Nº 37 HORIZONTE DE LETRAS. Revista digital de creación literaria.

 

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Editada por Asociación de escritores "Alfareros del Lenguaje"

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#37 Revista digital de Revista digitEadlitdaedCarcperaoecrai:ócnióLnitleirtaerriaaria Sumario Nuestros socios (pág. 4) Relato (pág. 4) EntreMvicirsot-arelaatola(pág. 19) escritORoeprsineaiñóaAnl(inpteáarga.rBi2a0e()pléágn. 24) Rodríguez Patiño, autorHPaoaiekdsuíea(p(lpáaágg.n.2o268)v) ela Nue“sDtroosncdoelaabcoarabdaorneslo(pság. 40) mapaRse”lato (pág. 40) Poesía (pág. 46) Ensayo histórico (Pág. 52) Opinión (pág. 58) Entrevistas (pág. 60) Michou Pourtalé Entrevistas: Eva Mª Medina Editada por Editada por: EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. Octubre/Diciembre 2017

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 2 ©: Revista “Horizonte de Letras” Editada por: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación Nacional de Escritores Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 Dirección, evaluación y coordinación: Rafael Gálvez Enrique Eloy de Nicolás Fernando J. Baró Ignacio León Maquetación y coordinación: Enrique Eloy de Nicolás Patrocinan: Para contactar con nuestra asociación: www.alfareroslenguaje.org info@alfareroslenguaje.org www.componentesgil.es Para suscripciones y colaboraciones literarias: www.horizonte-de-letras.webnode.es horizontedeletras@gmail.com www.compraventacoleccion.com __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 Fundada en 2009 por Enrique Eloy de Nicolás SUMARIO EDITORIAL (Pág. 5) Enrique Eloy de Nicolás NUESTROS SOCIOS (Pág. 7) RELATO “Un viaje en tren”, de Rafa Gálvez “Pensando en ti”y “Las camapanas del silencio”, de Fernando José Baró “Mi querido don Quijote”, de Matilde Gonzálvez “Jurar la espalda”, de Fernando Cotta “El pequeño fantasmita”, de Luis Infantes “Samba triste”, de Fernando Rodríguez García MICRORRELATO “Otoño”, de Dolors López RESEÑA LITERARIA ”Donde acaban los mapas”, de Ana Belén Rodríguez Patiño. Reseña realizada por Enrique Eloy de Nicolás HAIKUS Haikús, de Ana Larraz Galé NUESTROS COLABORADORES (Pág. 51) RELATO “Ovación y vuelta al ruedo”, de Eva María medina POESÍA Varios poemas, por Ana Romano “La tormenta. Evocación a la Navidad”, de Pablo Ruiz Muga Varios poemas, por Aurora Varela “¡Que sea porque lo sienta!”, de Luis Jiménez Carmona Varios poemas, por Yoyita Margarita Varios poemas, por Javier Úbeda “Realidades” y “Poema a una amiga”, de Miguel Ángel Serrano Escalada “Nueve poemas”, de Juana García Romero Varios poemas, por Consuelo Rodríguez ENSAYO HISTÓRICO “Movimientos Centrífugos en España. Los procesos secesionistas en América. Aspectos económicos en el proceso separatista de América (1)”, de Cesáreo Jarabo Jordán “Reflexiones sobre lo que podría ser ‘arte’”, de Aurora Varela RESEÑA LITERARIA ”Siri Ocra y el mundo de lo absurdo”, de Carolina Olivares. Reseña realizada por Sonia Yáñez Calvo CRÍTICA DE CINE “Arma cómica (saga ‘Arma letal’). Aventura policial”, por Francisco Javier Landa ENTREVISTA (Pág. 95) Ana Belén Rodríguez Patiño. Realizada por Enrique Eloy de Nicolás Convocatoria para próxima antología: (Pág. 100) “ARCANUM FABULIS” Relatos y callejas del Madrid misterioso __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 3

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 4 Editorial __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 5 El 37… Es un número cualquiera, es cierto… No parece un número bonito, ni redondo, ni sugerente, no indica nada importante, ni tiene una comparación específica como algunos de los números que se “cantan” en el bingo… Sin embargo, para nosotros, para los componentes de este grupo de humildes escritores que conformamos “Alfareros del Lenguaje” tiene un significado especial, una importancia que pronto descubriréis cuando os introduzcáis en la lectura de este nuevo número de nuestra revista “Horizonte de Letras”. Y ese no es otro que el 37, este que tenéis ahora mismo en vuestras manos –o en las pantallas de vuestros ordenadores, tablets o teléfonos móviles. Este número es muy especial, no tengáis ninguna duda. Trae cambios importantes de diseño para nuestra revista, que creemos debe evolucionar siempre y mejorar, haciendo que sea cada más atractiva a los ojos de un exigente público lector que aumenta como la espuma, día a día, porque su calidad y variedad se aprecia a nivel nacional e internacional. Y esta afirmación, que puede parecer ostentosa, vanidosa si queréis, es lo que nos hace ser cada vez más humildes a los escritores y escritoras que participamos en ella, en nuestra querida revista, que cumple ocho espléndidos años este primero de octubre… Otro motivo más para que este número 37 sea importante, como podréis comprender. Los textos de nuestros socios y colaboradores están escritos con todo el esfuerzo, son producto de un esmerado trabajo de elaboración, porque saben que “Horizonte de Letras” se lo merece, porque son conscientes de que tú, querido lector, es lo que buscas: calidad y variedad al más alto nivel. Recuerdo ahora con cariño