Revista Terral - Número 23

 

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Número 23 de la revista cultural Terral

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Revista Terral nº 23 – Editorial-Sumario - Editorial Lola Buendía Directora de TERRAL www.revistaterral.com La lectura en crisis Empieza el año 2017 y volvemos a escuchar cuestiones parecidas a las de otros años: Hay más escritores que lectores. Los españoles leen poco o nada. Las editoriales se quejan; las librerías se ven obligadas a cerrar; a las bibliotecas les han recortado los fondos…Es urgente un plan para el fomento de la lectura… Según el CIS el 39,4% de los españoles no leyó ningún libro en 2015. Y el 35% no lee nunca o casi nunca. De nuevo las estadísticas no me aclaran mucho. ¿A qué tipo de lectura se refieren? ¿Cuál es el perfil del lector que lee? ¿Dónde se lee más? ¿En qué tramo de edad se realizó la encuesta? ¿Se evalúa en ellas la lectura digital, y cómo? Que España no es país de lectores, es un hecho recurrente. Sin embargo, hay un exceso de publicaciones tanto en papel como en digital. Pequeños editores se han lanzado a publicar reduciendo el coste de los libros. Con la aparición del ebook, los soportes digitales, las tabletas…, se ha resentido el papel, y las grandes empresas se adueñaron del mercado. Algunas librerías se vieron arrastradas al cierre y muchos artesanos del libro tienen que empaquetar sus herramientas. El perfil del lector joven ha cambiado y ya no se interesa tanto por la narrativa tradicional en soporte papel y se inclina por el digital. Otro factor es el auge de la narrativa transmedia que se

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Revista Terral nº 23 – Editorial-Sumario - mueve en varios formatos a la vez: comic, series, novela gráfica, libros, tabletas digitales, internet, móvil…, donde los lectores pueden interactuar, amenazando al sector de las librerías y editores al uso, si no se adaptan a las nuevas tecnologías. Si observamos, veremos que hoy la secuencia del márquetin comercial para captar interés y audiencia suele ser: serie televisiva – gancho publicitario libro – cómic – formato digital – descargas en internet… De nuevo la imagen echando un pulso a la lectura, o quizás sirviendo de acicate a potenciales lectores. Varios ejemplos recientes los ilustran: Harry Potter, Juego de tronos, El señor de los anillos…han propiciado que las librerías y los editores vendieran libros como nunca. Otro año más vuelve a elaborarse El plan de fomento de la lectura del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Al parecer, los anteriores no han dado el resultado esperado. Los cinco objetivos generales que contempla El Plan, vuelven a ser tan inconcretos, que me recuerdan a más de lo mismo. En los medios informativos vuelve a repetirse el mismo mantra de todos los años: hay que emplear más recursos, dar más horas de lectura en las aulas, ofrecer más visibilidad al libro, que Rajoy y los líderes políticos aparezcan con un libro en la mano, dotar mejor a las bibliotecas… En las bibliotecas de mi entorno lo que sobran son libros y se difunde la lectura en diversos clubes de lectura. Me consta que también se fomenta en las aulas. Sin embargo, me inclino a pensar que no es solo cuestión de más recursos, sino de cambiar la estrategia y adaptarse a los nuevos intereses y perfiles de los lectores. También es lectura la que se hace a través de los numerosos blogs literarios y culturales, en los que se puede participar, así como en las variadas páginas webs que abarcan un abanico temático amplísimo: arte, literatura, historia, ciencia, informativos..., que han desplazado al libro en papel, siempre amenazado, pero que no desaparecerá para los nostálgicos y amantes de este formato. Estoy segura que encontrarán el medio de compaginar ambos para que la lectura no desaparezca. Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018

