Osservatore Romano 2523

 

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Osservatore Romano 2523

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 27 (2.523) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 7 de julio de 2017 El Papa envía un videomensaje al congreso de Scholas occurrentes Construir la paz VIDEOMENSAJE A SCHOLAS OCCURRENTES EN PÁGINA 8 El himno de la próxima JMJ Con ritmos característicos de la cultura panameña y bajo el lema “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38), elegido por el Papa Francisco, fue presentado el himno oficial de la XXXII Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019, ante miles de jóvenes y adultos —laicos y miembros del clero— que se dieron cita en el Centro de Convenciones ATLAPA, para la Cena de Pan y Vino, principal evento de apoyo al Seminario Mayor San José. El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, manifestó que «este himno expresa la misión a la que estamos llamados como discípulos y misioneros en estos tiempos, a ejemplo de la Virgen María», tras agregar que «Nos entusiasma ponerlo hoy a disposición de los jóvenes del mundo, para que cantándolo se preparen alegres y dispuestos a dejarse transformar por Dios». El himno está escrito y compuesto por Abdiel Jiménez, catequista y salmista de la parroquia Cristo Resucitado, en San Miguelito, autor de varias piezas litúrgicas, miembro de diversos coros y egresado de la Facultad de Ciencias Religiosas de la Universidad Católica Santa María La Antigua. Tras una amplia selección entre las 56 propuestas, examinadas por un jurado compuesto por una docena de reconocidos profesionales de la música panameña, se escogieron las tres mejores. Finalmente, el Comité Ejecutivo de la JMJ junto con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida de la Santa Sede, eligiera el himno ganador. Después de dos semanas de trabajo creativo y musical, finalizó la producción y arreglos de esta primera versión del himno, a cargo de Aníbal Muñoz, director de Corcheas Music & Audio Post, con la colaboración de Carlos Samaniego y Ricky Ramírez, profesionales de gran trayectoria musical. Tal y como explican desde la organización, la Jornada Mundial de la Juventud es «un encuentro de jóvenes de todo el mundo con el Papa, en un ambiente festivo, religioso y cultural, que muestra el dinamismo de la Iglesia y da testimonio de la actualidad del mensaje del Jesús». Se realiza cada tres años y la última fue a Cracovia en el año 2016. La JMJ Panamá 2019 será del 22 al 27 de enero de 2019 en la Ciudad de Panamá. El objetivo de la JMJ es «favorecer el encuentro personal con Cristo, que cambia la vida; promover la paz, la unidad y la fraternidad de los pueblos y las naciones del mundo, a través de la juventud como embajadora».

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 7 de julio de 2017, número 27 El Pontífice reza por el fin de la violencia invocando a Nuestra Señora de Coromoto Por una solución pacífica a la crisis venezolana Un «llamamiento para que se ponga fin a la violencia y se encuentre una solución pacífica y democrática a la crisis» venezolana fue lanzado por el Papa al finalizar el Ángelus del 2 de julio en la plaza de San Pedro. Antes, comentando como es habitual el Evangelio del domingo, el Pontífice se detuvo sobre la parte conclusiva del discurso misionero de Jesús. Queridos hermanos y hermanas: La liturgia nos presenta las últimas frases del discurso misionero del capítulo 10 del Evangelio de Mateo (cf. 10, 37), con el cual Jesús instruye a los doce apóstoles en el momento en el que, por primera vez les envía en misión a las aldeas de Galilea y Judea. En esta parte final Jesús subraya dos aspectos esenciales para la vida del discípulo misionero: el primero, que su vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo; el segundo, que el misionero no se lleva a sí mismo, sino a Jesús, y mediante él, el amor del Padre celestial. Estos dos aspectos están conectados, porque cuanto más está Jesús en el centro del corazón y de la vida del discípulo, más “transparente” es este discípulo ante su presencia. Van juntos, los dos. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...» (v. 37), dice Jesús. El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro. Cualquier discípulo, ya sea un laico, una laica, un sacerdote, un obispo: la relación prioritaria. Quizás la primera pregunta que debemos hacer a un cristiano es: «¿Pe- ro tú te encuentras con Jesús? ¿Tú rezas a Jesús?». La relación. Se podría casi parafrasear el Libro del Génesis: Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a Jesucristo, y se hacen una sola cosa (cf. Génesis 2, 24). Quien se deja atraer por este vínculo de amor y de vida con el Señor Jesús, se convierte en su representante, en su “embajador”, sobre todo con el modo de ser, de vivir. Hasta el punto en que Jesús mismo, enviando a sus discípulos en misión, les dice: «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado» (Mateo 10, 40). Es necesario que la gente pueda percibir que para ese discípulo Jesús es verdaderamente “el Señor”, es verdaderamente el centro de su vida, el todo de la vida. No importa si luego, como toda persona humana, tiene sus límites y también sus errores —con tal de que tenga la humildad de reconocerlos—; lo importante es que no tenga el corazón doble —y esto es peligroso. Yo soy cristiano, soy discípulo de Jesús, soy sacerdote, soy obispo, pero tengo el corazón doble. No, esto no va. No debe tener el corazón doble, sino el corazón simple, unido; que no tenga el pie en dos zapatos, sino que sea honesto consigo mismo y con los demás. La doblez no es cristiana. Por esto Jesús reza al Padre para que los discípulos no caigan en el espíritu del mundo. O estás con Jesús, con el espíritu de Jesús, o estás con el espíritu del mundo. Y aquí nuestra experiencia de sacerdotes nos enseña una cosa muy bonita, una cosa muy importante: es precisamente esta acogida del santo pueblo fiel de Dios, es precisamente ese «vaso de agua fresca» (v. 42) del cual habla el Señor hoy en el Evangelio, dado con fe afectuosa, ¡que te ayuda a ser un buen sacerdote! Hay una reciprocidad también en la misión: si tú dejas todo por Jesús, la gente reconoce en ti al Señor; pero al mismo tiempo te ayuda a convertirte cada día a Él, a renovarte y purificarte de los compromisos y a superar las tentaciones. Cuanto más cerca esté un sacerdote del pueblo de Dios, más se sentirá próximo a Jesús, y un sacerdote cuanto más cercano sea a Jesús, más próximo se sentirá al pueblo de Dios. La Virgen María experimentó en primera persona qué significa amar a Jesús separándose de sí misma, dando un nuevo sentido a los vínculos familiares, a partir de la fe en Él. Con su materna intercesión, nos ayude a ser libres y felices misioneros del Evangelio. Al finalizar la oración mariana, después del llamamiento por Venezuela, el Papa saludó a los distintos grupos de fieles presentes. Queridos hermanos y hermanas: El 5 de julio se celebrará la fiesta de la independencia de Venezuela. Aseguro mi oración por esta querida nación y expreso mi cercanía a las familias que han perdido a sus hijos en las manifestaciones. Hago un llamamiento para que se ponga fin a la violencia y se encuentre una solución pacífica y democrática a la crisis. ¡Que Nuestra Señora de Coromoto interceda por Venezuela! Dirijo un saludo a todos vosotros, ¡romanos y peregrinos! Saludo en particular a los fieles irlandeses de Belfast, y a los jóvenes de Schattdorf (Suiza) que han recibido recientemente el sacramento de la confirmación. Saludo a los varios grupos parroquiales y a las asociaciones, así como además a los participantes de la moto-peregrinación desde Cardito (Nápoles). A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 27, viernes 7 