Historia de la Diócesis San Ambrosio de Linares- Chile

 

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Autor y editor de esta obra histórica es el Padre Silvio Jara Ramírez, Vicario General diocesano

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HISTORIA DE LA DIÓCESIS DE LINARES

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ANTECEDENTES El Obispado de San Ambrosio (*) de Linares fue creado por la Bula Notabiliter Aucto del Papa Pío Xl firmada el 18 de octubre de 1925. (**) Contaba entonces con 12.380 Kms. cuadrados y unos 160.000 hbts. Posteriormente, el 10 de enero de 1963 se le incorporaron las Parroquias de San Pedro, San Alfonso y San Francisco de Cauquenes; Curanipe, Chanco, Sauzal y Pocillas (ya sólo Capilla) que pertenecían a la Diócesis de Chillán, y Putú que fue desmembrada del Obispado de Talca. Así nuestra Diócesis pasó a tener 15.110,7 Kms. cuadrados y una población de unos 350.000 hbts., mayoritariamente católicos. Pero la evangelización de esta zona comenzó a mediados del siglo XVI, poco después de que llegaran los españoles a Chile. (*) Biografía de San Ambrosio Cuando se fundó la capital de nuestra Diócesis se la bautizó con el nombre de San Ambrosio para hacerle un homenaje al Gobernador don Ambrosio O’Higgins, y se le añadió también Linares para congraciarse con el Intendente de Concepción don Francisco de la Matta Linares. Así quedó como Villa de San Ambrosio de Linares. La primera parroquia se puso bajo el cuidado de San Ambrosio y cuando se fundó el Obispado en 1925 se le dio como Patrono titular a San Ambrosio y como Catedral la sede parroquial.

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En los últimos años del Gobierno de Constantino el Grande, un Ilustre Patricio de la Familia de los “Ambrosii” fue nombrado Prefecto del Pretorio de Las Galias, funcionario a quien correspondía la administración civil y judicial de la vasta región cuyo territorio comprendía Gran Bretaña, España y Galia hasta la frontera del Rhin, con capital en Tréveris, sobre el río Mosela, ciudad de tanto lujo que algunos llegaron a llamarla “segunda Roma”. Hacia el año 339 nació San Ambrosio en esa ciudad. El y su hermano Satyro fueron inscritos en las listas de los catecúmenos, pero no fueron bautizados. Sólo su hermana Marcelina, apenas nació recibió el Sacramento del Agua y del Espíritu Santo. Pero los tres tuvieron de sus padres una esmerada formación cristiana, principalmente en lo que concierne al estudio de la Sagrada Escritura, actividad que Ambrosio desde temprana edad compartió con su aplicación al estudio de la Retórica y del Derecho. De Gobernador a Obispo Por su esmerada formación literaria y jurídica lo encontramos ya hacia el 370 desempeñándose en tareas administrativas muy importantes. Siendo tan joven fue nombrado por el Emperador, Cónsul Prefecto de una de las Provincias Septentrionales de Italia compuesta por las regiones de La Liguria, La Aemilia e Insubria, con sede en Milán. Por aquel entonces falleció Auxencio, el Obispo de Milán que había tenido la desgracia de caer en el arrianismo, doctrina herética que negaba la divinidad de Jesucristo y que había sido condenado por el Papa San Dámaso, sin dar ninguna señal de arrepentimiento. Así las cosas estalló una enconada lucha entre católicos y herejes por la elección del sucesor. El tumulto se hizo tan ruidoso que el Gobernador Ambrosio debió acudir al lugar donde estaban reunidos los Obispos electores para prevenir desórdenes. Habló al pueblo que estaba fuera con tanta sabiduría, que de repente se hizo un silencio providencial, permitiendo que se oyera la voz de un niño que gritó a voz en cuello: “¡Ambrosio Obispo! ¡Que Ambrosio sea Obispo!”. En el acto estalló una arrolladora aclamación popular dándolo por elegido para la sede episcopal de Milán, hecho que fue ratificado de inmediato, y a pesar de la resistencia del joven Patricio, se dio aviso de esta designación al Emperador Valentiniano, quien al conocer la noticia expresó: “No hay espíritu más recto que Ambrosio. Es como barra inflexible”. Como todavía era sólo catecúmeno para que fuera Pastor de la Iglesia hubo que bautizarlo el 30 de noviembre y una semana más tarde, el 7 de diciembre del año 374 fue consagrado Obispo. San Ambrosio celebró esa fecha cada año como su “segundo nacimiento”. Por eso después de muerto se fijó la Fiesta Litúrgica de su Santo en este día.

