Ossevatore Romano 2500

 

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Ossevatore Romano 2500

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Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO Año XLIX, número 4 (2.500) EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano 27 de enero de 2017 El Papa Francisco concluyó la Semana de Oración para la Unidad de los cristianos Por el camino de la reconciliación Y exhortó a no vivir para nosotros mismos sino a imagen de Cristo «Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente». Lo dijo el Papa durante las segundas Vísperas de la Solemnidad de la conversión de San Pablo, al final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la Basílica romana de San Pablo Extramuros. Una auténtica reconciliación entre cristianos sólo podrá ser posible cuando seamos capaces de «unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros», subrayó Francisco. En la basílica de san Pablo muy iluminada y con arreglos florales, ha asistido el coro de la Capilla Sixtina, además de los Guardias suizos y numeroso público. Los diversos líderes religiosos intervinieron durante la celebración, leyendo en italiano, en griego, alemán y armenio, algunas in- tenciones o parte de las Escrituras. En su homilía, el Santo Padre invi- tó a no apoyarse en el camino ecuménico en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor. También recordó el «hito importante» de la común conmemoración, el año pasado en la ciudad de Lund, Suecia, del 500 aniversario de la Reforma luterana. «Este año, mientras caminamos por el camino de la unidad, recordamos especialmente el quinto centenario de la Reforma protestante. El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante, logrado con la ayuda de Dios y de la oración a través de cincuenta años de conocimiento recíproco y de diálogo ecuménico». El Papa, saludó a los representantes de las demás confesiones cristianas y, particularmente, a los estudiantes del Ecumenical Institute of Bossey. Concluyó su homilía afirmando que «nuestra oración por la unidad de los cristianos participa en la oración que Jesús dirigió al Padre antes de la pasión, «para que todos sean uno» (Jn 17,21). No nos cansemos «nunca de pedir a Dios este don. Con la esperanza paciente y confiada de que el Padre concederá a todos los creyentes el bien de la plena comunión visible, sigamos adelante en nuestro camino de reconciliación y de diálogo, animados por el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas que, tanto ayer como hoy, están unidos en el sufrimiento por el nombre Jesús». «Aprovechemos todas las oportunidades que la Providencia nos ofrece para rezar juntos, anunciar juntos, amar y servir juntos, especialmente a los más pobres y abandonados». El Papa a los periodistas Con las gafas adecuadas PÁGINAS 6-7 No a la criminalidad organizada Contra todas las mafias PÁGINA 8 Representantes de la Santa Sede Misión en Alepo PÁGINA 9

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página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 27 de enero de 2017, número 4 Francisco recordó la alegría de anunciar y de dar testimonio de nuestra fe Llevar el Evangelio a las periferias Y recordó el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea su misión de salvación. En este mis- mo lugar encuentra dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santia- go y Juan; les llama diciendo: «Ve- nid conmigo y los haré pescadores de hombres» (v. 19). La llamada les llega en plena actividad de cada día: el Señor se nos revela no de manera extraordinaria o asombrosa, sino en la cotidianidad de nuestra vida. Ahí debemos encontrar al Señor; y ahí Él se revela, hace sentir su amor a nuestro corazón; y ahí —con este diálogo con Él en la cotidianidad de nuestra vida— cambia nuestro cora- zón. La respuesta de los cuatro pes- cadores es rápida e inmediata: «al instante, dejando las redes, le siguie- ron» (v. 20). Sabemos efectivamente que habían sido discípulos del Bau- El domingo 22 de enero, desde la ventana de su despacho en el Palacio Apostólico, el Papa Francisco durante el Ángelus reflexionó sobre el Evangelio del tercer domingo del tiempo ordinario y habló de la luz de Cristo que «se difunde precisamente desde la periferia» tista y que, gracias a su testimonio, ya habían empezado a creer en Jesús como el Mesías (cf. Juan 1, 35-42). Nosotros, cristianos de hoy en día, tenemos la alegría de proclamar y testimoniar nuestra fe, porque hubo Queridos hermanos y hermanas, las costumbres! Lo que diferencia a ese primer anuncio, porque existie- ¡buenos días! Jesús de Juan Bautista es el estilo y ron esos hombres humildes y valien- El Evangelio de hoy (cf. Mateo 4, 1223) narra el inicio de la predicación de Jesús en Galilea. Él deja Nazaret, una aldea de las montañas, y se establece en Cafarnaúm, un centro importante a orillas del lago, habitado en su mayor parte por paganos, punto de cruce entre el Mediterráneo y el interior mesopotámico. Esta elección indica que los destinatarios de su predicación no son sólo sus el método. Jesús elige ser un profeta itinerante. No se queda esperando a la gente, sino que se dirige a su encuentro. ¡Jesús está siempre en la calle! Sus primeras salidas misioneras tienen lugar alrededor del lago de Galilea, en contacto con la muchedumbre, en particular con los pescadores. Allí Jesús no sólo proclama la llegada del Reino de Dios, sino que busca compañeros que se asocien a tes que respondieron generosamente a la llamada de Jesús. A orillas del lago, en una tierra impensable, nació la primera comunidad de discípulos de Cristo. Que la conciencia de estos inicios suscite en nosotros el deseo de llevar la palabra, el amor y la ternura de Jesús a todo contexto, incluso a aquel más dificultoso y resistente. ¡Llevar la Palabra a todas las periferias! Todos los espacios del vi- compatriotas, sino todos los que lle- gan a la cosmopolita «Galilea de los gentiles» (v 15; cf. Isaías 8, 23): así se llamaba. Vista desde la capital Jerusalén, aquella tierra es geográfica- Monseñor Fernando Ocáriz mente periférica y religiosamente impura, porque estaba llena de paga- nuevo prelado del Opus Dei nos, por la mezcla con quienes no pertenecían a Israel. Ciertamente de Galilea no se esperaban grandes cosas para la historia de la salvación. Y sin embargo, justamente desde allí — justo desde allí— se difunde aquella “luz” sobre la cual hemos meditado los domingos pasados: la luz de Cristo. Se difunde precisamente desde la periferia. El mensaje de Jesús reproduce el del Bautista, proclamando el «Reino de los Cielos» (v. Monseñor Fernando Ocáriz es el nuevo prelado de la prelatura personal de la Santa Cruz y del Opus Dei. El Papa ha confirmado su elección, acaecida la tarde del 23 de enero, por parte del congreso general electoral de la prelatura, convocado desde el sábado 21. Sucede a monseñor Javier Echevarría Rodríguez, fallecido el 12 de diciembre 2016. Nacido en París el 27 de octubre de 1944, en el seno de una familia española exiliada en Francia a causa de la guerra civil, es el más joven de ocho hermanos. Licenciado en Física por la Universidad de Barcelona en 1966, y en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense en 1969. Durante sus estudios en Roma vivió con el fundador san Josemaría Escrivá. Después obtuvo su doctorado en la Universidad de 17). Este Reino no conlleva la ins- Navarra en 1971, año en el que fue ordenado sacerdote. Inicialmente se tauración de un nuevo poder políti- dedicó a la pastoral de los jóvenes y de los universitarios. Consultor de co, sino el cumplimiento de la alian- las Congregaciones para la Doctrina de la Fe (desde 1986) y para el za entre Dios y su pueblo, que inau- Clero (desde 2003) y del Pontificio Consejo para la promoción de la gurará un periodo de paz y de justi- Nueva Evangelización (desde 2011), es miembro de la Pontificia Aca- cia. Para estrechar este pacto de demia de Teología desde 1989. Fue uno de los primeros docentes de la alianza con Dios, cada uno está lla- Universidad Pontificia de la Santa Cruz, donde enseñó Teología Fun- mado a convertirse, transformando damental. Además de publicaciones sobre estudios teológicos y filosó- su propio modo de pensar y de vivir. ficos, escribió en 2013, con el periodista Rafael Serrano, el libro entre- Esto es importante: convertirse no vista Sobre Dios, la Iglesia y el mundo. Fue nombrado vicario general solo es cambiar la manera de vivir, del Opus Dei el 23 de abril 1994 y vicario auxiliar de la prelatura en sino también el modo de pensar. Es diciembre 2014. Durante los últimos veintidós años ha acompañado a una transformación del pensamiento. su predecesor, Mons. Javier Echevarría, durante sus visitas pastorales a No se trata de cambiar la ropa, ¡sino más de setenta países. vir humano son terreno al que arrojar las semillas del Evangelio, para que dé frutos de salvación. Que la Virgen María nos ayude con su maternal intercesión a responder con alegría a la llamada de Jesús, a ponernos al servicio del Reino de Dios. Después de rezar la oración mariana, el Pontífice recordó la semana ecuménica, que finalizó el pasado miércoles 25 con la celebración de las Vísperas en la Basílica de San Pablo. También hizo una mención especial de las últimas víctimas de los terremotos del centro de Italia. Queridos hermanos y hermanas: Estamos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Este año tiene como tema una expresión tomada de San Pablo, que nos indica