Revista N.8

 

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Revista Encuentros del segundo semestre del 2011

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ENCUENTROS NUEVA ÉPOCA Nº 8 REVISTA DEL GRUPO LITERARIO ENCUENTROS  SEGUNDO SEMESTRE 2011 CASA DE LA CULTURA  TRES CANTOS 1

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Celebramos la Feria del Libro con Sergio Ramírez Amelia Bayón Gimeno Sergio Ramírez Mercado (Masatepe, Nicaragua, 1942) es el más importante escritor actual de Nicaragua y el más conocido en España después de Rubén Darío. Es además un académico y un hombre de Estado que ocupó la vicepresidencia y la presidencia compartida de su país. Tuvimos la gran suerte de localizar al doctor Ramírez (es abogado y es usual llamarle de este modo en su tierra) en Madrid, en una de sus giras europeas, la pasada primavera. Respondió a nuestra invitación con amabilidad y un extra de cariño hacia nuestra modesta sociedad literaria. Y así fue que organizamos, junto con la Universidad Popular de Tres Cantos, la celebración de la Feria del Libro 2011 con Sergio Ramírez, que nos presentó su última novela, La fugitiva, de la que se agotaron las existencias disponibles durante el acto. Con la cercanía y la sencillez que le son habituales, nos habló de su infancia, de cuando temía decir a su padre que escribía cuentos porque su progenitor era comerciante, un hombre práctico, y podía considerarlo un oficio de ociosos. Reflexionó también sobre la vocación del escritor, la necesidad de contar lo que es digno de quedar impreso, de la disciplina si se quiere llegar a la meta y publicar la obra, de lo imprescindible de documentarse bien aunque se relate ficción, etcétera. Nos puso al tanto del proceso de elaboración de La fugitiva, que se acababa de publicar en España en ese momento; de su inspiración en la vida de una escritora costarricense que es relatada por tres de sus amigas más cercanas, cada una desde su particular punto de vista. Es La fugitiva una novela exquisita y amena, escrita desde un amplio conocimiento del alma de las mujeres y de la historia de Centroamérica, sus usos, sus costumbres, sus prejuicios, sus pecados… El machismo, el caudillismo, las componendas políticas en la altura sin contar con el pueblo, arrastradas desde el pasado hasta el presente. Sergio Ramírez visitó nuestra ciudad acompañado de su esposa, Gertrudis, Tulita, profesora de Universidad y mujer de su tiempo, a quien el escritor agradeció públicamente su apoyo y complicidad de tantos años. Tienen tres hijos y varios nietos. Se les ve felices. Después del acto literario, disfrutamos de unos momentos de charla distendida y degustación de productos tradicionales españoles en un restaurante tricantino. Era viernes de dolores. El matrimonio Ramírez tomó al día siguiente, en Barajas, un avión rumbo a su país, donde les esperaba su gran familia para disfrutar juntos de su tradicional Semana Santa. Unos días de descanso y esparcimiento en las tropicales y bellísimas playas de Nicaragua, el país de los lagos, los volcanes y los poetas. Rubén Darío les dejó el listón muy alto, pero las letras en Nicaragua asumieron el reto y mantienen un extraordinario nivel. La mejor muestra es, sin duda, Sergio Ramírez. Tres Cantos, 15 de abril de 2011 2