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Revista Terral nº 23 – Editorial-Sumario - Sumario Terral 23 ©Todos los derechos reservados - ISSN 2253-9018 Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Ramón Alcaraz, Enrique Bodero, Lola Buendía, Erena Burattini Diseño de portada: Enrique Bodero Imagen de portada: Piezas de arqueología del museo de Málaga Editorial y maquetación: Lola Buendía – Juan Canales Colaboradores en este número: Cine: Ramón Alcaraz – ¿Sabías que Kirk Douglas acaba de cumplir 100 Años? Ricardo J. Gómez Tovar – La bondad de Elwood Opinión/ Reflexiones: Erena B. Burattini – Los largos flecos de la crisis Carmen Cantillo - Violencia simbólica en la cultura de las pantallas Crítica literaria: Ricardo Guadalupe – La conjura de los necios, de John Kennedy Toole Ángel Silvelo – Jonatan Galassi, Musa: Las Cicatrices del Mundo Editorial vistas desde la Nostálgica Mirada de un Editor Profesional Anna Rossell - Por una semiosis poética – Miguel Veyrat Poesía: Coordina: Aurora Gámez Enríquez Poetas: Mariella Huelmo - Los crespúsculos del verbo Edison Ariel Montesdeoca – La vieja Brownie negra

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Revista Terral nº 23 – Editorial-Sumario - Relatos: Emy Luna – El olor de Luisiana Inmaculada García –Fuego (microrrelato) Sara Levesque –El artista asimétrico (microrrelato) Lola Buendía – En la orilla (microrrelato) Francisco marcos – Sara la relojera (microrrelato) Ser escritora: Mar Solana – Sobre los Tópicos Literarios y las Expresiones Manidas Flamenco: Rafael Silva Martínez– Sobre el origen de la denominación Flamenco (VII) El viajero: Pepa Jiménez Calero – Manchester, la estimada ciudad Arte: Lola Buendía – Un nuevo museo para Málaga La otra realidad: Mariano J. Vázquez Alonso – Carl Gustav Jung. El Gran terapeuta Diseño web: Juan Canales Molina

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Cinexplicable Ramón Alcaraz García www.tallerliterario.net Revista Terral nº 23 – Cine - ¿Sabías que Kirk Douglas acaba de cumplir 100 años? Kirk Douglas nació en Nueva York el 9 de diciembre de 1916, lo que lo convierte en este recién nacido 2017 en el actor masculino vivo más longevo de la historia del cine. Si nos preguntamos qué películas conocidas interpretó, seguramente vamos a dudar y como mucho mencionaremos Espartaco. Ah, sí, y enseguida recordaremos que es el padre de otro actor conocido: Michael Douglas. Recientemente he visto una película que se titula Trumbo, la historia de un gran guionista de Hollywood que se ve inmerso en la llamada “caza de brujas” de la época de McCarthy. Es una película interesante para conocer aquel suceso y ver cómo algunas personas se enfrentaron al sistema. En esta historia me resultó curiosa la aparición de Kirk Douglas, en el papel que interpretó en su propia vida de defensor de las causas injustas. En un momento muy delicado de su carrera, Kirk defendió abiertamente a Trumbo y le dio el guion de Espartaco. Y no solo eso, sino que exigió que su nombre apareciera en los créditos de la película, algo que estaba prohibido porque Trumbo se encontraba entre los llamados “Diez de Hollywood”, una lista negra por presuntas ideas políticas de personas vetadas en la sociedad estadounidense. Son muchas las curiosidades en la vida de este actor; con una gran filmografía, pero de la que en realidad apenas reconocemos los títulos de unas pocas: la citada Espartaco, Senderos de Gloria, El loco del pelo rojo, Duelo de titanes… Estuvo nominado 3 veces a los Oscar, pero solo ganó uno honorífico en 1996. Sin embargo, rechazó tres papeles que sí lo ganaron: Traidor en el infierno, La ingenua explosiva y Alguien voló sobre el nido del cuco. El Oscar honorífico se lo entregó