el camino a seguir. Y dice así: «El amor de Cristo nos empuja a la reconciliación” (cf 2 Corintios 5, 14). El próximo miércoles concluirá la Semana de Oración con la celebración de las Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros, en la que participarán los hermanos y las hermanas de otras Iglesias y Comunidades cristianas presentes en Roma. Os invito a perseverar en la oración, con el fin de que se cumpla el deseo de Jesús: «Para que todos sean uno» (Juan 17, 21). Durante los días pasados, el terremoto y las fuertes nevadas han puestonuevamente a dura prueba a muchos de nuestros hermanos y hermanas del centro de Italia, especialmente en Abruzzo, Marche y Lazio. Con la oración y el afecto estoy cerca de las familias que han tenido víctimas entre sus seres queridos. Animo a todos los que están ocupados con gran generosidad en las tareas de rescate y asistencia; así como a las Iglesias locales, que están trabajando para aliviar los sufrimientos y las dificultades. Muchas gracias por esta cercanía, por vuestro trabajo y la ayuda concreta que lleváis. ¡Gracias! Y os invito a rezar junto a la Virgen por las víctimas y también por los que con gran generosidad se esfuerzan en las operaciones de rescate. En el lejano Oriente y en varias partes del mundo, millones de hombres y mujeres se preparan para celebrar la conclusión del Año lunar el 28 de enero. Que mi cordial saludo llegue a todas sus familias, con el deseo de que se conviertan cada vez más en una escuela donde se aprende a respetar al otro, a comunicar y a cuidar los unos de los otros de un modo desinteresado. Que la alegría del amor pueda propagarse dentro de las familias y que se irradie a toda la sociedad. Y a todos os deseo un buen domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Ciudad del Vaticano ed.espanola@ossrom.va www.osservatoreromano.va GIOVANNI MARIA VIAN director TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE L’OSSERVATORE ROMANO Giuseppe Fiorentino don Sergio Pellini S.D.B. director general subdirector Silvina Pérez Servicio fotográfico photo@ossrom.va redactor jefe de la edición Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A. Redacción System Comunicazione Pubblicitaria via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano Via Monte Rosa 91, 20149 Milano teléfono 39 06 698 99410 segreteriadirezionesystem@ilsole24ore.com Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00. Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164, e-mail: suscripciones@ossrom.va. En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios, 222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55, fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: suscripciones@semanariovaticano.mx. En Argentina: Arzobispado de Mercedes-Luján; calle 24, 735, 6600 Mercedes (B), Argentina; teléfono y fax + 2324 428 102/432 412; e-mail: osservatoreargentina@yahoo.com. En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82; e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.

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número 4, viernes 27 de enero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 3 Clausura del Jubileo de los dominicos Predicar con la palabra y con la vida El Papa Francisco, el sábado 21 de enero, celebró la misa en la Basílica de San Juan de Letrán, por la clausura del Jubileo de los 800 años de la confirmación de la Orden de los Predicadores. Publicamos a continuación la homilía del Pontífice: La Palabra de hoy nos presenta dos escenarios humanos opuestos: por una parte el “carnaval” de la curiosidad mundana, por otra la glorificación del Padre mediante las obras buenas. Y nuestra vida se mueve siempre entre estos dos escenarios. Efectivamente son de todas las épocas, como demuestran las palabras de san Pablo dirigidas a Timoteo (cf. 2 Timoteo 4, 1-5). Y también santo Domingo con sus primeros hermanos, hace ochocientos años, se movía entre estos dos escenarios. Pablo advierte a Timoteo que deberá anunciar el Evangelio en un contexto en el cual la gente busca siempre nuevos “maestros”, “fábulas”, doctrinas diversas, La tendencia a la búsqueda de novedades propia del ser humano encuentra el ambiente ideal en la sociedad del aparentar ideologías... «Prurientes auribus» (2 Timoteo 4, 3). Es el “carnaval” de la curiosidad mundana, de la seducción. Por ello el apóstol instruye a su discípulo usando también verbos fuertes: «insiste», «advierte», «regaña», «exhorta» y además «vigila», «soporta los sufrimientos» (vv. 2.5). Es interesante ver como ya entonces, hace dos milenios, los apóstoles del Evangelio se encontraban ante este escenario, que en nuestros días se ha desarrollado mucho y globalizado a causa de la seducción del relativismo subjetivo. La tendencia a la búsqueda de novedades propia del ser humano encuentra el ambiente ideal en la sociedad del aparentar, del consumo, en el cual a menudo se reciclan cosas viejas, pero lo importante es hacerlas aparecer como nuevas, atractivas, cautivadoras. También la verdad está trucada. Nos movemos en la llamada “sociedad líquida”, sin puntos fijos, que ha perdido el norte, sin referencias sólidas y estables; en la cultura de lo efímero, del usar y tirar. Ante este “carnaval” mundano resalta netamente el escenario opuesto, que encontramos en las palabras de Jesús que acabamos de escuchar: «glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5, 16). ¿Y cómo ocurre este pasaje de la su- perficialidad pseudo-festiva a la glorifica- ción, que es verdadera fiesta? Sucede gra- cias a las obras buenas de los que, convir- tiéndose en discípulos de Jesús, se han convertido en “sal” y “luz”. «Brille así vuestra luz delante de los hombres —dice Jesús— para que vean vuetras buenas obras» (Mateo 5, 16). En medio del “carnaval” de ayer y de hoy, esta es la respuesta de Jesús y de la Iglesia, este es el apoyo sólido en medio del ambiente “líquido”: las obras buenas que podemos cumplir gracias a Cristo y a su Santo Espíritu, y que hacen nacer en el corazón el agradecimiento a Dios Padre, la alabanza, o al menos la maravilla y el interrogante: “¿Por qué”, “¿por qué esa persona se comporta así?”: es decir la in- quietud del mundo ante el testimonio del Evangelio. Pero para que ocurra esta “sa- cudida” es necesario que la sal no pierda el sabor y la luz no se esconda (cf. Mateo 5, 13-15). Jesús lo dice muy claramente: si la sal pierde el sabor ya no sirve para nada. ¡Cuidado con la sal que pierde su sabor! ¡Cuidado con la Iglesia que pierde su sabor! ¡Cuidado con un sacerdote, con un consagrado, con una congregación que pierde su sabor! Hoy nosotros damos gracias al Padre por la obra que santo Domingo, lleno de la luz y de la sal de Cristo, cumplió hace ochocientos años; una obra al servicio del Evangelio, predicado con la palabra y con la vida; una obra que, con la gracia del Espíritu Santo, ha hecho que muchos hombres y mujeres hayan sido ayudados a no perderse en medio del “carnaval” de la curiosidad mundana, sino que por el contrario hayan sentido el gusto de la sana doctrina, el gusto del Evangelio, y se hayan convertido, a su vez, en luz y sal, artesanos de obras buenas... y verdaderos hermanos y hermanas que glorifican a Dios y enseñan a glorificar a Dios con las buenas obras de la vida. El Papa pide a la Rota Romana más atención para los novios y los matrimonios jóvenes El amor necesita de la verdad El Papa Francisco, el sábado 21 de enero, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, recibió en audiencia a los prelados auditores, oficiales, abogados y colaboradores del Tribunal de la Rota Romana con motivo de la solemne inauguración del Año judicial. Tras el saludo del decano, S.E. Mons. Pio Vito Pinto, el Papa dirigió a los presentes el siguiente discurso: hay entre el conocimiento de fe y el de la razón [...]. La peculiaridad que distingue el texto bíblico consiste en la convicción de que hay una profunda e inseparable unidad entre el conocimiento de la razón y el de la fe» (Enc. Fides et ratio, 16). Por lo tanto, cuanto más se aleja de la per- Queridos jueces, oficiales, abogados y colaboradores del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, dirijo a cada uno de vosotros mi cordial saludo, empezando por el Colegio de los prelados auditores con el decano, Mons. Pío Vito Pinto, a quien agradezco sus palabras, y el pro-decano, quien recientemente fue nombrado para este puesto. Os deseo a todos que trabajéis con serenidad y con férvido amor a la Iglesia en este Año judicial que hoy inauguramos. Hoy me gustaría volver al tema de la relación entre la fe y el matrimonio, en particular, sobre las perspectivas de fe inherentes en el contexto humano y cultural en que se forma la intención matrimonial. San Juan Pablo II explicó muy bien, a la luz de la enseñanza de la Sagrada Escritura, «el vínculo tan profundo que El necio se engaña pensando que conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las esenciales spectiva de la fe, tanto más, «el hombre se expone al riesgo del fracaso y acaba por encontrarse en la situación del “necio”. Para la Biblia, en esta necedad hay una amenaza para la vida. En efecto, el necio se engaña pensando que conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las esenciales. Esto le impide poner orden en su mente (cf. Pr 1, 7) y asumir una actitud adecuada para consigo mismo y para con el ambiente SIGUE EN LA PÁGINA 4

