Nº 35. "Horizonte de Letras"

 

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Revista digital de creación literaria, editada por "Alfareros del Lenguaje"

Popular Pages


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Revista digital de Creación Literaria Editada por: Sumario Editorial (pág. 4) Nuestros socios (pág. 5) Relato (pág. 5) Micro-relato (pág. 15) Opinión (pág. 16) Reseña literaria (pág. 18) Nuestros colaboradores (pág. 22) Relato (pág. 22) Micro-relato (Pág. 26) Poesía (pág. 27) Opinión (pág. 32) Ensayo histórico (Pág. 34) Crítica de cine (pág. 44) Entrevista (pág. 46) Entrevista a la escritora Carmen García-Rodríguez Alonso EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 2 de 50 ©: Revista “Horizonte de Letras” Editada por: “Alfareros del Lenguaje”. Asociación Nacional de Escritores Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 Dirección, evaluación y coordinación: Patrocinan: Rafael Gálvez José Bárcena Fernando J. Baró Ignacio León Enrique E. de Nicolás Maquetación: www.componentesgil.es Enrique E. de Nicolás Para contactar con nuestra asociación: www.alfareroslenguaje.org info@alfareroslenguaje.org Para suscripciones y colaboraciones literarias: www.horizonte-de-letras.webnode.es horizontedeletras@gmail.com www.compraventacoleccion.com __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 3 de 50 Fundada en 2009 por Enrique Eloy de Nicolás Nº 35 Abril-Junio de 2017 EDITORIAL Enrique Eloy de Nicolás NUESTROS SOCIOS RELATO “¡¡Criatura!! (pecado atómico)”, de Rafa Gálvez “Primavera adelantada”, de Fernando José Baró “El espejismo del tiempo”, de Ignacio León “Maragato, el pescador de sueños”, de Fernando Rodríguez García MICRORRELATO “El sí o el no DE LA MARGARITA”, de Pepa Miranda OPINIÓN “Interesante descubrimiento literario”, de Julio Valencia RESEÑA LITERARIA “Dama del llanto negro y otros relatos”, de Shiva Castellanos. Reseña de la propia autora. “Uñas de gata”, de Carmen García-Rodríguez Alonso. Reseña de Enrique Eloy de Nicolás NUESTROS COLABORADORES RELATO “Vivir incomunicada”, de Peregrina V. Varela MICRORRELATO “El infierno y la gloria”, de José Carlos iglesias Dorado POESÍA “Luna verde”, de Consuelo Rodríguez “Si yo supiera escribir”, de Dolores Otálora “Resaca”, de Yoyita Margarita “Solo” y “La primavera en tus ojos”, de Javier Úbeda Ibáñez ENSAYO HISTÓRICO “Niños en Caracas”, de Peregrina V. Varela “Movimientos Centrífugos en España. Antonio Pérez del Hierro (capítulo VII)”,de Cesáreo Jarabo Jordán CRÍTICA DE CINE “Más allá de Berlín”, de Francisco Javier Landa Cánovas ENTREVISTA Carmen García-Rodríguez Alonso. Realizada por Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 4 de 50 Siempre es importante mantener la calma en cualquier momento… Eso nos dicen siempre nuestros padres –o nos decían- cuando somos –o éramos- unos adolescentes desabridos e indómitos. Nosotros seguimos manteniendo “la calma” tras el éxito que sabemos que tiene nuestra revista… Éxito cosechado a base de pasión, esfuerzo y tesón de todos los que componemos esta ilusionante y gran asociación que es Alfareros del lenguaje. Incluidos aquellos que aún no sois socios y que colaboráis puntual y desinteresadamente con cada uno de los números que sacamos a la luz. Es muy placentero ver cómo cada vez hay mayor número de personas que se interesan por este “horizonte” en donde las letras, las palabras y las frases van conformándose lenta y sabiamente hasta componer un relato, un poema, un artículo, una crítica literaria o de cine… Este número, en el que queremos homenajear a la gran Gloria Fuertes en el centenario de su nacimiento, solo os presta poco más de cincuenta páginas; pero llenas de filosofía, de imaginación, de saber y, sobre todo, de ilusión. Podéis estar seguros de ello… Además de los escritos de alguno de nuestros socios y colaboradores, de las reseñas literarias habituales, de los ensayos históricos a los que ya nos tiene acostumbrados el profesor Jarabo, podéis disfrutar con la entrevista a una gran escritora, que acaba de publicar una maravillosa novela titulada “Uñas de gata”. Así que, no quiero entreteneros más… Adentraos en este mundo, en este “horizonte” en el que las letras, las de grandes autores, como siempre, os transportarán por mundos y lugares en el que la ficción supera la realidad… ¿O, quizá, sea al revés…? No lo sé… Eso, debéis descubrirlo vosotros mismos. Enrique Eloy de Nicolás __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 5 de 50 Rafael Gálvez Olmo nace en Madrid en 1940. En el 55 trabaja ya para una Agencia de Publicidad en la que llega a ser uno de sus creativos gráficos durante más de cuarenta años. En el 58 le hacen su primera entrevista y ve publicado su primer relato en una revista “de academia”. Escribió desde muy joven y, motivado por esa inquietud se ha relacionado toda su vida con otros amantes de la literatura, por lo que le llevó a ingresar en la recién creada Agrupación Hispana de Escritores, donde fue director técnico de la publicación “Autores Lectores”, que él mismo confeccionó y modernizó durante el tiempo que perteneció a ella, publicando varios relatos (con seudónimo de Sinhué), en dicha revista, a