Volumen 3 Núm. 2 Revista Le.Tra.S.

 

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Revista literaria de la Universidad Metropolitana en Bayamón

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Revista Le.Tra.S. Revista Literaria de la Universidad Metropolitana en Bayamón Volumen 3 Núm. 2 Edición dedicada a los narradores puertorriqueños Agosto a diciembre 2016

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Contenido 2 Editorial………………………………………………………………………………………………………………… 3 En esta edición………………………………………………………………………………………………………. 4 Artículos El exilio en “Cómo las muchachas García perdieron su acento”, de Julia Álvarez por Consuelo Mar-Justiniano………………………………………………………………………………….. La teatralización de la vida cubana en “Falsa alarma”, de Virgilio Piñera por Liza M. Pérez Sánchez………………………………………………………………………………………. Sobre madres e hijas: La relación materno-filial en “Annie John”, de Jamaica Kincaid por Maite Ramos Ortiz…………………………………………………………………………………………… Colaboraciones 7 20 26 “Julia a Flor de Pueblo” por Anamín Santiago………………………………………………………….. 32 1.CC * por Mayda Colón…………………………………………………………………………………………. 43 Dádivas por Arlene Carballo…………………………………………………………………………………… 46 DESDOBLAMIENTO por Giancarlo Andaluz Queirolo……………………………………………… 48 EL DÍA NACIONAL DE VETE A LA PORRA, un reporte oral. Por Ricardo Martí…………. 51 La cuentística de Ana María Fuster Lavín por Beatriz Santiago Ibarra………………………… 56 La sombra de la luna por Jaime L. Marzán Ramos…………………………………………………….. 62 Las palomas por Rosa Margarita Hernández…………………………………………………………….. 66 Melodía Natátil y Agonía por Amaranta Madrigal……………………………………………………… 69 No escogí tu vestido postrero* por Consuelo Mar-Justiniano……………………………………… 73 Nueva gramática del triste por Janette Becerra…………………………………………………………. 76 Vida más allá de Disney por Sonia M. Seda……………………………………………………………….. 81 Letras Inéditas El corazón de un doble por Paulette M. Torres Rivera……………………………………………….. 85 Vampiresas, inmortalidad y amor por Rafael Omar López Vázquez…………………………….. 87

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Editorial 3 La sexta edición de la Revista Literaria Le.Tra.S., de la Universidad Metropolitana en Bayamón, está dedicada a la literatura caribeña. En este número presentamos artículos críticos sobre tres destacados escritores caribeños: Jamaica Kincaid: “Sobre madres e hijas: La relación materno-filial en Annie John”, Julia Álvarez: “El exilio en Cómo las muchachas García perdieron su acento” y Virgilio Piñera: “La teatralización de la vida cubana en Falsa alarma”. En estos textos se estudian los temas de las relaciones maternas filiales, el exilio y la degradación y desvalorización del sistema judicial, respectivamente. Para esta edición extendimos una invitación a la Cofradía de escritores puertorriqueños y contamos con colaboraciones de los escritores noveles: Ricardo Martí, Arlene Carballo, Jaime Marzán y Sonia Seda. Además, nos honran dos distinguidas poetas puertorriqueñas: Janette Becerra y Mayda Colón, quienes comparten su poesía en este número. También contamos con colaboraciones de escritores de Ecuador y México. Y, por supuesto, la sección de Letras inéditas que incluye textos de nuestros estudiantes. Le.Tra.S. los invita a realizar un corto recorrido por distintos puertos caribeños, donde la proliferación cultural y lingüística nos prometen un viaje placentero y enriquecedor. ¡Qué lo disfruten!

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En esta edición: NARRADORES PUERTORRIQUEÑOS 4 El exilio en “Cómo las muchachas García perdieron su acento” de Julia Álvarez por Consuelo Mar-Justiniano Según Birgit Mertz-Baumgartner[1] “exilio” es el término con el que los romanos designaron el castigo del destierro impuesto por razones políticas. Por extensión, son considerados como exiliados todas las personas forzadas a dejar sus países por motivos políticos. La teatralización de la vida cubana en “Falsa Alarma” de Virgilio Piñera por Liza M. Pérez Sánchez La obra del escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) hasta hace poco apenas era conocida, pero la crítica literaria recuperó hacia finales del siglo XX su extensa y valiosa obra, entre la que se incluyen poemas, cuentos, novelas, ensayos y obras de teatro.