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 A la Confederación italiana de sindicatos de trabajadores el Papa pide garantizar mayor justicia a los excluidos La verdadera vocación del sindicato Es urgente «un nuevo pacto social para el trabajo» que tutele a las personas más ancianas y cree empleo para los jóvenes». Lo dijo el Papa a los delegados de la Confederación italiana de sindicatos de trabajadores (CISL) que participaron en la audiencia que tuvo lugar el miércoles 28 de junio por la mañana, en el Aula Pablo VI. Os doy la bienvenida con motivo de vuestro congreso, y agradezco a la Secretaría General su presentación. Habéis elegido un lema muy hermoso para este congreso: “Por la persona, por el trabajo”. Persona y trabajo son dos palabras que pueden y deben estar juntas. Porque si pensamos y decimos trabajo sin la persona, el trabajo termina por convertirse en algo inhumano, que olvidando a las personas se olvida y se pierde a sí mismo. Pero si pensamos en la persona sin trabajo decimos algo parcial, incompleto, porque la persona se realiza plenamente cuando se convierte en trabajador, en trabajadora; porque el individuo se hace persona cuando se abre a los demás, a la vida social, cuando florece en el trabajo. La persona florece en el trabajo. El trabajo es la forma más común de cooperación que la humanidad haya generado en su historia. Cada día millones de personas cooperan simplemente trabajando: educando a nuestros hijos, poniendo en funcionamiento equipos mecánicos, resolviendo asuntos en una oficina... El trabajo es una forma de amor civil: no es un amor romántico ni siempre intencional, sino que es un amor verdadero, auténtico, que nos hace vivir y saca adelante el mundo. Por supuesto, la persona no es sólo trabajo… Tenemos que pensar en la sana cultura del ocio, de saber descansar. Esto no es pereza, es una necesidad humana. Cuando pregunto a un hombre, a una mujer, que tiene dos, tres hijos: “Pero dígame, ¿usted juega con sus hijos? ¿Tiene este ‘ocio’?”— “¡Eh!, sabe, cuando voy al trabajo, todavía están dormidos, y cuando vuelvo ya están acostados”. Esto es inhumano. Por eso, junto con el trabajo, debe ir pareja también la otra cultura. Porque la persona no es solamente trabajo, porque no siempre trabajamos y no siempre tenemos que trabajar. De niños no se trabaja y no se debe trabajar. No trabajamos cuando estamos enfermos, no trabajamos cuando somos ancianos. Hay muchas personas que todavía no trabajan, o que ya no trabajan. Todo esto es verdadero y conocido, pero hay que recordarlo también hoy, cuando hay todavía demasiados niños y jóvenes en el mundo que trabajan y no estudian, mientras el estudio es el único “trabajo” bueno de los niños y de los jóvenes. Y cuando no siempre y no a todos se les reconoce el derecho a una jubilación justa — justa porque no es ni demasiado pobre ni demasiado rica: las “jubilaciones de oro” son un insulto al trabajo no menos grave que el de las jubilaciones demasiado pobres, porque hacen que las desigualdades del tiempo del trabajo se hagan perennes. O cuando un trabajador enferma y es descartado también por el mundo del trabajo en nombre de la eficiencia — y, sin embargo, si una persona enferma puede, dentro de sus límites, trabajar, el trabajo también desempeña una función terapéutica: a veces uno se cura trabajando con los demás, trabajando juntos, para los demás. Es una sociedad necia y miope la que obliga a las personas mayores a trabajar demasiado tiempo y obliga a una entera generación de jóvenes a no trabajar cuando deberían hacerlo para ellos y para todos. Cuando los jóvenes están fuera del mundo del trabajo, las empresas carecen de energía, de entusiasmo, de innovación, de alegría de vivir, que son bienes comunes preciosos que mejoran la vida económica y la felicidad pública. Es por tanto urgente un nuevo pacto social humano, un nuevo pacto social para el trabajo, que reduzca las horas de trabajo de los que están en la última temporada laboral para crear trabajo para los jóvenes que tienen el derecho-deber de trabajar. El don del trabajo es el primer don de los padres y de las madres a los hijos y a las hijas, es el primer patri- monio de una sociedad. Es la primera dote con la que les ayudamos a levantar el vuelo libre de la vida adulta. Quisiera subrayar dos desafíos trascendentales que hoy el movimiento sindical debe afrontar y superar si quiere seguir desempeñando su papel esencial para el bien común. El primero es la profecía, y se refiere a la naturaleza misma del sindicato, a su vocación más verdadera. El sindicato es expresión del perfil profético de una sociedad. El sindicato nace y renace todas las veces que, como los profetas bíblicos, da voz a los que no la tienen, denuncia al pobre “vendido por un par de sandalias” (cfr Amós 2,6), desenmascara a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más frágiles, defiende la causa del extranjero, de los últimos, de los “descartes”. Como demuestra también la gran tradición de la CISL, el movimiento sindical tiene sus grandes temporadas cuando es profecía. Pero en nuestras sociedades capitalistas avanzadas el sindicato corre el riesgo de perder esta naturaleza profética suya y volverse demasiado parecido a las instituciones y a los poderes que, en cambio, debería criticar. El sindicato, con el pasar del tiempo, ha terminado por parecerse demasiado a la política, o mejor dicho, a los partidos políticos, a su lenguaje, a su estilo. En cambio, si le falta esta dimensión típica y diferente, también su acción dentro de las empresas pierde fuerza y eficacia. Esta es la profecía. Segundo desafío: la innovación. Los profetas son centinelas, que vigilan desde su atalaya. También el sindicato tiene que vigilar desde las murallas de la ciudad del trabajo, como un centinela que mira y protege a los que están dentro de la ciudad del trabajo, pero que mira y protege también a quienes están fuera de las murallas. El sindicato no realiza su función esencial de innovación social si vigila solo a los que están dentro, si sólo protege los derechos de quien ya trabaja o está jubilado. Esto se debe hacer, pero es la mitad de vuestro trabajo. Vuestra vocación es también la de proteger los derechos de quien todavía no los tiene, los excluidos del trabajo que también están excluidos de los derechos y de la democracia. El capitalismo de nuestro tiempo no comprende el valor del sindicato, porque se ha olvidado de la naturaleza social de la economía, de la empresa. Este es uno de los pecados más graves. Economía de mercado: no. Digamos economía social de mercado, como enseñaba san Juan Pablo II: economía social de mercado. La economía ha olvidado la naturaleza social que tiene como vocación, la naturaleza social de la empresa, de la vida, de los vínculos, de los pactos. Pero tal vez nuestra sociedad no entiende al sindicato porque no lo ve luchar lo suficiente en los lugares de los “derechos del todavía no”: en las periferias existenciales, entre los descartados del trabajo. Pensemos en el 40% de jóvenes menores de 25 años que no tienen trabajo. Aquí. En Italia. ¡vosotros tenéis que luchar ahí! Son periferias existenciales. No lo ve luchar entre los inmigrantes, los pobres, que están bajo las murallas de la ciudad; o simplemente no lo entiende porque a veces —pero pasa en todas las familias— la corrupción ha entrado en el corazón de algunos sindicalistas. No os dejéis bloquear por esto. Sé que os estáis esforzando ya desde hace tiempo en la dirección justa, especialmente con los migrantes, con los jóvenes y con las mujeres. Y esto que digo podría parecer superado, pero en el mundo del trabajo la mujer es todavía de segunda clase. Podríais decirme: “No, está esa empresaria, esa otra…”. Sí, pero la mujer gana menos, se la explota con más facilidad… Haced algo. Os animo a continuar y, si es posible, a hacer más. Vivir las periferias puede convertirse en una estrategia de acción, en una prioridad del sindicato de hoy y de mañana. No hay una buena sociedad sin un buen sindicato, y no hay un sindicato bueno que no renazca cada día en las periferias, que no transforme las piedras descartadas por la economía en piedras angulares. Sindicato es una bella palabra que proviene del griego “dike”, es decir justicia y “syn” juntos: syn-dike, “justicia juntos”. No hay justicia juntos si no es junto con los excluidos de hoy. Os doy las gracias por este encuentro, os bendigo, bendigo vuestro trabajo y os deseo lo mejor para vuestro Congreso y vuestro trabajo diario. Y cuando nosotros en la Iglesia hacemos una misión, por ejemplo, en una parroquia, el obispo dice: “Hagamos la misión para que toda la parroquia se convierta, es decir dé un paso a mejor”. También vosotros “convertíos”: dad un paso a mejor en vuestro trabajo, que sea mejor. ¡Gracias! Y ahora os pido que recéis por mí, porque yo también tengo que convertirme en mi trabajo; cada día tengo que hacer mejor para ayudar y cumplir mi vocación. Rezad por mí y quisiera daros la bendición del Señor.