Voces en el Fénix Nº 61 TIEMPOS DIFÍCILES - CULTURA - MAYO 2017

 

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Voces en el Fénix Nº 61 TIEMPOS DIFÍCILES - CULTURA - MAYO 2017

Popular Pages


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ISSN 1853-8819 La revista del Plan Fénix año 8 número 61 mayo 2017 La Argentina posee una innegable riqueza cultural, expresión de su identidad social diversa y profunda. Hoy muchas de estas producciones se encuentran en riesgo ante el avance arrollador del mercado y la desprotección estatal. Desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, vivimos un presente de creación y resistencia. Tiempos difíciles

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sumario nº61 mayo 2017 editorial Cultura: el sustento de la independencia Abraham Leonardo Gak Mempo Giardinelli A modo de introducción 6 Horacio González Métodos de arrasamiento cultural 10 Miguel Russo El periodismo porteño y los grandes multimedios argentinos 16 Jorge Felippa y Graciela Bialet Cultura en Córdoba: efervescencia y cuentas pendientes 22 Mónica Ambort Medios comunitarios en peligro 30 Nicolás BatLle El cine argentino hoy 40 Graciela Falbo La universidad argentina y el periodismo que viene 46 Francisco Tete Romero Del crisol de razas al horizonte pluricultural 54 Natalia Porta López Políticas de lectura en la Argentina 62 Emilce Moler Las voces, más allá de las efemérides. O el pasado siempre presente 72 Atilio Fanti Historia de la Universidad Popular de Resistencia 78 Daniel Filmus Educar para la construcción de una cultura de la memoria 84 Walter Bordón Cavilaciones de un productor: la cara b de la música argentina 92 María Luisa Miretti Santa Fe y la cultura, hoy 98 Luis Borda Vigencia del tango en el mundo 106 Daniel Alonso Estado de la cultura en la Patagonia 112 Noé Jitrik Dos culturas 118

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Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano César Humberto Albornoz Vicedecano José Luis Franza Secretario General Gustavo Montanini Secretario Académico Pablo Rota Secretaria de Hacienda y Administración Carolina Alessandro Secretario de Investigación Adrián Ramos Secretario de Bienestar Estudiantil Marcelo Conti Secretario de Graduados Rubén Arena Secretario de Posgrado y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Transferencia de Gestión Tecnológica Omar Quiroga Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Secretaria de Doctorado y Posdoctorado Maria Teresa Casparri Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Graduados Titulares Gabriela Verónica Russo Luis Alberto Cowes Rubén Arena María Jose Canals Claustro de Alumnos Titulares Mauro Roberto Sartori Carla Joana Kranevitter Antonio Benito Ambrune Ena Ailin Andrada Suplentes Roberto Darío Pons Daniel Roberto González Juan Manuel Oro Adrián Zappia Suplentes Julian Gabriel Leone Jonatan Rafael Barros, Antonella Cesare Ignacio David Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Ricardo Aronskind COORDINACIÓN TEMÁTICA Mempo Giardinelli SECRETARIO DE REDACCIÓN María Sol Porta PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar CORRECCIÓN Claudio M. Díaz DISEÑO EDITORIAL Martín Marpons Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 5285-6819. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

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Cultura: el sustento de la independencia El desarrollo cultural de una sociedad es, en definitiva, su pasado, su presente y su futuro. Como creación humana, puede responder a reproducir el orden hegemónico de dominación, pero también puede desarrollarse con un carácter disruptivo de ese orden y dar lugar a la incorporación del pensamiento independiente y dinámico acorde con las transformaciones tanto del conocimiento como de las relaciones sociales, políticas y comunicacionales, entre otras. La soberanía cultural es indispensable para el crecimiento de una sociedad con un pensamiento propio e independiente. Las distintas expresiones de la cultura –ya sea a través del arte, la música y tantas otras formas de transmitir las reflexiones y el sentir de una sociedad– son las herramientas para construirlo. Las condiciones necesarias para un avance armónico de un pensamiento cultural diverso están íntimamente vinculadas a la posibilidad de acceder a ellas. El Estado debe ser garante indelegable de dicha accesibilidad. Hoy, en nuestro país, se está produciendo aceleradamente un proceso de desarticulación y de destrucción de producciones culturales audaces y creativas que intentaron sin prisa y sin pausa transformar la hegemonía cultural de la dependencia, que incluye en ella una cultura mercantil y del consumo. Las recientes medidas asumidas en el área del cine argentino son un ejemplo muy claro –desde ya, no el único– que evidencia la decisión gubernamental de retroceder en los avances culturales que, por un lado, se comprometían con la realidad social y, por el otro, abrían senderos de esperanza hacia un futuro acorde con los requerimientos de una sociedad que no está dispuesta a resignar sus sueños de un país justo y equitativo. Nos encontramos frente a un dilema. Resulta sumamente necesario admitirlo para poder hacer frente a las limitaciones de los proyectos oficiales destinados a consolidar la dependencia intelectual y la sumisión acrítica a las imposiciones que traen bajo el brazo. El esfuerzo para enfrentar esta situación por parte de todo el espectro cultural debe ir acompañado del fortalecimiento de la educación como herramienta fundamental de consolidación de una cultura soberana. No cabe duda de que estamos frente a una lucha desigual que va inclinando la balanza hacia los sectores que albergan los pensamientos más conservadores, viejos y conformistas con el statu quo, a través de los cuales pretenden someter a la comunidad y permitir de esa manera la aniquilación de una serie de derechos fundamentales. A muchos/as de nosotros/as esta realidad nos desafía a enfrentarla generando consensos en la búsqueda de aquellas melodías que nos unen y que uno quisiera escuchar siempre; esto tal vez sea un sueño eterno. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

