Osservatore Romano 2320

 

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L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Año XLIV, número 25 (2.320) Ciudad del Vaticano 21 de junio de 2013 Decreto de la Congregación para el culto divino San José en las plegarias eucarísticas ANTONIO CAÑIZARES LLOVERA S e ha hecho público el decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en virtud del cual se inserta la mención del nombre de san José en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV a continuación de la mención de Santa María, Virgen y Madre de Dios. Ya, desde Juan XXIII se mencionaba su nombre en la I, el llamado «Canon Romano». Nos alegramos de este hecho, que tantos esperábamos. San José, sin duda, es una figura cercana y querida para el corazón del pueblo de Dios, una figura que invita a cantar incesantemente la misericordia del Señor, porque el Señor ha hecho con él obras grandes y ha manifestado su infinita misericordia en favor de los hombres. No podemos olvidar que la figura de san José, aun permaneciendo más bien oculta y en el silencio, reviste una importancia fundamental en la historia de la salvación. A él le confió Dios la custodia de sus tesoros más preciosos: su Hijo único, venido en carne, y su Madre Santa, siempre Virgen. A él obedeció Jesucristo, el autor de nuestra salvación; en él tenemos el gran intercesor ante el Hijo de Dios, Redentor nuestro, que nació de la Virgen María, su esposa; en él tenemos el ejemplo del hombre fiel y creyente, y del siervo prudente. Son poquísimas las alusiones a san José en los Evangelios, sólo en Mateo y en Lucas; sin embargo, con una gran sobriedad, nos ofrecen los trazos que delinean esta figura singular en la que Dios ha encontrado la docilidad total para llevar a cabo sus promesas. José, desposado con María, era del linaje de David. Así unió a Jesús a la descendencia davídica, de modo que, cumpliendo las promesas sobre el Mesías, el Hijo de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, puede llamarse verdaderamente «hijo de David». David no verá a su sucesor prometido, «cuyo trono durará para siempre», porque este sucesor anunciado, veladamente en la profecía de Natán, es Jesús. David confía en Dios. Igualmente, José confía en Dios cuando escucha al mensajero, al Ángel, que le dice: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo». Y José «hizo exactamente lo que le había mandado el Ángel». Mateo dice de José: «como era un hombre justo obedeció al mandato». Ser justo es decirlo todo de José; no es sólo decir que era un hom- SIGUE EN LA PÁGINA 7 Misa del Papa Francisco por la Jornada de la «Evangelium vitae» Dios Viviente y misericordioso Nueva alerta del Pontífice frente a ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder y no son dictadas por el amor, por la búsqueda del bien del otro. Esto sucede —dijo en la jornada dedicada al Evangelio de la vida— cuando el hombre se quie- re autoafirmar cerrándose en su egoísmo y ocupando el lugar de Dios, que es «el Viviente, el misericordioso». Pretende sustituir a Dios por «ídolos humanos», que «al final son portadores de nuevas formas de esclavitud y de muerte». PÁGINAS 4 Y 5 El Santo Padre con la Secretaría del Sínodo de los obispos Por caminos nuevos Anuncia la próxima Encíclica sobre la fe Familia, ecología humana, nueva antropología secularizada, sinodalidad. Son los temas principales que trató el Papa Francisco en la audiencia a los miembros del XIII Consejo ordinario de la Secretaría general del Sínodo de los obispos, el 13 de junio. Un encuentro que se transformó en una reunión informal de trabajo, después de que el Pontífice, dejando aparte el texto del discurso escrito, pidió explícitamente a sus interlocutores que hablaran del trabajo del organismo, también en vista de la publicación de la Exhortación apostólica postsinodal que recoge los frutos de la Asamblea del pasado octubre. En el texto el Santo Padre ya ha comenzado a trabajar, contemplándolo como un tratado de carácter amplio sobre la evangelización en general. Esta opción surge también de la necesidad de no superponerlo a la próxima Encíclica dedicada al tema de la fe: «Un documento fuerte», lo definió el Papa Francisco, recordando que fue su predecesor Benedicto XVI quien lo comenzó —«una encíclica “a cuatro manos”, dicen», comentó sonriendo— y quien se lo entregó para que lo continuase. En cuanto a los temas señalados por los miembros del Consejo, el Pontífice se detuvo en particular en el de la familia, denunciando la crisis del matrimonio y revelando que, en el encuentro del próximo octubre del grupo de cardenales —constituido el pasado 13 de abril— se debatirá la iniciativa de realizar un estudio sobre la pastoral familiar. Tras poner de relieve la profunda relación entre ecología de la creación y ecología humana, el Santo Padre invitó a los presentes a reflexionar también sobre el «grave problema» de la antropología secularizada. «La laicidad se ha convertido en laicismo», advirtió. Y puso en guardia sobre los riesgos del gnosticismo y del pelagianismo, cuya mezcla da vida hoy a una «cultura nueva» que constituye para los católicos «un problema antropológico muy serio». Finalmente, al tratar la cuestión de la relación entre sinodalidad y servicio del Obispo de Roma, el Papa Francisco subrayó la gran importancia que ello tiene y aseguró que ya está en el centro de la reflexión del grupo de los ocho purpurados. Es necesario, en su opinión, buscar un «camino nuevo» por el cual la sinodalidad pueda expresar «su propia singularidad unida al ministerio petrino». Según el Pontífice se trata de «un desafío grande», respecto al cual corresponde un papel decisivo justamente a la Secretaría del Sínodo de los obispos. El Papa Francisco agradeció al Consejo el trabajo realizado e invitó a sus miembros a seguir «adelante con libertad» y «sin miedo».

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 21 de junio de 2013, número 25 El Papa inaugura la Asamblea diocesana de Roma llamando al auténtico testimonio cristiano Revolucionarios de la gracia ¡Buenas tardes a todos, queridos hermanos y hermanas! El Apóstol terminaba este pasaje de su carta a nuestros antepasados con estas palabras: ya no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Y esta es nuestra vida: caminar bajo la gracia, porque el Señor nos ha amado, nos ha salvado, nos ha perdonado. Todo lo ha hecho el Señor, y esta es la gracia, la gracia de Dios. Nosotros estamos en camino bajo la gracia de Dios, que ha venido entre nosotros, en Jesucristo que nos ha salvado. Pero esto nos abre a un horizonte grande y es para nosotros alegría. «Vosotros ya no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia». Y ¿qué significa este «vivir bajo la gracia»? Procuraremos explicar algo de qué significa vivir bajo la gracia. Es nuestra alegría, es nuestra libertad. Nosotros somos libres. ¿Por qué? Porque vivimos bajo la gracia. Nosotros ya no somos esclavos de la ley: somos libres porque Jesucristo nos ha liberado, nos ha dado la libertad, esa libertad plena de hijos de Dios, que vivimos bajo la gracia. Esto es un tesoro. Intentaré explicar un poco este misterio tan bello, tan grande: vivir bajo la gracia. Este año habéis trabajado mucho sobre el Bautismo y también sobre la reno- vación de la pastoral post-bautismal. El Bautismo, este pasar de «bajo la ley» a «ba- jo la gracia», es una re- volución. Son muchos los revolucionarios en la historia, han sido muchos. Pero ninguno ha tenido la fuerza de esta revolución que nos trajo Jesús: una revolu- ción para transformar la historia, una revolu- ción que cambia en profundidad el corazón del hombre. Las revo- luciones de la historia han cambiado los siste- mas políticos, econó- micos, pero ninguna de ellas ha mo- dificado verdaderamente el corazón del hombre. La verdadera revolu- ción, la que transforma radicalmente la vida, la realizó Jesucristo a través de su Resurrección: la Cruz y la Re- surrección. Y Benedicto XVI decía, de esta revolución, que «es la muta- ción más grande de la historia de la humanidad». Pensemos en esto: es la mayor mutación de la historia de la humanidad, es una verdadera re- volución y nosotros somos revolucio- narias y revolucionarios de esta revo- lución, porque nosotros vamos por este camino de la mayor mutación de la historia de la humanidad. Un cristiano, si no es revolucionario, en este tiempo, ¡no es cristiano! ¡Debe ser revolucionario por la gracia! Pre- «Un cristiano, si no es revolucionario, en este tiempo, no es cristiano». El Papa Francisco habló en estos