Osservatore Romano 2511

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 15 (2.511) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 14 de abril de 2017 El Papa celebró este Jueves Santo la misa «in coena Domini» en una cárcel y lavó los pies a 12 presos Amar hasta el final El Jueves Santo, el Papa Francisco se de desplazó a la cárcel «casa di reclusione di pagliano» en la provincia de Frosinone, situada a unos 60 km de Roma. No es la primera vez que el Pontífice celebra la misa de Caena Domini con reclusos, pues ya el Jueves Santo de su primer año de pontificado se desplazó a la cárcel de menores de Casal di Marmo, en Roma, donde celebró el rito del lavatorio de los pies ante doce jóvenes reclusos, entre ellos dos mujeres. "Yo no os digo que vayáis los unos a los otros a lavaros los pies, sería una locura. Sí os diré que si podéis hacer una ayuda, un servicio, a vuestros compañeros en la cárcel, hacédselo. Porque eso es amor, es como lavar los pies. Ser siervo de otros". Papa Francisco realizó la liturgia del lavado de los pies a 12 presos en la Casa de Reclusión de Paliano, en la provincia italiana de Frosinone, manteniendo la tradición que comenzó en su episcopado de Buenos Aires: pasar el Jueves Santo entre los detenidos de las cárceles. Tres mujeres y un musulmán que será bautizado en junio; un argentino, un albanés y seis italianos. Entre ellos, hay dos condenados a cadena perpetua En una ceremonia privada, retransmitida por Radio Vaticana, el Papa recordó en su homilía, cómo Jesús "amó hasta el final" a los suyos, porque "Dios ama así, da la vida por cada uno de nosotros, y quiere esto". Y no es fácil, reconoció, porque somos todos pecadores, tenemos límites defectos, no sabemos amar, "no somos como Dios que ama sin mirar las consecuencias y hasta el final". El Papa reflexionó sobre el gesto de Jesús, «que era el jefe, que era Dios», cuando le lava los pies a sus discípulos. «Lavar los pies era una costumbre del tiempo antes de los almuerzos y de las cenas. Porque no había asfalto, la gente venía del camino, con el polvo... y uno de los gestos para recibir a una persona en la casa para comer era lavarle los pies. Pero esto lo hacían los esclavos, los que habían sido esclavizados», subrayó el Papa. «Jesús lo invierte y lo hace Él», prosiguió, «Simón no quería, pero Jesús les explicó que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo por nosotros, para dar la vida por nosotros. Para amar hasta el fin». Porque Jesús ama así: «hasta el final». A todos, «aunque seamos pobres, Él es grande, bueno, y nos ama tal y como somos». «Y da la vida por cada SIGUE EN LA PÁGINA 6

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 14 de abril de 2017, número 15 Celebración del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor Llevar nuestra cruz con paciencia Durante la celebración del Domingo de Ramos, 9 de abril, el Papa pronunció la siguiente homilía en la plaza de san Pedro, festividad que coincidió con la XXXII Jornada mundial de la juventud. Esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén. Desde hace 32 años la dimensión gozosa de este domingo se ha enriquecido con la fiesta de los jóvenes: La Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra en ámbito diocesano, pero que en esta plaza vivirá dentro de poco un momento intenso, de horizontes abiertos, cuando los jóvenes de Cracovia entreguen la Cruz a los jóvenes de Panamá. El Evangelio que se ha proclamado antes de la procesión (cf. Mt 21,1-11) describe a Jesús bajando del monte de los Olivos montado en una borrica, que nadie había montado nunca; se hace hincapié en el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas; y podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19, 40). Pero este Jesús, que justamente según las Escrituras entra de esa manera en la Ciudad Santa, no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta «new age», un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano. Así, al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey, pensamos en el sufrimiento que él tendrá que sufrir en esta Semana. Pensamos en las calum- nias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas... y en definitiva al vía crucis, hasta la crucifixión. Él lo dijo claramente a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16,24). Él nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. Y lo mismo vale para nosotros. Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a él, aceptémosla y llevémosla día a día. Y este Jesús, que acepta que lo aclamen aun sabiendo que le espera el «crucifige», no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red. No. Él está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como él, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades... Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas. Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados.... Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide que se le mire, que se le reconozca, que se le ame. No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz. Oración por las víctimas de Estocolmo y El Cairo El Papa Francisco, al finalizar la celebración eucarística del Domingo de Ramos, rezó el Ángelus con los fieles reunidos en la plaza. El Pontífice tuvo presente a las víctimas de los atentados de Estocolmo y El Cairo. Al final de esta celebración, os saludo cordialmente a todos vosotros aquí presentes, especialmente a los que han participado en el Encuentro internacional en vista de la asamblea sinodal sobre los jóvenes, promovida por el dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en colaboración con la Secretaría General del Sínodo de los Obispos. Este saludo se extiende a todos vosotros jóvenes que hoy, en torno a sus obispos, celebran la Jornada mundial de la juventud en cada diócesis del mundo. Es otra etapa de la gran peregrinación, iniciada por san Juan Pablo II, que el año pasado nos reunió en Cracovia y que nos convoca en Panamá en enero de 2019. Por esto, dentro de algunos instantes, los jóvenes polacos entregarán la cruz de la Jornada mundial de la juventud a los jóvenes panameños, acompañados, los unos y los otros, por sus pastores y las autoridades civiles. Pidamos al Señor que la cruz, unida al icono de María Salus Populi Romani, allí por donde pase haga crecer la fe y la esperanza, revelando el amor invencible de Cristo. A Cristo, que hoy entra en la Pasión, y a la Virgen encomendamos a las víctimas del atentado terrorista sucedido el viernes pasado en Estocolmo, como también a los que son aún duramente probados por la guerra, desastre de la humanidad. Y rezamos por las víctimas del atentando perpetrado lamentablemente hoy, esta mañana, en El Cairo, en una iglesia copta. A mi querido hermano, su santidad Papa Teodoro II, a la Iglesia copta y a toda la querida nación egipcia expreso mi profundo pésame, rezo por los difuntos y por los heridos, estoy cercano a los familiares y a toda la comunidad. El Señor convierta el corazón de las personas que siembran terror, violencia y muerte, y también el corazón de los que hacen y trafican con armas. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 15, viernes 14 de abril de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 El cardenal Sandri sobre el próximo viaje del Papa En Egipto para abrazar el dolor de un pueblo Mujeres llorando por los muertos en los últimos atentados a las iglesias coptas en Egipto NICOLA GORI Con su próximo viaje a Egipto, el Papa «ofrecerá el abrazo de la participación en el dolor» de una comunidad herida por la enésima masacre perpetrada con ferocidad el pasado Domingo de Ramos. Y su presencia «ayudará a elevar la mirada a lo alto, para invocar juntos que descienda el Espíritu de paz y reconciliación» sobre la martirizada nación. Está convencido el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, que en esta entrevista a L’Osservatore Romano parte de la visita papal a Egipto para un excursus sobre la situación de Oriente Medio y en particular de Tierra Santa, a cuyas necesidades está destinada la actual colecta del Viernes Santo que se realiza en todas las iglesias del mundo. A pocos días de la visita de Francisco, Egipto ha sido sacudido por una nueva masacre. La semana de Pascua ha iniciado con el anuncio del enésimo atentado que ha sembrado víctimas entre nuestros hermanos y hermanas coptos, reunidos para la celebración del domingo, de la entrada de Jesús a Jerusalén. Los ramos bendecidos y agitados por niños y adultos, para algunos de ellos se han transformado en