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 7 de julio de 2017, número 27 El Papa invita a renovar la propia elección de fe durante la misa en la fiesta de los santos Pedro y Pablo La pregunta decisiva Una invitación a renovar la elección de fe siguiendo el ejemplo de los santos Pedro y Pablo fue dirigido por el Papa a los pastores y a los fieles que participaron en la misa con motivo de la solemnidad de los patrones de Roma celebrada en el atrio de la basílica vaticana la mañana del jueves 29 de junio La liturgia de hoy nos ofrece tres palabras fundamentales para la vida del apóstol: confesión, persecución, oración. La confesión es la de Pedro en el Evangelio, cuando el Señor pregunta, ya no de manera general, sino particular. Jesús, en efecto, pregunta primero: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» (Mt 16,13). Y de esta «encuesta» se revela de distintas maneras que la gente considera a Jesús un profeta. Es entonces cuando el Maestro dirige a sus discípulos la pregunta realmente decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). A este punto, responde sólo Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Esta es la confesión: reconocer que Jesús es el Mesías esperado, el Dios vivo, el Señor de nuestra vida. Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores. Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida. Él nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como discípulos y apóstoles; pasamos nuevamente de la primera a la segunda pregunta de Jesús para ser «suyos», no sólo de palabra, sino con las obras y con nuestra vida. Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón. Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a «arder» por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con «vivir al día» o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo. Quien confiesa a Jesús se comporta como Pedro y Pablo: lo sigue hasta el final; no hasta un cierto punto sino hasta el final, y lo sigue en su camino, no en nuestros caminos. Su camino es el camino de la vida nueva, de la ale- gría y de la resurrección, el camino que pasa también por la cruz y la persecución. Y esta es la segunda palabra, persecución. No fueron sólo Pedro y Pablo los que derramaron su sangre por Cristo, sino que desde los comienzos toda la comunidad fue perseguida, como nos lo ha recordado el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 12,1). Incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio —un silencio con frecuencia cómplice—, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal, a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo. Por otra parte, me gustaría hacer hincapié especialmente en lo que el Apóstol Pablo afirma antes de «ser —como escribe— derramado en libación» (2 Tm 4,6). Para él la vida es Cristo (cf. Flp 1,21), y Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2), que dio su vida por él (cf. Ga 2,20). De este modo, como fiel discípulo, Pablo siguió al Maestro ofreciendo también su propia vida. Sin la cruz no hay Cristo, pero sin la cruz no puede haber tampoco un cristiano. En efecto, «es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males» (Agustín, Disc. 46, 13), como Jesús. Soportar el mal no es sólo tener paciencia y continuar con resignación; soportar es imitar a Jesús: es cargar el peso, cargarlo sobre los hombros por él y por los demás. Es aceptar la cruz, avanzando con confianza porque no estamos solos: el Señor crucificado y resucitado está con nosotros. Así, como Pablo, también nosotros podemos decir que estamos «atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados» (2 Co 4, 8-9). Soportar es saber vencer con Jesús, a la manera de Jesús, no a la manera del mundo. Por eso Pablo —lo hemos oímos— se considera un triunfador que está a punto de recibir la corona (cf. 2 Tm 4,8) y escribe: «He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (v. 7). Su comportamiento en la noble batalla fue únicamente no vivir para sí mismo, sino para Jesús y para los demás. Vivió «corriendo», es decir, sin escatimar esfuerzos, más bien consumándose. Una cosa dice que conservó: no la salud, sino la fe, es decir la confesión de Cristo. Por amor a Jesús experimentó las pruebas, las humillaciones y los sufrimientos, que no se deben nunca buscar, sino aceptarse. Y así, en el misterio del sufrimiento ofrecido por amor, en este misterio que muchos hermanos perseguidos, pobres y enfermos encarnan también hoy, brilla el poder salvador de la cruz de Jesús. La tercera palabra es oración. La vida del apóstol, que brota de la confesión y desemboca en el ofrecimiento, transcurre cada día en la oración. La oración es el agua indispensable que alimenta la esperanza y hace crecer la confianza. La oración nos hace sentir amados y nos permite amar. Nos hace ir adelante en los momentos más oscuros, porque enciende la luz de Dios. En la Iglesia, la oración es la que nos sostiene a todos y nos ayuda a superar las pruebas. Nos lo recuerda la primera lectura: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5). Una Iglesia que reza está protegida por el Señor y camina acompañada por él. Orar es encomendarle el camino, para que nos proteja. La oración es la fuerza que nos une y nos sostiene, es el remedio contra el aislamiento y la autosuficiencia que llevan a la muerte espiritual. Porque el Espíritu de vida no sopla si no se ora y sin oración no se abrirán las cárceles interiores que nos mantienen prisioneros. Que los santos Apóstoles nos obtengan un corazón como el suyo, cansado y pacificado por la oración: cansado porque pide, toca e intercede, lleno de muchas personas y situaciones para encomendar; pero al mismo tiempo pacificado, porque el Espíritu trae consuelo y fortaleza cuando se ora. Qué urgente es que en la Iglesia haya maestros de oración, pero que sean ante todo hombres y mujeres de oración, que viven la oración. El Señor interviene cuando oramos, él, que es fiel al amor que le hemos confesado y que nunca nos abandona en las pruebas. Él acompañó el camino de los Apóstoles y os acompañará también a vosotros, queridos hermanos Cardenales, aquí reunidos en la caridad de los Apóstoles que confesaron la fe con su sangre. Estará también cerca de vosotros, queridos hermanos Arzobispos que, recibiendo el palio, seréis confirmados en vuestro vivir para el rebaño, imitando al Buen Pastor, que os sostiene llevándoos sobre sus hombros. El mismo Señor, que desea ardientemente ver a todo su rebaño reunido, bendiga y custodie también a la Delegación del Patriarcado Ecuménico, y al querido hermano Bartolomé, que la ha enviado como señal de comunión apostólica.

