Osservatore Romano 2526

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 30 (2.526) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 28 de julio de 2017 Recordando el encuentro en Estambul entre el Papa Pablo VI y Atenágoras Unir lo que está dividido BARTOLOMÉ* En la entrada de la basílica de San Pedro en Roma, sobre la puerta santa abierta por el Papa para las celebraciones jubilares, una inscripción en el mármol, que a menudo pasa desapercibida para los peregrinos dice en griego y en latín: «Por la conciliación de plena comunión entre las Iglesias ortodoxa y católica romana, en esta basílica hubo un encuentro de oración entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras el 1 y el 26 de octrubre de 1967». De hecho, en 1967 entre los dos líderes hubo un intercambio de visitas a las respectivas sedes. La visita de Atenágoras a Roma fue precedida por una visita de Pablo VI a El Fanar. El 25 de julio de 1967, dirigiéndose al Patriarca Atenágoras en la iglesia patriarcal de San Jorge, el Papa Pablo VI dijo: «A la luz de nuestro amor a Cristo y de nuestra caridad fraterna descubrimos más aún la profunda identidad de nuestra fe, al mismo tiempo que los puntos sobre los cuales aún divergimos no deben impedirnos la percepción de esta unidad profunda». A su vez, el Patriarca Atenágoras subrayó que su objetivo principal, como jefes de sus respectivas Iglesias, era el de «unir lo que está dividido, con mutuas acciones eclesiásticas, allí donde quiera que ello sea posible, afirmando los puntos comunes de fe y de gobierno, orientando así el diálogo teológico hacia el inicio de una comunidad sana, sobre los fundamentos de la fe y de la libertad de pensamiento teológico inspiradas por nuestros Padres comunes y presentes en las diversas tradiciones locales». Antes de estos eventos históricos, Atenágoras y Pablo VI se habían encontrado ya por primera vez en Jerusalén el 5 y 6 de enero de 1964. En estos encuentros, los dos guías habían retirado juntos las excomuniones que pesaban sobre sus respectivas Iglesias desde el gran cisma de 1054. El Papa Pablo VI y el Patriarca ecuménico Atenágoras fueron dos grandes visionarios; «con el poder del Espíritu vio el fin de los tiempos» (Sirácida 48, 24). Aunque sus iniciativas no tuvieron gran impacto en los medios de comunicación, permanecen revolucionarias piedras angulares para el desarrollo del cristianismo. Lo que podía parecer solo un pequeño paso en la historia del mundo, al final se ha revelado un paso de gigante en la historia de la Iglesia, especialmente en términos de sanación del escándalo de la división entre las dos Iglesias hermanas de El Papa Francisco en su viaje a Tierra Santa (25 de mayo de 2014) Roma y de Constantinopla, nueva Roma. Efectivamente, si introducimos la corresponden- cia formal y las visitas oficiales intercambiadas por los jefes o los representantes de las dos Iglesias en el contexto de silencio del cisma que ha caracterizado sus relaciones durante casi un entero milenio —desde el 1054 hasta 1964, pese a algún ocasional esfuerzo dirigido a la reunificación y aislados ecos de comunicación al lo largo de los siglos— entonces conseguiremos comprender la excepcional importancia de los extraordinarios gestos entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. Hoy ya no sorprende tener conocimiento de visitas de jefes de Iglesias a otras Iglesias. No obstante, los intercambios y los encuentros entre el Papa Pablo VI y el Patriarca ecuménico Atenágoras permanecen en la memoria y al mismo tiempo nos recuerdan el poder duradero de la caridad y del diálogo. En un tiempo en el cual las personas y las naciones tienen la tentación de aislarse y excluirse —ya sea por ignorancia o por miedo a los demás— el ejemplo de Pablo VI y Atenágoras es una luz para dos ciudades construidas sobre un monte, desde donde resplandece para el mundo entero (cf. Mateo 5, 14). *Patriarca de Constantinopla Por la festividad de María Magdalena Violencias y abusos contra las mujeres son signo de barbarie ANGELO BECCIU EN PÁGINA 8 La eclesiología del Papa Francisco La condición sinodal de la Iglesia FERNANDO CHICA EN PÁGINAS 6, 7 Y 9 En la festividad de santa Ana Abuelos esenciales LORENZO BALDISSERI EN PÁGINA 12

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 28 de julio de 2017, número 30 Durante el Ángelus el Papa comenta la parábola del grano y de la cizaña Una Iglesia que no teme ensuciarse las manos La invitación a «preferir una Iglesia que no teme ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia de “puros”, que pretende juzgar» fue renovada por el Papa en el Ángelus del 23 de julio. Comentando para los fieles presentes en la plaza de San Pedro el evangelio dominical (Mateo 13, 24-43) el Pontífice se detuvo, en particular, en la parábola del grano bueno y de la cizaña. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! La página evangélica de hoy propone tres parábolas con las cuales Jesús habla a las masas del Reino de Dios. Me detengo en la primera: la del grano bueno y la cizaña, que ilustra el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf. Mateo 13, 24-30. 36-43). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de nosotros puede decir esto: «¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!». La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por una parte el dueño del campo que repre- senta a Dios y esparce la semilla buena; por otra el enemigo que representa a Satanás y esparce la hierba mala. Con el pasar del tiempo, en medio del grano crece también la cizaña y ante este hecho el dueño y sus siervos tienen actitudes distintas. Los siervos querrían intervenir arrrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo por salvar el grano, se opone diciendo: «no, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo» (v. 29). Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarles y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarles y extirpar todo el mal hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, en el cual se cumple el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal. Y en este campo se trata entonces de combinar, con gran confianza en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia. La decisión es la de querer ser buen grano —todos lo queremos—, con todas nuestras fuerzas, y entonces alejarse del maligno y de sus seducciones. La paciencia significa preferir una Iglesia que es levadura en la pasta, que no teme ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia de «puros», que pretende juzgar antes del tiempo quién está en el Reino y quién no. El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos: «Estos son los buenos, estos son los malos». Él nos dice que la línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es decir: todos somos pecadores. A mí se me antoja preguntaros: «quien no es pecador levante la mano». ¡Nadie! Porque todos lo somos, todos somos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque siempre necesitamos ser perdonados por nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que está fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que está también en nosotros. Y luego Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no son nuestros tiempos— y también la «mirada» de Dios: gracias al influjo benéfico de una trepidante espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza! La Virgen María nos ayude a percibir en la realidad que nos rodea no solo la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bonito; a desenmascarar la obra de Satanás, pero sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la historia. Al finalizar la oración mariana Francisco hizo un llamamiento por Jerusalén y saludó a los grupos de peregrinos. Queridos hermanos y hermanas: Sigo con trepidación las graves tensiones y las violencias de estos días en Jerusalén. Siento necesidad de expresar un sentido llamamiento a la moderación y al diálogo. Os invito a uniros a mí en la oración, para que el Señor inspire todos los propósitos de reconciliación y de paz. Os saludo a todos vosotros, a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones. En particular, saludo a los fieles de Munster (Irlanda); a las Hermanas