Osservatore Romano 2527

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 31 (2.527) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 4 de agosto de 2017 El Papa retoma las audiencias generales No estamos exentos de tinieblas La misión de la Compañía GIOVANNI MARIA VIAN Para Arturo Sosa, que desde hace nueve meses es el primer general de los jesuitas no europeo, es la primera fiesta de san Ignacio que vive a la guía de la Compañía y que celebra en la iglesia romana del Gesù, donde se venera el cuerpo del fundador, muerto el 31 de julio de 1556. Este aniversario es la ocasión para una entrevista con «L'Osservatore Romano» sobre el inicio de su generalato. Ha pasado desde hace poco el mediodía del 28 de julio, una calurosa jornada de mediados de verano, y el encuentro con el prepósito general tiene lugar a dos pasos de san Pe- SIGUE EN LA PÁGINA 5 AUDIENCIA GENERAL EN PÁGINA 12 Turismo sostenible «Que las vacaciones no sean pretexto para irresponsabilidades y explotación» es lo que espera el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral quien publicó un mensaje sobre el «turismo sostenible» para subrayar, en vista de la Jornada Mundial del Turismo, que se celebrará el próximo 27 de septiembre, que el turismo, por el contrario, debe tutelar el ambiente y puede favorecer las economías en dificultad. El cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, prefecto de este dicasterio, afirma que «el turismo puede ser un instrumento importante para el crecimiento y para la lucha contra la pobreza», y añade que según la Doctrina Social de la Iglesia, el auténtico desarrollo «no se reduce al simple crecimiento económico». El cardenal Turkson, además, sostiene que «la Iglesia está ofreciendo su propia contribución, promoviendo iniciativas que ponen realmente el turismo al servicio del desarrollo integral de la persona. Por esto se habla de «turismo con rostro humano», que se concreta en proyectos de «turismo de comunidad», «de cooperación», «de solidaridad», así como en la valoración de su importante patrimonio artístico, que es un auténtico «camino de la belleza». «En este punto nos preguntamos: ¿en qué modo estos principios pueden conformar el desarrollo del turismo? ¿Qué consecuencias se derivan para los turistas, los emprendedores, los trabajadores, los gobernantes y las comunidades locales?», concluyó el cardenal Turkson.

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 4 de agosto de 2017, número 31 Llamamiento del Papa durante el rezo del Ángelus Contra la esclavitud moderna En la Jornada mundial contra la trata de personas promovida por las Naciones Unidas, el Papa hizo un llamamiento en favor del compromiso «de todos para que esta plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, reciba una respuesta adecuada». El llamamiento fue hecho al finalizar el Ángelus del 30 de julio, que Francisco rezó con los fieles presentes en la plaza de San Pedro después de haber comentado, como es habitual, el evangelio dominical, deteniéndose en especial en las palabras del tesoro escondido y de la piedra preciosa. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El discurso de las parábolas de Jesús, que reúne siete parábolas en el capítulo 13 del Evangelio de Mateo, se concluye con las tres similares de hoy: el tesoro escondido (v. 44), la perla preciosa (v. 45-46) y la red de pesca (v. 47-48). Me detengo en las dos primeras que subrayan la Frente al descubrimiento inesperado, tanto el campesino como el mercader se dan cuenta de que tienen delante una ocasión única que no pueden dejar escapar, por lo tanto venden todo lo que poseen. La valoración del valor inestimable del tesoro, lleva a una decisión que implica también sacrificio, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubier- siempre nace y renace la alegría (cf Exort. ap. Evangelii gaudium, 1). Hoy somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma el corazón y nos abre a la necesidad y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles. Rezamos, por intercesión de la Virgen María, para que cada uno de nosotros sepa testimoniar, con las palabras y los gestos cotidianos, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios, es decir el amor que el Padre nos ha donado mediante Jesús. Después de la oración mariana el Papa habló de la trata y saludó a los diversos grupos de peregrinos. decisión de los protagonistas de vender cualquier cosa para obtener eso que han descubierto. En el primer caso se trata de un campesino que casualmente tropieza con un tesoro escondido en el campo donde está trabajando. No siendo el campo de su propiedad debe adquirirlo si quiere poseer el tesoro: por tanto decide arriesgar todos sus bienes para no perder esa ocasión realmente excepcional. En el segundo caso encontramos un mercader de perlas preciosas; él, experto conocedor, ha identificado una perla de gran valor. También él decide apostar todo a esa perla, hasta el punto de vender todas las demás. Estas similitudes destacan dos características respecto a la posesión del Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. Es verdad que el Reino de Dios es ofrecido a todos —es un don, es un regalo, es una gracia— pero no está puesto a disposición en un plato de plata, requiere dinamismo: se trata de buscar, caminar, trabajar. La actitud de la búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón queme desde el deseo de alcanzar el bien precioso, es decir el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida, llenándola de significado. tos, es decir cuando hemos encontrado al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificar por ello cualquier otra cosa. No se trata de despreciar el resto, sino de subordinarlo a Jesús, poniéndole a Él en el primer lugar. La gracia en el primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial; es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que solo el Señor puede donar. Es la alegría evangélica de los enfermos sanados; de los pecadores perdonados; del ladrón al que se le abre la puerta al paraíso. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de aquellos que se encuentran con Jesús. Aquellos que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo Queridos hermanos y hermanas: Hoy se celebra la Jornada Mundial contra la trata de personas, promovida por las Naciones Unidas. Cada año miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral y sexual y del tráfico de órganos, y parece que nos hemos acostumbrado a esto, hasta considerarlo una cosa normal. ¡Esto es feo, es cruel, es criminal! Deseo llamar de nuevo al compromiso de todos para que esta plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, reciba una respuesta adecuada. Rezamos junto a la Virgen María para que sostenga a las víctimas de la trata y convierta los corazones de los traficantes. Rezamos juntos a la Virgen. Dios te salve María... Saludo ahora a todos los peregrinos procedentes de Italia y de diferentes países, en particular a las Hermanas Murialdinas de San José, las novicias de las Hermanas de María Auxiliadora, los ministrantes de diferentes parroquias italianas, y el Club italiano de Hockey Femenino de Buenos Aires. Os deseo a todos un feliz domingo y, por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 31, viernes 4 de agosto de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 En una entrevista al cardenal secretario de Estado La diplomacia de la Iglesia es una diplomacia de paz La atención de la Iglesia en el este europeo, el rol de la diplomacia de la Santa Sede en las zonas de conflicto, las relaciones con Estados Unidos de América, la figura de Helmut Kohl, las esperanzas por Venezuela y el diálogo con el Lejano Oriente, en particular China y Vietnam: es una entrevista en profundidad al cardenal Pietro Parolin publicada en el próximo número de «Regno attualità» y realizada por el director Gianfranco Brunelli. La conversación hace referencia a la visita programada del secretario de Estado a Rusia en agosto, después de las realizadas a Ucrania en 2016 y a Bielorrusia el año anterior. «La atención de la Santa Sede hacia Europa del este —explica el purpurado— no es de hoy, sino que es de hace mucho, y nunca ha desaparecido, ni siquiera en los años más oscuros. Siempre ha considerado importantes las relaciones con la Europa oriental y con Rusia en las distintas fases de la historia». Al respecto el cardenal Parolin recuerda «dos eventos poco conocidos, pero significativos. Durante su visita a Roma, en 1845, el zar Nicolás I, emperador de Rusia, tuvo dos encuentros con el Papa Gregorio XVI. Dos años más tarde