términos el lunes por la tarde, 17 de junio, en el aula Pablo VI, a la Asamblea eclesial diocesana. Cuando en el Vicariato de Roma se vio cómo aumentaba continuamente el número de inscripciones para participar en la apertura de la Asamblea, hubo un momento de vacilación: ni siquiera la majestuosa basílica de San Juan de Letrán podía acoger a los casi 15.000 participantes. Entonces se pensó en el aula Pablo VI, en el Vaticano, que al final también se quedó pequeña y muchos siguieron el encuentro con su obispo, el Papa Francisco, desde el exterior, en pantalla gigante. Así ha partido este camino de la Iglesia de Roma. En un ambiente de fe y fiesta en el que el Pontífice —habiéndose oído la lectura de un pasaje de la Carta de san Pablo a los Romanos— habló durante más de media hora, en parte leyendo el texto preparado y en parte improvisando, pronunciando una catequesis sobre el tema «No me avergüenzo del Evangelio» cuya traducción publicamos en esta página. cisamente la gracia que el Padre nos da a través de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, hace de nosotros revolucionarios, pues —cito de nuevo a Benedicto— «es la mutación más grande de la historia de la humanidad». Porque cambia el corazón. El profeta Ezequiel lo decía: «Arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne». Y esta es la experiencia que vive el Apóstol Pablo: después de haber encontrado a Jesús en el camino de Damasco, cambia radicalmente su perspectiva de vida y recibe el Bautismo. ¡Dios transforma su cora- zón! Pero pensad: un perseguidor, uno que iba tras la Iglesia y los cristianos, se convierte en un santo, en un cristiano hasta la médula, ¡justamente un cristiano verdadero! Antes es un violento perseguidor; ahora se convierte en un apóstol, un testigo valiente de Jesucristo, hasta el punto de no tener miedo de sufrir el martirio. Aquel Saulo que quería matar a quien anunciaba el Evangelio, al final da su vida por anunciar el Evangelio. Es este el cambio, la mutación más grande de la que nos hablaba el Papa Benedicto. Te cambia el corazón; de pecador —de pecador: todos somos pecadores— te transforma en santo. ¿Alguno de nosotros no es pecador? Si hubiera alguno, ¡que levante la mano! Todos somos peca- dores, ¡todos! ¡Todos somos pecadores! Pero la gracia de Jesucristo nos salva del pecado: ¡nos salva! Todos, si acogemos la gracia de Jesucristo, Él cambia nuestro corazón y de pecadores nos hace santos. Para llegar a ser santos no es necesario volver los ojos y mirar allá, o tener un poco cara de estampita. No, no, ¡no es necesario esto! Una sola cosa es necesaria para hacerse santos: acoger la gracia que el Padre nos da en Jesucristo. Esto es. Esta gracia cambia nuestro corazón. Nosotros seguimos siendo pecadores, porque todos somos débiles, pero también con esta gracia que nos hace sentir que el Señor es bueno, que el Señor es misericordioso, que el Señor nos espera, que el Señor nos perdona, esta gracia grande, que cambia nuestro corazón. Y, decía el profeta Ezequiel, que de un corazón de piedra lo cambia en un corazón de carne. ¿Qué quiere decir esto? Un corazón que ama, un corazón que sufre, un corazón que se alegra con los demás, un corazón lleno de ternura hacia quien, llevando impresas las heridas de la vi- da, se siente en la periferia de la sociedad. El amor es la mayor fuerza de transformación de la realidad, porque derriba los muros del egoísmo y colma las fosas que nos tienen alejados a unos de otros. Y esto es el amor que viene de un corazón cambiado, de un corazón de piedra que es transformado en un corazón de carne, un corazón humano. Y esto lo hace la gracia, la gracia de Jesucristo que todos nosotros hemos recibido. ¿Alguno de vosotros sabe cuánto cuesta la gracia? ¿Dónde se vende la gracia? ¿Dónde puedo comprar la gracia? Nadie sabe decirlo: no. ¿Voy a comprarla a la secretaria parroquial? ¿A lo mejor ella vende la gracia? ¿Algún sacerdote vende la gracia? Oíd bien esto: la gracia no se compra ni se vende; es un regalo de Dios en Jesucristo. Jesucristo nos da la gracia. Es el único que nos da la gracia. Es un regalo: nos lo ofrece a nosotros. Tomémosla. Es bello esto. El amor de Jesús es así: nos da la gracia gratuitamente, gratuitamente. Y nosotros debemos darla a los hermanos, a las hermanas, gratuitamente. Es un poco triste cuando uno encuentra a algunos que venden la gracia: en la historia de la Iglesia algunas veces ha sucedido esto, y ha hecho mucho daño, mucho daño. Pero la gracia no se puede vender: la recibes gratuitamente y la das gratuitamente. Y esta es la gracia de Jesucristo. En medio de tantos dolores, de tantos problemas que hay aquí, en Roma, hay gente que vive sin esperanza. Cada uno de nosotros puede pensar, en silencio, en las personas que viven sin esperanza, y se hallan inmersas en una profunda tristeza de la que buscan salir creyendo encontrar la felicidad en el alcohol, en las drogas, en el juego, en el poder del dinero, en la sexualidad sin normas... Pero se encuentran más desilusionadas aún, y a veces desahogan su rabia ante la vida con comportamientos violentos e indignos del hombre. ¡Cuántas personas tristes, cuántas personas tristes, sin esperanza! Pensad también en tantos jóvenes que, después de haber experimentado muchas cosas, no encuentran sentido a la vida e intentan el suicidio como solución. ¿Sabéis cuántos suicidios de jóvenes hay hoy en el mundo? ¡La cifra es alta! ¿Por qué? No tienen esperanza. Han experimentado muchas cosas y la sociedad, que es cruel —¡es cruel!— no te puede dar esperanza. La esperanza es como la gracia: no se puede comprar; es un don de Dios. Y nosotros debemos ofrecer la esperanza cristiana con nuestro testimonio, con nuestra libertad, con nuestra alegría. El regalo que nos hace Dios de la gracia trae la esperanza. Nosotros, que tenemos la alegría de percatarnos de que no somos huérfanos, de que tenemos un Padre, ¿podemos ser indiferentes ante esta ciudad que nos pide, tal vez inconscientemente, sin saberlo, una esperanza que la ayude a contemplar el futuro con mayor confianza y serenidad? Nosotros no podemos ser indiferentes. Pero ¿cómo podemos hacer esto? ¿Cómo podemos ir adelante y ofrecer la esperanza? ¿Yendo por la calle diciendo: «Yo tengo la esperanza»? ¡No! Con vuestro testimonio, con vuestra sonrisa, decir: «Yo creo que tengo un Padre». El anuncio del Evangelio es este: con mi palabra, con mi testimonio decir: «Yo tengo un Padre. No somos huérfanos. Tenemos un Padre», y compartir esta filiación con el Padre y con todos L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt 00120 Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va http://www.osservatoreromano.va TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE «L’OSSERVATORE ROMANO» Edición para «La Razón» GIOVANNI MARIA VIAN director Carlo Di Cicco subdirector Marta Lago redactor jefe de la edición don Sergio Pellini S.D.B. director general Redacción via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano teléfono 39 06 698 99410 fax 39 06 698 81412 Servicio fotográfico photo@ossrom.va Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A System Comunicazione Pubblicitaria Via Monte Rosa 91, 20149 Milano segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. 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número 25, viernes 21 de junio de 2013 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 los demás. «Padre, ahora entiendo: se trata de convencer a los demás, de hacer prosélitos». No: nada de esto. El Evangelio es como la semilla: tú lo siembras, lo siembras con tu palabra y con tu testimonio. Y después no haces una estadística acerca de cómo ha ido esto: la hace Dios. Él hace crecer esta semilla; pero debemos sembrar con esa certeza de que el agua la da Él, el crecimiento lo da Él. Y nosotros no cosechamos: lo hará otro sacerdote, otro laico, otra laica, otro lo hará. Pero la alegría de sembrar con el testimonio, porque con la palabra sólo no es bastante, no basta. La palabra sin el testimonio es aire. Las palabras no bastan. El verdadero testimonio del que habla Pablo. El anuncio del Evangelio está destinado ante todo a los pobres, a cuantos carecen a menudo de lo necesario para llevar una vida digna. A ellos se anuncia en primer lugar el alegre mensaje de que Dios les ama con predilección y viene a visitarles a través de las obras de caridad que los discípulos de Cristo realizan en su nombre. Antes de nada, ir a los pobres: esto es lo primero. En el momento del Juicio final, podemos leer en Mateo, 25, todos seremos juzgados sobre esto. Pero