VOCES EN EL FÉNIX Nº58 - "PELOTA DE TRAPO" - Temática: Deporte y Sociedad

 

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REVISTA Voces en el Fénix Nº 58 - "PELOTA DE TRAPO" - Deporte y Sociedad

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ISSN 1853-8819 La revista del Plan Fénix año 7 número 58 setiembre 2016 Como en todas las esferas de la vida en sociedad, la práctica deportiva nos presenta importantes contradicciones. Valores como compañerismo, sacrificio, esfuerzo y respeto a las reglas establecidas se contraponen con la violencia, el machismo, la xenofobia, la desigualdad y la discriminación. En tiempos en que se invisibiliza el rol de lo colectivo y se exacerba el individualismo, es tarea de todos volver a tejer una red social que nos incluya y contenga, y vuelva a poner al deporte en el lugar de articulador de valores de inclusión y desarrollo integral de las personas. Pelota de trapo

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sumario ns eº 5t i8e m b r e 2016 editorial Sigue rodando Martín Fernández Nandín Carolina Duek Deporte, emoción y televisión: un trío infalible 6 Javier Szlifman Fútbol, violencia y medios de comunicación 14 Pablo Ariel Scharagrodsky En los deportes queda mucho “género” por cortar 22 Alejo Levoratti Deporte, inclusión y política: interrogantes sobre una relación compleja 30 Emmanuel Ferretty ¿Ciudades maravillosas? Gajos, astillas y pinchaduras para cuestionarnos desde el deporte 36 Rodolfo Iuliano Deporte y clase social 42 Alejandro Damián Rodríguez El gimnasio, el crossfit y el running aportan pistas para pensar un nuevo modo de individuación 50 Julia Hang Sacrificio y deporte amateur. Una mirada socio-antropológica a partir de un estudio con un grupo de nadadores adultos 56 Juan Branz Deportistas, machos y argentinos 64 Rodrigo Daskal Hinchas militantes: fútbol, pasión y política en el Club Atlético River Plate 72 Federico Czesli y Diego Murzi “Promesas de crack”. Consideraciones sobre el proceso de formación de futbolistas profesionales 78 Verónica Moreira Los sentidos del boxeo 86 Nemesia Hijós Gente que corre, runners y fanatizados: un análisis etnográfico sobre la permeabilidad del mercado en un running team 92 Nicolás Cabrera Gramsci, Bebote y Bullrich. La papa que calienta y no quema 102 Marcos Buccellato y José Garriga ZucaL “El club de la pelea”. Reflexiones sobre la regulación de la violencia 110

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Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano Dr. César Humberto Albornoz Vicedecano José Luis Franza Secretario General Walter Guillermo Berardo Secretaria Académica Dra. María Teresa Casparri Secretario de Hacienda y Administración Contadora Carolina Alessandro Secretario de Investigación y Doctorado Prof. Adrián Ramos Secretario de Extensión Universitaria Carlos Eduardo Jara Secretario de Bienestar Estudiantil Federico Saravia Secretario de Graduados y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Director Gral. de la Escuela de Estudios de Posgrado Catalino Nuñez Director Académico de la Escuela de Estudios de Posgrado Ricardo José María Pahlen Secretario de Innovación Tecnológica Juan Daniel Piorun Secretario de Transferencia de Gestión de Tecnologías Omar Quiroga Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Profesores Titulares José Luis Franza Juan Carlos Valentín Briano Walter Fabián Carnota Gerardo Fernando Beltramo Luis Alberto Beccaria Héctor Chyrikins Andrés Ernesto Di Pelino Pablo Cristóbal Rota Suplentes Domingo Macrini Heriberto Horacio Fernández Juan Carlos Aldo Propatto Javier Ignacio García Fronti Roberto Emilio Pasqualino Sandra Alicia Barrios Claustro de Graduados Titulares Luis Alberto Cowes Rubén Arena Fernando Franchi Daniel Roberto González Suplentes Juan Carlos Jaite Álvaro Javier Iriarte Claustro de Alumnos Titulares Mariela Coletta Juan Gabriel Leone María Laura Fernández Schwanek Florencia Hadida Suplentes Jonathan Barros Belén Cutulle César Agüero Guido Lapajufker staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster COORDINACIÓN TEMÁTICA José Garriga Zucal Verónica Moreira SECRETARIO DE REDACCIÓN Martín Fernández Nandín PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Gaspar Herrero CORRECCIÓN Claudio M. Díaz DISEÑO EDITORIAL Mariana Martínez Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

