El Morador - Issue 3

 

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December 2016 edition

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El Morador nº 3 Tevet de 2546. Diciembre de 2016. Año II Revista del Santo Arco Real Supremo Gran Capítulo de España 1 El Morador nº 3

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El Morador Revista digital del Supremo Gran Capítulo de España de los Masones del Santo Arco Real de Jerusalén Diciembre de 2016 Edita Supremo Gran Capítulo de España Consejo de Redacción Óscar de Alfonso Ortega, Primer Gran Principal Lawrence Howard, Segundo Gran Principal Graham Simons, Tercer Gran Principal Ian Scambler Wilson, Gran Escriba E. Robert Leslie Munday, Gran Canciller Alberto Moreno Moreno, Asistente Gran Director de Ceremonias Director José Manuel Merello y Álvarez, Asistente Gran Director de Ceremonias Dirección electrónica: revistaelmorador@gmail.com ÍNDICE Editorial Pág. 3 Terminación de un Grado Pág. 5 El carácter cristiano de los primeros rituales Pág. 14 Buscando a F. de Paula Castells Pág. 18 John Coustos y su declaración bajo juramento Pág. 26 Los cinco sólidos platónicos II Pág. 29 Vestimenta del Arco Real Pág. 39 Felicitación Navidad Pág. 45 Calendario Curso 2017 Pág. 46 - 47 Situación geográfica de los Capítulos Pág. 48 - 49 Noticias Pág. 50 Colaboradores y bibliografía Pág. 54 Ilustración cubierta: arcos y vidrieras en la catedral de León (1205-1301). Estilo predominante: gótico. 2 El Morador nº 3

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EDITORIAL Queridos Compañeros: Cuando miramos las listas de masones ilustres españoles, por lo general nos encontramos con nombres ilustres cuyo mérito proviene de actividades que poco o nada tienen que ver con la Masonería. Isaac Peral, Juan de la Cierva, Blasco Ibáñez, Ramón y Cajal, Sagasta y otros muchos aparecen entre los nombres habitualmente citados, aunque su aportación, por importante que fuera en otros ámbitos, nada tenía que ver con la Masonería. Para vergüenza nuestra, hemos de reconocer que los españoles que más han aportado al estudio de la Masonería han sido jesuitas como Ferrer Benimeli o Pedro Álvarez, siendo el aporte de los masones españoles sumamente reducido en lo que a investigación se refiere. Sin embargo, solemos olvidar que uno de los autores más importantes de la literatura masónica del siglo XX fue a nacer en la piel de toro, en Barcelona concretamente, desarrollando una extensa investigación en torno al Arco Real y el simbolismo de la Masonería Antigua anterior a la reforma de 1717. Eso sí, su obra literaria fue desarrollada principalmente en lengua inglesa, dado que fue Inglaterra su tierra de adopción. Conseguir recomponer el puzle de F. de P. Castells no ha sido tarea fácil. No existía en internet ni siquiera una fotografía suya, y las únicas referencias aparecían en los anuarios de la Sociedad Bíblica, donde daban cuenta de su labor misionera. Con el fin de obtener más información nos pusimos inicialmente en contacto con el párroco de la Christ Church en Bexleyheath, Rev. Trevor Wyatt, pero no contaba con documentación ni fotografías de nuestro personaje. Las cosas se pusieron más favorables cuando contactamos con la Logia Lullington nº 1837, pues el Secretario, el V.H. Peter Jordan, se sumergió en los polvorientos archivos de la logia correspondientes a los años 1910 y pudo suministrarnos la mayor parte de las fechas de la vida masónica de F. de P. Castells. Otro elemento que nos facilitó enormemente la labor es el hecho de que los británicos han realizado un gigantesco esfuerzo por escanear toda su documentación desde el siglo XIX, por lo que hemos podido acceder a documentos tan particulares como el acta de nacionalización de Castells o la anotación de su sepultura, así como su registro eclesial, documentos censales o incluso registros de las compañías navieras. Esto provoca también una evidente diferencia en la información disponible acerca de los acontecimientos acontecidos bajo jurisdicción actualmente británica o fuera de ella. Por ejemplo, a pesar de todos los datos con que contamos, nos es desconocida la fecha exacta de su matrimonio, celebrado en Singapur. Las dos fotografías existenes de F. de P. Castells tienen también su historia particular. Faltaban días para que Editorial Masónica mandase a imprenta la traducción del Análisis Histórico del Ritual del Santo Arco Real, y no contábamos con fotografía alguna. Revisando los catálogos de los archivos municipales del borough de Bexley aparecía una anotación que nos sobresaltó: «Fotografia de 3 El Morador nº 3