la primera antología que editamos, que editó “Alfareros del lenguaje”, con aquel homenaje que realizamos a nuestro querido socio y maestro, don José Baró Quesada, fallecido desgraciadamente hace ya más de dos años, en donde la totalidad de los componentes de nuestra asociación y otros muchos escritores, dibujantes y artistas que lo conocieron colocaron su granito de arena para construir un libro hermoso y emotivo que titulamos “Semblanzas”. Fue nuestra primera antología editada, que a todos nos dejó un bello poso de amistad y esperanza… Y ahora llega la segunda… Por eso, también es importante el número 37, este que lees en este momento, porque en él promocionamos nuestra segunda antología. Será una selección de textos de todo aquel que quiera participar, y la hemos titulado “Arcanum fabulis. Relatos y callejas del Madrid misterioso”. La convocatoria para la recepción de textos acaba de iniciarse, y estará abierta hasta el 31 de marzo del año 2018. Estamos convencidos de que será un precioso libro que tendrá tanto éxito como “Semblanzas”. Al final de este número, en las páginas que lo cierran, podréis encontrar las bases. Lo único que esperamos es que os animéis a participar y que nos enviéis vuestros relatos para que esta nueva antología sea universal, en extensión y en calidad. Como veis, el número 37 sí es importante, muy importante, al menos para nosotros, los “Alfareros del lenguaje”. Feliz otoño a todos. Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 6 Nuestros socios __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 7 Rafael Gálvez Olmo nace en Madrid en 1940. En el 55 trabaja ya para una Agencia de Publicidad en la que llega a ser uno de sus creativos gráficos durante más de cuarenta años. En el 58 le hacen su primera entrevista y ve publicado su primer relato en una revista “de academia”. Escribió desde muy joven y, motivado por esa inquietud se ha relacionado toda su vida con otros amantes de la literatura, por lo que le llevó a ingresar en la recién creada Agrupación Hispana de Escritores, donde fue director técnico de la publicación “Autores Lectores”, que él mismo confeccionó y modernizó durante el tiempo que perteneció a ella, publicando varios relatos (con seudónimo de Sinhué), en dicha revista, a finales de los 60 y principios de los 70. Un largo período de intenso trabajo en su profesión de creativo publicitario, le apartó del mundo literario, aunque no dejó de escribir hasta que, llegado su “relax laboral”, contactó con un grupo de jóvenes escritores con los que creó “La Voz de Ondarreta”, un periódico local (en Alcorcón), de una calidad literaria excepcional, pero de una vida muy efímera por cuestiones muy largas de exponer. Más estos mismos autores (amigos), deseaban seguir juntos escribiendo, culminando con la fundación de la ASOCIACIÓN CULTURALEDITORIAL VERBO AZUL, (en Alcorcón). Ha publicado diversos artículos y relatos en periódicos provinciales, y varios libros y relatos cortos en las diversas publicaciones de esta Editorial. Ha recibido varios premios literarios, así como en arte gráfico y fotografía. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 UN VIAJE EN TREN “... El tren con destino Madrid hará su salida a las ocho quince en el andén número cuatro”. 8 Sergio escucha el aviso por la megafonía sin interés alguno. Aun así, se incorpora de la dura silla de polietileno donde se halla postrado para no sentir entumecidos sus músculos; estira sus brazos de forma muy cercana a la grosería, y luego coge, con una mano, el pequeño bolso de viaje que se encuentra a sus pies y con la otra su cartera de ejecutivo que le acompaña a todas partes. Mientras se encamina al andén indicado, escucha nuevamente el aviso, que repite, en otro par de idiomas distintos, la misma cantinela. Encuentra fácilmente tren y vagón señalado en su billete. Sube a él y en rápida ojeada a la numeración de los asientos tiene la seguridad de cuál es el suyo. Se acomoda, no sin antes depositar sobre el maletero el bolso que cuelga de su hombro y agradecer, inconscientemente, que sólo tuviera un viajero al otro extremo. También, sin pensarlo, deseó que su acompañante no fuese muy hablador, no tenía ningún interés en charlas triviales con un desconocido acompañante en un agobiante trayecto. Para hacer mayor la distancia que le separe del extraño, adapta la mesita, (que en múltiples ocasiones sirve de un maravilloso tet-a-tet, pero que a él, ahora, no le interesa para nada) y, a continuación, deposita el maletín sobre ella, marcando una barrera o división territorial. Después se relaja y cierra los ojos. Aquel sillón es muy cómodo y la temperatura mucho más agradable que en el exterior. Trata de perderse en sueños. “El sol levanta en el horizonte su blanco-amarillento arco borrando el cielo con paño de tornasol que limpia su prolongada oscuridad mostrando el azul celeste de un nuevo amanecer. “Las gaviotas graznan alegremente alrededor de la barca donde Sergio pesca desde antes que el primer rayo solar se rompa en mil estrellas que siembran la superficie del agua festejando un nuevo día. Las brillantes perlas que forman la