Osservatore Romano 2515

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 19 (2.515) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 12 de mayo de 2017 En el centenario de las apariciones de la Virgen el Pontífice visita el Santuario de Fátima Profeta y mensajero de paz «Como peregrino para confiar a la Virgen el destino temporal y eterno de la humanidad, y para suplicar las bendiciones del cielo». En su visita al santuario de Fátima de este viernes y sábado, el Papa Francisco se presentará así con una oración especial para que se derriben los muros y venzan las fronteras en el mundo. Su viaje, en el centenario de las apariciones, incluirá el sábado la canonización de los dos pastorcitos que fallecieron muy jóvenes: Jacinta y Francisco. También rezará para que «la Iglesia sea imagen de la columna luminosa que alumbra los caminos del mundo, mostrando que Dios existe». El Papa Francisco será así el cuarto Pontífice en visitar el santuario mariano. El primero fue Pablo VI hace cincuenta años (en 1967). Después Juan Pablo II en tres ocasiones (en 1982, 1991 y 2000), el Pontífice que decidió revelar el tercer Secreto de Fátima y en 2010, Benedicto XVI. Llegará a la base aérea de Monte Real y allí mantendrá un encuentro privado con el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, donde se producirá el tradicional intercambio de regalos. Francisco estará pocas horas en el santuario de Fátima y no habrá visitas oficiales a Lisboa, ni discursos a las autoridades. Habrá una oración, dos saludos a los fieles y una homilía, y todos ellos serán leídos por el Papa en portugués. Su primera etapa será la capilla, construida en el lugar donde los tres pastorcillos Jacinta, Francisco y Lucía aseguraron que habían sido testigos de varias apariciones de la Virgen. Allí le esperan un millar de niños y será recibido por el rector del santuario Carlos Cabecinhas. Después en su interior tendrá un momento de recogimiento en privado y a continuación pronunciará una oración dedicada a la Virgen e impartirá la bendición a los fieles. El Papa además hará referencia «a los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas». También recordará «la sangre del Cordero derramado todavía en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos». Mensaje a la Asamblea del CELAM Contra el cáncer de la corrupción PÁGINA 3 A la Guardia Suiza El mundo necesita cristianos PÁGINAS 8-9

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página 2 En el Regina Coeli el Papa dirigió la oración mariana acompañado de los recién ordenados sacerdotes en la basílica vaticana L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 Francisco invita a rezar a la Virgen en el mes de mayo El rosario por la paz A la figura de Jesús «pastor bueno y puerta Al rebaño se acercan distintas personas: de las ovejas», el Pontífice dedicó el Regina está quien entra en el recinto pasando por Coeli del domingo 7 de mayo, ante miles de la puerta y quien «sube por otro lado» (v. fieles, en la plaza de San Pedro al finalizar 1). la misa. El primero es el pastor, el segundo un Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! extraño, que no ama a las ovejas, quiere entrar por otros intereses. Jesús se identifica con el primero y manifiesta una rela- En el Evangelio de este domingo, (cf. ción de familiaridad con las ovejas, expre- Juan 10, 1-10), llamado “el domingo del sada a través de la voz, con la que las lla- buen pastor”, Jesús se presenta con dos ma y que ellas reconocen y siguen (cf. v. imágenes que se complementan la una con 3). Él las llama para conducirlas fuera, a la otra. La imagen del pastor y la imagen los pastos verdes donde encuentran buen de la puerta del redil. alimento. La segunda imagen con la que Jesús se presenta es la de la «puerta de las ove- Al finalizar la oración, el Papa saludó a los presentes dirigiéndoles la invitación a rezar el rosario por la paz durante el mes de mayo. jas» (v. 7). De hecho dice: «Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará a salvo» Queridos hermanos y hermanas: Ayer, en Gerona, España, fueron proclamados beatos Antonio (v. 9), es decir tendrá vida y la tendrá en abundancia (cf. v. 10). Arribas Hortigüela y seis compañeros, religiosos de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón. Estos fieles heroicos discípulos de Jesús fueron asesinados por odio a la fe en un tiempo de persecución religiosa. Su martirio, aceptado por amor a Dios y por fidelidad a su vocación, suscite en la Iglesia el deseo de testimoniar con fortaleza el Evangelio de la caridad. Mañana dirigiremos la Súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya; en este mes de mayo recemos el Rosario, en particular por la paz. Por favor: recemos el Rosario por la paz, como pidió la Virgen en Fátima, donde iré en peregrinación dentro de pocos días, con ocasión del centenario de la primera aparición. A todos os deseo un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen. De un jefe así podemos fiarnos, como las ovejas que escuchan la voz de su pas- tor porque saben que con él El rebaño, que somos todos nosotros, se va a pastos buenos y abundantes. Basta tiene como casa un redil que sirve como una señal, un reclamo y ellas siguen, obe- refugio, donde las ovejas viven y descan- decen, se ponen en camino guiadas por la san después de las fatigas del camino. Y voz de aquel que escuchan como presen- el redil tiene un recinto con una puerta, cia amiga, fuerte y dulce a la vez, que donde hay un guardián. guía, protege, consuela y sana. Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva. El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor, que estimula y fascina. Como sucedió a los dos discípulos de Emaús, que ardía su corazón mientras el Resucitado hablaba a lo largo del camino. Es la maravillosa experiencia de sentirse amados por Jesús. Haceos una pregunta: “¿Yo me siento amado por Jesús? ¿Yo me siento amada por Jesús?”. Para Él no somos nunca extraños, sino amigos y hermanos. Sin embargo, no es siempre fácil distinguir la voz del pastor bueno. Estad atentos. Está siempre el riesgo de estar distraídos por el estruendo de muchas otras voces. Hoy somos invitados a no dejarnos desviar por las falsas sabidurías de este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como única guía segura que da sentido a nuestra vida. En esta Jornada Mundial de oración por las vocaciones —en particular por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor nos mande buenos pastores— invocamos a la Virgen María: Ella acompañe a los diez nuevos sacerdotes que he ordenado hace poco. He pedido a cuatro de ellos de la diócesis de Roma que se asomen para dar la bendición junto a mí. La Virgen sostenga con su ayuda a cuantos son llamados por Él, para que estén preparados y sean generosos en el seguir su voz. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 «Aprender a escuchar al Pueblo de Dios significa descalzarnos de nuestros prejuicios». Lo recordó el Papa Francisco en la carta enviada a los obispos reunidos en la XXXVI Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que se celebra en San Salvador del 9 al 12 de mayo sobre el tema: «Una Iglesia pobre para los pobres». Mensaje a la Asamblea del CELAM Contra el cáncer de la corrupción A mis hermanos Obispos reunidos en la Asamblea del CELAM Queridos hermanos: Quiero acercarme a Ustedes en estos días de Asamblea que tiene como música de fondo la celebración de los 300 años de Nuestra Señora Aparecida. Y, con Ustedes me gustaría poder “visitar” ese Santuario. Una visita de hijos y de discípulos, visita de hermanos que como Moisés quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo. Así también quisiera que fuese nuestra “visita” a los pies de la Madre, para que Ella nos engendre en la esperanza y temple nuestros corazones de hijos. Sería como “volver a casa” para mirar, contemplar pero especialmente para dejarnos mirar y encontrar por Aquel que nos amó primero. Hace 300 años un grupo de pescadores salió como de costumbre a tirar sus redes. Salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos: en sus rutinas son encontrados por una pequeña imagen toda recubierta de fango. Era Nuestra Señora de la Concepción, imagen que durante 15 años permaneció en la casa de uno de ellos, y allí los pescadores iban a rezar y Ella los ayudaba a crecer en la fe. Aun hoy 300 años después, Nuestra Señora Aparecida, nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular. Aparecida es toda ella una escuela de discipulado. Y, al respecto, quisiera señalar tres aspectos. El primero son los pescadores. No eran muchos, un grupito de hombres que cotidianamente salían a encarar el día y a enfrentar la incertidumbre que el río les deparaba. Hombres que vivían con la inseguridad de nunca saber cuál sería la “ganancia” del día; incertidumbre nada fácil de gestionar cuando se trata de llevar el alimento a casa y sobre todo cuando en esa casa hay niños que alimentar. Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del río y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa “tozudez” de quienes día a día no dejan —porque no pueden— de tirar las redes. Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida. Y lo hacen con la inseguridad de no saber cuál será el resultado. Y lo que más duele es ver que —casi de ordinario— salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupción, esa corrupción que arrasa con vidas sumergiéndolas en la más extrema pobreza. Corrupción que destruye poblaciones enteras sometiéndolas a la precariedad. Corrupción que, como un cáncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ahí están tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los “desbordes” de muchos... de muchos que no necesitan salir. El segundo aspecto es la Madre. María conoce de primera mano la vida de sus hijos. En criollo me atrevo a decir: es madraza. Una madre que está atenta y acompaña la vida de los suyos. Va a donde no se la espera. En el relato de Aparecida la encontramos en medio del río rodeada de fango. Ahí espera a sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza. María aparece allí donde los pescadores tiran las redes, allí donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ahí está ella. Por último, el encuentro. Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llenó la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con María. Luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneció un buen tiempo. Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la región iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, Iglesia. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad. En Aparecida, encontramos la dinámica del Pueblo creyente que se confiesa pecador y salvado, un pueblo recio y tozudo, consciente de que sus redes, su vida, está llena de una presencia que lo alienta a no perder la esperanza; una presencia que se esconde en lo cotidiano del hogar y de las familias, en esos silenciosos espacios en los que el Espíritu Santo sigue apuntalando a nuestro Continente. Todo esto nos presenta un hermoso ícono que a nosotros, pastores, se nos invita a contemplar. Vinimos como hijos y como discípulos a escuchar y aprender qué es lo que hoy, 300 años después, este acontecimiento nos sigue diciendo. Aparecida (ya sea aquella aparición como hoy la experiencia de la Conferencia) no nos trae recetas sino claves, criterios, pequeñas grandes certezas para iluminar y, sobre todo, “encender” el deseo de quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las raíces, a lo esencial, a la actitud que plantó la fe en los comienzos de la Iglesia y después hizo de nuestro Continente la tierra de la esperanza. Aparecida tan solo quiere renovar nuestra esperanza en medio de tantas “inclemencias”. La primera invitación que este icono nos hace como pastores es aprender a mirar al Pueblo de Dios. Aprender a escucharlo y a conocerlo, a darle su importancia y lugar. No de manera conceptual u organizativa, nominal o funcional. Si bien es cierto que hoy en día hay una mayor participación de fieles laicos, muchas veces los hemos limitado solo al compromiso intraeclesial sin un claro estímulo para que permeen, con la fuerza del evangelio, los ambientes sociales, políticos, económicos, universitarios. Aprender a escuchar al Pueblo de Dios significa descalzarnos de nuestros prejuicios y racionalismos, de nuestros esquemas funcionalistas para conocer cómo el Espíritu actúa en el corazón de tantos hombres y mujeres que con gran reciedumbre no dejan de tirar las redes y pelean por hacer creíble el Evangelio, para conocer cómo el Espíritu sigue moviendo la fe de nuestra gente; esa fe que no sabe tanto de ganancias y de éxitos pastorales sino de firme esperanza. ¡Cuánto tenemos que aprender de la fe de nuestra gente! La fe de madres y abuelas que no tienen miedo a ensuciarse para sacar a sus hijos adelante. Saben que el mundo que les toca vivir está plagado de injusticias, por doquier ven y experimentan la carencia y la fragilidad de una sociedad que se fragmenta cada día más, donde la impunidad de la corrupción sigue cobrándose vidas y desestabilizando las ciudades. No solo lo saben... lo viven. Y ellas son el claro ejemplo de la segunda realidad que como pastores somos invitados a asumir: no tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza. Solo pesca aquel que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos. Y esto no nace de la heroicidad o del carácter kamikaze de algunos, ni es una inspiración individual de alguien que se quiera inmolar. Toda la comunidad creyente es la que va en búsqueda de Su Señor, porque solo saliendo y dejando las seguridades (que tantas veces son “mundanas”) es como la Iglesia se centra. Solo dejando de ser autorreferencial somos capaces de re-centrarnos en Aquel que es fuente de Vida y Plenitud. Para poder vivir con esperanza es crucial que nos re-centremos en Jesucristo que ya habita en el centro de nuestra cultura y viene a nosotros siempre nuevo. Él es el centro. Esta certeza e invitación nos ayuda a nosotros, pastores, a centrarnos en Cristo y en su Pueblo. Ellos no son antagónicos. Contemplar a Cristo en su pueblo es aprender a descentrarnos de nosotros mismos, para centrarnos en el único Pastor. Re-centrarnos con Cristo en su Pueblo es tener el coraje de ir hacia las periferias del presente y del futuro confiados en la esperanza de que el Señor sigue presente y Su presencia será fuente de Vida abundante. De aquí vendrá la creatividad y la fuerza para llegar a donde se gestan los nuevos paradigmas que están pautando la vida de nuestros países y poder alcanzar, con la Palabra de Jesús, los núcleos más hondos del alma de las ciudades donde, cada día más, crece la experiencia de no sentirse ciudadanos sino más bien «ciudadanos a medias» o «sobrantes urbanos» (cf. EG 74). Es cierto, no lo podemos negar, la realidad se nos presenta cada vez más complicada y desconcertante, pero se nos pide vivirla como discípulos del Maestro sin permitirnos ser observadores asépticos e imparciales, sino hombres y mujeres apasionados por el Reino, deseosos de impregnar las estructuras de la sociedad con la Vida y el Amor que hemos conocido. Y esto no como colonizadores o dominadores, sino compartiendo el buen olor de Cristo y que sea ese olor el que siga transformando vidas. Vuelvo a reiterarles, como hermano, lo que escribía en Evangelii Gaudium (49): «prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6, 37)». Esto ayudará a revelar la dimensión misericordiosa de la maternidad de la Iglesia que, a ejemplo de Aparecida, está entre los “ríos y el fango de la historia” acompañando y alentando la esperanza para que cada persona, allí donde está, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado. Esta mirada, este diálogo con el Pueblo fiel de Dios, ofrece al pastor dos actitudes muy lindas a cultivar: coraje para anunciar el Evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades y los sinsabores que la misma predicación provoca. En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin “filtros clericales” el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza. Que María, Nuestra Señora Aparecida, nos siga llevando a su Hijo para que nuestros pueblos en Él, tengan vida... y en abundancia. Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente. Vaticano, 8 de mayo de 2017. FRANCISCO

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 Entrevista al presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba al finalizar la visita ad limina Evangelizar es humanizar R0CÍO LANCHO GARCÍA Cuba ha recibido la visita de los últimos tres Pontífices, y en el caso de Francisco, en dos ocasiones. Momentos que suponen una inflexión, pero no pueden ser “un momento” y después olvidarse. El trabajo de la Iglesia en la Isla es necesario construirlo día a día. Como las más de 2000 casas de oración que han construido en los últimos años y que permiten a las personas que viven en las periferias, vivir la fe y sentirse escuchados. Y es que la Iglesia en Cuba siempre ha querido estar presente en los momentos difíciles y menos difíciles, más duros y menos duros, Santo Padre y la posibilidad de poder hablar de cualquier tema. El Santo Padre escuchaba y participaba como uno más. Cuba está viviendo un periodo de cambio. ¿Cómo está siendo el papel de la Iglesia en este momento? La Iglesia siempre ha querido estar presente en los momentos difíciles y menos difíciles, más duros y menos duros, los de cambio y no cambio. Vive estos momentos como lo vive todo el pueblo, esperando cambios que quisiéramos que fueran más rápidos de lo que son. Viviendo con el pueblo esos cambios que a veces van lentos. Estar cercano en la muchos sacerdotes y religiosos misioneros que son de muchos lugares. Hay una de nuestras diócesis que tiene sacerdotes de 16 nacionalidades diferentes. Esto es la universalidad de la Iglesia. La Isla ha sido visitada por los tres últimos Pontífices, y en el caso de Francisco ya en dos ocasiones. ¿Qué supone esto para la sociedad cubana? Las tres visitas han sido muy positivas. En primer lugar porque todos tuvieron oportunidad de escuchar el Evangelio. En segundo lugar por tener contacto con personalidades, los Papas, que tienen un discurso de paz, de bien, de reconciliación. Un El Santo Padre invita constantemente a ir a las periferias. ¿Cuáles sienten que son las periferias en Cuba donde ustedes deben trabajar? En el año 1986, cuando se celebró el ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano) era un momento muy difícil porque no se permitía evangelizar públicamente. Sin embargo la Iglesia dijo —y no cabe duda que fue un aliento del Espíritu— que debía ser una Iglesia orante, encarnada y misionera. La idea era ir a los lugares donde la Iglesia no podía ir en ese momento, por carencia de medios y de agentes pastorales, es decir, la zona periférica: los pueblos, el campo. No se podían construir templos pero dijimos que había que hacer casas de oración. La Iglesia cubana tiene ahora más de 2000 casas de oración en barrios. Esa es nuestra periferia, en el campo y en a las afueras de las ciudades donde no tienen templo, la periferia física. Pero también están las periferias humanas. Familias en las que los hijos se han ido del país y los ancianos quedan solos. Familias desestructuradas, madres solteras, abuelas que crían niños. Todo ello en un país pobre. Por eso, la Iglesia trata de estar cercana de esas personas y de todo aquel que se acerca a la Iglesia y que pide que se le escuche. Ese es el papel de la Iglesia para poder sanar heridas. los de cambio y no cambio. Así lo explica monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba, en esta entrevista con L’Osservatore Romano. Los obispos cubanos realizaron la visita ad limina del 25 de abril al 5 de mayo. La última visita ad limina que los obispos de Cuba realizaron fue en el 2008, después de tanto tiempo ¿cómo han vivido estos días y en especial el encuentro con el Papa? Fue una gracia, en primer lugar, poder celebrar con él la misa. Es un momento muy especial. Ya ahí se entra en una mística especial y los obispos lo vivimos de una manera muy particular. La misa fue como la que uno celebra en su capilla, con la gente del pueblo, sencilla. Esto fue muy entrañable para nosotros. Después llegó el encuentro con el Santo Padre. Se llama audiencia, pero en realidad es una conversación de pastores. Salieron temas propios de los pastores: los fieles, la catequesis, el catecumenado, la evangelización, las dificultades. Fue una charla muy animada en la que el Santo Padre es el que facilita ese estilo: dinámico, interesante y de familia. Salimos muy contentos por la cercanía del medida de nuestras posibilidades, porque somos una Iglesia pobre, con lo que necesitan de nosotros. Yo no veo que tengamos en este momento una actitud diferente a la que tuvimos hace 10 años, pero las circunstancias históricas, sociales y políticas cambian. Ahora hay pequeños comercios y están abiertos, pues la Iglesia vive junto a esos pequeños comercios. Y siempre predicando el Evangelio. Cuando nosotros pensamos en evangelización, siempre decimos que evangelizar es un humanizar. Conociendo a Jesucristo, y viviendo como Jesucristo estamos humanizando a la sociedad. Aunque cambie la situación, nuestra actitud es siempre la misma, de apertura a las personas. La visita ad limina es también una ocasión para vivir la universalidad de la Iglesia. ¿Cómo han experimentado esto ustedes? Llegar a Roma y visitar la tumba de los apóstoles, las Basílicas, reunirnos con el Santo Padre, visitar los dicasterios, encontrarse con personas de muchas nacionalidades, muchos rostros diferentes. Esto ya te enriquece. Ir por la calle y encontrarte con religiosas que son de Corea, con sacerdotes de cualquier lugar... Todo habla de la universalidad de la Iglesia. Pero en Cuba también tenemos discurso de diálogo, de apertura, una llamada a hacer el bien, a no dejarse encerrar por ideologías o el endiosamiento de los bienes materiales. Estos temas interesan a todo el mundo. Cada Pontífice tiene una personalidad y manera de manifestarse ante la gente diferente. No es lo mismo en 1998 cuando vino Juan Pablo II que ahora. Juan Pablo II era un hombre formidable, imponía y al final incluso por su propia vejez, y por el esfuerzo que hacía. Transmitía una serie de valores y verdades con su sola presencia y manera de decir las cosas. Benedicto XVI era académico y ¡hablaba bajito! Pero sin embargo la gente le escuchó porque es un hombre sabio. Y el momento en el que fue a rezar a la Virgen de la Caridad, eso fue para el pueblo cubano un momento de gracia. Francisco es un hombre mediático, latinoamericano, habla con un lenguaje cercano y con una experiencia de Iglesia similar, todo muy vinculado a Aparecida. La visita de los Papas la considero como una inflexión. La visita es un momento importante, pero la Iglesia cubana tiene una trayectoria y ese momento fuerte se inserta en esa trayectoria y que se prepara para que la potencie. De esta forma no es solo “un acontecimiento” y luego nos olvidamos. ¿Y cómo realizar esta misión con los desafíos que presenta el mundo actual? La cultura cubana está muy formada por la presencia católica y del Evangelio. Aunque hay minoría de practicantes, la gente sigue bautizando a sus hijos, se vive la devoción a la Virgen de la Caridad, se reza por los difuntos en la iglesia, se participa en las procesiones... Nosotros vivimos la evangelización paso a paso. Hay Iglesias muy numerosas con mucha presencia de fieles en el templo, pero para nosotros una persona que comienza a ir a la Iglesia es un momento de alegría. Una persona. Paso a paso, poco a poco, que eso perdura. Por eso las visitas de los Papas han sido importantes, eventos que marcan. Pero lo importante es el día a día. Es ir a un barrio y empezar con una casita de misión y vienen cuatro personas, y después aumentan poco a poco. Para nosotros eso es una gran alegría. Ahora la Iglesia se está preparando para el próximo Sínodo sobre los jóvenes, y además América Latina acogerá la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. ¿Cómo trabaja la Iglesia en Cuba con sus jóvenes? Es un desafío porque los jóvenes no ven futuro y quieren buscar un futuro personal. Por eso nosotros pedimos mucho para que en Cuba tengamos la posibilidad de que la gente se desarrolle y no tenga que abandonar el país. Con la juventud trabajamos, aunque no son miles de jóvenes, hay presencia en las parroquias. ¡Este es el medio que tenemos aunque nos gustaría que fuera más numeroso! Cuando los apóstoles comenzaron eran doce, ¡menos que nosotros!