estipulará un Acuerdo con Pío IX». Actualizando la reflexión sobre la presencia actual de la Federación Rusa en el escenario internacional, el secretario de Estado hace notar cómo vienen «a menudo subrayadas las diferencias entre varios países occidentales y Rusia, como si fueran dos mundos diferentes, cada uno con los propios valores, los propios intereses, un orgullo nacional o transnacional e incluso una propia concepción del derecho internacional para oponer a los otros». Es así entonces, prosigue, que «en un contexto similar el desafío es el de contribuir a una mejor comprensión recíproca entre los que corren el riesgo de presentarse como dos polos opuestos». Por tanto, es el deseo del purpurado, «la cuestión de la paz y de la búsqueda de soluciones a las diferentes crisis actuales debería ser puesta más allá de cualquier interés nacional o parcial. Aquí no puede haber ni vencedores ni vencidos. Complacerse de los propios intereses particulares, que es una de las características en esta edad de retorno de los nacionalismos, distrae del ver cómo no sea de por sí evitada la posibilidad de una catástrofe». La referencia es a la idea de la «tercera guerra mundial por partes» de la que habla a menudo el Papa Francisco, sobre la cual el entrevistador pide un parecer al secretario de Estado. «El sistema internacional —es la respuesta— después del final de la contraposición entre Estados Unidos y Unión Soviética, ha entrado en una fase de gran incertidumbre. Se ha determinado una coyuntura que tiende al multipolarismo diferenciado, por la concomitante presencia de actores grandes, medianos y pequeños; portadores de intereses diferentes y entre ellos diversamente contrastantes. Esto lleva por primera vez después de mucho tiempo a una situación generalizada de conflicto. Estamos frente a la precarización de toda unión, sobre todo cultural, y a una fragmentación dramática. En este contexto geopolítico todo reajuste es difícil». Se trata, aclara Parolin, de «diferentes tipologías de conflictos, localizados y concomitantes: guerras directas, guerras de poder, guerras civiles, guerras solo congeladas y pospuestas»; pero que «se convierten en seguida en conflictos transnacionales. Aunque solo sea por el flujo de dinero y de armas que las sostienen y alimentan. Y sobre todo por las trágicas consecuencias: si piensas en la dramática situación de millones de refugiados y desplazados. Según los datos de UNHCR del 2016, el 86 por ciento de las personas que buscan asilo (más de 65 millones) busca refugio en países del tercer mundo: en gran parte desplazados internos que encuentran asilo en otra parte del mismo país o en países limítrofes. Menos del 10 por ciento busca venir a Europa. Si en el África sub-sahariana, en los últimos tres años, el número de aquellos que viven en la pobreza absoluta ha pasado de 200 a 400 millones, no podrá haber en estas áreas y en las limítrofes ni orden, ni desarrollo, ni paz. El diálogo en este caso es proyecto compartido de solidaridad y de desarrollo entre países ricos y países pobres». Como consecuencia, el entrevistador ha dirigido una pregunta sobre las relaciones con la nueva administración de Estados Unidos. El secretario de Estado observa que «es necesario tiempo para juzgar. No se puede tener prisa. Una nueva administración, tan diferente y particular, y no solo por motivos políticos, de las precedentes, necesitará tiempo para encontrar el propio equilibrio. Cualquier juicio ahora es apresurado, aunque a veces pueda sorprender precisamente la exhibición de incertidumbre. Nosotros deseamos que Estados Unidos —y los otros actores de la escena internacional— no desvíen de su responsabilidad internacional sobre los diferentes temas sobre los que ha sido ejercida históricamente hasta ahora. Pensamos en particular en los nuevos desafíos del clima: reducir el calentamiento global del planeta significa salvar la casa común en la cual vivimos y reducir desde ya las desigualdades y las pobrezas que el calentamiento del planeta continúa produciendo. Pensemos también en los conflictos actuales». Y a la objeción que la preocupación de la Iglesia por la paz corre el riesgo de resultar descontada e incluso retórica, el purpurado responde que «la diplomacia de la Iglesia católica es una diplomacia de paz. No tiene intereses de poder: ni político, ni económico, ni ideológico. Por esto puede representar con mayor libertad a los unos las razones de los otros y denunciar a cada uno los riesgos que una visión autoreferencial puede comportar para todos. La visita a Bielorrusia — recuerda — fue hecha en el tiempo de las sanciones occidentales y la de Ucrania en medio de la guerra. Esa visita fue la ocasión para llevar a toda la población implicada en el conflicto la solidaridad de la Iglesia y del Papa. Y para que eso fuera visible a todos nos hemos acercado al Donbass, lleno de refugiados, usando el instrumento de la solidaridad con las víctimas de la violencia, sin preguntarles su identidad geográfica o política. El Papa Francisco había abierto el camino con la promoción de una gran recolecta de ayudas de las Iglesias europeas y con su sustancial contribución personal. La Santa Sede no busca nada para sí. No está presente ahora aquí y ahora allí, para no perder por ninguna parte. El suyo es un intento humanamente difícil pero evangélicamente imprescindible, para que mundos cercanos vuelvan a dialogar y cesen de desgarrase por el odio antes incluso que por las bombas». Volviendo a la vertiente europea se le ha pedido al purpurado un juicio sobre la figura de Helmut Kohl. «Ha tenido el mérito histórico de crear el ideal europeo —comenta— come ideal político concreto. La caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana no han sido para él una cuestión interna de Alemania y de su trágica historia, sino el signo del desarrollo de Europa dentro de la cual un gran país como Alemania podía trabajar legítimamente y de forma rentable. No una Europa alemanizada, sino una Alemania europeizada. Kohl había entendido que también la integración europea había sido en cierta medida hija de la política de los bloques Este – Oeste. Y superados esos bloques Europa debía existir como sujeto político, no solo económico. Hoy se tiene a menudo la impresión de que también la vuelta a la idea de Europa, que parece experimentar una cierta recuperación, después de una larga fase de reacción antieuropea de la opinión pública y la victoria en distintas naciones de líderes europeistas, se detiene más bien pronto, que tenga un breve impulso, instrumental más que ideal. El riesgo es que se detengan al uso de Europa en clave nacional. Es como si muchos dijeran: después del ejemplo del Brexit es mejor estar dentro de la casa común europea, quizá cada uno por su cuenta. El nacionalismo (también ese de retorno, como la fuente) tiene las propias raíces en la crisis cultural y religiosa de Europa y termina por vaciar a Europa de sus valores y de sus razones». Recordando el pasado de Parolin como nuncio apostólico en Venezuela no podía faltar una pregunta sobre la crisis del país latinoamericano. El secretario de Estado se reconoce «preocupado por la falta de perspectivas de una solución pacífica y democrática de la crisis». Y «el conflicto, lamentablemente, corre el riesgo de empeorar ulteriormente en las próximas semanas a causa de la decisión del presidente Maduro de tener una Asamblea constituyente, para redactar una nueva Carta Magna, algo que encuentra la enérgica oposición de una buena parte de la población». Finalmente una mirada al Lejano Oriente. «Respecto a los tiempos pasados —destaca el cardenal— se ponen nuevos desafíos, que esperan respuestas inéditas y creativas, pero en el fondo la finalidad de la Iglesia es la misma de siempre, y es de naturaleza pastoral: llevar a Dios a los hombres y los hombres a Dios. En concreto, la Iglesia católica pide que se le garantice el derecho de profesar libremente la propia fe en ventaja de todos y para la armonía de la sociedad. Los católicos desean vivir serenamente su fe en los respectivos países como buenos ciudadanos, comprometiéndose con el positivo desarrollo de la comunidad nacional». Y en este marco, concluye el secretario de Estado, es «acogido también el camino de diálogo emprendido desde hace tiempo con los gobiernos de algunos países de la región, entre los cuales la República Popular China. El diálogo en sí es ya un hecho positivo, que abre al encuentro y que hace crecer la confianza. Lo afrontamos con espíritu de sano realismo, sabiendo bien que el destino de la humanidad está, antes que nada, en las manos de Dios».