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página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 27 de enero de 2017, número 4 El amor necesita de la verdad VIENE DE LA PÁGINA 3 que le rodea. Cuando llega a afirmar: «Dios no existe» (cf. Salmo 14 [13], 1), muestra con claridad definitiva lo deficiente de su conocimiento y lo lejos que está de la verdad plena sobre las cosas, sobre su origen y su destino» (ibid., 17). Por su parte, el Papa Benedicto XVI, en el último discurso que os dirigió recordaba que «sólo abriéndose a la verdad de Dios [...] se puede entender, y realizar en lo concreto de la vida, también en la conyugal y familiar, la verdad del hombre como hijo suyo, regenerado por el bautismo [...]. El rechazo de la propuesta divina, de hecho con- duce a un desequilibrio profundo en todas las relaciones humanas [...], incluyendo la matrimonial» (26 de enero de 2013, 2). Es más que nunca necesario profundizar en la relación entre amor y verdad. «El amor tiene necesidad de verdad. Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en común. Si el amor no tiene que ver con la verdad, está sujeto al vaivén de los sentimientos y no supera la prueba del tiempo. El amor verdadero, en cambio, unifica todos los elementos de la persona y se convierte en una luz nueva hacia una vida grande y plena. Sin verdad, el amor no puede ofrecer un vínculo sólido, no consigue llevar al «yo» más allá de su aislamiento, ni librarlo de la fugacidad del instante para edificar la vida y dar fruto» (Enc. Lumen fidei, 27 ). No podemos ignorar el hecho de que una mentalidad generalizada tiende a oscurecer el acceso a las verdades eternas. Una mentalidad que afecta, a menudo en forma amplia y generalizada, las actitudes y el comportamiento de los cristianos (cfr. Exhort. ap Evangelii gaudium, 64), cuya fe se debilita y pierde la propia originalidad de criterio interpretativo y operativo para la existencia personal, familiar y social. Este contexto, carente de valores religiosos y de fe, no puede por menos que condicionar también el consentimiento matrimonial. Las experiencias de fe de aquellos que buscan el matrimonio cristiano son muy diferentes. Algunos participan activamente en la vida parroquial; otros se acercan por primera vez; algunos también tienen una vida de intensa oración; otros están, sin embargo, impulsados por un sentimiento religioso más genérico; a veces son personas alejadas de la fe o que carecen de ella. Ante esta situación, tenemos que encontrar remedios válidos. Un primer remedio lo indico en la formación de los jóvenes, a través de un adecuado proceso de preparación encaminado a redescubrir el matrimonio y la familia según el plan de Dios. Se trata de ayudar a los futuros cónyuges a entender y disfrutar de la gracia, la belleza y la alegría del amor verdadero, salvado y redimido por Jesús. La comunidad cristiana a la que los novios se dirigen está llamada a anunciar el Evangelio cordialmente a estas personas, para que su experiencia de amor pueda convertirse en un sacramento, un signo eficaz de la salvación. En esta circunstancia, la misión redentora de Jesús alcanza al hombre y a la mujer en lo concreto de su vida de amor. Este momento se convierte para toda la comunidad en una ocasión extraordinaria de misión. Hoy más que nunca esta preparación se presenta como una ocasión verdadera y propia de evangelización para los adultos y, a menudo, de los llamados lejanos. De hecho, son muchos los jóvenes para los que el acercarse de la boda representa una ocasión para encontrar de nuevo la fe, relegada durante mucho tiempo al margen de sus vidas; por otra parte se encuentran en un momento particular, a menudo caracterizado por una disposición a analizar y cambiar su orientación existencial. Puede ser así un momento favorable para renovar su encuentro con la persona de Jesucristo, con el mensaje del Evangelio y la doctrina de la Iglesia. Por lo tanto, es necesario que los operadores y los organismos encargados de la pastoral familiar estén motivados por la fuerte preocupación de hacer cada vez más eficaces los itinerarios de preparación para el sacramento del matrimonio, para el crecimiento no solamente humano, sino sobre todo de la fe de los novios. El propósito fundamental de los encuentros es ayudar a los novios a realizar una inserción progresiva en el misterio de Cristo, en la Iglesia y con la Iglesia. Esto lleva aparejada una maduración progresiva en la fe, a través de la proclamación de la Palabra de Dios, de la adhesión y el generoso seguimiento de Cristo. El fin de esta preparación es ayudar a los novios a conocer y vivir la realidad del matrimonio que quieren celebrar, para que lo hagan no sólo válida y lícitamente, sino también fructuosamente, y para que estén dispuestos a hacer de esta celebración una etapa de su camino de fe. Para lograrlo, necesitamos personas con competencias específicas y adecuadamente preparadas para ese servicio, en una sinergia oportuna entre sacerdotes y parejas de cónyuges. Con este espíritu, quisiera reiterar la necesidad de un “nuevo catecumenado”, en preparación al matri- monio. Acogiendo los deseos de los Padres del último Sínodo Ordinario, es urgente aplicar concretamente todo lo ya propuesto en la Familiaris consortio (n. 66), es decir, que así como para el bautismo de los adultos el catecumenado es parte del proceso sacramental, también la preparación para el matrimonio debe convertirse en una parte integral de todo el procedimiento de matrimonio sacramental, como un antídoto para evitar la proliferación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes. Un segundo remedio es ayudar a los recién casados a proseguir el camino en la fe y en la Iglesia también después de la celebración de la boda. Es necesario identificar, con valor y creatividad, un proyecto de formación para las parejas jóvenes, con iniciativas destinadas a aumentar la toma de conciencia sobre el sacramento recibido. Se trata de animarles a considerar los diversos aspectos de su vida diaria como pareja, que es un signo e instrumento de Dios, encarnado en la historia humana. Pongo dos ejemplos. En primer lugar, el amor con que vive la nueva familia tiene su raíz y fuente última en el misterio de la Trinidad, de la que lleva siempre este sello a pesar de las dificultades y las pobrezas con que se deba enfrentar en su vida diaria. Otro ejemplo: la historia de amor de la pareja cristiana es parte de la historia sagrada, ya que está habitada por Dios y porque Dios nunca falta al compromiso asumido con los cónyuges el día de su boda; Él de hecho es «un Dios fiel y no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2, 13). La comunidad cristiana está llamada a acoger, acompañar y ayudar a las parejas jóvenes, ofreciendo oportunidades apropiadas y herramientas —empezando por la participación en la misa dominical— para fomentar la vida espiritual, tanto en la vida familiar, como parte de la planificación pastoral en la parroquia o en las agregaciones. A menudo, los recién casados se ven abandonados a sí mismos, tal vez por el simple hecho de que se dejan ver menos en la parroquia; como sucede sobre todo cuando nacen los niños. Pero es precisamente en estos primeros momentos de la vida familiar cuando hay que garantizar más cercanía y un fuerte apoyo espiritual, incluso en la tarea de la educación de los hijos, frente a los cuales son los primeros testigos y portadores del don de la fe. En el camino de crecimiento humano y espiritual de la joven pareja es deseable que existan grupos de referencia donde llevar a cabo un camino de formación permanente: a través de la escucha de la Palabra, el debate sobre cuestiones que afectan a la vida de las familias, la oración, el compartir fraterno. Estos dos remedios que he mencionado están encaminados a fomentar un contexto apropiado de fe en el que celebrar y vivir el matrimonio. Un aspecto tan crucial para la solidez y la verdad del sacramento nupcial llama a los párrocos a ser cada vez más conscientes de la delicada tarea que se les ha encomendado en la guía del recorrido sacramental de los novios, para hacer inteligible y real en ellos la sinergia entre foedus y fides. Se trata de pasar de una visión puramente jurídica y formal de la preparación de los futuros cónyuges a una fundación sacramental ab initio, es decir, de camino a la plenitud de su foedus-consenso elevado por Cristo a sacramento. Esto requerirá la generosa contribución de cristianos adultos, hombres y mujeres, que apoyen al sacerdote en la pastoral familiar para la construcción de la «obra maestra de la sociedad, la familia, el hombre y la mujer que se aman» (Catequesis, 29 abril 2015) según «el luminoso plan de Dios (Palabras al Consistorio Extraordinario, 20 febrero 2014). El Espíritu Santo, que guía siempre y en todo al pueblo santo de Dios, ayude y sostenga a todos aquellos, sacerdotes y laicos, que se comprometen y se comprometerán en este campo, para que no pierdan nunca el impulso y el valor de trabajar por la belleza de las familias cristianas, a pesar de las ruinosas amenazas de la cultura dominante de lo efímero y lo provisional. Queridos hermanos, como ya he dicho varias veces, hace falta mucho valor para casarse en el momento en el que vivimos. Y cuantos tienen la fuerza y la alegría de dar este paso importante deben sentir a su lado el amor y la cercanía concreta de la Iglesia. Con esta esperanza, renuevo mis mejores deseos de buen trabajo para el nuevo año, que el Señor nos da. Os aseguro mi oración y cuento con la vuestra mientras os imparto de corazón la bendición apostólica.