el ramo del martirio. Estamos doloridos y sin palabras, pero una vez más estamos instruidos por el testimonio de fe de Papa Teodoro II. Él ha querido que los cuerpos de las víctimas fueran sepultados como los nuevos mártires de su Iglesia. Por ello estamos seguros de su intercesión por la querida nación egipcia. Y también por el viaje apostólico de Papa Francisco, que dentro de pocos días, sin duda, ofrecerá el abrazo de su participación en el dolor, pero también ayudará a elevar la mirada a lo alto, para invocar juntos que descienda el Espíritu de paz y reconciliación sobre Egipto, como se refleja de manera significativa en el lema de la visita, a través de la paloma junto a la cruz y a la media luna creciente. ¿Qué mensaje llevará la presencia del Papa? Por los dramáticos hechos de estos días la visita es aún más un signo profético, como fue por otro lado el inicio del Jubileo en el viaje a la República Centroafricana, también desgarrada por la violencia. El Papa de Roma va a confirmar a los hermanos de la Iglesia copta católica y de las otras Iglesias presentes en Egipto que son numerosas, como expresan los varios ritos: maronita, caldeo, armenio, siro-católico y latino, aunque todos juntos permanecen un “pequeño rebaño” que sin embargo es una presencia importantísima. En particular, por las obras que llevan adelante en ámbito educativo, formativo y social y de elevación del nivel de la población más pobre. El segundo motivo de la visita del Pontífice es el renovado abrazo con el Papa Teodoro y con la Iglesia copto ortodoxa, herida y asustada, pero cada vez más “Iglesia de los mártires”. Teodoro vino a Roma para saludar a Francisco y ahora él devuelve este gesto, del cual además surgió la jornada de amistad católica-copta que desde entonces celebramos cada año. Quisiera recordar que el Papa copto está entre los más comprometidos para alcanzar un entendimiento sobre la fecha común para la celebración de la Pascua. También esta es una realización que llegará a través de pasos concretos en el camino hacia la unidad, antes que a través de declaraciones. En ciertos países y en Egipto en particular —como lamentablemente demuestra una vez más este Domingo de Ramos— el camino ha estado marcado por el llamado ecumenismo de la sangre. Los coptos ortodoxos asesinados han muerto en el nombre de Cristo y por tanto pertenecen también para nosotros a la tradición de los mártires que han confesado la propia fe. ¿Qué significado tiene la visita desde el punto de vista del diálogo interreligioso? El encuentro con el gran imán de Al Azhar constituye un aspecto importantísimo del viaje. También él hizo una visita al Papa y ahora el Papa devuelve el gesto, para decir al mundo entero que aquellos que creen en el único Dios pueden dar un testimonio de su existencia, caminado uno junto al otro, hablando con franqueza, con respeto recíproco. Justamente, ya que creemos en único Dios, pueden surgir iniciativas comunes a favor de los más pobres para dar a todos lo necesario para vivir humanamente. Esto porque Dios es grande, poderoso, misericordioso. Del amor de Dios proceden toda la misericordia y la paz para los hombres. Y esto une juntos a católicos, ortodoxos y musulmanes.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 14 de abril de 2017, número 15 En vista del próximo Sínodo de los Obispos —previsto para octubre de 2018 sobre el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”— publicamos la “Oración para los jóvenes” escrita por el Papa Francisco. Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre. Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos. Como el Discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de Ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría que tú eres el Señor. Amén. FRANCISCUS Sínodo 2018 Oración por los jóvenes Jóvenes panameños recogen la cruz de la Jornada mundial de la juventud

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número 15, viernes 14 de abril de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 5 En camino hacia el Sínodo y Panamá La Iglesia los quiere escuchar El sábado 8 de abril, en Santa María la Mayor, tuvo lugar la vigilia de oración para preparar la Jornada mundial de la juventud del día siguiente. A continuación las palabras del Papa Francisco. Queridos jóvenes: Gracias por estar aquí. Esta tarde se da un doble inicio: el inicio del camino hacia el Sínodo, que tiene un nombre: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», pero digamos: «el Sínodo de los jóvenes», así se entiende mejor. Y también el segundo inicio, el del camino hacia Panamá «está aquí el Arzobispo de Panamá [señalándolo se dirige a él]. Te saludo. Hemos escuchado el Evangelio, hemos rezado, hemos cantado, hemos traído flores a la Virgen, a la Madre; y hemos traído la cruz, que vine desde Cracovia y mañana será entregada a los jóvenes de Panamá. Desde Cracovia a Panamá; y, en medio, el Sínodo. Un Sínodo del que ningún joven debe sentirse excluido. «Pero… hacemos un Sínodo para los jóvenes católicos… para los jóvenes que pertenecen a las asociaciones católicas, así es más fuerte…». No. El Sínodo es el Sínodo para y de todos los jóvenes; los jóvenes son los protagonistas. «Pero, ¿también los jóvenes que se sienten agnósticos? Sí. «¿También los jóvenes que tienen una fe tibia?» Sí. ¿También para los jóvenes que se han alejado de la Iglesia?» Sí. «¿También para los jóvenes —no sé si habrá alguno, a lo mejor hay alguno—, los jóvenes que se sienten ateos?» Sí. Este es el Sínodo de los jóvenes, y todos nosotros queremos escucharos. Cada joven tiene algo que decir a los otros, tiene algo que decir a los adultos, tiene algo que decir a los sacerdotes, a las religiosas, a los obispos y al Papa. Todos tenemos necesidad de escucharos. Recordemos un poco Cracovia, la Cruz nos lo recuerda. Allí dije dos cosas, a lo mejor alguno lo recuerda: está feo ver un joven que se jubila a los veinte años, está feo; y también está feo ver un joven que vive en el sofá. ¿No es verdad? Ni jóvenes «jubilados», ni jóvenes de «sofá». Jóvenes que caminen, jóvenes de calle, jóvenes que vayan adelante, uno junto al otro, pero mirando al futuro. Hemos escuchado el Evangelio (cf. Lc 1, 39-45). Cuando María recibe aquel don, aquella vocación tan grande de traernos el don de Dios, dice el Evangelio que, habiendo recibido la noticia de que su anciana prima esperaba un niño y de que tenía necesidad de ayuda, se fue «deprisa». Deprisa, el mundo de hoy tiene necesidad de jóvenes que va- yan «deprisa», que no se cansen de caminar deprisa; de jóvenes que tengan aquella vocación de sentir que la vida les ofrece una misión. Y, como dijo tantas veces María Lisa [joven religiosa] en su testimonio, jóvenes en camino. Ella ha relatado toda su experiencia: ha sido una experiencia en camino. Tenemos necesidad de jóvenes en camino. El mundo puede cambiar solamente si los jóvenes están en camino. Pero esto es el drama de este mundo: que los jóvenes —y este es el drama de la juventud de hoy— son a menudo descartados. No tienen trabajo, no tienen un ideal que seguir, falta la educación, falta la integración… Tantos jóvenes deben huir, emigrar a otras tierras… Los jóvenes, hoy, es duro decirlo, pero a menudo son material de descarte. Y esto nosotros no podemos tolerarlo. Y nosotros tenemos que hacer este Sínodo para decir: «nosotros jóvenes estamos aquí, en camino. No queremos ser material de descarte. Nosotros tenemos un valor que dar». He pensado, mientras Pompeo hablaba [durante el segundo testimonio]: por dos veces él estuvo casi al límite de ser material de descarte, a los ocho años y a los dieciocho años. Y lo consiguió. Lo consiguió. Ha sido capaz de levantarse. Y la vida, cuando miramos al horizonte —lo ha dicho también María Lisa— nos sorprende siempre. Ambos lo han dicho. Nosotros estamos en camino, hacia el Sínodo y hacia Panamá. Y este camino es arriesgado; pero si un joven no arriesga, está envejecido. Y nosotros tenemos que arriesgar. María Lisa ha dicho que después del sacramento de la confirmación se alejó de la Iglesia. Vosotros sabéis bien que, aquí en Italia, el sacramento de la confirmación se llama «el sacramento del adiós», después de la confirmación no se vuelve más a la Iglesia. Y ¿por qué? Porque muchos jóvenes no saben qué hacer… y ella [María Lisa] nunca se ha detenido, siempre ha permanecido en camino: a veces por caminos oscuros, por caminos sin luz, sin ideales o con ideales que no entendía bien; pero, al final, también lo consiguió. Vosotros jóvenes tenéis que