Revista N.11

 

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Revista Encuentros Edición 2014

Popular Pages


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ENCUENTROS NUEVA ÉPOCA Nº 11 REVISTA DEL GRUPO LITERARIO ENCUENTROS ● EDICIÓN 2014 CASA DE LA CULTURA ● TRES CANTOS

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Homenaje a Félix Grande Germán Ojeda Méndez-Casariego Estuvo con nosotros en el 2008. Nos brindó una magnífica conferencia sobre El cancionero anónimo olvidado. Su conocimiento del tema, su sensibilidad abierta a ese arcón de tesoro insondable que es el cante flamenco y las coplas arcaicas, su expresividad y su cautivadora voz, dejaron un recuerdo imborrable en Encuentros. Compartió nuestro vino y nuestro pan, y quedó incorporado a nuestro grupo en forma ideal, a través de la lejana amistad y de su casa abierta para quienes lo frecuentábamos. Hoy, Félix Grande nos ha dejado. Cuando estaba prevista una nueva visita suya, el zarpazo alevoso de la muerte nos lo ha arrancado de improviso. El 30 de enero de este año se apagaron su sonrisa luminosa y su voz de aljibe fresco y sombrío. Qué mejor homenaje que leer su obra. Leer para el público, numeroso, en el teatro municipal de Tres Cantos. Leer con pasión lo que él escribió con meticulosa emoción, con desgarro controlado, con arte insigne de poeta. Lo hicimos realidad el pasado 4 de junio. Con nosotros estuvo, además de sus hermanos, su hermosa hija Guadalupe. Poeta ella misma, se presentó en nombre de su madre, Paca Aguirre, impedida por los achaques y el dolor de la pérdida. Nos habló con emoción de sus recuerdos familiares, de la ausencia inmensa, del consuelo que estaba recibiendo. Nos fundimos en un abrazo que era de todo el teatro. Y no podía faltar la música, tan importante en su vida. El cante flamenco, representado por dos grandes cantaores de cuya amistad gozamos también. Pepe Caballero, andaluz venido a la corte, veterano de batallas con el duende en el tortuoso camino del cante. Lo acompañaba el joven y virtuoso José Manuel Chamero. Y luego Paco del Pozo, gran amigo del añorado Félix, con quien compartiera magistrales sesiones de cante y poesía relacionada, y que ahora nos estremeciera con su emocionado recuerdo en tono de soleá. Le acompañó Pablo Vega, nieto de nuestro presidente de honor, joven músico de sorprendente madurez. Pablo aportó también un brillante solo de guitarra en concierto. Salimos del teatro con la pena reconfortada por el arte y el recuerdo solidario. 2

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ENCUENTROS Revista del Grupo Literario Encuentros Tres Cantos - MADRID Editorial PRESIDENTE Miguel Arévalo Sancho VICEPRESIDENTA Carmen Martín Palacios SECRETARIA Leticia Quemada Arriaga TESORERA Mª Jesús Martínez Segura El Grupo Encuentros se reúne los jueves, de 19.00 a 20.30, en la Sala Juan Bartolomé, de la Casa de la Cultura de Tres Cantos. La asistencia es libre y gratuita. gle3c.revista@gmail.com REVISTA COORDINACIÓN Andrés Acosta González PORTADA Carlos Pérez Pestana DISEÑO Y MAQUETACIÓN Lorenzo Martín Cantera CORRECCIÓN Alberto Collantes Fernández IMPRIME: VA-IMPRESORES DEP. LEGAL Nº M. 8726-2008 EDITA: Grupo Literario Encuentros • El Grupo Literario Encuentros no es responsable ni necesariamente comparte los contenidos y opiniones en trabajos que llevan firma. • Contiene imágenes obtenidas en Internet. COLABORAN EN ESTE NÚMERO: Acosta González, Andrés Arévalo Sancho, Miguel Bayón Gimeno, Amelia Collantes Núñez, Alberto Espiña Cillán, Elena Fernández Jordán, María Ángeles García Díaz, Ana Belén Gómez Espinar, Juan González Alonso, José Miguel Machado Sanz, Antonio Martínez Segura, María Jesús Medina Rivera, Gledy Luz Merchán Sevillano, Paloma Nicoletta Ojeda Márquez-Reviriego, Germán Oropéndola Vega Cabello, Juan Bautista XL Ferreiro Ana Belén SUMARIO Homenaje a Félix Grande....................................................2 Editorial ………………………………………….........….3 Entrevista a José Luis Álvarez Quintana …........……....4-5 Poesía, narrativa y ensayo …………………........….....6-17 Concurso literario CEIP Carmen H. Guarch ...............18-21 Presentaciones de libros ……………….……...........……22 Esencias del Perú ………………………….….........……23 Homenaje a Antonio Fernández de Tena y recuerdo de Antonio Pereira da Sousa ………..….........24 La escritura nació en las lejanas ciudades mesopotámicas. Surgió por necesidades contables, comerciales, fiscales; en definitiva, económicas. Pero superamos esta etapa porque las historias llenaban nuestras vidas mucho antes de empezar a escribir, realmente desde siempre. Por ese afán de jugar con las palabras para narrar, expresar, crear espacios líricos, sale un nuevo número de nuestra revista. El Grupo Literario Encuentros pretende ensanchar nuestro mundo interior, nuestra sensibilidad y nuestros conocimientos, pero también fomentar la comunicación, la amistad, la participación; dinamizar, en definitiva, nuestra sociedad. Este curso hemos rendido homenaje y reconocimiento al que sigue siendo uno de nuestros pilares fundacionales: el maestro, poeta, músico, compañero y amigo Antonio Fernández de Tena. Su presencia nos sigue enriqueciendo. Gracias, Antonio. Alumbramos belleza en forma de nuevos libros. Poesía de nuestros compañeros A. Machado y M. Á. Fernández; de nuestro amigo de Poetap, A. Ruiz, y de los amigos saharauis. Especial fue, por el amargo dolor que nos supone su ausencia, la presentación del libro de Gabriel González Las coplas ocultas de la República. Es necesario resaltar las actividades junto a otros grupos o asociaciones. Hemos tenido colaboraciones con la Escuela Municipal de Música. Participamos en el Encuentro Internacional de Escritores por Ciudad Juárez. Hemos contribuido a la lectura de la obra de María Ángeles Fernández Memoria contra la impunidad, en varios centros madrileños. Y colaboramos y disfrutamos, como otros años, con las narraciones del colegio Carmen Hernández Guarch. Hay que destacar la fundamental cooperación con la Universidad Popular de Tres Cantos. Esencial fue en la presentación del libro de Gabriel y en la gala Esencias del Perú junto a varias asociaciones de ese país, emotivo acto de fraternidad con las gentes, cultura, tradiciones e incluso gastronomía de esa nación tan cercana espiritualmente. También en el homenaje al muy grande Félix Grande, recientemente fallecido y del que habíamos disfrutado de su presencia hace algún tiempo. Acto que nos trajo la hermosa presencia y evocadoras palabras de su hija Guadalupe y la altruista intervención de notables artistas del flamenco, los cantaores Paco del Pozo y Pepe Caballero y los guitarristas Pablo Vega y J. Manuel Chamero. Es vital mantener y ampliar estas colaboraciones. Estamos en crisis, más para unos que para otros, y más para las ayudas a la cultura que para otras. Pero eso nos tiene que llevar a más ejercicios de imaginación y colaborando es más fácil. Decía sor Juana de la Cruz que “la única batalla que vale la pena es la del conocimiento”. Y es así porque sólo una sociedad desarrollada cultural e intelectualmente, integrada y participativa, puede formar una comunidad libre, justa, democrática y solidaria. 3