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número 4, viernes 27 de enero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO El cardenal Secretario de Estado en Davos Sobre el miedo no se construye la paz El Secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin habló, el jueves 19 de enero, en el 47º Foro Económico Mundial que se celebró en Davos, Suiza. El cardenal se refirió, en particular, a los objetivos de la actividad diplomática de la Santa Sede en el mundo, de la crisis de la Unión Europea, la migración y el desarme, entre otros temas. La crisis de la Unión Europea, los desafíos impuestos por la emergencia migraciones, la importancia de una política de desarme, la defensa de la justicia y de la libertad religiosa: son algunos de los frentes de la actividad diplomática de la Santa Sede a la cual el Papa Francisco, desde el día de su elección, ha dado tres objetivos fundamentales para perseguir: «luchar contra la pobreza», «construir puentes» a través de la búsqueda constante página 5 Vivimos en una sociedad plural, caracterizada por muchas religiones, y es importante que las autoridades reconocen su rol público del diálogo, «alcanzar la paz en el mundo». Sobre estas líneas se mueve la Santa Sede «tratando de intervenir en las situaciones en las que es posible intervenir». Lo dijo el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, interviniendo en un coloquio sobre «Los valores humanos y el rol fundamental desarrollados por la herencia cultural y religiosa, en un momento de rápida transformación global», en Davos. La del purpurado fue una intervención de amplio espectro con la conciencia de quien, en un mundo cada vez más tecnologizado y gobernado por lógicas «de mercados y de economía», reivindica el rol de la religión: «La religión —dijo— no puede ser relegada a una dimensión privada. No se trata solamente de una dimensión unida a los sentimientos de las personas: la religión tiene algo que decir también en la escena pública. Ciertamente en diálogo con todas la fes». De hecho, el cardenal especificó que la Iglesia católica no pretende, en tal sentido, ningún privilegio: «Vivimos en una sociedad plural, caracterizada por muchas religiones, y es importante que las autoridades reconocen su rol público». Y a propósito de la colaboración y del diálogo entre las religiones, ha afrontado también el delicado tema del terrorismo de matriz fundamentalista: «El terrorismo puede ser una expresión del credo religioso, pero nosotros pensamos que es una clara manipulación de la religión», y añadió: «El Pontífice ha dicho muchas veces que la fe en Dios no puede ser reconduci- da a estos terribles actos contra las personas y contra la humanidad». Las religiones pueden, sin embargo, y deben ser instrumento de paz, y por eso «uno de los principales objetivos de la acción de la Santa Sede —especificó el Secretario de Estado— es proteger, defender y promover la libertad religiosa que es el primero de los derechos humanos» de hecho «si la libertad religiosa está protegida, también los otros derechos humanos son tutelados y promovidos». Cuando la Iglesia habla de libertad religiosa, añadió, está haciendo «algo para todos», también porque «no se trata solo de defender y promover los derechos de los creyentes», sino «de defender y proteger la misma persona humana» que no puede ser «reducida solamente a una dimensión material». Es necesario tutelar su «dimensión trascendente». Llevando a un detalle más concreto sus afirmaciones, el cardenal Parolin tocó, por ejemplo, el tema de la Unión Europea: «Debemos reconocer —dijo— que está viviendo un periodo de crisis». Para superarlo «es necesario dar hoy nuevamente un alma a Europa» y «volver a los padres fundadores», hombres «de grandes y profundas convicciones, que querían una Europa hecha de personas, de ideas, de una idea común, y no solamente una Europa hecha de mercados y de economía». De esta forma, quizá, se podrá afrontar mejor también la dramática cuestión de la inmigración: «El gran desafío hoy es cómo hacer de las diferencias no una fuente de choque sino de enriquecimiento recíproco». En el viejo continente, subrayó el purpurado, «está el miedo de perder la propia identidad, pero la clausura y la no aceptación del otro son actitudes que nos empobrecen y no nos hará progresar». No se construye sobre el miedo: siguiendo este pensamiento el secretario de Es- El gran desafío hoy es cómo hacer de las diferencias no una fuente de choque sino de enriquecimiento recíproco tado también afrontó los temas de la paz y del desarme: «La paz —dijo— es fruto de la injusticia», por eso «si queremos la paz tenemos que trabajar por la justicia. En este sentido, estamos reflexionando con la comunidad internacional sobre la moralidad del concepto de disuasión nuclear. Una vez más hay que decir que una paz construida sobre el miedo no es paz». También el pasado miércoles, entrevistado por el Wall Street Journal, el cardenal Parolin tocó el delicado tema de las relaciones entre la Santa Sede y China: «Desde hace algunos años hemos retomado nuestro diálogo para intentar superar las dificultades pasadas». El «peso de la historia», añadió, requiere un «diálogo gradual» y «gran paciencia», pero «somos optimistas». El fin, concluyó el purpurado, es sobre todo el de garantizar «una vida normal para los católicos chinos». Al día siguiente, al ser preguntado por el enviado de la Repubblica, el purpurado intervino sobre la toma de posesión del presidente estadounidense Donald Trump, reiterando, por parte de la Iglesia la actitud que tiene «hacia todos los poderes y las autoridades, más allá de las especificidades de uno u otra»; y eso es: «se colabora con todo lo que hay de bueno; se asume una actitud crítica cuando hay decisiones que no responde a las que son los valores del Evangelio que salvan la dignidad de las personas».