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 A sacerdotes y seminaristas el Papa pide huir de las tentaciones del formalismo y del clericalismo Con el estilo de san Ignacio Educar según el estilo de san Ignacio: es la misión que el Papa encomendó a la comunidad del Pontificio seminario campano interregional de Posillipo, en Nápoles, durante la audiencia del sábado por la mañana, 6 de mayo, en la Sala del Consistorio. Queridos hermanos obispos y sacerdotes, queridos seminaristas: Os encuentro con alegría —a mí me gusta encontrar a los seminaristas— y saludo a todos los que formáis la comunidad del Seminario pontificio Campano interregional, acompañados por algunos obispos de la región. Doy gracias al rector por sus palabras y os saludo de una manera especial a vosotros, queridos seminaristas, que, gracias a Dios, sois numerosos. Vuestro seminario representa un caso singular en el panorama actual eclesial italiano. Fundado en 1912 por voluntad de san Pío X, como ocurría con varias instituciones educativas en aquella época, fue encargado inmediatamente a la dirección de los padres jesuitas, que lo han guiado a través de notables transformaciones acaecidas en más de cien años, permaneciendo actualmente el único seminario en Italia dirigido por la Compañía de Jesús. En las últimas décadas ha aumentado cada vez más la colaboración y la interacción con las Iglesias diocesanas que, además de enviar a los jóvenes candidatos al sacerdocio, se preocupan por encontrar entre sus presbíteros figuras adecuadas para la formación. Animo este camino significativo y fecundo de comunión eclesial, en el que cada diócesis, con sus pastores, están invirtiendo recursos considerables. Una comunidad formativa interdiocesana representa una indudable oportunidad de enriquecimiento, en virtud de las diferentes sensibilidades y experiencias de las que cada uno es portador y es capaz de educar a los futuros presbíteros para que se sientan parte de la única Iglesia de Cristo, extendiendo siempre el aliento de su sueño vocacional con auténtico espíritu misionero (cf. Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, 91), que no debilita, sino que más bien consolida y motiva el sentido de pertenencia a la Iglesia particular. En este tiempo, en el que todos nos sentimos pequeños, tal vez impotentes frente al desafío educativo, caminar juntos, con verdadero espíritu “sinodal”, es una decisión vencedora, que nos ayuda a sentirnos sostenidos, animados y enriquecidos los unos por los otros. Este ejercicio de comunión se enriquece aún más por el encuentro con la rica tradición espiritual y pedagógica ignaciana, que tiene en los Ejercicios Espirituales un seguro punto de referencia, en el que os habéis inspirado para vuestro proyecto de formación, mediando, así con “fidelidad creativa” las indicaciones que proceden del magisterio de la Iglesia. Queridos educadores, formar para la espiritualidad propia del presbítero diocesano según la pedagogía de los Ejercicios de san Ignacio es vuestra misión: un desafío arduo, pero al mismo tiempo emocionante, que tiene la responsabilidad de indicar la dirección para el futuro ministerio sacerdotal. Querría señalar aquí tres aspectos que considero importantes. Educar según el estilo ignaciano significa en primer lugar, favorecer en la persona la integración armoniosa a partir de la centralidad de la amistad personal con el Señor Jesús. Es precisamente la primacía dada a la relación con el Señor, que nos llama “amigos” (Juan 15, 15), que hace posible vivir una espiritualidad sólida, profunda, pero no desencarnada. Por esto es importante conocer, aceptar y reformar continuamente la propia humanidad. No cansarse de ir adelante, reformar: siempre en camino. En esta dirección, también la formación intelectual no tiende a ser el simple aprendizaje de nociones para convertirse en eruditos, —¡no sois un diccionario!— sino que quiere facilitar la adquisición de instrumentos cada vez más refinados para una lectura crítica de la realidad partiendo de sí mismos. «Tú eres el Cristo» — «Tú eres Pedro» (cf Mateo 16, 1618): todo el camino vocacional como para Simón Pedro y los primeros discípulos, gira en torno a un diálogo de amor, de amistad, en el que, mientras reconocemos a Jesús como el Mesías, el Señor de nuestra vida, Él nos da el nombre “nuevo”, que encierra nuestra vocación, indica nuestra misión, que el Padre conoce y custodia desde siempre. El descubrimiento de nuestro nuevo nombre, el nombre que mejor nos define, el más auténtico, pasa a través de nuestra capacidad de dar poco a poco nombres a las diferentes experiencias que animan nuestra humanidad. Llamar a las cosas por su nombre es el primer paso para conocerse a sí mismo y por tanto para conocer la voluntad de Dios en nuestra vida. Queridos seminaristas, no tengáis miedo de llamar a las cosas por su nombre, de mirar cara a cara la verdad de vuestra vida y de abriros con transparencia y verdad a los demás, sobre todo a vuestros formadores, huyendo de la tentación del formalismo y del clericalismo, que están siempre en la raíz de la doble vida. Y precisamente el discernimiento es el segundo punto que me gustaría subrayar. La educación para el discernimiento no es una exclusiva de la propuesta ignaciana, pero es seguramente su punto fuerte. El tiempo del seminario es un tiempo de discernimiento por excelencia, en el que, gracias al acompañamiento de los que, al igual que Elí con Samuel (cf. 1 Samuel 3), ayudan a los jóvenes a reconocer la voz del Señor en medio de las muchas voces que re- suenan y a veces retruenan en los oídos y en los corazones. Pero en esta época el ejercicio del discernimiento debe convertirse en un verdadero arte de la educación, para que el sacerdote sea un verdadero «hombre de conocimiento» (cf. Ratio fundamentalis, 43). Hoy más que nunca —lo ha dicho el rector— el sacerdote está llamado a guiar al pueblo cristiano para discernir los signos de los tiempos, en el saber reconocer la voz de Dios en la multitud de voces, a menudo confusas, que se superponen con mensajes contradictorios entre ellos, en nuestro mundo caracterizado por una pluralidad de sensibilidades culturales y religiosas. Para ser expertos en el arte del discernimiento, en primer lugar, hay que estar muy familiarizado con la escucha de la Palabra de Dios, pero también con un conocimiento cada vez mayor de uno mismo, del propio mundo interior, de los afectos y de los miedos. Para convertirse en hombres de discernimiento, es necesario, además, ser valientes, decirse la verdad a sí mismos. El discernimiento es una elección valiente, a diferencia de los caminos más cómodos y reductivos del rigor y la laxitud, como he reiterado a menudo. Educar en el discernimiento quiere decir, además, escapar de la tentación de refugiarse detrás de una regla estricta o detrás de la imagen de una libertad idealizada. Educar en el discernimiento significa “exponerse”, salir del mundo de las convicciones y prejuicios propios para abrirse a entender cómo Dios nos está hablando hoy, en este mundo, en este tiempo, en este momento y cómo me habla a mí, ahora. Finalmente, formarse para el sacerdocio de acuerdo a un estilo ignaciano significa siempre abrirse a la dimensión del Reino de Dios, cultivando el deseo del “magis”, de ese “algo más” con la generosidad de donarnos al Señor y a los hermanos, que siempre está ante nosotros. Para este año de formación habéis elegido el tema «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia» (Mateo 6, 36): esto os ayudará a ampliar el respiro de vuestra formación y a no conformaros con alcanzar un rol, de llevar un vestido, os ayudará a no tener prisa para terminar vuestro camino, sino a hacer más sólida vuestra estructura humana y espiritual. Buscar el Reino nos ayuda a no asentarnos en lo que ya hemos logrado, a no sentarnos sobre nuestros éxitos, sino a cultivar esa santa inquietud de los que desean ante todo servir al Señor en los hermanos. La inquietud amplía el alma y la hace más capaz de recibir el amor de Dios. Buscar el Reino significa rehuir la lógica de la mediocridad y de lo “mínimo indispensable”, para abrirse a descubrir los grandes sueños de Dios para nosotros. Buscar el Reino significa buscar la justicia de Dios y trabajar para que nuestras relaciones, las comunidades, nuestras ciudades sean transformadas por el amor misericordioso de Dios, que escucha el grito de los pobres (cf. Salmo 34, 7). La búsqueda de la verdadera justicia debe fomentar en el llamado una creciente libertad interior hacia los bienes, los reconocimientos de este mundo, hacia los seres queridos y hacia su propia vocación. Libertad interior hacia los bienes: quiero subrayar esto. ¡Es el primer peldaño feo! No lo olvidéis: el diablo entra por los bolsillos, siempre; después está la vanidad, y luego el orgullo, la soberbia, y así se acaba. Los jóvenes que han elegido seguir al Señor en el camino del sacerdocio, están llamados de hecho a cultivar la amistad con Jesús, que se manifiesta de una manera privilegiada en el amor por los pobres, a fin de ser «testigos de la pobreza, a través de la simplicidad y la austeridad de la vida, para convertirse en promotores honestos y creíbles de una verdadera justicia social» (Ratio fundamentalis, 111) . Por la intercesión de María, Reina de los Apóstoles, del obispo san Alfonso María de Ligorio y de san Ignacio de Loyola, maestro de discernimiento, el Señor os conceda continuar con alegría y fidelidad vuestro camino, siguiendo la tradición luminosa de la que formáis parte. Os doy las gracias y os pido que, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