finales de los 60 y principios de los 70. Un largo período de intenso trabajo en su profesión de creativo publicitario, le apartó del mundo literario, aunque no dejó de escribir hasta que, llegado su “relax laboral”, contactó con un grupo de jóvenes escritores con los que creó “La Voz de Ondarreta”, un periódico local (en Alcorcón), de una calidad literaria excepcional, pero de una vida muy efímera por cuestiones muy largas de exponer. Más estos mismos autores (amigos), deseaban seguir juntos escribiendo, culminando con la fundación de la ASOCIACIÓN CULTURAL-EDITORIAL VERBO AZUL, (en Alcorcón). Ha publicado diversos artículos y relatos en periódicos provinciales, y varios libros y relatos cortos en las diversas publicaciones de esta Editorial. Ha recibido varios premios literarios, así como en arte gráfico y fotografía. ¡¡CRIATURA!! (PECADO ATÓMICO) Tengo hambre... Hace mucho tiempo que no me alimento; me tienen olvidado. ¿Es posible que no recuerden que yo sigo aquí? ¿Qué esperan para venir?... quizá piensan que no estamos, que ya no estoy... Tengo que avisar de algún modo... que se enteren que continúo encerrado sin apenas poder moverme; y me encuentro muy débil, pero no sé qué hacer, ¿lloro? Creo que sería una buena solución, alguien escucharía mi llanto y acudiría para ver qué ocurría... Me encontrarían solo y con hambre... me darían de comer... Debo hacerlo, sí, pero me sentiría tan ridículo... Yo no debo comportarme de ese modo, tengo que buscar otro medio para llamar la atención a los de fuera... Y mi estómago sigue brincando en protesta por el abandono forzado a que lo tengo sometido. He chupado y relamido cien veces los últimos residuos del alimento anterior y necesito algo tan sólido como la última comida que realicé, algo que vuelva a calmar el estrujamiento de mis entrañas que parecen querer partirme por la mitad. Tengo que encontrarlo. –Queda tranquila, Ikito. El niño es perfecto. Manos, piernas, dedos... todo es normal y está en su lugar. Las pruebas de vista y oído han sido satisfactorias; no presenta tara alguna externa ni en su interior; muestra grandes deseos de vivir y, sobre todo, parece estar hambriento. Ya se le ha dado su primer suero y por poco se come el frasco... –La sonrisa final del doctor es acompañada con una palmadita alentadora y cariñosa sobre la cara de la paciente–. Ahora llamaré a tu marido para que le des la noticia. No temáis nada. –Gracias doctor, teníamos mucho miedo... –Todos teníamos miedo, Ikito, todos... pero tú has tenido suerte... Cuando te repongas, coge tu hijo, vete y olvida el horror que estamos viviendo. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 6 de 50 Mientras hablaba había preparado una jeringuilla que acercó a su brazo después de frotar con alcohol. –Esto es para que te tranquilices y no asustes a tu marido con esa cara de espanto que llevas. –Muy amable, doctor... muchas gracias... Tengo tanta hambre que devoraría a una vaca, que no sé lo que es, pero de oídas a mis papás debe ser un alimento muy grande, pero... no; también dicen que tengo que comer poco y despacio pues si no me dolerá la tripita más tarde... aún así, prefiero que me duela por haber comido que por lo contrario, como me sucede ahora. Nada, que no viene nadie y ya no aguanto más. Voy a tener que llorar a pesar de todo, será la única forma que me escuchen y me den de comer. –Mira, cariño, qué hermoso está. –Sí, sí; no cabe duda de que está guapísimo, mi vida... ¡y cómo come!... lleva tres papillas y no ha tenido ni para empezar. –Pienso lo mismo que tú, pero no debo darle más de lo necesario, aunque... no sé lo que es necesario para él, querido. –Tenemos que llevarle al doctor que le cambie el alimento. Este niño está muy grande y necesita comida más sólida. –Sí, cariño, iremos. Ya, ya parece que se han dado cuenta, los muy brutos... Llevo más de dos horas llorando pero, por fin, alguien ha llamado a la puerta. Cuando se convenzan de que estoy solo entrarán y me darán comida... comida... ¡qué alegría! –Estoy asustada Sikiro... El niño no es normal... no puede serlo... –Tranquilízate Ikito, volveremos al doctor y él dirá que es un desarrollo prematuro, nada más, ya lo verás... –No, no me engañes. Tú sabes que no es eso. Con tres meses no puede tener ese tamaño, ni... esos dientes... ni... ni... ¡ooohhh!... –Calma, no te pongas histérica... Veamos si duerme y llamaremos al doctor para que le vea y nos aconseje. Ya están abriendo... No podía aguantar más... Pediré que me den comida enseguida... No. Lo que me dan no me agrada ni me satisface el hambre. No. Haré lo que con mis papás. Esperaré a que se inclinen y cuando me cojan, con mis garras, les arrancaré la cabeza... es lo que más me gusta... sobre todo los sesos y los ojos... los de mi mamá estaban deliciosos... __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 7 de 50 Fernando José Baró (Madrid, 1966) Escritor. Anticuario. En Verbo Azul tiene publicado un breve ensayo sobre el desamor en 2004, En torno al desamor, más de 100 relatos en cuadernillos de Alcorcón, un libro presentado en la Feria del libro de Alcorcón en 2005, Nueva Residencia y otros relatos, y colaboración en un libro editado por