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número 4, viernes 27 de enero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7 El Papa Francisco exhortó a los medios de comunicación a evitar «centrarse en las malas noticias» y a crear un nueva forma de comunicar «que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones». Lo hace en su mensaje para la Jornada de las Comunicaciones sociales que celebra la Iglesia católica el 28 de mayo, pero que ha sido publicado el día dedicado a san Francisco de Sales, el patrón de los comunicadores. De este modo, el Papa pide a quienes trabajan en el mundo de la comunicación que lo hagan de manera «constructiva, rechazando los prejuicios contra los demás». Durante la presentación del mensaje del Papa en el Vaticano, el Prefecto de la Secretaría para la comunicación, monseñor Dario Viganò, citó una película de Wim Wenders, «Tal lejos y tan cerca», que comienza con una cita del Evangelio de Mateo: «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado» (6, 22-23). El encuentro con la prensa fue moderado por la vicedirectora de la Sala de prensa, Paloma García Ovejero e intervino también la corresponsal de CNN, Delia Gallagher. «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43, 5). Comunicar esperanza y confianza en nue- stros tiempos Gracias al desarrollo tecnológico, el acceso a los medios de comunicación es tal que muchísimos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas. Nuestros padres en la fe ya hablaban de la mente humana como de una piedra de molino que, movida por el agua, no se puede detener. Sin embargo, quien se encarga del molino tiene la posibilidad de decidir si moler trigo o cizaña. La mente del hombre está siempre en acción y no puede dejar de «moler» lo que recibe, pero está en nosotros decidir qué material le ofrecemos. (cf. Casiano el Romano, Carta a Leoncio Igumeno). Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, «muelen» cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicación. Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza. Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal. Además, en un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación. Por lo tanto, quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia». La buena noticia La vida del hombre no es sólo una crónica aséptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la elección de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos más importantes. La realidad, en sí misma, no tiene un significado unívoco. Todo depende de la mirada con la cual es percibida, del «cristal» con el que decidimos mirarla: cambiando las lentes, también la realidad se nos presenta distinta. Entonces, ¿qué hacer para leer la realidad con «las lentes» adecuadas? Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narración, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesús, pero más que una información sobre Jesús, se trata de la buena noticia que es Jesús mismo. En efecto, leyendo las páginas del Evangelio se descubre que el título de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesús. Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el El Papa Francisco invita a los periodistas a tener una mirada nueva sobre la realidad Con las gafas adecuadas Y advierte que la vida del hombre no es sólo una crónica aséptica de acontecimientos sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos. «No temas, que yo estoy contigo» Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (Is 43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En Él también las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunión con la Luz y la Vida. Precisamente aquí, en el lugar donde la vida experimenta la amargura del fracaso, nace una esperanza al alcance de todos. Se trata de una esperanza que no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5) y que hace que la vida nueva brote como la planta que crece de la semilla enterrada. Bajo esta luz, cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte también en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir. La confianza en la semilla del Reino Para iniciar a sus discípulos y a la multitud en esta mentalidad evangélica, y entregarles «las gafas» adecuadas con las que acercarse a la lógica del amor que muere y resucita, Jesús recurría a las parábolas, en las que el Reino de Dios se compara, a menudo, con la semilla que desata su fuerza vital justo cuando muere en la tierra (cf. Mc 4,1-34). Recurrir a imáge- nes y metáforas para comunicar la humilde potencia del Reino, no es un manera de restarle importancia y urgencia, sino una forma misericordiosa para dejar a quien escucha el «espacio» de libertad para acogerla y referirla incluso a sí mismo. Además, es el camino privilegiado para expresar la inmensa dignidad del misterio pascual, dejando que sean las imágenes más que los conceptos las que comuniquen la paradójica belleza de la vida nueva en Cristo, donde las hostilidades y la cruz no impiden, sino que cumplen la salvación de Dios, donde la debilidad es más fuerte que toda potencia humana, donde el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento más grande de todas las cosas en el amor. En efecto, así es como madura y se profundiza la esperanza del Reino de Dios: «Como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece» (Mc 4,26-27). El Reino de Dios está ya entre nosotros, como una semilla oculta a una mirada superficial y cuyo crecimiento tiene lugar en el silencio. Quien tiene los ojos límpidos por la gracia del Espíritu Santo lo ve brotar y no deja que la cizaña, que siempre está presente, le robe la alegría del Reino. Los horizontes del Espíritu La esperanza fundada sobre la buena noticia que es Jesús nos hace elevar la mirada y nos impulsa a contemplarlo en el marco litúrgico de la fiesta de la Ascensión. Aunque parece que el Señor se aleja de nosotros, en realidad, se ensanchan los horizontes de la esperanza. En efecto, en Cristo, que eleva nuestra humanidad hasta el Cielo, cada hombre y cada mujer puede tener la plena libertad de «entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne» (Hb 10,19-20). Por medio de «la fuerza del Espíritu Santo» podemos ser «testigos» y comunicadores de una humanidad nueva, redimida, «hasta los confines de la tierra» (cf. Hb 1,7-8). La confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lógica de la Pascua configura también nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar en las múltiples formas en que se lleva a cabo hoy la comunicación con la convicción de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona. Quien se deja guiar con fe por el Espíritu Santo es capaz de discernir en cada aconteci- miento lo que ocurre entre Dios y la humani- dad, reconociendo cómo él mismo, en el esce- nario dramático de este mundo, está tejiendo la trama de una historia de salvación. El hilo con el que se teje esta hi- storia sacra es la esperan- za y su tejedor no es otro que el Espíritu Consola- El Reino de Dios está ya entre dor. La esperanza es la más humilde de las virtudes, porque permanece nosotros, como una semilla oculta a una mirada escondida en los pliegues de la vida, pero es simi- superficial y cuyo crecimiento lar a la levadura que hace fermentar toda la ma- tiene lugar en el silencio sa. Nosotros la alimenta- mos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido mu- chas veces «reeditado» en las vidas de los san- tos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios. También hoy el Espíritu siembra en noso- tros el deseo del Reino, a través de muchos «canales» vivientes, a través de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, y son como faros en la oscuridad de este mundo, que ilu- minan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza.

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página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 27 de enero de 2017, número 4 El Papa denuncia la plaga de la criminalidad organizada e invoca la conversión de los criminales Contra todas las mafias El Santo Padre recibió el lunes 23 por la mañana a los miembros de la Dirección Nacional Antimafia y Antiterrorismo (DNA) encabezada por Franco Roberti. En el discurso dirigido al organismo del Estado italiano encargado de la persecución de los delitos de tres grandes organizaciones criminales de tipo mafioso: mafia, camorra y ‘ndrangheta, el Papa recordó que «las deficiencias económicas, sociales y políticas, que esas organizaciones explotan, son terreno fértil para realizar sus proyectos deplorables». Las competencias de ese ente abarcan también la lucha contra el terrorismo, «que asume cada vez más un aspecto cosmopolita y devastador». Estimados señores y señoras: Me complace recibiros a vosotros que representáis a la Dirección Nacional Antimafia y Antiterrorismo. Os saludo cordialmente y doy las gracias al Doctor Franco Roberti por sus palabras. Las funciones que os han sido encomendadas por el Estado consisten en la persecución de los delitos de las tres grandes organizaciones criminales de tipo mafioso: mafia, camorra y ‘ndrangheta. Las cuales, aprovechándose de las carencias económicas, sociales y políticas, encuentran terreno fértil para realizar sus deplorables proyectos. Entre vuestras competencias se encuentra además la lucha contra el terrorismo, que está asumiendo cada vez más un aspecto El dinero de los negocios sucios y de los delitos mafiosos es dinero manchado de sangre y produce un poder inicuo cosmopolita y devastador. Deseo expresaros mi aprecio y transmitiros mi ánimo por vuestra labor, difícil y arriesgada, pero más que nunca indispensable para el rescate y la liberación del poder de las asociaciones criminales, que se hacen responsables de violencias y opresión manchadas de sangre humana. La sociedad necesita ser sanada de la corrupción, de las extorsiones, del tráfico ilícito de estupefacientes y de armas, de la trata de seres humanos, entre los que hay muchos niños, reducidos a la esclavitud. Son auténticas plagas sociales y, al mismo tiempo, desafíos