Franciscanas Elisabetinas Grises; al coro lírico sinfónico de Enna; a los jóvenes de Casamassima que han desarrollado un servicio de voluntariado en Roma. Mi pensamiento y mi aliento va dirigido a los chicos participantes en el «Cantiere Hombre Mundo», que están trabajando para dar testimonio de la alegría del Evangelio en las periferias más desfavorecidas de los diversos continentes. A todos deseo un feliz domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí ¡Buen almuerzo y hasta pronto! L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 30, viernes 28 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 Las celebraciones centrales a lo largo de la bahía frente al océano Anunciados los lugares de la JMJ de Panamá Será la bahía de la Cinta Costera Uno de Panamá, delante del océano, donde tengan lugar del 22 al 27 de enero de 2019 las celebraciones centrales de la Jornada mundial de la juventud. Lo anunció el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, que en una rueda de prensa explicó cómo la elección fue dictada por valoraciones logísticas —capacidad para acoger a los peregrinos, accesos adecuados— y de seguridad, teniendo en cuenta el deseo de sencillez expresado por el Papa y asegurando el mínimo impacto ambiental. La noticia, junto al vídeo de la conferencia del prelado y el texto integral del comunicado distribuido para la ocasión, abren la página de inicio de la nueva web del dicasterio para los laicos, la familia y la vida (www.laityfamilylife.va). El portal ha sido recientemente pensando de nuevo y renovado en los contenidos y en la gráfica para ofrecer a los usuarios en red no solo un instrumento de información y consulta, sino un verdadero «lugar de encuentro». También el logotipo es un recordatorio en tal sentido: se destaca la silueta de la basílica vaticana con la columnata de Bernini que se transforma en un gran abrazo capaz de acoger a todos los laicos y las familias del mundo. Un abrazo del que surge la vida nueva representada por un brote florecido. «Es un pueblo —se lee en la explicación de la imagen diseñada por Anna Formaggio— hecho de mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos y familias, “simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios” como la define la Evangelii gaudium, que constituye la Iglesia y que al mismo tiempo goza de su protección materna. Es un pueblo que tiene “el sueño misionero de llegar a todos” (EG, 31)». La nueva página web conserva una rica parte documental con el magisterio, artículos y profundizaciones relativas a las tres secciones del dicasterio (laicos, familia y vida), así como un canal de noticias, enriquecido con contenidos multimedia, que actualiza a los usuarios sobre las actividades que se están realizando. Entre las contribuciones más recientes, está la dedicada a la nueva página online del encuentro mundial de las familias en Dublín. Interesante también un link dedicado a los niños, con dibujos y gráfica adecuados para explicarles «El catecismo del Papa Francisco». Pero el aspecto que mayormente responde a la opción preferencial por el encuentro es el de las redes sociales, con enlaces a los canales de Twitter, Instagram y YouTube y sus actualizaciones multimedia que ocupan una parte relevante de la página. «Nos hemos preguntado —explican a L’Osservatore Romano Francesca Acito y Vittorio Scelzo, los dos laicos que se han ocupado del portal— sobre cual podría ser la función de la página web de un dicasterio de la curia romana, y nos hemos dicho que, junto a la necesidad de documentar las actividades, sería bonito hacer un lugar de diálogo y escucha: un espacio en el que vivir lo que el Papa Francisco llama la “pastoral del oído”. El motivo por el que hemos querido dar tanto espacio a las redes sociales. Nuestro dicasterio se ocupa de familias, de la tutela de la vida, de jóvenes, del rol de la mujer en el Iglesia y en el mundo, es decir de personas concretas: quisiéramos por tanto utilizar la web para hacerles hablar y contar, en la medida de lo posible, lo que hacen y viven». Tuit, retuit, fotografías, vídeos: el diálogo ha iniciado. Se está todavía en el inicio, pero los números son potencialmente importantes. «La idea —concluyen Acito y Scelzo— es hacer hablar a los laicos y a las familias que son la franja más amplia del Pueblo de Dios. El dicasterio dispone de una red de contactos extraordinaria que, más allá de las conferencias episcopales, abraza también el asociacionismo: agregaciones, movimientos eclesiales, nuevas comunidades que implican a los jóvenes en varios contextos sociales y geográficos. De ellos queremos recoger y relanzar iniciativas, testimonios, historias que puedan contar la vida de la Iglesia». (maurizio fontana) En la parroquia de Santa Ana en Vaticano Oración por los jóvenes Una oración por los jóvenes, con la mirada dirigida tanto al Sínodo de los obispos del próximo año como a la JMJ 2019 de Panamá, fue recitada al final de cada celebración en la parroquia de Santa Ana en Vaticano, en los días del triduo en preparación de la fiesta patronal. Con ocasión del aniversario, el miércoles 26 de julio, se celebraron dos misas solemnes: la de la mañana, presidida por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la basílica de San Pedro y vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, y la vespertina, presidida por el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos. Al finalizar esta última fue distribuida una oración «por la Iglesia en camino» hacia el encuentro sinodal dedicado a los jóvenes, en programa para octubre 2018. Para preparar las celebraciones, el párroco agustino Bruno Silvestri- ni explica haber elegido el tema de las nuevas generaciones «como contribución que la parroquia pontificia quiere ofrecer al éxito del encuentro, solicitando e implicando a las madres y a las abuelas en la formación humana y espiritual de sus hijos y nietos». Y para expresar la participación de los jóvenes a las 19 se realizó un concierto de tres panameños: el vicepárroco, el agustino Jafet Ramón Ortega, que tocó el órgano, con Eduardo Rodríguez y Edgar Dutary, dos chicos venidos a Roma para estudiar música, que actuaron respectivamente con la trompeta y la tuba. Animó las celebraciones el coro Santa Ana dirigido por el maestro Gaetano Civitillo y presidido por Ada Tobia. Además la madre de la Virgen María es invocada por las mujeres embarazadas, para que vele sobre su maternidad. Por eso cada día muchas partu- rientas rezan dirigiéndose a la imagen de la santa que se encuentra detrás del altar mayor de la iglesia. En la imagen sagrada Ana tiene en la mano un pergamino, que representa cómo ella transmite a la hija el tesoro de la Palabra de Dios. La abuela de Jesús es también festejada en la iglesia romana de Santa Caterina de la Rota, donde tiene sede la cofradía vaticana de Santa Ana de parafrenieri, que hasta 1929 se encontraba en la actual parroquia pontificia. También este año la celebración eucarística de la tarde fue presidida por el arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la Casa Pontificia y primicerio archicofrade. Para dicha ocasión fueron impuestas las bandas a los novicios y fue bendecida la fachada restaurada del antiguo edificio litúrgico. En la misa participaron la banda musical pontificia y algunos componentes del coro de la Capilla Sixtina.