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PRESIDENTA Amelia Bayón Gimeno Editorial VICEPRESIDENTA Carmen Martín Palacios SECRETARIA Leticia Quemada Arriaga En la Cultura Maya se ha señalado y transmitido una fecha, el solsticio de invierno de 2012, como época de grandes cambios. Estamos comprobando que la predicción de los astrónomos mesoamericanos TESORERO parece ajustarse a la realidad porque, en la medida en que nos José Aceituno Medina acercamos, la velocidad de los cambios en nuestra sociedad aumenta. El Grupo Literario Encuentros La literatura ha sido siempre un privilegiado mecanismo para dar cuenta se reúne los jueves, de 19.00 a 20.30, de cuanto sucede. La crónica, el relato, la novela, la poesía, son hijos de en la Sala Juan Bartolomé, de la Casa de la Cultura de Tres Cantos. La asistencia es libre y gratuita. ------------------------------ EQUIPO COORDINACIÓN Andrés Acosta González PORTADA Carlos Pérez Pestana DISEÑO Y MAQUETACIÓN Lorenzo Martín Cantera su tiempo y reflejan la percepción que el autor tiene de los acontecimientos o los estados anímicos que le producen. Los grandes retos de nuestro tiempo ya están sobre el papel. El Grupo Literario Encuentros de Tres Cantos, este espacio abierto a la creación, y al conocimiento de la literatura y de cualquier otra manifestación cultural, edita una nueva revista con el ánimo de dar cabida a la rica pluralidad que acoge de personas sensibles e interesadas en compartir y difundir el amor por las letras. En este nuevo número se recogen, tanto la memoria colectiva con la CORRECCIÓN Alberto Collantes Fernández IMPRIME: VA-IMPRESORES DEP. LEGAL Nº M. 8726-2008 EDITA: Grupo Encuentros www.grupoencuentros.es entrevista a Juan de Madrid como los trabajos de los socios, y se da cuenta de las actividades más destacadas del Grupo, desarrolladas en el último semestre. En abril, tuvimos la gran suerte de celebrar la Feria del Libro con el escritor Sergio Ramírez Mercado, de Nicaragua, patria de Rubén Darío, que nos visitó y presentó su última novela, evidenciando --------------------- la vitalidad de nuestra lengua al otro lado del Atlántico, de la que  El Grupo Literario Encuentros no es responsable ni necesariamente comparte los contenidos y opiniones solemos estar al tanto, en buena medida, por nuestros socios latinoamericanos, cada vez más numerosos, convecinos nacidos en en trabajos que llevan firma. tierras lejanas, que enriquecen nuestro quehacer y nuestra lengua viva,  Hay imágenes obtenidas en Internet. como bien sabéis. ----------------------- COLABORAN: Acosta González, Andrés Álvarez Quintana, José Luis Bayón Gimeno, Amelia Bezos Hernández, María Teresa Espiña Cillán, Elena Fernández Jordán, María Ángeles En junio, y en colaboración con la Escuela Municipal de Música, se presentó El diván del Tamarit, de Federico García Lorca, y en agosto se rindió homenaje a este mismo autor, haciendo memoria de su obra y de su ejecución extrajudicial hace 75 años. Fue también un placer participar en la presentación en Tres Cantos de la obra del autor saharaui Bahia Mahmud Awah, que nos relata la vida de Gómez Espinar, Juan González Alonso, José Miguel Machado Sanz, Antonio Martínez Segura, María Jesús su pueblo, en nuestra lengua. Y, como viene siendo habitual, gozamos de la ternura y la inocencia de la mano de los niños del colegio Julio Pinto, cuyos textos cada vez nos Mayorga Noval, Marcos Medina Rivera, Gledy Luz Peralta, Victoria Pérez Moronta, Elena sorprenden más. Sea esta nueva oportunidad de ponernos en contacto contigo, querida lectora, querido lector, una ocasión más para disfrutar de la creatividad Picquot Martín, Nicole Portillo Cuerva, Juan de nuestro grupo. Esperamos que te guste. Quemada Arriaga, Leticia Rodríguez, Sagrario Sánchez Bascuñana, Juan Vega Cabello, Juan Bautista Vesperinas Lucas, Mercedes Vicioso Ruiz, Ana María SUMARIO Sergio Ramírez … …………. 2 Editorial ………………….… 3 Entrevista a Juan de Madrid... 4-6 Poesía, narrativa y ensayo …. 6-25 Bahia Mahmud Awah ……… 26 Colegio Julio Pinto ………… 27 ‘El diván del Tamarit’ ……... 28 3

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Amelia Bayón Gimeno Entrevista a Juan de Madrid Juan de Madrid es su nombre en el mundo de las letras. Nuestro compañero del Grupo Literario Encuentros se llama Juan Portillo Cuerva. Es de pocas palabras pero de abundantes letras poéticas, y detrás de una pose seria y serena hay un escritor sensible y apasionado que sabe recoger la belleza de la gente y de las cosas para cantar a la vida. Impresiona la intensidad de sus ojos, que atraparon los azules del cielo y del mar. Tomamos un refresco mientras le voy haciendo preguntas para nuestra revista, para que tengamos la oportunidad de conocer de su propia voz lo que nos va a relatar de su vida y su obra literaria, de su llegada a Tres Cantos y a Encuentros. Amelia Bayón. ¿Eres de verdad de Madrid? Juan de Madrid. Sí, ya sé que es una rareza, que en Madrid todo el mundo ha nacido en otro sitio; pero yo nací en la capital, por eso junto a mi nombre hago figurar mi procedencia. Además siento pasión por Madrid, por sus barrios, por el Retiro con sus conciertos, la Rosaleda… Puedo pasar allí horas sin darme cuenta del tiempo que pasa. AB. ¿Cuándo llegaste a Tres Cantos y al Grupo Literario Encuentros? JM. En el año 1985 llegué a Tres Cantos y me enteré por la prensa local de la existencia del Grupo Literario Encuentros. Para entonces ya había tenido algún problema de salud que me obligaba a reposar y fue cuando tuve tiempo para escribir, aunque fue retomar una vieja tendencia, pues había escrito mi primer poema con trece años. De mi llegada a Encuentros recuerdo el primer acto en el que participé, que fue una lectura de poemas de Rafael Alberti AB. ¿Siempre te gustaron las letras, te desenvolvías en este mundo? JM. Me gustó siempre leer: Neruda, los Machado, Góngora, Quevedo… En una librería de viejo que había cerca de mi casa me dejaban libros cuando era un chaval y me aficioné. No estudie Letras sino Ciencias, y no tuve oportunidad de alargar mis estudios porque había que ayudar a la familia. Hice el primer año de Ingeniería Industrial y trabajé en el mundo de la electrónica industrial, en una importante empresa extranjera en la que tuve bastantes responsabilidades. Llegué a ser director técnico. Ahora estoy jubilado y hago una vida muy sana porque tengo que cuidar mi corazón, que ha pasado varias veces por el quirófano. Soy optimista: mi esposa y mis hijos, dos chicos y dos chicas, son los corazones con los que vivo, me siento inmortal. AB. Sabemos que fuiste un hombre de la radio. ¿Cómo llegaste a ese medio? JM. Fue en Radio España, en la calle Luchana. Yo escuchaba por las noches a Julio Moras y en una ocasión le hice llegar un poema mío. Me hicieron famoso de repente participando en el programa de Julio Moras, que comenzaba a las doce de la noche. A veces estaba hasta las cuatro de la madrugada. Disfrutaba mucho con el programa de radio y allí estuve hasta que cerró la emisora. 4