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 4 de agosto de 2017, número 31 Invitación del Pontífice a los jóvenes brasileños Por una sociedad libre de la corrupción Construir «una nueva sociedad» más justa y libre de la corrupción: es la invitación dirigida por el Papa Francisco a los jóvenes brasileños participantes del encuentro nacional que tuvo lugar el 29 de julio en el santuario de Aparecida, al finalizar el proyecto «Rota 300», en el tercer centenario del descubrimiento de la venerada imagen mariana. Queridos jóvenes: Os saludo afectuosamente, jóvenes de Brasil, reunidos en Aparecida con ocasión de la clausura del proyecto «Rota 300», en este Año Mariano en el cual se conmemoran los 300 años del descubrimiento de la imagen de Nuestra Señora en las aguas del Río Paraíbaba do Sul. Para tal ocasión querría subrayar un aspecto del Mensaje que os he escrito este año, durante la XXXII Jornada Mundial de la Juventud: la Virgen María es un ejemplo precioso para la juventud y una ayuda en el camino a lo largo de la senda de la vida. Para que vosotros podáis percibir esta verdad, no son necesarias grandes reflexiones; basta contemplar la imagen de la Madre de Aparecida durante la peregrinación que haréis a su Santuario Nacional. Yo mismo hice esta experiencia, cuando fui en 2007, con ocasión de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y, sucesivamente en 2013, durante la JMJ de Río de Janeiro. Pude descubrir allí, en la mirada tierna y materna de la Virgen Morena y en los ojos de la gente simple que la contemplaba, el secreto de la esperanza que mueve al pueblo brasileño para afrontar con fe y valor los desafíos de cada día. Pude contemplar también la fuerza revolucionaria de una Madre afectuosa que mueve el corazón de los propios hijos para salir de sí mismos con gran ímpetu misionero, como habéis hecho vosotros también durante la semana misionera apenas concluida en el Valle di Paraíba. ¡Felicidades por este testimonio! Queridos amigos, entre las incertidumbres y las inseguridades de cada día, en la precariedad que las situaciones de injusticia crean en vuestro entorno, tened una certeza: María es un signo de esperanza que os dará valor con un gran impulso misionero. Ella conoce los desafíos entre los que vivís. Con su atención y su acompañamiento materno, os hará percibir que no estáis solos. En este sentido vale la pena recordar la historia de aquellos pobres pescadores los cuales, después de una pesca sin resultados, en el río Paraíba do Sul, lanzaron una vez más sus redes y fueron sorprendidos por la imagen partida, recubierta de barro, de Nuestra Señora. Primero encontraron el cuerpo, luego la cabeza. Como comenté a los obispos brasileños en 2013, el hecho encierra un simbolismo muy significativo: lo que estaba dividido, vuelve a la unidad, como el corazón de esos pescadores, como el mismo Brasil colonial, dividido por la esclavitud, que encuentra su unidad en la fe inspirada por aquella imagen negra de Nuestra Señora (cf. Discurso a los obispos de Brasil, 27 de julio de 2013). Por esto, os invito también a vosotros a dejar que vuestros corazones sean transformados por el encuentro con Nuestra Madre Aparecida. Que Ella pueda transformar vuestras «redes» de la vida —redes de amistad, redes sociales, redes materiales y virtuales— , realidad que muchas veces es- tán divididas, en algo más significativo: ¡que puedan convertirse en una comunidad! ¡Comunidades misioneras «en salida»! Comunidades que sean luz y levadura de una sociedad más justa y fraternal. Así integrados en vuestras comunidades, ¡no tengáis miedo de arries- gar y de comprometeros en la construcción de una nueva sociedad, permeando con la fuerza del Evangelio los ambientes sociales, políticos, económicos y universitarios! ¡No tengáis miedo de luchar contra la corrupción y no os dejéis seducir por ella! Confiando en el Señor, cuya presencia es fuente de vida en abundancia, y bajo el manto de María, vosotros podéis redescubrir una creatividad y una fuerza para ser protagonistas de una cultura de alianza y generar así nuevos paradigmas que puedan guiar la vida de Brasil (cf. Mensaje a la Asamblea del CELAM, 8 de mayo de 2017). Pueda el Señor, por intercesión de la Virgen de Aparecida, renovar en cada uno de vosotros la esperanza y el espíritu misionero. Vosotros sois la esperanza de Brasil y del mundo. Y la novedad, de la cual sois portadores, comienza a construirse ya hoy. ¡Que Nuestra Señora, que en su juventud supo abrazar con valor la llamada de Dios en su vida e ir al encuentro de los más necesitados, pueda estar delante de vosotros, guiándoos en todos vuestros caminos! Y por esto, invito a cada uno de vosotros, y extiendo a vuestros familiares y amigos, una Bendición Apostólica, pidiéndoos, por favor, que recéis también por mí. Vaticano, 3 julio 2017 FRANCISCO Según la narración de la procuradora para la defensa de los derechos humanos en El Salvador La masacre de los jesuitas BEATRICE ALAMANNI DE CARRILLO L as condiciones del país estaban al límite de la suportación. Si por un lado, a nivel internacional, se presionaba sobre los dos contendientes para alcanzar un acuerdo cuan- to antes, en El Salvador el conflicto se recru- decía cada vez más, sin una victoria para na- die. Era necesario recordar también la caída del muro de Berlín, acaecida poco antes y que había aflojado muchísimo las mallas del Telón de acero y la retórica de la Guerra Fría. Las grandes potencias mundiales ya no estaban dispuestas a permitir, o aún más apoyar, a focos de guerras civiles en los paí- ses del tercer mundo. Se había puesto de moda la paz. Es más, el gran capital salvado- reño quería volver cuanto antes a los nego- cios tanto a nivel nacional como internacio- nal y la guerra era un inútil y nefasto obstá- Dibujo de los asesinados en la noche entre el 15 y 16 de noviembre de 1989 culo: por ello todos los protagonistas princi- pales y secundarios del conflicto querían ter- minar con ello de verdad. en ese momento, como los inspiradores de la situación Las negociaciones sin embargo eran lentas y poco peligrosísima que se había verificado. Naturalmente, no productivas y por ello la guerrilla decidió forzar los había nada más lejos de la verdad que tal teoría. Hay tiempos, desencadenando la ofensiva final de noviem- que decir, efectivamente, que no hubo nunca una rela- bre de 1989 como un gesto publicitario de fuerza que ción directa entre los comandantes guerrilleros y los je- se transformó en una auténtica avanzada hacia la capi- suitas; es más, diría que existió siempre una cierta dis- tal. Lo cual provocó un derrumbe descompuesto del tancia, no solo material sino, sobre todo, intelectual e ejército, que no se esperaba tanta fuerza y tanto éxito ideológica absolutamente neta entre ellos. En cualquier de la guerrilla. En el ámbito de esta inmensa tragedia caso hay que decir que el padre Ellacuría trabajaba in- que asoló a todo el territorio nacional, adquiriendo fatigablemente por la paz, con su lucidez, su inteligen- realmente el aspecto y la estructura de una terrible cia extraordinaria y con su clara visión del destino de- guerra civil, sucedió la masacre de los jesuitas por par- mocrático que se debía crear para El Salvador. El pa- te del ejército. Seguramente, este «perder la cabeza» y dre contaba con la estima y la respetuosa consideración el control por parte del ejército condujo, aunque si esta del entonces presidente Fredy Cristiani de origen no fue la causa principal, a tomar la absurda y dispara- tada decisión de masacrar a los jesuitas, considerados, SIGUE EN LA PÁGINA 9

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número 31, viernes 4 de agosto de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Manuscrito de san Ignacio de Loyola (Siglo XVI) página 5 VIENE DE LA PÁGINA 1 dro, en la cuarta planta de la Curia general, en la habitación donde trabaja cuando está en Roma, sentado delante de una gran mesa redonda vacía como las paredes claras y que sirve evidentemente para las frecuentes reuniones. Gracias a estos encuentros y gracias a los viajes, el sucesor del santo de Loyola gobierna la Compañía de Jesús, articulada en 85 provincias reunidas en seis conferencias de los provinciales. En nueve meses el general venezolano, elegido el pasado 14 de octubre, ha participado ya en cuatro de estas reuniones, pero los países que ha visitado son muchos más: India, Perú, España, Alemania, Ruanda, Burundi, República Democrática del Congo, Kenia, Indonesia, Camboya, a los cuales se añadirá dentro de poco Bélgica. Una vida en la cual las jornadas transcurren repletas de encuentros y de deberes, rigurosamente marcadas y abiertas cada mañana por al menos dos horas de oración antes de la misa, que se celebra a las siete: «Pero si se quiere matar a un religioso basta con retrasarle la comida y el descanso» dice con ironía acompañando al huésped hasta el ascensor después de casi una hora de conversación distendida y tranquila, pero abierta inevitablemente por una pregunta sobre la dramática actualidad de su país. ¿Cómo ve la situación en Venezuela? A pesar de todo tengo una mirada optimista, aunque ignoro el futuro. Pero obviamente es grande la preocupación por la sucesión