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 28 de julio de 2017, número 30 CHARLES DE PECHPEYROU Dominique Lebrun era arzobispo de Rouen desde hacía ni siquiera un año cuando el padre Jacques Hamel fue asesinado al final de la misa que estaba celebrando la mañana del 26 de julio del 2016, en la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray. Con motivo del primer aniversario de este dramático evento, el prelado se confía con el L’Osservatore Romano recordando cuánto haya quedado plasmado en él el signo de la muerte «extraordinaria» de este «sacerdote ejemplar», cuya sencillez habla a todos y hace de él un sacerdote universal. Además, mientras su causa de beatificación fue iniciada hace tres meses, Lebrun se alegra de la paz que reina entorno al recuerdo del anciano sacerdote, «sembrador de paz». ¿Cómo ha vivido este año transcurrido después del asesinato del padre Jacques Hamel? Como un año de luto, con sus etapas: el funeral, el encuentro con el Papa y la reapertura de la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray el día 2 del pasado mes de octubre. Luego ha habido numerosos encuentros, con la familia, la comunidad musulmana, la parroquia y las otras víctimas. Con el avanzar del año litúrgico, me preguntaba: ¿Qué sucede en la parroquia de Saint-Étienne-duRouvray en Navidad, en Viernes Santo, en Pascua, el día en el cual ordeno diácono en vista del sacerdocio a un joven que se llama Julien Hamel? ¿Qué sucede hoy en el primer aniversario de su asesinato? ¿El padre Hamel ha entrado a formar parte de su vida cotidiana? Padre Hamel —y su muerte— han entrado a formar parte de mi cotidianidad. Como podéis intuir, ahora que está muerto, el padre Hamel está todavía más vivo. Su figura de sacerdote, sencillo y ejemplar, hace que me cuestione como pastor y obispo el modo de considerar la vida de los sacerdotes, sobre lo que espero por parte de ellos en términos de «eficiencia». Sin descanso, debo convertirme, pasar de esta demanda de eficiencia a la admiración por su fecundidad, lo cual es un poco distinto: la eficiencia consiste en querer obtener algo con los propios medios, la fecundidad en cambio deriva del hecho de que somos dos, que es la gracia del Señor que actúa proporcionalmente a nuestra santidad y no a nuestra ingeniosidad y a nuestras capacidades reconocidas por una comunidad o por la sociedad. Sí, puedo decir que lo que ocurrió me ha transformado como obispo. El evento dramático compartido por otros incluso me ha acercado a la sociedad local en sus diversos componentes: naturalmente al municipio de SaintÉtienne-du-Rouvray, y en consecuencia a los otros municipios del territorio. Y desde ahora en adelante estoy unido a la comunidad musulmana y a todas las otras comunidades de creyentes del territorio de mi diócesis. Estoy unido de una manera nueva a esta parroquia, a su grupo pastoral, a su párroco que proviene Primer aniversario del asesinato de padre Jacques Hamel Ejemplar por su sencillez de la República Democrática del Congo. A través de ellos, estoy mucho más cerca de las parroquias de mi diócesis y del presbiterio en su diversidad. Hoy, un año después del asesinato, ¿cómo definiría al padre Hamel? Un sacerdote sencillo y ejemplar. Quizás ejemplar por su sencillez. El segundo aspecto es su muerte, extraordinaria, que asemeja a la muerte de un mártir, a la muerte de Jesús, es decir a un inocente que ha dado su vida por Dios y que ha sido asesinado consagrándose a Dios. Esto sigue siendo para mí algo todavía nuevo, en un estado embrionario, que todavía no ha producido su fruto, que me sorprende todavía, y que en cierta manera ya no me pertenece. Será necesario un tiempo, esto dependerá de lo que vive el pueblo de Dios pero también de la opinión pública en un sentido más amplio. Y dependerá también de lo que la Iglesia decidirá o no para su beatificación, porque no es lo mismo si el padre Hamel entra en el culto público o si permanece en la oración ordinaria y privada del cristiano. A propósito, ¿puede recordarnos cómo ha iniciado su proceso de beatificación? La historia del proceso de beatificación del padre Hamel comienza inmediatamente después de su muerte: la palabra mártir es pronunciada por muchas personas y se encuentra en las diversas cartas que he recibido. Esto es el fundamento mismo de la declaración de un santo o mártir, lo que nosotros llamamos la fama de santidad o de martirio. Luego, naturalmente estaba al corriente de que el proceso podía abrirse solo después de un periodo de cinco años desde la muerte del sacerdote. Pero las cosas cambiaron durante la peregrinación diocesana realizada a Ro- ma en septiembre de 2016: con las hermanas del padre Hamel, habíamos sido invitados a participar en la misa del Papa Francisco en Santa Marta, el 14, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. Como es sabido, el Papa pronunció personalmente estas palabras fuertes: «¡Es un mártir! Y los mártires son beatos, debemos rezarle». Desde ese momento, he tenido la necesidad de saber qué quisiera decir esto. Con el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, pensamos en preguntar al Papa si fuese su deseo abreviar los tiempos. Es lo que hizo, indicando que quizás había que acelerar los tiempos para beneficiarse de los elementos de prueba que son los testimonios de las otras víctimas del atentado, principalmente muy ancianas. Por ello su proceso se ha acelerado, pero sé también que, como dice un refrán, una justicia serena es también una justicia lenta. Por este motivo, tomamos el tiempo necesario para que las cosas se hagan no sólo según las normas canónicas sino también con mucha seriedad. ¿En qué punto nos encontramos? La primera sesión del proceso se llevó a cabo el pasado 20 de mayo, y el tribunal ha escuchado hasta la fecha de hoy a una decena de testigos de los sesenta y nueve que han sido presentados en la audiencia de apertura, aun conservando la posibilidad de convocar a otros testigos por parte del tribunal para un suplemento de investigación. Estoy en contacto con el padre Paul Vigouroux, el postulador, pero no asisto a las audiencias, y permanezco a distancia para que la justicia se desarrolle sin ninguna presión. Probablemente, el resultado de la investigación será enviado al Vaticano en el plazo de uno o tres años. En el caso de que el Pontífice declarase al padre Hamel beato, el culto público de la Iglesia católica sería autorizado. ¿Pero no nos encontramos ya ante una resonancia que cruza las fronteras, alimentada precisamente por el hecho de que el padre Hamel fue un sacerdote sencillo, cuya figura habla a cada uno de nosotros? Es la llamada fama de santidad o de martirio. Esta es la primera condición: la Iglesia no declarará beato a alguien que no tenga esta fama. Y lo que es llamado sensus fidei, lo que el pueblo de Dios, y más ampliamente hoy la humanidad, puede percibir de este eco auténtico de santidad de Dios. Lo veo a través de los turistas que visitan la catedral de Rouen, de las personas que se acercan a la iglesia de Saint-Étienne-duRouvray o a su tumba. Lo veo también en las cartas que recibo o en los encuentros con personas externas. Efectivamente, su sencillez habla a todos: fue un sacerdote católico, un sacerdote universal. ¿Qué recuerdan las personas? Que ha bautizado, ha celebrado bodas, ha predicado, ha celebrado la misa con fidelidad, que estaba bien integrado en su ciudad. Es lo que hace cada día un sacerdote en Australia, en Kenia, en India o en América Latina. No era un sacerdote mediático, era un sacerdote diocesano, un sacerdote y punto, y esto habla a toda la humanidad. Pasemos de la humanidad al catálogo de los santos ¿Junto a qué santo, si la beatificación tuviera lugar, colocaría usted al padre Hamel? No puedo responder todavía a esta pregunta porque todavía estoy en tiempo de luto, y no hago proyecciones de futuro. La única reflexión que he hecho es de carácter cronológico. Entre los santos locales, no tenemos santos recientes en la diócesis de Rouen. Nuestros santos se remontan en su mayor parte a los tiempos de la fundación de la diócesis, al siglo IV, al tiempo de las invasiones bárbaras, poco antes del año 1000. Una de las santas más recientes es Juana de Arco, fallecida en 1431. Hay algunos santos más recientes, como santa Teresa del Niño Jesús y san Juan Eudes. Entonces me he dicho que podríamos tener en esta circunstancia un santo contemporáneo. ¿Tiene algo que añadir en particular sobre estos últimos meses? Se puede decir que su muerte ha sido un evento extremadamente fuerte desde el punto de vista humano y espiritual. En un año, no ha habido nunca divergencias respecto al padre Hamel, tales como poner en orden o vaciar su apartamento, qué día o no decir la misa, si se trabaja lo suficiente, porque cada uno de nosotros vive algo singular: la familia, la diócesis, los sacerdotes de su generación, la Iglesia en Francia pero también las colectividades territoriales y la comunidad musulmana. No han llegado nunca a mi conocimiento opiniones diversas que se hayan convertido en conflictivas, lo cual es muy raro. ¡Padre Hamel ha sembrado paz!

