Osservatore Romano 2543

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 48 (2.543) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 1 de diciembre de 2017 Llamados al servicio del Pueblo de Dios Visita apostólica a Myanmar y Bangladés Editorial Minorías vitales GIOVANNI MARIA VIAN EN PÁGINA 10 Jornada mundial 2018 Hombres y mujeres en busca de paz PÁGINAS 8-9 Homilías y discursos del Papa En el continente asiático EN PÁGINAS 2-7 Y 10

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 El llamamiento durante el encuentro con las autoridades de Myanmar Reconciliación nacional y respeto de los derechos tuales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto. Inspirándose en esos valores profundamente arraigados, pueden contribuir también a erradicar las causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren. Es un gran signo de esperanza el que los líderes de las diversas tradiciones religiosas de este país, con espíritu de armonía y de respeto mutuo, se esfuercen en trabajar juntos en favor de la paz, para ayudar a los pobres y educar en los auténticos valores humanos y religiosos. Al tratar de construir una cultura del encuentro y la solidaridad, contribuyen al bien común y sientan las bases morales indispensables en vistas de un futuro de esperanza y prosperidad para las generaciones futuras. Momento central de la segunda jornada del viaje papal a Myanmar fue el encuentro con las autoridades del país, los representantes de la sociedad civil y los miembros del cuerpo diplomático. Francisco les saludó en el International Convention Center de Naypyitaw, donde se dirigió por la tarde del martes 28 de noviembre. A continuación el texto completo del discurso del Pontífice. Señora Consejera de Estado, excelentísimos miembros del Gobierno y Autoridades Civiles, señor Cardenal, venerados Hermanos en el Episcopado, distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático, señoras y señores: Deseo expresar mi viva gratitud por la amable invitación para visitar Myanmar y agradezco a la Señora Consejera de Estado sus cordiales palabras. Doy las gracias de corazón a todos aquellos que han trabajado incansablemente para hacer posible esta visita. He venido especialmente para rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del País. Estoy muy contento de que mi visita se realice tras el establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre Myanmar y la Santa Sede. Quiero ver esta decisión como una señal del compromiso de la nación para continuar buscando el diálogo y la cooperación constructiva dentro de la comunidad internacional, así como también para seguir esforzándose en renovar el tejido de la sociedad civil. Quisiera además en esta visita llegar a toda la población de Myanmar y ofrecer una palabra de aliento a todos aquellos que están trabajando para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo. Myanmar ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones. Ahora que la nación está trabajando por restaurar la paz, la curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual fundamental. Quiero expresar mi agradecimiento al Gobierno por los esfuerzos para afrontar este desafío, de modo particular a través de la Conferencia de Paz de Panglong, que reúne a representantes de los diversos grupos con el objetivo de poner fin a la violencia, generar confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran esta tierra como su hogar. En efecto, el difícil proceso de construir la paz y la reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con la justicia y el respeto de los derechos humanos. La sabiduría de los antiguos ha definido la justicia como la voluntad de reconocer a cada uno lo que le es debido, mientras que los antiguos profetas la consideraban como la base de una paz verdadera y duradera. Estas intuiciones, confirmadas por la trágica experiencia de dos guerras mundiales, condujeron a la creación de las Naciones Unidas y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos como fundamento de los esfuerzos de la comunidad internacional para promover la justicia, la paz y el desarrollo humano en todo el mundo y para resolver los conflictos ya no con el uso de la fuerza, sino a través del diálogo. En este sentido, la presencia del Cuerpo Diplomático entre nosotros testimonia no sólo el lugar que ocupa Myanmar entre las naciones, sino también el Ese futuro está todavía en manos de los jóvenes de la nación. Ellos son un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que produci- rá un fruto abundante si se les ofre- cen oportunidades reales de empleo y una educación de calidad. Esta es una exigencia urgente de justicia in- tergeneracional. El futuro de Myan- compromiso del país por mantener y aplicar estos principios fundamentales. El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo —sin excluir a nadie— ofrecer su contribución legítima al bien común. En la gran tarea de reconciliación e integración nacional, las comunidades religiosas de Myanmar tienen un papel privilegiado que desempeñar. Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación. Las religiones pueden jugar mar, en un mundo interconectado y en rápida evolución, dependerá de la formación de sus jóvenes, no sólo en el campo de la técnica, sino sobre todo en los valores éticos de la honestidad, la integridad y la solidaridad humana, que aseguran la consolidación de la democracia y el aumento de la unidad y la paz en todos los niveles de la sociedad. La justicia intergeneracional también exige que las generaciones futuras reciban en herencia un entorno natural que no esté contaminado por la codicia y la rapacería humana. Es esencial que no se les robe a nuestros jóvenes la esperanza y la posibilidad de emplear su idealismo y su talento en remodelar el futuro de su país, es más, de toda la familia humana. Señora Consejera de Estado, queridos amigos. un papel importante en la cicatriza- En estos días, me gustaría alentar ción de heridas emocionales, espiri- a mis hermanos y hermanas católicos a perseverar en su fe y a seguir anunciando su mensaje de reconciliación Aviso y fraternidad a través de obras de caridad y huma- a los españoles nitarias, que beneficien a toda la sociedad en su conjunto. Espero que, en cooperación respetuosa E l viernes 8 de diciembre, a las 10.00 horas, con motivo de la festividad de la Inmaculada Concepción, se con los seguidores de otras religiones y de todos los hombres y muje- celebrará en la Papal Basílica Santa María res de buena voluntad, la Mayor la Misa oficiada por Su Eminen- contribuyan a abrir una cia Reverendísima el Señor Cardenal Sta- nueva era de concordia y nislaw Rylko, Arcipreste de la Basílica, pa- progreso para los pue- ra rendir el tradicional homenaje religioso blos de esta querida na- a la Virgen. ción. Larga vida a Myan- Se invita a todos los españoles residentes o de paso por Roma a asistir a la solemne ceremonia. mar. Les agradezco su atención y, con los mejores deseos por su servicio al bien común, invoco EMBAJADA DE ESPAÑA ANTE LA SANTA SEDE sobre ustedes los dones celestiales de sabiduría, fortaleza y paz. Gracias. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 En la misa en Yangon el Papa pide vencer la tentación de la rabia y de la venganza Cómo sanar las heridas de la violencia A primera hora de la mañana del miércoles 29 de noviembre, tercer día del viaje en Myanmar, el Papa celebró la misa en el Kyaikkasan Ground, un área de unas 60 hectáreas en el corazón de Yangon. A continuación publicamos el texto de la homilía pronunciada por Francisco. Queridos hermanos y hermanas: Desde antes de venir a este país, he estado esperando que llegara este momento. Muchos de vosotros habéis venido de lejanas y remotas tierras montañosas, algunos incluso a pie. Vengo como peregrino para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo. La primera lectura de hoy, tomada del libro de Daniel, nos ayuda a ver lo limitada que era la sabiduría del rey Baltasar y sus videntes. Ellos sabían cómo alabar «a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra» (Dn 5, 4), pero no poseían la sabiduría para alabar a Dios, en cuyas manos está nuestra vida y nuestro aliento. Daniel, sin embargo, tenía la sabi- del rey en la primera lectura, está profundamente equivocada. Pensamos que la curación pueda venir de la ira y de la venganza. Sin embargo, el camino de la venganza no es el camino de Jesús. El camino de Jesús es radicalmente diferente. Cuando el odio y el rechazo lo condujeron a la pasión y a la muerte, él respondió con perdón y compasión. En el Evangelio de hoy, el Señor nos dice que, al igual que él, también nosotros podemos encontrar rechazo y obstáculos, sin embargo él nos dará una sabiduría a la que nadie puede resistir (cf. Lc 21, 15). Está hablando del Espíritu Santo, gracias al cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5, 5). Con el don de su Espíritu, Jesús nos hace capaces de ser signos de su sabiduría, que vence a la sabiduría de este mundo, Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo. En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de vosotros ofrecéis ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Con el servicio diario de vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas, y en particular a través de la encomiable labor de la Catholic Karuna Myanmar y de la generosa asistencia proporcionada por las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico. Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con vosotros y con vuestros hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. Os animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que habéis recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús. Jesús quiere dar esta sabiduría en abundancia. Él recompensará ciertamente vuestra duría del Señor y fue capaz de interpretar sus grandes misterios. El intérprete definitivo de los misterios de Dios es Jesús. Él es la sabiduría de Dios en persona (cf.1 Co 1, 24). Jesús no nos enseñó su sabiduría con largos discursos o grandes demostraciones de poder político o terreno, sino entregando su vida en la cruz. A veces podemos caer en la trampa de confiar en nuestra propia sabiduría, pero la verdad es que podemos fácilmente desorientarnos. En esos momentos, debemos recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura: el Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios. Desde la cruz también nos llega la curación. Allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curado (cf. 1 Pe 2, 4). Que siempre tengamos la sabiduría de encontrar en las heridas de Cristo la fuente de toda curación. Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles. Existe la tentación de responder a estas heridas con una sabiduría mundana que, como la y de su misericordia, que alivia incluso las heridas más dolorosas. En la víspera de su pasión, Jesús se entregó a sus apóstoles bajo los signos del pan y del vino. En el don de la Eucaristía, no sólo reconocemos, con los ojos de la fe, el don de su cuerpo y de su sangre, sino que también aprendemos cómo encontrar descanso en sus heridas, y a ser purificados allí de todos nuestros pecados y de nuestros caminos errados. Queridos hermanos y hermanas, que encontrando refugio en las heridas de Cristo, podáis saborear el bálsamo saludable de la misericordia del Padre y encontrar la fuerza para llevarlo a los demás, para ungir cada herida y recuerdo doloroso. De esta manera, seréis testigos fieles de la reconciliación y la paz, que Dios quiere que reine en todos los corazones de los hombres y en todas las comunidades. Sé que la Iglesia en Myanmar ya está haciendo mucho para llevar a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente a los más necesitados. Hay muestras claras de que, incluso con medios muy limitados, muchas comunidades anuncian el labor de sembrar semillas de curación y reconciliación en vuestras familias, comunidades y en toda la sociedad de esta nación. ¿No nos dijo él que nadie se puede resistir a su sabiduría (cf. Lc 21, 15)? Su mensaje de perdón y misericordia se sirve de una lógica que no todos querrán comprender y que encontrará obstáculos. Sin embargo, su amor revelado en la cruz, en definitiva, nadie lo puede detener. Es como un GPS espiritual que nos guía de manera inexorable hacia la vida íntima de Dios y el corazón de nuestro prójimo. La Santísima Virgen María siguió a su Hijo hasta la oscura montaña del Calvario y nos acompaña en cada paso de nuestro viaje terrenal. Que ella nos obtenga la gracia de ser mensajeros de la verdadera sabiduría, profundamente misericordiosos con los necesitados, con la alegría que proviene de encontrar descanso en las heridas de Jesús, que nos amó hasta el final. Que Dios os bendiga a todos. Que Dios bendiga a la Iglesia en Myanmar. Que él bendiga a esta tierra con su paz. Que Dios bendiga a Myanmar.