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Revista Terral nº 23 – Cine - Steven Spielberg; emocionado y sin apenas poder hablar, Kirk dijo: “Veo a mis cuatro hijos. Están orgullosos del viejo hombre. Yo también estoy orgulloso. Orgulloso de haber sido parte de Hollywood durante cincuenta años”. Su verdadero nombre era Issur Danielovitch Demsky, de padres campesinos judíos emigrantes rusos. Nació en un gueto de Nueva York llamado Ámsterdam. Tuvo que ayudar a su familia desde muy joven y trabajó de vendedor, repartidor de periódicos, botones de hotel… Se dedicó a la lucha libre para pagar sus estudios y fue campeón invicto universitario. Combatió en el Pacífico como oficial en la unidad antisubmarina, licenciándose con honores. Después se centró en su carrera cinematográfica y como productor. Su fuerte carácter y sus ideas políticas de izquierdas le causaron muchos problemas y le generaron muchos enemigos en Hollywood. En contrapartida, fue muy valorado como actor, y le daba igual no ser el típico héroe guapo. Sí que tenía complejo con su altura (su 1,75 le parecía poco), y en secreto llevaba alzas en los zapatos para ser más alto. Burt Lancaster lo descubrió y lo hizo público, lo cual produjo un gran cabreo en Kirk. En cuanto a lo económico, manejó cifras realmente curiosas. En 1954, Disney le pagó 175.000 dólares por participar en 20000 leguas de viaje submarino, una cifra extraordinaria. Y aún más extraordinarios los 350.000 dólares por protagonizar en 1956 Senderos de gloria; esa cantidad era la tercera parte del total del coste del proyecto. Y a finales de los 80 le pagaron 50.000 dólares solo por pronunciar en un anuncio japonés la palabra café, seguramente la palabra con el coste más caro de la historia. El presidente Jimmy Carter el concedió en 1981 la Medalla Presidencial de la libertad. En 1982, el actor declaró en el Congreso de Estados Unidos para denunciar conductas incriminatorias y maltrato a ancianos. También ha recibido el premio Jefferson por sus servicios a la comunidad, la Medalla de Honor de la Isla de Ellis y fue nombrado en Francia Caballero de la Legión de Honor, entre otros premios por sus labores artísticas y valores humanos. En 1991 (con 75 años) sobrevivió a un accidente de helicóptero en el que hubo varios muertos. En 1994 superó una trombosis y en 1996 una apoplejía; muestras de su gran capacidad física. Con ya 70 años empezó a escribir, actividad que nunca ha dejado. En 1988 publicó su autobiografía El hijo del trapero. Y en 2012 revela todos aquellos problemas de la caza de brujas en su décimo libro editado: Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras.

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Revista Terral nº 23 – Cine - Cine La bondad de Elwood Ricardo J. Gómez Tovar Hay historias que van mucho más allá de las apariencias, películas cuyo argumento podría despacharse con el fácil recurso a unas conjeturas obvias, apresuradas y totalmente erróneas, pero cuyo mensaje esencial discurre por vericuetos de intensa profundidad. El invisible Harvey (Harvey, 1950), es una de ellas. Una visión superficial de esta maravillosa película, adaptación a cargo del alemán Henry Koster (1905-1988) de la célebre obra de teatro de Mary Chase, galardonada con el Premio Pulitzer en 1945, podría ofrecer esa falsa impresión a quien se acerca por primera vez a ella. La presencia del personaje invisible que da título a la obra, un tal Harvey, sempiterno acompañante del protagonista del film, Elwood P. Dowd, al que insufla vida James Stewart, podría explicarse sencillamente por la afición de este último a la bebida. Un conejo blanco de algo más de 2 metros de altura apoyado contra una farola. También podría ser un elefante, y así la narración se atendría más fielmente al tópico de las alucinaciones derivadas del alcoholismo, pero no es así en este caso. La película de Koster nos habla de un enorme conejo blanco a quien el protagonista, como él mismo confiesa, conoció después de una noche de borrachera con unos amigos. Pero hay algo que diferencia a Elwood P. Dowd de un simple borrachín: su bondad manifiesta, que se posa en todos y cada uno de los seres con quienes tropieza, y a los que, sin reparar en su aspecto o clase social, tiende una mano amiga en forma de tarjeta de visita. Elwood no es un dipsómano ni tampoco un loco, como pudiera pensarse tras una mirada convencional. Es un ser que se ha ganado la amistad de sus conciudadanos gracias a su práctica constante de la bondad, un hombre inteligente y afable que ha decidido tomar al pie de la letra el consejo materno y transformar su vida y, de paso, las de los demás:

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Revista Terral nº 23 – Cine - “En este mundo, puedes ser o muy listo o muy bondadoso. Durante años, fui muy listo. Recomiendo ser bondadoso”. Y es que Elwood P. Dowd, al que presta su natural bonhomía el genial James Stewart, ha conseguido “vencer la realidad tras luchar con ella a brazo partido durante 35 años”. Sus vecinos se han acostumbrado a verle pasear por las calles de la localidad con un sombrero sobre la cabeza y otro en la mano (el segundo, perforado con dos agujeros a la medida de las puntiagudas orejas de un conejo). Los diálogos que entabla con Harvey (al que nadie más parece ver) no hacen daño a nadie. Al contrario, animan el ambiente de cualquier bar en el que entren, haciendo que los parroquianos sonrían mientras descargan sus emociones negativas en alegre cháchara y se iluminan contando los grandes sueños que tal vez nunca lleguen a concretar. Dowd y Harvey forman un tándem benéfico para la comunidad. Pero el bueno de Dowd no vive solo. Aunque es el heredero de la casa y la fortuna de una generosa tía, comparte la vivienda con su hermana Veta Louise (interpretada por la estupenda veterana Josephine Hull) y la hija de esta, Myrtle Mae. La vida social de la apocada sobrina de Elwood no se ve precisamente favorecida por las “excentricidades” de su tío, quien se empeña en presentar a su querido amigo invisible a cuantos visitantes ponen el pie en la mansión familiar. Esta circunstancia incita a Veta a intentar recluir a su hermano en una institución mental, a pesar de que, como ella misma reconoce, en ocasiones también ha creído ver a ese conejo blanco supuestamente imaginario, y sin probar ni una sola gota de alcohol. El objeto de la conspiración no solo no se muestra reacio a acompañar a su hermana al sanatorio, sino que colabora voluntariamente, siguiendo una de sus máximas: “Siempre me lo paso estupendamente, donde quiera que esté y con quienquiera que me encuentre”. Nada extraña ni supone motivo de enojo para el bondadoso Elwood, sobre quien la bebida no ejerce efectos hostiles y cuyo corazón puro desea establecer amistad sincera con taxistas, porteros, camareros, e incluso con los facultativos de la institución donde le pretenden encerrar para siempre. Una breve conversación con el señor Chumley, el director del sanatorio, basta al “eminente” psiquiatra para darse cuenta de que su futuro paciente no alberga muchos más gramos de locura en su interior que los que pueda abrigar él. De hecho, tras compartir una ronda de bebidas en el bar Charley’s, a donde Chumley ha acudido para tratar de “echar el lazo” a ese