espuma revientan en el aire y se van transformando en palomas... Los peces saltan entre ellas y miran al hombre con sus grandes ojos”. Un trueno exterior, (o un leve ajetreo muy próximo), le hace volver a la realidad. Que su sueño ha durado apenas un instante, y que su futuro compañero se está instalando en el asiento que, de haberlo pensado, hubiera comprado también. Instintivamente recoge su relajada postura y abre los ojos. El taxi llega veloz, frenando con gran chirrido de neumáticos, ante la entrada de la estación Central. Pese a su escandalosa arribada, durante incontables segundos no hay movimiento alguno. Después, la puerta del usuario se abre y lo primero que asoma por ella es una pierna femenina que apoya su pié, (calzado con un zapato de largo tacón), sobre la acera, mostrando, a continuación, un tres cuartos de su cuerpo. Más tarde, el resto de la presunta dueña, que se gira para recoger algo del interior, enseña, generosamente, tras una falda ajustada y corta, las largas piernas de una hermosa mujer. Se muestra por fin, de frente, con un par de bártulos, (bolsas de viaje con pegatinas de otros “tour”), que deja sobre el suelo mojado, fatigada, hastiada. Se queda parada a pesar de la lluvia que cae copiosamente. Laura, en realidad, no tiene prisa. No le importa nada coger ese tren u otro cualquiera del día siguiente. Hace mucho tiempo que ha asimilado haber perdido el último tren, quizá su último tren, y lo tiene totalmente asumido. Sólo el hecho de estar allí, a cuatro minutos de la hora de salida, le hace reaccionar para recoger su equipaje, no mojarse más y, ya que lo había decidido, no ver fallida su intención, por lo que se introduce en la estación sin saber hacia dónde dirigir sus pasos. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 La megafonía le informa, afortunadamente, (con sólo un minuto de antelación), del andén que corresponde a su tren. Muestra su billete y, sin desearlo, acelera sus pasos para llegar, muy a tiempo, al vagón que le corresponde. La locomotora ha pitado y el convoy arranca mientras ella respira varias veces, (en el descansillo de la entrada), para regularizar su ritmo respiratorio. “Ya has cogido el tren, ¿y qué? ¿qué prisas son las tuyas?” Deja los bolsos sobre el suelo y se atusa los cabellos con las uñas, a modo de peine; los airea mientras mira al exterior. El tren sale de la estación y la lluvia, violenta, golpea la cristalera de la puerta. Hace un gesto expresivo admitiendo la naturaleza del día y del lugar. “Bien; todo está consumado. No has sido capaz de aprovechar unos días más de libertad y así te encuentras, volviendo a casa como una fracasada. Más estúpida que nunca”, (se dice.) Respira hondo una vez más, se echa los bolsos a los hombros y se dispone a buscar su vagón. Sergio comprueba que es una mujer la que se está instalando en el otro asiento, y trata de mostrarse en postura decorosa, retirando, diligentemente, su maletín de sobre la mesa. Murmura un saludo y, sin proponérselo, se fija con elevado interés, en la elegante fémina que sonríe mientras se acomoda. Es rubia, de melena muy corta, a lo paje. Viste traje gris de confección masculina, pero con falda muy corta que solo le llega hasta la rodilla cuando se encuentra en pié. Es muy alta. Su cara algo pálida, a pesar de los afeites que la muestran lozana y joven. Sus labios totalmente rojos y muy bien aprovechados en su marco curvilíneo. Los ojos lanzan reflejos de sol como las cascadas al amanecer en el Iguazú... Sergio se asusta ante tanta observación, (aunque discreta), hacia aquella bella mujer que va a ser su compañera de viaje. Sus miradas se encuentran. En las pupilas de ella brillan, igualmente, perlas de excitación. Se estremece. Hay unos segundos de muda y mutua admiración El hombre se incorpora ligeramente sobre la repisa que hace de mesa y alarga su mano, no muy firme, mientras dice: –Me llamo Sergio, y voy hasta Madrid... –Yo Laura. –Añade ella, rozando con sus dedos los extendidos de él, a la vez que desvía su mirada fijándola en la ventanilla que tiene a su derecha. Fuera llueve y el cristal parece tapizado de múltiples brillantes; lombrices vivas y caprichosas que se mueven en un zigzagueante recorrido imposible de precisar–. Son como los caminos de nuestra existencia. –Dice en callado murmullo, olvidándose de su acompañante–. No es nuestra voluntad la que nos lleva al destino deseado... sólo es el viento el que nos empuja hasta la extinción... Sergio escucha aquel susurro y siente el abandono y desamparo de la mujer. Reflejado sobre el cristal lluvioso puede contemplar sus grandes ojos de soledad. –Bueno, lo sierto ez que en Madriz haré la parada obligada, –dice el hombre, tratando de borrar la naciente tristeza que refleja aquel bello rostro–. La realiá ez que voy hazta Zevilla. –Y trató de poner el acento más andaluz y simpático de que fue capaz.´ Ella vuelve la cabeza y le mira. Sus ojos chispean y sus labios revelan una leve sonrisa, que se amplía en segundos, confirmando una blanca hilera de dientes, mientras añade, remedando el andalucismo más clásico, y guiñándole un ojo en plan confidencial: –Qué interesante coinsidensia, yo también pararé en Madriz y mi destino también es Zevilla. –Parece desear continuar con su alegre entonación, pero Sergio observa el cambio brusco de su rostro cuando la oye añadir–: Allí vivo. –Y regresa su mirada hacia la ventanilla. El hombre no sabe cómo interpretar la nueva expresión, mas, ante la admiración que siente hacia aquella extraordinaria mujer, sigue con el camino emprendido, tratando de borrar su tristeza: –¿Ez que no le guzta Zevilla?– Ella vuelve a mirarle. Él hace un gesto con las manos, por encima de su cabeza, tocando unas castañuelas imaginarias, y un par de poses de “bailaor” que roban una nueva __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 9