algunos, luego, piensan que el mensaje de Jesús está destinado a quienes no tienen una preparación cultural. ¡No! ¡No! El Apóstol afirma con fuerza que el Evangelio es para todos, también para los doctos. La sabiduría que deriva de la Resurrección no se opone a la humana, sino que, al contrario, la purifica y la eleva. La Iglesia siempre ha estado presente en los lugares donde se elabora la cultura. Pero el primer paso es siempre la prioridad a los pobres. Pero también debemos ir a las fronteras del intelecto, de la cultura, en la altura del diálogo, del diálogo que hace la paz, del diálogo intelectual, del diálogo razonable. ¡El Evangelio es para todos! Esto de ir a los pobres no significa que tengamos que hacernos «pauperistas» o una especie de «mendigos espirituales». No, no, no significa esto. Significa que debemos ir hacia la carne de Jesús que sufre, pero también sufre la carne de Jesús de aquellos que no le conocen con su estudio, con su inteligencia, con su cultura. ¡Debemos ir allí! Por ello me gusta usar la expresión «ir a las periferias», las periferias existenciales. A todos, a todos ellos, desde la pobreza física y real a la pobreza in- telectual, que es real también. Todas que, cuando vuelve al ovil, se da las periferias, todos los cruces de ca- cuenta de que falta una oveja: deja minos: ir ahí. Y ahí sembrar la semi- las 99 y va a buscarla, a buscar una. lla del Evangelio con la palabra y Pero, hermanos y hermanas, noso- con el testimonio. tros tenemos una; ¡nos faltan 99! Y esto significa que debemos tener valor. Pablo VI decía que no entendía a los cristianos desalentados: Debemos salir, ¡debemos ir hacia los demás! En esta cultura —digámonos la verdad— tenemos sólo una, ¡so- no les comprendía. Estos cristianos mos minoría! ¿Y sentimos el fervor, tristes, ansiosos, estos cristianos de el celo apostólico de ir y salir y bus- quienes uno piensa si creen en Cris- car las otras 99? Esta es una gran to o en el «dios lamentos»: nunca se responsabilidad y debemos pedir al sabe. Todos los días se lamentan, se Señor la gracia de la generosidad y quejan: cómo va el mundo, mira, el valor y la paciencia para salir, pa- qué desgracia, qué calamidad. Pero ra salir a anunciar el Evangelio. Ah, pensad: el mundo no es peor que esto es difícil. Es más fácil quedarse hace cinco siglos. El mundo es el en casa, con esa única oveja. Es más mundo; siempre ha sido el mundo. fácil con esa oveja, peinarla, acari- Y cuando uno se lamenta: así va, no ciarla... pero nosotros sacerdotes, se puede hacer nada, ah, esta juven- también vosotros cristianos, todos: el tud... Os pregunto: ¿conocéis a cris- Señor nos quiere pastores, no peina- tianos así? ¡Los hay, los hay! Pero el dores de ovejas; ¡pastores! Y cuando cristiano debe ser valiente y ante el una comunidad está cerrada, siem- problema, ante una crisis social, reli- pre con las mismas personas que ha- giosa, debe tener el valor de ir ade- blan, esta comunidad no es una co- lante, ir adelante con valentía. Y munidad que da vida. Es una comu- cuando no se puede hacer nada, con paciencia: soportando. Nadie ha tenido la fuerza de la revolución Soportar. Valentía y que nos trajo Jesús: que transforma paciencia, estas dos virtudes de Pablo. la historia, que cambia en profundidad Valentía: ir adelante, el corazón del hombre. La verdadera hacer las cosas, dar testimonio fuerte; ¡adelante! Soportar: revolución, la que transforma radicalmente la vida, la realizó Jesucristo con su Cruz llevar sobre los hombros las cosas que no y Resurrección se pueden cambiar aún. Pero ir adelante con esta pa- nidad estéril, no es fecunda. La fe- ciencia, con esta paciencia que nos cundidad del Evangelio viene por la da la gracia. Pero, ¿qué debemos ha- gracia de Jesucristo, pero a través de cer con la valentía y la paciencia? nosotros, de nuestra predicación, de Salir de nosotros mismos: salir de nuestra valentía, de nuestra pacien- nosotros mismos. Salir de nuestras cia. comunidades para ir allí donde los hombres y las mujeres viven, trabajan y sufren, y anunciarles la miseri- Sale un poco largo, ¿verdad? ¡Pero no es fácil! Tenemos que decirnos la verdad: la labor de evangelizar, de cordia del Padre que se ha dado a llevar adelante la gracia gratuitamen- conocer a los hombres en Jesucristo te no es fácil, porque no estamos no- de Nazaret. Anunciar esta gracia que sotros solos con Jesucristo; existe nos ha sido regalada por Jesús. Si a también un adversario, un enemigo los sacerdotes, el Jueves Santo, les que quiere tener a los hombres sepa- pedí que fueran pastores con olor a rados de Dios. Y por eso instila en oveja, a vosotros, queridos hermanos los corazones la desilusión, cuando y hermanas, digo: sed en todo lugar no vemos recompensado enseguida portadores de la Palabra de vida en nuestro compromiso apostólico. El nuestros barrios, en los lugares de diablo cada día arroja en nuestros trabajo y allí donde las personas se corazones semillas de pesimismo y encuentren y desarrollen relaciones. amargura, y uno se desanima, nos Debéis salir fuera. No entiendo las desanimamos. «¡No sale! Hemos he- comunidades cristianas que están ce- cho esto, no sale; hemos hecho lo rradas, en la parroquia. Quiero deci- otro y no funciona. Y mira esa reli- ros algo. En el Evangelio es bonito gión cómo atrae a tanta gente y no- ese pasaje que nos habla del pastor sotros no». Es el diablo que introdu- ce esto. Debemos prepararnos para la lucha espiritual. Esto es importante. No se puede predicar el Evangelio sin esta lucha espiritual: una lucha de todos los días contra la tristeza, contra la amargura, contra el pesimismo; ¡una lucha de todos los días! Sembrar no es fácil. Es más bello cosechar, pero sembrar no es fácil, y esta es la lucha de todos los días de los cristianos. Pablo decía que tenía la urgencia de predicar y tenía la experiencia de esta lucha espiritual, cuando decía: «Tengo en mi carne una espina de satanás y todos los días la siento». También nosotros tenemos espinas de satanás que nos hacen sufrir y nos hacen caminar con dificultad y muchas veces nos desaniman. Prepararnos a la lucha espiritual: la evangelización pide de nosotros un verdadero valor también por esta lucha interior, en nuestro corazón, para decir con la oración, con la mortificación, con el deseo de seguir a Jesús, con los Sacramentos que son un encuentro con Jesús, decir a Jesús: gracias, gracias por tu gracia. Quiero llevarla a los demás. Pero esto es trabajo: esto es trabajo. Esto se llama —no os asustéis— se llama martirio. El martirio es esto: luchar, todos los días, para testimoniar. Esto es martirio. Y a algunos el Señor les pide el martirio de la vida, pero existe el martirio de todos los días, de todas las horas: el testimonio contra el espíritu del mal que no quiere que seamos evangelizadores. Y ahora desearía terminar pensando algo. En este tiempo, en el que la gratuidad parece debilitarse en las relaciones interpersonales porque todo se vende y todo se compra, y la gratuidad es difícil hallarla, los cristianos anunciamos a un Dios que para ser nuestro amigo no pide nada más que ser acogido. Lo único que pide Jesús: ser acogido. Pensemos en cuántos viven en la desesperación porque jamás han encontrado a nadie que les haya prestado atención, que les haya consolado, que les haya hecho sentirse preciosos e importantes. Nosotros, discípulos del Crucificado, ¿podemos negarnos a ir a esos lugares adonde nadie quiere acudir por miedo a comprometernos y al juicio ajeno, y así negar a estos hermanos nuestros el anuncio de la Palabra de Dios? ¡La gratuidad! Nosotros hemos recibido esta gratuidad, esta gracia, gratuitamente; debemos darla, gratuitamente. Y esto es lo que, al final, quiero deciros. No tener miedo, no tener miedo. No tener miedo del amor, del amor de Dios, nuestro Padre. No tener miedo. No tener miedo de recibir la gracia de Jesucristo, no tener miedo de nuestra libertad que viene dada por la gracia de Jesucristo o, como decía Pablo: «Ya no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia». No tener miedo de la gracia, no tener miedo de salir de nosotros mismos, no tener miedo de salir de nuestras comunidades cristianas para ir a encontrar a las 99 que no están en casa. E ir a dialogar con ellos, y decirles qué pensamos, ir a mostrar nuestro amor que es el amor de Dios. Queridos, queridos hermanos y hermanas: ¡no tengamos miedo! Vayamos adelante para decir a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que estamos bajo la gracia, que Jesús nos da la gracia y esto no cuesta nada: sólo recibirla. ¡Adelante!