de noticias, como han expresado más de una vez los obispos y jesuitas de mi país, el Papa, el cardenal Secretario de Estado y en diversas maneras la Santa Sede. Pero quiero subrayar un hecho: el referéndum del 16 de julio fue la manifestación ci- Padre Arturo Sosa durante la entrevista Entrevista al general de los jesuitas La misión de la Compañía vil más importante de toda la historia venezolana porque participaron siete millones y medio de personas, es decir, la mitad del electorado. El recorrido del debate político sería la única vía para detener la violencia y hacer verdaderamente política al servicio de las grandísimas necesidades del pueblo. Han pasado más de nueve meses desde su elección, ¿cómo han transcurrido para usted? Con gran paz, con mucho trabajo y con la necesidad de aprender muchas cosas nuevas, rápidamente. Ante todo con paz espiritual porque ocupo una cargo que no he buscado y que ni siquiera podía imaginar que pudiese recaer en mí: lo he recibido de mis hermanos en la congregación general, pero lo entiendo y lo vivo como algo proveniente del Señor Jesús, que he elegido como compañero hace más de medio siglo. El trabajo es realmente mucho y no es simple conocer, desde esta nueva posición mía, un cuerpo tan rico y variado como la Compañía de Jesús y mis compañeros en la misión. Todo esto a gran velocidad, porque las decisiones no pueden esperar. ¿Qué haría hoy Ignacio de Loyola? Esta es la pregunta que me planteo cada día, junto a todos los jesuitas. Ante todo junto a los trece consejeros generales que cada semana encuentro regularmente uno por uno, cuando no nos lo impiden los respectivos viajes, mientras el martes y el jueves se reúne todo el consejo. Y tres veces al año, en enero, junio y septiembre, durante una semana entera tenemos un encuentro extendido con los presidentes de las seis conferencias provinciales y con cuatro secretarios, en total veinticuatro personas. ¿Que objetivo tiene este método de gobierno tan complicado y laborioso, que imagino en cualquier caso muy útil para las decisiones que debe tomar el Padre general? La intención es precisamente la de comprender las decisiones que hay que tomar, porque para la Compañía de Jesús, y por consiguiente, para todos los jesuitas, es fundamental y necesario ser creativamente fieles a la propia vocación y a la misión. Mirando a san Ignacio, debemos recorrer continuamente el camino del regreso a nuestras fuentes originales. Esto ha querido el Concilio Vaticano II y esta decisión ha sido la salvación para la vida religiosa, que en la visión católica es una inspiración del Espíritu. ¿Hay criterios para entender cómo realizar esta fidelidad? Miremos la experiencia de los primeros diez jesuitas, cuando Ignacio y sus compañeros estaban en Venecia para ir a Tierra Santa. El proyecto se reveló imposible y se transformó en el viaje a Roma, decisivo para la Compañía, como narran las fuentes y como ha recordado el pasado otoño, nuestra 36° congregación general reunida para elegir al prepósito. Este es el modelo de Venecia: la unión de la mente y del corazón, la práctica de una vida austera, la cercanía afectiva y efectiva a los pobres, el discernimiento común y la disponibilidad ante las exigencias de toda la Iglesia señaladas y expresadas por el Papa. ¿Cuál es la misión de los jesuitas? Hoy la Compañía debe encontrar cada día el camino para poner en práctica la reconciliación. A tres niveles: con Dios, con los seres humanos, con el ambiente. Somos colaboradores de Cristo, razón de ser de la Iglesia de la cual formamos parte. Y precisamente la experiencia de Dios nos devuelve la libertad interior y nos lleva a dirigir la mirada a quien está crucificado en este mundo para entender mejor las causas de la injusticia y contribuir en la elaboración de modelos alternativos al sistema que hoy produce pobreza, desigualdad, exclusión y pone en riesgo la vida en el planeta. Debemos así restablecer una relación equilibrada con la naturaleza. Contribuir a esta reconciliación significa también desarrollar las capacidades de diálogo, entre las culturas y entre las religiones. Acabo de volver de un viaje por Asia: en Indonesia, el país islámico más poblado del mundo, he conversado durante largo tiempo con un grupo de intelectuales musulmanes, y en Camboya me he reunido con monjes budistas, para dar testimonio sobre las posibilidades de colaboración entre las religiones como factores que favorezcan el entendimiento y la convivencia pacífica y como vías para la búsqueda espiritual. ¿Cómo es posible esta reconciliación? Es fundamental la conversión: personal, comunitaria «para la dispersión», ad dispersionem, un término que significa la necesidad apostólica de la misión, e institucional, para reorganizar nuestras estructuras de trabajo y de gobierno dirigidas precisamente a la misión. Que es propia de cuantos se sienten llamados a ser compañeros de Jesús.

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número 31, viernes 4 de agosto de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Costumbre no es fidelidad GIULIO CIRIGNANO* E l mayor obstáculo que se interpone a la conversión que el Papa Francisco quiere que cumpla la Iglesia está constituido, de alguna manera, por la actitud de buena parte del clero, del alto y del bajo clero. Actitud, en ocasiones, de cerrazón o incluso hostilidad. Como los discípulos en el Monte de los olivos, una vez más sus discípulos duermen. El hecho es desconcertante. Por esta razón hay que examinar a fondo el fenómeno, en sus causas y en sus modalidades. El clero arrastra tras de sí a la comunidad, que sin embargo debería ser acompañada en este extraordinario momento. Gran parte de los fieles ha comprendido, no obstante todo, el momento favorable, el kairós, que el Señor está donando a su comunidad. Gran parte de los fieles está de celebración. No obstante esa franja más cercana a los pastores poco iluminados sigue siendo mantenida dentro de un horizonte viejo, el horizonte de las prácticas habituales, del lenguaje pasado de moda, del pensamiento repetitivo y sin vitalidad. En el fondo, el Sinedrio es siempre fiel a sí mismo, rico de devoto obsequio al pasado confundido por fidelidad a la tradición, pobre de profecía. ¿Cuáles son las razones de todo ello? En el primer lugar de la lista, probablemente, es necesario colocar el nivel cultural modesto de parte del clero, tanto en alto como en bajo. No podemos generalizar y, por tanto no encontramos dificultad alguna para admitir que hay muchas excepciones en este estado de cosas, por suerte. En muchos presbíteros, desgraciadamente, la cultura teológica es escasa y aún menor la preparación bíblica. La causa de este deplorable estado de cosas es fácilmente distinguible. Cuando un curso de estudios de nivel universitario, por poner un ejemplo, no deja al estudiante ganas de pensar, de seguir estudiando, de ejercitar un mínimo de sentido crítico, quiere decir que ha fracasado su misión. La orientación de gran parte de los seminarios no favorece que se forme una mentalidad de trabajo y de esfuerzo. Los años de preparación al presbiterado deberían alimentar la conciencia respecto a la necesidad del ministerio como un auténtico y verdadero trabajo. Como cada persona, también el sacerdote trabaja para ganarse el pan. páginas 6/7 Aula del Sínodo, Asamblea de la CEI (22 de mayo de 2017) Se podrá objetar que a menudo los sacerdotes están sobrecargados con muchas tareas. Esto corresponde a la verdad. Pero si las muchas tareas impiden al sacerdote desarrollar la misión que le caracteriza hay que hacerse alguna pregunta. ¿Quizás pesa sobre el sacerdote una imagen que viene del pasado y que ya no es sostenible? Nos referimos a una imagen heredada en la cual el sacerdote era visto como el jefe y dueño de la comunidad y que en virtud de su condición de celibato, era compensado con un rol de responsabilidad individual totalizadora. Una especie de «protagonista» solidario. Los organismos sinodales funcionaban y funcionan poco y mal. Dentro de este esquema se pensaba que la vitalidad de una comunidad pasase del sacerdote a los fieles, constantemente conservados en un rol pasivo. Todo ello hoy ya no es aceptable. Hay todavía un factor más grave que impide a cuantos llevan el don del sacerdocio ministerial interceptar las preguntas que llegan de la historia y recibir con alegría y entusiasmo las invitaciones a cambiar. Es un factor cuyo peso es difícilmente cuantificable, una especie de jaula paralizadora. Podemos definirlo, sustancialmente, como la modalidad de concebir la experiencia religiosa en términos viejos, los madurados y consolidados a lo largo del periodo de la Contrarreforma. Modalidad que se compone de la teología, espiritualidad y práctica. Una teología, en primer lugar, sin los recursos de la Palabra, sin alma, que ha transformado la apasionante y misteriosa aventura del creer en religión. Fe y religión: en la imaginación común son casi sinónimos. En realidad, son experiencias profundamente diversas. La religión nace del miedo y de la necesidad del hombre, que empujado por este doble factor, se pone en camino en busca de una mano a la cual agarrarse. Va en busca de una ayuda que, a menudo, construye en parte también