Revista N.5

 

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Revista del primer semestre del 203

Popular Pages


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ENCUENTROS NUEVA ÉPOCA Nº 5 REVISTA DEL GRUPO LITERARIO ENCUENTROS PRIMER SEMESTRE 2010 CASA DE LA CULTURA TRES CANTOS

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Eventos El grupo literario homenajea a Machado en Soria y Segovia Tras la emocionante visita a Granada el otoño pasado siguiendo las huellas de nuestro inmortal Federico, el Grupo decidió visitar Soria y Segovia en homenaje al inolvidable maestro Machado. En Octubre seguirá la visita a Orihuela, tierra natal de Miguel Hernández, del que este año se cumple el centenario de su nacimiento. Antonio Machado nació en 1875 en Sevilla: “Mi infancia son recuerdos, de un patio de Sevilla,… donde madura el limonero,” Tuvo la fortuna de nacer en una familia cultivada y de poder codearse desde muy joven con destacadas personalidades como D. Francisco Giner de los Ríos. “Yunques sonad, enmudeced campanas.”, dirá en la elegía del maestro. Tras un par de estancias en París, donde conocerá a Rubén Darío, gana la cátedra de instituto de francés en Soria en 1917, donde conocerá a Leonor, el gran amor de su vida, mucho más joven que él. Sus tres años de matrimonio se verán truncados por la muerte de Leonor debido a una tuberculosis. Machado se hunde en una profunda depresión y decide partir a Baeza. “Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.” Pero volvamos con el Grupo Literario. Camino de Soria muchos de los expedicionarios decidieron pasar por Segovia, donde Machado recalará en 1932, para visitar su Casa-Museo, que no es sino la humilde pensión, donde D. Antonio vivía. A mí me impresionó especialmente la pequeña cama en que yacía y el frío que debía pasar en invierno. Allí escribió muchos de sus “Proverbios y cantares.” “Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué nos sirve la sed.” El sábado 1 de Mayo estaba aparentemente nublado, pero el recorrido por el bellísimo itinerario de Machado y, sobre todo, su palabra, nos emocionó y nos llenó de entusiasmo, no exento de melancolía. Con la ayuda para los traslados de un simpatiquísimo conductor de un minibús de hidrógeno recorrimos el claustro de S. Juan de Duero, S. Saturio (con boda de alto copete), la ermita de Nuestra Sra. Del Mirón. Y allí donde íbamos nos acompañaba la imborrable palabra de D. Antonio: “Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida ,/ otro milagro de la primavera.” “Álamos de las márgenes del Duero, , conmigo vais, mi corazón os lleva.” “Castilla miserable, ayer dominadora ,/ envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.” El domingo, radiante, visitamos la extraordinaria (y expoliada) iglesia mozárabe de San Baudelio de Berlanga. Y allí mismo celebramos una lectura coral de “La tierra de Alvargonzález” La fase final de la vida de D. Antonio fue muy triste. Se desplazó a Valencia. Conmocionado por el asesinato de Federico, escribió unos versos impresionantes:”Se le vio caminando entre fusiles,/ por una calle larga, salir al campo frío,/ aún con estrellas de la madrugada./ Mataron a Federico cuando la luz asomaba./ El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. / Todos cerraron los ojos. / Que fue en Granada el crimen./ Sabed-pobre Granada-en su Granada. “ En Enero de1939 llega a Collioure (Francia), donde muere el día 22 de Febrero. En sus bolsillos se encuentran dos versos: “Esos días azules y ese sol de la infancia.” José Miguel González Alonso 2

