Osservatore Romano 2520

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 24 (2.520) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 16 de junio de 2017 El Papa escribe el prefacio del nuevo libro del cardenal Turkson Combatir el cáncer de la corrupción Y recuerda que para tomar conciencia del problema se necesita educación «La corrupción es la peor plaga social porque genera gravísimos problemas y crímenes que implican a todos», subraya Francisco en el prefacio del libro escrito por el cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio del Desarrollo Humano Integral, junto al filósofo y miembro de esa institución vaticana Vittorio Alberti. De este fenómeno «fluido», como el aceite que lubrica la maquinaria del crimen y la injusticia, clérigos y estudiosos debatieron este jueves 15 de junio en la Casina Pío IV durante una cumbre «Internacional contra la Corrupción». Una iniciativa que demuestra cómo el tema de la lucha contra la corrupción es una preocupación permanente del pontificado de Bergoglio. Ese mismo día salió a la venta en Italia el libro «Corrosione», una entrevista del mismo Alberti con el cardenal Peter Turkson, en donde el Papa Francisco afirma que cristianos y no cristianos tienen que ser «como copos de nieve que forman una avalancha, un movimiento fuerte y constructivo. Este es el nuevo humanismo. Este renacimiento, esta re-creación contra la corrupción que podemos realizar con audacia profética». «Trabajar todos juntos, cristianos, no cristianos, personas de cualquier fe y no creyentes, para combatir esta forma de blasfemia, este cáncer que destruye nuestras vidas», añade. Advierte de la necesidad «urgente» de que se tome conciencia del problema y para ello «se necesita educación, cultura misericordiosa, cooperación por parte de todos, según las propias posibilidades, talento y creatividad». Francisco dice que la corrupción es «el lenguaje de las mafias y de las organizaciones criminales en el mundo y que el corrupto olvida pedir perdón porque está sacio y lleno de sí». El Pontífice también aborda el problema en el seno de la Iglesia y cita al cardenal y teólogo francés Henri de Lubac que aseguraba que «el peligro más grande es la mundanidad espiritual, que es la corrupción, y que es más desastrosa que la infame lepra».

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de junio de 2017, número 24 En el Ángelus el Pontífice habla de la Trinidad El misterio de la identidad divina «Dios siempre nos busca antes, nos espera antes, nos ama antes»: lo recordó el Papa Francisco en el Ángelus del domingo 11 de junio, en la plaza de San Pedro hablando del misterio de la Trinidad. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Las lecturas bíblicas de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad, nos ayudan a entrar en el misterio de la identidad de Dios. La segunda lectura presenta las palabras de buenos deseos que san Pablo dirige a la comunidad de Corinto: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Corintios 13, 13). Esta —digamos— «bendición» del apóstol es fruto de su experiencia personal del amor de Dios, ese amor que Cristo resucitado le había revelado, que transformó su vida y le “empujó” a llevar el Evangelio a las gentes. A partir de esta experiencia suya de gracia, Pablo puede exhortar a los cristianos con estas palabras: «alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir, […] vivid en paz» (v. 11). La comunidad cristiana, aun con todos los límites humanos, puede convertirse en un reflejo de la comunión de la Trinidad, de su bondad, de su belleza. Pero esto —como el mismo Pablo testimonia— pasa necesariamente a través de la experiencia de la misericordia de Dios, de su perdón. Es lo que le ocurre a los judíos en el camino del éxodo. Cuando el pueblo infringió la alianza, Dios se presentó a Moisés en la nube para renovar ese pacto, proclamando el propio nombre y su significado. Así dice: «Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad» (Éxodo 34, 6). Este nombre expresa que Dios no está lejano y cerrado en sí mismo, sino que es Vida y quiere comunicarse, es apertura, es Amor que rescata al hombre de la infidelidad. Dios es «misericordioso», «piadoso» y «rico de gracia» porque se ofrece a nosotros para colmar nuestros límites y nuestras faltas, para perdonar nuestros errores, para volver a llevarnos por el camino de la justicia y de la verdad. Esta revelación de Dios llegó a su cumplimiento en el Nuevo Testamento gracias a la palabra de Cristo y a su misión de salvación. Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, Uno en la sustancia y Trino en las personas; Dios es todo y solo amor, en una relación subsistente que todo crea, redime y santifica: Padre e Hijo y Espíritu Santo. Y el Evangelio de hoy «nos presenta» a Nicodemo, el cual, aun ocupando un lugar importante en la comunidad religiosa y civil del tiem- po, no dejó de buscar a Dios. No pensó: «He llegado», no dejó de buscar a Dios; y ahora ha percibido el eco de su voz en Jesús. En el diálogo nocturno con el Nazareno, Nicodemo comprende finalmente ser ya buscado y esperado por Dios, ser amado personalmente por Él. Dios siempre nos busca antes, nos espera antes, nos ama antes. Es como la flor del almendro; así dice el Profeta: «florece antes» (cf. Jeremías 1,1112). Así efectivamente habla Jesús: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3, 16). ¿Qué es esta vida eterna? Es el amor desmesurado y gratuito del Padre que Jesús ha donado en la cruz, ofreciendo su vida por nuestra salvación. Y este amor con la acción del Espíritu Santo ha irradiado una luz nueva sobre tierra y en cada corazón humano que le acoge; una luz que revela los rincones oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia. Nos ayude la Virgen María a entrar cada vez más, con todo nuestro ser, en la Comunión trinitaria, para vivir y testimoniar el amor que da sentido a nuestra existencia. Al finalizar la oración mariana, después de recordar la beatificación de Itala Mela celebrada el sábado 10, el Pontífice saludó a algunos grupos presentes en la plaza. Queridos hermanos y hermanas: Ayer, en La Spezia, fue proclamada beata Itala Mela. Crecida en una familia alejada de la fe, en su juventud se declaró atea, pero se convirtió inmediatametne después de una intensa experiencia espiritual. Se comprometió con los universitarios católicos; se convirtió luego en Oblata benedictina y cumplió un recorrido místico centrado en el misterio de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos de manera especial. El testimonio de la nueva beata nos anime, durante nuestras jornadas, a dirigir a menudo el pensamiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que habita en la celda de nuestro corazón. Os saludo a todos vosotros, queridos romanos y peregrinos: grupos parroquiales, familias, asociaciones. En particular saludo a los fieles llegados de Montpellier, de Córcega