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5 Sobre madres e hijas: La relación materno filial en “Annie John” de Jamaica Kincaid por Maite Ramos Ortiz Como resultado de los estudios literarios feministas, la crítica ha prestado atención a las relaciones materno-filiales. En su ensayo “Mothers and Daughters”, Marianne Hirsch resume algunas de las teorías relacionadas con estas relaciones. A partir de estos modelos teóricos, se estudiará la relación entre madre e hija en la novela del Caribe inglés Annie John, por Jamaica Kincaid. La sombra de la luna por Jaime Marzán Ramos Comenzaba a distinguirse, lentamente, según la luna llena se acomodaba entre los astros. Nacía justo detrás de la Iglesia Catedral y con pasmosa lentitud se alargaba sobre el adoquinado de la calle Luna de aquel San Juan que todavía era nuevo. Vida más allá de Disney por Sonia Seda El boricua de generaciones recientes es como el hombre antiguo que pensaba que la tierra era plana y, al alcanzar el borde, caería por un precipicio lleno de monstruos míticos. Solo que ahora el horizonte es Disney y, más allá, no hay nada.

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6 EL DÍA NACIONAL DE VETE A LA PORRA, un reporte oral por Ricardo Martí Saludos! Soy Equis Persona, y hoy vengo a hablarles del Día Nacional de Vete a la Porra. Como todos sabemos, El Día Nacional de Vete a la Porra es una festividad autóctona nacional, reconocida por el gobierno central de Puerto Rico y designada oficialmente como día feriado, que se celebra durante el 20 de julio de cada año. En esa fecha, los habitantes de la isla nos unimos entre seres queridos, colegas y compañeros para insultarnos e intercambiar ataques viciosos sin miedo a retribuciones. Dádivas por Arlene Carballo Mediacara no bailaba, no jugaba al fútbol, ni al esconder. El tumor facial le impedía respirar bien y le obstruía la visión de un ojo. Por la barriada se supo que regresaba del extranjero en donde una organización caritativa le había corregido su deformidad.

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Artículos 7 El exilio en “Cómo las muchachas García perdieron su acento”, de Julia Álvarez por Consuelo Mar-Justiniano El exilio en la literatura Según Birgit Mertz-Baumgartner[1] “exilio” es el término con el que los romanos designaron el castigo del destierro impuesto por razones políticas. Por extensión, son considerados como exiliados todas las personas forzadas a dejar sus países por motivos políticos. De acuerdo a Mertz-Baumgartner[2] el campo semántico del exilio- “desarraigo”, “pérdida”, “no pertenencia”, “alienación”- sugiere que según las normas, uno está enraizado en un territorio geográfico, lingüístico y cultural al que pertenece y por lo cual se distingue de otros sujetos culturales. Presupone que esta pertenencia cultural garantiza al individuo una identidad propia, auténtica y estable; y le da consistencia y seguridad. Las oposiciones binarias entre origen y pérdida del origen, pertenencia y desarraigo, autenticidad y alienación –muy frecuentes en textos que tratan del exilio- reflejan un concepto identitario (personal y cultural) que es monovalente y que todavía no ha descubierto al “extranjero en sí mismo. [3] En el artículo “Hacia escrituras del exilio”[4] se expone que el tema del exilio está fuertemente marcado por una significación política. En el contexto latinoamericano se vinculaba durante décadas casi exclusivamente a la persecución política de la élite intelectual, sobre todo en países donde, desde la independencia, con mucha frecuencia alternaban regímenes autoritarios y militares. Por otro lado, Lohema Céspedes Ginarte[5], señala que la migración de los seres humanos es un fenómeno universal y está presente en todas las épocas de la historia y en todas las partes de nuestro planeta. Con el cursar de los años este fenómeno se ha venido agudizado e incrementando de una manera asombrosa a escala mundial y sus efectos son de amplio alcance debido a las propias características de los inmigrantes al estar protagonizadas por individuos en edades jóvenes, suelen suponer además una traslación espacial, un cambio social y en el