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PRESIDENTE Germán Ojeda Méndez-Casariego VICEPRESIDENTA Carmen Martín Palacios SECRETARIO Juan Amezcua Lanzas TESORERO José Aceituno Medina El Grupo Literario Encuentros se reúne los jueves de 19,00 a 20,30 h. en la Sala Juan Bartolomé de la Casa de la Cultura de Tres Cantos. La asistencia es libre y gratuita. -----------------------------EQUIPO COORDINACIÓN Andrés Acosta González PORTADA Carlos Pérez Pestana DISEÑO Y MAQUETACIÓN Lorenzo Martín Cantera CORRECCIÓN Germán Ojeda Méndez-Casariego IMPRIME VA-IMPRESORES DEPÓSITO LEGAL Nº M-8726-2008 EDITA Grupo Encuentros www.grupoencuentros.es COLABORAN EN ESTE NÚMERO: Aceituno Medina, José Acosta González, Andrés Álvarez Quintana, José Luis Barrio Alonso, Marina Caballero Álvarez, Quiterio Collantes Fernández, Alberto Espiña Cillán, Elena García-Quismondo Hurtado, Rodrigo González Alonso, José Miguel Martín Cantera, Lorenzo Martín Palacios, Carmen Martínez Lledó, Mariano Andrés Matías Clavero, Hipólito Ojeda Méndez-Casariego, Germán Pérez Carmona, María José Pérez Moronta, Elena Picquot Martín, Nicole Quemada Arriaga, Leticia Sánchez Fernández, Rosario Vesperinas Lucas, Mercedes Vicioso Ruiz, Ana María SUMARIO. Antonio Machado: Viaje a Soria y Segovia …... pág. 2 Editorial ................................ pág. 3 Poesía, narrativa y ensayo ............................ págs. 4-25 Homenaje a Samuel del Rey Alonso ……….…. pág. 26 y contraportada Colegio Julio Pinto .…....... pág. 27 Editorial Llegó al fin la primavera, y un esplendor de flores que no esperó al buen tiempo se abre con premura en nuestros campos, junto a los arroyos henchidos, en la tierra fresca y fértil que ha dejado el largo invierno. Año de nieves, año de bienes, dice el refranero. Nevó y llovió mucho en las calles del pueblo, melancólicas de humedad. Y nevó también dentro de nuestro grupo: Una nevada fresca y sugerente, con brillo de hermosuras imprevistas, que se traduce en la incorporación de nuevos contertulios, y por ende amigos. Jóvenes, gente con ideas nuevas y diversas, unidos por el amor común a la poesía y a la belleza literaria, tanto como a otras artes y materias del conocimiento de las que solemos ocuparnos en nuestras intensas tardes de los jueves. Nuevos compañeros para reemplazar a los que se van. Porque este invierno, esquivo y caprichoso, junto a la nueva cosecha nos dejó también la tristeza de la ausencia irreparable: Nuestro compañero Samuel, amigo de tantos años, inveterado asistente a nuestras tertulias mientras la salud se lo permitió, poeta de primorosos e íntimos versos, polémico hasta el agotamiento de su ya escasa voz, nos ha dejado. Un buen día, su cuerpo decidió por él que ya estaba bien, que era hora de descansar, y se apagó seguramente con una sonrisa socarrona pensando en cuánto lo íbamos a echar de menos, y cuánto se guardaba para sí de lo que nos había estado aportando durante casi toda la historia del Grupo. Vaya este recuerdo en su homenaje afectuoso, el cual se amplía en las páginas finales de la revista. Otras cosas han pasado en Encuentros, en este curso próximo a acabarse. Por ejemplo, lo más evidente, entre las manos del lector: La consolidación de nuestra revista, que ya se ha hecho periódica, rutinaria en su frecuencia de aparición. Una feliz conjunción de subvenciones (pública y privada) y el trabajo encomiable de algunos miembros del grupo, más la colaboración de todos en forma de artículos, poemas u otras artes, nos permite presentar hoy nuevamente esta publicación para mostrar nuestro trabajo y nuestras aficiones al conjunto de la sociedad tricantina. También es digna de mención la costumbre ya instaurada de realizar al menos un viaje literario por semestre, en busca de las huellas de un poeta. En el primer semestre del curso, según contamos en la revista anterior, fuimos a la Granada de Federico. En esta ocasión, como podéis ver en la página contigua, fuimos tras los pasos de Antonio Machado, bajo la llovizna persistente junto a los álamos del Duero. Pero no todo es logro, tampoco. Pese a nuestros esfuerzos, no fue posible este año la presencia de un poeta conocido para cerrar el curso, como ya era costumbre. Igualmente, y en esto no tenemos otra responsabilidad que no haber protestado lo suficiente, tampoco este año (y parece que ya nunca más) habrá feria del libro en Tres Cantos. Importa más la gastronomía que la cultura, en esta gris concejalía que soportamos, y a la que pedimos una vez más que rectifique. Luces y sombras de un curso fértil.

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Ella, en el último segundo Un segundo de su mirada fue la única verdad que pude encontrar a este lado del espejo, sólo por Ella no di el último paso. Aquel extraño olor y el ruido de las puertas al cerrarse después de un pitido agudo rompiendo los otros sonidos, regresan a mí, 30 años más tarde, cada vez que desciendo al Metro. Madrid era la locura para quien llega desde un pueblo de Galicia, donde la electricidad era el futuro y éste, como los automóviles, escaso. Al levantarme cada día esperaba que el sueño hubiese terminado: el autobús que se va, el metro que no viene, los semáforos que no cambian, los minutos desaparecen y en el reloj de fichar de mi primer trabajo siempre es más tarde cuanto entro y demasiado pronto cuando voy a salir. La espera de cada día era en vano, el mal sueño era la realidad con un peso de 19 años oprimiendo un pasado feliz. El invierno era obscuro, el frío metálico y los domingos tiempos muertos infinitos, donde la plácida lectura de antaño aplastaba mis párpados. Los compañeros de trabajo, que trataban inútilmente de acogerme, ruidosos y bullangueros, siempre dispuestos a la broma ácida e hiriente; no hacían más que aumentar mi nostalgia por los viejos amigos de siempre y el recuerdo de un último baile en la Romería de la Virgen del Carmen. Después de tres meses y dieciséis días en una ausencia continua, la piel no parece pertenecerte. Vas y vienes sin saber a dónde ni de dónde, no esperas ni desesperas y mañana puede ir antes o después de cualquier ayer. Después de tres meses y diecisiete días descubres que está lloviendo, mientras caminas de regreso a casa, y no parece sorprenderte. El agua resbala hasta tu boca y dejas que humedezca tus labios, podría ser Galicia pero no lo es. Acabo de salir de trabajar para volver mañana a las 8, como siempre. Son las 7 de la tarde, como siempre, abandono el metro y sigue lloviendo. Los paraguas gotean sobre los hombros y en los charcos se refleja el vacío de la ciudad. Enero no ha cambiado nada, tal vez no sea año nuevo para todo el mundo y tenga que seguir esperando el último milagro. -¿Puedo taparte? Las gotas iluminadas de las farolas son líneas de segundos separando distancias en las aceras, tengo cuatro distancias hasta llegar a mi semáforo. Un perro de agua cruza la calle para no unir nuestras tristezas. -¿Puedo taparte? Las voces suaves del silencio, como las sirenas de Ulises, pueden llegar a confundirte. No es aconsejable responder o te verás abocado a diálogos eternos, absurdos, desesperados. Ilusiones de tus deseos que crees realidad y que te llevan al abismo. - Te estás empapando ¿Puedo taparte? Incluso es mejor hablar solo para que tu voz no te olvide, pero jamás se debe entrar en diálogo con el susurro del silencio. - Espero todas las mañanas y todas las tardes tu llegada; la misma hora, el mismo libro de Benedetti, la misma mirada lejana desde hace meses. Me resistía a girar la cabeza. Sabía que habría unos ojos mirándome, con respuestas a todos mis caminos, con palabras para todas mis ausencias, con ternura para todos mis infiernos. Todo una cruel ilusión. - Te veo siempre ausente, triste, como un desterrado del Paraíso que busca una puerta a la Primavera. Los deseos no tienen luz en la mirada con barcos de vagabundos mágicos llevándote al otro lado del precipicio. Ni el bolsillo de un abrigo azul donde atrapan manos desesperadas, náufragos en tormentas de recuerdos. Podía haber dejado de llover, haberse abierto el cielo en luna llena. No, era hoy lloviendo, pero la tarde era de otro día. Como si la velocidad del tiempo hubiese arrasado con los espacios infinitos, los lentos espacios que hay en las mañanas de siempre, en las horas de todos los mismos días. Los paraguas tal vez ya no goteasen sobre los hombros. 4

