Revista N.6

 

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Revista del segundo semestre del 2010

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ENCUENTROS “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor” Pablo Neruda NUEVA ÉPOCA - NUMERO EXTRAORDINARIO HOMENAJE A MIGUEL HERNANDEZ EN SU CENTENARIO REVISTA DEL GRUPO LITERARIO ENCUENTROS SEGUNDO SEMESTRE 2010 CASA DE LA CULTURA TRES CANTOS

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PRESIDENTA EN FUNCIONES Carmen Martín Palacios SECRETARIO Juan Amezcua Lanzas TESORERO José Aceituno Medina El Grupo Literario Encuentros se reúne los jueves de 19,00 a 20,30 h. en la Sala Juan Bartolomé de la Casa de la Cultura de Tres Cantos. La asistencia es libre y gratuita. ------------------------------ EQUIPO COORDINACIÓN Andrés Acosta González PORTADA Carlos Pérez Pestana Miguel Hernández según Buero Vallejo DISEÑO Y MAQUETACIÓN Lorenzo Martín Cantera CORRECCIÓN Germán Ojeda Méndez-Casariego IMPRIME VA-IMPRESORES DEPÓSITO LEGAL Nº M-8726-2008 EDITA Grupo Encuentros //www.grupoencuentros.es Algunas ilustraciones interiores obtenidas en Internet. COLABORAN EN ESTE NÚMERO: Aceituno Medina, José Acosta González, Andrés Alemany Bay, Carmen Álvarez Quintana, José Luis Bayón Gimeno, Amelia Caballero Álvarez, Quiterio González Alonso, José Miguel Larrabide Achútegui, Aitor Luis Ojeda Méndez-Casariego, Germán Portillo Cuerva, Juan Quemada Arriaga, Leticia Sánchez Bascuñana, Juan Tebas Fernández, Antonio Vega Cabello, Juan Bautista Vicioso Ruiz, Ana María SUMARIO Página Miguel Hernández: Perito en lunas………..…… 2 Editorial............................... 3 Poesía, narrativa y ensayo sobre Miguel Hernández……....... 4-20 Conmemoración 20 años Grupo Literario Encuentros……. 21-28 Editorial Este número extraordinario de nuestra revista nace con la ilusión de hacer llegar a todos los lectores dos importantes acontecimientos. El primero es la conmemoración del centenario del nacimiento de Miguel Hernández; y el segundo, más modesto, es la celebración de los veinte años de nuestro “Grupo Literario”. En este año 2010 tenemos el privilegio de poder disfrutar y compartir una serie de celebraciones, inauguraciones y homenajes relativos al centenario del nacimiento, un 30 de octubre de 1910, en Orihuela, de un gran poeta y dramaturgo de la literatura española, Miguel Hernández Gilabert . Fue un hombre humilde, generoso, y en palabras de Pablo Neruda “poeta luminoso entre los azahares de su querida tierra”, o según Dámaso Alonso “genial epígono de la generación del 27”. Su obra y su vida es conocida por todos los amantes de la buena Literatura, y es tan universal que habrá reconocimientos y celebraciones en su honor en todo el mundo, como la Jornada de Homenaje en la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén, Patagonia Argentina, el mismo día del centenario, o el Seminario del Centenario en El Cairo el 31 de octubre, o la inauguración de la Biblioteca Miguel Hernández en la sede del Instituto Cervantes en Manila el 2 de noviembre, entre otros muchos actos en diversos países. Compañeros y amigos del Grupo Literario Encuentros hemos pensado que la mejor manera de rendirle homenaje es visitar su Orihuela natal, y disfrutar y colaborar, en la medida de lo posible, en las celebraciones que la Generalitat Valenciana, la Fundación Cultural Miguel Hernández y el Ayuntamiento de esa localidad tienen previstas para esas fechas. Con este viaje, el tercero de estos últimos tiempos, habremos culminado nuestro deseo de caminar por los lugares que vieron nacer y vivir a tres grandes poetas: Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández, pues en este orden visitamos Granada, Soria y ahora Orihuela. También queremos compartir con vosotros la celebración de los veinte años de la fundación de nuestro “Grupo Literario Encuentros”, un grupo que se mantiene vivo y se alimenta con los poemas y escritos de sus componentes y con la amistad y el respeto de todos ellos. Algunas de las páginas de este número son una pequeña muestra de lo que pudimos disfrutar con sus lecturas y fotos de ese día, así como un sencillo homenaje a los socios fundadores, algunos fallecidos recientemente, más una entrevista a nuestro querido amigo y compañero Juan Vega, uno de los primeros componentes del grupo. Agradecimientos: A Dª Carmen Alemany Bay Profesora de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante y Directora del Centro de Estudios Iberoamericano Mario Benedetti de la misma universidad. Antóloga y editora de la obra de Miguel Hernández y Presidenta del Comité Científico de su III Congreso Internacional . A D. Aitor L. Larrabide Achútegui Fundación Cultural Miguel Hernández Doctor en Filología Hispánica Ensayista por su valiosísima colaboración en esta revista. A Dª Manuela García Gómez Presidenta del Foro Social de Orihuela por su afectuosa acogida en la ciudad del Poeta. 3