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AB. Además de la literatura sabemos que te gusta el teatro. ¿Has tenido ocasión de vivirlo en primera persona? JM. Sí, estuve en el grupo de teatro Las Máscaras. Preparamos representaciones de Ruiz Uriarte y otros. AB. ¿Y ahora, jubilado, sigues escribiendo? JM. Sí, siempre que puedo. He escrito varios cuentos y tengo cuatro novelas a medias; también he colaborado con el periódico Norte Noticias y con El Tricantino. He evolucionado; ya no me meto en la política local, ahora prefiero la ficción. La poesía me gustó siempre y ahora siento la necesidad de investigar a los jóvenes poetas recientes. Quiero seguir haciendo cosas, más y mejores cosas. Cuido mi salud para que me permita hacerlo. AB. Muchas gracias, Juan. Ha sido un placer escucharte, y debo pedirte disculpas por el interrogatorio, un poco extenso, acorde con nuestra curiosidad. Nos vamos con versos de tu libro El barco de los sueños. EL GRILLO ¡Canta grillo, canta! No detengas tu monótono estribillo: Que nos mantenga despiertos, para poder escuchar el sentir de los sentidos. ¡Canta grillo, canta! ………. LA LUNA ENAMORADA ¡Ay, Luna de mis amores! Dama de mantilla blanca. Cuando hagas hoy tu ronda, de amores, enamorada, coge tu manto de estrellas, y ve al balcón de mi amada a contarle mis amores. ………. PREMIOS - Tercer Premio de Poesía, otorgado por la prensa de Cartagena, con placa y dotación económica. - Accésit del Grupo Literario de Cartagena. - Varios accésit de diferentes premios literarios. 5

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LA FRAGUA Juan de Madrid ¿Poner grilletes al mar…? ¡A martillazos…! A martillazos, te rompen los sentimientos. ¡No, no! No puedes, ¿verdad? Con un cincel y un martillo, ¡te parten el alma! Cogen tu ser, le meten en una fragua… ¡y lo funden! No importa, no importa que grites: ¡Que yo, soy yo…! ¡Que no me parezco a nadie! ¡Ilusa…! ¡Qué ilusa eres! ¿Cómo pretendes entonces enterrar mi corazón y llenarle de cadenas, para que no te ame yo? Da igual. No te escuchan… ¡Dime! ¿Cómo podrías? A todos, hay que marcar como ganado; en la carne. ¡Que tengo de barro el cuerpo! ¡Que quiero estar con mi madre! No quiero escuchar el tiempo… A mí me da igual quien mande. Quiero hablar, respirar… ¡y ver cómo cae la tarde! Contemplar las estrellas… ¡y bebérmelas! En balde. ¡Es en balde! ¡Es igual lo que tú sientas! Eso no le importa a nadie. Ya han escogido tu nombre, tu destino. Te han marcado y llevado a tu camino: allí te dicen que andes, que no te salgas de él o sabrás lo que es el hambre. No te dejarán comer, ni beber, ni podrás oír a nadie. Te pondrán de catalina en una rueda muy grande. No verás amanecer… ¡Ni cuando se pone el Sol! Serás para siempre un becerro; sin cara, sin expresión. Andarás a cuatro patas, dormirás en un rincón, y tu piel arrancarán para quitarte el calor; o quizás para tapar, a la Doña de algún Don. Tu piel, no será tu piel. Tu cabeza, de cartón. ¡Todo tú, serás guiñapo! Carne trémula, fundida: Ceniza de viejo fogón sobre la tierra esparcida. Si en una cárcel, tú pudieras encerrarle, ponerle con siete puertas y echarle más de cien llaves, y una muralla delante desde la tierra hasta el cielo; no dudes que escaparía, para verte cada día. ¡Sólo por poder amarte! ¡Como fuera…! escaparía, si pudiera. En una nube, o montado en un dragón. ¡Como sea! Pero escaparía, para amarte cada día. ¡Si pudiera…! En una gota de agua, o en la pata de una hormiga: pero me escaparía. En la escoba de una bruja. En una frágil burbuja. Me escaparía. En el lomo de un león, encima de un caracol si pudiera, escaparía. ¡Y tú… ya no serás tú! LA CÁRCEL DEL CORAZÓN En una semicorchea. ¡En el cuerno de un mamut! pero… me escaparía. ¿Se puede encerrar el viento, la luz… o los pensamientos? ¡No! No se puede… ¿verdad que no? ¡No puedes, no! ¿Puedes apagar el Sol, la Luna o las estrellas? En el latir de la piedra, andando sobre la hiedra, ¡me escaparía, si pudiera! Le diría a mi enemigo que me llevase contigo. ¡Pero me escaparía, para amarte cada día! 6