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página 6 L’OSSERVATORE ROMANO Discurso a los miembros del Colegio pontificio portugués Tres madres viernes 12 de mayo de 2017, número 19 El lunes 8 de mayo el Papa recibió en la Sala del Consistorio a la comunidad del Colegio pontificio portugués de Roma. A continuación publicamos las palabras que pronunció el Pontífice. Queridos hermanos y hermanas: Gracias por haber venido a encontrarme; ¡sed bienvenidos! Os saludo a todos vosotros, en particular al rector, el padre Caldas al cual le doy las gracias por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de toda la comunidad. Dirijo también un pensamiento agradecido a sus colaboradores, a las religiosas y al personal del Colegio. Os doy las gracias sobre todo por vuestras oraciones; por mi parte, os deseo paz y esperanza en el Señor a cada uno de vosotros y a vuestras familias y naciones de origen. En Portugal, este deseo lo llevaré —si Dios quiere— en persona, en mi ya inminente peregrinación al Santuario de Fátima, donde hace cien años se apareció la Virgen a los tres pastorcillos. El encuentro con la Virgen fue una experiencia de gracia que les hizo enamorarse de Jesús. Como tierna y buena Maestra, María introduce a los pequeños videntes en el íntimo conocimiento del amor trinitario y les lleva a saborear a Dios como la realidad más bonita de la existencia humana. No puedo no desear lo mismo a todos vosotros, queridos amigos. Más allá de cualquier otro objetivo que os haya traído a Roma y aquí os entretenga, que siempre esté esto: conocer y amar a Cristo —como diría el apóstol Pablo— intentando adaptarse cada vez más a Él hasta el don total de sí mismo. Concretamente vosotros, queridos presbíteros, estáis llamados a progresar, sin cansaros, en vuestra formación cristiana sacerdotal, pastoral y cultural. Cualquiera que sea vuestra especialización académica, que vuestra primera preocupación sea siempre la de crecer en el camino de la consagración sacerdotal, mediante la experiencia amorosa de Dios: un Dios cercano y fiel, como lo sintieron los beatos Francisco y Jacinta y la sierva de Dios Lucía. Hoy, contemplando su vida humilde y gloriosa, nos sentimos impulsados a encomendarnos, también nosotros, a los cuidados de la misma Maestra. Y no se trata de una novedad. Lo rezamos siempre en la más antigua antífona latina de la Virgen «Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix». Nos invita precisamente a buscar refugio bajo su manto, una madre que nos toma de la mano y nos enseña a crecer en el amor de Cristo y en la comunión fraterna. Me ha gustado escuchar al padre Caldas decir que desde 1929, en la Capilla del Colegio, la mirada de la Madre de Dios acompaña a las súplicas de quien se acerca al altar. Miradla a Ella y dejaos mirar por Ella, porque es vuestra Madre y os ama mucho; dejaos mirar por Ella, aprended a ser más humildes y también más valientes en el seguir la Palabra de Dios; para acoger el abrazo de su Hijo Jesús y, fuertes de esta amistad, amar a cada persona según el ejemplo y la medida del Corazón de Cristo, al cual se ha consagrado el Colegio, encontrando en Él vida, esperanza y paz. Miremos, hermanos y hermanas, a nuestra Madre, que está en el corazón de Dios. El misterio de esta joven de Nazaret no nos es extraño. No está “Ella allí y nosotros aquí”. No, estamos comunicados. En efecto, Dios dirige su mirada de amor (cf. Lucas 1, 48) también a cada hombre y a cada mujer, ¡con nombre y apellidos! Su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros. La relación con la Virgen nos ayuda a tener una buena relación con la Iglesia: ambas son Madres. Vosotros conocéis, al respecto, el comentario de san Isaac, el abad de la Stella: lo que se puede decir de María se puede decir de la Iglesia y también de nuestra alma. Las tres son femeninas, las tres son Madres, las tres dan la vida. Es necesario por ello cultivar la relación filial con la Virgen, porque, si esto falta, hay algo de huérfano en el corazón. Un sacerdote que se olvida de la Madre, y sobre todo en los momentos de dificultad, le falta algo. Es como si fuese huérfano, mientras en realidad ¡no lo es! Se ha olvidado de su madre. Pero en los momentos difíciles el niño va hacia su madre, siempre. Y la Palabra de Dios nos enseña a ser como niños que empiezan a comer en los brazos de su madre (cf Salmo 131, 2). Para concluir, deseo que vuestra comunidad sacerdotal continúe siendo un vivero de apóstoles, punto de unión de las Iglesias de vuestros países con Roma, unidos en la caridad y en el testimonio vivo del amor de Dios por la humanidad. Con estos deseos para el mejor futuro del Colegio pontificio Portugués, imparto de corazón a los Superiores, a los estudiantes, a los colaboradores y a vuestras familias la Bendición Apostólica. Y rezo a la Virgen de Fátima para que os enseñe a creer, adorar, esperar y amar como los beatos Francisco y Jacinta y la sierva de Dios Lucía. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO A los docentes y estudiantes del Pío Rumano en el 80º aniversario de la fundación Custodios de la memoria «Custodiar la memoria y cultivar la esperanza» para no terminar en la mediocridad del clericalismo: es el doble compromiso encomendado por el Papa a la comunidad del Colegio pontificio Pío Rumano, recibida en audiencia en la Sala del Consistorio el viernes 5 de mayo, por la mañana, con ocasión del 80º aniversario de su fundación. Después del saludo del rector —que recordó cómo la estructura aloja además de estudiantes y sacerdotes greco-católicos de Rumanía, también coptos egipcios, caldeos iraquíes y sirios, siro-católicos, maronitas libaneses y melquitas palestinos— el Pontífice pronunicó el siguiente discurso. Queridos hermanos y hermanas: Os saludo con afecto. Me alegra encontraros en el 80º aniversario de la fundación de vuestra sede. Es la ocasión para estar agradecidos con Dios y con todos los que a lo largo de los años han trabajado para que el Colegio Pío Rumano contribuya a la formación de los futuros pastores. El camino que estáis realizando se incluye en una historia que os precede y, al mismo tiempo, está lleno de expectativas para el futuro de la Iglesia greco-católica rumana. Por ello, quisiera de- nuino del don. Un pastor, como discípulo configurado con Cristo que dio su vida «hasta el extremo» (Juan 13, 1), no puede permitirse llegar a un acuerdo con una vida mediocre o adaptarse a las situaciones sin arriesgar nada. Que vuestro Colegio sea cada vez más un “gimnasio”, donde entrenarse a dar la vida con disponibilidad; vuestros estudios instrumentos de servicio para la Iglesia, que embellezcan también la rica tradición cultural de vuestro amado país. Custodiar la memoria, por tanto, no es simplemente recordar el pasado, sino sentar las bases para el futuro, para un futuro de esperanza. Si no se custodia la memoria acabaremos en la mediocridad del clericalismo. Cultivar la esperanza es mi segundo deseo. Hay mucha necesidad de alimentar la esperanza cristiana, esa esperanza que dona una mirada nueva, capaz de descubrir y de ver el bien, incluso cuando está oscurecido por el mal: «Si la esperanza reaviva nuestros ojos, veremos lo que está oculto», escribía san Efrén (Carmen Nisib., 70). Los Hechos de los Apóstoles, que la liturgia nos propone en este tiempo pascual, muestran cómo la Iglesia, que vive con confianza en el Resucitado y persevera en la oración, en la comu- página 7 searos dos cosas: custodiar la memoria y cultivar la esperanza. Custodiar la memoria. Vuestro Colegio surgió en un período de desarrollo para las comunidades católicas orientales; más tarde se vio afectado por los trágicos sucesos relacionados con la persecución atea; para ser testigo después de un hermoso renacimiento y abrirse, en los últimos años, a nuevos desafíos. Esta historia, hecha de grandes testigos de fe y de momentos de prueba, de inviernos duros y primaveras florecientes, os pertenece. Es bueno custodiarla, no para permanecer anclados en el pasado, sino para vivir los eventos que cada época presenta con el apoyo de una memoria evangélica viva, que abraza una historia más grande que nosotros y siempre está abierta a la acción del Espíritu. Aprender, a través de la oración y del estudio intenso, de todo lo que el Señor ha obrado en su pueblo, es una bonita oportunidad durante los años que pasáis en Roma, donde también podéis respirar la universalidad de la Iglesia. Fortalecer vuestra memoria eclesial os ayudará a vencer una tentación peligrosa que se os puede presentar: la de acostumbrarse a la mediocridad, la de conformarse con una vida “normal” —¡entre comillas!—, donde todo va adelante sin entusiasmo y sin pasión, y donde, tarde o temprano, se termina por convertirse en guardianes celosos del tiempo propio, de las propias seguridades, del propio bienestar. En cambio, estimulados por los ejemplos de vuestros grandes testigos en la fe, aspirad a un ministerio encendido de Evangelio, que tenga el sabor fuerte y ge- nión y en la caridad, nunca pierde de vista esta esperanza y la dona al mundo incluso cuando no tiene medios, es incomprendida o encuentra hostilidad. Os deseo que vuestra casa sea un cenáculo donde el Espíritu eduque misioneros de esperanza, portadores contagiosos de la presencia del Resucitado, valientes en la creatividad y nunca desanimados ante las dificultades o la carencia de medios. Que el Espíritu Santo también suscite en vosotros el deseo de buscar y promover, con corazón purificado, el camino de la concordia y de la unidad entre todos los cristianos. Queridos hermanos y hermanas, mientras mi saludo, a través vuestro, quiere llegar al arzobispo mayor y a los obispos del Sínodo, también me gustaría dirigirme con afecto a los estudiantes del Colegio pontificio de san Efrén aquí presentes y a los que acoge vuestra comunidad. Al encontraros pienso en la situación en la que se encuentran tantos fieles de vuestras tierras, tantas familias que se ven obligadas a abandonar sus hogares golpeados por las oleadas de violencia y sufrimiento. Deseo abrazar de forma especial a estos hermanos y hermanas nuestros, junto a sus patriarcas y obispos. Con ellos invoco el don pascual de la paz: Jesús, refugio que alienta y consuela, «esperanza de los que no tienen esperanza» (cf. San Efrén, La segunda venida de Nuestro Señor, 24-25) inspire los corazones y las mentes para que finalmente se abran caminos de reconciliación y de bien. Os doy las gracias y os pido, por favor, que no me olvidéis en vuestras oraciones. Gracias.

