Osservatore Romano 2519

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 23 (2.519) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 9 de junio de 2017 El Papa implora por la unidad de los cristianos Para demostrar que la paz es posible «Un minuto de silencio para invocar la paz en el mundo». Eran casi las 13:00 —hora en la que se renovó en diversos países la cita de oración en recuerdo de la reunión entre el Papa y los presidentes israelí y palestino— cuando el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, invitando a los presentes a rezar, abrió la presentación de la edición semanal panameña del L’Osservatore Romano. El encuentro se llevó a cabo el 8 de junio en la sede de Rome Reports con la presencia de numerosos periodistas. El arzobispo de Panamá explicó que la nueva edición se dirige a todos, en particular a los jóvenes, en vista de la Jornada mundial de la juventud del 2019. El prelado destacó cómo Centroamérica es una unidad, con una solo Iglesia bañada por la sangre de los mártires, en particular la del beato Óscar Arnulfo Romero. El semanal de L’Osservatore Romano —añadió— servirá para hacer conocer y acercar a muchas personas al magisterio del Papa. El director del periódico recordó que la nueva edición se incluye entre las que ya se imprimen en América Latina (Argentina, México, Perú) y confirma el compromiso para una mayor difusión de la palabra del Pontífice. Les hizo eco la embajadora de Panamá ante la Santa Sede, Miroslava Rosas Vargas, que dio las gracias a los que han hecho posible la iniciativa. Y Antonio Olivié, responsable de Rome Reports, dijo que el proyecto editorial es coherente con el objetivo del periódico de ofrecer profundizaciones y reflexiones sobre el mensaje del Papa, de forma que se pone al lado de las imágenes que televisión, vídeo y fotografía transmiten en el mundo. Entre los presentes, el cardenal panameño, José Luis Lacunza Maestrojuán, con los obispos del país en Roma para la visita ad limina; el cardenal electo Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de San Salvador; el secretario encargado de la vicepresidencia de la Pontificia Comisión para América Latina, Guzmán Carriquiry Lecour; los embajadores ante la Santa Sede de Honduras, Carlos Ávila Molina, y Guatemala, Alfredo Vásquez Rivera, y el agregado de la embajada de Nicaragua, Marvin Alberto Padilla. Con ellos estaban Silvina Pérez, responsable de la edición en lengua española del periódico, y Marcelo Figueroa, que guía la edición argentina de L’Osservatore Romano. Ecumenismo carismático MARCELO FIGUEROA El ecumenismo no es una suma de buenas intenciones humanas, nace de la misma oración sacerdotal de Jesús «Que sean uno para que el mundo crea» (Juan 17, 21). El ecumenismo carismático no es una exaltación entusiasta pasajera, es el centro de la unión enseñada por el apóstol san Pablo «…hay un solo Espíritu» (Efesios 4, 4). A continuación el apóstol de los gentiles dice también «Hay un solo Señor» (Efesios 4, 5). «Jesús es el Señor» fue el lema del encuentro ecuménico entre carismáticos católicos y pentecostales evangélicos en el Circo Máximo el pasado sábado. SIGUE EN LA PÁGINA 6 VIGILIA EN CIRCO MASSIMO EN PÁGINAS 6-7

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 9 de junio de 2017, número 23 En la misa de Pentecostés el Papa recuerda cuál es cemento que une los ladrillos de la Iglesia Perdón recibido y donado El perdón «recibido» y el perdón «ofrecido» es «el cemento que une los ladrillos» de la Iglesia: lo recordó el Pontífice en la homilía de Pentecostés celebrada por la mañana del domingo 4 de junio, en plaza de San Pedro. Hoy concluye el tiempo de Pascua, cincuenta días que, desde la Resurrección de Jesús hasta Pentecostés, están marcados de una manera especial por la presencia del Espíritu Santo. Él es, en efecto, el Don pascual por excelencia. Es el Espíritu creador, que crea siempre cosas nuevas. En las lecturas de hoy se nos muestran dos novedades: en la primera lectura, el Espíritu hace que los discípulos sean un pueblo nuevo; en el Evangelio, crea en los discípulos un corazón nuevo. Un pueblo nuevo. En el día de Pentecostés el Espíritu bajó del cielo en forma de «lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas» (Hch 2, 3-4). La Palabra de Dios describe así la acción del Espíritu, que primero se posa sobre cada uno y luego pone a todos en comunicación. A cada uno da un don y a todos reúne en unidad. En otras palabras, el mismo Espíritu crea la diversidad y la unidad y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal. En primer lugar, con imaginación e imprevisibilidad, crea la diversidad; en todas las épocas, en efecto, hace que florezcan carismas nuevos y variados. A continuación, el mismo Espíritu realiza la unidad: junta, reúne, recompone la armonía: «Reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre sí» (Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Juan, XI, 11). De tal manera que se dé la unidad verdadera, aquella según Dios, que no es uniformidad, sino unidad en la diferencia. Para que se realice esto es bueno que nos ayudemos a evitar dos tentaciones frecuentes. La primera es buscar la diversidad sin unidad. Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quizás considerándonos mejores o aquellos que siempre tienen razón. Son los así llamados «custodios de la verdad». Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos «seguidores» partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Espíritu; cristianos de «derechas o de izquierdas» antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia. Así se produce una diversidad sin unidad. En cambio, la tentación contraria es la de buscar la unidad sin diversidad. Sin embargo, de esta manera la unidad se convierte en uniformidad, en la obligación de hacer todo juntos y todo igual, pensando todos de la misma manera. Así la unidad acaba siendo una homologación donde ya no hay libertad. Pero dice san Pablo, «donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2 Co 3, 17). Nuestra oración al Espíritu Santo consiste entonces en pedir la gracia de aceptar su unidad, una mirada que abraza y ama, más allá de las preferencias personales, a su Iglesia, nuestra Iglesia; de trabajar por la unidad entre todos, de desterrar las murmuraciones que siembran cizaña y las envidias que envenenan, porque ser hombres y mujeres de la Iglesia significa ser hombres y mujeres de comunión; significa también pedir un corazón que sienta la Iglesia, madre nuestra y casa nuestra: la casa acogedora y abierta, en la que se comparte la alegría multiforme del Espíritu Santo. Y llegamos entonces a la segunda novedad: un corazón nuevo. Jesús Resucitado, en la primera vez que se aparece a los suyos, dice: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan per- donados» (Jn 20, 22-23). Jesús no mos corregir a los demás en la cari- los condena, a pesar de que lo ha- dad. Pidámoslo al Espíritu Santo, bían abandonado y negado durante fuego de amor que arde en la Iglesia la Pasión, sino que les da el Espíritu y en nosotros, aunque a menudo lo de perdón. El Espíritu es el primer cubrimos con las cenizas de nuestros don del Resucitado y se da en pri- pecados: «Ven Espíritu de Dios, Se- mer lugar para perdonar los peca- ñor que estás en mi corazón y en el dos. Este es el co- mienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene uni- Palabras del Regina Caeli dos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perdón. Por- En la solemnidad de Pentecostés que el perdón es el don por excelencia, es el Queridos hermanos y hermanas: amor más grande, el Hoy, fiesta de Pentecostés, se publica mi que mantiene unidos a Mensaje para la próxima Jornada Misionera pesar de todo, que Mundial, que se celebra cada año en el mes de evita el colapso, que octubre. El tema es: La misión en el corazón de la refuerza y fortalece. El fe cristiana. El Espíritu Santo sostenga la misión perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da de la Iglesia en el mundo entero y dé fuerza a todos los misioneros y misioneras del Evangelio. El espíritu done paz al mundo entero; sane las esperanza, sin perdón llagas de la guerra y del terrorismo, que tam- no se construye la bién esta noche, en Londres, ha golpeado a ci- Iglesia. El Espíritu de perdón, que conduce todo a la armonía, nos empuja a rechazar otras vías: esas precipitadas de quien juzga, las que no tienen salida propia del que cierra todas las puertas, las de sentido único de quien critica a los demás. El Espíritu en cambio nos insta a recorrer la vía de doble sentido del perdón ofrecido y del perdón recibido, de la misericordia divina que se viles inocentes: rezamos por las víctimas y sus familiares. Os saludo a todos vosotros, peregrinos provenientes de Italia y de tantas partes del mundo, que habéis participado en esta celebración. En particular a los grupos de la Renovación Carismática Católica, que celebra el 50° aniversario de su fundación, y también a los hermanos y hermanas de otras confesiones cristianas que se unen a nuestra oración. Saludo a las Hijas de María Auxiliadora de los países latinoamericanos. Saludo y doy las gracias al coro y la orquesta de los jóvenes de Carpi, que han interpretado algunos cantos durante esta Santa Misa, en colaboración con la Capilla Sixtina. Invocamos ahora la materna intercesión de la Virgen María. Ella nos obtenga la gracia de ser fuertemente animados por el Espíritu Santo, para dar testimonio de Cristo con franqueza evangélica. hace amor al prójimo, de la caridad que «ha de ser en todo momento lo que nos corazón de la Iglesia, tú que condu- induzca a obrar o a dejar de obrar, a ces a la Iglesia, moldeándola en la cambiar las cosas o a dejarlas como diversidad. Para vivir, te necesitamos están» (Isaac de Stella, Sermón 31). como el agua: desciende una vez Pidamos la gracia de que, renován- más sobre nosotros y enséñanos la donos con el perdón y corrigiéndo- unidad, renueva nuestros corazones nos, hagamos que el rostro de nues- y enséñanos a amar como tú nos tra Madre la Iglesia sea cada vez amas, a perdonar como tú nos per- más hermoso: sólo entonces podre- donas. Amén». L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 23, viernes 9 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 Llegados desde las zonas golpeadas por el terremoto de Italia central Embajadores de Francisco El Papa Francisco tiene cuatrocientos nuevos «pequeños embajadores» a los que ha encomendado la tarea de testimoniar que es posible encontrar «la fuerza para recuperarse» y recomenzar a vivir después de «una calamidad» si «se trabaja todos juntos, por el mismo objetivo» y si se encomienda con «confianza al Señor y a la Virgen». Y este singular cuerpo diplomático acreditado ante el Papa aceptó con entusiasmo la misión, fuerte por las credenciales de haber vivido sobre la propia piel precisamente la experiencia del dolor y de la reconstrucción. «Venimos de Accumoli, Amatrice, Arquata del Tronto, Acquasanta Terme, San Benedetto del Tronto, Cascia y Norcia» dijeron a Francisco los niños —entre los seis y los doce años— enumerando así los nombres de los lugares que componen la geografía del terremoto. Para hablar con el Pontífice, llegaron puntuales a las 11 a la estación del Vaticano, con el ya tradicional Tren de los niños —precisamente un Freccia rossa 1000— organizado por el atrio de lo gentiles, emanación del Pontificio Consejo de la Cultura, y de las Ferrovías del estado italianas. Y el Papa les acogió poco antes del mediodía del sábado 3 de junio El Pontífice con los niños del grupo Grial Como antiguos caballeros Hicieron verdaderamente lío los chicos del grupo del Grial, llamados también “los caballeros”, en espera de la llegada del Pontífice en el Aula Pablo VI. Cantos, gritos, eslóganes, pancartas blancas y amarillas que se agitaban con el mensaje «Viva Papa Francisco». Fue una mañana animada por los más de cinco mil chicos de educación secundaria acompañados por sus padres y por los educadores. Provenían no solo de Italia, sino también de España, Portugal, Suiza y Bélgica. Muchos otros estaban comunicados vía satélite desde Sudamérica y Estados Unidos. El ritmo de la música tocada por la banda musical recorrió como una ola todo el aula. El fragor de los tambores y de los platos de la batería, junto con la melodía de las guitarras y de las trompetas, acompañó el repertorio de los cantos que se alternaron con la proyección de un vídeo sobre la acogida y la oración del Ángelus. En espera del Papa fueron proyectadas también breves entrevistas, algunos testimonios, imágenes de chicos jugando, rezando, cantando, participando en la misa: fragmentos de vida en común entre los miembros del grupo Grial. En las pantallas se veían imágenes de retiros, vacaciones, campamentos, competiciones deportivas. A la llegada del Pontífice, don Marcello Brambilla le dirigió un breve saludo, en el cual subrayó cómo el grupo de los caballeros está en camino «para reconocer que la vida es bella porque Jesús nos quiere». El sacerdote señaló después cómo el grupo de chicos, padres y educadores esté unido por una amistad que les ha hecho crecer en la fe. En particular, los educadores tienen «una pasión educativa por estos chicos para que su gran deseo y cada una de sus preguntas sean tomadas en serio y encuentren a Aquel que sólo puede responder». Los caballeros del Grial constituyen un grupo de chicos, chicas y profesores de educación secundaria que tiene el objetivo de profundizar juntos la experiencia cristiana en todos los aspectos de la vida: estudio, deporte, tiempo libre. El nombre indica una característica fundamental de la vida cristiana: la continua búsqueda de algo precioso, del tesoro de la vida, simbolizado por el Grial, el cáliz usado por Jesús en la última cena. En la base está una propuesta educativa dirigida a descubrir que en compañía de Jesús toda la vida se vuelve más bella. Nació así la idea de proponer la experiencia del Grial: juntarse para buscar la verdad. La iniciativa nació a finales de los años ochenta por la intuición de un sacerdote, don Giorgio Pontiggia, rector del instituto Sagrado Corazón de Milán, fallecido en 2009. Junto con él colaboraron en la fundación del grupo de tres profesores: Gloria Cuccato, Lucio Farè, Franca Rava. Para identificarse con los caballeros medievales, los chicos van a visitar las antiguas ciudades y leen narraciones de varios personajes o vidas de santos como Benedicto y Francisco. en el atrio del aula Pablo VI. Es más: Francisco quiso entrar en el aula llevando de la mano a veinte niños, en una verdadera pequeña cadena de afecto. Un gesto que hizo sentir a los niños como en casa, eliminando protocolos y barreras. Y así surgió un verdadero diálogo en familia, un pregunta y respuesta sobre cuestiones cruciales que los niños se siguen haciendo después del día del terremoto. Por otro lado, se prepararon bien para este encuentro, presentándose con la desafiante tarjeta de visita de querer ser «custodios de la tierra»: de esa tierra que, explicaron «hemos visto temblar y que se ha llevado nuestros seres queridos, casas y escuelas». Así Francisco, invitó a los niños a acercarse al micrófono para confiarle los sentimientos que tenían en el corazón. Y no faltaron las preguntas simpáticas. Mientras que los más grandes y dos dirigentes escolares evocaron también los momentos dramáticos del terremoto y el esfuerzo de estudiar a pesar de la precariedad de las estructuras. «Nadie ha perdido el año escolar, esto es bueno», se alegró el Papa. «Habéis vivido una calamidad y las calamidades hieren el alma» añadió, asegurando que «el Señor nos ayuda a recuperarnos» e invitando a recitar el avemaría para dar gracias a la Virgen «por las cosas buenas que nos ha dado esta calamidad». Y a los más pequeños Francisco dedicó el tuit del día de @Pontifex: «Promovamos con valor todos los medios necesarios para proteger la vida de los niños». Entre los regalos llevados al Papa por los niños de Italia central, el libro Nosotros sobre esta tierra que tiembla... a propó- sito de terremotos, publicado por la editorial L’Io y el mundo de Tj, que afronta la cuestión del sisma con el lenguaje de los más pequeños. En esas páginas, que cuentan con el patrocinio del senado de la República italiana, «arquitectos, educadores, docentes, psiquiatras y sismólogos proponen consejos sobre cómo afrontar los traumas». Realmente «los niños pueden ser los “custodios de la creación”, testimonio para los adultos en esta nueva visión de la tierra» que es siempre «madre» también cuando parece «mala» explicó el cardenal Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la cultura. «Para todos el encuentro con el Papa es un momento para curar las heridas pero también para afrontar con responsabilidad temas más elevados, como el respeto del ambiente». Por otro lado, según el purpurado, los más pequeños «tienen una sensibilidad extraordinaria para vivir y elaborar también eventos difíciles como los terremotos». Es la quinta edición del Tren de los niños señaló, recordando las precedentes experiencias que vieron como protagonistas también a los pequeños refugiados. En el encuentro participaron también los niños de la asociación romana Deporte sin fronteras, que había acogido a los coetáneos en la estación de Termini, desde donde después llegaron juntos al Vaticano. Y para terminar una pequeña sorpresa: los jóvenes de la orquesta Maré do Amanhã, nacida en un favela de Río de Janeiro, tocaron dos piezas de la tradición argentina particularmente queridas para el Papa quien, de hecho, confió haberse emocionado profundamente, llamándoles junto a él para un abrazo: el popular tango Por una cabeza de Carlos Gardel y Adiós Nonino, entre las más célebres composiciones de Astor Piazzolla.