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número 25, viernes 21 de junio de 2013 L’OSSERVATO Misa del Papa Francisco por la Jornada de la «Evangelium vitae» Dios es el Viviente y miserico «Con frecuencia el hombre no elige la vida» porque se deja guiar «por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer», nada de ello dictado «por el amor, por la búsqueda del bien del otro». Y esto alimenta la ilusión de poder construir la ciudad del hombre sin Dios. Los cristianos, en cambio, deben recordar siempre que «el Señor es el Viviente, es misericordioso». Es la clave que relanzó el Papa Francisco en la homilía de la misa con ocasión de la Jornada del Evangelio de la vida —en el marco de los eventos del Año de la fe, recuerda la encíclica de Juan Pablo II «Evangelium vitae»—, que presidió el domingo 16 de junio en la plaza de San Pedro. Cien mil personas acudieron a este encuentro. Concelebraron la Eucaristía más de doscientos sacerdotes y una decena de obispos. En la plaza estuvieron representados los distintos movimientos pro vida, procedentes en particular de Italia, Estados Unidos, Francia, España, Polonia, Alemania, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Malta, Eslovaquia, Singapur, Hungría, Costa Rica, Japón, Irlanda, Argentina, México y Colombia. El arzobispo Rino Fisichella —presidente del Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización— habló de testigos del Dios misericordioso cuando, al término de la celebración, dirigió su saludo al Pontífice. Hombres y mujeres —dijo— que, «bajo la acción de la gracia, han tocado con la mano “la carne de Cristo”, por usar una expresión significativa», han defendido la dignidad de «niños solos, mujeres abandonadas, enfermos crónicos, personas con las discapacidades más diversas, personas en el final de su vida, marginados, excluidos», mientras otros «estaban distraídos y volvían la mirada a otro lugar». Esta jornada dedicada al Evangelio de la Vida «es un renovado llamamiento para que todos respeten, defiendan, amen y sirvan la vida humana —concluyó—. No es una prerrogativa de los cristianos. Es un camino común que se hace junto a tantos hombres y mujeres que, si bien no tienen nuestra fe, comparten en cualquier caso nuestro anuncio y compromiso». Publicamos a continuación la homilía que pronunció el Papa Francisco. Queridos hermanos y hermanas: Esta celebración tiene un nombre muy bello: el Evangelio de la Vida. Con esta Eucaristía, en el Año de la fe, queremos dar gracias al Señor por el don de la vida en todas sus manifestaciones, y queremos al mismo tiempo anunciar el Evangelio de la Vida. A partir de la Palabra de Dios que hemos escuchado, quisiera proponeros tres puntos sencillos de meditación para nuestra fe: ante todo, la Biblia nos revela al Dios vivo, al Dios que es Vida y fuente de la vida; en segundo lugar, Jesucristo da la vida, y el Espíritu Santo nos mantiene en la vida; tercero, seguir el camino de Dios lleva a la vida, mientras que seguir a los ídolos conduce a la muerte. La primera lectura, tomada del segundo libro de Samuel, nos habla de la vida y de la muerte. El rey David quiere ocultar que cometió adulterio con la mujer de Urías el hitita, un soldado de su ejército y, para ello, manda poner a Urías en primera línea para que caiga en la batalla. La Biblia nos muestra el drama humano en toda su realidad, el bien y el mal, las pasiones, el pecado y sus consecuencias. Cuando el hombre quiere afirmarse a sí mismo, encerrándose en su propio egoísmo y poniéndose en lugar de Dios, acaba sembrando la muerte. El adulterio del rey David es un ejemplo. Y el egoísmo conduce a la mentira, con la que trata de engañarse a sí mismo y al prójimo. Pero no se puede engañar a Dios, y hemos escuchado lo que dice el profeta a David: «Has hecho lo que está mal a los ojos de Dios» (cf. 2 S 12, 9). Al rey se le pone frente a sus obras de muerte —en verdad lo que ha hecho es una obra de muerte, no de vida—, comprende y pide perdón: «He pecado contra el Señor» (v. 13), y el Dios misericordioso, que quiere la vida y siempre nos perdona, le perdona, le da de nuevo la vida; el profeta le dice: «También el Señor ha perdonado tu pecado, no morirás». ¿Qué imagen tenemos de Dios? Tal vez nos parece un juez severo, como alguien que limita nuestra libertad de vivir. Pero toda la Escritura nos recuerda que Dios es el Viviente, el que da la vida y que indica la senda de la vida ple- na. Pienso en el comienzo del libro del amigos, nuestra vida es plena sólo en Génesis: Dios forma al hombre del pol- Dios, porque sólo Él es el Viviente. vo de la tierra, sopla en su nariz el El pasaje evangélico de hoy nos hace aliento de vida y el hombre se convierte dar un paso más. Jesús encuentra a una en un ser vivo (cf. 2,7). Dios es la fuente mujer pecadora durante una comida en de la vida; y gracias a su aliento el casa de un fariseo, suscitando el escán- hombre tiene vida y su aliento es lo dalo de los presentes: Jesús deja que se acerque una pecado- ¿Quién nos introduce en la vida misma de ra e incluso le perdona los pecados di- Dios? El Espíritu Santo, el don de Cristo ciendo: «Sus mu- resucitado. El cristiano es un hombre espiritual, pero no significa que viva «en las nubes», fuera chos pecados han quedado perdonados, porque ha ama- de la realidad. Sino que piensa y actúa en la do mucho, pero al vida cotidiana según Dios; deja que su vida sea animada por el Espíritu Santo, para que sea que poco se le perdona, ama poco» (Lc 7, 47). Jesús es la plena. Quien se deja guiar por el Espíritu Santo es realista, sabe cómo medir y evaluar la encarnación del Dios vivo, el que trae la vida, frente a tantas realidad, y también es fecundo: su vida obras de muerte, engendra vida a su alrededor frente al pecado, al egoísmo, al cerrarse en sí mismos. Jesús que sostiene el camino de su existencia acoge, ama, levanta, anima, perdona y terrena. Pienso igualmente en la voca- da nuevamente la fuerza para caminar, ción de Moisés, cuando el Señor se devuelve la vida. Vemos en todo el presenta como el Dios de Abraham, de Evangelio cómo Jesús trae con gestos y Isaac y de Jacob, como el Dios de los palabras la vida de Dios que transfor- vivos; y, enviando a Moisés al faraón ma. Es la experiencia de la mujer que para liberar a su pueblo, revela su unge los pies del Señor con perfume: nombre: «Yo soy el que soy», el Dios se siente comprendida, amada, y res- que se hace presente en la historia, que ponde con un gesto de amor, se deja libera de la esclavitud, de la muerte, y tocar por la misericordia de Dios y ob- lleva vida al pueblo porque es el Vi- tiene el perdón, comienza una vida viente. Pienso también en el don de los Diez Mandamientos: una vía que Dios nos indica para una vida verdaderamente libre, para una vida plena; no son un himno al «no», no debes hacer nueva. Dios, el Viviente, es misericordioso. ¿Estáis de acuerdo? Digámoslo juntos: Dios el Viviente, es misericordioso, de nuevo: Dios el Viviente, es misericordioso. esto, no debes hacer esto, no debes ha- Esta fue también la experiencia del cer esto... No. Es un himno al «sí» a apóstol Pablo, como hemos escuchado Dios, al Amor, a la Vida. Queridos en la segunda lectura: «Mi vida ahora