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estudio de F. de. P. Castells». Nos pusimos en contacto con los archivos y la funcionaria encargada, Mrs. Jes Cooban, nos mandó al cabo de 36 horas la foto escaneada a alta resolución de nuestro personaje, que celebramos como un valioso botín. Una semana después Mrs. Cooban nos enviaba otra foto que también había encontrado, el segundo retrato que incluimos. Sin duda queda todavía información por encontrar. Pero al menos disponemos ya de la suficiente para poder ofrecer una aceptable semblanza de este masón que ha sido, con diferencia, el autor más importante de la Masonería nacido en España, aunque escribiera su obra en inglés. Alberto Moreno Moreno F. de P. Castells, por Juan Palomares 4 El Morador nº 3

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Terminación de un Grado La reflexión de que el Real Arco ofrece algo que falta en el Tercer Grado suscita algunos comentarios. Aunque posiblemente haya quienes estén de acuerdo con Alexander Lawrie, quien en su Historia de la Masonería (1859) sostuvo que los grados masónicos fueron completos en sí mismos y que la Pérdida de la Palabra sólo se puede encontrar “detrás del velo del tiempo”, la gran mayoría de los masones consideran que el Tercer Grado no está completo. El Dr. W. J. Chetwode Crawley, un estudioso, estaba firmemente convencido de que el grado del Arco Real completaba parte de la leyenda masónica, y que si caía en desuso la capa de piedra de la masonería, debería removerse, pero el edificio permanecería obviamente incompleto. Pero la trascendencia de esta creencia lleva consigo la consecuencia de que tanto el grado hirámico como el del Arco Real tienen un origen único, y fue simplemente la evolución de la primera y la segunda parte de una misma leyenda (todo muy simple y satisfactorio para los que pueden aceptarla, pero son pocos los estudiosos que pueden). Sin embargo, casi no hay duda, de que esta es la forma en que los Antiguos consideraban el tema. Para ellos, el Arco Real completaba el grado hirámico y en él se recuperaba algo que en el Tercer Grado fue declarado perdido; para ellos, los dos grados fueron partes del mismo tejido de la tradición inmemorial y de la leyenda masónica. Y los Modernos también se apresuraron a aceptar todo esto no oficialmente, pues en parte de la Gran Logia había una frígida falta de reconocimiento que continuó hasta el final del siglo XVIII, tanto más desconcertante cuanto que una gran proporción de Grandes Oficiales de la Gran Logia de los Modernos se convirtieron, en el curso normal, en masones del Arco Real. Pero, ¿de dónde viene el Arco Real?. Largamente se ha discutido acerca de la manera en que la masonería del Arco Real entró en existencia. ¿Estaba presente de alguna forma silente en las primeras épocas de la masonería especulativa, o definitivamente es sólo una innovación en la primera mitad del siglo XVIII?. Quienes aceptan la primera hipótesis creen que mucho antes de la fecha registrada más antigua del Arte (en la Aceptación, en la Compañía de Masones de Londres en 1621 y cuando fue iniciado Elias Ashmole en 1646) había una leyenda o una serie de leyendas de las que se ha desarrollado: (a) el grado hirámico que era trabajado en unas pocas logias, sin duda ya en 1720. (b) el grado del Arco Real del que se sabe ya se trabajaba en los años 1740 y 1750. (c) algunos grados adicionales. 5 El Morador nº 3