y de Malta; y de Italia, a los fieles de Padua y de Norbello y a los chicos de Sassuolo. Un pensamiento especial dirijo a la comunidad boliviana que vive en Roma y celebra la Virgen de Copacabana. Y a todos vosotros os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 24, viernes 16 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 Es necesario «ampliar los espacios de una presencia femenina más incisiva». Lo aconsejó el Papa Francisco recibiendo en audiencia el viernes por la mañana, 9 de junio, en la Sala del Consistorio, a los participantes de la plenaria del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, reunidos desde el miércoles 7 para reflexionar sobre el «rol de la mujer en la educación a la fraternidad universal». Os acojo con alegría y agradezco al cardenal Jean-Louis Tauran el saludo que me ha dirigido también en vuestro nombre. Nos encontramos al final de vuestra asamblea plenaria, durante la cual habéis abordado “El papel de la mujer en la educación a la fraternidad universal”. No ha faltado, ciertamente, un debate muy enriquecedor sobre este tema, que es de importancia primordial para el camino de la humanidad hacia la fraternidad y la paz, un camino que no es en absoluto descontado y lineal, sino marcado por dificultades y obstáculos. Desgraciadamente vemos cómo hoy la figura de la mujer como educadora de la fraternidad universal está ofuscada y con frecuencia no reconocida, a causa de tantos males que aquejan a este mundo y que, en particular, golpean a las mujeres en su dignidad y en su papel. Las mujeres, e incluso los niños, se encuentran, efectivamente, entre las víctimas más frecuentes de una violencia ciega. Allí donde el odio y la violencia se imponen, destrozan las familias y las sociedades, impidiendo a la mujer desempeñar, en comunión de intenciones y de acción con el hombre, su misión de educadora de forma serena y eficaz. Reflexionando sobre el tema que habéis abordado, quiero detenerme especialmente en tres aspectos: valorar el papel de la mujer, educar a la fraternidad El Papa pide valorar el rol de la mujer en el diálogo y en la educación y dialogar. 1. Valorar el papel de la mujer. En la compleja sociedad actual, caracterizada por pluralidad y globaliza- Espacio a la presencia femenina ción, hay necesidad de un mayor reconoci- considerar la vida humana y la vida en gene- día. Gracias a su contribución, la educación a miento de la capacidad de la mujer para educar a la fraternidad universal. Cuando las mujeres tienen la posibilidad de transmitir plenamente sus dones a toda la comunidad, la misma modalidad en que la sociedad se comprende y se organiza, resulta transformada positivamente y consigue reflejar mejor la unidad sustancial de la familia humana. Este es el presupuesto más válido para la consolidación de una auténtica fraternidad. Por lo tanto, es un proceso beneficioso la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional, así como en la eclesial. Las mujeres tienen pleno derecho a participar activamente en todos los ámbitos y su derecho debe ser afirmado y protegido también a través de los instrumentos legales donde se revelen necesarios. Se trata de ampliar los espacios para una presencia femenina más fuerte. Hay tantas y tantas mujeres que en las tareas llevadas a cabo en la vida cotidiana, con dedicación y conciencia, a veces con valentía heroica, han desarrollado y hacen buen uso de su genio, de sus rasgos valiosos en las más variadas, específicas y ral. En definitiva, todos —hombres y mujeres— están llamados a contribuir en la educación a la fraternidad universal que es, pues, en último término, educación para la paz en la complementariedad de las diferentes sensibilidades y funciones. Así, las mujeres, íntimamente vinculadas con el misterio de la vida, pueden hacer mucho para promover el espíritu de fraterni- Es un proceso beneficioso la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional así como en la eclesial La contribución de las mujeres no debe limitarse a los argumentos “femeninos” o a los encuentros la fraternidad —por su naturaleza inclusiva y generadora de lazos— puede superar la cultura del descarte. 3. Dialogar. Es evidente cómo la educación a la fraternidad universal, que quiere decir también aprender a construir lazos de amistad y respeto, es importante en el campo del diálogo interreligioso. Las mujeres se comprometen, a menudo más que los hombres, a nivel de “diálogo de vida” en el ámbito interreligioso, y así contribuyen a una mejor comprensión de los desafíos característicos de una realidad multicultural. Pero las mujeres pueden entrar con pleno derecho también en los intercambios a nivel de la experiencia religiosa, así como a nivel teológico. Muchas mujeres están muy bien preparadas para afrontar encuentros de diálogo interreligioso de alto nivel y no solo por parte católica. Esto significa que la contribución de las mujeres no debe limitarse a los argumentos “femeninos” o a los encuentros solamente para mujeres. El diálogo es un camino que la mujer y el hombre tienen que recorrer juntos. Hoy más que nunca, es necesario que las mujeres estén presentes. cualificadas competencias unidas a la experiencia real de ser madres y formadoras. 2. Educar a la fraternidad. Las mujeres, como educadoras, tienen una vocación particular, capaz de hacer que nazcan y crezcan nuevas formas de acogida y estima recíproca. La figura femenina siempre ha estado en el centro de la educación familiar, no exclusivamente como madre. La aportación de las mujeres en el campo de la educación es inestimable. Y la educación comporta una riqueza de implicaciones tanto para la propia mujer, por su forma de ser, como por sus relaciones, por su forma de solamente para mujeres dad, con su atención por la preservación de la vida y su convicción de que el amor es la única fuerza que puede hacer que el mundo sea habitable para todos. De hecho, las mujeres son a menudo las únicas que acompañan a los demás, especialmente a aquellos que son los más débiles en la familia y en la sociedad, a las víctimas de los conflictos y a cuantos se enfrentan a los retos de cada La mujer, que posee características peculiares, puede dar una contribución importante al diálogo con su capacidad de escuchar, de acoger y de abrirse generosamente a los demás. Os doy las gracias a todos, miembros, consultores y colaboradores del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, porque desempeñáis un valioso servicio. Espero que sigáis tejiendo la delicada tela del diálogo con todos los que buscan a Dios y los hombres de buena voluntad. Invoco sobre vosotros la abundancia de las bendiciones del Señor, y os pido, por favor, que recéis por mí.