Jaime Bonet Bonet (Biografia)

 

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Biografia del padre Jaime Bonet, Sacerdote misionero fundador de la familia misionera verbum dei

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Jaime Bonet Bonet (1926-2017) Misionero sacerdote FMVD Fundador del Verbum Dei

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UN FUEGO QUE ENCENDIÓ OTROS FUEGOS INTRODUCCIÓN Jaime Bonet fue un fuego que arde, que quema y que rápidamente se esparce. Contagiaba naturalmente el fuego que llevaba por dentro, despertando en aquellos que le escuchaban el deseo de entrar en el corazón ardiente de Dios. Podríamos describir a Jaime como la “zarza ardiendo” que atrajo a Moisés, en el libro de Éxodo, capitulo 3: ¿Cómo es posible que en medio del desierto una zarza ardiera sin consumirse? Era tal el atractivo de ese acontecimiento, que el entonces futuro líder del pueblo de Israel se acercó tanto, que pudo escuchar la voz de Dios. Fue un hombre muy sencillo, pedía ser llamado simplemente “Jaime”. Era como esa zarza que a ojos humanos podría parecer un arbusto espinoso, pero su relación tan íntima con Dios que empezó a sus 14 años, le consumía por dentro, como ese fuego aprisionado en los huesos que no se podía apagar, como bien lo describe el profeta Jeremías (cf. Jer. 20,9). Él veía en cada persona a un Moisés en búsqueda: donde otros verían un pecador, él encontraba a un futuro líder para guiar al pueblo de Dios. Por lo tanto, su urgencia misionera y su capacidad para confiar en los demás, le hizo rodearse de líderes, personas de todas las edades, razas y culturas, que captaron la urgencia de Dios a través de ese mismo fuego seductor recibido por el contacto con la Palabra y el deseo de predicarla. Y así fue como creció rápidamente el Verbum Dei, obra que Dios puso en sus manos. Como fuego que era, en ocasiones llegó a parecer impetuoso e impulsivo, pero la sed por llevar el amor del Padre a todos sus hijos, lo consumía por dentro: “Me apasiona brindar el Evangelio vivo, crudo, al natural, a esos grupos de juventud inquieta y rebelde, insatisfecha e inconformista, que protesta y se encara, con todo, para que pueda empuñar la espada de la Verdad”1. ¿Cuál es el secreto de este fuego que le devoraba y le daba esa urgencia misionera constante? El mismo Jaime lo explica en una de sus cartas escritas en 1995: “La mirada afectiva y efectiva de la Trinidad, más allá de toda intuición humana, se concentra en nosotros como toda la luz y calor del sol en un pequeño espejo, sin velos ni interferencias, ni disimulo alguno; en sincera y efectiva pobreza, castidad y obediencia «arde en nuestro corazón y prende en nuestros huesos». Es el fuego que vino a prender Cristo como llama devoradora, hambrienta de abrazar y abrasar la tierra. Es la hoguera de amor que ansía y necesita nuestra afectividad para nutrir y conformar en Cristo nuestra vocación y misión. Es el Hogar que cada uno de nosotros está llamado a engendrar, transformar y multiplicar. Es la razón y el fruto propio, normal, diario, de nuestra oración transformante y generadora de vida”.2 1 Bonet Jaime. Pregón del Evangelizador 2 Carta de Jaime a la Fraternidad en el umbral de su 70 aniversario. 22 de octubre de 1995