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Revista Terral nº 23 – Cine - paciente que acaba de escapársele a su subordinado más inexperto, el doctor Sanderson, será el propio psiquiatra quien comience a notar que Harvey no es tan invisible como pensaba. Es más, incluso le agradaría que Elwood no tuviera inconveniente en prestarle a su puka durante un tiempo. Pero Elwood está protegido por ese duende en forma de animal que le acompaña desde su encuentro bajo la luz de la farola. Ahí es cuando empieza a entrar en escena el poder mágico del puka, el ser feérico de la mitología celta que es “amigo de borrachos y chiflados”, un duende benigno pero con una vena traviesa y la curiosa facultad de poder detener los relojes. Así, lo que parecía una simple alucinación generada por el delirio alcohólico adquiere una clara presencia física en la última parte del film (Harvey abre puertas, añade un párrafo personalizado a la definición de “puka” que el enfermero Wilson está leyendo en una enciclopedia e incluso cambia de sitio el monedero de Veta para evitar que su hermano reciba una inyección de una especie de “vacuna contra la locura”). Al final, la bondad de Dowd queda preservada, pues tanto su hermana como su sobrina prefieren que siga siendo el mismo Elwood de siempre (aun cuando eso signifique aceptar la presencia de Harvey) a que se convierta en un ser humano “normalizado” a través de la medicación. No es ésta la primera vez que Henry Koster dirigía una película con el trasfondo de un personaje sobrenatural. En The luck of the Irish (1948), el periodista norteamericano Fitzgerald (Tyrone Power) se encontraba con un duende irlandés, un leprechaun interpretado por Cecil Kellaway, mientras que en La mujer del obispo (1947), el elegante ángel Dudley, encarnado por Cary Grant, ayudaba a un atribulado David Niven a poner orden en su vida conyugal. En ambos casos, al igual que sucede en El invisible Harvey, el personaje fantástico era el causante de una serie de cambios necesarios para armonizar la trayectoria vital de los protagonistas. Los tres títulos, vistos por separado o en conjunto, integran una valiosa trilogía cinematográfica que propone un antídoto de humanismo y refinado humor contra el racionalismo científico. Si hubiese que elegir una escena de El invisible Harvey, nos quedaríamos tal vez con ese mágico momento en que Elwood, tras desempaquetar un cuadro donde aparecen representados él y su amigo, el puka, lo deposita sobre la repisa de la chimenea para su satisfacción. El espectador no puede evitar preguntarse quién lo habrá pintado. ¿Alguien que también veía a Harvey? Todo es posible en los dominios de la bondad.

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Revista Terral nº 23 – Opinión - Opinión Erena B. Burattini Es sabido que en épocas de guerra o crisis se hace más real que nunca un conocido dicho: A río revuelto, ganancia de pescadores. Salvo excepciones, esto se aplica al gran mundo empresarial, industrial y financiero. Desde que nos trajeron la crisis en 2008 las grandes fortunas españolas han aumentado en un 50% según el XX Informe Mundial de la Riqueza (World Wealth Report). World Wealth Levels, 2016 Source: Credit Suisse Research Institute, Global Wealth Report 2016 Lo que sube por un lado baja por el otro, lo que a la vista está. Como consecuencia las alegrías de la sociedad del bienestar están quedando para el recuerdo, salvo para ese pequeño e importante segmento que ha sido el beneficiado. Para ellos se ha creado un mercado de lujo del que se hace ostentación casi con descaro. Pareciera que el planeta se está volviendo pequeño para los mercados que se mueven compulsivamente. Crecer o desfallecer ese es el lema. Uno de