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 sonrisa a los hermosos labios de la mujer. Amplía el espectáculo con unas palmadas sobre su cara, en plan “palmero” y remata con un gran abanico que parece refrescar un calor sofocante, mientras resopla con exageración repetidas veces. Luego parece ponerse serio y añade–: A mí tampoco, hace mucho calor. A ella le ha hecho gracia la actuación y ha sonreído, y reído durante toda ella, con discreto tintineo. A su término, parece entender que la cristalera llorosa, con fondo de tierras grises, sigue siendo más interesante que lo que hay en el interior del vagón. Sergio asiste de nuevo al ocaso de aquellos expresivos ojos. Reposa sus manos sobre la mesita, y tamborilea con los dedos sobre ella. Piensa en qué puede hacer para alegrar a criatura tan encantadora que le trae recuerdos de noches pasadas en ensoñaciones. Esta reflexión le hace recordar algo que se clava en su corazón; quizá aquellos años de inquieta juventud en que tuvo muchos sueños que jamás se cumplieron. –A mí tampoco me gusta Sevilla–. Dice sin saber por qué. No la mira, aunque presiente sus ojos clavados en él–. No. No es mi tierra, lo mío es el mar. Siempre soñé con el mar. –Suspira muy hondo y prosigue–: Lo cierto es que nací en Madrid... –deja pasar unos segundos, en los cuales se siente más observado que nunca, y luego añade lo más bajo posible–...hace cincuenta años. Ella le está mirando con el asombro de verlo por primera vez o la de haber descubierto un horrible secreto que el hombre guardara para sí sólo. Sergio cruza un segundo sus ojos con los de ella, y los retira, escudándolos en la ventanilla y su llanto exterior. Él también desearía llorar como el día y perderse fácilmente en un suspiro por la serpenteante cristalera del tren. Sería extraordinario desaparecer de este mundo tan rápidamente como aquellas gotas, que, en aquel pequeño recorrido, habían vívido toda una existencia... mas, en realidad, ¿qué es la propia existencia humana?... un pequeño recorrido sobre una inmensa cristalera, a merced de todos los vientos, como había dicho su compañera de viaje. Laura es la que estudia ahora al hombre y se estremece al ver un brillo distinto sobre sus ojos; ¿una lágrima?... ¿un reflejo de alguna luz exterior?... Sí, es un hombre maduro. Quizá los cincuenta que ha admitido, pero que los presume muy dignamente, sin rastro de calvicie ni de estómago; sin nada de lo que desagrada a una mujer y, además, su aspecto le recuerda a alguien de algún tiempo con quien convivió en su juventud. Tanto siente la empatía hacia él que trata de sacarle de su ensimismamiento hablándole: –Yo también nací en Madrid... y siempre soñé, durante toda mi vida, con el mar, pero no lo conseguí, no llegué... Era preciosa. Sus ojos verdes cenagosos debían fulgurar en esmeralda en un resplandeciente amanecer de amor. Sergio está a punto de entregarse a su alocada imaginación, se siente tan fácil a su lado... Logra recuperarse y pregunta, tratando de no hacer notar su grado de excitación: –¿Qué fue lo que te lo impidió?... ¿Por qué no puedes hacerlo ahora?... Le sorprende su propia indiscreción y no le extraña que la hermosa rubia desvíe, una vez más, su mirada hacia el ventanal para perderla en un paisaje que no puede verse ya. El sol, en lucha con el horizonte y los negros nubarrones que lo persiguen desde Barcelona, parecen desear mandar su mensaje de que hoy no puede más, pero que mañana continuará con renovadas fuerzas. El hombre prosigue admirándola, tratando de encajarla en un recuerdo que no deja de rondar en su cabeza. Se recuesta sobre el cómodo asiento, cruza los brazos sobre el tórax y habla como si lo hiciera para sí: –Siempre me he preguntado lo mismo, ¿por qué no he seguido al mar si tanto lo deseaba? –No la miraba, mas dejaba muy claro que era una confidencia a un amigo–. Hace veinticinco años salí de Madrid. Mi posición y mis estudios me dieron una categoría que no merecía mi juventud; que no sabía evaluar... “Condición, clase... lo tenía todo... y también una novia, compañera de muchos años de estudio a la cual amé y juré eterna pasión... y a la que desplacé con la primera oportunidad en la que mi estatus social me permitió alternar en una elite superior. –Un suspiro de alma que escapa de mil años de prisión: Sigue sin mirarla, incluso se tapa los ojos y con los dedos comienza un frenético masaje sobre los párpados, tratando de borrar la imagen que se le representa. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 10