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Ambrosio se había formado en Roma como Abogado y Político. Poseía un acabado sentido de la justicia y era al mismo tiempo un gran orador. Bajo la dirección de San Simpliciano estudió la Sagrada Escritura llegando a profundizar sus conocimientos de tal modo que se lo considera una de las mayores lumbreras del cristianismo y uno de los 4 principales Padres de la Iglesia latina. Obispo del Siglo IV La vida de este eximio Pastor será una jornada laboriosa, rica en buenas obras. “Nada más completo, escribirá siglos más tarde el cardenal Montini, futuro Pablo VI, y su sucesor en Milán, que la vida de un Obispo del siglo IV. Un Obispo bautizaba, confesaba, predicaba, imponía penitencias, visitaba a los enfermos, asistía a los moribundos, rescataba a los prisioneros, daba de comer a los pobres, a las viudas, a los huérfanos; fundaba hospicios y enfermerías, sentenciaba como juez de paz en las causas particulares o hacía de árbitro entre las ciudades. Y al mismo tiempo publicaba tratados de moral, de disciplina, de teología, escribía contra los herejes y contra los filósofos equivocados, se ocupaba de ciencia y de historia; dictaba cartas para las personas que le consultaban, mantenía correspondencia con las Iglesias y los Obispos, los monjes y los ermitaños; asistía a los concilios y a los sínodos, era llamado al consejo de los emperadores, encargado de conversaciones diplomáticas, enviado a usurpadores o a príncipes bárbaros para desanimarlos o para contenerlos. Los tres poderes, religioso, político y filosófico, se hallaban concentrados en el Obispo. Este es, podríamos decir, el marco de la vida de Ambrosio”. Un buen Pastor Su amor a Jesucristo se trasparentaba. El eco de su voz melodiosa encantó a Agustín quien se propuso escucharle cada domingo y en la Vigilia de Pascua del año 387 el discípulo de Ambrosio fue hecho hijo de Dios por el Bautismo. Nunca olvidó a quien le engendró para Cristo: “Me engendró en Cristo por el Evangelio, y de sus manos, como ministro de Cristo recibí el baño de la regeneración. Hablo del bienaventurado Ambrosio, de cuyos trabajos y peligros en defensa de la fe católica con sus obras y discursos soy testigo, y conmigo no duda todo el imperio romano en proclamarlo”. Con esmero luchó para conservar la pureza de la fe, especialmente con la predicación y sus escritos. Se dedicó sobre todo a la enseñanza de la Biblia y con tanto empeño trató de elevar el nivel de sus fieles que pronto también mejoró sustancialmente las celebraciones litúrgicas, recordándose hasta hoy algunas de sus homilías por su profundidad teológica y enorme valor místico. Pero Ambrosio no era un teólogo o intelectual puro; era sobre todo un óptimo