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de junio de 2017, número 24 Nuevo llamamiento del Papa Respuestas al grito de los refugiados Publicamos a continuación el mensaje enviado por el Papa a la presidenta del Parlamento latinoamericano y caribeño (Parlatino), Blanca Alcalá, con ocasión de los trabajos de la 33ª asamblea general, celebrada el 9 y 10 de junio en Panamá. estériles; en cambio, la relación con la persona de carne y hueso, nos ayuda a percibir las profundas cicatrices que lleva consigo, causadas por la razón o la sinrazón de su migración. Este encuentro ayudará a dar respuestas factibles en favor de los emigrantes y de los países receptores, asimismo contribuirá a que los acuerdos y las medidas de seguridad sean examinados desde la experiencia directa, observando si concuerdan o no con la realidad. Como miembros de una gran familia, debemos trabajar para colocar en el centro a la «persona» (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 9 enero 2017); ésta no es un mero número ni un ente abstrac- to sino un hermano o hermana que necesita sentir nuestra ayuda y una mano amiga. En este trabajo es indispensable el diálogo. No se puede trabajar de forma aislada; todos nos necesitamos. Tenemos que ser «capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y de la acogida» (Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, 2014). La colaboración conjunta es necesaria para elaborar estrategias eficientes y equitativas en la acogida de los refugiados. Lograr un consenso entre las partes es un trabajo «artesano», minucioso, casi imperceptible pero esencial para ir dando forma a los acuerdos y a las normati- A la señora Blanca Alcalá Presidenta del Parlamento Latinoamericano y Caribeño Estimada en el Señor: Con motivo del Foro «Diálogo Parlamentario de Alto Nivel sobre Migración en América Latina y el Caribe: Realidades y Compromisos rumbo al Pacto Mundial», la saludo en su calidad de Presidenta y, junto a usted, a todos los que tomarán parte en este evento. Los felicito por esta iniciativa que tiene como objetivo ayudar y hacer la vida más digna a aquellos que, teniendo una patria, lloran por no encontrar en sus países condiciones adecuadas de seguridad y subsistencia, viéndose obligados a emigrar a otros lugares. Del título de su encuentro me gustaría destacar tres palabras, que invitan a la reflexión y al trabajo: realidad, diálogo y compromiso. En primer lugar, la realidad. Es importante conocer el porqué de la migración y qué características presenta en nuestro continente. Esto requiere no sólo analizar esta situación desde «la mesa de estudio», sino tomar contacto con las personas, es decir con rostros concretos. Detrás de cada emigrante se encuentra un ser humano con una historia propia, con una cultura y unos ideales. Un análisis aséptico produce medidas vas. Se tienen que ofrecer todos los elementos a los gobiernos locales como también a la Comunidad internacional, a fin de elaborar los mejores pactos para el bien de muchos, especialmente de los que sufren en las zonas más vulnerables de nuestro planeta, como también en algunas áreas de Latinoamérica y el Caribe. El diálogo es fundamental para fomentar la solidaridad con los que han sido privados de sus derechos fundamentales, como también para incrementar la disponibilidad para acoger a los que huyen de situaciones dramáticas e inhumanas. Para dar una respuesta a las necesidades de los emigrantes, se requiere el compromiso de todas las partes. No podemos quedarnos en el análisis minucioso y en el debate de ideas, sino que nos apremia dar una solución a esta problemática. Latinoamérica y el Caribe tienen un rol internacional importante y la oportunidad de convertirse en actores claves ante esta compleja situación. En este compromiso «se necesita establecer planes a medio y largo plazo que no se queden en la simple respuesta a una emergencia» (Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 11 enero 2016). Estos sirven para establecer prioridades en la región también con una visión de futuro, como la integración de los emigrantes en los países que los reciben y la ayuda al desarrollo de los países de origen. A éstas se suman otras muchas acciones que son urgentes, como la atención a los menores: «Todos los niños tienen derecho a jugar […], tienen derecho en definitiva a ser niños» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 2017). Ellos necesitan nuestra solicitud y ayuda, también sus familias. A este respecto, renuevo mi llamado para detener el tráfico de personas, que es una lacra. Los seres humanos no pueden ser tratados como objetos ni como mercancía, pues cada uno lleva consigo la imagen de Dios (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 197-201). El trabajo es enorme y se necesitan hombres y mujeres de buena voluntad que, con su compromiso concreto, puedan dar respuesta a este «grito» que se eleva desde el corazón del emigrante. No podemos cerrar nuestros oídos a su llamado. Exhorto a los Gobiernos nacionales a asumir sus responsabilidades para con todos los que residen en su territorio; y renuevo el compromiso de la Iglesia Católica, a través de la presencia de las Iglesias locales y regionales, en responder a esta herida que llevan consigo tantos hermanos y hermanas nuestros. Por último, los animo en esta tarea que realizan y pido la intercesión de la Virgen Santa. Ella, que también vivió la emigración huyendo a Egipto con su esposo y su Hijo Jesús (Mt 2, 13), los cuide y sostenga con su ayuda maternal. Por favor, les pido que recen por mí; y pido al Señor que los bendiga. Vaticano, 7 de junio de 2017 FRANCISCO

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número 24, viernes 16 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 El Pontífice a la delegación de la diócesis nigeriana de Ahiara Por el bien del pueblo de Dios El Papa Franciso recibió en audiencia el jueves 8 de junio a los miembros de una delegación de la diócesis de Ahiara, acompañados por el cardenal John Onaiyekan, arzobispo de Abuja y administrador apostólico de Ahiara; por monseñor Anthony Obinna, arzobispo metropolita de Owerri; por Ignatius Kaigama, arzobispo de Jos y presidente de la Conferencia Episcopal de Nigeria y por monseñor Peter Okpaleke, obispo de Ahiara. Estaban presentes en el encuentro el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, el prefecto y los superiores de la Congregación para la evangelización de los pueblos. De la delegación formaron parte los sacerdotes Clement O. Ebii, Jude N. Uwalaka y Uhuegbu Innocent Olekamma; además, sor Bernadette O. Ezeyi y Stanley Pius Iwu, jefe tradicional de los religiosos y de los fieles laicos. Al finalizar el discurso del Pontífice —que publicamos a continuación— el cardenal Onaiyekan pronunció palabras de agradecimiento. Por su parte, el cardenal prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, Fernando Filoni, pidió a Francisco —el cual aceptó— que al finalizar esta situación de la diócesis de Ahiara, con su obispo, realicen una peregrinación a Roma y se reúnan con el Papa. Saludo cordialmente a la delegación y os doy las