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El sueño del escritor María Teresa Bezos Hernández El escritor sueña que escribe un cuento. Pero por más que lo intenta, no le sale nada; es un cuento bastante rebelde, se resiste a ser escrito: ahora viene, ahora se va… ahora se pelea con el lápiz. No hay manera. El escritor pasa un rato silencioso, mirando el folio en blanco. Y de repente lo sabe. Organizará un casting. Sí, un casting de cuentos, no me pongas esa cara. Todos los directores lo hacen, pero en vez de cuentos, con películas. Se sienta en una silla en la que escribe Escritor en la parte de atrás y espera tranquilo en su despacho. Sabe que es cuestión de tiempo. El mensaje es copiado, traducido, leído y escuchado. Vuela de página en página, cruza el océano en el interior de una botella. Así, se enteran todos los cuentos del mundo, que acuden con sus mejores galas: se llevan sus adjetivos más brillantes, sus finales más sorprendentes y se agolpan a las puertas de su casa, luchando por entrar, dándose codazos, ansiosos por ser los primeros. ¡Incluso se arrancan las páginas los unos a los otros, estropeándose las historias! En el jardín hacen cola cuentos noveles, jamás escritos, junto a los cuentos populares, que han acudido en masa. Pero son demasiados y el escritor no puede escribirlos todos a la vez. “¡Escríbeme a mí, arriésgate!”, le dice un cuento de aventuras. “¡Me tendrás escrito en un momento!”, le dice un cuento breve. El escritor los amenaza con inventarse un cuento sobre el Tiempo, que manche con sus manos amarillas las páginas de todos los libros, cubriéndolos de años y de polvo. Como esa es la peor muerte que un cuento se puede imaginar, huyen todos despavoridos mezclándose unos con otros en la carrera. El escritor despierta y sonríe satisfecho: tiene entre los brazos un cuento recién nacido. 7

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No importa María Jesús Martínez Segura No importa nada de lo que digan No importa, que digan lo que quieran No importa querer y no poder No importa que te pueda la vida No importa que sobre tu vida llueva No importa que no tengas paraguas No importa que estén mojados tus principios No importa que de usarlos se desgasten No importa desgastar los sentidos No importa que los sentidos sean más de cinco No importa que el cinco sea poco No importa que lo poco sea pequeño No importa, lo pequeño puede ser un lujo No importa que el lujo no se pueda ver No importa que cuando encuentres no te guste No importa, para gustos están los colores No importa que tu maleta esté llena de color. No importa que los colores sean uno No importa que uno sea menos que dos No importa que dos, a veces sean muchos No importa que muchos te aburran No importa que aburrirse sea normal No importa que lo normal sea lo anormal No importa que lo anormal sea el pan nuestro No importa que el pan nuestro no sea mío No importa que lo mío sea tuyo No importa, no importa, no importa… No importa que cuando no se vea busques No importa que cuando busques no encuentres Reencuentro con Miguel Hernández Juan Sánchez Bascuñana A cien años, Miguel, del segundo centenario, me pregunto tan de lejos: ¿Quién recitará tus versos? ¿Cómo será el escenario? Aunque nos eches en falta, peregrinos habrá en tu santuario que te escriban una carta y que lean tu poemario. Y seguirán tus vientos alisando los trigos, removiendo las conciencias, agitando los espíritus, dejando la libertad a su paso. Y tu rayo, dulce lumbre que sin quemar abrasa, continuará encendiendo nuestras vidas, cauterizando las heridas del alma. Y tu luna venidera, asistirá cada día al doloroso parto de la libertad, y servirá su sangre para fertilizar los campos yermos del espíritu. Y tus palmeras nos elevarán la mirada en busca del infinito y nos despedirán las palmas al final del camino. Y continuará tu higuera dando sombra a nuestro espíritu, fecundidad a nuestro seso y sazón a nuestro verbo. Y también el rocío, como bálsamo de flores, chumberas y pitas, conservará rozagante tu mensaje, refrescando la tierra en que habitas, calmando el rigor del estiaje. 9-02-2010 8