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conductor de su comunidad cristiana. Fue un verdadero padre espiritual de los jóvenes Emperadores Graciano y Valentiniano II y del temible Teodosio I, a quien no dudó en reprochar duramente, exigiéndole una penitencia pública como expiación por haber hecho asesinar al pueblo de Tesalónica con el fin de acabar con una revuelta. Revestido de sus ornamentos pontificales encaró al Emperador diciéndole: “El asesino de Tesalónica no puede entrar en el Templo de Dios con las manos teñidas en sangre inocente”. Padre de la Iglesia Ambrosio es el símbolo de la Iglesia que renace después de los duros siglos de las persecuciones romanas y un modelo de cristiano que asume las más altas responsabilidades llegando a ser considerado como uno de los Padres de la Iglesia de Occidente más influyentes. Sus cualidades personales fueron las que atrajeron la devota atención de todos. La actividad cotidiana de Ambrosio estaba dedicada a la dirección de la propia comunidad, y cumplía sus compromisos pastorales dirigiendo a su pueblo más de una homilía semanal. Sus libros publicados y que han llegado hasta nosotros no son sino rápidas transcripciones de sus predicas. Sus famosos Comentarios exegéticos, antes de ser reunidos en volúmenes, habían sido predicados a la comunidad cristiana de Milán. En ellos se nota el tono familiar del Pastor que se dirige con amable sencillez a sus fieles y se deja sentir el palpitar del corazón de un gran Obispo, que logra suscitar conmovedora emoción en sus oyentes con argumentos llenos de emotividad y de interés. Como buen pastor le gusta hacer cantar a su pueblo. Por eso compuso un buen número de himnos. Algunos son todavía familiares en la liturgia ambrosiana. Fue él quien introdujo en occidente el canto alternado de los Salmos y a él se atribuye el famoso Te Deum. Eran muy grande su respeto y veneración hacia el Romano Pontífice. De él es la sentencia: “Donde está Pedro, allí está la Iglesia”. Sus escritos reflejan un amor transparente hacia la Iglesia, a la que describe con hermosas imágenes, tales como una barca, o una ciudad, o la luna que “no resplandece con luz propia, sino con la de Cristo”. Amaba a sus fieles entrañablemente. Los acogía con amor de padre, sobre todo a los que pedían perdón por sus faltas. “Lloraba de tal modo, dice su primer biógrafo, que inducía al llanto también al penitente”, porque como solía decir “la alegría también tiene sus lágrimas”. San Ambrosio murió en Milán el 4 de abril del 397. Es el Patrono de la ciudad de Linares y de nuestra Diócesis.

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(**) Bula de la creación de nuestra Diócesis Su Santidad el Papa Pío XI (Achille Ratti, 1922-1939) firmó la Bula de creación de nuestra Diócesis en la Ciudad del Vaticano el día 18 de octubre de 1925, Fiesta del Evangelista San Lucas. Este acto solemne se transmitió al Nuncio Apostólico en Chile, quien pidió al Obispo de Concepción que procediera a ejecutar la decisión Pontificia.

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Auto de erección de los Obispados de Chillán, Linares y Temuco Nos, Gilberto Fuenzalida Guzmán, Obispo de Concepción, Subdelegado por el Exmo. Señor Nuncio Apostólico en Chile y Arzobispo de Cesárea, Dr. don Benedicto Aloisi Masella, para poner en ejecución las Letras Apostólicas de Nuestro Santísimo Padre Pío XI sobre erección de los nuevos Obispados de Chillán, Linares y Temuco: al clero y fieles de nuestra amada Diócesis de Concepción salud y paz en Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Santísimo Padre el Papa, prestando benévola acogida a nuestras peticiones, se ha dignado se ha dignado desmembrar varias partes del vasto territorio de nuestra Diócesis de Concepción, y constituir con ellas nuevas Diócesis, a cuyo efecto ha expedido, con fecha de 18 de octubre del año próximo pasado de 1925, la Bula NOTABILITER AUCTO, la que, traducida a nuestro idioma, es del tenor siguiente: “PÍO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, PARA PERPETUA MEMORIA DEL ASUNTO” “Habiendo aumentado notablemente el número de fieles, dentro de los dilatados confines de la Diócesis de la Santísima Concepción, y a fin de que se promueva más eficazmente el bien de las almas, ha parecido conveniente dividirla en varias partes y formar de ella varias Diócesis. Reconociendo esta conveniencia y después de considerar todas las circunstancias de tiempos y lugares, hemos juzgado y decretado proceder a las dichas divisiones y erecciones. Por lo tanto, oído el voto favorable tanto del Ordinario de la Santísima Concepción como del Venerable Hermano, el actual Nuncio Apostólico ante la República de Chile, usando nuestra plena potestad Apostólica y supliendo el consentimiento de aquellos a quienes interesare o pudiere interesarles, separamos de la Diócesis de la Santísima Concepción algunas partes y en éstas erigimos y constituimos las Diócesis que a continuación se enumeran. En primer lugar separamos del territorio de la dicha Diócesis la parte que comprende toda la provincia de Ñuble y los departamentos de Cauquenes, Chanco e Itata, de la provincia de Maule, con veintidós parroquias, y en ella erigimos la Diócesis de Chillán, llamada así por la ciudad de Chillán, con sede episcopal en la misma ciudad, y elevamos su Iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol a la dignidad de Iglesia Catedral. En segundo lugar, erigimos la Diócesis de Linares, llamada así por la ciudad del mismo nombre, en el territorio de la provincia de Linares y el departamento de Constitución, de la provincia de Maule, territorio que separamos de la Diócesis de Concepción; y erigimos en sede episcopal la ciudad de Linares y elevamos al rango de Catedral, la Iglesia parroquial de San Ambrosio.