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Los charcos de charol en las aceras duplicaban nuestros pasos al horizonte. Hoy era mañana en vez de ayer. - Un libro es como el reflejo del alma del que lo lee. No puedes ir con Benedetti en una mano y la amargura en el espejo, una semana un mes y otro mes. Dejé mi tiempo sobre sus ojos negros al volver la cabeza. Sus trenzas nobles y su boca clara eran la realidad para mi ausencia. Ya no había distancias entre las farolas de la tarde, ni perros como esponjas huyendo de mi melancolía. Las sirenas de Ulises tejían silencio para sus palabras y con mis horas muertas del pasado, hilos de terciopelo. - En la ciudad existen los infiernos, los abismos, los desheredados sin nombre, sin promesas, sin lugar; porque lo traen con ellos en la huida. No importa a dónde corran, en dónde se refugien, el nombre que se pongan. - Todos somos el camino que hacemos, el dolor que sembramos, el amor que retenemos. - Todos somos un trozo de paraíso del que está al lado, de nosotros depende nuestro cielo cada segundo. Noté mi mano viva entre sus dedos, al resguardo de su abrigo azul. Un lagarto de metal dormitaba confiado en su solapa, esperando el regreso de Marzo. Una lágrima de azabache brotaba en el lóbulo de su oreja, sobre la que volaba una horquilla dorada, con dos diminutas mariquitas, recogiendo un mechón huidizo. - Sé que puedes crear universos, pañuelos de palabras, ecos y melodías de silencio. Que tu voz de papel y pájaros de seda llegaran al final de los que sueñan. - Yo esperaré cada mañana para trepar contigo desde lo más hondo, para volar al fondo del olvido y rescatar las espinas florecidas. Me separé de todos como si la eternidad hubiese finalizado. Temía regresar a mi caverna y enredarme entre los brazos del olvido. Amanecer estaba al otro lado, la frontera tan sólo era el sueño de una noche, una noche de mil noches extendida, con hormigas de tiempo interminable. Después de treinta años, los caminos acercaron nuestros pasos hasta una sola huella. Sobre la arena de todos nuestros días juntos, construimos castillos encantados: con jardines de azul al mediodía y atardeceres de sol entrevelado, caballos amarillos, unicornios de jade. Sembramos amapolas en Domingo y cada Lunes rosas y jazmines. Los Jueves recogemos poesía para poder remar contracorriente. No nos inquietan las olas encrespadas que avanzan sobre la playa: a menudo se llevan el pasado de cada día y tenemos que crear de nuevo, ni tormentas con rayos de colores, ni promesas de viento a más alturas. Somos el tiempo, somos el comienzo, somos la eternidad y el infinito, somos el horizonte en cada instante, somos siempre presente, no hay ausencia. Despertarme a su lado cada día es celebrar un nuevo nacimiento. Cuando la noche nos invade, no la temo, aunque fuese la última de nuestro camino, seguiremos adelante. Estuve al otro lado del espejo, donde morir o vivir no es necesario y ser, o el no ser, indiferente. Yo Soy, para mi tiempo, para mi vida, por aquella mano tierna a cubierto en un abrigo azul con un lagarto. Yo Soy, por una mirada en un segundo, una mirada suya en el último segundo. XL Ferreiro 5

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Fábula moral político económica de sabiduría convencional y popular 1. Si quieres acercarte a la verdad, si crees que existe la verdad a. pregúntale a los niños b. observa sus juegos y risas 2. Si quieres acercarte a la verdad, si crees que existe la verdad a. pregúntale a los locos b. compadécete de sus manías y sufrimientos c. te verás reflejado en ellos, sólo son exageración y caricatura de los tuyos 3. Si quieres acercarte a la verdad, si crees que existe alguna verdad a. pregúntale a los viejos borrachos b. decían los clásicos "In vino, Veritas" 4. Si quieres acercarte a la verdad, si crees que existe alguna verdad a. pregúntale a los ancianos sabios de la población b. observa su calma y serenidad c. su indiferencia ante el tiempo a pesar de sus muchos dolores 5. Hace un poco más de dos milenios existió un Loco de Amor judío, que fue condenado a muerte por divulgar entre otras cosas a. Que la verdad os hará libres b. Que no hay mayor ley que aquella que tiene como única medida el amor c. Amor a Dios, a la humanidad, al prójimo, al enemigo, al hermano, en concreto y en abstracto, incluso a aquellos que sabes que te odian o envidian. La pesadilla del viejo corresponsal jubilado Había viajado por todo el mundo y había sido corresponsal de miles de guerras y conflictos en países de todo el mundo cuando no existía la CNN ni Al Jazeera. Casi 50 años de vida laboral viajando de un lado para otro, arriesgando su vida para contar su versión de guerras y conflictos que él, personalmente, consideraba absurdos, fruto de grandes pecados sociales y en su mayoría personales como la vanidad, la codicia, el afán de lujo desmedido... Despertaba sobresaltado la mayoría de las madrugadas sediento a las 5 de la mañana y escuchando una siniestra voz que parecería del diablo, o de algún ángel descuidado e inmisericorde que decía: "Y en todos los rincones ví escrito en sus rostros un maldito verso que decía: bendita envidia que a todos nos iguala". Hipólito Matías Clavero 6