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Se cree que las tres provienen de una fuente común y, aunque han evolucionado en líneas muy diferentes, se está ejecutando a través de ellas un tema reconocible. Estudiosos de la talla de J. E. S. Tuckett y el conde Goblet d’Alviella (1846-1925. Rector de la ULB) fueron destacados promotores de esta posibilidad. Consideraron que las leyendas relativas a Hiram y al Arco Real eran las porciones sobrevivientes de una tradición artesanal que originalmente contenían esta y otras leyendas o similares; el conde consideraba que la masonería surgió de “una fructífera unión entre el gremio profesional de los masones medievales y un secreto grupo de adeptos filosóficos”. La Cofradía le daba la forma y los filósofos el espíritu. Muchos estudiosos han pensado que el Arco Real fue extraído del grado hirámico y que el Acta de Unión de 1813 entre los Antiguos y los Modernos hizo poca justicia al considerar “ .. que la pura y antigua Masonería consta de tres grados y no más, a saber, los de Aprendiz, Compañero y Maestro Masón, incluyendo la Orden Suprema del Santo Arco Real”. Sabemos que el grado hirámico se estaba desarrollando en un ritual practicable en los años siguientes a 1717, año en que se fundó la primera Gran Logia, y que el grado del Arco Real estuvo pasando por una experiencia similar dos o tres décadas más tarde; esta secuencia temporal favorece la idea de que al depósito de la tradición llegó primero la leyenda hirámica del Primer Templo y más adelante el relato del Morador del Segundo Templo. Aunque d'Alviella sugiere una relación entre los masones medievales y los filósofos, la mayoría de los estudiosos (el presente autor, entre otros) no pueden ver ni siquiera una ligera posibilidad de que el Arco Real surgiera de la masonería operativa. El conde probablemente tenía en mente la asociación entre la masonería especulativa liviana del siglo XVII, seguramente centrada en la Compañía de Francmasones de Londres y los sabios místicos que practicaban las artes rosacruces y la alquimia. Muchos de tales sabios, que ingresaron a la Masonería en esos primeros días, eran estudiosos familiarizados con la literatura clásica y medieval, que traían consigo un conocimiento inquisitivo y especial y, por lo que podemos juzgar, que 6 El Morador nº 3

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injertaron ese conocimiento en breves y sencillas ceremonias constituyendo la masonería especulativa. Hay una buena razón para suponer que gran parte del simbolismo de la masonería fue introducido por los místicos, y no puede haber duda de que algunos de los símbolos más conocidos de la masonería del Arco Real tienen una estrecha semejanza con los de la alquimia. Pero ni esta ni ninguna aserción similar implica que la masonería simbólica y el Arco Real provengan de una fuente común; porque, por una parte hay pasajes en la literatura bíblica y medieval sobre los que puede haberse basado una especie de grado hirámico, y por otra existen tradiciones que sin duda fueron la base de la historia del Arco Real. Pero no sabemos de alguna tradición que contenga los fundamentos comunes a ambas. Con esta pequeña introducción vamos ahora a ver los problemas que surgen. ¿El Arco Real se desarrolla a partir del grado hirámico?: En ocasiones ha sido generalizada la opinión de que el Tercer Grado de la logia fue mutilado para proporcionar material para el ceremonial del Arco Real. El Dr. Albert G. Mackey (1807-1881), escritor masón norteamericano, declaró que, - "hasta el año 1740, el elemento esencial del A. R. constituía una parte de la Maestría y, por supuesto, su parte final”. Tanto el Reverendo A.F.A. Woodford (1821-1887) como el Rev. Dr. George Oliver (1782-1867) afirmaron que el Arco Real era la segunda parte del antiguo grado de Maestro. El Dr. Oliver sostuvo que “la diferencia entre los sistemas de los Antiguos y los Modernos consistía únicamente en la mutilación del Tercer Grado”, y que “el Arco Real fue inventado por los Antiguos para ampliar la brecha y hacer que la línea de distinción entre ellos y la primera Gran Logia quedara más amplia e indeleble”. A.F.A. Woodford como Gran Capellán de la UGLE Se ha dicho que los Modernos, en su resentimiento por haber sido abucheados al haber traspuesto las palabras y los signos del Primer y Segundo Grado, sólo 7 El Morador nº 3