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número 30, viernes 28 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 La caridad del Pontífice por África oriental E l Papa Francisco ha donado 25.000 euros a la FAO para sostener el compromiso a favor de las personas que afrontan la inseguridad y la carestía alimenticia en África oriental. Lo ha anunciado la página web de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura confirmando la «promesa» hecha por el Pontífice en el mensaje enviado el pasado 3 de julio con ocasión de la sesión inaugural de la 40ª conferencia general. En esa ocasión fue el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin quien leyó el texto del mensaje papal en el que «animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos» anunciaba querer unirse «con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía». Y precisamente a ese mensaje hizo referencia monseñor Fernando Chica Arellano, observador permanente de la Santa Sede ante las organizaciones y los organismos de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO, FIDA y PMA) en la carta con la que ha comunicado al director general José Graziano da Silva la medida del Papa a favor de las poblaciones de África oriental afligidas por el hambre y la malnutrición. Por otro lado, en algunas partes de Sudán del Sur desde el mes de febrero las autoridades denuncian el empeoramiento de la carestía. Y mientras la situación parecía haberse aligerado después de una significativa intensificación de la respuesta humanitaria, hay todavía cerca de 6 millones de personas que en el país africano deben luchar cada día para tener suficiente comida. Mientras tanto, el número de niños, mujeres y hombres que necesitan asistencia humanitaria en otras cinco naciones de la región —Somalia, Etiopia, Kenia, Tanzania y Uganda— se estima actualmente que son cerca de 16 millones, con un incremento del treinta por ciento desde finales de 2016. Como se sabe, el Papa Francisco visitará la sede de la FAO en Roma el próximo 16 de octubre para celebrar la Jornada mundial de la alimentación, que este año tendrá como tema: «Cambiar el futuro de la migración, invertir en seguridad alimentaria y en el desarrollo rural». S e ha puesto en marcha la máquina de la caridad del Papa en Sudán del Sur después de las ayudas destinadas por Francisco a algunas iniciativas concretas —en viven en Tombura-Yambio, Yei, Torit, Malakal y Djouba. Una tercera parte, finalmente, fue confiada al Solidarity Teacher Training College de Yambio, donde 124 estudiantes de varias tribus de Sudán del campo sanitario, educativo y agrícola— pa- Sur y de las montañas de Nuba viven y ra beneficiar a la población del golpeado estudian juntos para convertirse en profe- país africano. sores de escuela primaria. «Se trata de un La suma donada por el Pontífice (cerca gesto significativo y sobre todo alentador de medio millón de dólares) en el ámbito del proyecto «El Papa por Sudán del Sur» —presentado reciente- El Papa con mente por el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, prefecto del Sudán del Sur dicasterio para el ser- vicio del desarrollo humano integral— fue Proyectos sanitarios, educativos y agrícolas entregada «a las hábi- les y fiables manos de nuestros amados misioneros», como escri- por parte del Papa Francisco» subrayó el be en una carta de agradecimiento envia- lasallista Bill Firman, director ejecutivo de da a Francisco en nombre de los prelados Solidarity with Sud Sudan que gestiona el del país el presidente de la conferencia colegio, remarcando que de esta forma el episcopal, monseñor Eduardo Hiiboro Pontífice «nos está animando a todos a Kussala. sanar las heridas y a contribuir en la crea- La referencia del obispo es en particular ción de una paz duradera». a los religiosos combonianos y a Solidarity Los obispos, por su parte, al dar las with Sud Sudan, la iniciativa de colabora- gracias por la ayuda concreta, no han de- ción eclesial que promueve una unión de jado de destacar la contribución espiritual solidaridad entre doscientas congregacio- y pastoral del Papa en el renacimiento de nes religiosas —pertenecientes a la Unión Sudán del Sur: contribución asegurada a de los superiores generales (USG) y a la través de la «oración», las «palabras de Unión internacional de las superioras ge- apoyo», el «llamamiento a la paz» y la nerales (UISG)— y la Iglesia del país, bajo «sincera intención» de visitar el país no la dirección de la conferencia episcopal. obstante las dificultades del momento. Las misioneras combonianas gestionan «Todo esto —escriben en la carta firma- el hospital de Nzara, que está cerca de da por monseñor Kussala— nos ha dado Yambio, y el Comboni Hospital en Wau, una renovada confianza y fuerza en la de- las dos estructuras sanitarias que han reci- fensa de la dignidad de cada existencia bido una parte de la donación papal. humana, en la lucha por la sacralidad de Otra parte sostiene un proyecto de Cá- la vida, en las acciones por la construcción ritas para adquirir semillas y herramientas de la paz, en el apoyo a los más necesita- destinadas a más de dos mil familias que dos».

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número 30, viernes 28 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 FERNANDO CHICA ARELLANO* U na de las notas más características de la eclesiología del Papa Francisco es, sin duda, la importancia que concede a la condición sinodal de la Iglesia. En el Discurso pronunciado con motivo del 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, en el Aula Pablo VI ante los Padres del Sínodo de la Familia, el Santo Padre calificó la «sinodalidad» como una «dimensión constitutiva de la Iglesia», que además, en nuestros días, representa la expresión más genuina y transparente de la comunión eclesial, «el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Inspirándose en san Juan Crisóstomo (cf. Explicatio in Ps. 149: PG 55, 493), Su Santidad llega a afirmar que Iglesia y Sínodo son sinónimos «porque la Iglesia no es otra cosa que el “caminar juntos” de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor» (L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLVII, n. 43 [2.437], viernes 23 de octubre de 2015, p. 8; en adelante citaremos este texto como Discurso 50º aniversario). La sinodalidad de la Iglesia nos permite comprender mejor el alcance y la profundidad de la llamada continua y perentoria a la misión, a una Iglesia en salida, que el Sumo Pontífice nos hace para no sucumbir ante la mediocridad ni quedarnos atrincherados en el desánimo repitiendo tópicos manidos. La conversión pastoral y misionera a la que nos anima desde que inició su Pontificado no puede ser vista simplemente como una acción exterior de la Iglesia, como un método o una estrategia eficaz, sino que afecta al mismo corazón de la comunidad eclesial. Y su primera consecuencia es esta concepción de una Iglesia «sinodal», clave para comprender la propuesta de renovación y de reforma de los distintos organismos y estructuras eclesiales que el Sucesor de san Pedro está llevando a cabo. Francisco presentó su proyecto y programa pastoral «para la marcha de la Iglesia en los próximos años» en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Su sueño es «una opción misionera capaz de transformarlo todo» (n. 27), incluso a la misma Iglesia, pues «la salida misionera» no es algo de cara a la galería, puramente exterior sino que «es el paradigma de toda la Iglesia» (n. 15). Pues bien, en el mencionado Discurso con motivo del 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, que nos sirve de guía para esta exposición, el Papa Francisco ofrece una primera visión sintética y sistemática de su eclesiología sinodal, es decir, de las implicaciones de la «opción misionera discipular» en la configuración de toda la Iglesia. Expone, en primer lugar, la fundamentación teológica de la sinodalidad y después señala tres grandes niveles en su implementación. La dimensión trinitaria y sacramental de la comunión. Es necesario señalar, ante todo, que en su planteamiento el Santo Padre se siente heredero y desea continuar las pautas y los caminos abiertos por el Vaticano II y el período postconciliar: la eclesiología de comunión, resaltada por la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985; y la centralidad y urgencia de la evangelización, puesta de relieve por la exhortación apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi. Por eso, comienza su reflexión constatando que «desde el Concilio Vaticano II a la actual Asamblea, hemos experimentado de manera cada vez más intensa la necesidad y la belleza de “caminar juntos”» (Discurso 50º aniversario). A continuación señala que la sinodalidad de la Iglesia se basa en el sensus fidei, que «impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia discens, ya que también la grey tiene su «olfato» para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia» (ibid.). Unidos en la misma dignidad, responsables de la misión compartida, fortalecidos con los dones Visión sintética y sistemática de la eclesiología del Papa Francisco La condición sinodal de la del Espíritu, todos los miembros de la Iglesia caminamos juntos, avanzamos unidos. No es extraño, por tanto, que el Sumo Pontífice diga: «Caminar. Es una de las palabras que prefiero cuando pienso en el cristiano y en la Iglesia» (Francisco, Discurso en el encuentro con el clero, personas de vida consagrada y miembros de consejos pastorales. Catedral de San Rufino. Asís, 4 de octubre de 2013, en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 41 [2.335], viernes 11 de octubre de 2013, p. 6). Al Santo Padre le gusta hablar de la Iglesia desde las claves que ofrece la eclesiología de comunión, deteniéndose particularmente en su impronta esencialmente trinitaria