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Editorial > 5

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por Mempo Giardinelli Escritor, periodista y docente 6 > www.vocesenelfenix.com

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>7 ¿Qué entendemos por “cultura”? Se trata de un concepto complejo, y más en un país tan diverso como el nuestro. Este número se propone como una aproximación, que incluye reflexiones conceptuales, y también panoramas por región y por disciplina. A modo de introducción

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E n esta edición de Voces en el Fénix, dedicada a lo que vulgarmente se llama “la Cultura”, l@s lector@s encontrarán una visión inevitablemente parcial, dada la complejidad del concepto y la variedad de manifestaciones culturales propias de un país tan extenso y plural como el nuestro. Fue un placer y un honor contar con colaborador@s de excepción, que, sin saber unos de otros, entre todos conformaron un mosaico que contiene no solo información sino también, en algunos casos, información original, profunda y profesional. Los marcos teóricos están en este número a cargo de dos destacadísimos intelectuales como son Horacio González y Noé Jitrik. Sus ensayos, que eso son, más que artículos periodísticos, proponen miradas conceptuales panorámicas, agudas y profundas, que los demás textos se ocupan de precisar. De ardua lectura pero llenos de sabiduría y buen sentido, son dos textos –al inicio uno, al final el otro– que enmarcan el verdadero estado de la problemática cultural de nuestra nación. En un artículo de singular profundidad y conocimiento, Francisco Tete Romero desarrolla casos concretos del Nordeste Argentino y avanza sobre la necesidad de una Ley Federal de las Culturas, materia en la que trabajó como ministro provincial chaqueño de Educación y como funcionario del Ministerio de Cultura de la Nación. Algo similar intenta María Luisa Miretti al ofrecer una mirada panorámica de la cultura actual en Santa Fe, y en la misma línea En esta edición de Voces en el Fénix, dedicada a lo que vulgarmente se llama “la Cultura”, l@s lector@s encontrarán una visión inevitablemente parcial, dada la complejidad del concepto y la variedad de manifestaciones culturales propias de un país tan extenso y plural como el nuestro. 8 > por Mempo Giardinelli