gracias por haber venido desde Nigeria con espíritu de peregrinación. Para mí, es un consuelo este encuentro porque estoy muy triste por la situación de la Iglesia en Ahiara. La Iglesia, de hecho (y pido perdón por la palabra), está como en estado de viudedad por haber impedido al obispo irse. Muchas veces me ha venido a la mente la parábola de los viñadores asesinos, de la que habla el Evangelio (cf. Mateo 21, 33-44)... que quieren apropiarse de la herencia. En esta situación la diócesis de Ahiara está como sin esposo, y perdió su fecundidad y no puede dar fruto. Quien se ha opuesto a la toma de posesión del obispo monseñor Okpaleke quiere destruir la Iglesia; eso no está permitido; quizá no se da cuenta, pero la Iglesia está sufriendo y el Pueblo de Dios en ella. El Papa no puede ser indiferente. Conozco muy bien las situaciones que desde hace años se arrastan en la diócesis y doy las gracias por la actitud de gran paciencia del obispo; digo de santa paciencia demostrada por él. He escuchado y reflexionado mucho, también sobre la idea de suprimir la diócesis; pero después he pensado que la Iglesia es madre y no puede dejar a tantos hijos como vosotros. Tengo un gran dolor por esos sacerdotes que son manipulados, quizá también desde el extranjero y desde fuera de la diócesis. Considero que aquí no se trata de un caso de tribalismo, sino de apropiación de la viña del Señor. La Iglesia es madre y quien la ofende cumple un pecado mortal, es grave. Por eso he decidido no suprimir la diócesis. Aun así, deseo dar algunas indicaciones para comunicar a todos: sobre todo hay que decir que el Papa está profundamente dolido, por tanto, pido que cada sacerdote y eclesiástico incardinado en la diócesis de Ahiara, tanto residente como que trabaje en otro lugar, también en el extranjero, escriba una carta dirigida a mí en la que pida perdón; todos deben escribir de forma individual y personalmente; todos debemos tener este dolor común. En la carta 1. se debe claramente manifestar total obediencia al Papa y, 2. quien escribe debe estar dispuesto a aceptar al obispo que el Papa envía, al obispo nombrado. 3. La carta debe ser enviada antes de 30 días a partir de hoy hasta el próximo 9 de julio. Quien no lo haga ipso facto será suspendido a divinis y será retirado de su cargo. Esto parece muy duro, pero ¿por qué el Papa hace esto? Porque el Pueblo de Dios está escandalizado. Jesús recuerda que quien escandaliza, debe asumir las consecuencias. Quizá alguno ha sido maniobrado sin un pleno conocimiento de la herida causada a la comunión eclesial. A vosotros, hermanos y hermanas, manifiesto vivo agradecimiento por vuestra presencia; así también al cardenal Onaiyekan por su paciencia y al obispo Okpaleke, de quien he admirado además de la paciencia también la humildad. Gracias a todos.

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número 24, viernes 16 de junio de 2017 El Papa Francisco celebrará el próximo 19 de noviembre, XXIII domingo del tiempo ordinario, la primera jornada mundial de los pobres, instituida el año pasado con la carta apostólica «Misericordia et misera» para concluir el Jubileo de la misericordia. Para esta ocasión, el martes 13 de junio por la mañana se difundió el texto del mensaje papal que publicamos a continuación. L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 El Pontífice vuelve a denunciar la injusticia social fruto de la avidez y de la explotación No resignarse al escándalo de la pobreza NO AMEMOS DE PALABRA SINO CON OBRAS 1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3, 18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que se percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4, 10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3, 16). Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados. 2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34, 7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6, 3) para que se encarguen de servir a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5, 3). «Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para La vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2, 5-6.14-17). 3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida al servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres. Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la ca- ridad y el estilo de vida de los cristianos. No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y herma- SIGUE EN LA PÁGINA 8

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de junio de 2017, número 24 No resignarse al escándalo de la pobreza VIENE DE LA PÁGINA 6 nas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50, 3: PG 58). Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma. 4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de Él y con Él, un camino que lleva a la felicidad del Reino de los cielos (cf. Mt 5, 3; Lc 6, 20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2545). Sigamos, pues, el ejemplo de san Fran- cisco, testigo de la au- téntica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y ser- virlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuche- mos el grito de los po- bres y nos comprome- tamos a sacarlos de su situación de margina- ción. Al mismo tiem- po, a los pobres que viven en nuestras ciu- dades y en nuestras comunidades les re- cuerdo que no pierdan el sentido de la pobre- za evangélica que lle- van impresa en su vi- da. 5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada. Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe respon- der con una nueva visión de la vida y de la sociedad. Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios. 6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres. Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna. 7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua. En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13, 2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre. 8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, Él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación. 9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo. Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio. Vaticano, 13 de junio de 2017 Memoria de San Antonio de Padua