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tomaron represalia cuando acusaron a los Antiguos de mutilar el Tercer Grado. Sucede que los Reverendos Woodford y Oliver rara vez son fiables cuando se trata de cualquier asunto relacionado con la gran división de la masonería del siglo XVIII. Ambos forman sus opiniones con cierta ligereza, escribiendo en una época en que carecían de la nueva información que las investigaciones nos han traído en este asunto. El Dr. Oliver afirmaba tener un ritual de Tercer Grado de 1740 en el que algunos de los conocimientos esotéricos ahora asociados con el Arco Real se mezclaban con un conocimiento similar hoy asociado con el Tercer Grado, pero es dudoso si tal documento existió. Un estudioso actual requeriría ver el documento y prestar atención a su origen; es decir, la fecha real. Redfern W. Kelly cree que una palabra masónica, reconocida por el sistema Operativo antiguo e incluida en el Primer y Segundo Grados, fue trasladada hasta el Tercero en la década de 1730 (al parecer por la Primera Gran Logia ), y que después, tal vez hacia el año 1739, el Tercer Grado se vio gravemente mutilado para proporcionar un cuarto grado por ser una cuestión fácil, una vez más, la transferencia de la Palabra y algunos de los temas legendarios hacia la nueva creación. Pero, francamente, son pocos los estudios de hoy en día que aceptan estas creencias o miran con buenos ojos el término mutilación cuando se utiliza para describir el proceso por el cual el Tercer Grado se supone que cedió al Arco Real parte de su contenido. ¿Quiénes se supone que han sido los responsables de este proceso, sea lo que fuere? Se alega que los Modernos se burlaban de los Antiguos como que eran los culpables, pero la sugerencia es ridícula, y por la buena razón de que el Arco Real ya estaba trabajado como un grado separado antes de que los Antiguos se metieran en su camino. ¿Cómo podría haber alguna causa obvia de mutilación en vista del hecho de que las ceremonias del Arte trabajadas por los Antiguos estaban más o menos de acuerdo con las trabajadas por los masones irlandeses y escoceses?. Es cierto que los irlandeses y las Grandes Logias de Escocia, que estaban en la más estrecha asociación con los Antiguos, no mutilaron el Tercer Grado para proporcionar un grado de Arco Real, ni tampoco apoyaron que otros lo hicieran, pues oficialmente eran tan hostiles al Arco Real como los Modernos, y llevó un largo, largo tiempo, modificar su actitud. 8 El Morador nº 3

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En una fecha determinada se sabe, dice Hughan, que no había diferencia esencial entre los tres primeros grados en el trabajo de Francia y los ingleses, prueba de que no se hicieron alteraciones violentas en el Tercer Grado en aras de un rito del Arco Real inglés. Si los Antiguos no mutilaron los grados del Arte, es inconcebible que los Modernos lo hicieran; sería bastante ridículo sugerir oficialmente que fue mutilado un grado del simbolismo para producir algo que luego se repudió o trató con indiferencia glacial. No. Se puede dar por sentado que los estudiosos más ilustrados coinciden en que no hubo extracción o transferencia de alguna parte del Tercer Grado. No parece haber evidencia de que el Arco Real fuera originalmente una parte de algún grado del Arte. Un punto de verdadera importancia es que el grado hirámico mismo sólo había sido trabajado en Inglaterra desde más o menos finales de 1720, y que el argumento de que fue mutilado debe contener algo como para creer que un grado que recién se empezaba a trabajar fuera desarmado a mordiscos para fabricar otro. El historiador Douglas Koop (La génesis de la masonería, 1947, Manchester University Press), declaró que definitivamente no hay pruebas de que nuestra leyenda de Tercer Grado y la del Arco Real alguna vez se combinaran en una sola ceremonia. Pero aunque sea libremente admitido, con los datos disponibles, de que no hubo mutilaciones, es probable, ciertamente, que existieran préstamos. Sabemos, por ejemplo, que la mención de cualquier piedra movible en el ritual del Arte de la década de 1730 conocido por John Coustos (1703-1746), no se quedó en el trabajo del simbolismo, sino que el motivo se amplió y desarrolló de manera drástica hasta encontrar un lugar de trabajo en el Arco Real. Algunos Cuadros de Dibujos franceses de la década de 1740 representan ideas que no están ahora en el Tercer Grado, sí presentes en el Arco Real, pero el rastreo de cuadros rara vez es evidencia convincente en materia como ésta, porque en los primeros días las ceremonias del Arte y del Arco Real se trabajaban en las mismas logias e inevitablemente el artista introducía en el trazado emblemas de todos los grados conocidos por él. Del mismo modo, las joyas de los principios comúnmente muestran tanto los emblemas del Arte como del Arco Real, pero cuando las joyas se hicieron populares, las líneas de la ceremonia del entonces primitivo Arco Real estaban ya bastante bien definidas. Estas primeras joyas incluyen a menudo los emblemas no sólo del Arte y del Arco Real, sino de uno o dos grados más añadidos. Una logia que estuviera trabajando en los grados del Arte, digamos el miércoles y el Arco Real el siguiente miércoles, en la misma sala de la posada y en gran medida con los mismos Hermanos presentes, podría, con el tiempo suficiente, llegar a mezclar los detalles, y más que probable sería esto en ausencia de rituales impresos y de un estrecho control de una autoridad superior. Teniendo en cuenta ese tiempo suficiente, no es difícil ver que en tales condiciones algunas características pudieran pasar de un grado a otro sin causar mucha perturbación. Este proceso de endeudamiento, 9 El Morador nº 3