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Carmen Alemany Bay (Universidad de Alicante) Cien años con el poeta Miguel Hernández Las conmemoraciones son siempre propicias para actualizar y renovar el acercamiento a un escritor y a su obra. En el caso de Miguel Hernández, de quien se celebra este año el centenario de su nacimiento, es un caso paradigmático porque su obra -fundamentalmente poética, pero también teatral y prosística- y su vida han estado cercadas por una serie de mitificaciones que no en pocos casos han desvirtuado la verdadera esencia del poeta. Ojalá este evento nos ayude a fijar una imagen prístina y depurada de quien murió por la libertad, pero también por la literatura. Nacido en el pueblo alicantino de Orihuela el 30 de octubre de 1910, su infancia estuvo rodeada de la naturaleza levantina que tempranamente reflejará en sus primeros poemas. Los continuos referentes mitológicos y la lectura de poetas como Virgilio, Fray Luis, los principales escritores de los Siglos de Oro, Rubén Darío y los costumbristas Gabriel y Galán y Vicente Medina marcarán sus composiciones juveniles escritas en su mayoría en un cuaderno que el poeta se llevará consigo a Madrid a finales del año 31. Con la convicción de que en esencia era poeta, Miguel Hernández viajará a la corte con un haz de composiciones de marcado carácter pastoril en el que se fusionaban su pronta experiencia como pastor de cabras y sus atropelladas lecturas de los principales referentes poéticos. Salió de Orihuela con el ánimo del triunfo pero sus perspectivas se truncaron y volvió a su pueblo natal en la primavera del 32 sin obtener mayores resultados; aunque con una idea actualizada de la poesía y habiendo detectado los nuevos rumbos estéticos. La gran lección de esta experiencia fue que pasó a tener conciencia de su gran desventaja respecto a la gran preparación cultural que tenían los del 27; sin duda, escritores referentes para Miguel Hernández y para todo aquel que quisiese innovar en poesía en la década de los 20 y de los 30. Su posicionamiento radical en el aprendizaje de lo poético le llevó a trabajar intensamente el lenguaje, a copiar definiciones de palabras, a escribir juegos de rimas que extraía de diccionarios. A partir de esas copias configuraba series continuadas de versos que separaba entre guiones y que le servían como referente para escribir poemas. Sin embargo, esos ejercicios poéticos eran insuficientes para sus exigentes inquietudes; por ello no dudó en copiar de su puño y letra composiciones de otros escritores como Jorge Guillén y traducir, con su precario francés, a autores que revolucionaron la poética europea: Verlaine, Mallarmé, Cocteau, etc. De ese intenso aprendizaje poético, basado fundamentalmente en la escritura de octavas, pero también de décimas de claro sabor guilleniano y poemas de verso corto, nacería su primer libro en 1933, Perito en lunas. El libro, compuesto por 42 octavas reales, asume la metáfora gongorina como principal centro de creación y cada poema se configura como un acertijo que nos recuerda a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. La naturaleza, y en concreto la luna, se convierten en vocabulario clave de su poética: Coral, canta una noche por un filo, y por otro su luna siembra para otra redonda noche: luna clara, ¡la más clara!, con un sol en sigilo. Dirigible, al partir llevado en vilo, si a las hirvientes sombras no rodara, pronto un rejoneador galán de pico iría sobre el potro en abanico. El libro tuvo una escasa repercusión crítica. 4

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No tardará mucho Miguel Hernández en plantearse un segundo viaje a Madrid en marzo del 34. Atrás dejará su Orihuela natal y el grupo de amigos amantes de la poesía como lo fueron Ramón Sijé, los hermanos Fenoll o Manuel Molina. La vuelta a la corte será decisiva para su formación o, mejor, para su consolidación como poeta. Allí conocerá poco tiempo después a muchos de los escritores del 27, pero su amistad la ofrecerá al chileno Pablo Neruda y a Vicente Aleixandre con quienes compartirá fraternidad y poesía. El grupo -compuesto fundamentalmente por Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Luis Cernuda, Federico García Lorca y Rafael Alberti- se reúne casi diariamente en los mismos bares, sobre todo en la cervecería de Correos, y allí comentan sus creaciones diarias. En el mes de abril del 35 homenajean al poeta chileno y entre ellos, el ya casi inseparable Miguel Hernández, quien ha visto en Pablo Neruda al hombre amable y sensible que no menosprecia -como sí hicieron algunos de los poetas del 27- los orígenes del oriolano y sus conocimientos intuitivos y autodidactas. Miguel Hernández ha aprendido en estos meses madrileños –y cada vez más gracias a Neruda y Aleixandre- que la poesía podía ser algo más que la referencia a la naturaleza y al catolicismo –como le había enseñado su amigo Sijé-, y que el verso podía tener libertades inusitadas que él nunca había experimentado. Cada día sigue alimentando de versos ese poemario venturo, compuesto fundamentalmente por sonetos, que llevará por nombre El rayo que no cesa (1936), dedicado a Josefina Manresa; aunque también otras mujeres que el poeta ha conocido en Madrid participarán de estos versos. A ella, a la que poco después se convertirá en su mujer, le escribe: Te me mueres de casta y de sencilla: estoy convicto, amor, estoy confeso de que, raptor intrépido de un beso, yo te libé la flor de la mejilla. Yo te libé la flor de la mejilla, y desde aquella gloria, aquel suceso, tu mejilla, de escrúpulo y de peso, se te cae deshojada y amarilla. El fantasma del beso delincuente el pómulo te tiene perseguido, cada vez más patente, negro y grande. Y sin dormir estás, celosamente, vigilando mi boca ¡con qué cuido! para que no se vicie ni se desmande. El rayo que no cesa es uno de los libros poéticos más estructurados de Miguel Hernández aunque levemente alterado en su estructura por la inclusión de la elegía dedicada a Ramón Sijé, (En Orihuela, su pueblo y el mío se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería) Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano. Su amor por el amigo es tan intenso que reclama hasta su resurrección: A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. 5

