Osservatore Romano 2548

 

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Osservatore Romano 2548

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año L, número 1 (2.548) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 5 de enero de 2018 Escuchar en silencio la voz de la conciencia

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 5 de enero de 2018, número 1 En el Ángelus de la Jornada mundial de la paz el Pontífice pide generosidad en la acogida No sofocar las expectativas de los inmigrantes Al final, dio las gracias al jefe de Estado italiano, Sergio Mattarella por su felicitación, y saludó a varios grupos presentes, entre los cuales, los participantes en manifestaciones que se realizan entre final e inicio de año, promovidas por Pax Christi y la comunidad San Egidio. Queridos hermanos y hermanas: ¡En el umbral del 2018, dirijo a todos mi cordial deseo de todo bien para el año nuevo, a todos vosotros! «Por favor, no apaguemos la esperanza» en el corazón de los migrantes; «¡no sofoquemos sus expectativas de paz!»: es el sentido llamamiento a las instituciones civiles, a las realidades educativas, asistenciales y eclesiales lanzado por el Papa en el Ángelus del lunes 1 de enero. Después de la misa en la basílica vaticana, el Pontífice se asomó a la ventana del Palacio apostólico para la oración mariana del medio día con los cuarenta mil fieles reunidos en la plaza San Pedro. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En la primera página del calendario del año nuevo que el Señor nos dona, la Iglesia pone, como una hermosa miniatura, la solemnidad litúrgica de María Santísima Madre de Dios. En este primer día del año solar, fijamos la mirada en Ella, para retomar, bajo su materna protección, el camino a lo largo de los senderos del tiempo. El Evangelio de hoy (cf Lucas 2, 16-21) nos reconduce al establo de Belén. Los pastores llegan a toda prisa y encuentran a María, José y el Niño; e informan del anuncio que les han dado los ángeles, es decir que ese recién nacido es el Salvador. Todos se sorprenden, mientras que «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (v. 19). La Virgen nos hace entender cómo acoger el evento de la Navidad: no superficialmente sino en el corazón. Nos indica el verdadero modo de recibir el don de Dios: conservarlo en el corazón y meditarlo. Es una invitación dirigida a cada uno de nosotros a rezar contemplando y gustando este don que es Jesús mismo. día de Pentecostés. Como madre, María cumple una función muy especial: se pone entre su Hijo Jesús y los hombres en la realidad de su privación, en la realidad de sus indiferencias y sufrimientos. María intercede, como en Caná, consciente que en cuanto madre puede, es más, debe hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres, especialmente de los más débiles y desfavorecidos. Y precisamente a estas personas está dedicado el tema de la Jornada mundial de la paz que hoy celebramos: «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz», este es el lema de esta Jornada. Deseo, una vez más, hacerme voz de estos hermanos y hermanas nuestras que invocan para su futuro un horizonte de paz. Para esta paz, que es derecho de todos, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar la vida en un viaje que en gran parte de los casos es largo y peligroso; están dispuestos a afrontar fatigas y sufri- mientos (cf Mensaje para la Jornada mundial de la Paz 2018, 1). Por favor, no apaguemos la esperanza en sus corazones; ¡no sofoquemos sus expectativas de paz! Es importante que de parte de todos, instituciones civiles, realidades educativas, asistenciales y eclesiales; haya un compromiso para asegurar a los refugiados, a los migrantes, a todos un futuro de paz. Que el Señor nos conceda trabajar en este nuevo año con generosidad, con generosidad, para realizar un mundo más solidario y acogedor. Os invito a rezar por esto, mientras que junto con vosotros encomiendo a María, Madre de Dios y Madre nuestra, el 2018 que acaba de empezar. Los viejos monjes rusos, místicos, decían que en tiempo de turbulencias espirituales era necesario recogerse bajo el manto de la Santa Madre de Dios. Pensando en tantas turbulencias de hoy, y sobre todo de los migrantes y de los refugiados, rezamos como ellos nos han enseñado a rezar: «Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios: no despreciar nuestras súplicas que estamos en la prueba, sino líbranos de todo peligro, oh Virgen, gloriosa y bendita». Deseo dar las gracias al presidente de la República Italiana por la felicitación que me dirigió anoche en su Mensaje de final de año y que devuelvo de corazón, deseando para el pueblo italiano un año de serenidad y de santa paz, iluminado por la constante bendición de Dios. Expreso mi aprecio por las múltiples iniciativas de oración y de acción por la paz, organizadas en todas las partes del mundo con ocasión de la actual Jornada mundial de la paz. Pienso, en particular, en la Marcha nacional que se desarrolló ayer por la noche en Sotto il Monte, promovida por la Conferencia Episcopal Italiana, Caritas Italiana, Pax Christi y Acción Católica. Y saludo a los participantes de la manifestación «Paz en todas las tierras», promovida en Roma y en muchos países por la Comunidad de San Egidio. Queridos amigos, os animo a llevar adelante con alegría vuestro compromiso de solidaridad, especialmente en las periferias de las ciudades, para favorecer la convivencia pacífica. Dirijo mi saludo a todos vosotros, queridos peregrinos aquí presentes, en particular a los de Nueva York, a la banda musical procedente de California y al grupo de la «Pro Loco» de Massalengo. A todos renuevo el deseo de un año de paz en la gracia del Señor y con la protección materna de María, la Santa Madre de Dios. Buen año, buen almuerzo, y no os olvidéis de rezar por mí. ¡hasta pronto! El fruto de la guerra Es mediante María que el Hijo asume la corporeidad. Pero la maternidad de María no se reduce a esto: gracias a su fe, Ella es también la primera discípula de Jesús y esto «dilata» su maternidad. Será la fe de María la que provoque en Caná el primer «signo» milagroso, que contribuye a suscitar la fe de los discípulos. Con la misma fe, María está presente a los pies de la cruz y recibe como hijo al apóstol Juan; y finalmente, después de la Resurrección, se convierte en madre orante de la Iglesia sobre la cual desciende con poder el Espíritu Santo en el N agasaki, 1945. Un niño que lleva a la espalda al hermano muerto en el bombardeo atómico espera su turno para incinerar el cuerpecito sin vida. El objetivo del fotógrafo estadounidense Joseph Roger O’Donnell fijó en el vívido realismo del blanco y negro, ese momento juntos dramático y compuesto. Una imagen que, a distancia de más de setenta años, sacude todavía las conciencias. Y que impresionó mucho al Papa Francisco, que quiso hacerla reproducir sobre una cartulina, acompañándola de un comentario elocuente: «... el fruto de la guerra», seguido por su firma. La breve leyenda en español impresa en la parte inferior sugiere una clave de lectura esencial de la foto, subrayando en particular el digno sufrimiento del niño que ha perdido al hermano: sufrimiento que apenas se percibe por la expresión de los labios, que se muerde hasta hacerlos sangrar. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 1, viernes 5 de enero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 En la misa por la solemnidad de María Santísima, el Papa Francisco pidió a todos los presentes en la basílica vaticana aclamar tres veces a la Santa Madre de Dios. Como sucedió en el concilio de Éfeso en el año 431. El gesto caracterizó la celebración presidida por el Pontífice la mañana del primer día de 2018, quincuagésima Jornada mundial de la paz. El tema de este año fue «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres en busca de paz». E l año se abre en el nombre de la Madre de Dios. Madre de Dios es el título más importante de la Virgen. Pero nos podemos plantear una cuestión: ¿Por qué decimos Madre de Dios y no Madre de Jesús? Algunos en el pasado pidieron limitarse a esto, pero la Iglesia afirmó: María es Madre de Dios. Tenemos que dar gracias porque estas palabras contienen una verdad espléndida sobre Dios y sobre nosotros. Y es que, desde que el Señor se encarnó en María, y por siempre, nuestra humanidad está indefectiblemente unida a él. Ya no existe Dios sin el hombre: la carne que Jesús tomó de su Madre es suya también ahora y lo será para siempre. Decir Madre de Dios nos recuerda esto: Dios se ha hecho cercano con la humanidad como un niño a su madre que lo lleva en el seno. La palabra madre (mater) hace referencia también a la palabra materia. En su Madre, el Dios del cielo, el Dios infinito se ha hecho pequeño, se ha hecho materia, para estar no solamente con nosotros, sino también para ser como nosotros. He aquí el milagro, he aquí la novedad: el hombre ya no está solo; ya no es huérfano, sino que es hijo para siempre. El año se abre con esta novedad. Y nosotros la proclamamos diciendo: ¡Madre de Dios! Es el gozo de saber que nuestra soledad ha sido derrotada. Es la belleza de sabernos hijos amados, de conocer que no nos podrán quitar jamás esta infancia nuestra. Es reconocerse en el Dios frágil y niño que está en los brazos de su Madre y ver que para el Señor la humanidad es preciosa y sagrada. Por lo tanto, servir a la vida humana es servir a Dios, y que toda vida, desde la que está en el seno de la madre hasta que es anciana, la que sufre y está enferma, también la que es incómoda y hasta repugnante, debe ser acogida, amada y ayudada. Dejémonos ahora guiar por el Evangelio de hoy. Sobre la Madre de Dios se dice una sola frase: «Custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19). Custodiaba. Simplemente custodiaba. María no habla: el Evangelio no nos menciona ni tan siquiera una sola palabra suya en todo el relato de la Navidad. También en esto la Madre está unida al Hijo: Jesús es infante, es decir «sin palabra». Él, el Verbo, la Palabra de Dios que «muchas veces y en diversos modos en los tiempos antiguos había hablado» (Hb 1, 1), ahora, en la «plenitud de los tiempos» (Ga 4, 4), está mudo. El Dios ante el cual se guarda silencio es un niño que no habla. Su majestad es sin palabras, su misterio de amor se revela en la pequeñez. Esta pequeñez silenciosa es el lenguaje de su realeza. La Madre se asocia al Hijo y custodia en el silencio. Misa por la solemnidad de María Santísima Tenemos necesidad de silencio Y el silencio nos dice que también nosotros, si queremos custodiarnos, tenemos necesidad de silencio. Tenemos necesidad de permanecer en silencio mirando el pesebre. Porque delante del pesebre nos descubrimos amados, saboreamos el sentido genuino de la vida. Y contemplando en silencio, dejamos que Jesús nos hable al corazón: que su pequeñez desarme nuestra soberbia, que su pobreza desconcierte nuestra fastuosidad, que su ternura sacuda nuestro corazón insensible. Reservar cada día un momento de silencio con Dios es custodiar nuestra alma; es custodiar nuestra libertad frente a las banalidades corrosivas del consumo y la ruidosa confusión de la publicidad, frente a la abundancia de palabras vacías y las olas impetuosas de las murmuraciones y quejas. El Evangelio sigue diciendo que María custodiaba todas estas cosas, meditándolas. ¿Cuáles eran estas cosas? Eran gozos y dolores: por una parte, el nacimiento de Jesús, el amor de José, la visita de los pastores, aquella noche luminosa. Pero por otra parte: el futuro incierto, la falta de un hogar, «porque para ellos no había sitio en la posada» (Lc 2, 7), la desolación del rechazo, la desilusión de ver nacer a Jesús en un establo. Esperanzas y angustias, luz y tiniebla: todas estas cosas poblaban el corazón de María. Y ella, ¿qué hizo? Las meditaba, es decir las repasaba con Dios en su corazón. No se guardó nada para sí misma, no ocultó nada en la soledad ni lo ahogó en la amargura, sino que todo lo llevó a Dios. Así custodió. Confiando se custodia: no dejando que la vida caiga presa del miedo, del desconsuelo o de la superstición, no cerrándose o tratando de olvidar, sino haciendo de toda ocasión un diálogo con Dios. Y Dios que se preocupa de nosotros, viene a habitar nuestras vidas. Este es el secreto de la Madre de Dios: custodiar en el silencio y llevar a Dios. Y como concluye el Evangelio, todo esto sucedía en su corazón. El corazón invita a mirar al centro de la persona, de los afectos, de la vida. También nosotros, cristianos en camino, al inicio del año sentimos la necesidad de volver a comenzar desde el centro, de dejar atrás los fardos del pasado y de empezar de nuevo desde lo que importa. Aquí está hoy, frente a nosotros, el punto de partida: la Madre de Dios. Porque María es como Dios quiere que seamos nosotros, como quiere que sea su Iglesia: Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica de amor, libre del pecado, unida a Jesús, que custodia a Dios en su corazón y al prójimo en su vida. Para recomenzar, contemplemos a la Madre. En su corazón palpita el corazón de la Iglesia. La fiesta de hoy nos dice que para ir hacia delante es necesario volver de nuevo al pesebre, a la Madre que lleva en sus brazos a Dios. La devoción a María no es una cortesía espiritual, es una exigencia de la vida cristiana. Contemplando a la Madre nos sentimos animados a soltar tantos pesos inútiles y a encontrar lo que verdaderamente cuenta. El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer. Y mientras el hombre frecuentemente abstrae, afirma e impone ideas; la mujer, la madre, sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar. Para que la fe no se reduzca sólo a ser idea o doctrina, todos necesitamos tener un corazón de madre, que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre. Que la Madre, que es el sello especial de Dios sobre la humanidad, custodie este año y traiga la paz de su Hijo a los corazones, nuestros corazones, y al mundo entero. Y como niños, sencillamente, os invito a saludarla hoy con el saludo de los cristianos de Éfeso, ante sus obispos: «¡Santa Madre de Dios!». Digámoslo, tres veces, con el corazón, todos juntos, mirándola [volviéndose a la imagen colocada a un lado del altar]: «¡Santa Madre de Dios!».