arriesgar en la vida, arriesgar. Hoy debéis preparar el futuro. El futuro está en vuestras manos. El futuro está en vuestras manos. En el Sínodo, la Iglesia, toda, quiere escuchar a los jóvenes: qué piensan, qué sienten, qué quieren, qué critican o de qué cosas se arrepienten. Todo. La Iglesia tiene necesidad de más primavera todavía, y la primavera es la estación de los jóvenes. Y además, quisiera invitaros a hacer este camino, este camino hacia el Sínodo y hacía Panamá, a hacerlo con alegría, recorrerlo con vuestras aspiraciones, sin miedo, sin vergüenza, con valor. Se necesita valor. E intentar percibir la belleza de las pequeñas cosas de todos los días: percibirla no perdáis esto. Y dar gracias por lo que eres: «Yo soy así: gracias». Muchas veces, en la vida, perdemos tiempo preguntándonos: «Pero ¿quién soy yo?». Pero tú puedes preguntarte quién eres tú y pasar toda una vida buscando quien eres tú. Pero pregúntate: «¿Para quién soy yo?». Como la Virgen, que fue capaz de preguntarse: «¿Para quién, para que persona soy yo, en este momento? Para mi prima», y fue. Para quién soy yo, no quién soy yo, esto viene después, sí, es una pregunta que se tiene que hacer, pero antes que nada por qué hacer un trabajo, un trabajo de toda una vida, un trabajo que te haga pensar, que te haga sentir, que te haga trabajar. Los tres lenguajes: el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y marchar siempre adelante. Y otra cosa quisiera deciros: el Sínodo no es solamente «un lugar para hablar». La JMJ no será un «lugar para hablar» o un circo o una cosa bonita, una fiesta y después «adiós», me olvido. No, cosas concretas, la vida nos pide cosas concretas. En esta cultura liquida, se necesitan cosas concretas, y esta es vuestra vocación. Y quisiera terminar… —había un discurso escrito, pero después de haberos visto, de haber oído los testimonios, he querido deciros esto—: habrá momentos en los que no entenderéis nada, momentos oscuros, feos, momentos bonitos, momentos oscuros, momentos luminosos… pero hay una cosa que yo quisiera subrayar. Nosotros somos el presente. A mi edad, estamos por irnos… ah ¿no? [ríe] ¿Quién garantiza la vida? Nadie. Vuestra edad tiene el futuro delante. A los jóvenes, hoy, a los jóvenes la vida les pide una mi- sión, la Iglesia les pide una misión, y yo quisiera daros esta misión: volved y hablar con los abuelos. Hoy más que nunca tenemos necesidad, tenemos necesidad de este puente, del dialogo entre los abuelos y los jóvenes, entre los viejos y los jóvenes. El profeta Joel, en el capítulo tres, versículo dos, nos dice esto, como una profecía: «Los ancianos tendrán sueños, soñarán, y los jóvenes profetizarán», esto es, realizarán las profecías con las cosas concretas. Esta es la tarea que yo os doy en nombre de la Iglesia: hablar con los ancianos. «Pero es aburrido…, dicen siempre las mismas cosas…» No. Escucha al anciano. Habla, pregúntale las cosas. Haz que ellos sueñen y de esos sueños toma tú para ir adelante, para profetizar y para hacer concreta aquella profecía. Esta es vuestra misión hoy, esta es la misión que os pide hoy la Iglesia. Queridos jóvenes, sed valientes «pero, Padre, yo he pecado, tantas veces caigo…». Me viene a la mente una canción alpina, muy bonita, que cantan los alpinos: «en el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no quedarse caído». Adelante, ¿caes? Levántate y avanza. Pero piensa en aquello que ha soñado el abuelo, que ha soñado el anciano o la anciana. Hazles hablar, toma aquellas cosas y haz el puente hacia el futuro. Esta es la tarea y la misión que hoy os da la Iglesia. Muchas gracias por vuestra valentía, y… a Panamá. No sé si seré yo, pero estará el Papa. Y el Papa, en Panamá, os hará la pregunta: «¿habéis hablado con los viejos? ¿Habéis hablado con los ancianos? ¿Habéis tomado los sueños del anciano y los habéis transformado en profecía concreta?», esta es vuestra tarea. Que el Señor os bendiga. Rezad por mí, y preparémonos todos juntos para el Sínodo y para Panamá. Gracias.

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número 15, viernes 14 de abril de 2017 Un sermón al aire libre ANTONIO PELAYO En su novela “El Hereje” el célebre escritor castellano Miguel Delibes narra cómo en la mitad del siglo XVI Cipriano Salcedo fue condenado a la hoguera por la Santa Inquisición acusado de pertenecer a una célula luterana. Fue ejecutado en la hoy Plaza Mayor de Valladolid. No fue un caso único ya que bajo el emperador Carlos V y el rey Felipe II la ciudad del Pisuerga fue sede de un muy activo tribunal del Santo Oficio que, entre otros, encarceló a Fray Luis de León y al arzobispo de Toledo Bartolomé de Carranza. Para los autos de fe que en ella se celebraron la Plaza Mayor se transformaba —escribe Delibes— «en un enorme circo de madera con más de dos mil asientos en las gradas cuyos precios oscilaban entre diez y veinte reales» . Cinco siglos más tarde ese mismo espacio urbano sirve para un “espectáculo” bien diferente: la predicación del Sermón de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz que tiene lugar en la mañana del Viernes Santo. Esta tradición fue introducida por el arzobispo Remigio Gandásegui y Gorrochátegui que restauró en todos sus esplendores la Semana Santa vallisoletana y desde el año 1943 hasta hoy la tradición se mantiene tal y como fue concebida. Desde primeras horas de la mañana una comitiva a caballo compuesta por jinetes de la Cofradía de las Siete Palabras recorren las calles y plazuelas de la ciudad pregonando el sermón que tendrá lugar a las doce del mediodía en la Plaza Mayor y anunciando el nombre del pregonero. Su lista es muy prestigiosa y en ella figuran, entre otros, los cardenales Marcelo González entonces arzobispo de Toledo y Primado de España, el que fue Prefecto de la Congregación para el Culto Divino Antonio Mª Javierre, el arzobispo emérito de Sevilla Carlos Amigo y el actual arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española Ricardo Blázquez. El sermón se celebra, si el tiempo lo permite, al aire libre en la rectangular Plaza que es el centro de la vida ciudadana y su duración oscila en torno a una hora. El recinto está enlutado y acoge siete pasos con escenas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; el primero es el de «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» y concluye con «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Como es sabido esas estatuas salieron de las manos y talleres de los más famosos imagineros castellanos: Gregorio Fernández, Juan de Juni, Francisco del Rincón, Pompeyo Leoni. Son imágenes de un impresionante realismo: los rostros de los sayones, de los dos ladrones, de los soldados romanos reflejan la maldad del espíritu humano y contrastan con la dulzura doliente del crucificado, con la tristeza de la madre que “stábat” al pie de la cruz, acompañada por el discípulo amado. El predicador tiene delante de sí una plaza rebosante de público que ha madrugado para escoger un buen sitio. En las primeras filas toman asiento las autoridades, los representantes de la sociedad civil, estamentos del ejército y, sobre todo, los cofrades revestidos con sus hábitos tradicionales. Una sinfonía de colores que a la luz del sol castellano se transforma en un simbólico arco iris. Me atrevería a decir que el de las Siete Palabras es el sermón más famoso del año en España. Es transmitido en directo a través de las cadenas nacionales de radio y televisión y ocupa la atención durante toda la mañana del Viernes Santo preparando el clima para participar “religiosamente” a la magna procesión general de la Pasión a la que asisten decenas de miles de vallisoletanos y de personas llegadas desde todos los rincones de España y del extranjero. L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 Iniciando el Triduo pascual el Pontífice lavó los pies a doce reclusos In coena Domini VIENE DE LA PÁGINA 1 los reclusos de la cárcel de San Vittore. Es fácil recordar las uno de nosotros, y se enorgullece de ello, quiere esto, porque Él tiene amor», subrayó el Papa Francisco. No es fácil amar hasta el final, «porque todos nosotros somos pecadores, tenemos límites, defectos. Todos sabemos amar, pero no somos co- palabras pronunciadas en el Ángelus del domingo 6 de noviembre de 2016, con ocasión del Jubileo de los reclusos, en las que hizo un llamamiento en favor de la mejora de las condiciones de vida en las cárceles de todo el mundo, «para que sea respetada plenamente la dignidad humana de los deteni- mo Dios, que ama sin ver las consecuencias». Y