el Café Gijón en conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote, El Quijote en el Gijón (2005) así como en el libro Madrid a Miguel Hernández (Desde el Café Gijón) (2012). Asimismo ha colaborado en la Semana Cultural de la Villa de Gascueña (Cuenca) donde presentó la obra Historias de la Alcarria (2007) Ensoñaciones (2008) Venganza (2009) La dama inmóvil (2010) Retales (2011) Tomar partido (2012) El lado oscuro (2013) y Las arrugas del alma (2014). Dio el pregón de las fiestas de la Villa de Gascueña el verano de 2008. Ha publicado también junto a otros autores conquenses el libro Gascueña, luz poesía y pensamiento (2008). En la colección Alcorcón a la imaginación de A.E.A Alfareros del Lenguaje ha editado Las arrugas del alma, 2014; Lujuria, 2015 y Rimas, 2014, este último bajo el seudónimo de José Terrón. Con la editorial ENTRELÍNEAS vio la luz en 2015 El marqués de Alféizar, las memorias de un marqués decimonónico abrasado por la pasión de querer. Fue premiado en Verbo Azul por la obra Ausencia de ti (2001) y finalista en el Primer Certamen Literario Verbo Azul por la narración Cambio derumbo (2004). PRIMAVERA ADELANTADA El olor del césped mojado le recordaba los fines de semana y los veranos de su infancia. Sentado en el porche de la casa solariega pensaba en lo rápido que había pasado la vida. Se incorporó y ayudado por el tercer pie se dispuso a pasear por el jardín. Quedaban tan solo unos días para Semana Santa. Siempre desde niño le gustó la Semana Santa, no por su significado -pues aunque creyente en Dios no era católico- sino porque se asociaba a vacaciones, a buen tiempo, a sol. rostro bello, menudo y de poca estatura. Sus ojos cansados por el paso del tiempo no tenían el brillo de antaño pero seguían siendo hermosos. -Te has levantado pronto. -Sí, quería ver el almendro y el pruno en flor, parece que se adelanta la primavera. -Han llamado los chicos. No podrán venir estos días; tienen que trabajar. Paseando apoyado en el bastón, miró a la fachada de su casa y recordó cuanto luchó para conseguirla -bueno la lucha había sido de ambos-, luego para reformarla, terminar de vallar el jardín y plantar algunas flores, un pruno, un olivo, un almendro y una palmera alta y estilizada, como una bella diosa, exótica y sensual. -Lo siento por los niños. ¡Disfrutan tanto aquí con nosotros! ¿Recuerdas que nos pasaba lo mismo y qué enfados me cogía cuando alguno de los dos no librábamos? Mientras ella le atusaba el pelo cano con los dedos, él la preguntó si había sido feliz a su lado. Le gustó siempre dar a la casa ese aire exótico de las casas de los indianos que llegaban de América después de hacer fortuna y para recordar la tierra que les había hecho ricos plantaban una palmera en su jardín, aunque ese no era su caso, ni había estado en América ni mucho menos era rico. -¿Y tú al mío? -Si volviera a nacer te buscaría para volver a compartir la vida contigo. El jardín rodeaba la casa. En la fachada principal, bajo el porche porticado apareció una anciana de -Yo también. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 8 de 50 Estuvo mirando sus libros, sus escritos que solo tenían valor sentimental para su familia. Sonrió pensando que quiso ser escritor, él sabía que no tenían ningún valor literario, pero siempre le gustó escribir, nunca dejó de hacerlo. Tenía una buena colección de espadas en la pared del escritorio. Descolgó un espadín dieciochesco y comenzó a acariciarlo. Habían sido su pasión, sus dos grandes pasiones: la literatura y las antigüedades. La puerta se abrió, su compañera le preguntó: ¿Qué haces? -Estaba pensando que de todas mis grandes pasiones, tú fuiste y eres la joya más preciada de mi colección. Ella le besó tiernamente en la mejilla. Salieron a tomar, él el sol y ella la sombra, pues no aguantaba mucho tiempo el sol. -Tal vez no vea otra primavera. Tal vez sea la última. -Sé más positivo, no des tantas vueltas a las cosas. Hay que ser feliz mientras vivamos. -Anoche soñé con mi abuelo. Creo que me está esperando, tal vez... -Simplemente soñaste con él por la fecha. Recuerda que él murió en Semana Santa. Por eso te viene a la memoria. -Sentiría irme solamente por dejarte a ti. Todo lo que tenía que hacer en la vida, bien o mal, ya está hecho. Después de comer se echaron la siesta. Él se levantó, como siempre, antes que su compañera. -Nunca dejaré de quererte. Sigues siendo hermosa ¿sabes? Hoy es un día de cielo azul y de sol. Me recuerda a los últimos versos encontrados en el bolsillo de la chaqueta de Antonio Machado cuando murió en Colliure. “Estos días azules y este sol de mi infancia”. Sentados en un cómodo sillón bajo el porche tomaron una copita de anís con hielo, compartida, como tantas veces. Él quedó dormido con el bastón en la mano, apoyado en el suelo. Ella le miraba, velaba su sueño. El bastón cayó al suelo, su mano quedó colgando apaciblemente, acababa de dejarla sola, había dejado el reino de los vivos, como soñó, junto a la persona que más quiso. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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Ignacio León Roldán nació en Córdoba; siendo un infante le apasionaban los tebeos de la época y disfrutaba de las viñetas porque en su imaginación las proyectaba como si de una película se tratase. Llegada la adolescencia sintió curiosidad por las novelas de todo tipo y se convirtió en un apasionado de la lectura, cosa que ha seguido cultivando hasta la actualidad. Ya en un periodo adulto, se inclinó por temas más profundos como pueden ser la Filosofía y la religión, cultivando la parte oficial y ortodoxa pero haciendo mayor hincapié en la oculta o heterodoxa; de ambas posee un interminable número de apuntes y críticas ante hechos enfrentados y contradictorios. También, por asociación de ideas, tiene unos pensamientos sobre la vida muy suy generis, echa en falta la tan cacareada “Libertad de los pueblos” de la que se hacen adalides los máximos responsables de cada país, independientemente del color de sus ideales, porque según las conclusiones de Ignacio, la “Libertad” antes de ser social debe ser individual y, una vez conseguida, socializarla. Por todo esto, después de media vida de devorar todo aquello que fue cayendo en sus manos, a la edad de cincuenta años se decidió a no guardar para sí mismo su línea de pensamiento y se ha atrevido a plasmar por escrito aquello que le obsesiona. En el libro “El dragón y la rosa” viene a desarrollar la contradicción que existe entre el Bien y el Mal establecido, llegando a dar la vuelta a las consignas milenarias. En la novela “Qué día el de aquella noche” hace un canto a la Libertad individual, a pesar de las trabas puestas al protagonista, superándolas y saliendo airoso de los embates de la vida. Tras lo expuesto hago un desglose de su trayectoria literaria en la que se le han publicado las siguientes obras en la editorial Verbo Azul: –La Orquesta (2008) –La Desconocida (2008) –Historias Asimétricas (2010) –La Fuerza de la Ilusión (2012) Así como diversas colaboraciones en libros de Narradores y la revista La Hoja Azul en Blanco editada por Verbo Azul. Colaboración en el libro Homenaje titulado “MADRID A MIGUEL HERNÁNDEZ desde el café Gijón” publicado por Ediciones De la Torre en Marzo de 2011,” con la obra “AMOR Y LIBERTAD Una novela Titulada “Qué día el de aquella noche” y otra publicada en Bubok con el titulo “El dragón y la rosa”. Ganador de algunos certámenes de Narrativa. EL ESPEJISMO DEL TIEMPO El sendero de acceso al demacrado y lóbrego palacete era en exceso abrupto, empinado y, por si fuera poco, se hallaba empedrado con rollos al estilo de calzada romana. La marcha se le hacía en extremo penosa a causa del azaroso desnivel de la vía. Apenas podía adelantar los pies. A cada paso, un profundo dolor le estremecía. A cada pequeña zancada le acompañaba un lastimoso quejido coronado por una fatigosa aspiración. Parecía como si la queja le aliviase el malestar. El anciano, a eso de la mitad del trayecto, se sintió desfallecer. Con andar vacilante e incierto, se dirigió a un cercano y milenario árbol, en el que apoyó su espalda. Se dejó caer despacio, muy despacio, hasta que las posaderas tocaron el firme. Bajó los parpados con pasmosa lentitud. El paraje se difuminó y dio entrada a la rememoración de otros tiempos mejores. El sendero, la mansión y el boscoso espacio circundante, habían sido la admiración del condado. Las fiestas y bacanales de las que fue patrocinador, le habían conferido fama de licencioso. Torció el gesto, chasqueó la lengua con ironía, y se dijo ¡Qué tiempos aquellos! Acto seguido se preguntó: ¿Pero qué significado tiene esa enigmática unidad de medida? “Tictac”, pronunció socarrón, al pensar que todo dependía del estado de ánimo en que uno se encontrase. Aspiró profundamente una bocanada de aire fresco. Mientras se incorporaba lo expulsó con fuerza. El avance de la marcha llego al punto de resultarle escabroso y angustioso. A escasa distancia de la puerta de entrada a la casa solariega, le sobrevino un agudo dolor en el pecho. Se encorvó, y tuvo la impresión de que iba a desfallecer. EJEMPLAR GRATUITO ©: Revista "Horizonte de Letras". Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 La Revista "Horizonte de Letras" no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 10 de 50 A duras penas consiguió la proeza de alcanzar la entrada; apoyó la palma de la mano izquierda en el portón. Con la derecha, a pesar de ser presa de un considerable temblor, acertó a extraer del bolsillo de la americana, un manojo de llaves. Las manos le temblaban mientras buscaba, entre el puñado, la adecuada. Una vez encontrada, a duras penas, la introdujo en el rancio ojo de la cerradura. Esta, desgastada por el uso, poseía una considerable holgura. La manipulación le propició un estado de excitación que le ahogaba. Al final pudo encajarla. Se le templaron los ánimos. Giro el llavín, y un grave chasquido desgranó el anclaje de las piezas del mecanismo. Le sonó extraño y bronco, ya que el eco resonó como un bombo en el interior de la estancia. En un alarde de osadía, sacó fuerzas de donde no las tenía. Tomó impulso con la intención de hacer ceder la pesada hoja. Lo consiguió a duras penas. Ésta cedió despacio, muy despacio, acompañada por el chirrido de los desengrasados goznes. En ese preciso instante, el cielo