, en la capacidad para actuar en los espacios urbanos, en los que su presencia, contrastada con la que han tenido en el sector rural, es inferior. Tres elementos estructuran su estrategia política: la propuesta de un «gobierno de transición de gran coalición democrática», sustentada en la aplicación del Acuerdo Final; «un movimiento de movimientos de gran convergencia nacional» y la conversión de «partido urbano [en un] nuevo poder urbano» (Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2017). El gobierno de transición sería la materialización del Pacto Político previsto en dicho acuerdo y para ello requieren consolidar su presencia en los espacios de representación política. Por el momento, inicia con una bancada de cinco senadores y cinco representantes a la Cámara, 12

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pero están obligados a presentarse a elecciones. Si superan la votación necesaria para alcanzar esas curules, ampliarán su bancada. En asambleas y concejos deben conquistar con votos la representación. La decisión de participar con candidato propio en las elecciones presidenciales no excluye la posibilidad del gobierno de transición, y responde a la urgencia de construir una base electoral propia2. Esto será importante para negociar su posición en las eventuales coaliciones. La «gran convergencia nacional» implica la búsqueda de alianzas flexibles en torno a las reivindicaciones de los factores que afectan la vida cotidiana de las poblaciones. En este campo se trata de articulaciones en torno a las reivindicaciones y luchas de las organizaciones sociales, en las que se pondrá a prueba la solidez de las redes políticas y sociales construidas en décadas de acción político-militar, así como la capacidad de descifrar las nuevas formas de acción colectiva y de renovarse para integrarse adecuadamente a estas y fortalecer sus propias redes políticas. Por último, encaran el gran desafío de, sin desechar lo construido como organización con fuerte arraigo territorial rural, fortalecerse en 2. Nota de los editores. Aunque Rodrigo Londoño había sido designado como candidato, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común decidió retirar su nombre en marzo de 2018, por los motivos de salud que lo aquejan, sin proponer un remplazo. los espacios urbanos. Se trata de un diálogo interno que les permita proyectarse desde su propia concepción y experiencia hacia las realidades actuales de las luchas y las organizaciones sociales, y de un diálogo con esas fuerzas sociales y políticas con las que aspiran a articularse para fortalecerse en los espacios urbanos, muchas de las cuales no han compartido su pasado insurgente y, en los últimos años, incluso han rivalizado con las negociaciones de paz en la exigencia al gobierno del reconocimiento de sus propios espacios. Mirando el futuro Las condiciones no son fáciles para la FARC. Tiene que enfrentar sus propias limitaciones y las derivadas de un entorno complejo, fuertemente polarizado y en el que los juegos de intereses han creado un ambiente que enturbia las condiciones de construcción de paz. La FARC reivindica el legado histórico de sus antiguas luchas insurgentes como una fortaleza, pero este es también fuente de debilidad y de resistencia a la innovación. La conservación de la sigla FARC para nombrar la nueva fuerza política es expresión de esta relación contradictoria. ¿Qué tanto pesa lo que podemos llamar el conservadurismo sobre la capacidad de renovarse para poder descifrar las condiciones actuales de la sociedad y de sus conflictos? Es algo que aún no podemos valorar. La FARC reivindica el legado histórico de sus antiguas luchas insurgentes como una fortaleza, pero este es también fuente de debilidad y de resistencia a la innovación. 13

