Osservatore Romano 2346

 

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLVI, número 1 (2.346) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 3 de enero de 2014 La palabra clave en la primera celebración navideña del Papa Francisco Unidos para construir la paz Estar unidos para construir la paz. Parece ser la palabra clave de la Navidad de 2013. En la misa de la vigilia el Papa Francisco renovó la invitación a caminar juntos para iluminar con la luz de Dios el futuro de la humanidad. Pero caminar juntos, precisó, no quiere decir transformarse en un pueblo errante: significa más bien ir al encuentro de Jesús, dijo, a fin de que Él nos conduzca a la tierra prometida. También con ocasión de su primer mensaje «urbi et orbi» —asomándose, es la tercera vez, desde el balcón de las bendiciones con la sencillez de su sotana blanca— pronunció palabras fuertes y recordó a todos que la paz no es un equilibrio entre «fuerzas opuestas» ni «pura “fachada”, que esconde luchas y divisiones». La paz es un compromiso de todos los días, que para construirla es necesario el trabajo de todos los hombres unidos en una obra de fina artesanía. No por casualidad afirmó que «la paz es artesanal», precisamente porque debe ser forjada casi con las manos desnudas. Manos, repitió, caldeadas «por la ternura de Dios». Y es necesario buscar las manos de Dios, sus caricias que «no producen heridas» sino que dan precisamente «paz y fuerza». Así, el Papa Francisco releyó algunas de entre las páginas más tristes del año, antes de invocar sobre la Ciudad y el mundo el don de la paz. Una paz, dijo, que debe ser fruto del compromiso común de todos los hombres, sin distinción alguna. Y hablando de la construcción de la paz, el Pontífice afirmó, en la 47ª Jornada mundial, Misa de la noche de Navidad en la basílica vaticana El misterio del caminar y del ver PÁGINA 8 que «se comienza en casa y luego se sigue adelante, a toda la humanidad», porque «la paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor». Visita al belén de la plaza La homilía en el Te Deum de acción de gracias el 31 de diciembre La respuesta que damos a Dios PÁGINA 3 El martes 31 de diciembre, al término de las primeras Vísperas de la Santa Madre de Dios el Papa visitó el belén de la plaza de San Pedro. Audiencia a la Curia romana con ocasión de la felicitación navideña Cómo se trabaja en la Curia PÁGINA 7

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 En el Ángelus del 29 el Papa recuerda que José, María y Jesús experimentaron la dramática condición de los inmigrantes Con los refugiados y los exiliados del mundo José, María y Jesús experimentaron «la condición dramática de los refugiados, marcada por miedo, incertidumbre, incomodidades». Lo dijo el Papa Francisco en el Ángelus del domingo 29 de diciembre en la plaza de San Pedro, recordando que aún hoy son millones las familias «que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna». Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este primer domingo después de Navidad, la Liturgia nos invita a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. En efecto, cada belén nos muestra a Jesús junto a la Virgen y a san José, en la cueva de Belén. Dios quiso nacer en una familia humana, quiso tener una madre y un padre, como nosotros. Y hoy el Evangelio nos presenta a la Sagrada Familia por el camino doloroso del destierro, en busca de refugio en Egipto. José, María y Jesús experimentan la condición dramática de los refugiados, marcada por miedo, incertidumbre, incomodidades (cf. Mt 2, 13-15.19-23). Lamentablemente, en nuestros días, millones de familias pueden reconocerse en esta triste realidad. Casi cada día la televisión y los periódicos dan noticias de refugiados que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias. En tierras lejanas, incluso cuando encuentran trabajo, no siempre los refugiados y los inmigrantes encuentran auténtica acogida, respeto, aprecio por los valores que llevan consigo. Sus legítimas expectativas chocan con situaciones complejas y dificultades que a veces parecen insuperables. Por ello, mientras fijamos la mirada en la Sagrada Familia de Nazaret en el momento en que se ve obligada a huir, pensemos en el drama de los inmigrantes y refugiados que son víctimas del rechazo y de la explotación, que son víctimas de la trata de personas y del trabajo esclavo. Pero pensemos también en los demás «exiliados»: yo les llamaría «exiliados ocultos», esos exiliados que pueden encontrarse en el seno de las familias mismas: los ancianos, por ejemplo, que a veces son tratados como presencias que estorban. Muchas veces pienso que un signo para saber cómo va una familia es ver cómo se tratan en ella a los niños y a los ancianos. Jesús quiso pertenecer a una familia que experimentó estas dificultades, para que nadie se sienta excluido de la cercanía amorosa de Dios. La huida a Egipto causada por las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre está en peligro, allí donde el hombre sufre, allí donde huye, donde experimenta el rechazo y el abandono; pero Dios está también allí donde el hombre sueña, espera volver a su patria en libertad, proyecta y elige en favor de la vida y la dignidad suya y de sus familiares. Hoy, nuestra mirada a la Sagrada Familia se deja atraer también por la sencillez de la vida que ella lleva en Nazaret. Es un ejemplo que hace mucho bien a nuestras familias, les ayuda a convertirse cada vez más en una comunidad de amor y de reconciliación, donde se experimenta la ternura, la ayuda mutua y el perdón recíproco. Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: permiso, gracias, perdón. Cuando en una familia no se es entrometido y se pide «permiso», cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir «gracias», y cuando en una familia uno se da cuenta que hizo algo malo y sabe pedir «perdón», en esa familia hay paz y hay alegría. Recordemos estas tres palabras. Pero las podemos repetir todos juntos: permiso, gracias, perdón. (Todos: permiso, gracias, perdón) Desearía alentar también a las familias a tomar conciencia de la importancia que tienen en la Iglesia y en la sociedad. El anuncio del Evangelio, en efecto, pasa ante todo a través de las familias, para llegar luego a los diversos ámbitos de la vida cotidiana. Invoquemos con fervor a María santísima, la Madre de Jesús y Madre nuestra, y a san José, su esposo. Pidámosle a ellos que iluminen, conforten y guíen a cada familia del mundo, para que puedan realizar con dignidad y serenidad la misión que Dios les ha confiado. Al término del Ángelus el Pontífice invitó a rezar por las familias de todo el mundo. Queridos hermanos y hermanas: El próximo Consistorio y el próximo Sínodo de los obispos afrontarán el tema de la familia, y la fase preparatoria ya comenzó hace tiempo. Por ello hoy, fiesta de la Sagrada Familia, deseo encomendar a Jesús, María y José este trabajo sinodal, rezando por las familias de todo el mundo. Os invito a uniros espiritualmente a mí en la oración que recito ahora. SIGUE EN LA PÁGINA 3 En la plaza de San Pedro La oración a la Sagrada Familia Publicamos a continuación el texto de la oración por la familia compuesta por el Papa Francisco y recitada al término del Ángelus en la plaza de San Pedro, en conexión con Nazaret, Barcelona, Loreto y otras ciudades. Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos. Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas. Santa Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado. Santa Familia de Nazaret, que el próximo Sínodo de los obispos haga tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios. Jesús, María y José, escuchad, acoged nuestra súplica. Amén En el día de la fiesta La basílica de la Anunciación en Nazaret, la Santa Casa de Loreto, el templo de la Sagrada Familia en Barcelona, pero también la gran Plaza de Colón en Madrid (en la foto) y otras ciudades: cientos de miles de fieles se reunieron en estos sitios para unirse al Papa Francisco en la fiesta de la Sagrada Familia. En video conexión con la plaza de San Pedro, participaron en el Ángelus que el Obispo de Roma rezó al mediodía el domingo 29 de diciembre. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt 00120 Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va http://www.osservatoreromano.va TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE «L’OSSERVATORE ROMANO» GIOVANNI MARIA VIAN director Carlo Di Cicco subdirector Marta Lago redactor jefe de la edición don Sergio Pellini S.D.B. director general Redacción via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano teléfono 39 06 698 99410 Servicio fotográfico photo@ossrom.va Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A System Comunicazione Pubblicitaria Via Monte Rosa 91, 20149 Milano segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 5594 11 25, + 52 55 5518 40 99; e-mail: losservatore@prodigy.net.mx, or.mexico@ossrom.va. En Argentina: Arzobispado de Mercedes-Luján; calle 24, 735, 6600 Mercedes (B), Argentina; teléfono y fax + 2324 428 102/432 412; e-mail: osservatoreargentina@yahoo.com. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 La homilía del Santo Padre en el Te Deum de acción de gracias el 31 de diciembre La respuesta que damos a Dios «Cada momento de nuestra vida no es provisional, es definitivo, y cada una de nuestras acciones está llena de eternidad», y «la respuesta que damos hoy a Dios que nos ama en Jesucristo, incide en nuestro futuro». Lo dijo el Papa Francisco al presidir las primeras Vísperas de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el canto del Te Deum de fin de año y la adoración y bendición eucarística, en la basílica vaticana, el martes 31 de diciembre, por la tarde. Después del padrenuestro se expuso el Santísimo Sacramento en el altar de la Confesión. El Papa Francisco se detuvo durante algunos minutos de rodillas en adoración, y tras el tradicional Te Deum, impartió la bendición eucarística. Estuvieron también presentes representantes de la administración civil, encabezados por el alcalde Marino. Al término de la liturgia el Papa rindió homenaje a la estatua de san Pedro ubicada en la basílica vaticana. Como conclusión, el Pontífice rezó algunos minutos ante el belén de la plaza de San Pedro, donde le acogieron el cardenal Bertello, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el obispo secretario general Vérgez Alzaga y don García de la Serrana Villalobos, director de los Servicios técnicos. El apóstol Juan define el tiempo presente de modo preciso: «Es la última hora» (1 Jn 2, 18). Esta afirmación —que se hace presente en la misa del 31 de diciembre— significa que con la venida de Dios en la historia estamos ya en los tiempos «últimos», después de los cuales el paso final será la segunda y definitiva venida de Cristo. Naturalmente, aquí se habla de la calidad del tiempo, no de la cantidad. Con Jesús vino la «plenitud» del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación. Y ya no habrá otra nueva revelación, sino la manifestación plena de lo que Jesús ya ha revelado. En este sentido estamos en la «última hora»; cada momento de nuestra vida no es provisional, es definitivo, y cada una de nuestras acciones está llena de eternidad; en efecto, la respuesta que damos hoy a Dios que nos ama en Jesucristo, incide en nuestro futuro. La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino lineal: es un camino que va hacia una realización. Un año que pasó, por lo tanto, no nos conduce a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un ulterior paso hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y una meta de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra leticia. Mientras llega al término el año 2013, recojamos, como en una cesta, los días, las semanas, los meses que hemos vivido, para ofrecer todo al Señor. Y preguntémonos valientemente: ¿cómo hemos vivido el tiempo que Él nos dio? ¿Lo hemos usado sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido usarlo también para los demás? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para estar con Dios, en la oración, en el silencio, en la adoración? Y luego pensemos, nosotros, ciudadanos romanos, pensemos en esta ciudad de Roma. ¿Qué ha sucedido este año? ¿Qué está sucediendo, y qué sucederá? ¿Cómo es la calidad de vida en esta ciudad? Depende de todos nosotros. ¿Cómo es la calidad de nuestra «ciudadanía»? Este año ¿hemos contribuido, en nuestro «poco», a hacerla habitable, ordenada, acogedora? En efecto, el rostro de una ciudad es como un mosaico cuyas teselas son todos aquellos que habitan en ella. Cierto, quien tiene un cargo de autoridad tiene mayor responsabilidad, pero cada uno de nosotros es corresponsable, en el bien y en el mal. Roma es una ciudad de una belleza única. Su patrimonio espiritual y cultural es extraordinario. Sin embargo, también en Roma hay muchas personas marcadas por miserias materiales y morales, personas pobres, infelices, que sufren, que interpelan la conciencia de cada ciudadano. En Roma tal vez sentimos más fuerte este contraste entre al ambiente majestuoso y lleno de belleza artística, y el malestar social de quien tiene mayor dificultad. Roma es una ciudad llena de turistas, pero también llena de refugiados. Roma está llena de gente que trabaja, pero también de personas que no encuentran trabajo o hacen trabajos mal pagados y a veces indignos; y todos tienen derecho a ser tratados con la misma actitud de acogida y equidad, porque cada uno es portador de dignidad humana. Es el último día del año. ¿Qué haremos, cómo obraremos en el próximo año, para hacer un poco mejor nuestra ciudad? La Roma del año nuevo tendrá un rostro aún más her- Con los refugiados y exiliados VIENE DE LA PÁGINA 2 Tras recitar la oración por la familia compuesta por él mismo (publicamos el texto en la página 2) el Papa Francisco saludó a los fieles en conexión directa con la plaza de San Pedro desde diversas ciudades del mundo por la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. Dirijo un saludo especial a los fieles que están conectados con nosotros desde Nazaret, Basílica de la Anunciación, donde ha ido el secretario general del Sínodo de los obispos; desde Barcelona, Basílica de la Sagrada Familia, donde ha ido el presidente del Consejo pontificio para la familia; y desde Loreto, Basílica Santuario de la Santa Casa. Y lo extiendo a quienes se han reunido en diversas partes del mundo para otras celebraciones donde son protagonistas las familias, como en Madrid. Por último, saludo con afecto a todos los peregrinos aquí presentes, especialmente a las familias. Sé que están las de la comunidad de los rumanos de Roma. A todos vosotros deseo una hermosa fiesta de la Sagrada Familia, un hermoso y feliz domingo, y buen almuerzo. ¡Hasta la vista! moso si logra ser un poco más rica en humanidad, hospitalaria, acogedora; si todos nosotros somos atentos y generosos hacia quien está en dificultad; si sabemos colaborar con espíritu constructivo y solidario, por el bien de todos. La Roma del año nuevo será mejor si no hay personas que miran «desde lejos», en una postal, que miran su vida sólo «desde el balcón», sin implicarse en tantos problemas humanos, problemas de hombres y mujeres que, al final... y desde el principio, lo queramos o no, son nuestros hermanos. En esta perspectiva, la Iglesia de Roma se siente comprometida en dar su propia aportación a la vida y al futuro de la Ciudad —¡es su deber!—, se siente comprometida a animarla con la levadura del Evangelio, a ser signo e instrumento de la misericordia de Dios. Esta tarde concluimos el Año del Señor 2013 agradeciendo y también pidiendo perdón. Las dos cosas juntas: agradecer y pedir perdón. Agradecemos todos los beneficios que Dios nos ha dado, y, sobre todo, su paciencia y su fidelidad, que se manifiestan en la sucesión de los tiempos, pero de modo singular en la plenitud del tiempo, cuando «envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4, 4). Que la Madre de Dios, en cuyo nombre iniciaremos mañana el nuevo tramo de nuestra peregrinación terrena, nos enseñe a acoger el Dios hecho hombre, para que cada año, cada mes, cada día esté lleno de su eterno Amor. Así sea.

