Osservatore Romano 2554

 

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Osservatore Romano 2554

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año L, número 7 (2.554) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 16 de febrero de 2018 Inicio de la Cuaresma Detente, mira y vuelve

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de febrero de 2018, número 7 Antes del Ángelus el Papa recuerda que los pecados de egoísmo, soberbia y corrupción convierten al hombre en impuro La audacia de Jesús Y se inscribe el primero en la Jornada mundial de la juventud que se celebrará en Panamá Al hombre lo convierten en impuro no las enfermedades del cuerpo sino los pecados, es decir, «las enfermedades del corazón» como el egoísmo, la soberbia, la corrupción. Lo recordó el Papa en el Ángelus recitado en la plaza San Pedro el domingo 11 de febrero, memoria de la beata Virgen María de Lourdes y Jornada mundial del enfermo. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En estos domingos el Evangelio, según el relato de Marcos, nos presenta a Jesús que cura a los enfermos de todo tipo. En tal contexto se coloca bien la Jornada mundial del enfermo, que se celebra precisamente hoy, 11 de febrero, memoria de la Beata Virgen María de Lourdes. Por eso, con la mirada del corazón dirigida a la gruta de Massabielle, contemplamos a Jesús como verdadero médico de los cuerpos y de las almas, que Dios Padre ha mandado al mundo para curar a la humanidad, marcada por el pecado y por sus consecuencias. La página del Evangelio de hoy (cf. Marcos 1, 40-45) nos presenta la curación de un hombre enfermo de lepra, patología que en el Antiguo Testamento se consideraba una grave impureza y que implicaba la marginación del leproso de la comunidad: vivían solos. Su condición era realmente penosa, porque la mentalidad de aquel tiempo lo hacía sentir impuro incluso delante de Dios, no solo delante de los hombres. Incluso delante de Dios. Por eso el leproso del Evangelio suplica a Jesús con estas palabras: «Si quieres, puedes limpiarme» (v. 40). Al oir eso, Jesús sintió compasión (v. 41). Es muy importante fijar la atención en esta resonancia interior de Jesús, como hicimos largamente durante el Jubileo de la Misericordia. No se entiende la obra de Cristo, no se entiende a Cristo mismo si no se entra en su corazón lleno de compasión y de misericordia. Es esta la que lo empuja a extender la mano hacia aquel hombre enfermo de lepra, a tocarlo y a decirle: «Quiero; queda limpio» (v. 41). El hecho más impactante es que Jesús toca al leproso, porque aquello estaba totalmente prohibido por la ley mosaica. Tocar a un leproso significaba contagiarse también dentro, en el espíritu, y, por lo tanto, quedar impuro. Pero en este caso, la influencia no va del leproso a Jesús para transmitir el contagio, sino de Jesús al leproso para darle la purificación. En esta curación nosotros admiramos, más allá de la compasión, la misericordia, también la audacia de Jesús, que no se preocupa ni del contagio ni de las prescripciones, sino que se conmueve solo por la voluntad de liberar a aquel hombre de la maldición que lo oprime. Hermanos y hermanas, ninguna enfermedad es causa de impureza: la enfermedad ciertamente involucra a toda la persona, pero de ningún modo afecta o le inhabilita para su re- lación con Dios. De hecho, una persona enferma puede permanecer aún más unida a Dios. En cambio, el pecado sí que te deja impuro. El egoísmo, la soberbia, la corrupción, esas son las enfermedades del corazón de las cuales es necesario purificarse, dirigiéndose a Jesús como se dirigía el leproso: «Si quieres, puedes limpiarme». Y ahora, guardemos un momento de silencio y cada uno de nosotros —todos vosotros, yo, todos— puede pensar en su corazón, mirar dentro de sí y ver las propias impurezas, los propios pecados. Y cada uno de nosotros, en silencio, pero con la voz del corazón decir a Jesús: «Si quieres, puedes limpiarme». Hagámoslo todos en silencio. «Si quieres, puedes limpiarme». «Si quieres, puedes limpiarme». Y cada vez que acudimos al sacramento de la reconciliación con el corazón arrepentido, el Señor nos repite también a nosotros: «Quiero, queda limpio». ¡Cuánta alegría hay en esto! Así, la lepra del pecado desaparece, volvemos a vivir con alegría nuestra relación filial con Dios y quedamos reintegrados plenamente en la comunidad. Por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre Inmaculada, pidamos al Señor, que ha llevado también la salud a los enfermos, que sane nuestras heridas interiores con su infinita misericordia, para que nos dé otra vez la esperanza y la paz del corazón. Al finalizar la oración mariana, el Pontífice, haciendo clic en una tableta conectada a internet, se inscribió el primero como «peregrino» en la Jornada mundial de la juventud, programada para 2019 en Panamá. Dos jóvenes estuvieron a su lado, Ricardo Javier Villalba Garcete, paraguayo y Paola Nalin, italiana. A continuación, el Papa envió las felicitaciones a los pueblos orientales que celebran el fin de año lunar oriental y saludó a la comunidad congoleña de Roma, relanzando la invitación a la jornada de oración y ayuno por la paz, fijada para el próximo 23 de febrero. Queridos hermanos y hermanas: Hoy se abren las inscripciones para la Jornada mundial de la juventud, que se celebrará en Panamá en enero de 2019. También yo, en presencia de dos jóvenes ahora me inscribo a través de internet [hace clic en la tableta]. He aquí, me he inscrito como peregrino en la Jornada mundial de la juventud. ¡Debemos prepararnos! Invito a todos los jóvenes del mundo a vivir con fe y con entusiasmo este evento de gracia y de fraternidad tanto dirigiéndose a Panamá como participando en las propias comunidades. El 15 de febrero, en Extremo Oriente y en varias partes del mundo, millones de hombres y mujeres celebrarán el fin del año lunar. Envío mi cordial saludo a todas sus familias, con el deseo de que en ellas se viva cada vez más la solidaridad, la fraternidad y el deseo de bien, contribuyendo a crear una sociedad en la que cada persona es acogida, protegida, promovida e integrada. Invito a rezar por el don de la paz, tesoro valioso para perseguir con compasión, previsión y valor. Acompaño y bendigo a todos. Saludo a la comunidad congoleña de Roma y me asocio a su oración por la paz en la República Democrática del Congo. Recuerdo que esta intención estará particularmente presente en la jornada de oración y de ayuno que he establecido para el 23 de febrero. Hoy están presentes tantas parroquias italianas y tantos chicos que vienen después de la confirmación, de la profesión de fe y del catequismo. No me es posible nombrar a cada grupo, pero os agradezco a todos por vuestra presencia y os animo a caminar con alegría, con generosidad, testimoniando en todas partes la bondad y la misericordia del Señor. Un pensamiento en particular dirijo a los enfermos que, en cada parte del mundo, más allá de la falta de salud, sufren a menudo la soledad y la marginación. Que la Virgen Santa, Salus infirmorum, ayude a cada uno a encontrar el consuelo en el cuerpo y en el espíritu, gracias a una adecuada asistencia sanitaria y a la caridad fraternal que sabe cómo prestar atención concreta y solidaria. Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta pronto! L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 7, viernes 16 de febrero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 En la homilía del Miércoles de Ceniza el Pontífice indica cómo vivir la Cuaresma Detente, mira, vuelve «La Cuaresma es tiempo rico para desenmascarar» las «tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús». Por eso, en la liturgia del Miércoles de Ceniza evocamos «tres palabras que se nos ofrecen para volver a “recalentar el corazón creyente”: Detente, mira y vuelve». Lo subrayó el Papa presidiendo el 14 de febrero por la tarde la misa en la basílica romana de Santa Sabina, al finalizar la procesión penitencial que partió desde la iglesia de San Anselmo en el Aventino. El tiempo de Cuaresma es tiempo propicio para afinar los acordes disonantes de nuestra vida cristiana y recibir la siempre nueva, alegre y esperanzadora noticia de la Pascua del Señor. La Iglesia en su maternal sabiduría nos propone prestarle especial gratuidad… el tiempo de Dios. Detente un poco delante de la necesidad de aparecer y ser visto por todos, de estar continuamente en «cartelera», que hace olvidar el valor de la intimidad y el recogimiento. Detente un poco ante la mirada altanera, el comentario fugaz y despreciante que nace del olvido de la ternura, de la piedad y la reverencia para encontrar a los otros, especialmente a quienes son vulnerables, heridos e incluso inmersos en el pecado y el error. Detente un poco ante la compulsión de querer controlar todo, saberlo todo, devastar todo; que nace del olvido de la gratitud frente al don de la vida y a tanto bien recibido. Detente un poco ante