Voces en el Fénix Nº 65 - "BUSCO MI DESTINO" - SEPTIEMBRE 2017

 

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Voces en el Fénix Nº 65 - "BUSCO MI DESTINO" - SEPTIEMBRE 2017

Popular Pages


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ISSN 1853-8819 La revista del Plan Fénix año 8 número 65 septiembre 2017 Nuestro sistema universitario argentino cultiva una tradición basada en los principios de gratuidad, cogobierno, libre acceso y autonomía y tiene como objetivos la enseñanza, la investigación y la extensión. Hoy se impone el desafío de profundizar y ampliar nuestro trabajo con un objetivo central: garantizar la educación superior de calidad como un derecho de las personas y de los pueblos. Busco mi destino

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sumario nseº6p5tiembre 2017 editorial El hoy y el mañana de las universidades nacionales Abraham Leonardo Gak Prefacio 6 Eduardo Rinesi La “cuestión universitaria” hoy: aportes para una conversación colectiva 10 Pablo Buchbinder Las universidades en la Argentina: una brevísima historia 18 Roberto Follari La Reforma de 1918: lo vigente y lo obsoleto 26 Abraham Leonardo Gak Ayer y hoy, la reforma universitaria 32 Silvia María Paredes Expansión y transformación del sistema universitario en la Argentina desde la recuperación de la democracia hasta el año 2015 38 Anabella Lucardi Universidad y políticas públicas: un balance sobre iniciativas y programas para la educación universitaria durante las últimas décadas 46 Carlos Pérez Rasetti La coordinación del sistema universitario 58 Adriana Chiroleu La universidad en los gobiernos Kirchner: la expansión de oportunidades y sus matices 66 Adriana Puiggrós Avatares de la legislación universitaria 74 Gustavo Eduardo Lugones La coordinación del sistema universitario público: el CIN 82 Daniela Perrotta Internacionalización y corporaciones 90 Martín Mangas y Horacio Rovelli El financiamiento de las universidades nacionales: evolución, impacto distributivo y ampliación democrática 100 Norberto Fernández Lamarra Repensando la calidad de la educación superior: el contexto, las definiciones y los desafíos pendientes108 Jesica Rojas Los sentidos de la democratización de la universidad 116 Sebastián Torres El Derecho de Universidad como proyecto 126

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Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano Secretario de Investigación Secretario de Transferencia César Humberto Albornoz Adrián Ramos de Gestión Tecnológica Omar Quiroga Vicedecano Secretario de Bienestar José Luis Franza Estudiantil s Marcelo Conti Secretario General Secretario de Relaciones Gustavo Montanini Secretario de Graduados Académicas Internacionales Rubén Arena Humberto Luis Pérez Van Secretario Académico Morlegan Pablo Rota Secretario de Posgrado y Relaciones Institucionales Secretaria de Doctorado y Secretaria de Hacienda y Catalino Nuñez Posdoctorado Administración Maria Teresa Casparri Carolina Alessandro ISSN 1853-8819 Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. LA REVISTA DEL PLAN FÉNIX AÑO 8 NÚMERO 65 SEPTIEMBRE 2017 NUESTRO SISTEMA UNIVERSITARIO ARGENTINO CULTIVA UNA TRADICIÓN BASADA EN LOS PRINCIPIOS DE GRATUIDAD, COGOBIERNO, LIBRE ACCESO Y AUTONOMÍA Y TIENE COMO OBJETIVOS LA ENSEÑANZA, LA INVESTIGACIÓN Y LA EXTENSIÓN. HOY SE IMPONE EL DESAFÍO DE PROFUNDIZAR Y AMPLIAR NUESTRO TRABAJO CON UN OBJETIVO CENTRAL: GARANTIZAR LA EDUCACIÓN SUPERIOR DE CALIDAD COMO UN DERECHO DE LAS PERSONAS Y DE LOS PUEBLOS. BUSCO MI DESTINO Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Graduados Titulares Gabriela Verónica Russo Luis Alberto Cowes Rubén Arena María Jose Canals Claustro de Alumnos Titulares Mauro Roberto Sartori Carla Joana Kranevitter Antonio Benito Ambrune Ena Ailin Andrada Suplentes Roberto Darío Pons Daniel Roberto González Juan Manuel Oro Adrián Zappia Suplentes Julian Gabriel Leone Jonatan Rafael Barros, Antonella Cesare Ignacio David staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Ricardo Aronskind COORDINACIÓN TEMÁTICA Eduardo Rinesi SECRETARIO DE REDACCIÓN María Sol Porta PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar CORRECCIÓN Claudio M. Díaz DISEÑO EDITORIAL Martín Marpons Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 5285-6819. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

