Una mirada diferente a la Gestión del Riesgo de Desastres en el Perú - CENEPRED

 

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Una mirada diferente a la Gestión del Riesgo de Desastres en el Perú - CENEPRED

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UNA MIRADA DIFERENTE A LA GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES EN EL PERÚ

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UNA MIRADA DIFERENTE A LA GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES EN EL PERÚ

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Una Visión Por Compartir Autor: Valm. (r) Wladimiro Giovannini Y Freire Jefe del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres- CENEPRED s casi seguro, que desde que los seres humanos tuvieron conciencia de su relación con el entorno y de su propios congéneres, han tratado de una u otra manera de reducir los riesgos, disminuyendo las vulnerabilidades o exposición ante los peligros, así es como seguramente se instalaron hace miles de años en cuevas o en lugares poco accesibles, como protección ante sus depredadores y de la crudeza del ambiente, y poco a poco, gradual y sistemáticamente fueron expandiendo sus aldeas, hasta convertirse en las grandes urbes que son hoy en día. Así llegamos hasta nuestros días y cabría hacerse la siguiente pregunta ¿En qué momento los seres humanos nos desviamos de esa intimidad y equilibrio con la naturaleza y apostamos a someterla al máximo o más allá de su capacidad de recuperación, para gestar un estilo de vida supuestamente “mejor” que no se preocupa de los que vendrán después?, pues si fuera así, haríamos mucho más y más eficientemente, ante recursos que cada vez se vuelven más escasos y que nos obligan a mirar otras posibilidades más allá incluso de las propias fronteras terrenales. Llama positivamente nuestra atención la forma como gestionaron el ambiente las culturas antiguas, con un gran respeto hacia el medio ambiente del cual dependía su supervivencia, como lo es hoy y lo será en el futuro y bajo esta íntima comunicación y relación de convivencia armónica, se desarrollaron culturas que han demostrado a través de los hechos, cuyas evidencias admiramos, que es posible convivir armónicamente con la naturaleza que nos rodea. Pero no quiero desviarme del tema central de este artículo de opinión, que es proponer una visión de la Gestión del Riesgo de Desastres en nuestro país, aunque debo reconocer que todos aquellos temas que invocan el medio ambiente y la naturaleza están relacionados. Hace algunas semanas atrás, durante una exposición mencioné que el aprendizaje sobre Gestión del Riesgo

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de Desastres en nuestro país ha sido a “golpes”, muy fuertes en su mayoría, ya que la naturaleza sin ningún distingo, nos ha demostrado que, para retarla, debemos preocuparnos por conocerla, entenderla y “conquistarla” con sabiduría, con respeto y en armonía. Así, en este devenir histórico, el concepto REACTIVO ante los desastres, surge y se instala formalmente en la sociedad bajo la denominación de Defensa Civil, como consecuencia del sismo y aludes del año 1970, en que tuvimos que lamentar la pérdida de miles de vidas y de propiedad pública y privada. Se crea en consecuencia el Sistema Nacional de Defensa Civil (SINADECI), que tenía como su principal eje al Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), que surgió por la necesidad de estar preparados para responder como estado y sociedad ante desastres de diversa magnitud y así bajo esta eje temático, se organizó dicho sistema, estableciéndose procedimientos y estrategias que se difundieron, esperando siempre el siguiente desastre para actuar, quedando en evidencia que esta concepción dejaba de lado aspectos fundamentales que se encuentran graficados en las enseñanzas culturales milenarias, es decir, la gestión prospectiva (conocer los peligros y prevenir los riesgos) y Correctiva (mitigar o reducir los riesgos existentes) para evitar que la naturaleza nos muestre una vez más que seremos siempre inquilinos precarios y no los dueños absolutos de este planeta. El gran sismo de Pisco, tocándole las puertas a Lima, la Capital, pareció sensibilizar a los decisores políticos de aquel entonces y a la comunidad nacional, lo que aunado a una fuerte corriente mundial sobre una visión distinta de la Gestión del Riesgo de Desastres, en cuanto a la necesidad de fortalecer la inversión en la Gestión Prospectiva y Correctiva, dio lugar a la promulgación de la Ley 29664, Ley de Creación del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres(SINAGERD), que entre otros aspectos importantes, consideraba la creación de una nueva entidad, denominada Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), que se formaliza hace apenas 6 años. El SINAGERD, que se sustenta en la política trigésima segunda del Acuerdo Nacional, se instituye en nuestro país contando con dos organizaciones de base, el conocido y difundido INDECI, que se hace cargo formalmente de 3 de los 7 procesos de la Gestión del Riesgo de Desastres: Preparación, Respuesta y Rehabilitación; mientras que el recién creado CENEPRED, se hace cargo de los otros 4 procesos: Estimación, Prevención, Reducción y Reconstrucción, bajo un mandato Técnico Normativo, a través de la elaboración de propuesta de normas, fortalecimiento y asistencia técnica, aspectos que caracterizan su labor, aunque recientemente y a raíz del proceso de la Reconstrucción con Cambios, se le han asignado funciones operativas mediante la elaboración de Evaluaciones de Riesgos en los centros poblados priorizados por el Sector Vivienda. En el devenir de estos pocos años desde la creación del SINAGERD, se han ido adoptando una serie de acciones, como la creación en el 2013 de la Secretaría de Gestión