y sacramental (sobre todo bautismal y eucarística). Desde esta perspectiva, la Iglesia aparece como Pueblo de Dios, que realiza su misión evangelizadora de modo sinodal en todos los niveles y ámbitos. Es Dios, con su iniciativa de gracia, quien engendra un pueblo, pues nadie se salva por su cuenta, si- no en comunión con los demás. «Este pueblo que interpersonales que se establecen en la comunidad Dios se ha elegido y convocado es la Iglesia», de mo- humana. Dios entra en esta dinámica popular. El do que «ser Iglesia es ser Pueblo de Dios» (cf. EG pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en 113-114). Es el bautismo el que nos introduce en el camino a través de la historia, con gozos y dolores. Pueblo de Dios, haciéndonos discípulos misioneros Sentir con la Iglesia, por tanto, para mí quiere decir (cf. EG 120), para que iniciemos con los otros y junto estar en este pueblo» (Entrevista del Papa Francisco a los otros la peregrinación de la fe y de la evangeli- con el P. Antonio Spadaro, sj, en L’Osservatore Romano, zación. E insiste: «La pertenencia a un pueblo tiene edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 un fuerte valor teológico: [2.333], viernes 27 de sep- Dios, en la historia de la tiembre de 2013, p. 5). salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin per- Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando Por otra parte, la Iglesia como Pueblo de Dios no es simplemente una tenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, si- en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen categoría social sino «un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad» no que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular (EG 111). Su verdad más profunda es la comunión con Dios, comunión de Iglesia amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo (cf. Francisco, Audiencia general, Roma, 30 octubre 2013, en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV n. 44 [2.338], viernes 1 de noviembre 2013, p. 16). Por eso, la Iglesia es sacramento de esta comunión para la misión (cf. LG 1). Su permanente estar «en salida» misionera es prolongación sacramental de la «salida» histórico-salvífica del Padre en las misiones del Hijo y del Espíritu Santo para integrar en su comunión de vida a cada hombre y a todos los pueblos (cf. Gálatas 4, 4-6; Marcos 1, 38; EG 21). La Iglesia —repite Su Santidad una y otra vez— «no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha traído. Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia en este camino» (Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2013, 19 de mayo 2013, n. 4, en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 32-33 [2.327], viernes 9-16 de agosto de 2013, p. 4). El Sumo Pontífice insiste en su Magisterio en que el Espíritu Santo, cuya unción garantiza el sensus fidelium, no solo enriquece y edifica a la Iglesia con múltiples carismas, sino que está en el origen de la rica diversidad eclesial, a la vez que la reconduce siempre a la unidad, a la armonía, a una sinfonía en la que todos puedan ser protagonistas. El Santo Padre, consciente de que «caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica» (Discurso 50º aniversario), trata de concretar su realización como una «escucha mutua» a tres niveles: «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar “es más que oír”. Es una escucha recíproca en la cual En una Iglesia sinodal todos son importantes para favorecer la participación y la escucha, como cauce para que cada uno pueda hablar con libertad a la vez que con respeto y humildad cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Juan 14,17), para conocer lo que él “dice a las Iglesias” (Apocalipsis 2,7)» (Discurso 50º aniversario). La escucha del Pueblo. El Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra como expresión de su catolicidad (cf. EG 115). Así surgen las Iglesias locales, las diócesis, «manifestación concreta de la única Iglesia en un lugar del mundo» (EG 30), en las que está presente y actúa la Iglesia de Cristo. Bajo la guía del obispo, que forma parte del Pueblo, la Iglesia particular es el sujeto primario de la evangelización (cf. EG 30-31). Este es el «primer nivel de ejercicio de la sinodalidad», básico y fundamental: es el comienzo de la consulta y de la escucha recíproca, donde todos tienen algo que decir y que aprender; donde debe concretarse la aportación de cada uno, evitando el riesgo de la uniformidad. El Santo Padre sitúa a este nivel el Sínodo diocesano, en el que «presbíteros y laicos están llamados a colaborar con el obispo para el bien de toda la comunidad eclesial», y los diversos «organismos de comunión» de la Iglesia particular: el consejo presbiteral, el colegio de los consultores, el capítulo de los canónigos, el consejo pastoral… (cf. Discurso 50º aniversario). En una Iglesia sinodal todos son importantes para favorecer la participación y la escucha, como cauce para que cada uno pueda hablar con libertad, a la vez que con respeto y humildad. Por eso, el Papa invita a revalorizarlos, a rescatarlos de posibles desánimos, a vivificarlos, es decir, a que estén «conectados con lo “bajo”», con la gente y con «los problemas de cada día» (ibid.). Es muy importante señalar que el objetivo y el aliento de estos procesos participativos no mira principalmente a la organización eclesial sino al sueño misionero de llegar a todos. La sinodalidad pretende la sinergia de todas las fuerzas de cara a la misión. La comunión entre las Iglesias (communio ecclesiarum). La Diócesis, como porción del Pueblo de Dios, no es una mera división administrativa, no se agota ni está cerrada en sí misma, sino que vive abierta al resto de las Iglesias, para el mutuo enriquecimiento y el SIGUE EN LA PÁGINA 9

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 28 de julio de 2017, número 30 Georges de La Tour «Magdalena penitente de la lamparilla», 1640 Por la festividad de María Magdalena Violencias y abusos contra las mujeres son signo de barbarie ANGELO BECCIU* E ste año por primera vez, por disposición del Santo Padre Francisco, la memoria litúrgica de santa María Magdalena es celebrada con especial atención en toda la Iglesia. Jesús le había mostrado su amor sanándola de una grave enfermedad, considerada obra de los demonios, y ella le correspondió hasta el final: se encuentra entre las mujeres que están a los pies de la cruz. Pero no le basta estar junto a Él en el momento de la muerte, quiere cuidar también Jesús no es una idea o una doctrina, sino una persona concreta, Dios hecho hombre, que entra en nuestra historia, que ha asumido nuestra humanidad con todas sus debilidades de su cuerpo sepultado. No encontrándolo en la tumba va a referírselo a Pedro, pero no se resigna a su desaparición. Vuelve a la tumba y continúa desesperadamente su búsqueda. Cuando, después de la desorientación, se le apareció el Señor resucitado, sintió una alegría jamás sentida antes y nació un vínculo tan profundo que ya nada pudo romperlo, ni siquiera la muerte. Así es para nosotros. Un amor o una amistad encontrado después de la prueba, incluso después de la traición, pueden ser todavía más bonitos, porque son purificados y llenos de miseri- cordia. Basta con no rendirse ante la desorientación y las dificultades, perseverando con confianza en la búsqueda y en la espera. ¿No estamos buscando a Jesús nosotros también? ¿No queremos encontrarlo nosotros también? Muchos, quizás todos nosotros aquí presentes, ya le hemos encontrado, ya somos sus discípulos. Y sin embargo a veces le perdemos, o le sentimos lejano. Tenemos la impresión de que nos haya abandonado, que ya no escuche nuestra oración. Otras veces somos nosotros los que le abandonamos con nuestros pecados, con elecciones equivocadas o simplemente con la llegada de alguna indiferencia o cansancio. El Señor nos invita a no dejarnos desanimar, sino a confiar en su misericordia. El Evangelio (Juan 20, 1.2. 11-18) nos muestra también otro rasgo del amor de María Magdalena. Efectivamente ella se estrecha a sí a Jesús […]. Es una actitud típica de la mujeres del Evangelio, las cuales advierten la necesidad de un contacto tangible con Jesús. Los apóstoles, sin embargo, permanecen como paralizados ante el Resucitado y debe ser Jesús quien les pida que le toquen, que tomen contacto con la realidad de su encarnación, presente también después de la resurrección. María Magdalena no necesita esta invitación, al igual que las otras mujeres que besan espontáneamente los pies al Señor resucitado, le abraza y lo tiene cerca de sí. Este episodio de María Magdalena y estas actitudes de las mujeres del Evangelio nos recuerdan que Jesús no es una idea o una doctrina, sino una persona concreta, Dios hecho hombre, que entra en nuestra historia, que ha asumido nuestra humani- dad con todas sus debilidades. Esto se pone muy de relieve por la devoción simple de la gente del pueblo, que toca y besa las imágenes sagradas, por la necesidad de expresar concretamente el amor y la devoción por el Señor Jesús. Estos gestos de devoción son el paradigma del amor concreto, que sabe cuidar de las personas que hay que amar como las ama Jesús, «tocando» sus necesidades, sirviéndolas en la cotidianidad, haciéndose «prójimos» a ellas, cercanos, atentos, consolando, ayudando, compartiendo. Una ulterior característica de nuestra santa: ¡es anunciadora de la Buena Nueva que el Señor ha resucitado y está vivo! El suyo no es un anuncio abstracto, de pura doctrina, como el de los que aprenden gracias al estudio o por haber recibido una enseñanza. El suyo es un testimonio directo, personal. El anuncio auténtico presupone la experiencia de lo que se anuncia. María de Magdala es apostolorum apostola, apóstola de los apóstoles, porque les transmite lo que ha vivido y visto con los propios