el ruido ensordecedor que atrofia y aturde nuestros oídos y nos hace olvidar del poder fecundo y la sabiduría operante de Dios. Mira el rostro de nuestros enfermos y de tantos que se hacen cargo de ellos; rostros que en su vulnerabilidad y en el servicio nos recuerdan que el valor de cada persona no puede ser jamás reducido a una cuestión de cálculo o de utilidad. Mira el rostro arrepentido de tantos que intentan revertir sus errores y equivocaciones y, desde sus miserias y dolores, luchan por transformar las situaciones y salir adelante. Mira y contempla el rostro del Amor crucificado, que hoy desde la cruz sigue siendo portador de esperanza; mano tendida para aquellos que se sienten crucificados, que experimentan en su vida el peso de sus fracasos, desengaños y desilusión. Mira y contempla el rostro concreto de Cristo crucificado, crucificado por amor a todos y sin exclusión. ¿A todos? Sí, a todos. Mi- atención a todo aquello que pueda enfriar y oxidar nuestro corazón creyente. Las tentaciones a las que estamos expuestos son múltiples. Cada uno de nosotros conoce las dificultades que tiene que enfrentar. Y es triste constatar cómo, frente a las vicisitudes cotidianas, se alzan voces que, aprovechándose del dolor y la incertidumbre, lo único que saben es sembrar desconfianza. Y si el fruto de la fe es la caridad —como le gustaba repetir a la Madre Teresa de Calcuta—, el fruto de la desconfianza es la apatía y la resignación. Desconfianza, apatía y resignación: esos demonios que cauterizan y paralizan el alma del pueblo creyente. La Cuaresma es tiempo rico para desenmascarar éstas y otras tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a «recalentar el corazón creyente»: Detente, mira y vuelve. Detente un poco de esa agitación, y de correr sin sentido, que llena el alma con la amargura de sentir que nunca se llega a ningún lado. Detente de ese mandamiento de vivir acelerado que dispersa, divide y termina destruyendo el tiempo de la familia, el tiempo de la amistad, el tiempo de los hijos, el tiempo de los abuelos, el tiempo de la creador del silencio. Detente un poco ante la actitud de fomentar sentimientos estériles, infecundos, que brotan del encierro y la auto-compasión y llevan al olvido de ir al encuentro de los otros para compartir las cargas y sufrimientos. Detente ante la vacuidad de lo instantáneo, momentáneo y fugaz que nos priva de las raíces, de los lazos, del valor de los procesos y de sabernos siempre en camino. ¡Detente. Detente para mirar y contemplar! Mira. Mira los signos que impiden apagar la caridad, que mantienen viva la llama de la fe y la esperanza. Rostros vivos de la ternura y la bondad operante de Dios en medio nuestro. Mira el rostro de nuestras familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo para sacar la vida adelante y, entre tantas premuras y penurias, no dejan todos los intentos de hacer de sus hogares una escuela de amor. Mira el rostro interpelante, el rostro de nuestros niños y jóvenes cargados de futuro y esperanza, cargados de mañana y posibilidad, que exigen dedicación y protección. Brotes vivientes del amor y de la vida que siempre se abren paso en medio de nuestros cálculos mezquinos y egoístas. Mira el rostro surcado por el paso del tiempo de nuestros ancianos; rostros portadores de la memoria viva de nuestros pueblos. Rostros de rar su rostro es la invitación esperanzadora de este tiempo de Cuaresma para vencer los demonios de la desconfianza, la apatía y la resignación. Rostro que nos invita a exclamar: ¡El Reino de Dios es posible! Detente, mira y vuelve. Vuelve a la casa de tu Padre. ¡Vuelve!, sin miedo, a los brazos anhelantes y expectantes de tu Padre rico en misericordia (cf. Ef 2, 4) que te espera. ¡Vuelve!, sin miedo, este es el tiempo oportuno para volver a casa; a la casa del Padre mío y Padre vuestro (cf. Jn 20, 17). Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón… Permanecer en el camino del mal es sólo fuente de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto y nuestro corazón bien lo sabe. Dios no se cansa ni se cansará de tender la mano (cf. Bula Misericordiae vultus, 19). ¡Vuelve!, sin miedo, a participar de la fiesta de los perdonados. ¡Vuelve!, sin miedo, a experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios. Deja que el Señor sane las heridas del pecado y cumpla la profecía hecha a nuestros padres: «Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ez 36, 26). ¡Detente, mira, vuelve!

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de febrero de 2018, número 7 En Siria sufrimiento indescriptible Cercanía a los cristianos mediorientales Por Oriente Medio y en particular por Siria «golpeada en estos últimos años por sufrimientos indescriptibles» el Papa aseguró su oración y su cercanía. La ocasión fue la audiencia a los miembros del Sínodo greco-melquita, recibidos en el Vaticano la mañana del lunes 12 de febrero, con ocasión de la significación pública de la «ecclesiastica communio» al patriarca de Antioquia, su beatitud Youssef. Beatitud, queridos hermanos en el episcopado: Os doy las gracias por vuestra visita. La feliz ocasión viene dada por la manifestación pública de la comunión eclesiástica, que tendrá lugar mañana por la mañana durante la celebración eucarística y que ya he tenido forma de conceder a vuestra beatitud en la Carta del 22 de junio pasado, después de su elección como patriarca, Pater et Caput, por parte del Sínodo de los Obispos. Entonces, como hoy, querido hermano, le aseguro mi constante cercanía en la oración: que el Señor Resucitado esté cerca de usted y le acompañe en la misión encomendada. Es una oración que no puede ser separada de esa por la amada Siria y por todo Oriente Medio, región en la cual vuestra Iglesia está profundamente enraizada y desarrolla un precioso servicio por el bien del Pueblo de Dios. Una presencia, la vuestra, que no se limita a Oriente Medio, sino que se extiende, ya desde hace muchos años, a esos países en los cuales muchos fieles greco-melquitas se han trasladado buscando una vida mejor. También a estos fieles en diáspora y a sus pastores va mi oración y mi recuerdo afectuoso. En este difícil periodo histórico muchas comunidades cristianas en Oriente Medio están llamadas a vivir la fe en el Señor en medio de muchas pruebas. Deseo vivamente que, con su testimonio de vida, los obispos y los sacerdotes greco-melquitas puedan animar a los fieles a permanecer en la tierra donde la providencia divina ha querido que nacieran. En la mencionada carta de junio recordaba que «en este tiempo, particularmente difícil, los pastores están llamados a manifestar comunión, unidad, cercanía, solidaridad y transparencia ante el pueblo de Dios que sufre». Os invito a proseguir en este camino. Como sabéis, he convocado, para el 23 de este mes, una jornada de oración y ayuno por la paz. En esa ocasión no dejaré de recordar, de forma especial, a Siria, golpeada en estos últimos años por sufrimientos indescriptibles. Llegáis peregrinos a Roma, ante la tumba del apóstol Pedro, en conclusión de vuestra última reunión sinodal, que se ha celebrado en Líbano en los primeros días del mes. Se trata siempre de un momento fundamental, de camino común, durante el que patriarca y obispos están llamados a tomar decisiones importantes por el bien de los fieles, también a través de la elección de nuevos obispos, de pastores que sean testigos del Resucitado. Pastores que, como hizo el Señor con sus discípulos, reanimen los corazones de los fieles, estén cerca de ellos, consolándoles, bajando hacia ellos y hacia sus necesidades; pastores que, al mismo tiempo, les acompañen hacia lo alto, «buscad las cosas de arriba, donde está Cristo, buscad las cosas de arriba» (cf. Colosenses 3, 1-2). Necesitamos muchos pastores que abracen la vida con la amplitud del corazón de Dios, sin reclinarse en las satisfacciones terrenas, sin contentarse con mandar adelante lo que ya hay, sino apuntando siempre hacia arriba; pastores portadores de lo Alto, libres de las tentaciones de mantenerse «a baja cuota», desvinculados de las medidas reducidas de una vida tibia y de rutina; pastores pobres, no apegados al dinero y al lujo, en medio de un pueblo pobre que sufre; anunciadores coherentes de la esperanza pascual, en perenne camino con los hermanos y las hermanas. Si bien me complace otorgar el asentimiento pontificio a los obispos que habéis elegido, me gustaría experimentar la grandeza de estos horizontes. Beatitud, excelencias, renuevo de corazón mi gran gratitud por vuestra visita fraterna. Cuando volváis a vuestras sedes y encontréis a los sacerdotes, los religiosos, las religiosas y los fieles, recordadles que están en el corazón y en la oración del Papa. Que la Toda Santa Madre de Dios, Reina de la paz, os custodie y os proteja. Y mientras tengo la alegría de daros a vosotros y a vuestras comunidades mi bendición, os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí.