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Érase una vez El tiempo no cuenta. Hace dos años puede ser ayer. Lo importante es escribir, decir, transmitir. El logos no debe parar. Y no paramos. Somos tercos, duros de pelar, volvemos. Os apresaremos en un mundo de ilusiones. Somos los ilusos devoradores de relojes. Aquí hay un mundo que quiere durar, quiere ser, estar, pesar, quiere versificar, narrar, filosofar, historiar. ¡Qué barbaridad! ¿Y todo eso lleva a alguna parte? ¡¡No!! ¡Con seguridad, no! ¡A ningún sitio! ¿Y entonces? ¿Y para qué quieres ir ...? ¿Adónde dices? ¡A alguna parte! No hay partes. Sólo está el todo. Muy bien, está claro. El todo. Estamos instalados en el todo. Somos los reyes. Aspiramos a sumergirnos en las palabras. Ellas lo son todo. ¡Qué empiece la función! Erase una vez en la que todo eso pasaba, en la que todo eso fermentaba en un rincón cargado de magia. Primero fue la luz, o sea la poesía. Ella nos guió desde las profundidades abismales de la nada hasta la superficie ignota del entendimiento. Ella preparó los caminos, organizó el alimento y avitualló a los intrépidos rapsodas. Y se produjo el parto. De la montaña salieron mil juglares versificadores llenos de cascabeles, borlas y antifaces leyendo sonetos, madrigales, liras y estrambotes, muchos estrambotes. Pero poco a poco, los estrambotes dieron paso a jugosos poemas llenos de musicalidad y ritmo. Alguien introdujo el haiku, hai – ku, hai – ku. Aquello fue la revolución del instante, el impacto del sentido. Pero lo perfecto siempre invita a la transgresión: ¡La prosa! ¡No! ¡Herética pravedad! ¡Llamaremos al inquisidor! Pero la prosa entró, como un elefante en cacharrería hizo su presentación sin solemnidad alguna. Y tras un tiempo de asombro, acabó gustando al respetable. Relatos de todo pelaje inundaron los salones do otrora sólo se oía el melodioso cántico poético. Los sabios dijeron que no importaba, pues la prosa es poética y en la poesía también hay prosa. ¡Bueno, que pase, pero que no sea insolente la prosa! ¡Qué no soliviante a la poesía! ¡Puede ofenderse, quedar herida para siempre! No pasa nada, siempre habrá poesía, siempre recitaremos, salmodiaremos, declamaremos. Y se calmó la sala. Poesía y narrativa supieron convivir pacíficamente. Poco tiempo duró la tranquilidad. Un clan de catadura poco fiable irrumpió un día con un cargamento terrible: el ensayo histórico. Desembarcaba la cruda realidad en el país de la fantasía. Esto era demasiado. A los más viejos del lugar les castañetearon los dientes, apretaron los puños y vigilaron con los ojos vidriosos. Poco a poco fueron viendo que la historia es un cuento lleno de sutilezas preciosas u horrorosas, donde la poesía y la narrativa pueden alcanzar cimas llenas de gloria. El pasado se reinventa cada día y cada uno lo dibuja a su antojo. El pasado huye y se desliza como agua por los agujeros del tiempo. Bueno, si es así, que pase la historia, pero que no diga nunca la verdad en su estado más crudo, por favor, y si lo hace la muy insolente, que sea con estilo, con erasmiana bonae litterae. Nosotros sólo contamos cuentos, los bellos cuentos envueltos en la música del bello lenguaje cautivador. Y cuando ya la poesía, el relato y la historia aprendieron a convivir en paz, aunque eso sí, mirándose de reojo de cuando en cuando, arribó, esto ya fue el colmo, llegó no se sabe cómo ni de la mano de quién, oh dioses ¿cómo lo habéis permitido?, llegó y se instaló para siempre la ciencia, sí, la ciencia. Ensayos científicos en pantallas enormes. Planetas, galaxias, átomos y moléculas. Incluso alguien hubo que escribió poesía para Marte y para Júpiter. ¡Los versos girando en el cosmos con las ecuaciones y las trayectorias! Los más viejos del lugar, con los ojos como platos, se escondieron primero debajo de las mesas, pero luego fueron saliendo poco a poco. Permitieron que el aire fresco de las estrellas inundara las estancias. Hasta sonreír y disfrutar. Hay que dejarse envolver. Es bueno dejarse llevar: abrir la puerta y sumergirse lentamente en la literatura, la historia y la ciencia. El conocimiento es un todo único indivisible. Nota: cualquier parecido con alguna realidad es pura coincidencia. Andrés Acosta González. 7