comenzaba a encapotarse. Se cubrió de aborregadas nubes de color chocolate, y el estrépito de un furibundo relámpago, pareció querer partirlas en dos. Un golpe de viento heló las itinerantes reflexiones del viejo. Fue una racha rapidísima, pero lo suficiente para que le calara el frío hasta los huesos. A regañadientes la abertura de entrada se ampliaba contrariada, quejosa e irritada, por el inverso deslizar del portón, que, poco a poco, sin prisa, iba dejando al descubierto la desnudez del vestíbulo. El nonagenario, por instinto, hizo de las manos un cuenco. Las acercó a la boca y dejó salir de sus maltrechos pulmones, el poco y tibio aire que almacenaban, con la intención de hacerlas entrar en calor, sin conseguirlo. Nueve campanadas retumbaron con extraño eco en sus oídos. La reverberación del interior parecía haberse sincronizado con los persistentes estallidos de los truenos, ya que, repentinamente, el lugar y sus aledaños se sumieron en un cobarde, cortante y nervioso silencio. El vello del cuerpo se le erizó y adoptó la pose de un perro de caza a la vista de una posible presa. Él había oído, a lo largo de su generosa vida, muchísimos silencios, pero este se le antojó insólito, advenedizo y anormal. Casi sin resuello, y cada vez más fatigado, arrastró los pies por el brillante mármol de la vivienda hasta lograr acercarse a la humeante chimenea que, por azar, aún mantenía algo de rescoldo. Colocó, sobre las ascuas, unos cuantos troncos de leña, de encina, que se encontraban apilados en el lado izquierdo del hogar. Removió la ceniza con la ayuda del atizador. Los tizones se avivaron y dieron origen a la incipiente calidez de una pequeña lumbre. Cuando comprendió que las llamas habían adquirido la suficiente fuerza, tomó acomodo en el sillón orejero, situado frente al hogar, y lo giró de forma leve. De esta manera conseguía a un mismo tiempo, recibir el agradable, amoroso y tibio abrazo del calor desprendido por las brasas, y podía observar las agujas del reloj de pared, que colgaba en el rincón derecho a escasa distancia del lateral del fogón. El semblante del abuelo reflejó el desconcierto. Una anomalía le hizo prestar excesiva atención a la esfera del carillón. Pensó que lo que estaba sucediendo no podía ser verdad, ¿Cómo era posible que el péndulo, en su oscilación, reflejase el color anaranjado de las potentes llamaradas, y sin embargo, las manecillas parecían estar como clavadas al fondo, sin avanzar nada en absoluto? Cerró los ojos pensando que podía deberse a la paulatina pérdida de visión, que últimamente venía padeciendo. Agudizó al máximo el fino oído que siempre había poseído, para ver si podía escuchar el agradable tictac del paso del tiempo. Nada, le resultó del todo imposible. Parecía como si las agujas y el silencio, se hubiesen compenetrado en un pacto diabólico. Entreabrió un poco los parpados, y se preguntó si en realidad tenía alguna importancia la asombrosa anomalía. Éste interrogante le hizo reflexionar sobre, si la dicotomía espacio/tiempo seria real o no. La acariciadora, suave y dulce voz de su mente, cuando ladeaba la butaca enfrentándola al amor del fuego, le susurró: “Todos tus actos se han desarrollado bajo la subyugación del mezquino flagelo del tiempo, sin caer en la cuenta de la imposibilidad que esa noción tiene de dominar la inmensidad del espacio. “Tu creencia te hace ver el conjunto como dos partes divisorias, pero en realidad solo es una y personal” Un rictus sardónico afloró en su semblante cuando cayó en la cuenta de la absurdez de tal concepto y en la determinante crueldad que este hecho tenía sobre la existencia. Su vida, pensó, no habría sido lo mismo si se hubiese atrevido a ser libre de esta dependencia. La ironía se dibujó en sus labios, cuando imaginó cómo, con independencia de la edad, él siempre se había percibido en plena juventud, por más arrugas que el espejo se empeñase en mostrarle. La percusión de la amplia sala, le devolvió, amplificada, las sonoras carcajadas emitidas cuando concibió cómo al reflejarse, lo único que había hecho era mostrarle su parte exterior y material. El espíritu nunca envejece, –discernió– y arreció en las risotadas. No bien hubo cesado la resonancia, en la estancia se instaló un silencio mortuorio. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 11 de 50 El pecho, tras varias convulsiones, reaccionó. La aguja del segundero comenzó de nuevo su imperturbable tictac rompiendo la calma reinante en la silenciosa atmósfera. Le faltaba el aire. Las manos, crispadas, luchaban en el afán de aflojar el nudo de la corbata de seda china. Cuando por fin consiguió su objetivo, una desesperada inspiración oxigenó sus agotados bronquios. La contemplación de una especie de nebulosa, de la cual iba emergiendo la silueta de una bellísima, arrebatadora y afable jovencita, tuvo el efecto de dilatarle las pupilas. Excitado, la boca se le desencajó ante la fascinante aparición. No puede ser verdad –se decía–, al ver como la sensual adolescente se le iba acercando, con su delicada, blanca y transparente mano extendida hacía él, y cómo sus finos y aterciopelados dedos se anudaban a los suyos a la vez que le sonreía