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Sigue rodando S i bien a primera vista pareciera que el lugar que ocupa hoy en día la práctica deportiva en una sociedad es marginal frente a problemáticas como el empleo, la salud o la seguridad, prestando la suficiente atención podremos observar que es una actividad esencial en la vida de las personas, y que juega un papel central en la conformación de las subjetividades contemporáneas. El deporte, además de ser un excelente medio para mantener el cuerpo saludable, nos permite desarrollarnos, integrarnos, incorporar a nuestra cotidianeidad nociones y valores importantes como compañerismo, sacrificio, esfuerzo y el respeto por las reglas establecidas. Visto en perspectiva, la vinculación entre deporte e inclusión es una relación históricamente situada, es decir que en cada momento histórico será diferente el rol que cumplirá el primero para atender distintas problemáticas sociales como las adicciones, la violencia y la deserción escolar. Sin embargo, no todo lo que rodea al deporte es maravilloso. Detrás de la práctica deportiva se encuentran los mismos males que aquejan en otros ámbitos de la vida social: violencia, machismo, xenofobia, desigualdad, discriminación, son elementos que se encuentran desde un primer momento cuando uno toma al deporte como objeto de estudio. Así, desde una perspectiva de clase podremos ver cómo las preferencias deportivas guardan una correspondencia profunda con el resto de las preferencias que forman parte de la vida de las personas, y desde una perspectiva de género podremos ver cómo a lo largo de la historia la heteronormatividad dominante fue moldeando los cuerpos y asociando distintos deportes con cada género, suprimiendo la multiplicidad de sexualidades y afianzando la sexualidad binaria y reproductiva. Si hablamos de violencia, el ejemplo que se nos presenta casi de inmediato es el del fútbol y las barras bravas. En un país como el nuestro, caracterizado por multiplicidad de desigualdades, pertenecer a uno de estos grupos, que ejerce el control sobre determinados espacios y situaciones, es un capital simbólico para nada despreciable. Aunque las barras no son el único actor en este juego, donde varios son los que reparten las ganancias y pocos los que ponen el cuerpo cuando surgen complicaciones, el problema parece quedar circunscripto a estos grupos organizados. Si complejizamos un poco más el análisis, podremos ver también que hay otras violencias que se juegan en el deporte rey. Por ejemplo, al momento de pensar el proceso de conformación de un futbolista profesional vemos que el camino hacia el objetivo deseado –ser un jugador de Primera– es en realidad una carrera por la supervivencia, donde cada chico que se acerca con la ilusión de convertirse en un jugador de fútbol termina relacionándose con sus compañeros como enemigos u obstáculos a superar para alcanzar su meta. El otro gran problema, además de la violencia, es el interés económico que envuelve a la práctica deportiva. Desde negocios multimillonarios asociados a los derechos de televisación –los mundiales de fútbol y los Juegos Olímpicos son la expresión más acabada–, hasta la intromisión de las principales marcas de vestimenta o calzado deportivo que crean necesidades superfluas y buscan fidelizar a sus clientes, pasando por la especulación inmobiliaria o la privatización del espacio público. Sobre este punto, alcanza con echar un vistazo a la enorme contradicción que se da en las principales ciudades de nuestro país y nuestra región, entre los espacios acondicionados para los megaeventos deportivos y la realidad que rodea a los mismos, o la desigualdad reinante al momento de acceder a los espacios donde practicar determinados deportes, y los requisitos a cumplir para poder practicarlos. Frente a un escenario como el que describimos, el rol de los medios masivos de comunicación no puede ni debe pasar desapercibido. Atento a los intereses que representan, podrán hacer hincapié en determinadas cuestiones, ocultando otras aristas que chocan con los mismos. Por ello, en tiempos en que la ideología liberal invisibiliza el rol de lo colectivo, y exacerba el individualismo a todo nivel, será tarea de todos volver a tejer una red social que nos incluya y contenga, y vuelva a poner al deporte en el lugar de articulador de valores de inclusión y desarrollo integral de las personas. Mientras tanto, solo podemos decir que, en el medio del barro, la pelota sigue rodando. Martin Fernandez Nandín Secretario de Redacción 4 > www.vocesenelfenix.com