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José Miguel González Alonso Mi cama Jalones Ciertamente tú y yo debemos de felicitarnos por el dudoso placer de habernos conocido. Tú me has proporcionado cumbres de efímero deleite y yo te he dado cuerpos para desvencijarte. Debo admitir que, más allá de vino y rosas, ha habido noches de insomnio minucioso, en las que estoicamente has aguantado el desquiciado recuento de todas mis amantes. Has acogido con resignación mis momentos de pánico y me has servido de escalera al cielo cuando, leyendo algún poema memorable, no encontraba postura digna de merecerlo. Por ser tú tan discreta compañera: gracias, catre. Gracias también por todos tus gruñidos. Y cuando llegue el día del último viaje y esté el chamarilero a punto de partir, recuerda que te hice este sentido panegírico que ya figura, por derecho propio, en todas las antologías de poemas al catre. Dios quiera que tu canto del cisne, tardándote mucho en llegar, se entone mucho antes que el mío. El día de mi segunda comunión rocé a Dios con la mano y me sentí un terrible profanador que a los seis años tocaba el cuerpo del autor del infierno. La noche de mi primer sueño húmedo viví con odaliscas complacientes la eternidad completa en un segundo, me convertí en un tigre airado rugiendo con la fuerza de un pétalo. La tarde en que Miguel estaba bruno subido al mástil más alto de un barco, grité de júbilo Al descubrir el mar de las palabras Porque la pena tizna cuando estalla. Extraña carretera la que lleva desde la muerte a la muerte. Tu cuerpo manda en mí, es como el capitán de mi velero, él dice no o sí, o me aniquila entero o hace brotar mi yo más verdadero.. Hielo quedé al verte por primera vez tomándote una copa, pensé: no tengo suerte. Pero al mirar tu ropa se propagó un incendio por Europa. 9

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Guatemala: Tan dulce y tan fiera Ana de Gadir No he conquistado la cumbre del Himalaya ni de ninguno del resto de ‘ochomiles’. Pero puedo afirmar que he subido a mi propia cima del mundo, a la pirámide truncada de 65 metros de altura que es el Templo IV de las ruinas mayas de Tikal, en Guatemala. Arriba del todo y sentada en los escalones de piedra con la crestería detrás de mí, he visto, como Howard Carter al atisbar por primera vez el interior de la tumba de Tutankamon, “cosas maravillosas”. A unos diez metros por debajo de mis pies, las copas de las diversas variedades de árboles de la selva de Tikal: caucho, chicle, cedros españoles, copal, caobas y, sobresaliendo entre ellos, las extrañas ramas de las enormes, sagradas ceibas. Deseo llorar y reír a la vez, quedarme aquí hasta el último rayo de sol para inundarme de esta belleza única de Tikal, el sitio de las voces en el idioma ‘chol’. El sol juega a veces con las nubes y remarca o diluye los contrastes y las sombras. Me siento empapada en sudor por los más de 35 grados y la humedad del 90% de este lugar fascinante, pero feliz como pocas veces, satisfecha de mí misma por haber logrado salvar el obstáculo de los 200 escalones de madera adosados al costado izquierdo de la pirámide. Desde abajo es imposible ver el lugar donde me hallo, y solo desde la cumbre se abarca esta increíble inmensidad. Ahora el aire llega sin dificultad a mis pulmones y me relajo totalmente para contemplar a la derecha, sobresaliendo del verde espesísimo, la cresta del Templo III. Continúo la panorámica hacia la izquierda y aparecen las cresterías de los templos I y II, situados uno frente al otro en la Gran Plaza, invisible desde aquí, engullida por una tupida selva que casi no deja pasar la luz solar. Por ella corren los coatíes y saltan de árbol en árbol los monos aulladores. La crestería es una creación propia de los antiguos mayas de Tikal, empeñados en conseguir la mayor altura posible en sus templos. También se obsesionaron por la medición del tiempo: fueron tan inteligentes que calcularon, con más de mil años de anticipación a Occidente y sin ningún instrumento, la duración exacta del año solar, que ellos dividieron en 18 meses de 20 días cada uno, a los que añadieron los 5 días “nefastos”, cuando la vida se detenía para no atraer la ira de los dioses. Pero Guatemala, cuyo nombre significa “bosques de los árboles de agua”, es mucho más: el enmarañado laberinto de toldos del mercado de Chichicastenango, que jueves y domingos despliega unas mercancías que aturden con sus impensables colores al viajero. Huipiles, faldas y tocados para las mujeres; tapices como un arcoíris que acabaran de inventar. Hamacas colgantes, figurillas femeninas con los mil tonos de la indumentaria indígena. En la escalinata de la iglesia de Santo Domingo se arraciman las vendedoras de miríadas de flores. A las ocho y media de la mañana de cada domingo, en el siempre abarrotado templo, se celebra misa en lengua quiché y en español. Y es la sonrisa morena de Juan, tan despierto, a sus 12 años guía oficial del mercado. Ayuda a mantener a su madre y a sus cinco hermanos; el padre se marchó un día y nunca regresó. Son las madres jóvenes, casi niñas, vestidas con las ropas tradicionales y su bebé colgado de la espalda. Es la señora de gesto paciente que me desea la bendición de Dios aunque no le haya comprado nada. Esta tierra, fiera y dulce a la vez, es recorrer el cañón del río Dulce, en plena selva del Petén. En la partida nos despiden los pelícanos y cormoranes que pueblan el muelle de Livingstone, donde el río desemboca, en pleno mar Caribe. Navegamos río arriba por unas aguas del mismo verde tan intenso de la vegetación, hasta el punto de no distinguirse la realidad del reflejo. De pronto, una majestuosa garza se recorta sobre un auténtico océano de nenúfares blancos. La lancha navega despacito, apenas se percibe un leve runruneo; hay un silencio casi absoluto interrumpido solo por los gritos y gorjeos de las aves invisibles que pueblan la selva. Nuestro destino es el lago de Petén-Itzá, donde flota en un rojísimo y espectacular atardecer la pequeña isla de Flores. Guatemala, patria del premio Nobel Miguel Ángel Asturias, es el majestuoso e impresionante lago Atitlán, a 1.450 metros de altitud y 130 kilómetros cuadrados de superficie. En realidad es un cráter volcánico que se llenó de agua hace miles de años y que agrupa en sus orillas otros tres volcanes. Desde la población ribereña de Panajachel, a bordo de una pequeña y rapidísima lancha de elevada proa, he surcado sus azules y quietas aguas matinales hasta llegar a Santiago de Atitlán. 10