según sus necesidades. Es una experiencia bonita, ciertamente, que se alimenta de la conciencia del misterio, que cada hombre lleva consigo. Tiene, sin embargo este gran límite: el Dios de la religión es, en su mayor parte, una proyección del hombre, de su mente, de sus miedos, de sus necesidades. Es un dios hipotético. La fe tiene un origen completamente distinto. Es acoger un evento humanamente impensable. En la experiencia de la fe no está en primer lugar el hombre que va hacia Dios, sino lo opuesto. Dios se hace previsible ante un hombre que es enviado para recibirlo. La fe es vaciar del hombre y llenar de Dios: en ello el hombre encuentra su completa dignidad. Debemos admitirlo: todos estamos profundamente vinculados a la religión. Todos, nadie excluido. Es más, la necesidad religiosa nos acompañará hasta el final de nuestra vida. No nos abandonará Gaudio evangelico La necesidad de una conversión pastoral de la Iglesia, que a menudo parece impreparada para afrontar los complicados desafíos del tiempo presente. Es lo que resalta, a partir de la Evangelii gaudium de Papa Francisco, el libro Bellezza del gaudio evangelico. Al centro della vita cristiana (Livorno, Mauro Pagliai Editore, 2017, 179 pag. 12 euros). Publicamos extractos del capítulo titulado «El clero duerme». nunca. Tendremos siempre el instinto de buscar esa misteriosa mano sobre la cual apoyar nuestros vértigos existenciales, así que no hay que subestimar la religión, sino que debemos rebatir con fuerza que la fe es otra cosa. Cuando el sacerdote está demasiado marcado por una mentalidad religiosa y poco por la transparente fe, es entonces cuando todo se vuelve más complicado, ya que corre el riesgo de convertirse en víctima de las muchas cosas inventadas por el hombre sobre Dios y sobre su voluntad. Cuando es el hombre quien habla de Dios, lo hace como hombre, imaginando, suponiendo y en ocasiones sustituyéndose a Él. Aquel que es totalmente otra cosa, no soporta ser encerrado en esquemas angostos, típicos de la mente humana. «A Dios nadie le ha visto jamás» (Juan 1, 18), de Él sabemos solo lo que el Hijo ha querido revelar. Dios es amor: esto es todo. Amor como don de sí. Así Él corrige, de manera tajante, las mil involuciones que solemos hacer cumplir al amor. *Sacerdote y biblista

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 4 de agosto de 2017, número 31 En el congreso internacional sobre Laudato si’ en Río de Janeiro En diálogo para salvar el ambiente LLUÍS MARTÍNEZ SISTACH Los días 13-15 de julio pasados en Río de Janeiro, la Fundación «Antoni Gaudí», de Barcelona, ha organizado con la colaboración de la Archidiócesis de Río de Janeiro el Congreso internacional «Laudato si’ y las Grandes Ciudades». La temática es muy actual pues se trata de la problemática ecológica y su incidencia en las grandes ciudades. Laudato si’, esta encíclica ecológica del Papa Francisco, pone de relieve la grave situación en la que se encuentra nuestro pobre y sufrido planeta y las consecuencias que tiene para todo el orbe y especialmente para las grandes concentraciones humanas que van en aumento y que en Brasil el 80% de su población vive en grandes urbes. El Papa Francisco se hizo presente en el Congreso con un mensaje firmado por él, de fecha de 12 de junio de 2017, en el que habla de las tres «R», recordando el contenido de su encíclica ecológica y refiriéndose a los tres temas del Congreso. Francisco recalca que ante los graves problemas de nuestro planeta «no podemos quedarnos con los brazos cruzados». El Papa habla de respeto hacia la creación ya que «es un deber de todos crear en la sociedad una conciencia de respeto por nuestro entorno; esto nos beneficia a nosotros y a las generaciones futuras». Y refiriéndose a la hermana agua potable y limpia dice que es «expresión del amor atento y providente de Dios por cada una de sus criaturas, siendo un derecho fundamental que toda sociedad debe garantizar». El Papa habla también de la responsabilidad, ante una grave disminución de la calidad del aire o del aumento de la producción de residuos que no son adecuadamente tratados, indicando que «comprobamos una indiferencia ante nuestra casa común, y, lamentablemente, ante tantas tragedias y necesidades que golpean a nuestros hermanos y hermanas. Esta pasividad demuestra la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil». Y, finalmente, Francisco se refiere a la creciente falta de relación interpersonal muy necesaria en las grandes ciudades, y afirma que «es importante que la sociedad trabaje conjuntamente en el ámbito político, educativo y religioso para crear relaciones humanas más cálidas que rompan los muros que aíslan y marginan». El Congreso ha conseguido las dos finalidades que se proponía: una práctica, en el sentido de presentar la grave situación de nuestro planeta respecto al agua potable, a la calidad del aire y al creciente volumen de residuos. Y, la otra, la ética, tomando mayor conciencia de la responsabilidad moral que todos tenemos en custodiar y administrar bien el planeta que tenemos confiado para nuestro bien y el bien de las generaciones futuras. En el Congreso se dio el diálogo que constituye uno de los ejes transversales de Laudato si’, y es un instrumento para afrontar y resolver los problemas ecológicos. Francisco en la encíclica no propone soluciones técnicas, sino un método consistente en el diálogo multicultural y multidisciplinar. Considero que estos días del Congreso hemos aplicado el método del diálogo que propugna el Papa. El diálogo en nuestro caso entre científicos, técnicos y teólogos, entre religiones, entre ciencia, técnica y religión. Los científicos y técnicos han presentado con cifras la gravedad de la situación del presente y del futuro de nuestro planeta y han ha- blado de posibles soluciones científicas y técnicas, pero para que se pongan en práctica se necesita de alguna manera la motivación de la conciencia de las personas y colectivos y de ahí la reflexión ética y moral. En este sentido es constante la apelación de Laudato si’ a la ciencia y a la conciencia. El cambio climático está generando variaciones en la distribución de las precipitaciones atmosféricas en el planeta. Hay grandes desigualdades en la disponibilidad del agua potable: países en donde el consumo de agua es de 580 litros por día y persona, y en otros el consumo es de 10 litros. Se estima que 900 millones de personas no tienen acceso al agua potable y segura y que 200 millones de personas viven en zonas donde no existe un saneamiento adecuado de las aguas. El agua es un medio por el que se transmiten diarreas y cólera en diversas zonas del planeta. Estas enfermedades son causa anualmente de la muerte de unos 3 millones de niños me- nores de cinco años. Actualmente existe tecnología suficiente para proporcionar agua de calidad adecuada a toda la población mundial. Se trataron los diversos problemas con las emisiones atmosféricas que pueden contaminar el aire que se respira en muchas urbes. La contaminación atmosférica es hoy por hoy uno de los temas no resueltos de la vida en las grandes ciudades, en particular aquellas que por su situación geográfica presentan problemas de in- versión térmica y por tanto de acumulación de dichos contaminantes en las capas bajas de la columna del aire. Es necesario introducir medidas progresivas que disminuyan las emisiones. El problema de la gestión inadecuada de los residuos es muy importante en grandes ciudades en países en desarrollo. Hay familias que viven en montañas de residuos, lo que crea unas condiciones de vida pésimas para todos y especialmente para los niños. Lamentablemente estas actividades se realizan sin ningún control técnico ni sanitario. Son necesarias medidas para la recogida selectiva y el reciclaje por parte de las autoridades. En las exposiciones se pusieron diversos ejemplos de vertederos de residuos en donde vive una población dedicada al reciclado de estos materiales. El Congreso ha reiterado que Laudato si’ es un instrumento de indudable valor con el cual se sienten identificados los círculos científicos de prestigio, aporta elementos para la contemplación de la naturaleza y el descubrimiento de la huella de Dios en ella y constituye un importante punto de encuentro ecuménico e interreligioso. El Congreso explícita e implícitamente ha abogado por poner en práctica con decisión política generosa, el Acuerdo de París, deplorando que los Estados Unidos de América, el segundo país más contaminante del mundo, hayan salido del referido acuerdo, ya que como dijo el Papa en un tuit: «No olvidemos nunca que el medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos». El cambio climático es un problema real y que nos afecta a todos. Con no querer ver el problema este no se resuelve, sino que se agrava y nuestro planeta ya está demasiado maltratado. Participaron en el Congreso más de 200 personas y fue muy seguido por las redes sociales. Fueron tres días en los que se ha profundizado en la responsabilidad intergeneracional que tenemos en estos problemas y estas cuestiones del cambio climático ya que no somos los amos del planeta sino unos custodios que hemos de administrar esta obra de Dios de manera responsable.