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 5 de enero de 2018, número 1 Las primeras vísperas de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios y el Te Deum de fin de año El corazón abierto de la gente de Roma Reconocimiento para los muchos «artesanos del bien común» que aman la ciudad de Roma «no de palabra, sino con hechos» fue expresado por el Papa Francisco durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, del canto del Te Deum y de la adoración y la bendición eucarística, presididas en la basílica vaticana el domingo 31 de diciembre por la tarde. «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió Dios a su Hijo» (Gálatas 4, 4). Esta celebración vespertina respira la atmósfera de la plenitud del tiempo. No porque estemos en la última tarde del año solar, sino porque la fe nos hace contemplar y sentir que Jesucristo, Verbo hecho carne, ha dado plenitud al tiempo del mundo y a la historia humana. «Nacido de mujer» (v. 4). La primera que experimenta este sentido de la plenitud donada de la presencia de Jesús ha sido precisamente la «mujer» de la que Él ha «nacido». La Madre del Hijo encarnado, Madre de Dios. A través de ella, por así decir, ha brotado la plenitud del tiempo: a través de su corazón humilde y lleno de fe, a través de su carne toda impregnada de Espíritu Santo. La Iglesia ha heredado de ella y hereda continuamente esta percepción interior de la plenitud, que alienta un sentido de gratitud, como única respuesta humana digna del don inmenso de Dios. Una gratitud conmovedora, que, partiendo de la contemplación de ese Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, se extiende a todo y a todos, al mundo entero. Es un «gracias» que refleja la Gracia; no viene de nosotros, sino de Él; no viene del yo, sino de Dios, e involucra al yo y al nosotros. En esta atmósfera creada por el Espíritu Santo, nosotros elevemos a Dios la acción de gracias por el año que llega a su fin, reconociendo que todo el bien es don suyo. También este tiempo del año 2017, que Dios nos había donado íntegro y sano, nosotros humanos de tantas maneras lo hemos desperdiciado y herido con obras de muer- te, con mentiras e injusticias. Las guerras son el signo flagrante de este orgullo reincidente y absurdo. Pero lo son también todas las pequeñas y grandes ofensas a la vida, a la verdad, a la fraternidad, que causan múltiples formas de degrado humano, social y ambiental. Queremos y debemos asumir toda nuestra responsabilidad, delante de Dios, los hermanos y la creación. Pero esta noche prevalece la gracia de Jesús y su reflejo en María. Y prevalece por eso la gratitud que, como Obispo de Roma, siento en el alma pensando en la gente que vive con corazón abierto en esta ciudad. Siento simpatía y gratitud por todas esas personas que cada día contribuyen con pequeños pero preciosos gestos concretos al bien de Roma: tratan de cumplir de la mejor forma su deber, se mueven en el tráfico con criterio y prudencia, respetando los lugares públicos y señalan las cosas que no van bien, están atentos a las personas ancianas o en dificultad, etc. Estos y otros miles de comportamientos expresan concretamente el amor por la ciudad. Sin discursos, sin publicidad, pero con un estilo de educación cívica practicada en lo cotidiano. Y así cooperan silenciosamente al bien común. Igualmente siento en mí una gran estima por los padres, los profesores y todos los educadores que, con este mismo estilo, tratan de formar a los niños y a los jóvenes en el sentido cívico, en un ética de la responsabilidad, educándoles en sentirse parte, cuidar, e interesarse por la realidad que les rodea. Estas personas, aunque no sean noticia, son la mayor parte de la gente que vive en Roma. Y entre ellos no pocos se encuentran en difíciles condiciones económicas; y no se lamentan, ni cultivan resentimientos y rencores, sino que se esfuerzan en hacer cada día su parte para mejorar un poco las cosas. Hoy, en el dar gracias a Dios, os invito a expresar también el reconocimiento para todos estos artesanos del bien común, que aman su ciudad no de palabra sino con los hechos.

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número 1, viernes 5 de enero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO Cercanía con los coptos ortodoxos víctimas de atentatos Dios convierta a los violentos El recuerdo de los atentados que han golpeado a los coptos ortodoxos en Egipto y de las familias heridas y en dificultad caracterizó el Ángelus recitado por el Papa el 31 de diciembre con los fieles reunidos en la plaza San Pedro. Antes de la oración mariana, Francisco comentó el Evangelio dominical de la fiesta de la Santa Familia de Nazaret. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este primer domingo después de Navidad, celebramos la Santa Familia de Nazaret y el Evangelio nos invita a reflexionar sobre la experiencia vivida por María, José y Jesús mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y en la confianza en Dios. De esta confianza es expresión el rito cumplido por María y José con el ofrecimiento del hijo Jesús a Dios. El Evangelio dice: «Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor» (Lucas 2, 22), como requería la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son los custodios de su vida pero no son los propietarios. Y esto nos hace reflexionar. Todos los padres son custodios de la vida de los hijos, pero no propietarios y deben ayudarlos a crecer, a madurar. Este gesto subraya que solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene por Él. Cada familia está llamada a reconocer tal primado, custodiando y educando a los hijos para abrirse a Dios que es la fuente de la misma vida. Pasa por aquí el secreto de la juventud interior, testimoniado paradójicamente en el Evangelio por una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y para dar señal de contradicción […] a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (vv. 34-35). Estas palabras proféticas revelan que Jesús ha venido para hacer caer las falsas imágenes que nos hacemos de Dios y también de nosotros mismos; para «rebatir» las seguridades mundanas sobre las que pretendemos apoyarnos; para hacernos «resurgir» hacia un camino humano y cristiano verdadero, sobre los valores del Evangelio. No hay situación familiar que esté excluída de este camino nuevo de renacimiento y de resurección. Y cada vez que las familias, también las heridas y marcadas por la fragilidad, fracasos y dificultades vuelven a la fuente de la experiencia cristiana, se abren caminos nuevos y posibilidades inimaginables. El relato evangélico de hoy refiere que María y José, «cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía —dice el Evangelio— y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él» (vv. 39-40). Una gran alegría de la familia es el crecimiento de los hijos, todos lo sabemos. Estos están destinados a desarrollarse y fortalecerse, a adquirir sabiduría y a acoger la gracia de Dios, precisamente como sucedió a Jesús. Él es realmente uno de nosotros: el Hijo de Dios se hace niño, acepta crecer, fortalecerse, está lleno de sabiduría y la gracia de Dios está sobre Él. María y José tienen la alegría de ver todo esto en su hijo; y esta es la misión a la que está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armónico y pleno de los hijos, con el fin de que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo. Es este el deseo que dirijo a todas las familias hoy, acompañándolo con la invocación a María, Reina de la Familia. Al finalizar el Ángelus el Pontífice expresó solidaridad con los cristianos de El Cairo, y saludó a varios grupos presentes. Queridos hermanos y hermanas: Expreso mi cercanía a los hermanos coptos ortodoxos de Egipto, golpeados hace dos días por dos atentados en una iglesia y en una tienda en la periferia de El Cairo. Que el Señor acoja las almas de los difuntos, sustente a los heridos, a los familiares y a toda la comunidad y convierta los corazones de los violentos. Hoy dirijo un saludo especial a las familias aquí presentes y también a aquellas que participan desde casa. Que la Santa Familia os bendiga y os guíe en vuestro camino. Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos; en particular, a los grupos parroquiales, las asociaciones y los jóvenes. No nos olvidemos en este día de agradecer a Dios por el año transcurrido y por cada bien recibido. Y nos hará bien, a cada uno de nosotros, tomar un poco de tiempo para pensar cuántas cosas buenas he recibido del Señor este año y agradecer. Y si hay pruebas, dificultades, agradecer también porque nos ha ayudado a superar esos momentos. Hoy es un día de agradecimiento. Os deseo a todos un buen domingo y un sereno final de año. Os agradezco de nuevo por vuestras felicitaciones y vuestras oraciones: y continuad por favor rezando por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! página 5

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número 1, viernes 5 de enero de 2018 Calendarios de la gendarmería y de los bomberos Fieles en el servicio S e comienza con el mes de enero, donde la foto elegida es el primer plano de un pelotón de gendarmes que está entrando en servicio. Para febrero se propone la imagen de la apertura del año judicial en el Vaticano, donde se ve a dos gendarmes en uniforme completo. Marzo, en cambio, está bajo la foto de grupo durante el retiro espiritual de la Curia romana del 2017 en la casa del Divino Maestro de Ariccia. Para abril, la elegida ha sido una imagen que muestra a una multitud en torno al Papa en la plaza San Pedro. Lo mismo para mayo, donde se ve a miles de fieles reunidos en el santuario de Fátima durante la visita del Pontífice. También junio recuerda un viaje del Papa, esta vez a Génova, en particular durante el encuentro con los trabajadores en la fábrica del Ilva. La foto del mes de julio muestra a tres gendarmes en primer plano, cada uno con un uniforme diverso; en segundo plano, una vista de los jardines vaticanos y de la cúpula de San Pedro. Agosto ofrece una imagen nocturna, que muestra algunos hombres en servicio. Septiembre ofrece una imagen de gendarmes en desfile en el jardín cuadrado dentro del Vaticano, con ocasión del 201º aniversario de la fundación del Cuerpo. No podía faltar también una imagen con Benedicto XVI. Noviembre, en cambio, muestra un momento de la exhibición de la banda del Cuerpo junto con la de la policía de Estado italiana en el día de la fiesta litúrgica del patrón san Miguel arcángel. Diciembre cierra el año con la visita del Papa al pesebre de la plaza San Pedro.El calendario está a la venta en la oficina de la Gendarmería y en la oficina de permisos del Arco de las campanas. Entre servicio cotidiano y compromiso extraordinario, se inspiran también en la actualidad las imágenes que embellecen el calendario de los bomberos del Estado de la Ciudad del Vaticano. Enero se abre con un momento de una audiencia general, mientras que para febrero se ha elegido una imagen más dinámica: se ve a dos bomberos que dentro del cuartel se están preparando para una intervención. Marzo muestra el núcleo de pilotos de la aeronave por control remoto, manejando un dron. Abril ofrece una imagen sugestiva de una intervención en el subsuelo vaticano, mientras que mayo muestra a dos bomberos del grupo de motociclistas. Junio propone un momento de la asistencia para el aterrizaje de un medio del socorso aéreo en el Vaticano. Julio llama al calor estivo: para mitigarlo no podía faltar un bombero que lleva apoyo con una manguera a los jóvenes monaguillos reunidos en la plaza San Pedro a la espera de encontrar al Papa. Una imagen retrata después la valiosa ayuda de los bomberos a las poblaciones de Amatrice y de la Italia central golpeadas por el terremoto. Septiembre ofrece una reseña de los vehículos del Cuerpo y octubre ofrece un momento de las operaciones de aterrizaje de un helicóptero en el helipuerto vaticano. Noviembre retrata a un bombero en uniforme de trabajo dentro del cuartel, mientras que diciembre recuerda la celebración de la fiesta del Cuerpo en la memoria litúrgica de santa Bárbara y san León IV Papa. También este calendario está a la venta en la oficina de la Gendarmería y la oficina de permisos del Arco de las campanas (Nicola Gori) L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 Láminas para el calandario de la Guardia Suiza Un año con los suizos N o se deja nunca de ser guardia suizo pontificio, ni siquiera cuando se está ya jubilado, o cuando el servicio realizado en el Vaticano es solo un recuerdo unido a los años juveniles. Una prueba de esto está en el calendario de 2018 que el Cuerpo ha preparado en colaboración con Rudolf Mirer, que es precisamente un ex guardia. Son sus bocetos que mes a mes acompañan a lo largo del curso del año nuevo. ¿Por qué esta elección? Lo explica el comandante Christoph Graf en la presentación de la publicación: Rudolf Mirer, después de «su servicio en la Guardia, se ha dedicado totalmente al arte, inspirándose repetidamente en sus recuerdos del tiempo pasado en el Vaticano». Entre sus obras principales, Graf recuerda la portada del calendario que se ha «convertido en el símbolo de las celebraciones para el quingentésimo aniversario de la fundación de la Guardia suiza pontificia». Por otra parte, Mirer no es solo un ex guardia suizo, sino también un afirmado y reconocido artista, que a menudo se inspira en la naturaleza de su tierra natal, del ambiente alpino familiar para él, como también del ámbito religioso. Observando las imágenes que son propuestas mes por mes, nos damos cuenta de lo interesante que es descubrir la realidad de la Guardia vista y reelaborada por la fantasía del artista. Se comienza con la llegada de las primeras guardias a Roma en 1506, imagen elegida para el mes de enero, para después pasar a un boceto que retrata dos soldados de perfil a los cuales el autor ha atribuido un título significativo: «Cada cabeza es un mundo». También marzo ofrece un motivo de reflexión sobre el valor de la paz: dos alabarderos con sus armas cruzadas en forma de cruz sobre un fondo rojo vivo que casi deslumbra. Para abril ha sido elegido el tema de la ecología y de la tutela de la creación —expresado con los rostros de Francisco de Asís y de Clara— para recordar la encíclica de Papa Francisco, Laudato si’. La imagen de mayo quiere recordar el saqueo de Roma y el valor de los guardias suizos que murieron por defender al Papa. Junio ofrece un simpático tamborilero sobre un fondo azul y gris. Julio se presenta con un gran sol al horizonte y un cielo azul degradado. En el paisaje destaca la figura del Papa observado por un guardia que le custodia. Agosto quiere subrayar la tradición religiosa de Suiza expresada por los pequeños tabernáculos que adornan el paisaje de los pueblos y de la ciudad. Septiembre y octubre ofrecen respectivamente un momento de la vida cotidiana, con las imágenes del cambio de la guardia y de un coloquio entre los soldados. Noviembre está dedicado a «Roma, ciudad eterna, patria eterna». Diciembre, finalmente, quiere preparar a los fieles a la venida del Salvador a través de la propuesta de la imagen de la Virgen conservada en la abadía benedictina de Einsiedeln. El calendario, a la venta en el puesto de la guardia en la entrada de Santa Ana, tiene también una edición limitada y numerada en quinientos ejemplares. (Nicola Gori)