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En Santiago se funden las creencias cristianas y las indígenas y se materializan en la figura de ‘Maximón’, una versión de un dios del inframundo que sube a la superficie durante esos cinco días nefastos o aciagos del calendario maya. Lo visito en la casa que le dio la bienvenida el último Viernes Santo y que será su morada durante un año. Un Maximón de tamaño natural reina desde uno de los dos altares de la abigarrada estancia. Se toca con un sombrero negro, carece de manos y lleva un cigarro en la boca. Este dios alegre representa la fuerza de la vida y exalta sus manifestaciones. Lleva al cuello una bufanda de listas horizontales rojas y negras, camisa y pantalón de tonos vivaces. En este país se halla la elegancia y el señorío de las calles de Antigua, la primera capital del país, fundada en 1543 y trazada a cordel por los colonizadores españoles. Se conserva como fue creada a pesar de los terremotos, las numerosas fachadas ruinosas y los interiores inexistentes. Las casas multicolores muestran balcones y ventanas enrejadas de donde cuelgan macetas, pura herencia del sur español. Y los faroles, los patios de las casas repletos de flores y guacamayos, el suelo empedrado hace siglos… Para muchos, la ciudad más bella de Guatemala. Y, dominando Antigua, el volcán Agua. Guatemala es también la cortesía, la hospitalidad, los buenos modales que parecían haber desaparecido y que aquí perviven y consiguen que nunca olvides a las buenas gentes de esta tierra de volcanes, bosques, lagos, mares, selvas, ríos, altiplanos, montañas, restos mayas únicos… Y todo, en esta parte del Nuevo Continente que el gran Pablo Neruda bautizó en su Canto general como “la dulce cintura de América”. Guatemala es la madre casi niña con su bebé a la espalda. Foto de la autora. 11