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Imágenes de la Pedriza (Madrid) Otoño. Después de la lluvia. Termina la lluvia y la Pedriza chorrea agua por doquier. Infinidad de pequeños arroyos la cruzan, deslizándose por los lomos de las rocas, saltando entre las piedras del camino, agolpándose al reunirse junto a los cauces más anchos hasta alcanzar ansiosos el río, que baja ahora embravecido, seguro de su poder y fuerza. El ruido de las aguas recuerda el momento del deshielo en primavera pero ahora es aún más vigoroso. La temperatura es suave. Una niebla espesa, cristalizada en sutiles gotitas se desliza etérea entre las ramas de los pinos. Los troncos de los cipreses brillan con rojas irisaciones. Parecen pintados al óleo. Las hojas de los pinos aparecen limpias, brillantes, se las siente respirar. Los enebros brillan con multitud de gotitas prendidas de sus espinas. La arena de los roquedos se muestra limpia, blanca, lavada, a veces casi transparente. El perfume de la jara y resina lo impregna todo. Huele a vida Invierno. La primera nevada Las nubes grises arropan con su manto de oscuridad una naturaleza en silencio, preservando su intimidad de la vista de los hombres ávidos de belleza y posesión. Los árboles engalanados de blanco asisten sobrecogidos al lento caer de los copos de nieve que pacientemente van cubriendo sus ramas. Silencio blanco, silencio de paz. Es tiempo de amar. Hasta el arroyo, que sin descanso salta entre las piedras, acalla su habitual bramido y el susurro de sus aguas se transforma en oración. La nieve, cual alfombra blanca de terciopelo, lo cubre todo dulcificando las aristas de las rocas, alegrando el tronco seco que yace desde siempre al borde del camino. Las aguas, decididas, saltan de roca en roca hundiéndose al caer en las profundidades y dejando estelas azules y verdes. En el chapoteo las gotitas saltarinas se paralizan congeladas en cristalinas cabelleras que descienden desde la nieve al borde del arroyo, y que también se enredan entre las ramas atrapadas por el agua. El suave aleteo del tímido acentor rompe por unos momentos el hechizo. Es tiempo de paz, es tiempo de amar. Las nubes satisfechas de su obra abren lentamente sus carnes para que el sol penetre alegre y realce con sus rayos este esplendor. José Aceituno 8

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Madre Isis, que reinas en el Nilo Retrocedo en el tiempo hasta el Egipto de los Ptolomeos para penetrar sutilmente en la magia de Isis y sus templos de Filé, alzados en el siglo III a. de C. Recuerdo una noche de luna llena mientras la barcaza surcaba lentamente las aguas del Nilo y los templos, excepcionalmente iluminados, emergían de la semioscuridad. Iba al encuentro de la gran madre Isis, que había sufrido tanto cuando su esposo Osiris fue asesinado por su hermano Seth y éste troceó el cuerpo del dios y repartió los restos por el divino Nilo. Isis, tan luchadora y fiel amante hasta el punto de recuperar hasta el último trozo y conseguir insuflarle de nuevo la vida a Osiris. La madre Isis, con su hijo Horus en los brazos. ¿La veía solamente como la diosa Isis o era todas las madres del mundo, acogiéndome en su regazo amoroso? La tecnología punta de nuestro tiempo la salvó de las inundaciones ocasionadas por la presa de Asuán, que hacían empalidecer cada vez más las hermosas pinturas de los recintos y socavaban sus cimientos. Los ingenieros y su corte de obreros, en una labor calificada merecidamente de faraónica, desmontaron piedra por piedra sus templos y los llevaron hasta la isla de Agilkia, a 500 metros de Filé. Para que no echara de menos su isla originaria, con su contorno figurando una gaviota aun tan lejos del mar, tuvieron el gesto de dar a su nuevo hogar la misma forma. Y ella seguía allí, a pesar de que Justiniano I prohibiera su culto el año 535 d. C. Sí, esa noche mis retinas estaban ebrias de Nilo mientras posaba los pies sobre las piedras del hogar de Isis; me detenía sobrecogida junto a la columnata cuyos capiteles exhiben a la diosa Hathor y entraba casi de puntillas hast a el santuario, santo de los santos. Mientras asistía al espectáculo de luz y sonido, a veces era incapaz de oír nada que no fueran mi mente y mi corazón palpitando al unísono con la presencia misteriosa que me penetraba en la fresca noche de mi inolvidable y anhelado viaje de iniciación. Yo estaba allí, contemplando con ojos de niña uno de mis sueños hecho por fin realidad. Y era inocente, incapaz de articular frase alguna, mientras los focos iluminaban ora el primer pilono, ora el templo de Hathor, ora el templete de Trajano. Luces y sombras entreveradas con el pasado y el presente. Mi cuerpo, mi espíritu y mi corazón se hallaban en una pequeña isla egipcia, en pleno Nilo, y no me costaba esfuerzo imaginarme como sacerdotisa, o como artista que decoraba las paredes o incluso ver mi nombre elegantemente escrito en el interior de un cartucho. Siempre formando parte de esa realidad, a la vez ilusión enigmática, sueños, imaginaciones, vuelos imposibles… Isis sobrevolaba nuestras cabezas y la luna la transportaba de un lado a otro en una escala plateada. Yo, en fin, sentía a la madre Isis, que era también la mía, esa madre que está en el mar y aprieta mi corazón hasta dejarme sin aliento. Divina noche de luna llena en el Egipto de los faraones, que me salvaste de la prosaica rutina e hiciste que olvidara este mundo de 24 siglos después para gloria de tu nombre. ¡AMÉN! Texto y foto Ana de Gadir 9