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8 plano agregado entrañan cambios en la estructura demográfica, social, cultural y ocupacional de las dos sociedades implicadas[6]. Céspedes Ginarte[7] señala también que iniciada en 1959 y conocida con nombres diversos y polémicos como exilio, emigración o destierro posrevolucionario, la diáspora cuenta con un corpus literario dinámico y multiforme en temas y estilos, con múltiples focos de producción dispersos por el mundo y ello ha contribuido a constante renovación y enriquecimiento, producto de los escritores formados literariamente fuera del país o que publican sus libros ya en el destierro. Según señala Marceles[8] a través de nuestra historia reciente, los escritores han peregrinado de país a país, a Europa desde siempre y desde mediados del siglo XX a los Estados Unidos, y a la ciudad de Nueva York en particular. José Martí, por ejemplo, escribió sus piezas literarias más memorables en una casa de Manhattan, y José Eustasio Rivera, el autor colombiano mejor conocido por su novela La vorágine, murió en Nueva York en 1928, mientras escribía el manuscrito de La mancha negra, su segunda novela

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9 sobre el negocio sucio de la explotación del petróleo en su país, al tiempo que intentaba organizar una empresa editorial para publicar libros de autores latinoamericanos. El artículo “Hacia escrituras del exilio” cita a Edward Said[9], y presenta que en sus meditaciones sobre el exilio, Said, dice que a pesar de la tragedia personal, generalmente vinculada al exilio, ocurre al mismo tiempo cierto modo de liberación y enriquecimiento con lo que logra superar la percepción tradicional del fenómeno. Según Said, la mayor ventaja del exilio es la multiplicación de perspectivas que permite al exiliado una mirada crítica y distanciada frente al país de origen y el país de acogida. Marceles[10], añade además que a diferencia de las dificultades de supervivencia que caracterizan a las capitales de Europa, Nueva York ejerce un poder hipnótico entre los artistas latinoamericanos, tanto por su capacidad de absorción indiscriminada y cosmopolita, las oportunidades económicas, sus numerosas galerías y museos de arte, teatros, editoriales o salas de concierto, como por sus comunidades nacionales ya organizadas, que garantizan cierta familiaridad con el entorno urbano, acceso a familiares, amigos, y su enriquecedora diversidad étnica. Cymerman[11] afirma que se ha hecho tradicional entre nosotros llamar inmigración a las migraciones impuestas sobre todo por la coyuntura económica y reservar el nombre de exilio a las migraciones motivadas por razones fundamentalmente políticas. De acuerdo a María Gimena Cerrato Will[12], Julia Álvarez es una de las escritoras provenientes del mundo hispano que reside en Estados Unidos y cuya obra literaria es representativa de la escritura transnacional. En su obra, no solo los personajes cruzan fronteras, sino que la misma autora ha sido partícipe de una experiencia de desplazamiento. Añade que Álvarez trata temas como el exilio, la identidad, el proceso de asimilación, la memoria y hasta la creación literaria misma y se ha colocado a la vanguardia de la narrativa dominicana como cronista de los inmigrantes de esa nación caribeña en Estados Unidos. Dice también que sus novelas se centran en la noción de la doble identidad, ya que el exilio siempre implica un proceso de adaptación que a su vez conduce a una redefinición de la propia identidad. Aunque la diáspora a menudo produce un sentimiento de dislocación marcado por la “tortura psíquica” de la pérdida, como afirma Édouard Glissant, (citado por Cerrato Will[13]): Para muchas escritoras caribeñas como Julia Álvarez este proceso traumático también resulta ser el desencadenante de sus obras literarias. Por un lado, porque la migración facilita la liberación de presiones sociales y/o políticas encontradas en el país de origen;