insinuante. El anciano, casi sin fuerzas, se dejó llevar por la emoción, y habló entre dientes: –¡Qué imagen tan distorsionada tenía de ti! La chica cada vez más coqueta, zalamera y sugerente le interrogó: –¿Pues cómo me imaginabas? De forma heroica, el viejo luchó contra el complot de sus vísceras. Estaba cansado, muy cansado, pero sacó fuerzas de flaqueza y, a golpes entrecortados consiguió balbucear: –Vieja, fea, desdentada, con sayal y capucha negra y armada con guadaña. Un golpe de tos le hizo palidecer y agriársele el rostro. Pero haciendo alarde de valentía, lanzado en un ataque kamikace, quiso decir unas últimas palabras antes de entregarse: –Sin embargo, ahora que me regalas tu dulce presencia, tengo la obligación de decirte, que ninguna de mis incontables amantes se podrían igualar a tu incomparable belleza, y a la espontánea pureza de tu naturalidad. La primera y más corta de las manecillas del carillón marcaba las nueve, la segunda, un poco más grande, dieciocho minutos y la tercera y más larga, veintisiete segundos, cuando al nonagenario, un opaco manto le cubrió el joven brillo de sus ojos. Al siguiente tictac la puerta del palacete se abrió de par en par. El abuelo quiso dar un último vistazo a la que había sido su casa. El recorrido fue fugaz. Cuando, prendido de la mano de su nueva conquista, emprendió la travesía de su insólita andadura, en su faz se mostraba una enigmática mueca, y en la retina de sus ojos, la esfera del reloj, en la que, apoyadas en la parte baja, sujetas por el arqueado cristal y cubiertas por una considerable capa de polvo, yacían, inertes, las agujas… __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 12 de 50 Fernando Rodríguez García. Nací en Ceuta el 10 de enero de 1940. Al año siguiente mi familia, como muchas otras, salió de la ciudad y se fue a Tánger, que por aquellos días era Zona Internacional y ofrecía más oportunidades de trabajo. Desde muy pequeño mi hermano mayor me inculcó la pasión por la lectura. Cursé todos mis estudios en colegios franceses hasta 1957 fecha en la que terminé el bachillerato, pero una vez más mi familia volvió a emigrar. En el Reino de Marruecos ya no había futuro para nosotros. Esta vez nos fuimos más lejos, “saltamos el charco” y llegamos a Venezuela. Compaginando el trabajo con mis estudios me formé como técnico en sistemas de refrigeración y climatización. En el 65 hice un curso de seis meses en los Estados Unidos, donde conseguí una oportunidad de trabajo como ingeniero de ventas que me llevó a viajar por todo Sur América y el Caribe. El año de 1969 ya casado y con una hija recién nacida, fui trasladado a Rio de Janeiro. En 1970 regresé con mi familia a Venezuela donde residimos hasta 1987, fecha en la que decidimos, muy oportunamente, dar por terminada la aventura americana y volver a España. En España trabajé hasta el año 2005, cuando decidí jubilarme. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Entonces mis hobbies eran la lectura, la pintura al óleo y el dibujo a tinta china. Durante la crisis económica de 1993 me interesé por el mundo esotérico y como terapia comencé a escribir un diario con mis propias experiencias. Está visto que para los artistas, el dolor siempre actúa como detonante. La recopilación de todos mis apuntes me condujo a escribir varios relatos cortos y mi primera novela de ficción y esoterismo, titulada “Viaje por el mundo de las esferas”. Entre los años 2013-14, hice dos cursos en la Universidad Popular del Buero Vallejo, en Alcorcón, con el profesor Juan Carlos Jiménez. El primero fue de escritura creativa y el segundo un Taller de Cuentos. Hace cinco años que colaboro con la revista del Centro de Mayores de Alcorcón, donde llevo la coordinación de todos los redactores, escribo el editorial, una sección de crítica literaria, reportajes varios y cuentos. El año 2012, mi relato breve titulado “Claveles de sangre”, obtuvo el 4º premio del Certamen organizado por la Comunidad de Madrid para mayores escritores. El año 2016, mi cuento titulado “Maragato”, ganó la Mención Especial en el mismo certamen para mayores. Para finalizar acabo de presentar el día 20 de enero de este año mi novela “Huellas en la arena” que, inspirada en mis viajes, cuenta la vida de un emigrante español (1940), sus aventuras y desventuras por medio mundo y finalmente, su regreso a la patria. Esta novela la he firmado con mi seudónimo “Santiago Pescador”. MARAGATO el Pescador de sueños Aquella tranquila mañana de principios de junio de 1910 transcurría con total normalidad en un cortijo sevillano donde vivían una joven madre con su marido y sus dos hijos, la niña de seis años y el pequeño Juan, de dos. Solo llevaban una semana en este cortijo al que habían venido en busca de trabajo. La madre miró al cielo azul y despejado donde el sol estallaba en su plenitud, deslumbrante. Calculó que ya debería ser el medio día. Haría calor. Con los brazos en jarra vio como su hija salía del cortijo en dirección a unos olivos cercanos, llevando a su hermano de la mano. − ¡No os vayáis muy lejos!¡Id por la sombra!