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número 27, viernes 7 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 En la audiencia a la Organización internacional italo-latinoamericana La emigración es un drama de división La emigración es «un drama de división», porque «se dividen las familias, los hijos se separan de los padres, se alejan de la tierra de origen, y los mismos gobiernos y países se dividen ante esta realidad». Lo recordó el Papa a los miembros de la Organización internacional italo-latinoamericana, recibidos en audiencia el viernes 30 de junio por la mañana, en la sala clementina, con ocasión del 50˚ aniversario de su fundación. Señoras y señores: Ante todo les pido disculpas por el retraso. No estaba previsto que llegase con retraso, pero se alargaron las audiencias, así que les pido excusas. Les doy la bienvenida y les saludo con ocasión del 50˚ aniversario de la Organización italo-latinoamericana. Doy las gracias al presidente y al vicepresidente por las palabras que han introducido nuestro encuentro. En la Convención fundacional de vuestra Organización se expresan sus finalida- de la pobreza, del desempleo, de la desigualdad social, así como también explotación y abuso de nuestra casa común. Y esto a un nivel que no hubieramos imaginado hace diez años. Ante esta situación se necesita un análisis que tenga en cuenta la realidad de las personas concretas, la realidad de nuestro pueblo (cf. Enc. Laudato si’, 144). Esto nos ayudará a darnos cuenta de las necesidades reales que existen, además de apreciar la riqueza que cada persona y cada pueblo lleva consigo. Si el primer punto era individuar las potencialidades, el segundo es coordinar los esfuerzos para dar respuestas concretas y hacer frente a los peticiones y necesidades de los hijos e hijas de nuestros países. Coordinar no significa dejar hacer a otros, y al final aprobar; sino que conlleva mucho tiempo y mucho esfuerzo; es un trabajo escondido y poco apreciado, pero necesario. Ante un mundo globalizado y cada vez más complejo, América Latina debe unir esfuerzos para hacer frente al fe- realidad. Es necesaria una política conjunta de cooperación para afrontar este fenómeno. No se trata de buscar culpables y de eludir la responsabilidad, sino que todos estamos llamados a trabajar de manera coordinada y conjunta. Y por último, el tercer aspecto: promover. Entre las muchas acciones que se podrían realizar, considero que emerge por su importancia la promoción de una cultura del diálogo. Algunos países están atravesando momentos difíciles a nivel político, social y económico. Los ciudadanos que tienen menos recursos son los primeros en notar la corrupción que existe en las distintas capas sociales y la mala distribución de las riquezas. Sé que muchos países trabajan y luchan para lograr una sociedad más justa, promoviendo una cultura de la legalidad. La promoción del diálogo político es esencial, tanto entre los distintos miembros de esta Asociación, como con los países de otros continentes, de manera especial con los de Europa, por des, entre las cuales promover el desarrollo y la coordinación, así como también individuar las posibilidades de asistencia recíproca y de acción común entre los países miembros (cf. Art. 1). Ante este compromiso, deseo subrayar tres aspectos que me parecen importantes en el momento actual. En primer lugar individuar las potencialidades. Los países de América Latina son ricos en historia, cultura, recursos naturales; además su gente es «buena» y solidaria con los otros pueblos. Lo cual se ha comprobado en ocasión de las recientes catástrofes naturales, en cómo se han ayudado unos a otros, dando ejemplo a toda la comunidad internacional. Todos estos valores sociales están presentes, pero deben ser apreciados y potenciados. No obstante estos bienes del continente, la actual crisis económica y social ha golpeado a la población y ha producido un incremento nómeno de la emigración; y gran parte de sus causas habrían podido ser afrontadas ya desde hace mucho tiempo, pero nunca es demasiado tarde (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede, 11 enero 2016). La emigración siempre ha existido, pero en los últimos años se ha incrementado de una manera jamás vista antes. Nuestra gente, impulsada por la necesidad, va en busca de «nuevos oasis», donde puedan encontrar mayor estabilidad y un trabajado que garantice mayor dignidad a su vida. Pero en esa búsqueda, muchas personas sufren la violación de sus derechos; muchos niños y jóvenes son víctimas de la trata y son explotados, o caen en las redes de la criminalidad y la violencia organizada. La emigración es un drama de división: se dividen las familias, los hijos se separan de sus padres, se alejan de su tierra de origen, y los mismos gobiernos y los países se dividen ante esta los lazos que les unen. En esta colaboración y en este diálogo se coloca la diplomacia como instrumento fundamental y de solidaridad para alcanzar la paz (cf. ibid.). El diálogo es indispensable pero no el “diálogo entre sordos”. Se requiere una actitud receptiva que acoja sugerencias y comparta aspiraciones. Capacidad de escucha. Es un intercambio recíproco de confianza, que sabe que en la otra parte hay un hermano con la mano tendida para ayudar, que desea el bien de ambas partes y quiere reforzar los lazos de fraternidad y amistad para progresar por caminos de justicia y de paz. Les animo en su compromiso en favor del bien común en nuestro continente americano y que la colaboración entre todos pueda favorecer a la creación de un mundo cada vez más humano y más justo. Muchas gracias.

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número 27, viernes 7 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Anunciada por el cardenal secretario de Estado la visita del Pontífice a la FAO el próximo 16 de octubre El objetivo de la seguridad alimentaria páginas 6/7 El lunes 3 de julio por la mañana, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, participó en Roma en la sesión inautural de la 40ª conferencia general de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura. Después de haber saludado a los vértices del organismo, al presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana, Paolo Gentiloni, a los embajadores y representantes permanentes y a todos los participantes, el purpurado dio las gracias por la acogida recibida y las palabras de bienvenida que le fueron dirigidas. A continuación procedió a leer el mensaje que Francisco quiso transmitir a los participantes en la Conferencia y para finalizar anunció la visita del Papa a la FAO prevista para el próximo 16 de octubre. Publicamos la traducción del mensaje papal. que la solidaridad sea el criterio inspirador de cualquier forma de cooperación en las relaciones internacionales. 2. Una mirada a la situación actual del mundo no nos ofrece imágenes consoladoras. No podemos, sin embargo, permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados. Este momento de evidente dificultad debe hacernos también más conscientes de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos. Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso El próximo 16 de octubre, con ocasión de la Jornada mundial de la alimentación dedicada este año a reflexionar sobre el tema “Cambiar el futuro de la migración” el Papa Francisco irá a la FAO Señor Presidente: Me complace dirigirle mi deferente y cordial saludo, así como a cada uno de ustedes, Representantes de los Estados miembros de la FAO, reunidos para la cuadragésima Conferencia de la Organización. Extiendo también mi saludo al Director General de la FAO y a los Responsables de los otros Organismos internacionales presentes en esta reunión, que está llamada a dar respuestas precisas al sector agrícola y alimentario, de las que dependen las expectativas de millones de personas. 1. No pudiendo esta vez estar con ustedes, según la consolidada tradición que se remonta al inicio de esta sede de la FAO en Roma, he pedido al Señor Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, llevar mi palabra de estímulo y apoyo, y manifestarles toda mi estima y consideración por la ardua tarea que deben realizar. La Santa Sede sigue con mucha atención la actividad internacional y quiere cooperar a orientarla para favorecer no un simple progreso u objetivos teóricos de desarrollo, sino una real erradicación del hambre y de la malnutrición. Todos somos conscientes de que no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él y que deben por tanto beneficiarse del mismo. Si los continuos objetivos propuestos quedan todavía lejos, depende mucho de la falta de una cultura de la solidaridad que no logra abrirse paso en medio de las actividades internacionales, que permanecen a menudo ligadas solo al pragmatismo de las estadísticas o al deseo de una eficacia carente de la idea de compartir. El compromiso de cada País por aumentar el propio nivel de nutrición, por mejorar la actividad agrícola y las condiciones de las poblaciones rurales, se concreta en el impulso del sector agrícola, en el incremento de la producción o en la promoción de una distribución efectiva de los alimentos. Pero esto no basta. En efecto, dichos objetivos lo que están pidiendo es que se considere cada día que el derecho de cada persona a ser liberada de la pobreza y del hambre depende del deber que tiene toda la familia humana de ayudar de forma concreta a los necesitados. Entonces, cuando un País no sea capaz de ofrecer respuestas adecuadas porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad, es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria. A partir de la conciencia