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en un día en que las comunicaciones eran lentas, pudo haber conducido a algunas de las variaciones en el trabajo que se producen entre uno y otro distrito. William J. Hughan (1841-1911) pensaba haber encontrado una prueba especial atención en una de las secciones del Tercer Grado en su camino a una prominente posición dentro del Arco Real. La prueba que tenía en mente era aparentemente la Palabra, y declara que esta Palabra es reconocida en algunas logias de Maestros Masones del continente. La alusión de Hughan se refiere probablemente a un ritual del Arte aparecido en una impresión irregular del año 1725: “Con todo esto busco la Palabra primitiva. Respondo: era Dios en seis terminaciones, a saber, Yo Soy y Jehová es la respuesta a ella”. Un argumento contundente contra la sugerencia de que el Arco Real fue una ceremonia en gran parte extraída del Tercer Grado como ya se ha mencionado, surge de la pregunta: Si esa mutilación tuvo lugar, ¿cómo podrían los Modernos, los masones oficiales, haber negado la autenticidad del Arco Real?. Obviamente que no sólo habrían sabido del tratamiento a que el Tercer Grado habría sido sometido, sino que hubieran sido conscientes de que una nueva ceremonia había sido hecha deshaciendo otra, pero difícilmente podrían haber cuestionado su esencia, si ésta hubiera sido originalmente parte de su propio rito. Aún más obvio hubiera sido muy diferente el Tercer Grado de los Modernos del de los Antiguos. Sabemos, por supuesto, que existen diferencias en los detalles, pero las dos ceremonias son reconocibles y esencialmente la misma. Hasta que se demuestre que se producía en los Modernos una práctica del Tercer Grado muy diferente a la de los Antiguos (un grado manteniendo elementos fundamentales que la otra parte conocía sólo en el Arco Real) hasta entonces no tenemos otra opción que concluir que el Tercer Grado ciertamente no fue mutilado para crear un grado por separado. Una extraña versión de la idea de la mutilación propuesta por W. Kelly Redfern es que, para ayudar a lograr la reconciliación completa de las dos organizaciones rivales en la Unión del Arte de 1813, alguna sección del Tercer Grado puede haber sido transferida al Arco Real. Sin duda, la idea es bastante desesperada. En los rituales de la década de 1850, que se conocen bastante bien, ¿dónde debemos buscar la sección traspuesta?. Oficialmente, los Antiguos no hubieran permitido alguna alteración grave de un grado que les fue sin duda más Augusto, sublime e importante que los [grados] precedentes y que es la cumbre y perfección de la Masonería Antigua (Leyes y Reglamentos,1807), en tanto que los Modernos seguramente no habrían mutilado una ceremonia del Arte con el propósito de fortalecer un rito cuya condición de cuarto grado estaban tratando (oficialmente) de minimizar y menospreciar. 10 El Morador nº 3