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Entrevista a XL Ferreiro Amelia Bayón Gimeno Nuestro entrañable Ferreiro está en el Grupo Literario Encuentros desde siempre. Multifacético, con la misma diligencia escribe hermosos poemas elaborados a partir de los aromas y las puestas de sol de cualquier sitio del mundo, o a medida de cualquier personaje y circunstancia; que canta canciones propias y ajenas, todo ello para que quienes gozamos de la dicha de su amistad, nos sintamos atendidos y abrazados por sus versos y su música. Amelia Bayón. ¿Quién es XL Ferreiro? ¿Podemos desvelar la incógnita? XL Ferreiro. Si no hay más remedio… Mi nombre es José Luis Álvarez Quintana. Soy gallego, de Sarria (Lugo), pero todos me conocen por el pseudónimo literario. Si alguien pregunta en el Centro Gallego de Tres Cantos, en el mismo GLE, etcétera, por mi nombre, muy pocos sabrán el auténtico. Soy Ferreiro, pero no se trata de una elección al azar; en Louseiro, aldea de mis abuelos y de donde procede mi familia, nos conocen por los de la Casa do Ferreiro. Un antepasado nuestro era un herrero muy conocido en la comarca, la fragua todavía existe, y se lo llevaron los franceses en 1808; nunca más volvió. AB. De Sarria a Madrid, ¿cómo fue ese itinerario? XLF. Pasando por el seminario de Lugo, único sitio donde podíamos estudiar los que no éramos de familia bien, y gracias a una beca de un gallego ilustre: don Pedro Barrié de la Maza, uno de los fundadores del Banco Pastor. Estuve de los 10 a los 18 años. Mucha disciplina y soledad para un niño de esa edad, pero muchas oportunidades de dar satisfacción a mi curiosidad. Me encantó la biblioteca cuando descubrí los libros de aventuras de Julio Verne, Emilio Salgari, R. L Stevenson y otros autores. Me seleccionaron para la Schola Cantorum, que era el coro oficial de la catedral de Lugo, todo un privilegio, aunque era muy duro el ensayo diario mientras los demás tenían recreo. Dábamos conciertos en todo Galicia y alrededores. El repertorio incluía música sacra, como el Requiem de Mozart; profana, como Negra sombra, Adiós Mariquiña; espirituales negros, canciones populares de las distintas regiones españolas, o canciones hispanoamericanas, como “Alma llanera”, “Pájaro chogüí”. En los años setenta, canciones de grupos pop, como “Viva la gente”. Uno de los momentos más emocionantes que recuerdo fue el día que cantamos el himno gallego en el Círculo de Bellas Artes de Lugo como si fuese una pieza coral más (años 66-67 con Franco todavía en plena forma), muchas personas se pusieron en pie y se vieron muchos ojos llorosos. El 30 de septiembre de 1972 salí de Galicia para venir a Madrid, y el 4 de octubre ya estaba trabajando en la empresa Aceites Carbonell. Mi madre, viuda, y mi hermana se habían venido dos años antes y vivían en la colonia San Ignacio de Loyola, casualmente en la calle de Valle Inclán. Me matriculé en COU, pero decidí posponerlo ya que consideraba que eran tiempos para participar en los cambios que se estaban produciendo en la sociedad y ya vendrían otros tiempos para estudiar. Conocí gente de las clandestinas juventudes del PC y del PSOE, que tenían una escuela nocturna gratuita en la calle de Teruel y me pidieron colaboración. Aparte de enseñar a leer a mayores y formación general, se daba apoyo a jóvenes estudiantes y se aprovechaban las circunstancias para ir sembrando preguntas y dando respuestas a cuestiones que no se encontraban fácilmente fuera de estos círculos. Fui monitor de montaña en los Scouts en el Barrio del Pilar, constantemente presionados por las autoridades y teniendo que solicitar autorizaciones a gobernación para cualquier actividad, al ser un movimiento juvenil permitido a medias ya que estaba fuera del control de la OJE. Allí conocí a Pilar. Nos casamos en 1978 y nos fuimos a vivir a lo que eran las primeras urbanizaciones de Fuenlabrada. En 1982 vinimos de primeros pobladores a Tres Cantos con nuestro hijo Luis Miguel. El segundo hijo, Víctor, es uno de los primeros tricantinos. AB. Hablamos de tu relación con las letras, de tu carrera literaria. XLF. Escribí mis primeros poemas con nueve o diez años. A esa edad hice un villancico del que recuerdo parte, titulado Con un sombreiro de palla (“Con un sombreiro de palla un pastor a Belén foi, mentras adoraba o neno comeulle o sombreiro o boi”). Intentaba hacer cancioncillas y pequeños cuentos. Ya en el seminario, algunos cuentos y relatos que el profesor de literatura solía dar por buenos. En 5º curso hacía poemas de “encargo” para algunos compañeros que querían regalar a seres queridos o deseados. 4