globales que la colectividad internacional está llamada a afrontar con determinación. Desde esta perspectiva, he tenido conocimiento de que vuestra actividad de lucha contra el crimen es oportunamente desarrollada en colaboración con los colegas de otros Estados. Tal labor, realizada en sinergia y con medios eficaces, constituye un freno eficaz y un presidio de seguridad pa- ra la colectividad. La sociedad deposita gran con- fianza en vuestra profesionalidad y en vuestra experiencia de jueces de instrucción dedicados a combatir y a erradicar el crimen organizado. Os exhorto a dedicar cada esfuerzo especialmente en la lucha contra la trata de personas y del contrabando de los migrantes : ¡estos son reatos gravísimos que se ceban con los más débiles entre los débiles! Para ello, es necesario incrementar las activida- des de tutela de las víctimas, pre- viendo asistencia legal y social para estos hermanos y hermanas en busca de paz y de futuro. Los cuales huyen de los propios países a causa de la guerra, de las violencias, de las persecuciones tienen derecho a encontrar una adecuada acogida e idónea protección en los países que se definen civiles. Para completar y reforzar vuestra preciosa obra de represión, son necesarias intervenciones educativas de ámplias miras, dirigidas especialmente a las nuevas generaciones. Con ese objetivo, las diversas agencias educativas, entre las cuales familias, colegios, comunidades cristianas, realidades deportivas y culturales, están llamadas a favorecer una conciencia de moralidad y de legalidad orientada hacia modelos de vida honestos, pacíficos y solidarios que poco a poco venzan al mal y allanen el camino al bien. Se trata de empezar por las concien- cias, para resanar los propósitos, las Pienso en las muchas parroquias y elecciones, las actitudes individuales, asociaciones católicas que son testi- de tal forma que el tejido social se gos de estos frutos. Ellos desarrollan abra a la esperanza de un mundo una encomiable labor en el territo- mejor. rio, dirigida a la promoción de la Hay que oponerse y combatir el gente, una promoción cultural y so- fenómeno mafioso, como expresión cial dirigida a extirpar progresiva- de una cultura de muerte. Este se mente desde la raíz la mala hierba opone radicalmente a la fe y al de la criminalidad organizada y de Evangelio, que están siempre a favor de la vida. Los que siguen a Cristo tienen pensa- El trabajo que vosotros realizáis conlleva mientos de paz, de fraternidad, de justi- también el riesgo de la vida, esto lo sé cia, de acogida y de y el riesgo de otros peligros perdón. Cuando la savia del Evangelio flu- para vosotros y para vuestras familias ye en el discípulo de Cristo, maduran frutos buenos bien reconocibles también en la corrupción. En estas iniciativas, se el exterior, con comportamientos manifiesta también la proximidad de correspondientes, que el apóstol Pa- la Iglesia a los que viven situaciones blo identifica con «amor, alegría, dramáticas y necesitan ser ayudados paz, paciencia, afabilidad, bondad, para salir de la espiral de la violen- fidelidad, mansedumbre, dominio de cia y regenerarse en la esperanza. sí» (Gálatas 5,22). Queridos hermanos y hermanas, que el Señor os dé siempre la fuerza para ir adelante, para no desanima- ros, sino para continuar luchando contra la corrupción, la violencia, la mafia y el terrorismo. Soy consciente del hecho de que el trabajo que vo- sotros realizáis conlleva también el riesgo de la vida, esto lo sé; y el rie- sgo de otros peligros para vosotros y para vuestras familias. El modo ma- fioso de actuar hace estas cosas. Por esto requiere un suplemento de pa- sión, de sentido del deber y de fuer- za de ánimo, y también, por nuestra parte, de todos los ciudadanos que nos beneficiamos de vuestro trabajo, [un suplemento] de apoyo, de ora- ción y de cercanía. Yo os aseguro que estoy muy cerca de vosotros, en vuestro trabajo, y rezo por vosotros. Al mismo tiempo, que el Señor justo y misericordioso toque el cora- zón de los hombres y de las mujeres de las distintas mafias, para que se detengan, dejen de hacer el mal, se conviertan y cambien de vida. El di- nero de los negocios sucios y de los delitos mafiosos es dinero manchado de sangre y produce un poder ini- cuo. Todos sabemos que el diablo “entra por el bolsillo”: está allí, la primera corrupción. Para vosotros, vuestras familias y vuestro trabajo invoco la ayuda del Señor. Repito: estoy cerca de voso- tros. Y mientras os pido también a vosotros que recéis por mí, de cora- zón os bendigo. El Señor os bendiga a vosotros y a vuestras familias.

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número 4, viernes 27 de enero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 9 Primera visita oficial de representantes de la Santa Sede Misión en Alepo Por decisión del Papa Francisco, del 18 al 23 de enero, Mons. Giampietro Dal Toso, Secretario delegado del Dicasterio para el Servicio del desarrollo humano integral, visitó Alepo, junto con el Cardenal Mario Zenari, Nuncio Apostólico en Siria, y Mons. Thomas Habib, Consejero de la Nunciatura. Ha sido la primera visita oficial de representantes de la Santa Sede después del final de las hostilidades en Alepo. La Santa Sede también informó que la Delegación se encontró con las comunidades cristianas y sus pastores, que expresaron gratitud al Santo Padre por su constante preocupación por la amada Siria. Además, visitaron algunas instituciones caritativas católicas y campos de refugiados. Concretamente, se inauguró un centro de asistencia humanitaria a cargo de Cáritas Alepo, en el distrito de Hanano. Durante la misión se recitó una oración ecuménica organizada con motivo de la Semana por la Unidad de los Cristianos y se evaluó la situación de algunos hospitales católicos a la luz de un futuro proyecto para su reconstrucción y funcionamiento. También hubo reuniones con representantes musulmanes, durante las cuales se hizo hincapié en la responsabilidad de las religiones para educar a la paz y la reconciliación. Durante la visita, las autoridades civiles y religiosas rindieron homenaje a la Delegación, manifestando un espe- Con el apoyo de la Iglesia universal y gracias a la generosa contribución de la comunidad internacional, esa ayuda se podrá intensificar en el futuro para satisfacer las crecientes necesidades de las personas cial agradecimiento por el gesto del Santo Padre de elevar a la dignidad cardenalicia al representante pontificio en el país, reconociendo en dicho gesto la cercanía especial del Pontífice a la martirizada población siria. Finalmente, en las reuniones con las organizaciones de caridad católicas se puso de manifiesto la importancia de la asistencia que proporcionan en beneficio de toda la población de Siria. Con el apoyo de la Iglesia universal, y gracias a la generosa contribución de la comunidad internacional, esa ayuda se podrá intensificar en el futuro para satisfacer las crecientes necesidades de las personas. Entre las urgencias inmediatas, cabe señalar ante todo, las concernientes a las necesidades de alimentos, de ropa, de educación, de servicios sanitarios y de viviendas.

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página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 27 de enero de 2017, número 4 Homilías del Pontífice Tres maravillas Son tres «las grandes maravillas del sacerdocio de Jesús: ha ofrecido la vida por nosotros una vez para siempre; continúa rezando, ahora también, por cada uno de nosotros; volverá para llevarnos con Él». Al hombre se le pide «no cerrar el corazón» para «dejarse perdonar por el Padre». Y precisamente la misa hace comprender plenamente esta bellísima verdad, hizo presente el Papa Francisco durante la celebración del lunes, 23 de enero, por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta. «Cantad al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas»: con las palabras del salmo responsorial el Pontífice abrió su meditación, repitiendo que «el Señor ha hecho maravillas». Y con las palabras del salmo 97 prosiguió: «Cosas grandes ha hecho el Signore, grandes maravillas». Pero, añadió, «la gran maravilla, la más grande, es su Hijo, el Hijo sacerdote». En la primera lectura, explicó el Papa que «el autor de la Carta a los Hebreos» (9, 15.24-28) nos presenta a Cristo, sacerdote, mediador de esta alianza que Dios hace con los hombres: Jesús es el sumo sacerdote». Y «el sacerdocio de Cristo —podemos decir, según lo que se ve aquí— se desarrolla en tres momentos, en tres etapas». La primera etapa, afirmó el Papa, «está en la redención: Cristo se ofreció a sí mismo, una vez para siempre, para el perdón de los pecados». Él «hace la comparación con los sacerdotes de la antigua alianza que, cada año, debían ofrecer sacrificios». Aquí está la novedad: con Cristo es «una vez para siempre, y esta es una maravilla; y con esta maravilla Él nos ha hecho hijos, nos ha llevado al Padre, nos ha perdonado los pecados, ha recreado la armonía de la creación con su vida». «La segunda maravilla, que tiene una cierta relación con el pecado, es la que el Señor hace ahora» prosiguió el Pontífice. Efectivamente «el Señor ahora intercede, reza por nosotros: en este momento, si, mientras nosotros rezamos aquí Él reza por nosotros, seguramente para todos, para cada uno de nosotros». Es, precisamente, «la intercesión, el sacerdote que intercede: antes ha ofrecido la vida como rescate; ahora, vivo, ante el Padre, intercede». Durante la última cena, recordó Francisco, el Señor «dijo: “yo rezaré por vosotros, para que vuestra fe no desfallezca”». Entonces, Jesús «reza por nosotros y esta es una seguridad: Cristo, nuestro sacerdote, reza por nosotros». Por lo demás, hizo notar, «cuántas veces nosotros decimos al sacerdote: “Padre, reza por mí, por mi hijo, por mi familia tenemos este problema...”». Lo hacemos «porque sabemos que la oración del sacerdote tiene una cierta fuerza, precisamente en el sacrificio de la misa». Y «Jesús reza por nosotros en este momento, por cada uno de nosotros, y esta es una maravilla, una segunda maravilla». «La tercera maravilla será el final, cuando volverá» siguió afirmando el Pontífice. Él «volverá como sacerdote, sí, sin relación con el pecado: la primera vez dio su vida por el perdón de los pecados; la segunda —ahora— reza por nosotros, porque nosotros somos pecadores y seguimos adelante en la vida cristiana; pero cuando llegará la tercera vez no estará en relación con el pecado, será para hacer el reino definitivo». Y la «palabra más bonita de ese día» será: «Venid, benditos, venid, venid, ¡venid a mí!». Así «nos llevará a todos con el Padre: esto es el sacerdocio de Cristo del cual habla la primera lectura y esta es la gran maravilla, que nos hace cantar un canto nuevo». Francisco también indicó «dos puntos contrastantes en la liturgia de hoy». Por una parte, efectivamente, «está esta gran maravilla, este sacerdocio de Jesús en tres etapas —aquella en la que perdona los pecados, una vez, para siempre; aquella en la que intercede ahora por nosotros; y aquella que sucederá cuando Él volverá— pero también existe lo contrario, “la imperdonable blasfemia”», como se lee en el pasaje del Evangelio de Marcos (3, 22-30). Y «es duro —comentó el Pontífice— oír a Jesús decir estas cosas: pero Él lo dice y si Él lo dice es verdad». Escribe efectivamente Marcos, reproduciendo las palabras del Señor: «En verdad os digo: todo será perdonado a los hijos de los hombres —y nosotros sabemos que el Señor perdona todo si nosotros abrimos un poco el corazón, ¡a todo!