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 E s una gran alegría para mí estar hoy con vosotros. Agradezco al Ven. Bhaddanta Kumarabhivamsa, Presidente del Comité de Estado Sangha Maha Nayaka, por sus palabras de bienvenida y por el esfuerzo realizado para organizar mi visita hoy aquí. Los saludo a todos, y agradezco de modo particular la presencia de Su Excelencia Thura Aung Ko, Ministro para los Asuntos Religiosos y la Cultura. Nuestro encuentro es una ocasión importante para renovar y reforzar los lazos de amistad y de respeto que unen a los budistas y a los católicos. Es también una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos los hombres y mujeres. No sólo en Myanmar, sino también en todo el mundo, las personas necesitan que los líderes religiosos den este testimonio común. Porque, cuando nosotros hablamos con una sola voz, afirmando el valor perenne de la justicia, de la paz y de la dignidad fundamental de todo ser humano, ofrecemos una palabra de esperanza. Ayudamos a los budistas, a los católicos y a todos a luchar por alcanzar una mayor armonía en sus comunidades. En todas las épocas, la humanidad ha experimentado injusticias, momentos de conflicto y desigualdades entre las personas. En nuestro tiempo, estas dificultades parecen ser particularmente graves. Las heridas causadas por los conflictos, la pobreza y la opresión persisten, y crean nuevas divisiones, aunque la sociedad haya alcanzado un gran progreso tecnológico y las personas en el mundo sean cada vez más conscientes de que comparten la misma naturaleza humana y el mismo destino. Frente a estos desafíos, jamás debemos resignarnos. Sobre las bases de nuestras respectivas tradiciones espirituales, sabemos que existe un camino que nos permite avanzar, que lleva a la curación, a la mutua comprensión y al respeto. Un camino basado en la compasión y en el amor. Manifiesto mi estima a todos los que en Myanmar viven según las tradiciones religiosas del Budismo. A través de las enseñanzas de Buda, y el testimonio elocuente de muchos monjes y monjas, la gente de esta tierra ha sido formada en los valores de la paciencia, de la tolerancia y del respeto por la vida, así como en una espiritualidad atenta y profundamente respetuosa de nuestro medio ambiente. Como sabemos, estos valores son esenciales para un desarrollo integral de la sociedad, a partir de la familia, que es la unidad más pequeña pero más esencial, para luego extenderse a la red de relaciones que nos ponen en estrecha conexión —relaciones enraizadas en la cultura, en la pertenencia étnica y nacional, pero en definitiva enraizadas en la pertenencia a la misma naturaleza humana. En una auténtica cultura del encuentro, estos valores fortalecen a nuestras comunidades y las ayudan para que puedan iluminar al conjunto de la sociedad con esa luz tan necesaria. El gran desafío de nuestros días es el de ayudar a las personas a que se abran a la trascendencia. A que sean capaces de mirar en su interior y de conocerse a sí mismas de manera que puedan reconocer la interconexión recíproca con los demás. Darse cuenta de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros. Si debemos estar unidos, como es nuestro propósito, es necesario superar todas las formas de incomprensión, de intolerancia, de prejuicio y de odio. Compromiso común para combatir odio e intolerancia Una sola voz para hablar de esperanza Después de la comida en el arzobispado el Papa llegó al Kaba Aye Center, lugar símbolo del budismo theravada, donde en la tarde del miércoles 29 de noviembre se reunió con el consejo supremo «sangha» de los monjes budistas. A continuación el texto del discurso pronunciado por el Pontífice. ¿Cómo podemos hacerlo? Las palabras de Buda nos ofrecen a todos una guía: «Conquista al hombre airado mediante el amor; conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad; conquista al avaro mediante la generosidad; conquista al mentiroso mediante la verdad» (Dhammapada, XVII, 223). Son sentimientos parecidos a los que se expresan en la oración atribuida a san Francisco de Asís: «Señor, hazme instrumento de tu paz. Que donde hay odio, yo ponga el amor. Que donde hay ofensa, yo ponga el perdón […]. Que donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que donde hay tristeza, yo ponga la alegría». Que esta sabiduría siga animando todos los esfuerzos que se realizan para promover la paciencia y la comprensión, y para curar las heridas de los conflictos que a lo largo de los años han dividido a personas de distintas culturas, etnias y convicciones religiosas. Estos esfuerzos no son sólo prerrogativas de los líderes religiosos, ni competencia exclusiva del Estado. Al contrario, la sociedad en su conjunto, todos aquellos que viven en la comunidad, son los que deben compartir la tarea de superar el conflicto y la injusticia. Sin embargo, los líderes civiles y religiosos tienen la responsabilidad propia de garantizar que cada voz sea escuchada, de forma que se puedan comprender con claridad y confrontar en un espíritu de imparcialidad y de recíproca solidaridad los desafíos y las necesidades del momento presente. Felicito al Panglong Peace Conference por el trabajo que está desarrollando en este ámbito, y ruego para que los que guían este esfuerzo puedan seguir promoviendo una mayor participación de todos los que viven en Myanmar. Esto ayudará al compromiso de avanzar en la paz, la seguridad y una prosperidad que incluya a todos. Ciertamente, para que estos esfuerzos produzcan frutos duraderos, se necesitará una mayor cooperación entre los líderes religiosos. A este respecto, deseo que sepáis que la Iglesia Católica es un interlocutor disponible. Los momentos de encuentro y de diálogo entre los líderes religiosos demuestran que son un factor importante en la promoción de la justicia y de la paz en Myanmar. Sé que el pasado mes de abril la Conferencia de los Obispos Católicos ha organizado un encuentro de dos días sobre la paz, en el que han participado los líderes de las diferentes comunidades religiosas, junto a embajadores y representantes de agencias no gubernamentales. Estos encuentros son esenciales para profundizar en el conocimiento recíproco y afirmar los lazos que nos unen y nuestro destino común. La justicia auténtica y la paz consolidada se alcanzan sólo cuando están garantizadas para todos. Queridos amigos, que los budistas y los católicos caminemos juntos a lo largo de este sendero de curación, y trabajemos hombro con hombro por el bien de cada uno de los habitantes de esta tierra. En las Escrituras Cristianas, el apóstol Pablo anima a sus oyentes a alegrarse con los que están alegres, y a llorar con los que lloran (cf. Rm 12, 15), llevando con humildad los unos las cargas de los otros (cf. Ga 6, 2). En nombre de mis hermanos y hermanas católicos, expreso nuestra disponibilidad para seguir caminando con vosotros y sembrar semillas de paz y de curación, de compasión y de esperanza en esta tierra. Os doy las gracias nuevamente por haberme invitado a estar hoy aquí con vosotros. Invoco sobre todos la bendición divina de la alegría y de la paz.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 Mensajeros de reconciliación El encuentro con los obispos de Myanmar —que tuvo lugar en la tarde del miércoles 29 de noviembre, en un salón del complejo contiguo al arzobispado de Yangon— concluyó la tercera jornada de la visita papal. Publicamos a continuación el texto del discurso pronunciado por Francisco. Eminencia, queridos hermanos en el episcopado: Para todos nosotros ha sido una jornada llena, pero de gran alegría. Esta mañana hemos celebrado la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y por la tarde hemos encontrado a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País. Agradezco a Mons. Félix [Lian Khen Thang] por las palabras de saludo que en vuestro nombre me ha dirigido. A todos os abrazo con gran afecto en el Señor. Quisiera ordenar mis pensamientos en torno a tres palabras: sanación, acompañamiento y profecía. La primera, sanación. El Evangelio que predicamos es sobre todo un mensaje de sanación, reconciliación y paz. Mediante la sangre de Cristo en la cruz, Dios ha reconciliado el mundo consigo y nos ha invitado a ser mensajeros de esta gracia sanadora. Aquí en Myanmar, este mensaje tiene un eco particular, puesto que el País está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional. Vuestras comunidades llevan las marcas de este conflicto y han dado testigos valientes de la fe y de las antiguas tradiciones; para vosotros, por tanto, la predicación del Evangelio no debe ser sólo una fuente de consolación y de fortaleza, sino también una llamada a favorecer la unidad, la caridad y la sanación en la vida del pueblo. La unidad que compartimos y celebramos nace de la diversidad. Esta valora las diferencias entre las personas como fuente de enriquecimiento mutuo y de crecimiento; los llama a vivir unidos en una cultura del encuentro y la solidaridad. Que experimentéis constantemente en vuestro ministerio episcopal la guía y la ayuda del Señor, empeñándoos en favorecer la sanación y la comunión en cada ámbito de la vida de la Iglesia, de modo que el santo Pueblo de Dios, por medio de su ejemplo de perdón y de amor reconciliador, pueda ser sal y luz para todos los corazones que aspiran a esa paz que el mundo no puede dar. La comunidad católica en Myanmar puede estar orgullosa de su testimonio profético de amor a Dios y al prójimo, que se expresa en el compromiso con los pobres, con los que están privados de derechos y sobre todo, en este tiempo, con tantos desplazados que, por así decirlo, yacen heridos a los bordes del camino. Os pido que trasmitáis mi agradecimiento a todos los que, como el Buen Samaritano, trabajan con generosidad para llevar el bálsamo de la sa- El Pontífice a los obispos de Myanmar Foto de grupo en la catedral de Santa María en Yangon (Epa/Andrew Medichini) nación a quienes lo necesitan, sin tener en cuenta la religión ni la etnia. Vuestro ministerio de sanación encuentra una expresión particular en el compromiso con el diálogo ecuménico y la colaboración interreligiosa. Pido para que vuestros esfuerzos continuos en la construcción de puentes de diálogo y en la unión con los seguidores de otras religiones, a fin de tejer una red de relaciones pacíficas, produzcan frutos abundantes para la reconciliación de la vida del País. La conferencia de paz interreligiosa que tuvo lugar en Yangon la pasada primavera es un testimonio importante, ante el mundo, de la determinación de las religiones para vivir en paz y rechazar cualquier acto de violencia y de odio perpetrado en nombre de la religión. En esta sanación se debe recordar que la Iglesia es un «hospital de campaña». Curar, curar las heridas, curar las almas, curar. Esta es vuestra primera misión, curar, curar a los heridos. La segunda palabra que os propongo esta tarde es acompañamiento. Un buen pastor está constantemente presente ante su grey, conduciéndola mientras camina junto a ella. Como me gusta decir, el pastor debería oler a oveja; pero también el olor a Dios, no os olvidéis, también el olor a Dios. En estos tiempos estamos llamados a ser una «Iglesia en salida» para llevar la luz de Cristo a cada periferia (cf. Evangelii gaudium, 20). En cuanto Obispos, vuestras vidas y vuestro ministerio están llamados a conformarse a este espíritu de compromiso misionero, sobre todo a través de las visitas pastorales regulares a las parroquias y las comunidades que forman vuestras Iglesias locales. Este es un medio privilegiado para que, como padres premurosos, acompañéis a vuestros sacerdotes en el compromiso cotidiano por hacer crecer la grey en santidad, fidelidad y espíritu de servicio. He hablado de acompañar a los sacerdotes: Estad cerca de los sacerdotes, no olvidéis que el prójimo más cercano que el obispo tiene es el sacer- dote. Que cada sacerdote no sólo sepa, sino que sienta que tiene un padre en el obispo. Por gracia de Dios, la Iglesia en Myanmar ha heredado de quienes trajeron el Evangelio a esta tierra una fe sólida y un ferviente afán misionero. Sobre estos firmes fundamentos, y en comunión con los presbíteros y los religiosos, seguid inculcando al laicado el espíritu de un auténtico discipulado misionero, buscando una sabia inculturación del mensaje evangélico en la vida cotidiana y en las tradiciones de vuestras comunidades locales. A este respecto, la cooperación de los catequistas es esencial; su