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La suerte que marcó mi vida desde que apenas sabía leer, fue el hecho de que mi prima Pili tuviese una librería en Sarria; cuando no había colegio me pasaba leyendo los días enteros. Su padre era mi tío Casiano Quintana, concejal republicano del Ayuntamiento de Sarria, perseguido a partir del 36 y que tuvo que ”echarse al monte”. Encarcelaron a su hermano Pepe do Ferreiro (mi abuelo) para obligarle a que se entregase, algún tiempo después lo pusieron en libertad por la intercesión del abad del monasterio de Samos, al que acudió mi abuela cuando ya se estaba complicando la situación. Actualmente no tengo mayor interés por seguir publicando, ni tiempo para participar en muchos eventos públicos, ni para presentarme a premios, aunque sí tengo unos cuantos de hace tiempo, y que en su momento me dieron mucha confianza en que lo que hacía no estaba mal del todo. Me uní al Grupo Literario Encuentros a los pocos días de su fundación, cuando apenas éramos media docena. Se nos fue Juan Bartolomé (el 27 de agosto hizo 14 años) y le sucedí en la presidencia; desde entonces siempre he estado presente en las tertulias de los jueves y demás actos, entre los que ya se puede considerar como actividad oficial la Noite Meiga, de la que el 12 de julio de 2014 hemos disfrutado de su X edición. Ese día, mi pequeña huerta (Horta do Ferreiro) se transforma en un auditorio dispuesto para el teatro, la poesía, la gastronomía con la queimada y conxuro; las canciones, la guitarra y la intervención de cuantos se prestan con la inestimable aportación de sus especialidades culinarias y algún acto sorpresa que siempre aparece. Está asegurada la continuidad por la alta participación (una media de 30 personas) y la demanda durante todo el año. Regreso de Argel (A Marcio Catunda) XL Ferreiro Cuando desnudes, Marcio, en Argel el instinto del pájaro ciego, tejerás jazmines de almendra y ofrendas de mazapán en las catedrales de espuma. Dormirás en los suspiros de ausencia, como Don Miguel encadenado, y regresarás cada noche al lecho fugaz de los ojos negros y las caderas deshojadas. Como los trashumantes de sueños, espigarás las palabras azules que los tuaregs olvidan en las ventanas, descifrarás los cuentos que los hijos del viento dejan atrapados en la arena y en las sombras efímeras del tamarindo, asumirás la piel de las manos que te cobijen para cubrir el lecho de los duendes de Tinduf. Cuando regreses, Marcio, regalarás poemas a los perseverantes. Poemas hechos con prestigio de taberna, olor de té con menta y la amargura del cuero. Versos conquistados al paraíso, porque los dioses no comparten y has de arrancarles de los labios los sorbos esenciales de la eternidad. Escribo con la sangre y con la vida porque los versos sin alma son olvido y la palabra por derroche es pervertida. Cada jueves, XL Ferreiro, con guitarra o “a capella”, anima la cena que sigue a la tertulia y que forma parte indivisible de la liturgia del GLE. Con un repertorio de lo más variado, que nos hace llegar por escrito para que nadie se quede sin cantar por no conocer la letra. Espera a que agotemos comidas y bebidas para convocarnos a esta ceremonia de satisfacción y fraternidad en la que Ferreiro, nadie lo duda, es una pieza clave. Ha hecho muchos méritos para ganar nuestro respeto y nuestro cariño. Desde nuestra revista nuestro agradecimiento por tu carácter alegre y conciliador, tu buen humor, tu disposición permanente a la colaboración y tu inestimable contribución al Grupo Literario Encuentros, con tus poemas, escritos, celebraciones y momentos mágicos que nos has traído desde los preciosos bosques de Sarria. 6-1-14 Cuando regreses, Marcio, recobraremos las últimas miradas, amansaremos el desasosiego con la voz templada de las canciones limpias y la locura del espíritu de los poetas. 5

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Juan Vega Cabello De tus valores, Herrera Tus tierras que pobladas de olivares son belleza en constante primavera; tus frutos llevan sello de primera y un ondear del aire como mares. Verdes, perennes, como los pinares; altos, frondosos formando ribera, reservado a tu pueblo, que es Herrera y a las gentes que moran por tus lares. También el trigo de tu tierra calma se cosecha en tus eras por quintales, criado por las zonas de tu alma. Qué grande y presumida, en cereales; pues algunas veces se llevó la palma de toda la comarca y sus lugares. Tres Cantos, octubre 2006 Mi tiempo que pasa Nicoletta Mis nietas, pequeñitas, revoltosas, con gorros de lana, botas de goma para la nevada, con disfraz de caperucita, de volante de lunares, de zambombas y turrones. Montones de recuerdos en la retina, mi retina se empapa, desborda. El tiempo pasa como la brisa. Cada momento con ellas es un dulce de miel; mi corazón se convierte en una golosina, que me nutre, que me embriaga. Que me hace sentir, latir, vivir. Un corazón que no se me llena nunca, como un océano que se alimenta de ola, donde siempre queda una isla mágica, para descubrir su insolente juventud, sus pasos seguros hacia la libertad, su mirada abierta llena de seguridad. Acariciar su cariño, clave de mi felicidad. 6

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Amelia Bayón Gimeno Escultura moral. El legado del maestro (Para Antonio Fernández de Tena) Como el granito que no es diminutivo sino roca, Antonio Tena es sólido y, además, cariñoso y fuerte, con la fortaleza de quien, al golpe del cincel elegido, da forma a la escultura moral de su admirable vida; existencia fértil de hijos, alumnos y lectores, de creación del espacio generoso en el que todos tienen la oportunidad de crecer. Bienaventurado el maestro que pleno de curiosidad nutre su espíritu y es feliz derramando su abundancia sobre los otros. Antonio Machado Sanz Cuento hiperbreve En su peregrinar, su compañía era una vieja tortuga. Cuando llegó fue feliz. 2004 He perdido la palabra adiós (A mi amigo y poeta Marcio Catunda) ¿Tendremos destino? ¿O solo estaremos flotando en la brisa? (Forrest Gum) He querido hacer un poema / que hablase de la lejanía. De la amistad en la distancia. De la suerte que he tenido. De la hermandad hispano-brasileña. De dos caracteres distintos. De dos vidas diferentes. De un poeta/diplomático. De un diplomático/poeta. Y sólo han brotado palabras / llenas de recuerdos: El conocerme a mí mismo. Un poema por día. Meditación existencial. Andar ensimismado, contemplativo, / por los linderos extraños de un camino de ortigas. O un epigramático devaneo madrileño / con tropos hedónicos… Pero… se acabó la fiesta. Menos mal que, si como dice Lee Changdong: “Los que aman la poesía siempre tienen flores en el corazón”, la fragancia de tus versos, amigo, llegará desde musulmanas tierras. Quiero que sepas, que, / aunque en la lejanía, tú, como un hermoso oasis eres “La apoteosis del agua” en la que buscaré el reflejo de tu plectro. He intentando hacer un poema… Y… sólo he podido escribir: Un “Hasta siempre, amigo”. 8-1-2014 7