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número 7, viernes 16 de febrero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO El Papa invita a los estigmatinos a ser discípulos misioneros Con el fuego bueno de la caridad página 5 El Papa Francisco recibió al capítulo general electivo de la Congregación de los Santos Estigmas de Nuestro Señor Jesucristo, el sábado 10 de febrero. Publicamos el discurso que tenía preparado pero no pronunció. Queridos hermanos: Bienvenidos, con ocasión de vuestro Capítulo General electivo. Os saludo a todos cordialmente, empezando por el Superior General, al que doy las gracias por sus corteses palabras. Vosotros venís aquí desde quince naciones en las cuales os comprometéis a llevar el anuncio de la Palabra de Dios en todas sus formas, con una particular atención a las jóvenes generaciones y en colaboración fraterna con el clero diocesano. Os doy las gracias por lo que hacéis al servicio del Evangelio y de las poblaciones encomendadas a vosotros, y os exhorto a reavivar en vosotros y en vuestras comunidades el fuego de la Palabra de Dios: eso debe «incendiar» también los corazones de los que se encuentran en las periferias de los contextos urbanos y eclesiales. En el Evangelio Jesús anuncia: «He venido para arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!» (Lucas 12, 49). Imitando al divino Maestro, también vosotros estáis llamado a llevar el fuego en el mundo. Pero hay un fuego equivocado y un fuego bueno, santo. El evangelista Lucas cuenta que una vez Jesús, mientras estaba en camino hacia Jerusalén, mandó delante de sí a mensajeros que entraron en un pueblo de samaritanos, y estos no quisieron acogerlo. Entonces los dos discípulos y hermanos, Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje el fuego del cielo y los consuma?» (Lucas 9, 54). Pero Jesús se volvió y les reprendió; y siguieron hacia otro pueblo. Este es el fuego equivocado. No gusta a Dios. Dios en la Biblia es comparado con el fuego pero es un fuego de amor, que conquista el corazón de las personas, no con la violencia, sino respetando la libertad y los tiempos de cada uno. El Evangelio se anuncia con mansedumbre y alegría, como hizo su fundador san Gaspar Bertoni. Este es el estilo de evangelización de Jesús, nuestros Maestro. Él acogía y se acercaba a todos y conquistaba a las personas con la bondad, la misericordia, con la palabra penetrante de la Verdad. Así vosotros, discípulos misioneros, que sois evangelizadores, podéis llevar a las personas a la conversión, a la comunión con Cristo, por medio de la alegría de vuestra vida y con la mansedumbre. No siempre quien anuncia el Evangelio es acogido, aplaudido. A veces es rechazado, obstaculizado, perseguido, incluso encarcelado o asesinado. ¡Esto lo sabéis bien! Por eso es necesario perseverar, tener paciencia, pero no debemos tener miedo en el testimoniar a Jesús y su palabra de Verdad. El fuego bueno es el fuego de Jesús, de aquel que bautiza en Espíritu Santo y fuego: «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra» (Lucas 12, 49). Es el fuego de caridad que purifica los corazones y que se ha ardido en la cruz de Cristo. Es el fuego del Espíritu Santo que ha bajado con poder en Pentecostés. Fuego que separa el oro de los otros metales, es decir que ayuda a distinguir lo que vale eternamente de lo que tiene poco valor. «Pues todos —dice Jesús— han de ser salados con fuego» (Marcos 9, 49). Es el fuego de las pruebas y de las dificultades que endurece, nos hace fuertes y sabios. Es también el fuego de la caridad fraterna. Los evangelizadores nacen y se forman en una comunidad reunida en el nombre del Señor, y por esta son enviados. «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18, 20). El testimonio de amor de una comunidad fraterna de misioneros es confirmación del anuncio evangélico, es la «prueba de fuego». Si en una comunidad falta el fuego bueno, hay frialdad, oscuridad, soledad. Si está el fuego del carisma fraterno, está el calor, la luz y la fuerza para ir adelante. Y nuevas vocaciones son atraídas por la dulce misión de evangelizar. Queridos misioneros estigmatinos, lleven este fuego a las comunidades cristianas, donde la fe de tantas personas necesita ser encendida de nuevo, encontrar fuerza para ser contagiosa. Al mismo tiempo, vayan, salgan a anunciar el Evangelio a los pobres, a esos que no se sienten amados por nadie, a quien vive en la tristeza y en la desesperación, a los presos, a los sin hogar y sin techo, a los inmigrantes, a quien huye de las guerras. San Gaspar Bertoni les ha transmitido el amor a los santos esposos, María y José. Tengan por tanto una atención particular hacia la familia; junto con los laicos, anunciad la alegría del amor. Lleven el fuego de Cristo a los jóvenes, que necesitan de alguien que les escuche y les ayude a encontrar el sentido de la vida. Si anuncian a Jesús, se sentirán atraídos; conducidles a Él con paciencia y perseverancia. Sed misioneros alegres y mansos, bien preparados para encontrar a cada persona. San Gaspar Bertoni pensó su Congregación para preparar misioneros apostólicos para ayudar a los obispos en el anuncio del Evangelio. Ser misioneros, enviados por la Iglesia, no es en primer lugar un hacer algo, una actividad, sino una identidad. Cuando Dios elige y llama por una misión particular, al mismo tiempo da un nombre nuevo, crea una realidad siempre nueva. Jesús os ha llamado para estar con Él, como discípulos misioneros. Por eso tenéis antes que nada que cultivar y custodiar vuestra comunión con Él, el Señor, contemplar su rostro en la oración, para reconocerlo y servirlo con amor en los rostros de los hermanos. Resplandezca en varios campos de su servicio eclesial la adhesión fiel a Cristo y a su Evangelio. La Virgen María y san Gaspar les protejan y sean guía segura del camino de su familia religiosa, para que pueda llevar a realización cada uno de sus buenos proyectos. Con estos deseos, mientras les pido que recen por mí, invoco la bendición del Señor sobre ustedes, sobre todo el Instituto y sobre cuántos encuentran en su apostolado cotidiano. ¡Que el Señor infunda siempre su misión con el fuego del Espíritu Santo!

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número 7, viernes 16 de febrero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 Es necesaria «una toma de responsabilidad común y una más firme voluntad política» para derrotar definitivamente la plaga del tráfico de seres humanos. Lo indicó el Papa Francsico el lunes por la mañana, 12 de febrero, recibiendo en audiencia en la Sala Clementina a los participantes de la Jornada mundial de reflexión contra la trata de personas. El encuentro tuvo lugar como un diálogo entre el Pontífice y algunos de los presentes. [Joy Monday, en inglés] En primer lugar deseamos darle las gracias por su incesante y benévola atención y preocupación por todos los migrantes y las víctimas de la trata. Nosotros hemos experimentado muchas dificultades y sufrimientos antes de llegar a Italia. Llegados a Italia nos cuesta integrarnos y encontrar un trabajo digno es casi imposible. Quisiera hacer una pregunta. ¿Usted cree que el sorprendente silencio sobre lo que sucede con la trata se deba a la ignorancia del fenómeno? Seguramente sobre el tema de la trata hay mucha ignorancia. Pero a veces parece que haya también poca voluntad de comprender la dimensión del problema. ¿Por qué? Porque toca de cerca nuestras conciencias, porque es escabroso, porque nos avergüenza. Hay además quien, conociéndolo, no quiere hablar de ello porque se encuentra al final de la «cadena de consumo», como usuario de los «servicios» que son ofrecidos en la calle o en internet. Está, finalmente, quien no quiere que se hable, por estar implicado directamente en las organizaciones criminales que de la trata obtienen buenos beneficios. Sí, es necesaria valentía y honestidad, «cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podrían haber sido realizados mediante la explotación de otras personas».1 El trabajo de sensibilización debe empezar en casa, por nosotros mismos, porque solo así seremos capaces después de concienciar a nuestras comunidades, estimulando a comprometerse para que ningún ser humano sea víctima de la trata. Para los jóvenes esto parece una tarea más fácil, dado que son menos estructurados en el pensamiento, menos ofuscados por los prejuicios, más libres de razonar con la propia cabeza. La voz de los jóvenes, más entusiasta y espontánea, puede romper el silencio para denunciar las injusticias de la trata y proponer soluciones concretas. Adultos que estén preparados para escuchar pueden ser de gran ayuda. Por mi parte, como habréis notado, no he perdido nunca ocasión para denunciar abiertamente la trata como un crimen contra la humanidad. Es «una verdadera forma de esclavitud, lamentablemente cada vez más difundida, que atañe a cada país, incluso a los más desarrollados, y que afecta a las personas más vulnerables de la sociedad: las mujeres y las muchachas, los niños y las niñas, los discapacitados, los más pobres, a quien proviene de situaciones de disgregación familiar y social».2 