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En tercer lugar, separamos de la Diócesis de la Santísima Concepción toda la provincia de Malleco y la parte de la provincia de Cautín que está al norte del río del mismo nombre, con las Parroquias de Temuco, Lautaro, Nueva Imperial, Carahue y Galbarino, que hasta ahora estaban sometidas a la dicha Diócesis de Concepción, y en ese territorio instituimos y erigimos la nueva Diócesis de Temuco, del nombre de la misma ciudad de Temuco, a la cual constituimos en sede episcopal, y elevamos su Iglesia parroquial de San José al honor de Iglesia Catedral. Los límites de las nuevas Diócesis serán los mismos que los actuales límites civiles o políticos de las provincias y departamentos de que constan. Efectuadas estas desmembraciones, la Diócesis de la Santísima Concepción abarcará la totalidad de las provincias de Concepción, Bío Bío y Arauco, con treinta y cuatro Parroquias y, además, las islas de la Quiriquina, en la Bahía de Talcahuano, la Santa María, en la bahía de Arauco y la Mocha, frente al extremo austral de la provincia de Arauco. Otorgamos a las nuevas Iglesias Catedrales y a sus Obispos actuales y futuros, los honores, insignias, favores, derechos y privilegios de que gozan, sea por derecho común, sea por legítima costumbre, las demás Iglesias Catedrales y Obispos de la América Latina. Constituimos a las nuevas Iglesias Catedrales en sufragáneas de la Iglesia Metropolitana de Santiago de Chile y sometemos a sus Obispos actuales y futuros al derecho metropolitano del Arzobispo de Santiago, reservándonos a Nos y a esta Sede Apostólica la facultad de decretar libremente una nueva desmembración de estas Diócesis, cuando pareciere oportuno en el Señor. No siendo posible, en las actuales circunstancias, instituir Cabildos de Canónigo en cada una de las nuevas Diócesis, mandamos que en lugar de los Canónigos, se establezcan los Consultores Diocesanos, en conformidad con lo dispuesto en los cánones 423 y siguientes del Código de Derecho Canónico. Mandamos, además, que, cuanto antes sea posible, se establezca en cada una de las nuevas Diócesis, a lo menos un Seminario Menor Diocesano según las prescripciones del mismo Código y las normas dadas por la S. Congregación de Seminarios; más, entre tanto, y mientras no se dicte una nueva disposición, los alumnos de la facultad de Teología y de Filosofía de las nuevas Diócesis sean enviados al Seminario de la Santísima Concepción. Asimismo mandamos que cada una de las nuevas Diócesis mantenga de su propia cuenta en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma, sin interrupción, dos jóvenes escogidos, o por lo menos uno por ahora. En lo que se refiere al régimen y administración de estas Diócesis, a la elección de Vicario Capitular o Administrador en Sede vacante, a los derechos y obligaciones de los clérigos y fieles y demás asuntos de este género, mandamos que se observe todo lo que prescriben los Sagrados Cánones. Por lo que toca al clero en particular, establecemos que junto con hacerse la erección de las Diócesis, permanezcan adscritos a ellas todos los presbíteros en cuyos territorios se encuentren legítimamente. Es obligación de cada uno de los Ordinarios entregar cuanto antes a sus Cancillerías, para que se conserven en