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO INFORMACIÓN VATICANA viernes 5 de enero de 2018, número 1 Nombramientos y renuncias EL PAPA HA INCLUIDO Entre los miembros de los Dicasterios de la Curia Romana a los siguientes Eminentísimos Señores cardenales: - en la Congregación para las Iglesias Orientales, a Su Eminencia el cardenal MARIO ZENARI, nuncio apostólico en Siria (Italia). - en la Congregación para los Obispos, a Su Eminencia el cardenal JUAN JOSÉ OMELLA OMELLA, arzobispo de Barcelona (España). - en la Congregación para la Educación Católica, a Sus Eminencias los cardenales: CARLOS OSORO SIERRA, arzobispo de Madrid (España) y BLASE JOSEPH CUPICH, arzobispo de Chicago (Estados Unidos de América). - en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida a Sus Eminencias los cardenales : BALTAZAR ENRIQUE PORRAS CARDOZO, arzobispo de Mérida (Venezuela), JOZEF DE KESEL, arzobispo de Mechelen Brussel (Bélgica) y JEAN ZERBO, arzobispo de Bamako (Mali). - en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, a Sus Eminencias los cardenales: PATRICK D'ROZARIO, arzobispo de Dacca (Bangladesh), MAURICE PIAT, obispo de Port Louis (Mauricio), JOHN RIBAT, arzobispo de Port Moresby (Papúa Nueva Guinea), LOUIS MARIE LING MANGKHANEKHOUN, vicario apostólico de Vientiane (Laos) y GREGORIO ROSA CHÁVEZ, auxiliar de San Salvador (El Salvador). - en el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, a Su Eminencia el cardenal JUAN JOSÉ OMELLA OMELLA, Arzobispo de Barcelona (España). - en el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a Su Eminencia el cardenal ANDERS ARBORELIUS, obispo de Estocolmo (Suecia). - en la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, a Su Eminencia el cardenal KEVIN JOSEPH FARRELL, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. EL PAPA HA NOMBRADO Obispo de la diócesis de Caxias Do Maranhão (Brasil) a S.E. Mons. SEBASTÃO LIMA DUARTE, transfiriéndolo de la diócesis de Viana. A S.E. Mons. GUSTAVO ÓSCAR ZANCHETTA, obispo emérito de Orán (Argentina), Asesor de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA). Obispo auxiliar de Brownsville (EE.UU.) al Rev.do P. MARIO ALBERTO AVILÉS, CO, hasta ahora fiscal general de la Confederación del Oratorio de San Felipe Neri y párroco de Sacred Heart en Hidalgo, asignándole la sede episcopal titular de Catacuas. Obispo de Richmond (EE. UU.) a S.E. Mons. BARRY C. KNESTOUT, hasta ahora obispo Titular de Leavenworth y Auxiliar de Washington. Obispo auxiliar de Quilmes (Argentina) al reverendo JULIÁN MARCELO MARGNI, del clero de la misma diócesis, rector del seminario dioce- Decretos El 18 de diciembre de 2017, el Papa Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia Reverendísima el cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Pontífice autorizó a la misma Congregación a promulgar los Decretos relativos a: - el milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios JEAN-BAPTISTE FOUQUE, sacerdote diocesano. Nacido en Marsella (Francia) el 12 de septiembre de 1851 y allí fallecido el 5 de diciembre de 1926. - un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios TIBURCIO ARNAIZ MUÑOZ, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, fundador de las Misioneras de las Doctrinas Rurales, nacido el 11 de agosto de 1865 en Valladolid (España) y fallecido en Málaga (España) el 18 de julio de 1926. - el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios MARÍA CARMEN RENDILES MARTÍNEZ, Fundadora del Instituto de las Siervas de Jesús de Venezuela, nacida en Caracas (Venezuela) el 11 de agosto de 1903 y fallecida allí el 9 de mayo de 1977. - el martirio de los Siervos de Dios TEODORO ILLERA DEL OLMO (en el siglo Cirilo), sacerdote profeso de la Congregación de San Pedro en Cadenas, y 15 compañeros, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa en España en 1936 y en 1937. - las virtudes heroicas del Siervo de Dios STEFAN WYSZYŃSKI, cardenal de la Santa Iglesia Romana, arzobispo metropolitano de Gniezno y Varsovia, primado de Polonia, nacido en Zuzela (Polonia) el 3 de agosto de 1901 y fallecido en Varsovia (Polonia) el 28 de mayo de 1981. - las virtudes heroicas del Siervo de Dios ALFONSO BARZANA, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, nacido en 1530 en Belin- chón (España) y fallecido en Cuzco (Perú) el 31 de diciembre de 1597. - las virtudes heroicas del Siervo de Dios PAVEL SMOLIKOWSKI, sacerdote profeso de la Congregación de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, nacido el 4 de febrero de 1849 en Tver (Rusia) y fallecido en Cracovia (Polonia) el 11 de septiembre de 1926. - las virtudes heroicas del Siervo de Dios PATRICK PEYTON, sacerdote profeso de la Congregación de la Santa Cruz, nacido el 9 de enero de 1909 en Carracastle (Irlanda) y fallecido en San Pedro (Estados Unidos de América) el 3 de junio de 1992. - las virtudes heroicas de la Sierva de Dios MARIANA DE SAN JOSÉ (en el siglo Mariana de Manzanedo Maldonado), fundadora de los monasterios de las Agustinas Recoletas, nacida en Alba de Tormes (España) el 5 de agosto de 1568 y fallecida en Madrid (España) el 15 de abril de 1638. - las virtudes heroicas de la Sierva de Dios LUIZA MARIA LANGSTROTH FIGUERA DE SOUSA VADRE SANTA MARTA MESQUITA E MELO (Luiza Andaluz) fundadora de la Congregación de las Siervas de Nuestra Señora de Fátima, nacida el 12 de febrero de 1877 en Marvila (Portugal) y fallecida en Lisboa (Portugal) el 20 de agosto de 1973. - las virtudes heroicas de la Sierva de Dios ANNA SALVATORE (en el siglo Marianna Orsi), religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de Santa Ana. Nacida en Albareto (Italia) el 22 de febrero de 1842 y fallecida en Palermo (Italia) el 7 de junio de 1885. - las virtudes heroicas de la Sierva de Dios MARIA ANTONIA SAMÁ, laica, nacida en Sant'Andrea Jonio (Italia) el 2 de marzo de 1875 y fallecida allí el 27 de mayo de 1953. sano, asignándole la sede titular de Stefaniaco. Arzobispo metropolitano de la arquidiócesis de México (México) a Su Eminencia el cardenal CARLOS AGUIAR RETES, hasta ahora arzobispo de Tlalnepantla. Obispo de la Diócesis de San Miguel (El Salvador), a S.E. Mons. FABIO REYNALDO COLINDRES ABARCA transfiriéndolo del Ordinariato Militar de El Salvador. Obispo de Sainte-Anne-de-la-Pocatière (Canadá) al Rev.do PIERRE GOUDREAULT, del clero de la diócesis de Rouyn-Noranda (Canadá), hasta ahora Moderador de la Unidad Pastoral «Sainte Trinité». Obispo de la diócesis de São José dos Pinhais (Brasil) S.E. Mons. CELSO ANTÔNIO MARCHIORI, transfiriéndolo de la diócesis de Apucarana. Miembro del Comité Pontificio de Ciencias Históricas al Ilmo. profesor BERNARD DOMPNIER, docente emérito de Historia Moderna en la