ojos: el encuentro personal con Jesús resucitado. Las mujeres que seguían a Jesús como discípulas eran numerosas, pero la Magdalena es casi siempre nombrada en primer lugar en los evangelios, como si estuviese a la cabeza de aquel grupo, su líder indiscutida. Normalmente los maestros del tiempo solo tenían discípulos hombres siguiéndoles. Jesús en cambio admite en su círculo también a las mujeres, obrando un auténtico cambio de mentalidad. Ellas le seguían al igual que los apóstoles y los otros discípulos, escuchan sus palabras, comparten con Él y con los demás sus propios bienes, forman parte en todo de La atención de Jesús a las mujeres nos induce a reflexionar sobre el rol que desempeñan hoy en la sociedad y en la Iglesia la nueva familia, del nuevo pueblo de Dios que Jesús vino a formar. La atención de Jesús a las mujeres nos induce a reflexionar sobre el rol que desempeñan hoy en la sociedad y en la Iglesia, invitándonos a no excluirlas, y sobre todo a dar valor al «genio femenino». Es necesario reconocer y animar la obra inestimable de muchas mujeres, favorecer cada vez más las iniciativas que las consientan expresarse efectivamente a niveles relevantes en la vida cultural, social, religiosa, económica y política, además de, obviamente familiar. Los intolerables episodios de violencia, a los cuales asistimos desgraciadamente con demasiada frecuencia en estos últimos tiempos, requieren por parte de las instituciones, de la escuela, de la Iglesia y de las diversas instituciones educativas, como además de las familias, un urgente esfuerzo común para individuar una eficaz estrategia dirigida a prevenir violencias y abusos, y a eliminar este trágico fenómeno, signo de barbarie. *Arzobispo Sustituto de la Secretaría de Estado

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número 30, viernes 28 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 La condición sinodal de la Iglesia VIENE DE LA PÁGINA 6 mejor ejercicio de la evangelización. En este segundo nivel de colegialidad el Sucesor de san Pedro sitúa las provincias y las regiones eclesiásticas, los concilios provinciales y, sobre todo, las conferencias episcopales, es decir, todas esas instancias a las que el Santo Padre está imprimiendo un fuerte impulso en su dimensión pastoral. Se nota que el Sumo Pontífice tiene especial empeño en conseguir una efectiva «descentralización» de las estructuras de la Iglesia con el fin de favorecer un ejercicio eficaz y rápido del gobierno pastoral (cf. EG 16, 32). Desde esta perspectiva, el Papa, consciente del necesario diálogo del Evangelio con cada generación y con cada cultura, ha señalado que «en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque “las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observa- do y aplicado”» (Exh. apost. post. Amoris laetitia, 3). Por eso, es necesario escuchar y discernir también en las Iglesias locales a que ha expresado sus intenciones de reforma para un funcionamiento más dinámico. Y de hecho ya se han dado algunos pasos oportunos de renovación: en un nivel práctico, empleando una metodología más ágil y, en los presupuestos teóricos, otorgando una peculiar atención a la colegialidad episcopal y al modo de concebir el primado de Pedro. A este respecto, Mons. F. Fabene, subsecretario del Sínodo de los Obispos, en una conferencia que ofreció el 4 de marzo de 2015 en la Pontificia Universidad Lateranense, con motivo de la X Jornada Canonística Interdisciplinar, recordaba que, en esta renovadora metodología operativa del Sínodo de los Obispos, subyace la precisa visión eclesiológica del Papa Francisco, es decir, la imagen conciliar de la Iglesia como «Pueblo de Dios», así como la metáfora del «caminar», que formaba parte de los tres verbos comentados por el Papa en la homilía de la Santa Misa con los cardenales, en la Capilla Sixtina, al día siguiente de su elección: su vida, Su Santidad ha podido decir: «Creo que consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa. Lo que hace falta es darles una forma menos rígida. Deseo consultas reales, no formales» (Entrevista del Papa Francisco con el P. Antonio Spadaro, SJ, p. 5). En conclusión: caminar, consultar, servir, fortalecer la unidad sin mermar la diversidad y potenciar la colaboración, estos son los verbos que usa el Papa Francisco para animar a cada miembro de la Iglesia a que viva su vocación en plenitud, unido a los demás por lazos profundos en el seno de una comunidad filial, fraternal y bautismal. En esta comunidad, la jerarquía es un auténtico ministerio eclesial de servicio, vivido en la comunión de Iglesias, a través de la cual se visibiliza la Iglesia católica, Pueblo de Dios, grey que peregrina en el mundo cum Petro y sub Petro. El Papa entiende la Curia Romana como ámbitos de colaboración y de servicio recíproco entre la Santa Sede y las Iglesias particulares la hora de buscar soluciones a los problemas que puedan surgir. En esta misma línea de subsidiariedad en el gobierno de la Iglesia, el Obispo de Roma entiende los organismos de la Curia Romana como ámbitos de colaboración y de servicio recíproco entre la Santa Sede y las Iglesias particulares. Es un tema sobre el que ha reflexionado largamente: «Los Dicasterios Romanos están al servicio del Papa y de los Obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren el peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los Dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores» (Entrevista del Papa Francisco con el P. Antonio Spadaro, SJ, en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 [2.333], viernes 27 de septiembre de 2013, p. 6). La Iglesia universal y el ministerio petrino. El último nivel de la sinodalidad es el de la Iglesia universal: el Sínodo de los Obispos, como significativa «expresión de la colegialidad episcopal dentro de una Iglesia toda sinodal» (Discurso 50º aniversario), y el Obispo de Roma, cuya tarea fundamental es garantizar la unidad de la Iglesia y de cuya palabra autorizada no puede prescindir la collegialitas afectiva y efectiva de los Obispos, que no se entiende sino cum Petro et sub Petro. El Sínodo de los Obispos es un organismo bien conocido por el Santo Padre, y sobre el «Esta nueva fórmula ha dado mayor dinamismo al Sínodo de los Obispos […]. Teniendo presente que el Sínodo no es una «asamblea eclesial», sino un organismo de expresión del Colegio episcopal, los Obispos serán los que aconsejen al Papa en cuanto Padres sinodales, elegidos por las Conferencias Episcopales o nombrados personalmente por el Romano Pontífice. Sin embargo, éstos podrán servirse de la aportación de todos los miembros del Pueblo de Dios, escuchando la voz de los fieles que se han expresado por medio de los cauces previstos. De este modo, se realiza una especie de «circularidad» entre lo que el Obispo está llamado a disponer y proveer con responsabilidad y la colaboración de todos los fieles» (Fabio Fabene, «L’ultimo Sinodo convocato: Sinodo dei Vescovi e comunicazione ecclesiale», en Monitor Ecclesiasticus 1 [2015] 139 y ss.). Finalmente, hemos de resaltar que una de las iniciativas más notables del Santo Padre desde el punto de vista eclesiológico ha sido la creación del Consejo de Cardenales, cuya constitución tiene su hontanar en las sugerencias procedentes de las Congregaciones Generales previas al último cónclave. Pero no solo. La idea de fondo de tal Consejo está anclada también en la propia experiencia pastoral del Papa Francisco, en las conclusiones sacadas de su periplo existencial y de su acción de gobierno. Con las ideas maduradas a lo largo de La visión sinodal de la Iglesia tiene también «implicaciones ecuménicas», singularmente para iluminar el «ejercicio del primado petrino», así como de cara a su misión al servicio de una humanidad más justa y fraterna, con quien ella camina en la historia compartiendo sus «gozos y esperanzas, tristezas y angustias» (GS 1), como recordó el Papa en la conclusión del Discurso que hemos expuesto. Este podría ser un esbozo de la concepción de la sinodalidad eclesial propia del Papa Francisco, resultado de su plegaria, de su dilatada experiencia pastoral y de una precisa visión teológica y pneumatológica radicada en la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II. No pretende ser una estrategia humana. Es más bien un horizonte abierto, una epifanía de la llamada universal de toda la humanidad a la salvación en Cristo Jesús, por obra del Espíritu Santo. Una Iglesia que peregrina como pueblo, que engendra hijos a la fe, para que sirvan a Dios en santidad y justicia a través de los múltiples carismas y ministerios en el don fundamental y original de la comunión trinitaria. Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 28 de julio de 2017, número 30 Una niña refugiada en el campamento de Hamam al-Alil al sur de Mosul, Irak, 13 de julio de 2017 En aumento las víctimas de la trata de seres humanos menores de edad Mercado sin escrúpulos Son mujeres nigerianas y rumanas las más afectadas U n drama que corroe en lo más profundo de la sociedad contemporánea. El fenómeno de la trata y de la explotación de menores en el mundo está por su naturaleza ampliamente sumergido, pero los datos disponibles sobre casos que se han recogido en 106 países son más que alarmantes. De 63.251 casos detectados a nivel global, efectivamente 17.710 (uno de cada cuatro) afectan a niños o adolescentes, superando al género femenino (12.650). Los menores representan el segundo grupo más numeroso entre las víctimas de la trata después de las mujeres. Estos son algunos de los datos contenidos en el informe «Pequeños esclavos invisibles 2017» redactado por la organización internacional Save the Children, en colaboración con otras organizaciones en vista de la Jornada mundial contra la trata, prevista para el domingo. La búsqueda profundiza en datos y perfiles de las víctimas y de sus explotadores, ofreciendo así una fotografía mucho más clara del fenómeno. El tráfico de menores se demuestra muy radicado en los países de la Unión Europea, donde en 2016 resultan al menos 15.846 víctimas comprobadas o presuntas, de las cuales las mujeres representan el 76 por ciento y los menores el 15 por ciento. Las principales formas de explotación recogidas son la prostitución forzosa (67 por ciento) y la explotación laboral (21) sobre todo en ámbito agrícola, manufacturero, de la construcción, en servicios domésticos y en hostelería. En 2016 el número de menores solos nigerianos llegados por mar a Italia se triplicó (3040 casos). Además, se detectó una presencia creciente de adolescentes y niñas (incluso de 13 o 14 años) que son reclutadas con engaño en su país de origen, en Benin City o en las áreas rurales y en las aldeas más remotas de los estados de Anambra, del Delta y de Lagos. Luego son llevadas a Libia y después se las hace llegar a Italia para ser explotadas en el mundo de la prostitución. La cadena criminal nigeriana que gestiona la trata destinada para la explotación sexual en Europa está basada en fases y roles bien definidos —dice el informe— a partir de las captoras, que actúan directamente en Nigeria. Luego están los responsables del traslado de las víctimas a Níger donde las ceden a grupos criminales árabes que las transportan a Libia y las secuestran. Las niñas víctimas pueden padecer todo tipo de violencia durante el viaje, en el cual son vendidas y compradas de nuevo varias veces. En Italia son obligadas a devolver una deuda que puede llegar a 40 o 50.000 euros, pero además deben pagar a los traficantes co- mida y alojamiento, facturas, ropas e incluso 200 euros al mes por el lugar de la calle en la cual están obligadas a prostituirse, a menudo mantener relaciones sin protección, y con tarifas que en zonas más periféricas pueden bajar a diez o cinco euros. Por otro lado está el caso de las chicas rumanas, que son el segundo grupo más numeroso después del nigeriano entre las jóvenes víctimas de trata para la explotación sexual en la calle, en Italia. Se trata principalmente de adolescentes provenientes de contextos socioeconómicos muy pobres, como las regiones de Muntenia y Moldavia, en los distritos de Bacau, Galati, Braila, Neamt y Suceava, que en algunos casos no tenían padres o estaban en manos de terceras personas, cuando fueron captadas y manipuladas por coetáneas, chicos u hombres adultos, con la propuesta de trabajos ficticios. Y con la esperanza de una mejora social.

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número 30, viernes 28 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Yakarta piensa en los jóvenes «Dos semanas ricas de diálogo, de reflexión y de esperanzas»: con estas palabras Peniel Rajkumar, responsable del programa para el diálogo interreligioso y para la cooperación del Consejo ecuménico de las Iglesias (World Council of Churches, WCC), comentó el seminario anual del proyecto Youth in Asia Training for Religious Amity que desde hace algunos años constituye uno de los compromisos primarios del WCC por un nuevo rol del ecumenismo en Asia gracias a la implicación directa de los jóvenes. El seminario, que este año se celebró del 8 al 22 de julio en el Jakarta Theological Seminary, la más antigua institución universitaria de Indonesia, fue promovido por el WCC, en colaboración con el mismo seminario teológico y con el apoyo del Consejo de las Iglesias en Indonesia, que este año celebra el 50º aniversario de su fundación. Para el seminario fue elegido el tema «Passionately Christian and Compassionately Interreligious», para subrayar la importancia del testimonio cristiano a favor de la paz y de la justicia en una sociedad multireligiosa como la asiática, donde la convivencia de tradiciones religiosas diferentes no siempre es fácil. Para Peniel Rajkumar precisamente «este tema ha ayudado a los participantes a comprender el significado del compromiso interreligioso en el mundo de hoy, como diálogo de la cabeza, del corazón y de las manos capaz de implicar la curiosidad intelectual, el compromiso apasionado y la solidaridad compasiva de los cristianos». El seminario se ha articulado en reflexiones teológicas sobre el estado del diálogo ecuménico e interreligioso no solo en Asia, en lectura y comentarios de los más recientes documentos para el diá- logo, en estudios bíblicos con los cuales favorecer una mejor comprensión de las Sagradas Escrituras como fuente privilegiada para la espiritualidad ecuménica, en el compartir experiencias de diálogo interreligioso en Asia, a partir de las indonesias. En el seminario, como fue reconocido por algunos de los participantes, sobre todo el compartir de las experiencias locales fue particularmente significativo para la comprensión de qué pueden y deben hacer los cristianos juntos en Asia, en el descubrimiento de valores comunes en las religiones, como una relación nueva con la creación y la condena de todo tipo de discriminación, para derrotar el clima de miedo y de intolerancia que se asoma en muchas realidades en Asia, con el riesgo de condicionar las relaciones no solo entre las religiones sino también entre los estados. Con este seminario, en el cual no ha faltado un tiempo dedicado a la oración para dar gracias al Señor por los pasos realizados por los cristianos para eliminar el escándalo de la división, el World Council of Churches ha querido proseguir el camino ecuménico de formación y debate de los jóvenes cristianos para reforzar la dimensión cotidiana del diálogo interreligioso, considerada un elemento central para la realización de una sociedad en la cual las religiones saben vivir en armonía, superando prejuicios y fundamentalismos. En la realización de esta sociedad por el WCC los cristianos están llamados a ofrecer una contribución fundamental en la medida en la que consiguen compartir, con un espíritu ecuménico, el compromiso para la condena de la violencia y para la construcción de la paz, favoreciendo esa «peregrinación de justicia y de paz», que ha surgido como una prioridad en la última asamblea general del WCC, que se tuvo en Busan, Corea del Sur, en 2013. (riccardo burigana) Una meta para Europa Los europeos no pueden moverse como «vagabundos», «hombres sin orientación, incapaces de hacer muchas cosas». Es necesario sin embargo redescubrir la meta que el viejo continente, gracias también a figuras como la del apóstol Santiago, supo reconocer «en la persona de Jesucristo». Son palabras del arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, que se encontraba en Roma estos días por la festividad de Santiago, patrón de España. El purpurado concedió una entrevista a Aciprensa, en la cual afrontó sobre todo el tema de la identidad europea. «Es necesario tener metas, unas metas que nos unan, unas metas que no desintegren, unas metas que nos reúnan, que nos convoquen, que nos hagan encontrarnos», explicó el purpurado indicando el Camino de Santiago como fuente de la identidad de la Europa cristiana. Esto, de hecho, «continúa siendo actual indicándonos una meta, que es la que tuvo el apóstol. Cuando abrazamos al apóstol después de haber hecho el recorrido por Santiago de Compostela, en este abrazo está el abrazo a Cristo», explicó el cardenal Osoro. «Tener una meta, seguir una dirección —añadió— es fundamental en la historia de los hombres. Y la aportación del apóstol Santiago es la de un humanismo capaz de ser creativo y de unir fuerzas y de quitar distancias, de romper formulaciones que nos separan de los otros, de quitar indiferencias. Eso es lo que hace el Camino, el apóstol Santiago, en definitiva, Jesucristo». En el caso concreto de España, el arzobispo de Madrid subrayó la necesidad de «hacer memoria de lo que nos une» a los españoles, haciendo que «se abandonen nuestros posicionamientos personales que nos separan de los demás». Más en general, y considerando también los desafíos que se ponen frente a Europa, dijo el cardenal Osoro, «hacer memoria porque hay momentos en la historia que son de prueba, y que la disgregación aparece en nuestro horizonte». Basta reflexionar sobre «lo que ha supuesto la fe en España. La fe nos ha unido. Éramos diferentes, distintos, e incluso con costumbres a veces diferenciadoras. Pero, sin embargo, con grandes y rigurosos movimientos de primavera que nos hacían unirnos en proyectos comunes». Medalla oficial por los 5 años de pontificado del Papa Francisco A partir del viernes 28 de julio, estará disponible en la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) y en la Librería Editora Vaticana la medalla del quinto año de pontificado del Papa Francisco. La obra tendrá las siguientes características: en el anverso se encuentra el escudo del Papa Francisco bordeado por la inscripción FRANCISCUS PP. ANNO V MMXVII. Debajo, está gravado el nombre de la artista, Mariangela Crisciotti. En el borde se lee E CIVITATE VATICANA, con el número de la medalla. En el reverso, el tema de la medalla, con una barca que desembarca y una mano tendida como símbolo de acogida a todos los que huyen de su patria en bus- ca de un futuro mejor. Bordeándo la imagen se encuentra la inscripción hospes eram et collegistis me (Mateo 25, 35). Sentado en el suelo y casi desapercibido entre la gente hay un hombre que asemeja a Jesús, una imagen que evoca otro versículo del Evangelio: «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25, 40). Cada ejemplar de la medalla estará acompañado de un certificado de garantía, numerado, con sello en seco de la Secretaría de Estado y del Instituto Poligráfico y Ceca del Estado Italiano. Las piezas serán acuñadas en cantidad no superior a lo indicado a continuación: trípticos n. 50, oro n. 50, plata n. 1.000, bronce n. 1.500.