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Editorial > 5

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Los Juegos Olímpicos son un megaevento global, televisivo y deportivo. El terreno perfecto para el despliegue de la emoción vinculada al deporte. En ellos se da la coexistencia entre la profesionalización y el espíritu amateur. Nosotros/as, como espectadores emocionados/as, acompañamos todo desde nuestro sillón, el lugar en el mundo desde el cual construimos nuestro punto de vista. Deporte, emoción y televisión: un trío infalible 6 > www.vocesenelfenix.com

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>7 por Carolina Duek. Investigadora Adjunta del CONICET. Docente de la Carrera de Ciencias de la Comunicación - Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Buenos Aires

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El llanto Es la final. Lo aclara el comentarista una y otra vez y nos pone en clima para lo que va a pasar. Entran dos chicas, dos yudocas, listas para luchar. Una tiene un judogi azul y la otra, uno blanco. Judogi, informan en la televisión, es el traje que se cierra con un obi, el cinturón. Lo que vemos es un enfrentamiento entre dos deportistas de elite que se disputan una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016. La disciplina nos es lejana. Desconocemos todo: su reglamento, las expectativas y las formas de ganar. Pero es la final. Reunidos frente al televisor vemos cómo luchan la argentina Paula Pareto y la surcoreana Bokyeong Jeong. Una de ellas será la campeona, otra la subcampeona. Parece obvio, pero no lo es: lo que se disputa es la conquista de uno de los títulos más importantes para cada una de las disciplinas olímpicas. Conseguir una medalla ubica a los deportistas entre los tres mejores del mundo, pero ganar la dorada es entrar en la historia grande del deporte. El relator hizo evidente sus dudas durante el relato: parece que fue una “sorpresa” que la surcoreana haya llegado a la final; pero qué difícil rival es; ya es importante el segundo puesto para “La Peque” (tal el apodo de Pareto vinculado con su 1,50 metro de estatura y sus 48 kilos de peso) y demás modalizaciones que anticipaban una derrota. Digna, pero derrota al fin. Pegados al televisor miramos los casi ocho minutos de combate. Atentos, sin comprender si colgarse del cuello de la rival estaba permitido y, de serlo, si era algo “bueno”. Aprendimos que tocar la cara de la rival con la mano se consideraba una falta, pero desconocíamos todo lo demás. ¿Cómo se gana en el yudo? Aun no lo sabemos. Lo que sí quedó clarísimo fue la forma en la que el relato de Gonzalo Bonadeo (periodista a cargo de la transmisión de TyC Sports en la Argentina) fue imprimiendo un tono, una expectativa a cada segmento del combate que muchos mirábamos sin entender. En el final, llegó incluso a “discutir” al aire con el director de cámara por una repetición que se superponía con sus instancias decisivas. En el minuto seis con veinte segundos Pareto iba ganando por 10 puntos a cero. Al comentarista no le parecía suficiente para relajarse él, primero, y contribuir a que lo hiciera su audiencia, después. Los últimos minutos fueron de máxima tensión: a muchos nos caían lágrimas de conmoción que se soltaron jubilosamente cuando Bonadeo gritó “Vamos Peque, carajo”. Vimos a Pareto llorar y correr a abrazar a Laura Martinel, su entrenadora, a quien se “subió” aupada como un bebé mientras Laura le decía: “Sos leyenda, sos leyenda”. No importa cuántas veces hayamos visto esas imágenes ni cuántas hayamos oído los gritos del relator; tampoco hace falta entender ese deporte: las lágrimas caen y la emoción se despliega guiada a la perfección por la combinación entre imágenes y sonidos. Una sinfonía breve, aunque histórica, se construye frente a nuestros ojos. Lloramos sin entender. Lloramos porque todos los caminos nos llevan a la emoción. 8 > por Carolina Duek