También he dicho que «es necesaria una toma de responsabilidad común y una más firme voluntad política para lograr vencer en este frente. Responsabilidad hacia quienes cayeron víctimas de la trata, para tutelar sus derechos, Romper para asegurar su incolumidad y la de sus familiares, para impedir que los corruptos y criminales se sustraigan a la justicia y tengan la última palabra sobre las personas».3 [Silvia Migliorini. Liceo de Via Dalmazia, Roma] Muchos de nosotros jóvenes queremos comprender mejor la trata, las migraciones y sus causas. Sí, queremos comprometernos para hacer este mundo más justo. Nos gustaría afrontar temas como este con los jóvenes de nuestra sociedad, también utilizando las redes sociales, vista su notable potencialidad de comunicación. Querido Papa Francisco, en los grupos parroquiales, en los movimientos juveniles, en las instituciones educativas católicas a veces no hay espacios adecuados y suficientes para afrontar estos temas. Además, sería bonito que se organizaran actividades para promover la integración social y cultural con aquellos que son víctimas de la trata para que sea para ellos más sencillo superar su drama y reconstruirse una vida. ¿Qué podemos hacer nosotros los jóvenes? ¿Qué puede hacer la Iglesia? Los jóvenes ocupan una posición privilegiada para encontrar a los supervivientes de la trata de seres humanos. Id a vuestras parroquias, a una asociación cerca de casa, encontrad a las personas, escuchadlas. Desde ahí, crecerá una respuesta y un compromiso concreto de vuestra parte. Veo de hecho el riesgo de que esto se convierta en un problema abstracto, pero no es abstracto. Hay signos que podéis aprender a «leer», que os dicen: aquí podría haber una víctima de trata, un esclavo. Necesitamos promover la cultura del encuentro que lleva en sí una riqueza inesperada y grandes sorpresas. San Pablo nos da un ejemplo: en Cristo, el esclavo Onésimo no es más un esclavo sino mucho más, es un hermano querido (cf. Filemón 1, 16). La esperanza, vosotros jóvenes, la podéis encontrar en Cristo, y a Él lo podéis encontrar también en las personas migrantes, que han huido de casa, y permanecen atrapadas en las redes. No tengáis miedo de encontrarles. Abrid vuestro corazón, hacedles entrar, estad preparados para cambiar. El encuentro con el otro lleva naturalmente a un cambio, pero no es necesario tener miedo de este cambio. Será siempre el mejor. Recordad las palabras del profeta Isaías: «ensancha el espacio de tu tienda» (cf. 54, 2). La Iglesia debe promover y crear espacios de encuentro, por este motivo he pedido abrir las parroquias a la acogida. Es necesario reconocer el gran compromiso en respuesta a mi llamamiento, ¡gracias! Os pido a vosotros aquí presentes hoy trabajar a favor de la apertura al otro, sobre todo cuando está herido en la propia dignidad. Haceos promotores de iniciativas que vuestras parroquias puedan acoger. Ayudad a la Iglesia a crear espacios de compartir experiencias e integración de fe y de vida. También las redes sociales representan, sobre todo para los jóvenes, una las cadenas de la esclavitud El Papa pide responsabilidad y voluntad política para derrotar a la trata oportunidad de encuentro que puede parecer sin límite: internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos, y esto es algo bueno, es un don de Dios. Sin embargo para cada instrumento que se nos ofrece, es fundamental la elección que el hombre decide hacer. El ambiente comunicativo puede ayudarnos a crecer o, al contrario, a desorientarnos. No es necesario infravalorar los riesgos inherentes en algunos de estos espacios virtuales; a través de las redes muchos jóvenes son atraídos y arrastrados en una esclavitud de la cual después se convierte en más allá de las propias capacidades para liberarse. En este ámbito los adultos, padres y educadores —también los hermanos y primos un poco más grandes— están llamados a la tarea de vigiliar y proteger a los jóvenes. Vosotros tenéis que hacer lo mismo con vuestros parientes y compañeros. Percibir y señalar vulnerabilidad particulares, casos sospechosos sobre los cuales sea necesario arrojar luz. Usad por tanto las redes para compartir una historia positiva de vuestras experiencias de encuentro con nuestros hermanos en el mundo, contad y compartid las buenas prácticas y desencadenad un círculo virtuoso. [Faith Outuru, en inglés] Soy una de las muchas jóvenes procedentes de un país lejano, con cultura diferente, con condiciones de vida y experiencia de Iglesia diferentes. Ahora estoy aquí y deseo construir aquí mi futuro. Pero pienso en mi país, en muchos jóvenes que vienen ilusionados con falsas promesas, engañados, esclavizados, prostituidos. ¿Cómo podemos ayudar a estos jóvenes a no caer en la trampa de las ilusiones y en las manos de los traficantes? Como tú has dicho, es necesario hacer que los jóvenes no caigan «en las manos de los traficantes». ¡Y qué horrible es darse cuenta de que muchas jóvenes víctimas han sido primero abandonadas por sus familias, consideradas como descarte de su sociedad! Muchos así han sido inducidos a la trata por sus propios parientes y por los llamados amigos. Ha sucedido también en la Biblia: ¡recordad que los hermanos mayores vendieron al joven José como esclavo, y así fue llevado esclavo a Egipto! También en condiciones de extremo malestar, la educación se revela importante. Esta es instrumento de protección contra la trata, de hecho ayuda a identificar los peligros y a evitar las ilusiones. Un sano ambiente escolar, como un sano ambiente parroquial, consiente a los jóvenes denunciar a los traficantes sin vergüenza y convertirse en portadores de mensajes adecuados para otros jóvenes, para que no terminen en la misma trampa. Todos aquellos que han sido víctimas de trata son fuente inagotable de apoyo para las nuevas víctimas e importantísimos recursos informativos para salvar a muchos otros jóvenes. Son a menudo falsas noticias, que llegan a través del pasapalabra o filtradas por las redes sociales, que atrapan a los inocentes. Los jóvenes que han encontrado la criminalidad organizada pueden jugar un rol clave en el describir los peligros. Los traficantes a menudo son personas sin escrúpulos, sin moral ni ética que viven de las desgracias de otros, aprovechado las emociones humanas y la desesperación de la gente para subyugarla a su voluntad, haciéndola esclava y sometido. Basta pensar en las mujeres africanas jovencísimas que llegan a nuestras costas esperando empezar una vida mejor, pensando en ganarse la vida honestamente, y sin embargo son esclavizadas, obligadas a prostituirse. Para los jóvenes es fundamental construir paso a paso la propia identidad y tener un punto de referencia, un faro-guía. La Iglesia desde siempre quiere estar al lado de las personas que sufren, en particular de los niños y de los jóvenes, protegiéndoles y promoviendo su desarrollo humano integral. Los menores son a menudo «invisibles», sujetos a peligros y amenazas, solos y manipulables; queremos, también en las realidades más precarias, ser vuestro faro de esperanzas y apoyo, porque Dios está siempre con vosotros. «La valentía y la esperanza son dotes de todos, pero en particular son propias de los jóvenes: valentía y esperanza. Ciertamente, el futuro está en las manos de Dios, las manos de un Padre providente. Esto no significa negar las dificultades y los problemas, sino verlos, eso sí, como pasajeros y superables. Las dificultades, las crisis, con la ayuda de Dios y la buena voluntad de todos, se pueden superar, vencer, transformar».4 [Antonio Maria Rossi. Liceo de la Via Dalmazia, Roma] Nosotros los jóvenes italianos nos confrontamos con un contexto marcado cada día más por la pluralidad de culturas y religiones. Se trata de un desafío abierto. A menudo la falta de respeto por el diferente, la cultura del descarte y la corrupción, de las que se origina la trata, parecen normales. Papa Francisco, por favor, continue alentando a nuestros gobernantes con el fin de que contrasten la corrupción, la venta de armas y la cultura del descarte; aliente también a todos los líderes religiosos para garantizar espacios donde las diferentes culturas y religiones puedan conocerse y valorarse mutuamente, de tal modo que todos compartan la misma espiritualidad de acogida. Quisiera preguntarle, ¿qué podemos hacer nosotros aquí, para que desaparezca definitivamente la plaga de la trata? Cuando los países son víctimas de la pobreza extrema, la violencia y la corrupción, la economía, el marco normativo y la infraestructura básica son ineficientes y no son capaces de garantizar la seguridad, los bienes y los derechos esenciales. En tal contexto, los autores de estos crímenes actúan impunemente. La criminalidad organizada y el tráfico ilegal de drogras y de seres humanos eligen las presas entre las personas que hoy tienen escasos medios de subsistencia y aún menos esperanzas por el mañana. La respuestas es, por lo tanto, crear oportunidad para un desarrollo humano integral, iniciando con una instrucción de calidad desde la primera infancia, creando sucesivamente oportunidades de crecimiento a través de la ocupación. Estas dos modalidades de creci- SIGUE EN LA PÁGINA 8