— los pecados y también todas las blasfemias que dirán —¡también las blasfemias serán perdonadas!—; pero quien habrá blasfemado contra el Espíritu Santo no será perdonado eternamente: es reo de culpa eterna». Y así esta persona, «cuando volverá el Señor, oirá esa palabra: “¡aléjate de mí!”». Y esto porque, explicó el Papa, «la gran unción sacerdotal de Jesús la hizo el Espíritu Santo en el vientre de María: los sacerdotes, en la ceremonia de ordenación, todos son ungidos con el óleo; y se habla siempre de la unción sacerdotal». También «Jesús, como sumo sacerdote, recibió esta unción». Y «la primera unción» fue «la carne de María con la obra del Espíritu Santo». Así quien «blasfemia sobre esto, blasfemia sobre el fundamento del amor de Dios, que es la redención, la “re-creación”; blasfemia sobre el sacerdocio de Cristo». «El Señor perdona todo —explicó Francisco— pero quien dice estas cosas está cerrado al perdón, no quiere ser perdonado, no se deja perdonar». Precisamente «esto es lo malo de la blasfemia contra el Espíritu Santo: no dejarse perdonar, porque se reniega la unción sacerdotal de Jesús que hizo el Espíritu Santo». Y así, prosiguió el Pontífice, «hoy hemos oído, en esta liturgia de la palabra, las grandes maravillas del sacerdocio de Cristo que se ofrece a sí mismo para el perdón de los pecados, que continúa rezando por nosotros ahora y que volverá para llevarnos con Él». Es de verdad una «gran maravilla». Pero, añadió, «hemos oído también que hay una “imperdonable blasfemia” y no porque el Señor no quiera perdonar todo, sino porque este es tan cerrado que no se deja perdonar: la blasfemia contra esta gran maravilla de Jesús». En conclusión, Francisco sugirió que «hoy nos hará bien, durante la misa, pensar que aquí en el altar se hace la memoria viva, porque Él estará presente ahí, del primer sacerdocio de Jesús, cuando ofrece su vida por nosotros; también está la memoria viva del sacerdocio, porque Él rezará aquí; pero también, en esta misa —lo diremos, después del Padre Nuestro— está ese tercer sacerdocio de Jesús, cuando Él volverá y la esperanza nuestra de la gloria». Entonces, insistió el Papa, «durante esta misa pensemos en estas cosas bonitas y pidamos la gracia al Señor de que nuestro corazón no se cierre nunca —¡no se cierre nunca!— a esta maravilla, ¡a esta gran gratuidad!».

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número 4, viernes 27 de enero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO página 11 Uno detrás de otro Anillos de una larga cadena de «heme aquí» que empieza con Abraham y llega hasta hoy, pasando por el decisivo de Jesús al Padre: esto, según el Papa Francisco, son los cristianos, llamados cada día «a hacer la voluntad del Señor» entrando en el proyecto providencial de la historia de la salvación. Una realidad profundizada gracias a la meditación sobre las lecturas de la misa celebrada en Santa Marta el martes 24 de enero. La liturgia, en continuación con la del día precedente, empujó al Pontífice a reflexionar «sobre el sacerdocio de Jesús, el sacerdocio definitivo, único». Punto de partida, una vez más, fue la primera lectura extraída de la carta a los Hebreos (10, 1-10) en la cual se afrontó el tema del sacrificio. «Los sacerdotes —explicó Francisco— en aquellos tiempos, ofrecían sacrificios pero debían ofrecerles continuamente, año tras año, porque no eran definitivos, no eran de una vez para siempre». El cambio decisivo se produjo con «el sacerdocio de Jesús, que hace un único sacrificio de una vez para siempre». Una diferencia sustancial: «en esos sacrificios se renueva de año Esta liturgia de la Palabra de hoy nos invita a reflexionar: “¿Pero cómo va mi “heme aquí” al Señor? Y el “heme aquí” de mi vida, ¿cómo va? en año el recuerdo de los pecados, se pide perdón de año en año»; Sin embargo Cristo dice: «Tú no quisiste ni sacrificio ni oblación; pero me has formado un cuerpo. Entonces dije: “¡He aquí que vengo, para hacer, oh Dios, tu voluntad!”». Fue esto precisamente, sugirió el Papa, «el primer paso», de Jesús en el mundo: «yo vengo a hacer tu voluntad». Y la voluntad del Padre era que «con este sacrificio se aboliesen todos los sacrificios y este fuese el único». Por eso se lee en la Escritura: «Tú no quisiste, no te agradaron ni sacrificios ni oblaciones, ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. He aquí que vengo a hacer tu voluntad». Precisamente esta palabra de Jesús, dijo el Pontífice, cierra una historia «de “heme Misa en Santa Marta aquí” encadenados – la historia de la salvación es esto: una historia de “heme aquí” encadenados». Todo empezó con Adán, que «se escondió porque tenía miedo del Señor»: desde entonces el Señor comenzó «a llamar y a oír la respuesta de aquellos hombres y mujeres que dicen: “heme aquí. Estoy dispuesto. Estoy dispuesta”». Hasta llegar «al último “heme aquí”, el de Jesús: “para hacer tu voluntad”». El Papa recorrió brevemente esta historia, evocando a Abraham, Moisés, los profetas Isaías y Jeremías. Y aún más: el pequeño Samuel, que oye la voz del Señor y responde: «heme aquí, Señor». Hasta llegar «al último “heme aquí”, grande, de María: “hágase la voluntad de Dios. Yo soy la sierva. Heme aquí”». Se trata de «una historia de “heme aquí”», pero, subrayó Francisco, de “heme aquí” «no automáticos». En cada una de las narraciones bíblicas evocadas se nota efectivamente que «el Señor dialoga con aquellos que invita». Abraham también «ha negociado» con Él para «no destruir esas – dos ciudades». De la misma manera Isaías que objetaba: «Pero, son pecadores, no puedo...», o Jeremías: «Pero soy un niño, no sé hablar...» y el Señor le tranquiliza: «¡Yo te haré hablar!» Para Elías que se lamentaba: «Yo tengo miedo, quiero morir, no, no, tengo miedo, no quiero», la respuesta fue: «¡Levántate: come, bebe y sigue adelante!». «El Señor —dijo el Papa recogiendo en una única consideración todas estas citaciones— dialoga siempre con los que invita a hacer este camino y a decir el “heme aquí”. Tiene mucha paciencia, mucha paciencia». Y añadió un ulterior ejemplo recordando «los razonamientos de Jonás, que no entiende», y las respuestas del Señor que «lo corrige» hasta que llega su “heme aquí”: «Señor, tú tienes razón: yo solamente te conocía por lo que había escuchado decir; ahora mis ojos te han visto». Y es aquí que el Pontífice incluyó una enseñanza válida para cada hombre: «La vida cristiana es esto: un “heme aquí”, un “heme aquí” continuo». «Uno detrás del otro» se encuentran en la Biblia todos los «heme aquí» pronunciados. Y «es bonito», dijo el Papa, «leer la Escritura» yendo precisamente a buscar «las respuestas de las personas al Señor», todas las veces que alguno ha dicho: «Aquí estoy, yo estoy para hacer tu voluntad». Bello y fascinante, porque, explicó Francisco, «esta liturgia de la Palabra de hoy nos invita a reflexionar: “¿Pero cómo va mi “heme aquí” al Señor? Y el “heme aquí” de mi vida, ¿cómo va?». Precisamente repasando las Escrituras nos damos cuenta de que la respuesta no está descontada para nada: «¿Voy a esconderme, co- Padre, yo muchas veces cuando voy a rezar me enfado con el Señor. La respuesta es: ¡También esto es oración! ¡A Él le gusta, cuando tú te enfadas y le dices a la cara lo que sientes, porque es Padre mo Adán, para no responder? ¿O cuándo el Señor me llama, en vez de decir “heme aquí” o “¿qué quieres de mí?, huyo, como Jonás que no quería hacer eso que el Señor le pedía?». O incluso: «finjo hacer la voluntad del Señor, pero solamente externamente, como los doctores de la ley que Jesús condena duramente» porque «fingían» y decían: «Todo bien..., nada de preguntas: ¿yo hago esto y nada más?». Entre las respuestas posibles podría estar también la de quien mira «a otro lado como hicieron el levita y el sacerdote delante de ese pobre hombre herido, pegado por los asaltantes, dejado medio muerto». Y entonces, ya que el Señor nos llama «a cada uno de nosotros» y «todos los días», hay que preguntarse: «¿Cómo es mi respuesta al Señor?». Es la respuesta del “heme aquí”, insistió el Pontífice, «¿o me escondo? ¿o huyo? ¿o finjo? ¿o miro a otro lado?». Alguno podría también tener una duda: «¿Se puede discutir con el Señor?». «Sí —respondió Francisco— a Él le gusta. A Él le gusta discutir con nosotros». Por eso, contó, cuando «alguno me dice: “Pero, padre, yo muchas veces cuando voy a rezar me enfado con el Señor...”», la respuesta es: «¡También esto es oración! ¡A Él le gusta, cuando tú te enfadas y le dices a la cara lo que sientes, porque es Padre! Pero esto es también un “heme aquí”».