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10 por el otro, porque da lugar a la reflexión sobre la escritura, así como sobre el propio yo y la identidad. Julia Álvarez Es poeta, novelista, ensayista y educadora nacida en Santo Domingo en 1950. La experiencia norteamericana de Julia Álvarez se origina en la emigración forzada de su familia a los Estados Unidos, por razones políticas. Julia Álvarez fue honrada como uno de los seis dominicanos-americanos que han hecho contribuciones significativas a la comunidad dominicana en ambos países, siendo anfitriones el Dominican American Assistance Fund y el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica (1995). Sus novelas han sido elogiadas por los más importantes medios de comunicación de los Estados Unidos y Latinoamérica. Su primera novela (publicada inicialmente en inglés) Cómo las muchachas García perdieron su acento fue declarada libro del año en 1991 por New York Times Book y por el Library Journal. En 1994, En el tiempo de las mariposas, su segunda novela, fue nominada al mejor libro del año por el National Book Critics y elegida el mejor libro de 1994 por la American Library Association. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. El exilio en Cómo las muchachas García perdieron su acento La novela Cómo las muchachas García perdieron su acento, describe el proceso de aculturación y asimilación de una familia proveniente de la República Dominicana, a través de las peripecias que viven los García y sus cuatro hijas: Carla, Sandra, Yolanda y Sofía; durante un periodo de unos treinta años. La novela presenta, también, los problemas de incomunicación con los que se encuentran las García, tanto en los Estados Unidos como en la República Dominicana y la problemática de la búsqueda de identidad de sus personajes mediante el lenguaje. De acuerdo a Cerrato[14] el título de la novela es simbólico y significativo al mismo tiempo porque aunque se refiere literal y específicamente a la pérdida del acento español, simboliza la gran pérdida cultural que sufren los inmigrantes en su lucha por sobrevivir en los Estados Unidos, en un espacio fronterizo que promueve adaptaciones y reelaboraciones.

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11 Según Cerrato[15] Álvarez admite que su aclamada novela es un relato semi autobiográfico acerca de la lucha de una familia por adaptarse a la cultura americana. Comenta que el mundo ficcional de la escritora, por lo tanto, refleja su mundo real, puesto que ella, como muchos de sus personajes, se embarca en un viaje para descubrir su identidad y la de su isla. Narrada en retrospección (1989 – 1956), la novela cubre 33 años en la vida de la familia dominicana García de la Torre, a través de una serie de historias conectadas solo por un elemento común: los personajes. Las mismas se centran en Yolanda García y en menor grado en sus tres hermanas y sus padres. De acuerdo a Miryam Criado[16] el mismo título de la novela revela la relación íntima que se establece entre el proceso de asimilación de las muchachas García y el lenguaje. La mencionada pérdida del acento hispano parecería indicar que la asimilación a la cultura norteamericana fue un éxito, sin embargo, a lo largo de la novela se plantea el vacío que sienten estas mujeres y su lucha por encontrar su identidad en un mundo dividido por dos culturas que las alienan y de las que se sienten alienadas. Criado cree que la problemática que plantea esta obra se relaciona con el significado del signo y con la lengua como constructo social. Para Criado[17], Julia Álvarez presenta en su novela la dificultad de las hermanas García por encontrar un lenguaje que consiga expresar su experiencia vital mediante una doble dicotomía lingüística: inglés versus español, lenguaje masculino versus lenguaje femenino. Añade que en otra capa significativa subyacente la autora confronta a la lectora con la problemática de la mujer hispana en los Estados Unidos y nos plantea la lucha de las mujeres por encontrar una voz propia, en un mundo que las silencia doblemente como latinas y como mujeres.

