Nº 36 HORIZONTE DE LETRAS. Revista digital de creación literaria.

 
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Editada por Asociación de escritores "Alfareros del Lenguaje"

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Revista digital de Creación Literaria Editada por: Sumario Nuestros socios (pág. 4) Relato (pág. 4) Micro-relato (pág. 19) Opinión (pág. 20) Reseña literaria (pág. 24) Haiku (pág. 26) Poesía (pág. 28) Nuestros colaboradores (pág. 40) Relato (pág. 40) Poesía (pág. 46) Ensayo histórico (Pág. 52) Opinión (pág. 58) Entrevistas (pág. 60) Entrevistas: Eva Mª Medina Michou Pourtalé EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 2 de 71 ©: Revista “Horizonte de Letras” Editada por: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación Nacional de Escritores Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 Dirección, evaluación y coordinación: Rafael Gálvez Fernando J. Baró Ignacio León Enrique E. de Nicolás Patrocinan: Maquetación: Enrique E. de Nicolás www.componentesgil.es Para contactar con nuestra asociación: www.alfareroslenguaje.org info@alfareroslenguaje.org Para suscripciones y colaboraciones literarias: www.horizonte-de-letras.webnode.es horizontedeletras@gmail.com www.compraventacoleccion.com __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 3 de 71 Fundada en 2009 por Enrique Eloy de Nicolás Nº 36 Julio-Septiembre de 2017 NUESTROS SOCIOS RELATO “Regreso a Rió Cuervo”, de Rafa Gálvez “El niño que viajó al cielo”, de Ana Larraz Galé “Ahogados en el desierto”, de Paulino Zamarro “La casa, la estela y el curueño”, de Isidro Martínez “Las campanas del silencio”, de Fernando J. Baró MICRORRELATO “Declaración”, de Ignacio León OPINIÓN/ENSAYO HISTÓRICO “Orígenes de la libertad”, de Julio Valencia “A mis amigos, los Cervantes de Alcorcón…”, de Isidro Martínez RESEÑA LITERARIA “Relojes muertos”, de Eva María Medina. Reseña realizada por Enrique Eloy de Nicolás HAIKUS Pepa Miranda POESÍA “Fuego II”, de Santiago J. Miranda “Propuestas en juni” y “Rezo sublime”, de Pepa Miranda “A un maltratador”, de Matilde Gonzálvez NUESTROS COLABORADORES RELATO “Los hijos del Sol encuentran su espacio de paz”, de Peregrina V. Varela POESÍA “Vieja soledad” y “La boca de las cerezas”, de Luis Jiménez Carmona “Los abuelos y los nietos”, de Pablo Ruiz Muga “Yo también les deseo mucha suerte” y ”Niña alcohólica”, de Aurora Varela ENSAYO HISTÓRICO “Movimientos Centrífugos en España. Antonio Pérez del Hierro (capítulo VII)”, de Cesáreo Jarabo Jordán OPINIÓN “Positividad a 120 km/h”, de Peregrina Flor ENTREVISTA Eva María medina. Realizada por Enrique Eloy de Nicolás Michou Portalé. Realizada por Rolando Revagliatti __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 4 de 71 Rafael Gálvez Olmo nace en Madrid en 1940. En el 55 trabaja ya para una Agencia de Publicidad en la que llega a ser uno de sus creativos gráficos durante más de cuarenta años. En el 58 le hacen su primera entrevista y ve publicado su primer relato en una revista “de academia”. Escribió desde muy joven y, motivado por esa inquietud se ha relacionado toda su vida con otros amantes de la literatura, por lo que le llevó a ingresar en la recién creada Agrupación Hispana de Escritores, donde fue director técnico de la publicación “Autores Lectores”, que él mismo confeccionó y modernizó durante el tiempo que perteneció a ella, publicando varios relatos (con seudónimo de Sinhué), en dicha revista, a finales de los 60 y principios de los 70. Un largo período de intenso trabajo en su profesión de creativo publicitario, le apartó del mundo literario, aunque no dejó de escribir hasta que, llegado su “relax laboral”, contactó con un grupo de jóvenes escritores con los que creó “La Voz de Ondarreta”, un periódico local (en Alcorcón), de una calidad literaria excepcional, pero de una vida muy efímera por cuestiones muy largas de exponer. Más estos mismos autores (amigos), deseaban seguir juntos escribiendo, culminando con la fundación de la ASOCIACIÓN CULTURAL-EDITORIAL VERBO AZUL, (en Alcorcón). Ha publicado diversos artículos y relatos en periódicos provinciales, y varios libros y relatos cortos en las diversas publicaciones de esta Editorial. Ha recibido varios premios literarios, así como en arte gráfico y fotografía. REGRESO A RÍO CUERVO cuando posó sus ojos sobre el felino. Era hermoso, delicado. Alargó la mano y acarició su lomo. El animal se dejó hacer, se volvió y le Dos ojos felinos miran y olisquean, miró directamente con sus brillantes ojos de alternativamente, el aire, a los muchachos y al serpiente que subyugaron al muchacho. exterior, sobre el alfeizar del ventanal donde se aposenta como dueño absoluto. Sus ojos gatunos, curiosos y temerosos, observan en breve ojeada al muchacho moreno, recio, que come, delicadamente y con mesura, un plato típico de la serranía conquense como lo es el “ajo arriero”, condimento que a él, gato de ley y pedigrí le parecía tan sólo un relleno; no le El camarero le trajo el postre: “alajú”, no podía ser otro. (Llevan días probándolo y aquello era “alajú de dioses”). Mientras lo degusta mira al ventanal entreabierto por el que el felino ha saltado al exterior. Le ve alejarse por el camino que piensa recorrer en breves momentos. simpatizó. En cambio su acompañante, además En efecto, media hora más tarde, de ser un arrogante mozo, alto, guapo, con don pertrechados para la excursión, los dos amigos, de palabra, valiente, arriesgado, (le olfateó en y su grupo, toman la senda que les llevará al unos segundos), con buen apetito (estaba nacimiento del río Cuervo, a 1490 metros de devorando un morteruelo que no se lo saltaría un divé), todo bien caliente y desmenuzado, con altitud, en la falda occidental de la Muela de San Felipe, (la segunda montaña más alta de la sus especias... y en “acompañamiento”, (¡je!), de serranía conquense). carne de