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Deporte, emoción y televisión: un trío infalible > 9 Otra característica de los Juegos Olímpicos es la coexistencia entre la profesionalización y el espíritu amateur: todos los atletas (salvo algunas excepciones en Río 2016, como el seleccionado de básquet de Estados Unidos que estuvo en un crucero seis estrellas en la bahía de Río de Janeiro) viven en la misma Villa, los cuartos son todos idénticos, están decorados del mismo modo y comen menús similares en un espacio común: un enorme comedor principal que se llena de personas fibrosas dispuestas a ingerir las calorías que indican sus planes de entrenamiento y alimentación. El sillón Los Juegos Olímpicos son un megaevento global, televisivo y deportivo. Estas tres dimensiones se ordenan en diferentes órdenes. Por un lado, en la competencia entre selecciones de deportes de diferentes países del mundo. Esto supone la puesta en escena de desempeños deportivos de alto rendimiento (quienes llegan a esos niveles de competencia pasaron por múltiples instancias clasificatorias). Por otro lado, es un evento que se emite, durante casi tres semanas, de manera ininterrumpida por televisión. Los Juegos Olímpicos de 2016 fueron transmitidos en la Argentina por cinco canales durante las 24 horas: durante el día se transmitían los eventos deportivos en directo, por la noche los análisis y por la madrugada se compilaban las repeticiones de los momentos más importantes de la jornada. Sin pausas, pero con matices: variaban los comentaristas, las elecciones de algunas disciplinas cuando había simultaneidad, el staff seleccionado y los conocimientos que cada conjunto de cada canal ponía en escena como “valor agregado” a las imágenes que se emitían de manera global del mismo modo. Las transmisiones nos convocan permanentemente a “sentirnos parte” de eso que ocurre lejos y que vemos mediante una pantalla. Y es en este punto donde ingresa un elemento clave en la ecuación: el sillón. El sillón es ese elemento central, irremplazable, insustituible que nos acompaña amablemente en todas las transmisiones deportivas. No importa la calidad sino el ángulo con el que nos permite mirar la pantalla. Desde el sillón (silla, banquito o lo que ocupe el lugar simbólico del sillón), construimos nuestro punto de vista. Emilse Pizarro definió en el diario La Nación este vínculo durante los Juegos Olímpicos como “adrenalina de sillón” y “chupete de cafeína”, dos construcciones que incluyen términos aparentemente contradictorios. La adrenalina nos aumenta el ritmo cardíaco, la presión, la glucosa en sangre, acelera nuestro metabolismo. La adrenalina de sillón pareciera una contradicción al igual que el chupete de cafeína. En inglés, al chupete se lo llama pacifier, pacificador, término que no se emparenta para nada con la cafeína que, al igual que la adrenalina, nos “acelera”. La definición de Pizarro es adecuada e ingeniosa: los Juegos Olímpicos nos convocan hacia y desde el sillón. Durante infinidad de horas vemos deportes que no entendemos, no seguimos y de los que no podríamos nombrar un jugador importante del mundo. No importa. Durante los Juegos Olímpicos los espectadores nos convertimos en benévolos receptores de todo lo que se nos ofrezca: entrevistas “profundas”, notas desde la Villa Olímpica, información

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sobre la alimentación de los atletas. Nos llenamos de hidratos de carbono, nos mal alimentamos para garantizar que, fuera del tiempo laboral y de las obligaciones familiares, nos alcance la transmisión de lo que sea que se esté emitiendo. Equitación, natación, halterofilia, tiro, handball. ¿Acaso hay un plan mejor para un lunes que ver la clasificación de equitación durante el horario de almuerzo en el trabajo? Muchos responderíamos que no, que los Juegos Olímpicos, por la distancia de cuatro años que hay entre uno y otro y por la excepcionalidad de los desempeños, convierten todo en interesante. Sabemos, claramente, que no todo nos convoca por igual, pero nos dejamos llevar por el yachting, del cual nada sabemos pero del que podemos deducir cómo va por el tono que le imprime el comentarista a cada una de las regatas que se transmiten. Y en ese dejarse llevar nuestro sillón es clave. Nos acoge, nos invita y nos captura. Y allí nos quedamos, entre paquetes semivacíos de galletitas y mates fríos, mirando todo, gritándole al televisor por cualquier cosa que ocurra. Desde nuestras casas somos parte de un conjunto global de personas que ve las mismas imágenes en el mismo momento que nosotros. Somos parte de un colectivo informe cuya máxima diferencia se encuentra en la pertenencia: los Juegos Olímpicos ponen en escena los colectivos (imaginarios) nacionales que compiten por la consagración. La búsqueda constante se ordena en torno del “orgullo nacional”, dice Pierre Bourdieu en un análisis de los Juegos Olímpicos a lo largo del tiempo. El orgullo de ganar, de ser fiel a una transmisión y a una selección: el orgullo de seguir lo que ocurre sin matices y siempre, sin excepción alguna, desde el sillón, ese espacio personal inexplicable desde el que ordenamos nuestra percepción. 10 > por Carolina DueK