el gesto de dos» y reiteró «la importancia de reflexionar sobre la necesi- lavar los pies es un símbolo de este amor, «no es folklore». dad de una justicia penal que no sea exclusivamente punitiva, Jesús hace concreta la advertencia que le hizo a los apóstoles sino que esté abierta a la esperanza y la perspectiva de reinser- «que se peleaban entre ellos para ver quién era el más impor- tar al reo en la sociedad». Además solicitó a las autoridades tante». Cristo «dice que el civiles competentes de cada más grande debe hacerse país que considerasen la po- siervo de todos». También el Papa está llamado a ese «abajamiento». «Hoy, mientras llegaba acá, había gente que saludaba: «Viene el Papa, el jefe de la Igle- Jesús explicó que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo por nosotros, para dar la vida por nosotros. Para amar hasta el fin sibilidad de realizar ese Año Santo de la Misericordia, «un acto de clemencia en favor de los presos que se consideren idóneos para que se beneficien de tal disposi- sia». El jefe de la Iglesia es ción». Días después en la Jesús, ¡no bromeemos» El audiencia general del 11 de Papa es la figura de Jesús –explicó Francisco. Yo quisiera ha- noviembre, recordando la visita que le hicieron los presos de cer lo mismo que Él hizo. En esta ceremonia el párroco lava Padua, volvió a enfatizar que «sea lo que sea que haya hecho los pies de los fieles, se invierte, el que parece más grande de- un preso, él siempre es amado por Dios». Y recordó que be hacer el trabajo del esclavo». Y en 2015 la celebración tuvo «también Jesús y los apóstoles experimentaron la prisión», así lugar en la cárcel de Rebibbia, también en Roma. El drama mismo invitó «ser instrumentos de la misericordia de Dios» de los reclusos es un argumento muy sentido por el Papa y en pues «la misericordia pasa a través de un gesto, una palabra, numerosas ocasiones ha manifestado su cercanía hacia ellos una visita y esta misericordia es un acto para devolver alegría tanto con palabras como con gestos. Sin ir más lejos, en su re- y dignidad a quien la ha perdido». ciente viaje a Milán, el sábado 25 de marzo, cuando visitó a Francisco pidió no separar tres gracias que contiene el Evangelio: Verdad, Misericordia y Alegría «Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta». Lo aseguró el Papa Francisco en la misa crismal de Jueves Santo, celebrada por la mañana en la Basílica de San Pedro, dando así inicio a las celebraciones de Semana Santa. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4, 18). El Señor, Ungido por el Espíritu, lleva la Buena Noticia a los pobres. Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás. Y, al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, —breve en lo posible— lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. Y, por otra parte, son precisamente los detalles más pequeños —todos lo hemos experimentado— los que mejor contienen y comunican la alegría: el detalle del que da un pasito más y hace que la misericordia se desborde en la tierra de nadie. El detalle del que se anima a concretar y pone día y hora al encuentro. El detalle del que deja que le usen su tiempo con mansa disponibilidad… La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir «Evangelio»: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo. La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. Lo sabe el que experimenta «la dulce y confortadora alegría de anunciar» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 10). La Buena Noticia nace de la Unción. La primera, la «gran unción sacerdotal» de Jesús, es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María. En aquellos días, la feliz noticia de la Anunciación hizo cantar el Magníficat a la Madre Virgen, llenó de santo silencio el corazón de José, su esposo, e hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su madre Isabel. Hoy, Jesús regresa a Nazaret, y la alegría del Espíritu renueva la Unción en la pequeña sinagoga del pueblo: el Espíritu se posa y se derrama sobre él ungiéndolo con oleo de alegría (cf. Sal 45,8). La Buena Noticia. Una sola Palabra —Evangelio— que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad. Que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad —no negociable—, su Misericordia —incondicional con todos los pecadores— y su Alegría —íntima e inclusiva—. Verdad, misericordia y alegría: las tres juntas. Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros. Nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso. Nunca podrá ser triste o neutro el Anuncio, porque es expresión de una alegría enteramente personal: «La alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 237). La alegría de Jesús al ver que los pobres son evangelizados y que los pequeños salen a evangelizar (cf. ibíd., 5). Las alegrías del Evangelio —lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona en cada cultura particular— son alegrías especiales. Vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje. Les comparto, queridos sacerdotes, queridos hermanos, tres íconos de odres nuevos en los que la Buena Noticia se conserva bien —es necesario conservarla—, no se avinagra y se vierte abundantemente. Un ícono de la Buena Noticia es el de las tinajas de piedra de las bodas de Caná (cf. Jn 2,6). En un detalle, espejan bien ese Odre perfecto que es —Ella mis- Misa Crismal ma, toda entera— Nuestra Señora, la Virgen María. Dice el Evangelio que «las llenaron hasta el borde» (Jn 2,7). Imagino yo que algún sirviente habrá mirado a María para ver si así ya era suficiente y habrá sido un gesto suyo el que los llevó a echar un balde más. María es el odre nuevo de la plenitud contagiosa. Queridos hermanos, sin la Virgen no podemos llevar adelante nuestro sacerdocio. «Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286), Nuestra Señora de la prontitud, la que apenas ha concebido en su seno inmaculado al Verbo de vida, sale a visitar y a servir a su prima Isabel. Su plenitud contagiosa nos permite superar la tentación del miedo: ese no animarnos a ser llenados hasta el borde, y mucho más aún, esa pusilanimidad de no salir a contagiar de gozo a los demás. Nada de eso: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Ibíd., 1) El segundo ícono de la Buena Noticia que deseo compartir con vosotros es aquella vasija que —con su cucharón de madera—, al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción. El Señor —que es la Fuente de Agua viva—no tenía «con qué» sacar agua para beber unos sorbos. Y la Samaritana sacó agua de su vasija con el cucharón y sació la sed del Señor. Y la sació más con la confesión de sus pecados concretos. Agitando el odre de esa alma samaritana, desbordante de misericordia, el Espíritu Santo se derramó en todos los paisanos de aquel pequeño pueblo, que invitaron al Señor a hospedarse entre ellos. Un odre nuevo con esta concreción inclusiva nos lo regaló el Señor en el alma samaritana que fue Madre Teresa. Él llamó y le dijo: «Tengo sed», «pequeña mía, ven, llévame a los agujeros de los pobres. Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. No me conocen, y por eso no me quieren. Llévame hasta ellos». Y ella, comenzando por uno concreto, con su sonrisa y su modo de tocar con las manos las heridas, llevó la Buena Noticia a todos. El modo de tocar las heridas con las manos: las caricias sacerdotales a los enfermos, a los desesperados. El sacerdote hombre de la ternura. Concreción y ternura. El tercer ícono de la Buena Noticia es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa —humilde y pobre— que atrae a todos hacia sí. De él tenemos que aprender que anunciar una gran alegría a los muy pobres no puede hacerse sino de modo respetuoso y humilde hasta la humillación. Concreta, tierna y humilde: así la evangelización será alegre. No puede ser presuntuosa la evangelización. No puede ser rígida la integridad de la verdad, porque la verdad se ha hecho carne, se ha hecho ternura, se ha hecho niño, se ha hecho hombre, se ha hecho pecado en cruz (cf. 2 Co 5,21). El Espíritu anuncia y enseña «toda la verdad» (Jn 16,13) y no teme hacerla beber a sorbos. El Espíritu nos dice en cada momento lo que tenemos que decir a nuestros adversarios (cf. Mt 10,19) e ilumina el pasito adelante que podemos dar en ese momento. Esta mansa integridad da alegría a los pobres, reanima a los pecadores, hace respirar a los oprimidos por el demonio. Queridos sacerdotes, que contemplando y bebiendo de estos tres odres nuevos, la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor.