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ORE ROMANO ordioso en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Ga 2, 20). ¿Qué es esta vida? Es la vida misma de Dios. Y ¿quién nos introduce en esta vida? El Espíritu Santo, el don de Cristo resucitado. Es él quien nos introduce en la vida divina como verdaderos hijos de Dios, como hijos en el Hijo unigénito, Jesucristo. ¿Estamos abiertos nosotros al Espíritu Santo? ¿Nos dejamos guiar por Él? El cristiano es un hombre espiritual, y esto no significa que sea una persona que vive «en las nubes», fuera de la realidad, como si fuera un fantasma. No. El cristiano es una persona que piensa y actúa en la vida cotidiana según Dios, una persona que deja que su vida sea animada, alimentada por el Espíritu Santo, para que sea plena, propia de verdaderos hijos. Y eso significa realismo y fecundidad. Quien se deja guiar por el Espíritu Santo es realista, sabe medir y evaluar la realidad, y también es fecundo: su vida engendra vida a su alrededor. Dios es el Viviente, es el Misericordioso. Jesús nos trae la vida de Dios, el Espíritu Santo nos introduce y nos mantiene en la relación vital de verdaderos hijos de Dios. Pero, con frecuencia, lo sabemos por experiencia, el hombre no elige la vida, no acoge el «Evangelio de la vida», sino que se deja guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer, y no son dictadas por el amor, por la búsqueda del bien del otro. Es la constante ilusión de querer construir la ciudad del hombre sin Dios, sin la vida y el amor de Dios: una nueva Torre de Babel; es pensar que el rechazo de Dios, del mensaje de Cristo, del Evangelio de la Vida, lleva a la libertad, a la plena realización del hombre. El resultado es que el Dios vivo es sustituido por ídolos humanos y pasajeros, que ofrecen un embriagador momento de libertad, pero que al final son portadores de nuevas formas de esclavitud y de muerte. La sabiduría del salmista dice: «Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos» (Sal 19, 9). Recordémoslo siempre: El Señor es el Viviente, es misericordioso. El Señor es el Viviente, es misericordioso. Queridos hermanos y hermanas, miremos a Dios como al Dios de la vida, miremos su ley, el mensaje del Evangelio, como una senda de libertad y de vida. El Dios vivo nos hace libres. Digamos sí al amor y no al egoísmo, digamos sí a la vida y no a la muerte, digamos sí a la libertad y no a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo; en una palabra, digamos sí a Dios, que es amor, vida y libertad, y nunca defrauda (cf. 1 Jn 4, 8, Jn 11, 25, Jn 8, 32), a Dios que es el Viviente y el Misericordioso. Sólo la fe en el Dios vivo nos salva; en el Dios que en Jesucristo nos ha dado su vida con el don del Espíritu Santo y nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios por su misericordia. Esta fe nos hace libres y felices. Pidamos a María, Madre de la Vida, que nos ayude a acoger y dar testimonio siempre del «Evangelio de la Vida». Así sea. páginas 4/5 El Pontífice reza el Ángelus al término de la celebración Por la vida frágil y amenazada Queridos hermanos y hermanas: Al término de esta Eucaristía dedicada al Evangelio de la vida, me complace recordar que ayer, en Carpi, fue proclamado beato Odoardo Focherini, esposo y padre de siete hijos, periodista. Capturado y encarcelado por odio a su fe católica, murió en el campo de concentración de Hersbruck en 1944, a los 37 años. Salvó a numerosos judíos de la persecución nazi. Con la Iglesia que está en Carpi, damos gracias a Dios por este testigo del Evangelio de la vida. Agradezco de todo corazón a todos vosotros que habéis venido de Roma y de muchas otras partes de Italia y del mundo, en especial a las familias y a cuantos trabajan más directamente por la promoción y la tutela de la vida. Saludo cordialmente a los 150 miembros de la Asociación «Grávida» - Argentina, reunidos en la ciudad de Pilar. ¡Muchas gracias por lo que hacéis! ¡Ánimo y seguid adelante! Por último, saludo a los numerosos participantes en el encuentro motociclístico Harley-Davidson y también al del Motoclub Policía del Estado. Nos dirigimos ahora a la Virgen, encomendando a su protección maternal toda vida humana, especialmente aquella más frágil, indefensa y amenazada. El «Jerusalem Post» celebra al beato Odoardo Focherini Es una bendición para el mundo y un ejemplo para las futuras generaciones. Con estas expresiones la web del periódico «The Jerusalem Post», en un artículo del domingo 16 de junio, subraya el testimonio de vida y la obra del mártir Odoardo Focherini, el padre de familia y periodista que salvó la vida de Acreditación de periodista de Focherini numerosos judíos perseguidos, motivo por el cual fue proclamado por los judíos «Justo entre las Naciones» en 1969. En el artículo, que recuerda la ceremonia de beatificación de Focherini en Carpi (provincia de Módena, Italia) el 15 de junio, se citan en particular los mensajes, llegados para la ocasión, del American Jewish Committee (AJC) y de la Unión de las Comunidades Judías de Italia (UCEI). «Este acto creará un ulterior vínculo entre cristianos y judíos, enriqueciendo y profundizando más nuestro diálogo —se lee en la nota del AJC—. Que el reconocimiento y la memoria de profunda fe y humanidad de Odoardo Focherini sea una bendición para todos los pueblos del mundo». El presidente de la UCEI, Renzo Gattegna, en un mensaje al que alude la web, ha rendido «homenaje con deferencia y conmoción» a la figura del beato. Odoardo Focherini, subraya Gattegna, «fue persona de grandes valores y principios», «cuyo empeño extraordinario se pagó con el precio de su vida». Y concluye: «Su valentía, sus ideales, su amor por la vida no se han olvidado. Su memoria seguirá siendo fuente de inspiración también para las futuras generaciones».

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página 6 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 21 de junio de 2013, número 25 Carta del Papa Francisco con ocasión de la cumbre del G8 Economía y política al servicio de los pobres El fin de la economía y de la política es «el servicio a los hombres, comenzando por los más pobres y débiles, donde sea que se encuentren, incluso en el seno de su madre». Lo escribe el Papa Francisco al primer ministro británico David Cameron, respondiendo a su carta enviada con ocasión de la cumbre del g8 celebrada en Lough Erne, Irlanda del Norte. Publicamos la carta del Pontífice. Al honorable David Cameron, MP Primer Ministro Me complace responder a su amable carta del 5 de junio de 2013, con la que ha querido informarme acerca de la agenda de Su Gobierno para la Presidencia británica del G8 durante el año 2013 y la próxima Cumbre, prevista en Lough Erne, los días 17 y 18 de junio de 2013, bajo el lema «A G8 meeting that goes back to first principles». A fin de que ese tema alcance su más amplio y profundo significado, es necesario asegurar que toda actividad política y económica, nacional e internacional, haga referencia al hombre. En efecto, dichas actividades deben, por una parte, consentir la máxima expresión de la libertad y creatividad, individual y colectiva, y, por otro lado, promover y garantizar que las mismas se ejerzan siempre con responsabilidad y sentido de solidaridad, con atención especial a los más pobres. Las prioridades que la Presidencia británica ha fijado para la Cumbre de Lough Erne se refieren, sobre todo, al libre comercio internacional, al fisco y a la transparencia de los Gobiernos y de los agentes económicos. No falta, igualmente, una atención fundamental al hombre, que se concreta en la propuesta de una acción concertada del Grupo para eliminar definitivamente el flagelo del hambre y para garantizar la seguridad alimentaria. Igualmente, es signo de atención a la persona humana el hecho de que uno de los temas centrales de la agenda es la protección de las mujeres y los niños de la violencia sexual en situaciones de conflicto, si bien es preciso no olvidar que el contexto indispensable para el desarrollo de todas las acciones políticasmencionadas es el de la paz internacional. Lamentablemente, la preocupación por las graves crisis internacionales no falta nunca en las deliberaciones del G8, y este año no se podrá no considerar con atención la situación en Oriente Medio y, de manera especial, en Siria. Para esta última deseo que la Cumbre contribuya a obtener un cese del fuego inmediato y duradero, y a conducir a todas las partes en conflicto a la mesa de negociaciones. La paz exige una renuncia con amplitud de miras a algunas pretensiones, para construir juntos una paz equitativa y justa. Además, la paz es un requisito indispensable para la protección de mujeres, niños y demás víctimas inocentes, y para comenzar a erradicar el hambre, especialmente entre las víctimas de la guerra. Las acciones incluidas en la agenda de la Presidencia británica del G8, que desean apuntar a la legalidad como el hilo conductor del desarrollo, con los consiguientes compromisos para evitar la evasión fiscal y asegurar la transparencia y la responsabilidad de los gobiernos, son medidas que señalan las raíces éticas profundas de estos problemas, ya que, como bien había señalado mi predecesor, Benedicto XVI, la actual crisis global demuestra que la ética no es algo externo a la economía, sino que es parte integrante e ineludible del pensamiento y de la acción económica. Las medidas de gran alcance para garantizar un marco adecuado de legalidad que guíe todas las acciones económicas, como las