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CALOR DE HOGAR Jaime Bonet nace un 21 de mayo de 1926 en el Pueblo de Alquería Blanca, con unos mil habitantes, en Mallorca, España. Era el pequeño de cinco hermanos, pero el mayor murió trágicamente, arrollado por un camión, por lo que solo quedaron cuatro hijos. El “calor de hogar” del que Jaime tanto hablaba, lo entendió a través de la fe de sus padres. El mismo Jaime narra: “Mi padre me decía: prefiero verte muerto que en pecado mortal. Me impactaba ver cómo daba catecismo y convertía la gente a Dios, bendecía cada día su trabajo y era un hombre de rosario cada día, que me llevaba a confesarme frecuentemente”3. “Cuando venía un herido de la guerra, mi madre me mandaba llevarle algo de comer. Antes de morir me dijo: «Jaime, a veces la gente tiene como miedo a la muerte, hagamos una Misa solemne en el comedor, invitamos a toda la gente a que venga, sobre todo a los que estén en los últimos momentos de su vida y les damos la Eucaristía». Pensé: “Qué sé yo, porque soy muy emotivo, así como tengo una carácter fuerte también soy muy emotivo, y que sé yo si podré hablarle a la gente”. Entonces llamé a tres sacerdotes amigos míos para que celebráramos la Misa con toda la gente y, por cierto, había unas vecinas de la edad de mi madre y ella las llamó y les dijo: «Oíd, vosotras también aprovechad». Fue muy emotivo, estaba la habitación llena de gente. Al día siguiente, por la mañana, estaba yo al lado de su lecho, y me dice: «Jaime, ¿qué más quieres de tu madre?» Y digo, ¡hombre, esto es un testamento! y añadió: «Tú nunca dejes a Jesús que Él nunca te va a dejar, y qué más quieres de tu madre?» Y le digo: “Mira, te doy un abrazo y un beso y, ahora, cuando llegues al Cielo se lo das a la Virgen”. Me miraba fijamente y me dice: «¿Y nada más?», y mirándome con toda dulzura, murió. Yo le cerré los ojos como se cierra un copón. Al salir de la habitación la gente me preguntaba: «¿Cómo está tu madre? ¡Cómo!, ¿ha muerto?» y les dije: Ha muerto muy viva”4. Debido a la admiración que tenía por sus padres, cuando empezaron a llamarle Don Jaime, se preguntaba: “¿Por qué debo ser superior a mis padres? “No puede haber diferencias, todos somos iguales por el bautismo, mis padres me dieron la fe”. 3 Entrevista a Jaime Bonet, 27 de febrero 2004, Roma, Italia. 4 Entrevista a Jaime Bonet, 20 de abril 2003, México.

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EL FUEGO SE ENCIENDE A los 14 años Jaime experimenta una duda existencial: “No estaba tan seguro de que existiera Dios. Pensé ¿quién me lo va a decir? Porque si lo pregunto a un cura me dirá que sí; a un comunista, me dirá que no, lo preguntaré a Él directamente. Tenía un crucifijo viejo y le dije: «si existes, dame de tu gozo». Yo me quedé en silencio un momento, pero fue tanta mi felicidad que no podía aguantar todo aquello. Entendí por eso que el cuerpo no está hecho para grandes gozos, por eso se queda en la tumba, porque en el cielo es gozo inmenso. El Cristo crucificado me dio todo esto: Aquel Cristo leproso, monstruoso, como si allí recobrara las venas, su movimiento, y la vida, hablando con un ser vivo. Yo le contesté: “Quiero ser como tú.” El crucifijo me remitía a una leprosería, y ser leproso, con la ilusión de ser leproso por ellos, para pagar... ¿cómo te pagaré el que tú hayas quedado así por mí? Quiero quedar como tú. Después, al cabo de una media hora o no mucho tiempo, fuimos a la capilla y descubrí lo que nunca había descubierto, ya tenía los ojos y la fe viva. Entonces, como si lo viera como una persona no lo hubiera visto más claro, el Dios eucaristía. El hecho que ya no fuera a la leprosería, se debió al encuentro con la Eucaristía. Entonces vino un diálogo, un diálogo muy familiar, íntimo, de tú a tú, hasta demasiada confianza. Le decía: “¿Ves, Jesús? Ahora tú tienes parte de culpa de que yo haya inutilizado catorce años de mi vida: “¿Por qué te has puesto así, en un pedacito de pan?” Pero así, de tú a tú, ¿eh? “¿Por qué no te apareciste como un hombre, como un joven? Y ahora aquí, indefenso, te han quemado la iglesia, te queman a ti, te profanan, hacen de ti lo que quieren, en la corrupción, ni dices palabra, ni te puedes mover”. Entonces, claro, Él me hablaba muy fuerte, como si fuera una espada afilada en mi corazón: “¿Tus labios me pueden servir?” Y aquello sí que me daba más alegría. “¿Te podrían servir mis labios?” Es por esto que para mí la Eucaristía tiene un sentido tremendo, toda la razón de lo que yo nunca había querido, ir a un seminario y ser un cura. No se me olvidará nunca aquella pregunta última que me hizo, porque estuvimos hablando un rato: “¿Te agradaría ir por el mundo, las ciudades, los continentes?” Yo le dije: “Me encantaría, es cuestión tuya. Mi vida yo no la mantengo, eres Tú, Tú dirás.”5 5 Relato de la vocación de Jaime Bonet. Ejercicios Espirituales 10/7/2001