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 9 de junio de 2017, número 23 «No os canséis de llevar consuelo a las poblaciones que a menudo están marcadas por gran pobreza y sufrimientos agudos, como por ejemplo en tantas partes de África y de América Latina»: lo pidió el Papa a los misioneros y las misioneras de la Consolata recibidos el lunes por la mañana 5 de junio, en la Sala Clementina, con ocasión de los respectivos capítulos generales. Queridos misioneros y queridas misioneras de la Consolata: Me alegra acogeros juntos a la rama masculina y la rama femenina de la Familia religiosa fundada por el beato Giuseppe Allamano, con ocasión de los respectivos capítulos generales. Os saludo a todos con afecto y os deseo que vuestros trabajos capitulares se desarrollen con serenidad y docilidad al Espíritu. Extiendo mi afectuoso saludo a vuestros hermanos y hermanas que trabajan, a menudo en condiciones difíciles, en distintos continentes, y les animo a continuar con generosa fidelidad en su compromiso de misión ad gentes. Deseo ahora ofreceros algunas sugerencias para que estos días produzcan abundantes frutos de bienes en vuestras comunidades y en la actividad misionera de la Iglesia. Vosotros estáis llamados a profundizar vuestro carisma, para proyectaros con renovado impulso en la obra de evangelización, en la perspectiva de las urgencias pastorales y de las nuevas pobrezas. Mientras con alegría doy las gracias al Señor por el bien que vosotros estáis haciendo en el mundo, quisiera exhortaros a realizar un atento discernimiento sobre la A la familia religiosa de la Consolata Entre las pobrezas y los sufrimientos situación de los pueblos en medio de los cuales realizáis vuestra acción evangelizadora. No os canséis de llevar consuelo a las poblaciones que a menudo están marcadas por gran pobreza y sufrimientos agudos, como por ejemplo en tantas partes de África y de América Latina. Dejaos continuamente provocar por las realidades concretas con las que estáis en contacto y buscad ofrecer de formas adecuadas el testimonio de la caridad que el Espíritu Santo infunde en vuestros corazones (cf Romanos 5, 5). La historia de vuestros Institutos, hecha —como en cualquier familia— de alegrías y dolores, de luces y de sombras, fue marcada y fecunda también en estos últimos años de la Cruz de Cristo. ¿Cómo no recordar aquí a vuestros hermanos y hermanas que han amado el Evangelio de la caridad más que a sí mismos y han coronado el servicio misionero con el sacrificio de la vida? Su elección evangélica sin reservas ilumine vuestro compromiso misionero y sirva de ánimo para todos a proseguir con renovada generosidad en vuestra peculiar misión en la Iglesia. Para llevar adelante esta no fácil misión, es necesario vivir la comunión con Dios en la percepción cada vez más consciente de la misericordia de En octubre de 2019 por el centenario de la carta apostólica «Maximum illud» de Benedicto xv Un mes de oración por las misiones «He acogido con pla- cer vuestra propuesta, para convocar un tiempo extraordinario de oración y reflexión sobre la missio ad gen- tes. Pediré a toda la Iglesia dedicar el mes de octubre del año 2019 a esta finalidad». Lo anunció el Papa re- cibiendo en la mañana del sábado 3 de junio, en la Sala Clementina, a los participantes de la Asamblea de las Obras Misionales Pontificias. El Pontífice manifestó su preocupación sobre las OMP, «muy a menudo reducidas a una organización que recoge y distribuye, en nombre del Papa, ayudas económicas para las Iglesias más necesitadas». Por eso recordó que «para renovar el ardor y la pasión, motor espiritual de la actividad apostólica de innumerables santos y mártires misioneros», acogió la propuesta y pedirá a toda la Iglesia dedicar el mes de octubre del año 2019 a esta finalidad, porque en ese año celebrare- mos el centenario de la Carta Apostólica Maximum illud, del Papa Benedicto XV. Renovarse —subrayó el Pontífice— requiere conversión, requiere vivir la misión como oportunidad permanente de anunciar a Cristo, hacerlo encontrar testimoniando y haciendo a los otros partícipes de nuestro encuentro personal con Él. Asimismo deseó «que vuestra asistencia espiritual y material a la Iglesia la haga cada vez más fundada en el Evangelio y en la participación bautismal de todos los fieles, laicos y clérigos, en la única misión de la Iglesia: haga el amor de Dios próximo a cada hombre, especialmente a los más necesitados de su misericordia». Al respecto, el Papa Francisco pidió también que la preparación de este tiempo extraordinario dedicado al primer anuncio del Evangelio «nos ayude a ser cada vez más Iglesia en misión». Finalmente, manifestó su deseo de que celebración de los 100 años de la Maximum illud «sea un tiempo propicio para que la oración, el testimonio de tantos santos y mártires de la misión, la reflexión bíblica y teológica, la catequesis y la caridad misionera contribuyan a evangelizar sobre todo a la Iglesia, para que ella, reencontrada la frescura y el ardor del primer amor por el Señor crucificado y resucitado, pueda evangelizar al mundo con credibilidad y eficacia evangélica». la que somos objeto por parte del Señor. ¡Es mucho más importante darnos cuenta de cuánto somos amados por Dios, que no de cuánto nosotros lo amamos a Él! Nos hace bien considerar sobre todo esta prioridad del amor de Dios gratuito y misericordioso, y sentir nuestro compromiso y nuestro esfuerzo como una respuesta. En la mediada en la que somos persuadidos por el amor del Señor, nuestra adhesión a Él crece. Necesitamos mucho redescubrir siempre el amor y la misericordia del Señor para desarrollar la familiaridad con Dios. Las personas consagradas, en cuanto que se esfuerzan para adaptarse más perfectamente a Cristo, son, más que nadie, los familiares de Dios, los íntimos, aquellos que tratan con el Señor en plena libertad y con espontaneidad, pero con el asombro frente a las maravillas que Él hace. En esta perspectiva, la vida religiosa puede convertirse en itinerario de redescubrimiento progresivo de la misericordia divina, facilitando la imitación de las virtudes de Cristo y de sus actitudes ricas de humanidad, para después testimoniarlo a todos aquellos a los que acercáis en el servicio pastoral. Sabed también recoger con alegría los continuos estímulos a la renovación y al compromiso que provienen del contacto real con el Señor Jesús, presente y que trabaja en la misión a través del Espíritu Santo. Esto os consentirá estar laboriosamente presentes en los nuevos aerópagos de la evangelización, privilegiando, también si esto conllevara sacrificios, la apertura hacia situaciones que, con su realidad de necesidad particular, se revelan como emblemáticas para nuestro tiempo. Sobre el ejemplo de vuestro beato fundador, nos os canséis de dar nuevo impulso a la animación misionera. Será sobre todo vuestro fervor apostólico quien sostenga las comunidades cristianas confiadas a vosotros, en particular las de reciente fundación. En el esfuerzo de recalificación del estilo del servicio misionero, será necesario privilegiar algunos elementos significativos, como la sensibilidad a la inculturación del Evangelio, el espacio dado a la corresponsabilidad de los trabajadores pastorales, la elección de formas sencillas y pobres de presencia entre la gente. Atención especial merecen el diálogo con el islam, el compromiso para la promoción de la dignidad de la mujer y de los valores de la familia, la sensibilidad por los temas de la justicia y de la paz. Queridos hermanos y hermanas, continuad vuestro camino con esperanza. Vuestra consagración misionera pueda ser cada vez más fuente de encuentro vivificante y santificante con Jesús y con su amor, fuente de consolación, paz y salvación para todos los hombres. Deseo que las orientaciones elaboradas por los respectivos Capítulos Generales puedan guiar a vuestros Institutos a proseguir con generosidad sobre el camino marcado por el fundador y seguida con heroica valentía por tantos hermanos y tantas hermanas. Invoco la celeste protección de María, Reina de las Misiones, y del beato Giuseppe Allamano, y de corazón imparto a todos vosotros la Bendición, extendiéndola a toda la Familia de la Consolata.