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María Ángeles Fernández Jordán Nana al bebé Irene (Mi sobrina y ahijada) Un patito que se llamaba Irene paseaba por la nieve, y de repente, plis, plas, tropezó y echó a rodar, pero el patito no quiso llorar y solo dijo cua cua. Un gatito que se llamaba Marco trepaba por un naranjo, y de repente, plis, plas, resbaló y echó a rodar, pero el gatito no quiso llorar, tan solo dijo miaa, miaa. Un jilguero que se llamaba Pedro cantaba sobre un almendro, y de repente, plif, plaf, empezó a diluviar, pero el jilguero no quiso llorar, solo se puso a cantar. Una perrita que se llamaba Alicia se comía una salchicha, y de repente, sin más, alguien se la fue a quitar, y la perrita no quiso llorar, solo se puso a ladrar. Una cabrita que se llamaba Anita se comía una margarita, y de repente, en zigzag, la avispa le fue a picar, y la cabrita no quiso llorar, solo se puso a balar… Y mi niña, que se llama Irene, aprenderá a caminar, levantarse cuando caiga y volverse a levantar, con el arte nunca nadie la podrá jamás dañar. Porque siempre, como un fénix, ella volverá a empezar: hará versos con el llanto, y música con retazos del recuerdo al tropezar, y bailará con el cielo, con las rosas cantará, escribirá sobre el viento y pintará sobre el mar. 8

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Aledaño Hace tiempo que me busco entre las ruinas de mí mismo, a veces encuentro gotas de lluvia a la derecha de mi infancia. O espero que los pájaros vuelvan a cantar en griego su odisea, mas prefieren cantar jazz sin partitura rasgando el infinito con su vuelo. Otros días tomo el transiberiano que, inexorablemente, cruza regiones misteriosas y al fin arriba a los profundos barrios del instante. Hace mucho, mucho tiempo, que hacemos el odio como las alimañas, y sin embargo hubiera sido bello desnudar nuestras almas y regalarnos versos en la boca, como el que baila en medio de la nieve. José Miguel González Alonso (Padre nuestro) Padre nuestro que estás en los labios, santificadas sean las fosas de los mares y el pensamiento sutil que imagina el albatros. Padre nuestro que habitas cada cuerpo, gracias por la pequeña muerte en que culmina el acto, por la impecable simetría de los ojos de los niños, por el fango, la libertad, los amigos. Padre nuestro que estás en la música, benditos sean los metales, las manos de Víctor Jara, los cipreses, las vides, el comienzo de la borrachera. Padre nuestro que estás en la belleza, si de verdad existen las constelaciones, que se desnuden en la playa sin fin del firmamento y en el mar de mí mismo prolifere, una paz perpetua con gorriones. El amor es una mariposa recién salida del psiquiátrico Verte vestida es recordar tu cuerpo, jardín de las delicias donde los árboles dejan ver el bosque, atalaya imaginaria desde la que se vislumbra una vida muchísimo más plena. Magnolia venida de otro planeta, Lao-Tse crucificado a besos, signo de interrogación perfecto, caníbal que me come crudo. Me gusta mucho tu ropa –de su ausencia, ni hablamos–. ¡Quítate al menos los zapatos! Y que las lenguas hablen de sus cosas. Yo te quiero con tsunami y con adolescencia prolongada. Yo te quiero con mucho minotauro y creo que me estoy enamorando. 9

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Gledy Luz Medina Rivera A favor de la paz y contra la violencia Oropéndola Versos para Antonio Machado Se desliza en silencio la luna por el cielo, quiere esconder su cara entre una nube oscura que no llega; irritada, busca a Dios que duerme en sus laureles y llora la hora de dolor que escarnece la tierra. Poeta andaluz, sembraste tu letra en Soria y Jaén, Madrid y Valencia y en Campos de Castilla, esparciste tu semilla. Sí, la tierra madre de los hombres y de las mujeres que crecieron juntos, se amaron y procrearon dando sentido a la vida, la vida simple y cotidiana, la vida ajetreada y complicada, pero, al fin, la vida. Cultivaste en la frente de tu pueblo, en los surcos de su pecho, tu prosa: fecunda enseñanza, tus versos, de amor y verdad Mas, qué espantosos actos se suceden a diario en cualquier rincón del planeta… por eso llora de ira, por eso esconde el rostro y no mira… y se rompe las sienes al ser testigo de tanta desgracia… por eso el perfil gira. Defendiste la libertad de palabra, ejerciste el libre pensamiento, tu escudo y tus herramientas: libros, tinta y papel. Una mujer tiene miedo, dos mujeres gritan, tres mujeres corren, muchas mujeres sienten la garra de la injusticia, mueren, mueren victimas del león poder y codicia sacrificadas a un dios de leyenda que en verde se cuenta. … y se calla el miedo, el miedo que paraliza, el miedo que martiriza, y se alzan voces, voces que ya no pueden, ya no quieren silencio ni ser cómplices de la luna que calla, ni del defensor que no llega y paraliza la tragedia humana que se cierne sobre la vida de las mujeres juareñas. Desde el ventrículo izquierdo, tus versos de sístole, ¿de qué color es tu sangre? No se llevaron tu luz, nunca sellaron tu boca. ¿De qué color son tus huesos? Tus días azules y el sol de tu infancia prevalecerán. 2 de marzo de 2014 Indisolubles por una causa común: eliminar el crimen y el terror que devasta el soplo de una mujer, su sonrisa y su derecho de ser. Enarbolemos la voz para que el mundo luche y oiga, no ya horror, sino el eco de la paz y el latido de vida de cualquier mujer. Perú-España Septiembre de 2013 Paseos de marzo Se despeñan por mis mejillas unicornios blancos de agua marina. Danzan en mi pecho al son de rumba soledades olvidadas. Le pregunté al viento por tu voz, a las sombras de los árboles que adornan el camino les pregunté por tus pasos. Al colibrí y a la amapola, les pregunté por tu risa, y al trébol le dije: ¿Dónde quedaron sus caricias? En mis paseos de marzo, al almendro recién florido le reclamé tu ausencia. No me alcanza el olvido. 19 de marzo de 2014 10