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 En un inédito de Jorge Mario Bergoglio Historia de una vocación En diversas ocasiones el Papa Francisco ha hablado con eficacia de la importancia del bautismo, preguntando a los fieles si recuerdan la fecha de cuándo se hicieron cristianos. Y en Jorge Mario Bergoglio la memoria de quien lo bautizó el 25 de diciembre de 1936 —el salesiano de origen italiano Enrique Pozzoli— está siempre viva, muy vinculada a la historia de su vocación. Entregada en seis densas páginas escritas personalmente a máquina el 20 de octubre de 1990, la conmemoración fue escrita en Córdoba por el jesuita para cumplir una promesa hecha al salesiano Cayetano Bruno, el historiador de la Iglesia en Argentina. Era el vigésimo noveno aniversario de la muerte de Pozzoli y esa mañana, tras celebrar la misa por él, el padre Bergo- glio se puso a escribir sin interrupción una larga carta. A ésta siguió inmediatamente después, para el mismo destinatario, otra carta de cinco páginas escrita tambiénd a máquina, con algunos de los «recuerdos salesianos». En el aniversario del bautismo del Papa, publicamos la primera «relación» dedicada al religioso, en quien se unían «las imágenes del misionero, del confesor, del relojero y del fotógrafo» y cuya historia se entrelaza, más de una vez de modo decisivo, con la de la familia Bergoglio. Y de muchos otros. El texto se conserva en el archivo histórico salesiano de Buenos Aires. Publicamos a continuación la transcripción de la mayor parte del texto. (g.m.v.) 2. El P. Pozzoli estaba muy ligado a la familia Sívori, la familia de mamá, que vivía en Quintino Bocayuva 556. Los hermanos de mamá, sobre todo el mayor, Vicente, le era muy fami- liar (él también tenía el hobby de la fotografía). Los hermanos de mamá también actuaban en los Círculos ca- tólicos de obreros (creo que en la ca- lle Belgrano). Papá llegó de Italia el 25 de enero de 1929. Era piamontés (nacido en Asti) y había vivido en Turín la mayor parte del tiempo (en vía Garibaldi y Corso Valdocco). La cercanía con la iglesia salesiana hizo que frecuentara a los Padres de allá, de tal modo que cuando vino —ya era Raggionere— ya era de la «fami- glia salesiana». Llegaron en el Giulio Cesare, pero debían haber viajado en una travesía anterior: con el Principessa Mafalda, que se fue a pi- se hospedó con los Salesianos en la Calle Solís, y fue desde allí donde conoció al P. Pozzoli quien inmedia- segundo nombre era Lorenzo) enferma de leucemia y linfosarcoma. Lo atiende el Dr. Ivanisevich (quien que. Usted no se imagina cuántas tamente (1929) pasó a ser su confe- fuera luego Ministro de Educación), veces agradecí a la divina Providen- sor. Integró el grupo de muchachos y muere. Ambas cosas —la recesión y cia! Papá trabajaba en la Banca de que rodeaban al P. Pozzoli, donde Italia en Turín y Asti. La abuela, do- conoció a los hermanos de mamá... y por ellos a mamá, Uno no sabía dónde quería llegar... con la que se casó el 12 de diciembre de pero él sí: y generalmente no quería llegar a 1935 en San Carlos. un punto donde se le reconociera que Papá contaba muchas anécdotas del P. Poz- “había ganado”. Cuando “olía” que ya zoli y de otros pa- lograba lo que quería, se retiraba antes de que los otros se dieran cuenta dres: recuerdo que contaba algunas del P. Carlos Scandro- glio, cuando lo acom- pañaba a atender a ña Rosa Margarita Vassallo de Ber- moribundos. Papá se llamaba Mario goglio (la mujer que tuvo mayor in- José Francisco, y mi abuelo Juan flujo en mi vida) trabajaba en la na- Ángel. ciente Acción católica: daba confe- 3. Vino la Recesión Económica. El rencias por todas partes (hasta hace presidente de la Empresa en Paraná, poco yo tenía una, publicada en un hermano de mi abuelo, (se llamaba folletito, que había dado en S. Seve- Juan —igual que mi abuelo pero el Don Enrico Pozzoli ro (?) de Asti sobre el tema: «San José en la vida de la soltera, la viuda y la casada»). Parece que mi abuela decía cosas que no caían bien a la política de entonces... Una vez le Los protagonistas clausuraron el salón donde debía hablar, y entonces lo hizo en la calle, subida arriba de una mesa. Conocía al Beato Pier Giorgio Frasatti, y trabajaba conjuntamente con la Prof. Prospera Gianasso (que tuvo bastante influjo en la A.C. Italiana). Pero no creo que la situación política haya sido el detonante para la migración a la Argentina (tampoco tuvo que tomar aceite de ricino). Un hermano de mi abuelo ya estaba radicado en Paraná y le iba bien con la empresa. Vinieron a sumarse a esa Nacido en Senna Lodigiana, en las orillas del Po, el 29 de noviembre de 1880, Enrico Pozzoli fue enviado a Buenos Aires en 1906, tres años después de la ordenación sacerdotal. Fue un viaje en sentido único: don Pozzoli permaneció en la capital argentina hasta su muerte, acaecida el 20 de octubre de 1961. También él salesiano, Cayetano Bruno (19122003) fue el más grande historiador de la Iglesia en Argentina. «Deseo con todo el corazón —escribe Bergoglio, ya cardenal, al salesiano José Mario Repovz, el 14 de julio de 2003— que su ejemplo de vida apostólica y su fidelidad religiosa sean para todos nosotros un edificante modelo a imitar. En especial me une al amado padre Bruno un fraterno y grato afecto, ya que fue mi padrino de ordenación episcopal y testigo de la presentación de la bula de nombramiento como arzobispo coadjutor de esta arquidiócesis, ante el Colegio de consultores. Él me honró con su empresa pavimentadora, empresa de preciosa amistad y está aún vivo en mí el recuerdo de nuestras largas familia en la que trabajaban 4 de los conversaciones cuando vivía en la comunidad de la editora. Se ha de 5 varones Bergoglio. Papá era único destacar también el reconocimiento que debemos a este insigne e ilustre hijo y pasó a trabajar como contador miembro de la Familia Salesiana por su grandiosa aportación a la histo- en la empresa, y se movía en la ciu- ria de la Iglesia en Argentina, desarrollado a lo largo de muchos años dad de Paraná, Santa Fe y Buenos de exhaustiva investigación unida a una singular y sencilla piedad. El Aires. Cuando llegó a Buenos Aires padre Furlong, S.J., decía que él era “Don Bosco resucitado”». la muerte de Juan Lorenzo— fundieron la empresa. Tuvieron que vender todo, hasta la Bóveda del cementerio (todavía se conserva en Paraná el «Palacio Bergoglio» de 4 pisos, donde vivían los cuatro hermanos), y mis abuelos y papá quedaron en la calle. Menciono este acontecimiento porque fue el P. Pozzoli quien los presentó a una persona quien les facilitó en préstamo 2.000.-- pesos, con los cuales mis abuelos compraron un almacén en el barrio de Flores... y papá —que había sido el Raggionere en la Banca de Italia y el contador de la empresa— hacía el reparto con la canasta. Esto muestra la preocupación del P. Pozzoli por «sus» muchachos, cuando pasaban por alguna mala situación. 4. Recuerdo la intervención del P. Pozzoli cuando, a fines del año 1948, ayuda con sus gestiones para que yo y mi hermano segundo pudiéramos ingresar —en 1949— como internos, en el colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles en Ramos Mejía. Yo hice mi sexto grado allí, en 1949, y mi hermano el quinto y sexto en 1949-1950. Sucede que, en febrero de 1948, mamá había tenido su último parto (mi hermana la quinta y última), y había quedado seriamente postrada como consecuencia del evento. Hubo que ponernos internos a los tres mayores (mi hermana, la tercera, actualmente madre de un jesuita y de una religiosa, fue internada en María Auxiliadora. Aquí también intervino el P. Pozzoli). A él se recurría en la familia cada vez que había un problema, o que había que consultar algo. Nos bautizó a todos, menos a mi hermano el segundo, porque (en enero-febrero de 1938) el P. Pozzoli estaba en Usuahia. Alguna vez en el año (por San Enrique generalmente) venía a almorzar a Quinto Bocayuva 556 casa de mis abuelos maternos (Francesco Sívori y María Cogna de Sívori) y allí nos reuníamos todos a homenajearlo con ravioles: era el P. Espiritual de la familia. (...) 6. Tuvo una intervención decisiva, en 1955, cuando el asunto de mi vocación. El 21 de septiembre de 1954 me voltearon del caballo. Conocí al P. Carlos B. Duarte Ibarra, en Flores (mi parroquia). Me confesé con él «de chiripa»... y allí —sin estar yo en el telonio como el santo del día— me esperaba el Señor «miserando et eligendo». Allí no tuve dudas de que debía ser sacerdote. La vocación la había sentido por primera vez en Ramos Mejía, durante mi sexto grado, y la hablé con el famoso «pescador» de vocaciones, el P. Martínez S.D.B. Pero luego comencé el secundario, y «chau!!». Estudiaba química en el Industrial y solía pasar largas temporadas (sobre todo en verano) en casa de mis abuelos maternos en la calle Quintino Bocayuva. Curiosamente, no solía confesarme con el P. Pozzoli, sino que lo hacía con alguno de esos «gigantes» del confesonario: P. Montaldo (doblemente gigante), P. Punto, P. Carlos Scandroglio (aunque a éste le tenía un poco de miedo). Pero en septiembre del 54 arde Troya y empiezo una seria dirección espiritual con el P. Duarte Ibarra, quien moriría en el hospital

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO Con sus padres Regina y Mario página 5 militar, asistido por el P. Aristi, Sa- Cuenta cómo le propone un sacer- cramentino, al año siguiente. No di- dote ser sacerdote, cómo en poquísi- go nada en casa hasta noviembre de mos años lo hacen subdiácono, lue- 1955: ese año terminaba el Industrial go diácono y sacerdote... cómo se le (eran seis años) y me recibía de téc- dio lo que no esperaba... Bueno, a nico químico. En casa no ven la co- esta altura «ya» mis padres habían sa. Eran católicos prácticos... pero aflojado el corazón. Por supuesto preferían que esperara algunos años, que el P. Pozzoli no terminó dicien- estudiando en la Universidad. Como do que me dejaran ir al Seminario ni yo veía en quién iba e terminar el exigiéndoles una definición... Sim- conflicto, lo fui a ver al P. Pozzoli y plemente se dio cuenta de que tenía le conté todo. Examinó mi vocación. que «ablandar», lo hizo... y el resto Me dijo que rezara y lo dejara en se dio como consecuencia. Eso era manos de Dios. Me dio la bendición muy propio de él: «una de cal y otra de María Auxiliadora. Cada vez que de arena» dirían los españoles. Uno no sabía dónde que- Pocos días antes de su muerte lo visito en ría llegar... pero él sí: y generalmente no el Hospital Italiano. Está dormido. No quería llegar a un dejo que lo despierten. Al rato sale otro punto donde se le reconociera que «ha- padre de la habitación y avisa que el bía ganado». Cuan- P. Pozzoli se despertó, y pide que si todavía do «olía» que ya lograba lo que quería, estoy, que entre. Yo digo que le digan que se retiraba antes de ya me fui. Cuántas veces he sentido honda que los otros se dieran cuenta. Entonces pena y dolor por esa “mentira” mía la decisión surgía so- la, libremente de sus interlocutores. No se rezo el «Sub tuum praesidium...» sentían forzados... pero él les había me acuerdo de él. Por supuesto, en preparado el corazón. Había sem- casa surge la idea: por qué no con- brado, y bien... pero le dejaba a los sultamos al P. Pozzoli? y yo, con mi demás el gusto de la cosecha. mejor cara dije que sí. Recuerdo to- 7. Entré en el Seminario en 1956. davía la escena. Fue el 12 de diciem- En agosto de 1957 me agarra una bre de 1955. Papá y mamá cumplían 20 años de casados. El festejo consistió en una Misa (sólo mis padres y los cinco hijos) en la Parroquia pulmonía. Estoy a la muerte. Luego me operan del pulmón. El P. Pozzoli me visita en la enfermedad. Du- San José de Flores. El celebrante se- ría el P. Pozzoli. Terminada la Misa, papá invita a tomar desayuno en la Confitería «La Perla de Flores» (Ri- vera Indarte y Rivadavia, a media cuadra de la Basílica)... Papá pensa- ría que el P. Pozzzoli no aceptaría porque le preguntó si podía (creo que si no iríamos a casa, distante 6 cuadras), pero el P. Pozzoli (que sa- bía el negocio que se iba a tratar) aceptó sin más. Qué libertad de es- píritu para ayudar en una vocación! Y en la mitad del desayuno se plan- tea el asunto. El P. Pozzoli dice que está bien lo de la Universidad, pero que las cosas hay que tomarlas cuan- do Dios quiere que se tomen... y empieza a contar historias diversas de vocaciones (sin tomar partido), y finalmente cuenta su vocación. pero no dijo nada. Pensar que en menos de un mes él moriría... La se- gunda ocasión fue a raíz de su muerte. Pocos días antes lo visito en el Hospital Italiano. Está dormido. No dejo que lo despierten (en el fondo me sentía mal, y no sabía qué le diría). Salgo de la habitación y me quedo charlando con un padre que está allí. Al rato sale otro padre de la habitación y avisa que el P. Pozzoli se despertó, que le avisaron de mi visita, y pide que si todavía estoy, que entre. Yo digo que le di- gan que ya me fui. No sé qué me pasó, si era timidez o qué... Yo tenía 25 años y cursaba el 1er. año de filo- sofía... Pero le aseguro, P. Bruno, que si pudiera «rehacer» ese mo- mento lo haría. Cuántas veces he sentido honda pena y dolor por esa «mentira» mía al P. Pozzoli en el momento de su muerte. Son de esos momentos (pocos quizá) de la vida, que uno quisiera tener la oportuni- rante el segundo año de Seminario dad de vivirlos de nuevo para com- había madurado la vocación religio- portarse de otra manera. (...) sa. De tal modo que una vez cura- 10. Cuál fue la huella que dejó el do, en noviembre, ya no vuelvo al P. Pozzoli? En primer lugar recurro Seminario y pretendo entrar en la a mi experiencia familiar. Si en mi Compañía. Hablo el asunto con el familia hoy se vive seriamente en P. Pozzoli, él examina la vocación y cristiano es por él. Él supo poner y da via libre. Son frecuentes mis visi- hacer crecer fundamentos de vida tas al P. Pozzoli y al camarín de María Auxiliadora. Pero el La vocación la había sentido por primera P. Pozzoli está preo- vez en Ramos Mejía, durante mi sexto cupado por el tiempo que debo permanecer en mi casa grado, y la hablé con el famoso “pescador” de vocaciones, el P. Martínez S.D.B. hasta marzo, en que entraré al noviciado. Pero luego comencé el secundario, y “chau!”. No le gusta tanto tiempo fuera... y menos siendo tiem- católica. Hay vocaciones: mi primo po de vacaciones. No sé cómo se las hermano Julio Picchi; mi sobrino Jo- arregla, pero habla con el Inspector sé Luis (jesuita) y mi sobrina María y logra que me inviten a pasar las Inés (esclava del Sagrado Corazón): vacaciones con los clérigos de Tan- ambos hijos de mi hermana; yo... y dil. El P. Grosso era el Director. En entre los demás sobrinos, que son Tandil conocí buenos clérigos... Uno menores hay inquietud vocacional. de ellos era el P. Wenceslao Maldo- Además los cinco hermanos que so- nado... En marzo entro en el Noviciado. 8. Hay dos momentos, en mi relación con el P. Pozzoli , que me dan tristeza cuando los recuerdo. Uno es la muerte de papá, el 24 de septiembre de 1961. El P. Pozzoli viene al velorio y quiere sacar una foto de papá con sus cinco hijos... a mí «me da vergüenza», y con esa suficiencia de los jóvenes me las arreglo para que la cosa no se dé. Creo que el P. Pozzoli se dio cuenta de mi postura, mos nosotros tenemos una vida piadosa, y esa piedad fue cultivada por el P. Pozzoli a través de los consejos y orientaciones a mis padres. Cuando nos reunimos los hermanos siempre sale alguna conversación sobre el P. Pozzoli: es una referencia que llevamos dentro, y mis sobrinos (ninguno lo conoció) saben quién fue el P. Pozzoli. Él supo consolidar la fe y la piedad en ese grupo de jóvenes que ayudaba en su vida cristiana. Metía a fondo la devoción a María Auxiliadora. También a San José. (...) En fin: dejó herencia espiritual. Fue un operario del Reino de Dios. (...) 11. Bueno P. Bruno, voy dejando. Siento que hoy he cumplido senci- llamente con mi deber. A mi edad uno comienza a aceptar que la vida «le pase la cuenta», es decir que le vaya señalando las personas que lo ayudaron a vivir, a crecer, a ser cris- tiano, sacerdote, religioso... Y, al re- conocer el bien que me han hecho tantas personas, voy gustando cada día más el gozo de ser agradecido. Con el P. Pozzoli me pasa esto. To- dos los días (sic!!) lo nombro en el oficio divino cuando rezo por los di- funtos... y créame que gozo con este sentimiento de gratitud que me rega- la el Señor.