de que los bienes que nos ha entregado Dios Creador son para todos, se requiere urgentemente Visita del Papa Francisco a la FAO (20-01-2014) las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida. Como también están determinados por decisiones tomadas en plena libertad y conciencia los datos relativos a las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta. Hay que ser conscientes de que en estos casos la libertad de elección de cada uno se conjuga con la solidaridad hacia todos, en relación con las necesidades, cumpliendo de buena fe los compromisos asumidos o anunciados. A este respecto, animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos, quisiera unirme con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía. Este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo. Este compromiso nos lo pide hoy la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable. Pero solo un esfuerzo de auténtica solidaridad será capaz de eliminar el número de personas malnutridas y privadas de lo necesario para vivir. Es un desafío muy grande para la FAO y para todas las Instituciones de la Comunidad internacional. Un reto en el que también la Iglesia se siente comprometida en primera línea. Deseo, por tanto, que las sesiones de esta Conferencia puedan dar un nuevo impulso a la actividad de la Organización y ofrecer aquellos instrumentos deseados y esperados por millones de hermanos nuestros que ven en la acción de la FAO no sólo una contribución técnica para aumentar los recursos y para distribuir los frutos de la producción, sino también el signo concreto, a veces único, de una fraternidad que les permite confiar en el futuro. Que la bendición de Dios todopoderoso, rico en misericordia, descienda sobre ustedes y sus trabajos y les dé la fuerza necesaria para contribuir a un auténtico progreso de la familia humana. Vaticano, 3 de julio de 2017 FRANCISCO

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 7 de julio de 2017, número 27 INFORMACIÓN VATICANA Nombramientos y Renuncias El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Garagoa (Colombia) presentada por monseñor JOSÉ VICENTE HUERTAS VARGAS. El Papa ha nombrado obispo de Garagoa (Colombia) a monseñor JULIO HERNANDO GARCÍA PELÁEZ, hasta ahora obispo de Istmina - Tadò (Colombia). El Papa ha nombrado obispo de la diócesis de Tlaxcala (México) al reverendo P. JULIO CÉSAR SALCEDO AQUINO, M.J., Superior General de los Misioneros de San José en México. Para las víctimas del terremoto de la isla de Lesbos La caridad de Francisco El Papa Francisco ha donado cincuenta mil euros para las necesidades de la población de la isla de Lesbos golpeada en los días pasados por un terremoto. Después de haber recibido un informe sobre lo sucedido, el Pontífice rezó por las víctimas y quiso expresar su cercanía, con un donativo que servirá para llevar alivio a muchas personas, comentó monseñor Nikolaos Printezis, obispo de Naxos, Andros, Tinos y Mykonos y administrador apostólico “sede vacante” de Quíos, quien en los próximos días irá a Lesbos para entregar el donativo pontificio. Como es sabido, el 16 de abril de 2016 Francisco visitó un campo de refugiados en la isla, recordando a las víctimas de las migraciones. El sisma, que golpeó las islas griegas de Lesbos y Quíos y la costa occidental de Turquía, tuvo lugar el 12 de junio y tuvo una magnitud de 6,3. El epicentro fue localizado en el mar Egeo a 10 kilómetros de profundidad. Al temblor le siguieron otros de intensidad inferior. Una mujer falleció y diez personas resultaron heridas y el balance más grave de víctimas y daños fue en el pueblo de Vrisa, donde cayeron varias casas. El Papa ha nombrado nuncio apostólico en Perú a monseñor NICOLA GIRASOLI, arzobispo titular de Egnazia Appula, hasta ahora nuncio apostólico en Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Dominica, Jamaica, Granada, República Cooperativa de Guyana, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y delegado apostólico en Antillas. El Santo Padre ha nombrado Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral al Reverendo Sac BRUNO MARIE DUFFÉ, del clero de la archidiócesis de Lyon, Cofundador y Director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Católica de Lyon, profesor de Ética Social y Sanitaria en el Centro Regional de Lucha contra el Cáncer Léon Bérard de Lyon (Francia). El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de San Juan de Cuyo (Argentina) presentada por monseñor ALFONSO ROGELIO DELGADO EVERS. Le sucede monseñor JORGE EDUARDO LOZANO, hasta ahora obispo coadjutor de la misma archidiócesis. Vídeo del Papa del mes de julio Rezar por «nuestros hermanos que se han alejado de la fe, para que, a través de nuestra oración y testimonio evangélico, puedan redescubrir la belleza de la vida cristiana». Lo pide en Papa Francisco en las intenciones de oración para el mes de julio publicadas en el Vídeo del Papa. De este modo, pide que «no olvidemos nunca que nuestra alegría es Jesucristo, su amor fiel e inagotable. Porque cuando un cristiano se pone triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús». Asimismo, el Pontífice recuerda que «en esos momentos no hay que dejarlo solo. Debemos ofrecerle la esperanza cristiana con la palabra sí, pero más con nuestro testimonio, con nuestra libertad, con nuestra alegría». Cada mes, la Red Mundial de Oración publica un vídeo en el que se recogen las intenciones de oración del Papa Francisco, animando a la Iglesia y a quien lo desee, a unirse a él con esta intención. Scholas occurrentes organiza un congreso en Jerusalén La valentía del encuentro «Entre la universidad y la escuela, construir la paz a través de la cultura del encuentro» es el tema del congreso de Scholas occurentes que tuvo lugar del 2 al 5 de julio en Jerusalén, con la participación de académicos procedentes de 41 institutos de todo el mundo. Publicamos el texto del videomensaje con el que el Papa Francisco intervino en la ceremonia de clausura en la tarde del miércoles 5 en la sede de la universidad hebrea de la ciudad santa. En este momento jóvenes y adultos de Israel, de Palestina y de otras partes del mundo, de diferentes nacionalidades, credos y realidades, todos respiramos el mismo aire, todos pisamos la misma tierra, nuestra casa común. Las historias son muchas, cada uno tiene la suya. Hay tantas historias como personas, pero la vida es una. Por eso quiero celebrar estos días vividos allí en Jerusalén, porque ustedes mismos, desde sus diferencias, lograron unidad. No se los enseñó nadie. Lo vivieron. Ustedes se animaron a mirarse a los ojos, se animaron a desnudar la mirada y esto es imprescindible para que se produzca un encuentro. En la desnudez de la mirada no hay respuestas, hay apertura. Apertura a todo lo otro que no soy yo. En la desnudez de la mirada nos volvemos permeables a la vida. La vida no nos pasa de largo. Nos atraviesa y nos conmueve y esa es la pasión. Una vez abiertos a la vida y a los otros, al que tengo al lado, se produce el encuentro y en ese encuentro se da un sentido. Todos tenemos sentido. Todos tenemos un sentido en la vida. Ninguno de nosotros es un no. Todos somos sí, por eso cuando encontramos el sentido es como si se nos ensanchara el alma. Y necesitamos ponerle palabras a este sentido. Darle una forma que lo contenga. Expresar de algún modo eso que nos pasó. Y esa es la creación. Además, cuando nos damos cuenta que la vida tiene sentido y que ese sentido nos desborda necesitamos celebrarlo. Necesitamos la fiesta, como expresión humana de la celebración del sentido. Entonces encontramos el sentimiento más profundo que se puede tener. Un sentimiento que existe en nosotros por y a pesar de todo, por todo y a pesar de todo. Este sentimiento es la gratitud. Scholas intuye que de esto se trata educar. La educación que nos abre a lo desconocido, que nos lleva a ese lugar en el que todavía no se separaron las aguas. Libre de prejuicios. Es decir libre de juicios previos que nos bloquean, para desde allí soñar y buscar nuevos caminos. De ahí que nosotros los adultos no podemos quitarle a nuestros niños y jóvenes la capacidad de soñar, ni de jugar, que en cierta manera es un soñar despiertos. Si no dejamos que el niño juegue es porque nosotros no sabemos jugar y si nosotros no sabemos jugar no entendemos ni la gratitud, ni la gratuidad, ni la creatividad. Este encuentro nos ha enseñado que nuestra obligación es escuchar a los chicos y generar un contexto de esperanza para que esos sueños crezcan y se compartan. Un sueño cuando es compartido se convierte en la utopía de un pueblo, en la posibilidad de crear una nueva manera de vivir. Nuestra utopía, la de todos los que de algún modo formamos Scholas es crear con esta educación una cultura del encuentro. En las personas podemos unirnos valorando la diversidad de culturas para alcanzar, no la uniformidad, no, sino la armonía, y ¡cuánto necesita este mundo tan atomizado! Este mundo que le teme al diferente, que a partir de ese temor a veces construye muros que terminan haciendo realidad la peor pesadilla que es vivir como enemigos. ¡Cuánto necesita este mundo salir a encontrarse! Por eso quiero agradecerles hoy, a los adultos, a los académicos de la Universidad hebrea y de tantas universidades de todo el mundo que están allí presentes por no encerrarse y por poner sus valiosos conocimientos al servicio de la escucha. Y a los jóvenes de Israel y Palestina y a los invitados de otros países del mundo gracias por animarse a soñar, a buscar el sentido, a crear, a agradecer, a festejar, a poner la mente, las manos y el corazón para hacer realidad la cultura del encuentro. Muchas gracias.