liebre y perdiz... mostrando satisfacción y gusto, tanto que, por más que llamaba su atención, el recio muchacho no se dignó mirarlo hasta que no dio por terminado el delicioso plato, limpiara su boca con la servilleta, paladeara un último sorbo de vino y, sólo entonces, mientras aguardaba el postre, fue Apenas iniciada la cuesta que les llevará a la cúspide disfrutan de las primeras cascadas con las que el río Cuervo se presenta y halaga a sus visitantes. Grandes y abiertos caños semejan cortinas plateadas o cabellos dorados de princesa encerrada en alta almena, con iluminación de fulgurantes rayos de un __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 5 de 71 brillante sol, que añade, con entorno de ensueño, los verdes musgos húmedos y perfumados del terreno. Los jóvenes echan mano de sus máquinas fotográficas y hacen mil fotos para no olvidar nunca lo más parecido al Paraíso. Prosiguen la ascensión hasta llegar a una segunda altura, más espectacular en sus altas cascadas, causadas por erosiones sobre rocas calizas de diversa consistencia, que han creado desniveles (a lo largo de miles de años), y formado saltos de armonioso y musicales chorros de agua que cuelgan de las rocas, a modo de estalactitas, presentando el maravilloso resultado que contemplan. Ambos muchachos continúan, entre nuevos y hermosos vericuetos, mientras retratan en pupilas y óptica mecánica los colores de todos los verdes, azules, rojos... hasta llegar a una amplia zona en la que el río Cuervo parece tomar un descanso en su precipitado cauce formando, en encantador remanso, una luminosa laguna que destella al sol como si en el fondo se escondiera el gran tesoro azteca. De hecho, esto le hará recordar a Sergio que, semejante a la Fontana de Trèvi, allá en Roma, aquí también se pide un deseo mientras se lanza una moneda a las límpidas aguas del pequeño pero hermoso lago. Es de rigor y ambos chicos lo estaban deseando. Sergio arroja la moneda y piensa en su sueño. Un sueño que nunca ha compartido con nadie. Luego continúan la senda que mantiene su desnivel, pero ellos prosiguen, empecinados, hasta llegar a un puente de madera, sobre el río, que les invita a cruzar a la otra orilla. La espesa arboleda sigue siendo la dominante del entorno, junto a su frescor y aroma a sauces, tilos, avellanos... acebos, groselleros... La cumbre, la meta, el manantial donde ve la luz, en la serranía de Cuenca, el río Cuervo, (que será afluente del río Guadiola, que a su vez desembocará nada menos que en el Tajo), ya no está lejos, por lo que ambos amigos remontan el último tramo y, en efecto, encuentran el manantial que surge de una cavidad en la roca. Abundante, vigorosa, cantarina... preciosa fotografía... pero no han llegado. A Sergio le han contado que unos metros más arriba del nacimiento, en la llamada Muela de San Felipe, donde se encuentra, se escucha el discurrir de las aguas en el interior de la roca, antes de su presentación en público. Sergio ansía comprobarlo. Su amigo Gabriel pretexta que ya ha visto todas las maravillas del mundo y no necesita más, por lo que el aventurado muchacho cubre la distancia que le separa, (con las ansias de un gran descubridor), de las grietas que sonorizan el movimiento interior de las aguas. Se arrodilla (como dicen que hacían los indios americanos) y aplica el oído sobre el terreno... Y entonces la tierra se abre y Sergio se hunde en el abismo. Cuando recobra la conciencia es alta noche y se siente empapado y aterido de frío. No sabe en donde se encuentra pero escucha el murmurante discurrir del agua. No tiene más que seguir el curso del río y encontrará la civilización, a su amigo y otras gentes que, seguro, le estarán buscando. La luna platea las aguas del río e ilumina, a trechos, el sendero tortuoso y escabroso, cuando no lo cubre de sombras la hermosa arboleda que flanquea el camino. No recuerda nada parecido y está al borde del agotamiento... y la senda se aleja cada vez más de la orilla hasta que deja de oír el susurro del agua y el olor de su frescura, pero continúa incansable. Él es duro de pelar y caminará lo que sea necesario hasta encontrar alquería, hostal o albergue con una cama para descansar y un teléfono que le comunique con su amigo, pues ahora se da cuenta que, posiblemente, en la caída, había perdido sus pertenencias, reloj, móvil, mochila y demás, incluidas. Tras un tiempo interminable, pendiente abajo, llega a vislumbrar, de forma indefinida, las luces de un pequeño edificio, o algo parecido a faros de un coche, o a luciérnagas emparejadas, o a un par de ojos gatunos... entre la arboleda que le dificulta la visión, hasta que por fin se encuentra en plano diáfano y comprueba cómo un vehículo se aleja del lugar, pero la casa mantiene un punto de luz. Se acerca y confirma que es un gran caserón con dos grandes chimeneas que se dibujan sobre el límpido cielo iluminado por una luna blanca, llena, resplandeciente. El gran portalón se encuentra abierto y el muchacho no duda en franquearlo. Un zaguán da entrada a un salón, del que no logra apreciar sus dimensiones, pues sólo, un pequeño espacio, está iluminado por las llamas del hogar de una gran chimenea. Sergio no busca más. Se acerca al fuego, se quita las botas y el chaleco que todavía siente húmedo y se desparrama sobre un gran sofá que se encuentra cerca del fuego. Un par de acompasadas respiraciones y queda profundamente dormido. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. 