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página 6 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 El encuentro del Pontífice con los muchachos de la Acción católica italiana Amigos de Jesús Ser siempre amigos de Jesús. Fue la invitación que el Papa Francisco dirigió a los jóvenes de la Acción católica a quienes recibió en audiencia el viernes 20 de diciembre, por la mañana, en la sala del Consistorio. Queridos muchachos, ¡buenos días! Os agradezco que hayáis venido a felicitarme por la Navidad en nombre de los muchachos de la Acción católica y de toda la Acción católica italiana, que está representada aquí por los responsables adultos que os han acompañado. También yo os deseo muchas felicidades a vosotros, a vuestros seres queridos, a vuestros amigos y a toda la Asociación. La A.C.R. es una hermosa realidad, difundida y operante en casi todas las diócesis de Italia. Os animo a ser siempre «piedras vivas» en la Iglesia, unidas a Jesús, para edificar la Iglesia. La Acción católica sin Jesús, no sirve, se convierte en una ONG, ya hay muchas, y no está bien. Otra cosa es ser piedras vivas unidas a Jesús. He oído que vuestro camino de este año quiere haceros descubrir a Jesús como presencia amiga en nuestra vida. El lema lo expresa muy bien: «No hay juego sin Ti». He aquí que la Navidad es precisamente la fiesta de la presencia de Dios, que viene a nosotros para salvarnos. El nacimiento de Jesús no es una fábula. Es una historia que sucedió realmente, en Belén, hace dos mil años. La fe nos permite reconocer en ese Niño, nacido de la Virgen María, al verdadero Hijo de Dios, que se hizo hombre por amor a nosotros. En el rostro del pequeño Jesús contemplamos el rostro de Dios, que no se revela a través de la fuerza, del poder, sino a través de la debilidad y la fragilidad de un recién nacido. Así es nuestro Dios, que se acerca tanto en un niño. Este Niño muestra la fidelidad y la ternura del amor ilimitado con el que Dios nos envuelve a cada uno de nosotros. Por eso hacemos fiesta en Navidad, reviviendo la misma experiencia de los pas- tores de Belén y junto con muchos papás y mamás que se esfuerzan cada día afrontando numerosos sacrificios; junto con los pequeños, los enfermos y los pobres hacemos fiesta, porque es la fiesta del encuentro de Dios con nosotros en Jesús. Queridos muchachos, Jesús os quiere mucho, quiere ser vuestro amigo; quiere ser amigo de todos los muchachos. ¿Estáis convencidos de esto? ¿Es así? Parece que no estáis muy convencidos, ¿no? ¿Estáis convencidos o no? [Los muchachos responden: ¡sí!] Muy bien. Si estáis convencidos de esto, seguramente sa- bréis transmitir la alegría de esta amistad por doquier: en casa, en la parroquia, en la escuela, entre los amigos… Y una pregunta para los muchachos: he dicho «en casa, en la parroquia, en la escuela, entre los amigos». ¿Y con los enemigos, con los que no nos quieren? ¿Qué hay que hacer? ¿Quién me lo sabe decir? ¿Qué hay que hacer? ¿Hay que hacer la guerra? [Un muchacho: rezar por ellos]. Sí, rezar por ellos. Para estar cerca de Jesús; ser bueno con ellos. Se debe hacer esto: cercanía, estar cerca de ellos. Y sabréis testimoniarlo, comportándoos como verdaderos cristianos: dispuestos a dar una mano a quien esté necesitado. Y si el que no te quiere tiene necesidad de algo, ¿le darás una mano? ¿No estáis seguros, no? ¡Sí, sí! Sin juzgar a los demás, sin hablar mal. Es fea la gente que habla mal de los demás. Las habladurías, ¿son cristianas o no? ¡No! ¿Las habladurías son una oración? ¿Criticar es como rezar o no? ¡No! Hablar mal es algo feo. No se debe hacer nunca. Y debemos comenzar ahora mismo: jamás murmurar, jamás hablar mal. ¡Adelante así! Entonces, buen camino, siempre unidos a Jesús. Os encomiendo a la Virgen. Os bendigo juntamente con vuestros familiares, educadores, consiliarios y todos los amigos de la A.C.R. ¡Feliz Navidad!, y rezad por mí. Y ahora, antes de recibir la bendición, recemos a la Virgen un Avemaría. Después del encuentro del 23 de diciembre El Papa Francisco almuerza con Benedicto XVI El Papa Francisco y Benedicto XVI almorzaron juntos el viernes 27 en Santa Marta. La invitación la hizo el Papa Francisco durante la visita del 23 de diciembre a su predecesor con ocasión de las fiestas navideñas. En el almuerzo se encontraban también los respectivos secretarios, el secretario para las Relaciones con los Estados, el arzobispo Dominique Mamberti, y monseñor Bryan Wells, asesor para los asuntos generales de la Secretaría de Estado. El encuentro del lunes 23 (en la fotografía) duró cerca de cuarenta y cinco minutos. Benedicto XVI recibió al Papa Francisco en la entrada de su residencia. Tras una breve oración que hicieron juntos en la capilla, tuvo lugar el encuentro privado. Posteriormente el Papa Francisco, que estaba acompañado por sus secretarios, saludó también a los demás miembros de la familia de Benedicto XVI. Las esperanzas de los pequeños pacientes del «Bambino Gesù» Una cesta de sueños y oraciones En una gran cesta de mimbre los pequeños ingresados en el reparto onco-hematológico del «Bambino Gesù» recogieron sus esperanzas por un futuro cuanto más incierto y, en la capilla del hospital, las entregaron al Pontífice para que las transformara en oración. Fue el momento más conmovedor de la visita que el Papa Francisco realizó el sábado 21 de diciembre a los pequeños pacientes del hospital pediátrico romano. Y con ell0s quiso recitar la primera oración. Queridos niños: Os agradezco vuestros sueños y vuestras oraciones que habéis recogido en la cesta que me habéis dado. ¡Muchas gracias! Los presentamos juntos a Jesús: Él los conoce mejor que todos; Él conoce lo que hay en lo profundo de nuestro corazón. Especialmente con vosotros, niños, Jesús tiene un vínculo especial, os está siempre cercano. Ahora, recitemos juntos una oración a la Virgen delante de esta bella estatua: la Virgen con Jesús. Avemaría... Os bendiga Dios omnipotente... ¡Muchas gracias!

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 7 La audiencia del Santo Padre para la felicitación navideña Cómo se trabaja en la Curia Profesionalidad, servicio, santidad, «objeción de conciencia a las habladurías». Son éstas, según el Papa Francisco, «las características del oficial de la Curia y, más aún, del superior», en el trabajo cotidiano por la Iglesia y la Sede apostólica. El Pontífice habló de ello en el tradicional encuentro navideño con sus colaboradores más cercanos, a quienes recibió en audiencia el sábado 21 de diciembre, por la mañana, en la sala Clementina. Señores cardenales, queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas: Agradezco de corazón las palabras del cardenal decano. ¡Gracias! El Señor nos ha dado la gracia de recorrer una vez más el camino del Adviento, y hemos llegado rápidamente a los últimos días previos a la Navidad, días impregnados de un clima espiritual único, lleno de sentimientos, recuerdos, signos litúrgicos y no litúrgicos, como el portal de Belén... En este clima se enmarca también el tradicional encuentro con ustedes, superiores y oficiales de la Curia romana, que colaboran cotidianamente en el servicio a la Iglesia. Saludo a todos cordialmente. Y permítanme que lo haga en particular a monseñor Pietro Parolin, que ha comenzado recientemente su servicio de secretario de Estado y necesita nuestras oraciones. Este tiempo, en el que nuestros corazones rebosan de gratitud a Dios, que nos ha amado hasta dar a su Hijo Unigénito por nosotros, es el momento de darnos las gracias también entre nosotros. Y, en esta primera Navidad como Obispo de Roma, siento la necesidad de decirles a ustedes un efusivo «gracias»: a todos como comunidad de trabajo y a cada uno personalmente. Gracias por su servicio cotidiano: por el celo, la diligencia, la creatividad; por el esfuerzo, no siempre fácil, de colaborar en el trabajo, de escucharse y confrontarse, de valorar personalidades y cualidades diferentes en el respeto recíproco. Deseo expresar mi gratitud de manera particular a los que en este período terminan su servicio y se jubilan. Ya sabemos que nunca se jubilan como sacerdotes y obispos, pero sí del cargo, y es justo que sea así, también para dedicarse un poco más a la oración y la cura de almas, comenzando por la suya. Así pues, un «gracias» especial, de corazón, a ustedes, queridos hermanos que dejan la Curia, sobre todo a los que han trabajado aquí durante muchos años y con tanta dedicación, en lo escondido. Esto es verdaderamente digno de admiración. Admiro mucho a estos monseñores que siguen el modelo de los antiguos curiales, personas ejemplares... Pero también hoy los tenemos. Personas que trabajan con competencia, con rigor, con abnegación, desempeñando con esmero sus tareas de cada día. Quisiera mencionar aquí alguno de estos hermanos nuestros para expresarle mi admiración y reconocimiento, pero sabemos que lo primero que se nota en una lista son los que faltan; y, si lo hiciera, correría el riesgo de olvidarme de alguno y de cometer así una injusticia y una falta de caridad. Pero quiero decir a estos hermanos que constituyen un testimonio muy importante en el camino de la Iglesia. Y son un modelo, y de este modelo y de este testimonio tomo las características del oficial de la Curia y, más aún, del superior, que me gustaría destacar: la profesionalidad y el servicio. La profesionalidad, que significa competencia, estudio, actualización... Es un requisito fundamental para trabajar en la Curia. Naturalmente, la profesionalidad se va formando, y en parte también se adquiere; pero pienso que, precisamente para que se forme y para que se adquiera, es necesario que haya una buena base desde el principio. Y la segunda característica es el servicio, servicio al Papa y a los obispos, a la Iglesia universal y a las Iglesias particulares. En la Curia romana se aprende, «se respira» de un modo especial esta doble dimensión de la Iglesia, esta compenetración entre lo universal y lo particular; y me parece que ésta es una de las más bellas experiencias de quien vive y trabaja en Roma: «sentir» la Iglesia de esta manera. Cuando no hay profesionalidad, lentamente se va resbalando hacia el área de la mediocridad. Los expedientes se convierten en informes de «cliché» y en comunicaciones sin levadura de vida, incapaces de generar horizontes de grandeza. Por otro lado, cuando la actitud no es de servicio a las Iglesias particulares y a sus obis- pos, crece entonces la estructura de la Curia como una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora, que no permite la acción del Espíritu Santo y el crecimiento del Pueblo de Dios. A estas dos cualidades, la profesionalidad y el servicio, quisiera añadir una tercera, que es la santidad de vida. Sabemos bien que esto es lo más importante en la jerarquía de valores. En efecto, también está en la base de la calidad del trabajo, del servicio. Y quisiera decir que aquí, en la Curia romana, ha habido y hay santos. Lo he dicho públicamente más de una vez, para agradecérselo al Señor. Santidad significa vida inmersa en el Espíritu, apertura del corazón a Dios, oración constante, humildad profunda, caridad fraterna en las relaciones con los colegas. También significa apostolado, servicio pastoral discreto, fiel, ejercido con celo en contacto directo con el Pueblo de Dios. Esto es indispensable para un sacerdote. La santidad en la Curia significa también hacer objeción de conciencia. Sí, objeción de conciencia a las habladurías. Nosotros insistimos mucho en el valor de la objeción de conciencia, y con razón, pero tal vez deberíamos ejercerla también para oponernos a una ley no escrita de nuestros ambientes, que por desgracia es la de las chácharas. Así pues, hagamos todos objeción de conciencia; y fíjense ustedes que no lo digo sólo desde un punto de vista moral. Porque las chácharas dañan la calidad de las personas, dañan la calidad del trabajo y del ambiente. Queridos hermanos, sintámonos todos unidos en este último tramo del camino a Belén. Nos puede venir bien meditar sobre el papel de san José, tan callado y tan necesario al lado de la Virgen María. Pensemos en él, en su preocupación por su esposa y por el Niño. Esto nos dice mucho sobre nuestro servicio a la Iglesia. Por tanto, vivamos esta Navidad muy unidos espiritualmente a san José. Esto nos hará bien a todos. Les agradezco mucho su trabajo, y sobre todo sus oraciones. Me siento realmente «sostenido» por las oraciones, y les pido que sigan apoyándome así. También yo les recuerdo ante el Señor y los bendigo, deseándoles una Navidad de luz y de paz a cada uno de ustedes y a sus seres queridos. ¡Feliz Navidad! El modelo de san José GIOVANNI MARIA VIAN La renovación conciliar y Pablo VI están en el trasfondo del discurso que el obispo de Roma, llamado «casi al final del mundo», dirigió a la Curia romana respondiendo a la felicitación del cardenal decano. Al término de un año excepcional que, a través de una sucesión papal sin precedentes, mostró visiblemente la vitalidad de la Iglesia en la atención a los signos de los tiempos. A diferencia de Montini, que durante treinta años tuvo una experiencia curial y desde un punto de vista privilegiado como la Secretaría de Estado, su actual sucesor ha sido un religioso y obispo sobre todo en su patria, con crecientes e importantes responsabilidades dentro de un episcopado vigoroso como lo es el episcopado latinoamericano y en la progresiva maduración colegial querida por el Concilio para toda la Iglesia. Experiencias muy distintas con una visión convergente, en tal medida que las palabras del Papa Francisco en el encuentro navideño se remiten a las que dirigió Pablo VI a la Curia romana el 21 de septiembre de 1963, exactamente tres meses después de su elección en el cónclave y en vísperas de retomar los trabajos conciliares: «El deber de ser auténticamente cristianos es aquí sumamente arduo». Es más, en un discurso que sigue siendo memorable y válido: «Cada momento, cada aspecto de nuestra vida tiene en torno a nosotros una irradiación, que puede ser benéfica, si es fiel a lo que Cristo quiere de nosotros; maléfica, si es infiel». Así, Montini trazaba la imagen de un organismo ejemplar comparado con la luz en el candelabro del Evangelio. Como ya había hecho hablando a los periodistas al regresar de Brasil, el obispo de Roma evocó de nuevo «el modelo de los viejos curiales, personas ejemplares» y que constituyen «un testimonio muy importante en el camino de la Iglesia». Vuelve por lo tanto la exigencia de la ejemplaridad de un organismo que debe renovarse cada día: curia semper reformanda se podría por lo tanto decir, teniendo presentes los criterios indicados por el obispo de Roma, que también por ello ha querido, entre otras cosas, un consejo de ocho cardenales, anunciado exactamente un mes después de su elección a la sede romana. Profesionalidad y servicio son los criterios delineados con gran precisión: «competencia, estudio, actualización» para el primero, «servicio al Papa y a los obispos, a la Iglesia universal y a las Iglesias particulares» para el segundo. Y si faltan, he aquí que «crece entonces la estructura de la Curia como una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora, que no permite la acción del Espíritu Santo y el crecimiento del Pueblo de Dios». Pero fundamentalmente permanece sobre todo la santidad de vida, no ajena al mundo curial como quisieran fáciles simplificaciones: «En la Curia romana —dijo el Papa Francisco— ha habido y hay santos. Lo he dicho públicamente más de una vez, para agradecérselo al Señor». Y éste es el modelo, minado por habladurías que dañan no sólo a las personas sino a la «calidad del trabajo y del ambiente». Y mientras se concluye el Adviento el obispo de Roma invitó a su Curia a meditar en el modelo representado por un santo muy querido por él: José, «tan callado y tan necesario». Al servicio de su esposa, María, imagen de la Iglesia, y de Jesús, el niño que quiere nacer en el corazón de cada ser humano.