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¿Fue el Arco Real inventado o ideado? No podemos ocultar el hecho de que hay un cuerpo considerable de opinión en favor de la teoría de que la masonería del Arco Real fue una creación, una fabricación de origen francés, ante su vuelta a Inglaterra alrededor de 1730. Los franceses tomaron su masonería de Inglaterra y a sus ojos carecía de las cualidades de color y de drama, por lo que debemos celebrar el hecho de que la ceremonia que regresó de Francia se hubiera convertido en algo dramáticamente eficaz. Como un ejemplo, la espada había encontrado un lugar en la ceremonia de Iniciación. Algo diferente del rito original inglés, incoloro y que había sido traído a la existencia y a la luz de esta innovación, muchos estudiosos han llegado a considerar al Arco Real como un grado deliberadamente ideado por los franceses imaginativos para apelar ante el Maestro Masón inglés, a quien lo podría haber sido presentado con toda naturalidad como un cuarto grado. El Caballero Ramsay carga con el crédito de haber traído una serie de nuevos grados desde Francia a Inglaterra, entre ellos el Arco Real. El Rev. Dr. Oliver fue muy claro en sus declaraciones a este efecto, pero no hay un vestigio de pruebas reales en apoyo de una idea que parece depender únicamente de unas pocas palabras en el discurso de Ramsay pronunciado en el año 1737. Pero, si no Ramsay, es posible que algún otro continental (casi seguramente francés) artífice de grados, podría haber evolucionado el ceremonial del Arco Real con un ojo puesto en proveer lo que creía eran las necesidades del masón inglés. Esta innovación podría, en el transcurso del tiempo, haberse ampliado y embellecido y, finalmente, moldeada en un grado que es ahora una parte importante del sistema masónico. Redfern W. Kelly pensaba que el Arco Real fue creado en o alrededor del año 1738 o 1739, y que pudo haber sido tomado por un revisor inglés desde un grado continental recién creado. De hecho, la idea general entre los que creen que el Arco Real fue una innovación, es que algún editor inglés de finales de la década de 1730 se valió del marco establecido por uno de los nuevos grados franceses. A través de muchos de estos grados corría el tema de la Bóveda Secreta y el Nombre Inefable. Estos son los 11 El Morador nº 3

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grados mismos que algunos estudiosos creen que proporcionaron la base para el Rito de Perfección de veinticinco grados, más tarde absorbido en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado de treinta y tres grados, y particularmente desarrollado a principios de 1800. Pero sin duda vale la pena señalar que la masonería del Arco Real nunca, en ningún momento, floreció en Francia y, además, que la declaración de que había Capítulos irlandeses del Arco Real en Francia en 1730 (que de ser verdad, reforzarían la idea de un origen francés), es simple y finalmente repudiada por Hughan como un simple error tipográfico. No hubo Capítulos del Arco Real en Francia en esa fecha temprana, y muy pocas en cualquier otra fecha posterior. Los estudiosos que apoyan la teoría de que el Arco Real proviene de la misma tradición que el grado hirámico, argumentan en contra de la sugerencia de un origen continental, señalando que el marco histórico del Arco Real inglés no se encuentra en ningún ámbito continental. Contra esto, sin embargo, debemos admitir la posibilidad de que un diseñador inteligente (suponiendo por un momento que el Arco Real fuera una novedad) pudiera, (elaborando la historia de su fundación con antiguas leyendas clásicas) haber hecho todo lo posible para producir un nuevo grado, no para consumo continental, sino para exportar a Inglaterra donde, nunca olvidemos, la Masonería especulativa tuvo su nacimiento y su rico desarrollo. Entonces, como también ya se ha sugerido, la idea del Arco Real podría haber sido francesa, aunque el desarrollo fuera inglés. Hay quienes sostienen que, como se cree que el Arco Real ganó popularidad primero con los Antiguos, quienes deben haberlo considerado como teniendo una sanción de tiempo inmemorial, deducen que era mucho más probable que hubiera crecido desde una tradición masónica original antes que ser una mera innovación. Pero, ¿qué valor tiene el argumento?. Si bien los Antiguos de forma simplista llamaban innovadores a sus oponentes, lo cierto es que ellos mismos fueron más a menudo los verdaderos innovadores, pues por el tiempo en que se estableció su Gran Logia hacia la mitad del siglo XVIII, habían llegado a establecer o adoptar más de una ceremonia que ciertamente no tenía lugar en el rito masónico cuando se formó la primera Gran Logia. La teoría de la transición, probablemente la más auténtica. Queremos ofrecer aquí una declaración de nuestra propia creencia en estos asuntos. No creemos que el Arco Real fuera desarrollado a partir de la misma fuente que el grado hirámico, y no hemos encontrado algún rastro de cualquier conexión con la masonería operativa. Pero tampoco creemos que el grado del Arco Real fuera de fabricación. Nos parece que algunos masones y algunas logias conocían tempranamente elementos que se asocian actualmente con el ceremonial del Arco Real, respecto de los cuales hemos sido muy influidos por las referencias a la Piedra movible y el hallazgo del Nombre Sagrado hechas por John Coustos en su testimonio cuando estuvo en las manos de la Inquisición. 12 El Morador nº 3