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Mi amigo Marcelino (Para Angelita, José, Mari y Conchi) Mi amigo Marcelino se me muere, ha decidido ir haciéndose ser de lejanías; ya anciano, enfermo, se va deteriorando y temo yo su pronta marcha; se me va poco a poco en la tierra que lo vio nacer, en Sanabria, en una aldea de Zamora. En su profunda y misteriosa sencillez deja una huella imborrable en mí; ay, se me muere de manso y de sencillo, así como del rayo, yo, con quien tanto quería. Te me vas yendo poco a poco, en lo poquito de tu ser, sencillo, mínimo, fugaz, que no quisiste ser piedra de palacio ni de iglesia, ni de audiencia, sino guijarro humilde de los caminos, piedra aventurera y fugaz, piedra..., qué ramo de tu luz yo cogería, yo que en este rato pudiera escribir los versos más tristes esta noche (¡ay!),... Te aproximas a grandes zancadas a los espacios inmensos y nocturnos, a las constelaciones indefinibles (¡ay, como tu sencillez!). Ay, de las amapolas desalentadas, no tendré más remedio que darles tu corazón por alimento, y las rosas de todos los huertos llorarán por ti alacranes de flor de cuchillo. Cuando te vayas, me quedaré yermo de poesías y de vocablos de lenguaje y de canto, porque tú fuiste para mí un sacramento verbal al que yo era dado a conjugar tu nombre y tu ser. En tu sencillo lenguaje campesino, fuiste más sabio y profundo, enjundioso, locuaz, digno que yo, poeta inútil, estéril y maldito, que no sabe sino de palabras y no del hombre y la sangre y la tierra y el dolor, (¡ay!…)…. Yo quiero ser como tú: bueno, sensible, humilde, llano, sencillo, breve, mínimo, de la tierra y la luz y la huerta vital que te alimenta; ay, que te me mueres de bueno, de humano, de noble y de profundo,… Marcelino,... padre, Amigo,… (¡¡qué saben ellos de cuánto yo te he amado!!…) Cómo busco yo( A Marcelino ) Cómo busco yo tu cauce, amigo, tu vereda, tu arado, tu camino, cómo busco yo tu huella y tu rastro, para ser un día como tú, ay, Amigo,........ Cómo anhelo yo tu voz, el timbre sereno en tu sonrisa, para desembarcar allí mis ríos, en la mar de tu ser, ay, Amigo, ………. Cómo te pienso yo, ese ramo de luz que me eras, esa alondra vital en tu terruño, ay, Amigo,………. Cantando espera tú la muerte, que ruiseñores como tú cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas, …. (¡¡ay, siento esta noche espuelas de muerte en el alma, ay, siento esta noche espuelas de muerte: tu marcha!!) Quiterio 10

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LA NOSTALGIA DE MODIGLIANI El hombre contemporáneo está de antemano derrotado por el tiempo. La tradición se ha roto y sobre la proyección de un futuro reciente gravita con más fuerza la incertidumbre y el miedo. Lo que el artista atrapa en su obra es, ante todo, el rasgo de fugacidad, las huellas de una humanidad que vive cada vez más intensamente su carácter transitorio. La pintura de nuestro siglo es un escenario privilegiado de ese “combate” con el tiempo que lleva en su interior la experiencia del final de toda idea de clasicismo. El pintor queda a solas con su obra, y en esa soledad la instancia más apremiante es la memoria. Pintar se convierte en un itinerario donde el recuerdo construye, visualiza, trazos y figuras, escenas humanas a través del dibujo y del color. El pintor contemporáneo es un testigo de las sombras. Su mirada y su pincel buscan en la fijación de ausencias, en el perfil de lo desaparecido. La pintura de Modigliani conecta de modo directo con lo que actualmente pedimos al arte. Con una demanda centrada en la perdida de los sentidos más profundos de nuestra civilización. Más allá de la vida desarraigada, del sexo, de la droga como obsesión, lo que nos atrae poderosamente de Modigliani es el ensimismamiento de sus figuras, su pertenencia a una humanidad melancólica, el aroma de final de toda una tradición de cultura que impregna el conjunto de su obra. Sus desnudos nos hablan de la Venus de Velázquez, de la Olimpia de Manet, y en la utilización de la línea podemos observar un trasfondo analítico que nos remite a Cèzanne y al Cubismo; esta misma dimensión incorpora en Modigliani una tonalidad lírica, que se proyecta en la estilización de las figuras. Justamente en la estilización de las figuras y la luz se podría situar una convergencia con El Greco, rastreando en ellas el reflejo de lo eterno, dividido como él entre la espiritualidad oriental y occidental. Si a todo ello agregamos la atención de Modigliani por la figura humana, estaremos situando su centro de gravedad estético en una especie de comprensión melancólica de lo incierto del destino del hombre. De los numerosos retratos femeninos parecería desprenderse una idea de la mujer como depositaria y sustentadora de las claves del destino. Es como si Modigliani hubiera querido situar la mirada de la mujer más cerca de las alturas, por encima de la más pragmática y mundana mirada masculina. Marina Barrio Alonso. 11