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del Riesgo de Desastres, dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros y cuya vida orgánica se vio recientemente modificada, pues en febrero de este año, fue adscrita en ciertas funciones al INDECI, manteniendo las de rectoría en el nuevo Viceministerio de Gobernanza Territorial, dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros. Un Año después, en el 2014, se formularía el Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (PLANAGERD), que incorpora un análisis y evaluación realista del proceso de implementación de la GRD desde el nacimiento del SINAGERD en el 2011, determinando con claridad las debilidades del Sistema, que no son intrínsecos a la normativa que es muy completa y en general bien elaborada, sino al pobre cumplimiento de la misma por quienes tienen la obligación funcional de cumplirla y hacerla cumplir, a la falta de sensibilidad y compromiso hacia la GRD, a una falta de visión y comprensión clara sobre la composición del SINAGERD y sus mecanismos de integración horizontal y articulación nacional, en suma, a una falta casi generalizada de reconocer que los muchos y variados peligros que nos amenazan representan considerables riesgos de desastres en la medida que no hagamos nada o hagamos poco para prevenirlos, reducir o mitigar sus efectos o prepararnos para afrontarlos. En base a este diagnóstico establece objetivos e indicadores de cumplimiento para todos aquellos que participan en la GRD, como son los diferentes niveles de gobierno, sectores, instituciones públicas y privadas, etc., buscando lograr que se instituya e implemente en forma eficiente y efectiva la Gestión del Riesgo de Desastres en nuestro país, destacando entre otros objetivos, la necesidad de generar una verdadera y solida cultura respecto a esta trascendental temática. El reciente episodio del denominado “Niño Costero”, que a las luces de sus terribles efectos puede ser considerado un duro “golpe” y espero una gran “oportunidad”, debería representar una nueva ocasión de extraer lecciones aprendidas y creo yo, nuevamente sin temor a equivocarme, proponer cambios a la organización del Sistema de Gestión del Riesgo de Desastres, convirtiéndose en el principal foco de nuestras preocupaciones, en el sentido de evaluar con seriedad la necesidad de integrar y articular las instituciones dedicadas a la GRD, mediante la constitución de una Autoridad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, debidamente empoderada, representada por un Director Ejecutivo a dedicación exclusiva, con rango ministerial y participación plena, con voz y voto, en los ámbitos de su competencia en el Consejos de Ministros, con presupuestos representativos asignados como pliego para implementar verdaderamente la GRD en todos los niveles de la administración pública y de la sociedad en general; con capacidad para exigir el cumplimiento de las funciones de GRD a los diferentes niveles de gobierno, sectores, instituciones públicas y privadas, a través de la capacidad consecuente de sancionar su incumplimiento. En definitiva, una Organización Nacional claramente identificable, visible, representativa y rectora de todos