− Siempre era bueno aconsejar a los niños, aunque ese lugar era tranquilo, lejos de cualquier peligro. De cuando en cuando pasaban las carretas del cortijo, gente conocida. Hacía ya un buen rato que sus hijos estaban jugando cuando la niña se alejó un momento de su hermano para coger unas flores silvestres. Al regresar, Juanito ya no estaba en el lugar donde ella lo había dejado. Comenzó a buscarlo, no podía andar muy lejos, era muy pequeño. Juan era un niño robusto y fuerte, con expresión decidida comenzó a investigar qué había en los alrededores. Cogió una varita fina y larga y se introdujo entre los matorrales, balbuceando un soliloquio que nadie más entendía. Su pelo azabache tenía graciosos bucles y su cara redonda, sonrosada, enmarcaba unos ojos negros muy grandes. Vestía un simple babi azul y calzaba unas pequeñas alpargatas del mismo color. Su paseo lo llevó hasta unas jaras, tras ellas se extendía una verde pradera donde se encontraba pastando, un enorme toro de lidia. Intrigado bajó una pequeña ladera y sin temor alguno se acercó hasta él, se detuvo y le soltó una parrafada con una pregunta en su lenguaje particular. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 13 de 50 El toro lo miró de reojo. Se trataba de un cachorro humano, ya había visto otros. Pero este en particular tenía algo que lo hacía muy especial, sería su olor a flores, su calidez, su voz o ese halo que parecía envolverle. Lo dejó acercarse un poco más, ya estaba a corta distancia de su morro. Lo olió. Su presencia era agradable y el niño le volvió a hablar ¿Nenéutá? Su hermana estaba asustada, no encontraba a Juanito. −Si mi madre se entera, me mata ¿Dónde se habrá metido este pequeño diablillo que no levanta más de dos palmos del suelo?− Su angustia aumentaba minuto a minuto, los cardos arañaban sus delgadas piernas. Le costaba trabajo abrirse paso a través de los matorrales, hasta que por fin vio unas jaras y tras ellas una pradera. Parecía haber algo y decidió acercarse hasta allí. En ese momento el toro sintió unas leves pisadas y un murmullo de matorrales tras él. Instintivamente levantó la cabeza sin percatarse que tenía el niño justo delante. Por un breve instante todo pareció entrar en un mundo irreal. Solo se escuchaba el vuelo de los insectos. Un nubarrón cruzó el cielo y el sol se ocultó tras él, sobresaltado. Luego, poco a poco, volvió a lucir de nuevo. El cachorro humano soltó una larguísima exclamación, como muestra de júbilo, riéndose divertido. El pitón derecho lo había pillado por el babi y el niño se mecía en el aire, haciendo gorgoritos de placer. El toro se quedó quieto como una enorme estatua de mármol negro. El pequeño le volvió a soltar otra parrafada, esta vez en tono imperativo, y daba con su varita en la rizada frente del morlaco. La niña contuvo a duras penas una exclamación de miedo, tapándose la boca con las manos. Lo había visto todo y estaba paralizada por el miedo, pero no podía permanecer quieta, tenía que pedir ayuda. Dio media vuelta, se remangó su vestido y corrió tan rápido como pudo en dirección al cortijo. Su madre estaba junto a otras señoras en un patio donde lavaban y tendían la ropa. Al ver llegar a la niña corriendo, sola, llorando y temblando, desconsolada, la madre pensó lo peor. Las mujeres se arremolinaron alrededor de ellas. Por fin la niña consiguió explicarse, entre lágrimas e hipos, todo lo que había sucedido. − ¿Que Juanito está jugando con un toro? − Bueno, en realidad está colgado de uno de sus cuernos, enganchado por el babi. − ¡Hay santísima virgen de la Macarena, ayúdanos!¡Lo va a matar! – A su madre le dio un mareo. Las comadres gritaban y se persignaban, presas del pánico. ¿Qué ha pasao? Preguntaban las recién llegadas. − ¡Na!¡Que a Juanito lo tiene enganchao un toro! Una vez repuesta, la madre decidió ir en busca de su hijo. Su marido no podía hacer nada, estaba en el campo, quién sabe dónde, con otros peones. Delante de ella, toda decidida remangándose el vestido iba la niña. Justo en ese instante llegó un mayoral a lomos de un caballo alazán, vara en ristre, al galope tendido. El precioso animal se detuvo, nervioso, sudando copiosamente. − Señoras, no se muevan de aquí, hay un toro bravo suelto por estos andurriales. − ¡Yo sé donde está! – Gritó la niña – Tiene a mi hermano, no lejos de esos olivos, cerca de unas jaras. El mayoral que era criador de toros y por lo tanto avezado experto en el manejo de estos animales, aún en las peores circunstancias, escuchó con atención las explicaciones de la niña. Tenía que actuar y pronto, pero sin perder la serenidad. La menor brusquedad o sobresalto podía ser el final. El mayoral se acercó a la zona indicada por la niña hasta que pudo ver al toro. El pequeño Juan seguía milagrosamente indemne, enganchado por el babi al pitón derecho del animal. Le había llamado la atención la divisa azul y blanca, con dos letras entrelazadas, prendida al lomo del toro. Trataba de darle con la varita mientras no paraba de hacerle preguntas al que ya consideraba su amigo de juegos. El mayoral conteniendo la respiración echó pié a tierra y sigiloso se acercó a ellos. El toro lo sabía y se dio la vuelta poco a poco, para no dañar al cachorro humano. Una voz conocida, cálida y profunda lo llamó por su nombre. − Maragato. Maragatooo. ¿Qué