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Y no podemos ignorar la sugerencia de Gould de que los tan mentados y poco conocidos grados escoceses, trabajados en el siglo XVIII, fueron de carácter críptico y que bien podrían haber aportado ideas que se desarrollaron en el patrón del Arco Real. No podemos ignorar algunas de las primeras alusiones a la idea del Arco Real, y nos estamos dando cuenta de que palabras como creado y fabricado no se aplican en su significado reconocido y aceptado a la manera en que el Arco Real se ha presentado en el mundo de la observancia masónica. El organizador o el editor bien podría haber sido francés, pero como también pudiera haber sido fácilmente inglés, no hay una pizca de evidencia sobre el punto. El tema principal de la de la historia del Arco Real es proporcionado por las versiones de la leyenda de una antigua cripta, con la que muchos hombres cultos han estado muy familiarizados. El compilador primero podría haber usado una o más de estas versiones (como en nuestra opinión, sin duda alguna lo hizo) y luego iría incorporando una idea o ideas presentes en las ceremonias del Arte usadas por algunas pocas logias. Ese organizador (con el material de las antiguas leyendas de la cripta, las referencias en el ritual del Arte y la historia del Antiguo Testamento del exilio judío) fue capaz de levantar lo que era en realidad un nuevo grado o un rito conteniendo las características de los descubrimientos de la bóveda, y reiteró la creencia en la Palabra. La restauración del contenido cristiano y de los verdaderos secretos, junto con una historia atractiva y hasta dramática en sí misma, aseguró la popularidad del nuevo grado. Los elementos esenciales que conocemos hoy en día se encontraban en la ceremonia de los principios pero, como tomó medio siglo para desarrollar el ritual y estaba muy revisado y reorganizado para 1830, es evidente que la sencilla ceremonia apenas era algo más que la forma primitiva de hoy día. Con la opinión que arriba se expresa en este tema difícil y controvertido, seguramente estaría de acuerdo J. Heron Lepper, cuyo conocimiento de la historia del Arco Real, tanto inglesa como irlandesa, no tuvo rival. En una comunicación (1933) al Supremo Gran Capítulo (por desgracia, muy extensa para citar en este lugar), toma algunas afirmaciones de Dassigny, y las relaciona con importantes referencias a la Palabra Tripartita en una impresión irregular de 1725, y concluye que diversas partes esenciales del grado del Arco Real fueron conocidas por nuestros antepasados en Inglaterra tan pronto como los mismos grados del Arte……… Rastros definidos de los escalones desde el Arte al Arco Real todavía existen en nuestro ritual. Él siente que tal prueba de la antigüedad real del grado justifica las tradiciones y la buena fe de nuestros predecesores de 1813 (los Hermanos que, en el reconocimiento de la Unión, declararon que la Pura Masonería Antigua constaba de tres grados, incluyendo el Arco Real). Bueno, se dice que el corazón hace al teólogo. Y quizás a veces al historiador también. 13 El Morador nº 3