medidas coyunturales urgentes para resolver la crisis económica mundial, deben ser guiadas por la ética de la verdad, que comprende, ante todo, el respeto a la verdad del hombre, quien no es un factor económico más, o un bien de descarte, sino que tiene una naturaleza y una dignidad no reducible a simples cálculos económicos. Por ello, la preocupación por el bienestar material y espiritual básico de todo hombre es el punto de partida de toda solución política y económi- El Pontífice a los parlamentarios franceses Más allá de las ideas del momento Proponer, enmendar o también derogar leyes para infundir en ellas ese suplemento necesario de alma; para lograr que no reflejen solamente las ideas del momento. Es el deseo que dirigió el Papa Francisco a una delegación de parlamentarios franceses del grupo de la Amistad Francia y Santa Sede, a quienes recibió en audiencia el 15 de junio en la sala Clementina. Ofrecemos el discurso del Papa. Señor presidente, queridos parlamentarios: Acogiendo vuestra petición me alegra recibiros esta mañana, miembros del Senado y de la Asamblea nacional de la República francesa. Más allá de las diversas sensibilidades políticas que vosotros representáis, vuestra presencia manifiesta la calidad de las relaciones entre vuestro país y la Santa Sede. Este encuentro es para mí la ocasión para destacar las relaciones de confianza que existen generalmente en Francia entre los responsables de la vida pública y los de la Iglesia católica, ya sea a nivel nacional, ya sea a nivel regional o local. El principio de laicidad que gobierna las relaciones entre el Estado francés y las diversas confesiones religiosas, no debe significar en sí una hostilidad a la realidad religiosa, o una exclusión de las religiones del campo social o de los debates que lo animan. Es motivo de alegría el hecho de que la sociedad francesa redescubra propuestas presentadas por la Iglesia, entre otras, que ofrecen una certera visión de la persona y de su dignidad en vista del bien común. La Iglesia desea así ofrecer su propia aportación específica sobre las cuestiones profundas que comprometen una visión más completa de la persona y su destino, de la sociedad y su destino. Esta contribución no se sitúa solamente en el ámbito antropológico o social, sino también en los ámbitos político, económico y cultural. Como elegidos por una nación hacia la cual los ojos del mundo se dirigen a menudo, considero que es vuestro deber contribuir de modo eficaz y constante en el mejora- miento de la vida de vuestros conciudadanos, que conocéis de modo particular a través de los innumerables contactos locales que cultiváis, y que os hacen sensibles a sus necesidades auténticas. Vuestra tarea es ciertamente técnica y jurídica, y consiste en proponer leyes, en enmendarlas o incluso derogarlas. Pero es también necesario infundir en ellas un suplemento, un espíritu, diría un alma, que no refleje solamente las modalidades y las ideas del momento, sino que les confiera la indispensable calidad que eleva y ennoblece a la persona humana. Os formulo, por lo tanto, de la manera más calurosa, mi aliento a proseguir en vuestra misión, buscando siempre el bien de la persona y promoviendo la fraternidad en vuestro bello país. Que Dios os bendiga. ca y la medida última de su eficacia y de su ética. Por otra parte, el fin de la economía y la política es precisamente el servicio a la humanidad, comenzando por los más pobres y débiles, dondequiera que se encuentren, incluso en el seno de su madre. Toda teoría o acción económica y política debe emplearse para suministrar a cada habitante de la tierra ese mínimo de bienestar que consienta vivir con dignidad, en la libertad, con la posibilidad de sostener una familia, educar a los hijos, alabar a Dios y desarrollar las propias capacidades humanas. Esta es la cuestión principal. Sin esta visión, toda la actividad económica no tendría sentido. En esta línea, los diversos y graves desafíos económicos y políticos que afronta el mundo de hoy requieren un cambio valiente de actitudes, que devuelva a la finalidad (la persona humana) y a los medios (la economía y la política) el lugar que les es propio. El dinero y los demás medios políticos y económicos deben servir y no regir, teniendo presente que la solidaridad gratuita y desinteresada es, de modo aparentemente paradójico, la clave del buen funcionamiento económico global. He querido compartir con usted, Primer Ministro, estos pensamientos, con el deseo de contribuir a poner de relieve lo que está implícito en todas las decisiones políticas, pero que a veces se puede olvidar: la importancia primordial de poner a la humanidad, a cada hombre y a cada mujer, en el centro de toda actividad política y económica nacional e internacional, porque el hombre es el recurso más auténtico y profundo de la política y de la economía y, al mismo tiempo, el fin primordial de las mismas. Señor Primer Ministro, con la esperanza de haber ofrecido una útil aportación espiritual a vuestras deliberaciones, formulo férvidos deseos de un fecundo resultado de los trabajos e invoco abundantes bendiciones para la Cumbre de Lough Erne y para todos los participantes, así como para las actividades de la Presidencia británica del G8 durante el año 2013; y aprovecho la ocasión para renovar mis mejores deseos y expresar mis sentimientos de estima. Vaticano, 15 de junio de 2013 FRANCISCO

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número 25, viernes 21 de junio de 2013 L’OSSERVATORE ROMANO página 7 San José en las plegarias eucarísticas VIENE DE LA PÁGINA 1 bre bueno y comprensivo; es decir sencillamente la reciedumbre y solidez de toda su persona que se caracteriza en su identidad más propia, hasta definirle por vivir de la fe, como «el justo vive de la fe»; por confiar plenamente en el Señor, y así ser bendecido enteramente por Dios, como el árbol que crece junto a las aguas del río. El justo es el que camina en la ley del Señor y escucha sus mandatos, el que vive en la total comunión con el querer divino y realiza su verdad, el que permanece firme en la fidelidad inquebrantable de Dios y toma parte en su misma consistencia, que es la de Dios mismo. Para José, como el justo que es probado y acreditado, llega el momento de la prueba, una dura prueba para su fe y fidelidad. Prometido de María, antes de vivir con ella descubre su misteriosa maternidad y queda turbado. El evangelista Mateo subraya, precisamente, que como era justo no quería repudiarla y por lo tanto resolvió despedirla en secreto. En la noche, en sueños, el ángel le hizo comprender que era obra del Espíritu Santo; y José, fiándose de Dios, renunciando a sí mismo y a su criterio, a su manera de ver las cosas y a su proyecto propio, accede y coopera con el plan de la salvación: deja a Dios ser Dios, sin imponerle ningún molde o criterio humano previo, preestablecido por el hombre. Cierto que la intervención divina en su vida no podía menos que turbar su corazón, sumido en la oscuridad de la noche y de la falta de luz en esos momentos. Y es que confiarse en Dios no significa ver todo claro según nuestros criterios, no significa realizar lo que hemos proyectado; confiarse en Dios quiere decir expropiarse, es decir, vaciarse de sí mismos, renunciar a sí mismos, porque sólo quien acepta perderse por Dios puede ser «justo», con la justicia o verdad de Dios, como san José; es decir, puede conformar su propia voluntad y querer con Dios, con su designio, y así vivir y caminar en la verdad y la luz. En la historia, José es el hombre que ha dado a Dios la mayor prueba de fidelidad y de confianza, incluso ante un anuncio tan sorprendente. En él vemos la fe de nuestro padre Abrahán, padre de los creyentes. En José encontramos a un auténtico heredero de la misma fe de Abraham; fe en Dios que guía los acontecimientos de la historia según su misterioso designio salvífico. En verdad, como dice la carta a los Hebreos acerca de Abrahán, también José «creyó contra toda esperanza». Se fió enteramente de Dios. Vemos en esa fe, la misma fe de su esposa María, que dice: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». En esa fe, y por ella precisamente, vemos cómo está unido a su esposa para cumplir la voluntad de Dios, para hacer lo que Dios quiere, para escuchar y obedecer la Palabra de Dios, lo que Dios manda, y así cumplir el designio