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número 24, viernes 16 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 Papa Francisco y el presidente de la República italiana Sergio Mattarella en su visita al Quirinale del 10 de junio Es verdaderamente una relación especial y única la que une a Italia y la Santa Sede. Por razones históricas, naturalmete, pero también de carácter espiritual. Razones que han sido confirmadas y reforzadas por la visita oficial del Pontífice al Jefe del Estado italiano en el Quirinale, antigua residencia papal convertida en símbolo de la unidad del país. Razones radicadas profundamente, y que han encontrado un eco que resuena en la cordialidad evidente de este encuentro, último de una larga serie a lo largo de casi noventa años, y en la simpatía personal que une a Sergio Mattarella con Francisco, como recientemente el Presidente quiso subrayar durante su viaje a Argentina. Una patria lejana, «casi al final del mundo» dijo inmediatamente después de la elección el primer Papa americano, que al mismo tiempo en Italia se siente en casa. Reiteró efectivamente que aquí están sus raíces, mencionando con sobriedad y emoción: «Memoria grata hacia las generaciones que nos han precedido y que, con la ayuda de Dios, han llevado adelante los valores fundamentales: la dignidad de la persona, la familia, el trabajo». Y estos tres valores están «también en el centro de la Constitución republicana, que ha ofrecido y ofrece un estable cuadro de referencia para la vida democrática del pueblo» recordó Francisco. En continuidad con esta tradición humana y política es entonces posible orientarse también en el tiempo presente, ante escenarios preocupantes como el crecimiento del terrorismo fudamentalista, la dimensión mundial del fenómeno migratorio, el crecimiento del desempleo. Efectivamente, es «la dificultad de las jóvenes generaciones para acceder a un trabajo estable y digno, lo que contribuye a aumentar la desconfianza en el futuro», mientras «no favorece Una relación especial el nacimiento de nuevas familias y de hijos» dijo el Papa mencionando el grave y preocupante fenómeno del invierno demográfico que se extiende en buena parte de los países europeos. Y si ante las migraciones el Pontífice repitió que es «indispensable y urgente que se desarrolle una amplia e incisiva cooperación internacional», en su discurso el análisis se hizo severo y lúcido precisamente sobre el tema angustiante de la falta de trabajo, sobre todo para las nuevas generaciones. Aquí es «necesaria una nueva alianza de sinergias e iniciativas para que los recursos financieros sean puestos al servicio de este objetivo de gran alcance y valor social y no sean en cambio desviados y dispersos en inversiones prevalentemente especu- lativas, que denotan la falta de un diseño a largo plazo, la insuficiente consideración del verdadero rol de quien hace empresa y, en último análisis, debilidad e instinto de fuga ante los desafíos de nuestro tiempo». Un discurso, por ello, no solo institucional el que el Papa Francisco con riguroso respeto de los ámbitos propios del Estado y de la Iglesia, quiso dirigir al Presidente y por consiguiente a todo el país hablando de esperanza. Y confirmando la especial relación que une a Italia y la Santa Sede gracias al principio de laicidad, que definió «no hostil y conflictual, sino amistoso y colaborativo» y del cual las palabras de Mattarella y de Bergoglio son un ejemplo transparente. g.m.v. «Ninguna persona es un “no”. Todos son un “sí”, todas las personas tienen un significado, un valor». Lo dijo el Papa Francisco en un coloquio improvisado en español con algunos jóvenes conectados vía web desde distintas partes del mundo. La ocasión fue el viernes por la tarde, 9 de junio, en la inauguración de la sede vaticana de Scholas occurentes, en el edificio San Calixto en Trastevere, en Roma. Con el Pontífice dialogaron estudiantes de Scholas ciudadanía de nueve países: Italia, Colombia, Haití, Paraguay, Argentina, Brasil, México, España, Emiratos Árabes Unidos. Los jóvenes expresaron al Papa sus expectativas, dificultades, inquietudes. En particular, desde Italia, Pasquale contó que gracias al apoyo de Scholas consiguió ver el problema de la discriminación como un obstáculo a superar y a comprender la diversidad como una oportunidad. Desde España, Patricia dijo que esta experiencia con Scholas le ha ayudado a desarrollar los propios dones naturales a través de la música, el deporte y el arte. Desde los Emiratos Árabes Unidos, Lisandra y otros estudiantes contaron haber profundizado en varios temas de actualidad, entre los cuales el ciberacoso. Desde Metepec en México, algunos estudiantes explicaron cómo ha cambiado su forma de pensar después del debate y la profundización realizados juntos. Una chica confió haber entendido con más convicción que todos son personas con la mis- Inaugurada la nueva sede di Scholas occurrentes Acceso a la educación para todos ma dignidad, más allá de la raza, cultura y religión. Desde Medellín y Barranquilla, algunos jóvenes, acompañados por el alcalde de la ciudad, aseguraron haber aprendido a escuchar a los otros y a no imponer las propias ideas. En su intervención, el alcalde recordó a Francisco un partido de fútbol jugado por el club argentino San Lorenzo de Almagro en Barranquilla en los años setenta. Desde Río de Janeiro, un grupo de estudiantes, entre los cuales una joven con síndrome de Down, testimoniaron que gracias a la experiencia con Scholas comprendieron que los otros son perso- nas con sus cualidades que hay que apreciar y respetar. Desde Paraguay, el ministro de la educación y de las ciencias, Enrique Rierra, y el representante del Banco interamericano de desarrollo (BID), Eduardo Almeida, junto con un grupo de jóvenes, afirmaron que la metodología de Scholas se basa en una educación en valores. Los jóvenes explicaron que existe un antes y un después en sus vidas, después de haber conocido el proyecto de Scholas. Desde Haití, algunos jóvenes contaron que han entendido, entre otras cosas, la importancia de su rol en la sociedad. Algunos estudiantes desde Buenos Aires concluyeron la conexión. Acogido a su llegada por el presidente de Scholas, José María del Corral y el secretario, Enrique Palmeyro, el Pontífice inició la ceremonia de inauguración deshaciendo el nudo de una cinta blanca y verde atada a dos olivos. El Papa Francisco también inauguró el primer coworking dirigido a jóvenes migrantes, refugiados y sin techo en el Vaticano. Finalmente bendijo el olivo que el astronauta Paolo Nespoli llevará en su próxima misión espacial. Durante el encuentro, el presidente del Corral explicó cómo la apertura de la sede de Scholas representa «un paso fundamental y muy significativo en el recorrido de crecimiento internacional de la fundación». «La cultura del descarte nos hace trapos» dijo el Pontífice durante el diálogo con los jóvenes dirigiéndose en particular a Pasquale, que le presentó un proyecto contra el acoso escolar realizado por Scholas en Roma con la colaboración del ministerio de la instrucción, la universidad y la investigación. «¡No al acoso escolar!», subrayó el Papa. «Este trabajo que estáis haciendo de encontrarnos, dialogar, darse cuenta que hay problemas graves en la humanidad —añadió— os enriquece a vosotros y a nosotros adultos». Citando algunas de las autoridades políticas e institucionales presentes, el Pontífice indicó estar seguro de ello, «están aprendiendo de vosotros. Yo estoy aprendiendo de vosotros, pero debéis tener la valentía de lanzaros y ser creativos».