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los Archivos, todos los documentos y Actas que se refieren a las nuevas Diócesis. La mesa episcopal será constituida por los emolumentos de la Curia y demás oblaciones de los fieles, para cuyo mayor bien se han erigido las nuevas Diócesis, fuera de los bienes ya recogidos y los que sean asignados por el Gobierno civil. A nadie sea lícito, en tiempo alguno, infringir, o atacar, o de cualquier modo contradecir lo que en estas Letras hemos decretado con Apostólica autoridad. Si alguno, lo que Dios no permita, presumiere hacerlo, sepa que quedaría sujeto a las penas establecidas por los Sagrados Cánones contra los que resistan o impiden el ejercicio de la jurisdicción eclesiástica. Deputamos al Venerable Hermano Benedicto Aloisi Masella, Arzobispo titular de Cesárea y Nuncio Apostólico en la República de Chile, para que ejecute todo lo dispuesto en estas Letras, y le concedemos las facultades necesarias para ello, aún la de subdelegar para el mismo objeto a otro Varón constituido en eclesiástica dignidad, y la de dictar sentencia definitiva sobre cualquiera dificultad u oposición que se presentare, con la obligación de enviar a la Sagrada Congregación Consistorial, dentro de seis meses, el documento auténtico de haberse ejecutado nuestro Mandato. Decretamos finalmente, que estas Nuestras Letras tengan pleno valor, no obstante cualesquiera cosas en contrario aunque fueran dignas de particular y expresa mención. Dado en Roma, en San Pedro, el año del Señor mil novecientos veinticinco, el día dieciocho del mes de octubre, cuarto año de nuestro Pontificado. Octavio Card. Cagiano, Canciller de la S.I.R. R. C. Card. De Lai, Secret. de la S.C. Consit. Domingo Jorio, Protonot. Apostólico. Alfonso Carinci, Protnot. Apostólico”. Ejecución local El Exmo. Señor Nuncio Apostólico, Dr. don Benedicto Aloisi Masella, Delegado por el Santo Padre para la ejecución de las anteriores Letras Apostólicas, ha tenido a bien subdelegarnos para desempeñar esta tan honrosa comisión, nota del nueve del presente mes de abril, comisión que por nuestra parte hemos aceptado plenamente. Deseando, pues, darle el más fiel y exacto cumplimiento, nombramos en primer lugar como Notario especial para este acto a nuestro Secretario de Cámara, el Pbro. don Miguel Ángel Alvear, y después de invocar el Nombre de Dios y el de su Santísima Madre y Patrona de nuestra Diócesis, la Inmaculada Concepción, usando de las facultades apostólicas que nos han sido subdelegadas, venimos en ejecutar la Bula NOTABILITER AUCTO de la manera siguiente:

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1.- Separamos de nuestra Diócesis de Concepción el territorio de la provincia de Ñuble y de los departamentos de Cauquenes, Chanco e Itata, y erigimos en él el Obispado de Chillán, que tendrá por límites actuales fijados por el Gobierno civil a los dichos territorios; instituimos la sede episcopal en la ciudad de Chillán y elevamos su Iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol a la dignidad de Iglesia Catedral de la nueva Diócesis. 2.- Desmembramos, asimismo, del territorio de nuestra Diócesis de Concepción, toda la provincia de Linares y el departamento de Constitución y erigimos en este territorio el Obispado de Linares, cuyos límites serán los mismos actualmente fijados para la dicha provincia y departamento; erigimos la Sede episcopal en la ciudad de Linares y elevamos su Iglesia parroquial de San Ambrosio a la dignidad de Iglesia Catedral. 3.- Separamos también de nuestra Diócesis de Concepción toda la provincia de Malleco y la parte de la provincia de Cautín que queda al norte del río del mismo nombre, y erigimos en este territorio el nuevo Obispado de Temuco, con los límites actualmente fijados por el Gobierno civil para el territorio indicado; instituimos la Sede episcopal en la ciudad de Temuco y elevamos su Iglesia parroquial de San José a la dignidad de Iglesia Catedral. 4.- Erigidos estos tres Obispados, nuestra Diócesis de Concepción tendrá en adelante como territorio propio las provincias de Concepción, Bío Bío y Arauco, con sus treinta y cuatro Parroquias, y, además, las islas de Quiriquina, Santa María y La Mocha. 5.- Las nuevas Iglesias Catedrales y sus Obispos actuales y futuros tendrán todos los honores, insignias, favores, derechos y privilegios de que gozan, sea por derecho común, sea por legítima costumbre, las demás Iglesias Catedrales y los Obispos de la América Latina. 6.- Las mismas Iglesias Catedrales serán sufragáneas de la Iglesia Metropolitana de Santiago y sus Obispos quedarán sometidos al derecho metropolitano del Arzobispo de Santiago: pero queda reservada a la Santa Sede la facultad de hacer una nueva desmembración cuando a Ella le pareciere oportuno. 7.- Mandamos que en las nuevas Diócesis se establezcan los Consultores diocesanos, en la forma dispuesta por los Cánones 423 y siguientes, a fin de que reemplacen a los Cabildos de Canónigos.