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Alberto L. Collantes Sangre (A Federico García Lorca) Yo he visto tanta sangre vertida sin mesura buscar desesperada las grietas en los muros: breve refugio sucio de la vergüenza ajena que enrojecen las balas de su triste derrota… Yo he visto tanta sangre de víctimas ya muertas correr hacia el olvido como quien huye ciego que diluyo en mis venas el dolor y las lágrimas de la sangre vertida para nada en la Historia… Yo he visto tanta sangre sucia oscura de muerte llorar la sangre limpia que brotaba en sus madres cuando todo era solo vagidos y aire nuevo… Yo he visto tanta sangre, la sangre de los muertos, pintar los paredones de su fracaso en ráfagas que reniego del hombre que argumenta matando. *** Yo he visto tanta sangre resucitar la sangre, remendar a los muertos sus heridas de guerra, invadir otras venas y llenarlas de vida trasfundir su templado calor de sangre pura… Yo he visto tanta sangre correr como torrentes, como ríos furiosos, nunca ahítos de lluvia, mezclarse con el llanto de los que sobreviven para llorar a solas la sangre de su sangre… Yo he visto tanta sangre cubriendo la inocencia que indefensa se asoma entre sangre a la vida desde la acogedora matriz que olvidaremos… Yo he visto tanta sangre anunciando el futuro, manchando cada luna vuestras lunas de seda, que a veces he pensado que la sangre no es mala. *** Yo he visto tanta sangre ignorar sus temores avanzar imprudente, latir en la batalla, secar los corazones, ignorarse a sí misma, diluir sin cuchara el pánico a la muerte… Yo he visto tanta sangre salir de su escondite, separarse a la fuerza de sus venas azules que la quiero en su sitio, dando vida a los ojos, recorriendo los cuerpos con ternura de amante. Yo he visto tanta sangre descubrir que a las venas igual que a la ignorancia no hay regreso posible que cierro las heridas como cierro los ojos. Que yo he visto la sangre pasear de la mano reposarse en mis venas como un estanque en calma y quedarse muy quieta respirando despacio. *** Yo la he visto, lo juro, sentirse protegida, cuando un niño inocente paró el furor de balas besando en la mejilla al fiero mercenario. Yo lo he visto, lo juro, duró un instante apenas, lo que duró la lágrima en el ojo del soldado, el beso en su mejilla, la vida del pequeño… antes de que una bala derramara su sangre. 11

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Un mundo sin libros Todo puede ocurrir Juan Vega Cabello María Jesús Martínez Segura Querida amiga: Llevo algún tiempo queriéndote contar un largo sueño que tuve hace unos meses, pero por falta de tiempo, enredada entre libros, estudiando y demás, no había hecho un momento de tiempo hasta hoy; que entre otras cosas te relato: Esta noche me acosté pronto, pues tenía un ligero dolor de cabeza, quizá de manejar tanto libro; soñé algo inimaginable: una vida sin libros, un mundo sin libros, era algo así como no tener que coger un libro para estudiar. Me veía sentada en grandes aulas, eso sí con muchos profesores, explicando las lecciones y muchas horas de clases al día. Los profesores nos mandaban hacer un montón de trabajos y de redacciones, y cada vez estaba más confundida, ¿de dónde íbamos a obtener datos para confeccionarlos si solo contábamos los alumnos con unos breves apuntes? Yo hubiese querido despertar, porque me estaba martirizando. Yo pensaba: ¿De dónde nos vamos a surtir de elementos de juicio para la expansión de la cultura, algo tan necesario para el crecimiento de los pueblos y tan vital para la subsistencia de la sociedad? Era como retroceder a los tiempos primitivos. No, no es posible, decía yo, sin libros y solo con las clases de los profesores –que no siempre son entendibles para todos, pues todos los profesores no cuentan con el suficiente grado de pedagogía– que hagan llegar de lleno a todos y cada uno de los alumnos la síntesis de sus asignaturas. Qué agobiada me sentí durante parte de la noche en tan largo sueño; hubiese deseado despertar con alegría y comprobar así que eso fue un sueño; todo ello quizá llevado por el diario trajín del manejo de libros. Pero te juro que me sigue siendo inimaginable un mundo sin libros; qué apuros más grandes ver las estanterías vacías sin un libro de poesía que te hable de amores, de padres, de hijos, de primavera, de flores, pensaba yo. Desperté llorando; ahora en vivo, cuando aún siento el agobio que sufrí entre sueños, puedo decirte tantas cosas hermosas de los libros; ahora veo cómo esos grandes autores de la Literatura y otros campos del saber, extienden sus plumas sobre esos libros, que en mi sueño no existían, para deleite de la sociedad, para alimentar el alma, que sólo se mantiene de sensaciones agradables. Todo eso tienen estos libros que en mi sueño no ocupaban lugar en las estanterías. La inexistencia de un libro para soporte de la cultura sólo se puede concebir en un sueño. Espero quizá haberte distraído en este extenso relato, y no haberte atormentado como yo lo pasé aquella inolvidable noche. Pero, como dijo Calderón: “Toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Este escrito se produjo como consecuencia del final de carrera de Magisterio Infantil de una alumna que me pidió esa ayuda, y esto me salió en forma de cuento, pero que se exigía sobre este título: Un mundo sin libros. La sesión del jueves, que habíamos tenido en el Grupo, había sido solemnemente aburrida aquella tarde. Tenía un excesivo dolor de cabeza y lo aguantaba francamente mal. Así es que, en lugar de compartir el resto de velada con mis queridos compañeros, decidí marchar a casa, tomar algún bocado e irme a la cama. Finalizada la frugal cena, me puse cómoda e intenté dormir. No sabía el tiempo que llevaba, ya dormida, cuando el timbre del teléfono acabó con mi propósito de descansar y aliviar el dolor de cabeza que se incrementó al escuchar la voz de la persona que, al otro lado del teléfono, me hablaba con angustia, pánico e indefensión. Salté de la cama lo deprisa que pude, y en poco tiempo me encontraba subiendo las escaleras de la casa de mi amiga. Pulsé el timbre y me abrió una cara desencajada y vencida. Inmediatamente me pregunté: ¿Cuántas veces eran las que llevaban sucediendo más o menos lo mismo? Yo, al principio, no la hacía caso, pensaba que era fruto de su estrés y que la imaginación la jugaba malas pasadas o me pasaba buenos ratos riendo y, algunas veces, haciendo bromas de sus explicaciones. Pero no, no era su imaginación ni tampoco estrés. El espíritu, que fuera, se había ya manifestado en bastantes ocasiones y, siempre, con la misma intención, diciéndola que aquella era también su casa. Tanto de noche como de día, se encontraba con el cambio de lugar de un sillón, especialmente (persistía en colocarlo en el lado opuesto adonde ella lo tenía), libros desordenados y también ordenados y colocados de forma contraria a su gusto, luces encendidas y sucesivos detalles que a mi amiga la iban aterrando y cambiando la vida. Esta última vez fue el colmo. Cuando mi amiga llegó a casa se encontró la mesa puesta con dos cubiertos y la cama abierta. Los retiró nerviosa. Para relajarse se dio una ducha y se tomó un calmante que la hiciera descansar y dormir. Al despertar, los cubiertos estaban de nuevo allí encima de la mesa. Es de suponer la crisis de pánico, terror y ansiedad en la que entró. En una ocasión lo pusimos en conocimiento de la policía, pero ésta, al igual que yo al principio, no daba mucho crédito, tomó nota, dijo que no había suficiente base para la investigación y desestimaron el caso. Mi amiga, cada vez que había ocurrido algún fenómeno de esta índole, lo había puesto en conocimiento de la policía. Ahora, con una lista interminable de las veces que estos casos habían sucedido, la policía se tomó en serio el asunto. Desde entonces, mi amiga se vino a vivir a casa. Transcurrido un tiempo, no más de dos meses, la policía la requirió para presentarse en la Jefatura Superior-Instituto Estudios de Fenómenos Paranormales. No se atrevió a ir sola y preferí acompañarla. El cargo que nos recibió tenía un semblante como de satisfacción. Nos hizo sentar e inmediatamente soltó la frase que ninguna de las dos nos esperábamos: “No había tal espíritu. Sí, un eterno enamorado que se aprovechaba de la condición de hijo de la casera, utilizando la llave, fechas, horarios y descansos para entrar en su domicilio”. La Policía no es tonta. 1-2014 12