haces hombre. Donde te has metío? Toma ven, bonito – Traía en la mano un manojo de hierbas que había arrancado de la pradera. El toro, mansamente se acercó al mayoral, lo conocía desde que era un becerro. El hombre, con sumo cuidado, descolgó al pequeño del cuerno y se lo llevó a su madre que lo había seguido a una cierta distancia. Luego el mayoral volvió a montar sobre su cabalgadura y se llevó al noble Maragato con el resto de la manada. La madre regresó finalmente al cortijo en medio de un revuelo general. Todas las comadres querían ver a Juanito, tocarlo, besarlo. La más vieja de todas, una comadrona con fama de vidente, se abrió paso, llegó hasta la madre y tomó al niño en sus brazos. –Este niño es especial. Ha bailao con la muerte y ella lo ha respetao. Cinco días después, a las cinco de la tarde, Maragato se encontraba en el ruedo de la Plaza de Toros de Sevilla, cerca de la barrera, en el tendido de sombra. El matador acababa de culminar una soberbia serie de pases con la muleta. Los aficionados en pie le ovacionaban. Maragato observaba todo, exhausto, había perdido mucha sangre. Se hizo un silencio profundo en el coso taurino. Desde el centro del ruedo el matador había __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 brindado el toro al respetable público y armado con el estoque se dirigió con paso firme hacia el toro. Le dijo algo a sus subalternos y estos, prestos con el capote movieron al toro hasta la zona indicada. El matador se colocó justo frente a Maragato, que nervioso, intuyendo lo peor, buscaba algo o alguien conocido que le pudiese ayudar. No Página 14 de 50 alcanzó a ver al mayoral, que con lágrimas en los ojos veía todo tras un burladero, al lado opuesto de la barrera. Luego miró de reojo hacia su pitón derecho, el niño no estaba ahí. Por último el toro vio la muleta, el engaño traidor, tiró de raza, bajó la cabeza y embistió. Pero ya era tarde, olía a muerte, no había nada que reconocer, estaba tan cansado. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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“Horizonte de Letras” Nº 35 Página 15 de 50 Pepa Miranda nació en diciembre de 1938, en Salamanca. Acostumbrada por su padre y educada en las letras como bachiller, comenzó Filosofía y Letras en la Universidad salmantina, aunque posteriormente se tituló en Magisterio especializándose en Pedagogía Terapéutica y en Audición y Lenguaje por la UAM. Admiradora de Bécquer, Fray Luis de León y Jorge Manrique. Más tarde, Tagore le sirvió de inspiración decisiva en sus escritos. Juan Ramón Jiménez, Machado y Dámaso Alonso entre otros influyeron igualmente en ella de forma importante. Ejerció como funcionaria de carrera desde 1975 hasta su jubilación en diciembre de 2003. En esos años ostentó cargos directivos en los tres Centros en que desarrolló su etapa docente. Siempre escribió en prosa y en verso como aficionada. En 2014 publicó “Pensamientos de colores”, edit. Curva Polar. En 2015, la edit. Vitrubio le publica “Traje de armiño” con doscientos cuatro haikus. En 2016 publicó un compendio de pequeños relatos “Fragmentos y Ráfagas”. En la primera semana de 2017 publica el poemario, “¿Dónde lo hermoso?” Estos dos últimos libros los ha presentado en Centros Culturales de su localidad con la colaboración de la Asociación de Escritores Alfareros del Lenguaje. EL sí o el no DE LA MARGARITA Día claro. Azul el cielo, sin una nube. El enamorado se dispone a rehacer su romance; sale a su encuentro. Está seguro de que ella aprovechará el hermoso día para ir de compras paseando. Toma un banco barnizado como asiento, se coloca las gafas de sol y barre con su mirada el espacio de un lado para otro. Mira el reloj y vuelve a mirarlo. No tengas amor, prisa –se dice- Pasan los minutos, se levanta y da unos pasos, corta una rosa. A su brazo salta una mariquita y poco a poco, le recorre los dedos de la mano. Coge de la hierba una margarita y la deshoja. “Llega o no llega” –repite. Mira inquieto a la calle más ancha y luego a La Glorieta. En el Barrio de los Tenistas, ella sale de su casa –antes se ha pintado los labios, se ha colocado el flequillo ante el espejo. Son las doce, volvió a mirar el reloj. Deshoja otra margarita. Ella habla consigo misma: … si Luis estuviera en El pasadizo del Zoco mirando las tiendas… Siento ganas de verle; voy a hacer el mismo camino de siempre, el que tomábamos juntos cada día. Se levantó nuevamente del banco barnizado. Allí la veo, me dará tiempo a observarla, son las doce cuarenta –pensó con ansia. Cruzaremos las miradas y volverá el amor a los labios, con los besos del recuerdo… No se decidía, permaneció quieto y, otra vez, deshojó una margarita. __________________________________________________________________________________________________________ EJEMPLAR GRATUITO ©:“Alfareros del Lenguaje”. Asociación de Escritores de Alcorcón. Todos los derechos reservados. ISSN: 1989-6956 “Alfareros del Lenguaje” no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los autores participantes en este número; quienes, además, serán responsables de la autenticidad de sus obras.

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