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los aspectos relacionados a la GRD en el país, que logre verdaderamente en los hechos, conformar una sociedad más proactiva y prevenida ante los peligros, más preparada para la respuesta y más resiliente ante la inevitable ocurrencia de desastres. Como sociedad y como individuos vivimos permanentemente expuestos, en función a nuestro lugar de residencia, a diversos peligros como terremotos, tsunamis, inundaciones, huaycos, deslizamientos, avalanchas, sequias, heladas, friajes y erupciones volcánicas, amén de los peligros derivados de la acción humana que pueden terminar siendo muy peligrosos, configurándose escenarios de riesgos con un carácter permanente que es necesario tener en cuenta para reducir las vulnerabilidades que nos exponen a los peligros y en consecuencia a los riesgos derivados, para lo cual es necesario no solo pensar en medidas estructurales de mitigación del riesgo, sino y por sobre todo, mantener una actitud conscientemente proactiva respecto a su gestión; ello termina siendo más importante incluso que las obras, pues la actitud “acompaña” siempre a cada persona sin importar el lugar donde se encuentre. No siempre el tiempo y los plazos jugarán a nuestro favor en la gestión del riesgo de desastres; tener fe en que el peligro no ocurrirá no es suficiente, debemos adoptar acciones preventivas, correctivas y paralelamente prepararnos seriamente para enfrentar aquello que irremediablemente ocurrirá, afectándonos a TODOS en mayor o menor medida. Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que las consecuencias de un desastre son inversamente proporcionales a la prevención y reducción de riesgos para minimizar sus consecuencias y a la preparación para reducir sus efectos una vez ocurrido. ¡VAMOS PERU, UNA SOLA FUERZA, UNA SOLA ACTITUD, POR NUESTRO PAIS, POR NUESTRO HOGAR¡

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Importancia de los Grupos de Trabajo para la Gestión del Riesgo de Desastres en los Gobiernos Locales Autor: Econ. Elmer Yvan Juárez Martínez Especialista en Proyectos de Inversión - CENEPRED os antecedentes históricos de las municipalidades en el Perú datan desde los inicios de la Colonia, donde funcionaban bajo la denominación de Cabildos bajo la tutela del Virrey, cumpliendo la función de gobierno y administración de justicia. En la actualidad, si bien esta última no es materia de su competencia, aún mantienen la facultad de ejercer actos de gobierno y gozan de autonomía política, económica y administrativa en los asuntos de su competencia, de acuerdo a lo establecido en la Ley Orgánica de Municipalidades y la Constitución Política del Perú, donde adicionalmente se indica, que las municipalidades provinciales y distritales son los órganos del gobierno local. De acuerdo a los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística e Informática, a junio del 2017 en el Perú, se tienen un total de 1,842 municipalidades, de los cuales 196 corresponde a municipalidades provinciales y 1,655 a municipalidades distritales; siendo los departamentos de Lima con 171, Ancash con 166 y Cajamarca con 127, los que concentran el mayor número de municipalidades; caso contrario tenemos a Tumbes con 13, Madre de Dios con 11 y la Provincia Constitucional del Callao con 7 municipalidades, que son los que concentran el menor número de municipalidades. Mediante el Decreto Supremo N° 015-2014-EF , se han clasificado a las municipalidades en 4 Tipos: A, B, C y D, siendo las del Tipo D, las que concentra alrededor del 56%, es decir aquellas municipalidades no consideradas ciudades principales, que, según la clasificación, son municipios con menos de 500 viviendas urbanas. En el año 2011, se crea el Sistema Nacional de Gestión del Riego de Desastres (SINAGERD), con la finalidad de identificar y reducir los riesgos asociados a peligros o minimizar sus efectos, así como evitar la generación de nuevos riesgos, preparación y atención ante situaciones de desastre; siendo los gobiernos locales, los responsables de implementar la Gestión del Riesgo de Desastres dentro de sus procesos de planeamiento. Y con la