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 8/9 Misa de la noche de Navidad en la basílica de San Pedro Mensaje navideño a la ciudad y al mundo El misterio del caminar y del ver La paz es artesanal Pobres, enfermos, marginados y perseguidos fueron los protagonistas de la misa de Navidad del Papa Francisco, celebrada el 24 de diciembre en la basílica vaticana. Se rezó por ellos, también en arameo y en chino, y a ellos el Pontífice dirigió expresamente palabras de esperanza y de aliento durante la celebración, que comenzó a las 21.30. En preparación a la misa, a las 21 se rezó el rosario y a las 21.20 el diácono entonó la Kalenda, el solemne anuncio del nacimiento del Salvador. Durante el canto del Gloria, acompañado por el sonido de las campanas de la basílica, por primera vez el Papa quiso colocar personalmente —tras besarla e incensarla— la estatua del Niño Jesús en el «tronetto», delante del altar de la Confesión. Al final de la misa la llevó en procesión a lo largo de la nave central y la colocó en el belén de la basílica. Acompañaban al Papa llevando ofrendas florales diez niños de Filipinas, Líbano, Congo, Argentina e Italia. Estuvieron presentes treinta y dos cardenales, entre ellos el decano Sodano; cuarenta arzobispos y obispos: entre ellos, el secretario de Estado Parolin y el limosnero Krajewski. Con el Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede estuvieron los arzobispos Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado, y Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados; y los monseñores Wells, asesor, Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y Bettencourt, jefe del Protocolo. 1. «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9, 1). Esta profecía de Isaías no deja de conmovernos, especialmente cuando la escuchamos en la Liturgia de la Noche de Navidad. No se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad profunda de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor —y también dentro de nosotros— hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se re- nueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver. Caminar. Este verbo nos hace pensar en el curso de la historia, en el largo camino de la historia de la salvación, comenzando por Abrahán, nuestro padre en la fe, a quien el Señor llamó un día a salir de su pueblo para ir a la tierra que Él le indicaría. Desde entonces, nuestra identidad como creyentes es la de peregrinos hacia la tierra prometida. El Señor acompaña siempre esta historia. Él permanece siempre fiel a su alianza y a sus promesas. Porque es fiel, «Dios es luz sin tiniebla alguna» (1 Jn 1, 5). Por parte del pueblo, en cambio, se alternan momentos de luz y de tiniebla, de fidelidad y de infideli- dad, de obediencia y de rebelión, mo- mentos de pueblo peregrino y momen- tos de pueblo errante. También en nuestra historia personal se alternan momentos luminosos y os- curos, luces y sombras. Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen en nosotros el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano —escribe el apóstol San Juan— está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2, 11). Pueblo en camino, sobre todo pueblo peregrino que no quiere ser un pueblo errante. 2. En esta noche, como un haz de luz clarísima, resuena el anuncio del Apóstol: «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2, 11). La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros. 3. Los pastores fueron los primeros que vieron esta «tienda», que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús. Fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño. Es condición del peregrino velar, y ellos estaban en vela. Con ellos nos quedamos ante el Niño, nos quedamos en silencio. Con ellos damos gracias al Señor por habernos dado a Jesús, y con ellos, desde lo profundo de nuestro corazón, alabamos su fidelidad: Te bendecimos, Señor, Dios Altísimo, que te has despojado de tu rango por nosotros. Tú eres inmenso, y te has hecho pequeño; eres rico, y te has hecho pobre; eres omnipotente, y te has hecho débil. Que en esta Noche compartamos la alegría del Evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El Señor nos dice una vez más: «No teman» (Lc 2, 10). Como dijeron los ángeles a los pastores: «No teman». Y también yo les repito a todos: «No teman». Nuestro Padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es la misericordia. Nuestro Padre nos perdona siempre. Y Él es nuestra paz. Amén. Invocada por el Papa Francisco en el Ángelus de la fiesta de San Esteban Libertad para los creyentes En la fiesta de san Esteban, primer mártir cristiano, antes de la oración del Ángelus en la plaza de San Pedro, el jueves 26 de diciembre, el Pontífice pronunció las siguientes palabras. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Vosotros no tenéis miedo a la lluvia, ¡sois buenos! La liturgia prolonga la solemnidad de la Navidad durante ocho días: un tiempo de alegría para todo el pueblo de Dios. Y en este segundo día de la octava, en la alegría de la Navidad, se introduce la fiesta de san Esteban, el primer mártir de la Iglesia. El libro de los Hechos de los apóstoles nos lo presenta como un «hombre lleno de fe y de Espíritu Santo» (6, 5), elegido junto a otros seis para la atención de las viudas y los pobres en la primera comunidad de Jerusalén. Y nos relata su martirio: cuando, tras un discurso de fuego que suscitó la ira de los miembros del Sanedrín, fue arrastrado fuera de las murallas de la ciudad y lapidado. Esteban murió como Jesús, pidiendo el perdón para sus asesinos (7, 55-60). En el clima gozoso de la Navidad, esta conmemoración podría parecer fuera de lugar. La Navidad, en efecto, es la fiesta de la vida y nos infunde sentimientos de serenidad y de paz. ¿Por qué enturbiarla con el recuerdo de una violencia tan atroz? En realidad, en la óptica de la fe, la fiesta de san Esteban está en plena sintonía con el significado profundo de la Navidad. En el martirio, en efecto, la violencia es vencida por el amor; la muerte por la vida. La Iglesia ve en el sacrificio de los mártires su «nacimiento al cielo». Celebremos hoy, por lo tanto, el «nacimiento» de Esteban, que brota en profundidad del Nacimiento de Cristo. Jesús transforma la muerte de quienes le aman en aurora de vida nueva. En el martirio de Esteban se reproduce la misma confrontación entre el bien y el mal, entre el odio y el perdón, entre la mansedumbre y la violencia, que tuvo su culmen en la Cruz de Cristo. La memoria del primer mártir de este modo disipa, inmediatamente, una falsa imagen de la Navidad: la imagen fantástica y empalagosa, que en el Evangelio no existe. La liturgia nos conduce al sentido auténtico de la Encarnación, vinculando Belén con el Calvario y recordándonos que la salvación divina implica la lucha con el pecado, que pasa a través de la puerta estrecha de la Cruz. Éste es el camino que Jesús indicó claramente a sus discípulos, como atestigua el Evangelio de hoy: «Seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará» (Mt 10, 22). Por ello hoy rezamos de modo especial por los cristianos que sufren discriminaciones a causa del testimonio dado por Cristo y el Evangelio. Estamos cercanos a estos hermanos y hermanas que, como san Esteban, son acusados injustamente y convertidos en objeto de violencias de todo tipo. Estoy seguro de que, lamentablemente, son más numerosos hoy que en los primeros tiempos de la Iglesia. ¡Son muchos! Esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa aún no está garantizada o no se realiza plenamente. Sin embargo, sucede que en países y ambientes que en papel tutelan la libertad y los derechos humanos, pero donde, de hecho, los creyentes, y especialmente los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones. Desearía pediros que recéis un momento en silencio por estos hermanos y hermanas [...] Y los encomendamos a la Virgen [Avemaría... ]. Para el cristiano esto no sorprende, porque Jesús lo anunció como ocasión propicia para dar testimonio. Sin embargo, a nivel civil, la injusticia se debe denunciar y eliminar. Que María, Reina de los mártires, nos ayude a vivir la Navidad con ese ardor de fe y amor que resplandece en san Esteban y en todos los mártires de la Iglesia. Con sotana blanca, el Papa Francisco dirigió a la Ciudad y al mundo su primer mensaje de Navidad. A mediodía del miércoles 25 de diciembre, desde el balcón central de la basílica de San Pedro, releyó rápidamente las páginas más dramáticas del año, pidió oraciones en especial por las poblaciones de Siria, República Centroafricana y Sudán del Sur, y no faltaron referencias a la situación de Oriente Medio, sobre todo Irak devastado pocas horas antes por el enésimo vil y sangriento atentado. Tampoco olvidó a los refugiados, a los marginados y a todos los que necesitan acogida y apoyo. Un largo aplauso de los más de setenta mil fieles presentes en la plaza de San Pedro acompañó el mensaje del Santo Padre. En el atrio de la basílica estaban los cuerpos de honor de la Guardia Suiza pontificia y del ejército italiano, y se ejecutaron los himnos pontificio e italiano. Publicamos la traducción del mensaje. «Gloria a Dios en el cielo,y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2, 14). Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero, ¡buenos días y feliz Navidad! Hago mías las palabras del cántico de los ángeles, que se aparecieron a los pastores de Belén la noche de la Navidad. Un cántico que une cielo y tierra, elevando al cielo la alabanza y la gloria y a la tierra de los hombres el deseo de paz. Les invito a todos a hacer suyo este cántico, que es el de cada hombre y mujer que vigila en la noche, que espera un mundo mejor, que se preocupa de los otros, intentado hacer humildemente su propio deber. Gloria a Dios. A esto nos invita la Navidad en primer lugar: a dar gloria a Dios, porque es bueno, fiel, misericordioso. En este día mi deseo es que todos puedan conocer el verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Deseo que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que lo amen, que lo adoren. Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los hermanos. Paz a los hombres. La verdadera paz —como sabemos— no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura «fachada», que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, y la paz es también artesanal, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo. Viendo al Niño en el belén, Niño de paz, pensemos en los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos... ¡Las guerras destrozan y hieren muchas vidas! Demasiadas ha destrozado en los últimos tiempos el conflicto de Siria, generando odios y venganzas. Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo sirio se vea libre de nuevos sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria. Hemos podido comprobar la fuerza de la oración. Y me alegra que hoy se unan a nuestra oración por la paz en Siria creyentes de diversas confesiones religiosas. No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a Dios: Señor, concede tu paz a Siria y al mundo entero. E invito también a los no creyentes a desear la paz, con su deseo, ese deseo que ensancha el corazón: todos unidos, con la oración o con el deseo. Pero todos, por la paz. Concede la paz, Niño, a la República Centroafricana, a menudo olvidada por los hombres. Pero tú, Señor, no te olvidas de nadie. Y quieres que reine la paz también en aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable para vivir. Que se afiance la concordia en Sudán del Sur, donde las tensiones actuales ya han provocado demasiadas víctimas y amenazan la pacífica convivencia de ese joven Estado. Tú, Príncipe de la paz, convierte el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo. Vela por Nigeria, lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e indefensos. Bendice la tierra que elegiste para venir al mundo y haz que lleguen a feliz término las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Sana las llagas de la querida tierra de Irak, azotada todavía por frecuentes atentados. Tú, Señor de la vida, protege a cuantos sufren persecución a causa de tu nombre. Alienta y conforta a los desplazados y refugiados, especialmente en el Cuerno de África y en el este de la República Democrática del Congo. Haz que los emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda. Que no asistamos de nuevo a tragedias como las que hemos visto este año, con los numerosos muertos en Lampedusa. Niño de Belén, toca el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad. Dirige tu mirada sobre los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en soldados, robándoles su infancia. Señor, del cielo y de la tierra, mira a nuestro planeta, que a menudo la codicia y el egoísmo de los hombres explota indiscriminadamente. Asiste y protege a cuantos son víctimas de los desastres naturales, sobre todo al querido pueblo filipino, gravemente afectado por el reciente tifón. Queridos hermanos y hermanas, en este mundo, en esta humanidad hoy ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro corazón se conmueva: no tengamos miedo de esto. No tengamos miedo de que nuestro corazón se conmueva. Tenemos necesidad de que nuestro corazón se conmueva. Dejémoslo que se inflame con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. Las caricias de Dios no producen heridas: las caricias de Dios nos dan paz y fuerza. Tenemos necesidad de sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la alabanza y la gloria por los siglos. Dios es paz: pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios. Después de la bendición «urbi et orbi» La felicitación del Pontífice Publicamos a continuación las palabras de felicitación que el Santo Padre pronunció después del mensaje navideño «urbi et orbi». A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, venidos de todas las partes del mundo a esta Plaza, y a cuantos desde distintos países se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social, les deseo feliz Navidad. En este día, iluminado por la esperanza evangélica que proviene de la humilde gruta de Belén, pido para todos ustedes el don navideño de la alegría y de la paz: para los niños y los ancianos, para los jóvenes y las familias, para los pobres y marginados. Que Jesús, que nació por nosotros, consuele a los que pasan por la prueba de la enfermedad y el sufrimiento y sostenga a quienes se dedican al servicio de los hermanos más necesitados. ¡Feliz Navidad a todos!