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A modo de introducción > 9 se ubica la descripción de Daniel Alonso acerca de lo hecho y lo por hacer en materia de cultura en la Patagonia. Con igual rumbo pero mayor complejidad se inscribe el artículo de Graciela Bialet y Jorge Felippa, quienes, bien enterados y algo más exhaustivos, ofrecen un panorama agudo y crítico de la multiplicidad cultural en Córdoba. Las notas de Luis Borda y Walter Bordón –el primero relevante compositor y director, en Alemania, y el segundo importante productor de música popular– describen interesantes y desconocidas aristas de la música argentina, una de las más populares facetas de nuestra cultura. Por su parte, y con solvencia y harto conocimiento, la académica especialista en comunicación Mónica Ambort hace una lectura precisa del rol que han jugado y juegan los medios de comunicación como hacedores (o destructores) de la cultura popular. Esa visión se completa en los casos que desarrollan Graciela Falbo (académica de la Universidad Nacional de La Plata) y el conocido periodista Miguel Russo, quienes ofrecen, cada uno desde diferente ventana, una visión precisa y moderna del rol del periodismo como ejercicio de poder real, fáctico y manipulador, en el mundo moderno y particularmente el presente argentino y latinoamericano. Es muy interesante el arco que une la visión realista de Walsh en el trabajo de Falbo, con el análisis del comportamiento del Grupo Clarín y los en la última década llamados “medios hegemónicos”. El productor cinematográfico Nicolás Batlle, por su parte, con- tribuye con un necesario punto de vista de conocedor respecto del cine argentino en un artículo ejemplar por interesante, informado y profundo. Daniel Filmus, como era esperable, brinda una perspectiva de la cultura en el cruce con la educación, a la luz de su experiencia como funcionario y legislador. Y como un original aporte y desde otra dimensión educativa, Atilio Fanti historia las antiguas escuelas de artes y oficios y el caso de la hoy Universidad Popular. Y Emilce Moler aborda, desde su experiencia de militante por los derechos humanos, una lúcida mirada sobre el cruce de las nuevas generaciones con las efemérides. Por su parte, Natalia Porta López, incuestionada autoridad en la materia, despliega un preciso panorama del estado de la lectura en la Argentina, que tras haber sido enorme conquista socio-educativa del siglo XXI, se desploma ahora a una especie de terra incognita cultural. Otros intelectuales fueron invitados a participar de esta edición. Algunos se excusaron con razones válidas. Otros pareció que zafaban. Y otros ni respondieron. Así es el presente de la cultura nacional, que en la emergencia que vivimos en 2017 está llena de interrogantes antes que de certezas. Lo cual fue parte de la propuesta: plantear preguntas y cuestionamientos en algunos campos del quehacer cultural, con miras a la inmensa tarea que siempre es urgente. Bienvenidos a esta edición, que ante todo y sobre todo pretendió sembrar dudas que esperamos disparen ideas y acciones.

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Métodos de arrasamiento cultural 1 0 > www.vocesenelfenix.com

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> 11 La política del actual gobierno se caracteriza por una sucesión de expropiaciones en el terreno de la producción simbólica: entre ellas, la anulación de la ley de medios audiovisuales, los embates contra las escuelas y sus docentes, y el urbanismo represivo que distingue a las iniciativas sobre la ciudad. La creación y el consumo de productos culturales quedan así subsumidos a criterios mercantilistas y de dominación social. por Horacio González. Sociólogo (UBA), doctor en Ciencias Sociales (USP-Brasil). Investigador y profesor en distintas universidades (Buenos Aires, La Plata, Rosario). Director de la Biblioteca Nacional (2005-2015)

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Q ué es el financiamiento público? ¿Cómo interpretar un presupuesto nacional? Claro que esta no es una fácil cuestión. Muchas alternativas y luchas políticas se transfieren luego a la discusión presupuestaria. Como no somos especialistas en esas cuestiones –que hoy es una de las microscopías más notables de los diferendos políticos–, podemos establecer un posible criterio para analizar lo que aspira un gobierno en distintas materias sensibles. Asumamos el caso de la esfera cultural, comunicacional y educacional. Lo primero que podríamos hacer es revisar las partidas que el Estado sostiene en cualquiera de las numerosas actividades de ese amplísimo rubro, para percibir que sobreviene un uso más estrecho, por momentos mezquino, con consecuencias que la abstracción de las cifras no deja percibir tan de inmediato. Pero de inmediato comienzan a surgir voces. Podrá ser que en algún momento se escuche, aquí y allá, de un modo pequeño, no tan audible, la noticia respecto de que ya no asiste a una orquesta juvenil de alguna localidad cuyo nombre no retenemos bien, o de una ciudad grande que puede ser la nuestra, y alguna inquietud se produce. Es conocida la tan solicitada parábola brechtiana. Pensamos que el desabastecimiento se detiene ahí, pero de repente recordamos que el actual Presidente, cuando era jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, había preguntado “para qué sirve” un canal cultural de televisión. Estuvo a punto de cerrar el Canal Ciudad, y de algún lugar de sus agencias salió alguna voz alarmada advirtiendo sobre ese desatino. Esa pregunta, no obstante, tiene actual vigencia. Pongamos en lugar de “canal cultural” cualquier otro ente de la cultura. Sea ministerio, escuelas públicas, televisión pública, Conectar-Igualdad, cine nacional, compra masiva de libros, bibliotecas públicas, vida intelectual, vocaciones filosóficas. Sobre todos estos nombres, instituciones o disposiciones pende la pregunta: ¿esto para qué sirve? Esta tosca instrumentalidad es lo que caracteriza la política cultural del actual gobierno. Si siguen subsistiendo museos, bibliotecas, archivos estatales, asistencias económicas ya no- 1 2 > por Horacio González