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Ven a buscarme Tiré mi cartera al Sena con todo: con el carnet, con el dinero, con el billete de vuelta a Madrid. Venía del Centro Pompidou, donde había aporreado un cuadro y cantado la Internacional. Había buscado inútilmente un cuadro de un vanguardista ruso, de Malevich o de algún amigo de la Goncharova, que había visto en una ocasión anterior. Un cuadro que me había impresionado mucho: era la fachada de una casa en la que había muchas ventanas abiertas, a través de las cuales podían verse muchas historias. Pero dado mi estado y dado que no recordaba el título del cuadro, me fue imposible encontrarlo y desemboqué en Picasso. Venía del Louvre, donde, por un impulso que no viene al caso censurar, me había comido una bolita de chocolate libanés, que tendría más tarde el efecto de una bomba de relojería. Venía de ver amanecer en Notre Dame, cantando Granada a grito pelado con un grupo de chicos españoles que encontramos allí. Venía de ver Nabucco con tres coros distintos, libre y entregado al vuelo sin motor del pensamiento. Había salido del Centro Pompidou y paseado junto a los tenderetes de la orilla del Sena, mirando las postales y los libros de viejo. Trabé conversación con un librero y le escribí un poema, lo cual le dejó desconcertado. Tiré al Sena la cartera y entré al restaurante ruso, un sitio de primera clase, con un pianista enfrascado en melodías que fluían como el río Don, impasibles. Me trajeron la carta y, entre sus cada vez más borrosas líneas, mi conciencia se iba llenando de huevas de caviar, debí pedir un vodka y luego ya no recuerdo más. Si acaso algún manotazo en el furgón de la policía. De ahí mi memoria pasa directamente a la pesadilla de la transmigración, al horror de no morirse nunca, enganchado para siempre a la rueda de la vida. Desperté gritando enloquecidamente en el hospital psiquiátrico de Sainte Anne. Me explicaron que la policía me había llevado allí, que había sufrido una fuerte intoxicación de hachís y que no tenían ni idea de quién era. Me habían dormido día y medio. Me dijeron que era martes y me preguntaron por mi nombre. El avión de Iberia debe llegar a Madrid sobre las nueve de la noche. Es domingo. Hace una tarde de verano. Le habrán dado algo de cenar en el avión. Es una regla que no falla, me pongo de mala leche todos los meses y éste vendrá con ganas de marcha, después de casi una semana fuera. Me parece que echan Au revoir les enfants. Es una de las pocas películas con las que yo he llorado. Qué raro, son ya las once y éste no ha llegado, igual ha perdido el avión, con lo despistado que es, bueno, habrá cogido el Puerta del Sol, porque mañana tiene que trabajar, y el muy cabrón sin llamar para decirme qué pasa. No he parado de dar vueltas toda la noche, qué le habrá pasado a éste hombre. 12

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Voy a llamar a la oficina. Hablo con la secretaria, con la secretaria del jefe, con el jefe. Allí sólo saben que estaba dos días de reunión en Ginebra y que luego se cogía un día de vacaciones y volvía por París. Llega el Puerta de Sol y sin noticias. A las once llamo al hotel, allí me dicen que pagó la cuenta el sábado por la mañana y que no dejó ningún recado. Pasan las horas, los de la oficina mueven sus hilos en París, llamo a la embajada, no saben nada, llamo a los hospitales y allí no hay nadie con el nombre de mi marido, me muerdo las uñas, me cago en su puta madre. Se ha perdido en París y nadie sabe dónde está. Su madre y sus hermanos están tan acojonados como yo. Me he ido a casa de mi madre para que me ayuden con el niño, el pobre se da cuenta de que algo no va bien, el tío Antonio llora, hace muchos años que no le veía llorar, se fuma un cigarrillo detrás de otro. Por su curtida cara de jardinero se asoma el miedo, el mismo que pasó cuando desaparecieron tantos compañeros en el frente, por la parte de Córdoba. Un enfermero me trae una infusión, me da una pastilla de color naranja, me dice que enseguida me van a ver los médicos. Me acompaña a un despacho donde hay cinco doctores, me preguntan quién soy, qué me ha pasado. Mal que bien yo se lo cuento, paso del francés al inglés sin darme cuenta. El que parece el jefe lo comenta con científico interés. Les adelanto que es un trastorno bipolar y quedan gratamente impresionados por la capacidad del enfermo para hacerse el diagnóstico a sí mismo. Pienso de pronto en mi familia, y me debato entre la esperanza de verles pronto y el miedo a no poder hacerlo. Sin saber cómo ni por qué, a borbotones, les espeto el cuento del judío encerrado en las mazmorras de la Inquisición que después de múltiples tormentos, escapa de la celda, donde angustiado esperaba la hoguera al día siguiente. En llegando al final de un pasadizo ve la noche estrellada, aspira el delicioso olor de los jazmines y ve de pronto al Gran Inquisidor, que le dice: este es el último tormento, le llamamos el tormento de la esperanza. Los médicos intercambian miradas de complicidad. El jefe dice: ¿Quiere usted hablar con su familia? ¿Recuerda su número de teléfono? Acompáñeme. El corazón me late muy deprisa, marco el número de mi casa, no hay respuesta. Felizmente recuerdo de memoria el número de mis suegros, marco de nuevo, la espera se me hace interminable. Por fin, oigo la voz de mi mujer. Me echo a llorar. Le pregunto por el niño. Le cuento que me he perdido. Le digo: ¡Ven a buscarme! José Miguel González Alonso 13