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de febrero de 2018, número 7 Romper las cadenas de la esclavitud VIENE DE LA PÁGINA 7 miento, en las diversas fases de la vida, representan los antídotos a la vulnerabilidad y a la trata. La que he indicado más veces como «cultura del descarte» está en la base de comportamientos que, en el mercado y en el mundo globalizado, llevan a la explotación de los seres humanos, a todos los niveles. «La pobreza, las necesidades, los dramas de tantas personas terminan por entrar en la normalidad».5 Algunos estados promueven, dentro de la comunidad internacional, una política particularmente dura al querer derrotar a la trata de seres humanos; ese comportamiento es de por los traficantes es un deber de justicia. Pero la verdadera solución es la conversión de los corazones, cortar la demanda para sanear el mercado. [Maria Magdalene Savini]. Papa Francisco, en un mensaje suyo dirigido a los alcaldes de las grandes ciudades reunidas en el Vaticano, decía que «para ser verdaderamente eficaz, el compromiso común para la construcción de una conciencia ecológica y la lucha contra la esclavitud moderna —la trata de seres humanos y de órganos, la prostitución, el trabajo negro— debe comenzar desde las periferias».6 También nosotros, los jóvenes, nos encontramos a menudo en la periferia y sufrimos la exclusión, la inseguridad por no tener trabajo y Niños frente al mural dedicado a santa Josefina Bakhita en un campo para refugiados en Jeberona en Sud Sudan (Cns) sí engañoso, porque, a causa de intereses económicos que están detrás, no se quieren afrontar las causas profundas. Además, no siempre la posición a nivel internacional es coherente con las políticas internas. Espero realmente que podáis enviar un mensaje a los líderes de cada nivel de gobierno, en el mundo de las relaciones y de la sociedad, pidiendo el acceso a una instrucción de calidad y por lo tanto, a una ocupación justa y sostenible. Una estrategia que comprenda un mayor conocimiento del tema de la trata, a partir de una terminología clara y de testimonios concretos de los protagonistas, puede ser ciertamente de ayuda. La conciencia real sobre el tema centra, sin embargo, la atención en la «demanda de trata» que se encuentra detrás de la oferta (cadena de consumo); todos estamos llamados a salir de la hipocresía y enfrentar la idea de ser parte del problema en lugar de mirar a otro lado proclamando nuestra inocencia. Dejadme que lo diga, si hay tantas chicas víctimas de la trata que terminan en las calles de nuestras ciudades es porque muchos hombres aquí —jóvenes, de mediana edad, ancianos— piden estos servicios y están dispuestos a pagar por su placer. Me pregunto entonces, ¿son realmente los traficantes la causa principal de la trata? Yo creo que la causa principal es el egoísmo sin escrúpulos de tantas personas hipócritas de nuestro mundo. Cierto, arrestar a acceso a una educación de calidad, por vivir en situaciones de guerra, de violencia, por vernos obligados a dejar nuestras tierras, por pertenecer a minorías étnicas y religiosas. Sobre todo las mujeres somos penalizadas y las principales víctimas. ¿Qué espacio se dará en el Sínodo de los Jóvenes a las jóvenes y a los jóvenes que provienen de las periferias de la marginación causada por un modelo de desarrollo ya superado, que continúa produciendo degradación humana? ¿Cómo se puede hacer para que estas chicas y chicos sean los protagonistas del cambio en la sociedad y en la Iglesia? Deseo, para los que son testigos reales de los riesgos de la trata en sus países de origen, que puedan encontrar en el Sínodo un lugar para expresarse, desde el cual llamar a la Iglesia a la acción. Por lo tanto, es mi gran deseo que los jóvenes representantes de las «periferias» sean los protagonistas de este Sínodo. Espero que puedan ver el Sínodo como un lugar para enviar un mensaje a los gobernantes de los países de origen y llegada para solicitar protección y apoyo. Espero que estos jóvenes lancen un mensaje global para una movilización juvenil mundial, para construir juntos una casa común inclusiva y acogedora. Espero que sean un ejemplo de esperanza para aquellos que atraviesan por el drama existencial del desaliento. La Iglesia católica tiene la intención de intervenir en todas las fases de la trata de seres humanos: quiere protegerlos del engaño y de la seducción; quiere encontrarlos y liberarlos cuando sean transportados y reducidos a la es- clavitud; quiere asistirlos una vez que sean li- berados. A menudo, las personas que han sido atrapadas y maltratadas pierden la capacidad de confiar en los demás, y la Iglesia es a me- nudo el último ancla de salvación. Es absolutamente importante responder de modo concreto a las vulnerabilidades de aque- llos que están en riesgo, para después acompa- ñar el proceso de liberación comenzando a po- ner a salvo sus vidas. Los grupos eclesiales pueden abrir espacios de seguridad allí donde sea necesario, en lugares de reclutamiento, en las rutas del tráfico en los países de llegada. Mi esperanza es que el Sínodo sea también una oportunidad para las Iglesias locales para aprender a trabajar juntos y convertirse en «una red de salvación». Quisiera finalmente concluir citando a santa Josefina Bakhita. Esta grande sudanesa «es un testigo ejemplar de esperanza para las numerosas víctimas de la esclavitud y un apoyo en los esfuerzos de todos aquellos que se dedican a luchar contra esta “llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea, una herida en la carne de Cristo”».7 Que pueda inspirarnos para realizar gestos de hermandad con aquellos que se encuentran en un estado de sumisión. A dejarnos interpelar, a dejarnos invitar al encuentro. Recemos: Santa Josefina Bakhita, de niña fuiste vendida como esclava y tuviste que enfrentar dificultades y sufrimientos indecibles. Una vez liberada de tu esclavitud física, encontraste la verdadera redención en el encuentro con Cristo y su Iglesia. Santa Josefina Bakhita, ayuda a todos aquellos que están atrapados en la esclavitud. En su nombre, intercede ante el Dios de la Misericordia,de modo que las cadenas de su cautiverio puedan romperse. Que Dios mismo pueda liberar a todos los que han sido amenazados, heridos o maltratados por la trata y el tráfico de seres humanos. Lleva consuelo a aquellos que sobreviven a esta esclavitud y enséñales a ver a Jesús como modelo de fe y esperanza, para que puedan sanar sus propias heridas. Te suplicamos que reces e intercedas por todos nosotros: para que no caigamos en la indiferencia, para que abramos los ojos y podamos mirarlas miserias y las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y de su libertad y escuchar su grito de ayuda. Amén. 1 Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de la Paz 2015 No esclavos sino hermanos n.6 2 Discurso a un grupo de nuevos embajadores con motivo de la presentación de sus cartas credenciales 12 diciembre 2013 3 Ibid. 4 Discurso a los jóvenes de la diócesis de Abruzzo y Molise, 5 de julio 2014. 5 Catequesis, Audiencia General del 5 de junio de 2013. 6 Discurso a los participantes del Workshop Modern slavery and climate change: the commitment of the cities, organizado por las Academias Pontificias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, 21 de julio de 2015. 7 Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de la Paz 2015 No esclavos sino hermanos n.6

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número 7, viernes 16 de febrero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 NICOLA GORI Se ha iniciado el camino de acercamiento al Sínodo especial para la Amazonia, que se desarrollará en octubre de 2019 en Roma. La primera reunión preparatoria se mantuvo en Puerto Maldonado, en Perú, precisamente el día en el que el Papa iniciaba su visita al país latinoamericano. Habla en esta entrevista con L’Osservatore Romano el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos. ¿Qué indicaciones emergieron del encuentro en Perú? La reunión presinodal fue organizada por la Red Eclesial Panamazónica, constituida en 2014 por las Conferencias episcopales con territorio amazónico e inspirada por el documento de Aparecida de 2007. El Papa Francisco anunció el 15 de octubre de 2017 el Sínodo especial, que encuentra en este organismo una experiencia consolidada de reflexión sobre la gran temática amazónica. Precisamente desde esta perspectiva fui invitado a presidir una reunión del organismo, que se ha puesto a disposición de la programación del Sínodo. En esa sede, afronté los temas relativos a la organización, explicando cuáles son los elementos fundamentales y cómo se procede para constituir un Sínodo. Tratándose de una asamblea especial, los padres sinodales serán los obispos de los territorios amazónicos pertenecientes a siete conferencias episcopales —Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador. Colombia, Venezuela, Antillas (Suriname, Guayana, Guayana francesa)— además de otros titulares de derechos, auditores, delegados fraternos e invitados especiales. En la reunión