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Tras aquel libro de sonetos, Miguel Hernández comienza a publicar poemas en la revista que acababa de fundar Pablo Neruda, Caballo verde para la poesía: “Vecino de la muerte” y “Mi sangre es el camino”, composiciones en las que imágenes surreales, muy al estilo nerudiano, se hacen patentes. Los versos desatados, telúricos y crispados tan propios del poeta chileno harán mella en otros poemas como “Alba de hachas”, “Me sobra corazón” y “Sino sangriento”, que finalmente no fueron integrados en ningún libro. Sin embargo, la presencia literaria de Pablo Neruda nunca borró la autenticidad poética del escritor español. Lo que Miguel Hernández adoptó de la poesía del chileno fue la utilización del verso libre, mucho menos variado que el nerudiano, ya que el suyo, por su práctica poética anterior, muy acostumbrada a estrofas cerradas, suele articularse en cadencias que reproducen endecasílabos y heptasílabos (silvas) e incluso combinaciones de 5 y 7 que parecen seguidillas insertadas entre versos libres. Una liberación versal que irá acompañada de la incorporación de términos hasta esos momentos inéditos en el caudal poético hernandiano, o bien utilizados pero con otras significaciones (amapolas, mar, vino, caracolas, corazón, etc.). Esa pasión articulada en versos surrealistas (de un surrealismo poco dogmático) y oníricos que el lector puede encontrar en las primeras Residencias nerudianas dotarán a la poesía de Hernández de una potencia y violencia verbales inusitadas. Un nuevo estilo poético comienza a hacerse patente en la poética hernandiana, pero éste se verá truncado con el comienzo de la guerra civil española. Miguel Hernández se mete “pueblo adentro” y participa doblemente en el acontecimiento bélico: primero como soldado al lado de los republicanos y después como comisario de cultura en una división del Ejército popular. De su experiencia en los primeros meses de la guerra nacerá el poemario Viento del pueblo (1937), en el que mezclará sus vivencias en la guerra con su vida personal: su unión matrimonial con Josefina Manresa, el 9 de marzo de 1937 y el nacimiento de su primer hijo, el 19 de diciembre del mismo año; ambos se convertirán en símbolos de su lucha: “Para el hijo será la paz que estoy forjando./ Y al fin en un océano de irremediables huesos/ tu corazón y el mío naufragarán, quedando/ una mujer y un hombre gastados por los besos”. El libro lo dedicará a Vicente Aleixandre: “Pablo Neruda y tú me habéis dado imborrables pruebas de poesía, y el pueblo, hacia el que tiendo todas mis raíces, alimenta y ensancha mis ansias y mis cuerdas con el soplo cálido de sus movimientos nobles”. 6

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Miguel Hernández, entre un frente de batalla y otro, empieza a escribir versos que cada vez más se tiñen de amargura, de desesperanza, de muerte, de dolor, de heridos, de presentimientos de cárceles y de derrota. De todo ello nacerán los poemas de El hombre acecha; pero a pesar de esto, el hombre y el poeta siguen en la lucha: Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. El libro, que no llegó a distribuirse en vida del autor, está dedicado al chileno: “Pablo: Te oigo, te recuerdo en esa tierra tuya, luchando con tu voz frente a los aluviones que arrebatan la vaca y la niña para proyectarla en tu pecho”. Casi al final de la guerra, Miguel Hernández emprende la escritura de su último libro que continuará en las trece cárceles que el poeta tendrá que recorrer. Se trata del Cancionero y romancero de ausencias, libro de expresión concentrada y depurada y en el que la metaforización se atomiza en una serie de motivos que se convierten en obsesivos: la ausencia, la mujer, la muerte de su primer hijo a los diez meses de nacer, la alegría por el nacimiento de su segundo hijo el 4 de enero de 1939, la posibilidad de supervivencia y, a pesar de todo, la esperanza tal como podemos leer en su poema “Eterna sombra”: Soy una ventana que escucha, por donde ver tenebrosa la vida. Pero hay un rayo en la lucha que siempre deja la sombra vencida. Una poesía de enorme calado autobiográfico que inaugurará una parte de la poética de la posguerra española. El poeta fallece el 28 de marzo de 1942 en el Reformatorio de adultos de Alicante, su última cárcel. 7