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número 23, viernes 9 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones Para superar conflictos y racismo «La misión en el corazón de la fe cristiana» es el tema del mensaje del Papa Francisco para la 91ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el domingo 22 de octubre. (cf. Jn 4, 23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55, 10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1, 14). La misión en el corazón de la fe cristiana Queridos hermanos y hermanas: Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión? La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida 1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14, 6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor. 2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad La misión y el kairos de Cristo 3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporá- neo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276). 4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20, 2). 5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tri- balismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir. La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio 6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos. 7. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49). Los jóvenes, esperanza de la misión 8. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado [...]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad. El servicio de las Obras Misionales Pontificias 9. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización. Hacer misión con María, Madre de la evangelización 10. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación. Vaticano, 4 de junio de 2017 Solemnidad de Pentecostés

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número 23, viernes 9 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO Durante la vigilia en el Circo Máximo Diversidad reconciliada «Aun mostrando que tenemos diferencias deseamos ser una diversidad reconciliada». Lo afirmó el Papa Francisco presidiendo el sábado 3 de junio, por la tarde en el Circo Máximo, la vigilia de oración ecuménica organizada por el International Catholic Charismatic Renewal Service y de la Catholic Fraternity en el 50˚ aniversario de la Renovación Carismática. Hermanos y hermanas, gracias por el testimonio que vosotros dais hoy aquí: ¡gracias! Nos hace bien a todos, me hace bien a mí también, ¡a todos! En el primer capítulo del libro de los Hechos de los Apóstoles leemos: «Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre, la que —dijo— “oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”». (1, 4-5). «Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras len- luterano. Diversidad reconciliada. ¡Y ahora estamos aquí y somos muchos! Nos hemos reunido para rezar juntos, para pedir la venida del Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros para salir a las calles de las ciudades y del mundo a proclamar la señoría de Jesucristo. El libro de los Hechos afirma: «Somos Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros y romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios» (2, 9-11). Hablar en la misma lengua, escuchar... Hay diferencias, pero el Espíritu nos hace entender el mensaje de la resurrección de Jesús en nuestra propia lengua. Estamos reunidos creyentes provenientes de 120 países del mundo, para celebrar la soberana obra del Espíritu Santo en la Iglesia, que ini- tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar» (2, 44-47). La comunidad crecía, y estaba el Espíritu que inspiraba. A mí me gusta mucho pensar en Felipe, cuando el ángel le dice: «Marcha por el camino de Gaza» y encuentra a ese prosélito, ministro de economía de la reina de Etiopía, Candace. Era un prosélito y leía Isaías. Y Felipe le explicó la Palabra, proclamó a Jesús, y él se convirtió. Y a un cierto punto, dijo: «pero, aquí hay agua: deseo ser bautizado». Era el Espíritu que empujó a Felipe a ir hacia allá, y fue desde el inicio el Espíritu quien empujó a todos los creyentes a proclamar al Señor. Hoy hemos elegido reunirnos aquí, en este lugar —lo dijo el pastor Traettino— porque aquí, durante las persecuciones fueron martirizados cristianos, para la diversión de los que miraban. ¡Hoy hay más mártires que ayer! Hoy hay más mártires, cristianos. Los que matan a los cristianos, antes de matarles no les preguntan: “¿Tú eres ortodoxo? ¿Eres católico? ¿Eres evangélico? ¿Eres luterano? ¿Eres calvinista?”. No. guas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hechos de los Apóstoles 2, 1-4). Hoy estamos aquí como en un Cenáculo a cielo abierto, porque no tenemos miedo: a cielo abierto, y también con el corazón abierto a la promesa del Padre. Estamos reunidos «todos nosotros creyentes», todos los que profesamos que «Jesús es el Señor», «Jesus is the Lord». Muchos han venido de distintas partes del mundo y el Espíritu Santo nos ha reunido para establecer lazos de amistad fraternal que nos alienten en en el camino hacia la unidad, unidad para la misión: no para estar quietos ¡no!, para la misión, para proclamar que Jesús es el Señor —«Jesús es el Señor»— ¡para anunciar juntos el amor del Padre por todos sus hijos! ¡Para anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos! Para demostrar que la paz es posible. No tan fácil demostrar a este mundo de hoy que la paz es posible, pero en nombre de Jesús podemos demostrar con nuestro testimonio que ¡la paz es posible! Pero es posible si nosotros estamos en paz entre nosotros. Si nosotros acentuamos las diferencias, estamos en guerra entre nosotros y no podemos anunciar la paz. La paz es posible a partir de nuestra confesión de que Jesús es el Señor y de nuestra evangelización por este camino. Es posible. Aun mostrando que tenemos diferencias —pero esto es obvio, tenemos diferencias— , pero que deseamos ser una diversidad reconciliada. He aquí que, esta palabra no la debemos olvidar sino decirla a todos: diversidad reconciliada. Y esta palabra no es mía, no es mía. Es de un hermano ció hace 50 años y dio inicio... ¿A una institución? No. ¿A una organización? No. A una corriente de gracia, a la corriente de gracia de la Renovación Carismática Católica. Obra que nació... ¿Católica? No. ¡Nació ecuménica! ¡Nació ecuménica porque es el Espíritu Santo que crea la unidad y el mismo Espíritu Santo que dio la inspiración para que fuese así! Es importante leer las obras del cardenal Suenens sobre esto: ¡es muy importante! La venida del Espíritu Santo transforma a los hombres cerrados a causa del miedo en valientes testigos de Jesús. Pedro, que había renegado tres veces a Jesús, lleno de nuevo de la fuerza del Espíritu Santo proclama: «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado» (Hechos de los Apóstoles 2, 36). ¡Y esta es la profesión de fe de cada cristiano! Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien habéis crucificado o que ha sido crucificado. ¿Estáis de acuerdo con esta profesión de fe? [responden: ¡Sí!] Es la nuestra, de todos, todos, ¡la misma! La Palabra prosigue diciendo: «Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Vendían: ayudaban a los pobres. Había algunos astutos —pensemos en Ananías y Safira, siempre los hay—, pero todos los creyentes, la mayoría, se ayudaban. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu partían el pan por las casas y “¿Eres cristiano?” — “Sí”: degollado, inmediatamente. Hoy hay más mártires que en los primeros tiempos. Y esto es el ecumenismo de la sangre: nos une el testimonio de nuestros mártires de hoy. ¡En diversos lugares del mundo la sangre cristiana es derramada! Hoy es más urgente que nunca la unidad de los cristianos, unidos por obra del Espíritu Santo, en la oración y en la acción por los más débiles. Caminar juntos, trabajar juntos. Amarnos. Amarnos. Y juntos intentar explicar las diferencias, ponernos de acuerdo, ¡pero en camino! Si nosotros permanecemos quietos, sin caminar, nunca, nunca nos pondremos de acuerdo. Es así, porque el Espíritu nos quiere en camino. 50 años de Renovación Carismática Católica. ¡Una corriente de gracia del Espíritu! ¿Y por qué corriente de gracia? Porque no tiene ni fundador, ni estatutos, ni órganos de gobierno. Claramente en esta corriente han nacido múltiples expresiones que, cierto, son obras humanas inspiradas por el Espíritu, con varios carismas, y todas al servicio de la Iglesia. Pero a la corriente no se le pueden poner diques, ¡ni se puede encerrar al Espíritu Santo en una jaula! Han pasado más de 50 años. Cuando se llega a esta edad las fuerzas comienzan a flaquear. Es la mitad de la vida —en mi tierra decimos “el cincuentón”—, las arrugas se hacen más profundas —a no ser que te maquilles, pero las arrugas están— el pelo gris aumenta y comenzamos a olvidar algunas cosas... 