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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 6 de 71 No precisa el tiempo transcurrido cuando un sexto sentido le hace abrir los ojos y poner oídos y músculos en tensión. Primero una impresión, luego un ligero ruido, un murmullo y una luz que atraviesa las rendijas de una puerta que da a la sala y que antes no percibió. Intrigado y curioso se incorpora, se acerca a ella y aplica el oído. El susurro se transforma en alguna que otra palabra concreta, y al instante, en un silencio absoluto. Abre decidido, pensando que han regresado a buscarle, o queda alguien más en el caserío. La imagen que contemplan sus ojos le deja sorprendido. Cinco personajes comparten y disfrutan, sentados alrededor de una gran mesa, de exquisitas y suculentas viandas. Una escena totalmente familiar que no habría imaginado en aquel rincón perdido y a hora tan temprana. –Perdonen la intromisión, más escuché voces... –Sin cortedad avanza y se acerca al centro de la sala, junto a los comensales–. No saben la alegría que me da verles... y si no les importuno agradecería acompañarles a degustar tan exquisitos manjares... llevo varias horas sin comer algo sustancioso. le señalaba, con su índice, la única silla desocupada. Se mantiene otro largo silencio en el que todos parecen estudiarle. Sergio hace lo propio con la mayor discreción que le fue posible. El abuelo, estaba claro, era el patriarca de aquella familia, pues no tenía duda de que aquel grupo la formaba. A su diestra, cogida de la mano, con ternura, se hallaba una distinguida señora de parecida edad, o mayor, acartonada, pero con ojos vivaces, tiernos y alegres que comunicaban confianza. Le agradó. No podría asegurar si sería la esposa o la madre del mandón. A la derecha de la anciana se situaba otro hombre, escuálido, delgado, mostrando toda la osamenta de su rostro y presumiendo de bigotito rubio hormiguero... con ojos sonrientes y abiertos como portalones. Le seguía, a su derecha, una dama de extraordinaria belleza e indefinida edad, con la que cruzó su mirada haciéndole sentir ensoñaciones y recuerdos de una venturosa niñez, que tan sólo le dura unos segundos, pues Sergio, asustado, escapa de aquellas pupilas buscando la imagen de la última persona que se situaba a la izquierda del patriarca. Mientras habla, observa cómo las criaturas le miran con tanto asombro como lo hacía él, e incluso se incorporaban con clara intención de retirarse del salón. –¡Esperen! ¡No se marchen, por favor! –Un silencio vibrante... una atmósfera resplandeciente de colores irisados... Sergio presintió las sensaciones en segundos.– Por favor –insistió–, déjenme quedar con ustedes; ahí fuera hace frío y estoy muy solo. Uno de ellos, que no se ha inmutado y continúa en la mesa, inquiere con voz solemne: –¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? –Mi nombre es Sergio. Soy... bueno, eso no importa. Disfrutaba de una excursión por esta maravillosa tierra, tuve un accidente, me dio la noche, me perdí, y aquí me encontraba cuando les escuché. –Respira, profundamente, mientras sigue contemplando al extraño grupo que continúa en la misma posición, a excepción de su interlocutor que vuelve a recuperar su cómodo butacón–. Les ruego me perdonen, pero me retiraré si no soy de su agrado. –Espera un instante. –Habló el anciano. Luego hizo un ademán al resto del grupo, indicándoles que volvieran a sus respectivos lugares. Sergio fue a sentarse al otro extremo de la mesa ante el gesto, inequívoco, del viejo que ¿Quince? ¿Dieciséis años?... Solamente podía deducir que era una niña y, además, estaba muy temerosa, casi tan asustada como él. Sus ojos se abrían redondos, espantados, mientras lanzaban destellos verdes como si estuviera ante un fantasma. Sergio estuvo a punto de soltar una carcajada. Pobre criatura. –¿Cómo has dicho que te llamas? – Interrumpió sus observaciones el patriarca. –Sergio; Sergio Rivera Gálvez. Un susurro apagado y miradas de complacencia se cruzaron entre los comensales. Todos mostraban su asombro, pero se les veía satisfechos y relajados. Sergio miró a la muchacha y contempló cómo sus ojos se iluminaban y algo vio en ellos que le recordó... no encontró qué, pero sí que su mirada había cambiado. Ya no expresaban temor... y era dulce, y cariñosa, y plena de admiración... y de ensueños... Volvió su atención hacia el anciano con grandes interrogantes en sus pupilas. –Mi nombre es Francisco de Gálvez y Valdivia. –Le contestó como si hubiera hecho la pregunta–. Esta es mi madre, doña Leonor de Moncada y del Olmo... Mi yerno, Alejandro de Rivera... –Señalaba a cada uno al nombrarlo y el aludido inclinaba la cabeza, saludando–. Mi __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 nieta Leonor de Rivera y Moncada... y esta agraciada criatura, mi bisnieta Marcela. Sergio repetía al saludo a cada uno de ellos. Con la última lo hizo repetidas veces sin apartar la mirada de los bellos ojos estrellados con los que ella le correspondía. Le había subyugado. –Te estábamos esperando. –Oyó que añadía el hombre en medio de su ensimismamiento. –¿A mí? –Acertó a decir con torpeza. –Sí, a ti. Tú eres, de momento, el último de los Moncada y Gálvez de Rivera que viene a visitarnos a este rincón tan maravilloso en donde nacieron nuestras raíces... Todos pasamos por aquí en algún momento de nuestra existencia... Pálpito de corazón desbordado; de cabalgada de latido atronador, que le muestran cómo es el primer paso hacia el infarto... Cuando se recupera mira con recelo al grupo. –No temas. –Añade el canoso anciano–. No debes temer nada de nosotros. Somos tu Página 7 de 71 familia... tus orígenes... y la culminación de tus deseos... ven, acompáñanos. Se había levantado y todos los demás le imitaron, dirigiéndose, tras él, hacia una puerta que se vislumbraba al fondo de la estancia. Sergio siguió los pasos de la muchacha, encandilado. En el exterior se respiraba frescor y el murmullo del río componía notas musicales que alegraban todo su ser, pero que no le evitaba seguir muerto de miedo –Marcela –volvió a hablar el patriarca–, da la mano a Sergio. –¿Qué?... –se atrevió a decir el mocetón, temblando de nervios... –Calla, ahora lo tendrás todo claro. Coge la mano de la niña y caminad hacia el río. Entonces fue cuando Sergio descubrió que se encontraba de nuevo en el nacimiento del río Cuervo. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 8 de 71 Ana Larraz Galé. Nací el 30 de Julio de 1964 en Zaragoza, aunque viví toda mi infancia en Tauste. Fui una niña tranquila, que pasó muchas horas leyendo, tocando el piano y en compañía de adultos, sobre todo de mi abuela Carmen, viuda de guerra. A los 14 años, me marché a estudiar a Zaragoza y cuatro años después, a Valencia donde me hice Arquitecto Técnico y me quede a vivir. Allí me case y nació mi hija.Como siempre me gustó mucho escribir e investigar, aprovechando la baja maternal, comencé a hacerlo sobre la desaparición de mi abuelo Ángel en la Guerra Civil. Tanto me apasionó el tema, que desde entonces no he dejado de hacerlo. Hacia el verano de 1994, mi trabajo nos obligó a trasladarnos a Santa cruz de Tenerife y cuatro años después a Las Palmas de Gran Canaria, donde vino al mundo mi hijo y donde seguimos viviendo. A finales del 2013, con toda la documentación recopilada a lo largo de mi vida, las anécdotas que mi abuela me contó, y las cartas que del frente su marido le envió, comencé mi andadura como escritora con mi primera novela "La fotografía. Historia de un soldado" que se publicará próximamente. Al mismo tiempo, comencé a escribir pequeños relatos con los que he quedado finalista en varios concursos. Poco después, en unión de dos amigas, nos embarcamos en la aventura de hacer un libro de relatos escritos entre las tres: "Doce Tríos y doce a solas", que ya está a la venta. Y, ahora mismo, estoy escribiendo otra novela y sigo participando en certámenes de relatos y en publicaciones en revistas. EL NIÑO QUE VIAJÓ AL CIELO 23 de Julio de 1973 Yo tengo un amigo. Su mama me ha regalado este diario porque pronto va a ser mi cumpleaños. Voy a hacer nueve. Me dijo, que tengo que escribir las cosas importantes que me pasen. Mi amigo se ha puesto muy contento porque me he gustado mucho. A él, lo que le gusta, es la luna y las estrellas. Cuando sea mayor va a ser astronauta y me llevará con él al espacio. Dice, que como yo cuento muy bien las historias, tendré que aprender a ser escritora. Siempre vamos juntos a todas partes. Le gusta mucho ir en bicicleta y a mí también y es, el que mejor nada de toda la clase. A veces, se sube a la tapia de su corral y camina por encima para presumir delante de mí y dice que, si se tirara, podría volar y se iría hasta la luna. Quiere que los Reyes Magos le traigan un traje espacial y les va a pedir otro para mí. Es muy valiente. Un día, le picarón un montón de avispas, pero casi no lloró. Le pusieron barro por todo el cuerpo para no le doliera, parecía una momia. Me dijo que no le dieron miedo, que cuando las vio, se imaginó que eran naves espaciales atacándole. Siempre está hablando del espacio y de marcianos… 24 de Julio de 1973 Hoy no he visto a mi amigo. Mi mamá me ha dicho que no podía salir a jugar, que está malito. Le duele mucho la cabeza y no puede mover un brazo. Me ha preguntado si ayer se cayó. Yo le he dicho que no. Me ha prometido que, si mañana no está mejor, iremos a verle. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 9 de 71 25 de Julio de 1973 Mi abuela me ha dicho que rece por mi amigo. 26 de Julio de 1973 Hoy mi mama ha venido a despertarme. Es mi santo. Yo creía que me quería felicitarme la primera, pero estaba llorando. Me ha dicho que ya no volveré a ver a mi amigo. Que se ha ido al cielo. Mis papas me han llevado a verle. Está tumbado en su cama. Lleva un pijama blanco con cohetes pequeños de color rojo. Yo sé que era su favorito, se lo regaló su abuelo por su cumpleaños. La mama de mi amigo, me ha dado un beso y me ha preguntado si quería acercarme a despedirme. Me ha cogido de la mano y hemos ido a su lado. Parecía que estaba dormido. Me he puesto a llorar y entonces su mama me ha dicho: «Él estará bien. Seguro que ahora está viendo el cielo y las estrellas. Cuando le eches de menos, piensa que es una de ellas.» 27 de Julio de 1973 Ya no voy a usar más en este diario. No tengo nada que escribir. Mi amigo está en el cielo. Lo importante, se lo contaré a él.  __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 10 de 71 Paulino Zamarro Sanz, natural de Cantalejo (Segovia), reside actualmente en Alcorcón (Madrid), es Ingeniero Técnico en Química Industrial (jubilado) y ha desarrollado su actividad fundamentalmente en temas medioambientales. Entre sus publicaciones cabe destacar el libro titulado:De Gibraltar a la Atlántida (la clave está en los estrechos). Un resumen podéis encontrarlo en www.atlantidaegeo.com Otra publicación destacable del autor es: Las lagunas de Cantalejo, (humedales y dunas en Tierra de Pinares). También tiene en preparación otro libro, cuyo título será: Historias y leyendas de Segovia. Del autor cabe destacar su conocimiento, unas veces intenso y otras somero, de múltiples disciplinas, que han hecho posible la elaboración de su novedosa teoría sobre la Atlántida, de la cual se puede decir, parafraseando el prefacio a la primera edición de la teoría heliocéntrica de Copérnico, que: “esta hipótesis sobre la Atlántida no precisa ser cierta, aunque lo sea, lo importante es su coherencia con lo razonablemente posible. Con eso basta...