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Revista Terral nº 23 – Opinión - los resultados es la baja calidad de ciertos productos y la falta de consideración al consumidor. Un ejemplo más bien anecdótico es el del papel higiénico, al menos de una cierta marca, que conserva el diámetro de siempre -el aspecto exterior es lo que cuenta- pero el metraje es inferior. Ingenioso proceso de enrollar de forma holgada. Total, que a poco de empezarlo se desparrama solo. Cualquier día el papel sale gateando por la casa. ¿Dónde ha quedado la satisfacción de producir con la máxima calidad a un coste adecuado para dar un servicio correcto? Uno de los problemas para el mercado como consecuencia de la crisis radica en que los bajos salarios están enseñando al consumidor a ser más racional y exigente rebajando el ansia de la compra compulsiva. Seguro que las empresas lo están notando y algunas ya tienden a recuperar del pasado una preocupación por ofrecer no solo productos de una calidad acorde a sus precios sino también a dar a sus clientes una atención más personalizada para fidelizarlos. Y como las modas no son más que eso, es posible que no esté lejos el día en que los grandes supermercados y centros comerciales -con todo el intríngulis que implican estas grandes superficies incluyendo los atentados terroristas- pasen a un segundo plano. Algunos afirman que la parte positiva de la crisis es que la gente rebajará sus ansias consumistas obligados por las circunstancias como comentaba más arriba. Aquí me asalta una duda. La aceleración de las nuevas tecnologías además del aumento de todo tipo de productos indispensables incluyendo la gastronomía de ciencia ficción- no cesa de imponer en el mercado el último aparatito sin el cual no se es nadie. Este año se vieron colas de hasta días para comprar el último modelo de ese móvil al que no le voy a hacer publicidad. La pregunta obligada es ¿qué pasará con toda esa gente que se verá al margen de esa tecnología punta que lleva una carrera de suspenso, siendo sus ingresos tan bajos como son? ¿Serán los nuevos desclasados por no contar con conexiones de altísima generación? ¿Caerán en depresión o sabrán adaptarse? A cada nuevo tiempo grandes tsunamis. Mejor protegernos con un buen paraguas hasta que pase la avalancha. .. si es que pasa…

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Revista Terral nº 23 – Opinión - Opinión Carmen Cantillo Valero Violencia simbólica en la cultura de las pantallas Escena de Nosotros los decentes, 1976 En el imaginario social y en las nociones de poder y de dominación no podemos olvidar el concepto de violencia simbólica, entendido como la relación social donde el "dominador" ejerce un modo de violencia indirecta hacia las personas dominadas, quienes no la evidencian o son inconscientes de que dichas prácticas actúan en su contra, por lo cual son cómplices de la dominación a la que están sometidas. En el terreno de los conocimientos y de los deseos encontramos que el sujeto dominado sólo puede suscribir aquello que conoce, aquello que es capaz de percibir de su entorno y de sí mismo; por tanto, no tendrá para elegir sobre aquello que desconoce. La violencia simbólica, para el sociólogo Pierre Bourdieu es una violencia amortiguada, insensible y que es invisible para sus propias víctimas, se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y el conocimiento, o más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento. La violencia simbólica también se inflige en las pantallas y se hace visible a través de un patriarcado del consentimiento, que mediante los medios de comunicación irradia estereotipos de género que marcan las pautas que habrán de seguir los modelos de belleza femenina con los que se perpetúa el sistema de dominación masculina y el orden natural del poder social. De esta forma, las mujeres se socializarán en los mandatos propuestos a través de los medios masivos, la escuela y la familia contribuyendo a propagar el patriarcado