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8.- Mandamos, igualmente, que en cada una de las nuevas Diócesis se instituya, a la mayor brevedad, a lo menos un Seminario Menor diocesano, en conformidad con las prescripciones del Código de Derecho Canónico y las normas de la S. Congregación de Seminarios; y asimismo, mandamos que, mientras no se dicte por la Santa Sede una nueva disposición, todos los estudiantes de Teología y de Filosofía de las tres nuevas Diócesis sean enviados a hacer sus estudios al Seminario de Concepción. 9.- Mandamos también que, por cuenta de cada Diócesis, se mantengan constantemente en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano dos jóvenes estudiantes escogidos y, si no fuera posible enviar desde luego dos jóvenes, por ahora deberá ser enviado a lo menos uno. 10.- Las nuevas Diócesis observarán las prescripciones de los Sagrados Cánones en todo lo que se refiere al régimen y administración, a la elección de Vicario Capitular, o Administrador de Sede vacante, a los derechos y obligaciones de los clérigos y de los fieles y a todos los demás asuntos de este género. 11.- En cuanto al clero en particular, establecemos que cada presbítero quede adscrito a la Diócesis en cuyo territorio se halla legítimamente el día de hoy, en que quedan erigidas las nuevas Diócesis. 12.- Cada Ordinario entregará a su Secretario, para que se conserven en los Archivos, todos los documentos y actas que se refieren a la Diócesis. 13.- La Mesa Episcopal de cada Diócesis será constituida por los emolumentos de la Curia, las oblaciones de los fieles, las ya colectadas y las asignaciones del Gobierno civil. Finalmente, usando de la Autoridad Apostólica que nos ha sido subdelegada, mandamos a todos aquellos a quienes la presente erección de estas tres nuevas Diócesis pueda referirse, que guarden y hagan guardar todas las cosas expresadas en este auto, en la forma y modo por Nos ordenamos, y damos por ejecutoriados y cumplidos los mandamos de Nuestro Santísimo Padre PIO XI en sus Letras Apostólicas NOTABILITER AUCTO, y por erigidos y constituidos los Obispados de Chillán, Linares y Temuco con sus respectivas Sedes y Catedrales. Dado en Concepción, a dieciocho de abril de mil novecientos veinticinco (sic*). + Gilberto, Obispo de Concepción y Miguel Ángel Alvear, Notario ad hoc. (*) Es evidente que se trata de un error, porque si la Bula del Papa Pío XI se firmó “el 18 de octubre del año próximo pasado de 1925”, como expresamente se señala en el encabezamiento del Auto de Erección, es imposible que pudiera ejecutarse en abril de 1925, sino el 18 de abril de 1926.

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El primero que bautizó Según los escasos datos que existen, don Pedro de Valdivia concedió al caballero Juan Jofré de Loaisa la Encomienda de Peteroa en territorios ubicados al norte del río Maule el 1 de noviembre de 1552 y se sabe que poco después, en 1554 se fundó la Doctrina de Peteroa, designándose para que la atendiera al Sacerdote Juan de Océs hijo del Conquistador don Rodrigo de Océs, con el encargo de recorrer los "otros pueblos" de indios existentes al norte y sur del río Maule, que deben haber sido muy pocos. Se presume que él fue el primero que pasó bautizando por los territorios que pronto constituirían la Doctrina de Putagán con asiento en los alrededores del lugar conocido hoy como Capilla Palacios. El Papa Pío IV (Giovan Angelo de Medici, 1559-1565) fue quien decretó la fundación de los primeros Obispados de nuestro País: Santiago y La Imperial. El 27 de junio de 1561 el Papa Pío IV crea el Obispado de Santiago para todo el territorio de Chile, incluyendo además, la Provincia de Cuyo y las regiones denominadas "Diaguitas" y "Los Juries" situadas en Tucumán, Argentina. Por el éxito transitorio que había tenido la campaña de fundación de ciudades y fuertes en el sur, se crea la Diócesis de La Imperial el 22 de marzo de 1563, pero después debido a la larga y cruenta Guerra de Arauco que tenía a la nueva Diócesis en gran ruina, el Obispo don Reginaldo de Lizárraga acudió al Rey Felipe III para que obtuviera del Papa la anexión de su Obispado al de Santiago, a lo que el Sumo Pontífice accedió sólo en forma provisoria. Esta situación se mantuvo por lo menos desde 1609 hasta 1623. Recién fundada la ciudad de Santiago, en uno de los primeros repartos de tierras que hizo el Conquistador don Pedro de Valdivia (1540-1553) de los amplios territorios ubicados en la ribera sur del río Maule, el 1º de agosto de 1549 concedió la encomienda de Putagán a Bartolomé Blumenthal, carpintero alemán que se había destacado en la Conquista de Arauco, cuyo apellido tradujo al castellano, pasando a ser Flores. A él se atribuyen grandes adelantos en la