“ El descubrimiento realizado por el autor, es comparable a la localización de Troya por Schliemann, y solo espera que su bondad. Sea pronto reconocida. AHOGADOS EN EL DESIERTO Parece que una de las cosas más difíciles que te pueden ocurrir en el desierto es que te ahogues, pero veremos que no es imposible, ya que… durante mi estancia en lo que fue el Sáhara Español, me refirieron un caso que ocurrió en Smara y otro, del que fui testigo presencial, que sucedió durante mi estancia en Bu-Craa. Contaré primero lo del campamento Bu-Craa, donde teníamos nuestra residencia los trabajadores de las minas de Fosfatos. Ocurrió el mes de mayo de 1973, cuando llegó, como era habitual, un nuevo trabajador al campamento, que después de ser informado de su cometido profesional, fue agasajado por sus compañeros, cenó, tomó un par de copas y decidieron bañarse en la piscina. Todos se bañaron y él también, quizás por no desairar a sus compañeros, a pesar de que según dijo, no se encontraba muy bien. El caso es que tuvo un corte de digestión y cuando le sacaron de la piscina no hubo forma de reanimarle. El otro caso había ocurrido unos años antes en Smara, la ciudad santa del Sáhara, ubicada a 200 km tierra adentro, siguiendo el curso de la Seguia el Hamra, que es el curso de agua más importante de lo que fue el Sáhara Español, aunque lo de curso de agua no deje de ser un un eufemismo, ya que casi siempre está seco. El caso es que a aquel recluta de Regulares le tocó hacer guardia junto a la Seguia y… por un albur de esos que pasan en el desierto una vez cada cien años, empezó a llover, primero suavemente y después con una intensidad inusitada. El recluta se refugió en la garita de madera que tenía a su lado, esperando que pasara el tiempo reglamentario para que vinieran a relevarlo, pero antes de que esto ocurriera se originó una gigantesca avenida que inundó todo el cauce y volcó la garita, con la mala suerte de que la entrada quedó en el lado del suelo, nuestro buen recluta no pudo salir de su encierro y pereció ahogado. También quiero referir aquí otro caso que le ocurrió a un compañero mío, llamado Antonio Bermúdez, que a punto estuvo de morir de sed y que para evitarlo se bebió el agua del radiador. El remedio pudo ser peor que la enfermedad. El caso es que un buen día, Antonio salió solo al desierto con un todoterreno de la empresa, con el fin de explorar por su cuenta, una zona muy prometedora en fósiles y puntas de flecha. El coche se estropeó y Antonio se quedó junto a él __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 esperando que vinieran a buscarle. Agotó un par de botellas agua que llevaba y nadie venía a buscarle, por lo que como último recurso se bebió el agua del radiador. A los tres días, al ver que no aparecía ni él ni el coche y sabiendo de su afición por buscar fósiles en el desierto, salieron a buscarle, encontrándole al día siguiente deshidratado y con una grave intoxicación, que requirió atención hospitalaria, pero salvó la vida y pudo contarlo, como de hecho me lo contó a mí. Esto en cuanto a la pequeña historia de lo que ocurrió hace algunosaños en esta parte del desierto. En cuanto a la gran historia, quiero también referir aquí que en el desierto se puede uno también morir de sed, que es más habitual, o dicho de otro modo perecer ahogado en las arenas del desierto, como le ocurrió al gran ejército persa, de la dinastía Aqueménida, hace unos 2500 años, del que se dijo que se ahogó en las arenas del desierto occidental de Egipto. Según Heródoto, Cambises, el hijo de Ciro II, envió 50000 soldados desde Tebas para atacar el oasis de Siva y destruir así el oráculo del templo de Amón, después de que los sacerdotes de dicho templo se negaran a legitimar la conquista Aqueménida de Egipto. Página 11 de 71 Los soldados, después de caminar durante siete días por el desierto, llegaron a un oasis, que los historiadores identifican con el de Jarga, sin que volvieran a ser vistos tras su marcha. Según Heródoto, "el viento se levantó desde el sur, fuerte y mortal, trayendo consigo vastas columnas de arena, que dando vueltas cubrieron totalmente a las tropas y las hizo desaparecer por completo”. La historia del ejército de Cambises se desvaneció en las arenas del desierto, y al no encontrar ningún rastro de los desafortunados guerreros, los investigadores comenzaron a rechazar la historia, alegando que era una narración fantástica, hasta que ahora, dos investigadores italianos, los hermanosgemelos Angelo y Alfredo Castigioni, han descubierto que el ejército Aqueménida, con el fin de sorprender a sus enemigos, no tomó el camino más rápido siguiendo a ruta caravanera a través de los oasis de Dajla y de Farafra, sino que se desvió hacia el sur partiendo del oasis de ElJarga y tomó después una ruta occidental hasta la meseta de Gilf El Kebir, que traducido significa la gran barrera, y se dirigió después hacia el norte a través del WadiAbd el Melik, con la intención de accederaSiva desde el surpor una ruta desguarnecida, con las ventajas adicionales de no tener que luchar en cada oasis y además pillar desprevenido al enemigo. Pero no ocurrió así, ya que la mala planificación de la expedición, en cuanto al suministro de víveres y sobre todo de agua, dio altraste con sus expectativas, pereciendo de sed la mayor parte del ejército antes de llegar al oasis de El Baherein, situado a unos 100 km de Siva, que debido a los errores de los planos que llevaban lo confundieron con su objetivo. Llegados a este punto, lo poco que quedaba del ejército, agotado y sin ganas de luchar, desistió de llegar hasta Siva, desencadenándose a continuación una lucha entre ellos por los escasos víveres que quedaban, lo que explica que solo haya osamentas de soldados persas entre los restos arqueológicos encontrados, ya que nunca entraron en combate con los egipcios. A continuación, los pocos soldados que quedaron vivos se dispersaron y no se volvió a saber nada de ellos. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 12 de 71 Isidro Martínez nació en León el 21 de marzo de 1952. Su corazón está compartido con su ciudad natal, León, y con Madrid. Toda su vida ha estado dedicada al ejército, actualmente en situación de reserva. Diplomado por el Instituto de Historia y Cultura Militar del E.T., en Heráldica, Uniformologia, Vexilología y Poliorcética. Es coautor del libro, “Recopilacion de la Tradicion y Modernidad del Regimiento Inmemorial del Rey del C.G.E.” También es investigador y colaborador; además de aficionado a todo y maestro de nada. LA CASA, LA ESTELA Y EL CURUEÑO El día amanece con una espesa niebla, Cristina aparta con su mano el visillo, mira a través de la ventana de la cocina de leña. Apenas ve al viejo, rugoso y deshojado manzano, que a pesar de su longevidad permanece erguido junto al rosal de aspecto seco, que en primavera suele dar unas flores trepadoras muy pequeñas de un rojo muy intenso que destacan entre las verdes hojas del rosal. La calle está desierta. Nadie transita hacia los huertos vacios de hortalizas en ésta época. Tampoco pasan los animales habituales en esas horas tempranas de la mañana, que caminan con paso cansino, moviendo las ubres vacías camino de los verdes prados de vegetación exuberante de frescas hierbas que suelen rumiar hasta el atardecer. Llenas sus mamas de rica leche regresan al establo cansadas por su enorme peso, con ganas de ser ordeñadas y aliviadas de su nutriente y sabrosa carga. Esta escena trascurre mientras limpia los restos de la ceniza que los leños consumidos durante la noche habían dejado. Nuevamente bien atizada, desprende un espeso y blanquecino humo, que le hace toser. Un agradable calor comienza a sentirse en la estancia al iniciarse el chisporroteo en los finos troncos de madera de roble que había encendido. Colocó la cafetera encima de las corras de hierro de la cocina económica (1) y se dispuso a cortar unas gruesas rebanadas de pan de hogaza bien cocida que su amiga la panadera amasó y horneo en la tahona. Sobre la mesa deja el afilado cuchillo junto a la tabla de cortar de madera de nogal. Saca una silla de haya que el asiento está debajo de la mesa de encina y que sobre ella tiene extendido un mantel de vistosos colores en el que están reproducidas unas refrescantes y brillantes frutas y hortalizas que suelen abrir el apetito a todos los comensales que se le acercan. Saca de la alacena una taza de cerámica con la firma de la Cartuja de Sevilla y se sienta contemplando el fino humo que sale del recipiente blanco que desprende un agradable aroma a café recién hecho. Introduce la rodaja de blanca miga de una corteza muy tostada, que minutos antes la había impregnado con un aromático aceite que Nieves le envió desde el viejo molino del hermoso y serrano pueblo de Cazorla, cuna de uno de los mejores aceites de España. Se levanta, deposita en el cubo de la basura los restos sobrantes del apetitoso desayuno, deja la loza en la pila, mira el calendario que tiene una foto de el Pilar de Zaragoza y se da cuenta en ése momento de que al día siguiente es Nochebuena. Abre la nevera grande en busca de algo, mira y no ve el cordero lechal para la gran cena familiar y que nunca ha faltado en su mesa en fechas tan señalada. Descuelga el teléfono de pared y realiza una llamada a su hijo entablando una larga y cariñosa conversación; recordándole que no se olvide de traer el cordero. Se despide de él y cuelga el auricular. Se oye la campanilla y Sofía, Hugo y Mía, se acercan a la puerta avisando con unos leves ladridos. Alguien se acerca a las verjas; deben ser de casa. Por el pasillo que da a la cocina, entran Estefanía y Ariadna, que vienen muy cargadas con grandes bolsas de motivos navideños, dentro de ellas hay varias cosas, entre las que destacan los adornos para el Ramo Leonés (2), típico en la provincia. Están muy contentas han conseguido hacer unas buenas compras y a muy buen precio a pesar de lo caros que se han puesto. Comentan que hace mucho frio y que les han caído los primeros copos de nieve cuando estaban muy cerca de la Catedral, __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 13 de 71 al dirigirse a tomar un caldo de cocido caliente para entonar el cuerpo, acompañándolo con unas morcillas en el típico y turístico Barrio Húmedo. Su marido estaba cortando leña en el huerto para la chimenea; deja las galochas(3) a la entrada y sacudiéndose entra en la casa, coge una taza blanca, una cucharilla, dos rebanadas de pan con tomate triturado, jamón serrano ahumado y se sienta al lado de Cristina, conversan sobre el tiempo y otras cosas sin importancia, ella le dice que va a poner de comida unas lentejas verdinas, que la noche anterior ha tenido en remojo, acompañadas de un buen chorizo, tocino , zanahoria y huevo cocido que a Ariadna le gustan mucho. Se levanta, vuelve a mirar y ve que las chimeneas comienzan a humear. Empieza la actividad, la cariñosa vecina con su envidiable agilidad habitual en ella a pesar de sus años y su esposo ya están dispuesto para realizar la faena diaria. Pasada la Nochebuena y el día de Navidad, las fiestas continúan hasta el día de Reyes. La nieve que había dejado un manto blanco, se derretía dejando el suelo muy humedecido. Las hojas de los arboles caían suavemente rebotando en la tierra que al posarse en ella formaban una alfombra espesa que servirá de alimento a los animales y las restantes con el paso del tiempo se convertirán en nutrientes para las plantas. El pequeño, entrañable y hermoso pueblo de Barrillos del Curueño (4) , que se encuentra a unos veinticinco kilómetros de la capital, en éstas fechas está muy vivo y animado, se duplica la población y las chimeneas que expanden cortinas de humo por encima de los tejados de teja roja cocida, demuestran que dentro hay mucha vida. La tienda se llena, el estanco expende sus productos, la quesería despacha unos ricos quesos, el bar con su estufa de hierro fundido, recibe a los clientes amigos. Las vacas y los corderos le dan unos aires bucólicos. La iglesia dedicada a las santas y mártires Justa y Rufina, la Ermita a la Virgen de las Nieves y la casa solariega con sus piedras centenarias que siguen erguidas y desgastadas por el paso del tiempo, el viento y las lluvias, que a pesar de todo conservan en sus muros históricos la belleza y la esbeltez que poseen los pendones (5) cuando son elevados al cielo flamean al