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Juan Bautista Vega Cabello La mujer De la tierra, mujer, lo más glorioso; de la tierra, mujer, lo más preciado, y de la tierra, el fruto más hermoso; de la tierra, también, lo codiciado. No tienes parigual en el planeta; eres el ser más grande, más sagrado, manantial de encantos al poeta, sublimidad del hombre enamorado. Ninfa y sirena en la mar y tierra, eres; altar y cielo, estrellas nacaradas, debéis sentir orgullo las mujeres al venir concebidas como hadas. Sois el aire que respira el hombre, el ser divino de la creación, el sol, el fuego, el agua está en tu nombre, amor, placer y la procreación. Qué prodigiosa, la naturaleza, en conceder tanta grandeza a un ser y cómo derramar tanta belleza en quien bien lo merece, la mujer. Primaveras de flores y de olores; son Dalias, Azucenas, sois Violetas, el gran amor, también, de los amores, cantar de pensadores y poetas. En fin, todo hermosura y beldad, serafines de luz en mar y cielo, modelos de la creatividad, no hay nada mejor en el mundo entero. Por eso, la mujer es lo más bueno; no faltará quien diga, también malo y es que amor, con almíbar y veneno, no dejarán de ser nuestro regalo. Tres Cantos, julio 2003. Segundo premio del IV Certamen de Poesía Miguel Ruiz del Castillo. Almuñécar. Mujer Que ni el jazmín con su blancor profundo, cuyo olor por la tierra se derrama, se puede comparar con una dama, que es lo mejor creado en este mundo. Es del todo placer en lo fecundo; es la mujer, hermosa, ardiente llama; al fin, la madre que el hijo y hombre ama, cuya brasa me deja moribundo. Tú, el blanquiazul de las estrellas tienes, tan alto tu valer que el firmamento sueña celoso besando tus sienes. ¡Mujer!, el concebirte, qué talento, que a dar la vida con tu cuerpo vienes y tu presencia dar al hombre aliento. Madrid, febrero 1980 12

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Antonio Machado Sanz A la calle que ya es hora Monólogo en el café (“De pasearnos a cuerpo”. España en marcha. Gabriel Celaya). Si en los tiempos actuales llenos de robos y escarnios permanecemos neutrales; si nos levantan carteras llenas de ilusión y avales, si pensando que soy bobo, me quitan mis dignidades; si aun así cavilamos “es mejor quedarse en casa”, dejaremos de ser hombres con nuestro orgullo y con casta. Así que no pienses más, saca a la calle tu cuerpo, aunque pilles esa gripe que casi te lleva al huerto. ¡Que es mejor un Tamiflú que esconderte en tu rincón y dejar de ser lo que eres! TÚ. Hoy, como cada día, busco mi comida. He entrado en el Café de Oriente. Antes estuve en la terraza, pero no había nadie; se nota que con el frío del invierno las gentes, al sereno, no desayunan. Mañana iré a la Casa de Campo. Quizás algún día la encuentre en la Moncloa o en el Palacio Real. O en la puerta de una iglesia. ¡Ahí no!, aunque me resulta fácil, como no me gusta mendigar… Dejo volar mis recuerdos y me llevan hasta aquellos campos manchegos en donde me aprovisionaba y llegaba hasta el hartazgo. Unos ojos redondos y reidores me trajeron hasta la Capital. Aquí formé una familia y anidé en el alar de una vieja casona. Me siento otro parado más. Sólo me reconozco cuando algún niño corre hacia mí, tratando de cogerme. La infancia no ha cambiado. Siempre persiguen a todo lo que vuela. Sea una cometa, una paloma, o a mí, un humilde gorrión. 30-01-2011 Asturias Nicoletta Eres como un lienzo pintado de verde oscuro, donde abunda el manzano, el laurel y el avellano. Con tus praderas cabalgando sin miedo hacia el cielo y tus acantilados desafiando con orgullo el Cantábrico. Casas de muchos colores salpican la verde campiña, donde la hortensia es reina, donde la dalia es su amiga, donde el helecho por doquier brota. Los Picos de Europa se yerguen con hermosura, los valles se hacen humildes frente a su bravura, los ríos cantan entre rocas y peñascos, los lagos aparecen como brillantes espejismos. Me quedaré con la gruta de la Virgen de Covadonga, con el canto del gallo despertándome por la mañana, con el tintineo de los cencerros entre la niebla, la música nostálgica de una gaita, y la verde dulzura de tu clima. Agosto 2011 13