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12 De acuerdo a Criado[18] es precisamente la narración de sus recuerdos lo que lleva al lector a creer que su búsqueda de identidad es meramente cultural, dados los continuos malentendidos lingüísticos que Yolanda atribuye a sus orígenes de inmigrante. El tiempo narrativo de la novela también parecería corroborar esta interpretación al presentar los acontecimientos desde el pasado más reciente, cuando Yolanda ya madura vuelve a la República Dominicana, hasta el recuerdo más antiguo de cada una de las hermanas cuando todavía vivían en la isla, y finalmente de vuelta de nuevo al presente de la narración cerrando la novela de modo circular. Criado[19] añade que, sin embargo, el proceso de asimilación a la cultura americana ha sido tan intenso que incluso en el primer capítulo aparecen indicios de que Yolanda no va a encontrar en su tierra natal la identidad que busca. La isla ya no es su hogar porque cada gesto y actitud le resultan extrañas y artificiales, además, apenas puede hablar español y sus tías y primas continuamente tienen que explicarle el significado de palabras y expresiones. Por otro lado, Criado[20] afirma que cada una de las hermanas García simboliza un intento diferente por encontrar un lenguaje propio, ya sea mediante la apropiación e imitación de un lenguaje masculino o la búsqueda de un lenguaje personal. Las secciones

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13 pertenecientes a Carla, Sandra y Sofía pasan a estar narradas en tercera persona, pese a que todo lo contado es visto a través de su perspectiva. Solo Yolanda conserva su voz y todavía narra en primera persona. En el primer capítulo, el más reciente en cuanto a tiempo cronológico, Yolanda pierde su voz y su sección se narra en tercera persona pese a que, como en el caso de sus hermanas, refleja su perspectiva. La pérdida de la voz de las hermanas García está íntimamente ligada no solo al proceso de su asimilación cultural en los Estados Unidos sino a su descubrimiento de la sexualidad y de sí mismas como seres sexuales[21]. Veamos las consideraciones de Criado[22] hermana por hermana. Carla habla con el lenguaje profesional de la psicología que utiliza hasta cuando se encuentra en familia. La utilización de este tipo de lenguaje le hace sentir que existe un vínculo de comunicación especial entre ella y su esposo que nadie más puede compartir. Sandra sufre una crisis y ha pasado meses leyendo sin cesar, consumiendo vorazmente gran número de libros que va tachando en su lista de las obras que necesita leer antes de “dejar de ser humana”. Sandra ha desarrollado la obsesión de que se está convirtiendo en una simia. Sofía es la única de las hermanas que no siente el problema del lenguaje porque llegó mucho más pequeña a los Estados Unidos y, por ello, su asimilación fue mucho menos traumática. A lo largo de toda la novela, en las secciones donde ella narra en primera persona o habla su lengua es mucho más relajada y libre que el estilo del resto de las hermanas. Además, ella es la única que logra adquirir un lenguaje propio, un lenguaje que le sirve para expresarse como mujer: la maternidad. Por último, Yolanda es el personaje que conserva su voz durante más tiempo en la novela. Sin embargo, Yolanda ya no puede expresarse ni en inglés ni en español porque esta última lengua la ha olvidado y la primera ya no significa nada para ella. El lenguaje falocéntrico se ha apropiado de palabras que son queridas para ella cambiando su significado. Ella no puede pronunciar estas palabras sin sentir inconscientemente esa pérdida, el silencio que subyace detrás de esas palabras representando la represión de sus sentimientos y su necesidad de expresión. Finalmente, Yolanda vuelve a la República Dominicana en búsqueda de una voz y de una identidad que ha perdido, creyendo que el vacío que siente en su interior se relaciona con el exilio[23]. Figueroa[24], por otra parte, señala que la obra de Julia Álvarez da voz a una experiencia de lo que podría llamarse la primera emigración dominicana a los Estados