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agricultura de nuestra zona, y tal vez fue el constructor del primer molino que hubo en el río Putagán. En sus tierras se levantó un pequeño templo, muy probablemente en el lugar que hoy se conoce como Capilla Palacios. Blumenthal era un católico generoso. En Santiago hizo importantes donaciones a la Iglesia. Es casi seguro que él tiene que haberse preocupado de que los indios que le fueron encomendados conocieran la doctrina cristiana y se bautizaran. Otro que recibió una gran encomienda en las tierras de Cauquenes de parte del Gobernador don García Hurtado de Mendoza (1557-1561) fue el Capitán don Pedro Lisperguer, alemán igual que Blumenthal, y también católico, por lo que se sabe que en sus tierras se preocupó de que hubiera catecismo para los indígenas. Probablemente ellos deben haber informado en la Capital a Fray Diego de Medellín de la existencia de estos primeros gérmenes cristianos en la región del Maule alrededor de 1580, y es muy posible que por eso el Obispo haya resuelto crear las Doctrinas de Cauquenes y Putagán. Las Doctrinas de Cauquenes y Putagán Sabemos que estas Doctrinas se fundaron después de 1580 porque se conservan dos cartas que el tercer Obispo de Santiago Fray Diego de Medellín escribió al Rey Felipe II con fecha 15 de abril de 1580 y 19 de abril del mismo año. En ninguna de ellas habla de Cauquenes ni Putagán. En cambio en la carta de 18 de febrero de 1585, en que el mismo Obispo entrega un detallado informe al Rey sobre la Catedral de Santiago y los pueblos del país donde ya hay sacerdote, menciona por primera vez las Doctrinas del sur del Maule: “Cauquenes, Chanco y Loanco", atendida por el clérigo presbítero Francisco de Mestanza, con un salario de "trescientos y ochenta pesos en oro y comida" y la de “Putagán, Longomilla y Purapel”, que hacía poco estaba sin Doctrinero. Cuando se crearon los Obispados de Santiago y La Imperial (años 1561 y 1564, respectivamente), el río MAULE fue considerado como línea divisoria entre las dos Diócesis. No obstante, parece que el citado límite no estaba bien determinado con suficiente exactitud y claridad, porque el Obispo de Santiago, Fray Diego de Medellín, creó durante su gobierno (1576 -92) las dos Doctrinas al lado sur del Maule a que hemos hecho mención, que permanecieron bajo la jurisdicción del Obispo santiaguino, por más de ciento setenta años.