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Centenario de Miguel Hernández: Revisitación crítica a un poeta necesario Aitor L. Larrabide Fundación Cultural Miguel Hernández Miguel Hernández (1910-1942) ejemplifica, como ningún otro escritor de la primera mitad del siglo XX, la rápida evolución de la lírica española, desde los balbuceos posmodernistas y regionalistas, pasando por un gongorismo y clasicismo de (falso) cuño añejo, una veta surrealista que algunos críticos niegan o precisan, el compromiso de una zona de producción literaria que se alió con otras manifestaciones artísticas en tiempos de zozobra histórica, y un intimismo que responde a la destrucción de las esperanzas puestas en un régimen político que se derrumbó, en gran medida, víctima de sus propias contradicciones. Los vaivenes personales de nuestro autor van ligados a circunstancias históricas y de todo tipo, reflejado en su obra. De ningún otro poeta se puede afirmar con más seguridad que vida y obra están estrechamente unidas. Además, su mensaje poético es universal porque emana de la verdad humana que le corresponde. Por ello, nadie mejor que Miguel Hernández, con una fulgurante carrera literaria, con algunos claroscuros pero también con una imponente voluntad de estilo en los últimos años de su vida para, en el Centenario de su nacimiento en octubre de 2010, rendirle un merecido homenaje y también para reflexionar, sesenta y ocho años después de su muerte, sobre su trayectoria vital, literaria y las huellas de ambas. Desde 1992, año en que se celebró el Cincuentenario de su muerte, una generación de jóvenes estudiosos ha tomado el relevo a los hernandianos de primera hora (Concha Zardoya, Juan Guerrero Zamora, Vicente Ramos, Arturo del Hoyo…) y a la segunda (Agustín Sánchez Vidal, José Carlos Rovira, José María Balcells, Francisco Javier Díez de Revenga, Jesucristo Riquelme, Carmen Alemany…). Este hecho fue constatado de manera incipiente en el I Congreso Internacional celebrado en Alicante, Elche y Orihuela en marzo de 1992, pero especialmente en octubre de 2002, con motivo del II Congreso Internacional desarrollado en Orihuela y Madrid. La intensa producción académica generada en torno a Miguel Hernández durante los años 1992-1994 dio paso a una ralentización de la misma y a la búsqueda de facetas todavía inexploradas de su obra desde perspectivas interdisciplinarias que han enriquecido, sin duda, el conocimiento que tenemos de la misma. La universalización de su mensaje poético está, no lo olvidemos, fuertemente enraizado en íntimas y familiares querencias oriundas de un pueblo mediterráneo como Orihuela, lugar por donde transitaron y se asentaron diversas civilizaciones, lleno de una luz cenital y una naturaleza feraz que se complementan con la presencia en el imaginario colectivo de modos y costumbres de procedencia religiosa que han marcado intensamente su ritmo como pueblo y pujante ciudad. 8

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Tampoco podemos olvidar que la historia reciente de nuestro país ha influido en la difusión de la obra de Miguel Hernández. Como ejemplo, la Transición, que aupó al poeta al olimpo de los poetas con una obra cargada de futuro y de vigorosas resonancias de la mejor literatura española clásica. Y, siempre, permanece original, auténtica, fiel a sí misma y a la verdad de su limpio corazón. El principal objetivo de las actividades impulsadas desde la Fundación Cultural Miguel Hernández, durante la conmemoración del Centenario del nacimiento del universal poeta y antes del mismo, es reflexionar con serenidad y objetividad en las huellas de su obra y en la vigencia de la misma, sin olvidar esa línea subterránea, íntima, de homenaje, que inunda, desmesuradamente, los apenas doce años de intensa y apasionada escritura. Quizás en ningún otro autor podemos conmovernos hasta el tuétano, desde quien apenas tiene formación hasta el erudito (siempre y cuando éste abandone la solemnidad, como dijo Miguel Hernández en un memorable verso), y los hernandianos, por encima de estudiosos somos fervorosos lectores que nos emociona releer los tristes y esperanzadores a la vez poemas del Cancionero y romancero de ausencias, o los vibrantes sonetos amorosos de El rayo que no cesa, o los reivindicativos de Viento del pueblo, o seguir su enamoramiento con Josefina Manresa (sin que caigamos en el extremo y folletinesco 'salsa rosa' literario). Todos los sentimientos están ahí, y toda la fuerza de la naturaleza, sencilla y profunda a la vez. Siguen emocionándome, después de algunos años ya entregado a su estudio, los poemas dedicados a su primer hijo muerto. Y, como gustaba decir a Antonio Buero Vallejo, me son indiferentes, en ese momento, los sesudos libros publicados, las controvertidas e intelectuales teorías, todo, porque entonces estamos solos Miguel Hernández y yo, la magia de la lectura trae consigo un estremecimiento que convierte en esencial el tiempo. Entonces, sé que Miguel Hernández, más allá de los lógicos cambios sociales que han transformado nuestro país, seguirá siendo altavoz de las reivindicaciones de justicia, igualdad y fraternidad, y formando parte de nuestras vidas, más allá del necesario estudio crítico. Y es que en esta España en crisis (económica, social, en definitiva, de valores), la poesía es hoy, más que nunca, fundamental porque nos permite transformar lo que no nos gusta, dejar volar el corazón y la imaginación, seguir aspirando a que nuestros sueños guíen nuestros pasos y desterrar para siempre prejuicios y otras malas hierbas. 9