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Métodos de arrasamiento cultural > 1 3 toriamente recortadas a cuerpos de baile o grandes centros culturales, como el CCK e incluso los que dependen de la ciudad de Buenos Aires –como el Teatro San Martín, la Usina, y otros sitios simbólicos– es porque siempre los estrangula la sigilosa duda presidencial –¿esto para qué sirve?– y siempre hay alguien que se empeña en conseguir algún mendrugo con la “educación presidencial”. Entonces, se produce una indiferencia, cierta indulgencia desinteresada, que bajo limaduras de todo tipo permiten continuar a un centro cultural de la periferia, a una casa de lectura o a una radio provincial. Pero todo está bajo amenaza, como lo demuestra, en la Biblioteca Nacional, haberse cerrado el Museo de la Lengua y la Editora de clásicos argentinos. Aquel que suponía entonces que eran casos fuera de programa la desatención de escuelas, inventivas de grupos comunitarios, de experiencias alternativas o películas de iniciación, enseguida debía dedicarse a pensar sobre el trípode de expropiación cultural que levanta como orgullosa y destructiva bandera el propio gobierno. La primera expropiación podemos situarla en la anulación de la ley de medios audiovisuales, que con un laborioso proceso –movilizaciones de masas, acción parlamentaria, debates públicos– fue un hecho singularmente democratizante del anterior gobierno. La revocación de la ley es la viga maestra de la uniformidad comunicacional reinante, cuyo tema mayor es una insignia narrativa que inferioriza a las audiencias, obturando los poros de la conciencia autónoma. El resultado de este guión bosquejado y diseñado mundialmente contra los “populismos”, equivale a la construcción de un lenguaje artificial como los que Borges tomó irónicamente en “El idioma analítico de John Wilkins”. Como consecuencia de la entrega de las matrices complejas del lenguaje social a la ingeniería comunicacional se acentúan los dispositivos disciplinadores de los consumos culturales, noción que en todos los casos hay que especificar cuidadosamente. El consumo cultural es una esfera de libertad en la producción de sujetos autónomos; por lo tanto, las industrias culturales –ámbito esencial de la creación cultural en las sociedades contemporáneas– deben generar cruces entre tecnologías, difusión y estéticas que en masividad no pierdan el argumento creativo e innovador. No se avizora en las políticas culturales del actual gobierno que esos propósitos queden garantizados, comenzando con el uso brutal (una consecuencia del “para qué sirve esto”) de los medios de comunicación como espada homogenizadora. ¿Qué es lo que tornan homogéneo? El consumo en un “supermercado cultural”, la cultura como una mercancía que agrupa categorías domesticadas del gusto. El consumo implica no que las personas consumen, sino que son consumidas por el aparato central de signos con una carga pedagógica domesticadora. Se genera así una invisible policía cultural. “Sirve” al control social. No quiere decir esto que por otros medios –lo que no excluye alguna iniciativa gubernamental– haya espacios circunscriptos a exploraciones minoritarias, que serán invocadas como pretexto de creatividad y libertades culturales, lo que en una sociedad compleja no ha de desaparecer. Aunque, por otro lado, también como consecuencia inevitable de la anulación de la ley de medios, La primera expropiación podemos situarla en la anulación de la ley de medios audiovisuales, que con un laborioso proceso –movilizaciones de masas, acción parlamentaria, debates públicos– fue un hecho singularmente democratizante del anterior gobierno.