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Paloma Merchán En aquel pueblo donde mi padre nació, donde mis abuelos vivieron y no les dejaron morir Recuerdo la casa, casi en las afueras del pueblo, al final de la calle Real, cerca de la almazara. A partir de allí empezaban las huertas. Delimitaban sus lindes pequeñas vallas de piedra y musgo, en el mejor de los casos; otras veces, pequeños alambres de espinos, y otras, el propio desnivel del terreno. La casa de mis abuelos era humilde. Se llegaba a ella por un camino sin asfaltar. A la derecha, unos terrenos con árboles, que no eran suyos; a la izquierda, la huerta que les daba de comer, algunos pepinos, tomates, lechugas, coles… A la casa se accedía por unas escalerillas, adornadas de geranios y margaritas naranjas. Alguna tarde mi abuelo me llevaba a la plazoleta a jugar con otros niños. Me agarraba fuerte, con la mano tullida por la guerra de su juventud, y subíamos despacio. No recuerdo si hablábamos o no, pero sí que con aquel hombre, pequeño, de cara morena y arrugada, me sentía protegida. Íbamos calle arriba, saludando a las pocas personas que nos encontrábamos y llegábamos a la pequeña plaza situada al oeste del pueblo. Yo me acercaba a los chicos que por allí había y él se sentaba en los bancos de piedra con los otros viejos que desde allí vigilaban nuestros juegos. Aquellos ancianos podrían ser la escena repetida de cualquier aldea. El lugar, una pared al sol descascarillada y una piedra de granito que hacía de banco. Sus huesos agradecían el calor y la luz. Vestían camisa a cuadros o lisa, rozada por el uso, dejando entrever una camiseta debajo, pantalón de pana o de paño y su gorra, que bien podía ser una boina. Apoyaban sus bastones en la pared, si es que por bastón podía llamarse a un palo tallado lentamente con la navajilla del almuerzo de sus días de labor. Sabían del silencio en compañía. Podían pasarse minutos y horas sin decir nada, mirando al horizonte, siguiendo el movimiento de las nubes, y adivinando, por años de observación, el tiempo que haría en los próximos día, tan útil para el cultivo. Aunque ya lo habían hecho en el verano con las cabañuelas. De repente, uno rompía el silencio, y su conversación era la continuación de sus pensamientos. Compartía el recuerdo de alguno de sus hijos. Estos se habían marchado a la ciudad porque el campo ya no daba para comer y pensaba que seguro les iba muy bien, porque ya hacía tiempo que no les venían a visitar, y aunque esa excusa le alegraba, sus ojos claros, hundidos, rodeados de miles de arrugas, se tornaban tristes y húmedos. Entonces a mi abuelo le brillaban los suyos de alegría, y me buscaba con la mirada y le ponía al hombre su vieja mano en el hombro, acompañándole en su pesar. Otras, arreglaban el mundo después de haber escuchado el diario, como ellos lo llamaban. Su sentido común y su experiencia les habían hecho filósofos, aun no sabiendo apenas escribir y leer. Pero a pesar de aquella sabiduría, en su sencilla aunque dura vida no había cabida para entender aquel mundo que les parecía tan complejo y lejano. Lleno de guerras, de intereses económicos que superaban su pequeño conocimiento, de un mundo que se movía deprisa, y en el que ellos apenas se sentían partícipes. Otras veces, en su interior, una amargura lejana les abatía en algunos momentos, su semblante se endurecía… aquella guerra… A pesar de los años pasados todavía recordaban… Apenas eran unos muchachos cuando su corazón palpitaba por una moza a la que ya rondaban, y entonces, de repente, sin entender ni saber, les dijeron que debían alistarse para una guerra, de la que apenas entendían, porque ellos eran campesinos. Y les dieron un fusil y se alejaron de los suyos. En el pueblo había rumores, pero todo aquello superaba su entendimiento. Y allá fueron, a matar o a que les mataran, tomando partido sin saber de política ni de bandos, porque su existencia había sido trabajar la tierra, así de simple, así de dura. Pero desde aquel momento, les hicieron tomar partido… Y ya toda una vida se sintieron fieles a esa causa, porque un día, por ella habían luchado, y por ella, habían dejado a los padres y a la novia. Habían visto atrocidades, barbaridades inexplicables, y el miedo se les había metido en el cuerpo. Y en aquella contienda, y después de ella, aprendieron que el silencio era el mejor aliado; así, desde entonces, enseñaron a los suyos a callar para sobrevivir. Todavía, en su vejez, mantenían la discreción que ya se había hecho hábito. En la posguerra llegaron los hijos, aquellos años de dureza extrema cuando la tierra, que no era suya, no daba lo suficiente para dar de comer a la prole. Bajaban a la huerta con los primeros rayos de sol, con la azada a dejarse, día tras día, el sudor de su frente, para poder comer su mujer, los hijos y él. Y aun así, había ayunado para poder cambiar algo de la cosecha para comprar, en el estraperlo, algunas medicinas porque el tifus se quería llevar a uno de los retoños. Aun así, a pesar de su esfuerzo, no pudo evitar que muriera. Días y noches de impotencia, de hambre y miseria, de desasosiego. Pasaban los años, los hijos crecían, y ellos, aunque ya comían, no tenían futuro que dar a los suyos. Entonces mandaban al mayor a la capital, a casa de algún pariente, que les contaba, cuando alguna vez iba al pueblo, que las cosas empezaban a moverse en la ciudad, y que quizás el chiquillo podía conseguir trabajo de botones o de ayudante y mandarles algún dinerillo. Y con un hatillo escaso de alguna muda, y algún real, el mayor de los vástagos, que era un niño todavía, tomaba el autobús que le llevaría al desarraigo del pueblo. Aquellos eran los recuerdos, casi comunes, de aquellos viejos como mi abuelo, que se sentaban en el banco de la plaza, aquellas nostalgias que compartían en ocasiones. Algunas les dañaban, otras les alegraban. Y así pasaban los días, despacio, con la quietud que daba la vejez, con la lentitud de una existencia apática, cuando el tiempo había hecho mella en su salud, cuando ya a algunos la muerte les había robado a su compañera, a la mujer con la que habían compartido su inexorable existencia. Un día, uno de los viejos dejó de ir. Aquel que había justifica- do su soledad, enalteciendo la importancia del hijo al que no veía años ha. Un mal dolor había golpeado su corazón gastado. El mé- dico avisó al hijo y mandó al anciano a un hospital de la ciudad. Ni siquiera le permitió agonizar entre las modestas paredes que le acogieron durante una vida. La parca vino a buscarle unas horas después, en una blanca cama, en una fría habitación, en un lugar lejano. Y en aquel pueblo una campana tocó a muerte. (En recuerdo de mis abuelos paternos) 13