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página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 27 de enero de 2017, número 4 En la audiencia general el Papa habla de la figura de Judit El camino de la confianza No debemos exigir garantías a los designios del Señor Una vez más el Papa Francisco elogió a la figura de la mujer representada, esta vez, en una «mujer de gran belleza y sabiduría» que «habla al pueblo con el lenguaje de la fe». Lo subrayó el Papa en la audiencia general del miércoles 25 de enero en el Aula Pablo VI. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Entre las figuras de mujeres que el Antiguo Testamento nos presenta, destaca la de una gran heroína del pueblo: Judit. El libro bíblico que lleva su nombre narra la imponente campaña militar del rey Nabucodonosor, quien, reinando en Nínive, extiende las fronteras del imperio derrotando y esclavizando a todos los pueblos de los alrededores. El lector entiende que se encuentra delante de un grande, invencible enemigo que está sembrando muerte y destrucción y que llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel. El ejército de Nabucodonosor, de hecho, bajo la guía del general Holofernes, asedia a una ciudad de Judea, Betulia, cortando el suministro de agua y minando así la resistencia de la población. La situación se hace dramática, hasta tal punto que los habitantes de la ciudad se dirigen a los ancianos pidiendo que se rindan a los enemigos. Las suyas son palabras desesperadas: «Ya no hay nadie que pueda auxiliarnos, porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que desfallezcamos de sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos». Llegaron a decir esto, “Dios nos ha vendido”, y la de- sesperación de esa gente era grande. «Llamadles ahora mismo y entregad toda la ciudad al saqueo de la gente de Holofer- nes y de todo su ejército» (Judit 7, 25-26). El final parece casi ineluctable, la capacidad de fiarse de Dios ha desapareci- do, la capacidad de fiarse de Dios ha desaparecido. Y ¡cuántas veces nosotros llegamos a situaciones lí- mite donde no sentimos ni siquiera la capacidad de tener confianza en el Señor!, es una tentación fea. Y, paradójicamente, parece que, para huir de la muerte, no queda otra cosa que entregarse a las manos de quien mata. Pero ellos saben que estos soldados entrarán y saquearán la ciudad, to- marán a las mujeres co- mo esclavas y después matarán a todos los demás. Esto es precisamente “el límite”. Y ante tanta desesperación, el jefe del pueblo trata de proponer un punto de esperanza: resistir aún cinco días, esperando la intervención salvífica de Dios. Pero es una esperanza débil, que le hace concluir: «Pero si pasan estos días sin recibir ayuda cumpliré vuestros deseos» (7, 31). Pobre hombre, no tenía salida. Cinco días vienen concedidos a Dios —y aquí está el pecado— cinco días vienen concedidos a Dios para intervenir; cinco días de espera, pero ya con la perspectiva del final. Conceden cinco días a Dios para salvarles, pero saben, no tienen confianza, esperan lo peor. En realidad, nadie más, entre el pueblo, es todavía capaz de esperar. Estaban desesperados. Es en esta situación que aparece en escena Judit. Viuda, mujer de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe, valiente, regaña a la cara al pueblo: «¡Así tentáis al Señor Omnipotente, […]. No, hermanos; no provoquéis la cólera del Señor, Dios nuestro. Porque si no quiere socorrernos en el plazo de cinco días, tiene poder para protegernos en cualquier otro momento, como lo tiene para aniquilarnos en presencia de nuestros enemigos […]. Pidámosle más bien que nos socorra, mientras esperamos confiadamente que nos salve. Y Él escuchará nuestra súplica, si le place hacerlo» (8, 13.14- 15.17). Es un lenguaje de la esperanza. Llamamos a las puertas del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. ¡Esta mujer, viuda, corre el riesgo también de quedar mal delante de los otros! ¡Pero es valiente! ¡Va adelante! Y esto es algo mío, esta es una opinión mía: ¡las mujeres son más valientes que los hombres! Con la fuerza de un profeta, Judit llama a los hombres de su pueblo para llevarles de nuevo a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y que el miedo hace todavía más limi- tado. Dios actuará real- mente —ella afirma—, mientras la propuesta de los cinco días de espera es un modo para tentarlo y para escapar de su vo- luntad. El Señor es Dios de salvación, y ella lo cree, sea cual sea la for- ma que tome. Es salva- ción liberar de los enemi- gos y hacer vivir, pero, en sus planes impenetra- bles, puede ser salvación también entregar a la muerte. Mujer de fe, ella lo sabe. Después conoce- mos el final, como ha terminado la historia: Dios salva. Queridos hermanos y hermanas, no pongamos nunca condiciones a Dios y dejemos que la esperanza venza a nue- stros temores. Fiarse de Dios quiere decir entrar en sus diseños sin preten- der nada, también acep- tando que su salvación y su ayuda lleguen a nosotros de forma diferente de nuestras expectativas. Nosotros pedimos al Señor vida, salud, afectos, felicidad; y es justo hacerlo, pero en la conciencia de que Dios sabe sacar vida incluso de la muerte, que se puede experimentar la paz también en la enfermedad, y que puede haber serenidad también en la soledad y felicidad también en el llanto. No somos nosotros los que podemos enseñar a Dios lo que debe hacer, es decir lo que necesitamos. Él lo sabe mejor que nosotros, y tenemos que fiarnos, porque sus caminos y sus pensamientos son muy diferentes a los nuestros. El camino que Judit nos indica es el de la confianza, de la espera en la paz, de la oración en la obediencia. Es el camino de la esperanza. Sin resignaciones fáciles, haciendo todo lo que está en nuestras posibilidades, pero siempre permaneciendo en el camino de la voluntad del Señor, porque Judit —lo sabemos— ha rezado mucho, ha hablado mucho al pueblo y después, valiente, se ha ido, ha buscado el modo de acercarse al jefe del ejército y ha conseguido cortarle la cabeza, ha degollarlo. Es valiente en la fe y en las obras. El Señor busca siempre. Judit, de hecho, tiene su plan, lo realiza con éxito y lleva al pueblo a la victoria, pero siempre en la actitud de fe de quien acepta todo de la manos de Dios, segura de su bondad. Así, una mujer llena de fe y de valentía da de nuevo fuerza a su pueblo en peligro mortal y lo conduce en los caminos de la esperanza, indicándole también a nosotros. Y nosotros, si hacemos un poco de memoria, cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes que uno piensa que —sin despreciarlas— son ignorantes… ¡Pero son palabras de la sabiduría de Dios, eh! Las palabras de las abuelas. Cuántas veces las abuelas saben decir la palabra justa, la palabra de esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido mucho, se han encomendado a Dios y el Señor da este don de darnos el consejo de esperanza. Y, yendo por esos caminos, será alegría y luz pascual encomendarse al Señor con las palabras de Jesús: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22, 42). Y esta es la oración de la sabiduría, de la confianza y de la esperanza.

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