enriquecimiento formativo debe continuar siendo una prioridad para vosotros. Y no olvidéis que, en cada parroquia, los catequistas son los pilares de la evangelización. Sobre todo, quisiera pediros un esfuerzo especial para acompañar a los jóvenes. Ocupaos de su formación en los sanos principios morales, que los guíen para afrontar los desafíos de un mundo amenazado por las colonizaciones ideológicas y culturales. El próximo Sínodo de los Obispos no sólo se referirá a estos aspectos, sino que interpelará directamente a los jóvenes, escuchando sus historias e involucrándolos en un discernimiento común sobre cómo proclamar mejor el Evangelio en los próximos años. Una de las grandes bendiciones de la Iglesia de Myanmar es su juventud y, en particular, el número de seminaristas y de jóvenes religiosos. Por esto, demos gracias a Dios. Siguiendo el espíritu del Sínodo, por favor, involucradlos y sostenedlos en su camino de fe, porque están llamados, a través de su idealismo y entusiasmo, a ser evangelizadores alegres y convincentes de sus coetáneos. Mi tercera palabra para vosotros es profecía. La Iglesia de Myanmar testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. Poned a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables. Estoy convencido de que la estrategia pastoral quinquenal, que la Iglesia ha desarrollado dentro del más amplio contexto de la construcción del Estado, dará frutos abundantes no sólo para el futuro de las comunidades locales, sino también para todo el País. Me refiero de modo especial a la necesidad de proteger el ambiente y de asegurar un correcto uso de los ricos recursos naturales del País en beneficio de las generaciones futuras. La protección del don divino de la creación no puede separarse de una sana ecología humana y social. En efecto, «el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» (Laudato si’, 70). Queridos hermanos en el episcopado, doy las gracias a Dios por este momento de comunión y ruego para que este estar juntos nos refuerce en el compromiso de ser pastores fieles y servidores de la grey que Cristo nos ha confiado. Sé que vuestro ministerio es arduo y que, junto con vuestros sacerdotes, fatigáis a menudo bajo «el peso del día y el bochorno» (Mt 20, 12). Os exhorto a mantener el equilibrio en la salud física sin olvidar la espiritual, en preocuparos de modo paternal por la salud de vuestros sacerdotes. Y hablando de salud espiritual, recuerdan la primera obligación del obispo. Cuando los primeros cristianos recibieron las quejas de los helenistas porque no estaban bien atendidas sus viudas y sus hijos, se reunieron los apóstoles e «inventaron» los diáconos. Y Pedro anunció esta noticia y comunicó también la obligación que tiene el obispo diciendo así: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra» (cf. Hch 6, 1-6). La oración es el primer deber del Obispo. Cada uno de nosotros, obispos, tendrá que preguntarse, al final de la jornada, en el examen de conciencia: «¿Cuántas horas he rezado hoy?". Queridos hermanos, os exhorto a mantener el equilibrio entre la salud física y espiritual. Sobre todo, os animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de vuestra identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de vuestra predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducís al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad. Con gran afecto invoco la gracia del Señor sobre vosotros, los sacerdotes, los religiosos y todos los laicos de vuestras Iglesias locales. Os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. Y ahora os invito a rezar todos juntos, vosotros en birmano y yo en español, el Ave María a la Virgen. [Dios te salve María] Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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página 6 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 Jóvenes con los trajes tradicionales del país (Reuters/Damir Sagolj) Gritad no con la voz sino con la vida A los jóvenes de Myanmar el Papa pide no tener miedo La última cita pública del Papa en Myanmar fue con los jóvenes, reunidos en gran número en la catedral de Yangon para participar en la misa del jueves 30 de noviembre, por la mañana. A continuación, el texto de la homilía pronunciada por el Pontífice. A punto de concluir mi visita a vuestro hermoso país, me uno a vuestra acción de gracias a Dios por tantos dones que nos ha concedido en estos días. Mirándoos a vosotros, jóvenes de Myanmar, y a todos los que desde otros lugares se unen a nosotros, quisiera compartir con vosotros una frase de la primera lectura de hoy que resuena en mi interior. Está tomada del profeta Isaías, y san Pablo la repitió en su carta a la joven comunidad cristiana de Roma. Escuchemos una vez más esas palabras: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!» (Rm 10, 15; cf. Is 52, 7). Queridos jóvenes de Myanmar, después de haber escuchado vuestras voces y haberos oído cantar hoy, os aplico a vosotros esas palabras. Sí, son hermosos vuestros pasos; vuestra presencia es hermosa y alentadora, porque nos traéis «buenas noticias», la buena nueva de vuestra juventud, de vuestra fe y de vuestro entusiasmo. Así es, vosotros sois una buena noticia, porque sois signos concretos de la fe de la Iglesia en Jesucristo, que nos hace experimentar un gozo y una esperanza que nunca morirán. Algunos se preguntan cómo es posible hablar de buenas noticias cuando tantas personas a nuestro alrededor están sufriendo. ¿Dónde están las buenas noticias cuando hay tanta injusticia, pobreza y miseria que proyectan su sombra sobre nosotros y nuestro mundo? Quiero que de aquí salga un mensaje muy claro. Quiero que la gente sepa que vosotros, muchachos y muchachas de Myanmar, no tenéis miedo a creer en la buena noticia de la misericordia de Dios, porque esta tiene un nombre y un rostro: Jesucristo. Como mensajeros de esta buena nueva, estáis listos para llevar una palabra de esperanza a la Iglesia, a vuestro país y al mundo en general. Estáis dispuestos a llevar la Buena Noticia a vuestros hermanos y hermanas que sufren y que necesitan vuestras oraciones y vuestra solidaridad, pero también vuestra pasión por los derechos humanos, por la justicia y porque crezcan el amor y la paz que Jesús nos da. Quiero también plantearos un desafío. ¿Escuchasteis con atención la primera lectura? Allí, san Pablo repite tres veces la palabra «sin». Es una palabra sencilla, pero que nos hace pensar sobre nuestro papel en el proyecto de Dios. En efecto, Pablo propone tres preguntas que yo quiero dirigir a cada uno de vosotros personalmente. La primera, ¿cómo puede alguien creer en el Señor sin haber oído hablar de él? La segunda, ¿cómo puede alguien oír hablar del Señor sin un mensajero que lo anuncie? Y la tercera, ¿cómo puede haber un mensajero sin ser enviado? (cf. Rm 10, 14-15). Me gustaría que todos vosotros pensarais profundamente en estas preguntas. ¡Pero no tengáis miedo! Como buen «padre» (¡aunque mejor sería decir «abuelo»!), no quiero dejaros solos ante estas preguntas. Permitidme que os ofrezca algunas ideas que puedan guiaros en el camino de fe y ayudaros a discernir qué es lo que el Señor os está pidiendo.La primera pregunta de san Pablo es: «¿Cómo puede alguien creer en el Señor sin haber oído hablar de él?». Nuestro mundo está lleno de ruidos y distracciones, que pueden apagar la voz de Dios. Para que otros se sientan llamados a escucharlo y a creer en él, necesitan descubrirlo en personas que sean auténticas. Personas que sepan escuchar. Seguro que vosotros queréis ser genuinos. Pero sólo el Señor os puede ayudar a serlo. Por eso hablad con él en la oración. Aprended a escuchar su voz, hablándole con calma desde lo más profundo de vuestro corazón. Pero hablad también con los santos, nuestros amigos del cielo que nos sirven de ejemplo. Como san Andrés, cuya fiesta celebramos hoy. Andrés fue un sencillo pescador que acabó siendo un gran mártir, un testigo del amor de Jesús. Pero antes de llegar a ser mártir, cometió sus errores, tuvo que ser paciente y aprender gradualmente a ser un verdadero discípulo de Cristo. Así que no tengáis miedo de aprender de vuestros propios errores. Dejad que los santos os guíen hacia Jesús y os enseñen a poner vuestras vidas en sus manos. Sabed que Jesús está lleno de misericordia. Por lo tanto, compartid con él todo lo que lleváis en vuestros corazones: vuestros miedos y preocupaciones, así como vuestros sueños y esperanzas. Cultivad la vida interior, como cuidaríais un jardín o un campo. Esto lleva tiempo; requiere paciencia. Pero al igual que un agricultor sabe esperar que lo cultivado crezca, así también a vosotros, si sabéis esperar, el Señor os hará dar mucho fruto, un fruto que luego podréis compartir con los demás. La segunda pregunta de Pablo es: «¿Cómo van a oír hablar de Jesús sin un mensajero que lo anuncie?». Esta es una gran tarea encomendada de manera especial a los jóvenes: ser «discípulos misioneros», mensajeros de la buena noticia de Jesús, sobre todo para vuestros compañeros y amigos. No tengáis miedo de hacer lío, de plantear preguntas que hagan pensar a la gente. Y no os preocupéis si a veces sentís que sois pocos y dispersos. El Evangelio siempre crece a partir de pequeñas raíces. Por eso haceos oír. Os pido que gritéis, pero no con vuestras voces, no, quiero que gritéis, para ser con vuestra vida, con vuestros corazones, signos de esperanza para los que están desanimados, una mano tendida para el enfermo, una sonrisa acogedora para el extranjero, un apoyo solícito para el que está solo. La última pregunta de Pablo es: «¿Cómo puede haber un mensajero sin que sea enviado?». Al final de esta Misa, todos seremos enviados, para llevar con nosotros los dones que hemos recibido y compartirlos con los demás. Esto puede provocar un poco de desánimo, ya que no siempre sabemos a dónde nos puede enviar Jesús. Pero él nunca nos manda sin caminar al mismo tiempo a nuestro lado, y siempre un poquito por delante de nosotros, para llevarnos a nuevas y maravillosas partes de su reino. ¿Cómo envía nuestro Señor a san Andrés y a su hermano Simón Pedro en el Evangelio de hoy? «¡Seguidme!», les dice (Mt 4, 19). Eso es lo que significa ser enviado: seguir a Cristo, y no lanzarnos por delante con nuestras propias fuerzas. El Señor invitará a algunos de vosotros a seguirlo como sacerdotes, y de esta forma convertirse en «pescadores de hombres». A otros los llamará a la vida religiosa, a otros a la vida matrimonial, a ser padres y madres amorosos. Cualquiera que sea vuestra vocación, os exhorto: ¡sed valientes, sed generosos y, sobre todo, sed alegres! Aquí, en esta hermosa Catedral dedicada a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, os animo a que miréis a María. Cuando ella respondió «sí» al mensaje del ángel, era joven, como vosotros. Sin embargo, tuvo el valor de confiar en la «buena noticia» que había escuchado, y de traducirla en una vida de consagración fiel a su vocación, de entrega total de sí y completa confianza en los cuidados amorosos de Dios. Que siguiendo el ejemplo de María, llevéis a Jesús y su amor a los demás con sencillez y valentía. Queridos jóvenes, con gran afecto os encomiendo a vosotros y a vuestras familias a su maternal intercesión. Y os pido, por favor, que os acordéis de rezar por mí. Dios bendiga a Myanmar [Myanmar pyi ko Payarthakin Kaung gi pei pa sei]