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 Misa del Pontífice en Santa Marta Si el hombre intenta salvarse por sí mismo El hombre no se salva por sí mismo, y quien ha tenido la soberbia de intentarlo, incluso entre los cristianos, ha fracasado. Porque sólo Dios puede dar vida y salvación. Esta es la meditación, en la perspectiva del Adviento, que el Papa Francisco propuso durante la misa celebrada el jueves 19 de diciembre de 2013 por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta. Como de costumbre, inspirándose en la liturgia del día, el Pontífice quiso recordar que la «vida, la capacidad de dar vida y salvación, vienen solamente del Señor» y no del hombre, que no tiene «la humildad» de reconocerle y pedirle ayuda. «Muchas veces» en la Escritura se habla «de la mujer estéril, de la esterilidad, de la incapacidad de concebir y dar vida». Pero también muchas veces sucede «el milagro del Señor, que hace que estas mujeres estériles puedan tener un hijo». El Papa Francisco hizo referencia, ante todo, a la mamá de Sansón, cuya historia propuso esta mañana el pasaje del libro de los Jueces (13, 2-7. 24-25a). Y después recordó también lo que le «sucedió a la mujer de nuestro padre Abraham: no podía creer» que tendría un hijo a causa de su edad avanzada, «y se reía detrás de la ventana, desde la que espiaba a su marido para oír de qué estaba hablando. Y se reía porque no podía creerlo. Pero tuvo un hijo». El Evangelio de hoy (Lucas 5-25), prosiguió el Papa, recuerda también lo que le «su- cedió a Isabel». Todas estas historias bíblicas de mujeres, explicó el Pontífice, muestran cómo «de la imposibilidad de dar vida, viene la vida». Y también les sucedió a otras mujeres no estériles, pero que ya no tenían ninguna esperanza para su vida. «Pensemos en Noemí —especificó el Obispo de Roma—, que, al final, tuvo un nieto». En síntesis, «el Señor interviene en la vida de estas mujeres para decirnos: yo soy capaz de dar vida». El Papa Francisco destacó que en las palabras de los «profetas está la imagen del desierto: la tierra desierta, incapaz de hacer crecer un árbol, un fruto, de hacer brotar algo». Y, sin embargo, «el desierto será como una selva. Los profetas dicen: será grande, florecerá». Así pues, «el desierto puede florecer» y «la mujer estéril puede dar vida» solamente en la perspectiva de la «promesa del Señor: yo puedo. De vuestra sequedad puedo hacer surgir la vida, la salvación. De la aridez pueden crecer frutos». La salvación «es la intervención de Dios que nos hace fecundos, que nos da la capacidad de dar vida», que «nos ayuda en el camino de la santidad». De algo estamos seguros: «no podemos salvarnos a nosotros mismos». Muchos lo han intentado, «incluso algunos cristianos», recordó el Santo Padre citando a los pelagianos. Pero sólo la intervención de Dios nos trae la salvación. De ahí la pregunta del Pontífice: «pero, por nuestra parte, ¿qué debemos hacer?». Ante todo, respondió el Papa, «reconocer nuestra sequedad, nuestra incapacidad de dar vida». Después, «pedir». Y la petición que se convierte en oración la formuló así: «Señor, quiero ser fecundo; quiero que mi vida dé vida, que mi fe sea fecunda, vaya adelante y pueda darla a los demás. Señor, soy estéril; yo no puedo, tú puedes. Soy un desierto, yo no puedo; tú puedes». Y que «ésta sea —fue su deseo— la oración de estos días antes de la Navidad». Nos hace pensar, prosiguió el Papa, en «cómo los soberbios, los que creen que pueden hacer todo por sí mismos, son golpeados». Y se refirió, en particular, «a esa mujer que no era estéril, pero era soberbia y no entendía qué significaba alabar a Dios: Mikal, la hija de Saúl. Se reía de la alabanza. Y fue castigada con la esterilidad». La humildad es una virtud necesaria para ser fecundos. «Cuántas personas —observó el Papa— creen ser justas como ella, y al final son pobres». En cambio, es importante la «humildad, decir “Señor, soy estéril, soy un desierto”». Cuán importante es repetir en estos días «aquellas hermosas antífonas que la Iglesia nos propone rezar: “oh Hijo de David, oh Adonai, oh Sabiduría —hoy—, oh Raíz de Jesé, oh Emanuel, ven a darnos vida, ven a salvarnos, porque tú sólo puedes, yo por mí mismo no puedo”». Así, concluyó el Pontífice, «con esta humildad, humildad del desierto, humildad del alma estéril», debemos «recibir la gracia: la gracia de florecer, de dar fruto y dar vida». El misterio no busca publicidad El misterio de la relación entre Dios y el hombre no busca la publicidad, porque no lo haría verdadero. Requiere más bien el estilo del silencio. Corresponde luego a cada uno de nosotros descubrir, precisamente en el silencio, las características del misterio de Dios en la vida personal. A pocos días de la Navidad, el Papa Francisco propuso una fuerte refle- xión sobre el valor del silencio. E invitó a amarlo y buscarlo así como lo hizo María, cuyo testimonio evocó en la misa celebrada el viernes 20 de diciembre, por la mañana, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Una reflexión basada en el pasaje del Evangelio de san Lucas propuesto por la liturgia del día (1, 26-38), que inicia con «esa frase» que «nos dice mucho» dirigida por el ángel a la Virgen: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra», y que remite también al pasaje del libro de Isaías (7, 10-14), proclamado en la primera lectura de la celebración. «Es la sombra de Dios —explicó el Pontífice— que en la historia de la salvación custodia siempre el misterio». Es «la sombra de Dios que acompañó al pueblo en el desierto». Toda la historia de la salvación muestra que «el Señor cuidó siempre el misterio. Y cubrió el misterio. No hizo publicidad del misterio». En efecto, «el misterio que hace publicidad de sí mismo no es cristiano, no es misterio de Dios. Es un fingi- miento de misterio». Precisamente el pasaje evangélico de hoy lo confirma, prosiguió el Papa. Cuando la Virgen recibe del ángel el anuncio del Hijo, «el misterio de su maternidad personal» permanece oculto. Y ésta es una verdad que se refiere también a todos nosotros. «Esta sombra de Dios en nosotros, en nuestra vida», afirmó el Pontífice, nos ayuda a «descubrir nuestro misterio: nuestro misterio del encuentro con el Señor, nuestro misterio del camino de la vida con el Señor». En efecto, «cada uno de nosotros —explicó el Papa— sabe cómo obra misteriosamente el Señor en su corazón, en su alma. Y cuál es la nube, el poder, cómo es el estilo del Espíritu Santo para cubrir nuestro misterio. Esta nube en nosotros, en nuestra vida, se llama silencio. El silencio es precisamente la nube que cubre el misterio de nuestra relación con el Señor, de nuestra santidad y nuestros pecados». Es un «misterio» que, continuó, «no podemos explicar. Pero cuando no hay silencio en nuestra vida el misterio se pierde, se va». He aquí, entonces, la importancia de «custodiar el misterio con el silencio: es la nube, el poder de Dios para nosotros, la fuerza del Espíritu Santo». El Papa Francisco propuso una vez más el testimonio de la Virgen que vivió hasta el final «este silencio» en toda su vida. «Pienso —dijo el Pontífice— cuántas veces calló, cuántas veces no dijo lo que sentía para custodiar el misterio de la relación con su Hijo». Y recordó que «Pablo VI en 1964, en Nazaret, nos decía que tenemos la necesidad de renovar y reforzar, de robustecer el silencio», precisamente porque «el silencio custodia el misterio». El Papa dejó lugar luego «al silencio de la Virgen al pie de la cruz», a lo que pasaba por su mente —recordó— como hizo también Juan Pablo II. En realidad, precisó, el Evangelio, no refiere palabra alguna de la Virgen: María «era silenciosa, pero dentro de su corazón cuántas cosas decía al Señor» en ese momento crucial de la historia. Probablemente María habrá reflexionado en las palabras del ángel que «hemos leído» en el Evangelio respecto a su Hijo: «Aquel día me dijiste que sería grande. Tú me dijiste que le darías el trono de David su padre y que reinaría para siempre. Pero ahora lo veo allí», en la cruz. María «con el silencio cubrió el misterio que no comprendía. Y con el silencio dejó que el misterio pudiera crecer y florecer» llevando a todos una gran «esperanza». «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra»: las palabras del ángel a María, dijo una vez más el Pontífice, nos aseguran que «el Señor cubre su misterio». Porque «el misterio de nuestra relación con Dios, de nuestro camino, de nuestra salvación no se puede poner al aire, hacer con él publicidad. El silencio lo custodia». El Papa Francisco concluyó su homilía con la oración de que «el Señor nos dé a todos la gracia de amar el silencio, buscarlo, tener un corazón protegido por la nube del silencio. Y así el misterio que crece en nosotros dará muchos frutos». Como en espera de un parto En Navidad se viven las «percepciones interiores en femenino» propias de la «espera de un parto». Una actitud espiritual que prevé un estilo de «apertura»: por ello no se debe colocar nunca en la puerta de nuestra alma «un educado cartel» con la inscripción: «Se ruega no molestar». Es una fuerte llamada al significado más auténtico de la Navidad la propuesta del Papa Francisco durante la misa celebrada el lunes 23 de diciembre en la capilla de Santa Marta. «En ésta última semana» que precede a la Navidad —recordó el Pontífice— «la Iglesia repite la oración: ¡Ven, Señor!». Y haciendo así, «llama al Señor con tantos nombres distintos, llenos de un mensaje sobre el Señor» mismo: «Oh sabiduría, oh Dios poderoso, oh raíz de Jesé, oh SIGUE EN LA PÁGINA 11