viento demostrando su robustez e indicándonos señales de honor y nobleza pasada y presente. Una joven Agrupación Cultural Deportiva y Recreativa, cubre las necesidades lúdicas, de ocio y culturales de los jóvenes y de los que tienen menos juventud en éste tranquilo pueblo que es la admiración de propios y extraños, por la gran variedad de actividades que se realizan y que lo elevan en estos menesteres a una categoría dorada. El mejor lugar sin duda es el pequeño bar, que una pareja ha convertido en un sitio muy agradable. En el mostrador el joven cantinero va dando los buenos días uno a uno según van llegando, comentando cosas cotidianas sin trascendencia alguna; pregunta a los recién llegados. ¿Qué, lo mismo de siempre ? Cuando ya están todos los habituales del grupo, se dispone a colocar seis vasos vacios y muy limpios, encima del mostrador de madera de pino barnizada, que enseguida va llenando con un aderezado vino prieto picudo de las uvas pisadas en los Oteros y Valdebimbre (6). Uno no toma vino; a él le sirve un refresco. La agradable dueña aparece sonriente saludando con la mano izquierda y sosteniendo con la mano derecha una bandeja redonda de acero que encima tiene una cazuela grande de barro cocido que contiene unos riquísimos callos picantes al gusto de los parroquianos. Entre vaso y tapa, comienza una conversación muy animada, que va caldeando la estancia y al grupo. De repente alguien propone realizar una marcha por el bosque a la mañana siguiente. Según él, va a salir el sol y les dice que a primera hora hará mucho frio, pero que el astro con su esplendor irá calentando poco a poco el día y a los cuerpos. Transcurrido el tiempo, estando todos alrededor de la fuente de calor que está devorando grandes leños y los cristales de las ventanas se van cubriendo de un ligero velo de vapor. Las caras se van coloreando por el contraste entre la temperatura interior y la que hay en el exterior. La conversación deriva a una conferencia en la que el ponente habló muy someramente sobre la estela vadiniense que apareció en el monte. Alguien comentó que esa charla la habían dado en la iglesia centenaria. También se recordó un sarcófago o tumba de piedra descubierta en la Vallina del Señor Santiago por casualidades de la vida al ser levantada por una reja de un arado que tropezó con ella sacándola a la superficie. Dicen que fue usada de abrevadero desapareciendo con el tiempo y que hasta el día de hoy no se ha vuelto a saber nada de su paradero. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 14 de 71 Interesados por esta y la otra historia ocurrida en una zona boscosa muy cerca del pueblo y con la intención de localizar alguna pista por la que se pueda tirar del hilo para conseguir alguna señal y así comenzar una investigación. Acuerdan entre todos, buscar en archivos, bibliotecas y en cualquier lugar o persona que pueda facilitar algún dato, para poder recopilar información y continuar con esta aventura hasta ahora desconocida. Llega el día y van apareciendo, todos muy abrigados con gruesas prendas, gorros, botas y bordón, plano y brújula. Comienzan la marcha. Van con mucha ilusión estos amigos ya veteranos en muchas de las batallas que da la vida y novatos en el espíritu aventurero. Cuando el sol permite que sus rayos se cuelen entre las ramas de los robles, hayas, pinos fresnos y jaras entre otras especies, se adentran en el espeso bosque al disiparse la niebla que durante la noche y parte de la mañana cubría la comarca, dejando un rastro de humedad intensa en el manto de hojas depositadas sobre la roja y apretada tierra. Los árboles centenarios que están muy próximos unos a los otros para protegerse, cubiertos de cortezas gruesas y rugosas para que puedan soportar los gélidos y duros inviernos, que los fríos no consiguen destruirlos. El grupo explora el lugar donde creen que por las características del terreno y orientación, en base a la información que han obtenido de los archivos, de los lugares donde solían tener los poblamientos estas tribus o sus clanes hace dos mil años; similares a las que tiene este pequeño valle que se encuentra muy próximo al rio Curueño y posiblemente ubicado cerca de la vía romanada la Vegarada que pasaba camino de las tierras de los cántabros y astures, cuyas medidas permitían el ancho de un carro romano de guerra, equivalente a dos caballos juntos el uno al otro. Este cortejo de campechanos que tienen buen humor y ganas de hacer cosas, van acompañados en todo momento por un precioso podenco rastreados con largas patas, el color era canela con tonos blancos en el cuello hocico y manos. Convencidos de que pueden encontrar algo en el lugar donde posiblemente hayan tenido su asentamiento éstos históricos antepasados tribales que fueron contemporáneos de las Legiones romanas VI y VII, que han dejado huellas profundas en estas tierras leonesas en el siglo II d.c. y posteriores. Van cruzando regueros poco profundos y no muy anchos, llenos de ramajes a ambos lados. Pasan por prados abarrotados de tiernos pastos, atraviesan paleras de álamos, sauces y chopos. Sin esperarlo aparece una manada de caballos que al pasar delante de ellos les irrumpen en su apacible descanso. Los equinos giran la cabeza con mirada de sorpresa reflejada en sus enormes ojos, la curiosidad les hace mover al viento la hermosura de sus crines, que la mayoría son de color pardo, tienen largas colas que embellecen más su estampa. Los corpulentos machos, protegen a los pequeños potrillos que tienen un fino y delicado pelaje; éstos están muy pegados a sus mamás las yeguas. Siguen caminando y en un claro del bosque se encuentran con unas pequeñas pozas que no son muy profundas, llenas de piedras sueltas y barro que han sido escarbadas y hozadas por los abundantes jabalíes que habitan en el monte. Los amigos van comentando que los vadinienses y sus clanes los