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 28 de julio de 2017, número 30 En la festividad de Santa Ana LORENZO BALDISSERI* «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» (Mateo 13, 16). Estas palabras de Jesús, al finalizar la parábola del sembrador, nos invitan a poner una atención particular sobre una familia santa, privilegiada por haber dado la vida y la educación a la madre de Jesús, una familia cuya vivencia cotidiana de fe la pone en la condición de convertirse en ejemplar de referencia. Los Evangelios canónicos no hablan de los padres de María, pero es verdad que en las Iglesias de Oriente y de Occidente el culto a santa Ana, asociado al de Joaquín, ha estado presente desde los inicios de la cristiandad. Consta también en las fuentes, incluso apócrifas, que Ana, cuyo nombre significa “gracia”, mujer del sacerdote Joaquín, como muchas mujeres de la Antigua Alianza fue marcada por la esterilidad, y que tuvo por gracia el don de la maternidad concibiendo a María que, como en muchos casos los hijos obtenidos por gracia de Dios y consagrados, como restituidos a Él por su servicio, se convirtió en la Madre de Dios y de la Iglesia. En esta perspectiva de fe la tradición quiere que Ana sea todavía hoy invocada como protectora de las parturientas, de las mujeres en espera y también de las que no pueden tener hijos. En un tiempo tan turbulento como el de hoy, es bonito y significativo mirar a Joaquín y Ana, como esposos temorosos de Dios que esperan “la consolación” en el silencio y en el servicio y acogen el don de Dios, la hija que será la madre de Jesús, entrando así en el plan divino de salvación que marcará la historia del hombre y del universo. En consecuencia también para cada uno de nosotros, hay un proyecto divino. Somos un grano de arena, una gota de agua en el mar, pero como madre Teresa de Calcuta solía decir, el mar no estaría lleno sin esa gota. El Eclesiástico en la primera lectura recuerda la importancia de las generaciones, que son instrumento de continuidad de las tradiciones y de la transmisión de la fe. El elogio bíblico de los hombres ilustres y sabios no es retórica banal, es sin embargo expresión de una verdad humana que diferencia a las personas que han llegado a la sabiduría y que han sido iluminadas por la sabiduría de Dios. Impresiona hoy cómo el anciano, aquel que lleva consigo la memoria de una familia o de un pueblo, no solo no tenga relevancia y no se le reserve el lugar que le corresponde, sino que sea colocado entre los descartados de la humanidad. Como consecuencia un hombre, una familia y un pueblo sin historia y sin pasado, no son un hombre, una familia, un pueblo. La velocidad con la que pasa el tiempo y se reduce el espacio, ayuda trágicamente a hacer aún más difícil este proceso, con el riesgo no solo de cerrar con el pasado, sino de no vivir ni siquiera el presente, porque se ha proyectado en el futuro sin raíces. Y todo esto en un mundo en el que se ha desencadenado un proceso irreversible de inestabilidad, de provisionalidad y Abuelos esenciales de mutación abrumadora que los filósofos y los economistas llaman la sociedad «líquida», virtual. Delante de estos pesados desafíos, creo que es necesario un alto, una parada de profunda reflexión antes de que sea demasiado tarde, para poder después comenzar de nuevo en la dirección correcta. Pero ¿partir de dónde y hacia dónde? En abs- tracto quiere decir partir del hombre, reconstruirlo pieza a pieza después de la fragmentación ideológica y práctica, y esto se podrá hacer con la ayuda de la sabiduría, de la trascendencia, de la palabra de Dios. En términos concretos quiere decir partir de las personas con las que se vive, con sus vivencias que certifican el valor del testimonio, comenzando por los padres en relación con los hijos, de los profesores en relación con los alumnos, de los directivos en relación con los trabajadores, de los empresarios en relación con los obreros. El Papa Francisco habla de Iglesia «en salida», y concretamente en la Evangelii gaudium indica desde dónde se debe comenzar. La predicación, la homilía, la catequesis deben partir de nuevo desde el kerigma, del anuncio de la Buena Noticia, de los contenidos esenciales de la fe y de apropiarse de nuevo del lenguaje sencillo, de las parabólas, como Jesús nos ha enseñado, el de las imágenes y de las palabras sencillas, comprensibles, a través de los medios de comunión en constante evolución. En un mundo de palabras, sonidos, ruidos, de innumerables formas de expresiones reales y virtuales, la gente se interesa y se conmueve solo con palabras verdaderas, seguras, esenciales, de hechos y no de palabrerías; quiere beber agua pura de la fuente, no esa reciclada y turbia, quiere comer pan fresco y no duro o enmohecido en el armario, quiere escuchar la palabra de Jesús y ¡Qué importantes son los abuelos en la vida de la familia, para comunicar el patrimonio de humanidad y de fe esencial para toda sociedad! (@Pontifex_es) no la de los hombres aunque sean altamente cualificados y competentes. La gente se ha cansado de historias, de interpretaciones, de autojustificaciones, de movimientos ambiguos y pérdidas de tiempo narcisistas y banales, especialmente en ciertos ambientes. Santa Ana es una bonita fiesta para recordar a las abuelas, y junto a ellas, uniendo a Joaquín, también a los abuelos. Sabemos cómo el Papa Francisco habla de la abuela, cómo fue para él una persona clave en su formación humana y cristiana en la familia. Todos nosotros sabemos también qué representa y significa la abuela junto al abuelo en casa, en la familia. Su rol se ha convertido hoy en esencial para la educación humana y cristiana de los nietos, sobretodo para la transmisión de la fe. Al respecto se escucha a veces, de hecho, especialmente en Italia, cómo los abuelos en la familia y por tanto en la sociedad son una columna vertebral de la casa familiar, que se concretiza con el cuidado de los nietos, de los pequeños, con la contribución financiera y con el dar tiempo y espacio a los padres para desarrollar su profesión y otros compromisos sociales. *Cardenal, Secretario General del Sínodo de los Obispos

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