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La huella de Miguel Hernández en Murcia Juan Sánchez Bascuñana Para una fecha tan señalada como el 30 de Octubre de 2010, centenario del nacimiento de Miguel Hernández, quisiera dedicar unas letras al insigne poeta desde la vecina región de Murcia. Siendo Orihuela la ciudad que le vio nacer hace cien años y el lugar en que germinó su abrasadora poesía, Murcia fue siempre la fiel aliada que reconoció su genio y curó las hondas heridas de su alma. Sus tempranas obras (Enero 1930) Al verla muerta y En mi barraquica, escritas en panocho, son un abrazo a la Huerta que nos hace recordar con cariño a nuestro entrañable Vicente Medina. Le cabe también el honor a Murcia de ser testigo del alumbramiento de su primer libro. Rompió aguas “Perito en Lunas” el 20 de Enero de 1933 en Editorial Sudeste, asistiendo al feliz parto Pedro Sánchez Barba, administrador de La Verdad, José Ballester, ex director del rotativo, Raimundo de los Reyes, periodista del mismo periódico, poeta y director de Sudeste junto a Juan Guerrero, nombrado “Cónsul general de la Poesía” por Federico García Lorca. Fue la escritora cartagenera y primera mujer que entró en la RAE, Carmen Conde, quien recibió como regalo de Miguel Hernández el primer ejemplar de “Perito en Lunas”. Pero hay una fecha clave en la relación del poeta con Murcia: 2 de Octubre de 1932. Se inauguraba en Orihuela un busto a la memoria de Gabriel Miró, a cuyo acto asistieron un grupo de escritores murcianos (Antonio Oliver, Carmen Conde, Raimundo de los Reyes, María Cegarra… y allí tuvieron ocasión de conocer a Miguel Hernández y establecer con él una profunda y larga amistad que propició sus frecuentes visitas a Cartagena (Universidad Popular) y La Unión (María Cegarra). Carmen Conde recordaba a Miguel “como un ser elemental, maravilloso y gran poeta” en su visita al molino del Tío Poli (Los Dolores), donde aparecen retratados Miguel, Carmen y su marido Antonio. A María Cegarra, Miguel Hernández le dedicó el poema ( El rayo que no cesa) “No cesará este rayo que me habita”, con esta dedicatoria. Para mi queridísima María Cegarra con todo el fervor de su Miguel Hernández. A lo que respondiera María: Si de pronto aparecieses el pasado estuvo tan lleno de ti que nunca fuiste ido. “Lo de Miguel Hernández hace muy poco que se ha recordado públicamente nuestra amistad y prefiero silenciarlo. Soy una mujer sencilla, que no le gusta airear la intimidad que puede parecer que busca con ella popularidad”. Así contestó a un periodista la inolvidable escritora de Cristales Míos y primera mujer Perito Químico de nuestro país. Estaba la tierra murciana tan regada de afecto por Miguel que ni el desastre de nuestra Guerra Civil ni la dura posguerra consiguieron mustiar su espléndida cosecha. Yo estudiaba bachiller en el instituto Alfonso X El Sabio de Murcia y cuando me comía un bocadillo en el bar Los Zagales (Murcia), leía una y otra vez los versos de Miguel Hernández escritos en sus paredes y toneles, al tiempo que contemplaba ensimismado el mural firmado por José María Párraga y unos versos que decían: El toro sabe al fin de la corrida / donde prueba su corro repentino / que el sabor de la muerte es el de un vino / que el equilibrio impide de la vida. (El Rayo que no cesa, Miguel Hernández) No podía entender como en aquellos años cincuenta, murcianos de uno y otro signo político, respetaran y admiraran estas pintadas tan bellas y comprometidas. Ahora si lo comprendo: Miguel ya era hijo adoptivo (1) de Murcia. (1) El 25 de Marzo de 2010 se inicia en el Ayuntamiento de Murcia el proceso para su nombramiento como hijo adoptivo de Murcia, y en apoyo de esta iniciativa, se remitió este artículo a la Concejalía de Cultura del citado Ayuntamiento. 10