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 En el Ángelus del 22 de diciembre Una casa para cada familia Con su actitud de «plena disponibilidad interior a la voluntad de Dios» san José es un ejemplo para todo cristiano. Lo dijo el Papa Francisco en el Ángelus del domingo 22 de diciembre, en la plaza de San Pedro, indicando en el esposo de María el modelo de «hombre bueno», que «no odiaba» y no permitía «que el rencor envenenase el alma». Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este cuarto domingo de Adviento, el Evangelio nos relata los hechos que precedieron el nacimiento de Jesús, y el evangelista Mateo los presenta desde el punto de vista de san José, el prometido esposo de la Virgen María. José y María vivían en Nazaret; aún no vivían juntos, porque el matrimonio no se había realizado todavía. Mientras tanto, María, después de acoger el anuncio del Ángel, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Cuando José se dio cuenta del hecho, quedó desconcertado. El Evangelio no explica cuáles fueron sus pensamientos, pero nos dice lo esencial: él busca cumplir la voluntad de Dios y está preparado para la renuncia más radical. En lugar de defenderse y hacer valer sus derechos, José elige una solución que para él representa un enorme sacrificio. Y el Evangelio dice: «Como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado» (1, 19). Esta breve frase resume un verdadero drama interior, si pensamos en el amor que José tenía por María. Pero también en esa circunstancia José quiere hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, repudiar a María en privado. Hay que meditar estas palabras para comprender cuál fue la prueba que José tuvo que afrontar los días anteriores al nacimiento de Jesús. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abrahán, cuando Dios le pidió el hijo Isaac (cf. Gn 22): renunciar a lo más precioso, a la persona más amada. Pero, como en el caso de Abrahán, el Señor interviene: encontró la fe que buscaba y abre una vía diversa, una vía de amor y de felicidad: «José —le dice— no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1, 20). Este Evangelio nos muestra toda la grandeza del alma de san José. Él estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande. José era un hombre que siempre dejaba espacio para escuchar la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto querer, un hombre atento a los mensajes que le llegaban desde lo profundo del corazón y desde lo alto. No se obstinó en seguir su proyecto de vida, no permitió que el rencor le envenenase el alma, sino que estuvo disponible para ponerse a disposición de la novedad que se le presentaba de modo desconcertante. Y así, era un hombre bueno. No odiaba, y no permitió que el rencor le envenenase el alma. ¡Cuán- Misa en Santa Marta VIENE DE LA PÁGINA 10 sol, oh rey de las naciones, oh Emanuel». La Iglesia hace esto, explicó el Santo Padre, porque «está en espera de un parto». En efecto «también la Iglesia, esta semana, es como María: en espera del parto». En su corazón la Virgen «sentía lo que sienten todas las mujeres en ese momento» tan especial: esas «percepciones interiores en su cuerpo y en su alma» de las cuales comprende que el hijo ya está por nacer. Y «en su corazón decía seguramente» al niño que llevaba en su seno: «Ven, quiero mirarte a la cara porque me han dicho que serás grande». Es una experiencia espiritual que vivimos también «nosotros como Iglesia», porque «acompañamos a la Virgen en este camino de espera». Y «queremos apresurar este nacimiento del Señor». Éste es el motivo de la oración: «Ven, oh llave de David, oh sol, oh sabiduría, oh Emanuel. ¡Ven!». Una invocación evocada también en los últimos versículos de la Biblia cuando, al final del libro del Apocalipsis, la Iglesia repite: «Ven, Señor Jesús». Y lo hace con «esa palabra aramea —maranathà— que puede significar un deseo o también una seguridad: el Señor viene». En realidad, «el Señor viene dos veces». La primera, explicó el Obispo de Roma, es «la que conmemoramos ahora, el nacimiento físico». Luego «vendrá al final, a cerrar la historia». Pero, añadió, «san Bernardo nos dice que hay una tercera venida del Señor: la de cada día». En efecto «el Señor cada día visita a su Iglesia. Nos visita a cada uno de nosotros. Y también nuestra alma entra en esta semejanza: nuestra alma se asemeja a la Iglesia; nuestra alma se asemeja a María». En esta perspectiva el Papa Francisco recordó que «los padres del desierto dicen que María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas». Así «lo que se dice de una, análogamente se puede decir de la otra». Por lo tanto «nuestra alma está en espera, en espera por la venida del Señor. Un alma abierta que llama: ¡ven, Señor!». Precisamente en estos días, dijo el Pontífice, el Espíritu Santo mueve el corazón de cada uno a «hacer esta oración: ¡ven, ven!». Por lo demás, «todos los días de Adviento —recordó— hemos dicho en el prefacio que nosotros, la Iglesia, como María, estamos «vigilantes en espera»». Y «la vigilancia es la virtud, es la actitud de los peregrinos. Somos peregrinos». Una condición que sugirió al Papa una pregunta: «¿Estamos en espera o estamos cerrados? ¿Estamos vigilantes o estamos seguros en un albergue en el camino y ya no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes?». He aquí por qué la Iglesia nos invita a rezar con este «¡Ven!». Se trata, en definitiva, de «abrir nues- tra alma» para que en estos días esté «vigilante en la espera». Es una invitación a comprender «qué sucede» a nuestro alrededor: «si viene el Señor o si no viene; si hay sitio para el Señor o hay sitio para las fiestas, para hacer compras, hacer ruido». Una reflexión que, según el Pontífice, lleva a otra pregunta dirigida a nosotros mismos: «¿Nuestra alma está abierta, como está abierta la santa madre Iglesia y como estaba abierta la Virgen? ¿O nuestra alma está cerrada y hemos colgado en la puerta un cartel, muy educado, que dice: se ruega no molestar?». «El mundo no acaba con nosotros», afirmó el Papa, y «nosotros no somos más importantes que el mundo». Así, continuó, «con la Virgen y con la madre Iglesia nos hará bien repetir hoy en oración estas invocaciones: oh sabiduría, oh llave de David, oh rey de las naciones, ven, ven». Y será un bien, insistió, «repetir muchas veces: ¡ven!». Una oración que se convierte en examen de conciencia, para verificar «cómo es nuestra alma» y hacer que «no sea un alma que diga» a los demás que no le molesten, sino más bien «un alma abierta, un alma grande para recibir al Señor en estos días». Un alma, concluyó el Santo Padre, «que comienza a sentir lo que mañana en la antífona nos dirá la Iglesia: Hoy sabréis que vendrá el Señor, y mañana veréis su gloria». tas veces a nosotros el odio, la antipatía, el rencor nos envenenan el alma! Y esto hace mal. No permitirlo jamás: él es un ejemplo de esto. Y así, José llegó a ser aún más libre y grande. Aceptándose según el designio del Señor, José se encuentra plenamente a sí mismo, más allá de sí mismo. Esta libertad de renunciar a lo que es suyo, a la posesión de la propia existencia, y esta plena disponibilidad interior a la voluntad de Dios, nos interpelan y nos muestran el camino. Nos disponemos entonces a celebrar la Navidad contemplando a María y a José: María, la mujer llena de gracia que tuvo la valentía de fiarse totalmente de la Palabra de Dios; José, el hombre fiel y justo que prefirió creer al Señor en lugar de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano. Con ellos, caminamos juntos hacia Belén. Al término de la oración mariana el Pontífice, refiriéndose a un cartel ubicado en la plaza que decía: «Los pobres no pueden esperar», dirigió un pensamiento a quienes no tienen una casa donde vivir, invitando a hacer «todo lo posible» para garantizar una vivienda a cada familia. Leo allí, escrito en grande: «Los pobres no pueden esperar». ¡Es hermoso! Y esto me hace pensar que Jesús nació en un establo, no en una casa. Después tuvo que huir, ir a Egipto para salvar la vida. Al final, volvió a su casa, a Nazaret. Hoy pienso, al leer ese cartel, en tantas familias sin casa, sea porque jamás la han tenido, sea porque la han perdido por diversos motivos. Familia y casa van unidos. Es muy difícil llevar adelante una familia sin habitar en una casa. En estos días de Navidad, invito a todos —personas, entidades sociales, autoridades— a hacer todo lo posible para que cada familia pueda tener una casa. Deseo a todos un feliz domingo y una Navidad de esperanza, de justicia y de fraternidad. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 COMUNICACIONES Colegio episcopal Curia romana Mons. Vicente Bokalic, obispo de Santiago del Estero (Argentina) Mons. Gabriel Barba, obispo de Gregorio de Laferrere (Argentina) Mons. Gabriel Montero, obispo de San Isidro de El General (Costa Rica) RENUNCIAS: El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Santiago del Estero (Argentina) que monseñor FRANCISCO POLTI SANTILLÁN, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Francisco Polti Santillán, del clero de la prelatura personal del Opus Dei, nació en Santiago del Estero el 17 de noviembre de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 11 de agosto de 1963. Juan Pablo II le nombró obispo de Santo Tomé el 13 de julio de 1994; recibió la ordenación episcopal el 22 de agosto del mismo año. Benedicto XVI le trasladó a la diócesis de Santiago del Estero el 17 de mayo de 2006. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Gregorio de Laferrere (Argentina) que monseñor JUAN HORACIO SUÁREZ, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Juan Horacio Suárez nació en Villa Nueva, entonces arquidiócesis de Córdoba, el 12 de marzo de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 2 de diciembre de 1967. Juan Pablo II le nombró obispo de Gregorio de Laferrere el 25 de noviembre de 2000; recibió la ordenación episcopal el 23 de diciembre sucesivo. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de San Isidro de El General (Costa Rica) que monseñor GUILLERMO LORÍA GARITA, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Guillermo Loría Garita nació en Tierra Blanca, diócesis de Cartago, el 19 de noviembre de 1937. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de diciembre de 1963. Juan Pablo II le nombró obispo de San Isidro de El General el 31 de julio de 2003; recibió la ordenación episcopal el 1 de octubre del mismo año. El Papa ha aceptado la renuncia a la función de auxiliar de la archidiócesis de Eger (Hungría) que monseñor ISTVÁN KATONA, obispo titular de Brescello, le había presentado en conformidad con los cánones 411 y 401 § 1 del Código de derecho canónico. István Katona nació en Nagykáta, diócesis de Vác, el 3 de octubre de 1928. Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de junio de 1953. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Brescello y auxiliar de Eger el 3 de noviembre de 1989; recibió la ordenación episcopal el 9 de diciembre del mismo año. EL PAPA HA NOMBRADO: —Obispo de Santiago del Estero (Argentina) a monseñor VICENTE BOKALIC IGLIC, C.M., hasta ahora obispo titular de Summa y auxiliar SIGUE EN LA PÁGINA 13 El Santo Padre ha confirmado «donec aliter provideatur» en el cargo de prefecto de la Congregación para las causas de los santos al cardenal ANGELO AMATO, S.D.B. Al mismo tiempo, Su Santidad ha confirmado en el cargo de secretario del dicasterio a monseñor MARCELLO BARTOLUCCI. Audiencias pontificias EL SANTO PADRE HA RECIBIDO EN AUDIENCIA: Sábado 21 de diciembre —Al cardenal Marc Ouellet, P.S.S., prefecto de la Congregación para los obispos. Lunes, día 23 —Al cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales. —A monseñor Javier Echevarría Rodríguez, obispo titular de Cilibia, prelado del Opus Dei. —Al cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles (Italia), con una delegación para la presentación del belén de la plaza de San Pedro. —A monseñor Pedro López Quintana, arzobispo titular de Agrópoli, nuncio apostólico. —Al embajador de Cuba ante la Santa Sede, Rodney Alejandro López, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales. Nombramientos pontificios El Papa ha nombrado miembros ordinarios de la Academia pontificia de ciencias a los profesores SHINYA YAMANAKA, docente de biología celular en la Universidad de Kyoto (Japón), y JUAN MARTÍN MALDACENA, docente de física teórica en el Institute for Advanced Study de Princeton, NJ, (Estados Unidos). Shinya Yamanaka nació el 4 de septiembre de 1962 en Higashi_saka, Osaka (Japón). Se licenció en medicina en la Universidad de Kobe en 1987; luego se especializó como cirujano ortopédico antes de dedicarse a la investigación. Obtuvo el doctorado en la Universidad de Osaka en 1993 y posteriormente pasó al Gladstone Institute de San Francisco (Estados Unidos) y al Nara Institute of Science and Technology en Japón. Actualmente es director del Center of iPS Cell Research and Application de la Uni- versidad de Kyoto y sigue colaborando con el Gladstone Institute. Sus investigaciones tratan sobre los modos de generar células semejantes a las células madre embrionales a través de la reprogramación de células somáticas con el fin de comprender sus mecanismos moleculares en base a la pluripotencia y proliferación rápida de las células madre embrionales e individuar los factores que inducen a la reprogramación. Les ha dado el nombre de «células madre pluripotentes (iPS)». Recibió el premio nobel en fisiología o medicina en 2012. Juan Martín Maldacena nació el 10 de septiembre de 1968 en Buenos Aires (Argentina). Se licenció en física en el Instituto Balseiro de Bariloche en 1991, y se doctoró en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) bajo la dirección del profesor Curtis Callan. Tras algunos años de trabajo postdoctoral en la Universidad de Rutgers, pasó a la Universidad de Harvard y luego al Institute for Advanced Studies de Princeton, donde enseña actualmente. Sus estudios se basan en la gravedad cuántica y la teoría de cuerdas buscando una descripción del espacio-tiempo coherente desde el punto de vista de la mecánica cuántica. Ha examinado los aspectos cuánticos de los agujeros negros sobre la base de la teoría de cuerdas, proponiendo una equivalencia entre espacio-tiempo hiperbólico cuántico y las teorías de los campos cuánticos que se encuentran en sus confines. Es miembro de la Academia americana de artes y ciencias y recibió la beca de estudio Mac Arthur, el premio Sackler, el premio Dannie Heineman, la medalla Dirac del SIGUE EN LA PÁGINA 13 Su Santidad ha confirmado además en el cargo de miembros del mismo dicasterio a los cardenales: Jean-Claude Turcotte, Juan Luis Cipriani Thorne, Ennio Antonelli, Agostino Vallini, Antonio Cañizares Llovera, Paul Josef Cordes, Angelo Comastri, Stanisław Ryłko, Francesco Monterisi, Kurt Koch, Paolo Sardi, Velasio De Paolis, Manuel Monteiro de Castro, Santos Abril y Castelló, Francesco Coccopalmerio y James Michael Harvey; y a los monseñores: Félix del Blanco Prieto, Fabio Berardo D'Onorio, Giovanni Paolo Benotto, Salvatore Fisichella, Zygmunt Zimowski, Renato Boccardo, Lorenzo Chiarinelli, Marcello Semeraro, Lino Fumagalli, Paolino Schiavon, Antoni Stankiewicz, Gianfranco Girotti, Ambrogio Spreafico y Raffaello Martinelli. El Sumo Pontífice ha confirmado también en el cargo de consultores de dicho dicasterio a monseñor Sergio Pagano, monseñor Joaquín Alonso Pacheco, presbítero Francesco Asti, presbítero Nicola Bux, presbítero Alfonso C. Chacón Oreja, monseñor Lorenzo Dattrino, presbítero Miguel De Salis Amaral, don Antonio Escudero Cabello, S.D.B., padre Maurizio Pietro Faggioni, O.F.M., monseñor Jair Ferreira Pena, don Jesús Manuel García Gutiérrez, S.D.B., padre Wojciech Giertych, O.P., padre François-Marie Léthel, O.C.D., padre Mieczysław Lubomirski, S.J., padre Sabatino Majorano, C.SS.R., padre Germano Marani, S.J., monseñor Guido Mazzotta, don Aimable Musoni, S.D.B., padre Stéphane Oppes, O.F.M., padre Adam Owczarski, C.SS.R., monseñor Mario Pangallo, padre Szczepan T. Prałkiewicz, O.C.D., padre Marek Adam Rostkowski, O.M.I., padre Felice Ruffini, M.I., monseñor Erich Schmid, padre Zbigniew Suchecki, O.F.M. CONV., padre Damian Jan Synowiec, O.F.M.CONV., padre Mihály Szentmártoni, S.J., monseñor Francesco Maria Tasciotti, padre Angelo Giuseppe Urru, O.P., presbítero Filippo Urso, padre Alberto Valentini, S.M.M., padre Adam Wolanin, S.I., padre Alfonso Amarante, C.SS.R., hna. Albarosa Ines Bassani, S.D.V.I., profesor Pietro Borzomati, padre Marcel Chappin, S.J., monseñor Luis Manuel Cuña Ramos, padre Fidel González Fernández, M.C.C.J., doctor Johan Ickx, monseñor Wilhelm Imkamp, padre Gabriele Ingegneri, O.F.M.CAP., padre Marek Inglot, S.J., padre Carlo Longo, O.P., hna. Grazia Loparco, F.M.A., doctor Christoph Ludwig, padre Luigi Nuovo, C.M., profesor Ulderico Parente, doctor Gaetano Passarelli, profesor Francesco Ricciardi Celsi, don Giorgio Rossi, S.D.B. y monseñor Mario Sensi.