50 años es un momento de la vida adecuado para detenernos y hacer una reflexión. Es el momento de la reflexión: la mitad de la vida. Y yo os diría: es el momento para ir adelante con más fuerza, dejándonos atrás el polvo del tiempo que hemos dejado acumular, ¡dando las gracias por lo que hemos recibido y afrontado de nuevo con confianza en la acción del Espíritu Santo! Pentecostés hace nacer a la Iglesia. El Espíritu Santo, la promesa del Padre anunciada por Jesucristo, es Quien hace la Iglesia: la esposa del Apocalipsis, ¡la única esposa! Lo dijo el pastor Traettino: ¡una esposa tiene el Señor! El don más precioso que hemos recibido es el Bautismo. Y ahora el Espíritu nos conduce por el camino de conversión que atraviesa todo el mundo cristiano y que es un motivo más para que la Renovación Carismática Católica ¡sea un lugar privilegiado para recorrer el camino hacia la unidad! Esta corriente de gracia es para toda la Iglesia, no solo para algunos, y ninguno de nosotros es el «dueño» y todos los demás siervos. No. Todos siervos de esta corriente de gracia. Junto a esta experiencia, vosotros recordáis contínuamente a la Iglesia el poder de la oración de alabanza. Alabanza que es la oración de agradecimiento y acción de gracia por el amor gratuito de Dios. Puede ser que este modo de rezar no guste a alguien, pero es cierto que se incluye plenamente en la tradición bíblica. Los Salmos, por ejemplo: David que danzaba ante el Arca de la Alianza, pleno de júbilo... Y por favor, no caigamos en la actitud de cristianos con el “complejo de Micol”, que se avergonzaba de cómo David alababa a Dios [danzando ante el Arca]. ¡Júbilo, alegría, gozo fruto de la misma acción del Espíritu Santo! El cristiano o experimenta la alegría de su corazón o hay algo que no funciona. ¡La alegría de la Buena Nueva del Evangelio! Jesús en la Sinagoga de Nazareth lee el pasaje de Isaías. Leo: «El Espíritu del Señor sobre mí; porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lucas 4, 18-19; cf Isaías 61, 1-2). El alegre anuncio: no os olvidéis de esto. El alegre anuncio: el anuncio cristiano siempre es bueno. El tercer documento de Malinas, «Renovación Carismática y Servicio al Hombre», escrito por el cardenal Suenens y por Dom Helder Camara, es claro: renovación carismática y también de servicio al hombre. Bautismo en el Espíritu Santo, alabanza, servicio al hombre. Las tres cosas están indisolublemente unidas. Puedo alabar de manera profunda, pero si no ayudo a los más necesitados, no basta. «No había entre ellos ningún necesitado» (Hechos de los Apóstoles 4, 34), decía el Libro de los Hechos. No seremos juzgados por nuestra alabanza sino por lo que hemos hecho por Jesús. «Pero Señor, ¿cuándo lo hemos hecho por ti? Cuando lo habéis hecho por uno de estos pequeños, lo habéis hecho por mí» (cf Mateo 25, 39-40). Queridas hermanas y queridos hermanos, os deseo un tiempo de reflexión, de memoria de los orígenes; un tiempo para dejaros atrás todas las cosas añadidas por el propio yo y transformarlas en escucha y acogida alegre de la acción del Espíritu Santo, ¡que sopla dónde y cómo quiere! Doy las gracias a la Hermandad Católica y al ICCRS por la organización de este Jubileo de oro, por esta Vigilia. Y doy las gracias a cada uno de los voluntarios que la han hecho posible, muchos de los cuales se encuentran aquí. He querido saludar a los miembros del personal de la oficina cuando he llegado, ¡porque sé que han trabajado mucho!¡Y sin ser pagados! Han trabajado mucho. ¡La mayoría son jóvenes de diferentes continentes! ¡Que el Señor les bendiga mucho! Doy las gracias en particular por el hecho de que la petición que os hice hace dos años de dar a la Renovación Carismática mundial un único servicio internacional basado aquí, haya comenzado a concretarse en las Actas Constitutivas de este nuevo único servicio. Es el primer paso, al cual seguirán más, pero pronto la unidad, obra del Espíritu Santo, será una realidad. «Mira que hago un mundo nuevo», dice el Señor (Apocalipsis 21, 5). ¡Gracias, Renovación Carismática Católica, por lo que habéis dado a la Iglesia en estos 50 años! ¡La Iglesia cuenta con vosotros, con vuestra fidelidad a la Palabra, con vuestra disponibilidad para el servicio y testimonio de vidas transformadas por el Espíritu Santo! Compartir con todos en la Iglesia el Bautismo en el Espíritu Santo, alabar al Señor sin pausa, caminar juntos con los cristianos de diversas Iglesias y comunidades cristianas en la oración y en la acción por los más necesitados. Servir a los más pobres y los enfermos, esto esperan la Iglesia y el Papa de vosotros, Renovación Carismática Católica, pero de todos vosotros: todos, ¡todos vosotros que habéis entrado en esta corriente de gracia! Gracias. páginas 6/7 Ecumenismo carismático VIENE DE LA PÁGINA 1 Pero el ecumenismo también y como parte del plan del Reino de Dios, es una semilla que se siembra y a su tiempo va dando sus frutos como la parábola narrada por Jesús (Lucas, 8). En el caso del Papa Bergoglio, esa semilla hace referencia a Buenos Aires, cuando en el año 2003 participó y apoyó un retiro ecuménico en la Universidad Católica Argentina. El grupo organizador eligió llamarse C.R.E.C.E.S. (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo). Luego siguieron otros encuentros cada vez más numerosos y participativos. Probablemente el que más ha marcado la historia de C.R.E.C.E.S. fue el encuentro del 12 de octubre del año 2012 en el mítico estadio Luna Park en Buenos Aires. Allí, seis mil personas participaron durante casi ocho horas en oraciones ecuménicas, cánticos, lecturas bíblicas y prédicas muy representativas. También allí hicieron uso de la palabra el padre Rainiero Cantalamessa y el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio. El lema de aquel encuentro fue «El evangelio, poder de Dios». El padre Cantalamessa expresó: «Si todas las Biblias del mundo desaparecieran y quedara solamente una línea para ser leída, “Dios es amor” es la frase que lo resume. Toda la Biblia está ahí. El Espíritu Santo no es una idea de la realidad, es la realidad. Los cristianos queremos experimentar un nuevo Pentecostés. Dios es amor. Estar llenos del Espíritu Santo es estar llenos de Dios. ¿Por qué nos creó Dios? Porque nos amaba. ¿Y por qué la encarnación? Porque Dios nos ama tanto que nos manda a su Hijo por amor. Jesús es Dios, que nos ama de manera humana. En sus ojos, la gente de su tiempo sintió el amor de Dios. No se ama a Dios en abstracto. Jesús es el objeto directo del amor de Dios». El padre Jorge participó en gran parte del encuentro en las gradas más alejadas al escenario, junto al grupo de evangélicos. Desde ese lugar periférico, luego y ante la sorpresa de los que aún no lo conocían, descendió las escalinatas para dar su mensaje. Dijo entonces las siguientes palabras: «Jesús pasó más que nada su tiempo en las calles. Él sigue pasando en medio nuestro. La gente no dejaba pasar oportunidad de estar con Jesús. De tocarlo, de apretujarlo, de recibir de Él. No le tengo miedo a los que combaten a Jesús, porque ellos ya están vencidos. Le tengo más miedo a los cristianos distraídos, dormidos, que no ven a Cristo pasar. Hemos perdido dos cosas: la capacidad de asombrarnos ante las palabras del Señor. Estamos atiborrados de noticias que van dejando de lado la buena noticia. Hemos perdido la ternura. Jesús se acercaba a la llaga humana y la curaba. Recuperemos esas dos características: no nos acostumbremos a ver al enfermo, al hambriento sin asombro y sin ternura». Este sábado, el Papa Francisco dentro de sus palabras trazó en líneas generales el itinerario o el kairos de esta “diversidad reconciliada”. El ecumenismo del espíritu, el de la sangre y el de la caridad. Un derrotero que lleva hacia la paz. Quizá en su pensamiento, guiado por el mismo Espíritu, unió los dos lemas citados — «El evangelio, poder de Dios», de 2012, y el de ahora «Jesús es el Señor»— en esta frase: «¡Para anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos! Para demostrar que la paz es posible. ¡No es tan difícil demostrar a este mundo de hoy que la paz es posible, pero en nombre de Jesús podemos demostrar con nuestro testimonio que la paz es posible! Pero es posible si nosotros estamos en paz entre nosotros. Si nosotros acentuamos las diferencias, estamos en guerra entre nosotros y no podemos anunciar la paz. La paz es posible a partir de nuestra confesión que Jesús es el Señor y de nuestra evangelización sobre este camino. Es posible. Aun demostrando que tenemos diferencias (pero esto es obvio, tenemos diferencias), deseamos ser una diversidad reconciliada».