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de junio de 2017, número 24 COMUNICACIONES El Consejo de cardenales celebra su XX reunión El Consejo de cardenales se reunió con el Papa Francisco desde el 12 al 14 de junio en el Vaticano, dando así lugar a la XX reunión desde su creación. En esta ocasión, estaban presentes todos los miembros excepto el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston. El Pontífice participó en todas las reuniones, menos el miércoles por la mañana a causa de la audiencia general. Uno de los temas afrontados durante estos tres días de trabajo fue profundizar en las formas en la que la Curia romana puede servir mejor a las Iglesias locales. Tal y como explicó Greg Burke, director de la oficina de prensa de la Santa Sede, un ejemplo de ello sería una consulta más amplia, constituida también por los miembros de la vida consagrada y laicos, para los candidatos propuestos para nombramientos de obispos. Otra propuesta planteada es la posibilidad de transferir algunas facultades de los dicasterios romanos a los obispos locales o a las Conferencia Episcopales, «en un espíritu de sana descentralización», indicó Burke. Por ejemplo, «ordenar sacerdote a un diácono permanente no casado; el paso a nuevas nupcias de un diácono permante que se ha quedado viudo; la petición de acceder a la ordenación sacerdotal de un diácono permanente que se ha quedado viudo». Por otro lado, los cardenales hicieron ulteriores consideraciones sobre diversos dicasterios de la Curia, en particular sobre la Congregación para la Evangelización para los Pueblos. Asimis- mo, han estudiado y releído textos propuestos para entregar al Papa Francisco sobre el dicasterio para el Diálogo Interreligioso; el dicasterio para las Iglesias Orientales; el dicasterio para los Textos Legislativos y los tres tribunales (Penitenciaría Apostólica, Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y Tribunal de la Rota Romana). Por su parte, el cardenal George Pell, prefecto de la Secretaría para la Economía, facilitó una actualización del trabajo. Se dio particular atención a los pasos dados en el proceso de planificación de los recursos económicos y en el control de los planes financieros para el primer trimestre del 2017 que sustancialmente han confirmado, con pocas excepciones, los datos del presupuesto. En poco tiempo iniciará el proceso de presupuesto para el año 2018 y el del control para el segundo trimestre del 2017. Finalmente, el prefecto de la Secretaría para la Comunicación, monseñor Dario Edoardo Viganò, presentó un informe sobre el estado de la reforma del sistema comunicativo de la Santa Sede: ilustró el rendimiento económico y la gestión del dicasterio, exponiendo los resultados positivos. Después explicó los proyectos en fase de realización del nuevo sistema comunicativo, en línea con lo precisado por el Papa Francisco en el reciente discurso con ocasión de la primera Plenaria del dicasterio. La próxima reunión del Consejo de cardenales tendrá lugar en los días 11, 12 y 13 de septiembre. Encuentro entre el Estado de Israel y la Santa Sede La Comisión Bilateral Permanente de Trabajo entre la Santa Sede y el Estado de Israel se reunió los días 13 y 14 de junio, 2017, en Sesión Plenaria, en el Vaticano, para continuar las negociaciones en virtud del artículo 10 § 2 del Fundamental Agreement entre la Santa Sede y el Estado de Israel de 1993. El encuentro estuvo presidido por monseñor Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y Tzachi Hanegbi, Ministro de Cooperación Regional del Estado de Israel. La Sesión Plenaria manifestó su agrado por los progresos realizados por la Comisión de Trabajo en relación con las negociaciones desarrolladas en un ambiente cordial. Los resultados de la Plenaria actual brindan la esperanza de una pronta conclusión de las negociaciones en curso y de la firma del documento. La Plenaria reconoce, además, los esfuerzos de colaboración de ambas partes con respecto a la aplicación del Acuerdo Bilateral de 1997 sobre la Personalidad Jurídica Delegación de la Santa Sede: Monseñor Antoine Camilleri, Subsecretario para las Relaciones con los Estados. Monseñor Giuseppe Lazzarotto, nuncio apostólico en Israel. Monseñor Antonio Franco, nuncio apostólico. Padre Óscar Marzo O.F.M., Funcionario de la Congregación para las Iglesias Orientales. Monseñor Ionut Paul Strejac, Funcionario de la Secretaría de Estado. Henry Amoroso, Primer Consejero Jurídico; Padre Jacek Jasztal, O.F.M., Vicario de la Custodia de Tierra Santa; Padre Ibrahim Faltas, O.F.M., Custodio de Tierra Santa; Sor Kathy Zimmermann, F.S.E., Secretaria. Delegación del Estado de Israel Tzachi Hanegbi, Ministro de Cooperación Regional. Oren David, Embajador de Israel ante la Santa Sede Luto en el episcopado Monseñor WILLIAM C. NEWMAN, obispo auxiliar emérito de Baltimore, (EE.UU.) falleció el martes 20 de mayo. Emi Palmor, Directora General del Ministerio de Justicia. Ehud Keinan, Consultor Externo, Co-Presidente de la Comisión Bilateral Permanente de Trabajo. Akiva Tor, Jefe del Departamento de Asuntos Judíos y Religiosos en el Mundo (MAE). Joseph Draznin, Asesor del Ministro de Cooperación Regional. Sharon Regev, Directora del Departamento de Asuntos Religiosos en el mundo (MAE); Tamar Kaplan Primera Consejera Jurídico Adjunto y Director del Departamento de Derecho Civil y Diplomático (MAE). Itai Apter, Director de Asuntos Civiles Internacionales, Oficina del Fiscal General Adjunto, Ministerio de Justicia. Reuven Eidelman, Departamento de Derecho Diplomático y Civil, Ministerio de Justicia; Moshe Golan, Consultor externo. Amir Haran, Senior Advisor del Director General del Ministerio de Justicia. Dorit Shimon, Asesora del Ministro de Cooperación Regional. Nombramientos y renuncias El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Tucumán (Argentina) presentada por monseñor ALFREDO HORACIO ZECCA, trasladándolo contemporáneamente a la sede titular de Bolsena. El Papa ha acogido la petición del cardenal ROGER ETCHEGARAY para ser dispensado del cargo de vicedecano del Colegio Cardenalicio y, posteriormente, ha aprobado la elección, —efectuada por los señores cardenales de la orden de los obispos— del nuevo vicedecano de dicho Colegio en la persona de Su Eminencial el cardenal GIOVANNI BATTISTA RE, del título de la Iglesia suburbicaria de SabinaPoggio Mirteto. El Papa ha nombrado miembro de la Administración del Patrimono de la Sede Apostólica al cardenal KEVIN JOSEPH FARRELl, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. El Papa ha nombrado arzobispo metropolitano de Indianápolis (EEUU) a monseñor CHARLES C. THOMPSON, hasta ahora obispo de Evansville (Indiana).