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 14 de abril de 2017, número 15 COMUNICACIONES JUEVES 30 MARZO: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Cardenal KURT KOCH, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. —Monseñor FELICE ACCROCCA, arzobispo de Benevento (Italia). —Monseñor NICOLA GIRASOLE, arzobispo titular de Egnazia Appulla, nuncio Apostólico en Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Dominica, Jamaica, Granada, la República Cooperativa de Guyana, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicenzo y Granadins, Suriname; Delegado Apostólico en las Antillas; Representante Audiencias pontificias —Monseñor ROBERT FRANCIS PREVOST, O.S.A., obispo de Chiclayo. —Monseñor PEDRO RICARDO BARRETO JIMENO, S.I., arzobispo de Huancayo. —Sra. ERTHARIN COUSIN, Directora Ejecutiva del P.M.A, en visita de despedida. —Su Beatitud GREGORIOS III LAHAM, Patriarca de Antioquía de los Greco-Melquitas (Siria). —Participantes en el congreso promovido por el Comité Pontificio de Ciencias Históricas sobre el tema “Lutero 500 años después”. SÁBADO 1 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: Limosnería Apostólica La lavandería del Papa El lunes 10 de abril empezó a funcionar la “Lavandería del Papa Francisco”. Un servicio gratuito ofrecido a las personas más pobres, en particular a las personas sin hogar. Así podrán lavar, secar y planchar su propia ropa y mantas. La inciativa nació de la invitación del Santo Padre a dar “concreción” a la experiencia de gracia del Año Jubilar de la Misericordia. Así lo escribió en la Carta Apostólica Misericordia et misera, para concluir el Jubileo: «Querer acercarse a Jesús implica hacerse prójimo de los hermanos, porque nada es más agradable al Padre que un signo concreto de misericordia. Por su misma naturaleza, la misericordia se hace visible y tangible en una acción concreta y dinámica» (n. 16), entonces «es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia» (n. 18). He aquí un signo concreto querido por la Limosnería Apostólica: un lugar y un servicio para dar forma concreta a la caridad y a las obras de misericordia para devolver dignidad a muchas personas que son nuestros hermanos y her- manas, llamados a construir con nosotros una “ciudad fiable” (cf. n. 18). La Lavandería está ubicada en el interior del «Centro Genti di Pace» de la Comunidad San Egidio, en el antiguo edificio hospital de «San Gallicano», en Vía San Gallicano 25. Esta asociación de voluntariado gestionará la Lavandería del Papa, junto a otros servicios —ya activos desde hace más de diez años— de acogida y asistencia a las personas más pobres, y a los que se añadirán en los próximos meses además los de las duchas, barbería, taquillas, ambulatorios médicos y la distribución de productos de primera necesidad. En los locales acondicionados para este servicio hay seis lavadoras y seis secadoras de última generación, con planchas: todo esto ha sido donado por la multinacional Whirlpool Corporation. El grupo Procter & Gamble comparte y coordina este proyecto, que además ya desde hace dos años dona cuchillas de afeitar y espuma de barba Gillette a la «barbería para los sintecho» de la Columnata de San Pedro, y que ha asegurado el abastecimiento completo de detergentes Dash y Lenor para la colada. Plenipotenciario de la Santa Sede en la Caribbean Community. —Frère ALOIS, Prior de Taizé. —Participantes en el Capítulo General de la Orden de los Padres Somascos. VIERNES 31 MARZO: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Cardenal FERNANDO FILONI, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. —Monseñor HÉCTOR MIGUEL CABREJOS VIDARTE, O.F.M., arzobispo de Trujillo (Perú), con: —Monseñor NORBERT KLEMENS STROTMANN HOPPE, M.S.C., obispo de Chosica. —Cardenal MARC OUELLET, P.S.S. Prefecto de la Congregación para los Obispos. —Cardenal PETER KODWO APPIAH TURKSON, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. —Monseñor LUIGI MISTÒ, Secretario de la Sección Administrativa de la Secretaría para la Economía. —Monseñor PAOLO NICOLINI, Delegado para los Sectores administrativos y de gestión de los Museos Vaticanos. —Comunidad del Pontificio Colegio español de San José en Roma. LUNES 3 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Monseñor SANTIAGO OLIVERA, Ordinario Militar para Argentina —Cardenal GEORGE PELL, Prefecto de la Secretaría para la Economía. MARTES 4 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Participantes en el congreso promovido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en el 50° aniversario de la encíclica Populorum progressio. —Sus Altezas Reales el Príncipe de Gales, Carlos, y la Duquesa de Cornualles, Camila, y séquito. MIÉRCOLES 5 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia a una delegación de líderes musulmanes de Gran Bretaña formada por Moulana Ali Raza RIZVI, Presidente, Majlis y ulama Europe; Moulana Muhammad Shahid RAZA, Chairman, British Muslim Forum, Gran Bretaña; Shaykh Ibrahim MOGRA, Co-Chair, Christian Muslim Forum; Moulana Sayed Ali Abbas RAZAWI, Director General, Scottish Ahlul Bayt Society. JUEVES 6 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Sr. Luiz Felipe Mendonça Filho, embajador de Brasil ante la Santa Sede, en ocasión de la presentación de sus cartas credenciales. —Cardenal RUBÉN SALAZAR GÓMEZ, arzobispo de Bogotá (Colombia). —Cardenal ENNIO ANTONELLI, Presidente emérito del Pontificio Consejo para la Familia. —AMBROGIO SPREAFICO, obispo de Frosinone-Veroli-Ferentino (Italia). —Sr. ENRICO ZAMPEDRI, Director del Policlínico “Agostino Gemelli” de Roma. VIERNES 7 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Monseñor CHARLES JOHN BROWN, arzobispo titular de Aquileia, nuncio apostólico en Albania. —Monseñor SANTO GANGEMI, arzobispo titular de Umbriatico, nuncio apostólico en Guinea y en Malí. —Cardenal FRANCESCO COCCOPALMERIO, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. —Monseñor SALVATORE FISICHELLA, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. SÁBADO 8 ABRIL: El Santo Padre Francisco recibió en audiencia: —Cardenal MARC OUELLET, P.S.S, Prefecto de la Congregación para los Obispos. —Cardenal DOMENICO CALCAGNO, Presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica.