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XL Ferreiro Marta Todavía soñolientos, los vecinos se iban cruzando con ella que, por fin, regresaba a casa. –Buenos días –le saludó el del décimo–. La noche bien, ¿no? Marta sonrió entre dientes y creyó devolver el saludo. Al detenerse el ascensor en la planta catorce, regresó del letargo dulce y denso que produce el peso del sueño. “A las diez de la mañana cortarán el agua”, le había dejado escrito Félix en la pizarra de la cocina. La lavadora, los cacharros, la cocina, el baño… –planificó mentalmente. En la radio daban las noticias de las ocho. Levantó la persiana del cuarto de los gemelos y maldijo el día en que se les ocurrió comprar aquella mesa-pupitre-arcón, tan práctica, según la dependienta, y que ahora resultaba imposible de acoplar. Al pasar golpeó en la puerta del baño, al otro lado se oyó la respuesta de siempre: –¡Dos minutos, mamá, estoy acabando! Abrió la ventana de su habitación, apartando la mirada de la cama todavía templada. La tentación de descansar, aunque solo fuese unos segundos, podría llevarla a la catástrofe. El olor a leche quemada le hizo correr de nuevo a la cocina. –¿Cuántos cenasteis en casa anoche? Hay cacharros para una docena. No hubo ninguna respuesta. En realidad, tampoco era una pregunta. –¡Os quedan diez minutos! … La lavadora, los cacharros, la cocina, el baño. La radio regalaba felicidad en un club de ocio y tiempo libre. El agua entraba en la lavadora como el ronroneo de una nana, el tambor giraba lentamente –Hasta luego, mamá. El calcetín rojo permanecía inmóvil en el centro del ojo de buey. Oyó cerrar la puerta y que la radio repetía las noticias. Con las prisas ni siquiera se despiden, pensó. … Los cacharros, la cocina, el baño. Respiró profundamente para tomar impulso. El agua, en finas gotas, resbalaba sobre la sartén y huía del montón de platos formando descoloridas cataratas. Las manos se perdían entre la espuma, heridas desconocidas surgían al contacto con el jabón, lágrimas de arena iban inundando sus ojos. … La cocina, el baño. Arrancó la leche tostada en la plancha que, como negras galletitas saltarinas, huían del cuchillo. Lentamente iba recogiendo la espuma con penetrante olor a limón. Se pasaba, de cuando en cuando, el dorso del brazo por la frente húmeda; posiblemente lloraba. El brillo muerto del acero de la cocina reflejaba su imagen real. Sonó el portero automático. –¿Sí? –Cortamos el agua. La voz era clara y sin lugar a dudas. Corrió a tratar de limpiar lo poco que le quedaba. El grifo dejo caer los últimos suspiros y enmudeció. … El baño. –Son las diez horas, dos minutos, trece segundos. Apagó la radio. Bajó la persiana de su habitación y se dejo caer en la cama. El cuerpo, hundido lentamente, fue abandonándola. Sonó el despertador. Lo buscó incrédula: eran las dos de la tarde. Tenía por hacer: el cuarto de baño, la comida de mañana, la compra, recoger a los gemelos, la reunión del colegio, la cena para dejársela a ellos y lo que ella se llevaba para cenar en el trabajo. En la pizarra de la cocina anotó: “Te he cosido el mono viejo, el domingo buscaremos uno en el mercadillo aprovechando las rebajas. Llámame a las 12”. Iba a añadir: “un beso”, pero no lo hizo. Eran las siete de la tarde. Los gemelos seguían viendo la televisión. Martita estaba a punto de llegar y a ella le faltaban diez minutos para coger el autobús que le llevaba al trabajo. Mañana sábado comerían todos juntos. El espejo del ascensor reflejaba una mirada perdida. En el tercero, se detuvo y se abrió la puerta en contra de su deseo. –¡Cuanto tiempo sin verte! ¿Te vas ya? Pareces más delgada. ¿Haces alguna dieta especial? Hija, no sé cómo puedes aguantar esa vida que llevas, yo acabaría loca. –Te dejo, se me va el autobús –huyó Marta de aquella torturadora. Los recuerdos la oprimían contra la realidad. Los días eran eternos desde aquella noche extraña en la que el jefe de fábrica y el ATS la llevaron a urgencias. Habían pasado seis meses, octubre cerraba la tarde y en los cristales las gotas se iban uniendo hasta el fin. Marta seguía asomada al infinito. Los años de trabajo, en turno de noche en la cadena de montaje de la fábrica, la habían empujado al final. Después de tanto tiempo de baja psicológica, temía volver, pero quedarse de nuevo en casa sería la locura definitiva. Tal vez ahora, trabajando por el día, podría dormir algo por la noche. En la pizarra de la cocina había un corazón, atravesado toscamente por lo que parecía ser un clavel: “Espérame para cenar, vendré pronto”. FÉLIX. Pero era ya muy tarde. 14