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¿SACERDOTE YO? “Antes de mi encuentro personal con Cristo, el sacerdocio era tal vez la idea más lejana para mi vida. Me fui al seminario a pesar de que yo no quería ser cura, pero para seguir a Jesús iría donde fuera. Entonces llegué, sin conocerme ni nada y me preguntan: «Bueno, muchacho ¿qué quieres?» Contesté: «Por lo visto tengo que ser cura», y me dicen: «¿Pero tú de dónde eres, de dónde vienes?; bueno, nosotros tenemos que pedir informes tuyos a la gente, preguntar a los de La Salle, en tu parroquia...» y me dije: «¡En mi parroquia!, si nunca he sido monaguillo, ¿cómo podrán dar buenos informes de mí? ¿Qué dirán?». Pero sentía prisa; y entonces, cuando me vieron tan interesado me dijeron: «Bueno, miraremos nosotros y te escribiremos». En aquel tiempo los procesos eran muy lentos. Pero yo estaba tan “así”, tan interesado, que, al irme a mi pueblo, en vacaciones, en lugar de irme a mi casa, me fui a la Virgen, al Santuario de la Consolación, y le dije: «¡Cuídame! Porque si no, voy a perder esta vocación», porque nunca me atrajo. La mayor dificultad como sacerdote he sido yo mismo, porque nada ni nadie me puede arrebatar ni impedir mi íntima amistad con Jesús, que es mi único y mi mejor tesoro. Y nada ni nadie me puede separar del Amor de Cristo, por el que lo dejé todo, porque es lo que más me seduce y cautiva. Por lo que no hallo más obstáculo ni sufrimiento que el no saber amar y servir a Jesucristo con la fidelidad, delicadeza y cariño, que tanto deseo y por la que intento superarme cada día que transcurre. Este deseo de Jesús de que yo le haga presente en el mundo y que yo mismo pase a ser lo mismo que recibo en la Eucaristía-Comunión, es un reclamo diario, que me hace apetecer la celebración eucarística con ansias de hacer de todo mi ser sacerdote, víctima y altar -una Eucaristía perenne-. El sacerdote es esencialmente, vitalmente misionero; es un anuncio, a carne y sangre, de Cristo a todos porque se sabe misionero de Cristo. Hacer discípulos es el fruto propio espontáneo y necesario- del sacerdote y de todo misionero de Jesús: injertado en Cristo no puede dejar de florecer y fructificar -como sarmiento vitalmente unido a la Vid, Cristo-. En mi sacerdocio, María ha sido la Mamá querida, imprescindible, como hijo querido de sus entrañas: en sus brazos y siempre con cuidado y mimo, llevándome de la mano con pulso firme y suave, acogedor y seguro. Mi sacerdocio y mi vida misionera son inseparables de María.6 6 Entrevista a Jaime Bonet en 1995 en Loeches, con motivo de su 43º aniversario sacerdotal.