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número 15, viernes 14 de abril de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO En las meditaciones preparadas para el vía crucis en el Coliseo de la Semana Santa 2017 LUCETTA SCARAFFIA Anne-Marie Pelletier no es solamente la primera mujer laica, madre y abuela, que comenta el vía crucis presidido por el Papa en el Coliseo, sino también desde hace años está comprometida en una batalla cultural para hacer reconocer el lugar de las mujeres en la Iglesia. Una batalla que la ha llevado a redescubrir y reinterpretar la presencia de la mujer en la Biblia, a recordar el rol que ellas han desarrollado en la historia de la Iglesia, a tratar de indentificar los caminos de una participación femenina en los momentos decisivos que no sea solo colaboración, sino que se convierta en corresponsabilidad en el común sacerdocio bautismal, que une a sacerdotes y laicos. Audacia femenina Anne-Marie Pelletier (Foto: Aleteia) Pelletier es una de esas mujeres que está trabajando en una revolución cultural dentro de la tradición cristiana, no solo recordando cuánto y con qué respeto, afecto y atención Jesús se dirigió a las mujeres durante su predicación, sino también aportando su punto de vista diferente, de mujer laica, frente a los temas que la contemporaneidad impone afrontar a la Iglesia. Temas como la colaboración entre mujeres y hombres o la familia, como hizo en los últimos meses, cooperando activamente en la difusión y la interpretación en Francia de la exhortación apostólica Amoris laetitia. De todo este recorrido se ven las huellas en esta intensa y fuerte meditación, en las sencillas palabras con las que recuerda suavemente que nosotros, en el recorrer la agonía de Jesús, estamos del lado de los pecadores: «Señor, nuestros ojos son oscuros. ¿Y cómo acompañarte tan lejos? Misericordia es tu nombre. Pero este nombre es una locura». Y también al final de la primera estación: «Nosotros nos proclamamos tus discípulos, pero tomamos caminos que se pierden lejos de tus pensamientos, lejos de tu justicia y de tu misericordia». Se detiene así en la traición de Pedro, en el infinito poder del perdón de Jesús, que precisamente sobre él fundará su Iglesia, y nos invita, junto a él, a no declararnos inocentes de la sangre de este hombre, porque salvación será solo «declararse culpables, con la confianza de que un amor infinito envuelva a todos, judíos y paganos, y que a todos Dios llama a convertirse en sus hijos». Un vía crucis por tanto impreso en la humildad, so- bre el reconocimiento de nuestros límites humanos, de nuestra costumbre a «disculparnos y acusar a los otros». Confiados en que Dios salvará a todos «también si no conocen todavía su nombre». En las citaciones encuentran espacio dos grandes autores como el ortodoxo Yannaras y el protestante Bonhoeffer, pero es a las mujeres a las que deja la tarea más elevada, lo que la judía Etty Hillesum ha descrito: «Hay lágrimas para consolar en el rostro de Dios, cuando llora sobre la miseria de sus hijos», ofreciéndose enjugarlas, en una «audacia tan femenina y tan divina» que abre la puerta a una relación nueva con Dios, muy cerca de lo que nos indicaba Jesús. página 9

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 14 de abril de 2017, número 15 Misa en Santa Marta ba, después de haber tenido un hijo», cuando después el Como un grano de arena chico se hizo adolescente, «se le pidió que lo ofreciera en sacrificio: obedeció y siguió adelante contra toda esperanza». He aquí quién es «nuestro padre Abraham»: uno «que sigue adelante, adelante, adelante». En el Evangelio, Jesús Cada cristiano debería dedicar un día a la «memoria» para dice: Abraham «se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio releer la propia historia personal insiriéndola en la historia y se alegró». Explicó el Pontífice: él tuvo la alegría «de ver de un pueblo: «yo no estoy solo, soy un pueblo», un «pue- la plenitud de la promesa de la Alianza, la alegría de ver blo soñado por Dios». Es la invitación hecha por el Papa que Dios no le había engañado, que Dios es siempre fiel a Francisco durante la misa celebrada en Santa Marta el jue- su Alianza». Y también los creyentes, hoy, están llamados a ves 6 de abril. hacer lo que indica el Salmo responsorial (105, 5): «Recor- Partiendo de la liturgia de la Palabra, que presenta la fi- dad las maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los jui- gura de Abraham, padre en la fe, el Pontífice hizo notar cios de su boca». Porque todos los cristianos son «estirpe cómo durante el tiempo de Cuaresma el creyente es a me- de Abraham». Y como «cuando —dijo Francisco— nosotros nudo animado «a detenerse un poco y a pensar». No por pensamos en nuestro padre que ya no está: recordar a pa- casualidad los dos pasajes de la Escritura de la liturgia del pá, las cosas buenas de papá». Así podemos también recor- día (Génesis 17, 3-9 y Juan 8, 51-59) dicen: «Párate. Párate dar lo «grande» que era un poco. Piensa en tu padre». «nuestro padre Abraham». Y en el centro de la atención está Abraham. Hagamos de hoy un día de memoria para La grandeza del patriarca fue fundada basándose en un En la primera lectura, efecti- comprender cómo en esta gran «pacto» con Dios. «Por parte vamente, «se habla de ese diálogo de Dios con Abraham, historia, en el marco de Dios y Jesús de Abraham», evidenció el Pontífice, fue la «obediencia: cuando Dios hace la Alianza obedeció siempre». Por parte con él», y en el Evangelio Je- de Dios una promesa: «Por mi sús y los fariseos le llaman «padre» porque él «es el que parte, he aquí mi Alianza contigo: serás padre de una mu- comenzó a generar este pueblo que hoy es la Iglesia, somos chedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino nosotros: hombre leal». Recogiendo entonces la invitación de las Escrituras, añadió el Pontífice, «nos hará bien pensar en nuestro padre Abraham». ¿Cuáles son entonces los aspectos fundamentales del episodio de Abraham de los cuales es importante hacer memoria? Ante todo, él «obedeció cuando fue llamado para ir, y para irse a otra tierra que habría recibido en herencia». Es decir, Abraham, «se fió. Obedeció. Y se fue sin saber dónde iba». Es decir, él fue «hombre de fe, hombre de esperanza». A los cien años y con la mujer estéril. Creyó «contra toda esperanza. Este es nuestro padre» subrayó Francisco, añadiendo: «Si alguien intentase hacer una descripción que tu nombre será Abraham, padre de una muchedumbre de pueblos». Y Abraham creyó. El Papa se detuvo en la belleza y la grandeza de la promesa de Dios que Abraham, el cual «tenía cien años sin hijos, con la mujer estéril», dijo: «Te haré muy, muy fecundo. Te haré convertirte en naciones y de ti saldrán reyes». Y luego, en otro diálogo: «“escucha, mira, mira al cielo: ¿eres capaz de contar las estrellas?” — “Oh no, imposible...” — “Así será tu descendencia. Mira la playa del mar: ¿eres capaz de contar cada uno de los granos de esa arena?” –“Pero ¡es imposible!”— “Así será tu descendencia”». de la vida de Abraham, podría decir: “Este es un soña- Entonces, pasando de la memoria a la vida cotidiana, dor”». Pero atención: Abraham «no era un loco», el suyo Francisco subrayó: «Hoy, nosotros obedeciendo a la invita- era el «sueño de la esperanza». ción de la Iglesia, nos detenemos y podemos decir, con ver- Una identidad confirmada enseguida: «Puesto a la prue- dad: “yo soy una de esas estrellas. Yo soy un grano de are- na”». Pero el vínculo con Abraham, continuó el Papa, no agota la identidad cristiana: «nosotros somos hijos de Abraham, pero antes de Abraham hay otro Padre. Y antes de nosotros hay otro Hijo. Y en nuestra historia, entre nuestro padre Abraham y nosotros, hay otra historia, la grande, la historia del Padre de los cielos y de Jesús». Este es el motivo, ex- plicó el Pontífice, por el cual Jesús en el pasaje evangélico «respondió a los fariseos y a los doctores de la ley: “Abra- ham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se ale- gró”». Precisamente este es «el gran mensaje. Hoy la Igle- sia nos invita a detenernos, a mirar nuestras raíces, a mirar a nuestro padre que nos ha hecho pueblo, cielo lleno de es- trellas, playas llenas de granos de arena». Cada cristiano, entonces, es invitado a «mirar la historia» y a darse cuenta: «Yo no estoy solo, soy un pueblo. Vamos juntos. La Iglesia es un pueblo. Pero un pueblo soñado por Dios, un pueblo que ha dado un padre sobre la tierra que obedeció, y tene- mos un hermano que dio su vida por nosotros, para hacer- nos pueblo». Partiendo de esta sabiduría, «podemos mirar al Padre, dar las gracias; mirar a Jesús, dar las gracias; y mirar a Abraham y a nosotros que somos parte del cami- no». Al finalizar su meditación, el Papa sugirió un compromi- so práctico: «hagamos de hoy un día de memoria» para comprender cómo «en esta gran historia, en el marco de Dios y Jesús, está la pequeña historia de cada uno de noso- tros». Por eso, añadió, «os invito a dedicar, hoy, cinco mi- nutos, diez minutos, sentados, sin radio, sin televisión; sen- tados, y pensar en la propia historia: las bendiciones y los problemas, todo. Las gracias y los pecados: todo». Cada uno, dijo, en esta memoria podrá encontrar «la fidelidad de ese Dios que ha permanecido fiel a su Alianza, ha per- manecido fiel a la promesa que había hecho a Abraham, ha permanecido fiel a la salvación que había prometido en su Hijo Jesús». Esta fue la conclusión del Pontífice: «Estoy seguro de que en medio a las cosas quizás feas —porque to- dos las tenemos, muchas cosas feas, en la vida— si hoy ha- cemos esto, descubriremos la belleza del amor de Dios, la belleza de su misericordia, la belleza de la esperanza. Y es- toy seguro de que todos nosotros estaremos llenos de ale- gría».