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número 27, viernes 7 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO «El Papa Francisco sigue con afecto y conmoción la situación del pequeño Charlie Gard y expresa cercanía a sus padres. Reza por ellos, con la esperanza de que no se descuide su deseo de acompañar y cuidar hasta el final al niño» (2 de julio) página 9 Chris Gard y Connie Yates en una foto tomada del perfil de facebook del padre de Charlie Ante el dramático caso del pequeño Charlie Gard La destructiva cultura del descarte Desierto espiritual FERDINANDO CANCELLI D esde octubre del año pasado el pequeño Charlie Gard ha sido tratado en el Great Ormond Street Hospital (Gosh) de Londres debido al empeoramiento de sus condiciones generales tras una rarísima forma patológica. El síndrome de agotamiento mitocondrial que lleva rápidamente a la disminución de las funciones vitales a causa de la debilidad muscular y daños al sistema nervioso central: la respiración, la nutrición y la hidratación clínicamente asistidas solo pueden retrasar la muerte que permanece en tales casos casi una consecuencia inevitable. El del niño inglés es un caso dramático bajo muchos puntos de vista: su tierna edad, la situación de total dependencia, la fragilidad extrema de quien ni siquiera ha conseguido llorar en estos largos meses, la batalla legal de dos jóvenes padres para mantener el soporte vital al pequeño, batalla que se ha infringido ante el rechazo de intervenir, por parte de la Corte europea de derechos humanos, pronunciado hace pocos días. A complicar todo el caso ha contribuido una vez más la creciente y destructiva cultura del descarte que, golpeando a los más débiles, enturbia las aguas e impide distinguir la verdad de la mentira. «Charlie ha sido atendido por uno de los más expertos equipos médico-enfermeros que nuestros excelentes hospitales pueden ofrecer» se leía estos días en las columnas del «Daily Telegraph». Basándose en esta afirmación es necesario detenerse atentamente y por un momento dar un paso atrás para reflexionar cómo haya sido posible llegar a un fracaso tan grande en un contexto aparentemente de los mejores como es el descrito en el «Telegraph». Los médicos del Gosh afirmaron que para Charlie había llegado la hora de aplicar exclu- sivamente los cuidados paliativos y por consiguiente el soporte vital debía ser suspendido en favor de un alivio de los síntomas. ¿Pero la medicina paliativa excluye todo medio de soporte vital? La respuesta es claramente no: la hidratación, la nutrición y la respiración asistida, a menos que no sean fuente de efectos adversos o que el paciente no las desee, pueden coexistir con el perfecto control de los síntomas perturbadores puesto en práctica por un buen tratamiento paliativo. ¿Y si, dando la vuelta a la perspectiva, el tratamiento paliativo se hubiera considerado en el caso de Charlie desde el inicio de su historia, se habrían puestos en práctica estos medios de ayuda vital? Hay una posibilidad de que ante la ineluctabilidad de la muerte inminente tales medios hubieran sido considerados “desproporcionados” ab initio y en consecuencia no puestos en práctica, limitándose a controlar los síntomas perturbadores hasta el natural y desgraciadamente inevitable fallecimiento que, a ese punto y con la ayuda de un equipo especializado, hubiera podido ocurrir también en casa. El rol de la medicina paliativa entonces se vuelve crucial incluso en este caso: sin contradicciones la misma puede por un lado acompañar a quienes, ayudados por las máquinas, son destinados de todos modos a consumirse por inevitables complicaciones y por otro puede enseñar a evitar el ensañamiento terapéutico en cuyas dobleces pueden celarse insidias como la que han vivido en primera persona el pequeño Charlie y sus padres Chris y Connie. Es quizás de una visión como esta de la que a menudo parecen desprovistos «uno de los más expertos equipos médico-enfermeros que nuestros excelentes hospitales pueden ofrecer»: una visión que probablemente hubiera salvado a los padres de la más que comprensible tentación de buscar otras e improbables y costosas soluciones médicas. LUCETTA SCARAFFIA E l dramático caso del pequeño Charlie pone en evidencia los fallos que puede causar la difusión generalizada de la cultura del descarte tantas veces denunciada con fuerza por el Papa y por una visión solo técnico-científica de la práctica médica. Provocando una desconfianza que puede llevar a irreparables rupturas de la fundamental alianza terapéutica entre paciente (o, como en este caso entre la familia de este último) y médicos, por una parte, y hasta la mistificación y la instrumentalización de las noticias, por otro. Algunos medios de comunicación, sobre todo en Italia, se han distinguido por seguir este trágico acontecimiento haciendo de ello objeto de conflicto ideológico, ulterior ocasión para posicionarse políticamente pro o contra la eutanasia. Aunque en la desgarradora historia del pequeño Charlie Gard este no es el problema. La frase, repetida varias veces, «desenchufar» evoca inmediatamente un acto de eutanasia, y no la posible elección de poner fin a un ensañamiento terapéutico, sustituido por cuidados paliativos. ¿Y si ese cable no se hubiera debido enchufar nunca? En el caso británico no tenemos los elementos para responder, pero sabemos que, en un mundo en el cual se pide a la ciencia vencer a la muerte de todas las maneras posibles, es cada vez más difícil encontrar un lugar para la dolorosa pero ineludible aceptación del final. Y para los médicos encontrar las palabras para explicar a esos pobres y desesperados padres que su dolor será inevitable, y ponerse a su lado con humanidad y caridad. Aquí lo que ha faltado —parece entenderse— es un horizonte humano y espiritual más amplio en el cual inscribir, aunque no explicar, el misterio del dolor infantil, y más en general del sufrimiento. Correr de una esperanza médica, a menudo ilusoria hacia otra, sin dejar a esa pobre criatura el modo de morir con el menor dolor posible, sino aceptando este trágico destino, es el signo del desierto espiritual moderno, es la otra cara de la eutanasia y de una mentalidad que se está difundiendo cada vez más.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 7 de julio de 2017, número 27 atrevería a decir que existía entre ellos una empatía especial. Pero no sólo ejercía sus funciones como director de la Sala de Prensa. Formó parte de las delegaciones vaticanas en las Conferencias Internacionales organizadas por la ONU en El Cairo (1994) Pekín (1995) y Estambul (1996) y actuó como interlocutor especial en la preparación de algunos viajes papales particularmente delicados como el de Cuba en 1998 antes del cual mantuvo con Fidel Castro una larguísima entrevista nocturna y logró arrancarle al líder cubano algunas promesas como la transmisión en directa televisiva de Su vida da un giro importante cuando Juan Pablo II le llama a dirigir la Sala de Prensa de la Santa Sede a la que el Pontífice polaco quería imprimir nuevos ritmos Fallece Joaquín Navarro Valls Las lágrimas de Quico ANTONIO PELAYO Conocí a Joaquín en agosto de 1978 con ocasión de la muerte del beato Pablo VI y del cónclave en el que fue elegido Juan Pablo I y desde entonces he mantenido con él una continua relación profesional y amistosa. Él era entonces corresponsal en Roma del diario madrileño ABC y en 1983 fue elegido presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia cargo que abandonó cuando en 1984 Karol Wojtyla le llamó para sustituir al padre Romeo Panciroli al frente de la Sala de prensa de la Santa Sede. En dos décadas transformó el funcionamiento de este importante organismo modernizándolo y agilizándolo hasta convertirlo en un indispensable medio de información para cuántos se interesaban por la actualidad de la Iglesia católica en el mundo. Navarro Valls nació en 1936 (pocos meses después del inicio de la guerra civil española) en la localidad levantina