corovescos, arcaedunos, cantianos o aeroniarinos, que se cree que estaban afincados al oeste de Cantabria, al este de Asturias y al noroeste de León, eran muy valientes y grandes combatientes, luchando con mucha bravura, aunque viendo el poderío militar que poseía el ejército romano, fueron muy inteligentes y se entregaron a ellos casi sin combatir adoptando sus costumbres, entre las que destaca la escritura en latín, cuya prueba la tenemos en la lápida encontrada en ésta vallina en el año 1881. La lápida de la que habían hablado en el bar, actualmente está custodiada y expuesta en el Museo de León, es de caliza y tiene labrada ésta hermosa inscripción: "Acadio puso éste monumento a Concordia de 30 años de edad”. Se cree que los vadinienses realizaban los desplazamientos del este al oeste y no del norte al sur, hasta llegar a estos lugares. Estos clanes poseían sus propios nombres para diferenciarse de otras tribus, como por ejemplo: Anibatos, Tritio o Areno entre otros. A Fernando, Melo, Froilán, Pedro, Marcelino, José Joaquín y el que firma, todos con ocupaciones, profesiones y actividades distintas: Labrador, policía, telefonía, músico, ingeniero, electricista o __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 36 Página 15 de 71 militar y que han nacido en diferentes sitios, como : Barrillos Villafruela, Santa Colomba, Basauri, León y Paris, forman todos una piña, se adentran en la historia y se afanan en investigar y explorar lo desconocido. Las reuniones las suelen hacer en el Bar-Rillos que es agradable y cómodo. Tras pasar la pequeña puerta, ves una barra azul a lo ancho, todo está pintado de un pulcro blanco. Sus grandes ventanales dan a una carretera poco transitada, a un arroyo y a una fuente de la que manan dos abundantes chorros de agua fresca. Las mesas y los asientos son pequeños para poder aprovechar el espacio. El vino, el café, el chocolate y las tapas excelentes. La pareja de jóvenes que lo regentan, son muy amables en el trato y alegres. Ésta pequeña y bella localidad austera como lo son la mayoría de la provincia de León, posee riqueza y un encanto especial que le proporcionan las vegas y los montes que la rodean que son de un intenso verde. Destacan a lo lejos por su altura las grandes extensiones de chopos alineados en aparente formación militar. Estos esbeltos arboles que cuando sopla el viento se cimbrean e inclinan levemente hacia los lados como si quisieran agradecer con este gesto a la tierra y al agua que los sustentan. Al pasar cerca, producen un silbido vibrante al rozarles el aire a su paso entre ellos. Las cigüeñas, los búhos, los jilgueros, las golondrinas, y alguna águila, que a lo largo de los años, han volado estos cielos, dan fe de que las historia nos dice que en el lugar de Barrillos, del Valle del Curueño, allá por el año de 1755, fue Señorío del Ducado o Marquesado de Toral, cuyo primer titular, D. Gabriel Núñez de Guzmán y Guzmán fue propietario de estas tierras, que median de saliente a poniente 1700 pasos y lo mismo de norte a mediodía, sin contar el término mismo y su circunferencia medía una legua. Poseía tres molinos harineros de una sola rueda; sus dueños fueron muy originales al ponerles el nombre de: Arriba, en medio y abajo (hoy existe uno que lleva varios años fuera de servicio). El molino actual se encuentra a la salida del pueblo al norte, en un pequeño camino que sale a la derecha que está cubierto de arbolado. Los habitantes en esa época eran la mitad de los que tiene hoy. Los hombres después del duro trabajo, solían visitar la taberna que había, haciendo lo mismo que nuestros amigos lo hacen hoy en el Bar-Rillos. En el siglo XVIII, llegó a tener, carnicería, carpintería, sastre, herrero, cura y escribano y cuatro vecinos que daban posada a quien se la pidiese. Con el paso del tiempo, cambió de autoridad Ducal, a depender de la dignidad del Obispo de León, hasta que el Rey Felipe II le dio la independencia del Obispado, pasando a ser de Realengo. Todos Vivian bien, pues no había pobres de solemnidad. Hoy tampoco los hay. Las cabañas de ganadería vacuna, ovino y equino producen unas excelentes carnes y muy buna leche. La quesería, la tienda bien surtida de muchos y variados productos, el estanco, la serrería, las plantaciones de árboles, la riqueza natural que le proporcionan los bosques; caza, pesca y la abundancia de agua, le proporcionan la riqueza necesaria para tener muy buena calidad de vida y la cercanía a la capital le dan mucho caché en la zona. El pequeño pueblo de apariencia austera, tiene buen nivel económico y cultural. La economía se basa en el ganado vacuno de leche y carne y del ganado bobino, con su carne y quesos. La tienda, el estanco, y la riqueza natural de sus bosques, la caza, la pesca y la cercanía a la capital le dan mucho caché en la zona. La Iglesia y la Ermita, poseen unos maravillosos retablos y excelentes tallas de las que se siente muy orgullosos, destacando entre otras, el Cristo Gótico del Siglo XIII, que tiene el tamaño de una persona de estatura alta, la cabeza la tiene ladeada a la diestra, el cabello, es de un negro azabache, el rostro afligido por el dolor, con las manos y los pies sangrando por las heridas producidas por los clavos que los traspasan, desde la cintura le cubre un paño blanco atado con un apretado nudo al lado derecho. La casa Solariega y la Rectoral, con sus historias pasadas, le imprimen carácter señorial. La Sociedad Recreativa, les proporciona cultura y distracción a los vecinos en los ratos libres y les ofrece un amplio abanico de entretenimiento con la participación desinteresada de todos y en todo, desde las setas a los conciertos hasta la proyección de películas. Las excursiones y conferencias. Las jornadas gastronómicas con las ricas paellas y la __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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