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número 31, viernes 4 de agosto de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 VIENE DE LA PÁGINA 4 La masacre de los jesuitas italiano, el cual, durante la campaña cha tristeza, describió política para su elección a la presi- la inspección violenta dencia, había sido huesped de la perpetrada por el ejér- UCA en un histórico evento público cito en su humilde ca- que tuve el honor de organizar y en sa, junto a la capilla y el cual tomó parte el padre Ellacu- al edificio de los pro- ría. fesores de derecho, Allí es donde se conocieron. Padre justo el mío, y al de Ellacuría pensaba que solo incluyen- economía. Un acto do a las esferas más altas del poder salvaje e inútil que pa- económico y político se pudiese lle- ra el padre Montes su- gar a la paz, realmente; y no, cierta- puso un dolor profun- mente, con las armas. Cristiano era, do, una ofensa a la y es, uno de los hombres más ricos y potentes del país; y siempre fue, y continúo siendo, el máximo líder del partido Arena (Alizanza republicana nacionalista), el partido oficial de la derecha salvadoreña, que mantuvo el poder y el gobierno durante muchos años. Sin duda, en aquel momento Fredi Cristiani gozaba del gran prestigio y tenía la posibilidad real y determinante de poner fin a la guerra. Padre Ellacuría lo veía claramente y hacía todo lo posible para abrir espacios de diálogo concretos y eficaces entre el gobierno y los revolucionarios. El padre Ellacuría pensaba ya en la futura paz que veía próxima y se preparaba para trabajar en la reconstrucción del país. Él tenía, efectivamente, una personalidad vigorosa, optimista y positiva, siempre predispuesta al bien y a conseguir los dignidad humana. La última llamada de la última tarde, pocos momentos antes de la irrupción brutal del grupo militar especializado en cumplir este tipo de crímenes, permanecerá para mí su despedida: la despedida de quien sabe lúcidamente lo que está a punto de ocurrir y lo afronta con extrema conciencia, claridad y determinación, así co- mo había sucedido, nueve años an- tes, para monseñor Romero. Hablé, esos instantes, con el padre Ignacio Martín Baró, el más joven de los jesuitas asesinados. Con él ha- bía una amistad fraternal y espontá- resultados que se deseaban. Por esto nea porque éramos casi coetáneos. la muerte absurda de los jesuitas, Recuerdo el día de su cumpleaños, grandes forjadores de paz, constitu- poco antes de su muerte, cuando, en yó, además de un vergonzoso e in- respuesta a los deseos que le envié noble delito, también un gesto ab- de cumplir aún muchos años de vi- surdo, irracional, salvajemente inútil da, me dijo: «Sí, querría vivir toda- y equivocado, por el cual El Salva- vía un poco porque tengo muchas dor paga todavía hoy el precio en cosas que hacer». Esa última llama- campo internacional, a nivel de ima- da con él, con ellos, no la podré ol- vidar jamás y todavía hoy me resulta difícil hablar de ello. Ignacio Ahora y aquí Martín Baró sabía lo que iba a ocurrir, era plenamente conscien- «La fe que floreció en mí, desde pequeña, más allá de estímulos externos y de enseñanzas doctrinales, hacia un camino dirigido al servicio y, sobre todo, al amor muy profundo por el otro, fuera quien fuera, creo que haya sido el camino que me ha ofrecido la providencia para dar a mi vida un sentido o, mejor, para darme el sentido de mi vida». Así escribe Beatrice Alamanni de Carrillo en el libro Ahora y aquí (Trento, Il Margine, 2017, 287 páginas, 16 euros) en los que cuenta su vida en defensa de los derechos humanos en El Salvador. te. A las once de la noche, pocas horas antes de la masacre, le llamé por teléfono diciendo que habría ido a visitarle. Naturalmente, sabíamos que los teléfonos estaban controlados. Él respondió con un «no» contundente. Le pregunté: «¿por qué?». «La gasolina está ra- cionada, debes guar- darla para tus hijos, no vengas», respon- gen, en cuanto a las violaciones de dió. Esperaba que algo terrible iba a derechos humanos. No puedo evitar suceder. compartir con quien leerá estas pági- La noche entre el 15 y el 16 de no- nas la memoria de la noche en la viembre de 1989 un escuadrón espe- cual fueron asesinados mis queridos cial del ejército etró en la UCA y ro- jesuitas. deó la residencia de los padres jesui- Desde hacía varios días en el país tas. Les llamaron y les asesinaron se intensificaban la ofensiva final y uno por uno. Murieron así padre Ig- la durísima respuesta del ejército. nacio Ellacuría, padre Segundo Faltaban la luz, el agua, los produc- Montes, padre Ignacio Martín Baró, tos de primera necesidad en los su- padre Joaquín López y López, padre permercados, se vivía a oscuras con Juan Ramón Moreno, padre Amado el oprimente toque de queda, al cual López. Con ellos fueron asesinadas uno no se podía acostumbrar no también las colaboradoras domésti- obstante se hubiese padecido duran- cas Julia Elba Ramos y su hija Celi- te casi toda la guerra. Las tardes na, de quince años, porque fueron precedentes a la masacre solía llamar testigos de la masacre. por teléfono a los padres, no obstan- Cuando entraron los militares del te el control de los servicios secretos. escuadrón de la muerte asesinaron a Nos intercambiábamos pocas pala- la madre y la joven hija; padre Igna- bras, pero suficientes para entender- cio protestó, se rebeló, y ellos le gol- nos enseguida. Una tarde, dos días pearon salvajemente y después le antes de la masacre, el padre Mon- asesinaron. Como atroz paradoja, los tes, con mucha preocupación y mu- militares «encargados» de la masacre Padre Ignacio Ellacuría estaban dirigidos por un joven teniente de buena familia que había sido alumno de padre Montes en el Externado de San José. Ciertamente la estrategia militar que organizó el dispositivo fue diabólica en la elección precisamente de este joven oficial como comandante del puñado de asesinos. La prueba que desde hace tiempo se preparaba la masacre de los padres jesuitas parece clara por el hecho de que padre Montes, que era buenísimo y, en cierta manera, incluso un poco ingenuo, había recibido en repetidas ocasiones las visitas amistosas de este joven oficial que iba a visitarle, según decía, para recordar los bonitos tiempos del liceo. Padre Montes comentaba este hecho con emoción. Desgraciadamente no se trataba de un gesto de amistad sino de una exploración militar, para conocer mejor el terreno del operativo. Este detalle particular añade horror y desaliento a la masacre. Recuerda un poco la traición hecha a Jesús. Todavía hoy no puedo olvidar que la mañana siguiente a la masacre, cuando la noticia se difundió, en algunos ambientes sociales, en muchas casas imponentes y prestigiosas se brindó como por una espléndida victoria militar. Muchas señoras, muy elegantes, esa terrible mañana, yendo a hacer la compra al supermercado de la zona alta de la ciudad, en la que vive mi familia desde siempre, comentaban la «maravillosa» noticia de la masacre de los jesuitas. Presencié directamente estas escenas porque fue precisamente en el supermercado, donde había ido la mañana pronto para comprar agua ya que no había más en casa, donde recibí la terrible noticia por una persona que trabajaba en la UCA. «Les han matado a todos» me dijo. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que las señoras bien se felicitaban la una a la otra... corrí inmediatamente a la UCA. Había un caos indescriptible. El funeral tuvo lugar en la UCA, en una gran sala. Estábamos todos cerca de aquellos ataúdes con los cuerpos de nuestros colegas, amigos, maestros... Fueron mis hijos también. Juan Antonio tuvo el honor de llevar sobre los hombros el ataúd de padre Ellacuría, durante un tramo del recorrido lento, doloroso y desalentador de los féretros desde el auditorio hasta todo el campus, el último saludo de los mártires a su UCA. El día después volví a la UCA. Quizás era inconsciencia, quizás era valor. Quería, con muchos otros, seguir adelante. Y luego, había mucho que hacer... Hubo nueve días de luto y de celebraciones en memoria de los mártires, el llamado «Novenario» de las misas por los difuntos, tradición católica en toda América Latina después de un fallecimiento. Creo que recordar a los mártires sea un deber moral para quien les ha conocido y ha sido testigo de su obra, en años tan angustiosos y significativos para El Salvador. Su contribución para las conciencias de todos aquellos que creen en el Evangelio y en el Reino de Dios constituye, efectivamente, un auténtico patrimonio espiritual. Espero, por ello, que esta contribución de los mártires pueda también ser percibida a través de la vivencia de quien ha compartido con ellos, con el corazón sincero, proyectos, esperanzas, intenciones y sacrificios para construir un mundo mejor. Es ciertamente extraordinario encontrar en un país pequeño y poco representativo en el contexto mundial como lo es El Salvador, antes y durante la guerra civil, por una señal del destino o de la Providencia, tantas personalidades excepcionales y, juntas, una profundidad intelectual y moral tan grande, especialmente en la UCA. Seguramente, esta extraordinaria excepcionalidad no se repetirá durante mucho tiempo en El Salvador. Efectivamente, los mártires, especialmente padre Ellacuría, fueron grandes no solo por lo que predicaron y escribieron, sino sobre todo, por el testimonio concreto del Evangelio de Cristo que manifestaron en cada momento de su vida. La plenitud del compromiso de los mártires coadyuvó con intensidad y determinación la inspiración y la relevante capacidad de guía y de ejemplo de padre Ellacuría. Así como le siguieron en la muerte sus hermanos le habían seguido en la vida, en la gran misión de trabajar siempre y solo para el Reino de Dios. La determinación de padre Ellacuría de crear, con lucidez y capacidad, proyectos concretos y valientes para el futuro de paz de El Salvador constituyó su compromiso más insistente y diría, el aspecto peculiar de su acción social en los dificilísimos tiempos en los que vivió y trabajó en este país. Es posible pensar que si padre Ellacuría hubiera vivido, quizás el desarrollo de los hechos políticos y sociales de los años que sucedieron a la década de la guerra civil habrían podido mejorar. Efectivamente la orientación y, en cierta manera, la influencia del pensamiento de la UCA, en particular de padre Ellacuría, el respeto y la autoridad de la cual gozaba incluso y sobre todo entre sus enemigos habrían contribuido grandemente a una paz que desgraciadamente, sin embargo fue palideciendo en aspectos poco significativos, por no decir, involutivos. En efecto durante estos años en El Salvador han estado poco presentes elementos fundamentales de una paz verdadera. Una paz entendida no solo como el silencio de las armas sino como la construcción auténtica y concreta de un mundo mejor, de una sociedad más justa e igual.