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO En el discurso a la Guardia Suiza el Pontífice presenta el ejemplo de san Felipe Neri El mundo necesita cristianos El ejemplo de san Felipe Neri, que recorría Roma «tras las huellas de los santos», fue presentado por el Papa Francisco a la Guardia Suiza pontificia durante la audiencia del sábado 6 de mayo, por la mañana, en la Sala Clementina, con ocasión del juramento de los nuevos reclutas. Señor Comandante, Reverendo Capellán, queridos Guardias, queridos familiares y amigos de la Guardia Suiza Pontificia Me gustaría invitaros a vivir el tiempo que transcurráis en la “Ciudad Eterna” con fraternidad sincera, sosteniéndoos los unos a los otros en el conducir una vida cristiana ejemplar, que esté motivada y apoyada por vuestra fe. Estoy seguro de que el impulso más fuerte para venir a Roma a cumplir este servicio os lo ha dado precisamente vuestra fe. La misión singular que se os confía en favor de la Santa Sede y de la Iglesia tiene de hecho la fuente en el bautismo, que os habilita a dar testimonio de la fe en Cristo, muerto y resucitado, allí donde la Providencia os envía a vivir. Tengo el placer de encontraros con motivo de esta jornada celebrativa vuestra y deseo dirigir un cordial saludo en especial a los nuevos reclutas, que han elegido dedicar unos años de su juventud al servicio del Sucesor de Pedro. La presencia de vuestros padres, familiares y amigos, veni- Queridos Guardias, sentíos parte activa del gran pueblo de Dios, discípulos-misioneros comprometidos en dar testimonio del Evangelio en el entorno en el que trabajáis y en los lugares de tiempo libre. Y esto pasa a través de pequeños gestos cotidianos, a veces repetitivos, pero a los que es dos a Roma para participar en estos días de fiesta, manifiesta tanto el afecto de los católicos suizos por la Santa Sede, como la educación cristiana y el buen ejemplo con que los padres han transmitido a sus hijos la fe, el valor de la pertenencia a la comunidad cristiana y el significado del servicio eclesial. Vuestra presencia en la Iglesia y vuestro servicio importante en el Vaticano es una oportunidad para crecer como valientes importante dar un significado siempre nuevo. De este modo se forma un estilo de comportamiento que, dentro del Cuerpo, está hecho de armonía recíproca y comunión respetuosa con vuestros superiores, y fuera se expresa en la acogida, en la amabilidad, en la paciencia. Como cada año, recordáis el doloroso y al mismo tiempo famoso “Saqueo de Roma”, en el que los Guardias Suizos destacaron por una defensa valiente soldados de Cristo También os deseo que podáis valorar esta temporada de vuestra vida para aprovechar algunas de las muchas posibilidades de crecimiento espiritual y e indómita del Papa, hasta sacrificar su vida. Hoy no estáis llamados a esta ofrenda heroica de la vida física, sino a otro sacrificio no menos arduo: a servir el poder de la fe. Esa es una barrera válida para resistir a las diversas fuerzas y poderes de esta tierra y en especial a aquel que es «el príncipe de este mundo», el «padre de la mentira» que «anda como un león buscando a quien devorar», según las palabras del apóstol Pedro (1 Pedro 5, 8). Estáis llamados a ser fuertes y valientes, sostenidos por la fe en Cristo y su palabra de salvación. Vuestra presencia en la Iglesia, vuestro servicio importante en el Vaticano es una oportunidad para crecer como valientes “soldados de Cristo”. cultural que Roma os ofrece. San Felipe Neri, cuya memoria litúrgica celebraremos a finales de este mes, acompañaba a sus muchachos a descubrir los rastros de las antiguas comunidades cristianas, tras los pasos de los santos. Así es, esto es algo muy interesante: recorrer Roma tras las huellas de los muchos santos y santas que han vivido en esta ciudad. ¡Y así será aún más inolvidable y rico de frutos vuestro período romano! Aprovecho la oportunidad para reiterar a todo el Cuerpo de la Guardia Suiza mi agradecimiento por la diligencia y la solicitud con que desempeña su valiosa actividad al servicio del Papa y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Los peregrinos y turistas que tienen la oportunidad de conoceros se sienten edificados cuando descubren en vosotros, junto con la característica de la buena educación, precisión y seriedad profesional, también el generoso testimonio cristiano y la santidad de vida. Que esta sea vuestra primera preocupación. Os pido que recéis por mí y mientras invoco sobre vosotros la protección de la Santísima Virgen y de vuestros patrones san Martín, san Sebastián y san Nicolás de Flüe —del cual celebramos este año el sexto centenario de su nacimiento— os imparto de todo corazón la bendición apostólica. páginas 8/9

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 Congregación para las causas de los santos Promulgación de decretos El Santo Padre Francisco recibió en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el pasado 5 de mayo. Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación de los siguientes decretos: — un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios FRANCIS SOLANO CASEY (en el siglo Bernard), sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos; nacido el 25 de noviembre de 1870 y fallecido el 31 de julio de 1957. — un milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios MARÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN (en el siglo Adelaida de Batz de Trenquelléon), fundadora de las Hijas de María Inmaculada; nacida el 10 de junio de 1789 y fallecida el 10 de enero de 1828. — un milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios CLARA FEY, fundadora del Instituto de las Hermanas del Pobre Niño Jesús; nacida el 11 de abril de 1815, y fallecida el 8 de mayo de 1894 — un milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios CATALINA DE MARÍA (en el siglo Josefa Saturnina Rodríguez), fundadora de la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús; nacida el 27 de noviembre de 1823 y fallecida el 5 de abril de 1896. — el martirio del Siervo de Dios LUCIEN BOTOVASOA, laico y padre de la familia, de la Tercera Orden de San Francisco; asesinado en Vohipe- no (Madagascar) por odio a la fe el 17 de abril de 1947. — las virtudes heroicas del Siervo de Dios ELIA DALLA COSTA, cardenal de la Santa Iglesia Romana, arzobispo de Florencia; nacido el 14 de mayo de 1872 y fallecido el 22 de de diciembre de 1961. — las virtudes heroicas del Siervo de Dios FRANÇOIS-XAVIER NGUYEN VAN THUAN, cardenal de la Santa Iglesia Romana; nacido el 17 de abril de 1928 y fallecido el 16 de septiembre de 2002. — las virtudes heroicas de la Sierva de Dios GIOVANNA MENEGHINI, fundadora de la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de María; nacida el 23 de mayo de 1868 y fallecida el 2 de marzo de 1918. — las virtudes heroicas de la Sierva de Dios VINCENZA CUSMANO, primera Superiora General de la Congregación de las Siervas Pobres; nacida el 6 de enero de, 1826 y fallecida el 2 de febrero de 1894. — las virtudes heroicas del Siervo de Dios ALESSANDRO NOTTEGAR, laico, padre de familia, Fundador de la Comunidad Regina Pacis; nacido el 30 de octubre de 1943 y fallecido el 19 de septiembre de 1986. — las virtudes heroicas de la Sierva de Dios EDVIGE CARBONI, laica; nacida el 2 de mayo de 1880 y fallecida el el 17 de febrero de 1952. — las virtudes heroicas de la Sierva de Dios MARÍA GUADALUPE ORTIZ DE LANDÁZURI Y FERNÁNDEZ DE HEREDIA, laica, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y del Opus Dei; nacida el 12 de diciembre de 1916, y fallecida el 16 de julio de 1975. Audiencias pontificias El Papa ha recibido en Audiencia: Viernes, día 5 —Su Beatitud Eminentísima, cardenal Béchara Boutros Raï, O.M.M., Patriarca de Antioquía de los Maronitas (Líbano). —Cardenal Patrick D’Rozario, C.S.C. arzobispo de Dhaka (Bangladesh). —Monseñor José Raúl Vera López, O.P., obispo de Saltillo (México). —Comunidad del Colegio pontificio Pío Rumano de Roma. —Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarro- llo Humano Integral, con monseñor Silvano Maria Tomasi, arzobispo titular de Asolo. Sábado, día 6 —Cardenal Marc Ouellet, P.S.S., Prefecto de la Congregación para los Obispos. —Sra. Doris Leuthard, Presidenta de la Confederación Helevética y séquito. —Comunidad del Pontificio Seminario Campano de Posillipo. —Guardias Suizas Pontificias. —Estudiantes participantes en el encuentro promovido por la Coordinadora Nacional de los Entes Locales para la paz y los derechos humanos. Lutos Monseñor GEORGE HUGH NIEDERARUER, arzobipo emérito de San Francisco, California, falleció el pasado 2 de mayo. Monseñor AMANCIO ESCAPA APARICIO, OCD, obispo titular de Cene y auxiliar emérito de Santo Domingo, República Dominicana, falleció el pasado 5 de mayo. Curia romana El Santo Padre Francisco ha nombrado obispo de Yopal (Colombia) a monseñor EDGAR ARISTIZÁBAL QUINTERO, quien hasta ahora había fungido como obispo titular de Castra de Galba y auxiliar de Medellín en la diócesis de Colombia. Carta del Papa a Teodoro II En el día de la amistad entre las Iglesias ortodoxa copta y católica, Francisco envió a Teodoro II un mensaje de felicitación en el que recuerda la reciente visita a El Cairo y el encuentro precedente en Roma el 10 de mayo de 2013, asegurando oraciones por la paz en Egipto y en Oriente Medio. A su Santidad Teodoro II Papa de Alejandría y Patriarca de la Sede de San Marcos Querido hermano: Después de mi visita a Egipto y del encuentro bendecido con Su Santidad en El Cairo, con ocasión del cuarto aniversario de nuestro encuentro fraterno en Roma el 10 de mayo de 2013, aprovecho la oportunidad para expresarle mis más fervientes deseos de paz y de salud, junto con la alegría y la gratitud por los vínculos espirituales que unen la Sede de Pedro y la Sede de Marcos. Deseo renovar mi profundo reconocimiento por la hospitalidad que me ha ofrecido, así como por nuestro conmovedor encuentro y por la oración común, compartida como hermanos en Cristo. Estoy particularmente agradecido por el hecho que hemos reforzado nuestra unidad bautismal en el Cuerpo de Cristo, declarando juntos “con una misma mente y un mismo corazón, procuraremos sinceramente no repetir el bautismo a ninguna persona que haya sido bautizada en algunas de nuestras Iglesias y quiera unirse a la otra”. Los vínculos de fraternidad entre nosotros “suponen un desafío para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la búsqueda de la unidad visible en la diversidad, bajo la guía del Espíritu Santo”. En este recorrido somos sostenidos por la poderosa intercesión y el ejemplo de los mártires. Continuamos, por tanto, avanzando juntos en nuestro camino hacia la misma mesa eucarística, creciendo en el amor y en la reconciliación. Deseo asegurar mi continua oración por Su Santidad y por la paz en Egipto y en Oriente Medio. En este tiempo pascual pido al Espíritu Santo, fuerza y ternura de Dios, colmar nuestros corazones de gracia y encender en ellos el fuego de su amor. Pueda el Espíritu de paz concedernos crecer en la esperanza, en la amistad y en la concordia. Con estos sentimientos, en la actual especial ocasión, ya conocida como día de la amistad entre la Iglesia ortodoxa copta y la Iglesia católica, intercambio con Su Santidad un fraterno abrazo de paz en Cristo nuestro Señor.