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Asturquín Pinceladas en mi vida Hoy, a punto de sobrepasar la década maravillosa de mis años sesenta, he tenido la suerte de que alguien me hiciera recordar por qué debo estar orgulloso, de haber vivido el tiempo en que cambió el mundo proyectándose a mejor. Mi generación presenció muchos eventos, unos agradables y otros… desagradables. Fueron tiempos de libertad, de un despertar con la moda y el vivir cotidiano. El hombre alargó su cabellera y la mujer salió a la calle con faldas recortadas y entre los discos del hogar del cuartel se escuchaba: Libertad, libertad, divina libertad. Tiempos aquellos de los pantalones campana y campanas que tañían la liberación femenina. Un grito de mujer buscando igualdad. Aparecen anticonceptivos de liberación, dando rienda suelta a los impulsos humanos, en mucho tiempo oprimidos. El hombre pisó la Luna y fueron tiempos de guerra: aquella, la de los Seis Días; la invasión de Checoslovaquia, y la más absurda, la de Vietnam. Y aparecieron los Beatles, anunciando a mi juventud las ansias de volar. Era el despertar de un nuevo renacer, cantando al mundo “All you need is love”, amor y paz, desplegando las alas. Fue el tiempo de otro grito: “I had a dream”. Fueron años felices de mi primera juventud, sentado en la acera de mi casa, presenciando duelos de papas y atrevidamente indolente, viendo levantar el Muro de Berlín. Tiempos de magnicidios y tiempos en que, por primera vez, una mujer encendía el vetado pebetero en los Juegos Olímpicos. Fui testigo de una Olimpiada de aletas vilmente asesinados, y del recuerdo de negros y victoriosos atletas, puño enguantado en alto, reclamando a un mundo intolerante. Con la suerte de ver, en mis años de juventud, a la Bardot, a la Loren y a la Gina en su papel de la reina de Saba, y que por ser tan atrayente me quedé embelesado hasta que, pasada la medianoche, me levantaba de aquel cine de sesión continua, lo que me costó una buena reprimenda de mi padre, que me andaba buscando por todas las comisarías de Madrid. Y la suerte para mi generación de desconocer las drogas malditas, de no ver morir a la gente, ni verla metida en las fauces de lobos tan peligrosos. Gledy Luz Medina Rivera La tarde llega con una cadencia de horas deshojadas. La música que suena en mi alma sabe a verbo amar conjugado. Y risueña, otra vez la tarde en su ensimismado pensamiento, La tarde llega… deja pasar al viento. ¿Quién pregunta por la flor que se abre al sentimiento? ¡Oh!, luz de candor; ¡oh!, belleza suma de canciones, de besos, de colibrí encantador. 13-10-2011 14

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Aquella mañana Andrés Acosta González Aquella mañana, como todas las mañanas, después de ducharme y afeitarme me acerqué a la ventana, a la amplia ventana del salón, como hacía desde hace mucho tiempo todas las mañanas. Me gustaba, antes de comenzar con las tareas del día, mirar la calle, el cielo, los árboles y sobre todo las gentes que paseaban delante de mi casa camino de su trabajo, de la compra u ociosos simplemente, disfrutando de un vagabundeo matutino, como todas las mañanas. Mas aquella extraña mañana, nada más mirar por la ventana sentí un extraño vértigo. El cielo exhibía tenebrosos colores: verde oscuro en unas zonas y violeta en otras. Las casas de todos los días ya no estaban, y en su lugar emergían unas construcciones oblongas de diferentes colores. Tampoco circulaban coches por la calle, sino unos raros cacharros, que se desplazaban por el aire a ras de suelo. Tenían forma de elipsoide y parecían estar totalmente recubiertos de un cristal color verde opaco semitransparente. Me esforcé por intentar distinguir qué albergaban en su interior. Incluso estuve observando aquellos extraños artefactos con prismáticos durante un largo rato. Pero sólo atisbé sombras que se movían por dentro. Un difuso terror iba poco a poco apoderándose de mí. La piel se estiraba en múltiples puntitos agudos y mi respiración comenzó a entrecortarse. El súbito desconocimiento del espacio que habitaba me estaba paralizando y llevándome al pánico. ¿Y mi mujer, nuestros hijos y nietos? ¿Dónde se encontrarían en este momento? Corrí hacia el teléfono. Tras marcar, sonaron unos pitidos distintos a los habituales y una operadora hablaba en un idioma totalmente ininteligible para mí, con fonemas guturales y tonos agudos muy raros. Colgué confuso y temeroso, aún más. Al mirar el calendario que había al lado del teléfono los ojos se me salieron de las órbitas, como los que dibuja Ibáñez en sus historietas gráficas: septiembre 2211. Me senté sin saber qué hacer. Un sudor frío me empapaba la frente y estaba temblando. Me pellizqué pensando que quizá todo fuera un sueño, que en realidad aún no me había levantado, que no estaba erguido allí en el salón. Esto desafiaba todas las leyes de la Física y la Biología. No me atrevía a dar el paso de salir, de abrir la puerta y preguntar a los vecinos. Si estábamos en 2211, ¿cómo sería el rellano, cómo las gentes que habitaban la casa? Y claro, mi esposa, mis hijos y mis nietas hace tiempo que ya no estarían en el mundo. Mi extrañeza al ver a las personas iba a ser inmensa; pero la de ellos al verme a mí, también. Sonó el timbre. Un ping-dong distinto del que yo conocía. Tembloroso y muerto de miedo avancé hacia la puerta. Me armé de valor. No tenía alternativa. Abrí despacio, sin antes siquiera ver por la mirilla. Un señor sonriente, con gorra de visera, un cuaderno en la mano y una cámara fotográfica colgando del cuello, me dice: –Esperamos no haberle causado problemas. Estamos rodando una película. Hemos pedido permiso al ayuntamiento y a las comunidades de vecinos para montar, ya lo habrá visto usted, un decorado espectacular, modificaciones en las casas, etcétera… Ni le saludé. Di un portazo, me dejé caer en el sillón y quedé sumido en un profundo sopor. Tres Cantos, octubre 2011 15

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