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Juan F. Gómez Espinar (El Andalusí) Pequeña historia sobre la escritura y el libro Antes de que se conociera la escritura, el hombre utilizó la En el siglo XIV comienza a generalizarse el uso del papel en narración de los hechos y de los sucesos, ya fueran verdaderos o Europa. Con este material como soporte se aplica la técnica china fabulados, como vehículo de transmisión informativa. El incon- de la xilografía, que consiste en rebajar de un bloque de madera los veniente de este sistema era estar sujeto al error y a la deforma- fondos del motivo o grafía, luego se entinta la madera y sobre ella ción que el paso obligado de unos individuos a otros provocaba, se aplica directamente el papel que recibe la tinta por presión de haciéndolo poco fiable. una prensa plana. Esto dio lugar a un tipo de libro entre el códice Los antecedentes del lenguaje escrito son las inscripciones en y el futuro libro impreso, que se caracterizaba por no tener más de monumentos megalíticos y las pinturas rupestres. Si bien cada unas cincuenta paginas.. cultura produce sus propios sistemas y modelos de comunicación La revolución en la producción del libro. Vino de la mano del mnemotécnicos para comunicarse y recordar las cosas. Como alemán Gutenberg, gracias a su invento en el año 1450 en Magun- dice el profesor José Martínez de Souza en su obra Pequeña his- cia. La imprenta se extendió rápidamente por toda Europa, aunque toria del libro, no hubiera sido posible alcanzar el grado cultural su inventor trató de ocultarla. El mérito de ella estuvo en fundir le- actual sin la concurrencia de la escritura y el alfabeto, elementos tras en metal sueltas y colocar por orden los tipos, reproduciendo en básicos para configurar un leguaje capaz de transmitir ideas. pliegos de papel las grafías por medio de la impresión obligada por El desarrollo de la escritura fue un proceso lento, siendo pro- la presión a la que eran sometidos mediante bablemente en el país de Sumer, en la Mesopotamia del tercer una prensa plana adaptada. milenio, donde dio sus primeros pasos con la escritura cuneifor- Los primeros libros salidos de la impren- me. A lo largo del tiempo la escritura pasó por diferentes estadios, ta, entre 1450 y 1500, son los conocidos como como la pictografía o de dibujos, la ideográfica que representa las incunables. No tenían portada ni letras capita- ideas y la fonética. Mención especial tiene la escritura egipcia, les, ya que se dibujaban en ellos, no se dividía con sus dos ramas muy diferenciadas, la ideográfica de los jero- el texto, estaban foliados pero no paginados, eran de gran formato, no glíficos cuyos vocablos no son ni fonéticos ni alfabéticos, y la presentaban signo de puntuación y empleaban numerosas abreviatu- fonética propia. Pero es con el alfabeto fenicio cuando se inicia la ras. El soporte de éstos era papel de muy mala calidad. progresión constante de la escritura, añadiendo los griegos las vo- Entre los siglos XVI al XVIII el libro se perfecciona, continúa la cales. Los romanos realizaron algunas modificaciones en el latín, preponderancia del libro religioso, pero también hay libros laicos, origen de nuestro idioma. Hay otros alfabetos usados por diversas sobre todo los dedicados a la enseñanza. Se comienzan a editar culturas, como el cirílico o el árabe, y otros que desaparecieron, las obras de autores clásicos, como Homero, Aristóteles, Cicerón, como el ulfilano y el gótico. Séneca, apareciendo los primeros diccionarios. Se introduce la talla En cuanto a los tipos de letra, existen diferentes estilos y gra- dulce como técnica de grabado de las ilustraciones, ésta consiste en fías que van desde la época antigua con el uso de la letra capital en ahuecar con un buril una plancha de metal y rellenar los surcos con el siglo III a. C., hasta el siglo XV con la aparición de la imprenta, tinta para, por presión del papel sobre el metal, imprimir el moti- pasando por la arcaica elegante o cuadrada, la uncial y semiun- vo. Durero fue uno de los más hábiles artistas que usó esta técnica cial, la cursiva o sentada. En España son las escrituras nacionales, como ilustrador de libros. como la visigótica, la carolina, la gótica, la libraria y la cortesana, La encuadernación de libros comienza en Italia sobre el siglo las predominantes. XVI, siendo las tapas de madera, algunas veces revestidas en piel o A través del tiempo los materiales escritorios más usados en tejidos adornados con ornamentos de metal. Con la Revolución como soporte fueron la piedra, la madera, el papiro, el pergamino Francesa desaparece casi por completo la encuadernación de lujo, y el papel. En la Edad Antigua, la arcilla, la piedra y algún metal iniciándose la encuadernación mecánica, que dio lugar a una mayor eran soportes habituales donde se realizaban inscripciones o sig- y más barata difusión de las obras clásicas y modernas destinadas a nos con cinceles, cañas, buriles o punzones, según el soporte. La un público más amplio. Epigrafía es la ciencia que estudia la escritura sobre materiales El libro impreso y encuadernado como vehículo transmisor de duros. ideas y pensamientos no escapó, desde sus principios, al control de los En la Edad Media el uso del papiro se generaliza como ya poderes eclesiástico y real, en algunos casos muy severos. Al tener ac- lo estaba en Egipto, aunque van incorporándose otros materiales, ceso a la cultura mayor número de gentes y salir ésta de los monaste- como la madera, en su versión de tabulaes de cera, y el pergami- rios se crearon a lo largo y ancho de Europa numerosas bibliotecas. La no, pasando, con el tiempo, a ser los materiales blandos los más Iglesia, fiel guardiana de los principios cristianos, ejerció con fuerza y habituales. Para escribir sobre éstos las herramientas usuales eran firmeza restricciones a la libertad de expresión impresa. Esta censura, la pluma, el cálamo y la tinta negra de resinas y orín con agua. encaminada a evitar manifestaciones heréticas e interpretaciones no Sobre el siglo X, en España, y en el XIII en el resto de Europa, el oficialistas de los textos, estuvo bien secundada por la otra censura, la papel se convierte poco a poco en protagonista de toda la produc- política y social, ejercida por los Gobiernos. ción literaria de la baja Edad Media y principios de la Moderna. Por último, en el siglo XVIII nace en Inglaterra el Copyright, Aparece la Paleografía como estudio de la escritura en materiales organismo para la defensa de los derechos del autor y del editor, blandos. con ello se intenta la protección de la propiedad intelectual del país. El padre del libro es el códice, previamente la técnica librera Posteriormente se extendió al resto de países. va superando etapas. Las series de tablillas, los rollos de papiro, El futuro del libro impreso y encuadernado es una incógnita las tabulae atadas, etcétera, dan paso a los códices, que hasta el para los menos optimistas. Ven en las nuevas tecnologías electró- siglo XV se hacen en papiro y pergamino. Éstos primero se escri- nicas el enemigo que acabará con la tradicional edición librera. Por bían y luego se encuadernaban en los monasterios, ya que era el ello, animo a todos los lectores a que compren libros impresos. clero el que monopolizaba la cultura. Febrero 2014 15

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