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 13 Colegio episcopal VIENE DE LA PÁGINA 12 de Buenos Aires (Argentina). Vicente Bokalic Iglic, C.M., nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1952. Ingresó en la Congregación de la Misión (padres paúles), donde recibió la ordenación sacerdotal el 1 de abril de 1978. Benedicto XVI le nombró obispo titular de Summa y auxiliar de la arquidiócesis de Buenos Aires el 15 de marzo de 2010; recibió la ordenación episcopal el 29 de mayo del mismo año. —Obispo de Gregorio de Laferrere (Argentina) a monseñor GABRIEL BERNARDO BARBA, hasta ahora vicario general de la diócesis de MerloMoreno. Gabriel Bernardo Barba nació en Morón, Buenos Aires, el 24 de abril de 1964. Recibió la ordenación sacerdotal el 12 de agosto de 1989, incardinado posteriormente a la diócesis de Merlo-Moreno en 1997. Obtuvo la licenciatura en derecho canónico en la Pontificia Universidad católica argentina. En su ministerio ha sido, entre otros, los siguientes cargos: vicario parroquial en diversas parroquias; párroco; secretario de la vicaría episcopal para la juventud y canciller de la curia diocesana; miembro del consejo presbiteral y del colegio de consultores; instructor de la comisión judicial diocesana y de las causas sacerdotales; profesor en la Universidad católica; encargado de la formación de los diáconos permanentes; vicario general y moderador de la curia. —Obispo de San Isidro de El Gene- ral (Costa Rica) al padre GABRIEL ENRIQUE MONTERO UMAÑA, O.F.M.CONV. Gabriel Enrique Montero Umaña, O.F.M.CONV., nació en Moravia, arquidiócesis de San José de Costa Rica, el 6 de noviembre de 1945. Ingresó en la Orden de Frailes Menores Conventuales, donde recibió la ordenación sacerdotal el 16 de agosto de 1973. Obtuvo un master en estudios franciscanos en Nueva York (Estados Unidos). Ha desempeñado su ministerio como vicepárroco; responsable de la formación de postulantes y maestro de novicios en diversos centros de formación; custodio provincial en diversos países; asistente general de su Orden para África, Asia y Australia con sede en Roma y rector del colegio internacional de franciscanos conventuales. En el último período era miembro de su comunidad conventual en Moravia y colaborador local de la nunciatura apostólica en Costa Rica. —Obispo de Manzini (Suazilandia) a monseñor JOSÉ LUIS GERARDO Lutos en el episcopado —Monseñor WILLIAM JEROME MCCORMACK, obispo titular de Nicives, auxiliar emérito de Nueva York (Estados Unidos), falleció el 23 de noviembre de 2013. Había nacido en Nueva York el 24 de enero de 1924. Era sacerdote desde el 21 de febrero de 1959. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Nicives y auxiliar de la archidiócesis de Nueva York el 18 de diciembre de 1986; recibió la ordenación episcopal el 6 de enero de 1987. El mismo Papa aceptó su renuncia a la función de auxiliar el 30 de octubre de 2001. —Monseñor MAX GEORG VON TWICKEL, obispo titular de Lugura, auxiliar emérito de Münster (Alemania), falleció el 27 de noviembre de 2013. Había nacido en Havixbeck, diócesis de Münster, el 22 de agosto de 1926. Era sacerdote desde el 6 de agosto de 1952. Pablo VI le nombró obispo titular de Lugura y auxiliar de Münster el 18 de enero de 1973; recibió la ordenación episcopal el 24 de febrero sucesivo. El Papa aceptó su renuncia a la función de auxiliar el 6 de julio de 2001. —Monseñor WALDYR CALHEIROS NOVAES, obispo emérito de Barra do Piraí-Volta Redonda (Brasil), falleció el 30 de noviembre de 2013. Había nacido en Murici, archidiócesis de Maceió (Brasil), el 29 de julio de 1923. Era sacerdote desde el 25 de julio de 1948. Pablo VI le nombró obispo titular de Mulia y auxiliar de San Sebastián de Río de Janeiro (Brasil) el 25 de febrero de 1964; recibió la ordenación episcopal el 1 de mayo sucesivo. El Papa le nombró obispo de Barra do Piraí-Volta Redonda el 20 de octubre de 1966. Juan Pablo II aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha sede el 17 de noviembre de 1999. —Monseñor FERNANDO SABOGAL VIANA, obispo titular de Muteci, auxiliar de Bogotá (Colombia), falleció el 1 de diciembre de 2013. Había nacido en Mariquita, diócesis de Líbano-Honda, el 28 de mayo de 1941. Era sacerdote desde el 22 de enero de 1967. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Muteci y auxiliar de la arquidiócesis de Bogotá el 8 de marzo de 1996; recibió la ordenación episcopal el 13 de abril del mismo año. —Monseñor ANTÔNIO LINO DA SILVA DINIS, obispo de Itumbiara (Brasil), falleció el 1 de diciembre de 2013. Había nacido en Famalicão, archidiócesis de Braga (Portugal), el 22 de febrero de 1943. Era sacerdote desde el 15 de agosto de 1966. Juan Pablo II le nombró obispo de Itumbiara el 24 de febrero de 1999; recibió la ordenación episcopal el 1 de mayo sucesivo. —Monseñor FRANCISCO MANUEL VIEIRA, obispo emérito de Osasco (Brasil), falleció el 23 de diciembre de 2013. Había nacido en Río Tinto, diócesis de Oporto (Portugal), el 29 de octubre de 1925. Era sacerdote desde el 8 de diciembre de 1952. Pablo VI le nombró obispo titular de Ippona Zárito y auxiliar de São Paulo (Brasil) el 12 de diciembre de 1974; recibió la ordenación episcopal el 25 de enero de 1975. Juan Pablo II le nombró primer obispo de Osasco el 15 de marzo de 1989; y aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha circunscripción eclesiástica el 24 de abril de 2002. PONCE DE LEÓN, I.M.C., hasta ahora obispo titular de Maturba y vicario apostólico de Ingwavuma. Le nombró también administrador apostólico «sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis» de dicho vicariato apostólico. José Luis Gerardo Ponce de León, I.M.C., nació en Buenos Aires (Argentina) el 8 de mayo de 1961. Ingresó en el Instituto de la Consolata para las Misiones Extranjeras, donde recibió la ordenación sacerdotal el 2 de agosto de 1986. Benedicto XVI le nombró obispo titular de Maturba y vicario apostólico de Ingwavuma el 24 de noviembre de 2008; recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 2009. —Obispo de San Marino-Montefeltro (Italia-San Marino) a monseñor ANDREA TURAZZI. Andrea Turazzi nació en Stellata di Bondeno, Ferrara, el 24 de agosto de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de mayo de 1972. Se licenció en teología en el Studio Teologico Accademico Bolognese. En su ministerio ha sido vicario parroquial y párroco en diversas parroquias; formador en el seminario diocesano; director de la oficina diocesana y coordinador de la oficina pastoral; delegado episcopal para el diaconado permanente y para el Ordo Virginum; asistente diocesano y regional de la Acción católica; miembro del consejo presbiteral y del colegio de consultores. —Obispo de Vitebsk (Bielorrusia) al presbítero ALEH BUTKEVICH. Aleh Butkevich nació en Braslau, actual diócesis de Vitebsk, el 18 de marzo de 1972. Estudió ingeniería mecánica. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de mayo de 2000. En su ministerio ha sido vicario foráneo para la zona del norte de la diócesis; vicario parroquial y párroco en diversas parroquias. —Obispo de Mansa (Zambia) al padre PATRICK CHISANGA, O.F.M.CONV. Patrick Chisanga, O.F.M.CONV., nació en Kamuchanga, diócesis de Ndola, el 16 de mayo de 1971. Ingresó en la Orden de Frailes Menores Conventuales, donde recibió la ordenación sacerdotal el 27 de junio de 1999. Realizó los estudios superiores de psicología en la Pontificia Uni- versidad Gregoriana de Roma. En su ministerio ha desempeñado los siguientes cargos: párroco, formador; viceguardián y guardián en su Orden; docente y ministro provincial en diversos países. —Obispo titular de Scilio y auxiliar de Minsk-Mohilev (Bielorrusia) al presbítero YURY KASABUTSKI. Yury Kasabutski nació en Maladechna, archidiócesis de Minsk-Mohilev, el 15 de febrero de 1970. Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de diciembre de 1996. Obtuvo la licenciatura en teología fundamental en la Universidad católica de Lublin. Ha desempeñado su ministerio en diversas parroquias; ha sido formador en el seminario interdiocesano, administrador parroquial, secretario de la conferencia de los obispos católicos de Bielorrusia y canciller de la curia archidiocesana de Minsk-Mohilev. —Obispo titular de Tabaicara y auxiliar de Grodno (Bielorrusia) a monseñor IOSIF STANEUSKI. Iosif Staneuski nació en Zanievichy, diócesis de Grodno, el 4 de abril de 1969. Recibió la ordenación sacerdotal el 17 de junio de 1995. Obtuvo la licenciatura en derecho canónico en la Universidad católica de Lublin. En su ministerio ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial; juez y vicario auxiliar del Tribunal interdiocesano de primera instancia; miembro del consejo presbiteral y del colegio de consultores; responsable para la formación pastoral de jóvenes sacerdotes y coordinador de la pastoral vocacional; formador y, en el último período, rector del seminario mayor. —Obispo titular de Torre di Mauritania y auxiliar de Lausana, Ginebra y Friburgo (Suiza) a monseñor ALAIN DE RAEMY. Alain De Raemy nació en Barcelona (España) el 19 de abril de 1959. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de octubre de 1986, incardinado en la diócesis de Lausana, Ginebra y Friburgo. Obtuvo la licenciatura en teología en la Universidad de Friburgo. En su ministerio ha sido párroco en diversas parroquias; canónigo de la catedral y párroco moderador de la unidad pastoral de Notre Dame en Friburgo. Desde el año 2006 era capellán de la Guardia Suiza Pontificia en el Vaticano. Nombramientos pontificios VIENE DE LA PÁGINA 12 ICPT y el premio de física fundamental. La Academia pontificia de ciencias le concedió la medalla Pio XI en 2002. El Santo Padre ha nombrado miembro ordinario de la Academia pontificia de ciencias sociales al profesor STEFANO ZAMAGNI, docente de economía en la Universidad de Bolonia (Italia). Stefano Zamagni nació en el año 1943 en Rímini (Italia). Se licenció en economía y comercio en la Universidad católica del Sacro Cuore de Milán. Sucesivamente se especializó en el Linacre College de la Universidad de Oxford en 1973. De 1985 a 2007 enseñó historia del análisis económico en la Universidad Luigi Bocconi de Milán. Actualmente es docente ordinario de política económica en la Universidad de Bolonia y profesor adjunto de economía política internacional en la Johns Hopkins University. Forma parte del comité científico de diversas revistas económicas italianas e internacionales. Fue nombrado consultor del Consejo pontificio Justicia y paz en 1991 y colaboró con la redacción de la encíclica Caritas in veritate. En 1999 fue admitido a la New York Academy of Sciences.