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Sea ministerio, escuelas públicas, televisión pública, Conectar-Igualdad, cine nacional, compra masiva de libros, bibliotecas públicas, vida intelectual, vocaciones filosóficas. Sobre todos estos nombres, instituciones o disposiciones pende la pregunta: ¿esto para qué sirve? el resurgimiento de los proyectos de mecenazgo en la vida cultural, que son una cobertura impositiva para el juego de las empresas, pero sobre todo una manera suplementaria de anexar la vida cultural a los grandes esquemas publicitarios de las empresas. Adicionalmente, lo ocurrido en relación con las confusas acciones que el gobierno practicó en el INCAA hace que no sean infundadas las creencias de los directores, actores, actrices, trabajadores y estudiantes de cine –numerosísimos en el país– respecto de que la misma política restrictiva se aplicaría al fomento cinematográfico, que en el período anterior contó con estímulos evidentes y de frutos palpables. El modo de hacer converger la cuestión impositiva que leyes anteriores resguardaban respecto de la producción cinematográfica, según la opinión de quienes conocen muy bien el tema, puede concluir con una eximición del tributo fiscal a las grandes empresas comunicacionales, que serían las únicas que terminarían imprimiéndole su sello a esta actividad cultural y a la vez ámbito de trabajo y creatividad de miles de personas. En esta expresión artística se plantean delicadas cuestiones culturales –como en todas, pero en una escala que repercute en amplios públicos– en cuanto a las cuestiones del idioma nacional y las discusiones siempre abiertas sobre la crítica intelectual y la identidad popular. La segunda expropiación son los planes educativos que en el aspecto salarial tienden a reproducir en el trabajo docente la tendencia a bajar los llamados “costos laborales”, expresión en sí misma inicua que considera a la escuela y a la docencia como espacios en extinción o progresivamente sujetos a una sustitución por tecnologías educacionales inspiradas en neurociencias, y otros saberes de instrucción empresarial destinados a hacer realidad el más bajo nivel de pragmatismo respecto de las conciencias en formación e inmersión en un mundo complejo de significados. Este pragmatismo no es una filosofía con ciertas exigencias, si pensamos en sus expresiones del siglo XX, como Peirce o John Dewey, sino el que hoy se propone desde la misma Casa Rosada, con las más inverosímiles ideas respecto de un pensar utilitario. Este sí que no tiene la menor intención de divulgar una filosofía, aunque sea equivocada, sino nuevas formas de servilismo colectivo. Todo ello vinculado a prometidas escenas de felicidad banales, capaces de amputar tanto la idea de felicidad –que en toda pedagogía nunca puede ser un supuesto lineal y acumulativo– y la idea de utilidad, que nada significaría al margen de una formación crítica. En suma, la propuesta educativa parte de la caducidad, arbitrariamente declarada a priori, del aparato educativo fundado en el siglo XIX, al que dejan languidecer entre injurias sin justificación. Desean reemplazarlo por mediciones mecanicistas de capacidades, bajo una ilusión empresarial y control de rendimientos que apartarían definitivamente a la escuela de la construcción de ciudadanía. La tercera expropiación se refiere a la abolición de un derecho no escrito de este modo, pero es el constitucionalismo invisible que nos rige como ciudadanos plenos cuando hablamos del derecho a la ciudad. La ciudad capital del país está siendo objeto de políticas de urbanismo represivo que tienden cada vez más a expulsar las prácticas ciudadanas de su territorio, identidad y formas de vida. No solo a través de visibles medidas económicas que restringen el acceso a la vivienda y el tono general expulsivo de los habitantes del conurbano que tiene la gestión oficial, sino también la promoción de tácticas de cercanía que obedecen a un vecinalismo ficticio, palabras que obturan la percepción real del campo de fuerzas convivenciales y culturales que perduran en los barrios, ajenas a la homogenización de una abstracta placidez urbana. Esta última es un habitual género publicitario que no toca ningún problema profundo, y en verdad, los encubre. Como la 1 4 > por Horacio González

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Métodos de arrasamiento cultural > 1 5 creciente especulación inmobiliaria, el trazado de vías de circulación que afectan la idea misma de Pólis, sustituida por un gran circulador que convierte al sujeto urbano en un símil del flujo circulante mecánico de trabajadores a los que se reconstituye con técnicas de reproducción de un acto de servidumbre. Las infraestructuras de transporte en efecto permiten ahorrar tiempo de viaje, pero eso se canjea por situaciones más soterradas de sujeción a un orden que quita derechos. La ciudad es tratada como un territorio especulativo y el horizonte de ventajas que presenta, aun si fueran aceptables en sí mismas, encubren a menudo el despojamiento de espacios verdes, bajo el pretexto de que aumentan, pero sobre superficies de cemento que no permiten considerarlos de ese modo. Espacios verdes ficticios que amparan con un lenguaje abstracto un lento y meticuloso saqueo a la ciudad. Consideramos también a esta una cuestión de esencial carácter cultural. Por último, la cuestión cultural está relacionada íntimamente con las cuestiones científicas y tecnológicas. Y aunque ya sería extendernos mucho, con las de salud. Las restricciones a la investigación científica afectan por igual el cuerpo de ideas sobre proyectos en cuanto a lo más posible que tengan de autónomos, respecto de las grandes corrientes mundiales de dominación, que explícitamente se ejercen en este campo crucial de la contemporaneidad. La desatención presupuestaria en este caso corre pareja con el desmantelamiento parcial o total de proyectos como el Arsat, cuyo núcleo técnico central fue realizado en un ámbito muy plural de intervenciones científicas, que sin embargo se proyectaban sobre un debate capital en torno a las decisiones autónomas justo en el terreno menos ajeno a las grandes fuerzas de la universalización de la vida colectiva. Allí también, visto en su estructura cultural, el tema registra un similar acoso del desamparo consciente sobre los cimientos fundamentales de la idea de cultura nacional autónoma.

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