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14 Unidos. Este primer grupo se caracteriza principalmente por su escaso número y por un exilio motivado, en su mayor parte, y como es el caso de los personajes en Cómo las muchachas García perdieron su acento, por razones políticas. El perfil socio-económico de estos emigrantes y, consecuentemente, su experiencia del exilio, se encuentra en marcado contraste con los grupos que emigran a partir de 1966. Andrés L. Mateo (citado por Ramón A. Figueroa[25]) señala que la identidad nacional en la novela de Cómo las muchachas García perdieron su acento es un factor determinante para el enfrentamiento con los valores disímiles de un mundo donde la condición de emigrante desplaza a la protagonista. De acuerdo a Criado[26] el espejo de Yolanda es el océano Atlántico y en la vuelta a su país de origen este personaje inicia el camino para recobrar su propia identidad como mujer y, por lo tanto, como ser humano. Según ella, ninguna de las hermanas consigue su integración completa en la cultura mayoritaria, porque no se dan cuenta de que el concepto de raza, del ser hispano, no proviene de ninguna cualidad o característica interna que tengan que desterrar, para así poder conseguir la asimilación total, sino que es algo que viene dado de fuera y sobre lo que ellas no tienen ningún control. Expresa además que: Las muchachas García perdieron su acento, desterraron de su lenguaje—aquella “tara” que las distinguía del grupo dominante—sin embargo, pese haberse asimilado culturalmente y pertenecer a una clase social acomodada todavía sienten su alteridad. Y es cierto, no la han perdido, porque pese a haber eliminado su otredad cultural, al haber sido aceptadas en la sociedad dominante, no han podido perder su otredad sexual, la cual no viene determinada desde fuera, como la otredad étnica o racial, sino que es algo interno e imposible de eliminar. Las hermanas García han aprendido hablar en la lengua de la cultura androcéntrica dominante pero han perdido su voz como mujeres porque ese lenguaje no les sirve para explicarse a sí mismas o para expresar sus sentimientos y emociones más íntimas[27]. Según Saz[28] su traslado de la República Dominicana a Estados Unidos supuso una gran pérdida, o una serie de pérdidas, para Álvarez y sus hermanas. Entre ellas: la pérdida de un estilo de vida, la pérdida de su extensa familia con multitud de tíos y primos, la pérdida de sus costumbres, y la pérdida de su lengua, el español, entre otras cosas. Explica:

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15 Las niñas se dieron cuenta de que para ser completamente aceptadas por otros adolescentes norteamericanos y no vistas como algo exótico, tenían que ser, de alguna manera, “menos dominicanas”. Quizás hasta el punto de sacrificar su identidad dominicana y asimilarse del todo en la cultura norteamericana[29]. Saz[30] añade que Álvarez explora permanentemente esa frontera entre el yo y el otro con sus personajes que participan de dos lenguas y de dos culturas y que, a través de ambas lenguas, van intentando comprender quiénes son y dónde pertenecen. Piensa que al final llega a la convicción de que no pertenece del todo a ninguno de esos dos mundos sino que, gracias a sus raíces en ambas culturas y lenguas, han creado y viven en un nuevo mundo, un mundo habitado cada vez más por personas bilingües y biculturales como ellos y un mundo donde, efectivamente, la única patria es la lengua. Consideraciones finales En el artículo “Reflections on Exile”, Edward Said (citado por Mertz-Baumgartner)[31] distingue muy claramente entre el grupo de los exiliados y los expatriados que deciden voluntariamente y por causas diversas vivir en el exilio. Dice que por penoso que sea cruzar la frontera significa muchas veces una liberación de unas condiciones de vida insoportables y / o peligrosas permite al exiliado -sobre todo a los intelectuales- dejar una situación de insilio, es decir de marginación y el exilio de su propio país. Michael Ugarte (citado por Javier Sánchez Zapatero[32]) afirma que sin posibilidad de interactuar con los lectores de su país de origen, alejados de la esfera pública en la que su labor contestataria podía tener algún sentido, la palabra es el único medio eficaz de que disponen los autores exiliados para llevar a cabo la función de resistencia y oposición que contra el régimen que les ha condenado a la dispersión han de vertebrar. Enric Bou (citado por Javier Sánchez Zapatero[33]) expresa, por su parte, que se ha vinculado la labor de “resistencia” de los exiliados con la escritura autobiográfica, por la posibilidad que tienen quienes han sido expulsados del proyecto nacional de integrar sus recuerdos individuales con la memoria colectiva del grupo al que pertenecen, procurando con ello una versión de la historia, diferente a la que se da desde los centros de poder. El caso de Julia Álvarez en Cómo las muchachas García perdieron su acento, es un ejemplo de este tipo de escritura autobiográfica y un modelo de literatura que trasciende las fronteras geográficas.

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