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página 14 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 Fue arzobispo de Barcelona de 1990 a 2004 La muerte del cardenal Carles Gordó El cardenal Ricardo María Carles Gordó, arzobispo emérito de Barcelona (España), falleció el martes 17 de diciembre de 2013, por la mañana, en el hospital de Tortosa, donde estaba ingresado desde que el pasado 25 de noviem- bre fue afectado por un ictus cerebral. Tenía 87 años. El funeral se celebró en la catedral de Barcelona el jueves 19 de diciembre, presidido por su sucesor, el cardenal Lluís Martínez Sistach. Nació en Valencia el 24 de septiembre de 1926. En su juventud hubiese querido profundizar los estudios científicos, especialmente química, materia por la que sentía especial atracción desde que era muchacho. Terminada la educación obligatoria sintió la llamada al sacerdocio. Y al término de un intenso período de discernimiento, ingresó en el seminario mayor de Valencia. Recordaba esos años de formación como la época en la que había madurado «la cultura básica, el espíritu cristiano y la exigencia de la práctica de algunas virtudes humanas y cristianas». Una deuda de especial reconocimiento conservaba hacia su familia. «Si miro el inicio de mi biografía —relataba— encuentro la fe de un niño, alimentada por la fe enérgica y firme de un padre bueno, que lo veía todo a la luz de la fe, y por la ternura de una madre, una ternura tan visible que me impulsaba a abrir mi pequeño corazón de niño al amor de Dios. Una fe compartida con un hermano poco mayor que yo por edad —Dios no dio otros hijos a mis padres—, pero mucho más grande que yo por virtudes humanas y vida cristiana. Y cuanto más lo recuerdo, se me hace más vivo y ejemplar su testimonio de fe». Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia el 29 de junio de 1951. En 1953 se doctoró en derecho canónico en la Pontificia Universidad de Salamanca. En su diócesis de origen desempeñó diversos cargos, entre ellos párroco en Tavernes di Valldigna y en San Fernando, en Valencia. Se dedicó de modo especial a la pastoral juvenil y fue consejero de la «Juventud Obrera Cristiana», una obra de apostolado que recordaba con afecto especial. Más tarde fue nombrado rector de la residencia de los diáconos, delegado episcopal para el clero y consejero diocesano para la pasto- ral familiar. Pablo VI lo nombró obispo de Tortosa el 6 de junio de 1969. Recibió la ordenación episcopal el 3 de agosto sucesivo en la catedral de Tortosa. Su actitud de diálogo y colaboración lo llevó a potenciar los organismos de comunión y de participación de los presbíteros y los laicos. Convocó y guió un Sínodo diocesano —el único celebrado en el periodo del post-concilio en las diócesis catalanas— con una amplia participación de representantes de todas las parroquias de Tortosa. En la Conferencia episcopal española, en ese período fue miembro de varias comisiones, presidente de la subcomisión para la familia y de la comisión para los seminarios y las universidades. El 23 de marzo de 1990 Juan Pablo II lo promovió a arzobispo de Barcelona. En el consistorio del 26 de noviembre de 1994, el Santo Padre lo creó cardenal del título de Santa María Consoladora en el Tiburtino. Durante su episcopado en Barcelona creó los consejos diocesanos presbiteral y pastoral. Sus orientaciones para la pastoral diocesana se concretizaron en el proyecto pastoral «Identidad, comunión, evangelización», con cinco destinatarios: los creyentes no practicantes, los no creyentes, la juventud, los marginados e inmigrantes y las familias. En Barcelona creó el Instituto de teología espiritual. Promovió la pastoral para los marginados a través de la acción social en los barrios más necesitados de la ciudad. Especial Pésame del Santo Padre El Santo Padre Francisco, apenas tuvo noticia de la muerte del cardenal Ricardo María Carles Gordó, se recogió en oración. Luego envió al cardenal Lluís Martínez Sistach, actual arzobispo de Barcelona, el siguiente telegrama de pésame: Al haber sido informado de la triste noticia del fallecimiento del amadísimo cardenal Ricardo María Carles Gordó, arzobispo emérito de Barcelona, ofrezco fervientes sufragios por el eterno descanso de quien ejerció con diligente solicitud apostólica el ministerio episcopal, primero como obispo de Tortosa y después al frente de esa querida archidiócesis de Barcelona, entregándose constantemente al quehacer evangelizador con sabiduría y generosidad e impulsando infatigablemente numerosas iniciativas pastorales, con gran cercanía a los sacerdotes, a la vida consagrada y a los seminaristas, a quienes dedicó una especial atención. Al evocar los grandes servicios prestados por él a la Iglesia, deseo manifestar mi más sentido pésame a vuestra eminencia, a su obispo auxiliar, al presbiterio, comunidades religiosas y fieles de esa Iglesia particular, así como a quienes gozaron de la amistad y cercanía del difunto purpurado y, rogándole que tenga la bondad de transmitir también estos mismos sentimientos a los familiares del recordado cardenal, otorgo de corazón a todos la confortadora bendición apostólica, como signo de esperanza en Cristo resucitado. Franciscus PP. atención dedicó al seminario diocesano y a las vocaciones sacerdotales. Reorganizó la archidiócesis en zonas episcopales, confiadas a obispos auxiliares. Junto a otras diócesis catalanas —sufragáneas de la archidiócesis de Tarragona— y gracias a una especial concesión del Papa, la archidiócesis de Barcelona participó en 1995 en el concilio provincial de Tarragona. En ese período fue también miembro del comité ejecutivo y de la comisión permanente de la Conferencia episcopal española. Juan Pablo II aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona el 15 de junio de 2004. En la Curia romana fue miembro de la Congregación para la educación católica y del Consejo pontificio Justicia y paz, del Consejo de cardenales para el estudio de las cuestiones organizativas y económicas de la Santa Sede y de la Prefectura de asuntos económicos de la Santa Sede. Uno de los temas a los que se dedicó con mayor pasión es la relación entre fe y cultura, y en el tomo titulado precisamente «Fe y cultura» recogió conferencias, estudios y reflexiones pastorales. Con ocasión del vigésimo quinto aniversario de su ordenación episcopal publicó también «Cartas desde la vida misma», con escritos e intervenciones sobre temas de actualidad escritos en periódicos o difundidos a través de la radio. Credenciales del embajador de Cuba Audiencia al embajador de Ghana El lunes 23 de diciembre el Pontífice recibió al nuevo embajador de Cuba ante la Santa Sede, Rodney Alejandro López Clemente, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales. El Pontífice recibió en audiencia el viernes 20 de diciembre, al nuevo embajador de Ghana ante la Santa Sede, James K. Bebaako-Mensah, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales.

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número 1, viernes 3 de enero de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 15 En el primer Ángelus del año el Pontífice invita a construir una sociedad más justa Por una paz construida en casa «Que el Señor nos ayude a todos a encaminarnos con más firmeza por las sendas de la justicia y de la paz. Y comencemos en casa. Justicia y paz en casa, entre nosotros. Se comienza a casa y luego se sigue adelante, a toda la humanidad». Es el deseo expresado por el Papa Francisco durante el Ángelus recitado con más cien mil fieles el miércoles 1 de enero, a mediodía, en la plaza de San Pedro. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos día y feliz año! Al inicio del nuevo año dirijo a todos vosotros los más cordiales deseos de paz y de todo bien. Mi deseo es el de la Iglesia, el deseo cristiano. No está relacionado con el sentido un poco mágico y un poco fatalista de un nuevo ciclo que inicia. Sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, que vive entre nosotros; tiene un fin: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor; y tiene una fuerza que la mueve hacia ese fin: la fuerza es el Espíritu Santo. Todos nosotros tenemos el Espíritu Santo que hemos re- cibido en el Bautismo, y Él nos impulsa a seguir adelante por el camino de la vida cristiana, por la senda de la historia, hacia el Reino de Dios. Este Espíritu es la potencia de amor que fecundó el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los constructores de paz. Donde hay un hombre o una mujer constructor de paz, es precisamente el Espíritu Santo quien le ayuda, le impulsa a construir la paz. Dos caminos que se cruzan hoy: fiesta de María santísima Madre de Dios y Jornada mundial de la paz. Hace ocho días resonaba el anuncio angelical: «Gloria a Dios y paz a los hombres»; hoy lo acogemos nuevamente de la Madre de Jesús, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19), para hacer de ello nuestro compromiso a lo largo del año que comienza. El tema de esta Jornada mundial de la paz es «Fraternidad, fundamento y camino para la paz». Fraternidad: siguiendo la estela de mis Predecesores, a partir de Pablo VI, he desarro- Séptima visita del Papa Francisco a Santa María la Mayor Oración silenciosa a la Salus populi Romani Por la mañana junto a más de cien mil fieles en la plaza de San Pedro; por la tarde con la solitaria, personalísima oración en la capilla de la Salus populi romani en Santa María la Mayor. De esta manera, el Papa Francisco encomendó a la «Santa Madre de Dios» las esperanzas de todo el mundo y las expectativas de justicia de la humanidad, el día en que la Iglesia celebra la Jornada mundial de la paz. Así, el miércoles 1 de enero de 2014, tras invitar a los fieles —reunidos en la plaza de San Pedro a la hora del Ángelus— a repetir tres veces la invocación a María, por la tarde visitó la basílica liberiana, para renovar su oración a la Señora de la paz, ante la cual se detuvo casi veinte minutos. Una visita imprevista, en forma estrictamente privada, aunque para el Pontífice fue casi imposible evitar el impacto con los cientos de fieles que en ese momento estaban en el templo e improvisamente se dieron cuenta de que el Papa estaba entre ellos. Es de destacar que, a pesar del entusiasmo todo respetaron su momento de oración silenciosa en la capilla de la Virgen, ante la cual depositó un ramo de rosas blancas. Acogió al Santo Padre el cardenal arcipreste Santos Abril y Castelló. Es la séptima vez que el Papa Bergoglio vistia la basílica mariana de Roma. La primera vez fue el 14 de marzo del año pasado, el día siguiente de la elección al Pontificado. Presentación del belén para la plaza de San Pedro El belén preparado este año en la plaza de San Pedro se lo presentó al Papa el 23 de diciembre, por la mañana, el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, acompañado por algunos representantes de la archidiócesis de la región italiana de Campania, del taller artesanal «Cantone e Costabile» y de la sociedad encargada de montarlo. En el encuentro estuvieron presentes el cardenal Giuseppe Bertello, el obispo Fernando Vérgez Alzaga, monseñor Paolo Nicolini y don Rafael García de la Serrana Villalobos llado el tema en un Mensaje, ya difundido y hoy idealmente entrego a todos. En la base está la convicción de que todos somo hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí se deriva para cada uno la responsabilidad de obrar a fin de que el mundo llegue a ser una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan unos a otros. Estamos llamados también a darnos cuenta de las violencias e injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se nece- sita del compromiso de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria. Ayer recibí una carta de un señor, tal vez uno de vosotros, quien informándome sobre una tragedia familiar, a continuación enumeraba muchas tragedias y guerras de hoy en el mundo, y me preguntaba: ¿qué sucede en el corazón del hombre, que le lleva a hacer todo esto? Y decía, al final: «Es hora de detenerse». También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia, y buscar la paz. Hermanos y hermanas, hago mías las palabras de este hombre: ¿qué sucede en el co- razón del hombre? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora de detenerse! Desde todos los rincones de la tierra, los creyentes elevan hoy la oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. En este primer día del año, que el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más firmeza por las sendas de la justicia y de la paz. Y comencemos en casa. Justicia y paz en casa, entre nosotros. Se comienza en casa y luego se sigue adelante, a toda la humanidad. Pero debemos comenzar en casa. Que el Espíritu Santo actúe en nuestro corazón, rompa las cerrazones y las durezas y nos conceda enternecernos ante la debilidad del Niño Jesús. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor. En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial nuestras esperanzas. A ella, que extiende su maternidad a todos los hombres, confiamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que la valentía del diálogo y de la reconciliación predomine sobre las tentaciones de venganza, de prepotencia y corrupción. A ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, pueda hablar a cada conciencia y derribar los muros que impiden a los enemigos reconocerse hermanos. Al término de la oración mariana el Papa saludó a los diversos grupos presentes con estas palabras: Hermanos y hermanas: Deseo agradecer al presidente de la República Italiana las expresiones de felicitación que me dirigió ayer por la tarde, durante su Mensaje a la Nación. Correspondo de corazón, invocando la bendición del Señor sobre el pueblo italiano, a fin de que, con la aportación responsable y solidaria de todos, pueda mirar al futuro con confianza y esperanza. Saludo con gratitud a las numerosas iniciativas de oración y compro- miso por la paz que se desarrollan en todas las partes del mundo con ocasión de la Jornada mundial de la paz. Recuerdo, en especial, la Marcha nacional que tuvo lugar ayer por la tarde en Campobasso, organizada por la CEI, Caritas y Pax Christi. Saludo a los participantes en la manifestación «Paz en todas las tierras», promovida en Roma y en muchos otros países por la Comunidad de San Egidio. Así como a las familias del Movimiento del Amor Familiar, que han pasado la noche en la plaza de San Pedro. ¡Gracias! Gracias por esta oración. Dirijo un saludo cordial a todos los peregrinos presentes, a las familias, a los grupos de jóvenes. Un pensamiento especial a los «Cantori della Stella» – Sternsinger –, es decir, a los niños y muchachos que en Alemania y en Austria llevan a las casas la bendición de Jesús y recogen donativos para los niños que no tienen lo necesario. ¡Gracias por vuestro compromiso! Y saludo también a los amigos y a los voluntarios de la Fraterna Domus. A todos deseo un año de paz en la gracia del Señor y con la protección maternal de María, a quien hoy invocamos con el título de «Madre de Dios». ¿Qué os parece si todos juntos la saludamos, ahora, diciendo tres veces «Santa Madre de Dios»? Todos juntos: ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! ¡Feliz inicio de año, buen almuerzo y hasta la vista!

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página 16 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 3 de enero de 2014, número 1 La misa en la basílica vaticana en la solemnidad de María santísima Madre de Dios Fuente de esperanza y alegría El miércoles 1 de enero por la mañana, solemnidad de María santísima Madre de Dios, el Papa celebró la misa en la basílica vaticana con ocasión de la 47ª Jornada mundial de la paz. La primera lectura que hemos escu- chado nos propone una vez más las antiguas palabras de bendición que Dios sugirió a Moisés para que las enseñara a Aarón y a sus hijos: «Que el Señor te bendiga y te prote- ja. Que el Señor haga brillar su ros- tro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6, 24-25). Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendición precisamente al co- mienzo del nuevo año: ella acompa- ñará nuestro camino durante el tiem- po que ahora nos espera. Son pala- bras de fuerza, de valor, de esperan- za. No de una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas huma- nas; ni tampoco de una esperanza ingenua, que ima- gina un futuro mejor sólo porque es futuro. Esta es- peranza tiene su razón de ser pre- cisamente en la bendición de Dios, una bendi- ción que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amoro- sa del Señor, de su ayuda providen- te. El deseo contenido en esta bendición se ha realizado plenamente en una mujer, María, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura. Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra madre celestial. Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de María encontró eco en Roma, donde poco después se construyó la Basílica de Santa María «la Mayor», primer santuario mariano de Roma y de todo Occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios —la Theotokos— con el título de Salus populi romani. Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de Éfeso se congregaban a ambos lados de la puerta de la basílica donde se reunían los obispos, gritando: «¡Madre de Dios!». Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este título mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espontánea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura. Pero es algo más: es el sensus fidei del santo pueblo fiel de Dios, que nunca, en su unidad, nunca se equivoca. María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. «La Iglesia... camina en el tiempo... Pero en este camino —deseo destacarlo enseguida— procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María» (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 2). Nuestro itinerario de fe es igual al de María, y por eso la Los tuits en Pontifex_es 20 DIC [12.20 PM] Intentemos vivir la Navidad en coherencia con el Evangelio, poniendo a Jesús en el centro de nuestra vida 21 DIC [10.21 AM] El Adviento es un camino hacia Belén. Dejémonos atraer por la luz de Dios hecho hombre 23 DIC [11.23 AM] La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien estar un poco en silencio, para oír la voz del Amor 24 DIC [12.10 PM] El Señor viene. ¡Recibámoslo con el corazón abierto! 25 DIC [10.45 AM] En Navidad Cristo viene entre nosotros: es el momento adecuado para un encuentro personal con el Señor 26 DIC [10.43 AM] Ante el portal de Belén, recemos de modo especial por los que sufren persecución a causa de su fe 27 DIC [11.15 AM] Que la alegría del Evangelio esté siempre en sus corazones, especialmente en este tiempo de Navidad 28 DIC [12.28 PM] María, nuestra Madre, es toda belleza porque está llena de gracia 30 DIC [12.50 PM] En el rostro del Niño Jesús contemplamos el rostro de Dios. ¡Venid a adorarlo! 31 DIC [11.31 AM] Aprendamos del pesebre la alegría y la paz profunda que Jesús viene a traer al mundo 2 ENE 14 [10.01 AM] Dios no se revela en la fuerza o en el poder, sino en la debilidad y en la fragilidad del recién nacido sentimos particularmente cercana a nosotros. Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condición, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces difíciles y oscuros, ha debido avanzar en «la peregrinación de la fe» (CONC. ECUM. VAT. II, const. Lumen gentium, 58). Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: «He ahí a tu madre» (Jn 19, 27). Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la «mujer» se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, a todos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría. La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz y de Dios; y la invocamos todos juntos, y os invito a invocarla tres veces, imitando a aquellos hermanos de Éfeso, diciéndole ¡Madre de Dios!: ¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios! Amén.

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