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María Callas – La Divina María Callas fue en realidad única en su época y en todas las épocas. Fue un prodigio, porque hay que ver lo que logró aquella muchacha, hija de inmigrantes griegos, y viviendo en el Bronx. Su físico, lejos de ser atractivo, era desagradable, pues tenía, - tan joven – una gordura impropia de su edad, era torpe e iba muy mal vestida. Su hermana era muy bonita, con lo cual la madre hacía unas distinciones odiosas, así que su niñez fue muy triste. Cuando se presentó en el conservatorio, la profesora de canto quedó asombrada y molesta de cómo le iba a hacer perder el tiempo. Y cuando le llegó su turno, esta vio algo que no se daba nunca y quedó embelesada de aquel canto. A Elvira Hidalgo, que así se llamaba la profesora –era española con una gran fama –tanto le gustó, que se propuso formar ella su voz. Y llegó a ser un éxito impresionante, pues María Callas era privilegiada; la extensión de su registro era muy amplio, y abarcaba desde la voz de soprano ligera hasta mezzo, lo que no se da casi nunca. Por eso ella podía cantar contralto maravillosamente. Su voz era un poco metálica, pero ella la manejaba a su antojo. Fue calificada como soprano ”sfogato”, de las voces que se dan una cada cien años; luego este término dejaría de darse, pero no vamos a analizarlo. María Callas era muy gruesa, pero también era muy alta y además y de una forma innata una gran actriz dramática, así que su peso no fue un obstáculo en su arte. Mas decidió someterse a unas dietas ayudada por su marido. Y se hizo el milagro, pues perdió 30 kg de peso. Como hemos dicho, era muy alta, quedó transformada en una belleza impensable, pues poseía una elegancia extraordinaria. Entonces dijo así: “Ahora seré yo quien ponga las condiciones en los contratos”. Y así fue. Llegó a interpretar cuarenta y tantos personajes. Se inclinó mucho por “La Traviata”, de Verdi, interpretando el personaje de Violeta, “Norma”, de Bellini, “Alceste” de Gluck, “Fedra” y también “Tosca” de Puccini; ésta en particular, que se trata de una tragedia tremenda. Es impresionante todo en su actuación, pero su voz con esa música maravillosa te entra de tal forma que lo vives, y al final terminas como si te hubiera ocurrido a ti; hay que verlo y oírlo. Claro que también en “Norma”, dificilísima, parecía que era ella. Y precisamente en esta ópera falló en el aria “Casta Diva”, se mareó, y tuvieron que llevársela. Pero fue excepcional y apasionada por su profesión. Su relación con el magnate Onassis se convirtió para ella en una tragedia, pues se enamoró de él y pensó que se casarían. La soprano dejó de cantar mientras duró su relación con él y todo ello fue para ella fatal. De repente, el naviero se casó con Jacqueline Kennedy, indudablemente por lo que esta mujer significaba en el mundo. A María le hirió profundamente, y cuando él quiso volver con ella porque su matrimonio era nefasto, se negó rotundamente. Hay quien dice que sí volvió, pero… ¿qué se sabe? La belleza de la Callas era como ella, algo extraño, mas lo que muchos admiradores quizás no sepan es que sus bellísimos ojos negros apenas veían, porque padecía de un glaucoma, y terminaron por no ver nada. Ahora que no sé: su belleza y su arte dieron lugar a un sobrenombre, “La Divina”, y así quedó para siempre. Su voz se deterioró durante el período con Onassis, y cuando volvió al escenario, todo el mundo se dio cuenta, y entonces empezó su decadencia. No podía cantar ópera. Dio recitales, hizo grabaciones y también impartió clases, aconsejando muy bien a los futuros cantantes, pero no era lo suyo. Como se había separado de su marido y prácticamente no trabajaba, se encontraba muy sola y mal de ánimo. Se quedó a vivir en París, en plena soledad. María Callas se despertó el día 16 de septiembre de 1977, desayunó en la cama; ya tenía un dolor agudo en el costado izquierdo. Llamaron rápidamente a un médico, pero antes de llegar, María dejó de existir. Se sospecha que ella se suicidó con tranquilizantes. No se le pudo hacer la autopsia, porque el día 20 la incineraron. Queda esa incógnita en una de las más grandes sopranos que han existido. Yo diría: la más grande. María Callas no morirá nunca. No hay palabras para expresar lo que era “La Divina”. Mercedes Vesperinas Lucas Madrid, 23 de abril de 2009 14

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Tejiendo versos, poeta, tejedor de sueños Escudriño entre frases, las que más se aproximen a la descripción de los sentimientos, ¿Cómo hacen los poetas para hallar la inspiración? Entre mies de recuerdos y anhelos, campos sembrados, repletos de sueños, que acaricia el viento, cual suave suspiro, regado con risas y suaves caricias. ¿Cómo hacen los poetas, para elegir la fruta correcta, tan dulce y madura, las palabras ciertas? ¿Para articular en verso, hilar en prosa, engarzar el nubarrón de la mente, con el manantial del ser? Las coplas se escapan, como liebres se escabullen, en la madriguera de los pensamientos, entre el sembradío verde de los afectos. ¿Cómo hace el poeta para tal talento? Atrapar la lírica correcta, las frases precisas, delinearlas en una hoja en blanco, con matices de emociones, y salvarlas del olvido, en el madrigal, como testimonio de sus efusiones. Pensamientos, mariposas que revolotean al viento, cuando se posan tranquilas sobre una flor, fuente viva, dulce néctar de sentimientos, en ese instante es cuando nace un verso. Entrañas marinas, latidos del primer sonido. Entre contracciones y pujidos, mi llegada a este mundo; el primer lamento, música de tu alegría. Mi luz primera: tus ojos, espejo mismo de la vida. Mis dedos se recrean en el tacto de tus manos, y mi paladar se llena de mil estrellas. El aroma de tu pecho, nana de mis sentidos. Nana de mis sentidos 15 Oropéndola Oropéndola

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