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Deporte, emoción y televisión: un trío infalible > 1 1 La exhibición Los Juegos Olímpicos nos ofrecen imágenes y desempeños de calidad. Las investigaciones sobre televisión trabajan con la noción de representación: el modo en el que las imágenes y las narraciones se construyen en torno de entramados subjetivos, intencionalidad comunicativa y puntos de vista disímiles. No hay reflejo, repetimos en voz alta para quien nos quiera escuchar, todo es una representación. Recibimos contenido desde la mirada de una institución que transmite para nosotros. Ahora bien, ¿Qué tienen de peculiar los Juegos Olímpicos en este sentido? Pablo Alabarces sostiene que no hay ficción en los desempeños: el atleta levantó o no la pesa. Podemos construir interpretaciones, explicaciones y miradas, pero lo que no podemos decir es que allí ocurrió algo que no vimos. La cámara puede estar de costado, puede jerarquizar una parte del desempeño individual o grupal pero no puede mentirnos. Si fue gol, el anotador va a cambiar un número. Sin más trámite. Otra característica de los Juegos Olímpicos es la coexistencia entre la profesionalización y el espíritu amateur: todos los atletas (salvo algunas excepciones en Río 2016, como el seleccionado de básquet de Estados Unidos que estuvo en un crucero seis estrellas en la bahía de Río de Janeiro) viven en la misma Villa, los cuartos son todos idénticos, están decorados del mismo modo y comen menús similares en un espacio común: un enorme comedor principal que se llena de personas fibrosas dispuestas a ingerir las calorías que indican sus planes de entrenamiento y alimentación. Esta coexistencia es crucial para los espectadores: Emanuel Ginóbili, basquetbolista de la elite mundial, jugador de los San Antonio Spurs y estrella global, durmió en una cama de una pla- Durante los Juegos Olímpicos los espectadores nos convertimos en benévolos receptores de todo lo que se nos ofrezca: entrevistas “profundas”, notas desde la Villa Olímpica, información sobre la alimentación de los atletas. Nos llenamos de hidratos de carbono, nos mal alimentamos para garantizar que, fuera del tiempo laboral y de las obligaciones familiares, nos alcance la transmisión de lo que sea que se esté emitiendo.

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12 > por Carolina Duek za durante las dos semanas de estadía en los Juegos. No importa qué lugar ocupan en el espacio extra-Juegos; el espíritu ( falso pero potente como construcción narrativa) de la igualación se despliega con fuerza en la estructura y en los relatos. La diferencia aparece en las performances: cuando tienen que “salir a la cancha” los desempeños son cruciales y ordenan el espectro del mérito, de la capacidad y del talento. La preparación previa, el acceso (o no) al financiamiento y patrocinadores, la existencia (o no) de equipos de trabajo que viajan con los atletas; todo eso sí aparece en los momentos clave. Hay que competir y es en esa conjunción de tiempo y espacio en la que todo el trabajo debe sintetizarse. Es cierto que hay algunos resultados que están definidos casi de antemano. ¿Quién dudaba de los 100 metros libres de Usain Bolt? ¿O de Phelps en los 200 metros mariposa en natación? Pocos. Pero, ¿podríamos haber anticipado que Juan Martín Del Potro, después de todas sus lesiones y su casi retiro del circuito, iba a ganarle a Novak Djokovic, actual número uno del mundo, para obtener, luego, la medalla plateada? No, no había chances de nada con la llave que le había tocado en el sorteo. Y, sin embargo, lo vimos en el podio, llorando, con los pies destruidos y las manos ampolladas besando su medalla plateada. Emoción nuevamente, emoción olímpica y sorpresas que nos reconfortan como espectadores. Lloramos por el tenista, por su esfuerzo,