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El carácter cristiano de los primeros rituales Para muchos masones puede ser una sorpresa saber que el Real Arco en sus inicios y durante algo más de medio siglo tuvo un carácter decididamente cristiano. No es fácil ofrecer una explicación satisfactoria de la vía en que una representación dramatizada de algunos hechos del Antiguo Testamento llegaron a incluir claramente enseñanzas del Nuevo Testamento, enseñanzas que se mantuvieron en el ritual hasta bien entrado el siglo XIX y cuyos ecos o reflexiones persisten hasta el día de hoy. Pero puede haber una ayuda si tenemos en cuenta dos puntos: los Antiguos Cargos, manuscrito de la Masonería operativa desde el siglo XIV, legaron a la Masonería Simbólica un fuerte sentimiento cristiano que en general prevaleció durante el siglo XVIII, a pesar de lo que puede llamarse la descristianización. Quizá, en la mayoría de las logias simbólicas en las que el Arco Real se formó, el ritual tenía características cristianas. Esta es una consideración importante, pero quizá más pertinente es que la leyenda de la Cripta tan hábilmente entretejida en el relato del Antiguo Testamento del retorno de los judíos del exilio, provino originalmente de los escritos de los Padres de la Iglesia, quienes tendían a interpretar todo desde un punto de vista exclusivamente cristiano. Así, el relato del Arco Real es una mezcla de dos historias: una totalmente judía y que se remonta a varios siglos antes de Cristo, y la otra en gran parte cristiana y registrada unos pocos siglos después del Señor. El contenido cristiano de la primitiva Masonería Simbólica es un tema sobre el que se ha escrito mucho. Las Constituciones de Anderson de 1723 y 1738 tuvieron el efecto de descristianizar el ritual del Arte insistiendo en que los masones deberían ser hombres buenos y verdaderos o Hombres de honor y honestidad, por las denominaciones o las persuasiones que pudieran distinguirlos, por lo que la Masonería se convierte en el Centro de la Unión y el medio de conciliar verdadera amistad entre las personas que deberían haber permanecido a una distancia perpetua. 14 El Morador nº 3

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Considerando que los Antiguos Cargos tenían un marcado carácter cristiano, las nuevas Constituciones ya no insistieron en que los masones debían ser leales a la Santa Iglesia o de ver a Cristo como el Salvador de la humanidad: Ahora se cree más conveniente sólo obligar a [Miembros de la Orden] a la religión en la que todos los hombres están de acuerdo, dejando a sus peculiares opiniones para sí mismos. No es que James Anderson (1678-1739), un pastor presbiteriano, considerara favorablemente a los estúpidos ateos o al libertino irreligioso, a los hombres sin religión ni a los hombres a los que una religión es tan buena como otra. Se ha sugerido que pudo tener la intención de representar el trino de las deidades con Dios a la cabeza (una idea claramente cristiana), pero esa intención, de existir, difícilmente hubiera sido reconocida en las logias, y para la mayoría de los masones sus palabras ofrecían un sistema de enseñanza en el que Dios Padre ocupa el sitio mas elevado y no hay lugar para un Hijo. Y esta eliminación oficial del elemento cristiano produjo en muchas de las logias, sin duda para muchos masones, un vacío del que eran conscientes y que la introducción del Arco Real como un grado cristiano ayudó a llenar y volverlo bueno. Un escritor canadiense, R. E. A. Land, ha sugerido que el discurso del Caballero Ramsay (una famosa pieza de evidencia del Arco Real), fue inspirado por el Papa con el objeto de ganar al Arte inglés para el nuevo sistema fabricado (Arco Real) y de paso a la causa jacobita. Los masones, pensó, fueron invitados a sustituir sus creencias teístas por un reconocimiento de una descendencia de las órdenes de caballería con una enseñanza específicamente cristiana, pero este intento de traer masones de nuevo bajo el ala de la Iglesia Católica fue a la vez visto como un fracaso, y la redacción del Primer Cargo en las Segundas Constituciones de Anderson (aprobado en enero de 1738) no sería accidental, sino la respuesta deliberada de la Gran Logia de Inglaterra; lo que fue resentido por el Papa, que no tardaría en promulgar la Bula (24 de abril 1738) que condenaba la masonería. Esto, por supuesto, es sólo la conjetura de un escritor, y es extremadamente dudoso que tenga alguna certeza (la proximidad de las dos fechas mencionadas no la hace de confianza), pero se cita aquí para demostrar que el primer Arco Real tenía fama de ser definitivamente cristiano. 15 El Morador nº 3

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