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Germán Ojeda Méndez-Casariego Compañero Miguel Yo estuve en la cárcel con Miguel. Fue mi compañero de celda. Juntos vivimos angustias, pesares, soledad, esperanzas empecinadas, muertes cercanas y terribles, el dolor de la tortura, el hambre y el odio de los verdugos. Muchas cosas compartimos, en aquellos años tan duros. Sí, ya sé que la diferencia de edad es muy grande: Miguel está a punto de cumplir 100 años. Era ya muy viejo, y estaba muy muerto cuando compartimos el encierro. Muy muerto, por las desgracias de la enfermedad y la pena, y porque en su caso temprano levantó la muerte el vuelo, / temprano madrugó la madrugada, y por ello un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal lo derribó antes de tiempo. También es verdad que su guerra no era la mía, aunque esto es una verdad relativa: La guerra contra el fascismo es en realidad una sola, única, prolongada e interminable guerra que asoló los campos de todo el mundo en el siglo pasado, y aún se libra con deformadas banderas en múltiples rincones de este desgraciado mundo. Tampoco su cárcel era la mía, tan distante de un continente a otro, y sin embargo tan alta se oía su voz, tan cálida y sublime, que los muros se convertían en nubes y las rejas en blandos tallos de azucenas para dejarla pasar. Llegaba desde muy lejos, desde los fondos de la memoria combativa, desde el recuerdo de tardes fragantes de luz y amistad, de la evocación de actos reivindicativos enmarcados entre versos garabateados en las paredes, de un breve pasado vertiginoso en el que había estado su figura con nosotros alentándonos, brindándonos la fuerza de su ejemplo militante, soldado sin colmillos ni garras, ofreciéndonos belleza en ráfagas de palabras, toneladas de dinamita amarillenta de amor. Llegaba ahora hasta aquí, empecinado, victorioso en las sombras, y se quedaba con nosotros para llenar los huecos del silencio, restañar las tres heridas tan violentamente abiertas, y hacernos sentir un poco mejores, solidarios con nosotros mismos, confortados y elevados con él a los jardines donde late la poesía imbatida. Cuántas veces recitamos, en voz baja para los compañeros, o en el ciego rincón interior del silencio, sus viejos poemas grabados en la memoria. Cuántas veces evocando a una compañera ausente dijimos yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío. O pensando en un lejano regreso, cuántas veces prometimos florecerán los besos / sobre las almohadas. Y por encima de todo, la conciencia clara de la justicia, de que para el hijo será la paz que estoy forjando. Y que para la libertad sangro, lucho, pervivo. Ayudadme a ser hombre, nos pedía Miguel, compasivo. Y era él quien nos ayudaba a nosotros a serlo. Y por encima de todo, Miguel eternamente niño, caudal de emociones, nos sonreía y nos brindaba la más hermosa libertad del espíritu: Tu risa me hace libre / me pone alas / soledades me quita / cárcel me arranca. Porque este mundo de cadenas / me es pequeño y exterior. / ¿Quién encierra una sonrisa?/ ¿Quién amuralla una voz? Juan de Madrid A la memoria de d. Miguel Hernández Poeta del pueblo por el pueblo y para el pueblo El poeta al que el pueblo ama, porque escribe con la sangre y la pena de la que se alimentan y mueren los puros de corazón. Poeta milagroso y esotérico que escribe entre líneas para que le entiendan y comprendan los que sienten y sufren como él. Poeta amado y odiado. Poeta incomprendido y calumniado. Poeta de tierra y Luna. Miguel, amigo, compañero, estercolaste mi alma enterrada en el valle de los muertos. Me alimenté de sangre de cebolla escarchada y pobre: alimento de poetas y hombres sencillos. Tu rayo que no cesa, hizo que brotasen tallos del color de la esperanza, para creer en los hombres tal y como son. Amado Miguel, sé que va quedando poco para que juntos leamos los poemas que tanto amamos. Y que tendremos que hablar de muchas cosas, Compañero del alma, compañero… 11