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 –Me fui a trabajar a Barcelona –prosigue–. Le escribía dos cartas por semana; luego una al mes. Más tarde... estaba inmerso en mi trabajo y en el sugestivo mundo que se me presentaba. La cumbre bajó a mí; no debía desdeñarla ni mirar lo que había quedado abajo. Y allí arriba estaba otra chica que podría abrir las pocas puertas que me faltaban para el éxito total... Me casé con ella... Nunca me arrepentiré lo suficiente de aquella decisión... Nunca llegué a olvidar a la muchacha que se quedó... que se quedó esperando... Un ahogado sollozo culmina sus últimas palabras. Cubre su cara con ambas manos y llora rabiosa, abiertamente, sin tener conciencia de donde se encuentra. Laura le ha escuchado todo el tiempo, y la brillante lágrima que floreciera en su comienzo ya resbala mejillas abajo. ¡Dios! ¿de dónde había salido aquel hombre? Limpia de un manotazo aquella muestra de sentimiento, y luego, sin querer evitarlo, y sin pensarlo, alarga sus manos a las de él, y las separa de su rostro. Se obligan a mirarse. En los ojos del hombre aun golpean lágrimas en franco atropello. En los de ella, continúa el río que quiso secar. Se observan largamente, en silenciosa admiración, hasta que terminan sonriendo. Hay un momento muy íntimo en el que sienten, mientras continúan con las manos enlazadas, que en el mundo, sólo están ellos. Sergio rompe aquél éxtasis, soltando suavemente una de las manos de ella y limpiando las últimas rebeldes lágrimas. Añade, tratando de dar firmeza a sus siguientes palabras: –Me casé, como ya te he dicho... y continúo casado... Ella retira la otra mano comprendiendo una realidad que no se puede ignorar por unos minutos de sueños. Se reposa sobre su asiento, y mira, una vez más, a la prematura oscuridad del exterior. La música ambiental de aquel vagón parece elevar los decibelios, pero ambos, sin necesidad de comunicar sus sentimientos, reconocen que la tonalidad no ha subido, sino que la canción les está llevando al añorado mundo que han comenzado a recordar. Y mientras, escuchan dulces formas de decir “en la larga noche, en la oscuridad, te acariciaré toda...”; “ven junto a mí y nos amaremos pese al mundo...”, “bésame como si fuera la última vez...” Tiempo más tarde, después de muchas canciones que parecían una extensa exposición de recuerdos, Laura vuelve a mirar directamente a Sergio, y, como una obligación, con triste resignación, comenta: –Yo también estoy casada. Aquella entrañable intimidad naciente parece romperse. Sus abiertas y sinceras confidencias han culminado con el levantamiento de un gran muro entre ellos. –Tengo dos hijos; de 26 y 24 años, y un marido que me quiere. –Dice ella, con insegura voz, tras el prolongado silencio y volviendo la mirada a las lejanas luminarias del confín de la noche–. Me casé embarazada del primero. Yo no había cumplido los veinte. –Otro silencio. Sergio la observa y escucha anhelante y atemorizado. Presiente una confesión que no le va a beneficiar en nada–. También fui a la Universidad –prosigue–, y tuve un novio que me juró amor eterno...–Vuelve la cabeza y le mira con aquella mirada de reproche que el hombre temía encontrar en cualquier momento de su existencia–. No sé qué fue de él. Un día desapareció de mi vida, sin saber un porqué, y, cuando tiempo después nos tropezamos, él ya se había casado. –Silencio, angustia, miedo...– Fue un duro golpe del que jamás me recuperé–. Una sonrisa forzada de justificación–. Un par de semanas más tarde me convencieron mis amigas y me llevaron a un “guateque” de los que se estilaban por entonces... Sergio quiere huir de la mirada acusadora de la mujer y trata de escapar escudándose tras las manos, con torpes ejercicios justificativos de masaje imaginario. –Allí había un chico muy guapo y simpático que se parecía a Miguel. Bailé y bebí más de la cuenta. Me sentía eufórica, libre, feliz... y aquella misma noche me dejé seducir por él... Meses después nos casamos; era lo establecido. –Un suspiro prolongado tratando de recuperar el control de unos sentimientos que ahogaban los recuerdos–. No fuimos novios; ni amantes; ni pareja, ni nada... solamente marido y mujer... –nueva reflexión–. Y aún me pregunto hoy si realmente cumplimos con ese vínculo. Yo sigo recordando a Miguel en todo momento en que hacemos el amor, y él... no sé en quién piensa, pero nunca estuvo a mi lado... Nació mi primer hijo y olvidé mi desamor, pero los días continuaron siendo largos, tristes, vacíos... sólo el amor de aquella criatura consiguió hacerme __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 11