Universidad de ClermontFerrand (Francia). Obispo de la diócesis de MacKenzie-Fort Smith (Canadá) al Rev. P. JON HANSEN, C.Ss.R., hasta ahora párroco de «Our Lady of Victory», Inuvik, (Territorios del Noroeste). EL PAPA HA ACEPTADO LAS RE- NUNCIAS Al gobierno pastoral de la diócesis de Campo Mourão (Brasil) presentada por S.E. Mons. FRANCISCO JAVIER DEL VALLE PAREDES. Al gobierno pastoral de la archidiócesis de México (México), presentada por Su Eminencia el cardenal NORBERTO RIVERA CARRERA. Al gobierno pastoral de la diócesis de Sainte-Anne-de-la-Pocatière (Canadá) presentada por S.E. Mons. YVON JOSEPH MOREAU, O.C.S.O. Al oficio de obispo auxiliar de la archidiócesis de Hartford (EE.UU.), presentada por S.E. Mons. CHRISTIE A. MACALUSO. ADEMÁS EL PONTÍFICE Ha elevado a diócesis el Vicariato Apostólico de Bluefields (Nicaragua) y nombrado obispo de la misma a S.E. Mons. PABLO SCHIMITZ SIMON, O.F.M. Cap., hasta ahora vicario apostólico de dicha diócesis. Al mismo tiempo, el Papa ha aprobado la creación de la nueva diócesis de Siuna y nombrado primer obispo de la neo-erigida circunscripción a S.E. Mons. DAVID ALBIN ZYWIEC SIDOR, O.F.M. Cap., hasta ahora auxiliar del vicariato apostólico de Bluefields.

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número 1, viernes 5 de enero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 La migración como oportunidad de encuentro NATALIA ARÉVALOS* ¿Qué pueden tener en común Italia y un país como Chile, escondido en América del sur? A primera vista puede parecer que muy poco, pero si analizamos los últimos fenómenos generados por el movimiento de personas, veremos que en realidad compartimos más de lo que podríamos haber sospechado. ¿No le suena el nombre de este país? No se preocupe, esta es una franja de tierra muy difícil de ubicar para una gran parte del mundo y que ha vivido sus jóvenes 200 años de vida independiente como una pequeña isla separada del mundo por una cordillera al este, el mar al oeste, el desierto más seco del mundo al norte y por el sur, los hielos antárticos. Pero eso está cambiando, porque así como los italianos han debido aprender a convivir con personas llegadas de lugares muy diferentes, los chilenos también nos estamos sumando a la globalización, con los encuentros y desencuentros que son largamente conocidos en Italia. En todos los rincones del mundo, este fenómeno representa nuevos desafíos, pero donde hay lugar para la dificultad, hay lugar para la esperanza. Y ahí donde hay desconfianza, también hay oportunidades para reconstruir el encuentro. En los últimos años el panorama cultural de esta zona se ha visto enriquecido a medida que vamos integrándonos a este mundo cada vez más conectado y transcultural, convirtiéndonos en un nuevo foco de inmigración en el panorama continental. Hoy en Chile disfrutamos de los nuevos sabores Fue durante esos años que la llegada de dominicanos y haitianos se hizo más fuerte, pasando a ser especialmente expuestos a ideas racistas e incluso ataques xenófobos. ¿Qué factores han propiciado la desconfianza hacia estas personas? Se ha hablado tanto de una «explosiva llegada» de afrodescendientes, a pesar de que esta población sigue siendo mucho menos numerosa que la comunidad de peruanos residentes o los descendientes de italianos. Tanto en Italia como en Chile, necesitamos encontrarnos y conocer a los nuevos residentes, renovando nuestro compromiso por construir puentes de fraternidad. Donde hay migración, surgen historias que confunden: por ejemplo, en Chile se habla de invasiones, que los nuevos llegados han traído delincuencia, o que ellos vienen a quitar el trabajo. Sin embargo, cuando se confrontan esos rumores con los datos concretos, podemos comprobar que Chile aún está muy por debajo de las cifras migratorias de otros focos en el mundo, como el 9% de inmigrantes que residen en territorio italiano. Asimismo, al año 2016 la participación en el mercado laboral no superaba el 3% en ninguno de sus campos, y sólo el 1% de ellos había pasado por el sistema judicial chileno. Como se puede apreciar, hay miedos infundados que se repiten en todos los lugares donde este fenómeno ocurre. Entonces, ¿qué podemos hacer los cristianos? Ciertamente, informarnos constantemente es deber nuestro, para poder discernir en plena conciencia las señales que permitan construir la cultura de la acogida, en la que cada persona sea recibida traídos de lugares como Perú o Corea, vibramos con los ritmos llegados desde el Caribe, y hemos recibido nuevas maneras de expresarnos, como la hilarante murga uruguaya. Todo ello nos sorprende, aunque sabemos que la inmigración es un fenómeno largamente ligado a la conformación de este país desde que surgieron los primeros habitantes del cono sur; todos tuvieron que migrar para llegar a instalarse en esta tierra. Y más tarde, cuando Europa sufrió tiempos de pobreza y guerra, se sumaron múltiples colectividades. Entre ellos, italianos, ingleses, alemanes, croatas, franceses y españoles, quienes encontraron en Chile un sitio para establecer sus vidas. De hecho, no somos pocos los que crecimos escuchando historias sobre los antepasados de tierras lejanas; yo misma, siendo niña imaginaba las aventuras de mi bisabuela que nació en un barco con rumbo a Chile. De manera menos vistosa, la población proveniente de países fronterizos ha ganado en los últimos años presencia de manera sostenida. Hasta los años 90, Chile se caracterizaba por ser un país en el que la emigración era mucho más fuerte, situación que fue cambiando de tal modo que entre los años 2010 y 2015, la cantidad de inmigrantes aumentó un 27% según cifras de las Naciones Unidas. Arriba: Inmigrantes asistidos en un desembarco en el Mediterráneo (Ben White - Cafod / CC BY-NC-ND 2.0) Abajo: Niños inmigrantes a bordo de un en tren (Unicef / Ashley Gilbertson) con toda su riqueza cultural y, sobre todo, reconocida en su dignidad de hijo de Dios. Y es en medio de estas tensiones que también hay razones para la esperanza: diversas instituciones trabajan por la digna integración de los inmigrantes, universidades y agrupaciones religiosas que han concentrado esfuerzos en dar clases de español para quienes lo necesiten e incluso algunos otros que están aprendiendo a hablar creole para poder atender de mejor manera a las personas llegadas desde Haití. Cada una de estas obras renuevan la esperanza de crear un país donde se construyan puentes que pasen sobre el miedo al prójimo, redescubriéndolo en sus capacidades y en la construcción del bien común, como el Papa Francisco señaló a principios de este año. Los cristianos estamos invitados a descubrir que la diversidad es un don que nos ha sido regalado por la historia; Dios ha pasado en medio nuestro con cada hermano que ha llegado y por eso es que hoy más que nunca estamos llamados a reforzar estos esfuerzos para construir el Reino de Dios en Chile, Italia y en todo lugar. *Servicio Jesuita de Migrantes