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Revista Terral nº 23 – Opinión - por consentimiento en un proceso de intercambio psicológico de identificación con las formas sociales naturalizadas. En la narrativa cinematográfica, estas normas, se traducen en una reducción de la mujer a una de sus partes, donde las piernas, los escotes o los traseros son las partes enfocadas y significativas de una narrativa androcéntrica, así en el cine diversas “partes” de las actrices son sustituidas por las de otra mujer, como parece que ocurre en (PrettyWoman, 1990) con Julia Roberts, o para colmo, cuando son los propios fragmentos de mujer los que aparecen como fetiches de la mirada masculina, como es el caso de la película española (Nosotros los decentes, 1976),donde el propietario de una ortopedia va encargando moldes de goma que reproduzcan –por partes- el cuerpo de la mujer viuda que ha entrado a trabajar en su negocio. De manera que, si la mujer aparece siempre representada cosificada y troceada, nuestra mente acaba troceándola y “viéndola” en partes. Es así como esa violencia simbólica se muestra en las pantallas a través de las imágenes de cuerpos que son una realidad sexuada y objetos de miradas de visión y de división sexuantes. La exhibición de la “novia mecánica”, de McLuhan, podría ser la alegoría más significativa de nuestra época, siendo las imágenes prefabricadas de las mujeres que aparecen en los medios piezas sacadas de la cadena de montaje de una fábrica, donde la sustitución puede venir tanto de la mujer al completo como de alguna de sus partes, sin que el cambio sea apenas perceptible. Además, la mujer se convierte en un ser de porciones intercambiables en función del gusto del público masculino, por tanto, el gusto ya no se entiende como una subjetivación distintiva, sino como una voluntad que crea una categoría válida (y construida) para el análisis social, una vez visto como los gustos se gestan en la confluencia entre una oferta y una demanda o, mejor dicho, entre objetos clasificados y sistemas de clasificación, podemos comprobar cómo cambian estos gustos. Un reflejo de este mecano-mujer, por ejemplo, se muestra en Ariel (La Sirenita, 1990), quien puede despojarse de su cola de sirena y acoplarse unas piernas con las que se mostrará atractiva ante la figura de su príncipe. En este sentido, las construcciones simbólicas que se muestren en la pantalla y, en concreto, construyan la cosmovisión infantil, tendrán una eficacia simbólica en su forma y en su fondo, puesto que las imágenes pondrán formas a la identidad femenina, ejerciendo esa violencia simbólica que mostrará la forma, la acción o el discurso reconocido como conveniente y legítimo socialmente, conformado por la sociedad patriarcal. Es decir,

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Revista Terral nº 23 – Opinión - que los personajes construidos son de una forma tal que se puede producir públicamente una voluntad y unas prácticas de esta voluntad que, si se presentaran de otra manera, difícilmente serían aceptadas (ahí radica la función del eufemismo). Y estas categorías construidas, generalizadas y aprobadas–ya desde las películas infantiles- provocan una identificación del púbico con el personaje creando un sentimiento de comprensión y empatía, puesto que surge un deseo de la niña y del niño de querer parecerse a los personajes. Las escenas de la pantalla se asimilan como vivencias propias y se internalizan como modelos a seguir. Estos modelos se reflejan específicamente en el género femenino, cuando se adoptan los roles estereotipados de las princesas, en particular, y de los modelos sexuados que aparecen en la pantalla, en general; imitando su forma de vestir, hablar, actuar para formar parte de un grupo social determinado. Es por ello que estos prototipos de mujer que desarrollan los medios pueden llegar a influir en el proceso de socialización o de construcción de la identidad, sobre todo de las niñas pequeñas, ya que se muestran “cualidades deseables” que tienen en común todas las protagonistas y que pueden hacer que las niñas y niños quieran reproducirlas. Así, nos situamos ante un panorama mediático donde las imágenes machacan nuestros sentidos, calando en las identidades y homogeneizando las realidades estéticas. La política de la seducción se ha convertido en una herramienta más del marketing y los dictados del capitalismo consumista han adoptado una apariencia que define el género y la cultura. De este modo, el género es un a priori que califica lo que se da a entender, afecta no sólo lo que se percibe sino lo que se es, en parte como un hecho de la propia vida y en parte como una cuestión que domina el significado de la propia vida. La imagen que construyen los medios sigue convirtiendo a las mujeres en objetos simbólicos, que se ubican en la sociedad en estado de permanente inseguridad, donde la cosificación va desde lo micro hasta lo macro y, donde se nos sigue reduciendo a trozos que se pueden usar, guardar y, por supuesto, cambiar cuando ya no sirvan. Así, se transforman los cuerpos femeninos en objetos de exhibición y en elementos de poder con los que manejar a la audiencia masculina. En definitiva, esta reducción de persona a “cosa”, es uno de los procesos de anulación simbólica de la mujer en la cultura de las pantallas, donde a través de una rutina mental prolongada se mantiene a la audiencia en un estado de vulnerabilidad constante.

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