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Francisco explica las razones por las que hay que hacerse sacerdote No por carrera sino por servicio La vocación del sacerdote no es «hacer carrera» sino realizar entre los hombres la «misión de maestro, sacerdote y pastor» confiada por Jesús. De este «servicio» habló el Papa Francisco a diez sacerdotes ordenados en la mañana del domingo 7 de mayo, durante la celebración eucarística que presidió en la Basílica Vaticana. Queridísimos hermanos: Estos hermanos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. Reflexionamos en qué ministerio serán elevados en la Iglesia. Como vosotros sabéis bien, hermanos, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular, para que ejercitando públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor. Fueron elegidos por el Señor Jesús no para hacer carrera, sino para hacer este servicio. Como, de hecho, para esto Él había sido enviado por el Padre, así Él envió a su vez en el mundo primero a los apóstoles y después a los obispos y sus sucesores, a los cuales finalmente fueron dados como colaboradores los presbíteros que, unidos a ellos en el ministerio sacerdotal, son llamados al servicio del Pueblo de Dios. Después de madura reflexión y oración, ahora vamos a elevar al orden de los presbíteros a estos hermanos nuestros, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote, Pastor, cooperen para edificar el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia en Pueblo de Dios y Templo santo del Espíritu Santo. Estos serán configurado a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, y a este título, que les une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores del Evangelio, Pastores del Pueblo de Dios, y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor. A vosotros, hijos y hermanos queridos, que vais a ser promovidos al orden del presbiterado, considerad que ejercitando el ministerio de la Sagrada Doctrina seréis partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Dispensad a todos esa Palabra de Dios, que vosotros mismos habéis recibido con alegría, desde niños. Leed y meditad con frecuencia la Palabra del Señor para creer lo que habéis leído, enseñad lo que habéis aprendido en la fe, vivid lo que habéis enseñado. Nutra al Pueblo de Dios vuestra doctrina, sencilla, como hablaba el Señor, que llegaba al corazón. No hagáis homilías demasiado intelectuales y elaboradas: hablad de forma sencilla, hablad a los corazones. Y esta predicación será verdadero alimento. Y sea alegría y apoyo a los fieles también el perfume de vuestra vida, porque la palabra sin el ejemplo de la vida no sirve, mejor volver para atrás. La doble vida es una enfermedad fea, en la Iglesia. Por tanto reconoced lo que hacéis. Imitad lo que celebráis porque participando en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleváis la muerte de Cristo en vuestros miembros y camináis con Él en novedad de vida. Un presbítero que ha estudiado quizá mucha teología y ha hecho una, dos, tres licenciaturas pero no ha aprendido a llevar la Cruz de Cristo, no sirve. Será un buen académico, un buen profesor, pero no un sacerdote. Con el Bautismo agregaréis nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de la Penitencia perdonaréis los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Por favor, os pido en nombre de Cristo y de la Iglesia que seáis misericordiosos, siempre; no carguéis en los hombros de los fieles pesos que no pueden llevar, y tampoco vosotros. Jesús regañó por esto a los doctores de la ley y les llamó hipócritas. Con el óleo santo daréis alivio a los enfermos. Una de las tareas —quizá aburrida, también dolorosa— es la de ir a visitar a los enfermos. Hacedlo, vosotros. Sí, está bien que vayan los fieles laicos, los diáconos, pero no os olvidéis de tocar la carne de Cristo sufriente en los enfermos: esto os santifica a vosotros, os acerca a Cristo. Celebrando los sagrados ritos y elevando en las distintas horas del día la oración de alabanza y de súplica, os haréis voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad. Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en su favor para atender las cosas de Dios, ejercitad en alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo. Sed alegres, nunca tristes. Alegres. Con la alegría del servicio de Cristo, también en medio de los sufrimientos, las incomprensiones, los propios pecados. Tened siempre delante de los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido a ser servido sino a servir. Por favor, no seáis “señores”, no seáis “clérigos de Estado”, sino pastores, pastores del Pueblo de Dios.

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 A los estudiantes participantes en el encuentro por la paz, la fraternidad y el diálogo La mansedumbre de la escucha Mientras crece una cultura de la destrucción, los jóvenes tienen el deber de encaminarse por el camino de la construcción, aprendiendo a amar, yendo adelante luchando con creatividad y sobre todo evitando la resignación. Es el mensaje que el Papa ha confiado a los participantes en el encuentro de las escuelas italianas por la paz, la fraternidad y el diálogo «Protejamos nuestra casa», organizado por la coordinadora de entes locales por la paz y los derechos humanos. El sábado 6 de mayo, por la mañana, en el Aula Pablo VI, siete mil entre estudiantes y profesores han animado un encuentro sobre el tema «Bienaventurados los artesanos de la paz», concluido con la llegada del Pontífice, que respondió a cinco preguntas hablando espontáneamente durante unos cuarenta y cinco minutos. Francisco subrayó en particular la necesidad de educar a las nuevas generaciones en los valores de la docilidad y de la escucha respetuosa del otro y criticó los tonos cada vez más exacerbados de los debates preelectorales transmitidos en la televisión. Como solución deseó que sea recompuesto el pacto educativo entre escuela y familia hecho añicos. Entre recuerdos personales relacionados con su propia infancia y una citación final de la canción de Mina Parole parole, para aligerar el tono de la conversación, el Papa tocó argumentos de gran actualidad contenidos en las preguntas planteadas por los jóvenes. Ante todo felicitó por lo concreto de las preguntas no ideológicas sino inherentes a cuestiones reales de vida cotidiana: la crueldad de las imágenes de los niños degollados o hambrientos, presentes en todos los medios de comunicación, mientras cuantos trabajan por el bien, quemándose la vida al servicio de los demás no son noticia; la tragedia de los migrantes; la idolatría del dinero y del poder; el tráfico de armas y de la droga; el trabajo en negro y el infantil; la explotación de las mujeres. El desafío —comentó— es luchar contra todo esto, ayudar a los demás sin tener miedo, hablar claro. Y suscitó el aplauso de los presentes cuando ironizó sobre el hecho de que se hable de la «madre de todas las bombas»: una mamá efectivamente da vida y no la muerte, observó. Después Francisco puso en guardia ante el terrorismo de los chismorreos, exhortando a morderse la lengua antes que ser considerados terroristas. No sólo, apartar también los insultos, que hieren. Y a propósito aconsejó leer la carta de Santiago, donde se explica que el hombre y la mujer que dominan la lengua son perfectos. Por último, una mención a la custodia del ambiente, cuya integridad está amenazada por el consumismo, explotación, experimentos químicos con animales y plantas, con la invitación a volver a poner a la mujer y al hombre en el centro de la creación, haciendo comunidad y buscando la paz.