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finalidad de facilitar la implementación de sus procesos, se constituyen los Grupos de Trabajo de la Gestión del Riesgo de Desastres (GTGRD), los mismos que son presididos por la máxima autoridad de cada entidad del Estado. En este entender de ideas, resulta necesario saber los avances que vienen obteniendo respecto al proceso de implementación de la GRD en los gobiernos locales, sabiendo que dicho proceso es impulsado por los GTGRD. ¿Será que enfrentan limitaciones en el cumplimiento de sus funciones? La Ley del SINAGERD, establece como uno de sus principales instrumentos de apoyo para el proceso de implementación de la GRD, al Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres 2014 – 2021 (PLANAGERD), mediante el cual se establecen objetivos, estrategias, metas y prioridades en materia de GRD para el corto, mediano y largo plazo, en los tres niveles de gobierno. Si bien este instrumento sirve de base y guía para el proceso de implementación de la GRD en las entidades del Estado, presenta algunas limitaciones que retrasan el cumplimiento de las metas previstas. Asimismo, no se tienen indicadores claros para medir la implementación de la GRD, porque no se cuenta con un Plan de Seguimiento y Monitoreo, que permita un alineamiento con uno de los mecanismos financieros como lo es el Programa Presupuestal 068, “Reducción de la Vulnerabilidad y Atención de Emergencias por Desastres”. Estas limitantes hacen necesario su revisión, con el objeto de contribuir y mejorar los niveles de implementación de la GRD en las entidades del Estado. A la fecha, es muy poco lo que se conoce respecto a la implementación de la GRD en las diversas entidades del Estado; en su publicación “Análisis de la Implementación de la Gestión del Riesgo de Desastres en el Perú”, realizado por la Misión de las Naciones Unidades publicadas en el año 2014, dan cuenta que a nivel de los gobiernos regionales y locales, existe muy poco conocimiento de los alcances y competencias establecidas mediante la Ley del SINAGERD, así como de las opciones y mecanismos financieros existentes orientados a la GRD, por parte de los funcionarios. Este mismo informe, indica que “La relación y coordinación del SINAGERD a nivel de las entidades del Estado, no está funcionando adecuadamente, debido entre otros aspectos, a la falta de una visión sistémica del tema y al desconocimiento de la Ley”, así mismo indica que “la ausencia de una carrera del servidor público, y a la alta rotación del personal por motivos electorales y principalmente a nivel regional y local, los esfuerzos de capacitación y transferencia de conocimientos no dan los frutos esperados”. En este mismo informe, también se indica, que los GTGRD no tienen claras las funciones que éstas deben de cumplir, teniendo una fuerte orientación a privilegiar acciones de la Gestión Reactiva y no tanto así a impulsar la Gestión Prospectiva y Correctiva, y que la Secretaría Técnica de los GTGRD en la mayoría

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de los casos recae en las Oficinas de Defensa Civil. Desde el año 2013, el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) viene ejecutando una serie instrumentos y procedimientos administrativos que le permiten recopilar información relacionada al avance de la implementación de GRD en las entidades del Estado. Los resultados que han presentado, correspondientes al periodo 2015 – 2016, donde se llegó a coberturar el 64.29% de las municipalidades provinciales y 21.63% de municipalidades distritales, indican, que la incorporación de la GRD es muy limitada, explicado entre otras razones por escaso personal, poco conocimiento en GRD, limitado presupuesto y la falta de voluntad política por parte de las autoridades; adicionalmente, se describe que los Instrumentos de Gestión Institucional como el ROF y el MOF, son un punto débil aún en los tres niveles de gobierno, siendo estos documentos muy importantes para la dotación de recursos y hacer efectivo el ejercicio sostenible de las funciones del GTGRD en los ámbitos regionales y locales; lo cual impide seguir un proceso continuo y homogéneo en la implementación de la Política Nacional de la GRD y el PLANAGERD a nivel nacional. En los resultados presentados por el CENEPRED, respecto a los GTGRD, aproximadamente 59% han sido instalados, un 27% cuentan con un Plan Anual de Trabajo y un 21% cuentan con Reglamento Interno de Trabajo y el 36% realiza Reuniones Formales de Trabajo. Estos resultados, nos muestran que la instalación de los GTGRD es muy limitada para el caso de los gobiernos locales, y aún menor es la proporción de entidades que efectúan el seguimiento a la ejecución de actividades programadas. Cabe indicar, que para evidenciar estos resultados, el CENEPRED, mediante su Aplicativo Informático: Sistema de Información para el Seguimiento, Monitoreo y Evaluación (SIMSE), requiere, la realización del registro de evidencias físicas; es decir se solicita se adjunten los documentos que permita verificar la información registrada en el aplicativo. Por su parte, el Instituto Nacional de Defensa Civil, reporta que el 89% de las municipalidades provinciales y el 59% de las municipalidades distritales, han conformado los GTGRD y en esa misma proporción han implementado sus Plataformas de Defensa Civil. Los resultados presentados, nos indican que el proceso de implementación de la GRD en los Gobiernos Locales, es muy lenta, la misma que está asociada a la carencia en la difusión de la normatividad, alta rotación de personal especializado y la falta de compromiso político por parte de las autoridades de turno; es necesario, por lo tanto, que se cuente con un Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres acorde a la realidad local.

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“Promoviendo Cultura de Prevención”

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