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número 24, viernes 16 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Misa en Santa Marta página 11 Dios se las arregla para entrar Es suficiente con tener la puerta del corazón entreabierta y «Dios se las arregla para entrar», salvándonos de terminar en la fila de los «in-misericordiosos»: neologismo para entender a aquellos que sin misericordia ponen en práctica las bienaventuranzas al contrario. Es precisamente la tentación «narcisista de la autorreferencialidad» —lo opuesto de «la alteridad» cristiana que «es don y servicio»— sobre la que el Papa Francisco advirtió en la misa celebrada el lunes por la mañana, 12 de junio, en Santa Marta. La alteridad que hace crecer la verdadera consolación y la verdadera consolación del alma madura también en otra alteridad, para que nosotros podamos consolar a los demás Refiriéndose al pasaje de la segunda carta de Pablo a los Corintios (1, 1-7), propuesto por la liturgia como primera lectura, el Pontífice hizo notar enseguida que en apenas «diecinueve líneas en ocho ocasiones Pablo habla de consolación, de dejarse consolar para consolar a los demás». La consolación, entonces, «aparece ocho veces en diecinueve líneas: es demasiado fuerte, algo quiere decirnos». Y «por ello creo —añadió— que esta sea una oportunidad, una ocasión para reflexionar sobre la consolación: qué es la consolación de la cual habla Pablo». Pero «antes de todo debemos ver que la consolación no es autónoma, no es una cosa cerrada en sí misma». Efectivamente, hizo presente el Papa, «la experiencia de la consolación, que es una experiencia espiritual, necesita siempre una alteridad para ser plena: nadie puede consolarse a sí mismo, nadie». Y quien «intenta hacerlo, termina mirándose al espejo: se mira al espejo, intenta maquillarse a sí mismo, aparentar; se consuela con estas cosas cerradas que no le dejan crecer y el aire que respira es ese aire narcisista de la autorreferencialidad». Pero «esta es la consolación maquillada que no deja crecer, no es la consolación porque es cerrada, le falta una alteridad». «En el Evangelio encontramos a mucha gente que es así» explicó Francisco. «Por ejemplo —dijo— los doctores de la ley que están llenos de su propia suficiencia, cerrados, y esta es “su consolación” entre comillas». El Papa quiso hacer explícita referencia al «rico Epulón, que vivía de fiesta en fiesta y con esto pensaba ser consolado». Pero, afirmó, son quizás las palabras de la oración del fariseo, del publicano, ante el altar, las que mejor expresan esta actitud: «Te doy las gracias Dios porque no soy como los otros». En definitiva, ese hombre «se miraba al espejo, miraba su propia alma maquillada por ideologías y daba gracias al Señor». Es Jesús mismo quien «hace ver esta posibilidad de esta gente que, con este modo de vivir, nunca llegará a la plenitud» sino «a lo sumo a la “hinchazón”, o sea a la vanagloria». «La consolación, para ser verdadera, para ser cristiana, necesita una alteridad» continuó Francisco, porque «la verdadera consolación se recibe». Por esta razón «Pablo comienza con esa bendición: “sea bendito Dios, Padre del Señor nuestro Jesucristo, Padre misericordioso ¡y Dios de toda consolación!”». Y «es precisamente el Señor, es Dios quien nos consuela, es Dios quien nos da este don: nosotros con el corazón abierto, Él viene y nos da». Esta es «la alteridad que hace crecer la verdadera consolación; y la verdadera consolación del alma madura también en otra alteridad, para que nosotros podamos consolar a los demás». He aquí, entonces, que «la consolación es un estado de paso del don recibido al servicio donado», tanto que «la verdadera consolación tiene esta doble alteridad: es don y servicio». «Así —reiteró el Pontífice— si yo dejo entrar la consolación del Señor como don es porque necesito ser consolado: estoy necesitado». Efectivamente «para ser consolado es necesario reconocer estar necesitado: solamente así el Señor viene, nos consuela y nos da la misión de consolar a los demás». Cierto, reconoció Francisco, «no es fácil tener el corazón abierto para recibir el don y hacer el servicio, las dos alteridades que hacen posible la consolación». «Es precisamente Jesús quien explica cómo puedo hacer que mi corazón esté abierto» afirmó el Papa: «Un corazón abierto es un corazón feliz y en el Evangelio hemos oído quiénes son los felices, quiénes son los bienaventurados: los pobres». Así «el corazón se abre con una actitud de pobreza, de pobreza de espíritu: los que saben llorar, los dóciles, la docilidad del corazón; los hambrientos de justicia, que luchan por la justicia; los que son misericordiosos, que tienen misericordia hacia los demás; los puros de corazón; los agentes de paz y los que son perseguidos por la justicia, por amor a la justicia». Y «así el corazón se abre y el Señor viene con el don de la consolación y la misión de consolar a los demás». Pero sin embargo hay, advirtió Francisco, también quienes «tienen un corazón cerrado: no son felices porque no puede entrar el don de la consolación y darlo a los demás». No siguen las bienaventuranzas, en definitiva, y «se sienten ricos de espíritu, es decir suficientes». Son «aquellos que no tienen necesidad de llorar porque se sienten justos; los violentos que no saben qué es la docilidad; los injustos que viven en la injusticia y cometen injusticia; los “in-misericordiosos” —es decir, sin misericordia— que nunca perdonan, nunca tienen necesidad de perdonar porque no se sienten con la necesidad de ser perdonados; los sucios de corazón; los agentes de guerras, no de paz; y los que nunca son criticados o perseguidos porque luchan por la justicia porque a ellos no les importan las injusticias de las otras personas: estos están cerrados». Precisamente ante estas bienaventuranzas al contrario, sugirió el Pontífice, «nos hará bien hoy pensar» en «cómo está mi corazón: ¿abierto? ¿Sé recibir el don de la consolación, lo pido al Señor, y luego sé darlo a los demás como un don del Señor y mi servicio?». Y «así, con estos pensamientos durante la jornada, volver a agradecer al Señor que es muy bueno y siempre intenta consolarnos». Recordando que Dios «nos pide solamente que la puerta del corazón esté abierta o al menos un poquito, así luego Él se las arregla para entrar».