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO En la vigilia de la peregrinación a Fátima Encuentro con la Madre Publicamos el texto, traducido del portugués, de las palabras del Papa en el vídeomensaje al pueblo lusitano publicado el miércoles 10 de mayo, con ocasión del inminente viaje al santuario de Nuestra Señora de Fátima, en el centenario de las apariciones de la Virgen en Cova de Iria. Querido pueblo de Portugal: Faltan pocos días para la peregrinación, mía y vuestra, a los pies de la Virgen de Fátima, que vivimos en la gozosa espera de nuestro encuentro en la casa de la Madre. Sé que me querríais también en vuestras casas y comunidades, en vuestros pueblos y ciudades: la invitación me llegó. No es necesario que os diga que me habría gustado aceptarla, pero no puedo. Ya desde ahora agradezco a las distintas autoridades por la comprensión con que han aceptado mi decisión de limitar la visita a los momentos y a los actos propios de una peregrinación al Santuario de Fátima, fijando la cita con todos a los pies de la Virgen Madre. De hecho, me presento ante la Virgen como Pastor universal, ofreciéndole un ramo con las «flores» más bellas que Jesús ha confiado a mi cuidado (cf. Jn 21, 15-17), es decir, los hermanos y hermanas de todo el mundo redimidos por su sangre, sin excluir a nadie. Por eso necesito que os unáis a mí; necesito que os unáis —física o espiritualmente, lo importante es que brote del corazón— para componer mi ramo de flores, mi «rosa de oro». De este modo, formando todos «un solo corazón y una sola alma» (cf. Hch 4, 32), os confiaré a la Virgen, pidiéndole que os susurre: «Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios» (Aparición, junio de 1917). «Con María, peregrino en la esperanza y en la paz»: así reza el lema de esta peregrinación nuestra, que contiene todo un programa de conversión. Me alegra saber que, para ese bendito momento que culmina un siglo de momentos benditos, os venís preparando con una oración intensa. Ella ensancha nuestro corazón y lo prepara para recibir los dones de Dios. Os agradezco las oraciones y los sacrificios que ofrecéis cada día por mí, y que tanto necesito, porque soy un pecador entre pecadores, «hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros» (Is 6, 5). La oración ilumina mis ojos para poder ver a los demás como Dios los ve, para amar a los demás como Él los ama. En su nombre, iré hasta vosotros con la alegría de compartir con todos el Evangelio de la esperanza y de la paz. El Señor os bendiga y la Virgen Madre os proteja. página 13

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página 14 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 La misa cotidiana del Pontífice El Dios de las sorpresas A Pedro no le faltó la valentía de dejarse sorprender por las novedades del Espíritu Santo para romper la rigidez del «siempre se ha hecho así», sin temor a dar «escándalo» o faltar a su misión de «piedra». Pero con la libertad de «no ser impedimento a la gracia de Dios» y de no «silenciar el ruido que hace el Espíritu, cuando viene a la Iglesia». Sugiriendo pedir al Padre «la gracia del discernimiento», el Papa Francisco —en la misa celebrada el lunes 8 de mayo en Santa Marta— invitó a no cometer «el pecado de resistir al Espíritu Santo». «En estos capítulos que hemos leído en estas semanas en los Hechos de los Apóstoles —hizo notar en seguida el Pontífice, refiriéndose en particular al pasaje litúrgico (11, 1-18) y mostrando su actualidad— se ve a la comunidad cristiana en movimiento; y eso que hace mover a la comunidad es el Espíritu Santo». Hay que recordar, afirmó Francisco, «que Jesús había prometido esto a los discípulos, en la última cena: “Yo no os dejaré solos: os mandaré el espíritu de verdad, él os guiará en la verdad plena, os enseñará, os recordará”». Así es «precisamente el Espíritu Santo que mueve esta Iglesia: hemos escuchado muchos milagros, muchos cosas extrañas», tanto que «algunos seguramente tenían miedo de estas novedades de la Iglesia». «El Espíritu —explicó el Papa— es el don de Dios, de este Dios, Padre nuestro, que siempre nos sorprende: el Dios de las sorpresas». Y esto «porque es un Dios vivo, es un Dios que habita en nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón, un Dios que está en la Iglesia y camina con nosotros; y en este camino nos sorprende siempre». Por eso «como Él ha tenido la creatividad de crear el mundo, así tiene la creatividad de crear cosas nuevas todos los días». Él, insistió Francisco, es «el Dios que nos sorprende». Pero, añadió, «también esto crea dificultad: por ejemplo los apóstoles, los hermanos que estaban en Judea supieron que también los paganos habían acogido la Palabra de Dios». Refiriéndose a ellos como «los incircuncisos», se preguntaban: «¿Cómo puede suceder esto? Se ve que Pedro y que los otros se han equivocado, han ido más allá buscando una novedad, ¡pero quién sabe!». Y así «comenzó la desconfianza». Hasta el punto que «cuando Pedro subió a Jerusalén, los fieles circuncisos lo reprocharon diciendo: “¡Has entrado en casa de hombres no circuncidados, y han comido junto a ellos!”». Sería como decir: «¡Pero mira qué escándalo estás dando! Tú, Pedro, la piedra de la Iglesia, ¿dónde nos llevas?”». Por su parte, se lee en los Hechos, «Pedro cuenta qué sucedió y, con toda sencillez, esa visión del cielo». Después cuenta también de esos «hombres que le pidieron ir a casa de este pagano». Y precisamente «cuando hablaba con ellos —recordó el Papa— descendió el Espíritu, cambió todo, y Pedro bautiza: entiende el signo de Dios, es capaz de tomar una decisión valiente, es capaz de acoger la sorpresa de Dios». En la conclusión de su discur- so, Pedro «pide perdón» diciendo estas palabras: «Si por tanto Dios les ha dado a ellos el mismo don que nos ha dado a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner impedimento a Dios?”». Esta —explicó Francisco— «es precisamente la palabra del instrumento apostólico, de ese apóstol que se siente instrumento de Dios: ¿pero quién soy yo para detener la gracia de Dios, para hacer callar el ruido que hace el Espíritu, cuando viene a la Iglesia?». Así precisamente «delante de tantas sorpresas del Señor —después de esto los apóstoles deben reunirse y discutir y llegar a un acuerdo para dar el paso adelante que el Señor quiere— delante de tantas cosas», el Papa Francisco propuso «dos palabras» que, confió, «me vienen a la mente para decir». «Siempre, desde los tiempos de los profetas hasta hoy, está el pecado de resistir al Espíritu Santo: la resistencia al Espíritu», afirmó. Y «este es el pecado que reprocha Esteban precisamente a los miembros del sanedrín: “Vosotros y vuestros padres habéis resistido siempre al Espíritu Santo”». La resistencia al Espíritu Santo, por tanto. Expresada también al decir: “No, siempre se ha hecho así y debe hacerse así”». Casi aconsejando «no venir con estas novedades: Pedro, estate tranquilo, tómate una pastilla que te calme los nervios, estate tranquilo». Pero esta es precisamente «la cerrazón a la voz de Dios», afirmó el Pontífice. Y «el Señor, en el salmo 94, habla a su pueblo: no endurezcáis vuestro corazón como vuestros padres en Meribá». Más bien «buscad la voluntad del Señor, la voz del Señor, eso que el Señor quiere». Y «lo que el Señor quiere es que haya otros pueblos, lo hemos escuchado en el Evangelio» (Juan 10, 11-18), porque «hay otros rebaños que no pertenecen pero habrá “un solo rebaño, un solo pastor” ». Sin embargo terminaba que los paganos eran juzgados, «como condenados», y también «los prosélitos, esos paganos que se hicieron creyentes», eran considerados «creyentes de segunda clase: ninguno lo decía, pero de hecho», era así. «La cerrazón, la resistencia al Espíritu Santo», prosiguió Francisco, sucede también a través de «esa frase que cierra siempre, que te paraliza: “Siempre se ha hecho así”». Pero esta forma de hacer «mata: mata la libertad, mata la alegría, mata la fidelidad al Espíritu Santo que siempre actúa hacia adelante, llevando adelante la Iglesia». Por otro lado, añadió, «¿cómo puedo saber si una cosa es del Espíritu Santo o es de la mundanidad, del espíritu del mundo o es del espíritu del diablo?». La única forma, explicó el Papa, es «pedir la gracia del discernimiento». De hecho «el instrumento que el mismo Espíritu nos da es el discer- nimiento: discernir, en cualquier caso, cómo se debe hacer». Y «es lo que han hecho los apóstoles: se reunieron, hablaron y vieron que ese era el camino del Espíritu Santo». Sin embargo «esos que no tenían este don, o no habían rezado para pedirlo, permanecieron cerrados y quietos». Y los cristianos deben, «sobre todo en un tiempo que es tan comunicado, con tantas novedades, saber discernir: discernir una cosa de la otra, discernir cuál es la novedad, el vino nuevo que viene de Dios; cuál es la novedad que viene del espíritu del mundo y cuál es la novedad que viene del diablo». Alguno puede pensar —prosiguió el Papa— que si estos paganos eran pecadores y condenados y después cambiaron, ¿la fe cambia?». No, es la respuesta, «la fe no cambia nunca, la fe es la misma, pero está en movimiento, crece, aumenta». Al respecto «un viejo monje del siglo V, san Vincenzo de Lerino, dijo esta frase: “Las verdades de la Iglesia van adelante”, ut annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate». Es decir, «se consolidan con los años, se desarrollan con el tiempo, se profundizan con la edad». Y esto «para que sean más fuertes con el tiempo, con los años, se agranden con el tiempo y sean más ensalzadas con la edad de la Iglesia». Este es «el camino», explicó Francisco: «es la misma verdad pero que se hace entender mejor». Nos ayuda «esa palabra de Jesús: “Habrá un solo rebaño”». Pero «los discípulos no han entendido eso que Jesús quería decir, y quería decir esto: también los paganos recibirán el Espíritu». En conclusión, el Pontífice invitó a pedir «al Señor la gracia del discernimiento para no equivocarse de camino y no caer en la inmovilidad, en la rigidez, en la clausura del corazón».