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 4 de agosto de 2017, número 31 Entre el pensamiento científico y la dimensión mítica En el lenguaje bíblico el secreto del mundo PATRICIO ROTA SCALABRINI ¿Cómo es posible que crezcan árboles y plantas sin la luz del sol? ¿Cómo puede ser que animales carnívoros se alimenten con una dieta totalmente vegetariana? Son algunas de las preguntas que espontáneamente surgen cuando se acerca a la primera página de la Biblia, con la narración de la creación. Y, continuando en su lectura, las preguntas se multiplican. ¿Por qué, por ejemplo, después de haber hablado de la creación de la humanidad, cuando todo el mundo está preparado, se vuelve a comenzar desde el inicio, narrando nuevamente la creación del hombre y de la mujer y sucesivamente de las plantas y animales? Cuando se llega a continuación a la narración de la asesinato de Abel por parte de Caín, este último parece temer una venganza por parte de otros hombres, que teóricamente no deberían existir... ¿No sería necesario, entonces, reconocer una fuerte ingenuidad o incluso una embarazosa ignorancia, para justificar tantas incongruencias? El crecer exponencial de los conocimientos científicos parece quitarle todo espacio posible a narraciones a las cuales se les niega una capacidad de comunicación verdadera, objetiva, y que son dejadas de lado, en una especie de limbo llamado «lenguaje mí- un plano horizontal. Si, en cambio, se introduce la dimensión vertical, con la posible coexistencia de más niveles, la presencia del lenguaje científico no se convierte en alternativo ante la posibilidad de múltiples estratificaciones y modalidades diversas de lenguaje. Cada nivel de lenguaje responde a las propias reglas, según los propios límites y com- El mito tiene la forma de una narración ubicada en un tiempo fundamental, en donde uno de los protagonistas necesarios es el divino petencias, pero sobre todo según las preguntas de las que procede cada plano. Se pueden, por tanto, aceptar, sin caer en la dicotomía, los datos de la cosmología científica moderna y los estudios de la paleontología con todas sus hipótesis de investigación, y juntos acoger el mensaje bíblico sobre los orígenes como capaz de iluminar todavía hoy nuestra existencia, hasta reconocer en ello una palabra de revelación divina. tico», como si se tratase de la narración de una fábula. En esta perspectiva el concepto del mito se reduce a un producto fantasioso, privo de un real fundamento y posible sólo en una sociedad dominante por un pensamiento arcaico, absolutamente precientífico y pretecnológico. En definitiva, lo que se narra La imagen de un choque entre pensamiento científico y pensamiento mítico sugiere una visión llana en un plano horizontal en Génesis 1-11 podría compararse con un campo de batalla, donde al avanzar un contendiente (el pensamiento científico) no pude sino resultar en detrimento del otro (pensamiento mítico-religioso). La imagen de un choque entre pensamiento científico y pensamiento mítico sugiere una visión aplanada en Se plantea, por lo tanto, la cuestión de comprender desde dentro las características y las finalidades del lenguaje bíblico acerca de los orígenes del mundo y del hombre. No debería crear dificultad considerar el Génesis 1-11 como un lenguaje mítico. El mito tiene la forma de una narración ubicada en un tiempo fundamental, en donde uno de los protagonistas necesarios es el divino. Aparentemente esa narración tiene que ver con un «érase una vez», en un tiempo pasado, mientras que en realidad corresponde con lo que sucede siempre y que tiene que ver, por tanto, con el hoy. La narración mítica quiere condensar en un tiempo primordial algo que debe sustraerse a la volubilidad de los acontecimientos históricos, para que sea universalmente válido. Precisamos que, para la Biblia, en Génesis 1-11 se encuentra un lenguaje mítico, pero no aquel mitológico, porque este último tiene que ver con el nacimiento, la presencia y la acción de varias divinidades, quizá en conflicto entre ellas, mientras que en el texto del Génesis existe un único protagonista divino: Yhwh 'Elōhîm, el Señor Dios. Miguel Ángel, «La Creación de Adán» (1511)

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número 31, viernes 4 de agosto de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Cristianos iraquíes en misa, en Qaraqosh, a 30 kilómetros de Mosul (Afp) Niña iraquí desplazada espera a su familia en Hamman al-Alil, Mosul (Reuters) Niños jugando en una casa al este de Mosul, Irak (Reuters) En un libro del periodista Nello Scavo CRISTINA CABELLO VIDAL Y a no hay cristianos. «Había una decena de familias que tuvieron que huir ayer pero les han robado todo. Les han dejado en la frontera de la ciudad, pero les han robado todo, les han insultado, les han dejado así, en pleno desierto». Con estas palabras se refería a los últimos cristianos que tuvieron que abandonar Mosul, el 18 de julio de 2014, el patriarca de la Iglesia sirocatólica, Ignace Youssif III, cuando consiguió llegar al Vaticano para reunirse con el arzobispo Dominique Mamberti, por aquel entonces secretario para las Relaciones con los Estados. Así lo recoge Nello Scavo en su libro «Perseguitati» (Perseguidos), en el que nos ofrece un cuadro desolador e inquietante de una realidad en alarmante aumento. «El deseo de narrar historias auténticas de persecución y discriminación» ha impulsado a su autor a viajar a varios lugares del mundo y encontrar personalmente a cientos de cristianos perseguidos en algunas de las regiones con mayor tasa de opresión. No obstante, deja claro que la verdadera razón de las masacres casi nunca es la religión sino «canallas juegos de poder», la fe es un pretexto. «Perseguidos» es un impresionante trabajo de investigación para el cual su autor no ha escatimado esfuerzos llegando a arriesgar, en algunas ocasiones, incluso su propia vida. Nello Scavo es periodista del diario «Avvenire», reportero internacional y cronista judicial que también en el pasado ha investigado sobre la criminalidad organizada y el terrorismo global. Ha firmado artículos desde algunas de las zonas «calientes» del mundo como la ex Yugoslavia o el sudeste Historias de persecución y discriminación asiático, además de colaborar con importantes revistas internacionales. Ganador de diversos premios, cuenta en su haber con diversas publicaciones, algunas de ellas como La lista di Bergoglio (La lista de Bergoglio, EMI 2013), traducida en 16 idiomas para más de 60 países. En la introducción de «Perseguidos» el autor dibuja, a través un cuadro general presentando con breves pinceladas, las condiciones de quien «en cada rincón del mundo es discriminado, excluido, vejado o asesinado por el único motivo de rezar a “otro Dios” o, simplemente, por el crimen de poseer y practicar una fe, una cualquiera». Se parte de un denominador común: en más de la tercera parte del planeta «pertenecer a una comunidad religiosa es el mayor riesgo que un ser humano pueda correr» y el hecho de que tanto víctimas como verdugos pueden pertenecer a cualquier grupo social, prepara y ubica hábilmente al lector. El autor procede sucesivamente a desgranar la narración dividiéndola en capítulos correspondientes con las diversas áreas geográficas, escenario de las persecuciones, para adentrarse así en la especificidad de cada una de ellas. Para ello, además de servirse de estadísticas y noticias tomadas de fuentes atendibles no vinculadas con los poderes locales, nos ofrece fragmentos de la vida cotidiana de un perseguido: qué precauciones toma, cómo practica clandestinamente su fe, cuales y cuántas intimidaciones padece la comunidad a la que pertenece. El resultado, y una de las particularidades de este libro, es que su autor nos sorprende con datos normalmente desconocidos para la mayoría de las personas tales como la existencia de catacumbas hoy en día en países como Siria. El papel de los jóvenes que en algunos países de Asia usan internet y viejos móviles para comunicarse sin ser interceptados, o atraviesan ilegalmente las fronteras camuflados como turistas, estudiantes, hombres de negocios para mantener los contactos y financiar a las comunidades cristianas más aisladas y oprimidas. O espeluznantes datos tales como la terrible situación de migrantes eritreos cristianos que son esclavizados o deportados a ambulatorios improvisados donde son asesinados y sus órganos extraídos, abandonando sucesivamente los cuerpos en fosas comunes. Todo narrado con un estilo directo, en primera persona, en no pocas ocasiones con tintes cinematográficos y un lenguaje funcional, crudo, sin virguerías que da lugar a un ritmo trepidante desde la primera hasta la última página. Facilita así la lectura de la gran cantidad de datos y testimonios que recoge, para llevar finalmente al lector a una última reflexión al evocar las palabras del Papa Francisco en el Ángelus del lunes 26 de diciembre de 2016: «Los mártires de hoy son de número mayor respecto a los de los primeros siglos. Cuando nosotros leemos la historia de los primeros siglos, aquí, en Roma, leemos mucha crueldad contra los cristianos; yo os digo: la misma crueldad existe hoy, y en número mayor, contra los cristianos».