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 7 El discurso de Francisco a las autoridades de Bangladés a su llegada al aeropuerto de Daca Respeto a las diversidades legítimas El jueves 30 de noviembre, por la tarde, Francisco llegó a Bangladés, segunda etapa del viaje iniciado el lunes 27 en Myanmar. La primera cita pública fue con las autoridades y los representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático, a los que encontró en el palacio presidencial en Daca. A continuación, el texto del discurso pronunciado por el Pontífice. Señor Presidente, distinguidas autoridades del Estado y autoridades civiles, señor Cardenal, hermanos Obispos, miembros del Cuerpo Diplomático, señoras y señores: Al comienzo de mi estancia en Bangladesh, quisiera darle las gracias, señor Presidente, por la amable invitación a visitar este país y por sus cordiales palabras de bienvenida. Vengo siguiendo los pasos de dos de mis predecesores, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, para orar con mis hermanos y hermanas católicos y ofrecerles un mensaje de afecto y aliento. Bangladesh es un estado joven, sin embargo siempre ha ocupado un lugar especial en el corazón de los Papas, quienes desde el principio han mostrado su solidaridad con este pueblo, acompañándolo en la superación de las adversidades iniciales, y lo han apoyado en la exigente tarea de construir una nación y su desarrollo. Agradezco la oportunidad que se me concede para dirigirme a esta asamblea, que reúne a hombres y mujeres que tienen una responsabilidad concreta en ir dando forma al futuro de la sociedad de Bangladesh. ción nacional. Él imaginó una sociedad moderna, plural e inclusiva en la que cada persona y comunidad pudiese vivir en libertad, paz y seguridad, respetando la innata dignidad y la igualdad de derechos para todos. El futuro de esta joven democracia y el tener una vida política sana están esencialmente vinculados a la fidelidad a esa visión fundante. En efecto, sólo a través del diálogo sincero y el respeto por la diversidad legítima, puede un pueblo reconciliar las divisiones, superar perspectivas unilaterales y reconocer la vali- temporal y lo necesario para la vida. Esto se ha realizado con no poco sacrificio. Y todo el mundo lo ha podido contemplar. Ninguno de nosotros puede ignorar la gravedad de la situación, el inmenso costo en términos de sufrimiento humano y de la precaria condición de vida de tantos de nuestros hermanos y hermanas, la mayoría de los cuales son mujeres y niños, hacinados en los campos de refugiados. Es necesario que la comunidad internacional tome medidas decisivas para hacer frente a esta grave crisis, no sólo trabajando para resolver los problemas políticos que han provocado el desplazamiento masivo de personas, sino también ofreciendo asistencia material inmediata a Bangladesh en su esfuerzo por responder eficazmente a las urgentes necesidades humanas. Durante el vuelo que me ha traído hasta aquí, me han recordado que Bangladesh «Golden Bengal» es un país unido por una vasta red de ríos y canales, grandes y pequeños. Esta belleza natural es, me parece, un símbolo de su identidad particular como pueblo. Bangladesh es una nación que se esfuerza por conseguir una unidad de lengua y de cultura, respetando las diferentes tradiciones y comunidades que fluyen como arroyos de agua que enriquecen continuamente el gran cauce de la vida política y social del país. En el mundo de hoy, ninguna comunidad, nación o estado puede sobrevivir y progresar aisladamente. Como miembros de la única familia humana, nos necesitamos unos a otros y somos dependientes unos de otros. El PresidenteSheikh Mujibur Rahman comprendió y buscó incorporar este principio en la Constitu- El Papa plantó un árbol en el Monumento a los Mártires de Savar, siguiendo la tradición del lugar dez de los puntos de vista divergentes. Porque el verdadero diálogo mira hacia el futuro, construye la unidad en el servicio del bien común y se preocupa por las necesidades de todos los ciudadanos, especialmente de los pobres, los desfavorecidos y los que no tienen voz. En los últimos meses, el espíritu de generosidad y solidaridad, que es un signo distintivo de la sociedad de Bangladesh, se ha manifestado con más fuerza en el impulso humanitario con el que han atendido a los refugiados llegados en masa del Estado de Rakhine, dándoles refugio Aunque mi visita esté dirigida principalmente a la comunidad católica de Bangladesh, mi encuentro de mañana en Ramna con líderes ecuménicos e interreligiosos será un momento privilegiado. Juntos oraremos por la paz y reafirmaremos nuestro compromiso de trabajar por ella. Bangladesh es conocido por la armonía que tradicionalmente ha existido entre los seguidores de las diversas religiones. Esta atmósfera de respeto mutuo y un creciente clima de diálogo interreligioso, permite a los creyentes expresar libremente sus convicciones más profundas sobre el significado y la finalidad de la vida. De esta manera, ellos pueden contribuir a promover los valores espirituales que son la base segura para una sociedad justa y pacífica. En un mundo en el que la religión a menudo se usa escandalosamente para fomentar la división, el testimonio de su poder reconciliador y unificador es muy necesario. Esto se ha manifestado de manera particularmente elocuente en la reacción unánime de indignación que siguió al brutal ataque terrorista del año pasado aquí en Dhaka, y en el claro mensaje que las autoridades religiosas de la nación han enviado de que el santísimo nombre de Dios nunca se puede invocar para justificar el odio y la violencia contra otros seres humanos, nuestros semejantes. Los católicos de Bangladesh, aunque son relativamente pocos, intentan desempeñar un papel constructivo en el desarrollo de la nación, especialmente a través de sus escuelas, clínicas y dispensarios. La Iglesia aprecia la libertad que goza toda la nación de practicar su propia fe y realizar sus obras de caridad, entre ellas la de proporcionar a los jóvenes, que representan el futuro de la sociedad, una educación de calidad y una formación en sólidos valores éticos y humanos. En sus escuelas, la Iglesia busca promover una cultura del encuentro que permita a los estudiantes asumir sus responsabilidades en la vida de la sociedad. De hecho, la gran mayoría de los estudiantes en estas escuelas y muchos de los maestros no son cristianos, sino que provienen de otras tradiciones religiosas. Estoy convencido de que, en sintonía con la letra y el espíritu de la Constitución nacional, la comunidad católica seguirá disfrutando de la libertad de llevar a cabo estas buenas obras como expresión de su compromiso por el bien común. Señor Presidente, queridos amigos: Les agradezco su atención y les aseguro mis oraciones para que, en sus altas responsabilidades, estén siempre inspirados por los nobles ideales de justicia y de servicio a sus conciudadanos. Sobre ustedes, y sobre todo el pueblo de Bangladesh, invoco del Todopoderoso las bendiciones de armonía y paz.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 8/9 Dan Kitwood (Getty Images) Los «migrantes y refugiados: hombres y mujeres en busca de paz» están en el centro del mensaje del Papa por la 51ª Jornada mundial de la paz, que se celebrará el 1 de enero de 2018. 1. Un deseo de paz Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad1, es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración. De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»2. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino. Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental. Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados. El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu»3. Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir4. 2. ¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes? Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles Hombres y mujeres en busca de paz Dedicado a los migrantes y refugiados el mensaje del Papa para la Jornada mundial 2018 en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, “limpiezas étnicas”»5, que habían marcado el siglo XX. En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales. Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro imposible de construir»6. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la encíclica Laudato si’, «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental»7. La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven for- zados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta. En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano8. Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz. 3. Una mirada contemplativa La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir»9. Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella. Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»10; en otras palabras, realizando la promesa de la paz. Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes. Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad»11, es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos. Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados. 4. Cuatro piedras angulares para la acción Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar12. «Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles»13. «Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda»14. «Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto»15. Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios»16. 5. Una propuesta para dos Pactos internacionales Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia. El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerles mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios. La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción17 como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas. Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades. 6. Por nuestra casa común Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en “casa común”»18. A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable. Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017. Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria. Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz»19. Vaticano, 13 de noviembre de 2017. Memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes. 1 Cf. Lc 2,14. 2 Ángelus, 15 enero 2012. 3 Juan XXIII, Carta. enc. Pacem in terris, 57. 4 Cf. Lc 14,28-30. 5 Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000, 3. 6 Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2013. 7 Laudato si’, n. 25. 8 Cf. Discurso a los Participantes en el Encuentro de Responsables nacionales de la pastoral de migraciones organizado por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), 22 septiembre 2017. 9 Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2011. 10 Exhort. ap. Evangelii gaudium, 71. 11 Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 57 [en español, n. 106]. 12 Cf. Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018, 15 agosto 2017. 13 Hb 13,2. 14 Sal 146,9. 15 Dt 10,18-19. 16 Ef 2,19. 17 «20 Puntos de Acción Pastoral» y «20 Puntos de Acción para los Pactos Globales» (2017). Cf. Documento ONU A/72/528. 18 Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2004, 6. 19 St 3,18.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 Minorías vitales GIOVANNI MARIA VIAN U n cuarto de hora bastó al Papa para despedirse del pueblo de Myanmar en el modo en el que deseaba, es decir, encontrándolo sin formalidad. La conclusión temprana de la misa en la catedral de Yangon permitió, de hecho, al Pontífice recorrer la hermosa iglesia neogótica de finales del siglo XIX entre dos alegres hileras de chicos y chicas. Sin prisa, apoyándose en la cruz de procesión de Pablo VI, su actual sucesor se detuvo con muchos centenares de jóvenes, procedentes de decenas de etnias diversas, para saludarlos de cerca. Y ellos correspondieron, buscando y estrechando la mano ofrecida por Francisco o la cruz con la figura de Cristo llevada por el Pontífice, esbozando repetidamente en una mezcla de lenguas «Papa Francis we love you». En una atmósfera entusiasta que a Bergoglio le gustó realmente y que lo envolvió con afecto y calidez poco antes de la salida hacia Bangladés, donde llegó a primera hora de la tarde. Algo que une a los dos países visitados por el Pontífice en este viaje asiático es el hecho de que los católicos y los cristianos son minorías minúsculas. Que Bergoglio quiere encontrar para apoyarlos y alentarlos a un testimonio misionero no autoritario y más afectivo. «No tengáis miedo si a veces sentís que sois pocos y estáis dispersos. El Evangelio siempre crece a partir de pequeñas raíces. Por eso, haceos oir. Os pido que gritéis, pero no con vuestras voces, no, quiero que gritéis, para ser con vuestra vida, con vuestros corazones, signos de esperanza para los que están desanimados, una mano tendida para el enfermo, una sonrisa acogedora para el extranjero, un apoyo solícito para el que está solo» dijo a los jóvenes reunidos en la catedral de Yangon. Realidad de minorías, pero vitales, que volvió en el primer discurso del Papa en Daca. Aquí, en el palacio presidencial habló a las autoridades de la nación, muy populosa y casi totalmente musulmana, acogido por el presidente. «Los católicos de Bangladesh, aunque son relativamente pocos, intentan desempeñar un papel constructivo en el desarrollo de la nación, especialmente a través de sus escuelas, clínicas y dispensarios» dijo el Pontífice. Que después señaló el aprecio general por el compromiso educativo: en los institutos católicos, de hecho, donde «la gran mayoría de los estudiantes y muchos de los profesores» son de otras religiones, la Iglesia sin hacer distinciones y contando con la libertad establecida en la constitución nacional, «busca promover una cultura del encuentro que permita a los estudiantes asumir sus responsabilidades en la vida de la sociedad», remarcó. Volviendo después sobre el drama de los refugiados, casi totalmente musulmanes, procedentes del estado vecino de Rakhine y acogidos con gran generosidad por Bangladés «bajo los ojos del mundo entero», el Pontífice describió «la precaria condición de vida de tantos de nuestros hermanos y hermanas, la mayoría de los cuales son mujeres y niños, hacinados en los campos de refugiados» y lanzó un nuevo llamamiento a la comunidad internacional. Para que intervenga, políticamente para resolver la crisis y sobre el plano humanitario para socorrer a los refugiados. El Pontífice recuerda a los nuevos sacerdotes que los fieles les sostienen Llamados al servicio del Pueblo de Dios «Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría». Esta fue la invitación que el Papa Francisco realizó durante la homilía de la misa celebrada en Suhrawardy Udyan Park, Daca, en su segundo día en Bangladés. Durante la celebración eucarística, el Pontífice ordenó a 16 sacerdotes. A continuación publicamos la homilía pronunciada. Queridos hermanos: Ahora que estos hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia. Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres. Él mismo, enviado por el Padre, envió, a su vez, a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio están llamados al servicio del pueblo de Dios. Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados al sacerdocio en el Orden de los presbíteros, para hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo. A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios. Os corresponderá también la función de santificar en Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta. Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva. Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios. Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo. Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, podáis conducirlos al Padre. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido. Ahora deseo dirigirme a vosotros, queridos hermanos y hermanas que habéis venido a esta fiesta, a esta gran fiesta de Dios en la ordenación de estos hermanos sacerdotes. Sé que muchos de vosotros habéis venido desde lejos, viajando más de dos días… Gracias por vuestra generosidad. Esto demuestra el amor que tenéis a la Iglesia, esto indica el amor que vosotros tenéis a Jesucristo. Muchas gracias. Gracias por vuestra generosidad, muchas gracias por vuestra fidelidad. Seguid adelante con el espíritu de las Bienaventuranzas. Y os pido a vosotros, hoy os ruego: rezad siempre por vuestros sacerdotes, especialmente por los que hoy recibirán el sacramento de la Ordenación. El pueblo de Dios sostiene a los sacerdotes con la oración. Es vuestra responsabilidad apoyar los sacerdotes. Alguno entre ustedes se puede preguntar: «Pero, ¿cómo se hace para sostener a un sacerdote?». Confiad en vuestra generosidad. El corazón generoso que vosotros tenéis os dirá cómo sostener a los sacerdotes. Pero el primer apoyo del sacerdote es la oración. El pueblo de Dios —es decir, todos— apoya al sacerdote con la oración. No os canséis jamás de rezar por vuestros sacerdotes. Yo sé que lo haréis. Muchas gracias. Y ahora seguimos el rito de la Ordenación de estos diáconos que serán vuestros sacerdotes. Gracias.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 El Papa precisa definitivamente algunos aspectos fundamentales del nuevo proceso matrimonial El obispo es padre cabeza y juez de los fieles El obispo es padre, cabeza y juez de los fieles: lo reiteró el Papa precisando definitivamente algunos aspectos fundamentales del nuevo proceso matrimonial durante la audiencia el 25 de noviembre, en la Sala Clementina, por la mañana, a los participantes del curso de formación para clérigos y laicos promovido por el Tribunal apostólico de la Rota romana. Queridos hermanos y hermanas: Tengo el placer de encontrarme con vosotros al final del curso de formación para el clero y los laicos promovido por el Tribunal apostólico de la Rota romana sobre el tema: El nuevo proceso matrimonial y el procedimiento Super Rato. Doy las gracias al decano, monseñor Pinto, por las palabras que me ha dirigido. El curso, que ha tenido lugar aquí en Roma, así como los que se realizan en otras diócesis, son iniciativas encomiables y que aliento, porque contribuyen a ofrecer un conocimiento adecuado y un intercambio de experiencias en los diversos niveles eclesiales acerca de procedimientos canónicos muy importantes. Es necesario, en particular, reservar una gran atención y un análisis adecuado a los dos recientes Motu proprio: Mitis Iudex Dominus Iesus y Mitis et Misericors Iesus, con el fin de aplicar los nuevos procedimientos en ellos establecidos. Estos dos documentos han surgido de un contexto sinodal, son la expresión de un método sinodal, son el punto de llegada de un serio camino sinodal. Frente a las cuestiones más espinosas que afectan a la misión de evangelización y a la salvación de las almas, es importante que la Iglesia recupere cada vez más la praxis sinodal de la primera comunidad de Jerusalén, donde Pedro junto con los demás apóstoles y con toda la comunidad bajo la acción del Espíritu Santo trataba de actuar de acuerdo con el mandamiento del Señor Jesús. Es lo que se ha hecho también en las Asambleas sinodales sobre la familia, en las cuales, en espíritu de comunión y fraternidad, los representantes del episcopado de todo el mundo se reunieron en asamblea para escuchar la voz de las comunidades, para discutir, reflexionar y hacer obra de discernimiento. El Sínodo tenía la finalidad de promover y defender la familia y el matrimonio cristiano para el mayor bien de los cónyuges fieles al pacto celebrado en Cristo. También debía estudiar la situación y el desarrollo de la familia en el mundo de hoy, la preparación para el matrimonio, las formas de ayudar a quienes sufren a causa del fracaso de su matrimonio, la educación de los hijos y otros temas. Cuando regreséis a vuestras comunidades, esforzaos por ser misioneros y testigos del espíritu sinodal que está en el origen de las mismas, así como del consuelo pastoral, que es el fin de esta nueva normativa matrimonial, para corroborar la fe del Pueblo santo de Dios mediante la caridad. ¡Que el espíritu sinodal y el consuelo pastoral sean vuestra forma de actuar en la Iglesia, especialmente en un campo tan delicado como el de la familia en busca de la verdad sobre el estado conyugal de la pareja! Con esta actitud, que cada uno de vosotros sea un colaborador leal del obispo, al que las nuevas normas reconocen un papel clave, especial- mente en el proceso breve, ya que es el «juez nato» de la Iglesia particular. En vuestro servicio, estáis llamados a estar cerca de la soledad y el sufrimiento de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda competente y fáctica para recuperar la paz de sus conciencias y la voluntad de Dios sobre la readmisión en la eucaristía. De ahí la necesidad y el valor del curso en el que habéis participado —y espero que se organicen otros— para favorecer un enfoque justo de la cuestión y un estudio cada vez más amplio y serio del nuevo proceso matrimonial. Esto es expre- sión de la Iglesia que es capaz de acoger y cuidar a los que han sido heridos de diferentes formas por la vida, y al mismo tiempo es una llamada al compromiso por la defensa de la sacralidad del vínculo matrimonial. Con el fin de hacer que la aplicación de la nueva ley del proceso matrimonial, dos años después de su promulgación, causa y motivo de salvación y de paz para el gran número de fieles heridos en su situación matrimonial, he decidido, en razón del oficio de Obispo de Roma y Sucesor de Pedro aclarar definitivamente algunos de los aspectos fundamentales de los dos Motu proprio, en particular la figura del obispo diocesano como juez personal y único en el Proceso breviore. El obispo diocesano siempre ha sido el Iudex unum et idem cum Vicario iudiciali; pero dado que este principio se interpreta, de hecho, excluyendo el ejercicio personal del obispo diocesano, delegando casi todo a los tribunales, establezco a continuación lo que considero determinante y exclusivo en el ejercicio personal del obispo diocesano juez: 1. El obispo diocesano en razón de su oficio pastoral es juez personal y único en el proceso breviore. 2. Por lo tanto, la figura del obispo-diocesano-juez es el arquitrabe, el principio constitutivo y el elemento discriminatorio de todo el proceso breviore, instituido por los dos Motu proprio. 3. En el proceso breviore, se requieren ad validitatem, dos condiciones inseparables: el episcopado y el ser jefe de una comunidad diocesana de fieles (véase 381 § 2). Si falta una de las dos condiciones, el proceso breviore no puede tener lugar. La instancia debe ser juzgada con el proceso ordinario. 4. La competencia exclusiva y personal del obispo diocesano, puesta en los criterios fundamentales del proceso breviore, hace referencia directa a la eclesiología del Vaticano II, que nos recuerda que sólo el obispo ya tiene, en la consagración, la plenitud de toda la potestad que es ad actum expedita, a través de la missio canonica. 5. El proceso breviore no es una opción que el obispo diocesano pueda elegir, sino una obligación que le viene de su consagración y de la missio recibida. Él es competente exclusivo en las tres fases del proceso breviore: — la instancia se dirige siempre al obispo diocesano; — la instrucción, como afirmé en el discurso del 12 de marzo del año pasado al curso de la Rota romana debe ser llevada a cabo por el obispo «siempre asistido por el vicario judicial u otro instructor, incluso laico, por el asesor, y siempre debe estar presente el defensor del vínculo». Si el obispo careciera de clérigos o laicos canonistas, la caridad, que distingue el oficio episcopal, de un obispo viciniore, podrá socorrerlo por el tiempo que sea necesario. También recuerdo que el proceso breviore debe normalmente cerrarse en una única sesión, requiriendo como condición imprescindible la evidencia absoluta de los hechos comprobantes de la supuesta nulidad matrimonial, además del consentimiento de los dos cónyuges. — la decisión de pronunciar coram Domino, es siempre y solo del obispo diocesano. 6. Confiar todo el proceso breviore al tribunal interdiocesano (tanto del viciniore como de más diócesis) llevaría a distorsionar y reducir la figura del obispo padre, cabeza y juez de sus fieles, a mero firmante de la sentencia. 7. La misericordia, uno de los criterios fundamentales que aseguran la salus, requiere que el obispo diocesa- no realice cuanto antes el proceso breviore; en caso de que no se sintiera preparado en el momento presente para realizarlo, debe remitir la causa al proceso ordinario, que de todas formas debe ser llevado a cabo con la debida diligencia. 8. La proximidad y la gratuidad, como he destacado repetidamente, son las dos perlas que necesitan los pobres, que la Iglesia debe amar por encima de todo. 9. En cuanto a la competencia, al recibir la apelación contra la sentencia afirmativa en el proceso breviore, del metropolitano o del obispo indicado en el nuevo can. 1687, se precisa que la nueva ley confiere al Decano de la Rota una potestas decidendi nueva y, por lo tanto, constitutiva sobre el rechazo o la admisión de la apelación. En conclusión, me gustaría reafirmar con claridad que todo esto sucede sin pedir permiso o autorización a otra institución o a la Signatura apostólica. Queridos hermanos y hermanas, os deseo todo lo bueno para este estudio y para el servicio eclesial de cada uno de vosotros. El Señor os bendiga y la Virgen os proteja. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO INFORMACIÓN VATICANA viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 EL PAPA HA NOMBRADO Obispo auxiliar de la archidiócesis de San José de Costa Rica (Costa Rica) al reverendo DANIEL FRANCISCO BLANCO MÉNDEZ, del clero de la archidiócesis de San José de Costa Rica, hasta ahora Vicario General y párroco de la parroquia Virgen del Carmen en San José, asignándole la sede titular de Pulcheriopoli. Obispos Auxiliares de Comodoro Rivadavia (Argentina) a los reverendos ALEJANDRO PABLO BENNA, del clero de la archidiócesis de Buenos Aires, párroco de la parroquia San Francisco de Asís, en Lavallol, asignándole la sede titular de Vardimissa y a ROBERTO ÁLVAREZ, del clero de la archidiócesis de Córdoba, párroco de la parroquia Nuestra Sra. del Rosario y administrador parroquial de la parroquia Nuestra Sra. de Fátima en Cosquín, asignándole la sede titular de Sozopoli di Emimonto. Primer obispo de la diócesis de Cruz das Almas (Brasil) a S.E. monseñor ANTÔNIO TOURINHO NETO hasta ahora obispo de Satafi y auxiliar de la arquidiócesis de Olinda y Recife. Obispo de Nashville (EE.UU.) a monseñor J. MARK SPALDING, del clero de la archidiócesis de Louisville, hasta ahora vicario general y párroco de Holy Trinity y de Holy Name en Louisville. Obispo de la diócesis de Jefferson City (EE.UU.) al reverendo WILLIAM SHAWN MCKNIGHT, del clero de la diócesis de Wichita, hasta ahora párroco de Church of the Magdalen en Wichita. Obispo auxiliar de Lomas de Zamora (Argentina) al reverendo JORGE IGNACIO GARCÍA CUERVA, del clero de la diócesis de San Isidro, párroco de Nuestra Señora de la Cava, en Beccar, asignándole la sede titular de Lacubaza. Obispo auxiliar de Buenos Aires (Argentina) al reverendo GUSTAVO ÓSCAR CARRARA, vicario episcopal para la Villas de emergencia y párroco de Santa María, Madre del Pueblo de Buenos Aires, asignándole la sede titular de Tasbalta. Relator General de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos a S.E. el cardenal SÉRGIO DA ROCHA, arzobispo de Brasilia y presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil. Secretarios Especiales de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos a los reverendos padres GIACOMO COSTA, S.I., y ROSSANO SALA, S.D.B. Obispo coadjutor de la diócesis de Islas Carolina, en los Estados Federados de Micronesia al reverendo JULIO ANGKEL del clero de Islas Carolinas, hasta ahora párroco de Holy Family, director de la Oficina de vocaciones y formación y del St. John Vianney Formation House. Obispo de Chicoutimi (Canadá) al reverendo RENÉ GUAY, del clero de la misma diócesis, hasta ahora capellán de los centros de detención de Québec. Obispo de la Diócesis de Teixeira de Freitas-Caravelas (Brasil) al reverendo P. JAILTON DE OLIVEIRA LINO, P.S.D.P., hasta ahora ecónomo de la selegación de «Nuestra Señora Aparecida» con sede en Porto Alegre. Arzobispo metropolitano de Barranquilla (Colombia) a S.E. monseñor PABLO EMIRO SALAS ANTELIZ, hasta la fecha obispo de Armenia (Colombia). Secretario adjunto del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos a S.E. monseñor FILIPPO IANNONE, O. CARM., arzobispo-obispo emérito de Sora-Cassino-Aquino-Pontecorvo, hasta la fecha viceregente de Roma. Obispo auxiliar de la archidiócesis de Mendoza (Argentina) a S.E monseñor MARCELO FABIÁN MAZZITELLI, del clero de la diócesis de San Isidro, asignándole la sede titular de Pauzera. Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos a S.E. monseñor PROTASE RUGAMBWA, arzobispo-obispo emérito de Kigoma, hasta ahora Secretario adjunto de la misma Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias. Secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias a monseñor GIOVANNI PIETRO DAL TOSO, ex secretario del Consejo Pontificio Cor Unum, elevándolo al mismo tiempo a la sede titular de Foraziana, con la dignidad de arzobispo. Subsecretarias del Consejo Pontificio para los Laicos, la Familia y la Vida a las Ilustrísimas Sras: Para la Telegramas de pésame de Francisco Por el fallecimiento del cardenal Bernard Panafieu enviado a monseñor Georges Pontier, arzobispo de Marsella: Al recibir con pesar la noticia de la muerte del cardenal Bernard Panafieu, arzobispo emérito de Marsella, le doy mi más sentido pésame así como a la familia del fallecido, a sus antiguos diocesanos y a la Comunidad de Notre-Dame de Vie de la que ha estado rodeado durante estos últimos años. Pido al Padre de toda misericordia que acoja en su paz y en su luz a este sabio pastor que demostró la bondad y el amor de Dios a las personas que se le confiaron, primero como obispo auxiliar de Annecy, luego como arzobispo de Aix-en-Provence y Arles, y finalmente de Marsella. Atento a las situaciones de precariedad y a la diversidad de la población de su diócesis, aportó una contribución eminente al diálogo entre las culturas y las religiones, promoviendo así una coexistencia pacífica entre todos. Como prenda de consuelo le envío, Excelencia, la bendición apostólica así como a su auxiliar, a la familia del fallecido cardenal y a quienes han estado cerca de él, a sus antiguos diocesanos, y a todos los que participan en sus exequias. Por la muerte del cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, del título de Santa María en Pórtico, arcipreste emérito de la basílica papal de San Pablo Extramuros, enviado por el Papa Francisco a su hermana, la marquesa Adriana Cordero Lanza di Montezemolo: La desaparición de su querido hermano, el venerado cardenal Andrea Cordero Lanza Di Montezemolo, susucta en mi ánimo un sentimiento de admiración sincera por un estimado hombre de Iglesia que vivió con fidelidad su largo y fecundo sacerdocio y episcopado al servicio del Evangelio y de la Santa Sede. Recuerdo con gratitud su generosa labor en las representaciones pontificias de varios países, especialmente en Papúa Nueva Guinea, Nicaragua, Honduras, Uruguay, Israel, Italia, donde se dedició con sabiduría al bien de esos pueblos. Destinado como arcipreste de la basílica papal de San Pablo extramuros, dio testimonio de un compromiso particularmente intenso y competente tanto desde el punto de vista pastoral como organizativo y artístico y cultural, encaminado a restituir vitalidad espiritual a todo el complejo, y nuevo impulso a la vocación ecuménica de ese lugar de culto. Elevo fervientes oraciones de sufragio para que por la intercesión de la Virgen María y del apóstol de las gentes, el Señor reciba a este fallecido purpurado en la alegría y la paz eterna, y le envío a usted la bendición apostólica así como a los que comparten el dolor por la desaparición de un pastor tan entregado. Sección de la Vida a la Prof. GABRIELLA GAMBINO, previamente profesora adjunta de Bioética de la Facultad de Filosofía, investigadora y profesora asociada de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Roma Tor Vergata, profesora del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia. Para la Sección de los Fieles Laicos, a la Prof. LINDA GHISONI, hasta ahora juez de instrucción del Tribunal de Primera Instancia para las causas de nulidad de matrimonio de la región del Lacio instituido en el Vicariato de Roma, profesora contratada en el Departamento de Derecho de la Universidad de Roma Tres. Miembro ordinario de la Academia Pontificia de las Ciencias, a la Ilma. Prof. HELEN MARGARET BLAU, docente de Microbiología Celular y director del Baxter Laboratory for Stem Cell Biology en la Stanford University, Stanford, CA (EE.UU.). Miembro ordinario de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales al Ilmo. profesor JOHN FRANCIS MCELDOWNEY, docente de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Obispo de San Cristóbal de Las Casas (México) a S.E. monseñor RODRIGO AGUILAR MARTÍNEZ, hasta ahora obispo de Tehuacán. Obispo de la diócesis de San Pedro de Macorís (República Dominicana) al reverendo SANTIAGO RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, del clero de la diócesis de Puerto Plata, hasta ahora vicario episcopal para la Pastoral y párroco de San Marcos. EL PAPA HA ACEPTADO LAS RE- NUNCIAS Al gobierno pastoral de la diócesis de Jefferson City (EE.UU.), presentada por S.E. monseñor JOHN R. GAYDOS. Al gobierno pastoral de la diócesis de Chicoutimi (Canadá) presentada por S.E. monseñor ANDRÉ RIVEST. Al oficio de obispo auxiliar de la archidiócesis de San Francisco (EE.UU.) presentada por S.E. monseñor WILLIAM J. JUSTICE. Al oficio de obispo auxiliar de la arquidiócesis de Barranquilla (Colombia), presentada por S.E. monseñor VICTOR ANTONIO TAMAYO BETANCOURT. Al gobierno pastoral de la archidiócesis metropolitana de Barranquilla (Colombia), presentada por S.E. monseñor JAIRO JARAMILLO MONSALVE. Al gobierno pastoral de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas (México), presentado por S.E. monseñor FELIPE ARIZMENDI ESQUIVEL.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Hermanos menores Vivir yendo al encuentro con Dios, la humanidad y la creación página 13 «E n vuestra forma de vida, el adjetivo “menor” califica el sustantivo “hermano”, dando al vínculo de la fraternidad una cualidad propia y característica». Lo dijo el Papa a un grupo de franciscanos pertenecientes a la Primera orden y a la Tercera orden regular, recibidos en audiencia el jueves por la mañana, 23 de noviembre, en la sala Clementina. «Hablando de fraternidad —explicó el Pontífice— es necesario tener presente esta característica típica franciscana de la relación fraterna, que exige de vosotros una relación de “hermanos menores”». La dimensión de la «minoría» es de hecho un rasgo esencial de la experiencia de los hijos espirituales del pobrecillo de Asís, cuya existencia se encuadra en la «lógica de la expoliación, que Francisco realizó al pie de la letra cuando se expolió, hasta la desnudez, de todos los bienes terrenos, para donarse completamente a Dios y a los hermanos». En esta clave de lectura el Papa propuso la «minoría franciscana» en una triple acepción: «como lugar de encuentro y de comunión con Dios; como lugar de encuentro y de comunión con los hermanos y con todos los hombres y las mujeres; finalmente como lugar de encuentro y de comunión con la creación». En cuanto al primer aspecto, Francisco subrayó que la relación con Dios «debe ser la de un niño: humilde y confidente y, como la del publicano del Evangelio, consciente de su pecado». Y «atención —advirtió el Pontífice— al orgullo espiritual, al orgullo farisaico: es la peor de las mundanidades». Respecto al segundo, el Pontífice recomendó evitar «cualquier comportamiento de superioridad» en relación con los hermanos. Esto significa «desarraigar los juicios fáciles sobre los otros y el hablar mal de los hermanos a sus espaldas; rechazar la tentación de usar la autoridad para someter a los otros; evitar “hacer pagar” los favores que hacemos a los otros mientras los de los otros a nosotros los consideramos debidos; alejar de nosotros la ira y la perturbación por el pecado del hermano». En particular el Papa pidió a los franciscanos ser acogedores y disponibles hacia «todos los menores de nuestro tiempo: los marginados, hombres y mujeres que viven por nuestras calles, en los parques o en las estaciones; los miles de desempleados, jóvenes y adultos, muchos enfermos que no tienen acceso a cuidados adecuados; muchos ancianos abandonados; las mujeres maltratadas; los migrantes que buscan una vida digna; todos los que viven en las periferias existenciales; privados de dignidad y también de la luz del Evangelio». «Abrid vuestros corazones y abrazad a los leprosos de nuestro tiempo» exhortó en conclusión, invitando a entrar «en diálogo con toda la creación» y hacer objeto de «un particular cuidado». Telegrama por el atentado en Egipto Su Santidad el Papa Francisco se ha entristecido profundamente al enterarse de la gran pérdida de vidas causada por los atentados terroristas en la mezquita de Rawda, en el norte del Sinaí. Al expresar su solidaridad con el pueblo egipcio en esta hora de duelo nacional, encomienda a las víctimas a la misericordia del Dios Altísimo e invoca bendiciones divinas de consuelo y paz para sus familias. Renovando su firme condena de este acto de brutalidad sin sentido dirigido a civiles inocentes reunidos en oración, Su Santidad se une a todas las personas de buena voluntad para implorar que los corazones endurecidos por el odio aprendan a renunciar al camino de la violencia que conduce a tan gran sufrimiento, y abracen el camino de la paz. EL CARDENAL PIETRO PAROLIN SECRETARIO DE ESTADO El árbol viaja desde Polonia hasta la plaza San Pedro La Navidad llega al Vaticano El tradicional árbol de Navidad ya ha llegado a la plaza de San Pedro, en el Vaticano. Se trata de un imponente ejemplar de pícea, de más de 28 metros, que ha viajado más de 2.000 kilómetros desde Polonia, donado por la archidiócesis de Ełk. La decoración la realizarán niños que reciben tratamiento en el servicio de oncología de diversos hospitales italianos. Los pequeños han participado, junto a sus padres, en un programa de terapia recreativa a partir del uso de la cerámica en los centros de salud. Allí prepararon estrellas y esferas de arcilla que se reproducirán en material sintético para poder colocarlas en el árbol frente a la Basílica de San Pedro. Además, también habrá espacio para los adornos realizados por niños de las zonas afectadas por el terremoto del centro de Italia. Junto al gran abeto navideño estará también el tradicional pesebre, ofrecido en esta ocasión por la abadía territorial de Montevergine. Será una obra basada en la antigua tradición artesanal napolitana del siglo XVIII. Ambas obras lucirán en todo su esplendor durante toda la Navidad, a partir de su inauguración, el 7 de diciembre.