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Deporte, emoción y televisión: un trío infalible > 1 3 El sillón es ese elemento central, irremplazable, insustituible que nos acompaña amablemente en todas las transmisiones deportivas. No importa la calidad sino el ángulo con el que nos permite mirar la pantalla. Desde el sillón (silla, banquito o lo que ocupe el lugar simbólico del sillón), construimos nuestro punto de vista. por la entrega “por la camiseta” y lloramos por nosotros mismos como espectadores que, mientras vemos eso, somos parte del conjunto de personas que se emocionan frente a las imágenes. Pero también lloramos (y agradecemos) por la realización de lo imprevisible: el secreto último del deporte. No se puede fingir un desempeño. Todo lo demás se construye en un entramado complejo que ubica al espectador como recipiente compenetrado de un conjunto de colectivos sobre la pertenencia, el orgullo, la nación y la emoción. El mérito ordena las transmisiones, las “derrotas dignas” modalizan la angustia y los éxitos nos levantan del sillón de un salto. No se trata solo de ganar medallas sino de mejorar, de llegar a la meta y de no fallar. Una de las escenas más conmovedoras y complejas de los Juegos de Río 2016 fue protagonizada por Fernanda Russo. Dieciséis años, oriunda de la provincia de Córdoba y la más joven de la delegación argentina. “Espero no haber defraudado, agradezco el apoyo y estoy conforme por tratarse de mi debut olímpico”, dijo al concluir su prueba de rifle de aire en la disciplina de tiro. La joven le cuenta a un cronista que extrañaba mucho a su madre en las etapas previas de preparación para la competencia. “No sé todavía el puesto porque hay chicas que no terminaron, pero calculo que andaré dentro de los treinta”, le dice a Gonzalo Bonadeo cuando él le pide que le explique a la audiencia qué significan los 414,4 puntos que sumó. El periodista le dice: “En este momento estás 20”. La atleta, que nada sabía de su ranking por estar dando la nota, se sorprende y muestra una enorme sonrisa a la cámara. Bonadeo continúa dando precisiones sobre el puesto, la atleta se emociona, le pide que por favor le confirme lo que le está diciendo. “Me largo a llorar ya”, dice la adolescente. Dos minutos de tensión y ansiedad terminan cuando el periodista dice “Fernanda Russo, 20, quedaste 20, chiquita”. La atleta se tapa la boca, llora en silencio (y en primer plano), el periodista que tiene a su lado le dice “abrazate con tu mamá”. La madre la abraza y le pregunta qué ocurre. “20, mami, quedé 20”. Llora Fernanda, llora su madre. Lloran por el puesto 20. Llora la audiencia, explotan las redes sociales. Una chica de 16 años que no ganó nada conmueve a todos los espectadores. La emoción nos convoca. El rendimiento deportivo es el anzuelo. El espíritu amateur es la promesa. Los Juegos Olímpicos son la exacta combinación de estos ingredientes. La televisión completa con relatos, información e historia. Nos puntúa la percepción. Por eso, deporte, televisión y emoción son un trío infalible y los Juegos Olímpicos son el terreno perfecto para su despliegue. Pero necesitan, para completarse de forma definitiva, que todos nosotros estemos frente a una pantalla (cualquiera sea) comiendo bizcochitos y tomando mates fríos. Desde el sillón, por supuesto.

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por Javier Szlifman. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (FSOC/UBA). Maestrando en Comunicación y Cultura (FSOC/UBA) 1 4 > www.vocesenelfenix.com

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> 15 En el fútbol argentino actual la violencia es un capital simbólico, que se aplica y ejecuta mediante un cálculo de costos y beneficios. Ante estos hechos, los medios masivos de comunicación hacen hincapié en la responsabilidad de individuos aislados, inadaptados e irracionales. Es necesario correr a la violencia de ese lugar de la irracionalidad y pensarla como el accionar de individuos y grupos perfectamente adaptados al ámbito en que se mueven. Solo así podremos sentar las bases para contar con espectáculos deportivos seguros. Fútbol, violencia y medios de comunicación

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