de Cartagena donde cursó sus primeros estudios finalizados los cuales se trasladó a Granada y Barcelona para obtener la licenciatura en medicina especializándose más tarde en la rama de psiquiatría. Sus aficiones literarias le llevaron a cursar los estudios de periodismo en la Universidad de Navarra. Por entonces ya había entrado en contacto con el “Opus Dei” del que se hizo miembro numerario y colaboró en diversas actividades de la Obra tanto en Barcelona como en Granada. En 1970 se trasladó a Roma convirtiéndose en estrecho colaborador del fundador san Josemaría Escrivá de Balaguer y más tarde de su sucesor el beato Álvaro del Portillo trabajando sobre todo en las tareas de comunicación. A finales de los años setenta es nombrado corresponsal de ABC en Italia y Vaticano cubriendo también la actualidad en diversos países del área mediterránea. Su vida da un giro importante cuando Juan Pablo II le llama a dirigir la Sala de Prensa de la Santa Sede a la que el Pontífice polaco quería imprimir nuevos ritmos. Era el primer no italiano que desempeñaba dicha misión y pronto se hizo notar por su habilidad como comunicador; al mismo tiempo modernizó las vetustas instalaciones de la Via della Conciliazione haciéndolas más funcionales y eficaces ante la evolución de las tecnologías de la comunicación. Navarro Valls con el paso de los años incrementó su relación personal con el Pontífice y con el entonces su secretario personal monseñor Stanislaw Dziwisz, hoy arzobispo emérito de Cracovia. Acompañó al Papa en sus numerosos viajes a los cinco continentes y estaba a su lado incluso durante las vacaciones veraniegas en las montañas del norte de Italia. Me todos las ceremonias celebradas por Karol Wojtyla en las isla caribeña. Idea también suya fue no limitar la comunicación papal a los discursos u homilías sino ampliarla también a la publicación de libros firmados por Karol Wojtyla. Así nacieron, entre otros, “Cruzando el umbral de la esperanza” (1994) “¡Levantaos! ¡Vamos! (2004) o “Memoria e identidad” traducidos a diversas lenguas y de los que se vendieron centenares de miles de ejemplares en todo el mundo. A medida que la enfermedad fue adueñándose de la persona de Juan Pablo II creció la curiosidad mundial por su salud. En aquellos largos años Joaquín Navarro acudió a sus conocimientos médicos para explicar mejor los procesos —incluidas las diversas operaciones— que iban reduciendo cada vez más ostensiblemente la capacidad motora y comunicadora del Papa. Simultáneamente crecía en él la conciencia de compartir la vida de un santo. «Soy consciente —declaró— de que tendré que rendir cuentas a Dios por la inmensa suerte de haber podido trabajar cerca de un hombre en cuyo entorno se palpa la existencia de la gracia». Su emoción le desbordó el 1 de abril del 2005 cuando en plena conferencia de prensa no pudo reprimir las lágrimas al responder a un periodista que le preguntaba por sus sentimientos ante el inminente fallecimiento de su querido y admirado Papa polaco. Al ser elegido sucesor de Pedro el cardenal Joseph Ratzinger, con el que Navarro Valls había mantenido una estrecha relación, Benedicto XVI le mantuvo en su puesto pero, a la vista de todos, el panorama había cambiado. Durante más de un año siguió al frente de la “oficina” (como a veces la llamaba) pero, según él mismo declararía más tarde, pidió al Papa en tres ocasiones ser sustituido. Así sucedió en el mes de julio del 2006 dando paso al jesuita Federico Lombardi. El “doctor Navarro” recuperó su vieja vocación por la medicina y fue nombrado presidente del Consejo Asesor de la Universidad Campus Biomédico que la prelatura del “Opus Dei” había abierto en las cercanías de Roma. De tanto en tanto comparecía en las columnas de la prensa diaria o en emisiones de las televisiones de medio mundo. Nunca le pudimos convencer de que escribiera un libro de memorias “confesables” pero siempre se resistía diciendo: «Lo más interesante no lo podría contar y lo otro de alguna manera ya es conocido». Quizás haya dejado algunas páginas inéditas que merecerían ser publicadas. En pocas palabras fue un comunicador elegante y persuasivo, un miembro ilustre de la Prelatura a la que pertenecía desde muy joven (donde familiarmente se le conocía como Quico), un fiel servidor de los Papas y de la Iglesia.

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número 27, viernes 7 de julio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Fiarse de la promesa de Dios En la última homilía de Santa Marta antes del descanso estivo el Papa comenta que deberíamos tener todos el ADN de Abraham, padre en la fe, y vivir con el estilo cristiano del «despojamiento», siempre «en camino» sin buscar jamás la comodidad pero con la capacidad de «decir bien». Seguros de que no se necesitan horóscopos o nigromantes para conocer el futuro, porque basta fiarse de la «promesa de Dios». He aquí las coordinadas «simples» de la vida cristiana que el Papa Francisco propuso durante la misa celebrada el lunes 26 de junio en Santa Marta. La primera lectura, hizo notar enseguida el Papa refiriéndose al pasaje extraído del Génesis (12, 1-9), «nos habla del inicio de nuestra familia, del inicio de nosotros cristianos como pueblo». Y «comenzó así, con Abraham —explicó— y Deberíamos tener todos el ADN de Abraham padre en la fe, y vivir con el estilo cristiano del despojamiento, siempre en camino sin buscar nunca la comodidad pero con la capacidad de decir bien por esto nosotros decimos que Abraham es nuestro padre». Pero precisamente «la manera en la cual fue llamado Abraham marca también el estilo de la vida cristiana, el estilo». Abraham, efectivamente, responde a la pregunta sobre «cómo debemos ser cristianos: si tú quieres, fácilmente vas allí, lees esto y tendrás el estilo». Un estilo que ciertamente se encuentra «también en los Evangelios». Pero así «como en la semilla está el ADN [el ácido desoxirribonucleico] del fruto que vendrá después, también está en Abraham el estilo de la vida cristiana, el estilo de nosotros como pueblo». Y «una primera dimensión de este estilo es el despojamiento» hizo presente Francisco. «La primera palabra» que el Señor dice a Abraham es: «vete». Entonces, «ser cristiano conlleva siempre esta dimensión de despojamiento que encuentra su plenitud en el despojamiento de Jesús en la cruz». Por esto «hay siempre un “vete”, “deja”, para dar el primer paso: “deja y vete de tu tierra, de tus parientes, de la casa de tu padre» es la orden del Señor para Abraham. Pero «si hacemos un poco de memoria —prosiguió el Papa— veremos que en los Evangelios la vocación de los discípulos es un “vete”, “deja” y “ven”». Así es «también en los profetas, pensemos en Eliseo, trabajando la tierra: “deja y ven” —“pero al menos permíteme que salude a los padres”— “pero va y vuelve”». Es siempre el estilo del «deja y ven». «Un cristiano debe tener esta capacidad de ser despojado» insistió el Pontífice. «Por el contrario, no hay cristianos auténticos» y cierto «no lo son los que no se dejan, digamos despojar y crucificar con Jesús en la cruz», como por ejemplo hizo san Pablo. Y «Abraham, dice la carta a los Hebreos, “por fiel obedeció” partiendo para una tierra que debía recibir en herencia y salió sin saber a dónde iba». Por otro lado, afirmó el Papa, «el cristiano no tiene horóscopo para ver el futuro; no va al nigromante con la bola de cristal» porque «quiere que le lea la mano: no, no sabe dónde va, hay que guiarle». «El despojamiento», entonces, «es como una primera dimensión de nuestra vida cristiana». Y esto «¿por qué? ¿Por una ascesis quieta? No, para ir hacia una promesa». Y he aquí, entonces, «la segunda» dimensión indicada por Francisco: «Nosotros somos hombres y mujeres que caminan hacia una promesa, hacia un encuentro, hacia algo —una tierra, dice a Abraham— que debemos recibir en herencia». «A mí me gusta ver —confió el Pontífice— cómo se repite en este pasaje, y en los de este capítulo que siguen, que Abraham no edifica