tratamos también temáticas que serán tomadas en consideración por el documento preparatorio. La novedad es que esta preparación será hecha por la secretaría general, con su consejo, en estrecha colaboración con la REPAM. ¿Qué temas han afrontado? Hablar de Amazonia para la Iglesia quiere decir afrontar muchos temas y problemas, entre los que se encuentra en primer lugar la evangelización de aquel territorio, con una mirada particular a los pueblos indígenas y a las comunidades locales. Otros temas conectados son la ecología y el cuidado de la creación por la peculiar importancia que esta región asume para el planeta. La panamazonia, de hecho, representa una gran diversidad de ecoambientes. Es un bioma, un sistema vivo, que produce un tercio de las lluvias que alimentan a la tierra, el 20% del agua dulce no congelada y del oxígeno del planeta, el 34% de los bosques primarios que alojan respectivamente el 30% y el 50% de la fauna y de la flora del mundo. Considerando además que ocupa el 43 % del territorio de América del Sur, con 7,5 millones de kilómetros cuadrados y casi 35 millones de habitantes. De estos, más de dos millones y medio son indígenas pertenecientes a 390 pueblos. Hay todavía 137 pueblos aislados o no contactados. Encontramos 240 lenguas pertenecientes a 49 familias lingüísticas. Pensemos que una de las ciudades más importantes, Manaus, tiene una población de casi 2 millones de personas. El Sínodo especial, por lo tanto, no tratará Entrevista al cardenal Baldisseri Hacia el sínodo de la Amazonia solo de los indígenas —aunque habrá una mirada particular sobre ellos— sino que afrontará una realidad mucho más compleja y articulada. ¿Qué hace la Iglesia por la pastoral en la región amazónica? La Iglesia ha hecho ya mucho y continúa haciendo mucho. Fue la primera en entrar en la Amazonia llevando el Evangelio de manera inculturada. El hecho mismo de que los misioneros se hayan dirigido al lugar y hayan aprendido la lengua y las costumbres expresa la voluntad de respetar esa cultura. Los misioneros después han instruido a los indígenas y han puesto por escrito las tradiciones de esos pueblos, salvaguardando su memoria histórica oral. Si ha habido sombras, eso se interpreta a la luz del contexto histórico, de cuya lectura no se puede prescindir. Pero, de hecho, la Iglesia siempre ha estado presente y ha defendido a los pueblos nativos de las violencias. ¿Se puede hablar de una Iglesia de rostro amazónico? El Papa Francisco en Puerto Maldonado hizo referencia precisamente a este aspecto. Para entender cuál es el rostro deseado, debemos reconocer que en la Amazonia hay una pluralidad de culturas formadas también por intervenciones desde el exterior. De hecho, son el resultado de una presencia de valores culturales y locales y, al mismo tiempo, de otras culturas que se han superpuesto. La Iglesia, por su parte, se ha introducido en este ambiente caracterizado por una realidad multiforme. Lo testimonia el hecho de que haya otras cien circunscripciones eclesiásticas. ¿De qué modo se concretizará en el Sínodo la atención particular a los pueblos indígenas? Ya hemos presentado el calendario que va desde la primera reunión hasta la celebración real y precisa. La primera fecha es el próximo abril, cuando se desarrollará el consejo de secretaría, presidido por el Papa, para la aprobación del documento preparatorio que será enviado el próximo junio a todas las conferencias episcopales y a otros titulares. La atención a los pueblos nativos es una prioridad teniendo en cuenta las indicaciones del Pontífice. Los indígenas que ya no tienen un territorio pierden la vida, porque la tierra es parte de su existencia. El gran trabajo por hacer es promover su existencia en el territorio, considerando que ellos son los grandes custodios de la selva. Son ellos los que preservan el bioma. El hecho de que estén es una ventaja también nuestra, si queremos mantener la vida del planeta. Tenemos necesidad de ellos y debemos decirlo con fuerza. Debemos defenderlos, dándoles la oportunidad de crecer en su ambiente. El Papa mismo recordó que los indígenas poseen una tradición y una cultura que no solo hay que respetar sino que además hay que conservar. Él dice que la Amazonia es una tierra disputada. Algunos dicen que es tierra de nadie y por lo tanto, de todos. Es ciertamente una tierra que, incluso teniendo fronteras estatales, está disputada, porque hay grandes intereses económicos relacionados con los recursos naturales, como el petróleo, el gas, los minerales preciosos y la explotación intensiva agroalimentaria. Pero hay también movimiento que en nombre de la conservación del bioma ocupan grandes extensiones de la selva y negocian con las autoridades creando situaciones de opresión para los pueblos locales, para los que el territorio y los recursos naturales dejan de estar disponibles. La evangelización va de la mano con la promoción humana. ¿Qué elementos se evidencian en esta obra de anuncio? La Iglesia debe evangelizar a través de la promoción humana, un elemento típico de la acción pastoral en América Latina. También frente a las amenazas, como denunció el Papa. Desafortunadamente, siempre acecha el interés particular de los grandes grupos de poder. Una vez estaba en un avión sobre el Mato Grosso, en Brasil. Volé en pleno día durante 700 kilómetros pero parecía que era de noche. Pregunté al piloto por qué a 2.000 metros había esa oscuridad. Me dijo que era el humo que provenía de los rastrojos quemados de soja. Llegué a una ciudad que contaba 25 años desde su fundación. Había ya casi 35.000 habitantes. ¿Cómo se había construido? Tal vez sin escrúpulos para depredar y explotar la naturaleza. De hecho, me contaban, mientras que en los primeros tiempos, al excavar y poner los cimientos de una casa, se encontraba agua a un metro de profundidad, ahora se encuentra a más de seis metros bajo el suelo. ¿Qué puede hacer la Iglesia en estas situaciones? La Iglesia siempre ha denunciado las situaciones generales, pero sobre todo las consecuencias que la deforestación y la explotación intensiva de la tierra pueden provocar a los pueblos indígenas. Los nativos vienen a menudo discriminados, privados de sus territorios, engañados y expropiados de terrenos en los que están presentes desde hace siglos. Por eso, la denuncia profética tiene un valor para la promoción humana y la credibilidad de la evangelización de la Iglesia. Mientras tanto, hay un cambio de perspectiva, fundado en la utilización del método del ver, juzgar y actuar. Ver significa observar la realidad. Juzgar significa leerla con los ojos de la fe cristiana y actuar nos lleva a la acción pastoral. Pero para ser eficaces es necesario una conversión pastoral, como pide Francisco en la Evangelii gaudium. Quiere decir también hacer un balance de lo bueno o menos bueno que se ha hecho a lo largo de la historia. El Papa recordó a los obispos de Perú a san Toribio de Mogrovejo, que desarrolló un ministerio episcopal de veinte años de los cuales dieciocho los pasó fuera de Lima, para encontrar a la gente de toda la diócesis que estaba a él confiada. Sobre la ministerialidad, el Santo Padre habló de la urgencia de dar mayor espacio al diácono permanente. Es necesario afrontar el problema de cómo asegurar la presencia de una guía a las comunidades dispersas en los pueblos perdidos en kilómetros cuadrados, con la ministerialidad adaptada a la circunstancia. ¿Dónde se celebrará este Sínodo y cuáles son las expectativas? El Sínodo se celebrará en Roma para dar al evento el carácter universal, ya que toda la Iglesia está involucrada, si bien se refiere a una región circunscrita y también para asegurar la presencia del Santo Padre, en cuanto que él preside personalmente todas las sesiones. La región amazónica además se puede convertir en una referencia concreta para otros territorios en los que se encuentran desafíos y problemáticas similares tanto en el campo eclesial como en el civil. En cuanto a las expectativas, puedo decir que las esperanzas son grandes y atrayentes. Hay una percepción que se agranda y se amplía día a día. Podría ennumerar las siguientes expectativas según la percepción del momento: que el documento final se convierta en el punto base de referencia sobre el tema en cuestión; encontrar instrumentos de participación activa y sustancial de los interesados pertenecientes al territorio, una reflexión teológica-pastoral específica que permita un rostro amazónico de la acción pastoral en comunión con la Iglesia universal; aspectos específicos de ministerialidad eclesial que respondan a las necesidades de la región amazónica.