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Las Doctrinas a que nos referimos son: CAUQUENES y PUTAGAN. Cauquenes fue erigida entre 1580 y 1585 en una reducción habitada por los indios "cauquenes", circunstancia que dio nombre a la región y a la Doctrina que ahí se fundó. Esta Doctrina, fue llamada también "CAUQUENES, CHANCO y LOANCO", debido a que el servicio pastoral parece que se hacía en forma itinerante por diferentes lugares. Así al menos se infiere revisando las anotaciones de la Parroquia San Antonio de Unihue creada el 8 de diciembre de 1663 por mandato del Obispo de Santiago Fray Diego de Humanzoro, quien en su primera Visita Pastoral al Hospicio de Unihue confió el cuidado espiritual de estos pueblos a los Franciscanos. Entre los CURAS DOCTRINEROS de Cauquenes, encontramos hacia el año 1680, a don Juan Jérvez de Amaya. De esa época más o menos debe ser la construcción de la Capilla San Antonio de Llollehue (Coronel de Maule). En 1691 se levanta la Iglesia de Santa Bárbara de Cuyuname (antecesora de Sauzal) y poco después la de Guirivilo o Curivilo (cerca de Cauquenes). El 28 de mayo de 1680 el Obispo de Santiago Fray Bernardo Carrasco y Saavedra, dominico, segregó del Curato de Cauquenes la región cercana al Linares actual y la llamó "Isla del Maule". Entre los años 1711 y 1717 aparece como Doctrinero de Cauquenes don Santiago de la Matta y Sánchez de Ulloa. En 1727 se reconstruyen las Iglesias de Chanco y Luanco, y en el Inventario del 31 de diciembre de 1737 ya aparece la imagen de Nuestra Señora de la Purificación o Candelaria, seguramente traída por los españoles que huían de las batallas de Arauco procedentes de las destruidas ciudades del sur. En 1739 el Doctrinero Dr. don Joseph de Roxas y Amaza que residía en Chanco construye una capilla en el asiento de Cauquenes, lugar donde después el 9 de mayo de 1742 don José Antonio Manso de Velasco, fundó la Villa de NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES DE MANSO DE TUTUVEN, y se creó la Parroquia de Cauquenes, aunque el Doctrinero seguía viviendo en Chanco. El último Cura que atendió la Parroquia de Cauquenes mientras estuvo bajo la jurisdicción del Obispado de Santiago fue don Pablo de Macaya y de la Cueva. La otra Doctrina fundada por el Obispo Medellín "al otro lado del Maule" fue la de "PUTAGÁN, LONGOMILLA y PURAPEL". El lugar elegido para esa Doctrina fue el conocido más tarde como "ISLA DEL MAULE" o "BELLA ISLA" y la fecha de la erección también se calcula entre los años 1580 y 1585.

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Al igual que Cauquenes y por las mismas razones ya indicadas, esta Doctrina tuvo variadas denominaciones: LONGOMILLA, PURAPEL Y PUTAGAN. No tenemos la lista completa de los Doctrineros, sólo sabemos de la existencia de algunos. Entre ellos el dominico Juan de Salgüero, que habría sido quien trajo la primera imagen de Nuestra Señora del Rosario venerada hasta hoy en Yerbas Buenas. En 1670 se construyen las Capillas de Longomilla y San Antonio de Tornicura. En 1672 aparece San Antonio de Liguay y en 1674 la Capilla de Villavicencio que después se reconstruye en 1742. A partir del año 1675, se conoce esta región como PARROQUIA DE LA ISLA DE MAULE y su jurisdicción abarcó las localidades de Putagán, donde alrededor de 1711 ya residía el Doctrinero don Antonio de Vergara y del Águila, dejando bien dotada una Iglesia construida en honor de Nuestra Señora del Rosario; Coibungo, lugar en que habitó hasta su muerte a principios de 1773 el Doctrinero Dr. don Joseph Manuel de Loyola; Abránquil donde se estableció en 1774 su sucesor don Francisco de Roa y Arias, que aparece titulándose Párroco de La Santa Cruz de Abránquil; Quilipín, que sirvió de sede parroquial durante poco tiempo y finalmente Yerbas Buenas cuando desde 1785 se construye ahí la primera Iglesia y alrededor de ella comienzan a levantarse paulatinamente las casas del pueblo. Simultáneamente la Doctrina se desarrolla evangelizando otro poblado que surge en la zona ubicada al norte del río Loncomilla conocida también como Rinconada de Purapel donde se construye entre 1740 y 1749 la Iglesia de la Guerta (Huerta de Maule); más la capilla de Longomilla levantada en 1742 y la Iglesia del Fuerte de Catentoa construida en 1751. En realidad, existe bastante confusión acerca de los límites exactos y extensión territorial que tuvieron estas Doctrinas de Cauquenes y Putagán. A veces, se incluyen lugares situados en la ribera norte del río Maule como Rauquén, Pencahue, Talca, Duao y Pocoa que indiscutiblemente, eran del Obispado de Santiago. Lo que parece claro es que la Doctrina de Cauquenes estaba más incorporada a la geografía humana más civilizada de ese tiempo, porque atendía lugares ubicados en las inmediaciones del camino real entre Santiago y Concepción, y que la Doctrina de Putagán estaba en el interior más selvático e impenetrable, donde el aislamiento y escasez de recursos hizo mucho más difícil la vida de los pocos sacerdotes que la evangelizaron. Esta situación sólo se explica que haya cambiado casi a fines del siglo XIX, porque en 1873 pasa el ferrocarril por la zona central de Chile uniendo Santiago con Chillán y dejando a trasmano a los pueblos de la zona de Cauquenes.

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