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número 15, viernes 14 de abril de 2017 Arriba: Plaza Mayor de Valladolid, sermón de las Siete Palabras Abajo: Semana Santa 2015 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Nuria Calduch-Benages, religiosa de la congregación de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret y afincada en Roma desde hace más de 30 años, ha sido la primera mujer que ha pronunciado el Sermón de las Siete Palabras en Valladolid, España. Fue este 14 de abril, en uno de los actos más significativos de la Semana Santa en esta ciudad castellana. Tal y como ella misma manifestó, espera no ser la última predicadora que pase por este púlpito, por el que han pasado tantos ilustres predicadores desde el 23 de abril de 1943. Los tres últimos años cumplieron esta tarea monseñor Francisco Cerro Chaves, D. Antonio Pelayo Bombín y Fray Luis Miguel García Palacios. La predicación inició con un breve comentario a la expresión “siete palabras”. «Las siete palabras son mucho más que palabras; son hechos, son acontecimientos, son experiencia vivida, son dolor y sufrimiento, son gozo y esperanza. Cada una por separado y todas en su conjunto son expresión y síntesis de la vida de Jesús, una vida entregada libremente por amor a la humanidad», recordó la predicadora. 1. «Padre, perdónalos, porque no sa- ben lo que hacen». La primera palabra pronunciada por Jesús nos deja atónitos, no encaja en nuestros esquemas, aseguró Calduch-Benages. Un inocente que, en su ejecución, en lugar de pensar en sí mismo «piensa en sus verdugos; en lugar de suplicar por su vida, intercede por la de aquellos que se la han arrebatado con violencia y sin razón». Sus llagas y cicatrices —explicó— no reclaman venganza sino que se transforman en anuncio de paz y perdón. Y ¿a quién se refiere Jesús cuando dice “perdónalos”? En primer lugar, «parece que se refiere a aquellos que realmente le clavaron en la cruz y jugaron a la suerte sus vestiduras». Ahora bien, precisó la predicadora, la súplica de Jesús también puede extenderse a todos los que participaron y, todavía hoy, participan en su pasión con la indiferencia, el despre- La primera mujer que pronuncia el Sermón de las Siete Palabras en Valladolid Expresión y síntesis de la vida de Jesús cio, la negación, el ultraje y, en el golpes, al dolor y al silencio», la- peor de los casos, la persecución. mentó. Sin duda, añadió, «la que «En el madero de la cruz Jesús impartió su lección magistral sobre el perdón de las ofensas y el amor a los enemigos», señaló. 2. «Yo te aseguro: hoy estarás con- migo en el paraíso». La escena, insólita, describe el colmo de la humilla- más sufría era María, su madre, como tantas madres en nuestros días que darían la vida por no ver sufrir a sus hijos e hijas». En esta línea indicó que las palabras de Jesús «no expresan simplemente la preocupa- ción para Jesús, observó Nuria. Al ción de un hijo, que está a punto de respecto, explicó que la respuesta de morir, por su madre sino algo mu- Jesús demuestra que la confianza del buen ladrón era fundada: «ya puede morir en En los relatos de la pasión de Jesús, se paz, porque desde ese percibe como en filigrana, el rostro del instante forma parte del reino que no es de justo sufriente perseguido injustamente este mundo, forma parte de la nueva fa- milia inaugurada por Jesús». La se- cho más profundo que nos afecta a gunda palabra de Jesús, aseveró la todos». predicadora, demuestra la eficacia de A este punto, la predicadora seña- su sacrificio: su cruz transforma el ló que si las tres primeras palabras mundo, los pecadores se convierten de Jesús en la cruz ponen de relieve y entran en el paraíso. su misericordia, las cuatro siguientes 3. «Esa es tu madre». Entran en reflejan con fuerza inaudita su dra- escena las mujeres, mujeres valientes ma interior, su lucha entre la vida y que, a pesar de las circunstancias ad- la muerte, entre el rechazo y la acep- versas, nunca han abandonado a Je- tación del misterio. sús, afirmó. «Como tantas mujeres en nuestros días que de tanto sufrir y callar se han acostumbrado a los 4. «Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?». Derrotado, al límite de sus fuerzas físicas y espirituales, Jesús se siente morir por den- tro y por fuera, abandonado de su Dios y Padre, explicó Calduch-Be- nages. «Tiene miedo, mucho miedo. Jesús no deseaba morir. Y con todo, no acusa a nadie, no se queja, no desea ni pide venganza». De esa for- ma, prosiguió, asume el destino uni- versal de los que sufren sobre el mundo y así acaban aplastados, oprimidos, fracasados, sin respuesta. «Este ha sido el límite y momento extremo de su entrega». El Hijo de Dios —subrayó— sólo ha llegado a convertirse en plenamente humano cuando muere. 5. «Tengo sed». Tal y como explica la predicadora, la sed fue uno de los muchos tormentos que padeció Jesús durante la pasión pero no es la pri- mera vez en el Evangelio que Jesús tiene sed. Una vez, llegado a Sicar, Jesús le pidió agua a la mujer sama- ritana. «Qué duda cabe que Jesús tenía sed de agua fresca, pero su pe- tición no es más que un preámbulo para poder hablar de otra sed y de otra agua, una sed que se puede saciar para siempre y un agua que da vida sin término. Para eso el Padre le envió al mundo, para que suscitara deseos de salvación y ofreciera agua de eternidad», explicó al respecto. En este grito de auxilio —añadió— Jesús hace suya la sed de la humanidad y la sed del universo. 6. «Todo está cumplido». Después de expresar un deseo, ahora de su boca sale una rotunda afirmación, la última antes de expirar. «El que hace unos instantes pedía, es el que ahora da. Pedía agua y ahora entrega su espíritu», observó la religiosa. Pero, ¿qué es lo que se ha cumplido? «En palabras actuales, su misión en este mundo ha llegado a su fin. Nada ha quedado por hacer. Jesús ha llevado a cabo la obra que el Padre le había encomendado». Además, recordó que «entregando su último suspiro, es decir su último soplo de vida o espíritu (pneúma en griego), Jesús entrega el Espíritu con mayúscula. Dicho diversamente, el último suspiro de Jesús simboliza el don del Espíritu». 7. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Finalmente, la predicadora afirmó que «un duelo universal acompaña la muerte del crucificado. Con ella el tiempo se detiene para dar paso a una nueva era». En la conclusión del discurso de las Siete Palabras, Nuria CalduchBenages explicó que «si en la primera palabra escuchamos el grito suplicante de Jesús y el silencio incomprensible de Dios, en la última su grito transmite un mensaje alentador a pesar del drama vivido». En los relatos de la pasión de Jesús, «se percibe como en filigrana, el rostro del justo sufriente, perseguido injustamente y abocado a la muerte que, al final, encuentra el apoyo del Señor». Para concluir, deseó que esta meditación «no solamente fortalezca nuestra fe sino que sobre todo despierte nuestras consciencias y avive nuestra solidaridad en favor de tantos seres humanos, tantos pueblos y naciones que padecen las consecuencias del odio, la violencia, la guerra, la injusticia, la corrupción, los intereses de los poderosos y los desastres naturales».