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de febrero de 2018, número 7 A menudo la trata y la explotación se toleran y alientan por la sociedad Esclavitud de hoy Las «formas modernas de esclavitud están mucho más extendidas de lo que se podría imaginar —para nuestra vergüenza y escándalo— dentro de las más prósperas de nuestras sociedades»: lo subrayó el Papa en el discurso al Grupo Santa Marta, recibido el viernes 9 de febrero, en la Sala Clementina, al finalizar la conferencia anual dedicada a la lucha contra la trata de seres humanos. Queridos hermanos obispos, queridos amigos: Os doy la bienvenida, miembros del Grupo Santa Marta, al concluir vuestro congreso, dedicado este año a ofrecer una perspectiva mundial sobre la trata de seres humanos y sobre las formas modernas de esclavitud. En calidad de líderes de las fuerzas del orden, de la investigación, de las políticas públicas y la asistencia pastoral, ofrecéis una contribución esencial para abordar las causas y los efectos de este flagelo moderno, que sigue causando indescriptibles sufrimientos humanos. Mi esperanza es que estos días de reflexión e intercambio de experiencias hayan arrojado todavía más luz sobre la interacción de las problemáticas mundiales y locales de la trata de personas humanas. La experiencia demuestra que esas formas modernas de esclavitud están mucho más extendidas de lo que se podría imaginar, incluso —para nuestra vergüenza y escándalo— dentro de nuestras sociedades más prósperas. El grito de Dios a Caín, que se encuentra en las primeras páginas de la Biblia —«¿Dónde está tu hermano?»— nos empuja a examinar seriamente las diversas formas de complicidad con las que la so- ciedad tolera y alienta, particularmente con respecto a la trata con fines sexuales, la explotación de hombres, mujeres y niños vulnerables (cf. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 211). Las iniciativas destinadas a combatir la trata de personas, en su objetivo concreto de desmantelar las redes criminales, deben tener cada vez más en cuenta los amplios sectores relacionados, como, por ejemplo, el uso responsable de las tecnologías y los medios de comunicación, sin mencionar el estudio de las implicaciones éticas de los modelos de crecimiento económico que dan la prioridad a los beneficios en lugar de a las personas. Confío en que vuestras discusiones de estos días también contribuyan a incrementar la toma de conciencia sobre la creciente necesidad de ayudar a las víctimas de estos crímenes, acompañándolas en un camino de reintegración en la sociedad y restableciendo su dignidad humana. La Iglesia está agradecida por todos los esfuerzos realizados para llevar el bálsamo de la misericordia divina a los que sufren, porque este es también un paso esencial para la rehabilitación y la renovación de la sociedad en su conjunto. Queridos amigos, con gratitud por vuestro compromiso y vuestra colaboración en este sector crucial, os expreso mis mejores deseos, acompañados por la oración, para la continuación de vuestro trabajo. Sobre vosotros, vuestras familias y todos aquellos a quienes servís, invoco la bendición del Señor que da sabiduría, fuerza y paz. Y os pido, por favor, que recéis por mí. Audiencia a los presidentes de Estonia y de Bangladesh Promulgación de decretos El 26 de enero, el Papa Francisco recibió en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Pontífice autorizó a la misma Congregación promulgar los Decretos relativos a: — El milagro, atribuido a la intercesión de la beata Nazaria Ignacia March Mesa (en religión: Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús), fundadora de la Congregación de los Cruzados Misioneros de la Iglesia; nacida en Madrid, España el 10 de enero de 1889 y fallecida en Buenos Aires, Argentina el 6 de julio de 1943. — El milagro, atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Alphonse-Marie Eppinger (en el siglo: Elisabeth), fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santo Redentor; nacida en Niederbronn, Francia, el 9 de septiembre y 1814 allí fallecida el 31 de julio de 1867. — El milagro, atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Clelia Merloni, fundadora del Instituto de los Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús; nacida el 10 de marzo de 1861 en Forlì, Italia y fallecida el 21 de noviembre de 1930 en Roma. — El milagro, atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Maria Crocefissa dell'Amore Divino (en el siglo: Maria Gargani), fundadora de los Apóstoles del Sagrado Corazón; nacida el 23 de diciembre de 1892 en Morra Irpino, ahora Morra De Sanctis, Italia y fallecida el 23 de mayo de 1973 en Nápoles, Italia; — El martirio de los Siervos de Dios PierreLucien Claverie, de la Orden de Predicadores, obispo de Orán, y 18 compañeros, religiosos y religiosas, asesinados en odio a la Fe en Argelia desde 1994 hasta 1996. — El martirio de la Sierva de Dios Verónica Antal, laica, de la Orden Franciscana Seglar; nacida el 7 de diciembre de 1935 en Nisiporeşti, Rumania y asesinada por odio a la fe el 24 de agosto de 1958 en Hălăuceşti, Rumanía. — Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ambrosio Grittani, sacerdote diocesano y fundador de los Oblatos de San Benito José Labre; nacido en Ceglie del Campo, Italia el 11 de octubre de 1907 y fallecido el 30 de abril de 1951 en Molfetta, Italia. — Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Anne-Marie Madeleine Delbrêl, laica; nacida en Mussidan, Francia el 24 de octubre de 1904 y fallecida en Ivry-sur-Seine, Francia el 13 de octubre de 1964. El Pontífice recibió a Jüri Ratas, primer ministro de Estonia, el viernes 9 de febrero y hablaron de la protección de las riquezas ambientales, las migraciones y el compromiso de la comunidad internacional para la resolución de los conflictos. El Papa recibió a Sheikh Hasina, primera ministra de Bangladesh, el lunes 12 de febrero. Hablaron de la satisfacción por el reciente viaje apostólico al país y de la contribución de la Iglesia. También expresaron su aprecio por la acogida a los rohingya y desearon una solución justa y duradera para su drama. Pésame del Papa por el tiroteo en Florida Su Santidad el Papa Francisco se entristeció profundamente al enterarse del trágico tiroteo que tuvo lugar en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland. Asegurando a todos los afectados por este ataque devastador su cercanía espiritual, reza para que Dios Todopoderoso pueda otorgar descanso eterno a los muertos y curación y consuelo para los heridos y los que lloran. Con la esperanza de que esos actos de violencia sin sentido puedan cesar, el Papa Francisco invoca a todos ustedes, los divinos cantos de paz y fortaleza. CARDENAL PAROLIN SECRETARIO DE ESTADO

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número 7, viernes 16 de febrero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO La homilía del Pontífice Dos historias bíblicas A tención cuando, convencido de vivir tranquilamente sin cometer grandes pecados, el cristiano «resbala lentamente», casi sin darse cuenta, en el «debilitamiento del corazón» y se «corrompe». Es la advertencia del Papa Francisco que, durante la misa celebrada en Santa Marta el jueves 8 de febrero, comparó dos dos diferentes historias bíblicas: la de David, el rey «pecador» pero «santo», y la de Salomón, el rey sabio cuyo corazón «se había desviado del Señor» y por eso fue «rechazado» por Dios. Una enseñanza para cada hombre porque, subrayó el Pontífice, si es verdad que para el pecador capaz de arrepentirse el camino de la santidad está siempre abierto, el corrupto sin embargo se imposibilita por sí solo la posibilidad de salvación. La reflexión del Papa, tomada de la lectura del día (1 Reyes 11, 4-13), inició precisamente del inesperado destino que le toca al rey Salomón, conocido por todos como grande y sabio. El corazón del soberano, de hecho, «no permaneció íntegro con el Señor, su Dios, como el corazón de David, su padre». Una sorpresa porque, dijo Francisco, de «Salomón nosotros no sabemos si había cometido grandes pecados; sin embargo de David, sí. De Salomón nosotros sabemos que tuvo una vida tranquila, gobernó», mientras que «David tuvo una vida un poco difícil, cayó en el pecado, hizo la guerra». Y también «Salomón es rechazado por el Señor, y David es santo. ¿Cómo se explica esto?». Hay un detalle dirimente: «Cuando David —subrayó el Pontífice— se convenció de haber pecado, pidió perdón, hizo penitencia», e incluso si no pecó solo una vez, «tuvo siempre la humildad de pedir perdón». Distinta es la situación de Salomón, quien había sido siempre «equilibrado, no había tenido grandes pecados»; pero en el pasaje bíblico se lee que su corazón «se había “desviado” del Señor», poco a poco, progresivamente. Él había cedido a sus mujeres que lo habían inducido a la idolatría. Precisamente él, «el gran Salomón que el mismo Señor alabó, al principio, cuando pidió la prudencia para gobernar y no pidió riquezas, fama: la prudencia para gobernar al pueblo», el gran Salomón del cual todo el mundo hablaba: tenía fama internacional». Por él, para conocerlo, se había mudado también la reina de Saba: «¿Y qué dijo ella? “Era verdad, por tanto, lo que había escuchado en mi país sobre ti, sobre tu sabiduría. Yo no creía en lo que se decía, hasta que no llegué aquí y mis ojos no vieron. Y bien, no me habían dicho ni la mitad”». Todo el mundo, por tanto, hablaba de la «grandeza de Salomón». Pero él «no permaneció íntegro delante de Señor y fue rechazado por el Señor». Su corazón «se había desviado del Señor. Y él, parece que no se dio cuenta de esto». Aquí, explicó el Papa, se encuentra