una casa: pone una tienda, porque sabe que está en camino y se fía de Dios, se fía». Y «Él, el Señor, le hará saber cuál será la tierra. Hemos leído que se la ha hecho ver: “a tu descendencia, yo daré esta tierra”». Por su parte, «¿Abraham qué edifica, una casa? No, un altar para adorar al Señor: hace el sacrificio y luego recoge la tienda y sigue caminando». Por ello está «siempre en camino». Una actitud que nos recuerda que «el cristiano quieto no es verdadero cristiano: el camino comienza todos los días por la mañana, el camino de encomendarse al Señor, el camino abierto a las sorpresas del Señor, tantas veces no buenas, tantas veces feas —pensemos en una enfermedad, en una muerte— pero abierto, porque yo sé que tú me llevarás a un lugar seguro, a una tierra que tú has preparado para mí». He aquí entonces, prosiguió el Papa, «el hombre en camino, el hombre que vive en una tienda, una tienda espiritual: nuestra alma, cuando se coloca demasiado, cuando se instala demasiado, pierde esta dimensión de ir hacia la promesa y en lugar de caminar hacia la promesa, lleva la promesa y posee la promesa». Pero «esto no va, no es propiamente cristiano». «Otra característica, otra dimensión de la vida cristiana que vemos aquí, en esta semilla del inicio de nuestra familia, es la bendición» explicó Francisco. «Por cinco veces —hizo notar— se dice la palabra “bendición”, cinco veces en este pequeño fragmento de nueve versículos» extraído del Génesis. Porque «el cristiano es un hombre, una mujer que “bendice”, es decir dice bien de Dios y dice bien de los demás, y que se hace bendecir por Dios y los demás por la forma en la que va adelante». En resumen, afirmó el Papa, «esto es un esquema, digamos así, de vuestra vida cristiana: el despojamiento, la promesa y la bendición, ya sea la que Dios nos da como la que nosotros le damos a los demás». Porque, advirtió, «todos, incluso vosotros laicos, debéis bendecir a los demás, decir bien de los demás y decir bien a Dios de los demás. Y esto es “bendecir”». Pero «nosotros estamos acostumbrados —advirtió Francisco— a no decir bien muchas veces y la lengua se mueve un poco como quiere, ¿no?». Por esta razón, añadió, «me gusta el mandamiento que Dios da a nuestro padre Abraham, como síntesis de la vida, como debe ser él: “camina en mi presencia y sé irreprensible”». Por ello, explicó, «“camina en mi presencia”, es decir ante mí, dejándote despojar por mí y tomando las promesas que yo te hago, fiándote de mí, “y sé irreprensible”». En el fondo, comentó Francisco, «la vida cristiana es así de simple». Y sugirió no olvidar el estilo del «despojamiento, la promesa con el fiarse de Dios y la tienda —sin prepararse e instalarse demasiado— y la bendición».

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 7 de julio de 2017, número 27 Al «camino común» de los santos apóstoles Pedro y Pablo, «dos columnas, sobre las cuales se apoya la construcción visible de la Iglesia», el Papa Francisco dedicó el Ángelus de la solemnidad de los patrones de Roma, recitado con numerosos fieles reunidos en la plaza de San Pedro a medio día del jueves 29 de junio. Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! Los Padres de la Iglesia amaban comparar a los santos apóstoles Pedro y Pablo con dos columnas, sobre las cuales se apoya la construcción visible de la Iglesia. Ambos sellaron con su propia sangre el testimonio dado a Cristo con la predicación y el servicio a la naciente comunidad cristiana. Este testimonio se evidencia en las lecturas bíblicas de la liturgia de hoy, lecturas que indican el motivo por el cual su fe, confesada y anunciada, fue coronada luego con la prueba suprema del martirio. El Libro de los Hechos de los Apóstoles (Cfr. 12, 1-11) narra el evento de la prisión y de la consiguiente liberación de Pedro. Él experimentó la adversión al Evangelio ya en Jerusalén, donde fue encerrado en la prisión por el rey Herodes, «su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo» (v. 4). Pero fue salvado de manera milagrosa y así pudo cumplir su misión evangelizadora, primero en Tierra Santa y después en Roma, poniendo todas sus energías al servicio de la comunidad cristiana. También Pablo experimentó la hostilidad de la que fue liberado por el Señor. Enviado por el Resucitado a muchas ciudades con poblaciones paganas, él encontró fuertes resistencias tanto por parte de sus correligionarios como de las autoridades civiles. Escribiendo al discípulo Timoteo, reflexiona sobre su vida y sobre su recorrido misionero, como también sobre las persecuciones sufridas a causa del Evangelio. En el Ángelus en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo Por la Iglesia y el pueblo de Roma Estas dos “liberaciones”, de Pedro y de Pablo, revelan el camino común de los dos apóstoles, que fueron enviados por Jesús a anunciar el Evangelio en ambientes difíciles y en algunos casos hostiles. Ambos, con sus situaciones personales y eclesiales, nos demuestran y nos dicen hoy a nosotros que el Señor está siempre a nuestro lado, camina con nosotros, no nos abandona jamás. Especialmente en el momento de la prueba, Dios nos tiende la mano, viene en nuestra ayuda y nos libera de las amenazas de los enemigos. Pero recordemos que nuestro verdadero enemigo es el pecado, y el Maligno que nos empuja a él. Cuando nos reconciliamos con Dios, especialmente en el Sacramento de la Penitencia, recibiendo la gracia del perdón, somos liberados de los vínculos del mal y aligerados del peso de nuestros errores. Así podemos continuar nuestro recorrido de alegres anunciadores y testigos del Evangelio, demostrando que nosotros en primer lugar hemos recibido misericordia. A la Virgen María, Reina de los Apóstoles, dirigimos nuestra oración, que hoy es sobre todo por la Iglesia que vive en Roma y por esta ciudad, de la que Pedro y Pablo son patrones. Que le den el bienestar espiritual y material. La bondad y la gracia del Señor sostengan a todo el pueblo romano, para que viva en fraternidad y concordia, haciendo resplandecer la fe cristiana, atestiguada con intrépido ardor por los santos apóstoles Pedro y Pablo. Al finalizar la oración, después de haber saludado a los cardenales y los metropolitanos que participaron en la misa, el Papa se dirigió a los grupos de fieles presentes. Queridos hermanos y hermanas: Esta mañana, aquí en la Plaza he celebrado la Eucaristía con los cinco cardenales que he creado en el Consistorio de ayer y he bendecido los palios de los arzobispos metropolitanos nombrados durante el último año y procedentes de diversos países. Les renuevo mi saludo y mis mejores deseos y a cuantos les han acompañado en esta peregrinación. Les animo a proseguir con alegría su misión al servicio del Evangelio, en comunión con toda la Iglesia. En la misma celebración he recibido con afecto a los miembros de la delegación enviada por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, el querido hermano Bartolomé. También esta presencia es signo de los lazos fraternales existentes entre ambas Iglesias. Dirijo un saludo cordial a todos vosotros, familias, grupos parroquiales, asociaciones y a cada uno de los fieles procedentes de Italia y de tantas partes del mundo, especialmente de Alemania, Inglaterra, Bolivia, Indonesia y Qatar. Saludo a los estudiantes de las escuelas católicas de Salbris en Francia, de Osijek en Croacia y de Londres. Mi saludo va, sobre todo hoy, a vosotros, fieles de Roma, ¡en la fiesta de los santos patrones de la ciudad! ¡Un gran aplauso a todos los fieles de Roma! Para esta ocasión la “Pro Loco” romana ha promovido la tradicional “Infiorata”, realizada por diversos artistas y voluntarios del Servicio Civil. ¡Gracias por esta iniciativa y por las hermosas representaciones florales! Y deseo recordar también el espectáculo pirotécnico que tendrá lugar esta noche en la Plaza del Popolo. Deseo a todos una feliz fiesta. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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