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 soportar largas noches de insomnio, o las caricias de un extraño hombre que se acostaba en mi lecho y disfrutaba de mi cuerpo sin llegarme a dar jamás lo que mis deseos me gritaban... Noches perdidas, en fin, en las que me escudé en el amor de mis hijos. Sergio mantiene cubierto el rostro con ambas manos mientras ahoga sollozo y lágrimas, tratando de no pensar en qué pudo ser de aquella adorable criatura que dejó en parecidas circunstancias hacía mucho tiempo. –Yo aún recuerdo a Marta de igual modo. –Se siente necesitado a confesar–. A cada momento; en toda mujer... el perfume que usaba... su figura... aquellos ojos... –dice pausadamente. Limpia su rostro con ambas manos y prosigue tratando de reponerse–: No tenemos hijos. No sé... sí; quizá porque no me entregué a ella con mis sentidos. Huí de aquel error como los cobardes, en cuanto tuve la primera ocasión. “Nos casamos y fuimos a vivir a Sevilla, de donde eran sus familiares. Grandes hacendados con ganadería de reses bravas y elite soñada para mis aspiraciones, mas yo continuaba atendiendo en Barcelona a las más destacadas damas, en mi profesión de pediatra, y no estaba dispuesto a abandonar la ciudad... además, en muy poco tiempo comprendí que era la más razonable escapada de una casa que no tenía nada de hogar... y así pasaron muchos años... Sólo vuelvo cada fin de semana que creo debo hacerlo... el resto... siempre tengo algún pretexto. No la mira. Tiene la cabeza baja y observa sus manos, sus dedos, sus uñas, buscando una solución para aquellos años perdidos. –¿De veras eres pediatra? ¿De niños? Se sorprende por la pregunta de ella “Y de qué quieres que sea; ¿de elefantes?”, piensa el hombre sin caer en la entonación de la mujer, y añadiendo con su mayor peso de razonamiento: –¡Pues claro!, ¿hay otro modelo tal vez? Se enfrentan sus miradas y Sergio ve brillar chispeantes perlas de burla en los ojos de ella. Comprende la intención y abre sus labios, en amplia sonrisa, mostrando con ella un exagerado reconocimiento a su agudeza. Ella le sonríe también, con picardía e intención... Él suelta la risotada sin poder contenerse, y en pocos segundos, acompasan sus risas en franca y amistosa camaradería. Sienten la chispa de la naciente, profunda y antigua amistad que han mantenido en un tiempo, tan atrás, que casi se diría de en otra vida, y entrelazan sus manos, mezclando risas y emoción, ansiedad, anhelo, sueños y vivencias. Nervios que rompen las compuertas de un mundo establecido por generaciones. –¡Naturalmente! –Dice ella entrecortada por las carcajadas–. ¡De pollitos!; ¡ja, ja, ja!, por ejemplo, por aquello de... –¡Ja, ja, ja!... pero no te olvides de los monitos, ¡ja, ja, ja,!, que también tienen lo suyo. ¡Ja, ja! Más risas, a dúo, escandalosas. Han encontrado un auténtico aislamiento; nada existe para ellos a su alrededor; están solos recordando una vida que no han vivido pero que sin embargo son tan paralelas que sienten haberla compartido a lo largo de sus existencias. Sólo un brusco silencio de la música ambiental, seguido de un desagradable sonido de campana, previo al aviso de alguna incidencia, pudo arrancar al hombre y la mujer del mundo ficticio en el que se han escudado. “Señores viajeros –escuchan a continuación– les comunicamos que en breves minutos este tren hará su entrada en la Estación de Chamartín de Madrid”. La advertencia y aviso de la voz metálica de alguna azafata les devuelve a la realidad de la que habían escapado. Únicamente de ese modo entendieron que aún seguían en el tren. Con sus miradas tratan de transmitirse las múltiples emociones que todavía guardan, y mientras todo a su alrededor se pone en ebullición, se observan en angustioso silencio. Experimentan cómo el tren aminora la marcha y perciben el chirrido de los frenos... y por fin, el brusco frenazo final, que en cualquier otra situación podría haber servido de chanza hacia el maquinista, pero que en la pareja no se advierte deseo alguno de formular. Se sonríen en una mueca forzada y desvían sus ojos al movimiento del resto de los pasajeros como si algo se les hubiera perdido entre ellos, pero, irremediablemente, un imán les atrae y sus miradas se __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras. 12

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 reencuentran. Él trata de hacer un gesto agradable y decir algo, mas su garganta parece negarse, y cuando lo hace sólo acierta a balbucear con torpeza: –Ya hemos llegado, qué rápido, ¿verdad? –Sí. Ya hemos llegado, –murmura ella– ¿a dónde?... Se incorpora y recoge la bolsa del portaequipajes que coloca, por la correa, sobre su hombro, y a continuación ofrece la mano al hombre mientras añade: –Bien, señor... No reacciona con presteza, no puede creer que aquello sea una despedida, así, tan sencilla, después de todo lo que se han comunicado... sin saber cómo, responde: –Rivera, Sergio Rivera. –Encantada Sr. Rivera. Ha sido muy interesante el viaje. Deseo que todo tenga una excelente solución. Adiós. –Pero... –Sergio sólo ha podido rozar su mano en una despedida leve y, sin tiempo a añadir ninguna otra palabra, ve como se da media vuelta y se aleja por el pasillo central, mezclándose con el resto de los pasajeros, hacia el otro extremo del vagón donde se encuentra la salida. –Espere... –dice para sí mismo, pues ella ya ha desaparecido de su visión. Recoge, nervioso, su maletín y su bolso y trata de abrirse paso entre los viajeros. Cuando baja del tren busca la cabellera rubia de aquella