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El hoy y el mañana de las universidades nacionales Setenta años le llevó a nuestro país universalizar la escuela primaria. Con la sanción de la ley educativa nacional en el año 2006, se incorporó la obligatoriedad de la educación secundaria. A partir de esta evolución, se abrió la posibilidad de estimular un incremento en la demanda de estudios superiores. Con este objetivo, entre otras cosas, se promovió y financió la creación de un número importante de nuevas universidades nacionales. Hace 100 años, el país contaba con tres universidades nacionales y dos provinciales. A fines del siglo XX, las universidades superaban las veinte y hoy contamos con cuarenta y siete. De este modo, el sistema universitario pasó de albergar a una población de doce mil estudiantes a un número que ronda el millón y medio, lo que genera un desafío que es imprescindible enfrentar. Gratamente, hoy podemos afirmar que se ha incorporado a los estudios universitarios una auspiciosa masa estudiantil que proviene de hogares que, durante mucho tiempo, habían sido privados de esta posibilidad. Esto trae aparejado un doble desafío que las universidades, con el Estado como garante, deben asumir: por un lado, atender la necesidad de una población que reclama su formación académica como modo de inclusión social y, por el otro, avanzar en un desarrollo científico y tecnológico en consonancia con el nivel dinámico y cambiante que la ciencia produce y ofrece en estos tiempos. La formación de cada ciudadano debe ser garantizada por el Estado desde el nacimiento, por lo que se requiere un esfuerzo de coordinación y continuidad entre la educación inicial, la educación primaria y la educación secundaria, de modo que la educación en su conjunto se convierta en la herramienta que garantice la igualdad de posibilidades para alcanzar una sociedad inclusiva. El abordaje de las problemáticas de los estudios superiores no puede llevarse a cabo sin tener en cuenta las que atraviesa el sistema educativo en su conjunto. 4 > www.vocesenelfenix.com

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Editorial > 5 En este sentido ningún avance es posible sin apoyo financiero e institucional, como tampoco sin el compromiso de la sociedad. Ignorar el rol fundamental de la universidad en materia de investigación y extensión implica una mirada limitada y reduccionista del futuro del país. Además de ser un derecho, la educación superior constituye un elemento clave en nuestro país en cuanto a nuestras oportunidades de crecimiento económico y desarrollo con equidad; no solo está profundamente relacionada con la innovación, los avances tecnológicos y la posibilidad de crear valor agregado, sino que también juega un rol importante en relación con la mejora de la calidad de vida de nuestra población. El sistema universitario argentino tiene una sólida tradición a la hora de pensar en una universidad integrada y comprometida con la sociedad de la que forma parte. Este aspecto debe ser potenciado y multiplicado, en vez de limitado a las supuestas necesidades del mercado o del lucro individual. Hoy, esta tradición se ve amenazada por un paradigma diferente, que pretende imponer su visión de la educación superior como una mercancía. Desde esta perspectiva, la misión de la universidad se limitaría a formar a los “recursos humanos” que el mercado demanda; en consonancia, el acceso a la educación no sería un derecho, sino que respondería a las posibilidades económicas del individuo o bien a oscuros criterios de “meritocracia”, y la formación de los alumnos estaría orientada a sus logros individuales y al provecho económico que estos suponen que van a recibir. Frente a esto, no podemos limitarnos a asumir una posición defensiva porque, en tal caso, la universidad corre el riesgo de abroquelarse entre sus muros y aislarse. Más que nunca, todos los que formamos parte de la educación superior debemos encontrar maneras de insistir en los principios de la Reforma del ’18 e, incluso, superarlos, dando fuerza a una práctica de universidad de excelencia. Es imprescindible para ello el compromiso de los docentes, el personal no docente, las autoridades, los científicos y, sobre todo, de los alumnos –que son la piedra angular de cada nivel educativo– y las comunidades sociales en las que el sistema universitario surgió y se diversificó. Sin el compromiso de estos actores fundamentales, el esfuerzo y la misión de las universidades no tienen sentido. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR)

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La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba - 1918 prefacio 6 > www.vocesenelfenix.com

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PREFACIO > 7 Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

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Nuestro régimen universitario –aun el más reciente– es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla. Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia. Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el Dr. José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de los que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino he- roico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son –y dolorosas– de todo el continente. Que en nuestro país una ley –se dice–, la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo. La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien. La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos. Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país y América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. El confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuánta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales. El espectáculo que ofrecía la Asamblea Universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena 8 > www.vocesenelfenix.com

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PREFACIO > 9 voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, en el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros –los más– en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical. La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la Ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del Salón de Actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio Salón de Actos de la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de la huelga indefinida. En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad. La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de “hoy para ti, mañana para mí”, corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuer- pos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes. Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios. No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: “Prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes”. Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia universitaria! Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión. La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia. 21 de junio de 1918 Enrique F. Barros, Horacio Valdés, Ismael C. Bordabehere, presidente. Gurmensindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosch, Ángel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón.