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 4 de agosto de 2017, número 31 «La vida de la Iglesia es contaminación de luz. Cuanta más luz de Jesús tenemos nosotros cristianos, cuanta más luz de Jesús hay en la vida de la Iglesia, más está viva ésta». Lo dijo el Papa Francisco retomando el miércoles por la mañana, 2 de agosto, en el Aula Pablo VI, las audiencias generales tras el descanso estivo. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hubo un tiempo en el cual las iglesias estaban orientadas hacia el este. Se entraba en el edificio sagrado por una puerta abierta hacia occidente y, caminando por la nave central, se dirigía hacia oriente. Era un símbolo importante para el hombre antiguo, una alegoría que a lo largo de la historia ha decaído progresivamente. Nosotros, hombres de la época moderna, mucho menos acostumbrados a percibir los grandes signos del cosmos, casi nunca nos damos cuenta de semejante particular. El occidente es el punto cardinal del ocaso, donde muere la luz. El oriente, en cambio es el lugar donde las tinieblas son vencidas por la primera luz de la aurora y nos recuerda a Cristo, Sol surgido desde lo alto en el horizonte del mundo (cf Lucas 1, 78). Los antiguos ritos del Bautismo preveían que los catecúmenos emitiesen la primera parte de su profesión de fe teniendo la mirada hacia occidente. Y en aquella pose eran interrogados: «¿Renunciáis a Satanás, a su servicio y a sus obras?» — Y los futuros cristianos repetían en coro: «¡Renuncio!». Luego se dirigía hacia el ábside, en dirección a oriente, donde nace la luz, y los candidatos al Bautismo eran interrogados de nuevo: «¿Creéis en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?». Y esta vez respondían: «¡Creo!». En los tiempos modernos se ha perdido en parte la fascinación de este rito: hemos perdido la sensibilidad ante el lenguaje del cosmos. Naturalmente ha permanecido la profesión de fe, hecha según la interrogación bautismal, que es propia de la celebración de algunos sacramentos. La cual permanece intacta en su significado. ¿Qué quiere decir ser cristianos? Quiere decir mirar a la luz, continuar a hacer la profesión de fe en la luz, incluso cuando el mundo está envuelto por la noche y las tinieblas. Los cristianos no están exentos de las tinieblas, externas e internas. No viven fuera del mundo, pero, por la gracia de Cristo recibida en el Bautismo, son hombres y mujeres «orientados»: no creen en la oscuridad, sino en la claridad del día; no sucumben a la noche, sino que esperan la aurora; no son derrotados por la muerte, sino que anhelan el resurgir; no están plegados por el mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien. Y esta es nuestra esperanza cristiana. La luz de Jesús, la salvación que nos lleva a Jesús con su luz y que nos salva de las tinieblas. Nosotros somos quienes creen que Dios es Padre: ¡esta es la luz! No somos huérfanos, tenemos un Padre y nuestro Padre es Dios. Creemos que En la audiencia general el Papa habla de la vida del cristiano Contaminación de luz Jesús descendió en medio de nosotros, caminó en nuestra misma vida, haciéndose compañero sobre todo de los más pobres y frágiles: ¡esta es la luz! Creemos que el Espíritu Santo obra sin descanso por el bien de la humanidad y del mundo, e incluso los dolores más grandes de la historia serán superados: ¡esta es la esperanza que nos despierta cada mañana! Creemos que cada ser querido, cada amistad, cada buen deseo, cada amor, incluso los más pequeños y descuidados, un día encontrarán su cumplimiento en Dios: ¡esta es la fuerza que nos empuja a abrazar con entusiasmo nuestra vida de todos los días! Y esta es nuestra esperanza: vivir en la esperanza y vivir en la luz, en la luz de Dios Padre, en la luz de Jesús Salvador, en la luz del Espíritu Santo que nos empuja a seguir adelante en la vida. Luego hay otro signo muy bonito de la liturgia bautismal que nos recuerda la importancia de la luz. Al finalizar el rito, a los padres —si es un niño— o al mismo bautizado —si es adulto— se le entrega una vela, cuya llama se enciende del cirio pascual. Se trata del gran cirio que en la noche de Pascua entra en la iglesia completamente a oscuras, para manifestar el misterio de la Resurrección de Jesús; de ese cirio todos encienden la propia vela y transmiten la llama a los que están cerca: en ese signo está la lenta propagación de la Resurrección de Jesús en las vidas de todos los cristianos. La vida de la Iglesia — diré una palabra un poco fuerte es contaminación de luz. Cuanta más luz de Jesús tenemos nosotros cristianos, cuanta más luz de Jesús hay en la vida de la Iglesia, más está viva ésta. La vida de la Iglesia es contaminación de luz. La exhortación más bella que podemos hacernos unos a otros es la de recordarnos nuestro Bautismo. Yo querría preguntaros: ¿cuántos de vosotros se acuerdan de la fecha del propio Bautismo? ¡No respondáis porque alguno sentirá vergüenza! Pensad y si no la recordáis, hoy tenéis deberes para hacer en casa: ve a tu mamá, a tu papá, a tu tía, a tu tío, a tu abuela, abuelo y pregúntales: «¿Cuál es la fecha de mi Bautismo?». ¡Y no la olvidéis nunca más! ¿Está claro? ¿Lo haréis? El compromiso de hoy es aprender o recordar la fecha del Bautismo, que es la fecha del renacimiento, es la fecha de la luz, es la fecha en la cual —me permito una palabra— en la cual hemos sido contaminados por la luz de Cristo. Nosotros hemos nacido dos veces: la primera en la vida natural, la segunda, gracias al encuentro con Cristo en la fuente bautismal. Allí hemos muerto a la muerte, para vivir como hijos de Dios en este mundo. Allí nos hemos vuelto humanos como nunca habríamos imaginado. He aquí por qué todos debemos difundir el perfume del Crisma con el que hemos sido señalados el día de nuestro Bautismo. En nosotros vive y obra el Espíritu de Jesús, primogénito de muchos hermanos, de todos los que se oponen a la ineluctabilidad de la tiniebla y de la muerte. Qué gracia cuando un cristiano se convierte verdaderamente en un «cristo-foro», es decir ¡«portador de Jesús» por el mundo! Sobre todo por quienes están atravesando situaciones de luto, de desesperación, de tinieblas y de odio. Y esto se entiende a través de muchos pequeños detalles particulares: por la luz que un cristiano custodia en sus ojos, por el fondo de serenidad que no queda mermado ni siquiera en los días más complicados, por las ganas de querer bien incluso cuando se sufren muchas desilusiones. En el futuro, cuando se escriba la historia de nuestros días, ¿qué se dirá de nosotros? ¿Que hemos sido capaces de esperanza, o que hemos ocultado nuestra luz? Si seremos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza, el Bautismo es el inicio de la esperanza, la esperanza de Dios y podremos transmitir a las generaciones futuras razones de vida. Al finalizar la catequesis, el Papa saludó a los grupos de fieles presentes. Estas son las palabras que dedicó a los de lengua española. Queridos hermanos y hermanas: Hoy reflexionamos sobre el Bautismo como puerta de la esperanza. Estamos hablando desde hace un par de meses sobre la esperanza. Por medio de este sacramento se nos abre el camino del encuentro con Cristo, luz de nuestras vidas. La Iglesia lo representa por medio de una vela, que se enciende del cirio pascual, el cual nos recuerda la resurrección de Cristo. Esa luz es un tesoro que debemos conservar y transmitir a los demás. Los cristianos vivimos en el mundo y no estamos exentos de oscuridades y tinieblas. Sin embargo, la gracia de Cristo recibida en el Bautismo nos hace salir de la noche y entrar en la claridad del día. La exhortación más bella que podemos hacernos unos a otros es la de recordarnos nuestro Bautismo, porque por medio de él hemos nacido para Dios, siendo criaturas nuevas. El cristiano está llamado a ser «cristóforo», significa portador de Cristo Jesús al mundo. A través de signos concretos, manifestamos la presencia y el amor de Jesús a los demás, especialmente a los que están atravesando situaciones difíciles. Si somos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza de Dios y transmitiremos a las futuras generaciones razones de vida. Les invito a recordar su Bautismo, la fecha de su Bautismo, y a ser luz de Cristo para los demás, siendo portadores de la vida nueva recibida en el Bautismo, para que los que sufren y los descartados de la sociedad puedan percibir a través de nuestro testimonio de vida la claridad de la esperanza en Cristo. Muchas gracias.

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