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Cancionero y romancero de ausencias, de Miguel Hernández José Aceituno La vida de Miguel Hernández, como la de tantos jóvenes de su generación, quedó truncada por la sublevación de 1936 y lo que tristemente aconteció después. La experiencia de la guerra y posguerra fue brutal para los derrotados; incluso para los que lograron sobrevivir vieron marcadas sus vidas para siempre. Aquella generación de muchachos recién salidos de la adolescencia tuvo que madurar muy deprisa; la vida no les dio tregua. Esto es especialmente significativo en el caso de la vida de Miguel Hernández. Cuando compone su Cancionero y romancero de ausencias el poeta está prisionero en el cruel engranaje de la represión franquista de la que no podrá escapar y que acabará abatiéndolo finalmente. Atrás, pero no demasiado lejano en el tiempo, quedaba aquel muchacho que soñaba con la fama, que tejió primorosamente con metáfora gongorina su Perito en Lunas. La fama no llegaba y el silencio del mundo literario le hería. Pero su poesía pronto alcanza su plenitud y el merecido reconocimiento con su obra El rayo que no cesa, en cuyos sonetos bulle la sensualidad y el amor de un joven que acaba de abrirse a la vida. Mucho y muy deprisa tuvo que mudar su mente para abandonar la confortable seguridad que le ofrecían los principios de su educación conservadora y cristiana, en la que había crecido, la que respiraba en el círculo literario de sus amigos de Orihuela, la de su amigo Ramón Sijé y la revista El Gallo Crisis en la que se inició literariamente, y abrirse a las preocupaciones sociales que el momento político requería, a un mundo de ideas nuevas que le inculcaban Alberti o Neruda y sus nuevos amigos literarios de Madrid. Este cambio de ideas no será circunstancial u oportunista, y, como siempre había ocurrido en su vida, Miguel Hernández se entrega a la nueva causa con pasión, hasta el fondo de su alma, dispuesto a dar lo mejor de sí mismo. Participa en las Misiones pedagógicas que tratan de llevar la cultura a los pueblos más recónditos de Castilla o Extremadura, y al estallar la sublevación militar del 36 se alista como voluntario en el Quinto Regimiento reclutado por el Partido Comunista. Trabaja construyendo defensas en los alrededores de Madrid, y poco después pasa al batallón de "El Campesino" donde pone su poesía al servicio de las tropas republicanas, tratando de elevar su moral en el frente. Su obra Viento del pueblo refleja este fervor. Lo que parecía una contienda que iba a ser breve se prolonga, la dura confrontación y los propios horrores de la guerra van haciendo mella, y la amargura por el desenlace que ya se barrunta impregna su obra El hombre acecha. Ahora, en su obra Cancionero y romancero de ausencias, el círculo de su vida se cierra demasiado pronto, en el peor de los destinos: la falta de libertad, la muerte... El destino fatal corta de pronto la mejor de las promesas, la fecundidad de un poeta que había alcanzado la plenitud, como le ocurrió a Federico García Lorca, como le ocurrió a tantos otros de su generación. Como dice su título es el cancionero de las ausencias, en primer lugar la de su esposa amada con quien contrajo matrimonio en 1937, en plena guerra, y con la que tan poco tiempo pudo convivir. Huracanes quisieron con rencor separarlos. Y las hayas tajantes y los rígidos rayos. El poeta abandona en esta obra el soneto barroco con el que tan brillantemente había expresado anteriormente el éxtasis del amor en su obra El rayo que no cesa. Ahora busca en la intimidad de su alma el consuelo del llanto, y su poesía brota directa, como un quejido, en la forma de la lírica popular. Con aire de copla o romancillo redacta todo un íntimo diario en el que nos habla de sus tres heridas: la vida, el amor y la muerte, y nos muestra un alma que se desangra lentamente. Una herida por una ausencia ya irreversible, la de su primer hijo fallecido: 12

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Mi casa es un ataúd. Bajo la lluvia redobla. Y ahuyenta las golondrinas que no la quisieran torva. En mi casa falta un cuerpo. Dos en nuestra casa sobran Si una ausencia duele especialmente a Miguel Hernández es la privación de la compañía de su segundo hijo, nacido unos meses antes de ser detenido. Y sobre todo sufre cuando Josefina, su mujer, le cuenta que sólo tienen pan y cebolla para alimentarse. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba No es el odio el que inspira al poeta, sino la más dulce ternura la que le mueve a escribir la más bella canción de cuna jamás cantada, Nanas de la cebolla. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Y desde la oscuridad de su celda quiere dialogar con su hijo, quiere infundirle ánimo para vivir, No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre. En la cárcel su alma se consume, añora los abrazos perdidos, los besos rotos, pero a veces se sacude la melancolía y exhala un desesperado grito de libertad. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión: en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor. Miguel Hernández muere en la cárcel, en el Reformatorio de Adultos de Alicante, víctima del tifus, la tuberculosis y la falta de cuidados. Tenía tan sólo 31 años. 13