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página 14 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 Por el festival de la Doctrina social Trabajo para los jóvenes Publicamos el texto del videomensaje del Pontífice transmitido en la tarde del jueves 23 de noviembre con ocasión de la apertura de la séptima edición del Festival de la Doctrina social de la Iglesia, que se celebró en Verona hasta el domingo 26 de noviembre, que este año tiene por lema «La fidelidad es cambio». Queridos hermanos y hermanas: O s saludo a todos vosotros, participantes en el 7 ° Festival de Doctrina Social de la Iglesia, que este año se titula «La fidelidad es cambio». Esta expresión, que intencionalmente suscita una cierta «sorpresa» lógica, nos lleva a considerar que, en realidad, ser fieles comporta la capacidad de cambiar. Pensemos en la experiencia de Abraham, que la Biblia nos muestra como un modelo de fe. Cuando ya era anciano, Dios le dijo, «Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande, y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y sé tu una bendición» (Génesis 12, 1-2). Para ser fiel, Abraham tuvo que cambiar, partir. La Palabra de Dios nos ayuda a distinguir las dos «caras» del cambio: la primera es la confianza, la esperanza, la apertura a lo nuevo; la segunda es la dificultad de dejar las seguridades para salir al encuentro de lo desconocido. En efecto, nos sentimos más tranquilos quedándonos en nuestro recinto, conservando, repitiendo palabras y gestos habituales —esto hace que nos sintamos más seguros— en lugar de salir, partir y comenzar nuevos procesos. Preguntémonos entonces, qué sucede si mantenemos nuestra fidelidad a Dios y al hombre. Hemos visto en la historia de Abraham el efecto de la llamada del Señor: le cambió radicalmente la vida, lo hizo entrar en una nueva historia, le abrió horizontes inesperados con nuevos cielos y nuevas tierras. Cuando se responde a Dios, siempre se activa un proceso: ocurre algo inédito que nos lleva a donde nunca hubiéramos imaginado. Esto es importante: siempre se activa un proceso, se va adelante, no se ocupan espacios, se activan procesos. Fidelidad al hombre significa salir de sí mismo para encontrarse con la persona concreta, con su rostro, su necesidad de ternura y misericordia, para sacarla del anonimato, de las periferias de la existencia. Fidelidad al hombre significa abrir los ojos y el corazón a los pobres, los enfermos, a los que no tienen trabajo, a los muchos heridos por la indiferencia y por una economía que descarta y asesina, abrirse a los refugiados que huyen de la violencia y la guerra. Fidelidad al hombre significa vencer a la fuerza centrípeta de los propios intereses, intereses egoístas y dar cabida a la pasión por el otro, rechazar la tentación de la desesperación y mantener viva la llama de la esperanza. De esta manera, la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre convergen en un movimiento dinámico que toma la forma del cambio de nosotros mismos y del cambio de la realidad, superando inmovilismos y conveniencias, creando espacios y trabajo para los jóvenes y para su futuro. Porque el cambio es saludable no solo cuando las cosas van mal, sino también cuando todo funciona bien y estamos tentados de acomodarnos sobre los resultados obtenidos. Expandir nuestro servicio, hacer que otros sean parte de nuestros proyectos, dilatar los espacios de la creatividad significa aceptar el desafío del cambio precisamente para permanecer fieles a Dios y al hombre. Parece una contradicción, pero la fidelidad es este camino que activa procesos y no nos permite detenernos en los espacios que nos defienden de cualquier creatividad, espacios que eventualmente van en la dirección del siempre se ha hecho así. Enviándoos este breve mensaje, dirijo también un saludo fraterno a su excelencia monseñor Zenti, obispo de Verona, ciudad anfitriona del Festival de la Doctrina social de la Iglesia, a don Vincenzi y todos los colaboradores, relatores y voluntarios. Deseo que esta iniciativa contribuya a animar y sostener la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo del trabajo, de la economía y de la política. Os bendigo y os pido por favor que recéis por mí. ¡Gracias! Cercanía del Pontífice con la Iglesia asiria de Oriente Testigos de violencia brutal Solidaridad con el pueblo que en Siria «sufre persecuciones y es testigo de violencias brutales, perpetradas en nombre de extremismos fundamentalistas» fue declarada por el Papa el viernes 24 de noviembre por la mañana, durante la audiencia a los miembros de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la asiria de Oriente, recibidos con ocasión de la firma de una declaración conjunta sobre la vida sacramental. Al inicio del encuentro el Metropolitano Meelis Zaia en un discurso en inglés recorrió las principales etapas del proceso de acercamiento entre las dos Iglesias. Queridos hermanos: Os doy una calurosa bienvenida, agradeciendoos por la visita y las amables palabras que el Metropolitano Meelis Zaia me ha dirigido en vuestro nombre. A través de vosotros deseo que llegue mi saludo fraternal en el Señor a Su Santidad Mar Gewargis III. Recuerdo con alegría el encuentro tan cordial y apreciado con él hace un año, que fue un paso más en el camino para incrementar la cercanía y la comunión entre nosotros. Encontrarnos hoy nos ofrece la oportunidad de mirar con gratitud el camino recorrido por la Comisión Conjunta establecida tras la histórica firma aquí en Roma en 1994 de la Declaración Cristológica Común. Al confesar la misma fe en el misterio de la Encarnación, la Comisión puso en programa dos fases: una sobre la teología sacramental y otra sobre la constitución de la Iglesia. Con vosotros doy gracias al Señor por la firma actual de la Declaración Conjunta, que ratifica la feliz conclusión de la fase relativa a la vida sacramental. Hoy, por lo tanto, podemos mirar todavía con más confianza al mañana y pedirle al Señor que la continuación de vuestros trabajos contribuya a hacer que se acerque ese día bendito y tan esperado en que tendremos la alegría de celebrar en el mismo altar la comunión plena en la Iglesia de Cristo. Quisiera subrayar un aspecto de esta nueva Declaración Conjunta. En ella se hace referencia al signo de la cruz como «un símbolo explícito de unidad entre todas las celebraciones sacramentales». Algunos autores de la Iglesia Asiria de Oriente han incorporado la señal de la cruz entre los misterios sagrados, convencidos de que cada celebración sacramental depende precisamente de la Pascua de muerte y resurrección del Señor. Es una hermosa intuición, porque el Crucificado Resucitado es nuestra salvación y nuestra misma vida: de su cruz gloriosa proceden nuestra esperanza y nuestra paz, de allí brota la unidad entre los sagrados misterios que celebramos, pero también entre nosotros, que hemos sido bautizados en la misma muerte y resurrección del Señor (cf. Romanos 6, 4). Cuando miramos la cruz o hacemos la señal de la cruz, también estamos invitados a recordar los sacrificios sufridos en unión con el de Jesús y a estar cerca de aquellos que ahora llevan una pesada cruz sobre sus hombros. También la Iglesia Asiria de Oriente, junto con otras Iglesias y muchos hermanos y hermanas de la región, padece persecuciones y es testigo de violencias brutales perpetradas en nombre de extremismos fundamentalistas. Las situaciones de ese sufrimiento trágico se arraigan más fácilmente en contextos de gran pobreza, injusticia y exclusión social, en gran parte debidos a la inestabilidad, fomentada también por intereses externos, y por conflictos que recientemente han causado situaciones de grave necesidad, dando origen a propios y verdaderos desiertos culturales y espirituales, en los que resulta fácil manipular e incitar al odio. A esto se ha sumado o recientemente al drama del violento terremoto en la frontera entre Irak, la tierra natal de vuestra Iglesia e Irán, donde se encuentran desde hace mucho tiempo vuestras comunidades, así como en Siria, Líbano e India. Así pues, sobre todo en los períodos de mayor sufrimiento y privaciones, un gran número de fieles tuvo que abandonar sus tierras, emigrando a otros países y aumentando la comunidad de la diáspora que tiene muchos retos que enfrentar. Entrando en algunas sociedades, por ejemplo, se encuentran dificultades determinadas por una integración que no siempre es fácil y por una secularización marcada, lo que puede dificultar la custodia de la riqueza espiritual de vuestras tradiciones y el mismo testimonio de la fe. En todo esto, repetir la señal de la cruz, nos recordará que el Señor de la misericordia nunca abandona a sus hermanos, sino que acoge las heridas de ellos en las suyas. Al hacer la señal de la cruz, recordamos las llagas de Cristo, esas llagas que la Resurrección no borró, sino que se llenaron de luz. Del mismo modo, las heridas de los cristianos, incluso las más abiertas, cuando son atravesadas por la presencia viva de Jesús y de su amor, se vuelven luminosas, se convierten en señales de luz pascual en un mundo envuelto en tantas tinieblas. Con estos sentimientos, al mismo tiempo preocupados y llenos de esperanza, os invito a seguir caminando, confiando en la ayuda de tantos hermanos y hermanas nuestros que dieron su vida siguiendo al Crucificado. Ellos, en el cielo ya totalmente unidos, son los predecesores y patronos de nuestra comunión visible en la tierra. Por su intercesión, también le pido al Señor que los cristianos de vuestras tierras puedan trabajar, en la paciente tarea de la reconstrucción, después de tanta devastación, en paz y en pleno respeto con todos. En la tradición siria, Cristo en la Cruz está representado como Médico bueno y Medicina de vida. A Él le pido que cierre por completo nuestras heridas del pasado y que cure las numerosas heridas que se abren hoy en el mundo por los desastres de la violencia y de las guerras. Queridos hermanos, continuemos juntos la peregrinación de reconciliación y paz en la que el Señor nos ha encaminado. Os expreso mi gratitud por vuestro compromiso, e invoco sobre vosotros la bendición del Señor y la protección amorosa de su Madre y la nuestra, pidiéndoos que os acordéis de mí en la oración.