de Dios: «Dichoso él porque ha escuchado la palabra de Dios», la ha acogido, y la ha obedecido, sin ninguna certeza humana, solamente fiado de lo que el mensajero le ha trasmitido. Como el mismo Jesús, hecho hombre en el seno de María por obra del Espíritu Santo: «Me has dado Señor un cuerpo, aquí estoy, oh Dios, para cumplir tu voluntad». Esta grandeza de José, que es la grandeza de la fe, como la de María, resalta aún más, porque cumplió su misión de forma humilde y oculta en la casa de Nazaret. Por lo demás, Dios mismo, en la Persona de su Hijo encarnado, eligió este camino y este estilo —el de la humildad y el del ocultamiento— en su existencia terrena. Es José, como lo dibujaba el beato Juan Pablo II, el hombre del silencio, del «silencio de Nazaret». Es el estilo que le caracteriza en toda su existencia: como en la noche del nacimiento de Jesús, como escuchando al anciano Simeón, o cuando Jesús es hallado en el templo y recuerda a sus padres que tenía que ocuparse de las cosas de su Padre, porque sólo Dios es nuestro Padre y «toda paternidad viene de Dios». Podemos considerar a san José, bendito y dichoso, porque él fue el primero al que se le confió directamente el misterio de la encarnación, el cumplimiento de las promesas de Dios, del Dios con nosotros, Enmanuel. Y, como María, guardó este secreto escondido a los siglos y revelado en la plenitud de los tiempos. Guardó en su corazón y lo custodió: porque el «secreto» era el Hijo de María, a quien él habría de poner el nombre de Jesús, el «Salvador» de todos los hombres, Mesías y Señor. A José el Padre celestial ha encomendado el cuidado diario de su hijo, en la tierra, un cuidado realizado en la obediencia, la humildad y en el silencio. A él le cupo el honor y la gloria de criar a Jesús, esto es de alimentar y enseñar a Jesús, de conducirle por los caminos de la vida para aprender a ser hombre, para aprender a trabajar como hombre, amar como hombre con corazón de hombre, a insertarse en una historia y una tradición concreta, aquella del Pueblo de Dios elegido y amado, educarle como hombre, e incluso, educarle en la plegaria de aquel pueblo a rezar como hombre. ¡Qué maravilla el que el Hijo de Dios se sometiese así a José y aprendiese a obedecer y a caminar en la vida del hombre junto a José! ¡Qué bien refleja todo esto aquel maravilloso cuadro de El Greco en la sacristía de la catedral de Toledo, a decir de los especialistas una de las pinturas más bellas y mejores del pintor toledano de adopción!: Jesús, niño, es conducido lleno de gozo por José, que le mira atentamente con una mirada de ternura y de fe incomparables, caminando con él, de la mano de él, con esos ojos puestos en Jesús y en el horizonte o mejor en el cielo, recorriendo los caminos de la vida con José. ¿Cómo no dar gracias a Dios por esta maravilla que Dios ha realizado en medio de los hombres: José, el justo, esposo de la Virgen María, el carpintero de Nazaret con el que identificaban a Jesús como hijo para despreciarle por su humilde condición, pero tan grande a los ojos de Dios que le confió la custodia de su Hijo y de su Madre, y ahora le sigue confiando la protección y sostén de la Iglesia, que tiene en María, su imagen y su madre? ¿Cómo no insertar la mención de su nombre, jun- to a su Esposa, la Virgen madre de Dios, María, en las plegarias eucarísticas si ocupa un lugar tan singular en la historia de la salvación, en la plenitud de esta historia, en la obra redentora de Jesús, el Salvador, nacido de María Virgen por obra del Espíritu Santo? ¿Cómo no tenerle presente cada vez que celebramos el memorial del Misterio Pascual, en la Eucaristía, que hace a la Iglesia, estando tan asociado a lo que es la Iglesia, y la guarda, como protector universal suyo? Que esta inserción del nombre de San José nos ayude a todos a seguir sus pasos, su fe, su fidelidad y la prontitud en el cumplimiento silencioso de la misión que la Iglesia nos confía a cada uno, para servir a Jesús, en quien está la salvación del mundo entero, y servirle como él, su gran siervo y servidor, le sirvió: con todo su ser, con todo su corazón. Traducción del original en latín Decreto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos En el paterno cuidado de Jesús, Francisco ha confirmado, conside- que San José de Nazaret desempe- rando la plenitud de la comunión ñó, colocado como cabeza de la de los santos que, habiendo pere- Familia del Señor, respondió gene- grinado un tiempo a nuestro lado, rosamente a la gracia, cumpliendo en el mundo, nos conducen a Cris- la misión recibida en la economía to y nos unen a Él. de la salvación y, uniéndose plena- Por lo tanto, teniendo en cuenta mente a los comienzos de los mis- todo esto, la Congregación para el terios de la salvación humana, se Culto Divino y la Disciplina de los ha convertido en modelo ejemplar Sacramentos, en virtud de las fa- de la entrega humilde llevada a la cultades concedidas por el Sumo perfección en la vida cristiana, y Pontífice Francisco, gustosamente testimonio de las virtudes corrien- decreta que el nombre de San José, tes, sencillas y humanas, necesarias Esposo de la Bienaventurada Vir- para que los hombres sean hones- gen María, se añada de ahora en tos y verdaderos seguidores de adelante en las Plegarias Eucarísti- Cristo. Por ellas, este hombre Jus- cas II, III y IV de la tercera edición to, que ha cuidado amorosamente típica del Misal Romano, colocán- de la Madre de Dios y se ha dedi- dose después del nombre de la Bie- cado con alegría a la educación de naventurada Virgen María, como Jesucristo, se ha convertido en el sigue: custodio del tesoro más precioso — en la Plegaria eucarística II: de Dios Padre, y ha sido constante- «ut cum beáta Dei Genetríce Vírgi- mente venerado por el pueblo de ne María, beáto Ioseph, eius Spon- Dios, a lo largo de los siglos, como so, cum beátis Apóstolis»; — en la Plegaria eucarísti- Las nuevas fórmulas ca III: «cum beatíssima Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA II: «con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y...»; Sponso, cum beátis Apóstolis»; — en la Plegaria eucarística IV: «cum beáta Vírgine, EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA III: «con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires...»; Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis». Por lo que se refiere a los textos redactados en lengua EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA IV: «con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos...». latina, se deben utilizar las fórmulas que ahora se declaran típicas. La misma Congregación se ocupará de proveer, a continuación, la traducción en las lenguas protector del cuerpo místico, que occidentales de mayor difusión; la es la Iglesia. redacción en otras lenguas deberá En la Iglesia católica, los fieles ser preparada, conforme a las nor- han manifestado siempre una devo- mas del derecho, por la correspon- ción ininterrumpida hacia San José diente Conferencia de Obispos y y han honrado de manera constan- confirmada por la Sede Apostólica, te y solemne la memoria del castísi- a través de este Dicasterio. mo Esposo de la Madre de Dios, No obstante cualquier cosa en Patrono celestial de toda la Iglesia, contrario. hasta tal punto que el ya Beato Dado en la Congregación para Juan XXIII, durante el Sagrado el Culto Divino y la Disciplina de Concilio Ecuménico Vaticano II, los Sacramentos, el día 1 de mayo decretó que se añadiera su nombre del 2013, memoria de San José en el antiquísimo Canon Romano. Obrero. El Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que Antonio Card. Cañizares Llovera PREFECTO han llegado desde muchos lugares Arturo Roche y que ahora, el Sumo Pontífice ARZOBISPO SECRETARIO