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 5 de enero de 2018, número 1 El Chile que visitó san Juan Pablo II y el que recibirá a Francisco FRANCISCO JAVIER TAGLE MONTT* E l Chile que visitará el Papa Francisco este mes de enero es muy diferente al que conoció san Juan Pablo II en 1987. Hoy este país del sur de Sudamérica no sólo tiene una democracia ininterrumpida desde los años noventa, sino que se transformó en una de las economías más sólidas de la región, teniendo el PIB per capita más alto, una de las tasas de pobreza más bajas y una esperanza de vida de más de 80 años. Sin embargo, esta vertiginosa modernidad no sólo trajo beneficios, sino también profundos costos que atentaron en contra del tejido social. Hoy su tasa de fecundidad es una de la más bajas de América Latina con 1,7 hijos por mujer; más de la mitad de los niños chilenos nacidos en 2016 lo hicieron fuera del matrimonio, y los casamientos, desde los años noventa, con alzas esporádicas, han ido en un constante descenso. Todo esto, en un 2017 en el que se aprobó la despenalización del aborto en determinadas causales, con el lamentable apoyo de parlamentarios católicos. Hay problemas pendientes, como la alarmante desigualdad económica, la falta de acogida a los inmigrantes que llegaron masivamente en los últimos años y el conflicto en la zona de la Araucanía, al sur del territorio, que involucra a mapuches (principal etnia indígena del país), agricultores y al Estado, entre otros actores. Por otra parte, una serie de hechos de corrupción y escándalos mermaron la confianza de los chilenos en las instituciones, especialmente en las políticas, lo que quedó de manifiesto en las últimas elecciones municipales, en las que participó solo un poco más de un tercio de la ciudadanía. De este descrédito tampoco se ha salvado la Iglesia, mientras en 1995, el 46% de los chilenos señalaba tener mucha confianza en ella, en la actualidad se redujo a un 17%. «¿Es Chile un país católico?», se preguntó San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita que recogía niños pobres abandonados durante la década de los cuarenta y cincuenta en la ribera del río Mapocho, línea que divide a la capital. Las cifras muestran que aún sí, pero bastante menos que el que conoció el Papa Juan Pablo II. En la actualidad, dependiendo de la encuesta, alrededor de un 60% de los chilenos se declara católico, casi 15 puntos menos que a mediados de los noventa. Todo esto, mientras avanzan las iglesias protestantes y un número creciente de chilenos se define como ateos. La visita de san Juan Pablo II hace 30 años fue un mensaje de reconciliación en un país que estaba profundamente dividido y polarizado por su situación política. En su homilía de la santa misa realizada en el Parque O Higgins de Santiago, y en la que beatificó a la carmelita Teresa de los Andes, años después canonizada, llamó a los chilenos de ese entonces a ser «artesanos de la paz» y a que dejaran de lado los prejuicios y recelos. Cifras más, cifras menos, hoy Chile es distinto al que conoció el Papa polaco. Sus carencias pertenecen más a las de un país que entró en la modernidad. Francisco conoce bien a Chile, puesto que sus últimos años de seminario los hizo en este país y como miembro del consejo del CELAM le tocó conocer de cerca la realidad de la región latinoamericana. Sin duda, en su próxima visita vendrá con un mensaje de esperanza (el lema de su visita es «Mi paz les doy») para un pueblo chileno que aún conserva sus raíces católicas, a pesar de la abundancia de discursos de odio a la Iglesia en la opinión pública. Un país mariano, que con su Patrona la Virgen del Carmen, ve como cada año más de un millón de chile- Visita de Juan Pablo ii a Chile en 1987 nos peregrinan a la Virgen de Lo Vásquez (Región de Valparaíso) y 200 mil a la Virgen de la Tirana (Región de Tarapacá que también recibirá a Su Santidad en su paso por Chile), entre otras festividades. Una nación que ha sido educada católicamente por una amplia red de colegios y por una gran Universidad Pontificia de prestigio internacional, y en el que a lo largo de su historia, la Iglesia ha dado acogida de amor cristiano a los que sufren a través de numerosas instituciones de caridad. El Papa Francisco viene a un Chile más reconciliado y más rico que el que visitó san Juan Pablo II, pero que quizás, entre tantos avances, ha olvidado ir a sus propias periferias. *Facultad de Comunicación Universidad de los Andes (Chile) Telegrama del Pontífice por el accidente en Perú El Papa Francisco, a través de un telegrama firmado por el secretario de Estado, ha querido mostrar su cercanía con las víctimas del accidente del pasado martes en Pasamayo. El Santo Padre, vivamente apenado al conocer la dolorosa noticia del accidente de tráfico ocurrido en Pasamayo, que ha ocasionado numerosas víctimas, ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos. Ruego a vuestra excelencia que transmita el sentido pésame de su Santidad, junto con expresiones de consuelo a los familiares que lloran tan sensible pérdida, así como su cercanía espiritual a los heridos, mientras pide al Señor que derrame sobre todos ellos los dones de la serenidad espiritual y de la esperanza cristiana, en prenda de lo cual les imparte de corazón la bendición apostólica. CARDENAL PIETRO PAROLIN SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD

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número 1, viernes 5 de enero de 2018 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Un espacio para la lectura La fe a través de imágenes y metáforas LORENA PACHO PEDROCHE E n ¿Qué pinta Dios hoy? Imágenes y metáforas para comunicar la fe, Fernando Cordero recrea un entorno propicio para la reflexión, para que se generen preguntas y surjan respuestas en torno a la creencia en Dios en la actualidad. Al mismo tiempo ofrece herramientas útiles e inspiradoras para acercar al lector a la espiritualidad, la cristología o la eclesiología a través de citas históricas, orientaciones, reflexiones de pensamientos y experiencias propias vividas por el autor en primera persona. Lo hace además con un lenguaje claro, actual y para todos los públicos. Como el propio Cordero apunta «transmitir la fe, la alegría del Evangelio ha de hacerse en las distancias cortas, comunicando con sencillez y convencimiento, en primer lugar al Dios en quien creemos». A lo largo de las páginas del libro el autor aborda temas variados como la misión compartida combinados con asuntos actuales como las redes sociales, whatsapp o los «padres drones» y otros elementos de la realidad cotidiana que convierten la lectura en amena y agradable. Fernando Cordero, religioso de los Sagrados Corazones, periodista y director de la revista 21, refleja el dinamismo que implica seguir a Jesús buscando parangones y metáforas en distintos fenómenos colectivos, como el deporte, por ejemplo, para conectar con los jóvenes y con los distintos grupos de la sociedad. A este respecto recuerda las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, cuando animó a los participantes a «jugar en el equipo de Jesús»; y utiliza la imagen de un dron como inspiración para mirar ciertos temas como la justicia con otra perspectiva, la de alejarse un poco para ver con claridad lo que ocurre en nuestro entorno, sin dejar de estar involucrados en lo que nos rodea. Con una amplia documentación y gran cantidad de datos y referencias, el autor ha compuesto un libro que invita a la reflexión, a dejarse sorprender, a aprender y también a releerlo, a subrayar las páginas y a hacer anotaciones en los márgenes. Asimismo, los beneficios obtenidos por los derechos de autor van destinados a labores sociales y de pastoral que los Sagrados Corazones llevan a cabo en los suburbios de Manila, en Filipinas.