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número 48, viernes 1 de diciembre de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 15 FREDY PARRA* C on avances y dificultades, Chile enfrenta la crisis ecológica que sufre el planeta y que se aprecia en distintos ámbitos de la realidad del país. Vivimos, sin duda, una relación problemática con el medioambiente. La contaminación atmosférica continúa elevada en zonas urbanas e industriales; en relación con los recursos hídricos se advierte escasez de agua y contaminación especialmente en la zona centro-norte del país. Igualmente se detecta pérdida de biodiversidad manifiesta especialmente con la disminución de los recursos pesqueros; de hecho, el 72% de las especies marinas fueron declaradas por el gobierno en estado de sobreexplotación. Además, existen pérdidas de suelo por erosión y por el incremento de los procesos de desertificación. En cuanto al cambio climático, hay aumento de emisiones de los gases de efecto invernadero. En el 2016, Chile pasó a formar parte de la lista de los 10 países más afectados por el cambio climático en el mundo. Ciertamente también hay logros importantes. Es un avance que Chile haya firmado el Acuerdo de París para el Cambio Climático, lo que implica reducir la emisiones de CO2 en un 30% al año 2030. Noticia muy positiva es la creación, en agosto del 2016, del parque Mmarino Nazca-Desventuradas, el parque marino más grande del Pacífico Sur. Esto implica que Chile cuenta ahora con el 12% de su superficie marina protegida. Con la nueva ley de reciclaje se espera que al menos un 30% de los residuos sólidos se reciclen. En todo caso, hay necesidad de seguir avanzando en los siguientes ámbitos: incrementar el uso de energías renovables, en regulaciones más estrictas para controlar la industria pesquera, gestión de la biodiversidad creando organismos especializados y generando una normatividad al respecto, facilitar el acceso a la justicia ambiental, mejorar la regulación y fiscalización de proyectos mineros y reformar el Código de Aguas. La visita del Papa Francisco es una oportunidad única para volver a escuchar su mensaje sobre el cuidado de la creación, de nuestra Tierra, la casa común, expresado en su encíclica Laudato si’, publicada en el año 2015. Allí enseña que «la capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios» (LS 5). De ahí que se impone la necesidad de una relación con la naturaleza sobre la base de miradas y actitudes nuevas basadas en la humildad esencial: gratitud ante la vida y la naturaleza recibida (LS 220), respeto por todos los seres vivos y reconocer que tienen un valor propio ante Dios (LS 69), responsabilidad ecológica en la amorosa conciencia de estar relacionados con las demás criaturas (LS 200), nuevos hábitos y nuevos estilos de educación y de vida (Cf LS 209) sobriedad y simplicidad en el modo de asumir la vida personal, comunitaria y social (LS 206-215), solidaridad global, justicia intrageneracional e intergeneracional (LS 159-160). Con todo, se trata de avanzar hacia una «ciudadanía ecológica» con la consiguiente normativa legal en los diversos niveles de la sociedad. El Papa se pregunta «¿qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos suce- Desafío ecológico en Chile A 50 días de la visita del Papa Francisco dan?» (LS 160). Es decir, con la nueva conciencia ética que suscita la actual crisis ecológica se ha abierto un nuevo y complejo ámbito a nuestro proceder ético: la solidaridad y justicia intergeneracional se convierte en una clave interpretativa de nuestras actuales comprensiones de la equidad, de la justicia y de la responsabilidad social. Como nunca antes en la historia humana se impone hoy la urgente necesidad de actuar desde el principio de responsabilidad, a fin de detener el proceso de degradación de la Tierra provocado por la acción humana y que amenaza la vida actual y futura de la humanidad. Salta a la vista que la crisis ecológica es compleja y que abraza las diversas expresiones y dimensiones de la realidad social y cultural…: «todo está relacionado» ha dicho el Papa (LS 16). Sin considerar que efectivamente todo esta interrelacionado difícilmente podremos comprender cabalmente lo que pasa y dimensionar el deterioro ambiental, social y espiritual que se vive y sufre. La propuesta de una ecología integral propuesta por Laudato si’ (LS 137)implica justamente considerar la complejidad sistémica de lo que ocurre y a la vez integrar todas las aproximaciones al problema que conlleva una crisis por definición socio-ambiental, socio-económica y política, cotidiana, cultural y también de cosmovisión y espiritual. Por lo mismo, para enfrentar el desafío ecológico es irrenunciable el diálogo entre las plurales instancias de la sociedad democrática: entre la política y la economía, entre el mundo privado y público, empresarios y trabajadores, el diálogo intra-eclesial y entre las tradiciones reli- giosas y filosóficas existentes en nuestra cultura, entre creyentes y no creyentes, el diálogo con y entre los diferentes movimientos ecologistas, el diálogo con las ciencias naturales y sociales. Es más, llama a diseñar y a imaginar un nuevo modelo de desarrollo que junto con reducir el ritmo de producción y consumo tenga menor impacto ambiental y que se fomente una creatividad e innovación inteligentes capaces de dar lugar a una alianza entre progreso y respeto al medioambiente (LS 191-192). Se trata, en suma, de cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir la concepción misma del progreso: «un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso» (LS 194). La Ecología integral, en fin, no se puede separar de la noción de bien común (LS 158), y éste es a su vez inseparable de la opción por los más pobres (LS 158) y desheredados de este mundo nuestro. No olvidemos que «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental» (LS 139). Los que más sufren con la crisis ecológica son los más pobres y marginados en la diversas latitudes del planeta. En consecuencia, explica el Papa: «un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (LS 49). *Teólogo Universidad de Chile

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página 16 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de diciembre de 2017, número 48 Francisco pidió que lo acompañen con la oración en el viaje a Myanmar y Bangladés. Lo hizo durante el Ángelus recitado en la plaza de San Pedro a medio día del domingo 26 de noviembre, después de comentar la página evangélica del juicio universal. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Cristo Rey del Universo. La suya es una majestad de guía, de servicio y también una majestad que al final de los tiempos se afirmará como juicio. Hoy tenemos delante de nosotros al Cristo como rey, pastor y juez, que muestra los criterios de pertenencia al Reino de Dios. Aquí están los criterios. La página evangélica se abre con una visión grandiosa. Jesús, dirigiéndose a sus discípulos, dice: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se senetará en su trono de gloria» (Mateo 25, 31). Se trata de la introducción solemne del relato del juicio universal. Después de haber vivido la existencia terrenal en humildad y pobreza, Jesús se presenta ahora en la gloria divina que le pertenece, rodeado por hileras angelicales. Toda la humanidad está convocada frente a Él y Él ejercita su autoridad separando a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. A aquellos que pone a su derecha les dice: «Venid, benditos de mi padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; Dolor por la masacre en Egipto y oración por Ucrania Signo de cercanía y esperanza estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la carcel y vinisteis a verme» (vv. 3436). Los justos permanecen sorprendidos, porque no recuerdan haber encontrado nunca a Jesús y menos haberlo ayudado de aquel modo; pero Él declara: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (v. 40). Esta palabra no termina nunca de conmocionarnos, porque nos revela hasta qué punto llega el amor de Dios: hasta el punto de identificarse con nosotros, pero no cuando estamos bien, cuando esta- mos sanos y felices, no, sino cuando estamos necesitados. Y de este modo escondido Él se deja encontrar, nos tiende la mano como mendigo. Así Jesús revela el criterio decisivo de su juicio, es decir, el amor contreto por el prójimo en dificultad. Y así se re- vela el poder del amor, la majestad de Dios: solidario con quien sufre para suscitar por todas partes com- portamientos y obras de misericor- dia. La parábola del juicio continúa presentando al rey que aleja de sí a aquellos que durante su vida no es- tán preocupados por las necesidades de los hermanos. También en este caso esos quedan sorprendidos y preguntan: «Señor, ¿cuándo te vi- mos hambriento o sediento o foras- tero o desnudo o enfermo o en la cárcel y no te asistimos? (v. 44). Implícito: «¡Si te hubiéramos visto, seguramente te habríamos ayudado!». Pero el rey responderá: «En verdad os digo es que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo» (v. 45). Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro empeño concreto de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. Aquel mendigo, aquel necesitado que tiende la mano es Jesús; aquel enfermo al que debo visitar es Jesús; aquel preso es Jesús; aquel hambriento es Jesús. Pensemos en esto. Jesús vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones, pero viene a nosotros cada día, de tantos modos y nos pide acogerlo. Que la Virgen María nos ayude a encontrarlo y recibirlo en su Palabra y en la Eucaristía, y al mismo tiempo en los hermanos y en las hermanas que sufren el hambre, la enfermedad, la opresión, la injusticia. Puedan nuestros corazones acogerlo en el hoy de nuestra vida, para que seamos por Él acogidos en la eternidad de su Reino de luz y de paz. Después del Ángelus, el Papa volvió a expresar su dolor por la masacre del viernes 24 en Egipto y recordó la beatificación en Argentina de madre Catalina de María Rodríguez, invitando a continuación a rezar por Ucrania, recordando la tragedia de Holodomor, y por su viaje a Asia. Queridos hermanos y hermanas: Una agenda de la Biblioteca vaticana Nos dio gran dolor, el viernes pasado, la noticia de la masacre cometida en una mezquita del norte del Sinaí, en Egipto. Continúo rezando por las numerosas víctimas, por los heridos y por toda esa comunidad tan duramente golpeada. Que Dios nos libere de estas tragedias y sostenga los esfuerzos de todos aquellos que obran por la paz, la concordia y la convivencia. Aquella gente en aquel momento rezaba; también nosotros, en silencio, recemos por ellos. Ayer en Córdoba, Argentina, fue proclamada Beata la madre Catalina de María Rodríguez, fundadora de la Congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, primer instituto religioso femenino de vida apostólica en Argentina. Del siglo XIX, Catalina estuvo primero casada y después quedó viuda, se consagró a Dios y se dedicó a la cura espiritual y material de las mujeres más pobres y vulnerables. Alabemos al Señor por esta «mujer apasionada del Corazón de Jesús y de la humanidad». En particular saludo a la comunidad ucraniana que recuerda la tragedia de Holodomor, la muerte por hambre provocada por el régimen de Stalin con millones de víctimas. Rezo por Ucrania, para que la fuerza de la fe pueda contribuir a sanar las heridas del pasado y promover hoy caminos de paz. La Biblioteca Apostólica Vaticana ha presentado el diseño de su nueva y prestigiosa agenda para el año 2018, que ya se encuentra a la venta. Con una cubierta rígida que recuerda a la cuidadosa encuadernación artesanal y revestida con motivos decorativos en relieve, ilustra además sus páginas con reproducciones a color de obras maestras de la cultura romana, como si de un recorrido visual por la ciudad eterna se tratara, con sus pertinentes explicaciones. Todo el material, tanto manuscritos, como monedas, medallas o láminas y grabados se han extraído de los fondos de la Biblioteca. Los ejemplares se podrán adquirir directamente en la oficina de la Biblioteca en el Vaticano o a través de los siguientes canales: Desde la página web www.vatlib.it, accediendo al apartado «Pubblicazioni» o telefonando al número 0669879450 o enviando un correo electrónico a: fatt.eco@vatlib.it Esta noche empezaré el viaje apostólico a Myanmar y Bangladés. Os pido que me acompañéis con la oración, para que mi presencia sea para aquellas poblaciones un símbolo de cercanía y de esperanza. Os deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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