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 9 de junio de 2017, número 23 Carta pontificia por el funeral del cardenal Husar Publicamos a continuación la Carta que el Papa Francisco ha enviado a Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de Kyiv-Halyč (Ucrania), con ocasión del funeral del cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor emérito de Kyiv-Halyč, quien fallecido el pasado 31 mayo: A Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk Arzobispo mayor de Kyiv-Halyč Beatitud, en el día en el que tiene lugar la celebración de cristiana despedida de la querida presencia terrena del arzobispo mayor emérito de Kyiv-Halyč, el cardinal Lubomyr Husar, deseo una vez más estar entre los que rezan al Padre celeste, encomendándole el alma elegida de nuestro hermano. Me lleva a hacerlo la extraordinario afluencia de personas que en estos días se han acercado a rendir homenaje a los restos mortales del cardenal y de los que tengo conocimiento. Esta presencia es el signo elocuente de lo que él ha sido: una entre las autoridades morales más elevadas y respetadas en los últimos decenios del pueblo ucraniano. Me dirijo a usted, Beatitud, a quien me une una relación de conocimiento y estima desde hace mucho tiempo, para consolarlo en la pérdida de quien le ha sido padre y guía espiritual. Lo fue para toda la Iglesia greco-católica, que él recogió de la herencia de las “catacumbas” en las que se vio obligado por la persecución, y a la cual devolvió no solo las estructuras eclesiásticas, sino sobre todo la alegría de la propia historia, fundada en la fe a través y más allá de todo sufri- miento. Después de un trabajo arduo e intenso de su ministerio como “padre y jefe” de la Iglesia greco-católica, al alcanzar la vejez y la enfermedad, su presencia entre el pueblo cambió de estilo, pero, si es posible, se hizo aún más intensa y rica. leste. Ellos sienten que, después de haber tenido un ejemplo de vida coherente y creíble, podrán continuar y beneficiarse de su oración, con quien protegerá a su pueblo que aún sufre, marcado por la violencia y la inseguridad, y todavía seguro de que el amor de Cristo no decepciona. Casi regularmente él intervenía en la vida de vuestro país como maestro de sabiduría: su hablar era sencillo, comprensible a todos, pero muy profundo. La suya era la sabiduría del Evangelio, era el pan de la Palabra de Dios partido para los sencillo, para los que sufren, para todos aquellos que buscaban dignidad. Agradecido por esta presencia única, religiosa y social en la historia de Ucrania, os invito a ser Sus exhortaciones eran dulces, pero también muy exigentes para todos. Rezaba incesantemente por todos, sintiendo que este era su nuevo deber. Y muchos se sentían representados, interpelados y consolados por él, creyentes y no creyentes, también más allá de las diferencias confesionales. Audiencias pontificias Lunes, día 5 —Cardenal Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, arzobispo de Colombo (Sri Lanka). —Cardenal Paul Poupard, Presidente emérito del Consejo Pontificio de la Cultura. — Stanisław Ryłko, Arcipreste de la Basílica Papal de Santa María Mayor. —Cardenal José Saraiva Martins, C.M.F., Prefecto emérito de la Congregación de las Causas de los Santos. —Participantes en los Capítulos Generales de los Misioneros y Misioneras de la Consolata. Martes, día 6 —Monseñor César Daniel Fernández, Obispo de Jujuy (Argentina). Todos escuchaban que hablaba un cristiano, un ucraniano apasionado por su identidad, siempre lleno de esperanza, abierto al futuro de Dios. Tenía una palabra para cada uno, “sentía” a las personas con el calor de su gran humanidad y de una exquisita gentileza. Amaba sobre todo dialogar con los jóvenes, con los cuales tenían una excepcional capacidad de comunicar y que acudían a él numerosos. Me conmueve pensar que hoy por todo Ucrania se llora por él, pero que muchos están seguros de que él ya descansa en el abrazo del Padre ce- fieles a la constante enseñanza y al total abandono a la Providencia. Continuad sintiendo su sonrisa y su caricia. Sobre todos vosotros, amados ucranianos, en patria y en la diáspora, invoco la abundancia de las bendiciones celestes. Desde el Vaticano, 5 junio 2017 Encuentro con la presidencia de la Conferencia episcopal venezolana Los obispos de Panamá en visita ad limina El jueves 8 de junio por la mañana el Papa recibió en audiencia a los miembros de la presidencia de la Conferencia episcopal venezolana El Papa recibió en audiencia el jueves 8 de junio, por la mañana, a los prelados de la Conferencia episcopal de Panamá en visita «ad limina Apostolorum»

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número 23, viernes 9 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 Entrevista con monseñor José Domingo Ulloa Panamá en camino hacia la JMJ ROCÍO LANCHO GARCÍA Familia, jóvenes y el papel de los laicos. Estos son los temas fundamentales abordados entre el Papa Francisco y los obispos de la Conferencia Episcopal de Panamá durante el encuentro el jueves 8 de junio, en la semana que realizaron su visita ad limina a Roma. Al finalizar la reunión, de casi dos horas de duración, los prelados panameños presentaron a los medios de comunicación un proyecto que será lanzado próximamente, la edición en español de L’Osservatore Romano en Panamá. Monseñor José Domingo Ulloa, presidente de Conferencia Episcopal de Panamá, recordó que la Iglesia centroamericana se prepara para la pró- xima Jornada Mundial de la Juventud. Ese encuentro entre los jóvenes con el Papa —añadió— para ir transformando la realidad mundial. Por ello se alegró de que «el agua donde van a beber estos jóvenes va a ser también esa voz oficial de la Santa Sede, y del Papa a través de L’Osservatore Romano». Asimismo, precisó que Centroamérica es una unidad y «tenemos que reafirmarlo, somos una unidad, una Iglesia, la Iglesia que siempre soñó el gran mártir beato monseñor Óscar Arnulfo Romero». Una Iglesia —prosiguió el prelado— bañada por la sangre de los mártires pero que también está dando abundantes frutos en la región. El sueño es que la tirada de 30.000 copias previstas para Panamá se extienda más adelante a toda la Iglesia centroamericana. Respecto a la reunión con el Pontífice, monseñor Ulloa indicó que hablaron de la importancia de «creer en los laicos» no solo «llenarnos la boca» hablando de laicos. La visita fue «maravillosa, de hermanos» en la que el tiempo, dos horas, se pasó muy rápido. Pudieron afrontar diversos temas, pero el Papa Francisco abordó dos grandes realidades. El presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá aseveró que hablaron sobre todo de la Jornada Mundial de Panamá, de los laicos pero también de los espacios que hay que darle a los jóvenes. «El mundo cambiará si los jóvenes van ocupando el puesto que tienen en este momento de transformación», precisó. Asimismo, el prelado señaló que el Pontífice les insistió mucho en que «los jóvenes no son futuro, son el presente de la Iglesia y el presente de la humanidad». Por otro lado, observó que vivieron el encuentro con ambiente de fraternidad y sintieron al Pontífice como “padre” pero también como “hermano”. La visita ad limina ha sido «retomar fuerza para seguir el camino y la misión que en este momento nos corresponde como obispos». La familia y la ideología de género fueron también asuntos que pudieron profundizar durante la reunión con Francisco. Al respecto lamentó que está ideología se está metiendo tan suavemente que «casi no nos damos cuenta», añadió que «no se puede imponer una ideología» y subrayó la necesidad del respeto a la familia como proyecto de Dios, hombre y mujer. En relación con los preparativos de la JMJ, el Pontífice bromeó con ellos diciendo «no te preocupes, Pe- dro estará en la Jornada», aseguran- do de este modo la presencia del su- cesor de Pedro. También les aseguró que «duermo tranquilo y estoy en paz porque sé que hay tanta gente orando por mí». Al finalizar el encuentro con la prensa, monseñor Ulloa respondió a algunas preguntas para L’Osservatore Romano: ¿Cuáles son los temas que consideraban importante abordar durante la visita ad limina? Los preparativos empezaron hace casi un año. Han existido cuatro grandes temas que hemos compartido con el Santo Padre. En primer lugar el tema de la realidad laical, la juventud —el Papa ha insistido en dar espacio a los jóvenes— , la familia y finalmente la presentación de los preparativos de la JMJ y en relación con todo esto el Sínodo de los jóvenes. Pudimos compartir la necesidad de poder escuchar realmente en este Sínodo a los jóvenes. Él nos insistía en las palabras de la Vigilia donde nos preparamos para que nos entregaran la cruz de la Jornada. “Será un Sínodo de los jóvenes para los jóvenes”. Y nos insistió en que seamos capaces no solo de escuchar a los jóvenes de la Iglesia, sino también a los jóvenes ateos, al que no quiere saber nada de la Iglesia, pero que en el fondo está buscando algo. ¿De qué forma podrían participar más concretamente los jóvenes en el Sínodo? Una forma sería aprovechando las redes sociales. Nosotros como obispos podríamos ir propiciando encuentros, pero no solo encuentros con nuestros jóvenes, sino salir fuera de nuestros territorios para realmente escuchar el parecer y que utilicemos estos nuevos medios de comunicación: twitter, instagram, facebook... Y poder ver así cómo es el sentir de la juventud. Hoy han presentado la nueva edición de L'Osservatore Romano en Panamá, ¿cómo cree que podrá ayudar a la difusión de la palabra del Papa? Creo que al final esto se abrirá también a otro público. El Papa es un líder mundial y L’Osservatore es la voz oficial del Papa. Estoy convencido de que incluso el número de ediciones vamos a tener que aumentarla porque la gente que no tenía interés por la Iglesia, acabará interesándose. Porque ahí está la fuente primera de cuál es el pensamiento del Papa frente al mundo y la Iglesia. Es una herramienta y una oportunidad que vamos a tener con esta puesta en marcha de este proyecto. Comentaba en la presentación la importancia de ver Centroamérica como una unidad. ¿Han podido hablar de esto con el Papa Francisco? Este tema lo tocamos poco pero sí podemos decir que como Iglesia Centroamérica es un sola unidad. Vamos a cumplir 75 años del Secretariado Episcopal Centroamericano. Cada año, durante una semana, todos los obispos de Centroamérica nos reunimos para intercambiar en áreas pastorales y trabajamos en conjunto. En lo que civilmente no se ha podido hacer, nosotros hemos roto todas las fronteras. La inmigración es uno de lo temas fundamentales en Centroamérica, ¿cómo vive la Iglesia este gran desafío? Desde las Conferencias Episcopales estamos trabajando toda la realidad de migrantes y refugiados alzando un poco la voz y pidiendo una legislación donde realmente estas personas puedan vivir plenamente con sus derechos. Al respecto, para la Jornada Mundial de la Juventud, se están poniendo de acuerdo los seis países con sus cancillerías y departamentos de migración para tener los pasos expedito y que esa tortura del traspasar cada frontera no impida a los jóvenes venir a la JMJ.