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 14 de abril de 2017, número 15 En la audiencia general del Miércoles Santo El amor verdadero pasa por la cruz Donde cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz El Papa Francisco reflexionó, durante la audiencia general del 12 de abril, sobre la diferencia entre la esperanza terrena y la que está fundada en Jesús. Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El domingo pasado hicimos memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén, entre las aclamaciones festivas de los discípulos y de gran multitud. Esta gente depositaba en Jesús muchas esperanzas: muchos esperaban de Él milagros y grandes signos, manifestaciones de poder e incluso la libertad de los enemigos invasores. ¿Quién de ellos habría imaginado que poco después Jesús sería humillado, condenado y asesinado en la cruz? Las esperanzas terrenas de esa gente se caen delante de la cruz. Pero nosotros creemos que precisamente en el Crucifijo nuestra esperanza ha renacido. Las esperanzas terrenas caen delante de la cruz, pero renacen esperanzas nuevas, las que duran para siempre. Es una esperanza diferente la que nace de la cruz. Es una esperanza diferente de las que caen, de las del mundo. Pero ¿de qué esperanza se trata? ¿Qué esperanza nace de la cruz? Nos puede ayudar a entenderlo lo que dice Jesús precisamente después de haber entrado en Jerusalén: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Juan 12, 24). Intentemos pensar en un grano o en una pequeña semilla, que cae en el terreno. Si permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada; si en cambio se rompe, se abre, entonces da vida a una espiga, a un brote, después a una planta y la planta dará fruto. Jesús ha llevado al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho como la semilla: se ha hecho pequeño pequeño, como un grano de trigo; ha dejado su gloria celeste para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”. Pero todavía no era suficiente. Para dar fruto Jesús ha vivido el amor hasta el fondo, dejándose romper por la muerte como una semilla se deja romper bajo tierra. Precisamente allí, en el punto extremo de su abajamiento —que es también el punto más alto del amor— ha germinado la esperanza. Si alguno de vosotros pregunta: “¿Cómo nace la esperanza?”. “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna”. Y esta esperanza ha germinado precisamente por la fuerza del amor: porque es el amor que «todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Corintios 13, 7), el amor que es la vida de Dios ha renovado todo lo que ha alcanzado. Así, en Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo sobre sí, nuestro pecado en perdón. Pero escuchad bien cómo es la transformación que hace la Pascua: Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto porque allí, en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda. La esperanza supera todo, porque nace del amor de Jesús que se ha hecho como el grano de trigo en la tierra y ha muerto para dar vida y de esa vida plena de amor viene la esperanza. Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que la forma de vivir vencedora es la de la semilla, la del amor humilde. No hay otro camino para vencer el mal y dar esperanza al mundo. Pero vosotros podéis decirme: “¡No, es una lógica perdedora!”. Parecería así, que sea una lógica perdedora, porque quien ama pierde poder. ¿Habéis pensando en esto? Quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo y amar es un don. En realidad la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es el camino de Dios, y solo esta da fruto. Lo vemos también en nosotros: poseer empuja siempre a querer otra cosa. He obtenido una cosa para mí y enseguida quiero una más grande, y así sucesivamente, y no estoy nunca satisfecho. ¡Esa es una sed fea! Cuando más tienes, más quieres. Quien es voraz no está nunca saciado. Y Jesús lo dice de forma clara: «El que ama su vida, la pierde» (Juan 12, 25). Tú eres voraz, buscas tener muchas cosas pero... perderás todo, también tu vida, es decir: quien ama lo propio y vive por sus intereses se hincha solo de sí mismo y pierde. Quien acepta, sin embargo, está disponible y sirve, vive a la forma de Dios: entonces es vencedor, se salva a sí mismo y a los otros: se convierte en semilla de esperanza para el mundo. Pero es bonito ayudar a los otros, servir a los otros... ¡Quizá nos cansaremos! Pero la vida es así y el corazón se llena de alegría y de esperanza. Esto es amor y esperanza juntos: servir y dar. Cierto, este amor verdadero pasa a través de la cruz, el sacrificio, como para Jesús. La cruz es el pasaje obligado, pero no es la meta, es un pasaje: la meta es la gloria, como nos muestra la Pascua. Y aquí nos ayuda otra imagen bellísima, que Jesús ha dejado a los discípulos durante la Última Cena. Dice: «La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora, pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo» (Juan 16, 21). Así es: donar la vida, no poseerla. Y esto es lo que hacen las madres: dan otra vida, sufren, pero después están alegres, felices porque han dado a luz otra vida. Da alegría; el amor da a luz la vida y da incluso sentido al dolor. El Cumpleaños de Benedicto XVI Benedicto XVI, cumple este domingo, 16 de abril, 90 años. Pasará el día en el monasterio Mater Ecclesiae ubicado dentro de los muros vaticanos. Allí reside desde mayo de 2013. El 28 de febrero, día que hizo efectiva su renuncia, dejó el Vaticano y pasó dos meses en el palacio pontificio Castel Gandolfo. Además, el 19 de abril, será también el duodécimo aniversario de su elección como Papa de la Iglesia católica. El cardenal Ratzinger, fue elegido en el año 2005 sucesor de Pedro siendo prefecto de la Congregación de la Doctrina de la fe y fue Papa casi durante 8 años. amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Lo repito: el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Y cada uno de nosotros puede preguntarse: “¿Amo? ¿He aprendido a amar? ¿Aprendo todos los días a amar más?”, porque el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Queridos hermanos y hermanas, en estos días, días de amor, dejémonos envolver por el misterio de Jesús que, como grano de trigo, muriendo nos dona la vida. Es Él la semilla de nuestra esperanza. Contemplamos el Crucifijo, fuente de esperanza. Poco a poco entenderemos que esperar con Jesús es aprender a ver ya desde ahora la planta en la semilla, la Pascua en la cruz, la vida en la muerte. Quisiera ahora daros una tarea para hacer en casa. A todos nos hará bien deteneros delante del Crucifijo —todos vosotros tenéis uno en casa— mirarlo y decirle: “Contigo nada está perdido. Contigo puede siempre esperar. Tú eres mi esperanza”. Imaginamos ahora el Crucifijo y todos juntos decimos tres veces a Jesús Crucificado: “Tú eres mi esperanza”. Todos: “Tú eres mi esperanza”. ¡Más fuerte! “Tú eres mi esperanza”. Gracias. Al finalizar la catequesis, el Pontífice hizo un resumen en español y saludó a los peregrinos de lengua española. Queridos hermanos y hermanas: El pasado domingo hemos hecho memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. Muchas de las personas que acudieron con palmas a recibirlo lo hicieron con expectativas mundanas: buscaban milagros, prodigios, la expulsión de los invasores. Todo ello se derrumbó ante el misterio de la cruz. Nosotros por el contrario creemos que del Crucificado renace nuestra esperanza por la fuerza de su amor. Jesús lo explica con la imagen del grano de trigo que cae en tierra, si éste permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada, pero si se rompe y se abre, entonces da vida a una planta que producirá fruto. Él es ese grano que ha caído en tierra desde cielo y ha transformado el miedo, el pecado y la muerte, en alegría, perdón y resurrección. En esta Pascua, estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor. El amor más grande es el de aquel que se entrega sin reservas y da todo lo que tiene. El que se pone al servicio de los demás es simiente de esperanza. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los exhorto a caminar hacia la meta de nuestra esperanza, contemplando la cruz como el dolor de una madre en el momento de dar a luz. Cuando la nueva vida nazca, no recordaremos el sufrimiento, porque la alegría pascual inundará todo con su luz. Que Dios los bendiga.

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