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A casi cien años de su enunciación, los principios y valores de la Reforma del ’18 son tanto irrenunciables cuanto insuficientes. A partir de los cambios ocurridos en el sistema universitario y de los procesos de democratización política, social y educativa acontecidos en América latina, es que empezamos a postular y defender la idea de la universidad como un derecho. Los artículos de este número se proponen reflexionar sobre esta problemática, por demás acuciante en el actual contexto regional. La “cuestión universitaria” hoy: aportes para una conversación colectiva 1 0 > www.vocesenelfenix.com

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> 11 por Eduardo Rinesi. Politólogo y filósofo, autor de una docena de libros de teoría social y filosofía política, entre los que puede mencionarse, en relación con el tema de este número de “Voces en el Fénix”, su “Filosofía (y) política de la Universidad” (2015). Investiga y enseña en la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde se desempeñó como director del Instituto del Desarrollo Humano entre 2003 y 2010, y como rector entre 2010 y 2014, y donde actualmente dirige la Carrera de Especialización en Filosofía Política

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Por supuesto, esta idea de democratización de la vida universitaria ha ido ganando en exigencias y en alcances a lo largo de todas estas décadas, y el modo en que hoy nos la representamos es ciertamente mucho más rico, más exigente y más completo que el que podemos encontrar en la historia y en los documentos de la Reforma de 1918. 1 2 > por Eduardo Rinesi

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La “cuestión universitaria” hoy: aportes para una conversación colectiva > 1 3 L a inminencia de la celebración del centenario de la Reforma Universitaria de 1918 da un marco especialmente propicio a la publicación de este número de Voces en el Fénix sobre el pasado, el presente y el futuro de la universidad pública argentina. La revuelta estudiantil de Córdoba, sus grandes textos y su fuerte impacto sobre la vida cultural y la historia política de los países de toda la región siguen siendo y deben seguir siendo para nosotros motivos de reflexión y también inspiración para nuestros propios modos de seguir habitando las instituciones universitarias que tenemos y de seguir pensando los tipos de lazos que esas instituciones universitarias, sus actores y sus producciones pueden establecer con las distintas esferas de la actividad social, política y cultural de la nación. Por supuesto, a la cabeza de los asuntos que la Reforma instaló en el corazón de los grandes debates que tenemos que retomar y que complejizar se encuentra el tema clásico, fundamental, de la autonomía. Que es una vieja palabra de la gran tradición republicana que, aplicada a la cuestión de las universidades, no puede servir para señalar apenas (aunque por supuesto que tiene que servir para señalar también) su independencia de los designios o el poder del gobierno del Estado, sino que debe nombrar –me atrevo a decir que en primerísimo lugar– la autonomía de los pensamientos que piensa y de los conocimientos que produce frente a cualquiera de los muchos factores de heteronomización que sabemos bien que esos pensamientos y conocimientos enfrentan todo el tiempo. Y que son, junto a (y eventualmente incluso antes que) los que puedan provenir de la orientación de las políticas desarrolladas desde el gobierno de cualquiera de los niveles o de los poderes del Estado, los que reconocen su origen en las fuerzas del mundo de la economía y de la producción y en la organización corporativa de una cantidad de intereses de actores de lo más diversos, externos y también internos a la propia dinámica de la vida de nuestras universidades. La otra cuestión que el movimiento reformista de hace un siglo nos deja como herencia y como mandato es su vocación por democratizar la vida interna de nuestras universidades, el tipo de interacciones y conversaciones que estas promueven y la organización de sus cuerpos colegiados de gobierno. Por supuesto, esta idea de democratización de la vida universitaria ha ido ganando en exigencias y en alcances a lo largo de todas estas décadas, y el modo en que hoy nos la representamos es ciertamente mucho más rico, más exigente y más completo que el que podemos encontrar en la historia y en los documentos de la Reforma de 1918. Por un lado, hoy se nos vuelve mucho más pensable que hace algunas décadas la participación activa en los órganos de gobierno de la universidad de actores que no formaban parte del imaginario reformista que pudieran participar del cogobierno de las universidades. Por otro lado, hoy se nos hacen mucho más inaceptables que hace un siglo una serie de restricciones de diverso tipo, empezando por las sociales y económicas, que históricamente hicieron de los estudios universitarios un privilegio reservado a los miembros de una pequeña elite. Por último, importa destacar y recuperar del espíritu de la Reforma su fuerte vocación latinoamericana. El asunto ha sido estudiado en textos justamente clásicos, que señalan tanto el fuerte impacto que tuvo la Reforma sobre la formación de la APRA de