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 21 de junio de 2013, número 25 En la audiencia general del 19 de junio el Papa habla de la unidad de la Iglesia Libres de divisiones y personalismos Queridos hermanos y hermanas, entender este profundo vínculo Igle- en los Sacramentos. ¡buenos días! sia-Cristo, que san Pablo desarrolló Y aquí llego a un segundo aspecto Hoy me detengo en otra expresión con la que el Concilio Vaticano II indica la naturaleza de la Iglesia: la del cuerpo. El Concilio dice que la Iglesia es Cuerpo de Cristo (cf. Lumen de modo particular en la Primera Carta a los Corintios (cf. cap. 12). Ante todo el cuerpo nos remite a una realidad viva. La Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. San Pablo afirma que igual que los miembros del cuerpo humano, aun distintos y numerosos, forman un solo cuerpo, así todos nosotros hemos gentium, 7). Desearía partir de un política, sino que es un cuerpo vi- sido bautizados mediante un solo Es- texto de los Hechos de los Apóstoles viente, que camina y actúa en la his- píritu en un mismo cuerpo (cf. 1 Co que conocemos bien: la conversión toria. Y este cuerpo tiene una de Saulo, que se llamará después Pa- cabeza, Jesús, que lo guía, lo blo, uno de los mayores evangeliza- nutre y lo sostiene. Este es dores (cf. Hch 9, 4-5). Saulo es un perseguidor de los cristianos, pero mientras está recorriendo el camino que lleva a la ciudad de Damasco, de improviso una luz le envuelve, cae a tierra y oye una voz que le dice: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Él pregunta: «¿Quién eres, Señor?»; y la voz responde: «Soy Jesús, a quien tú persigues» (v. 3-5). Esta experiencia de san Pablo nos dice cuán profunda es la unión entre nosotros, cristianos, y Cristo mismo. Cuando Jesús subió al cielo no nos dejó huérfanos, sino que, con el don un punto que desearía subrayar: si se separa la cabeza del resto del cuerpo, la persona entera no puede sobrevivir. Así es en la Iglesia: debemos permanecer unidos de manera cada vez más intensa a Jesús. Pero no sólo esto: igual que en un cuerpo es importante que circule la linfa vital para que viva, así debemos permitir que Jesús actúe en nosotros, que su Palabra nos guíe, que su presencia eucarística 12, 12-13). En la Iglesia, por lo tanto, del Espíritu Santo, la unión con Él nos nutra, nos anime, que su amor existe una variedad, una diversidad se hizo todavía más intensa. El Con- dé fuerza a nuestro amar al prójimo. de tareas y de funciones; no existe la cilio Vaticano II afirma que Jesús, «a ¡Y esto siempre! ¡Siempre, siempre! uniformidad plana, sino la riqueza de sus hermanos, congregados de entre Queridos hermanos y hermanas, per- los dones que distribuye el Espíritu todos los pueblos, los constituyó manezcamos unidos a Jesús, fiémo- Santo. Pero existe la comunión y la místicamente su cuerpo, comunicán- nos de Él, orientemos nuestra vida unidad: todos están en relación, unos doles su espíritu» (Const. dogm. Lu- según su Evangelio, alimentémonos con otros, y todos concurren a formar men gentium, 7). con la oración diaria, la escucha de un único cuerpo vital, profundamen- La imagen del cuerpo nos ayuda a la Palabra de Dios, la participación te unido a Cristo. Recordémoslo bien: ser parte de la Iglesia quiere decir estar Llamamientos del Santo Padre al finalizar la audiencia unidos a Cristo y recibir de Él la vida divina que Acogida a los refugiados y defensa de la vida nos hace vivir como cristianos, quiere decir permanecer unidos al Mañana se celebra la Jornada mundial del refugiado. Este año estamos invitados a considerar especialmente la situación de las familias refugiadas, obligadas frecuentemente a dejar aprisa su casa y su patria y a perder todo bien y seguridad para huir de violencias, persecuciones o graves discriminaciones por razón de la religión profesada, de la pertenencia a un grupo étnico, de sus ideas políticas. Además de los peligros del viaje, a menudo estas familias se encuentran en riesgo de disgregación y en el país que las acoge deben confrontarse con culturas y abriéndonos a la comprensión y a la hospitalidad. Que no falten en todo el mundo personas e instituciones que les asistan: ¡en su rostro está impreso el rostro de Cristo! El domingo pasado, en el Año de la fe, celebramos a Dios que es vida y fuente de la vida, Cristo que nos da la vida divina, el Espíritu Santo que nos mantiene en la relación vital de verdaderos hijos de Dios. A todos desearía hacer de nuevo la invitación a acoger y testimoniar el «Evangelio de la vida», a promover y de- Papa y a los obispos que son instrumentos de unidad y de comunión, y quiere decir también aprender a superar personalismos y divisiones, a comprenderse más, a armonizar las variedades y las riquezas de cada uno; en una palabra, a querer más a Dios y a las personas que tenemos al lado, en la familia, la parroquia, las asociaciones. ¡Cuerpo y sociedades distintas de la propia. No po- fender la vida en todas sus dimensiones y miembros deben estar demos ser insensibles con las familias y en todas sus fases. El cristiano es aquel unidos para vivir! La todos nuestros hermanos y hermanas re- que dice «sí» a la vida, que dice «sí» a unidad es superior a los fugiados: estamos llamados a ayudarles, Dios, el Viviente. conflictos, ¡siempre! Los conflictos, si no se resuelven bien, nos separan entre nosotros, nos separan de Dios. El conflicto puede ayudarnos a crecer, pero también puede dividirnos. ¡No vayamos por el camino de las divisiones, de las luchas entre nosotros! Todos unidos, todos unidos con nuestras diferencias, pero unidos, siempre: este es el camino de Jesús. La unidad es superior a los conflictos. La unidad es una gracia que debemos pedir al Señor para que nos libre de las tentaciones de la división, de las luchas entre nosotros, de los egoísmos, de la locuacidad. ¡Cuánto daño hacen las habladurías, cuánto daño! ¡Jamás chismorrear de los demás, jamás! ¡Cuánto daño acarrean a la Iglesia las divisiones entre cristianos, tomar partidos, los intereses mezquinos! Las divisiones entre nosotros, pero también las divisiones entre las comunidades: cristianos evangélicos, cristianos ortodoxos, cristianos católicos, ¿pero por qué divididos? Debemos buscar llevar la unidad. Os cuento algo: hoy, antes de salir de casa, estuve cuarenta minutos, más o menos, media hora, con un pastor evangélico y rezamos juntos, y buscamos la unidad. Pero tenemos que rezar entre nosotros, católicos, y también con los demás cristianos, rezar para que el Señor nos dé la unidad, la unidad entre nosotros. ¿Pero cómo tendremos la unidad entre los cristianos si no somos capaces de tenerla entre nosotros, católicos; de tenerla en la familia? ¡Cuántas familias se pelean y se dividen! Buscad la unidad, la unidad que hace la Iglesia. La unidad viene de Jesucristo. Él nos envía el Espíritu Santo para hacer la unidad. Queridos hermanos y hermanas, pidamos a Dios: ayúdanos a ser miembros del Cuerpo de la Iglesia siempre profundamente unidos a Cristo; ayúdanos a no hacer sufrir al Cuerpo de la Iglesia con nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos; ayúdanos a ser miembros vivos unidos unos con otros por una única fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5, 5). 50 años de la elección de Pablo VI El 21 de junio de 1963 el cardenal Giovanni Battista Montini fue elegido Papa. Tomó el nombre de Pablo VI. El purpurado, de casi 66 años, era desde hacía más de ocho arzobispo de Milán y había servido a la Santa Sede en la Secretaría de Estado bajo Pío XI y Pío XII durante tres décadas. El Papa Montini sucedía a Juan XXIII, el Pontífice que le quiso como primero de sus cardenales pocas semanas antes de anunciar la convocatoria del Concilio Vaticano II. Por norma de Derecho canónico el Concilio se había suspendido, pero el nuevo Papa inmediatamente lo volvió a convocar para el siguiente otoño, guiándolo con equilibrio firme y prudente hasta la conclusión, y después llevando adelante con tenacidad su primera aplicación. Empezaban así quince años apasionantes y dramáticos, que el propio Pablo VI recorrió cuando celebró por última vez la fiesta de los santos Pedro y Pablo. Para recordar a Montini «L'Osservatore Romano» ha realizado un especial de cien páginas a color, con fotografías e imágenes infrecuentes, un perfil biográfico, algunos de sus textos y un inédito del cardenal Joseph Ratzinger. La revista, en italiano, está a disposición de los lectores desde el 21 de junio, al precio de 5 euros más los gastos de envío (info@ossrom.va). Tuits del Papa en @Pontifex_es 16 JUN [12.15 PM] Que la Iglesia sea siempre lugar de misericordia y esperanza, donde cada uno se sienta acogido, amado y perdonado 17 JUN [10.17 AM] ¿Estamos enojados con alguien? Recemos por esa persona. Esto es amor cristiano 19 JUN [12.19 PM] El cristiano está siempre dispuesto a anunciar el Evangelio, porque no puede guardar para sí mismo el gozo de conocer a Cristo

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