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NACIMIENTO DEL VERBUM DEI Después de la ordenación, a mí me enviaron a Mancor del Valle, pequeño pueblo en el centro de la Isla de Mallorca, me pusieron a mí solo, jovencito de 26 años, recién salidito del Seminario. Entonces yo empecé a poner Escuelas de Predicadores para todos, por separado: hombres, mujeres, chicos jóvenes, chicas, juveniles y tal y de ahí fue arrancando un Movimiento, ya que todos, al ver la fuerza de la Palabra de Dios, se quisieron dedicar a darla. Aquí nació la ilusión de querer consagrar, ya toda su vida, a dar la Palabra; yo no quería, no me interesaba, porque como yo predicaba ya a todas las religiosas y religiosos y en el Seminario, entonces a mí no me interesaba formar una congregación. Viendo cómo las jóvenes hablaban y predicaban, empecé un Movimiento para las chicas y dado por ellas: las Convivencias; ellas también daban los Ejercicios Espirituales. La comunidad nació sin que yo quisiera, sí, nació porque el Obispo me dijo: “Oye, no puedes enviar a estas chicas con vocación a los conventos que no se dedican a esto que ellas viven, ellas se dedican a la predicación, como los curas y demás predicadores y es necesario que las formes tú. Dije: “Pues, de acuerdo, pues venga”. Después se me presentaron tres sacerdotes que querían este estilo de vida y yo les dije: “No, ustedes tienen sus parroquias, prediquen allí” y dijeron: “No, porque queremos este espíritu, esta intencionalidad”. Después vino un matrimonio y dijeron: “Queremos llevar la vida que llevan las misioneras”. Yo no quería fundar ninguna congregación, sino ir a predicar por todas partes, por eso les dije: “Pueden predicar en su pueblo”, y me dicen no: “Es la vida que vemos en las misioneras que queremos llevar” y como yo no asentía replicó: “Y si no, pues queremos colaborar, haremos de cocineros”. Después se fueron a Perú, a misiones y luego se pusieron a estudiar Teología con los jesuitas, se licenciaron y ahora tienen más estudios que yo.7 7 Entrevista biográfica a Jaime Bonet en Siete Aguas Valencia, 20 de abril de 2003.

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En este ambiente apostólico de crecientes escuelas de evangelización, y ante el insistente ruego y deseo de Mons. Enciso Viana, nació el Verbum Dei el 17 de enero de 1963 con la primera comunidad de misioneras dedicadas a la Palabra de Dios. “Lo nuestro era totalmente nuevo y desconocido para la Sagrada Congregación de Roma, pero al Obispo de Mallorca, le interesaba mucho que fuéramos aprobados por Roma; me dijo: “Oye, quiero que esta Obra sea aprobada por la Santa Sede”. Él estaba enfermo, y, de hecho, veía que se moría, pero antes de morirse quería tener aprobado lo nuestro. Me dijo: “Vete a Roma”. Enciso tenía un gran prestigio entre arzobispos y cardenales”. “Yo presenté algo totalmente nuevo: igualdad entre mujeres y hombres, misioneros y misioneras. En aquel momento lo de matrimonios, tal como lo concebíamos en el Verbum Dei, era nuevo para ellos; sí los frailes, las monjas, pero los casados, de esto no había nada y me dijeron: «Pero ¿de dónde has sacado, de donde le viene esto?» Yo les di una mirada de admiración, y contesté: «¿Cómo es que ustedes no saben esto?» Y uno dice: «Sí, tú eres por el bautismo: sacerdote, profeta y rey, claro».8 Posteriormente Monseñor Rafael Álvarez Lara, el sucesor de Enciso, acogió e impulsó el crecimiento de la comunidad naciente. Él mismo, en 1969 erigió como Pía Unión el Instituto Apostólico Verbum Dei, “una institución misionera de la Iglesia Católica, formada por sacerdotes, misioneras y seglares (casados y célibes)”. En 1993 el Arzobispo de Madrid, el Cardenal Ángel Suquía, como paso previo hasta llegar a una solución institucional más adecuada para el Instituto, el 25 de enero erigía y aprobaba las constituciones del instituto religioso clerical “Misioneros Verbum Dei” y del instituto religioso “Misioneras Verbum Dei”, el 29 de mayo erigía y aprobaba el estatuto de la asociación pública de fieles “Matrimonios y otros laicos misioneros Verbum Dei” y el 30 de mayo del mismo año aprobaba el Estatuto de la “Fraternidad Eclesial Verbum Dei” que reunía en una sola institución las tres precedentes. La originalidad de la fundación de Jaime Bonet fue reconocida cuando fue invitado por el Santo Padre Juan Pablo II a participar en 1994 en el Sínodo de los Obispos sobre “la vida consagrada en la Iglesia y en el mundo”. 8 Entrevista a Jaime Bonet, 20 de abril 2003, Valencia.