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Ultim�tum DOSIER: CONSTRUIR LA PAZ SOBRE LA GUERRA Era de esperarse que su salida de la guerra y la apuesta por la opción política neutralizaran, al menos parcialmente, las resistencias que décadas de conflicto armado con su secuela de atrocidades generaron en diferentes sectores sociales y políticos. No ha sido así. Ni siquiera el que las FARC-EP hayan dado pruebas incontrovertibles del cumplimiento de su compromiso para el tránsito de las armas a la política ha sido lo suficientemente apreciado en la votación necesaria para alcanzarlo. La defensa del acuerdo con sus implicaciones reformistas está lejos de ser un propósito nacional. Hoy es más un factor de división. La transición la están combatiendo poderosos sectores retardatarios, refractarios al cambio y a la modernización de la sociedad, que se resisten a ceder el más pequeño de sus privilegios extremos en aras de la democratización de la sociedad y la reducción de la inequidad. Un ejemplo claro de la radicalidad de esta oposición y defensa cerrada de intereses se manifiesta en la decisión de la Corte Constitucional. Si bien declara constitucional el derecho de los dirigentes de la FARC a la participación política, a pesar de que pueden ser juzgados y sancionados por la comisión de crímenes de competencia de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), mutila sus alcances al excluir de su competencia obligatoria a los funcionarios estatales y particulares. Deja de ser una justicia para todos y termina por ser discriminatoria. Es un pasaporte para mantener la impunidad que ha alimentado los redivivos ciclos de violencia en nuestra historia, y una manera de afectar los derechos de las víctimas a la verdad, justicia reparación y garantías de no repetición. No es posible ignorar la magnitud del compromiso de particulares y agentes estales en la creación, funcionamiento y financiamiento de maquinarias de guerra que convirtieron en víctimas a millones de colombianos. También expresa el juego de intereses y la radicalidad de la oposición al Acuerdo Final la decisión del Congreso de inhabilitar a los que han litigado en el campo de los derechos humanos para asumir la condición de magistrados de la JEP. Se pretende una JEP a la que hay que quitarle los pocos «dientes» que le quedaron. A ello se le suman las maniobras para hacer inviable o inocua la reforma política y perpetuar las formas de acción política que integran la «guerra» prolongada y silenciosa contra la democratización y depuración del ejercicio de la política. Los proyectos reformistas de contenido económico y social, que forman parte de la reforma rural integral, quedaron al margen del procedimiento legislativo especial. Su futuro es incierto porque son proyectos que pueden afectar intereses de algunos sectores privilegiados, se debatirán en una legislatura 14

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En medio de este complejo panorama no podemos menos que plantear que, para el fortalecimiento y profundización de nuestra precaria democracia, es conveniente una FARC fuerte políticamente, que contribuya a la reconciliación nacional y a la convivencia pacífica. atravesada por el debate electoral y serán presentados a un gobierno con el «sol a las espaldas», con escasa capacidad de gestión. En estas condiciones, la FARC no podrá reivindicar parte de los contenidos reformistas del acuerdo incorporados en su programa. Deberá levantar de nuevo esas reivindicaciones y tender puentes con las organizaciones sociales y políticas democráticas para tratar de sacarlas adelante. Y ello ocurrirá en condiciones de fuerte fragmentación de lo que podemos llamar el campo democrático, una parte que no parece estar dispuesta, al menos por ahora, a asumir los riesgos de alianzas con el nuevo partido por los eventuales costos políticos que pueda generar. En medio de este complejo panorama no podemos menos que plantear que, para el fortalecimiento y profundización de nuestra precaria democracia, es conveniente una FARC fuerte políticamente que contribuya a la reconciliación nacional y a la convivencia pacífica. Esa sería una forma de coadyuvar a «civilizar» el ejercicio de la política y a erradicar la «guerra» silenciosa de los odios, el sectarismo, la manipulación de las emociones y los miedos. Ese es el «fantasma» que amenaza la construcción de paz, entendida como democratización incluyente y modernización de la sociedad que acerque a los ideales de una sociedad más justa y equitativa. Referencias Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera (2016). Recuperado de http://pazfarc-ep.org/ images/acuerdo-final-dialogos-de-la-habana.pdf. Estado Mayor Central de las FARC-EP (2017). Informe Central al Congreso Fundacional del Nuevo Partido Político. Recuperado de https:// www.farc-ep.co/comunicado/informe-central-al-congreso-fundacional-del-nuevo-partido-politico.html. Tesis preparatorias del Congreso Fundacional del Partido de las FARC-EP (2017). Tesis de abril. Recuperado de file:///C:/Users/USUARIO/ Google%20Drive/FARC-EP%20DOCUMENTOS/ FARC_Tesis-Abril.pdf. 15

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