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 16 de junio de 2017, número 24 Dios da el primer paso En la audiencia general el Papa explica la gratuidad del verdadero amor «El primer paso que Dios da hacia nosotros es el de un amor que se anticipa y es incondicional». Lo recordó el Papa Francisco a los fieles reunidos el miércoles 14 de junio en la plaza de San Pedro para la audiencia general. Prosiguiendo con las catequesis dedicadas a la esperanza, el Pontífíce reiteró que «Dios ama primero» y lo hace «porque Él mismo es amor». Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy hacemos esta audiencia en dos lugares, pero unidos por las pantallas gigantes: los enfermos, para que no sufran tanto el calor, están en el Aula Pablo VI, y nosotros aquí. Pero permanecemos todos juntos y nos une el Espíritu Santo, que es aquel que hace siempre la unidad. ¡Saludamos a los que están en el Aula! Ninguno de nosotros puede vivir sin amor. Y una fea esclavitud en la que podemos caer es la de creer que el amor haya que merecerlo. Quizá gran parte de la angustia del hombre contemporáneo deriva de eso: creer que si no somos fuertes, atractivos y guapos, entonces nadie se ocupará de nosotros. Muchas personas hoy buscan una visibilidad solo para colmar un vacío interior: como si fuéramos personas eternamente necesitadas de confirmaciones. Pero, ¿os imagináis un mundo donde todos mendigan motivos para suscitar la atención de los otros, y sin embargo ninguno está dispuesto a querer gratuitamente a otra persona? Imaginad un mundo así: ¡un mundo sin la gratuidad del querer! Parece un mundo humano, pero en realidad es un infierno. Muchos narcisismos del hombre nacen de un sentimiento de soledad y de orfandad. Detrás de muchos comportamientos aparentemente inexplicables se esconde una pregunta: ¿es posible que yo no merezca ser llamado por mi nombre, es decir ser amado? Porque el amor siempre llama por el nombre... Cuando quien no es o no se siente amado es un adolescente, entonces puede nacer la violencia. Detrás de muchas formas de odio social y de vandalismo hay a menudo un co- razón que no ha sido reconocido. No existen niños malos, como no existen adolescentes del todo malvados, pero existen personas infelices. ¿Y qué puede hacernos felices si no la experiencia del amor dado y recibido? La vida del ser humano es un intercambio de miradas: alguno que mirándonos nos arranca la primera sonrisa, y nosotros que gratuitamente sonreímos a quien está cerrado en la tristeza, y así le abrimos un camino de salida. Intercambio de miradas: mirar a los ojos y se abren las puertas del corazón. El primer paso que Dios da hacia nosotros es el de un amor que se anticipa y es incondicional. Dios ama primero. Dios no nos ama porque en nosotros hay alguna razón que suscita amor. Dios nos ama porque Él mismo es amor, y el amor tiende por su naturaleza a difundirse, a donarse. Dios no une tampoco su bondad a nuestra conversión: más bien esta es una consecuencia del amor de Dios. San Pablo lo dice de forma perfecta: «Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Romanos 5, 8). Mientras éramos todavía pecadores. Un amor incondicional. Estábamos “lejos”, como el hijo pródigo de la parábola: «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido...» (Lucas 15, 20). Por amor nuestro Dios ha cumplido un éxodo de sí mismo, para venir a encontrarnos a esta tierra donde era insensato que Él transitara. Dios nos ha querido también cuando estábamos equivocados. ¿Quién de nosotros ama de esta manera, sino quien es padre o madre? Una madre continúa queriendo a su hijo también cuando este hijo está en la cárcel. Yo recuerdo a muchas madres, que hacían la fila para entrar en la cárcel, en mi diócesis precedente. Y no se avergonzaban. El hijo estaba en la cárcel, pero era su hijo. Y sufrían muchas humillaciones en el registro, antes de entrar, pero: “¡Es mi hijo!”. “¡Pero, señora, su hijo es un delincuente!” — “¡Es mi hijo!”. Solamente este amor de madre y de padre nos hace entender cómo es el amor de Dios. Una madre no pide la cancelación de la justicia humana, porque cada error exige una redención, pero una madre no deja nunca de sufrir por el propio hijo. Lo ama también cuando es pecador. Dios hace lo mismo con nosotros: ¡somos sus hijos amados! ¡Pero puede ser que Dios tenga algunos hijos que no ame? No. Todos somos hijos amados por Dios. No hay ninguna maldición sobre nuestra vida, sino solo una bondadosa palabra de Dios, que ha creado nuestra existencia de la nada. La verdad de todo es esa relación de amor que une al Padre con el Hijo mediante el Espíritu Santo, relación en la que nosotros somos acogidos por gracia. En Él, en Jesucristo, nosotros hemos sido queridos, amados, deseados. Hay Alguno que ha impreso en nosotros una belleza primordial, que ningún pecado, ninguna elección equivocada podrá nunca cancelar del todo. Nosotros estamos siempre delante de los ojos de Dios, pequeñas fuentes hechas para que brote agua buena. Lo dijo Jesús a la mujer samaritana: «El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Juan 4, 14) Para cambiar el corazón de una persona infeliz, ¿cuál es la medicina? ¿Cuál es la medicina para cambiar el corazón de una persona que no es feliz? [responden: el amor] ¡Más fuerte! [gritan: ¡el amor!] ¡Muy bien, muy bien, muy bien todos! ¿Y cómo se hace sentir a la persona que la amas? Es necesario sobre todo abrazarla. Hacer sentir que es deseada, que es importante, y dejará de estar triste. Amor llama amor, de forma más fuerte de lo que el odio llama a la muerte. Jesús no murió y resucitó para sí mismo, sino por nosotros, para que nuestros pecados sean perdonados. Es por tanto tiempo de resurrección para todos: tiempo de sacar a los pobres del desánimo, sobre todo aquellos que yacen en el sepulcro desde un tiempo más largo de tres días. Sopla aquí, sobre nuestros rostros, un viento de liberación. Brota aquí el don de la esperanza. Y la esperanza es la de Dios Padre que nos ama como somos nosotros: nos ama siempre a todos. ¡Gracias! Al finalizar la catequesis, dirigió un saludo a los fieles de lengua española: Queridos hermanos: En la catequesis de hoy consideramos cómo la certeza de la esperanza se funda en que somos hijos amados de Dios. Nadie puede vivir sin amor. En cierto modo, detrás de muchas reacciones de odio y violencia se esconde un gran vacío interior, un corazón que no ha sido amado verdaderamente. Lo único que puede hacer feliz a una persona es la experiencia de amar y de ser amado. El primer paso que da Dios hacia nosotros es su amor anticipado e incondicionado. Dios nos ama antes de que nosotros hayamos hecho algo para merecerlo. Él es amor, y el amor tiende por naturaleza a difundirse, a donarse. Como una madre, que no deja nunca de amar a su hijo, aunque haya cometido un error y deba cumplir con la justicia, así Dios nunca deja de amarnos, porque somos sus hijos queridos. El amor llama al amor. Para cambiar el corazón de una persona, en primer lugar hay que abrazarla, que sienta que es importante para nosotros y que es querida. Así comenzará a despuntar también en ella el don de la esperanza. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Pidamos a la Virgen María que nos dejemos guiar siempre por el amor de su Hijo. Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

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