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Como homenaje en el primer centenario de Miguel Hernández Juan Bautista Vega Cabello - Tres Cantos, octubre 2010 Miguel Hernández: en estos días que vivimos, octubre/2010, hace 100 años que viste la luz; la primer alba de tu corta vida, en tu pueblo, Orihuela. Nosotros, para celebrar tu primer centenario nos hemos reunido alrededor de esta mesa camilla, un grupo llamado “Encuentros”, compuesto por un pequeño conjunto de amigas y amigos, ansiosos, anhelantes, ávidos de conocer letras, literatura, en todos los campos que pueda abarcar su amplio perímetro. Hay una magnífica literatura y poesía en toda la geografía española, de la que podemos aprender y divertirnos; grandes poetas y sabios, en fin, de las letras. Pero hoy, repito, hoy eres tú el personaje, que por unanimidad hemos elegido como protagonista de nuestra tertulia. Y eres tú, Miguel, por algunas razones: por celebrarse el primer centenario de tu nacimiento, por lo brillante de tus poemas, sonetos, etc…; por tus libros, por la fidelidad con que lo has hecho todo, y en unas condiciones pésimas de salud, enseres, comida, ropa, en esos últimos años en la cárcel, lugar de tanta humillación y tristeza. Por ello hemos creído que bien merecías que habláramos de ti hoy, y aquí estamos recordando tu obra en la medida en que nos sea posible. Y dentro de la dificultad que puedan entrañar los análisis que se puedan hacer del mundo literario, contigo lo hemos encontrado sencillo. Tú, Miguel, nos has dejado un camino expedito, una senda soleada, llena de luz y colores, sin obstáculos, por la que podemos andar cómodamente y así lo estamos haciendo. Sencillo, pero a veces debemos interpretar qué nos querías decir con tu generación de metáforas, que son muchas. También la muerte, como en no pocos poetas, ha ocupado un lugar protagonista en tu obra. Cuando yo nací, tú ya tenías 16 años y sólo viviste otros 16; es decir, con 32 nos abandonaste y, en los últimos, en un constante y mudo quejido, aunque se oían tus voces a través de tu pluma y alguna fotografía, que nos han ido dejando las fatídicas huellas de ese peregrinar de tus malogrados días. Cuánto habríamos todos aprendido de ti estando más cerca, y en ese tiempo que te faltó para culminar una gran obra que ya venía proyectada. Seguro que será inevitable en nuestra tertulia de hoy hablar también de alguno de tus grandes amigos poetas, los que nos han dejado contigo tanto que pensar y hacer; algunos como Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pablo Neruda, García Lorca, Rafael Alberti y no sé cuántos más, que de momento no retengo en la mente. Dicho este preámbulo hoy en honor a tu memoria, quiero leerte unas cuartetas que he podido escribir con referencias a algunos de tus poemas, y para finalizar, un soneto. Allá donde estés, que será escribiendo, ahí te llegará este fuerte abrazo, Poeta. Tú, hablas de la libertad, también del “niño yuntero”, de la solidaridad para todo el mundo entero. Esas bellas elegías a Ramón Sijé y a otros, qué sentimiento ponías; escuela para nosotros. “Con Sijé, tu gran herida sintiendo tu desventura, más su muerte que tu vida”, con qué lealtad tan dura. “También los aceituneros de Jaén, Andalucía, esos grandes jornaleros”, que tu pluma describía. “La agricultura era el bien, grandes tierras que darán los olivos de Jaén, que tras el sudor, el pan”. Tú hablas de los humildes, sociedad desamparada, ahí no hay tierras ni lindes, cultura, ni pan ni nada. “Quisiera ser llorando” el ciudadano que no pudo conocerte, Miguel, al hombre bueno, al poeta aquél, tan grande, tan sencillo, tan humano. La luz del alba “madrugó temprano”; qué lúgubre estancia la llenó de hiel, pero tu pluma como tú de fiel, no tembló al escribir al mundo hermano. “Y a Federico García, tanto fuiste, ya no eres, tu agitada alegría rota fue con alfileres”. “Y aquella mujer, entera, con su mano tan bonita, Rosario, dinamitera, explotó la dinamita”. Y de las pobres mujeres, de la guerra, de los hijos, tu pluma con estos seres, en el campo, en los cortijos. Y cargado de bagaje, que con tu mochila vienes, éste es hoy tu homenaje, bien merecido lo tienes. 14 Me enredo en tus sonetos, enlazado, y me pierdo en su literatura, pensando en qué dijiste y has dejado. Te leo y sigo siendo una criatura. Hoy tú, el personaje homenajeado, por tus versos, tus libros, tu cultura.

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Tu sangre, Miguel, nos convoca Ibn Zaydún Miguel, si me dejaras asirme del almendro rural de tu verbo, yo sembraría palomas abiertas en los surcos hortelanos de tus versos (una higuera de cuchillos llora el fruto baldío de tu ausencia) en las provincias de tu poema, hay huertas decididas de júbilo, que siempre van a la mar del yunque resuelto de tu escrito (¡naranjos umbríos de luto añoran la primavera de tu boca!) …Y que sepas: anda en su campo el ruiseñor, decidido (que ya es la hora), igual que te canta el pueblo, igual que te canta y llora, ¡¡ay sangre vertida para el hombre, la sangre yuntera de tu verso, la sangre inocente de tu cuerpo nos requiere hasta la muerte, y hasta la muerte nos llama y nos convoca!! De su seno brotó la espiga Oropéndola De su seno brotó la espiga, Orihuela la vio crecer, el cielo claro en su mirada, el suelo firme a sus pies. Llega el tiempo de segar, las hoces se ciernen sobre la mies, han roto el grano, lo han molido y tamizado. El trigo nevó en tus manos, con agua y sal de tu frente, con agua y sal de tus ojos, tu conciencia y razón amasaron. Hay un horno carcelario, de adobes de soledad, guijarros, ceniza y jirle, de tristeza recubierto. En el crepitar de la leña, al rojo vivo en tus venas, con ascuas en tus labios, la hogaza de pan hornearon. Con las migas de tus letras, un mendrugo de tus versos, el corazón se alimenta, de tu pan se nutre el pueblo. 15

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