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 9 de junio de 2017, número 23 Misa en Santa Marta El riesgo de la misericordia Acogiendo a los judíos perseguidos, en los años de la Segunda Guerra Mundial, Pío XII atestiguó cómo se cumplen las obras de misericordia: compartiendo, compadeciendo, corriendo el riesgo en primera persona y sin miedo a burlas o incomprensiones. Con un llamamiento a redescubrir y poner en práctica «las catorce obras de misericordia corporales y espirituales» el Papa Francisco invitó a un examen de conciencia personal en la misa celebrada el lunes 5 de junio en Santa Marta. Para su meditación, Francisco hizo referencia a la «primera lectura de la liturgia de hoy, tomada del libro de Tobías» (1, 3; 2, 1-8): «Toda una historia, pero hoy nos habla de cómo era Tobit, —Tobit, el padre de Tobías— cómo era su vida de fe: un hombre creyente». Quizá «parece, al inicio, que él presume un poco; pero no, no es así» observó el Papa. «Simplemente, es una historia que tiene momentos feos y al final hay un mensaje». Y «hoy este pasaje nos habla del testimonio de Tobit, ese testimonio de misericordia». Tobit, de hecho, «hace las obras de misericordia». Se lee en el texto bíblico: «Yo, Tobit, he andado por caminos de verdad y en justicia todos los días de mi vida y he repartido muchas limosnas entre mis hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive —fue prisionero, esclavo en Nínive— al país de los asirios». En resumen, Tobit «era un hombre rico, pero era generoso». Pero «después —explicó Francisco— ocurrió esto, cuando él en la fiesta de Pentecostés hizo preparar una buena comida y antes de sentarse a la mesa dijo al hijo que saliera y viera si había algún hermano judío pobre para invitarle a comer: hacía una obra de misericordia». Y es así que, prosiguió el Papa, «el hijo viene —él estaba feliz, era un día de fiesta— y dice que habían matado a un hermano judío». Enseguida Tobit «se levantó, dejó intacta la comida, después fue a la plaza, sacó al hombre de la plaza, lo llevó a una habitación esperando el ocaso para enterrarlo». Y al final, se lee en el pasaje, «volví, me lavé —dice Tobit— y comí con tristeza». Tobit puso en práctica «una obra de misericordia, una las catorce obras de misericordia corporales y espirituales» afirmó Francisco. Y «en la lista de las obras de misericordia que la Iglesia nos da, esta es la última: rezar a Dios por los vivos y los difuntos, y por tanto también enterrar a los muertos». Precisamente por esta razón, confió el Papa, «yo quisiera hoy hablar sobre las obras de misericordia». «Una obra de misericordia —explicó— significa no solo compartir lo que yo tengo». Cierto, «esto es muy importante: y Tobit compartía el dinero, porque era rico y daba limosnas». Pero «compartía también la amistad: invitaba a comer a los pobres». Por eso, advirtió el Pontífice, no se trata «solo de compartir, sino de compadecer, es decir, de sufrir por quien sufre». Por otro lado, hizo presente, «una obra de misericordia no es hacer algo para descargar la conciencia: una obra de bien, así estoy más tranquilo, me quito un peso de encima. ¡No!». Cumplir una obra de misericordia significa «también compartir el dolor de los otros», porque «compartir y compadecer van juntas». Por eso «es misericordioso el que sabe compartir y también compadecerse de los problemas de otras personas». Y he aquí las preguntas que Francisco sugirió, precisamente como examen de conciencia: «¿Yo sé compartir? ¿Soy generoso, soy generosa? ¿Cuando veo una persona que sufre, que está en dificultad, también yo sufro? ¿Sé ponerme en los zapatos de los otros, en la situación de sufrimiento?». Las palabras en Tobías son elocuentes: «Comí con tristeza». Expresan bien la idea de «compartir y compadecer. Esta es la primera característica, la primera forma, la primera consecuencia de una obra de misericordia: yo comparto, yo me compadezco». «Pero luego hay otra cosa» continuó el Papa. Efectivamente «hacer obras de misericordia a veces significa arriesgarse». Y esto es respaldado nuevamente por el pasaje del libro de Tobías propuesto por la liturgia. «¡Ya no tiene miedo!» decían los vecinos de Tobit; y «precisamente por este motivo le buscaron para matarlo. Tuvo que huir, y ahora aquí le tenemos de nuevo enterrando a los muertos». «Muchas veces se arriesga» para cumplir una obra de misericordia, insistió Francisco. «Pensemos aquí, en Roma, en plena guerra: cuántos arriesgaron, comenzando por Pío XII, para esconder a los judíos, para que no fueran asesinados, para que no fueran deportados. ¡Se jugaban la vida! ¡Pero era una obra de misericordia, salvar la vida de aquella gente!». He aquí el por qué se debe «arriesgar» también. En esta reflexión sobre lo que conlleva cumplir auténticamente una obra de misericordia, el Pontífice indicó también la posibilidad de que se termine «a veces» por «convertirse en objeto de burla». Es el caso de Tobit, el cual afirma: «mis vecinos se burlaban de mí». Quizás llamándole «loco» y mirándole mal por el hecho de que continuase haciendo estos gestos por el prójimo, no obstante hubiese sido ya «perseguido». Como diciendo que este Tobit realmente «no sabe vivir bien...». Pero precisamente su historia, afirmó el Papa, nos indica las «tres características», las «tres huellas de las obras de misericordia»: dividir y compadecerse, arriesgarse y también estar preparados para la burla. Tobit, prosiguió Francisco, «no es como el rico Epulón, del cual narra Jesús en el Evangelio, que hacía las fiestas e ignoraba al pobre Lázaro que estaba hambriento en la puerta de su palacio: sabía que estaba allí, pero le ignoraba». Tobit en cambio sabe «compartir y compadecer». Y también «arriesgar: se arriesga siempre y, como he dicho, a ve- ces los riesgos son feos». Además es necesario «saber que si nosotros hacemos obras de misericordia, alguien dirá: “este hombre está loco, esta mujer está loca: en lugar de estar tranquilo, cómodo en su casa, va al hospital, va aquí, va allá”...». «Las obras de misericordia son el camino para encontrar misericordia» volvió a insistir el Pontífice. «En las bienaventuranzas —explicó— Jesús dice: “Bienaventurados los misericordiosos porque encontrarán misericordia”». Con una certeza: aquel «que es capaz de hacer una obra de misericordia, lo hace porque sabe que él ha sido “misericordiado” antes: fue el Señor quien le dio la misericordia a él». Y «si nosotros hacemos estas cosas, es porque el Señor tuvo piedad de nosotros: pensemos en nuestros pecados, en nuestros errores y en cómo el Señor nos ha perdonado, nos ha perdonado todo, ha tenido esta misericordia». Por ello, insistió el Papa, «al menos hagamos lo mismo con nuestros hermanos». He aquí la esencia de las «obras de misericordia». «Yo quisiera añadir otra cosa —confió Francisco— que no está explícita sino implícita en el pasaje que hemos leído: las obras de misericordia, hacer obras de misericordia es incómodo». Podríamos pensar: «pero yo tengo un amigo enfermo, una amiga enferma, quisiera ir a visitarle, pero no tengo ganas, prefiero descansar, o ver la televisión, tranquilo...”». Porque «hacer obras de misericordia es siempre aumentar la incomodidad». Este tipo de obras «incomodan, pero el Señor padeció la incomodidad por nosotros: fue a la cruz, para darnos misericordia». En conclusión, el Pontífice invitó a pensar «hoy en las obras de mi- sericordia». Y sobre todo, sugirió, «recordémolas: son catorce, siete corporales y siete espirituales». Y con una sonrisa tranquilizó a los que estaban en la capilla de Santa Marta: «yo no diré aquí: “quien sepa las obras de misericordia, cuáles son, levante la mano”; no lo digo, porque tengo miedo de que sean pocas las manos las que se levanten». Pero pidió no perder la ocasión para encontrar la forma de practicarlas. Claro, recordando «cuáles son», pero también preguntándose: «¿y si yo hago esto? ¿Yo sé compartir, sé compadecerme? ¿Arriesgo? ¿Yo me dejo incomodar para hacer una obra de misericordia?». Es una cuestión importante, añadió el Papa, porque «las obras de misericordia son las que nos quitan del egoísmo y nos hacen imitar a Jesús más de cerca». Y no tiene importancia si, «es verdad, que al- guien se burlará de nosotros y dirá “esta persona está loca, las cosas que hace, en lugar de estar cómoda...”». No importa, afirmó Francis- co, «dejémoslo pasar». Pero «hoy tomemos un poco de tiempo —nos hará bien a todos— para pensar en las obras de misericordia y para preguntarnos: ¿Yo hago esto? ¿Yo hago esto? ¿Yo hago esto?».