extraordinaria mujer y siente como en su garganta se forma un nudo que le atenaza, con fuerza, al no conseguir descubrirla, ¡Dios!, ¿cómo podía haberla perdido así? Se recupera, poco a poco, tras cien miradas a uno y otro extremo del andén y bajo el machaqueo constante de la megafonía repetitiva con la misma cantinela, o parecida, de trenes que llegan o parten de aquella dichosa estación. Sin dejar de otear sobre las cabezas del gentío, llega a la parada de taxis. –Buenas noches, –dice distraído pues sigue pensando en la mujer–, lléveme al hotel Comodoro, por favor. El taxista le lleva hasta el hotel citado, muy próximo a la estación de Atocha. Son las siete y un minuto. El tren acaba de arrancar con destino a Cádiz tras una larguísima repetición de mensajes por megafonía para que nadie se “pierda”, en los que Sergio, desde el interior del vagón, no ha dejado de atisbar por la ventanilla tratando de descubrir a la singular mujer que perdió la noche anterior tan tontamente. No logra hallarla; el tren se pone en marcha y la lluvia, pesada, que no ha parado en toda la noche, persiste y sigue cayendo en el exterior. Frente a él tiene un compañero nuevo. Un chaval joven, recostado con indolencia, con ojos cerrados y diminutos “pinganillos” en los oídos. No podría asegurar si dormía o tan sólo escuchaba música. Tampoco le importaba nada, sólo el de que ocupara el lugar donde podría estar aquella deliciosa criatura que le había hecho recapacitar sobre su vida... y... soñar tanto la pasada noche. Se incorpora de su asiento y decide recorrer el vagón, y todos los restantes si fuera necesario, hasta encontrarla. El corazón le realizó un acelerón, rozando la embolia, cuando, a tan sólo unos asientos más atrás, descubre una corta cabellera rubia de una mujer que dormita recogida sobre sí misma. El asiento de al lado se encuentra libre. Se aposenta en él con sigilo para no despertar a la mujer. La contempla. Es tan hermosa como la recuerda del día anterior. ¡Dios, dónde estabas cuando esta criatura crecía casi a tu lado!... “Tú estabas trabajando, ¡gilipollas!”, le parece escuchar en su interior, pero quizá lo expresa de viva voz pues la mujer abre los ojos. –¡Hola! –Dice Sergio de lo más alegre que pudo mostrarse– ¿Qué tal seguimos? –Deja unos instantes para que la mujer se despeje, pero sigue con veloz perorata:– Temía no encontrarte y estaba muy compungido. 13 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 Laura entiende enseguida la situación; se incorpora y atusa sus cabellos, primero, para continuar con el cuello del vestido azul que hermosea su cuerpo. –Hola, perdona pero me había quedado dormida. Esta noche no he logrado dormir mucho. Quizá el viaje... –Era como una justificación. –Yo tampoco he dormido nada. Me he pasado la noche meditando, reflexionando... Un silencio que sirve para que, por enésima vez, se comuniquen con la mirada unos sentimientos que ninguno de los dos se atreve a expresar. –Pues no será por falta de confort que tiene el Comodoro. –Ella le sonríe con picardía al señalar el detalle. Él la mira interrogante con cara de asombrada sorpresa y va a decir algo pero ella le interrumpe: –Sí; te vi llegar cuando esperaba al ascensor. –Una pausa mientras saca un diminuto espejo de su bolso y lo aplica frente a sus ojos–. Yo estaba en la 323 y tú en la 325, creo, ¿o no? A Sergio se le amontonan las emociones. Tiene el impulso de salir corriendo. Piensa que aquella mujer se burla de él, pero por encima de todo, recuerda lo que le ha mantenido despierto aquella noche: el deseo, la necesidad de verla de nuevo, pues ella era lo que había buscado toda su vida, y así trata de decírselo, a su modo, a tropezones, en tartamudeos, pero suelta sin razonarlo: –Si lo sabías ¿por qué no me llamaste? Ella levanta sus hermosos ojos verdes, interrogantes. Él comprende su estupidez pero añade con firmeza, sin mirarla, con la vista en el ventanal del tren que gotea agua a raudales por el exterior: –El hotel es perfecto, elegante, cómodo... No he descansado porque he pasado la noche pensando en ti. He soñado tanto en una vida juntos... perdona, no sé lo que digo. No ha podido resistir el impulso de decir en pocas palabras todo lo que había experimentado durante las largas horas de vigilia. Ella acerca sus manos a las de él y las enlaza entre los dedos comenzando un suave juego que les enardece. Truenan fuegos de traca durante aquél contacto. Se enfrentan sus miradas y las chispas de aquellos cohetes iluminan ambos pares de pupilas. –Si no he dormido –remeda ella–, es porque yo también he pasado la noche soñando contigo. –Y cuando ella dice esto, brillan sus ojos con luces de fuego, y es cuando estalla el relámpago, en el exterior, seguido de un estremecedor trueno, pero no por ello sueltan sus manos que, cada vez más unidas, tratan de comunicar sentimientos que aún no han sabido expresar. Un tiempo interminable de mirada enternecedora, sonrisa de complicidad y juego de entrelazados dedos, nerviosos, tratando de comunicar al otro aquella pasión que ninguno de los dos se atreve a materializar. –¿Y qué hacemos entonces? –La pregunta flota