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Hay algunos problemas y desafíos que todas estas discusiones acarrean. Uno es el de la coordinación de un sistema de universidades públicas que, en el último medio siglo, ha nada menos que sextuplicado el número de instituciones que lo integran, y ganado en complejidad de sus problemas y en densidad del tipo de relación que debe establecer con las autoridades educativas, y no solo educativas, del gobierno del Estado nacional. Haya de la Torre en el Perú como la deriva que ese ánimo reformista siguió hasta encontrarse, décadas más tarde, con el espíritu de la revolución cubana de 1959. Por supuesto, algo de todo eso estaba en el aire de ese proceso de lo que Michel de Certeau llamó la “toma de la palabra” protagonizada por los jóvenes universitarios parisinos de 1968, tan parecido a su antecedente cordobés de justo medio siglo antes, y cuyos ecos muy notorios volverán a hacerse oír –como cerrando un círculo– en esa misma Córdoba de nuevo sublevada apenas un año más tarde, en el ’69. ¿Y cómo no recordar también, en este rápido repaso de estas fuertes líneas de inspiraciones e influencias de la epopeya cuyo centenario nos preparamos para conmemorar, el tono marcadamente “reformista” del importante discurso que pronunció Fidel Castro en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en su última visita a nuestro país en el año 2003? Los temas que quedan hasta aquí muy rápidamente esbozados son abordados por varios de los artículos que componen el pre- sente número de esta publicación, que quiero aprovechar para agradecer muy especialmente al Dr. Abraham Gak haber tenido el privilegio y el placer de coordinar. Los textos han sido organizados en dos grandes bloques. Uno, de carácter más histórico, reúne siete colaboraciones en torno al problema de la evolución de nuestras universidades y de nuestro sistema universitario desde los años de la creación de las dos primeras casas de altos estudios en el país, hace cuatrocientos y doscientos años, hasta hoy mismo. Pablo Buchbinder ofrece en su trabajo un panorama general de esa larga historia, y Roberto Follari y Abraham Gak analizan el movimiento reformista de 1918 sobre el que venimos conversando y se preguntan por la actualidad de su legado y de los problemas que se atrevió a plantear. Otro bloque, de carácter más –digamos– temático, reúne otros siete textos sobre otros tantos problemas que parecía importante considerar. A este segundo bloque pertenece, sobre estos temas que hemos indicado hasta aquí, la muy cuidadosa revisión que realiza Jesica Rojas sobre los sentidos de una palabrita que ya hemos apuntado, 1 4 > por Eduardo Rinesi

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La “cuestión universitaria” hoy: aportes para una conversación colectiva > 1 5 “democratización”, a lo largo de la historia de nuestras universidades y de la reflexión sobre ellas. De todos modos, es evidente que, cien años después, los principios y valores de la Reforma Universitaria, con ser absolutamente irrenunciables y permitir y reclamar, como lo hacen, una permanente actualización, no pueden alcanzar para dar cuenta de los desafíos que enfrenta la reflexión sobre la cuestión universitaria en una sociedad que ha cambiado mucho desde entonces. Es preciso tener en cuenta, por lo tanto, todos estos cambios, y pensar también, de la mano de la reflexión sobre ellos, las transformaciones operadas en nuestros modos de pensar, de conceptualizar, la “cuestión universitaria” en nuestros días. Así, uno de los asuntos que una historia de la universidad argentina como la que propone la primera parte de la selección de textos que sigue tenía que considerar es el de la fuerte expansión del sistema universitario nacional operada en las últimas décadas: es lo que hace, en su trabajo, Silvia Paredes. La otra cuestión que es necesario tener en cuenta es la de las transformaciones conceptuales, los cambios en nuestras representaciones sobre la universidad que han escoltado esa expansión del sistema y que determinan los modos en que hoy organizamos nuestro pensamiento en torno a ella. Que es, en efecto, un modo sumamente novedoso, que a partir de las transformaciones operadas en las últimas décadas en el sistema universitario de los distintos países de nuestra región, y al calor del impulso de los procesos de democratización política, social y educativa alentados por los gobiernos que comandaron en América latina las experiencias políticas más originales y renovadoras de los tres primeros lustros de este siglo, empieza de un tiempo a esta parte a sostenerse no ya solamente sobre los principios clásicos que heredamos de la Reforma del ’18 –y que se asocian a las distintas formas en las que la misma reivindicó la idea, el principio, el valor fundamental de la libertad–, sino también, al mismo tiempo, a la postulación y la defensa, por primera vez en la historia de la reflexión sobre esta institución casi milenaria que es la universidad, de la idea de que la misma puede y debe ser pensada como un derecho de los individuos y de los pueblos. La idea aparece formulada muy sistemáticamente por primera vez en la Declaración Final de la Conferencia Regional de Educación Superior del IESALC/UNESCO reunida en Cartagena de Indias en 2008, y desde entonces se ha vuelto una orientación fundamental de las discusiones públicas y de muchas políticas gubernamentales. Permitirnos comprender los alcances conceptuales de la representación de la universidad como un derecho y acercarnos

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