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EL FUEGO DE UN CARISMA PARA LA IGLESIA UNIVERSAL En una entrevista realizada en 2003, Jaime comparte su alegría acerca de la aprobación pontificia: “Me ha marcado profundamente la aprobación de la Fraternidad Verbum Dei por el Papa Juan Pablo II, esto hace poco, el 15 de abril del 2000, era algo nuevo. Porque muchas veces se tiene la aprobación de los Obispos “con el permiso de Roma”, pero cuando llega la aprobación firmada por el Papa, muchas veces han pasado cien años y 150 … tardan mucho. ¡El Papa sencillamente feliz, contento de que esto existiera y firmado por él! Fue un día más que grande”. El decreto recibido de la Santa Sede en el 2000, aprobaba a la Fraternidad Misionera Verbum Dei como “una Institución de vida consagrada de la Iglesia católica, formada por la Rama clerical de los ‘Misioneros Verbum Dei’ y la Rama de mujeres célibes consagradas de las ‘Misioneras Verbum Dei’, flanqueadas por la Rama de matrimonios, consagrados según el propio estado”9. En una ocasión que Jaime hablaba acerca de lo que significaba para él, como fundador, la aprobación pontificia recibida en el 2000 dijo: “El día que me muera, yo más que nada le expresaré gratitud al Padre, porque todo es un don suyo, porque es una gracia suya, porque yo soy como cualquiera, pero habiéndome Él dado a conocer tanto, entonces ya todo lo otro ya no me interesa, me interesa más reproducir la vida de Cristo, sufrir por los demás, dar la vida, dar mi sangre”10. 9 Decreto Pontificio 15 de abril 2000. 10 Entrevista realizada por Rocío López Fonseca, 2003, Siete Aguas.

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BRILLE ASÍ VUESTRA LUZ ANTE LOS HOMBRES, PARA QUE VEAN VUESTRAS BUENAS OBRAS Y DEN GLORIA A VUESTRO PADRE (Mateo, 5, 16) En el umbral de su 70 aniversario, Jaime escribió una carta dirigida al Verbum Dei, de la cual tomamos algunos párrafos, en la que adelantaba su despedida: "Quiero expresar... que a partir de los catorce años, mi vida, perteneció o pretendió ser de Otro, al servicio de Otro y a merced del gusto de Otro. Y así todo cuanto envolvió esta pobre existencia fue motivado por este Otro, a excepción de mis pecados y desaciertos, que no fueron pocos, que mi Buen Dios me perdona y olvida". "Pido a todos os unáis a la actitud del Dios Bueno, como de buena gana me uno yo con respecto a todos vosotros y a cuantos traté en mi vida. Por lo que mi súplica es que al Buen Dios siempre miréis y a Él solo escuchéis, que no a mí ni a los hombres, sino en aquello que a Dios más os acerca, seduce y cautiva". Porque lo buenos que sois vosotros, esto sé no ser cosa mía. Pero sí, algo mío puede haber en lo poco malo que podáis descubrir en vuestro curriculum; en esto no dudo que algo pueda haber que sea pertenencia mía. Y esto poco o mucho que a mí corresponda, no grato a Dios ni a vosotros, ni a mí, esto sí que os pido, por la Misericordia de Dios, que no lo guardéis ni me lo devolváis, ni lo heredéis, y separadlo para siempre de vuestro corazón, como quiero yo también confesar ante Dios y ante vosotros hermanos, que ya solo el Amor de Dios, igual para todos, permanezca en mi corazón. Si os llegara a intimidar el proyecto que Dios nos ha confiado, hasta hacernos dudar, en lo más mínimo, situémonos muy junto a María. Ella escuchó del ángel: "No temas". Por esto, la Mamá, experta en tal acontecimiento, nos aprieta la mano que prende siempre de Ella, e inicia, sigue y remata nuestro sí, tal vez medio aturdido o torpe, tal vez medio drogado o esclavo de alguna creatura. Por esto nos unimos fraternalmente todos, para que nuestro FIAT, a veces medio confuso, quede envuelto y arropado en el canto festivo, con toda la familia en fiesta continua, aclamando con todo el cielo a la Trinidad y María. Muy fraternalmente, en Jesús y María Jaime Bonet Bonet

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