frente al «problema de debilitamiento del corazón». Se podría decir una caída sutil, porque «no es como una situación de pecado: tú pecas, te das cuenta enseguida». Sin embargo, «el debilitamiento del corazón es un camino lento, que resbala poco a poco, poco a poco, poco a poco». Esto le sucede a Salomón que, «dormido en su gloria, en su fama, empezó a seguir este camino» y su corazón «se debilitó». Paradójicamente, añadió el Pontífice, «es mejor la claridad de un pecado, que el debilitamiento del corazón», o sea ese proceso en el cual se «resbala lentamente, y tú no te das cuenta. Lentamente, hacia la mundanidad», hacia una vida que parece «digna», pero responde a «corazón débil». Es precisamente así que «el gran rey Salomón, el gran prudente, el gran rey que tanto gustaba a Dios, terminó corrupto: tranquilamente corrupto, porque el corazón se le había debilitado». La historia de Salomón es muy actual: «Un hombre y una mujer con el corazón débil, o debilitado, son una mujer, un hombre derrotado», aseguró Francisco recordando que «este es el proceso de muchos cristianos, muchos de nosotros». Se dice: «No, yo no tengo pecados grandes»; pero sería necesario preguntar: «¿Cómo está tu corazón? ¿Es fuerte? ¿Permanece fiel al Señor, o tú resbalas lentamente?». Al respecto el Papa recordó el episodio evangélico de Mateo (12, 43-45) en el que se habla «de ese hombre que había sido liberado de un diablo, demonio» y «empezó una vida nueva... todo bonito... Pero, con el paso del tiempo, ese demonio vuelve a ver cómo van las cosas ahí. Y ve la casa completamente bien preparada y bonita. Y va a buscar otros siete demonios peores que él; vuelven y el final de ese hombre es peor» de como era antes. Precisamente esto, aclaró Francisco, «es el drama del debilitamiento del corazón. Y a todos nosotros nos puede suceder esto en la vida». Por eso, está siempre bien preguntarse: «Pero, ¿mi corazón es fuerte delante del Señor? ¿O, lentamente, resbalo y me debilito? ¿Qué debo hacer?». Es necesario vigilar, explicó el Pontífice: «vigilar tu corazón. Vigilar. Todos los días, estar atento a qué sucede en tu corazón. Si permanece firme en la fidelidad al Señor» o si, un día tras otro, resbala lentamente. «David —concluyó el Papa Francisco— es santo». Era pecador, es verdad, pero «un pecador puede convertirse en santo». Sin embargo «Salomón fue rechazo porque era corrupto». Y «un corrupto no puede convertirse en santo». Por otro lado, a la corrupción se llega precisamente «por ese camino del debilitamiento del corazón». Por tanto, es necesario «vigilar el corazón todos los días», comprender en qué «relación» se está con el Señor y «disfrutar la belleza y la alegría de la fidelidad». página 11

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO La Palabra es un derecho El Papa recomienda que se lea y explique bien durante la misa «Cada uno de nosotros cuando va a misa tiene el derecho de recibir abundantemente la Palabra de Dios bien leída, bien dicha y después bien explicada en la homilía». Lo recordó el Papa a los fieles reunidos en la plaza San Pedro por la Audiencia general del miércoles 14 de febrero, Miércoles de Ceniza. Continuando el ciclo de catequesis sobre la celebración eucarística el Pontífice se detuvo en particular en el Credo y en la oración universal. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Buenos días incluso si el día está un poco feo. Si el alma está alegre, siempre es un buen día. Así que ¡buenos días! Hoy la audiencia se hará en dos partes: un pequeño grupo de enfermos está en el Aula, por el tiempo, y nosotros estamos aquí. Pero nosotros les vemos a ellos y ellos nos ven en la pantalla gigante. Les saludamos con un aplauso. Continuamos con las catequesis sobre la misa. La escucha de las lecturas bíblicas, prolongada en la homilía ¿a qué responde? Responde a un derecho: el derecho espiritual del Pueblo de Dios a recibir con abundancia el tesoro de la Palabra de Dios (cf. Introducción al Leccionario, 45). Cada uno de nosotros cuando va a misa tiene el derecho de recibir abundantemente la Palabra de Dios bien leída, bien dicha y después bien explicada en la homilía. ¡Es un derecho! Y cuando la Palabra de Dios no está bien leída, no es predicada con fervor por el diácono, por el sacerdote o por el obispo, se falta a un derecho de los fieles. Nosotros tenemos el derecho de escuchar la Palabra de Dios. El Señor habla para todos, pastores y fieles. Él llama al corazón de cuantos participan en la misa, cada uno en su condición de vida, edad, situación. El Señor consuela, llama, suscita brotes de vida nueva y reconciliada. Y esto, por medio de su Palabra. ¡Su Palabra llama al corazón y cambia los corazones! Por eso, después de la homilía, un tiempo de silencio permite sedimentar en el alma la semilla recibida, con el fin de que nazcan propósitos de adhesión a lo que el Espíritu ha sugerido a cada uno. El silencio después de la homilía. Un hermoso silencio se debe hacer allí y cada uno debe pensar en lo que ha escuchado. Después de este silencio, ¿cómo continúa la misa? La respuesta personal de fe se incluye en la profesión de fe de la Iglesia, expresada en el «Credo». Todos nosotros recitamos el «Credo» viernes 16 de febrero de 2018, número 7 en la misa. Recitado por toda la asamblea, el símbolo manifiesta la respuesta común a lo que se ha escuchado juntos de la Palabra de Dios (cf. Catequismo de la Iglesia católica, 185–197). Hay un nexo vital entre escucha y fe. Están unidas. Esta —la fe—, de hecho, no nace de la fantasía de mentes humanas, sino como recuerda san Pablo «viene de la predicación y la predicación, por la Palabra de Cristo» (Romanos 10, 17). La fe se alimenta, por lo tanto, con la predicación y conduce al Sacramento. Así, el rezo del «Credo» hace que la asamblea litúrgica «recuerde, confiese y manifieste los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía» (Instrucción General del Misal romano, 67). El símbolo de la fe vincula la Eucaristía con el Bautismo, recibido «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y nos recuerda que los Sacramentos son comprensibles a la luz de la fe de la Iglesia. La respuesta a la Palabra de Dios acogida con fe se expresa después en la súplica común, denominada Oración universal, porque abraza las necesidades de la Iglesia y del mundo (cf. IGMR, 69-71; Introducción al Leccionario, 30-31). Se lle llama también Oración de los fieles. Los Padres del Vaticano II quisieron restaurar esta oración después del Evangelio y la homilía, especialmente en el domingo y en las fiestas, para que «con la participación del pueblo se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero» (Cost. Sacrosanctum Concilium, 53; cf. 1 Timoteo 2, 1-2). Por tanto, bajo la guía del sacerdote que introduce y concluye, «el pueblo [...] ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por la salvación de todos » (IGMR, 69). Y después las intenciones individuales, propuestas por el diacono o un lector, la asamblea una su voz invocando: «Escúchanos Señor». Recordamos, de hecho, cuando nos ha dicho el Señor Jesús: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Juan 15, 7). «Pero nosotros no creemos esto, porque tenemos poca fe». Pero si nosotros tuviéramos una fe —dice Jesús— como el grano de mostaza, recibiríamos todo. «Pedid y lo conseguiréis». Y en este momento de la oración universal después del Credo, está el momento de pedir al Señor las cosas más fuertes en la misa, las cosas que nosotros necesitamos, lo que queremos. «Lo conseguiréis»; en un modo u otro pero «lo conseguiréis». «Todo es posible para quien cree», ha dicho el Señor. ¿Qué respondió ese hombre al cual el Señor se dirigió para decir esta palabra —todo es posible para quien cree—? Dijo: «Creo Señor. Ayuda mi poca fe». También nosotros podemos decir: «Señor, yo creo. Pero ayuda mi poca fe». Y la oración debemos hacerla con este espíritu de fe: «Creo Señor, ayuda mi poca fe». Las pretensiones de lógicas mundanas, sin embargo, no despegan hacia el Cielo, así como permanecen sin ser escuchadas las peticiones autoreferenciales (Jueces 4, 2-3). Las intenciones por las que se invita al pueblo fiel a rezar deben dar voz a las necesidades concretas de la comunidad eclesial y del mundo, evitando recurrir a fórmulas convencionales y miopes. La oración «universal», que concluye la liturgia de la Palabra, nos exhorta a hacer nuestra la mirada de Dios, que cuida de todos sus hijos. La Cuaresma es un tiempo de conversión para volver «al amor del Padre, que espera a todos con los brazos abiertos». Lo recordó el Papa saludando a los diversos grupos de fieles que participaron en la Audiencia. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina, y de modo particular saludo al grupo de peregrinos de Caravaca de la Cruz, con su Obispo Mons. José Manuel Lorca. Hoy, miércoles de Ceniza, al comenzar el tiempo de cuaresma, tiempo de gracia y de misericordia, le pedimos a la Virgen María que nos ayude a prepararnos para celebrar la pascua de Cristo con un corazón purificado. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

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