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número 23, viernes 9 de junio de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO El hipócrita es siempre un adulador «Un verdadero cristiano no puede ser hipócrita y un hipócrita no es un verdadero cristiano»: contra la tentación de la «doble cara» el Papa Francisco usó un lenguaje directo, sin equívocos. Lo hizo en la misa que celebró en Santa Marta el martes 6 de junio, durante la cual tomó el pasaje del Evangelio de Marcos (12, 13-17) en el que «algunos fariseos y herodianos» buscaban el error en Jesús. «En el pasaje del Evangelio —hizo notar— hay una palabra que Jesús usa mucho para calificar a los doctores de la ley: «Pero Él conociendo su hipocresía: “hipócritas” es la palabra que más usa para calificarles». Estos, explicó Francisco, son «hipócritas porque hacen ver una cosa, pero piensan otra»: ellos, en efecto, La hipocresía destruye, la hipocresía mata, mata a las personas, incluso arranca la personalidad y el alma de una persona, mata a las comunidades añadió aludiendo a la etimología griega de la palabra, «hablan, juzgan, pero hay otra cosa por debajo». Nada más distante de Jesús: la hipocresía, en efecto, «no es el lenguaje de Jesús. La hipocresía no es el lenguaje de los cristianos». Es un dato absolutamente «claro». Pero si Jesús se preocupa de subrayar esta característica, es necesario comprenderla a fondo y, por lo tanto, resaltar «cómo proceden», cómo se comportan los hipócritas. Sobre todo, dijo el Papa, «el hipócrita siempre es un adulador, en tono mayor o menor, pero es un adulador». Así, por ejemplo, ellos se dirigen a Jesús diciéndole: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios». Utilizando, así, «esa adulación que suaviza el corazón y suaviza la vida». Por tanto, los «hipócritas siempre comienzan con la adulación. Y luego hacen una pregunta». En las técnicas de la adulación están también el «no decir una verdad», el «exagerar», el «hacer crecer la vanidad». Al respecto el Pontífice recordó a un sacerdote —«conocido hace mucho tiempo, no aquí»— que, «pobrecillo, se creía todas las adulaciones que le hacían, era su debilidad. Y los compañeros decían de él que había aprendido mal la liturgia», porque no había comprendido bien el verdadero sentido de la «incensación». Así, continuó el Papa, «la adulación comienza así, pero con mala intención». Esto se entiende bien también leyendo el pasaje evangélico: los fariseos, para poner a prueba a Jesús, «le adulan para que Él crea esto y resbale». Es la técnica del hipócrita: «te hace ver que te quiere, siempre te hincha, para alcanzar su objetivo». Luego está, añadió Francisco, «un segundo aspecto» que hay que subrayar que se encuentra en «lo que hace Jesús». Ante el gesto del hipócrita que, con su «doble cara», hace una pregunta justa pero «con una intención injusta» —preguntan: «¿es justo pagar a César, es justo?»— Jesús «conociendo su hipocresía, dice claramente: “¿por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea”». He aquí el método de Jesús: siempre «a los hipócritas y a los ideológicos responde con la realidad. La realidad es así, todo lo demás es hipocresía o ideología». Por ello Jesús dice: «traedme un denario». Quiere efectivamente mostrar «la realidad» y responder «con sabiduría»: «lo del César, devolvédselo al César —la realidad era que el denario tenía la imagen del César— y lo de Dios, a Dios». Por último, dijo el Pontífice, es necesario subrayar «un tercer aspecto» relativo al «lenguaje de la hipocresía» es decir que eso «es el lenguaje del engaño, es el mismo lenguaje que el de la serpiente a Eva, es el mismo. Comienza con la adulación: “No... si coméis de esto seréis grandes, conoceréis todo...”, para destruirla». La hipocresía explicó el Papa, «destruye, la hipocresía mata, mata a las personas, incluso arranca la personalidad y el alma de una persona. Mata a las comunidades». Y añadió: «Cuando hay hipócritas en una comunidad hay un peligro grande ahí, hay un peligro muy feo». Por ello «el Señor Jesús nos dijo: “sea vuestro hablar: sí, sí, no, no. Lo superfluo procede del maligno”. Fue claro». Y respecto a ello, recordó Francisco, «Santiago en su Carta es más fuerte todavía: “que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no”». Palabras claras que nos hacen entender hoy a nosotros «cuánto mal» haga a la Iglesia la hipocresía. Cuánto mal provocan «esos cristianos que caen en esta actitud pecaminosa que mata». Porque, reiteró el Pontífice, «el hipócrita es capaz de matar a una comunidad. Está hablando dulcemente, está juzgando mal a una persona. El hipócrita es un homicida». En conclusión el Papa resumió su reflexión recordando que la hipocresía «comienza con la adulación», que a esta se responde solo «con la realidad», y que la hipocresía usa «el mismo lenguaje del diablo que siembra esa lengua bífida en las comunidades para destruirlas». Por ello, sugirió, «pidamos al Señor que nos custodie para no caer en este vicio de la hipocresía, del maquillarnos la actitud pero con intenciones malvadas. Que el Señor nos dé esta gracia: “Señor, que yo nunca sea hipócrita, que sepa decir la verdad y si no puedo decirla, estar callado, pero nunca, nunca, una hipocresía”». página 11

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 9 de junio de 2017, número 23 En la audiencia general el Papa habla de la oración del padrenuestro Dios no puede estar sin el hombre «Dios que no puede estar sin nosotros: Él no será nunca un Dios “sin el hombre”; es Él que no puede estar sin nosotros, y esto es un misterio grande»: lo subrayó el Papa en la audiencia general del miércoles 7 de junio en la plaza de San Pedro. Prosiguiendo la catequesis sobre la esperanza cristiana, Francisco se detuvo sobre la oración de Jesús y en particular sobre el padrenuestro. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Había una cosa fascinante en la oración de Jesús, tan fascinante que un día sus discípulos pidieron ser partícipes. El episodio se encuentra en el Evangelio de Lucas, que entre los evangelistas es el que mayormente documentó el misterio del Cristo “orante”: el Señor rezaba. Los discípulos de Jesús están impactados por el hecho de que Él, especialmente por la mañana y por la tarde, se retira en soledad y se “sumerge” en la oración. Y nos oprime, no nos angustia. Esta es una revolución difícil de aceptar en nuestro ánimo humano; tanto es así que incluso en las narraciones de la Resurrección se dice que las mujeres, después de habler visto la tumba vacía y al ángel, «huyeron […], pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas» (Marcos 16, 8). Pero Jesús nos revela que Dios es Padre bueno, y nos dice: “¡No tengáis miedo!”. Pensemos en la parábola del padre misericordioso (cf Lucas 15, 11-32). Jesús habla de un padre que sabe ser solo amor para sus hijos. Un padre que no castiga al hijo por su arrogancia y que es capaz incluso de confiarle su parte de herencia y dejarle irse de casa. Dios es Padre, dice Jesús, pero no de la manera humana, porque no hay ningún padre en este mundo que se comportaría como el protagonista de esta parábola. Dios es Pa- estar sin nosotros: Él no será nunca un Dios “sin el hombre”; ¡es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un misterio grande! Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡este es un gran misterio! Y esta certeza es el manantial de nuestra esperanza, que encontramos custodiada en todas las invocaciones del padrenuestro. Cuando necesitamos ayuda, Jesús no nos dice que nos resignemos y nos cerremos en nosotros mismos, sino que nos dirijamos al Padre y le pidamos a Él con confianza. Todas nuestras necesidades, desde aquellas más evidentes y cotidianas, como la comida, la salud, el trabajo, hasta la de ser perdonados y apoyados en las tentaciones, no son solo el espejo de nuestra soledad: sin embargo hay un Padre que siempre nos mira con amor, y que seguramente no nos abandona. por esto, un día, le piden que les enseñen a rezar a ellos también (Lucas 11, 1). Es entonces cuando Jesús transmite la que se ha convertido en la oración cristiana por excelencia: el padrenuestro. En verdad, Lucas, respecto a Mateo, nos devuelve la oración de Jesús en una forma un poco abreviada, que comienza con la simple invocación: «Padre» (v. 2). Todo el misterio de la oración cristiana se resume aquí, en esta palabra: tener el valor de llamar a Dios con el nombre de Padre. Lo afirma también la liturgia cuando, invitándonos a la oración comunitaria de la oración de Jesús, utiliza la expresión «nos atrevemos decir». Efectivamente, llamar a Dios con el nombre de “Padre” no es para nada un hecho descontado. Nos surgiría usar los títulos más elevados, que nos parecen más respetuosos por su trascendencia. En cambio, invocarlo como “Padre” nos pone en una relación de confidencia con Él, como un niño que se dirige a su papá, sabiendo que es amado y cuidado por él. Esta es la gran revolución que el cristianismo imprime en la psicología religiosa del hombre. El misterio de Dios, que siempre nos fascina y nos hace sentir pequeños, pero ya no da miedo, no dre a su manera: bueno, indefenso ante el libre arbitrio del hombre, capaz solo de conjugar el verbo “amar”. Cuando el hijo rebelde después de haber despilfarrado todo, vuelve finalmente a la casa natal, ese padre no aplica criterios de justicia humana, sino que siente sobre todo necesidad de perdonar, y con su abrazo hace entender al hijo que durante todo ese largo tiempo de ausencia le ha echado de menos, ha sido dolorosamente echado de menos por su amor de padre. ¡Qué misterio insondable es un Dios que nutre este tipo de amor hacia sus hijos! Quizás es por esta razón que, evocando el centro del misterio cristiano, el apóstol Pablo no es capaz de traducir en griego una palabra que Jesús, en arameo, pronunciaba “abbà”. Dos veces san Pablo, en su epistolario (cf. Romanos 8, 15; Gálatas 4, 6), toca este tema, y en dos ocasiones deja esa palabra sin traducir, en la misma forma en la cual ha florecido en boca de Jesús, “abbà”, un término aún más íntimo respecto a “padre”, y que alguno traduce “papá”. Queridos hermanos y hermanas, nunca estamos solos. Podemos estar lejanos, hostiles, podemos también profesarnos “sin Dios”. Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios que no puede Ahora os hago una propuesta: cada uno de nosotros tiene muchos problemas y muchas necesidades. Pensemos un poco, en silencio, en estos problemas y estas necesidades. Pensemos también en el Padre, en nuestro Padre, que no puede estar sin nosotros, y que en este momento nos está mirando. Y todos juntos, con confianza y esperanza, recemos: “Padre nuestro, que estás en los Cielos...”! ¡Gracias! Al finalizar los saludos en las distintias lenguas a los peregrinos reunidos en la plaza, el Papa Francisco hizo el siguiente llamamiento: Mañana, a las 13.00, se renueva en varios países la iniciativa “Un minuto por la paz”, es decir un pequeño momento de oración en el aniversario del encuentro en el Vaticano entre el fallecido presidente israelí Peres, el presidente palestino Abbas y yo. En nuestro tiempo hay mucha necesidad de rezar —cristianos, judíos y musulmanes— por la paz.

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