en el aire desde hace mucho tiempo. Alguno de los dos tenía que expresarla. Y lo hace él. El maravilloso sueño se esfuma y ella pierde la brillantez de sus ojos en segundos. –Qué hacemos de qué. –Dice por decir algo, triste, pero sin soltar sus manos de las del hombre que sujeta las suyas con acariciadora suavidad. –De ti, de mí... –Su mirada intensa, suave, sonriente, trata de encender de nuevo aquellos resplandecientes ojos que brillaban hacía sólo unos segundos–. Yo te amo, –prosigue–. Te he amado siempre porque eres el sueño que he perseguido toda mi vida. Ella admite su adoración pero trata de zafar sus manos de la placentera suavidad con que la acaricia. –No olvides que estoy casada. –Dice justificándose. –Yo también lo estoy, pero te quiero, creo que siempre te he querido –añade el hombre–. Y tú también tienes ese sentimiento hacia mí, estoy seguro. Ella admite tal aseveración y recrea sus ojos en los de él, renovando la mirada por cada rincón de su rostro, y llegando a más en su apreciación... con unos sentimientos que había olvidado y que se reproducen por aquel muchacho del que siempre estuvo enamorada. 14 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 37 Octubre-Diciembre 2017 –Yo también te quiero. –Murmura con voz queda, con temor, sin apenas tomar conciencia. Las manos se aprietan y el juego erótico se prolonga sin que ninguno de los dos pronuncie palabra. En retazos se miran, sonríen, juegan a fruncir los labios iniciando un etéreo beso que están deseando intercambiar, y, sobre todo, las miradas no dejan de trasmitir la profunda adoración que se profesan. Después, el espejo de la ventanilla refleja la muerte de esa ilusión cuando las miradas vuelven hacia él tratando de escapar a la verdadera realidad, la del exterior, el llanto de un mundo que es así de real y donde no entran sueños que no se acepten en la sociedad establecida. –¿Y qué podemos hacer? –Una pregunta que no saben contestar pero que está en el aire. –¿Podemos hacer algo?... nada... Tan sólo amarnos. No somos libres. De nuevo reflejan sus ojos las perlas que corretean por la cristalera mientras el trueno restalla con sonora furia. Sergio la atrae y acerca su rostro al de ella. Sus caras están muy juntas y sus labios llegan a rozarse. Un instante después beben del manantial que llevan buscando hace tanto tiempo, en lo más profundo de sus sedientos espíritus. Durante interminables minutos siguen su apasionado abrazo, mientras, en el exterior, centellean todas las furias que presagian nubarrones negros para el resto del trayecto. Y el tren continúa su frenética marcha, devorando kilómetros, hacia un final de destino que ellos temen, y que les incentiva a consumir amor a la misma velocidad, con el conocimiento de que el tiempo que les queda no debe malograrse Así alimentan, hombre y mujer, todos los sentimientos que han compartido en las últimas horas de aquel intenso viaje. Y el maravilloso sueño que se han forjado, entre caricias y besos, con miedo incluido, termina frustrado cuando escuchan, por encima de sus cabezas, la indicación de que la próxima parada señala, muy próxima, el final del trayecto. Despiertan de esa dormidera amorosa y separan, física y sentimentalmente, sus cuerpos. Se miran y sus miradas desgarran un adiós. Sergio limpia con sus dedos, con suavidad, las lágrimas que brotan de tan hermosos ojos y que, a pesar de aquellos momentos de felicidad, recorren el rostro de Laura. –Ya hemos llegado al fin, ¿no? –Solloza ella. –No, si tú no quieres. Un pitido sonoro de la máquina de proa contesta por la mujer. El tren va frenando suave, pero claramente, haciendo su entrada en la estación con la grandeza de un campeón. Ninguno de los dos puede evitar mirar al exterior, al andén, esperando y temiendo ver a alguien conocido entre tanta multitud, pero sin muestra de interés alguno. Ella, en un momento dado, se encoge tratando de desaparecer, cosa que él no advierte. El tren chirría en su última frenada para acabar con sus horas de ruta. El hombre se levanta a coger su bolsa de viaje y advierte la pasividad de ella. –¿Qué te ocurre?, ¿no piensas bajar? Laura se ovilla aún más y tapándose el rostro murmura: –A mí no me espera nadie... –¿Cómo dices? –Se inclina para tratar de oírla mejor. Retira las manos de su cara–. ¿Qué has dicho? –¡Que te he mentido! ¡Que a mí no me espera nadie en ninguna parte! –Grita histéricamente–. ¡Todo lo he inventado!, ¡vete!, ¡déjame! Sergio se incorpora sin dejar de mirarla y con enfrentados sentimientos que no sabe traducir a palabras. Luego, sin ver, pierde su mirada a través de la ventanilla, al andén, donde pululan cabezas alzadas, curiosas, buscando cada una a “su” viajero. Él ve pasar a la gente, mientras el tren recorre los últimos metros... quiosco, cafetería... Allí no llueve, la cúpula de la estación protege de esta eventualidad. Mira a la mujer de nuevo y da media vuelta sin pronunciar palabra. Recorre el pasillo y desaparece en el recodo, con la bolsa al hombro y el maletín en su mano derecha. 15 __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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