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número 19, viernes 12 de mayo de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 15 Resistencia contra docilidad Fueron los laicos, «dispersos por la persecución desencadenada después del martirio de Esteban», quienes llevaron «la palabra a los paganos de Antioquía», donde «por primera vez fueron llamados “cristianos”», obteniendo después la vía libre y el aliento de la comunidad de los apóstoles en Jerusalén a través de Bernabé. Y el secreto de esa primera y extraordinaria evangelización fue «la docilidad ante el Espíritu Santo para acoger y anunciar la Palabra», dijo el Papa en la misa del martes 9 de mayo, por la mañana, invitando a rezar también hoy precisamente «por Antioquía». Y ofreciendo la celebración «por las religiosas de Casa Santa Marta» —las hijas de la caridad de San Vicente de Paúl— que recuerdan «el día de su fundadora, santa Luisa de Marillac». Francisco hizo notar enseguida que la primera lectura propuesta por la liturgia, extraída de los Hechos de los Apóstoles (11, 19-26), «comienza con estas palabras: “en aquellos años, los que se habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban». Efectivamente, «después del martirio de Esteban estalló un gran persecución en Jerusalén y los creyentes se dispersaron por todos lados». Permanecieron «solamente los apóstoles» mientras «los laicos se fueron, dispersos: fueron ellos los que llevaron la buena noticia de Jesús: dispersos». Una persecución, entonces, después de «ese martirio de Esteban» que «reprochó muchas veces —¡muchas veces!— la dureza de corazón a los jefes, a los doctores de la ley». Y «la palabra más fuerte que» Esteban «continuamente repetía» era precisamente: «vosotros siempre habéis resistido al Espíritu Santo»: el pecado, en definitiva, de «resistir al Espíritu Santo, hacer resistencia al Espíritu Santo». «Hoy —hizo presente— las lecturas nos hablan de otra actitud, la contraria: la docilidad ante el Espíritu Santo, que es la actitud de los cristianos». Y así, explicó refiriéndose al pasaje de los Hechos de los Apóstoles, «yo me pregunto: estos que fueron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, “¿no proclamaban la Palabra a nadie que no fuera judío” porque «tenían todavía esta mentalidad, que la salvación es para los judíos?». Sin embargo se lee en el texto: «Pero algunos de ellos, gente de Cipre y de Cirene, llegados a Antioquía, comenzaron a hablar también a los griegos, anunciando que Jesús es el Señor. Y la mano del Señor —el Espíritu del Señor— estaba con ellos». Y así «crecido número recibió la fe y se convirtió al Señor» como refieren los Hechos. Entonces estos cristianos, explicó el Pontífice, «dieron el paso de anunciar a Jesucristo a los paganos con naturalidad, porque sentían dentro que el Espíritu le impulsaba a esto: fueron dóciles». Por ello «han sido los laicos a llevar la palabra, después de la persecución, porque tenían esta docilidad ante el Espíritu Santo». Al respecto, aclaró Francisco, «hoy querría decir algo sobre esta docilidad». El apóstol Santiago, «en el primer capítulo de su carta, nos aconseja que acojamos la palabra con docilidad, recibirla como llega: la palabra que lleva el Espíritu». He aquí, añadió, es necesario «ser abiertos, no cerrados, no rígidos: abiertos». Y «el primer paso es acoger la palabra, el primer paso en el camino de la docilidad es acoger la palabra: abrir el corazón, recibirla, dejarla entrar como la semilla que luego germinará». Una vez recibida la palabra, prosiguió el Papa, «después se profundiza un poco» y «el segundo paso es conocer la palabra: conocer la palabra y conocer a Jesús». En el Aleluya, hizo notar, «hemos cantado: “mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, yo las conozco y ellas me siguen”». Entonces «me conocen y me siguen» dice el Señor, como se lee en el Evangelio de Juan (10, 22-30) propuesto por la liturgia. «El rebaño no sigue a los brigantes, no sigue a los que no entran por la puerta», precisó el Papa, insistiendo luego en la palabra «”conocer”: conocen, por la fuerza del Espíritu, porque son dóciles al Espíritu, cual es la palabra de Jesús». «Y luego, un tercer paso, es la familiaridad con la palabra», volvió a insistir Francisco. Es importante «llevar siempre con nosotros la palabra, leerla, abrir el corazón a la palabra, abrir el corazón al Espíritu es lo que nos hace entender la palabra». Y «el fruto de este recibir la palabra, de conocer la palabra, de llevarla con nosotros, de esta familiaridad con la palabra, es un fruto grande: la actitud de una persona que hace esto, es» animado por «bondad, benevolencia, alegría, paz, dominio de sí, docilidad». En definitiva, «todo lo que el apóstol Pablo dice a los Gálatas en el quinto capítulo de su carta». «El estilo que nos da la docilidad hacia el Espíritu es esto» explicó una vez más el Pontífice; pero «debo recibir el Espíritu que me lleva a la palabra docilidad, y esta docilidad, no hacer resistencia ante el Espíritu, me llevará a este modo de vivir, a este modo de actuar». El camino adecuado, por ello, es «recibir con docilidad la palabra, conocer la palabra y pedir al Espíritu la gracia de hacerla conocer». Y «además dar lugar para que esta semilla germine y crezca en aquellas actitudes de bondad, docilidad, benevolencia, paz, caridad, dominio de sí : todo esto que hace el estilo cristiano». Los Hechos de los Apóstoles, afirmó una vez más Francisco, nos dicen que «cuando la noticia de esta gente que, venida de Chipre y de Cirene anunciaba la palabra a los paganos, llegó a Jerusalén, también ellos se asustaron un poco y mandaron a Bernabé a Antioquía: “¿pero qué sucede? Estos están estropeando la fe, ¿cómo es que se predica la palabra a un pagano, a un no circunciso? ¿Cómo es que la predican no los apóstoles, sino esta gente que nosotros no conocemos?”». Y «es bonito», comentó el Papa, lo que se lee en los Hechos: «enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor». Bernabé, siguen narrando los Hechos, era «un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo». Una actitud que «es el contrario» respecto «a las resistencias que Esteban reprochaba a los jefes, a los doctores de la ley: “vosotros habéis resistido al Espíritu Santo”». Francisco entonces sugirió que nos preguntemos «si resistimos al Espíritu», si «le oponemos resistencia o lo acogemos con docilidad, esta es la palabra de Santiago: “acoger con docilidad”». Se podría decir, en resumen, «resistencia contra docilidad» afirmó el Papa, invitándonos a pedir la gracia de ser dóciles. «Y un poco fuera de la homilía —concluyó el Pontífice— me gusta decir esto, que es como termina esta lectura: fue precisamente en Antioquía donde nos dieron el apellido, precisamente allí: en Antioquía por primera vez los discípulos fueron llamados “cristianos”. Es bonito, pero recemos por Antioquía».

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página 16 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 12 de mayo de 2017, número 19 En la plaza de San Pedro el Papa habla del modelo de esperanza para las mujeres de hoy María estaba ahí «¡Todos nosotros hemos conocido mujeres fuertes, que han afrontado muchos sufrimientos de los hijos!», porque «las madres no traicionan». Lo subrayó el Papa en la audiencia general del miércoles 10 de mayo en la plaza de San Pedro. Continuando con las catequesis sobre la esperanza cristiana, el Pontífice se detuvo en el sufrimiento de María de Nazareth. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy miramos a María, Madre de la esperanza. María ha vivido más de una noche en su camino de madre. Desde su primera aparición en la historia de los Evangelios, su figura se perfila como si fuera el personaje de un drama. No era un simple responder con un “sí” a la invitación del ángel: y sin embargo Ella, mujer todavía en plena juventud, responde con valor, no obstante nada supiese del destino que la esperaba. María en ese instante se nos presenta como una de las muchas madres de nuestro mundo, valientes hasta el extremo cuando se trata de acoger en su propio vientre la historia de un nuevo hombre que nace. Ese “sí” es el primer paso de una larga lista de obediencias —¡larga lista de obediencias!— que acompañarán su itinerario de madre. Así María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa, que a menudo no comprende todo lo que le ocurre alrededor, pero que medita cada palabra y acontecimiento en su corazón. En esta disposición hay un rasgo bellísimo de la psicología de María: no es una mujer que se deprime ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir en la dirección correcta. No es ni siquiera una mujer que protesta con violencia, que se queja contra el destino de la vida que revela a menudo un rostro hostil. En cambio es una mujer que escucha: no os olvidéis de que siempre hay una gran relación entre la esperanza y la escucha, y María es una mujer que escucha. María acoge la existencia tal y como se nos entrega, con sus días felices, pero también con sus tragedias con las que nunca querríamos habernos cruzados. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo está clavado en el madero de la cruz. Hasta ese día, María casi había desaparecido de la trama de los Evangelios: los escritores sagrados dan a entender este lento eclipsarse de su presencia, su permanecer muda ante el misterio de un Hijo que obedece al Padre. Pero María reaparece precisamente en el momento crucial: cuando buena parte de los amigos se han disipado por motivo del miedo. Las madres no traicionan, y en ese instante al pie de la cruz, ninguno de nosotros puede decir cuál haya sido la pasión más cruel: si la de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su hijo. Los evangelios son lacó- nicos, y extremadamente discretos. nidad de discípulos tan frágiles: uno Reflejan con un simple verbo la pre- había renegado, muchos habían huí- sencia de la Madre: Ella “estaba” do, todos habían tenido miedo (cf (Juan 19, 25), Ella estaba. Nada di- Hechos de los Apóstoles 1, 14). Pero cen de su reacción: si llorase, si no Ella simplemente estaba allí, en el llorase... nada; ni siquiera una pince- más normal de los modos, como si lada para describir su dolor: sobre fuera una cosa completamente nor- estos detalles se habría aventurado la mal: en la primera Iglesia envuelta imaginación de poetas y pintores re- por la luz de la Resurrección, pero galándonos imágenes que han entrado en la historia del arte y de la literatura. Pero los Evangelios solo dicen: Ella “estaba”. Estaba Después de la catequesis, el Papa dirigió un saludo a los fieles de lengua española y saludó a los fieles de su patria. allí, en el peor momento, en el momento Queridos hermanos: más cruel, y sufría con Saludo cordialmente a los peregrinos de len- el hijo. “estaba”. Ma- gua española. Hoy celebramos la fiesta de san ría “estaba”, simplemente estaba allí. Ahí está de nuevo la joven mujer de Nazareth, ya con los cabellos grises por el pasar de los años, todavía con un Dios que debe ser solo abrazado, y con una vida que ha llegado al umbral de la oscuridad más intensa. Juan de Ávila, patrono del clero español y maestro de vida espiritual. Pidamos hermanos por todos los sacerdotes, para que sean siempre una imagen transparente de Jesús, Buen Pastor, y la Virgen María los sostenga a lo largo de su vida sacerdotal. También quisiera enviar un saludo desde aquí a los fieles de mi patria, que hace dos días celebraron la Solemnidad de la Patrona de Argentina, Nuestra Señora de Luján. Mi corazón estuvo en Luján estos días. Que el Señor os bendiga. Muchas gracias. María “estaba” en la oscuridad más intensa, pero “estaba”. No se fue. María está también de los temblores de los pri- allí, fielmente presente, cada vez que meros pasos que debía dar en el hay que tener una vela encendida en mundo. un lugar de bruma y de nieblas. Ni siquiera Ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba abriendo para todos nosotros hombres: está allí por fidelidad al plan de Dios del cual se ha proclamado sierva en el primer día de su vocación, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo, que es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la espera, incluso cuando todo parece sin sentido: Ella siempre confiada en el misterio de Dios, también cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal atraviesa una pasión. Los sufrimien- del mundo. Que en los momentos tos de las madres: ¡todos nosotros de dificultad, María, la Madre que hemos conocido mujeres fuertes, que Jesús nos ha regalado a todos noso- han afrontado muchos sufrimientos tros, pueda siempre sostener nues- de los hijos! tros pasos, pueda siempre decir a La volveremos a encontrar en el nuestro corazón: “¡levántate!, mira primer día de la Iglesia, Ella, madre adelante, mira el horizonte”, porque de esperanza, en medio de esa comu- Ella es Madre de esperanza.

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