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 5 de enero de 2018, número 1 El Pontífice habla del acto penitencial que introduce la misa El pecado separa de Dios y de los hermanos El pecado no solamente «nos separa de Dios» sino que «nos divide también de nuestros hermanos»: lo recordó el Pontífice en la Audiencia general del miércoles 3 de enero, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI. Prosiguiendo en el ciclo de catequesis dedicadas a la celebración eucarística, Francisco habló del acto penitencial que introduce la misa. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Retomando las catequesis sobre la celebración eucarística, consideramos hoy, en nuestro contexto de los ritos de introducción, el acto penitencial. En su sobriedad, esto favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, o sea, reconociendo delante de Dios y de los hermanos nuestros pecados, reconociendo que somos pecadores. La invitación del sacerdote, de hecho, está dirigida a toda la comunidad en oración, porque todos somos pecadores. ¿Qué puede donar el Señor a quien tiene ya el corazón lleno de sí, del propio éxito? Nada, porque el presuntuoso es incapaz de recibir perdón, lleno como está de su presunta justicia. Pensemos en la parábola del fariseo y del publicano, donde solamente el segundo —el publicano— vuelve a casa justificado, es decir perdonado (cf Lucas 18, 9-14). Quien es consciente de las propias miserias y baja los ojos con humildad, siente posarse sobre sí la mirada misericordiosa de Dios. Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer los errores y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los otros. Escuchar en silencio la voz de la conciencia permite reconocer que nuestros pensamientos son distantes de los pensamientos divinos, que nuestras palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas, guiadas por elecciones contrarias al Evangelio. Por eso, al principio de la misa, realizamos comunitariamente el acto penitencial mediante una fórmula de confesión general, pronunciada en primera persona del singular. Cada uno confiesa a Dios y a los hermanos «que ha pecado en pensamiento, palabras, obra y omisión». Sí, también en omisión, o sea, que he dejado de hacer el bien que habría podido hacer. A menudo nos sentimos buenos porque —decimos— «no he hecho mal a nadie». En realidad, no basta con hacer el mal al prójimo, es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús. Está bien subrayar que confesamos tanto a Dios como a los hermanos ser pecadores: esto nos ayuda a comprender la dimensión del pecado que, mientras nos separa de Dios, nos divide también de nuestros hermanos, y viceversa. El pecado corta: corta la relación con Dios y corta la relación con los hermanos, la relación en la familia, en la sociedad, en la comunidad: El pecado corta siempre, separa, divide. Las palabras que decimos con la boca están acompañadas del gesto de golpearse el pecho, reconociendo que he pecado precisamente por mi culpa, y no por la de otros. Sucede a menudo que, por miedo o vergüenza, señalamos con el dedo para acusar a otros. Cuesta admitir ser culpables, pero nos hace bien confesarlo con sinceridad. Confesar los propios pecados. Yo recuerdo una anécdota, que contaba un viejo misionero, de una mujer que fue a confesarse y empezó a decir los errores del marido; después pasó a contar los errores de la suegra y después los pecados de los vecinos. En un momento dado, el confesor dijo: «Pero, señora, dígame, ¿ha terminado? — Muy bien: usted ha terminado con los pecados de los demás. Ahora empiece a decir los suyos». ¡Decir los propios pecados! Después de la confesión del pecado, suplicamos a la beata Virgen María, los ángeles y los santos que recen por nosotros ante el Señor. También en esto es valiosa la comunión de los santos: es decir, la intercesión de estos «amigos y modelos de vida» (Prefacio del 1 de noviembre) nos sostiene en el camino hacia la plena comunión con Dios, cuando el pecado será definitivamente anulado. Además del «Yo confieso», se puede hacer el acto penitencial con otras fórmulas, por ejemplo: «Piedad de nosotros, Señor / Contra ti hemos pecado. / Muéstranos Señor, tu misericordia. / Y dónanos tu salvación» (cf Salmo 123, 3; 85, 8; Jeremías 14, 20). Especialmente el domingo se puede realizar la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo (cf OGMR, 51), que cancela todos los pecados. También es posible, como parte del acto penitencial, cantar el Kyrie eléison: con una antigua expresión griega, aclamamos al Señor –Kyrios– e imploramos su misericordia (ibid., 52). La Sagrada escritura nos ofrece luminosos ejemplos de figuras «penitentes» que, volviendo a sí mismos después de haber cometido el pecado, encuentran la valentía de quitar la máscara y abrirse a la gracia que renueva el corazón. Pensemos en el rey David y a las palabras que se le atribuyen en el Salmo. «Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito» (51, 3). Pensemos en el hijo pródigo que vuelve donde su padre; o en la invocación del publicano: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18, 13). Pensemos también en san Pedro, en Zaqueo, en la mujer samaritana. Medirse con la fragilidad de la arcilla de la que estamos hechos es una experiencia que nos fortalece: mientras que nos hace hacer cuentas con nuestra debilidad, nos abre el corazón a invocar la misericordia divina que transforma y convierte. Y esto es lo que hacemos en el acto penitencial al principio de la misa. Al finalizar la catequesis, saludó a los grupos presentes. Estas son las palabras que dedicó a los fieles de lengua española. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Al inicio de este nuevo año, les deseo que sea para ustedes un tiempo de paz y que puedan contemplar el abrazo de amor y ternura del Señor en sus vidas. Los invito a que se renueven interiormente siguiendo el ejemplo de tantos personajes de la Sagrada Escritura, como el Rey David, San Pedro, la samaritana; ellos, a pesar de haber ofendido a Dios, fueron capaces de pedirle perdón con humildad y sinceridad, y pudieron experimentar su misericordia que transforma y da la alegría verdadera. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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